Está en la página 1de 74

Núñez, Sergio y Orione, Julio. Espasa Calpe, Buenos Aires.

1995
--------------------------------------------------------------------------
DISPAREN CONTRA LA CIENCIA
Prólogo
OSVALDO FERRARI: Parece que desde el siglo pasado, una de las cosas que perfecci
onamos los argentinos es el sectarismo entre nosotros: unitarios
federales, etcétera, etcétera, etcétera.
JORGE LUIS BORGES. Sí, pero eso corresponde también a diferencias reales. El hecho d
e ser unitario o de ser federal es indistinto, creo que es algo cierto.
Entre Domingo Cavallo y Domingo F. Sarmiento hay tres cosas en común: el n
ombre de pila, la desmesura y la calvicie. Pero después, como decía Borges, hay dife
rencias y muy reales. Hacia 1870, Sarmiento impulsó el más ambicioso y visionario pl
an de desarrollo científico que existió en la Argentina. En 1994, Cavallo impulsó el p
royecto más corto de vista que se pudiera pedir: el achicamiento de la poca cienci
a que queda en el país. En su época, Sarmiento importaba científicos para que vinieran
a hacer aquí todo lo que fuese necesario para crecer. En cambio, Cavallo se mostró
alegre porque se importan computado-ras, hechas ciento por ciento afuera por los
países que crecen, mientras aquí se acentúa cl estancamiento.
El ministro de Economía de Carlos Menem ostenta un mérito innegable: el de d
ecir abiertamente lo que otros esconden tras bellos discursos. Sus declaraciones
han sido definitorias: se trata de acabar con la ilusión de que la Argentina podría
, alguna vez, aspirar a otro premio Nobel (hay que recordar que César Milstein, el
último argentino en obtenerlo, se exilió en 1963).
Claramente, la ciencia y la técnica son cosas del verdadero Primer Mundo,
nosotros tenemos que conformarnos con comprar hecho. Hasta el papel higiénico.
En este libro hemos intentado una doble mirada sobre la ciencia argentin
a. En la primera parte, Sergio Núñez enfoca la actualidad a partir de testimonios di
rectos de los protagonistas. En la segunda, Julio Orione apunta a la historia, d
esde el análisis del proyecto científico de Sarmiento. La tercera parte intenta una
aproximación prospectiva, en boca de los entrevistados.
Si bien la primera parte presenta una mirada que en Historia de la cienc
ia se ha dado en llamar "externalista", es decir, que aprecia especialmente la r
elación ciencia-sociedad más que el acontecer interno de las ciencias, en la segunda
aparece también la indagación sobre ciertas cuestiones más "internas" del quehacer ci
entífico en la Argentina, especialmente en los capítulos sobre Bernardo Houssay y An
gel Gallardo, y sobre la militarización de la actividad científico-tecnológica.
Sin embargo, el énfasis de Disparen contra la ciencia está puesto en un tema
central: cómo la sociedad argentina, en el marco de un proceso de cambio de país re
ceptor a país expulsor, logró que la inteligencia se convirtiera en un valor desprec
iable hasta lograr que se entronizara el pensamiento mágico en todo su frenesí irrac
ional.
Un país que expulsa, un país que olvida y una sociedad que se niega a pensar
suelen diluir las diferencias en lo superficial, como hace Osvaldo Ferrari en e
l diálogo del epígrafe y que tan bien refutó Borges. Las diferencias son reales y disi
mularlas es el peor método cuando se quiere intentar la solución de los problemas qu
e esas diferencias provocan. La diferencia entre Sarmiento y Cavallo no es anecdót
ica. Es absolutamente real. Y, como siempre, es necesario elegir qué proyecto de p
aís queremos.
Los AUTORES
1 - SECYT y CONICET: De la democratización al regreso de los brujos
A partir del lo de diciembre de 1983, la principal tarea de las autorida
-des científicas y tecnológicas designadas por el nuevo gobierno democrático consistió e
n desmantelar la estructura sectaria articulada durante la última dictadura milita
r, adoptando medidas encaminadas a la reapertura del sector. Y en verdad, más allá d
e sus aciertos y desaciertos, hay que reconocer a esta gestión el hecho de no habe
r demandado afinidad partidaria para designar sus funcionarios, participando de
la conducción y de los distintos organismos personas de diferentes orientaciones p
olíticas dentro del abanico democrático o sencillamente independientes.
La apertura del sistema
Así, durante el primer año que Carlos Abeledo estuvo a cargo del Consejo Nac
ional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), se creó un programa de rein
corporación y apoyo a investigadores dispuestos a instalarse definitivamente en el
país, se removieron las exigencias informativas que impedían o desalentaban la inco
rporación de becarios, técnicos e investigadores "sospechosos", se autorizó la reincor
poración de casi doscientos cesanteados por cuestiones ideológicas y se creó un régimen
temporario de becas de actualización que acogió a aquellos que se vieron obligados a
abandonar la investigación por causas políticas durante el autotitulado Proceso de
Reorganización Nacional.
Por cierto, un buen número de los reincorporados fueron argentinos que había
n emigrado del país. En ese mismo sentido, en junio de 1985, el Poder Ejecutivo ha
bía creado la Comisión Nacional para el Retorno de los Argentinos en el Exterior. Es
ta tenía como función aconsejar medidas y políticas que, sin caer en situaciones de pr
ivilegio, posibilitaran la inserción de los que decidieran regresar. Pero, a decir
verdad, la iniciativa distó bastante de alcanzar los resultados esperados, puesto
que con el paso del tiempo quedó en claro que las condiciones estructurales del p
aís eran, en realidad, asimétricas con las del grueso de los expatriados.
Así y todo, la Secretaría de Ciencia y Técnica (SECYT) presidida por Manuel Sa
dosky y el CONICET hicieron suya otra de las tareas encargadas originalmente a d
icha comisión: la de crear y consolidar vínculos con argentinos radicados en el extr
anjero que, sin cambiar de residencia, pudieran contribuir al desarrollo científic
o y tecnológico del país. Algunos de los logros en ese terreno fueron:
* La creación del Programa Patrimonio Científico Argentino en el Exterior que
impulsa la venida al país, por períodos no menores a dos semanas, de cientí-ficos arge
ntinos residentes en el extranjero para dictar cursos y seminarios, colaborar co
n el montaje de laboratorios de investigación, realizar investiga-ciones conjuntas
con científicos del país y presentar trabajos que se realizan en la Argentina.
* La promoción de donaciones de equipos y bibliografías a universidades nacion
ales e institutos de investigación, que en el primer lustro superó los tres millones
de dólares.
* La creación de asociaciones de argentinos pertenecientes al ámbito de la cul
tura, en Alemania, Francia y los Estados Unidos, tendientes a fortalecer vínculos
e intercambios.
* La elaboración de un listado de argentinos destacados en el exterior, con
indicación de especialidad y domicilio, que incluye a más de mil connacionales.
* La obtención de cupos en universidades extranjeras para graduados argentinos
que deseen realizar estudios de posgrado o cursos de perfeccionamiento.
* La transferencia de conocimientos a través de expatriados nacionales, sist
ema que facilita el intercambio científicotecnológico mediante el aporte de argentin
os que han llegado, en el país de adopción, a grados de excelencia en su actividad
* Finalmente, la creación de un programa de estadías en el país por períodos largos
-hasta un año- de científicos argentinos residentes en la Comunidad Económica Europea
en el marco de proyectos conjuntos, así como para su reinstalación definitiva.
El apoyo a la universidad
Pero tal vez el cambio más significativo de la política científica y tecnológica
del gobierno radical fue el sistema adoptado por el CONICET para la concesión de
subsidios de investigación. El cambio introducido consistió en la supresión del mecani
smo de financiamiento a través de directores de institutos propios y el establecim
iento de un sistema de subsidios a proyectos anuales y plurianuales adjudicados
mediante convocatorias públicas. Esto, por un lado, puso fin a una sistemática deriv
ación de recursos del organismo, ocurrida durante el último régimen militar, mediante
el cual lograron una enorme capitalización y enriquecimiento algunas asociaciones
y fundaciones. Por otro lado, en tren de revertir la distancia que el Consejo to
mó de la universidad durante el Proceso, se creó el Sistema de Apoyo para Investigad
ores Universitarios que reforzó económicamente la actividad de los docentes con dedi
cación exclusiva a la universidad y que a la vez son miembros de la Carrera de Inv
estigador del CONICET, y la de los docentes con dedicación exclusiva que no son mi
embros de la carrera, pero que realizan investigación científica de la clase que pro
mueve el Consejo. Para consolidar el funcionamiento de las unidades académicas don
de se realiza una producción científica significativa y regular, y para fomentar su
creación donde aún no la hay, el CONICET también creó el Programa de Apoyo a los Núcleos U
niversitarios de Investigación, una iniciativa que puso en contacto a estos grupos
con investigadores de la carrera del Consejo. Su participación fue voluntaria y l
as actividades realizadas se acordaron directamente entre el investigador y la u
nidad que solicitó su colaboración. Una vez aceptada la propuesta de trabajo conjunt
o, el CONICET corrió con los gastos del pasaje del investigador, considerando además
esta actividad como un elemento positivo en sus informes habituales.
Desde sus origenes, la formación de jóvenes investigadores fue una de las fu
nciones más importantes del Consejo y es evidente que esta tarea no puede realizar
se si no es en estrecho contacto con la universidad. Sin embargo, el cada vez más
intolerante sesgo ideológico de los golpes de Estado que sufrió la Argentina trajo,
entre otras consecuencias, un alejamiento del CONICET de las universidades, visu
alizadas por los regímenes dictatoriales como un foco subversivo y de perturbación.
Por ello, esta institución fue estrangulada monetariamente. Si en 1975 la investig
ación científico-tecnológica se llevó el veintiséis por ciento de los fondos destinados po
r el Presupuesto Nacional a las universidades, entre 1976 y 1983 ese porcentaje
se redujo a un promedio anual de sólo un 7,7 por ciento.
La herencia del Proceso
El último gobierno militar expandió la política de creación de asociaciones y fu
ndaciones, en su mayoría constituidos durante el mismo Proceso -es decir, carentes
de una actuación y una tradición científicas anteriores- e integradas casi siempre po
r funcionarios del Consejo o personas allegadas a ellos. A través de éstas, el organ
ismo concedió cuantiosos subsidios que a veces fueron otorgados en forma directa a
dichas entidades y, en otros casos, a personas o institutos a cargo de programa
s de investigación, pero que cedían a aquéllas la administración de los recursos.
El CONICET ha mantenido y aún mantiene relación con muchas asociaciones y fu
ndaciones. Hay investigadores que obtienen subsidios para proyectos de investiga
ción, teniendo su lugar de trabajo en alguna de estas entidades, Luego de la corre
spondiente evaluación, el Consejo decide si apoya su labor, pero nunca se conviert
e en el sostén económico de esa fundación. No puede hacerlo ya que el articulo 33 del
Código Penal establece que éstas deben tener como principal objetivo "el bien común",
además de poseer "patrimonio propio" y no "subsistir exclusivamente por las asigna
ciones del Estado". Pero no obstante la claridad de la norma, a partir de marzo
de 1976, se crearon en el ámbito del CONICET -es decir, que nacieron a expensas de
ese organismo- un reducido número de asociaciones y fundaciones que recibieron y
administraron subsidios aun antes de obtener su personería jurídica. En la práctica, e
sto significó la absoluta carencia de patrimonio propio por cuanto, más allá de la con
stitución de un capital meramente formal, no hubo aportes que no provinieran de la
s arcas estatales. Inclusive los inmuebles en los que situaron sus sedes fueron
adquiridos con fondos públicos.
El desvío de fondos
El mecanismo por el cual se produjo el desvío de esos fondos fue el siguie
nte: con el dinero que el Consejo entregó para la realización de investigaciones cie
ntíficas, los investigadores, institutos y programas beneficiados realizaron diver
sas operaciones financieras que generaron rentas. Sin embargo, éstas no fueron ren
didas al CONICET sino que las hizo suyas la administradora, a pesar de que eran
el resultado de transacciones tendientes a preservar el capital de la inflación.
Al apropiarse de las rentas, las asociaciones y fundaciones no sólo menosc
abaron dicho capital. También desvirtuaron su tarea administrativa, así como el propós
ito con el que fue otorgado el subsidio. Es que, de acuerdo con la ley, el Conse
jo puede elegir proyectos y subsidiarios, pero al incorporar los beneficiarios l
as rentas generadas a sus patrimonios y darles un destino según su criterio, de he
cho transferían para si la capacidad de decisión propia del CONICET. Pero, además, par
a compensar la presunta erosión del capital, el Consejo volvió a entregarles nuevos
subsidios, lo que terminó potenciando aún más la generación y apropiación de rentas.
Así, el CONICET no sólo solventó la compra de los inmuebles donde funcionaban
esas entidades sino también todos sus gastos de mantenimiento como la adquisición de
l mobiliario, papelería, equipos de computación, expensas, luz, gas, teléfono, correo,
refacciones y hasta gastos menores como la provisión de café, té, yerba, azúcar, gallet
itas, gaseosas, whisky, artículos de confitería, almuerzos, papel higiénico y alimento
para peces. La desnaturalización de los fondos llegó a tal extremo que en algunos c
asos fueron utilizados para comprar departamentos, cocheras, playas de estaciona
miento y acciones de sociedades comerciales.
Durante la gestión constitucional iniciada a fines de 1 9~3 se recuperaron
bienes inmuebles que estaban en manos de dos fundaciones de escaso poderío valuad
os estimadamente en veinte millones de dólares. De ahí que, por lo bajo, el monto de
lo desviado por las tres asociaciones más fuertes
-la asociación para la promoción de Sistemas Educativos no Convencionales (SENOC), l
a Fundación Argentina de Es-
tudios Sociales (FADES) y la Asociación para la Promoción de Estudios Territoriales
y Ambientales (Oikos)- se estime en sesenta millones de la misma moneda.
La primera denuncia sobre estos hechos fue efectuada por dos investigado
res del Consejo durante el último año de la dictadura militar. Pero en verdad fue la
recuperación de la democracia y la desaparición del sistema de impunidad que el Pro
ceso aseguraba a sus agentes lo que permitió averiguar lo ocurrido e iniciar las p
ertinentes acciones legales.
La vuelta del oscurantismo
Sin embargo, el 8 de julio de 1989, con el recambio democrático y la desig
nación de Raúl Matera como nuevo secretario de Ciencia y Técnica, volvieron los oscuro
s nubarrones. Aunque a poco de asumir el neurocirujano aseguró que no venía "con ren
cores", una de sus primeras medidas fue la creación de un comité de asesoramiento ju
rídico abocado a estudiar, entre otros asuntos, algunas "situaciones de carácter per
secutorio para con ciertos investigadores del CONICET que han sido separados de
sus tareas por cuestiones políticas". Con esto, el titular de la SFCYT no hizo otr
a cosa que convalidar un aviso periodístico aparecido en 1987 donde, entre otros a
cadémicos, algunos de los acusados de desviar en su provecho recursos estatales de
stinados a la investigación durante el Proceso denunciaron una supuesta campaña pers
ecutoria contra un centenar de profesionales. De manera implícita, los dichos de M
atera también aprobaron los infundios publicados en ese mismo sentido durante 1988
por un clandestino Comité Argentino contra la Discriminación de Investigadores. La
inmediata aclaración de
muchos de los presuntos perseguidos de que no se consideraban tales y que no había
n firmado la primera declaración, así como la desmentida de los dichos del segundo i
nforme por parte de varios de los allí mencionados, vino a confirmar que ambos esc
ritos no eran otra cosa que una cortina de humo para contrarrestar la decisión del
entonces Ministerio de Educación y Justicia -del que dependía la SECYT y en consecu
encia también el CONICET- de negarle el funcionamiento a las fundaciones querellad
as.
Por si no bastaran sus dichos, Matera también demostró en los hechos su simp
atía hacia varios de los académicos procesistas y otros con una vasta trayectoria en
gobiernos dictatoriales. Sin ir más lejos, solo con los antecedentes de buena par
te de sus principales colaboradores alcanzaría para desmentir su autoproclamada co
ndición de "demócrata" que lo llevaría, según sus palabras, a ser "el primero en elimina
r elementos antidemocráticos de su entorno". Nada más alejado de la verdad. De hecho
, en junio de 1989 nombró a cargo del CONICET a Carlos Cavotti, un ingeniero forma
do ideológicamente por el pronazi Jordán Bruno Genta y ligado a la Marina y la Aeronáu
tica, que fue funcionario de dicho organismo durante el régimen de facto de Juan C
arlos Onganía. Con ideas de derecha pero moderadas, ya durante su gestión se dieron
los primeros desplazamientos de científicos con vocación democrática y de reconocida t
rayectoria nacional e internacional. Uno de los casos más sonados fue el de la inv
estigadora Celia Guevara a quien el Consejo rescindió su contrato, cuya duración ori
ginal implicaba dos años mas de trabajo en el tema del hábitat humano, estudiado des
de perspectivas históricas, sociológicas y urbanísticas. Lo más grave del caso fue que l
a medida adoptada por el CONICET databa del 5 de septiembre de 1989, fecha en qu
e aún no se había reunido su nueva Comisión Asesora de Hábitat. En ese momento, el único a
ntecedente académico que existía al respecto era
el de la comisión anterior, que ya no se encontraba en funciones. Además, ese organi
smo ya había revisado la investigación de Guevara el 8 de mayo de ese año y qu4nce días
después produjo un dictamen en el que se señalaba que "el tema propuesto plantea una
metodología innovadora e interdisciplinaria, y pone en crisis formas de investiga
ción tradicionales y muchas veces estereotipadas", por lo cual se calificó al trabaj
o de la investigadora como un "gran aporte
Otra medida muy cuestionada de la gestión de Cavotti fue la eliminación de t
oda intervención de la comunidad científica en la conducción del CONICET. Hasta 1973,
el Consejo fue gobernado por un directorio de quince miembros, en su mayoría desig
nados a partir de sugerencias de entidades académicas. En 1986 se creó un directorio
de seis integrantes nombrados a propuesta de la SECYT y asesorado por un Consej
o Científico y Tecnológico de dieciocho miembros: trece seleccionados a partir de li
stas presentadas por sociedades científicas, universidades y otros organismos académ
icos, dos elegidos por votación de investigadores y tres por entidades de producción
. Pero el 17 de julio de 1989 se suprimió el de por sí insuficiente Consejo creado p
or el radicalismo. El directorio del CONICET pasó a ser renovado periódicamente por
un mecanismo que hace posible la auto perpetuación de sus integrantes, ya que se a
rroga el derecho de confeccionar una lista de personas elegidas por destacados i
ntegrantes de la comunidad científico-tecnológica, siendo la SFCYT la encargada de e
legir tres candidatos de ese listado y, elevar CH forma inmediata la propuesta d
efinitiva al Poder Ejecutivo.
No sólo el titular del Consejo contaba con una turbia trayectoria sino tam
bién dos de los cinco integrantes del primer directorio menemista. Jorge Affani, d
octor en medicina, formó parte del grupo ultraderechista comandado por Avelino Bar
rio, quien dirigió el movimiento que ocupó el
Instituto Malbrán en la presidencia de José Maria Guido y, tras unir sus fuerzas a l
as del ministro de Salud Pública Tiburcio Padilla logró echar a Ignacio Pirosky de l
a dirección del Instituto Nacional de Microbiología y expulsar a César Milstein, anos
después premio Nobel, y a sus colaboradores del recién creado Instituto de Biología Mo
lecular. Durante el onganiato el grupo también se apoderó de la Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales y la transformó en su centro de operaciones. Affani tiene un ún
ico trabajo editado en una revista extranjera de clase "A", el resto sólo en publi
caciones argentinas de menor jerarquía. En el mundillo científico se dice que mantie
ne una activa militancia antisemita.
Por su parte, Sonia Nasiff fue quien, con el pretexto de que la Comisión N
acional de Energía Atómica (CONEA) no tenía objetivos de desarrollo científico, en 1974
rechazó a un grupo de docentes dedicados a la investigación que pretendía ingresar en
ese organismo, donde la doctora en química ocupaba un cargo político. Dicho grupo do
cente había sido echado poco tiempo antes de la Facultad de Ciencias Exactas y Nat
urales, durante la gestión de Oscar Ivanissevich como ministro de Educación.
En cambio, el historiador Néstor Auza y el ingeniero agrónomo Guillermo Joan
det presentaron sus renuncias a poco de haber asumido, no dispuestos a ser los i
mpulsores del programa que planeaba la reacción procesista.
Eramos pocos...
Sin embargo, aún no estaba todo dicho. Con el paso de Cavotti a dirigir la
Escuela de Defensa Nacional y la designación de Bernabé Quartino, en marzo de 1990,
el CONICET in
gresó en un cono de sombra todavía mayor. Secretario de Ciencia y Técnica de la Facult
ad de Ciencias Exactas y Naturales durante el onganiato e interventor de esa cas
a de estudios tras la Noche de los Bastones Largos, una de las primeras medidas
de Quartino en el Consejo fue la modificación del reglamento interno de becarios,
en el cual se expresa que es obligación del director de becas "procurar la formación
científica, integral, ética y de sentido nacional del becario".
Con lógica alarma, los editores de la revista Ciencia Hoy se preguntaron cóm
o se definiría "si una cierta investigación posee o carece de tal sentido nacional"
y si se descalificaría "a un becario que mostrare interés por temas globales que dem
anden cooperación internacional". Agregando que una medida de ese tipo, "que parec
e presagiar futuros controles ideológicos, nada tiene que ver con la ciencia". No
obstante, el presidente del CONICET, quien gusta definirse como "argentino, aunq
ue muchos puedan creer que soy fascista", argumentó que su gestión tenía el objetivo d
e "fomentar el orgullo nacional contra el sentido extranjerizante que invade a n
uestra sociedad". Quizás por eso, a un mes de hacerse cargo del Consejo, evitó recib
ir al presidente de la Royal Society y premio Nobel, el inglés George Porter, hast
a tanto no se colocara en su despacho una foto aérea de las islas Malvinas cruzada
por una bandera argentina.
La política de Quartino, además, apuntó a la acentuación de la actividad de los
institutos a partir de programas y proyectos, hecho que una vez más relativizó las v
inculaciones del CONICET con la universidad. Esto quedó más que explícito cuando en ag
osto de 1990 manifestó públicamente su intención de separar en áreas distintas el sector
a su cargo del sistema científico del correspondiente a las universidades naciona
les. "Nuestro país es demasiado pobre e invierte demasiado poco en el desarrollo d
e la ciencia como para que pueda darse el lujo de tener un sistema dividido en d
os sectores
que no se relacionen", le contestó un nutrido grupo de investigadores integrado, e
ntre otros, por Hilda Sabato, Carlos Reboratti y Mario Margulis. "Ambas instituc
iones deben trabajar juntas y no encapsuladas añadieron los firmantes-, y la única
forma viable de hacerlo dentro de un régimen democrático es abriendo el Consejo a la
universidad y permitir que los investigadores de ambos sistemas compitan por lo
s mismos fondos en concursos abiertos, y que los becarios del CONICET trabajen e
n la universidad. Retrotraer al organismo a los viejos vicios paternalistas, don
de fondos y becarios se distribuían arbitrariamente y sólo entre institutos del Cons
ejo, es rescatar el autoritarismo del sistema", concluyeron.
La idea de Quartino vino a confirmar la ausencia de toda referencia al a
poyo de la investigacion científica en las universidades nacionales por parte de M
atera en su discurso durante la asunción del primer directorio menemista del CONIC
ET. En la ocasión, Ciencia Hoy advirtió que "ningún proyecto serio de modernización del
país puede prescindir de nuestras universidades. Estas constituyen la principal fu
ente de futuros investigadores. En las universidades nacionales existen investig
adores de excelente calidad. Su consolidación y el establecimiento de nuevos grupo
s es indispensable para que las universidades dejen de ser productoras masivas d
e profesionales y se conviertan en genuinos motores del progreso nacional".
El caso Latorre
Siguiendo con la política de despidos de académicos no afines a su ideología,
en septiembre de 1990, Quartino dejó cesante a José Latorre, director del Centro de
Virología
Animal (CEVAN), aunque luego debió ser restituido por Matera debido a las múltiples
quejas recibidas Con esto, el titular del CONICET pretendió descabezar un grupo de
estudio de quince años cuyas investigaciones condujeron al patentamiento-reconoci
do en diecisiete países, incluidos los Estados Unidos y miembros de la Comunidad E
conómica Europea- de un nuevo proceso de inactivación del virus de la fiebre aftosa,
enfermedad que por entonces hacía perder a la Argentina entre doscientos y tresci
entos millones de dólares anuales en concepto de carne no exportada. El argumento
empleado para el despido de Latorre fue que tenía su mandato vencido desde 1988, c
omo el de todos los directores de institutos, pero sólo a él se lo separó. Al tomar la
medida, poco le importó a Quartino que el CEVAN hubiera conseguido su autofinanci
ación a través de subsidios conseguidos por el titular en el exterior, cuando las pa
rtidas procedentes del Consejo no alcanzaban ni para cubrir las necesidades mínima
s. Del mismo modo, desestimó que el centro de investigación hubiera patentado una va
cuna para la diarrea de los terneros, actualmente comercializada en el mercado.
Tampoco consideró que desde 1988 hasta esa fecha publicara en prestigiosas revista
s internacionales quince de los sesenta trabajos científicos que produjo desde dic
iembre de 1983. Según los entendidos, la frustrada maniobra discriminatoria tuvo q
ue ver con la cordial relación que Latorre mantuvo con la administración radical y s
u gestión en ese período a cargo del Centro Argentino-Brasileño de Biotecnología.
Sin embargo, no fueron Guevara y Latorre los únicos que debieron padecer l
as consecuencias del espíritu revanchista que primó durante la presidencia de Matera
en la SECYT. Para Carlos Girotti, prosecretario gremial de Ciencia y Técnica de l
a Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), entre julio de 1989 y febrero de 19
91-mes en que
Quartino fue desplazado del CONICET-, más de trescientos especialistas debieron ab
andonar el Consejo a causa de la persecución ideológica y las incumplidas promesas d
e recuperación salarial.
Buenos muchachos
Con todo, no fueron únicamente estos hechos los que originaron las incesan
tes quejas de la comunidad científica y la dirigencia política desde inicios de la a
dministración menemista. La denuncia realizada en el diario Página/12 del 9 de agost
o de 1990 por ocho diputados opositores acerca de que el CONICET había caído en mano
s de "representantes de los grupos que lo destrozaron en la última dictadura milit
ar, cayendo en presuntos delitos fiscales", tuvo destinatarios bien concretos: A
ngel Molero, Patricio Randle y Juan Tramezzani.
El 28 de septiembre de ese mismo año, también en Página/12, Matera intentó refut
ar los dichos del grupo de legisladores, encabezado por el entonces justicialist
a disidente Carlos "Chacho" Alvarez, diciendo que tanto Tramezzani como Randle "
son investigadores del Consejo desde la época de Bernardo Houssay y merecen todo r
espeto". En cuanto a Molero, sostuvo que "fue secretario del profesor Houssay y
desarrolló una larga carrera administrativa llegando a la máxima categoría". Y añadió que
"hasta ahora nadie ha probado sobre ellos anormalidades de conducta ética o jurídica
".
No obstante esto, en la edición del 11 de octubre siguiente del mismo matu
tino, Javier Alegría, ex asesor del directorio del CONICET durante la gestión radica
l, le recor
dó al titular de la SECYT las presuntas irregularidades que estos tres individuos
habrían cometido durante el Proceso. Sus precisiones pueden ser sintetizadas de la
siguiente manera:
En mayo de 1983, una denuncia de los investigadores César Vázquez y Sol Rabasa ante
la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas (FNIA) involucró a Molero y
otros funcionarios procesistas en los ya mencionados desvíos de fondos públicos en f
orma de subsidios que el Consejo había concedido a asociaciones y fundaciones con
el propósito de fomentar la investigación científica y tecnológica.
* Por su parte, el Tribunal de Cuentas de la Nación practicó una auditoría en el
CONTCET y formuló veintidós objeciones, algunas de las cuales involucraban a Molero
. A raíz de esto, en octubre de 1983 señaló que debía instruirse los correspondientes su
marios y dictarse un nuevo reglamento de subsidios a fin de que no se repitieran
las anomalías. Paso seguido, notificó todo lo actuado al entonces Ministerio de Edu
cación y Cultura y al mes siguiente formuló la correspondiente denuncia penal ante l
a Justicia Federal.
* Como consecuencia de haber detectado la comisión de diversos delitos, en j
unio de 1984, la FNTA también formuló una denuncia donde estableció que, además de la co
nducta de Molero, se debían estudiar las de Randle y Tramez73fl1, entre otros.
* Luego de que en enero de 1984 las autoridades del Consejo designadas por
el gobierno constitucional ordenaran la instrucción de sumario y elevaran las act
uaciones al también por entonces Ministerio de Educación y Justicia, la Dirección Naci
onal de Sumarios de dicho organismo indicó al CONICET en diciembre de ese mismo año
que debía presentar denuncia penal por irregularidades en el manejo de subsidios,
mencionando entre otros a los ya nombrados agentes de la institución.
* En el transcurso de 1985, a pedido de la Inspección General de Justicia, e
l citado ministerio resolvió retirar la personería jurídica a tres de las fundaciones
y asociaciones investigadas Una de ellas, SENOC, fue fundada a instancias e inte
grada por Molero, presidida por Randle y conformada entre otros por Avelino Barr
io, Alvaro Gimeno -asesor de Matera en la SECYT-, Roberto Brie -católico de derech
a que supo estar encaramado en la universidad intervenida por Onganía en 1966 y ti
tular de FADES, otra de las fundaciones a la que se le negó continuar actuando-, J
uan Curuchet -miembro del Movimiento Nacionalista de Restauración (MNR) y de la re
vista ultraderechista Cabildo, vocera dé los infundios vertidos por el anónimo Comité
contra la Discriminación-, y Antonio Caponnetto -marido de María Lilia Genta, socia
de FADES y acérrima enemiga del juicio a Ramón Camps y los ex comandantes del Proces
o, y hermano de Antonio Caponnetto, integrante de Cabildo y del MNR y socio de F
ADFS-. Randle, además, fue fundador de Oikos, la tercera asociación a la que se le q
uitó la personería jurídica. Tramezzani, por su parte, fue uno de los fundadores de ot
ra de las entidades investigadas, la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cu
ltura (FECYC).
* A instancias del pedido de los fiscales federales actuantes con motivo d
e las denuncias formuladas por el Tribunal de Cuentas y la FNIA, y ateniéndose en
gran parte a las pericias contables practicadas, la jueza Amelia Berraz de Vidal
dispuso el procesamiento de varios académicos, entre ellos Molero y Randle.
* En marzo de 1987, la FNIA también formuló una denuncia penal contra Tramezza
ni por su actuación en la producción de crotoxina, siendo procesado en junio de ese
mismo año por el juez Néstor Blondi.
* Como consecuencia de la instrucción de sendos sumarios, la Procuración del T
esoro de la Nación recomendó aplicar dos suspensiones a Molero y la exoneración de Tra
mezzani, más la formulación de la consiguiente denuncia penal, que fue radicada en e
l juzgado de la doctora Berraz de Vidal.
* Por actos administrativos debidamente fundados, el CONTCET dispuso exone
rar a Molero y Tramezzani. Randle y otros profesionales, en cambio, siguieron co
mo investigadores del Consejo, pero con causas pendientes en la Justicia penal.
Sus antecedentes se tornaron aún más preocupantes cuando el 26 de septiembre de 1990
el senador radical Ricardo Lafferriere, presidente de la Comisión de Ciencia y Te
cnología de la Cámara Alta, afirmó que "coincidentes versiones señalan que varios de los
imputados desarrollan tareas con periodicidad en el CONICET", como asimismo ind
ican que "fundaciones y/o asociaciones civiles a las que les fuera retirada la p
ersoneria jurídica han vuelto a restablecer vínculos con el Consejo".
¿Antisemitismo?
Otra de las denuncias más sonadas contra la gestión científica y tecnológica del
menemismo fue la formulada el 27 de noviembre de aquel mismo año por Raúl Alfonsín. E
l ex presidente afirmó que en ella primaban ideas antisemitas, a partir del regres
o de gente afin a Alberto Ottalagano, ex rector de la Universidad de Buenos Aire
s (UBA), durante el tercer gobierno justicialista, y protagonista de la Noche de
los Bastones Largos. los antecedentes de varios de los colaboradores de Matera
en la SECYT parecieron darle la razón.
Al igual que Jorge Affani, Osvaldo Vidal, subsecretario de Asuntos Inter
nacionales en Ciencia y Tecnología, también integró el nucleamiento de extrema derecha
regenteado por Barrio. Tras la intervención del onganiato en la universidad, fue
nombrado profesor del departamento de Ciencias Biológicas de la Facultad de Cienci
as Exactas y Naturales. Entre 1971 y 1973 fue secretario académico de dicha casa d
e estudios y decano entre 1975 y 1976. Durante el Proceso, desde 1978 a 1983, se
desempeñó como director nacional de Cooperación Técnica Internacional de la Secretaría de
Planeamiento a cargo del general Ramón Díaz Bessone. En 1982 ganó un concurso de prof
esor titular, pero las groseras irregularidades que se cometieron en su caso mot
ivaron que fuera anulado por el Consejo Superior Provisorio de la UBA. Según los m
emoriosos, en esos años se hizo tristemente célebre en los congresos de biología por s
us reiterados pedidos de expulsar participantes aduciendo razones políticas y/o re
ligiosas.
Ya en democracia, entre 1985 y 1988, Vidal obtuvo de la Facultad de Cien
cias Exactas y Naturales una licencia con goce de sueldo por motivos médicos. Sin
embargo, por entonces se desempeñó como director de la Fundación de Genética Humana cobr
ando honorarios en forma ilegal. El citado organismo fue creado por Simón Feldman,
amigo personal del ex almirante Emilio Massera, íntimamente conectado con el grup
o que dominó el CONICET durante los años de plomo y que posteriormente promovió la cro
toxina. Por dicha irregularidad, la Asociación de Graduados Democráticos de la menci
onada facultad promovió en su contra un pedido de investigación y de juicio académico.
Cuando se reincorporó a su cargo como interino, luego de apelar judicialmente la m
edida, los docentes auxiliares asignados a su materia se manifestaron contrarios
a trabajar a su lado por razones de conciencia. Con la llegada de Quartino al C
ONICFT, pasó a formar parte del directorio de esa institución.
Por su parte, Enrique Cantilo, subsecretario de Política y Planificación, co
nsiguió el nombramiento de profesor universitario durante la intervención de Onganía.
En 1967 ocupó el cargo de profesor adjunto interino, del que fue removido en junio
de 1973. En 1974, Ottalagano lo designó profesor titular adjunto y en 1977 fue pr
omovido a profesor asociado interino. En ese cargo permaneció hasta 1985, cuando u
n jurado internacional lo dejó fuera del orden de mérito y fue descendido a jefe de
trabajos prácticos por el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Exactas y N
aturales. No se le conocen trabajos de investigación; como únicos antecedentes cuent
a con cuatro artículos de divulgación de dudosa calidad.
Por último, cabe mencionar a Luis Cersósimo, subsecretario de Cooperación Oper
ativa, quien fue el colaborador de mayor confianza de Matera, y como tal logró ser
nombrado interventor del CONICET antes de que asumiera Cavotti. En esos días le c
omunicó a siete jefes de departamento de ese organismo la prescindibilidad de sus
funciones. Entre sus antecedentes laborales figura el de técnico en física en un ins
tituto del Consejo, donde no se lo volvió a nombrar debido a sus precarias dotes i
ntelectuales. Oriundo de la agrupación ultranacionalista Tacuara, se doctoró en Cien
cias de la Educación en la Universidad de Guadalajara, conocida en México por su afi
nidad con el ideario fascista.
CONICET: se acentúa la dependencia
A todo esto, en mayo de 1991, dos meses después de que Matera desplazara a
Quartino, luego de que el titular del Consejo lo acusara entre otras cosas de h
aber pedido a sus espaldas la renuncia de los directores de la entidad, por decr
eto se estableció que de allí en más el presidente del directorio del CONICET sería el s
ecretario de Estado de Ciencia y Tecnología. En esa oportunidad, el Foro de Socied
ades Científicas Argentinas alertó que "la nueva estructura del directorio del Conse
jo acentúa la dependencia" de ese organismo con respecto de la SECYT, "que aún ahora
va más allá de la que debe existir entre quien formula las políticas científicas y uno
de los organismos que las ejecuta". También apuntó que esa medida implica que el CON
ICET "quede sometido a las decisiones de funcionarios que, por la naturaleza de
sus cargos, son transitorias y pertenecen a áreas esencialmente políticas. Preocupa
ver cómo, mientras en todos los países que toman en serio la ciencia se trata de que
organismos como el CONICET se mantengan al margen de los vaivenes políticos para
así garantizar la continuidad de los proyectos que son de interés nacional, en el nu
estro se hace lo inverso incorporando el Consejo a una estructura que es intrínsec
amente cambiante". Luego de apuntar que "el decreto no hace mención acerca de cuáles
son los requisitos de idoneidad necesarios para acceder al cargo de director ni
indica cuál ha de ser la participación de la comunidad científica en su selección", el
Foro afirmó que la organización planteada "es tan ridícula como una que pretendiera qu
e el ministro de Educación fuera al mismo tiempo rector de una universidad".
