Está en la página 1de 124

RECTOR

Mtro. J. Alfonso Esparza Ortiz
SECRETARIO GENERAL
Dr. José Ignacio Morales Hernández
DIRECTOR DEL ICGDE
Dr. René Valdiviezo Sandoval
DIRECTOR EDITORIAL
Dr. Israel Covarrubias
metapolitica@gmail.com
CONSEJO EDITORIAL
José Antonio Aguilar Rivera, Roderic Ai Camp, Ale-
jandro Anaya, Antonio Annino, Álvaro Aragón Rive-
ra, Israel Arroyo, María Luisa Barcalett Pérez, Miguel
Carbonell, Jorge David Cortés Moreno, José Anto-
nio Crespo, Jaime del Arenal Fenochio, Rafael
Estrada Michel, Néstor García Canclini, Armando
González Torres, Paola Martínez Hernández, María
de los Ángeles Mascott Sánchez, Alfo Mastropaolo,
Jean Meyer, Edgar Morales Flores, Leonardo Morlino,
José Luis Orozco, Juan Pablo Pampillo Baliño, Mario
Perniola, Ugo Pipitone, Juan Manuel Ramírez Saíz,
Víctor Reynoso, Xavier Rodríguez Ledesma, Roberto
Sánchez, Antolín Sánchez Cuervo, Ángel Sermeño,
Federico Vázquez Calero, Silvestre Villegas Re-
vueltas, Danilo Zolo.
COORDINADOR DE DEBATES DEL PRESENTE NÚMERO:
Pablo Gaytán Santiago
DISEÑO, COMPOSICIÓN Y DIAGRAMACIÓN
Manuel Ahuactzin
Marisol Hernández Santamaría
METAPOLÍTICA, año 17, NO. 82, Julio a Septiembre
de 2013, es una publicación trimestral editada por la
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con do-
micilio en 4 Sur 104, Col. Centro, C.P. 72000, Puebla,
Pue., y distribuida a través del Instituto de Ciencias
de Gobierno y Desarrollo Estratégico, con domicilio en
Av. Cúmulo de Virgo s/n Acceso 3 San Andres Cholu-
la, Puebla. C.P. 72810, Tel. (52) (222) 2295500 ext.
5559, www.metapolitica.com.mx, Editor Responsa-
ble Dra. Claudia Rivera Hernández, crivher@hotmail.
com. Reserva de Derechos al uso exclusivo 04-2013-
013011513700-102. ISSN: 1405-4558, ambos otorgados
por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Con Núme-
ro de Certifcado de Licitud de Título y Contenido: 15617,
otorgado por la Comisión Califcadora de Publicaciones y
Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Im-
presa en PROMOPAL PUBLICIDAD GRÁFICA, S.A. DE C.V.,
Tecamachalco No. 43, Col. La Paz, Puebla, Puebla. C.P.
72160, Tel. (222) 1411330, DISTRIBUCIÓN. CITEM, S.A DE
C.V., Av. Del Cristo 101, Col. Xocoyahualco, C.P. 54080,
Tlalnepantla, Estado de México, Tel. 52380200, éste nú-
mero se termino de imprimir en Junio de 2013 con un
tiraje de 3000 ejemplares. Costo del ejemplar $50.00
en México. Administración y suscripciones Dinorah Po-
lin, Tel. 01 (222) 4447545, suscripciones@metapolitica.
com.mx, dinorah2606@hotmail.com.
Las opiniones expresadas por los autores no necesaria-
mente refejan la postura del editor de la publicación.
Queda estrictamente prohibida la reproducción total o
parcial de los contenidos e imágenes de la publicación
sin previa autorización de la Benemérita Universidad
Autónoma de Puebla.
METAPOLÍTICA aparece en los siguientes índices: CLASE, CITAS
LATINOAMERICANAS EN CIENCIAS SOCIALES (Centro de Infor-
mación Científca y Humanística, UNAM); INIST (Institute de
L’Information Scientifque et Tecnique); Sociological Abstract,
Inc.; PAIS (Public Affairs Information Service); IBSS (Internacio-
nal Political Science Abstract); URLICH’S (Internacional Perio-
dicals Directory) y EBSCO Information Services. METAPOLÍTICA
no se hace responsable por materiales no solicitados. Títulos y
subtítulos de la redacción.
