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CER.·. PARA TTRAB.·. DE TEN.·. FUNEBRE. (PARTE PUBLICA).

El Ven.·. M.·. se coloca en la cabecera del féretro. A su derecha el Prim.·. Vig.·. y a

su izquierda el Seg.·. Vig.·., a los pies del ataúd el Orador y el M.·. de Cer.·

asistentes rodearán el catafalco. Se proveerán de varios ramos de flores blancas, una espada y un cirio encendido en la cabecera del ataúd. Arreos Masónicos de luto.

Los HH.·.

(Apoya sobre el ataúd su espada y dice): QQ.·. HH.·. míos, una nueva

rama de nuestro Gran Árbol Fraternal se ha desgajado. Nuestro Ven.·. H.·. …………. Ha levantado la cortina del Mas Allá, para entrar en el ciclo misterioso de la Muerte y abrir los ojos a otra vida Su Col.·. está rota y vacío el sitio que ocupaba en las horas propicias y secretas de nuestras filosóficas meditaciones. Como esta llama (señala el cirio de la cabecera) iluminaba con su inteligencia. Pero así como se apaga con mi aliento (apaga el cirio) el soplo de la Muerte lo ha extinguido y sepultado en las regiones del Arcano, que acaso no sea mas que una nueva forma de vida.

VEN.·. M.·

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Cierto que su forma corporal

está tranquila y silenciosa. Pero cierto, también, que sobre nosotros derramará siempre el amor, de que fue pródigo en Vida Rindámosle nuestro tributo de agradecimiento por la firme amistad con que nos distinguió en su tránsito terrenal y por las altas enseñanzas que nos legó, en su dedicación filosófica.

PRIM.·. VIG.·.

.- No debemos llorar, Ven.·. M.·

Debemos llorar, QQ.·. HH.·., cuando seamos tan débiles, egoístas y

míseros que lo hayamos olvidado. Cuando lo borremos de nuestro recuerdo. Entonces, habrá muerto definitivamente. Nuestro Q.·. H.·…………sólo está dormido, vive en nuestro Amor y está presente en el Ara de nuestro Ideal.

SEG.·. VIG.·

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ORADOR.- Mientras cada día aletee en nuestra mente, lata en nuestro corazón y arda en la lamparilla de nuestro recuerdo, estará con nosotros y vivirá a nuestro lado. Hablará con nosotros y con nosotros sonreirá aún cuando nuestros tristes ojos

puedan verle y nuestros oídos de arcilla un puedan escucharle. El conoce ya el otro lado de la vida. El ha alcanzado ya, la Eternidad. Y hay una nueva Col.·., que refuerza en el Eterno

Or.·

la G.·. Log.·. Blanca de la Inmortalidad.

¡Teneís razón, QQ.·. HH.·. míos! Los MMas.·. “no confundimos la

vida transitoria, con la Inmortalidad del Pensamiento”. Afirmamos la inmortalidad del Alma. Y, fortísimos ante lo desconocido, superamos el pensamiento del viejo filósofo chino Lao Tse que señaló: “Los hombres han aprendido a aferrarse a la vida; pero no saben liberarse de la Muerte”. Por encima de los sombríos colores que rodean, más allá del luto de estos muros y de nuestro corazón, pese al lúgubre trofeo presente de la Muerte y al negro simbólico de nuestros atuendos e insignias, superamos toda desesperación y todo dolor. Pensamos que al fallecer, damos el paso anhelado hacia la iniciación de una Vida Eterna.

VEN.·. M.·

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Unos fieles a la religión de nuestros padres, que practican con sinceridad, entienden que vuelven al seno del Creador, en el bíblico cumplimiento: “polvo eres y al polvo retornarás”. Otros sienten que por su vida ejemplar, por su estelar trayectoria, por la obra que legan, alcanzarán la Inmortalidad. Y todos, todos sabemos que seguimos vivos y presentes en las verdes hojas que se renuevan en el árbol que plantamos, en los claros ojos del hijo que engendramos y en las limpias páginas del libro que escribimos. Y no temblamos ante la Muerte como el ateo, que cree que con ella todo ha terminado, como el ignorante, que no sabe LO QUE ES, como el criminal que se acobarda ante la Justicia Humana y la Eterna. ¡Pero nosotros afirmamos definitivamente: “El que muere es el único que empieza a

vivir”!.