Ciertamente, con el fallecimiento de Matera, el 21 de marzo de 1993, y l
a asunción del cardiólogo Domingo Liotta, desaparecieron muchos de los oscuros perso
najes encaramados en la SECYT y el CONICET. Con todo, la improvisación producto de
la falta de una política concreta para el sector por parte del menemismo bien pod
ría ser ilustrada con el caso de Adolfo Portela, uno de los asesores nombrados por
el neurocirujano, a quien el mundillo científico con indudable poca simpatía y evid
ente preocupación- bautizó el nuevo Ronald Richter.
El "biofísico" Portela
Sucede que su tan dudosa como cuestionada trayectoria tiene una gran sem
ejanza con la de aquel físico austríaco que en 1949 hizo creer a Juan Domingo Perón qu
e había conseguido la liberación controlada de energía atómica. Con una salvedad: la des
ignación de Portela a instancias de Matera en febrero de 1990 no guarda correlato
con la suerte corrida por el "mentiroso atómico" luego de que se descubriera su fa
rsa.
En 1963, tras varios años de estadía en los Estados Unidos, Portela regresó a
la Argentina y, después de desempeñarse como profesor en la cátedra de biofísica de la F
acultad de Medicina, el 5 de marzo de 1971 se hizo cargo del Instituto de Invest
igaciones Biofísicas (INDEBIO), dependiente del CONICET.
Aquel organismo fue creado para estudiar los efectos biológicos de las rad
iaciones electromagnéticas. A tal efecto, el Comando General del Ejército le cedió en
forma gratuita y por el plazo de diez años un edificio de su propiedad
a cambio de que se abocara a realizar estudios de interés militar vinculados con e
l tema. Pero, en 1981, el no cumplimiento del convenio por parte del Instituto o
riginó que el Comando solicitara la devolución del inmueble.
Lo ocurrido llevó al Consejo a designar una comisión integrada por los docto
res Christianne Dosne de Pasquali ni, Patricio Garrahan, Horacio Barbenza y Mari
o Garavaglia para que estudiara el asunto. Las conclusiones de su informe del 12
de mayo de ese mismo año fueron contundentes:
"Los objetivos inmediatos fijados por el convenio no han sido cumplidos en la me
dida esperable, dados el tiempo transcurrido, equipamiento disponible, fondos de
dicados y personal del proyecto."
"Los resultados alcanzados son sólo de nivel primario y de carácter provisorio, basa
dos en su mayoría en informes bibliográficos. Esto hace que los mismos carezcan de l
a relevancia que se podría haberles atribuido al establecer los objetivos del conv
enio."
e "En vista del alto nivel de equipamiento y el elevado presupuesto del IN
DEBIO, cumplido el convenio, la falta de resultados concretos hace muy dudoso el
desarrollo futuro de las líneas de investigación que el Instituto se comprometió a cu
mplir."
Dudoso curriculum
Párrafos más adelante, la comisión sugería examinar el curriculum de Portela -in
cluido en el IV Informe Científico del INDEBIO al Comando General del Ejército-, don
de
se detalla su presunta "activa participación en los estudios bioastronáuticos y de e
xploración espacial de la NASA", junto a Werner von Braun.
En junio siguiente, el CONICET encomendó una investigación de carácter no ofic
ial y secreto que permitió corroborar que si Portela trabajó con Von Braun -al decir
de Mitchell Sharpe, un experto en actividades científicas en los últimos veinticinc
o años- probablemente se trató de "una relación muy débil". Por otra parte, un relevamie
nto de trece publicaciones a cargo del personal de la Biblioteca Técnica de la NAS
A sobre diversos proyectos espaciales a fin de localizar su nombre arrojó resultad
os negativos. Igual suerte corrió una investigación por computadora y otra por autor
/título a través del catálogo de tarjetas. Según los bibliotecarios, su no figuración en d
ichas publicaciones podría deberse a que sólo fue un participante de segundo orden,
aunque también sostienen que existen dudas de que haya intervenido. A modo de conc
lusión, la investigación sostiene que no se pudo "encontrar evidencia alguna de que
Portela haya estado involucrado en el diseño y construcción de instrumentos ligeros
muy sofisticados para realizar experimentos espaciales". Y añade que tampoco se pu
do hallar prueba "de que tecnologías en su amplio espectro de dispositivos hayan s
ido desarrolladas bajo su cooperación o dirección".
De todos los trabajos que Portela incluyó en su curriculum tan sólo se pudo
confirmar la existencia de dos: un informe inscripto sin c1asiñcar acerca de la co
nducta de los mecanismos de la membrana celular durante y después de la radiación",
llevado a cabo en la Universidad de Emory, donde ejerció como profesor asistente c
on dedicación exclusiva entre los meses de enero de 1959 y 1961; y otro sobre el "
daño de la radiación en las membranas musculares y regulación 4e1 metabolismo de la célu
la", en el
que figura como director y de] cual participaron otros diez científicos.
Un segundo informe sobre el Instituto, fechado el 7 de septiembre de 198
2, dio cuenta de "un alto grado de fantasía" en el investigador cuando éste insinúa "q
ue gran parte del desarrollo actual de la tecnologia espacial se debe a su ingen
io". Además aseguró que otra evidencia de su fantasía" fue su aparente colaboración con
las Fuerzas Armadas durante la guerra de las Malvinas Según su versión asegura el
informe su despacho se transformo en una central del sistema de información, des
de la que se utilizaron datos satelitarios para ubicar, interferir y actuar cont
ra la flota enemiga, constituyéndose en un elemento fundamental para el éxito de las
misiones aeronáuticas nacionales
El terror de los ingleses
Dos años después, el 5 de noviembre de 1984 Portela expresó al diario Tiempo A
rgentino Lo que hice a partir de aquellos primeros días de abril de 1982 fue arma
r sistemas que me permitieran abrir y cerrar compuertas provocar rui dos en algu
nos satélites de ciertas naciones o sea hacer inteligencia electrónica. Pero lo impo
rtante era lograr rastrear la flota inglesa desde sus puertos y la isla Ascensión
hasta Malvinas tarea que resultó muy fructífera tal como los epí sodios bélicos lo irían l
uego revelando Estoy en condiciones de afirmar que los satélites militares de los
Estados Unidos asociados con la OTAN no estaban preparados para prestar servicio
en un conflicto de aquella magnitud en el Atlántico Sur, zona en la que, en cambi
o la que siempre tuvo satélites fue la Unión Soviética algunos de ellos de or
bita muy baja. Enseguida me di cuenta de que nuestra única chance electrónica era tr
atar de robar esa información soviética; y ya en los últimos días de abril habíamos lograd
o un sincronismo perfecto que, a partir de la captación de unos pocos datos, nos p
ermitía armar un perfil completo. File así que tuvimos la información precisa de la lo
ngitud y latitud en que se encontraba cada buque de la Royal Navy y de la Task F
orce, no sólo en el momento de lanzarse contra ellos el misil o la bomba que corre
spondiera, sino en forma continua y permanente
Pero eso no fue todo. Por aquella época, Portela también se autoabocó a la "in
vención" y construcción de un arma secreta con la que pensaba cambiar el curso de la
guerra. De nombre Jericó -por la trompeta bíblica que abatió con su estruendo la mura
lla de igual nombre-, se trataba de una especie de altavoz -plagio de las sirena
s con que Adolfo Hitler ordenó equipar los bombarderos Stuka, durante la invasión a
Polonia en 1939- que al ser instalado en el tren de aterrizaje de los Pucará aterr
orizarían y no dejarían dormir a las tropas británicas. Sin embargo, nunca logró que su
iniciativa prosperara. En vano fueron los intentos del investigador por convence
r a los hombres de la Aeronáutica que, incrédulos acerca de los beneficios que aport
aría la oferta, se negaron sistemáticamente a utilizarla.
Más informes para este boletín
Entre agosto de 1983 y octubre de 1984 el CONICET ordenó la realización de t
res nuevos informes sobre el INDEBIO. Coincidentes entre sí, sus conclusiones fuer
on las siguientes:
e Aparte del acuerdo con el Coman4o General del Ejército, el Instituto firmó o
tros dos, en ambos casos con excesiva independencia del Consejo. El primero data
de junio de 1981, con el Servicio Naval de Investigación y Desarrollo, que vino a
concretar un acuerdo previo por el cual la Secretaría de Salud Pública se compromet
ió a entregar a la Armada un subsidio no reintegrable por el equivalente a seiscie
ntos mil dólares por cinco años. Su firma fue considerada de trámite irregular por las
autoridades del CONICET, dado que se realizó sin su participación. El segundo conve
nio se firmó con la Oficina de Investigaciones del Departamento de la Marina de lo
s Estados Unidos. Su concreción tuvo como antecedentes unos contratos firmados ent
re esta entidad y el Consejo en junio de 1969. Sucesivas ampliaciones cubrieron
su continuidad hasta 1979, pero a partir de marzo de 1982 el organismo estadouni
dense cambió la modalidad de la relación otorgándole directamente al INDEBIO veinticin
co mil dólares por el lapso de un año.
* La integración del personal del Instituto no era el adecuado, ya que por c
ada investigador -tres en total- había once miembros de la carrera del personal de
apoyo y cuatro administrativos. Semejante desproporción originó que el 69,7 por cie
nto del presupuesto de 1983 se destinara al pago de sueldos de los no investigad
ores, mientras que solamente el 5~7 se utilizó para los haberes de los científicos.
* Su equipo instrumental era considerable.
* El INDEBIO nunca incorporó becarios o produjo tesis de doctorado. Esto con
trastó fuertemente con distintos documentos del propio Instituto dedicados a espec
ificar su estrategia sobre la formación de becarios, en los que denomina becarios
a estudiantes o profesionales recién reci
bidos que incorporaría a través de la carrera de técnico de apoyo.
* Desde mediados de 1981 Portela dejó de ejercer el control y supervisión de l
os proyectos que centralizaba -todos los del lNDEBI-, lo que por falta de otros
investigadores formados detuvo el progreso natural de esos emprendimientos y des
alentó a los investigadores jóvenes.
* Sus contactos con la comunidad científica fueron prácticamente nulos.
* Desde su creación, el Instituto produjo sólo once trabajos de investigación bási
ca, ocho de los cuales fueron publicados en Studio Biophysica, revista de escasa
difusión editada en la entonces Alemania oriental, uno en Radio Science de los Es
tados Unidos y los restantes en una revista no especializada como Acta Fisiológica
Latinoamericana.
* El INDEBIO no se dedicó al estudio de la biofísica, sino que tan sólo se abocó a
cuantificar los efectos de microondas sobre algunos aspectos muy restringidos d
e los sistemas biológicos.
Así las cosas, el 12 de noviembre de 1984, las autoridades del CONICET des
ignadas por el gobierno democrático decidieron el cierre del Instituto, asignándole
un nuevo destino a los miembros de la carrera del personal de apoyo, a los admin
istrativos, al equipamiento y al instrumental.
En cuanto a Portela, llamativamente, se resolvió "designar una comisión inte
grada por tres investigadores superiores para que coordine junto a él el futuro de
sus actividades en otra institución". Por esos días las crónicas periodísticas dieron c
uenta de un presunto atentado contra las instalaciones del INDEBIO, al que su ex
director -en una súbita reaparición tras no haberse reintegrado a sus funciones lue
go de cumplida su licencia por año sabático- catalogó como parte de una campaña en su co
ntra. Sin embargo, no fueron pocos los que dentro del ámbito científico creyeron que
en verdad se trató de un autoatentado.
Adolfo y Benito
De acuerdo con datos recopilados, para no ser dado de baja Portela habría
apelado a las excelentes relaciones que siempre mantuvo con la Fuerza Aérea -no ob
stante el entredicho de Malvinas- y a la influencia de su hermano Benito -ambos
nacieron durante el apogeo de Hitler y Benito Mussolini-, ex presidente de la Fu
ndación del Banco de Boston. Sólo así se explica que un mes después, el 14 de diciembre,
de nada haya servido que el CONTCET confirmara la falsedad de su título de biofísic
o de la Universidad de La Plata, tal como figuraba en su curriculum. Así lo certif
ica el expediente 26.113 de dicha casa de estudios, en donde se afirma que "no h
ay constancias de que el señor Adolfo Portela haya egresado de esta universidad, c
omo tampoco figuró en carácter de alumno". Lo cierto fue que el ex director del INDE
BIO continuó desempeñándose como investigador independiente del Consejo en el Institut
o de Estudios Comparados, dependientes de la Fundación del Banco de Boston, para l
uego recalar como asesor en un instituto de la Aeronáutica.
Para buena parte de la comunidad científica, lejos de considerarlo un caso
aislado, la irrupción del falso biofísico impulsada por Matera a inicios de 1990 vi
no a confirmar el claro sesgo ideológico con el que el oficialismo tiñó todo el quehac
er del sector. No es casual -remarcan los académicos- que por esa misma época el dip
utado justicialista Miguel Nacul pasara a ocupar la presidencia de la Comisión de
Ciencia y Técnica de la Cámara Baja. En esos días, varios legisladores de la oposición d
enunciaron algunos de sus "democráticos" antecedentes: calificó al CONICET de ser un
a cueva de marxistas" durante la gestión radical; permaneció junto al sublevado teni
ente coronel Angel León en el Regimiento 19 de Infantería de Tucumán durante el levant
amiento carapintada de Semana Santa de 1987, y defendió calurosamente a Aldo Rico
y Mohamed Ali Seineldín en los alzamientos castrenses de Monte Caseros y Villa Mar
telli.
2 - Caso ESLAI: El revanchismo político
Prácticamente todo lo que fue impulsado y sometido a una valoración favorabl
e en el ámbito científico y tecnológico durante la administración radical pareció converti
rse en algo execrable o en un desmérito durante la gestión de Raúl Matera. Sin embargo
, pocos casos como el de la Escuela Superior Latinoamericana de Informática (ESLAI
) ilustran con tanta claridad el espíritu revanchista que caracterizó el período en qu
e el neurocirujano comandó la SECYT.
La ESLAI fue inaugurada en marzo de 1986, a instancias de dicha secretaría
, con el propósito de estimular la formación de docentes e investigadores latinoamer
icanos de alto nivel en informática. El emprendimiento, diseñado con el asesoramient
o de los escasos especialistas existentes por entonces en el país y de argentinos
radicados en el exterior
con destacada trayectoria en la materia, contó con la cooperación inicial de la Ofic
ina Intergubernamental para la Informática; otros organismos internacionales y del
gobierno de la provincia de Buenos Aires, que cedió para su funcionamiento el cas
co de una estancia en el parque Pereyra Iraola.
Objetivos
Sus principales objetivos fueron los siguientes:
* Formar graduados universitarios con sólida preparación básica en informática, ap
tos para desempeñarse como docentes e investigadores en carreras de informática y en
tareas de investigación y desarrollo.
* Contribuir a sentar las bases de futuras escuelas informáticas de posgrado
en América latina.
* Coadyuvar al mejoramiento y la jerarquización de la comunidad profesional
en su área de influencia.
* Crear condiciones para establecer un centro de investigacion y desarroll
o informático en la Argentina con vocación regional
Para el cumplimiento de la primera de estas premisas, la ESLAI ofrecía un
a licenciatura en informática -otorgada por la Universidad de Luján- con un programa
de tres años de duración, al estilo de las grandes escuelas francesas e italianas.
Para ingresar, los candidatos tenían que haber aprobado al menos dos años universita
rios y eran seleccionados con base en el resultado de un riguroso concurso de ad
misión sobre temas de matemáticas. los beneficiados se hacían acreedores a una beca co
mpleta y a la posibilidad de acceder a los mejores profesores del mundo en el área
.
Para el ingreso en el año 1986 se presentaron más de ciento cincuenta aspira
ntes y el examen de admisión se realizó simultáneamente en diez países de Latinoamérica, i
ngresando de esa forma los primeros treinta y tres alumnos
-veinte de ellos argentinos- de la Escuela. En 1987, los candidatos fueron cient
o ochenta, y el concurso de admisión se realizó en quince países de la región, con lo cu
al el plantel aumentó a sesenta estudiantes. En 1988 se postularon más de tresciento
s aspirantes y la prueba se llevó a cabo en diecisiete países. Con este ingreso el p
lantel creció a noventa y cinco estudiantes. Finalmente, para el llamado del año 198
9, se presentaron también más de trescientos candidatos, de los cuales ingresaron tr
einta y ocho. A lo largo de estos cuatro concursos se ganaron su lugar en la ESL
AI estudiantes procedentes de la Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuad
or, Panamá, el Paraguay, Perú, el Uruguay y Venezuela.
Además de los objetivos ya mencionados, la Escuela tenía el propósito de que s
us egresados tomaran conciencia del contexto técnico, laboral y social en el que d
esarrollarían sus actividades. Debido a esto, se acordó con instituciones públicas o p
rivadas que los estudiantes del último año de la carrera realizaran pasantías en sus c
entros de investigación y/o desarrollo. También se programó que los egresados comenzar
an a hacer ayudantías en la propia ESLAI.
Por otra parte, en 1987 la Escuela empezó a realizar actividades para grad
uados, consistentes en cursos intensivos de dos o tres semanas de duración con vei
nticinco a treinta horas de clases. En 1987 se organizaron nueve cursos orientad
os esencialmente a capacitar y especializar docentes e investigadores en informáti
ca, y un año más tarde su número se elevó a trece. Todos ellos contaron con una masiva p
articipación, habiendo asistido docentes e investigadores de casi todas las univer
sidades argentinas interesadas en el tema. Para su dictado, se invitó a profesores
de reconocido prestigio internacional, tanto argentinos como estadounidenses, c
anadienses, venezolanos, españoles, italianos, franceses, brasileños y alemanes.
Primeros escollos
En diciembre de 1988, treinta de los treinta y tres alumnos que iniciaro
n sus estudios a comienzos de 1986 se recibieron de licenciados en informática. Pe
ro fueron los únicos que lograron promocionar la carrera sin inconveniente alguno.
Las camadas siguientes, en cambio, comenzaron a padecer el desinterés evidenciado
por las nuevas autoridades en la continuidad de la ESLAI.
En verdad, el primer escollo que debió enfrentar el organismo fue la liqui
dación a fines de 1988 de la Oficina Intergubernamental para la Informática, su prin
cipal apoyo financiero. Pero su cierre no fue impedimento para que, en lo inmedi
ato, la Escuela siguiera funcionando normalmente, puesto que la disuelta entidad
había dejado depositado en la Tesorería de la Nación importantes fondos para que aquéll
a continuara sus tareas. El verdadero problema aconteció luego del traspaso democrát
ico, cuando Matera bloqueó parcialmente esos fondos y comenzó a ahogar su accionar.
Doble discurso
Tras concluir el año 1989 con múltiples deudas, las autoridades de la ESLAI
aceptaron negociar con la SECYT el recambio de algunos de los miembros de la fun
dación que hasta entonces había manejado su presupuesto e irritaba a la gestión menemi
sta. Se acordó así que la nueva comisión, integrada por gente afín al neurocirujano, asu
miera en abril de 1990, pero esto nunca llegó a ocurrir porque antes de entrar en
función se le advirtió que iban a existir problemas financieros. Esto originó duras qu
ejas del mundillo científico y la clase dirigente, por lo que se consiguió que Mater
a acordara una nueva comisión y diera rienda libre a los fondos que aún había en la Te
sorería. Sin embargo, el envío a destiempo del dinero prometido y una nueva cesación d
e pagos en septiembre de ese mismo año terminaron por sellar la suerte de la Escue
la.
La ESLAI, para minimizar los daños al alumnado, logró que buena parte del pl
antel finalizara la licenciatura mediante convenios con la Universidad de Buenos
Aires, la de La Plata y la de la República del Uruguay. Así ocurrió con la tercera y
cuarta camada, pero no con la segunda, que ya había cursado todas las materias, al
producirse el cambio de una gestión a otra, y sólo le restaba presentar sus tesis,
hecho que debió resolver en medio de la crisis. Prueba de su sólida formación fue que
muchos de los egresados consiguieron hacer su doctorado en el extranjero a insta
ncias de los profesores visitantes.
Animosidad política
Según los impulsores de la ESLAI, no fueron problemas económicos sino político
-ideológicos los que impidieron su prosecución. De hecho, tras la disolución de la Ofi
cina íntergubernamental para la Informática, la Escuela estaba próxima a ampliar su co
nvenio con la Comunidad Económica Europea, lo cual hubiese significado un ingreso
de trescientos mil dólares anuales; es decir, doscientos mil menos de lo que aport
aba el liquidado organismo. Esto, sumado al apoyo de empresas nacionales consegu
ido a través del Fondo Empresario de Cooperación; al convenio con el gobierno de Ita
lia que suministró todo el equipamiento informático y estaba a punto de renovarlo cu
ando ocurrió el cierre de la ESLAI-; al acuerdo con el gobierno de Francia que anu
almente financiaba la presencia de profesores-, más un transitorio aporte por part
e del Estado, hubiese asegurado su continuidad.
Como si se hubiese tratado de un problema edilicio, no hace mucho tiempo
la SECYT adquirió un inmueble en la Capital Federal para montar un emprendimiento
similar al de la Escuela Superior Latinoamericana de Informática. La adquisición de
l inmueble, aún hoy desocupado, se asemeja al faraónico sueño del presidente Carlos Me
nem -hecho público por el secretario del área Domingo Liotta de crear una ciudad ci
entífica, iniciativa que poco y nada tiene que ver con estas recordadas palabras d
el premio Nobel Bernardo Houssay: "Bienvenidos los edificios, pero primero a for
mar los hombres. Mejor es tener buenos pájaros cantores que gorriones en jaulas de
oro".
3 - Crotoxina: Matera y el pensamiento mágico
Cuando, en septiembre de 1987, La era del ñandú -filme televisivo de Carlos
Sorín para el programa de divulgación de la SECYT- tendió indirectamente a terminar co
n el mito creado alrededor de la crotoxina y así desnudar los meca-nismos del pens
amiento mágico y la manipulación informativa, la comunidad científica local estaba muy
lejos de imaginar que dos años después, a poco de asumir la titularidad del citado
organismo, Raúl Matera iba a reabrir las investigaciones sobre la polémica sustancia
presuntamente anticancerígena.
Su decisión de hacer borrón y cuenta nueva implicó, para muchos, el desconocim
iento de la investigación efectuada en 1986 por trece notables oncólogos del CONICET
que calificó a' compuesto como "ineficaz". Similar fue la conclusión a la que llegó,
en noviembre de 1988, otra comisión constituida por tres grupos coordinados por lo
s doctores Alberto Baldi y José Mordoh que funcionaron en la Fundación Campomar, el
Instituto de Oncología Angel Roffo y el Instituto de Biología y Medicina Experimenta
l.
La historia de la crotoxina empezó el 9 de julio de 1986, cuando los docto
res Luis Costa, Guillermo Hernández Plata y Carlos Coni Molina, en conferencia de
prensa, aseveraron el descubrimiento "accidental" de una droga aplicable al cáncer
"con buenos resultados". De inmediato, se comenzaron a conocer testimonios de e
nfermos que habían sido tratados con la sustancia y que afirmaban estar bastante m
ejor.
Auge y caída
Esto es lo que ocurrió, paso a paso, hasta el día en que Matera hizo volver
la crotoxina al primer plano.
* 10-7-86: El Ministerio de Salud y Acción Social advierte que no tiene conocimien
to directo de los descubrimientos anunciados por los tres médicos.
* 15-7-86: Ese ministerio autoriza el tratamiento con el citado compuesto de los
ochenta y tres pacientes que ya venían recibiendo la terapia. Se dijo que la deci
sión respondía a razones "humanitarias y no científicas".
* 31-7-86: Cerca de dos mil personas marchan a la Plaza de Mayo para pedirle al
presidente Raúl Alfonsín que se amplíe el suministro de la crotoxina a todos los enfer
mos de cáncer.
* 1-8-86: El CONICET inicia un sumario administrativo contra el descubridor de l
a droga, Juan Carlos Vidal, como paso previo a un eventual juicio académico por el
tratamiento dado al caso.
* 14-8-86: El CONICET asevera que las investigaciones sobre la sustancia fueron
realizadas con "transgresiones científicas" y que por lo tanto no avala su empleo.
* 16-8-86: los tres médicos que suministraron la crotoxina reconocen que no pueden
probar su eficacia y que su uso se efectuó sin el permiso de la autoridad pública.
* 18-8-86: La comisión de especialistas que investiga la capacidad anticancerí-gena
del compuesto dictamina que "no existe ningún caso probado" de que la droga actúe co
mo antitumoral.
* 21-8-86: El ministro de Salud y Acción Social, Conrado Storani, afirma que cuare
nta enfermos de cáncer empeoraron con el tratamiento basado en crotoxina.
* 28-9-86: El Instituto de Neurobiologia interrumpe la entrega de la sustancia a
los pacientes que aún estaban tratándose con la droga.
* 12-10-86: El informe final de la comisión de oncólogos indica que la crotoxina no
cura el cáncer y que los enfermos tratados no sólo recibieron el complejo parcialmen
te purificado, que se obtiene de una serpiente sudamericana la crotalus dunssus
terrificus-, sino también veneno de cobra, un analgésico muy potente que ya se util
izaba en la década del 40 en lugar de la morfina. Al decir de los expertos, su pod
er unido a los efectos antiinflamatorios del veneno enmascararon la acción de la c
rotoxina. El escrito aclara además que no se cumplieron las etapas de investigación
exigidas por la ley, es decir, no aplicarla a personas sin antes realizar las co
rrespondientes pruebas "in vitro" "in vivo" en animales.
* 13-10-86: El Ministerio de Salud y Acción Social prohibe el empleo de la sustanc
ia en seres humanos.
* 6-3-87: La Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas pide que se form
ule denuncia penal contra el descubridor de la crotoxina, los médicos que la sumin
istraron y sus colaboradores.
* 9-6-87: El juez Néstor Blondí ordena el procesamiento de los doctores Vidal, Costa
, Coni Molina, Hernández Plata, Juan Tramezzani director del Instituto de Neurobio
logia, donde empezó a producirse la droga sin la correspondiente autorización-, Alic
ia Canziani y la licenciada Cristina Seki de Buela -ambas por omision de la denu
ncia Se les imputa abuso de autoridad, suministro de medicamento peligroso para
la salud, tentativa de fraude en perjuicio de administración pública y fraude a la
Ley de Propiedad intelectual.
Estos hechos, sumados al fracaso manifestado por la comisión de oncologos
en pacientes investigados acorde con su informe, de los ochenta y tres enfermos
estudiados sesenta y cinco habían fallecido o empeorado doce no eran evaluables p
or haber sido tratados con otros metodos y seis no habían concurrido-, no sólo limit
aron las espectativas sino que paralizaron todas las investigaciones referidas a
l tema.
La resurrección
La situación se mantuvo basta el 5 de septiembre de 1989 cuando, por orden
del presidente Carlos Menem, su secretario Matera propició la reanudación de los es
tudios. La versión oficial asegura que la reincidencia en la cuestión se debió a los n
umerosos pedidos recibidos en ese sentido en la Casa Rosada. Otros sugieren, en
cambio, que sobre esos pedidos se habrían montado aquellos que, ayer depuestos por
el radicalismo, volvían al poder institucional a la sombra del neurocirujano desi
gnado en la SECYT. los que apoyan esos dichos expresan que entre los impulsores
de la nueva embestida crotoxinica estuvo el asesor de Matera Alvaro Gimeno. Ya e
n la semana previa a las elecciones del 14 de mayo de 1989 el ex miembro de la q
uerellada fundacion SENOC acompañado por Matera, Tramezzam y Patricio Randle dej
o entrever en mi panel de la Sociedad Científica Argentina sus ansias de revancha
y su rencor hacia la gestión alfonsinista a la que definió como un "grupo uniforme i
deologicamente integrado por "marxistas, neomarxistas, positivistas, gramscianos
o adeptos a la Escuela de Frankfurt".
Ante los escasos proyectos explicitados al comienzo de su mandato, el se
cretario de Ciencia y Técnica anunció con bombos y platillos el emprendimiento, esti
mando "entre seis meses y un año" el lapso necesario para la obtención de algún result
ado. Sin embargo, pocos días después, al afirmar que no había plazos en la investigación
, José Burucúa -uno de los médicos asignados a la revisión de la crotoxina aportó una dosi
s de cordura al exitismo oficialista.
Un año antes, casi simultáneamente con que el grupo encabezado por los docto
res Baldi y Mordoh informara no haber hallado efectos antitumorales del uso del
complejo descubierto por Vidal y el veneno de cobra, solos o combinados, noticia
s procedentes de los Estados Unidos daban cuenta del patentamiento de una droga
anticancerígena -aún no experimentada en humanos- basada en veneno de cascabel, el m
ismo que compone predominantemente la crotoxina. En relación con esto último y para
evitar confusiones, Angel Masotta, miembro de la primera comisión de oncólogos que j
uzgó el compuesto, dijo al diario Clarín, el 8 de octubre de 1988, que el único punto
en común entre un experimento y otro era "solamente que los dos están hechos sobre v
eneno de serpiente, pero de ahí a pretender inferir que la crotoxina pueda ser útil
hay una distancia sideral". Luego añadió: 'Nosotros no dijimos que los venenos de se
rpiente no sirven, sino 'ese' veneno de serpiente; usado como fue usado, no tenía
ninguna utilidad y eso está debidamente comprobado. Yo, privadamente, tuve en prin
cipio mucha fe en la crotoxina, pero no por capricho. Consideré que eran tres médico
s y que detrás de ellos había un investigador de prestigio como el doctor Vidal, y q
ue decían que tenían cincuenta enfermos curados. Sin embargo, llegado el momento, no
pudieron presentar ni uno. De ninguna manera se puede suponer que su trabajo es
tuviera medianamente bien hecho. Eso fue lisa y llanamente un desastre. Si ellos
hubieran demostrado aunque sea un solo caso, el camino estaba abierto. A lo mej
or, puede ser que hayan frustrado una cosa presuntamente útil, ya que no siguieron
el procedimiento correcto".
Pobres resultados
Finalmente, el 25 de marzo de 1991, la Comisión Oficial para ~ Estudio de
la Crotoxina determinó que "no todos los tumores cancerígenos muestran la misma resp
uesta" ante la controvertida sustancia y que "el resultado beneficioso obtenido
con su utilización en ratas no puede ser directamente aplicable a tumores que teng
an lugar en seres humanos".
Para la evaluación de las propiedades antitumorales de la crotoxina, la SE
CYT encomendó a tres grupos de científicos que profundizaran las investigaciones con
el empleo de un compuesto similar al utilizado por Vidal. El grupo Buenos Aires
, que estudió siete tipos de tumores humanos aislados y cultivados fuera del cuerp
o, y el grupo La Plata, que experimentó con ratas, no hallaron efectos anticanceríge
nos. En cambio, según el informe de la Comisión Oficial, el grupo Rosario fue el único
que halló resultados positivos. En este caso, se ensayó la droga sobre un tumor alt
amente maligno de probable origen viral, aparecido veinte años antes en ratas y qu
e se mantuvo mediante transferencias genéticas. Y si bien las dosis usadas fueron
las mismas que aplicó el grupo de La Plata, en el caso rosarino 'se produjo un fra
nco achicamiento de los tumores y, en algunos casos, su destrucción total".
Esto llevó a decir a Matera que la investigación no terminaría allí. De hecho, p
oco tiempo después, solicitó al titular de ese grupo un nuevo proyecto de trabajo. P
osteriormente, ~ propio neurocirujano debió reconocer dos años y medio mas tarde que
nunca lo recibió.
¿Vuelve Vidal?
El 3 de marzo de 1993, al conocerse la absolución definitiva del juez Blon
di de todos los implicados en la causa "crotoxina", el secretario de Ciencia y Téc
nica salió una vez más a la carga. A pesar de reconocer al diario Cki rin que en célul
as cancerosas humanas y en cánceres de ratas la sustancia "no tuvo ninguna activ
idad y el fracaso fue total", volvió a centrar su optimismo en la no repetida expe
riencia rosarina. En relación con Vidal -radicado en los Estados Unidos, donde sig
ue sus trabajos sobre la crotoxina dijo que podía volver "con todos los honores"
y se mostró dispuesto a incorporarlo a su plan de trabajo "una vez que se resuelva
su juicio académico".
En el transcurso del año 1993, Matera mantuvo un asiduo contacto telefóni-co
con el padre de la crotoxina, que se acentuó aún más luego de que éste publi-cara dos a
rtículos en revistas estadounidenses especializadas. En uno de ellos Vidal comunicó
los resultados de un estudio sobre los mecanismos que provocan tolerancia a dosi
s progresivas del compuesto en ratones. En el otro informé sobre la capacidad de l
a droga para destruir células de un tipo de cáncer en ensayos de laboratorio. Según in
vestigadores locales conocedores del tema, estos trabajos -hechos en conjunto co
n otros autores argentinos y norteamericanos- son estudios de carácter preliminar
que deben preceder a la postulación de cualquier compuesto químico como posible drog
a contra el cáncer. Y añaden que esto en absoluto es equiparable a los ensayos con h
umanos que aquí realizaron Costa, Coni Molina y Hernández Plata. "Un trabajo científic
o es algo muy serio. Y para demostrarlo es imprescindible no dejar de lado cada
una de sus etapas", remarcan los académicos vernáculos. Acá, en cambio, el caso crotox
ina empezó al revés, algo que Matera pareció relativizar hasta el mismo momento de su
muerte.
4 - Caso Cóndor II: Un misil en picada
"Si no puedes vencerlo, únete a él", tituló Página/12, el 29 de octubre de 1989,
en alusión al cambio de pareja tenística que Carlos Menem había propuesto el día anteri
or, luego de perder los dos primeros sets frente a la dupla George Bush-James Ba
ker. No habituado a que los números jueguen en su contra, el Presidente pidió a su c
olega ecuatoriano, Rodrigo Borja, que acompañara al canciller estadounidense para
así tener a su lado al mandatario del país del Norte, junto a quien finalmente ganó el
tercer set.
Con este hecho, ocurrido en una impasse de la cumbre de presidentes amer
icanos celebrada en Costa Rica, Menem no hizo otra cosa que trasladar al terreno
deportivo su incondicional alineamiento político con los Estados Unidos, que en a
lgunos temas lo llevó directamente al campo de la sumisión.
Fue este el caso del misil Cóndor II, al que justamente Bush hizo referencia poco
después de terminado el partido. Allí, por primera vez, el riojano escuchó la preocupa
ción norteamericana acerca de que la tecnología argentina de ese misil estuviera yen
do a parar a manos de Saddam Hussein.
En ese preciso instante no sólo se desvaneció su promesa electoral de "conti
nuar con su fabricación" y así "aportar riqueza y divisas al país", sino que empezó a ca
er en picada el mayor de los emprendimientos tecnológicos de las Fuerzas Armadas l
ocales.
Nacimiento y desarrollo
Nacido a fines de la década del 70 como un vector con capacidad para coloc
ar satélites en órbita, el emprendimiento empezó a adquirir propósitos militares tras la
derrota en Malvinas, a raíz de las dificultades evidenciadas en el reabastecimien
to de material bélico extranjero.
Por entonces, alguien sugirió al poder político procurar un arma disuasiva y
ésta no podía ser otra que el Cóndor II, un vector de tres cuerpos con propulsión de co
mbustible sólido capaz de alcanzar casi mil kilómetros de distancia.
Ya en abril de 1985, Raúl Alfonsín dictó un decreto secreto que aprobó los progr
amas Cóndor 1 y II como parte de un plan de satelización de la Fuerza Aérea; y dos años
más tarde -agosto de 1987- un nuevo decreto, también secreto, dio continuidad al Cóndo
r II. Esto vino a convalidar una serie de contratos firmados por la Aeronáutica co
n empresas alemanas y egipcias, mediante los cuales se acordó la exportación de tecn
ología y materias primas del Cóndor II, que en la práctica significó el ingreso del misi
l criollo en el mundo de
las armas teledirigidas a través de compañías en condiciones de gestionar su financiac
ión o venta directa.
En el marco de los contratos autorizados por el gobierno radical, entre
septiembre de 1988 y marzo de 1989 habrían llegado a Egipto entre doce y treinta c
arcasas de misiles Cóndor II. los presuntamente arribados a Irak lo habrían hecho a
través de las vinculaciones que los socios argentinos tenían con Bagdad. Según informe
s de inteligencia estadounidense, el Cóndor II no llegó completamente terminado a ma
nos de Hussein sino que fue la empresa alemana participante del negocio quien lo
gró adosarle una cabeza inteligente con tecnología de libre venta en el mercado mund
ial de armas. Esta combinación, dicen las mencionadas fuentes de inteligencia, dio
lugar al misil iraquí Tammuz, que guardaría un gran parecido con los misiles nacido
s en la cordobesa planta de Falda del Carmen.
El proyecto Cóndor II originó múltiples presiones sobre Buenos Aires; no sólo po
r parte de los Estados Unidos -vía su embajador Terence Todman- y Gran Bretaña, sino
también de Israel, que de inmediato vio el peligro que podría significar para su de
fensa territorial el éxito de la operación. Sin embargo, el gobierno radical se mant
uvo firme en su decisión de intervenir en el negocio argumentando que sólo perseguía f
ines pacíficos y meteorológicos.