METAPOLÍTICA
Año 17, núm. 82, julio - septiembre de 2013
www.metapolitica.com.mx
SUMARIO
PORTAFOLIO
JOSÉ MANUEL VALDÉS: MICRORELATOS DE LA AFECCIÓN
SOCIEDAD ABIERTA
DESPLAZAMIENTO POR PROYECTOS DE DESARROLLO: RE-
TOS PARA ENRIQUE PEÑA NIETO por Juan Carlos Domínguez
LAS ANTINOMIAS DEL NARCOTRÁFICO Y DE LA VIOLEN-
CIA CRIMINAL EN MÉXICO por Juan Cristóbal Cruz Revueltas
EL LIBERALISMO Y LA “POLÍTICA DE LA IDENTIDAD” por Ángel
Sermeño Quezada
DEBATES
El individualismo reticular en la era de la comunicación
ALEIDA CALLEJA: “LA CONVERGENCIA DIGITAL IMPLICA
CAMBIO DE MENTALIDAD Y CULTURA” Entrevista realizada
por Guadalupe Ochoa Aranda
INDIVIDUALISMO RETICULAR 2.0. por Pablo Gaytán Santiago
LA ERA DEL DESPOTISMO TECNIFICADO. CLAVES PARA
PENSAR LAS NUEVAS FORMAS DE CONTROL DE LA REVO-
LUCIÓN DIGITAL por Jorge Alberto Lizama Mendoza
SATURACIÓN VISUAL. LA TRANSPARENCIA DE LAS IMÁGE-
NES EN LA CULTURA DIGITAL por José Alberto Sánchez Martínez
BERLUSCONI O EL 68 REALIZADO por Mario Perniola
RETÓRICA VISUAL EN LA PUBLICIDAD GRÁFICA MEXICA-
NA DE HIGH ENERGY por Juan Rogelio Ramírez Paredes
4
17
25
30
41
45
52
59
66
82
IMPRENTA PÚBLICA
LOS DERECHOS, SU CONTEMPORANEIDAD Y NUESTRA ACTUALIDAD por
Israel Covarrubias
Sobre ESTADOS UNIDOS MÁS ALLÁ DE SU CRISIS de Dídimo Castillo Fer-
nández y Marco A. Gandásegui, hijo (coords.), por John Saxe-Fernández
Sobre LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO de Mario Vargas Llosa, por
Víctor Hugo Martínez González
Sobre TÁCTICAS PARLAMENTARIAS HISPANOMEXICANAS. LA INFLUEN-
CIA DE LOS REGLAMENTOS PARA EL GOBIERNO INTERIOR DE LAS COR-
TES DE CÁDIZ EN EL DERECHO PARLAMENTARIO DE MÉXICO, de Rafael
Estrada Michel y Alonso Lujambio (estudio preliminar y compilación),
por María del Refugio González Domínguez
Sobre DIEZ PENSAMIENTOS ACERCA DE LA POLÍTICA de Roberto Esposi-
to, por Hugo César Moreno Hernández
Sobre DIARIO DE LA LOCURA de Carmen Tinajero, por Moisés Hernández Carrasco
Sobre PENSAR Y PODER. RAZONAR Y GRAMÁTICA DEL PENSAR HISTÓRI-
CO de Hugo Zemelman, por Javier Edgar Tapia Navarro
91
95
100
104
108
115
119
Portada: José Manuel Valdés, Desde el jardín de los niños perdidos, Detalle de pintura.
4
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Por taf ol i o
JOSÉ MANUEL VALDÉS:
MICRORELATOS DE LA AFECCIÓN
E
l ojo es un aparato óptico que conversa con las
afecciones de los otros. Así es cuando queda-
mos atrapados por alguna pieza de José Manuel
Valdés, quien sin mediación digital alguna, a través
de su obra, nos plantea acontecimientos y relaciones
que tienden a descomponer o recomponer estas re-
laciones, llámense deseos, pasiones o intereses. En
suma, cada microrrelato plástico analógico del artista
tiene consecuencias afectivas.
La mirada ansiosa de un espectador digital, con su
saturada y temblorosa mirada no alcanza a percibir lo
que sólo la mirada del artista y artesano propone re-
gistrar. Se trata de los lugares nimios y oscuros, pero
que con el conocimiento de la velocidad de la luz na-
tural del artista se vuelven escenarios donde cobran
vida las miniaturas paridas por las roscas de reyes o
las pequeñas bestias de plástico con las cuales juegan
los párvulos de las escuela primarias. El artista arte-
sano de la luz juega envuelto en la afección infantil
con las telarañas de su estudio, teje barras cromáticas
que sirven de escenario para la aparición de la santa
secuestrada que será salvada del cerdo infectado del
virus mortal por algún héroe de plástico. Construye
montajes irónicos con claras referencias a las pelícu-
las surrealistas o de ciencia fcción.