.- Nos somos como los antiguos Hierofantes, en los primeros

pueblos, realizadores de un particular Culto a los Muertos, que con la ingenua sencillez de sus fantásticos deseos ultraterrenales, impulsaron al egipcio a conservar, momificados, los cadáveres; no somos, como el viejo persa de míthricas creencias guardianes de los muertos colocados en las altas columnas para ser pasto de aves de rapiña y pensar que en sus vientres llegarán más pronto a las regiones eternas; o alzándonos de la tumba como espera el hebreo; no esperamos cruzar la Laguna Estigia en la barca de Caronte, para arribar

al Elíseo, llevando una moneda en la boca, como pensó el griego armonioso; no expresamos la nenia al pie de la tumba, exaltando ditirámbicamente al desaparecido, como el romano elocuente; no realizamos, en fin, costosos e inútiles responsos que seguramente la estancia de nuestros en una mansión paradisíaca.

PRIM.·. VIG.·.

Somos hombres, simplemente hombres consciente de nuestra

pequeñez en el Gran Cosmos. Briznas apenas de minúsculo planeta, que rueda entre millones incontables de galaxias. Somos hombres que bajo la deísta concepción de un G.·. A.·. D.·. U.·., amalgamamos ideales, sueños y voluntades. Superados en lo físico y en lo espiritual, íntegros en lo ético y en lo intelectual, aprendamos a soportar el rayo que intempestivamente nos hiere, que nos desgaja y separa de la Gran Encina Familiar, que simboliza lo humano y transitorio. Pero nuestra presencia terrenal se graba en el tiempo. Nuestro polvo se agitará en el viento. Nuestra energía vibrará en el espacio. Somos vida, obra y pensamiento perennes. ¡Y como nuestro Q.·. H.·…………, alcanzamos inolvidable permanencia, para corretear en el ámbito, como la brisa juguetona, para abrirnos en toda primavera, como una flor rarísima, para vivir diariamente entre los nuestros, como el suave rocío mañanero!

SEG.·. VIG.·

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VEN.·. MAEST.·.- La muerte es sólo el retorno al Principio, a la Primera Causa. Aún cuando nuestro corazón desborde apagado llanto, ahoguemos congojas las cerantes y rebelemos nuestra mente contra el Dolor. Dignifiquemos nuestra humana condición, tan débil y tan fuerte a la vez, para rendir el justo homenaje a nuestro inolvidable y Q.·. H.·…………….

(El Ven.·. M.·. toma las flores y las riega sobre el féretro, y dice:)

VEN.·. M.·.- Que el aroma de estas blancas flores neutralice la descomposición corporal. Y así como ellas desvanecen la corrupción, que el perfume de tus múltiples

virtudes destruya los defectos del hombre, propios de la imperfecta naturaleza human. ¡Sé desde ahora purificado por la muerte y que el recuerdo de tus errores se pierda en el silencio de la tumba en que reposarás, para que solo quede el testimonio de tus bondades. ¡Más feliz que nosotros, te hallas libre ya de los lazos de la publicidad y a salvo de la lisonja de la hipocresía y de la mentira!

(Los HH.·. asistentes a su vez riegan las flores. Dando una vuelta el féretro.)

VEN.·. M.·

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Q.·. H.·. Orador, servíos pronunciar la Oración Fúnebre.

(El H.·. Orador o el H.·. comisionado para ello, cumple con la orden y terminada la Col.·. Oratoria, el Ven.·. M.·. dice:)

VEN.·. M.·

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QQ.·. HH.·. míos ha llegado el momento de acompañar al sepulcro

los restos mortales de nuestro dilecto y Q.·. H.·. …………… Sigamos en silencio su féretro hasta el campo del reposo. ¡No suframos como los que carecen de esperanza!. Nuestro Q.·. H.·. es ya un alto y bello símbolo. Su herencia es ejemplo y camino a seguir. Para nosotros no ha muerto. No ha muerto. Porque en su tumba, final morada, pasará de las Tinieblas a la Luz. No ha muerto porque su presencia, impalpable, ocupará su sitio en nuestras CCol.·. Porque seguiremos viendo su rostro venerable que anima fraterna sonrisa, por que oiremos el palpitar de su corazón. ¡Y escucharemos, asombrados, el silencio a gritos de su voz! Y estará presente en la voz del Q.·. H.·. que lucha. En el isócrono golpear de los Malletes. En el Mandil que nos viste. En la Luz encendida del Ara. En las Baterías que agitan el aire. En todos nuestros pechos fraternos y en cálidas manos cordiales que lo apretaron. ¡Esta presente, pese a la Inexorable, que segó sus horas, cerró sus ojos y detuvo su sangre! ¡Está presente en nuestra Historia y en nuestro Corazón!

TODOS.- ¡Así sea! ¡Así sea! ¡Así sea!

(Se retiran en silencio).