La claudicación menemista
Aunque poco convincente en sus propósitos, la firme defensa de la gestión ra
dical de llevar adelante un desarrollo tecnológico independiente contrastó de plano
con la postura claudicante adoptada de entrada por el menemismo.
Sin ir más lejos, en abril de 1990 tras las iniciales presiones de Washin
gton-, el Presidente anunció a través de su ministro de Defensa, Humberto Romero, la
decisión de congelar el proyecto Cóndor II.
Una vez más, el 28 de mayo de 1991, tras la amenaza de Washington -revelad
a al gabinete el mes anterior por el canciller Guido Di Tella- de suspender su a
yuda económica al país si no cesaba el proyecto Cóndor II, el gobierno respondió anuncia
ndo por boca del ministro de Defensa, Erman González, el desmantelamiento del prog
rama.
En su mensaje por la cadena nacional, el titular de la cartera militar a
nunció también la creación de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), de
pendiente en forma directa de la Presidencia de la Nación, en reemplazo de la anti
gua Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CONIF), presidida por el 'cer
ebro" del misil criollo, comodoro Miguel Guerrero. De claro carácter estratégico, es
e cambio implicó un vía libre al Ejecutivo para la desactivación del proyecto sin que
mediaran interferencias de la Aeronáutica.
De este modo, González, quien había polemizado públicamente con Di Tella -el p
rincipal aliado de Todman dentro del gabinete- sobre la suerte del Cóndor TI, fina
lmente cedió posiciones, no sin antes informar que el gobierno había decidido adheri
r al Régimen de Control de Tecnología Misilística (RCTMy, un nuevo renunciamiento a la
s tradicionales posturas de la política exterior argentina.
Ante las evidencias de que el misil criollo acababa de entrar en su cuen
ta regresiva, ya comenzado el segundo semestre de 1991, el ex jefe de la Fuerza
Aérea, brigadier Ernesto Crespo, afirmó que la Argentina se convertiría en un "país bana
nero" si accedía al pedido de los Estados Unidos de desmantelar el proyecto. Estas
declaraciones le valieron al militar, que convenció a Alfonsín de seguir con el Cóndo
r II, treinta días de prisión.
A mediados de 1992, la aparición del libro Relaciones carnales, la verdade
ra historia de la construcción y la destrucción del misil Cóndor JI, reveló la existenci
a de dos misiles casi completos en poder de la Aeronáutica. Y como era de prever,
la denuncia de sus autores -los periodistas Eduardo Barcelona y Julio Villalonga
- provocó nuevas reacciones. En el plano internacio-nal, poco tiempo después, The Ne
w York Times aseguró que la Fuerza Aérea Argentina se negaba a dar por terminado el
proyecto y que había colocado parte de su tecnología -en especial, la que forma part
e de su sistema de guía- a resguardo de la voluntad política del presidente Menem, y
acusó al Ministerio de Defensa de "hacer la vista gorda con la actitud de los ofi
ciales" de la Aeronáu-tica. Al mismo tiempo, el Times de Londres afirmó que el gobie
rno argentino no tenía "control sobre lo que la Fuerza Aérea se llevó y escondió".
La cartera militar negó la revelación en tanto la Cancillería -poniendo en evi
dencia que la relación entre ambos organismos oficiales seguía siendo conflictiva- a
dmitió su veracidad relativizando las acusaciones de la prensa extranjera con el a
rgumento de que "los motores y otros elementos del Cóndor II siguen herrumbrándose e
n Córdoba" a la espera de su reciclaje y "nada ha modificado la situación".
Nuevas presiones
El 11 de diciembre de 1992, presionando nuevamente, Bush envió una carta a
su colega argentino donde le pidió que encontrara "una pronta solución para la dest
rucción del misil Cóndor II". A raíz de esto, el 9 de enero de 1993, el gobierno menem
ista embarcó las partes del desmantelado misil con destino a la base militar español
a de Rota para su posterior liquidación. Ese destino fue el punto de equilibrio qu
e encontraron los negociadores norteamericanos y el Minis-terio de Defensa, lueg
o de que funcionarios del Pentágono y del Departamento de Estado norteamericano pr
esionaran sin pausa para que los misiles fueran destrui-dos aquí o en la NASA. La
primera opción no era posible porque tanto la cartera militar como la Aeronáutica se
negaban a efectuar la tarea. La segunda se descartó porque habría herido el orgullo
de la Fuerza Aérea. Así las cosas, el traslado de los Cóndor a España se concretó tras un
acuerdo suscrito por Madrid y Buenos Aires.
Al día siguiente de que los mísiles partieran de Puerto Belgrano, el preside
nte Menem quien cinco años antes había calificado de "muy importante" la fabricación d
el Cóndor II coronó el operativo diciendo que la Argentina terminaba con ese proyec
to porque "no nos servía para nada".
Extraño viaje
Para sorpresa de muchos, apenas dos meses después, la edición del 2 de marzo
del diario madrileño El País informó que el destino final del desarticu-lado misil no
habría sido España, tal como lo había asegurado el gobierno argentino, sino los Estad
os Unidos, donde se procedería a su destrucción.
"El extraño viaje del misil desde la Argentina a los Estados Unidos, con una 'esca
la técnica' en España, sólo se entiende por el deseo del presidente Menem de evitar la
mala imagen que entrañaba entregar a Washington, aliado del Reino Unido en el con
flicto por las Malvinas, el 'arma secreta' de su Fuerza Aérea: un misil balístico ca
paz de transportar una cabeza de guerra de quinientos kilos a novecientos kilómetr
os, suficiente para alcanzar el disputado archipiélago", añadió el matutino editado en
Madrid.
Por si quedaba alguna duda del ardid planificado en la Casa Rosada, un día
más tarde, fue el propio Pentágono, en boca de su vocero Bryan Witman, el que confi
rmó el destino final de las piezas del Cóndor II. "España ha jugado un importante pape
l como inspector y para facilitar el traslado del material a un buque con destin
o a los Estados Unidos", señaló Witman.
Interrogado al respecto, el canciller Di Tella se limitó a decir: "No es n
i de nuestra competencia ni de nuestro interés si España entregó a los Estados Unidos
las partes del misil. Nosotros hemos terminado con el sistema Cóndor entregando to
do a España, ese es el final de la historia".
La arremetida final
Si este fue el final del misil criollo, no lo fue por cierto el de otros
aspectos vinculados con su corta vida. De hecho, previamente a la reunión que Men
em mantuvo el 29 de junio de 1993 con el nuevo mandatario estadounidense, Bill C
linton, su saliente embajador en Buenos Aires, Terence Todman, arremetió en esa op
ortunidad contra los militares involucrados con el desarrollo del Cóndor II.
Como consecuencia directa de estas nuevas presiones, a comienzos de juli
o el gobierno pidió al jefe de la Aeronáutica, José Juliá, que pasara a retiro al "cereb
ro" del proyecto, Miguel Guerrero, uno de los dos únicos militares vernáculos que ob
tuvieron un master en el prestigioso Massachusetts Institute of Technology. Juliá,
a quien jubilaron el 14 de ese mismo mes, resistió la orden. Y el caso lo heredó su
sucesor, Juan Paulik, al que se le encomendó hallar una pronta solución al asunto: és
ta fue obligar a Guerrero a solicitar una engañosa licencia por seis meses como an
tesala a su definitiva jubilación. Catalogado por el menemismo como el militar que
complicaba la relación con los Estados Unidos, Guerrero, en las diferentes mision
es norteamericanas que visitaron Falda del Carmen, había rechazado la presencia de
algunos de los miembros de esas delega-ciones, acusándolos de ser espías y no científ
icos. Y por si quedaba alguna duda de que la suerte del militar estaba definitiv
amente echada, el ministro de Defensa, Oscar Camilión, dijo el 2 de agosto que el
gobierno no haría "nada" para retenerlo en la Fuerza Aérea.
Previamente a su retiro, también debieron irse los brigadieres Genaro Scio
la y Oscar Benza. El primero, nexo entre el personal científico y la Fuerza Aérea, f
ue pasado a retiro. El segundo, titular del Instituto Politécnico de Córdoba organis
mo muy vinculado con el emprendimiento misilístico, fue pasado a disponibilidad, e
s decir, sin destino.
Visitas
En medio de nuevos reclamos de Washington por las partes "inteligentes"
del Cóndor II que aún faltaría entregar, dos misiones más recorrieron la planta misilístic
a en agosto de 1993, una de ellas, perteneciente a las Naciones Unidas. Su propósi
to fue comparar la tecnología de Falda del Carmen con la de otras plantas, presunt
amente similares, ubicadas en Irak. Una semana después de su visita, los técnicos de
l organismo internacional finalmente echaron algo de luz a la enigmática historia
de la planta empotrada en las sierras cordobesas. Su informe comprobó que la cuna
del Cóndor criollo "es idéntica" a "por lo menos tres" fábricas iraquíes. La conexión entr
e el ahora detenido proyecto misilísti-co argentino y el de Irak fue sustentada en
la existencia de un par de motores de misiles poseídos por Bagdad con el mismo núme
ro de serie que los fabricados en Falda del Carmen.
Esa fue la primera vez que investigadores de ese nivel dieron fe a la po
sibilidad de que partes del Cóndor II fueron a parar a manos de Hussein, triangula
das por Egipto. Esto ya había sido denunciado a fines de 1990 por el entonces canc
iller Domingo Cavallo, luego de leer un informe sin pruebas de los servicios de
inteligencia estadounidenses. los dichos del hoy titular de Economía tuvieron luga
r en el marco de la polémica con el radicalismo por el envío de dos buques de la Arm
ada nacional a la Guerra del Golfo, cuando el oficialismo barajó la hipótesis de que
Irak usara el misil criollo contra Israel. Es válido aclarar que los contactos in
directos entre Buenos Aires y Bagdad fueron hechos en un contexto internacional
en el cual la mayoría de los países que integraron la fuerza multinacional contra Hu
ssein vendían todo tipo de armas al entonces "niño mimado" de Occidente, quien había a
ctuado como muro de contención de la revolución iraní del Ayathola Komeini.
El segundo grupo que visitó la planta cordobesa en agosto de 1993 estuvo i
ntegrada por técnicos norteamericanos que arribaron con la intención de estudiar el
reciclado del lugar con fines comerciales.
En forma simultánea al ingreso de esa delegación en el bunker misilístico, el
día 23, en Washington se dio a conocer que la Argentina había sido aceptada como int
egrante del club de naciones que suscriben al Régimen de Control de Tecnología Misilís
tica. Seguramente, por haber hecho bien los deberes.
5 - Centrales nucleares: Las últimas joyas de la abuela
-¿ Cuáles son las consecuencias que podría tener para la población que las centrales nuc
leares queden en manos privadas?
-¿Vos viste los Simpsons?
Aunque probablemente en forma exagerada, la alusión implícita de un técnico es
tatal a una cronista de la revista La Maga respecto a Montgomery Burns el inesc
rupuloso dueño de la planta de energía atómica donde trabaja Homero, jefe de la famili
a que protagoniza la famosa serie de dibujos animados describe el temor de part
e de la sociedad de que el gobierno, con tal de vender cuanto antes las tres cen
trales nucleares argentinas, no termine exigiendo a sus compradores los mínimos re
quisitos de seguridad.
A esa situación se arribó luego de que, tras una ardua lucha, Domingo Cavall
o consiguiera la renuncia del titular de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONE
A), Manuel Mondino, el 29 de agosto de 1994. Dos días más tarde, vencida ya la férrea
oposición de Mondino al plan del ministro de Economía, el presidente Carlos Menem fi
rmó el decreto 1540 que abrió las puertas a la "privatización total" de Atucha 1, Emba
lse Río Tercero y la aún no concluida Atucha II.
Por ese decreto, la estructura original de la CONEA quedó dividida en tres
partes:
* Lo que se dio en llamar CONEA residual, que es el área de investigación y de
sarrollo de la desaparecida Comisión, pero vacía de toda actividad relacionada con l
a producción de electricidad y sin su anterior función de vigilancia y de resguardo
de seguridad.
* La empresa Nucleoeléctrica Argentina, en cuyas manos quedan las tres centr
ales nucleares. Esta compañía queda inicialmente en la órbita del Estado y el noventa
y nueve por ciento de sus acciones pertenecen al Ministerio de Economía. Sin embar
go, en el decreto se prevé su paso al sector privado, luego de que el Congreso, se
gún lo estipulado por la nueva Constitución Nacional, apruebe la operación.
* El Ente Nacional Regulador Nuclear, dependiente de la Presidencia de la
Nación, cuyo objetivo es la vigilancia y la regulación de la actividad atómica.
Días después de que Cavallo anunciara la medida, cuarenta y cuatro legis-lad
ores nacionales de distintas fuerzas políticas reclamaron la paralización del proyec
to y de todo otro nuevo procedente del Palacio de Hacienda hasta tanto no se s
ancione una ley nuclear. Para su dictado, en ejercicio del derecho de iniciativa
popular establecido por la flamante Carta Magna, la comunidad cientí-fica y tecno
lógica se abocó de inmediato a la recolección de las seiscientos mil firmas necesarias
el equivalente al tres por ciento del padrón electoral para que el Congreso dé cu
rso a su tratamiento. Desde 1992, diputados y senadores presentaron cerca de vei
nte pedidos de resolución que solicitan no innovar la situación jurídica de la CONEA o
generar una ley nuclear. Sólo durante 1994 se presentaron en la Cámara Baja nueve p
royectos y en la Cámara Alta su Comisión de Energía solicitó en forma unánime al Poder Eje
cutivo que se disponga de seis meses para efectuar un "exhaustivo estudio" en vi
sta a la elaboración de una ley de energía atómica.
Dudas y cuestionamientos
El reclamo de los políticos no hizo otra cosa que reflejar las numerosas o
bjeciones de los sectores opuestos al plan privatista. Una de las principales crít
icas es que el decreto destruye un logro histórico: el de mantener en un mismo org
anismo el área de investigación y desarrollo y el sector productivo.
Otro de los puntos oscuros es la financiación de las tareas de investiga-c
ión y desarrollo. Según la iniciativa oficial, el Estado ya no financiará esas activid
ades, previéndose en cambio que la CONEA residual las sostenga mediante un canon p
or la venta de energía que aportará la licenciataria de las centrales nucleares. Esa
suma equivaldrá al quince por ciento de los ingresos de los compradores de Nucleo
eléctrica, que nunca podrá estar por debajo de los treinta millones de dólares por año.
Pero el problema es que ese monto ni siquiera alcanzará para pagar los sueldos de
investigadores y técnicos: 31,4 millones de pesos anuales.
No obstante, aún hay algo peor. Esos treinta millones son para compartirse
entre varias áreas. La Comisión cuenta con tres grandes centros atómicos: el de Ezeiz
a, el de Constituyentes y General Paz y el Instituto Balseiro de Bariloche. Cada
uno posee un reactor de investigación, de los cuales el del primero se destina a
la producción de radioisótopos, que abastece el noventa por ciento de la demanda int
erna en el área de la salud, el campo y la industria. Y todos necesitan de recurso
s adicionales para su operación y mantenimiento.
Además, entre otras actividades, está la producción de combustible nuclear que
queda en manos de la CONEA-, los trabajos en el área agropecuaria el mejora-mient
o de suelos y cultivos-, en el área ambiental -para lo que se desarrolló una planta
de tratamiento de cloacas-, la planta neuquina de producción de agua pesada de don
de surge el elemento que se usa como moderador y refrigerante en las usinas nucl
eoeléctricas-, el desarrollo de tecnologías sensitivas -como el enriquecimiento de u
ranio y grupos de investigadores mendocinos que trabajan en temas vinculados con
el combustible para las centrales y otros dedicados al diagnóstico médico con radio
isótopos.
Si estos treinta millones de dólares hay que dividirlos entre tantas cosas
, algo debe desaparecer. Esta es la ecuación a la que arriban no pocos profesional
es opuestos al proyecto, quienes tampoco son optimistas respecto del ingreso de
otros recursos procedentes de la venta de combustible nuclear a los compradores
de la Nucleoeléctrica y de servicios a la industria. En cuanto al combustible dice
n que la licenciataria también podrá comprarlo en el exterior. Y agregan que acorde
a la situación de la industria local son pocos los que se acercan a consultarlos.
De modo que no hay que hacerse muchas esperanzas respecto de la venta de servici
os.
Residuos y desmonte de plantas
Tampoco queda del todo claro quién se hará cargo de los residuos radiacti-vo
s y de los gastos del apagado de las centrales una vez cumplida su vida útil. ta r
esponsabilidad del Estado es total", fue lo primero que respondió el secre-tario d
e Energía, Carlos Bastos de quien dependen la CONFA residual y Núcleo-eléctrica, al s
er consultado por la prensa, aunque ante el asombro de los periodistas al saber
que el costo correría por cuenta de las arcas estatales el colaborador del ministr
o Cavallo aclaró: "Bueno, no la Nucleoeléctrica tendrá que constituir un fondo para ha
cer frente a ese trabajo". Actualmente, la actividad nuclear genera en la Argent
ina cerca de cuatrocientos kilos diarios de residuos radiactivos, que están deposi
tados en piletas de Atucha 1 y Embalse. Sin embargo, el país aún no tiene resuelto e
l tema del procesamiento de los residuos nucleares y mucho menos la construcción d
e un repositorio.
En el proceso de privatización se prevé que la licenciataria aporte un fondo
económico para solucionar el problema de los residuos y el desmonte de las planta
s. Ese monto se estima en alrededor de trescientos cincuenta millones de dólares;
doscientos y ciento cincuenta respectivamente. Pero si se tiene en cuenta que la
licenciataria debería desembolsar por las tres centrales y la usina hidroeléctrica
de bombeo de Río Grande también incluida en el paquete cerca de seiscientos millo
nes de dólares, no le resultaría rentable aportar en los próximos diez años treinta y ci
nco millones anuales para el desmantelamiento de Atucha 1, cuya vida útil termina
en el año 2004. En el caso de Embalse, cuya utilidad se extiende hasta el 2014, la
cuota por año sería sensiblemente menor: algo menos de cuatro millones de dólares. De
todos modos, lo que se teme es que si la compradora de Nucleoeléctrica presiona p
ara no asumir el gasto, tarde o temprano termine pagándolo el Estado.
Otro ítem preocupante es el verdadero alcance que tendrá en sus funciones el
Ente Nacional Regulador de la actividad atómica. Su tarea incluye asuntos tan sen
sibles como la seguridad radiológica y nuclear, la protección física y el control de l
os materiales nucleares, la autorización para el funcionamiento de instalaciones n
ucleares y la vigilancia de las salvaguardias internacionales. Pero al no haber
en el país leyes en la materia, no existe un marco legal para la empresa que se ha
rá cargo de las centrales ni para el ente que debería hacer cumplir esas leyes.
Mil despidos
Con todo, las dudas no se limitan al plan privatizador. Previamente a es
to, la reestructuración de la CONEA incluye el retiro voluntario de mil empleados.
De esta manera, los 3.268 agentes actuales se convertirán en 2.268, a partir de u
n proyecto racionalizador que, según informó el entonces presidente del organismo, G
uillermo Padin Zabal, no abarcará áreas estratégicas como la de Investigación y Desarrol
lo, y Radioisótopos y Radiaciones, y sí afectará sectores como Administración y finanzas
. Relaciones Públicas v Recursos Humanos. El problema, al decir de los grupos opos
itores, es que los que se van a terminar yendo son los investigadores, ya que no
ven un futuro cierto en la CONEA.
Si de futuro se trata, éstos también remarcan que no hay una estructura prog
ramada y mucho menos una definición acerca de cuáles serán las líneas de investigación a s
eguir de aquí en adelante.
A este oscuro panorama hubo que sumar, a fines de 1994, el agotamiento d
e los escuálidos diez millones de dólares que Economía destinó a la CONEA para el financ
iamiento de sus gastos durante el último trimestre. Esto originó primero el asueto d
e casi la totalidad del personal entre el 26 y el 31 de diciembre, y luego se lo
obligó -sin distinción de antigüedad ni rubro-- a tomar la licencia anual de treinta
días en enero de 1995 con el objeto de reducir gastos operativos, manteniéndose guar
dias mínimas para garantizar la continuidad de algunas actividades.
En relación con esto último, hay quienes recuerdan que el secretario Bastos,
en su libro La transformación del sector eléctrico argentino, graficó cómo fue quebrand
o la resistencia antiprivatista de los empleados estatales del sector hasta que
llegó el momento propicio para ejecutar los cambios de fondo. El supuesto es que l
as desmoralizantes resoluciones de Padín Zabal apuntan a preparar el terreno para
posteriores despidos.
En lo que sí Bastos no tuvo suerte hasta ahora es en sus intentos de que e
l Congreso declare "sujeta a privatización" a la empresa Nucleoeléctrica. Reiteradam
ente ha pedido a los legisladores que tomen cartas en el asunto, pero ni aun en
la bancada justicialista logró reunir suficientes adeptos. Quienes conocen de cerc
a el pensamiento oficial sostienen que las autoridades están empezando a perder su
original optimismo.
¿Razones políticas o fiscales?
El titular de la Secretaría de Energía asegura que el emprendimiento privati
sta tiene el fundamento ideológico de que "ninguna actividad productiva quede en m
anos del Estado". Poco parece importarle que los técnicos de la CONEA
operen las dos centrales en actividad con "gran eficiencia" y muestren estandart
es de rendimiento internacionales. Pero hoy en día, aclaran los elogiados por Bast
os, poco y nada se hace por principios. Así, la venta de las plantas nucleares no
respondería tanto a una militancia ideológica sino más bien a un dato material: las ne
cesidades fiscales del gobierno. Al menos, así lo dio a entender Cavallo el mismo
día que anunció el decreto que habilitó la venta de unas de las últimas joyas de la abue
la: "Esto permitirá reducir el gasto público dentro del actual Presupuesto y el de 1
995". Como sea, apunta la comunidad científica y tecnológica, el objetivo oficial no
es meramente fiscal sino político: liquidar la autonomía argentina en materia nucle
ar. Primero fue el desmantelamiento del proyecto misilístico Cóndor. Ahora le toca e
l turno a la energía atómica.
SEGUNDA PARTE - DE LA ARGENTINA ILUSTRADA AL TRIUNFO DE LA BARBARIE
"Hemos llegado a un punto de la civilización en que el pueblo se beneficia
de las luces, no tan sólo por los servicios que recibe de los sabios, sino porque
ha sabido hacer de ellas una especie de patrimonio y emplearlas inmedia-tamente
para defenderse contra el error; prevenir y satisfacer sus necesidades, preserv
arse de los males de la vida o suaviza ríos por nuevos disfrutes."
CONDORCET
1 - Domingo F. Sarmiento: Ciencia para crecer
Cuando se habla de Sarmiento, su constante, fiel y apasionada relación con
la ciencia es pocas veces puesta de relieve o, sencillamente, es ignorada. Dos
podrían ser las razones principales para el silencio, dos motivos que aparecen est
rechamente ligados.
La primera parte de una hipótesis que intentara explicar el fenómeno es una
simple observación de costumbres: Sarmiento ha sido visto casi rutinaria-mente com
o hombre de acción política y estadista: cuando se trata de exaltar sus méritos intele
ctuales se lo presenta como educador o literato. Sarmiento científico no resulta u
na asociación habitual.
Pero la segunda parte de la hipótesis podría ir más allá para buscar una explica
ción acerca de cómo se configura la imagen de ese Sarmiento despegado de la ciencia:
la cultura argentina de este siglo es decir la cultura argentina posterior al C
entenario, para fijar una fecha, aunque sea arbitraria desvalo-riza la ciencia.
Como consecuencia, la estrecha y persistente ligazón de Sarmiento con el conocimi
ento científico es dejada de lado, como si fuera un mero detalle anecdótico, una exc
recencia "progresista" o "positivista", dos términos que las corrientes de pensami
ento irracionalista que ocupan el centro de la vida cultural argentina desde hac
e tiempo convirtieron, acrítica e impunemente, en sinónimos de lo despreciable o lo
temible.
Una encuesta de opinión realizada en diciembre de 1993 por la consultora D
emoskopia mostró que el treinta y siete por ciento de los ciudadanos entrevistados
opinaron que las universidades argentinas tienen un nivel más bajo que las del Pr
imer Mundo. Preguntados por las causas, tres cuartas partes de quienes pensaban
así dijeron: "Nuestros políticos no se preocupan por el nivel de las ciencias y gast
an el dinero en otras cosas". En tanto, el segundo motivo fue: "Los científicos pe
rciben sueldos tan bajos en las universidades que prefieren trabajar en otro lug
ar". Con esa percepción ajustada de una parte apreciable de la gente contrastan la
s infantiles pero temibles declaraciones oscurantistas del novelista Ernesto Sab
ato en un programa de televisión: "La ciencia y la técnica han servido para arruinar
el planeta" y "La inteligencia no sirve para nada".
En ese contexto, la imagen de Sarmiento como promotor de la ciencia, com
o divulgador y también como practicante de actividades científicas, ha quedado oscur
ecida por las otras formas de presentarlo: el educador, el autor literario, el g
obernante, el periodista. Sólo en los últimos años se ha profundizado en la concepción d
e un Sarmiento cultor de las ciencias sociales, mientras que Daniel E. Zalazar i
nsistió recientemente en la concepción del sanjuanino sobre la historia como ciencia
y sus esfuerzos por trabajarla como tal. También se lo consideró un jurista de alta
talla.
Una relación apasionada
Se lo definió en el párrafo anterior como "promotor de la ciencia, divul-gad
or, practicante de actividades científicas". los tres términos son necesarios para s
eñalar la incansable relación de Sarmiento con la ciencia. Pese a los sostenidos des
precios alberdianos hacia quien no habría aprendido a pensar en términos de ciencia,
porque "no cultivó ninguna", la perspectiva temporal exige señalar el error de Albe
rdi: en Sarmiento hubo una atracción por la ciencia y la técnica tan firme y segura
como cualesquiera de sus otras pasiones. Inclusive, se podría decir que ocupó uno de
los primeros lugares.
Y así como en sus obras literarias se sumerge en lo profundo de figuras y
circunstancias en busca de causas y orígenes, cuando proyecta en su imaginación, en
sus escritos y en su acción ese país que la Argentina pudo haber llegado a ser, inte
gra tres puntales inescindibles para la construcción de una nación moderna: educación,
trabajo y conocimiento.
Trabajo en la acepción usual en su época, la de producción; educación, en cuanto
generadora de un mercado interno dinámico (a través del mejoramiento gradual de una
población que creciera en número y en calidad de vida en forma acompasada), y graci
as todo ello a los beneficios que traería la ciencia con sus "pasmosas aplicacione
s al trabajo". Todo un programa que lo iba a llevar a conformar lo que Leticia H
alperín Donghi llamó "el ejemplo más notable que nos
brinda la Argentina del siglo pasado en materia de política científica planeada".
En una carta dirigida a las autoridades de la flamante Sociedad Rural, f
echada en los Estados Unidos el 22 de septiembre de 1866, decía: "La riqueza notab
le de los Estados Unidos está precisamente en que su prosperidad no depende del va
lor en los mercados europeos de un solo artículo de producción. Si el algodón por ejem
plo estuviere a bajo precio, los cereales harían frente a la depreciación de aquel p
roducto. Si fallaran los cereales quedarían las maderas y tablazón que valen tanto.
los metales preciosos son hoy un producto tan gigante en los Estados Unidos como
el algodón, los cereales, las maderas y aún le quedan el hierro, el cobre, el carbón
de piedra que proveerán al mundo". Y agregaba: "Si pues esta variedad de productos
es una válvula de salvación para un país, el no poseer ni uno solo como nos sucede a
nosotros debe estar sujeto a graves inconvenientes; seremos ricos a veces, pobrísi
mos otras sin saber por qué y sin poder echar la culpa al gobierno".
Un programa de acción científica
Sarmiento representa en la Argentina lo que Gerald Rolton denominó el "pro
grama de investigación jeifersoniano", una actitud hacia la investigación científica s
intetizada como el estilo que "ubica el centro de la investigación en un área de ign
orancia científica básica incluida en el núcleo de un problema social. Una búsqueda que
no está orientada exclusivamente hacia una disciplina en particular ni hacia un pr
oblema determinado (...). Un proyecto de investiga-ción jeifersoniana se caracteri
za por un modo combinado, ubicado intencional-mente en áreas inexploradas del mapa
de la ciencia, pero motivado también por una percepción creíble de que los resultados
podrían aportar la solución de un problema nacional o global persistente". En toda
su trayectoria, el sanjuanino mantuvo incólume este modo combinado de enfrentar lo
s requerimientos sociales atacando los problemas desde una visión elevada, la más el
evada que le proponía la ciencia de su época.
Esa actitud "jeifersoniana" se complementa en Sarmiento con una fuerte c
onvicción de que el conocimiento debe ser compartido por la mayoría. Se muestra como
un ferviente sostenedor de la tarea de la divulgación científico-técnica imprescindib
le para remover el atraso. "Para la producción de un país no basta que media docena
de personas aventajadas conozcan y practiquen los mejores sistemas de labores. S
us productos por grandes que sean no alteran la cifra general de la producción", d
ice en otro párrafo que hoy resuena con marcada actualidad en un panorama producti
vo escasamente abierto a la innovación.
Ciencia para el desarrollo
Fue constante la atención que Sarmiento dedicó a la industrialización de la Ar
gentina: "El paisaje a lo largo de las grandes vías de comunicación y de los márgenes
de nuestros grandes ríos se accidenta con chimeneas de fábricas de recientes estable
cimientos y todos los signos de cultura e industria que recuerdan y repiten las
escenas rurales de los países más avanzados", decía en su último mensaje presidencial, e
n 1874, con esperanzada retórica industrialista que la realidad del mercado iba a
desmentir pocas décadas más tarde.
Definido partidario del proteccionismo industrial, tal como lo había visto
por sus frutos en los Estados Unidos, Sarmiento promovió, apenas asumida la presi
dencia de la República, una Exposición de Artes y Productos Nacionales. Así lo describ
e Aníbal Ponce: "Eligió la ciudad de Córdoba como sitio del certamen e invitó a todas la
s provincias a concurrir con sus muestras. Sin comprender muy bien lo que se pro
ponía, la gente tomó el proyecto como cosa de locos. Postergado varias veces asegura
ba todo el mundo el fracaso del certamen (...). Quince días de inacostumbrada anim
ación vivió entonces el país. Tejidos, curtiembres, fundiciones, tintorerías, productos
agropecuarios, de todas partes de la nación habían llegado. El propio señor Presidente
tuvo la alegría no pequeña de recibir en premio una medalla por haber introducido e
l mimbre en el país y para asociarse de una manera aún más ostensible a aquella prueba
elocuen-te de la industria criolla se decidió a vestir mientras duraba la exposic
ión un traje completo de vicuña elaborado con telas nacionales...".
Propagandista magistral, Sarmiento conocía a fondo el valor de los emble-m
as: así como usó un adornado coche para carroza presidencial, supo emplear el flaman
te ferrocarril para viajar hasta la exposición cordobesa -síntesis de industria crio
lla y tecnología europea- y ostentó el traje de vicuña como definido símbolo de sus inte
nciones proteccionistas.
La política científica de Sarmiento
En Chile había visto y comprobado que un país alejado de los grandes centros
de la cultura no estaba impedido de desarrollar una política científica propia. En
los Estados Unidos comprendió que la ciencia era el motor del progreso y que sin e
lla no había crecimiento posible. En Europa apreció el valor de las instituciones ci
entíficas y el significado de la formación de escuelas de investigación. En todas part
es percibió que la ciencia necesita maestros, recursos, instalaciones, estabilidad
, organización, continuidad, orden.
Reunió en su mente todas esas ideas y buscó retomar la tradición iniciada por
Bernardino Rivadavia: promover la actividad científica de la única manera posible, e
n las circunstancias de un país todavía sin integración y semidespo-blado. Había que imp
ortar cerebros para dar comienzo a una tradición científica nacional.
Este aspecto de la relación Sarmiento con la ciencia, su papel como promot
or de una política institucional definida, es el que más ha sido trabajado. Se advie
rte que Sarmiento intentó fundar un movimiento científico sólido, arraigado, que aport
ase conocimientos del territorio y sus riquezas naturales, pero también que diese
fuerte impulso a la actividad productiva a través del desarrollo técnico.
En esa perspectiva, la llegada al país de Germán Burmeister (durante la gest
ión de Sarmiento como ministro de Instrucción Pública de la provincia de Buenos Aires)
; del astrónomo norteamericano Benjamin Gould; de los sabios europeos que integrar
on la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, fueron hechos que conformaron una
coherencia de intenciones. Sarmiento quería rescatar lo empezado por Rivadavia en
la década de 1820 y dar continuidad a la labor de reconstrucción iniciada por Juan M
. Gutiérrez en la Universidad de Buenos Aires después de la caída de Juan NI. de Rosas
.
En el discurso inaugural de la clase de Matemática en la Universidad de Bu
enos Aires, en 1822, el profesor Roman Chauvet había dicho (en un texto que Gregor
io Weinberg califica de "himno a la Revolución Industrial") que era necesario esfo
rzarse por "elevar la ciencia a su apogeo y para derra
mar toda suerte de goces nuevos sobre todas las clases de la sociedad" y agregab
a que "Buenos Aires, a la cabeza de este gran movimiento, será su alma y ejercerá un
influjo tanto más grande cuanto mayores esfuerzos habrá hecho por centralizar las c
iencias y las artes". Esa concepción moderna del progreso impulsado por la ciencia
fue barrida por la reacción hispanista impulsada por los federales, particularmen
te durante la trágica dictadura rosista, cuando la instrucción pública era incumbencia
del jefe de la policía.
Científicos de estos pagos
Asimismo, la preocupación por formar un elenco de investigadores nacidos e
n tierras del Plata, lo llevó a exaltar la figura de Francisco Javier Muñiz, destaca
do médico y paleontólogo aficionado, como también a dar su apoyo a Florentino Ameghino
cuando éste se reveló como un prometedor arqueólogo y paleontólogo.
En 1886, a la muerte de Muñiz, Sarmiento publicó una recopilación de los escri
tos científicos de éste, donde lo presenta como un hombre que durante toda su vida e
stuvo al tanto de los avances del conocimiento: "Muñiz tenía todas las intuiciones d
e las ideas que empiezan a agitar al mundo moderno", dice de quien fue correspon
sal de Darwin y decidido defensor del lugar de la mujer en la vida pública.
También señala que si bien "practica la medicina y la cirugía por profesión, es
destacable su iniciativa por introducir en la universidad las clases de obstetri
cia y las de patología infantil (...). En el ejército introduce la alimentación vegeta
l y reclama hospitales ambulantes que son la última orden del día de los hospitales
modernos". También en las ciencias na
turales "sigue las huellas de Darwin continuando su obra y preparando materiales
para el trabajo de clasificación".
Modelo de agudeza biográfica, la "Introducción" a los trabajos de Muñiz presen
ta trozos de prosa brillante en los cuales se perfila el pensamiento de madurez
de Sarmiento en cuanto al valor de las ciencias naturales para la cultura argent
ina.
Allí resalta la atención que presta a los estudios de la naturaleza desde el
punto de vista ecológico, ya que anota el valor de unos "Apuntes topográficos" que
Muñiz escribió en 1847, referidos a la región central de la provincia de Buenos Aires.
En éstos, indica Sarmiento, 19s profesores de higiene y sus estudiantes hallarán fu
entes valiosas para conocer las características ambientales de la zona, el género de
alimentación de sus habitantes, las "condiciones higiénicas de la atmósfera" y las en
fermedades reinantes.
Sarmiento darwinista
El sanjuanino tomó partido por la ciencia pero también tomó partido dentro de
la ciencia, ya que no se quedaba en una interpretación instrumental ni pragmática. P
or el contrario, la ciencia moderna representaba para él la síntesis de un proceso e
volutivo, progresivo, del conocimiento humano. La oposición entre Ameghino y Burme
ister personificó durante muchos años en el Plata las dos posturas contradictorias e
n el campo de las ciencias naturales y más aún en la concepción del mundo que se vivía e
n ese entonces: creacionismo versus evolucionismo. Sarmiento advirtió de inmediato
que la figura ascendente de Ameghino recogía la antorcha del progresismo científico
dejada por Muñiz.
Cuando se jugó en favor del joven lujanense, sabía perfectamente que en Burm
eister estaba enfrentando a un científico consagrado en Europa, autor de obras pre
stigiosas traducidas a varios idiomas, reconocido como eminente zoólogo y paleontólo
go. Sin embargo, no dudó. Ameghino representaba lo nuevo: "Un paisano de Mercedes
-dirá, enfatizando el origen bonaerense de su protegido-, Florentino Ameghino, que
nadie conoce y es el único sabio argentino (~..) que reconoce la Europa". Esto lo
decía en 1881. Un año más tarde; en el homenaje a Darwin realizado en el Teatro Nacio
nal por iniciativa del Círculo Médico, Sarmiento opondrá nuevamente a ambos.