A veces sale a la calle para encontrarse con la luz
diurna del acontecer urbano. Construye sus relatos,
porque imaginariamente se vuelve el fotógrafo de Li-
liput metropolitano, se vuelve un gnomo que mira a
sus paisajes en miniatura. La ciudad es un gran paisa-
je en miniatura donde captura como si fueran jugue-
tes las instalaciones vernáculas, sin dejar escapar a
sus personajes sin rostro, coloridos y alegres, quienes
saben eludir las afecciones de la crisis, la violencia,
las carencias. La mirada hobbit en el tiempo urbano
que vuelve una y otra vez, al bodegón claroscuro más
vivo que muerto y al microrrelato de las afecciones,
porque al fn, el artista puede decir junto con el fló-
sofo Baruch Spinoza, soy tan perfecto como puedo
serlo en función de las afecciones que tengo, y la obra
es tan afectiva que es inmanente a la instantaneidad
de las afecciones de quien ve, sin dejar de reconocer
que en ese momento, el del placer de ver, se es en un
diálogo con nuestra mortalidad.
Guadalupe Ochoa Aranda
5
I PORTAFOLIO JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Paisaje Rojo I, Fotografía digital.
6
PORTAFOLIO I JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Paisaje con hombre soñando II, Fotografía digital.
7
I PORTAFOLIO JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Paisaje con lagarto al amanecer, Fotografía digital.
8
PORTAFOLIO I JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Paisaje con hombre abandonado, Fotografía digital.
9
I PORTAFOLIO JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Paisaje con hombre soñando I, Fotografía digital.
10
PORTAFOLIO I JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Paisaje rosa AH1N1, Fotografía digital.
11
I PORTAFOLIO JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Bodegón con ángel I, Fotografía digital.
12
PORTAFOLIO I JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Bodegón con ángel III, Fotografía digital.
13
I PORTAFOLIO JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
El virus AH1N1, Fotografía digital.
14
PORTAFOLIO I JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Bodegón con ángel IV, Fotografía digital.
15
I PORTAFOLIO JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
En la carpa AH1N1, Fotografía digital.
16
PORTAFOLIO I JOSÉ MANUEL VALDÉS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Nuestra señora de la infuenza AH1N1, Fotografía digital.
17
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Desplazamiento
POR PROYECTOS DE DESARROLLO:
RETOS PARA ENRIQUE PEÑA NIETO
Juan Carlos Domínguez
*
*
Profesor-investigador en el Programa de Cooperación Internacional,
Desarrollo y Políticas Públicas del Instituto de Investigaciones Dr. José
María Luis Mora.
DESPLAZAMIENTO INTERNO FORZADO:
RETOS CONCEPTUALES
E
l desplazamiento interno forzado sucede, en po-
cas palabras, cuando una o varias personas se
ven obligadas a abandonar su lugar de residen-
cia habitual por factores ajenos a su voluntad, trasla-
dándose a un nuevo sitio sin cruzar una frontera inter-
nacional (ACNUR 2013; López, 2012: VII). Aunque el
concepto generalmente ha estado asociado al desplaza-
miento por situaciones bélicas, hay una gran variedad
de factores que pueden causarlo. Entre los más signif-
cativos se encuentran los confictos políticos, los con-
fictos religiosos, la discriminación por cuestiones de
género o por pertenecer a otras minorías (por ejemplo,
a minorías etnolingüísticas), los desastres naturales y
los proyectos de desarrollo, sólo por mencionar algu-
nos. Si partimos de esta noción general y tomamos en
cuenta la gran variedad de factores causales, podemos
ver que el estudio académico y la atención del fenóme-
no desde las políticas públicas conllevan enormes retos
conceptuales y operacionales.
Por ejemplo, es común que las situaciones de
desplazamiento interno forzado se confundan con
otras condiciones que parecen similares, pero que
son fundamentalmente distintas como son los casos
de migración internacional, de migración interna de
carácter voluntario o de refugio en otro país por situa-
ciones similares al del desplazado interno (guerras,
confictos, catástrofes o persecución política). Este
último detalle resulta vital porque, paradójicamente,
el hecho de que una persona no cruce una frontera
internacional obstaculiza el monitoreo y medición de
los fujos de desplazados y contribuye a la invisibili-
dad del fenómeno. Si bien existen diversos tratados y
convenciones internacionales sobre protección a re-
fugiados y migrantes internacionales en general, los
instrumentos que protegen a los desplazados internos
son mucho más escasos.
Un segundo reto conceptual se relaciona con las
discusiones sobre lo que es y lo que no es de carácter
voluntario. ¿Cuando alguien percibe una situación de
mayor inseguridad pública generada por la presen-
cia de grupos de la delincuencia organizada y decide
mudarse de una ciudad a otra sin cruzar una frontera
internacional, estamos hablando de una situación vo-
luntaria o involuntaria?, ¿cuando una familia indíge-
na decide mudarse a otra comunidad porque se siente
discriminada por cuestiones políticas o religiosas,
estamos hablando de una decisión voluntaria o for-
zada?, ¿cuando alguien decide abandonar el campo y
buscar oportunidades de empleo en la ciudad debido
a sequías atípicas u otros fenómenos meteorológicos
extremos causados por el cambio climático, qué ca-
pacidad de agencia tienen realmente los afectados?,
¿cuando alguien decide aceptar a regañadientes una
compensación por su tierra para que se construya una
presa, un aeropuerto o una carretera, qué grado de li-
bertad efectiva estamos suponiendo?
No se trata de una discusión ociosa. Después de
todo, aquellas situaciones de carácter involuntario
implican múltiples violaciones a los derechos hu-
18
SOCIEDAD ABIERTA I JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
manos de los desplazados y por lo tanto, implican la
responsabilidad del Estado de prevenir, evitar y mini-
mizar el desplazamiento interno forzado o en su caso,
cuándo éste es inevitable, de compensar y asistir a
los afectados. En este sentido, diversas agencias in-
ternacionales han señalado repetidamente que la con-
dición de desplazado conlleva, entre otras violaciones
a derechos fundamentales: la perturbación de la vida
familiar y de la vida en comunidad en general, meno-
res oportunidades de salud y educación, la discrimi-
nación y violencia contra la mujer, la discriminación
y violencia por pertenecer a una minoría étnica y la
desigualdad frente a la justicia.
Una tercera difcultad conceptual se relaciona con
el contraste entre el desplazamiento como efecto indi-
recto, no planeado, y el desplazamiento como efecto
directo y planeado. El caso más claro en la prime-
ra categoría es el de los desastres naturales. Aunque
hay políticas y lineamientos de protección civil que
se pueden diseñar de antemano y pueden servir para
minimizar la cantidad de población desplazada debi-
do a sequías, huracanes, inundaciones, etcétera, hay
desplazamientos que son inevitables y no pueden
atribuirse directamente a la acción o inacción de las
autoridades. Por otra parte, el caso más emblemático
en la segunda categoría es el de algunos proyectos de
infraestructura o de industrias extractivas cuyo dise-
ño conlleva la adquisición de reservas territoriales o
afectaciones socioambientales de tal magnitud, que el
desplazamiento forzado constituye un elemento inhe-
rente a las acciones de política pública.
DESPLAZAMIENTO FORZADO EN MÉXICO
El reconocimiento y el estudio de este fenómeno en
el caso de México han sido muy limitados. En las úl-
timas dos décadas apenas se ha registrado un interés
incipiente, sobre todo en el caso de Chiapas, centrado
en gran medida en los desplazamientos de población
“a gran escala y de largo plazo…que pueden atribuirse
mayormente a varias circunstancias…[incluyendo]…
el enfrentamiento armado entre el Ejército Mexicano
y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (los
llamados Zapatistas), iniciado en 1994; a las opera-
ciones de contraguerrilla del ejército en 1995, y a la
matanza perpetrada en Acteal por grupos paramilita-
res en 1997…” (Informe Deng, 2003:10), así como
a los distintos confictos agrarios, políticos y religio-
sos que precedieron a estos hechos en dicho estado.
Por ejemplo, de acuerdo al Centro para el Monitoreo
del Desplazamiento Interno (IDMC, por sus siglas en
inglés), el conficto armado en Chiapas generó entre
9,000 y 24,000 desplazados permanentes (IDMC,
2011). Otros estudios sugieren que las cifras, sobre
todo durante los primeros años del levantamiento za-
patista, han sido mayores y pudieron alcanzar entre
las 54,000 y 80,000 personas entre 1994 y 1998 (Ara-
na y del Riego, 2012).