"No me atrevería a tener opinión propia sobre la teoría fundamental de Darwin
empieza en tono conciliatorio en presencia de mi ilustre amigo, el sabio Burmeis
ter, que no la acepta como comprobado sistema de la naturaleza, desechándola por s
er efecto de un procedimiento no científico". Pero unos párrafos más adelante no titub
ea en apoyar la "idea del transformismo", para la cual "podemos alegar en nuestr
o favor la opinión de nuestro naturalista paleontólogo de Mercedes, señor Ameghino, qu
e opina como Darwin sobre el mismo terreno que aquél recorrió".
Poco después, Ameghino pronunció una conferencia, denominada "La Edad de Pie
dra", en el Instituto Geográfico Argentino. Sarmiento lo elogió cálidamente y lo incitó
a darle continuidad a través de un homenaje a Darwin. El resultado fue la exposición
"Un recuerdo a la memoria de Darwin. El transformismo considerado como ciencia
exacta", en el mismo Instituto.
Así como desde el ángulo institucional Sarmiento había apoyado a Burmeister du
rante las primeras etapas de la conformación de un sistema científico nacional forma
do por la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, la Oficina Meteorológica, el Obs
ervatorio Astronómico de Córdoba, el Departamento de Agricultura, el Jardín Zoológico y
el Jardín Botánico, en la década de 1880 Sarmiento se dedicó a sostener los esfuerzos de
Ameghino por difundir el evolucionismo, en intensa polémica con Burmeister.
La toma de partido en la oposición entre Burmeister y Ameghino refleja la
amplitud de visión del sanjuanino. Cuando tuvo que apuntar a la institucionali-zac
ión, recurrió a un científico consagrado, un verdadero académico europeo, capaz de revis
ar lo hecho por un Muñiz recolector de fósiles, material en bruto para un "trabajo d
e clasificación que hará con más tecnicismo Burmeister", como dice en la mencionada "I
ntroducción".
En cambio, cuando el embrión del sistema científico estatal había empezado a a
ndar, apuesta al joven paleontólogo a quien Burmeister despreciaba. Ameghino recib
e apoyo y loas. Sarmiento lo exalta como el representante de la ciencia moderna
que domina Europa y los Estados Unidos, que orgullosamente descarta la hipótesis c
reacionista y que acude a las explicaciones de la historia natural para conforma
r una renovada concepción evolucionista del universo.
El discurso de homenaje a Darwin es una pieza reveladora del contenido p
lenamente evolucionista de la concepción que tenía Sarmiento sobre la historia y el
conocimiento humanos. Está dividido en dos partes: la primera, dedicada a exponer
el evolucionismo biológico en grandes rasgos y a destacar el aporte crucial de Dar
win a esa corriente; la segunda, a mostrar "ciertos antecedentes para señalar la e
volución del pensamiento cuya última expresión es Darwin
En un trabajo sobre la política en ciencia y tecnología, dirigido por Enriqu
e Oteiza, Jorge Myers descuida el importantísimo momento de la formación del sistema
científico argentino protagonizado por Sarmiento. El lapsus de Myers es consecuen
cia de haber centrado tal formación del "complejo" en las universidades, cuando re
sulta bien claro que durante el período que va desde la llegada de Burmeister al P
lata, en 1862, hasta la Crisis del 90, la investiga-ción científica no se aloja en l
as universidades sino, justamente, en las instituciones fundadas por Sarmiento.
En el artículo de Myers, éstas son descriptas en un apartado titulado "La in
vestigación científica extrauniversitaria", dando por sentado que en ese período hubo
investigación en las universidades. Cuando él mismo, cuatro páginas antes, afirma que
"no había espacio en ellas para la producción, hecho que tendría enorme significación pa
ra el posterior desarrollo de la investigación científica en el país". Myers parte de
la idea que hoy goza de amplio consenso- de que la investigación científica "debió" es
tar centrada en las universidades y este prejuicio condiciona todo su análisis. En
ese caso, olvidó lo que señala Crombie: "La conquista principal del historiador de
la ciencia es la interpretación de las proyecciones, de las concepciones y de las
soluciones del pasado, tal como ellas fueron".
¿Somos contemporáneos de Sarmiento?
George Basalla ha propuesto una periodización de los procesos de difusión de
las ciencias occidentales en el mundo periférico. Propuesta que, aunque discutida
, sienta las bases para un ordenamiento necesario de la cuestión. Su modelo consta
de tres etapas. La fase I consiste en la provisión, por parte de las sociedades "
precientíficas", de materiales para la ciencia europea; la fase II es el desarroll
o de formas científicas coloniales; la fase III completa el proceso de trasplante
y dispersión con una lucha por lograr tradiciones científicas independientes en cada
país.
La acción de Sarmiento durante varias décadas del siglo XIX se podría enmarcar
perfectamente en esa tercera fase: un país periférico busca los caminos para consol
idar un sistema científico independiente, enriqueciéndolo con los aportes de la más mo
derna ciencia europea. Ese proceso se interrumpió en los últimos años del siglo XIX po
r razones derivadas de la inserción de la Argentina en el mercado mundial como país
exportador de materias primas, entre otras causas.
La posterior historia de discontinuidades y altibajos científicos que sufr
ió la Argentina hasta hoy propone una reflexión: es probable que todavía no hayamos sa
lido de las intenciones de la fase III de Basalla, aquella que buscaba la indepe
ndencia científica, sin haberla logrado. Es probable que sigamos siendo contemporáne
os de Sarmiento, todavía en busca de un camino propio para nuestra ciencia.
2 - Angel Gallardo y Bernardo Houssay: Dos modelos antagónicos
Después de la crisis de 1890, cuando parecía que el destino del país ya estaba
encaminado por la ruta del progreso sin fin, según Babini se habría caído en "el erro
r de adoptar y absorber las aplicaciones de la ciencia antes que la ciencia mism
a, y en no advertir que detrás del excitante esplendor del progreso industrial y téc
nico se oculta ese trabajo puro y desinteresado que en gran medida ha contribuid
o a aquel progreso material". Posteriormente a aquella crisis, se produce un inc
remento de las actividades técnicas en pos de un afán utilitario y de un interés mater
ial, que pospone o traba las preocupaciones por la ciencia pura o las investigac
iones desinteresadas".
Coincidentemente, el biólogo Angel Gallardo había escrito, en 1907, que al f
inalizar el siglo XIX "los alumnos seguían las carreras profesionales que podían ofr
ecerles un medio de vida pero abandonaban las aulas de la ciencia pura (...). La
universidad es una fábrica de abogados, médicos e ingenieros, se dice, pero carece
de estudios universitarios en el verdadero sentido de la palabra. Vemos sin emba
rgo que, desde 1875, se empeña en crear un doctorado de ciencias naturales sin con
seguir atraer a la juventud estudiosa".
Ese enfrentamiento entre aplicaciones tecnicas y ciencia pura que señala B
abini y el predominio del profesionalismo por sobre la investigación científica que
describe Gallardo, ocurrían en una Argentina que todavía no había incorporado la idea
del científico como profesional. Es decir, del "individuo que puede pasar toda su
vida dedicándose a una especialidad y, con ello, obtener un ingreso para vivir", c
omo lo define Bruce Mazlish al comparar las figuras de Charles Darwin ("un cabal
lero que, además, se dedicaba a la ciencia") y de Thomas Huxley ("el hombre de cie
ncia"). Con la aparición de figuras como la de Huxley, "el científico dejaba de ser
un virtuoso bien nacido" para convertirse en un profesional hecho y derecho.
Esa oposición entre una forma de hacer ciencia típica del Antiguo Régimen y la
actividad del científico moderno es representada en la Argentina por Angel Gallar
do y Bernardo Houssay. Gallardo, hombre de la clase alta, practicó la ciencia como
una actividad más; Houssay, perteneciente a una familia inmigrante de clase media
, hizo de ella el centro absoluto de su vida.
La ciencia como divertimiento
En 1932, poco tiempo antes de morir, Angel Gallardo escribió unas Memorias
para mis hijos y mis nietos, donde el entonces rector de la Universidad de Buen
os Aires, presidente de la Academia de Ciencias y presidente del directorio del
Ferrocarril de Buenos Aires al Pacífico, narra en suelto estilo coloquial su vida
familiar, su actividad como biólogo y su desempeño en diversas funciones de gobierno
: presidente del Consejo Nacional de Educación durante la primera presidencia de H
ipólito Irigoyen (1916-1922), ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Marcelo
T. de Alvear (1922-1928), y rector de la Universidad de Buenos Aires durante la
presidencia del general Agustín P. Justo (1932-1934).
En esas Memorias se advierte cómo la idea del progreso derivado de la cien
cia -típico concepto del siglo XIX, que compartieron desde Sarmiento hasta los hom
bres de la Generación del 8~ ha sido reemplazada por un distanciamiento respecto d
e las consecuencias sociales de la actividad científica. Para Gallardo, la ciencia
en su caso la biología- es un quehacer individual, una mínima parte de su vasto uni
verso de intereses políticos, más allá del orgullo que le producía el haber logrado, sie
ndo muy joven y gracias a su formación simultánea como ingeniero y biólogo, la formula
ción de una teoría sobre el mecanismo de la división celular.
Gallardo narra que un día de 1896, durante su primer viaje. a Europa, "había
ido a una clase de un profesor, Van Tieghem, en el museo (de Ciencias Naturales
de París). (...) Como era una de las primeras lecciones del curso, el profesor ex
plicaba la división celular. Hizo un gran dibujo en la pizarra para explicar el hu
so cariocinético. Me sorprendió la semejanza que tenía ese dibujo con el espectro magnét
ico, tal como se revela por la orientación de las partículas de limadura de hierro b
ajo la acción del imán. (...) Cuando regresé a Buenos Aires (...) resolví publicar mi in
terpretación, que fue recibida muy favorablemente en el mundo científico, donde aún se
la acepta como la más probable".
El de Gallardo es -paradójicamente, si se recuerda la cita que aparece más a
rriba- el mejor ejemplo para ilustrar la mencionada hipótesis de Babini sobre el d
eterioro de la actividad científica "pura" al terminar el siglo XIX. Babini señala u
n retroceso en la ciencia "pura" a partir de la década de 1890, cuando "las instit
uciones científicas y universitarias vegetan". Y agrega que es notable "el impulso
con que surgen a fines de siglo instituciones y revistas técnicas".
En ese contexto, Gallardo -autor del libro más vendido durante décadas como
texto para el estudio de la zoologíase destaca por su ambigua relación con la activi
dad científica: se lo conoce como especialista en hormigas y como creador de la me
ncionada teoría sobre la división celular, pero su mayor interés está puesto en la polític
a y en las actividades sociales, incluyendo el tiempo que dedica a la participac
ión en sociedades científicas.
Marcelo Montserrat ha discutido la hipótesis de Babini alegando que, más que
una decadencia de la ciencia, lo ocurrido a partir del 90 es la crisis del evol
ucionismo: "La crisis parece explicarse mejor en la clave de su inserción en la et
apa final del progresismo biologista". Sin embargo, la trayectoria y la personal
idad de Gallardo muestran, como se verá, que las hipótesis de Babini y de Montserrat
se complementan.
Por su parte, Jorge Myers describe así el cuadro y sus consecuencias: "La
conjunción de actividades profesionales, cuya orientación predominante no era científi
ca, con otras cuya principal expresión era la investigación científica original, dentr
o de un mismo espacio físico e institucional -tal como ocurrió en la Facultad de Cie
ncias Exactas desde el siglo pasado hasta la primera mitad de éste-, contribuyó a qu
e la comunidad científica argentina incorporara prácticas sociales, valores y hábitos
de trabajo cuyo rasgo principal fue la primacía de lo inmediatamente útil por sobre
la investigación básica y/o aplicada...".
En Gallardo -un científico serio pero cuya verdadera vocación no es la cienc
ia sino la política- aparece claro que en la Argentina de principios del siglo la
actividad de investigación no deja de ser una cuestión accesoria, de la que es posib
le prescindir. Myers dice que en las primeras décadas del siglo XX se conformó un im
aginario social "en el cual el docente universitario no pertenecía a un estamento
autónomo de la sociedad (...). Se plasmó así una imagen del docente universitario como
una actividad supernumeraria apéndice de otras más importantes o más serias: el profe
sor universitario era un farmacéutico, un médico, un abogado, antes que un docente..
.". Y más adelante, afirma: "En una sociedad dominada por la carrera del ascenso s
ocial no se concebía una carrera universitaria dedicada enteramente a la investiga
cion...
También se deriva de aquella postura de Gallardo que la concepción progresis
ta del desarrollo nacional, que se apoyaba conceptualmente en el evolucionismo,
ya no era un valor apreciable (en cuanto sólo se concebía al evolucionismo como "una
" teoría biológica). El evolucionismo no era para él más que una "interesante" teoría y sólo
eso, como se aprecia a lo largo de las Memorias. Estudió en París nada menos que co
n "Giard, Le Dantec y Loisel en el Laboratorio para la Evolución de los Seres Orga
nizados que dirigía Giard (...), un hombre muy simpático de gran inteligencia y extr
aordinaria erudición que daba un curso muy interesante sobre la evolución". Y más adel
ante dice: "Entre los naturalistas, Le Dantec era muy poco querido por su despre
cio por el laboratorio y su afición a las teorías . Este comentario es altamente sig
nificativo: Gallardo se enorgullecía por haber introducido en la Argentina los tra
bajos prácticos para la enseñanza de las ciencias naturales, un mérito diminuto en com
paración con lo que dejaba de lado, es decir, la teoría (disminuir la importancia de
l evolucionismo era, en términos de la época, reducir el valor real de la ciencia en
su conjunto).
En la Argentina de los apasionados Sarmiento, Ameghino e Ingenie
ros, es asombrosa la indiferencia de Gallardo por la capacidad generadora de ide
as de la ciencia y por su valor social y productivo, esos aspectos plenamente Je
ffersonianos" que hasta 1890 formaban parte de la cultura de la elite gobernante
.
El fin del laicismo
La simpatía de un hombre de clase alta como Gallardo por el radica
lismo coincide con otro rasgo nuevo de la Argentina de principios del siglo XX.
El grupo dominante que gobernó el país hasta 1916 había sostenido un liberalismo laici
sta y anticlerical coherente con su proyecto de país, pero ya en la década de 1890 e
l proceso de secularización iniciado en el 80 se enlentece. Según Recalde, el antigu
o enfrentamiento entre Iglesia y liberales abandona su primitiva efervescencia f
rente a la preocupación por la flamante y temible "cuestión social".
Cuando el radicalismo llega al gobierno en 1916, ya se advierte
una creciente ampliación del espacio ideológico y político de la Iglesia Católica, hasta
esa época todavía subordinada a un papel secundario en el reparto del poder. Y a di
ferencia de los hombres que aportaron su empuje al desarrollo científico -Eduardo
Holmberg Sarmiento Ameghino. Ingenieros, Wilde-, evolucionistas consecuentes y c
ombativos, el biólogo Angel Gallardo, presidente del Consejo Nacional de Educación d
e Irigoyen y ministro de Relaciones Exterio-res de Alvear, es un ferviente católic
o que dicta conferencias sobre "Ciencia y creencia". En 1909 Gallardo fue elegid
o miembro de la Academia Nacional de Medicina en una muy reñida puja de simbólico re
sultado: "Supe después
-dice en sus Memorias- que el empeño de Wernicke, Bazterrica y otros académicos en p
resentar mi candidatura era para evitar la elección de José Ingenieros".
Fue admirador de Mussolini a quien, en rara mezcla de ingenuidad y perve
rsión, se enorgullecía de haber instruido sobre la persecución ideológica a los maestros
. Recibido por el Duce, quien acababa de tomar el poder, Gallardo narra la entre
vista: "Le dije que había visto con mucho placer su conquista del poder, que esper
aba sería benéfica para Italia (...). Le dije que yo también me había ocupado del peligr
o comunista y que había tratado de combatirlo dentro de mi modesta esfera. Que sie
ndo presidente del Consejo Nacional de Educación había establecido un voto anual de
fidelidad a la patria y a la bandera, precisamente contra los maestros comunista
s. Manifestó mucho interés por la fórmula del voto profesional y prometí enviársela (...)
y creo que estableció un voto análogo para los maestros italianos. He visto hace poc
o tiempo en los diarios que Mussolini ha establecido un voto de fidelidad a la p
atria, al rey y al fascismo para los profesores universitarios y que catorce de
ellos se han resistido a prestarlo, siendo eliminados de sus cátedras".
También se define a sí mismo con rasgos xenófobos y antisemitas. En las Memori
as, cuenta que al hacerse cargo interinamente del Ministerio del Interior aprove
chó "para librar al Ministerio de Relaciones Exteriores de la presencia del extran
jero Antokoletz nombrándolo en la oficina de Estadística del Departamento Nacional d
el Trabajo. Antokoletz fue furioso a verme, reclamándome que lo hubiese cambiado d
e ministerio (...) le declaré que no me parecía conveniente que un extranjero tuvies
e empleo en el Ministerio de Relaciones Exteriores. '¡Yo extranjero, cuando tengo
mi carta de ciudadanía!' 'Usted sigue siendo extranjero, como sigue siendo judío, au
nque se haya bautizado. Es asunto concluido.' Se retiró furioso".
Y según dice Guillermo Gallardo, en el prólogo de las Memorias, el golpista
general José E Uriburu (en su puja interna con Agustín P. Justo), "hubiese deseado q
ue el presidente futuro fuera el mismo Gallardo".
La ciencia como profesión
Veinte años más joven que Gallardo, Bernardo Houssay representa la posición op
uesta en la historia de la ciencia argentina en el siglo XX. Gallardo había nacido
en una familia de clase alta y codearse durante toda su vida con presidentes, r
eyes y papas iba a ser para él algo natural. En cambio, dice Cereijido, Houssay ja
más pierde de vista que la investigación científica lo conduce a estratos sociales a l
os que no había pertenecido; va reclutando bajo su dirección y mando a miembros de l
as clases altas que eligen ser sus discípulos y acude a audiencias con presidentes
, reyes y papas. La investigación científica es su pasión pero también es su camino, y él
no deja de advertirlo ni transitarlo".
En un artículo que analiza el nombramiento de Houssay en la cátedra de Fisio
logía de la Universidad de Buenos Aires, en 1919, Alfonso Buch señala que su oponent
e, Frank L. Soler, era un argentino de segunda generación, perteneciente a una fam
ilia de clase alta mientras Houssay era de primera generación y de clase media. Bu
ch interpreta esta peleada designación, obtenida sólo gracias al desempate del decan
o de la Facultad de Medicina, como una derivación del contexto de la Reforma Unive
rsitaria, con su carga de modernidad triunfante sobre los criterios de "antigüedad
", el principal mérito que se le atribuía a Soler. Frente al "profesor" tradicional,
la Facultad decide nombrar a un "investigador".
La fundación del Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de Bueno
s Aires por Houssay representó el comienzo de una nueva etapa, en la que la invest
igación científica iba a encontrar su sitio natural en el seno de las universidades,
como ocurre en los países más avanzados. A diferencia de la actitud despreocupada d
e Gallardo hacia las consecuencias sociales de la investigación científica, según Reig
, "Houssay promovió, desde el comienzo, el requisito de un nivel de excelencia en
la investigación siguiendo el modelo de la ciencia de punta de los países centrales;
impulsó en la ciencia la actitud experimentalista y la interpretación por sobre el
modelo descriptivo vigente, y sujetó el trabajo cotidiano en el laboratorio a una
tenaz disciplina acompañada por la convicción de la trascendencia de la investigación
científica (...)".
Esta actitud moderna de la escuela de Houssay marcó un largo período de la c
iencia argentina, aunque nunca pudo superar el escollo básico: el descuido por la
ciencia instaurado en la clase dominante después del 90 y el consecuente abandono
del modelo sarmientino-jeffersoniano de desarrollo científico-técnico mencionado en
el capítulo anterior.
El abandono de aquel modelo se percibe en la diferencia entre los objeti
vos de la Sociedad Científica Argentina, fundada en 1872, cuando Sarmiento era pre
sidente de la República, y los de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ci
encias, fundada en 1933 y cuyo primer presidente fue Houssay. El documento funda
cional de la primera decía que la Sociedad debía fomentar el estudio de las ciencias
matemáticas, físicas y naturales, con sus aplicaciones a las artes, a la industria
y a las necesidades de la vida social". La segunda, por su parte, pone el acento
sobre la investigación per se, en un viraje hacia lo que tres décadas más tarde sería l
lamado "cientificismo". La declaración de principios de la AAPC decía: "Propender en
toda forma al progreso y difusión de la investigación científica en la República, media
nte la consolidación y adelanto de los institutos existentes y creación de los que f
ueran necesarios". En opinión de Luis A. Santaló, la nueva tónica de la AAPC buscaba f
avorecer la investigación original: "Se veía claro que no bastaba 'conocer' para el
desarrollo de los pueblos, sino que era necesario 'crear' para tener la mente lúci
da y ágil, apta para resolver los problemas propios, de los que no cabe esperar de
masiada ayuda foránea". Una vez más, aquí se hace patente el estéril enfrentamiento entr
e "ciencia pura" y "ciencia aplicada", un reiterado juego de opuestos que no tom
a en cuenta la visión totalizadora del modelo sarmientino-jeffersoniano.
Al respecto, Manuel Sadosky ha dicho: "Los dirigentes de nuestra socieda
d no tienen, en general, conciencia de la importancia de los recursos humanos co
n calificación científica para el desarrollo nacional (...). Nuestros dirigentes no
entienden por qué es importante que el país disponga del mayor número posible de científ
icos y tecnólogos. Esto es consecuencia de lo que se ha llamado visión alienada del
desarrollo". Una visión alienada que se muestra en todo su esplendor en el proyect
o de Carlos Menem de instalar una "ciudad científica", con "mucho verde" a su alre
dedor, sorprendente síntesis de reserva para apaches en lo interno y show farandul
esco para el exterior; o en la insistencia de Domingo Cavallo acerca de que el c
recimiento pasa en la Argentina por la compra de equipos en el exterior.
Aquella traba conceptual, impedimento básico para realizar un esfuerzo sos
tenido, marcó el desarrollo de la investigación científica en la Argentina durante tod
o el siglo XX. Ni el proyecto de una educación superior que incluyera como priorid
ad la investigación, como llevó a la práctica Joaquín V. González en la Universidad de La
Plata, ni la Reforma Universitaria, ni el modelo implantado por Houssay con el I
nstituto de Fisiología de la Universidad de Buenos Aires, lo
graron romper esa barrera. De hecho tanto el desarrollo de la física las ciencias
naturales v las humanidades en La Plata como el de la fisiología en Buenos Aires,
resaltan por su excepcionalidad.
Y cuando Houssay promueve la fundación del CONICET, poco después de la caída d
e Perón en 1955, se deja llevar por la antipatía hacia las universidades nacionales,
que en esos años eran la vanguardia del pensamiento renovador en la Argentina. Al
crear el CONICET puso en marcha un factor que, contra sus esperanzas, iba a con
tribuir a la larga al deterioro de la investigación científica: el CONICET fue la pr
esa codiciada de los sectores de ultraderecha y fuente de los más diversos negocia
dos. Y en el CONICET nació el engendro de la crotoxina.
Durante la dictadura militar de 1976-1983. la creación de gran parte de lo
s institutos afirma Sadosky respondió a la voluntad de las autoridades del CONIC
ET de desvincularse del ambiente universitario (...). Para los institutos. la pr
ioridad.. para el resto de la comunidad científica. el resto de las disponibilidad
es". Además. la dirección del CONICFF impulsó la persecución por razones ideológicas: La c
onducción de la política científica y académica (en el area de las ciencias sociales) fu
e entregada a representantes de las corrientes mas tradicionales. cuando no a lo
s ideólogos de los irracionalismos totalmente marginales a las corrientes de pensa
miento actuales.
Por su parte, Reig dice que "resulta difícil encontrar alguna racionalidad
en el establecimiento de los centros (del CONICET), muchos de los cuales tenian
funciones superpuestas y programas de investigación en extremo diversos e incluso
antojadizos". Fueron numerosas las irregularidades cometidas por los directivos
del CONICET, de centros e institutos y de fundaciones ligadas a ellos.
3-Nacionalistas y militares: La ciencia sospechada
Cuando en 1930 el general J05é F. Uriburu derrocó a Yrigoyen. en el país existía
n embriones de ciencia madura, en consonancia con las tendencias e intereses de
los países centrales. Pero simultáneamente creció el desinterés entre los sectores domin
antes por el pensamiento científico, es decir, libre (el término librepensador carac
terizaba en esa época al partidario del pensamiento científico, progresista, antidog
mático y racionalista: el darwinismo era el emblema de ese progresismo). Un desint
erés que se conjugaba y potenciaba con el auge de una corriente teórica iniciada com
o "antipositivismo" pero que, de hecho, termino oponiéndose al racionalismo y el p
ensamiento científico.
El "eclipse del darwinismo" -que según describe Peter Bowler, en los países
desarrollados fue un fenómeno típico del fin de siglo-, en la Argentina se transformó
en eclipse total del pensamiento evolucionista, es decir, de lo más avanzado de la
s ciencias naturales. Mientras en los países centrales el darwinismo resurgía con fu
erza hacia 1930 -con la "nueva síntesis" que integraba los conocimientos de la genét
ica-, la biología argentina se abocaba a la experimentación y se apartaba por comple
to de las grandes cuestiones teóricas, que quedaron limitadas al ámbito de unos poco
s paleontólogos entre los que destaca la figura de Angel Cabrera, protagonista de
enérgicas polémicas con pensadores católicos.
Pero el 6 de septiembre de 1930 también indicó el principio de un nuevo y fu
erte condicionamiento para el desarrollo científico nacional. El golpe de Uriburu
(un "golpe con olor a petróleo") ha sido identificado como parte de la estrategia
de los intereses extranjeros, especialmente la Standard Oil de New Yersey, para
apoderarse del control de áreas petrolíferas en el cono Sur. El primer resultado de
esa estrategia en la Argentina fue la destitución de otro militar, Enrique Mosconi
, nombrado presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) durante el gobier
no de Marcelo T. de Alvear. Con ese acto, Uriburu inauguró una línea de acción caracte
rizada por el sometimiento de las actividades científico-técnicas a los intereses no
rteamericanos. Una sumisión que tras pasar por numerosos altibajos culminaría seis déc
adas después con el cierre del proyecto Cóndor y los intentos de privatizar la Comis
ión Nacional de Energía Atómica (CONEA) y otras instituciones de investigación por parte
del gobierno menemista, que Laura Rozenberg denunció en junio de 1994 y Cavallo c
oncretó meses después.
El imperio de la técnica
Bajo la presidencia de Mosconi, en YPF se había iniciado una importante ac
tividad de investigación científico-técnica, buena parte de ella en relación con las uni
versidades nacionales a través del Instituto del Petróleo.
Dos meses antes del golpe, Mosconi había definido a YPF como: "...un organ
ismo completo que desarrolla una gestión de importancia en los destinos nacionales
(...). La explotación montada en vasta escala dispone de los modernos procedimien
tos de las investigaciones geofísicas, la minería emplea métodos de perforación y extrac
ción que ofrecen mayores rendimientos, la industrialización del petróleo y de los gase
s se realiza con los más perfectos sistemas...". En pocas palabras, era la idea de
una empresa tecnológica que cubría todos los aspectos, desde la investigación hasta l
a comercialización. Exactamente como fue concebida, después de 1955, la Comisión Nacio
nal de Energía Atómica.
El período anterior al peronismo se caracterizó por el avance del inter-venc
ionismo estatal en la economía, con la creación de organismos reguladores. En el área
científicotécnica, el Estado se hacía cargo de la promoción de actividades que intentaba
n promover el desarrollo industrial: producción de acero, envases textiles, invest
igación petrolífera en YPF (no ya en la Universidad de Buenos Aires como hasta enton
ces) y fabricación de aeronaves.
En 1927, durante la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen, fue fundada
la Fábrica Militar de Aviones, que produjo diversos tipos de aeronaves sobre paten
tes extranjeras. Su nombre fue cambiado en 1948 por el de Instituto Aerotécnico y,
en 1952, ese instituto quedó como el sector destinado a la investigación en el marc
o de las Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (JAME). Allí se fabricaron los
tractores Pampa, los autos Justicialista, las motocicletas Puma y varios avione
s, entre los cuales destacan los cazas a reacción Pulqui y Pulqui II, desarrollado
s por Kurt Tank, refugiado en la Argentina después de la derrota nazi. Tank había si
do diseñador en la fábrica Focke Wulf desde 1931. Creó el avión de pasajeros Cóndor, que e
n 1938 realizó el primer vuelo transatlántico sin escalas entre Berlín y Nueva York, y
varios cazas, entre ellos el caza a reacción TA 183, que no llegó a fabricarse por
la derrota alemana y cuyos planos habrían servido para el diseño del Mig 15 ruso.
Según Dorfman, en esa época el "pensamiento industrialista" tenía escaso predi
camento entre los empresarios, los obreros y el gobierno, y "nulo poder político".
Este mismo autor señala que los empresarios industriales argentinos han prestado
escasa atención al desarrollo tecnológico, limitándose casi siempre a la compra de tec
nología extranjera. Un fenómeno ya clásico para la mayoría de los sectores industriales
del país.
Mientras tanto, la actividad privada en ciencias apuntaba prioritariamen
te al área biomédica con la creación de centros de investigación independientes: el Inst
ituto de Biología y Medicina Experimental, fundado por Houssay en Buenos Aires; el
Instituto de Investigaciones Médicas de Córdoba, cread¿ por Oscar Orías; el Instituto d
e Investigaciones Médicas de Rosario, fundado por Juan T. Lewis, y el Instituto de
Investigaciones Bioquímicas Fundación Campomar, que fundó Luis F. Leloir en Buenos Ai
res.
En ambos casos, las universidades empezaban a ser desplazadas como centr
o de la investigación. Este proceso se desarrollaría y consolidaría con la creación de i
nstitutos extrauniversitarios oficiales y privados. Y, también, con desti
tuciones, persecuciones, exilios y encarcelamiento de científicos durante los gobi
ernos dictatoriales sucedidos entre el golpe de Estado del 4 de junio de 1943 y
la Revolución Libertadora de 1955.
La universidad asfixiada
En todo este período, dos líneas contrapuestas -por un lado, el libe
ralismo antipopulista que se puede personificar en Bernardo Houssay, y por el ot
ro, el autoritarismo pronazi personificado en Jordán Bruno Genta- coinciden en la
asfixia de la investigación científica en las universidades.
Jordán Bruno Genta fue uno de los principales mentores intelectual
es del gobierno militar surgido del golpe de 1943. Interventor en la Universidad
del Litoral, destruyó, entre otras cosas, el Instituto de Historia de la Ciencia
que dirigía Aldo Mieli, y es definido por David Rock como "un antiguo marxista que
se había convertido en un furibundo y beligerante nacionalista". A tal punto lleg
aba el fanatismo de este moderno inquisidor que castellanizó su nombre de pila: ha
bía sido inscripto cómo Giordano Bruno por sus padres italianos y libertarios en hom
enaje al dominico italiano quemado vivo por la Inquisición.
José Babini lo recordaba así: "Genta estuvo como interventor en la U
niversidad del Litoral nada más que dos meses y tuvieron que echarlo por las barba
ridades que hizo, pero las barbaridades no se modificaron. Exoneró a tres profesor
es solo porque eran extranjeros: Rudecindo Martínez, español, profesor de derecho; e
l húngaro Simón Neuschlosz, profesor de fisica biológica, y Aldo Mieli. En el caso de
Mieli, no sólo lo echó sino que suprimió el Instituto. En el año 1945, antes
1
del 17 de octubre, hubo un interregno donde volvieron las autoridades democráticas
a la Universidad del Litoral, con Julio Rey Pastor y Amado Alonso, quienes logr
aron recrear el Instituto y que Mieli lo dirigiera. Pero después, en 1946, vino ot
ra intervención y ya se perdió todo definitivamente con el peronismo".
La consecuencia de aquella involuntaria operación de pinzas -los fascistas
, por un lado y los liberales, por el otro fue la conformación de una comunidad ci
entífica dividida y colmada de enconos internos, dos problemas que persisten hasta
la actualidad y que han sido puestos de relieve por Osvaldo Reig, uno de los po
quísimos investigadores argentinos que afrontó el tema en profundidad y sin pelos en
la lengua.
En la conversación citada anteriormente, Babini reflexionaba sobre la post
ura de quienes se desempeñaban en las universidades durante el peronismo: "Hiciero
n un acto donde lo nombraron a Perón doctor Honoris Causa, un ejemplo que no habla
nada bien de los profesores argentinos. Porque la cúpula peronista no tenía interés e
n la ciencia, no sabían la importancia que tiene ni apreciaban el valor de la inve
stigación científica. Sólo querían tener a los estudiantes a su favor, porque eso signif
icaba apoyo político. La ciencia no les importaba nada".
Desde el lado nacionalista, la presión sobre los científicos se ejerció de man
era drástica: expulsiones, destituciones y exoneraciones de cátedras, institutos y c
argos. El fantasma de los nacionalistas eran los comunistas y la "plutocracia ju
día" y su afán era "restaurar para el país los tradicionales valores de la cultura arg
entina", según decía el general Pedro P. Ramírez, presidente de facto, en 1943.
Fue en esta época cuando. empezó a definirse con rasgos más acentuados la cont
raposición entre ciencia básica y ciencia aplicada. los militares advertían que en el
mundo se había producido una explosión de aplicaciones tecnológicas co
mo consecuencia de la guerra -desde el radar hasta los cohetes teleguiados, desd
e los antibióticos hasta los plásticos y pretendían que la Argentina estuviera a la al
tura de esa revolución técnica. Pero no pensaron en que detrás de tales aplicaciones e
xistía una poderosísima investigación científica básica en las universidades de los países d
esarrollados, que ya a esa altura nos llevaban una ventaja absolutamente irrecup
erable.
En 1951, Ramón Carrillo, ministro de Salud Pública de la Nación en el gobierno
peronista, se refería a la lucha contra el cáncer y comparaba la situación asistencia
l argentina con la de los Estados Unidos como si se tratara de dos naciones en c
ondiciones de igualdad. Se advierte en sus palabras que todavía persistía la fantasía
que describió agudamente Ortega y Gasset: "El pueblo argentino no se contenta con
ser una nación entre otras: quiere un destino perlado, exige de sí mismo un futuro s
oberbio, no le cabría una historia sin triunfo y está resuelto a mandar". En esa época
, en el imaginario de los jerarcas peronistas como Carrillo, la Argentina todavía
pretendía compararse con los Estados Unidos, un cuasi delirio que muy poco después p
asó al completo olvido por la fuerza de los hechos.
Aquel error conceptual, unido a la natural desconfianza de la derecha mi
litar hacia el pensamiento antiautoritario de los científico (Babini recordaba que
, hasta 1955, el Colegio Libre de Estudios Superiores fundado por Anibal Ponce h
abía sido "el refugio para todos los que fuimos echados de la Universidad por unos
y otros gobiernos posteriores al golpe de Uriburu), impulsó la creación de organism
os de investigación fuera de las universidades, algunos reales, otros meros sellos
. Se aunaban así en esas decisiones la mencionada sobreestimación del quehacer técnico
y las aplicaciones con desprecio por la ciencia básica; el temor a la independenc
ia del pensamiento científico y la tendencia de la época hacia un Estado todopoderos
o que controlase los resortes de la producción industrial y la energía. los generale
s Mosconi y Manuel Savio son los mayores representantes ideológicos de esa tendenc
ia a la militarización del complejo científico-técnico, que se proclamaba en función del
desarrollo centrado en el interés nacional.
Durante el gobierno peronista fueron creados el Instituto de Fitotecnia,
el Instituto Tecnológico del Sur, el Ministerio de Asuntos Técnicos (con una Direcc
ión de Investigaciones Técnicas y una Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas), y el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Ar
madas; y la Fábrica Nacional de Aviones pasó a llamarse Instituto Aerotécnico (obsérvese
la presencia de la palabra "técnica" en el nombre de todos esos organismos estata
les). En esos años también fue fijado el Plan Siderúrgico Nacional (Ley Savio), se creó
la Comisión Nacional de Energía Atómica como parte del sonado caso Richter y los regis
tros estadísticos del Estado pasaron a la órbita del Consejo de Defensa Nacional.
Desde 1894, los estudios estadísticos y censales eran incumbencia de Hacie
nda, pero en 1944 la dictadura militar creó el Consejo Nacional de Estadísticas y Ce
nsos dependiente del Ministerio del Interior. En 1946, la Dirección Nacional de In
vestigaciones, Estadísticas y Censos fue integrada al Consejo de Defensa Nacional
y, administrativamente, a la Secretaría Técnica de la Presidencia de la Nación. En 195
0, se creó la Dirección General del Servicio Estadístico Nacional, en el Ministerio de
Asuntos Técnicos. En 1956, después del derrocamiento de Perón volvió a depender del Min
isterio de Hacienda, pero durante la dictadura de Onganía formó parte de Planeamient
o, un sector controlado por los consejos nacionales de Seguridad (CONASE) y de D
esarrollo (CONADE). En ese marco fue creado en 1968 el Instituto Nacional de Est
adísticas y Censos (INDEC), que finalmente en 1982 retornó a la órbita de Hacienda.
Una fisiología socialmente justa
Al mismo tiempo que el Estado, cada vez más militarizado, se ocupaba de cr
ear institutos orientados hacia las aplicaciones, los gobiernos surgidos del gol
pe del 4 de junio se dedicaban a perseguir científicos. En octubre de 1943, después
de haber clausurado las universidades nacionales, la dictadura expulsó a Houssay d
e todos sus cargos oficiales e inclusive de la Asociación para el Progreso de las
Ciencias (una institución privada).
Entonces, Houssay renunció a la cátedra en la Facultad de Medicina. Cereijid
o juzga así la actitud de los colegas: "Una docena de ellos resolvió renunciar a sus
cargos, pero la mayoría decidió en cambio quedarse, pues a pesar de que en ese mome
nto el gobierno militar estaba encarcelando profesores y alumnos, y la policía irr
umpía a palazos y tiros en las casas de estudio, juzgó que por no renunciar resguard
aría el patrimonio científico. Para ellos la ciencia era la información que puede ser
guardada en gráficos, cuadros y textos, no el reconocimiento que sólo puede ser ates
orado en la cabeza humana".
Pese a que el gobierno del general Edelmiro J. Farrell (tras su rápida vol
tereta proaliada como consecuencia de la derrota de Alemania y su anuncio de que
se iba a retornar a la vida constitucional) restituyó en sus cargos a Houssay en
abril de 1945, poco después Perón no toleró su permanencia como abanderado de una Arge
ntina ilustrada.
El 17 de octubre de 1945, durante el ataque de grupos fascistas al diari
o Crítica, murió el obrero Darwin Passaponti. En una carta del año 1967, Juan D. Perón l
e decía a Trento Passaponti: "Su amabilidad me ha traído el recuerdo de su hijo, Dar
win Passaponti, nuestro primer mártir peronista, muerto el 17 de octubre de 1945 f
rente a Crítica".
Esa muerte es una muestra significativa de la inversión de valores que se
produjo en el imaginario social de los trabajadores cuando, a partir de 1943, fu
e apoderándose del poder el populismo antirracionalista y anticientífico. Es asimism
o fuertemente paradójico que este sector oscurantista haya tenido como mártir a algu
ien con el nombre "Darwin", considerado la figura más representativa de la cientif
icidad en la Argentina de fines del siglo XIX y principios del XX. Pero esa simból
ica muerte de "Darwin" también marca con extrema nitidez el fin de los ideales pro
gresistas en las mayorías populares. Décadas antes, el inmigrante Trento Passaponti
no eligió ese nombre de pila por casualidad: cuando nació su hijo, él era un militante
del progresismo en alguna de sus diversas vertientes.
Cuando se produjo la irrupción del "Alpargatas sí, libros no", Houssay "qued
aba del lado de los libros -dice Cereijido-, es decir, contra la prédica populista
del gobierno, que resolvió quitarlo de en medio otra vez, apelando al recurso de
jubilarlo de facto el 6 de septiembre de 1946. Como sus colaboradores eran más jóven
es no podían ser jubilados y, por lo tanto, se los dejó cesantes sin más excusa".
Fue así que la Argentina entró en la era de la segunda posguerra atrapada en
una red ideológica de fuerte trama. Por un lado, el persistente liberalismo antip
opulista encarnado en Houssay, que abjuraba de las universidades como lugares de
dicados a la más amplia difusión del conocimiento para exaltarlas únicamente como cent
ros de excelencia. Un liberalismo que así dejaba abierta la puerta para la supervi
vencia de la vieja universidad profesionalista. Un maravilloso regalo para el po
pulismo de Perón, quien esperaba mantener las casas de estudios superiores como me
ros ámbitos cristalizados para la reproducción de conocimientos profesionales y el a
doctrinamiento político.
En 1946, una de las últimas medidas del gobierno de Farrell fue designar i
nterventor de la Universidad de Buenos Aires a Oscar Ivanissevich, un médico ultra
católico y ultranacionalista, que iba a los actos universitarios envuelto en la ba
ndera argentina, cantando himnos patrióticos y poemas propios como éste: "¡Con la patr
ia o contra la patria! El que no tenga patria o no quiera a la suya que oculte
su miseria y esconda su dolor, pero yo tengo patria, la siento, la bendigo su gr
andeza proviene de Dios, nuestro Señor. ¡Nuestro único Señor!". Al asumir Perón la Preside
ncia, lo confirmó y posteriormente lo nombró también ministro de Educación. En 1974, Iva
nissevich volvió al Ministerio de Educación en la presidencia de Isabel Perón. No había
perdido su oratoria delirante ni su afán por la persecución ideológica: "Hay grupos po
líticos contrarios a la liberación que desde los jardines de infantes a la universid
ad quiebran el orden constitucional lavando los cerebros a alumnos y maestros pa
ra tener maestros, estudiantes y profesionales frustrados que sirvan a sus desig
nios extranjerizantes y subalternizantes".
Una cita de Cereijido basta por sí sola para mostrar cómo fue esa universida
d peronista: "Empezamos (en 1955) a desalojar de sus cátedras a los profesores 'fl
or de ceibo'. (...) Durante el gobierno de Perón se había dispuesto que los precios
de una serie de artículos de primera necesidad fueran congelados y se exhibieran r
igurosamente con una etiqueta con una flor de ceibo estampada. Como la calidad d
e esos artículos empeoró, justamente a causa del congelamiento, de ahí en más 'flor de c
eibo' pasó a ser sinónimo de 'producto peronista de baja estofa' y los profesores in
gresados durante el peronismo recibieron ese mote. El Instituto de Fisiología tenía
profesores 'flor de ceibo' y en consecuencia se los expulsó. Uno de ellos, que al
asumir la cátedra había prometido enseñar 'una fisiología socialmente justa, económicament
e libre y políticamente soberana', tuvo el buen tino de no aparecerse más por esos l
ados".
La peligrosa matemática
El 15 de octubre de 1978 (segundo año de la sangrienta dictadura de Jorge
R. Videla), el matemático Luis Santaló publicó en Clarín una nota titulada "¿Crisis de mat
emáticos?", donde destacaba el desastroso estado de la enseñanza de su disciplina en
la escuela media, reclamaba "investigación en didáctica de la matemática" y sostenía qu
e era necesario crear un nuevo "espíritu de investigación en los institutos del prof
esorado". Terminaba diciendo que "habría que proteger y ayudar a quienes, distribu
idos en todo el país, hace tiempo que trabajan tenaz y seriamente".
Esta última oración apuntaba al meollo del asunto. Santaló tiraba por elevación
contra algo que se había manifestado en la reciente reunión de profesores de matemátic
as en Vaquerías, Córdoba: la difusión de un folleto de un tal Julio Garrido ("científico
argentino radicado en España", según los diarios de la época), donde éste sostenía que "e
l lenguaje matemático actual incluye vocablos de neto cuño marxista".
Poco después, los ministros de Educación de las provincias de Buenos Aires,
Santa Fe y Córdoba se hicieron eco del texto dé Garrido en una reunión del Consejo Fed
eral de Educación, donde plantearon que la matemática moderna debía ser desterrada de
las escuelas argentinas por "subversiva". La polémica que se desató entonces muestra
el grado de deterioro intelectual que había alcanzado la élite cívico-militar goberna
nte en la Argentina.
Durante el mes de diciembre, la respuesta de los diarios fue una magnífica
muestra de cómo la autocensura reinante por obra del terrorismo de Estado podía ser
derrotada. Una cobertura especial con artículos de Gregorio Klimovsky, Alfredo Raúl
Palacios y Alfredo Elordieta fue publicada en el suplemento "Cultura y Nación" de
Clarín, el 7 de diciembre de 1978, ilustrada por un dibujo de Hermenegildo Sabat
que muestra a Videla examinando un cuerpo geométrico con lupa. Allí decía Klimovsky: "
Llegar a decir que la matemática moderna favorece la creatividad y que ello es sub
versivo (cuando la ciencia moderna es creatividad y evolución) es realmente algo m
uy grave. Y señalar como peligroso el concepto de 'vector' es algo tan ridículo como
aconsejar que se requiere una enérgica acción contra las computadoras porque su nom
bre fomenta la prostitu-ción. Cierto es que este fenómeno es concomitante con el aug
e del terrorismo mundial: estaríamos ante una curiosa forma de terrorismo ideológico
. Lo que preocupa es el ascendiente que este tipo de personas parece tener en re
lación con ciertos grupos de poder. Por suerte, no cabe duda de que los institutos
superiores de nuestras fuerzas armadas están perfectamente ubicados frente a esto
s fenómenos intelectuales, en ellos enseñan algunos de nuestros mejores matemáticos y
se emplean -por suerte para nuestra defensa nacional- vectores, matrices y toda
clase de matemática moderna.
Dos editoriales de La Nación, notas en La Opinión, un brillante trabajo de H
ugo Scarone en Convicción, el diario extraoficial de la Marina, y un artículo anónimo
en Gaceta Marinera, periódico oficial de esa fuerza, mostraron el absurdo de una p
ropuesta que, según uno de los duros editoriales de La Nación, publicado el lo de di
ciembre, "nos pintaría como un país que en una caza de brujas insensata no teme pone
rse aun al borde del ridículo".
Decía Gaceta Marinera el 18 de diciembre de 1978 (en una nota que quizás hay
a sido obra del almirante Carlos Castro Madero, destacado científico que entonces
dirigía la investigación nuclear en la Argentina, o inspirada por él): "Es sorprendent
e el conflicto planteado. Parecería ser un intento de negar el valor de un lenguaj
e actual creado nada más y nada menos para interpretar el mundo de la ciencia cont
emporánea (...). ¿Podemos aceptar una decisión tal, como es eliminar la matemática moder
na de las curriculas destinadas a nuestros hombres del mañana y automarginarnos así
del mundo científico contemporáneo?".
4 - El caso Richter: Energía atómica en botellas
En 1951, el presidente Juan D. Perón anunció que las amas de casa de la Arge
ntina pronto iban a recibir energía atómica en su propia puerta, tal como todos los
días les llegaba la botella de leche. La ingenua afirmación llevó al extremo las facet
as irónicas de un acontecimiento que iba a pasar a la historia como el "caso Richt
er". Este célebre escándalo -uno entre tantos de la era peronista- es un ejemplar pa
radigma de la relación entre gobierno y ciencia en un país periférico, donde la exager
ada valoración del investigador extranjero sobre el nativo es una situación típica. Se
gún la mencionada encuesta de opinión, realizada por Demoskopia en diciembre de 1993
, el público argentino cree que "los mejores científicos" son los norteamericanos, s
eguidos por los
alemanes, los japoneses, los argentinos y los franceses, en ese orden.
En la Argentina 'justicialista", aquel desmedido respeto por el "sabio"
venido de otras tierras fue agravado por la notoria credulidad de Perón hacia los
vendedores de baratijas, credulidad que hizo posible uno de los fraudes más grotes
cos de la historia de la ciencia contemporánea.
El sábado 24 de febrero de 1951, el presidente de la Nación convocó a la prens
a para comunicar que "en la planta piloto de energía atómica en la isla Huemul, de S
an Carlos de Bariloche, se llevaron a cabo reacciones termonucleares bajo condic
iones de control en escala técnica". El breve texto ocultaba en sus términos neutros
una formidable revelación. Proclamaba que la Argentina había logrado producir fusión
nuclear controlada (para tener una verdadera dimensión de lo que implicaba el anun
cio, basta advertir que la fusión controlada empezó a ser vislumbrada como una posib
ilidad técnicamente factible en 1993).
La fusión nuclear -el principio de la bomba H, también conocida como bomba d
e hidrógeno o termonuclear- ocurre cuando los núcleos de los átomos de elementos livia
nos se unen o fusionan. El combustible para la fusión está formado por dos gases, el
deuterio -un isótopo del hidrógeno extraído del agua y cuyo núcleo está formado por un pr
otón y un neutrón- y el tritio -otra forma de hidrógeno cuyo núcleo posee un neutrón y dos
protones-. Cuando los núcleos de deuterio y de tritio se fusionan por obra de una
elevación descomunal de la temperatura en el interior del reactor, comienza un pr
oceso de emisión de energía. Este fenómeno es similar al que ocurre en el sol y las es
trellas. La posibilidad de obtener la fusión nuclear controlada fue establecida teór
icamente hacia 1941 por Enrico Fermi y Edward Teller.
En los Estados Unidos la reacción ante el anuncio argentino fue de escepti
cismo mezclado con alarma, pues era imparable la carrera armamentista con la URS
S y los científicos norteamericanos preparaban en absoluto secreto una explosión ter
monuclear experimental en la isla de Eniwetok, en el Pacífico (ese experimento tuv
o lugar el 12 de mayo de 1951 y en septiembre de 1952 estalló en el mismo lugar la
primera bomba H norteamericana).
Los amigos nazis de Perón
El físico Enrico Fermi, que investigaba sobre la fusión desde 1940, declaró qu
e lo anunciado en Buenos Aires no le parecía posible. Pero el temor de los norteam
ericanos tenía cierta justificación. Era público que después de la derrota alemana habían
recalado en la Argentina numerosos nazis, entre ellos varios técnicos calurosament
e recibidos y protegidos por Perón. Uno de ellos era el ya mencionado Kurt Tank, d
iseñador del avión a reacción Pulqui II. Tank fue quien propuso al gobierno argentino
traer al país a Ronald Richter, un físico nacido en Austria que durante la guerra ha
bía trabajado en el laboratorio berlinés de Manfred von Ardenne. Richter había llegado
en agosto de 1948 y después de establecerse en Córdoba junto a Tank, convenció a Perón
de la factibilidad de obtener energía nuclear por medio de la fusión.
Asimismo, en los Estados Unidos se recordaba con preocupación que la Argen
tina había invitado a venir al país a Werner Heinseberg, uno de los más importantes físi
cos nucleares de la Alemania nazi. El 1ro de abril de 1951, un articulo firmado
por Waldemar Kaempffert, publicado en The New York Times (citado por Mariscotti)
, proponía observar atentamente lo que estaba ocurriendo porque, según algunos físicos
consultados, "la fusión nuclear controlada es teóricamente posible" aunque "Richter
se enfrenta a tremendos problemas metalúrgicos que están más allá de los recursos técnico
s de la Argentina".
Las primeras instalaciones fueron levantadas en la isla por soldados de
una compañía de ingenieros. Estos construyeron varios laboratorios, entre los cuales
había una estructura de hormigón armado, con doce metros de alto por doce de diámetro
y paredes de cuatro metros de grosor, que iba a contener en su interior el pres
unto reactor experimental de fusión. Durante todo el año 1950, Richter hizo y deshiz
o laboratorios, realizó diversos experimentos secretísimos, acusó a varios de sus cola
boradores de ser espías pagados por las potencias extranjeras y amenazó al gobierno
nacional con el argumento de que si no accedían a todas sus exigencias estaba disp
uesto a abandonar el proyecto e irse a los Estados Unidos. Excepto Perón y su cort
e, ninguno de los funcionarios que se acercó a Richter tuvo dudas acerca de la ine
stabilidad mental y emocional del "sabio" alemán.
Así llegó el 24 de marzo de 1951, el día del espectacular anuncio. Richter dec
laró enfáticamente entonces que aunque la Argentina ya podía fabricar la bomba H, su l
ogro se dirigía exclusivamente a los usos pacíficos de la fusión nuclear. Afirmó: "Yo he
conseguido controlar la explosión para que ésta se produzca en una forma lenta y gr
adual". Y se negó a revelar cuál era el combus-tible que utilizaba, pero recalcó: "No
mantenemos el secreto por razones
armamentistas sino simplemente por razones economicas e industriales".
Se descubre el fraude
Pero la carnavalada duró poco. En 1950, el gobierno decidió crear un organis
mo para que se ocupara de la energía nuclear. En esto seguía los consejos de algunos
físicos argentinos que, desde antes de la llegada de Richter, habían llamado la ate
nción de funcionarios del Estado sobre la importancia del átomo.
Desde el principio, las relaciones entre Richter y el coronel Enrique Go
nzález, encargado por Perón de los asuntos atómicos, no fueron buenas. Un enfrentamien
to entre ambos culminó con la renuncia de González, quien fue reemplazado por el cap
itán de fragata Pedro Iraolagoitía. El marino no se dejó impresionar por los discursos
de Richter y decidió nombrar una comisión de científicos, cuyas conclusiones fueron n
egativas para el proyecto Huemul.
Sin embargo, Perón no aceptó las conclusiones y fue necesario formar una nue
va comisión, integrada por investigadores científicos y legisladores. Esta nueva com
isión, de la que formó parte el físico Juan Antonio Balseiro -posteriormente gran impu
lsor de la energía atómica en la Argentina-, dictaminó que "el resultado fue netamente
negativo. Nada puede justificar afirmaciones de la magnitud de las formuladas p
or el doctor Richter, tales como haber logrado reacciones termonucleares, poder
mantenerlas y controlarlas".
Pese a la airada reacción del "sabio" alemán, una tercera comisión insistió en q
ue no existía "prueba alguna, ni experimental ni teórica, que permita afirmar que se
haya logrado reacción nuclear alguna". Ante la abrumadora evidencia, Perón se vio f
inalmente obligado a destituir al farsante y dio la orden de suprimir el proyect
o Huemul.
Como no hay mal que por bien no venga, el interés despertado por el affair
e dio pie para el auge posterior de la energía atómica en el país. El caso Richter pud
o ocurrir -más allá de las distorsiones farsescas- porque en la segunda posguerra mu
ndial estaban dadas las condiciones para que países del Tercer Mundo, con un ciert
o desarrollo científico tendiente a la independencia, pudiesen intentar vías propias
de investigación. Así lo hicieron la India, Pakistán y otros. Y así ocurrió en la Argenti
na con la actividad nuclear después de la caída de Perón, en 1955.
5 - Aníbal Ponce exiliado: El país expulsor
En 1930, en coincidencia con el derrocamiento de Yrigoyen, quedó marcada u
na nueva actitud de la derecha hacia la investigación científico-tecnológica independi
ente -como la iniciada en YPF por Mosconi- y el Estado dio un paso más en su arrem
etida contra el pensamiento libre en el ámbito educativo (una ofensiva iniciada, c
omo ya se vio, por Angel Gallardo durante el primer gobierno de Yrigoyen). Trece
años más tarde, el golpe pronazi del 4 de junio de 1943 inauguraba una nueva etapa:
la persecución consecuente contra los científicos. Sin embargo, ya en la década anter
ior había ocurrido un episodio que anticipó el porvenir: el obligado exilio de Aníbal
Ponce.
El caso Ponce
Conocido ensayista, sucesor de José Ingenieros en la dirección de la célebre R
evista de Filosofia, Ponce había fundado en 1930 el Colegio Libre de Estudios Supe
riores, una institución que se convirtió en elevada tribuna intelectual durante la "
Década Infame". La Revista de Filosofía, por su parte, fue la más importante en su géner
o que se haya publicado en la Argentina, caracterizada por su absoluto pluralism
o. Ingenieros la definió así: "En ella escriben idealistas, positivistas, espiritual
istas, escépticos y teósofos... No es particularmente adicta a ninguna de esas vieja
s escuelas y sólo aspira a despertar el gusto por actividades mentales que no se l
imitan al campo de la ciencia estricta ni al de la simple imaginación literaria".
Además de ser un agudo e irónico crítico literario, Ponce se había convertido en
uno de los más importantes propulsores de la psicología en la Argentina. Asimismo,
había ingresado en la Clínica de Psiquiatría del Hospicio de las Mercedes, donde se de
sempeñó como agregado a la cátedra del eminente psiquiatra José T. Borda, con quien publ
icó trabajos científicos en diversas revistas especializadas. Desde 1920, Ponce era
profesor en la enseñanza media (un cargo que en esa época significaba prestigio y re
muneraciones dignas) y desde 1923 en el Instituto Superior del Profesorado Secun
dario.
En esos años del fraude patriótico, Ponce era uno de los intelectuales más irr
itantes para el gobierno conservador. Adherente al pensamiento marxista y fervie
nte partidario de la República Española, su actividad al frente del Colegio Libre pr
ovocaba creciente odio por parte de la derecha.
En 1936, la oposición llevaba una importante embestida contra las autorida
des educativas, a las que acusaba de promover la persecución ideológica de docentes
y estudiantes. Para defenderse, los funcionarios acudieron a diversas artimañas. U
na de ellas culminó en lo que fue llamado "el caso Ponce". Cuando un burócrata del M
inisterio de Justicia e Instrucción Pública advirtió que Ponce no tenía título habilitante
, se decidió que era el momento apropiado para atacarlo.
El entonces ministro de Justicia e Instrucción Pública, Jorge de la Torre (q
ue pasó a la historia como uno de los ministros más prolijamente dedicados a reprimi
r a los estudiantes secundarios, pues prohibió durante su gestión la agremiación en ce
ntros), denunció a Ponce por ejercicio ilegal de la medicina. Había encontrado la so
lución ideal, ya que en esa época una acusación directa por motivos ideológicos implicab
a enfrentar una fuerte respuesta de los sectores progresistas. Como se supo dura
nte el debate posterior en el Parlamento, Ponce había abandonado sus estudios de m
edicina en 1918, cuando tenía aprobado tercer año de la carrera, pero eso no fue obs
táculo para que sus abundantes e indiscutibles méritos científicos llevaran a Borda a
incluirlo en su cátedra sin tomar en cuenta la ausencia del título.
La cuestión llegó al Congreso y en ambas cámaras hubo enconados debates. El 9
de diciembre de 1936, diputados del bloque Demócrata Nacional (conservador) presen
taron un proyecto de declaración que decía: "La Honorable Cámara de Diputados de la Na
ción vería con agrado que el Poder Ejecutivo intensifique su acción para preservar la
instrucción pública de la propaganda comunista o contraria al orden social y régimen i
nstitucional de la República". Este proyecto, sumado al mensaje del Poder Ejecutiv
o que denunciaba la carencia de título habilitante por parte de Ponce, inició un deb
ate desarrollado en las sesiones posteriores en ambas cámaras.
En Diputados, Ponce fue ardorosamente defendido por Julio A. Noble, mien
tras lo atacaban los diputados conservadores, con Reynaldo Pastor a la cabeza. E
n el Senado, fue nada menos que Lisandro de la Torre quien tomó su defensa, en el
marco de un debate donde combatió el proyecto del senador fascista Matías G. Sánchez S
orondo para implementar la persecución ideológica bajo la excusa de combatir al comu
nismo. Sánchez Sorondo había sido ministro del Interior de Uriburu y fue denunciado
en 1932 por Alfredo L. Palacios ante el Senado por haber autorizado y presenciad
o la tortura de presos políticos de la dictadura. Finalmente exonerado de sus carg
os docentes, Ponce se fue del país. Murió dos años después en México, en un accidente de a
utomóvil.
Exilios interiores
El golpe del 4 de junio retomó las banderas contrarias al pensamiento libr
e enarboladas por los golpistas de 1930, pero con énfasis mucho mayor. los ideólogos
nacionalistas profascistas que acompañaron a Uriburu eran niños de pecho al lado de
los que habían surgido en los años siguientes inspirados por el ascenso del nazismo
alemán y el triunfo del franquismo en la Guerra Civil española.
Durante el período de gobierno del general Ramírez, la derecha pronazi se ab
alanzó contra las universidades y empezó así la era de los exilios, en esta primera et
apa interiores: todavía no formaba parte de la cultura argentina del siglo XX la m
odalidad del destierro.
En esos años, el exilio era percibido en la Argentina como un tema del pas
ado, vinculado con los avatares políticos del siglo XIX y con las connotacio-nes r
ománticas del destierro. El país se había transformado en receptor de inmigrantes y ta
mbién de desterrados (aunque, durante la Década Infame, los exiliados antifascistas
no eran bienvenidos y la mayoría terminó yendo a México, el Brasil y los Estados Unido
s). Por otra parte, para Houssay y sus colaborado-res tanto como para el conjunt
o de la intelligentsia de la época, el peronismo era el que estaba fuera de lugar
en la Argentina y ellos no tenían por qué dejarle el terreno libre.
Houssay, en Buenos Aires; Mieli, Neuschioz y Martínez, en el litor
al, y otros científicos en el resto del país, fueron víctimas de la persecución antimarx
ista y antiliberal desatada por los nazionalistas" (como se acostumbraba escribi
r en esa época) en las universidades.
La presencia de Oscar Ivanissevich al frente del Ministerio de E
ducación en el gobierno de facto de Farrell y en el constitucional que le siguió es
decir, el de Perón marca la continuidad de una política cultural francamente oscura
ntista. En mayo de 1946, Farrell intervino la Universidad de Buenos Aires y nomb
ró para esa tarea a Ivanissevich. Alrededor de dos mil profesores renunciaron o fu
eron dejados cesantes.
Un año más tarde, ya con Perón en la Presidencia, la noticia de que Be
rnardo Houssay había ganado el premio Nobel de Medicina fue censurada por orden de
l gobierno. Perón no podía tolerar que el máximo galardón internacional recordase y cert
ificase que los libros terminan siempre triunfando sobre las alpargatas y fue así
que la ciencia argentina debió sufrir un nuevo embate, esta vez coordinado y gener
alizado.
Durante los oscuros años transcurridos entre 1946 y 1955, Houssay
y sus discípulos se convirtieron en el símbolo de esa brutal oposición entre ilustración
e ignorancia que instauró definitivamente el peronismo, un panorama que Cereijido
pintó con humor e ironía y Mario Bunge retrató con duros trazos.
En esa época de exilios interiores, Houssay no quiso irse del país pues toda
vía era posible pensar que sólo se trataba de un mal sueño, de un período pasajero que s
e borraría como se elimina el moho de las paredes húmedas cuando vuelve a brillar el
Sol: "Pensábamos que el período peronista no había sido un segmento de historia argen
tina -dice Cereijido-, algo que al país le hubiera sucedido o que los habitantes h
ubiéramos experimentado, sino una especie de vahído nacional, un lapso sin información
ni memoria...
"Haga patria, mate un estudiante"
La persecución ideológica de "contreras", "oligarcas" y "petiteros" fue la c
onstante. En las universidades, quien no agachaba la cabeza era convertido en pa
ria. Según Bunge, numerosos científicos se acostumbraron a comer de la mano de los m
ilitares y a gozar de la seguridad de su protección, lo que no era poca cosa en un
a época en que los antiperonistas teníamos dificultades para conseguir licencia para
conducir y en que nos era imposible conseguir pasaporte". Hubo mucho más y peor:
"Haga patria, mate un estudiante" era una consigna repetida por sectores adictos
al gobierno; la cárcel se pobló de estudiantes e intelec-tuales desde el comunista
Ernesto Mario Bravo hasta la "oligarca" Victoria Ocampo y la Sección Especial de
la Policía Federal se convirtió en un centro tecnificado para la tortura de los opos
itores con picana eléctrica. Para ser docente secundario o universitario era oblig
atorio estar afiliado al Partido Justicialista.
Mientras tanto, la ideología oscurantista ocupaba mayor espacio y predomi-
naba en la cultura oficial. Bunge describe el fenómeno en breve y precisa síntesis:
"La importancia de la nueva filosofía espiritualista, anticientífica y en gran medid
a irracionalista coincidió con la emergencia de la filosofía como profesión (...) los
nuevos profesores de filosofía desplazaron rápidamente a los llamados positivistas:
escribían en términos oscuros que parecían profundos; ridiculizaban la pretensión de los
científicos de que el mundo puede describirse de manera objetiva; denunciaban a l
as ciencias sociales como imposibles; y proclamaban la supremacía del espíritu sobre
la materia, y la superioridad del sentimiento y la intuición por sobre la experie
ncia y la razón, al mismo tiempo que simpatizaban con los partidos de derecha y ad
ulaban a los militares".
En 1949 se realizó el Primer Congreso Nacional de Filosofía (que tuvo lugar
en Mendoza, presidido por el ministro Oscar Ivanissevich), que representó el esfue
rzo del peronismo por consolidar la corriente irracionalista en ascenso, caracte
rizada por Bunge en el párrafo anterior. El objetivo final era instaurar en el ámbit
o del pensamiento la denominada "doctrina justicialista", enunciada durante la i
nauguración del Congreso por Perón.
La fuga de cerebros
La fuga de cerebros de los países subdesarrollados hacia los centrales, fe
nómeno mundial, empezó en la Argentina durante la década de 1950 y siguió un curso ascen
dente hasta alcanzar la cifra de ciento cincuenta mil graduados universitarios e
n el exterior. En ese conjunto se cuentan algunas centenas de investigadores des
tacados, varias decenas de científicos de primerísimo nivel internacional y un premi
o Nobel. Pero es peculiar de la emigración y el exilio argentinos -un fenómeno muy c
omplejo caracterizado como "desinmigración" por David Viñas y César Fernández Moreno- el
que muchos científicos recalaran en países latinoamericanos como Venezuela, México y
el Brasil.
La distinción entre emigrados (quienes se fueron del país por razones económic
as o laborales) y exiliados (los que debieron escapar de la persecución ideológica o
la amenaza física) no es un rasgo significativo en cuanto a sus resultados nocivo
s sobre la salud de la ciencia argentina. Lo realmente impor-tante, por sus cons
ecuencias, es la ausencia. Porque, a la larga, el alejamiento de unos y otros vi
ene a ser resultante de una cultura que, según la expresión acuñada por Ernesto Garzón V
aldés, fue perdiendo su "atractividad" para cientos de miles de argentinos. El país
que fue "atractor" se convirtió en "expulsor".
El ocaso del intelecto
Esa característica expulsora se manifestó agudamente sobre la ciencia. La in
stauración paulatina de las corrientes de pensamiento irracionalista en las más alta
s jerarquías del Estado, en particular desde 1930, y nuevamente desde 1943 en adel
ante, puso al pensamiento libre ante un desafío cada vez más dificil de enfrentar y
a la comunidad científica ante una encerrona de la que todavía no logró salir.
Entre 1943 y 1983 hubo un solo periodo (1955-1966) durante el cual la ci
encia argentina alcanzó una cierta estabilidad y un desarrollo relativamente aprop
iado a las necesidades del país. Esto fue resultado de la confluencia de dos facto
res: la recuperación de las universidades nacionales (desmanteladas intelectualmen
te por el golpe pronazi de 1943 y por el peronismo) y la creación del Consejo Naci
onal de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), de los Institutos Nacional
es de Tecnología Industrial (INTI) y Agropecuaria (INTA), a lo que se sumó la transf
ormación de la malnacida Comisión Nacional de Energía Atómica en un organismo de primer
nivel.
Pero durante ese período de relativa bonanza para la ciencia argentina ocu
rrió otro hecho traumático de gran importancia para el futuro científico (que causó tamb
ién la emigración de César Milstein, años después consagrado con el premio Nobel de Medici
na). Se trata de la intervención del Instituto Nacional de Microbiología, más conocido
como Instituto Malbrán, ordenada por el ministro Tiburcio Padilla durante la pres
idencia provisional de José María Guido, posterior al golpe que derrocó a Frondizi. En
un reportaje del año 1984, Ignacio Pirosky, quien dirigía el Instituto cuando fue i
ntervenido, acusó a Padilla de estar en connivencia con los laboratorios extranjer
os para desmantelar el Malbrán, donde se avanzaba en la investigación de diversas líne
as de fármacos, "porque antes del Malbrán ellos tenían la seguridad de vender todo lo
que introducían en el país". También caracterizó a Padilla como "responsable de destruir
la ciencia argentina y de la fuga de cerebros. Hizo un gravísimo daño al país y a la
ciencia".
En ese contexto, la intervención del Malbrán apareció como un anticipo para lo
que dio en llamarse la "conspiración de los laboratorios extranjeros" contra la l
ey propiciada por Arturo Onativia, ministro de Salud Pública de Arturo Illia. Esta
ley defendía la posibilidad de desarrollos tecnológicos autóctonos y reforzaba la ant
igua ley número 111, que impedía el patentamiento de fármacos. Ha quedado firmemente i
nstaurada en el imaginario político la idea de que la oposición a la "ley Oñativia" ha
bría sido una de las causas económico-tecnológicas (otra era, una vez más, el petróleo) en
la compleja red de motivos que impulsaron a los Estados Unidos a propiciar el g
olpe de Estado de 1966. Fue la "Revolución Argentina" -dirigida por Juan Carlos On
ganía, destinada al anacrónico objetivo de reemplazar la Argentina republicana por u
n Estado corporativo- la que se abatió, una vez más, sobre el intelecto creador.
Anticipos del infierno
Como consecuencia de la Noche de los Bastones Largos -la del 29 de julio
de 1966, cuando la policía invadió a golpes y patadas las facultades de la Universi
dad de Buenos Aires para asegurar la supresión de la autonomía universi-taria ordena
da por el dictador Juan Carlos Onganía-, renunciaron alrededor de dos mil docentes
de las universidades nacionales, entre los cuales se contaban importantes inves
tigadores. Ese mismo año se fueron del país alrededor de trescientos científicos.
Pero al país expulsor no le bastaba. Debía completarse, giro tras giro, la bús
queda simultánea de la degradación intelectual y de la dispersión de los cuerpos. En 1
973 transcurre una serie en capítulos que seria cómica si no hubiese sido el caldo d
e cultivo del espanto.
Un personaje especialmente peligroso, por las consecuencias ideológicas de
su obra sobre un amplio conjunto de jóvenes adscriptos al "socialismo nacional",
ocupó la escena cuando Héctor Cámpora asumió la presidencia de la Nación. El ex comunista
y luego peronista Rodolfo Puiggrós agregó a la Universidad de Buenos Aires el mote d
e "Nacional y Popular", reincorporó a docentes "flor de ceibo" dejados cesantes en
1955, restituyó el título de doctor Honoris Causa de la
Universidad de Buenos Aires a Perón (título que había sido anulado por la Revolución Lib
ertadora), ordenó publicar en EUDEBA -dirigida entonces por el intolerante Arturo
Jauretche- las obras de Manuel Ugarte, Ramón Carrillo, Leopoldo Lugones y Carlos A
strada (nacionalistas que Puiggrós citó como ejemplos de la "cultura nacional") y, p
ara coronar su obra, trató de instaurar el célebre disparate de la "ciencia nacional
".
Pero es necesario reproducir sus palabras para apreciar en toda su pleni
tud lo que se proclamaba desde el Rectorado porteño en 1973: "Lo importante es que
toda universidad, ya sea estatal o privada, refleje en su enseñanza la doctrina n
acional e impida la infiltración del liberalismo, del positivismo, del historicism
o, del utilitarismo... todas formas con las que se disfraza la penetración ideológic
a en las casas de estudio". En la enfebrecida testa de Puiggrós, el utilitarismo e
ra una bestia negra: "La Universidad de Buenos Aires -decía- fue creada alrededor
de los planes de Jeremías Bentham. Y mucho más peligroso que el empréstito de cinco mi
llones de libras esterlinas que contrajo entonces un personaje argentino que no
voy a nombrar es la ideología utilitarista de Bentham, para quien lo único que conta
ba era la utilidad, a tal extremo que hacía la apología del interés e incluso de la us
ura".
Rodolfo Puiggrós, "historiador" que no podía siquiera nombrar a Bernardino R
ivadavia por el enfermizo odio póstumo que le guardaba y que había llegado al extrem
o de decir que "así como en la Antiguedad hubo un siglo de Pericles, éste será el sigl
o de Perón", gobernó durante un breve período la universidad más importante de la Argent
ina. Durante su gestión, numerosas cátedras fueron desmanteladas con argumentos ideo
lógicos: los docentes eran acusados de "cientificistas", "positivistas", "universa
listas" o faltos de apego a la "doctrina nacional".
Terminó exiliándose en México, destituido por orden de Perón una vez desplazados
los Montoneros del poder. Pero su obra de destrucción de la inteligencia fue cont
inuada, con otro signo pero iguales efectos, por el fascista Alberto Ottalagano,
nombrado en el cargo por Ivanissevich, ministro de Educación en el gobierno de "I
sabelita".
El primer acto de la nueva tragicomedia fue el encargo de Ottalagano al
cura Sánchez Abelenda: exorcizar la Facultad de Ciencias Exactas. El interventor d
e la Facultad de Filosofia y Letras cumplió gustoso la medieval tarea a fin de eli
minar simbólicamente de Exactas el espíritu diabólico de los disturbios estudiantiles.
"Realizada esta piadosa obra -dice Garzón Valdés-, Sánchez Abelenda se dedicó a declara
r cesantes a 1350 profesores, aconsejándoles que fueran a enseñar Freud a París y Marx
a Moscú". Mientras tanto, el ultrafascista Raúl Zardini, a cargo de la intervención e
n la exorcizada Facultad de Ciencias Exactas, decía en 1975: "Mi compromiso público
(es) como universitario que lucha por lo único que vale la pena: Dios, Patria y Ho
gar. Al que no le gusta le quedan dos alternativas: lo acepta o se va". Como rem
ata Garzón Valdés, muchos se fueron. Algunos, convencidos de que ya los tiempos eran
otros y poco quedaba por hacer en el país. Otros, amenazados de muerte por la Ali
anza Anticomunista Argentina, la célebre Triple A de José López Rega.
El golpe final
Un año después de las declaraciones de Zardini, el golpe de Estado conocido
como Proceso de Reorganización Nacional iba a dar un definitivo remache a la decad
encia de la ciencia argentina, del que todavía no ha podido reponerse y no es posi
ble saber si se recuperará. Se terminó de conformar entonces un nuevo conjunto de au
sentes que definen una comunidad científica desdoblada: una parte en el país, la otr
a en el destierro. Comunidad desdoblada que Manuel Sadosky, secretario de Cienci
a y Técnica durante el gobierno de Raúl Alfonsín, quiso subsumir en una sola mediante
el regreso temporario de investigadores y la interacción entre los que se habían ido
y los que quedaron en el país. Pero la realidad demostró que eso no era más que una i
lusión. Por ejemplo: Isidro Orlansky, que había alcanzado una elevadísima consideración
científica en los Estados Unidos, regresó para establecer un centro de excelencia en
meteorología, pero al tiempo decidió abandonar el proyecto ante la inoperancia y la
falta de colaboración oficial.
(Por detrás, el fantasma de los muertos. Seguir hablando de desaparecidos
es un sinsentido. En todo caso, fue una categoría necesaria para quienes esperaban
el regreso de sus seres queridos. Pero ya no lo es. Hay que hablar, lisa y llan
amente, de asesinados: "Los argentinos -dice Unen Berri tenemos una relación ambiv
alente con la muerte. Llamamos desaparecidos a varios miles de muertos".)
Según Garzón Valdés, "en general, puede afirmarse que hasta mediados de la décad
a de 1970 los factores de expulsión y de atracción se mantenían en un cierto equilibri
o (...). Pero a partir de la tercera presidencia de Perón, en creciente medida a l
o largo del gobierno de Isabel Perón y con mayor intensidad aún después del golpe mili
tar de 1976, el fenómeno de la emigración argentina presenta características totalment
e distintas a las de los períodos anteriores". El país se vuelve plenamente expulsor
como consecuencia de la intolerancia política, del deterioro económico y del terror
ismo de Estado.
Junto a un aumento notable en la cantidad de los argentinos exiliados, t
ambién se acentuó el drenaje de cerebros. Esto se notó particularmente en las ciencias
sociales, ya muy debilitadas por las persecuciones desde 1966 en adelante, los
sociólogos y los antropólogos fueron objeto de especial ensañamiento por parte de la d
ictadura de Onganía, del gobierno de Cámpora, el de Isabel Perón y la dictadura del Pr
oceso, como puede verse en un detallado trabajo de Hebe Vesun.
Los gobiernos populistas (tanto el dominado por los Montoneros como los
de Perón e Isabelita) y las dos dictaduras militares del período 1966-1983 coincidie
ron en el singular odio a la inteligencia y la racionalidad. La ciencia fue su p
esadilla y los científicos independientes fueron sus peores enemigos. El resultado
final fue la muerte para los que no pudieron escapar y el destierro para otros
que, como antes Aníbal Ponce, no volvieron.
Ni volverán. Porque como se vio durante la segunda mitad de 1994 la ofensi
va contra la ciencia continúa en la Argentina, esta vez, con el nuevo destino de l
os científicos postulado por Domingo Cavallo, el ministro menemista de Economía: a l
avar platos. El ataque no fue sanguinario como en épocas pasadas, sino práctico: se
tiende a eliminar toda la investigación a cargo del Estado, como lo muestra claram
ente el documento final del Primer Encuentro Nacional de Ciencia y Tecnología. Un
proyecto acorde con la tonalidad de un gobierno que, simulando respetar las form
as democráticas, renueva con singular eficacia la vieja consigna oscurantista: "Ro
llerblades sí, libros no".
Hacia el siglo XXI
Marcelo tiene 18 años. Es un bocho, fue el abanderado de su promoción. Quier
e estudiar fisica nuclear. Sabe dónde: el Instituto Balseiro, de la Comisión Naciona
l de Energía Atómica.
Dice: "Está bien, ya sé que después seguro que tengo que irme del país, a trabaj
ar a otra parte. Pero ¿podré llegar a terminar en el Balseiro o éstos van a cerrarlo a
ntes? Para eso, prefiero irme ya".
TERCERA PARTE - QUE CIENCIA Y PARA QUE PAIS
Analizar en detalle el pasado reciente y el presente, en algunos casos v
olver al ayer en busca de respuestas y, fundamentalmente, empezar a imaginar el
futuro, es el propósito de esta última parte del libro. Con ese objetivo, fueron min
uciosamente entrevistadas cinco destacadas personalidades de la comunidad científi
ca local: Enrique Oteiza, Carlos Girotti, Mario Albornoz, Patricio Garraban y Gr
egorio Klimovsky.
Cada uno, desde su especialidad académica, su experiencia, sus actuales ta
reas cotidianas y su particular manera de ver al mundo y a la Argentina, aceptar
on dar el puntapié inicial en pos de comenzar a saldar una asignatura pendiente qu
e aún tenemos como sociedad: la de pensar y consensuar qué política científica y tecnológi
ca necesita nuestro país, ya muy próximo a ingresar en un nuevo milenio.
Enrique Oteiza: "Nuesfros políticos tienen mala relación con la ciencia"
Enrique Oteiza es director del Instituto de Investigaciones de la Facult
ad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), profesor titula
r de la Maestría en Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología del Centro de Estud
ios Avanzados de la UBA y ex director del Centro Regional para la Educación Superi
or en América Latina y el Caribe de la UNESCO. Es también coautor de los libros La p
olítica científica y tecnológica en la Argentina, historia y perspec-tivas y Estudios
sociales de la ciencia y la tecnología en América Latina.
¿Qué lectura se puede hacer de las declaraciones del ministro de Economía, Dom
ingo Cavallo, en septiembre de 1994, acerca de que a algunos investigadores "hab
ría que mandarlos a lavar los platos"?
Los ofensivos dichos del ministro hay que incluirlos dentro de todo un c
ontexto negativo en relación con la ciencia y con la técnica. De hecho, se viene exp
erimentando una política científica que nunca fue hecha explícita por el gobierno y qu
e fue elaborada sin participación alguna de la comunidad local. Se vienen experime
ntando medidas respecto del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), de
la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA) y de otros organismos oficiales, que
no sólo implican un deterioro importante en su funcio-namiento sino también un manos
eo y un desprecio a los investigadores. También hay que agregar en ese contexto lo
s malos sueldos, las amenazas de arancelar las remuneraciones a los profesores y
a los investigadores, las amenazas de arancelar la universidad pública y un discu
rso oficial tendiente a desacreditar la propia universidad estatal, cuando en re
alidad se debería tener el mayor interés en facilitar la manera de mejorarla y, si e
ventualmente hay problemas para estudiar, se debería nombrar comisiones independie
ntes de notables, que es un mecanismo que se usa mucho en los países con una larga
tradición democrática. En los Estados Unidos suelen ser comisiones creadas por el C
ongreso, que nombra personas del más alto nivel en un determinado tema, a quienes
asigna amplios recursos y mucha libertad para que analicen ese problema. Luego,
sus conclusio-nes son publicadas y el resultado de ese estudio va a debate público
, a debate parlamentario, y sirve para formar políticas con una gran transparencia
. En Inglaterra las llaman Royal Comissions. Jorge Sabato decía siempre, en broma,
que en la Argentina necesitamos una institución como la Royal Comissions pero sin
monarquía. En Francia, este tipo de mecanismo es también usual. Si acá no existen est
os dispositivos es por nuestra falta de tradición democrática. Lo que aquí tenemos es
un tecnócrata que se instala en el Ministerio de Educación y vuelve a hacer lo mismo
de siempre, lo que ya es un hábito luego de tantas décadas de autoritarismo: decirl
e a las universidades lo que tienen que hacer y suponer que éstas deben cumplir al
pie de la letra lo que el tecnócrata cree que es mejor para el país y las universid
ades. Esto si uno lo cuenta en un país serio, con tradición universitaria, realmente
no lo pueden creer. Por eso no nos toman en serio y nos creen un país de opereta,
de pacotilla.
-¿Cuándo comenzó esto aquí?
-Con el golpe de 1930, cuando la derecha católica ultramontana tomó el contr
ol de las universidades nacionales; se pusieron interventores en todos lados y l
a política comenzó a hacerse exclusivamente desde el Ministerio. Lo mismo volvió a ocu
rrir durante el onganiato y la última dictadura militar, cuando los grupos oscuran
tistas retornaron al poder. Ahora, en cambio, aparece esta nueva forma de autori
tarismo con ideas tecnocráticas, neoliberales, que toma o pretende tomar medidas a
lineadas con las recomendaciones del Banco Mundial. En ningún país serio las cosas s
e manejan así. El mundo universitario es otra cosa. En los Estados Unidos es impen
sable que el secretario de Educación le diga a las universidades públicas lo que tie
nen que hacer.
-¿Comparte usted la teoría de parte de la comunidad científica acerca de que l
a política del gobierno menemista en su área responde a un programa diseñado por el Ba
nco Mundial? ¿No es esta visión un tanto conspirativa?
-Yo creo que a partir del endeudamiento externo la Argentina -al igual q
ue los países de la región más endeudados- ha quedado muy sometida a las presiones de
la banca acreedora. Sobre todo, en su política económica. Pero una cosa es negociar
y otra que el gobierno acepte las recomendaciones del Banco Mundial y las apliqu
e sin chistar. Seguramente al Brasil también le llegan esas recomendaciones, pero
sencillamente no las aplica, sino que negocia y plantea algo aceptable para amba
s partes. Tanto Cavallo como el secretario Domingo Liotta han asegurado que no e
stán aplicando al sector científico y tecnológico el plan del Banco Mundial, pero como
contrapartida no explican cuál es la propuesta argentina. Entonces, no es ilógico p
ensar que lo que están haciendo coincide con lo que pretende la banca acreedora.
-¿El gobierno es más papista que el Papa?
-Exacto. Toda esta decadencia intelectual y hasta ética nace de la creenci
a casi infantil de la clase política argentina de que un país obtiene ventajas conce
diendo todo lo que las potencias o el Banco Mundial piden. Esto equivale a un ce
ro en historia. Las relaciones internacionales están signadas por negociaciones en
donde cada país hace todo lo posible por defender sus intereses. Es cierto que la
Argentina tiene menos poder que los Estados Unidos, eso es obvio; pero a pesar
de ciertos límites también se puede negociar. Concediendo de antemano, por el contra
rio, no sólo no se obtiene nada sino que el país es cada vez más despreciado, prepotea
do. Es a partir de demostrar cierta seriedad y respetabilidad que una nación con m
enor poder puede conseguir condiciones menos abyectas.
-¿Esta falla del gobierno usted también la hace extensiva al resto de la cla
se política?
-Los períodos de regímenes autoritarios en la Argentina terminaron debilitan
do nuestra cultura política. Lo que hemos visto en estos once años de dificultosa vi
da democrática deja mucho que desear. Sobre todo, si se lo compara con países como e
l Brasil, donde los dos principales líderes políticos que representan a grandes coal
isiones están rodeados de figuras de primer nivel. Tanto Fernando Cardoso como Lul
a Da Silva, que son personas con una enorme formación y trayectoria, supieron rode
arse de gente que conoce cómo funciona el mundo desde hace tiempo. En cambio, Rica
rdo Balbín salió por primera vez del país cuando tenía más de sesenta años. Sin ir más lejos,
Raúl Alfonsín recién comenzó a viajar al exterior después de los cuarenta: y eso luego se
hizo evidente en su gobierno a partir de serias obsolescencias en términos de cono
cimiento real de lo que es el mundo, en la capacidad de manejar el Estado y en e
l diagnóstico de cómo quedó el país tras la última dictadura. Con esto no pretendo decir q
ue la culpa fue sólo del radicalismo. En realidad, creo que en 1983 todos hicimos
un diagnóstico equivocado. No nos dimos cuenta de que estábamos, social y económicamen
te, mucho peor de lo que pensábamos. Aquí la falta de cultura política es todo un prob
lema y eso se lo atribuyo a la herencia del autoritarismo.
-¿Y cómo ve a las nuevas camadas?
-Creo que hay algunos políticos que se han tomado el trabajo de formarse l
o suficiente. No son muchos, pero hay algunos que han estado saliendo, haciendo
posgrados. José Octavio Bordón, por ejemplo, hizo su experiencia de gobierno en Mend
oza, fue a estudiar a los Estados Unidos y después volvió. También está Rodolfo Terragno
, que durante el Proceso montó un diario en Venezuela, después hizo un posgrado en c
iencias políticas en Inglaterra y regresó para ocupar el Ministerio de Obras y Servi
cios Públicos. Pero excepto estos y algunos otros pocos casos, veo que nuestra dir
igencia todavía tiene una formación muy deficiente respecto del resto de América latin
a. Eso mismo hace que, en general, nuestros políticos tengan una mala relación con e
l mundo académico y los intelectuales. No saben trabajar con asesores, con gente d
e ideas. Les gusta decir que tienen equipos, pero eso es simplemente para presum
ir, para negociar con sus pares un lugar en el partido. Después, cuando hablan sob
re un tema determinado, se nota enseguida que en realidad ni leen los informes q
ue les hacen los especialistas. Y si llegan al gobierno, el grueso de esos equip
os terminan desapareciendo.
-Volviendo a Cavallo, ¿no le sorprendió que los dichos del ministro provocar
an un rechazo tan unánime?
-Sí, eso fue para la comunidad científica una sorpresa muy agradable. Porque
a pesar de que la ciencia como investigación organizada lleva en la Argentina más d
e cien años, los períodos de destrucción de nuestra historia llevaron a los Investigad
ores a sentirse en soledad, marginados. Sobre todo, como decía antes, a partir de
los años 30. Muy por el contrario, los poderes político y económico de fines del siglo
pasado, muy influenciados por el positivismo, tuvieron una fuerte creencia de l
a importancia de la ciencia para construir una nación. La Argentina de entonces er
a un país con un producto bruto per cápita mucho más chico que el actual. Sin embargo,
sus elites fueron capaces de vislumbrar la importancia que tendría el fomento de
las ciencias básicas en agronomía, en medicina, en humanidades, etcétera.
Esto que usted dice, el apoyo del grueso de los medios de comunicación y d
e la comunidad, es muy alentador. Hace poco un colega me hizo notar que actualme
nte hay en el país tres revistas de divulgación científica -algunas con material de af
uera, otras con bastante material local- con una enorme aceptación entre los adole
scentes. Entre las tres venden más de doscientos mil ejemplares por mes. Esto me d
ejó reflexionando. Aunque más no sea en términos generales, tal vez una buena parte de
nuestra sociedad está empezando a tomar conciencia de que un país que no tiene cier
ta capacidad significativa en ciencia y tecnología, no tiene cultura. Si esta inte
rpretación es correcta, cabe pensar que el grueso del problema se centra en las el
ites de poder, en los que mandan. A diferencia de lo que ocurre aquí, a los político
s y empresarios brasileños no hace falta explicarles por qué hace falta ciencia básica
, por qué un país debe tener buena matemática. Quizás no lo sepan en detalle, pero ellos
no preguntan para qué sirve un investigador. En los seis años que estudié en Europa y
en los cuatro que estuve en la Universidad de Columbia tampoco escuché que alguie
n hiciera ese tipo de preguntas.
-Entonces ¿por qué esto ocurre acá?
-Uno no sabe si es porque las elites entraron en crisis o porque la cris
is generó elites muy burras. Es un poco el problema del huevo y la gallina. Cierta
mente, países con características similares al nuestro no tienen elites de poder tan
mediocres. En el Brasil el grueso de la sociedad está mucho más sumergida que la nu
estra. Allí la cantidad de analfabetos, de gente que vive en una pobreza extrema,
es mucho más alta que acá. Lo mismo ocurre en Chile y en México. Sin embargo, esos paíse
s tienen elites que están mucho más al día con lo que sucede en el mundo, entienden la
importancia del conocimiento y de la investigación para un país moderno. No es fácil
encontrar una explicación. Tal vez sea porque la enorme cantidad de recursos explo
tables que tiene la Argentina hizo relativamente más fácil hacer dinero. A lo mejor,
eso desestimuló la formación de nuestras elites.
-¿Cree usted que la gestión científica y tecnológica del menemismo implicó un retr
oceso en relación con la del radicalismo?
-Sí, creo que eso ocurrió en varios planos. El primero, propiciado por Raúl Ma
tera, marcó el regreso a la SECYT y al CONICET de algunos de los personeros de la úl
tima dictadura militar, que la administración radical había sacado. Eso tuvo un efec
to nefasto, porque los investigadores, dados los antecedentes que existen en el
país con esos personajes, se replegaron a sus cuevas. Fue algo así como un estímulo a
la no participación, a tratar de durar hasta que esa gente finalmente se fuera. Ta
mbién hubo un retroceso en el porcentaje del producto bruto interno que la Argenti
na destina a la política científica y tecnológica. Si ya era bajo, durante el menemism
o cayó al 0,2 por ciento. En los países industrializados este Indice está en alrededor
del dos por ciento y en países como el Brasil, Chile y México es de aproximadamente
el 0,6 por ciento. En tercer lugar, a diferencia del gobierno radical, el menem
ismo viene manteniendo una política de hostigamiento hacia la universidad pública. S
i bien durante la gestión de Alfonsín los recursos también fueron escasos, el trato er
a más respetuoso, se le prestaba más atención, no existió el actual manipuleo que propic
ia el Ministerio de Educación.
-¿Qué diferencias ve entre las etapas de Matera y Liotta?
-Liotta trató de remediar, y creo que lo logró en buena medida, la presencia
de los investigadores cómplices del Proceso que arribaron con Matera. Aunque toda
vía quedan algunos en las comisiones asesoras del CONICET, la mayoría de los represo
res en el ámbito académico de la ciencia y la tecnología fueron hechos a un lado. Pero
por otra parte, Matera logró mantener un poco el statu quo quizá por su imagen histór
ica en el peronismo en todo lo que estaba por debajo de él. Durante su gestión, la S
ECYT fue algo así como un coto, un ámbito al que los Cavallo boys no pudieron accede
r. En cambio, como Liotta no es una figura de gran peso dentro del peronismo, Ca
vallo salió a la palestra y directamente tomó el micrófono. Cuando murió Matera, se supo
que el presupuesto de 1994 se había gastado en la primera mitad del año. Entonces,
el Foro de Sociedades Científicas Argentinas pidió una auditoría y una investigación, pe
ro nada se hizo. Se dijo que no había más recursos, pero no se explicó qué fue lo que pa
só con ellos. Bueno, sobre todo eso, vino el discurso vejatorio del ministro. Esto
también forma parte del contexto al que hice alusión anteriormente.
-Como la idea no es sólo analizar el presente sino también pensar en función d
el futuro, le propongo empezar a bocetarlo.
-Sí, eso es fundamental.
-¿Cuáles son a su criterio las medidas que deberían adoptarse a mediano y cort
o plazo?
-En primer lugar, yo creo que es necesario un debate previo. Dentro de u
n marco democrático, no se puede formular una política científica y tecnológica a espald
as del sector, como se ha venido haciendo; sobre todo, en este último período.
-¿Está madura la comunidad científica para un debate de este tipo?
-Sí. En las últimas décadas e incluso antes se han estado haciendo en la Argen
tina trabajos muy importantes al respecto. De manera que pienso que conta-mos co
n elementos de diagnóstico sobre qué es lo que hay, qué pasa con lo que hay, cuáles son
los problemas principales. Asimismo, hay también conocimientos sobre cómo habría que a
rticular la investigación tecnológica con los sectores productivos, en agricultura,
en industria; en fin, cómo manejar y articular el sistema en torno de prioridades
nacionales. Existe mucha literatura sobre el tema, hay buenos especialistas. Yo
mismo soy profesor en una Maestría en Política y Gestión en Ciencia y Tecnología desde p
rincipios de 1987, y ya han egresado varias tandas. Es gente de primer nivel, mu
y bien informada en todas estas cosas. De modo que ya existe la base, la comunid
ad está en condiciones de hacer esta tarea.
-¿Qué es lo primero que usted haría para paliar la actual crisis?
-Creo que hay que aumentar los recursos rápidamente. No hay que destruir n
inguna capacidad existente, porque lo existente es demasiado poco. A partir de a
hí es que hay que empezar a discriminar. Por un lado, hay que evaluar lo que hay,
con evaluaciones de pares; incluso trayendo de afuera mejores especialistas si e
s necesario, combinándolos con gente de acá. Esta fue una tarea que no se ha hecho y
que todo país científico avanzado hace permanentemente. Todo país del nivel nuestro,
inclusive los más pequeños, necesitan buena ciencia básica. No se puede tener buena ci
encia, no se puede tener buena tecnología, ni ingeniería, ni medicina, ni técnicos ind
ustriales si no se tienen buenas matemáticas. Y no se pueden tener buenas matemática
s si el sistema no culmina con varias escuelas de matemáticas del más alto nivel mun
dial en sus distintas especialidades. No se puede tener buena enseñanza de las mat
emáticas en el nivel secundario si no se tiene buenos matemáticos base. Entonces, la
discusión de si debe haber ciencia básica o no es obsoleta, perimida.
Hay que tener buena ciencia básica en todas las disciplinas, donde estamos
muy débiles, pero eso no quiere decir que en cada una de ellas estemos en condici
ones de tener poder. No podemos cubrir todo, como la física experimental, que requ
iere grandes aceleradores de partículas. Tampoco podemos competir en ciertas áreas d
e la investigación espacial, sobre todo después de desmantelar el proyecto Cóndor, lo
que nos quitó la posibilidad de tener un vector propio que pueda colocar satélites.
Pero sí podemos producir satélites y hacerlos colocar por vectores de la Comunidad E
conómica Europea, por los estadounidenses, los rusos, los chinos, que sí tienen esa
capacidad. Pero antes que nada, hay que precisar, saber el para qué de cada cosa y
qué desarrollo hay que tener. Esto no significa que si alguien alcanzó un gran nive
l en algo que no es directamente aplicable en ese momento en el país haya que dese
stimularlo. La regla de oro es no tocarlo, conservarlo y cuidarlo porque da nive
l y una tónica a todo el sistema. Albert Einstein escribió la teoría de la relatividad
mientras trabajaba en la oficina de patentes y marcas de Suiza. Eso no le dio u
n beneficio en lo inmediato al gobierno suizo, pero sí se lo dio tiempo después a to
da la humanidad.
-Además del presupuestario y la falta de una verdadera autonomía, ¿cuáles son lo
s otros problemas que tiene la investigación universitaria?
-La falta de datos estadísticos públicos confiables y periódicos. La investiga
ción requiere datos transparentes, de buena calidad y su producción es responsabilid
ad del Estado. En la práctica, no hay área en donde se cumpla esta función. Solamente
se producen los datos que necesitan los que mandan.
-¿Qué se debería hacer en el terreno de la tecnología?
-En esto estamos aún peor que en ciencia. En tecnología necesitamos hacer ur
gentemente un esfuerzo para ampliar la investigación y formar investigadores tecnólo
gos en áreas prioritarias. Pero para eso, antes hay que tener una estrategia nacio
nal a mediano y largo plazo. Porque la investigación tecnológica tiene que estar lig
ada a objetivos y proyectos, como lo hizo el Japón, Corea, etc. Si nosotros decidi
mos expandir la industria alimentaria, debemos apuntar a una agricultura poco co
ntaminada, con menos agroquímicos que en Europa y los Estados Unidos. Para tener e
sa ventaja competitiva, tenemos que adquirir una gran capacidad en la investigac
ión en semillas, en formas de cultivo que no sean las de los paquetes tecnológicos d
el Norte, basados en muchísimos insumos en agroquímicos, fertilizantes y pesticidas.
Para hacer algo alternativo en este tema, también deberíamos acrecentar mucho nuest
ra capacidad en tecnología molecular, agrícola, alimentaria, industrial, en marketin
g para exportación, en química, en bioquímica. Todo esto articulado con la ciencia y l
a producción. Si echamos una mirada, de inmediato vemos que estamos muy poco provi
stos de capacidades, y las pocas que tenemos no hay que destruirlas más. Hay que p
arar la mano urgentemente. En vez de exportar materias primas sin procesar, como
ocurre ahora, hay que apuntar a agregarle valores. Hoy, Yacimientos Petrolíferos
Fiscales (YPF) refina menos que antes de su privatización y exporta cada vez más pet
róleo crudo. Eso no tiene futuro, no da trabajo ni permite aumentar realmente la e
conomía. Eso es un retroceso, un mamarracho. Lo mismo ocurre con el cuero, que en
vez de curtirlo y fomentar la industria del calzado lo exportamos sin curtir. Así
estamos en casi todos los órdenes. Estamos avanzando en la dirección incorrecta.
-¿ Cuál fue el rol de la universidad pública en ciencia y tecnología durante los
últimos once años?
-La universidad, sobre todo en ciencias sociales, se tuvo que reconstrui
r. Durante la última dictadura hubieron carreras como Antropología que fueron cerrad
as totalmente. Sociología quedó hundida en un pozo. En los sucesivos regímenes militar
es los centros privados cumplieron un papel fundamental: se convirtieron en el r
efugio de los investigadores de ciencias sociales que lograron subsistir sin toc
ar temas que las dictaduras consideraban prohibidos. Mantuvieron la tradición de u
n trabajo de buen nivel en áreas como la demografía, el planeamiento urbano y region
al, y en materia laboral. Con la vuelta de la democracia, hubo avances important
es. Hay una nueva camada de investigadores jóvenes que ahora son becarios completo
s de perfeccionamiento e investigación del CONICET y la Universidad de Buenos Aire
s y otros están haciendo posgrados adentro y fuera del país. los primeros que se fue
ron ya están volviendo. El problema es que, como no está prevista una verdadera reno
vación del sistema, nadie sabe qué va a pasar con ellos. Mi generación es algo así como
una fauna en extinción, después hubo un gran vacío porque emigró mucha gente y otra se f
ormó en un contexto de poco nivel, y ahora estas nuevas camadas encuentran las pue
rtas cerradas. Hoy, que tenemos nuevamente gente bien formada, hay que dar urgen
te un giro de timón. No debemos olvidar que acá las ciencias sociales, debido al acc
ionar de las elites oscurantistas, arrancaron mucho más tarde que en el Brasil, Méxi
co y Chile.
-¿ Cómo está la universidad pública en otras áreas?
-En todos los países periféricos la investigación en salud fue la que más se des
arrolló. Hace algunos años vino el ministro australiano de Ciencias y Tecnología y me
contó que lo primero que hubo allí fue investigación en salud. Porque los funcionarios
coloniales ingleses y la burguesía australiana estaba tan lejos de Inglaterra que
se vieron obligados a pagar el desarrollo de la medicina. Acá pasó algo similar: lo
s estancieros y los empresarios querían tener buenos médicos y entonces pagaron lo n
ecesario para conseguirlo. Desde la medicina, Bernardo Houssay fue un gran artic
ulador. Movilizó las investigaciones de química orgánica en bioquímica y en farmacologia
. Si acá hay una industria farmacéutica en buena medida se debe al impulso que vino
desde salud a farmacología y bioquímica. La industria química también se apoyó en la buena
química argentina. En todos esos sectores la universidad contribuyó muchísimo. En ing
eniería, en cambio, estamos muy atrasados. Casi no hay investigación tecnológica, y es
o es grave porque los profesionales llegan a la industria sin la vivencia de lo
que se puede conseguir con ella.
-¿Qué pasa en las universidades privadas?
-Las universidades privadas no investigan, y eso también es elocuente de l
o que son nuestras elites de poder. Acá se habla mucho de achicar el Estado, pero és
te es irremplazable hasta tanto el sector privado empiece a hacer lo suyo. En la
s universidades públicas también falta mucha articulación con el resto de las instituc
iones del sector. En parte, porque la misma industria no demanda, no paga la edu
cación tecnológica ni en la universidad pública ni en las privadas.
-¿La universidad pública no ha conseguido aportes de empresas privadas?
-Sí, los hay. Sin embargo, por lo general, el sector privado -por su propi
o retraso y debilidad- lo que pide en muchos casos son cosas que también podrían hac
er profesionales de buen nivel que están sin trabajo. En los países avanzados las em
presas privadas recurren a la universidad para solucionar problemas que no son s
olucionables por los profesionales medios. Se trata de problemas que requieren m
ucha más capacidad de investigación. Esto es un indicador de que el sector privado n
o está aún a la altura de los tiempos. Pide cosas bastante elementales, que en mucho
s casos la universidad acepta hacer a cambio de algún dinero, de usar los laborato
rios y porque, a lo mejor, ayuda a agilizar en algo la investigación. Pero la dema
nda es mediocre porque el sector productivo es todavía mediocre.
Carlos Girotti: "En este modelo la ciencia y la importancia"
Carlos Girotti es sociólogo, master en Ciencias Sociales y prosecretario gremial d
e Ciencia y Técnica de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).
-¿Qué balance puede hacer del sector científico y tecnológico en estos últimos años
de vida democrática?
-Esta década y algo más han sido muy importantes. Sobre todo, porque algunos
problemas son vistos por fin con gran claridad. El fundamental es que por prime
ra vez en la historia argentina de los últimos años aparece con mucha fuerza la conc
iencia de que sin un desarrollo sostenido de las actividades científicas y tecnológi
cas el país está condenado a la marginalidad más absoluta. Esto aparece claramente dib
ujado en la conciencia de nuestro sector, pero además ha calado muy hondo en la so
ciedad.
-¿Esto se vería reflejado en el rechazo que provocó el anuncio del ministro de
Economía, Domingo Cavallo, de prescindir de mil investigadores y enviar a algunos
a lavar los platos?
-Sin duda. Pero esto no ocurre solamente por el exabrupto del ministro.
El problema es que Cavallo confunde las cosas. Yo no lo subestimo, es inteligent
e y hábil, pero comete un gravísimo error. El piensa que el desmantelamiento de la C
omisión Nacional de Energía Atómica (CoNEA) y el achicamiento del CONICET es equiparab
le en términos de política oficial a las privatizaciones de Aerolíneas Argentinas, los
teléfonos, el gas y el agua potable. Sin embargo, se topa con un nivel de concien
cia social, que es un valor cultural incorporado. Este valor cultural ya lo expr
esaron distintos próceres nacionales como Florencio Sánchez, cuando escribió M'hijo, e
l doctor. Ya es un valor cultural de esta sociedad que los hijos deben ser mejor
es que sus padres, y por lo tanto el esfuerzo de los padres está orientado a logra
r que sus hijos vayan a la universidad, que conozcan y manejen el conocimiento c
ientífico. Entonces, cuando Cavallo manda a los científicos a lavar los platos, en r
ealidad está insultando ese valor cultural. De allí el rechazo unánime que generaron s
us palabras.
-A su entender ¿por qué el ministro dijo lo que dijo?
-Su forma de pensar responde al modelo de país que impulsa el presidente C
arlos Menem, un modelo de país pensado para diez millones de habitantes en condici
ones de participar del mercado de consumo y el resto -más de veinte millones- cond
enado a una marginalidad creciente. En el marco de este modelo, poco importa la
ciencia y la técnica, ya que el conocimiento científico vendrá por vía de la importación d
e paquetes tecnológicos cerrados que el país estará condenado a comprar de por vida. Y
a no tendrá la capacidad de discernir cuál tecnología le conviene y cuál no; y lo que es
más grave aún: al intentar destruir el desarrollo del pensamiento científico en el ma
rco de la investiga-ción básica, este modelo pretende privar a la sociedad de autope
nsarse y confrontarse con el mundo.
-¿Por qué cree usted que el gobierno procede así?
-Porque nuestra clase dirigente, al decir de Enrique Oteiza, es una clas
e precientífica, que se sustenta en el poder en función de una actitud parasitaria,
parasita el desarrollo de poder de otros poderes más poderosos a los cuales está aso
ciada. Es pre-cientifica porque no concibe el desarrollo científico y tecnológico ni
siquiera como instrumento de poder propio. Por lo tanto, la cultura que emana d
e esa visión dominante tiende a desjerarquizar el conocimiento científico y el saber
en general como patrimonio social. No es casualidad que al conjuro de esta políti
ca se pretenda destruir la escuela y la universidad pública, ahogándolas presupuesta
riamente. Mientras tanto, en la sociedad se expresan otras cosas. Ante las decla
raciones de Cavallo, la gente sale naturalmente a defender ese valor cultural; v
alor que está instalado en el país desde la Generación del 80. Más allá de que uno compart
a o no la cosmovisión de esa generación, lo cierto es que Domingo Faustino Sarmiento
y Carlos Pellegrini indujeron a la sociedad argentina a pensar el desarrollo so
cial y humano de la mano del conocimiento y no a contramano de éste. Creo que éstas
son cuestiones que deberíamos revalorizar.
-A su criterio, ¿qué otras cosas aparecen con claridad tras estos once años?
-En primer lugar, el firme reclamo del sector científico y tecnológico al Es
tado para que no abandone su indelegable responsabilidad de fomentar y planifica
r el desarrollo científico. En el modelo actual, el Estado tiende a desligarse de
esas responsabilidades; y no es que se desliga para que las tomen otros sectores
, sino que no las toma nadie. Esto se expresa de manera categórica cuando se anali
za nuestro balance comercial. El desfase que existe entre expor-taciones e impor
taciones que hoy padece el país refleja con claridad que este modelo apunta a comp
rar paquetes tecnológicos cerrados. También aparece bastante clara la necesidad de a
rticular el sector científico y tecnológico. Actualmente se habla en forma indistint
a de sistema y sector científico y tecnológico, cuando en la práctica nuestro país carec
e de un sistema. La noción de sistema supone una articulación, un todo integrado con
sus particularidades y hasta con sus contradicciones internas, pero en definiti
va integrado. Hoy comienzan a escucharse propuestas tendientes a la creación de un
a ley nacional de ciencia y técnica que paute las estructuras de las distintas ins
tituciones del sector, les asigne funciones específicas y les plantee áreas priorita
rias de interés en armonía con las demandas económicas y sociales que presente la comu
nidad. Esto comienza a aparecer desde distintos sectores, incluso sectores que n
o estaban vinculados en forma protagónica con este ámbito, por ejemplo el movimiento
estudiantil y los docentes universitarios, que no sólo incorporan el tema de la e
nseñanza superior como objetivo fundamental para el mejoramiento de su actividad,
sino que lo vinculan con las actividades científicas y tecnológicas. Esto es un hech
o novedoso.
También lo es que las sociedades científicas, que en los últimos cuarenta años h
an permanecido en compartimientos estancos y con una visión academicista del desar
rollo científico, empiezan a plantearse un grado de compromiso con la sociedad de
la que forman parte. De manera explícita plantean reivindicaciones y hasta postura
s críticas con respecto al modelo en marcha. Otro elemento íntimamente vinculado con
esto es la conciencia de que ya no se pueden hacer planteos específicos hacia el
interior del sistema si antes no son asumidos por el conjunto de la sociedad. De
esta forma, comienza a romperse una cultura de aislamiento. Es cierto que el se
ctor científico y tecnológico ha tenido perseguidos e inclusive desaparecidos, pero
salvo excepciones no se opuso de
manera clara a los avances autoritarios. La Noche de los Bastones Largos, el aut
oritarismo más cavernícola instalado en la universidad entre 1974 y 1975 y, finalmen
te, la avanzada del terrorismo de Estado a partir de 1976 no encontraron en la c
omunidad científica y tecnológica local una respuesta acorde. Hoy creo que la idea d
e que la actividad del sector pueda realizarse al margen de la realidad de la qu
e forma parte, empezó a resquebrajarse. los científicos estamos dejando de dirigirno
s a nosotros mismos; ya no hacemos una catarsis de protesta como piensan algunos
funcionarios oficiales, sino que hay un discurso dirigido al conjunto de la soc
iedad. El último elemento a tener en cuenta son los escasos logros que el sector a
lcanzó en estos once años de democracia. En la práctica, se ha mantenido una estructur
a básicamente endogámica, en la que los científicos no tenemos que rendir cuentas de l
o que hacemos a la gente. No ha habido una modificación profunda en los esquemas d
e producción científica y tecnológica.
-¿No habría que hacer alguna diferenciación entre la gestión radical y la menemi
sta? ¿Acaso esto no se acentuó a partir de junio de 1989?
-Sí, desde entonces hay un sesgo más marcado; fundamentalmente con el regres
o de aquellos que hicieron gala del autoritarismo en los años más negros de la Argen
tina y que, hoy por hoy, han sumido a la ciencia a niveles de mediocridad inimag
inables. Desde mediados de 1989 hay una situación de virtual desamparo, de no esti
mular a los jóvenes científico~, de no propender al desarrollo de nuevas escuelas de
pensamiento.
-¿Se diferencia en algo la administración de Domingo Liotta de la de Raúl Mate
ra?
-Básicamente son lo mismo. La de Matera fue una gestión más personalista, pero
más allá de los actores, aquí se apunta al achicamiento del sector.
-¿ Cree usted que la actual política responde a intereses procedentes del ex
terior?
-Yo sería más preciso. Creo que existe una visión mundial del desarrollo científ
ico y tecnológico que naturalmente tiene que ver con los centros de poder.
-¿No se corre el riesgo con esto de caer en una visión conspirativa del asun
to?
-Yo no quiero caer en una visión maniquea, pero hay condiciones históricas p
ara que ciertas cosas ocurran y otras no. Nosotros fuimos los primeros en denunc
iar el informe del Banco Mundial, donde de manera explícita se le recomienda al go
bierno nacional que prescinda de nueve mil científicos y técnicos entre el CONICET y
la CONEA, que privatice las centrales nucleares y otras medidas que tienden a a
chicar el sector. No es que haya una relación mecánica entre este informe y los paso
s que da el gobierno, pero sí es cierto que por las huellas que éste va dejando, y a
l no haber explicitado su política, todo apunta en ese sentido. El modelo que aquí s
e está ejecutando guarda absoluta coherencia con el que trazaron los centros de po
der mundial, donde el Norte se reserva el derecho de promover el conocimiento ci
entífico y desarrollar las innovaciones tecnológicas, y condena al Sur a comprarlos
sin chistar. Obviamente, este modelo tiene acá las particularidades de una cultura
, una historia y una clase dirigente concreta. Su aplicación en la Argentina no es
exactamente la misma que la implementada en el Brasil.
-¿ Cuáles son las diferencias?
Corriendo el riesgo de ser simplista, las diferencias radican en la mayo
r o menor vocación parasitaria de los sectores sociales que están o estuvieron en el
poder. En el Brasil, en el marco de la dictadura militar más formidable en términos
de extensión cultural que se arrastró hasta hace pocos años atrás, la clase dirigente a
brió un espacio para que el sector científico y tecnológico se desarrollara. Incluso e
sto era inherente a las necesidades del desarrollo del capital. Además, es público q
ue la Sociedad Brasileña para el Progreso de las Ciencias se convirtió en una formid
able trinchera democrática, en una caja de resonancia de los principales problemas
que aquejaban a la gente. En Chile ocurrió un fenómeno semejante, a tal punto que l
as ciencias han cobrado un impulso inimaginable hace un cuarto de siglo. Si se c
ompara la media de la producción científica en Latinoamérica, el desarrollo que han te
nido países como el Brasil, Chile y México supera largamente lo que ha sido la media
argentina en los últimos diez o quince años.
-Hay quienes dicen que en el país se investiga de todo v que eso es malo,
ya que no tiene sentido despilfarrar esfuerzos en temas en los que vamos a la co
la. ¿ Cuál es su opinión?
-Esa visión no es desacertada, pero no creo que se pueda responsabilizar e
n primacía a los científicos. Si aquí cada uno sigue metido en lo suyo es por la ausen
cia de políticas concretas. Pero en esto también está ocurriendo algo novedoso, y es q
ue vamos tomando conciencia de que cualquier esfuerzo, por más importante que sea
en términos de excelencia científica, carece de validez si no está emparentado con las
líneas prioritarias que debe trazar el país.
-Teniendo en cuenta la cercanía de las elecciones presidenciales de ]995, ¿
qué perspectivas cree que existen de que los políticos hagan suyos los reclamos del
sector?
-Soy optimista. En primer lugar, porque la sociedad en su conjunto tiend
e a defender este capital que valora como propio. No hablo sólo de recursos humano
s y físicos sino de éste capital como valor cultural. Y en segundo término, porque cua
lquier político sería un necio si no toma para sí las banderas de la ciencia y la técnic
a; como ciudadano de esta sociedad no sería coherente. No dudo de que va a haber u
na importante cantidad de dirigentes políticos que se va a hacer cargo de la situa
ción; algunos, aunque más no sea desde lo discursivo, pero no van a poder obviar est
a realidad.
-Según su criterio, ¿ cuáles serian las primeras medidas que se deben adoptar
para reactivar al sector?
-Para decidir, como primera medida hay que debatir. Nuestra consigna básic
a es no aceptar decisiones autoritarias. Acá deben participar todas las entidades
civiles y las que tienen que ver con la ciencia y la tecnología. En segundo lugar,
pensamos que priorizar una disciplina en desmedro de otra es un razonamiento an
ticientífico. Desde nuestra óptica, el conocimiento científico es una globalidad, una
integridad que sólo puede explicarse como una construcción social concreta.
-¿Pero acaso una política no implica trazar prioridades?
-Sí, pero esto es distinto a priorizar disciplinas. Las disciplinas cien-tíf
icas son todas áreas en sí mismas y hay que trabajar en todas y cada una de ellas. D
e lo que aquí se trata es de priorizar áreas de intereses para el país; y en ese conte
xto, que supone enfoques interdisciplinarios, multidisciplinarios y en no pocos
casos transdisciplinarios, establecer 1íneas prioritarias de investigación. Esto es
lo que hacen los países más desarrollados.
-Acorde con las características de nuestro país, ¿ cuáles serían las líneas a priori
zar?
-Esas líneas básicamente deberán tener que ver con aquello que define el desar
rollo humano integral como concepto universal. Acá hay que definir áreas de interés en
el campo de la salud la educación la vivienda la previsión social, el empleo, el me
dio ambiente, la producción agropecuaria, la industrial, entendiendo como áreas de i
nterés a aquellas que apuntan a compatibilizar los problemas de una sociedad con l
as reservas con que ésta cuenta. No podríamos priorizar líneas de investigación que supu
sieran desarrollo de punta en aquellos campos donde otros países están infinitamente
más adelante que el nuestro, pero sí podemos establecer líneas que tengan que ver con
nuestra realidad nacional y regional. En cuanto a lo regional, esto supone una
complementación de esfuerzos de cara a las necesidades de cada uno de los países y a
la inserción de esta respuesta regional de cara al contexto mundial. Esta es una
manera de priorizar, para lo cual es imprescindible desde la investigación básica ha
sta la investigación aplicada en todos los campos.
-¿Puede que hoy haya superposición de esfuerzos en distintas áreas?
-Si, puede ser, y esto habla de un malgasto de esfuerzos. No me refiero
a la investigación básica, que es siempre válida, sino a cuestiones que tienen que ver
con el desarrollo y la innovación tecnológica. Pero todo esto es subsanable. Se tra
ta de un reacomodamiento a través de una ley nacional que establezca cuáles son las ár
eas de incumbencia de cada instituto, de tal modo que cada uno de ellos pueda re
sponder a su cometido. Determinar por ejemplo cuál es la vinculación que tiene el In
stituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) con la cuestión agropecuaria en e
l país y con nuestras necesidades en cuanto a la aplicación de la biotecnología para e
l mejoramiento de especies vegetales. Determinar qué relación guarda el hoy desguaza
do Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), en términos de la Secretaría de
Industria, con que avancemos en el desarrollo de técnicas de embalaje y de presen
tación de productos para competir en un mercado altamente sofisticado. Las cuestio
nes que hacen al diseño industrial de determinados productos debieran estar referi
das a posibilidades que nosotros tenemos. La complementación en áreas de exportación,
aun de recursos naturales, debiera ser una actividad de investigación en la que se
complementen las diversas realidades de los países latinoamericanos. Todas estas
cosas son subsanables. Lo que no se va a poder solucionar es la liquidación de tod
a una generación de jóvenes científicos. Un país como el nuestro demora de quince a vein
te años en formar una nueva generación y si esto no se detiene a tiempo hipoteca su
desarrollo por los próximos veinticinco años.
-¿ Y la cuestión presupuestaria?
-Incluso eso es solucionable. El gobierno dice que somos un país del Prime
r Mundo y se olvida de que los países primermundistas destinan a su política científic
a y tecnológica un dos por ciento de su infinitamente más abultado producto bruto in
terno. Nosotros, en cambio, apenas le aplicamos el 0,2 por ciento. Si en una rea
signación de recursos de nuestro presupuesto aumentáramos en un punto lo dedicado a
la ciencia y la técnica y si, al mismo tiempo, eso sirve para estimular líneas prior
itarias, es probable que su producción estuviera en condiciones de dar un salto en
apenas cinco anos.
-¿Cree usted que nuestra comunidad científica y tecnológica está madura para deb
atir las líneas a priorizar?
-Yo no sé si existe esa madurez, porque esto requiere una conciencia ciuda
dana y no corporativa. De lo que sí estoy seguro es de que ningún sector de la vida
social del país se puede plantear objetivos que no se correspondan con lo que es l
a expectativa del conjunto de la sociedad. En ese sentido, la discusión de las pri
oridades en ciencia y técnica no puede ser patrimonio exclusivo del sector. Este e
s un debate al cual nosotros tenemos la obligación de aportar nuestro conocimiento
y experiencia, y esto debe ser tomado en cuenta. Pero no basta. Es imprescindib
le que también participe el sector de la producción, que no tiene una cultura de inv
ersión en el área, ya que su fomento hoy por hoy es nulo. Esto hay que revertirlo y
para ello es fundamental el aporte de aquellos sectores sociales como las pequeñas
y medianas empresas, que históricamente han sido las que mantuvieron la mayor can
tidad de mano de obra ocupada en los sectores industriales. Para que una empresa
o un servicio público incorpore innovación tecnológica tiene que tener incentivos des
de el Estado, y esto se consigue beneficiándolos con una política impositiva y credi
ticia. Se trata de poner en funcionamiento un mecanismo de realimentación ya que l
uego esas empresas van a invertir en el desarrollo científico y tecnológico perfecci
onando determinadas líneas de investigación. Pero esto sólo se puede dar si se piensa
el país a futuro. Si hoy las pequeñas y medianas empresas no tienen créditos o los tie
nen a un precio carísimo y además hay una política impositiva destinada a liquidarlas
en favor de un brutal proceso de concentración de la riqueza en pocas manos, no se
les puede achacar que no inviertan en el sector.
Mario Albornoz: "Acá se investiga de todo y eso es un error"
Mario Albornoz es director del Centro de Estudios e Investigaciones de l
a Universidad de Quilmes, profesor de la Maestría en Política y Gestión de la Ciencia
y la Tecnología en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Buenos Air
es (UBA), investigador del CONICET y consultor de la OEA y la UNESCO. Fue además s
ecretario de Ciencia y Tecnica de la UBA.
-¿Cuál es su balance de la gestión cientifica y tecnológica del menemism
o?
-Tanto la gestión de Raúl Matera como la de Domingo Liotta han sido
más negativas que positivas, aunque con características distintas. La de Matera come
nzó con un tinte ideológico muy sesgado hacia la derecha, con la reaparición de person
ajes del onganiato y del Proceso que llegaron con muchos aires de revancha, de p
ersecución ideológica en el otorgamiento de becas y subsidios, y de destrucción de cos
as que se habían hecho durante el gobierno radical; simplemente, porque habían sido
hechas por los radicales. Pero como Matera era un político profesional y sabía los r
iesgos que implica este tipo de política, en el último tiempo de su mandato moderó sus
aspectos ideológicos más extremos y logró ciertos refuerzos presupuestarios que atemp
eraron las cosas y permitieron una relativamente buena relación con la comunidad c
ientífica La gestión Liotta, en cambio, es más centrista en cuanto a lo ideológico, a la
conformación de su equipo en la SECYT y a la del directorio del CONICET y de sus
comisiones asesoras, lo cual muestra la búsqueda de un mayor equilibrio. Pero tien
e en su contra dos aspectos. En primer lugar, su personalidad; se lo ve inexpert
o en el terreno político y carente de una política científica. Y en segundo lugar, com
o los conflictos que están en la base del sistema científico se han agravado por tan
tos años de mal manejo, su falta de respuesta política ha generado una situación de mu
chísima tensión. Se da la paradoja de que siendo una gestión más representativa de lo qu
e es el arco ideológico argentino, ha llevado al sector a un nivel de conflicto qu
e no se había alcanzado en la gestión anterior.
-Esto en cuanto a la SECYT y el CONICET pero ¿ qué sucede con los restantes
organismos oficiales ligados al sector?
-A eso me quería referir. Porque para juzgar la gestión científica y tecnológica
de un gobierno también es necesario juzgar las gestiones en la Comisión Nacional de
Energía Atómica (CONEA), el Instituto Nacional de Tecno-logía Agropecuaria (INTA), el
Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y las universidades nacionales
, que por sí solas representan más del cincuenta por ciento de la investigación que se
desarrolla en el país. Se trata de un uni-verso de múltiples actores donde la SECYT
, a pesar de su rango, y el CONICET son sólo una parte. Pero además de todos estos a
ctores, el desarrollo en ciencia y técnica está íntimamente asociado a la política económi
ca y a la política industrial. Por lo tanto, muchas de las decisiones más importante
s, desde el punto de vista del desarrollo de determinadas capacidades científicas
y tecno-lógicas, en realidad las toma el secretario de Industria, el de Energía, el
de Agricultura y Ganadería o el ministro de Economía cuando establecen asignaciones
presupuestarias, políticas de reformas del Estado o cuando inciden en todo lo que
es la política de asignaciones al nuevo rol de la política pública. Las cuestiones de
política científica se ven muy afectadas por todos estos hechos, quizás en mucha mayor
medida de lo que pueden afectarías la política de un secretario de Ciencia y Técnica.
-¿ Y aquí cómo incidieron estos hechos en el sector científico y tecnológico?
-Aquí se da la paradoja de que siendo el gobierno menemista el que hizo su
ya la bandera de la modernización, que consiguió instalar la necesidad de cambios es
tructurales y de entrar en el Primer Mundo, descuidó por completo la capacidad de
producir conocimiento e incorporarlo mediante procesos innovadores, que es lo qu
e hace que los países primermundistas pertenezcan precisamente a esta categoría. Est
o implica una contradicción muy grande. Si el gobierno que lanza este discurso fue
ra el mismo que hace un gran esfuerzo por fortalecer la ciencia y la tecnología, u
no podría decir que tienen éxito, que fracasan, pero nadie discutiría su coherencia. E
n cambio, acá la incoherencia entre los dichos y los hechos es muy grande, porque
el presupuesto del sector ha ido cayendo y sus organismos están en crisis. Salvo e
l INTA, que hizo un reajuste estructural y además está vinculado con un ámbito product
ivo que todavía representa una movilización de recursos, el conjunto del sector está e
n una crisis muy severa: la SECYT se ha convertido en un organismo obsoleto, el
INTT está en un estado casi terminal, el CONICET es un organismo saturado y la CON
EA está siendo semiprivatizada.
-¿ Usted cree que esto ocurre porque el gobierno está cumpliendo órdenes del B
anco Mundial, como sostiene parte de la comunidad científica?
-Sin perjuicio de que las conspiraciones existan, yo no creo tanto en es
o. A mi modo de ver, la crisis estaba latente desde hacia tiempo. La gestión radic
al en ciencia y tecnología fue muy buena en muchos aspectos: fue pluralista, tuvo
clara la necesidad de una política científica y de vincularse con la universidad públi
ca, pero no llegó a significar un cambio estructural en un sistema que se había vuel
to muy obsoleto, con organismos que no habían tenido transformaciones de fondo y q
ue ya no estaban en condiciones de ser útiles al país sin modificaciones sustantivas
. En el ámbito científico y tecnológico está pendiente una transformación, del mismo modo
que también lo estaba en el plano económico. El gobierno de Raúl Alfonsín significó recupe
rar la democracia y cierta capacidad de estabilizar tensiones, pero muchas cuest
iones quedaron pendientes. A partir de los años 70, casi todos los países hicieron t
ransforma-ciones muy profundas en su política científica y tecnológica porque aparecie
ron las nuevas tecnologías que modificaron la forma de producir. Esas nuevas tecno
-logías estuvieron asociadas no sólo a una revolución científica sino también industrial.
De manera que hubo un correlato muy próximo entre las reconversiones industriales
que hicieron los países industrializados y el esfuerzo realizado en ciencia y tecn
ología. Eso fue algo natural, nadie tuvo que pensarlo sino que resultó absolutamente
necesario para poder llevar adelante esos cambios. Sin embargo, durante el Proc
eso, aquí no hubo ninguna transformación en los organis-mos científicos; lisa y llanam
ente, porque estábamos viviendo épocas medievales. Con la llegada de la democracia,
el radicalismo descomprimió algunas tensiones, puso paños fríos, pero no produjo esos
cambios. Y aunque siguen siendo absoluta-mente necesarios, el gobierno menemista
tampoco hizo nada en ese sentido, con el agravante de que ni siquiera cuenta co
n una política para el sector. Entonces, los conflictos terminaron agudizándose.
-¿Cómo vive esto la comunidad científica?
-A raíz de estos desajustes que vienen de larga data, los científicos comenz
aron a generar algún tipo de excusa discursiva que los convirtió en víctimas de la inc
omprensión oficial, que se resiste a pagarles lo que corres-ponde y que los ignora
. Eso es cierto, pero también lo es que buena parte de ellos no ha conseguido demo
strarle a la sociedad hasta qué punto es útil y nece-sario su trabajo para lograr un
proceso de desarrollo. Lo que digo se traduce en que la comunidad produce una e
norme reacción por el cierre de un instituto secundario y, en cambio, nada pasa cu
ando se cierra un instituto científico. En estos años de reconversión de las empresas
públicas, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) cerró su laboratorio de investigación
de desarrollo en Florencio Varela, que era realmente de avanzada para un país del
Tercer Mundo y donde trabajaban setecientos técnicos; y nadie se enteró. Esto ocurre
porque la sociedad no tiene conciencia practica de que la ciencia argentina es
imprescindible para el bienestar de los argentinos. De allí que sostengo que el pr
oblema es estructural, que se puede agudizar por las malas políticas o se puede at
enuar por las buenas políticas, pero el problema está planteado desde hace mucho tie
mpo y requiere soluciones de fondo. Por otra parte, el modelo de transformación ec
onómica planteado por este gobierno centra mucho más sus estrategias en la estabilid
ad de su economía que en su crecimiento, en reducir el gasto público que en hacer in
versiones. Además, no sé si porque lo quiso así o le salió así, ha favorecido la monopoliz
ación de sectores de la economía en manos de grupos que no necesariamente están predis
puestos a hacer inversión en tecnología local. Esto provocó que la pequeña y mediana ind
ustria, que en el pasado fue demandante de conocimiento científico, esté actualmente
en una situación de crisis muy aguda como para que sea una demandante real de ese
conocimiento. En este contexto, es coherente que el ministro Domingo Cavallo ve
a los gastos en ciencia y técnica simplemente como gastos, como parte de una sangría
del presupuesto público cuyos beneficios no puede contabilizar en ningún haber, por
que no hay grupos económicos que estén usando esos conocimientos para aumentar las e
xportaciones. Y también es natural que en este contexto, al desinteresarse el sect
or dinámico del gobierno que seria el sector asociado al Ministerio de Economía, la
cuestión científica devenga en algo marginal; y que dentro de los repartos de cargos
que se dan en un gobierno este sector marginal también haya caído en manos de secto
res marginales, a quienes nadie les presta atención.
-¿ Cómo se explica que nuestra dirigencia política no tenga conciencia de la i
mportancia de la ciencia y la tecnología para el desarrollo del país?
-A mí me parece realmente curioso que en un equipo económico donde hay tanta
gente lúcida que no siempre logra resolver los problemas, pero si los ve no haya
nadie que esté formulando con eficacia la necesidad de una política tecnológica que co
nduzca a una política científica.
-De hecho, esa conciencia sí existe en las dirigencias de varios países veci
nos.
-Chile, que es un país al que se nos pone como modelo de lo que deberíamos h
acer en muchos aspectos, sí es un modelo en ciencia y tecnología. Ellos están aumentan
do la inversión, creando fondos de fomento para la investigación, están haciendo un es
fuerzo enorme. Por eso tiendo a pensar que lo que aquí ocurre no es consecuencia d
e los planes del Banco Mundial sino más bien de una miopía criolla. El Brasil, pese
a su crisis, sigue mandando al exterior tres mil becarios por año, mientras que no
sotros apenas si estamos enviando entre ochenta y cien. Entonces, hay una difere
ncia de magnitud que no se explica por ninguna fuerza demoníaca interesada en mant
enernos en una total marginación. El problema radica en la miopía de los líderes local
es. No sé si porque sólo han tenido ojos para parar la inflación y reformar el Estado
o por qué otra razón, pero lo cierto es que en su manual de salvataje de la economía n
acional la cuestión tecnológica no entró.
-¿En qué momento comenzó esa miopía en nuestra dirigencia?
-Esto empezó con el fracaso del modelo desarrollista, que no sólo se expresó d
urante el gobierno de Arturo Frondizi sino también en otros gobiernos. La idea de
la sustitución de las importaciones, el crecimiento de la economía y del mercado int
erno, reservó un papel muy importante a la ciencia y la técnica. Pero con la caída de
ese modelo industrial, en primer término, y las sucesivas crisis políticas que sufrió
el país, en segundo lugar, esa conciencia se comenzó a perder. La crisis en el siste
ma tecnológico comenzó cuando algunos aspectos de ese modelo se hicieron inviables y
produjeron una caída de la demanda. A esto luego se sumaron las intervenciones a
las universidades públicas, las represiones, los exilios y, finalmente, las desapa
riciones, que deterioraron en forma grave el sistema científico académico.
-Si la crisis viene de larga data, ¿por qué recién se hace evidente hoy en día?
-La crisis se disimuló por muchos años porque el Proceso mantuvo altos nivel
es de inversión en algunos sectores del sistema científico que eran afines a su estr
ategia. En esa época, la CONEA tuvo un auge no sólo en la inversión de equipos sino en
la formación de físicos. Aquí el régimen militar tuvo una política pragmática, porque en su
mayoría eran profesionales pluralistas, no necesariamente identificados en lo ide
ológico con el gobierno.
-Pero durante el Proceso en la CONEA hubo veintidós desaparecidos y cerca
de seiscientos despidos.
-Eso es cierto, no me olvido. Lo que digo es que mientras el resto del s
istema científico se hundía, los militares crearon una gran cantera de físicos porque
eso servía a sus intereses. En una dosis menor pero también llamativa, hubo una capa
cidad importante de generación de conocimiento en el campo de la coheteria, que lu
ego se tradujo en un proyecto militar como el Cóndor. También en el CONICET se regis
traron inversiones importantes, pero se aplicaron en forma errónea. En el caso de
la CONEA, la política de desarrollo pudo ser discutible, aunque no necesariamente
errónea. En cambio, el dinero invertido en el CONICET fue aplicado con un criterio
escasamente científico. En la época del Proceso se hicieron importantes construccio
nes en infraestructura científica, pero fueron hechas con la idea de mantener a la
ciencia fuera de la universidad pública. Esa es la situación que heredó primero el ra
dicalismo y luego el menemismo, en este último caso agudizado por el conflictivo s
esgo ideológico de Matera y por la extraordinaria torpeza de la actual gestión.
-A su criterio ¿qué medidas deben instrumentarse para superar esta crisis?
-Estos problemas son imposibles de abordar sin una gran concertación de to
dos los actores. El CONICET, por ejemplo, es un organismo que ya no da más, no hay
manera de salvarlo tal como está hoy concebido. Porque no sólo tiene vicios de diseño
desde su origen en la forma burocrática en que está estructurado -y que limita la m
ovilidad de los científicos-, sino también porque durante el Proceso se crearon inst
itutos que por depender económicamente del organismo empezaron a devorar buena par
te de su presupuesto. Con el paso de los años, los fondos que originalmente eran d
estinados a financiar investigacioncs terminaron usándose para el pago de salarios
y el funcionamiento de institutos propios. Así las cosas, es muy difícil que cualqu
ier ministro de Economía acepte poner plata en el CONICET sin antes hacer modifica
ciones de fondo.
-¿Existe en la comunidad científica conciencia de esa necesidad?
-Puede que exista en buena parte de ella, pero donde no sé si la hay es en
tre los científicos del CONICET, porque en los períodos de crisis las actitudes corp
orativas tienden a acentuarse. En un contexto de miedo y amenazas, la gente por
lo general no hace análisis muy sutiles. Me consta que en sectores importantes y c
on gran predicamento democrático existe la convicción de que el Consejo debe cambiar
; sobre todo, dentro del ámbito científico universitario. Pero gran parte de los inv
estigadores del CONICET obviamente no piensan asi.
-Pero aparte de estos cambios estructurales, ¿no es necesario consensuar e
ntre todos una política científica?
-Los consensos son muy difíciles en épocas de achicamiento, no es fácil que la
gente se siente a acordar cuando se trata de repartir migajas. los consensos so
n razonables en un contexto de crecimiento. No obstante eso, creo que algunas co
sas se pueden empezar a hacer. En primer lugar, me parece que el gobierno debe t
razar, de una vez por todas, una política. Por supuesto que esa política tiene que s
er participativa, pero una participación sin política es pura cháchara; la participación
y el diálogo tienen sentido cuando alguien propone llevar adelante algo. En segun
do lugar, reitero que es imprescindible modernizar la estructura de los organism
os del sector para hacerlos eficaces. En tercer término, creo que hay que fortalec
er la formación de profesionales en el ámbito universitario porque la ciencia y la t
ecnología derivan de la educación superior. Si en este momento nosotros no somos cap
aces de producir tecnología de avanzada para el sector productivo, de última la pode
mos comprar, pero no podemos comprar profesionales. Y finalmente, cuando todo es
to esté en funcionamiento, hay que elegir objetivos.
-En su opinión, ¿cuáles deberían ser?
-Yo creo que hay que elegir una gama diversa. Elegir significa que no to
do se puede hacer. Hay ramas donde nosotros tenemos capacidad competitiva porque
hemos mantenido grupos de excelencia. Ahí hay que invertir. Y hay otras en las qu
e estar al día implicaría invertir recursos que no tenemos. Entonces, también habrá que
aportar a su desarrollo, aunque sin una capacidad relevante. Además, hay otros tem
as que tienen que ver con el desarrollo de la pequeña y mediana industria, con el
desarrollo regional, que no tienen un gran brillo, pero sí una enorme utilidad soc
ial. Son áreas que no conducen a la publicación de papers de alto nivel en revistas
internacionales, aunque sí conducen a mejorar la situación de algunos sectores indus
triales o comunidades.
-¿Es posible realizar todo esto con el actual presupuesto?
-Evidentemente, la articulación de una política implica un aumento de recurs
os. Sin embargo, esto debe darse en un marco en el cual la sociedad pueda ver la
s ventajas que va a obtener de esa mayor asignación de recursos. Hoy por hoy, nadi
e suscribiría un aumento de recursos para la ciencia y la técnica si antes los actor
es del sector no explican claramente a la gente en qué se va a ver beneficiada. Ha
y que tener en cuenta que la nuestra es una economía tercermundista, con un presup
uesto público chico; y que si se aumenta lo asignado a la ciencia y la tecnología en
realidad se lo está quitando a otro sector. Una medida de este tipo debe contar c
on el acompañamiento de la sociedad, y ésta la aprobará o no según la habilidad con que
los científicos le expliquen los beneficios que esto le va a significar.
-Algunos colegas suyos interpretan las reacciones contrarias a los dicho
s de Cavallo como un inicio de toma de conciencia de lo que significa la ciencia
y la técnica para un país. ¿ Usted no lo ve así?
-Yo tengo muchas dudas. A la gente no le gusta que el ministro se zafe y
que mande a lavar los platos a nadie, pero no sé si eso implica una real toma de
conciencia Aquí no se discutió si la sociedad quiere a los científicos y para qué sirve
su trabajo. Lo que acá se discutió fue la mera cuestión epidérmica del asunto, que es mu
y del gusto de la prensa. Eso queda en evidencia cuando se comprueba que hoy la
ciencia y la tecnología ya no son una gran preocupación del periodismo. Además, me par
ece que muchos científicos se equivocaron al adoptar una metodología de lucha simila
r a la de los jubilados. Está bien que los jubilados golpeen ollas y exijan que se
les pague lo que corresponde, porque ellos ya le dieron a la sociedad todo lo q
ue podían y ahora son acreedores en estado puro. Pero los científicos no pueden ir a
la puerta del CONICET a lavar platos en forma de protesta. Lo que hay que hacer
es demostrarle a la sociedad que su labor es necesaria. No por principios, sino
porque la gente quiere saber para qué sirven las cosas, y apoyar las que sirven y
desechar las que no.
-¿ Usted percibe esta falla comunicativa en algún sector en particular?
Creo que es más propio de los investigadores que trabajan en el CONICET. L
a cultura que se creó allí tiende mucho a la autojustificación. Existe la creencia de
que si se hace un informe anual y los colegas de la comisión asesora lo aprueban y
a es suficiente, que no hay que rendirle más cuentas a nadie. Yo no digo que a ell
os no les importa el país, digo que en el ejercicio de su activi-dad cotidiana gen
eraron un sistema cerrado, endogámico, de autocomplacencia, de autoevaluación.
-Volviendo al tema de los objetivos, ¿ cuáles áreas cree usted que se deberían p
riorizar?
-Me parece que esto no es ningún secreto. Surgen, en principio, de lo que
son las áreas más dinámicas en el mundo y, en segundo lugar, de lo que son las capacid
ades y debilidades de cada país. Priorizar no es una cuestión teórica sino práctica, es
una decisión absolutamente política en función de los recursos que son de la sociedad.
Y cuando se invierten estos recursos en ciencia y tecnología existen dos criterio
s. Uno de ellos consiste en reforzar áreas donde ya hay capacidad acumulada y se l
a quiere hacer crecer aún más. El otro implica apuntar a áreas donde se tiene poco o n
ada y se debería tener; se trata de una inversión en un sentido promocional. Son dos
maneras de invertir y una no invalida la otra. A veces, los científicos no entien
den la segunda forma. Creen que siempre hay que invertir con criterio de excelen
cia, pero con ello sólo crecen las áreas que más tienen; y hay ocasiones en que el país
tiene que desarrollar áreas en las que posee poco. Si se combinan ambos criterios,
por ejemplo, se puede invertir en biotecnología, que está transformando gran parte
de la industria de los alimentos, los medicamentos, etc.; y esto coincide con qu
e la biología tiene una gran tradición en nuestro país. Pero resulta que las telecomun
icaciones es un sector enormemente dinámico que en la Argentina está en el más absolut
o subdesarrollo. Entonces, también hay que invertir allí. Porque un país que no tiene
nada en telecomunicaciones ni siquiera puede mantener con buenos recursos humano
s sus empresas telefónicas. No se trata de un lujo sino de una necesidad. Por supu
esto, no en todos los campos vamos a ser de primera línea. Actualmente, en la Arge
ntina se investiga de todo y eso es un error. No tiene sentido despilfarrar esfu
erzos en temas en los que vamos a la cola. Uno de ellos es la microelectrónica, do
nde debemos conformarnos con ser buenos usuarios y dedicarnos al soft y no al ha
rd. En cambio, sí debemos atender las áreas de la automatización industrial, porque ti
enen que ver con la modernización de la industria. También tenemos que atender algun
as áreas básicas de la ciencia como las matemáticas, porque esto permea el sistema cie
ntífico en su conjunto. Debemos escoger temas de la química que tengan que ver con e
l medio ambiente y determinados sectores industriales. Tenemos que mirar mucho l
os temas de la salud, porque en ellos se mezclan cuestiones de gran avance en ci
encia y tecnología con necesidades básicas de la población. Si uno observa cómo la mayoría
de los países fija su política científica va a ver que los temas se repiten mucho. El
ordenamiento varía de acuerdo con la tradición de cada uno, y esa tradición implica f
ortalecer aquello en lo que se es fuerte. En cambio, acá se tiende al reparto cuan
do en realidad hay sectores estratégicos a los que se debe dar mucho y a otros, me
nos, porque no lo son.
-En una entrevista anterior usted dijo que casi todas las universidades
públicas se han ido relacionando con el sector productivo. ¿Es tan así?
-Se está generalizando; sobre todo, en provincias donde las universidades
tienen una buena interlocución con los gobiernos. Jorge Sabato, quien mejor expresó
el problema del desarrollo tecnológico, decía que éste sólo es posible cuando funcionan
los tres vértices de un triángulo conformado por la industria ~ue demanda conocimien
tos-, el sector académico que lo produce- y el gobierno. Y si una de las tres pata
s falla, el sistema se cae.
-Además del gobierno, ¿cuál está fallando hoy?
-Yo pienso que el sector académico, sobre todo en las universidades públicas
, está reaccionando activamente y está buscando cómo vincularse con las empresas. Algu
nas industrias van entendiendo esta necesidad, pero así y todo creo que aún no están a
la altura de las circunstancias. Se trata de un problema cultural que se soluci
ona haciéndoles ver a los empresarios que vinculándose con la universidad van a term
inar ganando plata. Porque el conocimiento puede ayudarlos a diseñar un producto m
ejor y a ser más competitivos. Ahí, además, debe intervenir el gobierno creando créditos
para las empresas que adquieran conocimiento.
-En un momento de la entrevista usted dijo que las universidades públicas
concentran el cincuenta por ciento de la investigación existente en el país. ¿Es esto
deseable?
-El dato es de 1988, cuando se realizó el último censo nacional de cientí-fico
s. Allí salió que había diecinueve mil personas trabajando en investigación y que más del
cincuenta y cinco por ciento estaba en las universidades públicas. De 1988 para acá,
yo diría que esa tendencia se acentuó. Pero esto no debe ser interpretado necesaria
mente como un dato positivo, porque en los países indus-trializados más del cincuent
a por ciento de los investigadores trabaja en las industrias. Además, dentro de lo
que es un sector público, la investigación en las universidades tampoco es mayorita
ria, porque hay una gran cantidad de institutos tecnológicos que están directamente
orientados a la competitividad de sectores industriales. Entonces, que aquí el ses
enta por ciento de la investi-gación esté en las universidades nacionales es un gran
mérito de ellas, pero no es una característica positiva en términos de país.
Patricio Garrahan: "Investigar en la universidad permite ahorrar recursos"
Patricio Garrahan es profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Bu
enos Aires (UBA), investigador superior del CONICET, miembro fundador y secretar
io ejecutivo del Foro de Sociedades Científicas Argentinas y editor de la revista
Ciencia Hoy.
-¿ Cuál cree usted que es la mayor dificultad para que en la Argentina haya
una política científica?
-Acá, el último proyecto científico fue el de Bernardo Houssay y el de la Facu
ltad de Ciencias Exactas, desde fines de los años 50 hasta principios de los 60. L
uego, lo único que se hizo fue aplicar parches. Principalmente, porque el CONICET
estuvo intervenido por casi veinte años, hasta fines de 1983; y las decisiones que
adoptaron los sucesivos funcionarios nunca contaron con la participacion de la
comunidad científica. Yo creo que esto refleja nuestra falta de cultura ciudadana,
nuestra falta de práctica en la actuación en espacios públicos. Porque hay sectores q
ue pertenecen a la política partidista, pero hay otros que no; estos son los secto
res que deberían formar parte de alguna definición a largo plazo, que hay que obtene
r a través del debate y del consenso. Después, el asunto consiste en poner en marcha
esas líneas de acción e ir corrigiéndolas.
-¿Es tan complicado de lograr?
-Se ha intentado poco. El principal inconveniente que tuvieron las gesti
o-nes de Manuel Sadosky en la SECYT y de Carlos Abeledo en el CONICET, antes de
que la economía se derrumbara, fue democratizar el sistema científico, sacarlo del o
scurantismo en que había caído durante la última dictadura militar. Se gastó mucha energía
en eso, pero el avance fue grande. El problema fue que el primer recambio entre
gobiernos legítimos después de muchos años fue muy brusco en el área de ciencia y técnica
, sobre todo, por la vuelta de académicos de derecha ligados al Proceso. Por una c
uestión de animosidad política, además, la gestión de Raúl Matera ignoró, despreció todo lo he
cho por los radicales. Eso implicó un nuevo atraso en la construcción de algún consens
o de cómo hacer ciencia en la Argentina. Hoy por hoy, se hace en forma de grupos,
de pares aislados, a tal punto que muchas veces estamos más relacionados con coleg
as de otros países que entre nosotros. Eso es consecuencia del grado de desagregac
ión que padece nuestra sociedad, de la gran distancia que existe entre el poder y
el saber. La Argentina tiene mucha gente que sabe mucho de casi todas las cosas
y sin embargo no es aprovechada debidamente. Aquí no existe lo que los estadouni-d
enses llaman el esfuerzo nacional en ciencia, con la participación del sector públic
o y el privado.
-¿Qué lectura se puede hacer de los nombramientos de Matera en la SECYT y de
Bernabé Quartino en el CONICET?
-Hay que partir de la base de que el peronismo no tiene una gran cantida
d de científicos entre sus filas. Con esto no pretendo ser despreciativo, es lisa
y llanamente un dato de la realidad. El peronismo tiene algunos sectores de dere
cha extrema y otros que son progresistas. Y en el reparto, ciencia y tecno-logía l
e tocó a la derecha peronista, que a su vez se toca con otras derechas pesadas muy
características de la Argentina. Se trata de grupos pequeños en número, pero poderoso
s socialmente. Yo no sé si en la designación de Matera primó una racionalidad política a
bsoluta o si se le dio la SECYT -un sector medio anodino a los fines del gobiern
o- porque había que darle algo, por tratarse del último prócer del peronismo tradicion
al de derecha. Otra lectura puede ser que se haya pretendido usar el espacio de
acción de la SECYT y el CONICET para balancear politicamente el quehacer científico
en las universidades públicas, que mayoritariamente se encuentran en manos de la o
posición. Como sea, en ambos casos, se trata de medidas cortoplacistas y no eficac
es.
-¿Existe en el mundillo científico de otros países latinoamericanos un antagon
ismo tan marcado entre investigadores democráticos l de extrema derecha como ocurr
e aquí?
-Por lo que yo conozco, no. Sin ir más lejos, la dictadura brasileña no fue
tan dañina para la educación superior y la ciencia. Porque el programa político de los
militares tenía un fuerte contenido desarrollista y eso requería una sólida base cien
tífica y tecnológica. Durante la dictadura militar, los científicos brasileños no la pas
aron mal; inclusive, muchos investigadores argentinos que debieron emigrar fuero
n bien recibidos. Además, en la comunidad científica del Brasil están representados to
dos los pelajes políticos. Obviamente, hay enfrentamientos, pero no existe la divi
sión salvaje que existe acá.
-¿Continúa este enfrentamiento entre las nuevas camadas?
-No, no les pertenece. Para ellos, eso es cosa del pasado. los científicos
que hoy tienen cerca de cuarenta años es decir, los más dinámicos del sector- empezar
on su actividad con el regreso de la democracia y los factores históricos que dier
on lugar a esos enfrentamientos se generaron cuando ellos eran niños o apenas adol
escentes. Yo creo que si la Argentina sigue por el terreno democrá-tico esas divis
iones van a terminar desapareciendo. Hoy en día, el enfrentamien-to es con ese cri
terio economicista frío encarnado por Domingo Cavallo, que dice que lo que no es d
e utilidad inmediata no sirve. Ante este panorama, la comunidad científica debe ex
plicar con suma claridad a la sociedad para qué sirve su trabajo. Porque la gente
tiene el derecho de exigirle a los científicos una rendición de cuentas.
-¿Qué interpretación hace usted de los dichos del ministro de Economía?
-Hay quienes sostienen que Cavallo es el actor de un fin perfectamente e
structurado cuyo objetivo es privar al país de su capacidad autónoma de decisión; y es
o, entre otras cosas, requiere desmantelar lo poco que tenemos de ciencia y tecn
ología. Yo no creo en esta hipótesis conspirativa, sostenida fundamentalmente por el
sector de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) vinculado con el CONICET
y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA). En algún sentido, la realidad parece
darles la razón, ya que la desaparición mediante un decreto presidencial de un esfu
erzo de cincuenta años como la CONEA, coincide efectivamente con lo escrito en un
documento del Banco Mundial. Pero a mí me parece mucho más grave la indiferencia ofi
cial, porque es más difícil pelear contra la indiferencia que contra un ataque abier
to. Para que el sector científico desaparezca no es necesario un decreto, alcanza
con dejarlo que languidezca y reducirle el presupuesto. No es muy complicado que
brar el sistema científico argentino y de la debilidad de sus estructuras. Apenas
si son necesarios algunos años de indiferencia. Es por eso que no creo en las visi
ones conspirativas. En cambio, sí creo que nuestras dirigencias no tienen noción de
la importancia de la educación y de la ciencia y la tecnología para la organización de
l país. Esa es una diferencia grande que tenemos respecto a las dirigencias brasil
eña, chilena y mexicana.
-¿ Cómo estamos con respecto a ellos?
-Estamos parejos. El problema es que nosotros estábamos mucho mejor que el
los, y si las cosas continúan así nos van a pasar rápidamente.
-¿La gestión de Domingo Liotta implica un avance o un retroceso en relación co
n la de Matera?
-La administración Liotta es más abierta, pero está condicionada por una crisi
s financiera como nunca la hubo. La rutina de la ciencia, que es incorporar inve
stigadores, dar becas y subsidios para investigación, funcionó razonablemen-te bien
durante la década del 80. El problema empezó hace algunos años, cuando se comprobó que n
o había lugar para quienes volvían al país, luego de hacer sus posgrados en el exterio
r. En el caso de la universidad pública hasta ahora esto se palió dando cargos docen
tes. En cambio, los que llegaron con la intención de incorporarse a la carrera de
investigador del CONICET se encontraron con las puertas cerradas. Además, el cargo
de investigador -si bien tiene una serie de defectos que deberían reformarse- pos
ee una ventaja muy grande con respecto al cargo docente, porque se trata de un c
argo móvil; es decir, que es de la persona, no de la institución. Si por razones aca
démicamente justificadas un investigador decide viajar de Buenos Aires a Córdoba, Tu
cumán o Ushuaia, se va con su cargo, cosa que en el caso del docente no se da. Par
a descongelar la carrera, Liotta anunció que iba a lograr cierto número de vacantes
a través de la jubilación de los investigadores mayores; pero esto es sólo un paliativ
o, no una solución de fondo. También está el problema de los becarios. Porque tradicio
nalmente las becas duran cuatro años y en forma eventual cinco, pero cuando el bec
ario se presentaba para algunos de los concursos del CONICET -ya sea una beca pa
ra ir al extranjero o para ingresar en la carrera de investiga-dor, si cumplía en
tiempo y forma con los requisitos de la presentación y el asunto se demoraba más de
la cuenta por razones propias del organismo, la beca automáticamente se prorrogaba
hasta el momento que hubiera una resolución. Ahora, en cambio, si la cosa se dila
ta más de la cuenta, cumplido el período pautado, se queda sin sueldo. Esto es algo
muy serio, porque un sistema que no puede incorporar gente joven y que no puede
dar recursos para investigación no sirve.
-¿Se llegó a esta situación porque los fondos son pocos o porque esos pocos fo
ndos no son canalizados debidamente?
-Yo creo que lo segundo se aproxima más a la realidad que lo primero. En L
atinoamérica hay dos modelos de hacer ciencia. Uno es el brasileño, que consiste en
distribuir mucho dinero a todo el mundo, y entre ellos están los buenos y los no t
an buenos. El otro es el chileno, que es muy selectivo y distribuye una cantidad
de dinero no muy abundante con criterio de excelencia. Y un colega al que yo re
speto mucho dice que aquí se juzga a la brasileña y se distribuye a la chilena. Sé que
va a haber colegas que no estarán de acuerdo, pero a mí me parece que el presupuest
o del CONICET no es despreciable y que la demanda de la comunidad científica no de
be apuntar tanto a un aumento, sino hacia una más adecuada asignación de esos recurs
os. Eso se logra evitando que el Consejo se meta en gastos que no son primordial
mente funcionales a la ciencia, como las construcciones. El problema de la cienc
ia argentina no es fundamen-talmente edilicio. Hay que distinguir lo esencial de
lo accesorio, y aquí lo esencial es que el sistema funcione. Parte de que el sist
ema funcione implica que entre gente nueva; ningún sistema científico de calidad fun
ciona sin un proceso de renovación, y en la Argentina aun hay muchos jóvenes con voc
ación y capacidad para la investigación. A comienzos de 1994, cuando se discutió en el
Congreso el presupuesto para el sector, Matera dijo que los fondos asignados pa
ra ese ejercicio iban a alcanzar. Y lo cierto es que no alcanzaron. Tanto es así q
ue el CONICET se quedó sin un peso a mitad de año, se quedó con dinero para pagar sola
mente los sueldos de la gente que trabaja adentro, pero no para mantener a los b
ecarios e incorporar investigadores.
-¿Qué medidas se deberían adoptar para solucionar estos problemas?
-En cuanto al CONICET, debería resolverse una contradicción que se instaló en
su seno allá por los años 70: si debe ser una agencia financiadora de investigacione
s que se hacen en otros sitios, reservándose para si el control de gestión del diner
o como lo fue en su origen y tal como ocurre en otros paises latinoamericanos-,
o ser propietario de institutos y ejecutar por su cuenta investigaciones. Porque
con el paso de los años el CONICET se fue convirtiendo en algo mixto. Y a mí me par
ece que la Argentina no da para ambas cosas. En lo personal, creo que el CONICET
debería ser una agencia financiadora de investigaciones que se realicen mayoritar
iamente en la universidad pública.
-¿Cuáles son las ventajas de hacer investigación en el ámbito universitario?
-La investigación en ciencias sociales, exactas, física y humanidades, que e
s a lo que se dedica el CONICET, en todos los lugares del mundo se hace en las u
niversidades públicas. Y al hacerse en las universidades se ahorran recursos, porq
ue éstas aportan estructura física y personal y el CONICET sólo tiene que aportar dine
ro para comprar equipos, insumos y tener becarios. Además, si se inyecta investiga
ción en los departamentos universitarios se levanta la calidad de la universidad,
como subproducto de la existencia de la investigación. En cambio, si la investigac
ión se hace fuera del ámbito universitario, en primer lugar es mucho más caro. En segu
ndo término, se crea una competencia entre la universidad y los institutos por el
escaso número de gente capacitada, cuando en realidad seria bueno que también fueran
profesores universitarios. En algunos lugares del interior es claro que las uni
versidades están empobrecidas académicamente porque cerca de ellas hay institutos do
nde están los mejores profesionales. Seria fantástico que, además de investigar, esta
gente sirviera para formar a jóvenes universitarios.
-Teniendo en cuenta la realidad nacional, ¿qué áreas sería necesario prio rizar?
-Definir prioridades es una cosa muy complicada. Lo que habría que hacer e
n este momento de crisis es poner dinero para rescatar los grupos de calidad.
-¿En todas las especialidades?
-Sí, en este momento sí. Después, efectivamente, hay que detectar la necesidad
que tiene el país de investigaciones de desarrollo y establecer políticas de promoc
ión para esas necesidades. Las políticas de promoción no solamente consisten en dar di
nero, porque si no hay recursos humanos lo primero que se debe hacer es mandar g
ente al exterior a perfeccionarse o como lo han hecho muchos países como el Brasil
- contratar investigadores extranjeros. Ahora hay una oferta infernal de excelen
tes académicos del Este europeo que podrían venir a enseñar al país. Entonces, hay que m
antener las áreas con calidad que ya existen y detectar lo que nos está faltando. Ha
y áreas como la oceanografia en la que casi no contamos con investigación. Tenemos m
uy poca biología pesquera y asi no se pueden discutir seriamente contratos de pesc
a, porque no sabemos cuáles son los límites de la depredación y cuándo se empiezan a per
der recursos naturales. Esto es ilógico; sobre todo, teniendo en cuenta la enorme
costa que poseemos. En el área humanística hay muy poco pensamiento independiente, p
arti-cularmente en derecho y economía, justo en un momento en que las reformas ins
titucionales y los cambios económicos son temas candentes. También hay falencias en
las ciencias sociales, que necesitarían ser estimuladas para formar buenos investi
gadores en distintas ramas. Creo que tenemos buena biología de laboratorio estilo
Bernardo Houssay y Federico Leloir- pero es menos abundante la biología sistémica, e
s decir, la biología de población, la ecología, que es muy importante para definir polít
icas ambientales, de preservación de recursos naturales. Además, habría que invertir e
sfuerzos en desarrollar las ciencias que son la base de aquellas tecnologías en la
s que el país puede ser competitivo. Y hay áreas en que se conjugan muchas disciplin
as.
-¿ Como cuáles?
-Por ejemplo, si se pone dinero para hacer oceanografía física y biológica, es
o automáticamente generaría la formación de equipos expertos en sensores remotos, micr
oelectrónica, computación, biología de poblaciones y economía. Definiendo acciones genéric
as acerca de en qué cosas la Argentina debe. estar preparada, es posible delinear
prioridades.
-¿Pero, será posible realizar algo de todo esto si Carlos Menem es reelecto?
-A pesar de que no existen muchos motivos para ser optimista, yo creo qu
e sí. Porque a pesar de todo, la comunidad científica está logrando sobrevivir y el ni
vel de demanda de presencia social se está manteniendo. No es todo lo bueno que de
bería ser, pero se mantiene. En el caso de que la economía termine de consolidarse,
los temas económicos van a dejar de ser el centro de atención y la gente va a empeza
r a pensar en otras cosas como la salud, la educación, la cultura, la ciencia y la
tecnología. Puede ser que la solución definitiva a nuestros problemas esté en acostum
brarnos a dialogar y en no agarrarnos a las patadas, como ocurre ahora. los esce
narios posibles que se vislumbran son relativamente complicados, pero tal vez la
voz de la ciencia puede comenzar a aparecer con más fuerza que en los últimos años. S
i, como dice el discurso oficial, el próximo paso es el crecimiento, por qué no plan
tear que se use la estabilidad para empezar a cumplir con los deberes pendientes
.
Gregorio Klimovsky: "La consigna es capacitar gente con mucha flexibilidad"
Gregorio Klimovsky es profesor titular plenario de Filosofía de las Ciencias en la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA); profesor
de Epistemología y del Seminario Humanístico en la carrera de Medicina del Instituto
Universitario de Ciencias Biomedicas de la Fundación Favaloro; profesor plenario,
asesor científico e investigador de la Universidad de Belgrano (UB); profesor ple
nario del Centro de Altos Estudios en Ciencias Exactas (CAECE); profesor titular
de Epistemología de las Ciencias Sociales en el departamento de Sociología de la Fa
cultad de Ciencias Sociales de la UBA y presidente del Instituto Torcuato Di Tel
la. Además, fue decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.
-¿ Cuál es su visión de la ciencia y la tecnología actualmente en la Argentina?
-Nunca he cambiado de opinión acerca de qué modelo adoptar respecto de la ci
encia y la tecnología. En todo caso, lo que puede haber variado es el cuadro de si
tuación y las ideas que surgen sobre qué hacer para solucionar los problemas. En pri
mer término, debo decir que el argentino es un individuo con muchas aptitudes para
el desarrollo científico tecnológico. Esto es el resultado de la calidad que tuvo e
l aparato educativo en su momento. Aún hoy, los académicos extranjeros que nos visit
an se llevan una visión bastante positiva de nuestros científicos y del tipo de cien
cia que aquí se hace. Si bien no dejan de discrepar en algunos aspectos y nos hace
n sugerencias acerca de cómo corregir nuestros defectos, lo importante es que éste n
o es un país cualquiera y que en ciertas circunstancias favorables puede volver a
ocupar un lugar importante. Para lograrlo, tenemos que tener un aparato educativ
o especialmente un sistema universitario mejor del que hoy existe. Sigo pensando
que nuestra universidad pública es por lejos la mejor que tenemos aquí, la que tien
e un funcionamiento más pluralista y la mejor calidad de enseñanza. Aun ahora se pue
de encontrar gente de primera línea o al menos bastante buena. Pero hay problemas
que deberían subsanarse de inmediato, como por ejemplo los muy bajos sueldos que c
obran los profesores. Son bajos, incluso, comparados con los del resto de Latino
américa. Al margen de algunas verbalizaciones, creo que el actual gobierno piensa
que el desarrollo de la ciencia y la tecnología es un lujo que no se corresponde c
on nuestro papel tradicional de productor de vacas y trigo. No digo que esto sea
unánime, pero en general es así. En segundo lugar, el CONICET y otros establecimien
tos relacionados con la investigación, que cumplen un papel insustituible, tendrían
que administrar mejor sus recursos, perfeccionar su organización y su nivel de exi
gencia, que en este momento dejan bastante que desear.
-¿ Cuáles cree que son los motivos por los que la dirigencia argentina no le
da a la ciencia y la técnica su debida importancia?
-Esto proviene de la escasa información y cultura que tienen muchos sector
es de nuestro aparato productivo y de nuestros partidos políticos. Hay un desconoc
imiento de la historia de la ciencia y la tecnología y de sus contribuciones al de
sarrollo económico y social. No saben cuáles son las correlaciones que hay entre ten
er un buen aparato científico y técnico y el desarrollo. Creen que como ocupamos en
algún momento un papel brillante entre los proveedores de ciertas materias primas
y ahora no tenemos dinero para grandes emprendimientos -como construir acelerado
res de partículas para hacer fisica de avanzada o fabricar microchips para la indu
stria electrónica-, en realidad no podemos hacer nada en ciencia. No comprenden qu
e la investigación también sirve para hacer cosas que no son caras ni inaccesibles.
Sin ir más lejos, nosotros tenemos muy buenos matemáticos, lo que se traduce en prog
ramación, software y la creación de procedimientos para la inteligencia artificial.
En esto, nuestro país tiene buena fama y en algún sentido hemos sido proveedores. El
desconocimiento de los líderes locales es tan grande que se sorprenderían al saber
que, en el medio de Siberia, los rusos instalaron ciento treinta industrias de a
vanzada, muchas de las cuales se dedican a la electrónica y la fabricación de sofist
icados aparatos de precisión. Esto se logró porque ellos tienen universidades e inst
itutos de donde salió la gente que construyó esas industrias. En Israel, gracias a l
a investigación científica, se creó una agricultura muy sofisticada, como zapallitos c
on cruza de durazno y otras frutas. Esto fue el resultado de investigaciones genét
icas que les han permitido encontrar un campo productivo casi sin competencia. E
n este momento, cuando hay tanta competencia, la clave es ser original. Hay que
darse cuenta de que sólo con vacas y trigo no vamos a llegar a ningún lado, los tiem
pos que corren exigen una gran flexibilidad y lograr una gran diversificación de l
os medios de producción para copar mercados con calidades extremas. Chile, en frut
icultura, hizo estudios muy detallados desde el punto de vista científico y sobrep
asó largamente la producción del valle rionegrino.
-De hecho el Brasil y Chile, que históricamente estuvieron por debajo de n
osotros en ciencia y técnica, hoy nos están superando.
-Insisto en que la clave está en no descuidar la universidad pública. El Bra
sil, aun en medio de la peor dictadura que sufrió ese país, casi no se metió con las u
niversidades, y unas de las primeras medidas que tomaron los militares fueron au
mentar el sueldo de los profesores y hacer inversiones fabulosas en aparatos y b
ibliografía. Con alguna que otra excepción, nuestra Facultad de Ciencias Exactas tie
ne en un cincuenta por ciento un aparataje de treinta años antes. El otro cincuent
a por ciento tiene entre diez y veinte años. Eso significa una desventaja enorme.
Además, cada dos por tres se dejan de comprar revistas científicas extranjeras y resúm
enes completos de todo lo que se produce en el mundo. Si uno va a la biblioteca
de Ciencias Exactas y revisa las colecciones de las revistas de avanzada se da c
uenta de que faltan ejemplares de períodos que nunca se repusieron. Además, a esto h
ay que agregar el descuido de las instalaciones edilicias.
-¿Cómo se puede empezar a revertir este panorama?
-Sostener una universidad para que haya ciencia y tecnología de avanzada a
quí implica una batalla muy difícil. Hay que conseguir dinero para pagarle adecuadam
ente al personal, para el funcionamiento de los organismos de investigación, para
documentación y para aparataje. Vuelvo a recalcar que estamos mal equipados. Por s
uerte, los argentinos somos muy ingeniosos y nos 1as arreglamos para transformar
aparatos viejos y adecuarlos a las necesidades actuales. Hubo veces en que los
alumnos no tenían microscopios para hacer prác-ticas en la universidad y tampoco había
presupuesto para comprarlos, mientras que en el sótano de Salud Pública permanecían e
ncajonados mil microscopios algunos de ellos electrónicos-, porque nadie sabia de
su existencia. Estas cosas son también bastante típicas entre nosotros.
-Insisto, ¿ qué se puede hacer para comenzar a resolver estos problemas?
-En primer lugar, el gobierno debe aumentar el porcentaje destinado a la
investigación científica y tecnológica. Aquí se invierte apenas unas décimas de unidad, l
o que es ridículo frente a lo que invierten los países desarrollados, e inclusive en
relación con lo que destinan al sector otros países en vías de desarrollo. Por otra p
arte, las propias instituciones de ciencia y técnica tienen que aceptar criterios
de racionalización interna, algunos un poco severos. Yo no comparto la idea de que
se suprima o disminuya ningún organismo. Pero también hay que reconocer que a veces
el CONICET y la universidad reciben partidas no desdeñables que no siempre son bi
en administradas. Seguramente, un administrador entendido en ciencia y tecnología
daría algunos consejos muy enérgicos acerca de las cosas que no se deberían seguir hac
iendo.
-¿ Qué significado le da usted a lo dicho por Domingo Cavallo cuando mandó a l
os científicos a lavar los platos?
-A mi me parece que el ministro tiene poca información cultural y socio-lógi
ca. Creo que cometió un grave error, porque se metió con un sector de la sociedad qu
e en algún sentido es muy querido. Si bien la gente fue indiferente en el pasado a
las vicisitudes del aparato científico y tecnológico, en otro sentido tiene concien
cia de que es un grupo que tiene un sentido humanístico respetable y que nos ha he
cho famosos en el mundo con cuatro premios Nobel y un sinfín de académicos de gran n
ivel. Lo dicho por Cavallo fue una agresión totalmente injusta. Me consta que hast
a sus colaboradores no están de acuerdo con sus palabras. Pero en última instancia,
a mí no me preocupan tanto los exabruptos del ministro cosa muy típica en él- sino lo
que está pasando con la ciencia y la técnica. Una interpretación es que el plan económic
o está llegando a un momento de crisis -no de colapso-, porque ya no hay de dónde sa
car dinero, salvo volver a endeudarse a largo plazo o sacar un poco de plata de
todos lados. Yo creo que lisa y llanamente, Cavallo se ha decidido a conseguir e
l dinero que corresponde a las partidas de los organismos del sector.
-¿Cuáles pueden ser las consecuencias si esto ocurre?
-Meterse con el aparato científico y tecnológico es como querer cerrar todos
los hospitales porque no hay más plata. En el campo de la investigación, no dar más b
ecas de iniciación a los jóvenes es algo muy serio, es perder años de gran esfuerzo y
poner en peligro nuestro futuro. Hace algunos años formé un grupo de doce jóvenes en t
emáticas como neurociencia, inteligencia artificial, psicología cognitiva y epistemo
logía de avanzada. Hoy, cinco de ellos se fueron al exterior y están haciendo una ca
rrera muy rápida, como era de esperar; y de los siete restantes, cinco están escribi
endo cartas para poder irse. Yo observo con gran temor que eso, de no cambiar la
s condiciones, va a hacerse masivo. Suprimir mil becas es una cosa muy seria. Ha
y que tener muy poca cultura y capacidad de estadista para no darse cuenta del d
año que esto produciría al país. En ese sentido, soy pesimista; pero por otro lado soy
optimista, ya que después de tristes períodos de nuestra historia en que la univers
idad quedó muy mal parada, la he visto recuperarse rápidamente cuando algún gobernante
le destinó buenas partidas presupuestarias. Si se toma conciencia de la importanc
ia que tiene la enseñanza superior, la situación puede cambiar en cinco años. Por eso
digo que soy pesimista a corto plazo, pero optimista a largo plazo.
-¿Cuál debería ser la política científica y tecnológica de la Argentina?
-Es muy difícil hacer un pronóstico y una política a largo plazo. No se pueden
prever exactamente cuáles serán las innovaciones tecnológicas que se van a dar, inclu
so a corto y mediano plazo. Y por ende, tampoco es fácil saber el impacto que éstas
tendrán no Sólo en la sociedad sino también en la industria. En 1930 nadie sabía lo que
iba a pasar con la informática. Tampoco fue posible prever la evolución que se iba a
dar en la física de sólidos; por ejemplo, en transistores. De modo tal que nadie pu
ede asegurar qué va a pasar de aquí a algunos años, porque cada vez los cambios son más
bruscos. Entonces, la política a seguir en estos casos es formar gente capacitada
para la industria y la producción con mucha flexibilidad, para que pueda cambiar ráp
ido de función. Esto sólo es posible de lograr mediante una gran información interdisc
iplinaria. Además, dada la sofisticación de la industria contemporánea, hay que tener
muy buena preparación en las ciencias básicas. Es imposible tener un aparato product
ivo sin ellas. He escuchado distintos números, pero lo que se aconseja es tres de
ciencias puras y siete de ciencias aplicadas por cada diez; o bien, cuatro y sei
s.
-¿Pero se deben priorizar algunas áreas en particular?
-Es inevitable que se investigue de todo, uno nunca sabe por dónde va a sa
ltar la cosa. La ciencia está llena de ejemplos de investigaciones casuales de don
de han salido grandes cosas. El que diseñe una política científica y tecno-lógica a cort
o y mediano plazo lo único que puede hacer es darse cuenta de que hay algunos prob
lemas urgentes y que hay que ayudar a los investigadores que están trabajando en e
llos. Pero por ahí vienen cosas de las investigaciones en humanidades, sociología o
matemática teórica. Se dice habitualmente que éstas parecen no estar ligadas a ningún pr
oblema inmediato, pero en realidad nunca se sabe. El análisis funcional parecía una
cosa abstracta y de locos. Sin embargo, hoy en día, desde el punto de vista matemáti
co, todo es mecánica cuántica. Por otra parte, la mecánica cuántica ya hace rato que se
metió en la industria con el efecto túnel y otras cosas que tienen que ver con el di
seño de materiales. Me parece que creer que se pueden descuidar algunas áreas está rel
acionado con la idea de que un país en desarrollo tiene que tener sólo ciencia aplic
ada, ceñida a los problemas más urgentes. Hoy, aunque algunos economistas no lo term
inan de aceptar, se sabe que para entender los procesos económicos hay que manejar
variables psicosociológicas. Según los estudiosos que vinieron a la Argentina a ver
qué pasaba con la inflación, una de sus causas era la expectativa de inflación. Porqu
e una población que incorpora la expectativa inflacionaria tiene una conducta que
provoca inflación. Y la expectativa de inflación no es una variable económica sino psi
cosociológica. Entonces, hay que tener cuidado de no caer en algunos prejuicios si
mplistas acerca de la naturaleza de la investiga-ción científica y tecnológica. No hay
un programa estricto al que haya que darle prioridad. La solución de un problema
muchas veces vino por parte de alguien que no pertenecía a esa especialidad y no e
staba en el asunto; y justamente por eso encontró la solución, porque tenía otro model
o en la cabeza y otra forma de pensar. Eso ocurrió con Norbert Wiener, cuando creó e
l análisis operacional y las teorías de las colas; él solucionó el problema del abasteci
miento del transporte en épocas de guerra, que los especialistas en el tema, los i
ngenie-ros, no podían resolver. Hay que tener mucho cuidado al decir qué se va a usa
r y qué no, qué es urgente o qué va a ser útil sólo a largo plazo.
-Entonces, ¿sería atinado estimular toda la capacidad existente?
-Jorge Sabato decía que una de las maneras de ser útil al país es ser bueno co
mo científico y como tecnólogo. Ser bueno significa saber mucho y tener información in
terdisciplinaria. Es bueno que el científico puro, el teórico y el tecnólogo se pregun
ten constantemente por qué hacen lo que hacen, adónde van a ir a parar y por qué esper
an que lo suyo -además del valor cultural intrínseco que pueda tener- va a contribui
r prácticamente a la solución de los problemas nacionales. Todos tenemos el deber mo
ral de preguntarnos y contestamos eso.
-De las ciencias básicas, ¿ en cuáles estamos haciendo agua?
-Es un diagnóstico difícil de hacer. Acá tenemos buenos físicos, los de la Comis
ión Nacional de Energía Atómica (CONEA) son buenos y muchos enseñan en la universidad. P
ero, pese a eso, diría que nos faltan físicos de punta. Faltan centros de física de av
anzada, y eso es muy importante para la creación de tecnologías en el futuro. Aunque
lo que realmente no hay aquí es buena física experimental. En física teórica hay cierta
propensión, pero por diversas razones la experimental es muy primaria. Una de esa
s razones es que no hay buenos laboratorios. Después de la última dictadura militar,
la Facultad de Ciencias Exactas quedó en un estado calamitoso, con los aparatos bás
icos destruidos. Algo se fue comprando con ayuda de los subsidios del CONICET; n
o obstante, es necesario invertir bastante más dinero. No estamos del todo mal por
que la Facultad tiene un convenio con la CONEA y los alumnos pueden hacer sus prác
ticas allí. La neurociencia recién ahora se empieza a ver en la Argentina. Eso también
exige mucho dinero, organización y equipos, y aún estamos muy lejos de tener un des
arrollo como es debido. En la química del tipo fisico, a pesar de que tenemos buen
os técnicos, también existen importantes falencias. No así en química orgánica, que tiene
interesantes escuelas.
-¿Hay alguna otra área donde falta hacer cosas?
-Entrar de lleno en el terreno de la medicina sería pelearme con muchos am
igos. Desde el punto de vista científico, el aspecto clínico especialmente, es de ca
rácter muy descriptivo y hay una tecnología de tipo bastante práctico; pero en los médic
os todavía se ha metido muy poco una idea de la que César Milstein siempre se hace e
co: actualmente, la medicina y sobre todo en ciertas áreas como la epidemiología
y la teoría de la inmunización- es química, y química muy alta. Lo que aquí le está faltando
a los médicos es metodología de tipo teórica; es decir conocimiento de teorías físico-quími
cas, especialmente teorías fisio-lógicas de avanzada. Estas son fundamentales en una
época en la que existe el diagnóstico automático, aparatos cibernéticos para saber qué oc
urre en el corazón, teorías físico-químicas de la evolución de las enfermedades y de ciert
o tipo de fenómenos patológicos. Acá, por desconocimiento de la físico-quimica, no se en
tienden suficientemente los procesos patológicos. Esto lo digo con todo respeto, p
orque sé que hay gente con una gran capacidad. Algo similar ocurre en el aspecto f
armacológico. Aquí hay una industria farmacológica muy buena y se hace mucha investiga
ción, pero muchos médicos no saben muy bien qué es lo que ocurre cuando hay medicación múl
tiple, nadie sabe en profundidad las incompatibilidades químicas que existen entre
miles y miles de remedios. Me parece que a la medicina argentina le está haciendo
falta una renovación. Hay gente que ya la está haciendo, como la de la Fundación Fava
loro, donde se hace mucho hincapié en ciencias básicas, fisicoquímica y esta clase de
teorías. De allí va a salir gente de gran nivel. Pero en la Universidad de Buenos Ai
res, salvo ciertas cátedras, la carrera no está lo suficientemente actualizada. Es n
ecesario estudiar en todas las carreras cuáles son exactamente las necesidades de
renovación de acuerdo con la marcha de los acontecimientos mundiales y lo que noso
tros necesitamos. Esto implica hacer una especie de revolución en los curricula. Sé
de gente que ha tratado de hacer algo, pero nunca está en el ánimo de los funcionari
os hacer las transformaciones necesarias.
In memoriam Osvaldo Reig: El autoritarismo y la ciencia
En su libro Excelencia y atraso, Osvaldo Reig pasa revista descarnada y
francamente a los principales problemas de la ciencia en la Argentina y muestra
en qué grado la tendencia autoritaria que creció sin pausa en el país desde el golpe d
e 1930 ha incidido en el deterioro de la calidad de la investigación científica y en
su continuidad. los que siguen son extractos de ese valioso texto del recordado
biólogo evolucionista, pionero de la paleontología de dinosaurios en la Argentina,
doctor honoris causa de la Universidad de Buenos Aires y miembro de la Academia
de Ciencias de los Estados Unidos.
CONSECUENCIAS DEL SISTEMA AUTORITARIO SOBRE LA CIENCIA Y LOS CIENTIFICOS ARGENTI
NOS*
"Uno llega a sospechar que no es casual que no se hayan implementado pro
cedimientos de evaluación nacionales de la productividad del sistema científico arge
ntino. El CONICET ha
En este capítulo de su libro, Reig se refiere a las consecuencias, especia
lmente morales, que resultaron de la continuidad entre el gobierno de Isabel Perón
(1974-1976) y la dictadura militar (1976-1983). En ese período se estableció un sis
tema fuertemente autoritario en el ámbito oficial de la investigación científica, cara
cterizado por el detrimento de la investigación en las universidades y la creación d
e una multitud de institutos en el seno del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (CONICET).
sido relativamente pródigo durante la época de la dictadura en publicar listas de pr
oyectos científicos de sus institutos e investigadores, pero se carece de informac
ión censal nacional sobre los resultados de estos proyectos en publicaciones, pate
ntes o innovaciones tecnológicas. Sin duda, esta información es decisiva para evalua
r las bondades y defectos de un sistema científico, y el no haberla producido cuan
do a la par se publicaban varios volúmenes con títulos de proyectos parece significa
tivo.
"Pero si bien los censos nacionales de productividad científica son inexis
tentes, existe información internacional que, a pesar de que puede ser incompleta
en cifras absolutas, tiene el valor de una aproximación relativa, altamente califi
cada por la seriedad y objetividad del tratamiento de la información recogida con
criterios similares para todos los paises. Me refiero a las publicaciones del In
stitute of Scientific Information (ISI) de los Estados Unidos, que publica el Cu
rrent Contents y el Scientific Citation Index. Según datos de esta fuente, para 19
78, de 388 mil títulos de artículos científicos publicados en 2.660 revistas científicas
en todo el mundo, 643 títulos correspondieron a artículos de autores argentinos. Pe
ro, en 1973, la misma fuente cita 1.526 trabajos argentinos, lo que indica que e
n cinco años de funcionamiento del sistema* la productividad científica argentina ha
bía disminuido en alrededor del sesenta por ciento. En el mismo período, la producti
vidad científica del Brasil, medida por datos de la misma fuente, aumentó en un ti-c
inta y tres por ciento. Esos son los resultados de la implantación de un sistema a
utoritario en la ciencia argentina y del éxodo de miles de científicos.
* Reig se refiere al sistema autoritario implantado a partir de 1974 y fue
rtemente acentuado después del golpe militar de 1976. Fue un proyecto que 'tuvo co
mo objetivo la instauración de un sistema científico de claro sesgo autoritario y an
tidemocrático, que fue llevado a cabo por una cúpula de extrema derecha que recibió to
do el apoyo de las juntas militares" (pág. 27).
"Pero quizá las peores consecuencias del sistema autoritario en la ciencia
argentina fueron de tipo moral. Este sistema determinó que muchos científicos argen
tinos se vieran forzados a dejar de lado su consecuencia crítica y, a veces, a sus
pender la vigencia de viejas convicciones democráticas para poder participar de fo
ndos y facilidades indispensables para la continuidad de sus trabajos, fondos qu
e distribuía una dirigencia corrupta y arbitraria, responsa-ble, quizás directamente
, del éxodo o la desaparición de sus colegas o amigos. O que simplemente se vieran o
bligados a callar o a participar en ciertas complicidades, para no ser marcados
y tener que sumarse a la diáspora. Es posible que debamos aceptar que la consecuen
cia más penosa de este sistema autoritario fue el miedo, que transformó a muchos cie
ntíficos dignos en personas autocensuradas, cuando no en cómplices pusilánimes de una
situación rechazada por sus convicciones más profundas, y que incluso llevó a algunos
a suscribir la discriminación contra sus amigos o colaboradores."
ACTITUDES DE LA COMUNIDAD CIENTIFICA ARGENTINA*
"Una característica de nuestra comunidad científica ha sido la de no haber l
ogrado una respuesta consensual ante hechos políticos que la han vulnerado profund
amente. La reiteración de la acción de gobiernos misológicos** que han expulsado de su
s instituciones y, del país a centenas de científicos no logró convocar, más allá de escas
os actos individuales honorables, la acción solidaria colectiva de los miembros
* Reig aborda con dureza en este capítulo las características de aislamiento y
escasa solidaridad interna en la comunidad científica argentina y compara su situ
ación con la de otros países de la región.
** Del griego miso1ogos: enemigo de los discursos, de las discusiones científ
icas y de la ciencia.
no afectados de la misma comunidad. Esta prescindencia ante hechos públicos de gra
vedad fue a veces enarbolada como valor universal de la cientificidad, alto arti
ficio que no logra ocultar la renuncia a valores de solidaridad y defensa mutua
inherentes a la propia dignidad del hombre. (...)
"Los sectores no afectados por las represiones tampoco hicieron sentir s
u voz ante la asunción de la conducción de sus instituciones por personas no represe
ntativas de los atributos de idoneidad académica, respeto por los derechos cívicos,
las libertades públicas y la pluralidad ideológica que deben exigirse a los dirigent
es de la ciencia en todo país civilizado. Tampoco se pronunciaron cuando los fondo
s para la investigación se repartían arbitraria-mente entre directores colaboracioni
stas, mientras se desmantelaban los mejores núcleos de investigación de las universi
dades. Han observado sin dar opinión cómo eran destruidas o condenadas al atraso, po
r falta de apoyo o por la acción de interventores nefastos, instituciones enteras
de investigación científica. Han aceptado que se les impongan políticas de desarrollo
científico improvisa-das, sin propugnar una acción coordinada para presentar alterna
tivas propias a los planes de ciencia y técnica. En una palabra, al no haber encon
trado los consensos necesarios para asumir su responsabilidad en la defensa de s
u propia integridad, la comunidad científica nacional fue perdiendo sus atributos
de sector cohesionado, consciente y activo de la sociedad nacional, transformándos
e en un conglomerado de grupúsculos insulares, la mayoría de cuyos miembros han renu
nciado a asumir su papel protagónico como legítimos actores del progreso nacional."
Y, a continuación, Reig compara la actitud de las comunidades científicas de
Chile y del Brasil, las cuales mantuvieron la cohesión interna durante las recien
tes dictaduras militares, y remata con esta observación: "El atraso que padecemos
en nuestra conciencia de comunidad científica tiene raíces que deben buscarse en la
influencia de determinantes psicosociales vinculados con la marginalidad social
de nuestra ciencia y con el efecto de la represión política, que forjaron en nuestra
comunidad una actitud anodina de riesgosa apuesta a una estrategia de autoconse
rvación condicionada".