Es sólo hacia fnales del sexenio del Presidente
Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) cuando se
comenzó a reconocer y a visibilizar en diversos me-
dios académicos y periodísticos, que el conficto de
distintas organizaciones delictivas entre sí y contra el
gobierno (la llamada “Guerra contra el narcotráfco”)
había generado tales niveles de violencia, que resul-
taba inevitable hablar de un fenómeno de desplaza-
miento interno de grandes proporciones. Por ejemplo,
el propio IDMC estimó recientemente que la violen-
cia de los cárteles ha generado alrededor de 135,000
desplazados internos desde 2007 (IDMC, 2012).
Dada la magnitud de estos dos fenómenos, no es
sorpresa que las pocas respuestas de política pública
registradas hasta el momento se hayan centrado en
el caso específco de Chiapas y en las consecuencias
nefastas de la Guerra contra el narcotráfco. En el
primer caso vale la pena resaltar la aprobación de la
primera Ley para la Prevención y Atención del Des-
plazamiento Interno en el Estado de Chiapas (2012),
la cual (de manera loable) trasciende el tema del des-
plazamiento por confictos armados e incluye otras
causales (ejemplo: desastres naturales y proyectos
de desarrollo). Por otra parte, a pesar de todos sus
problemas operativos y de contenido, a nivel nacio-
nal vale la pena mencionar que la controvertida Ley
General de Víctimas contribuye a visibilizar el fenó-
meno del desplazamiento forzado por situaciones ge-
neralizadas de violencia. Por supuesto, la efectividad
de dicho instrumento en el mediano y largo plazos
dependerá en gran medida de los detalles al momento
de aplicar la norma, de los presupuestos asignados y
de las capacidades institucionales que sean desplega-
das para instrumentarla.
Desafortunadamente, otros factores que contribu-
yen al desplazamiento interno forzado no han reci-
bido la misma atención. Por ejemplo, aunque hemos
hablado de los efectos del cambio climático hasta el
cansancio y aunque cada vez hay un mayor esfuerzo
por generar estrategias de adaptación (en contraste
con estrategias que enfaticen principalmente la mi-
tigación de los gases de efecto de invernadero), son
pocos los esfuerzos por vincular esta problemática
con la categoría conceptual del desplazamiento inter-
no forzado. Por ello, son mucho más escasas las res-
19
I SOCIEDAD ABIERTA DESPLAZAMIENTO POR PROYECTOS DE DESARROLLO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
puestas de política pública que reconozcan este vín-
culo; quizá se debe a que seguimos pensando en los
efectos del cambio climático en términos de costos
económicos y amenazas a la seguridad nacional y no
tanto en términos de violación de derechos y riesgos
para la seguridad humana.
Otro ejemplo claro de la
poca atención que se ha dado a
los desplazados por otras cau-
sas distintas a los confictos
armados o la violencia genera-
lizada, es la categoría del des-
plazado por proyectos de desa-
rrollo.
1
Esta falta de atención
resulta paradójica si conside-
ramos que la responsabilidad
del Estado es mucho más clara
en estos casos debido a que es-
tamos hablando, precisamen-
te, de iniciativas planeadas; es
decir, de proyectos y políticas
cuyo proceso de instrumen-
tación supone, al menos teó-
ricamente, la identifcación,
evaluación y mitigación de
impactos sociales y ambien-
tales adversos que podrían ser
signifcativos en el futuro.
La paradoja se explica en
parte porque la justificación
de un proyecto de desarrollo
generalmente se construye
con base en el concepto de
“utilidad pública”. Es decir,
son iniciativas que conlle-
van beneficios logísticos (in-
fraestructura de transporte),
económicos (desarrollos tu-
rísticos), sociales (hospitales
y otra infraestructura social)
o incluso ambientales (par-
ques eólicos o áreas naturales
protegidas). El problema es que estos beneficios
generalmente se registran a nivel macro (nacional o
regional) y la llamada “utilidad pública” se resume
1
Existen trabajos académicos valiosos como los de Scott Robinson
(UAM-Iztapalapa), pero se trata de un tema que permaneció con poca
visibilidad pública hasta el fracaso de grandes proyectos de infraestruc-
tura en este siglo, incluyendo el aeropuerto en Texcoco, La Parota en
Guerrero y una veintena de iniciativas que han enfrentado oposición so-
cial en los últimos quince años, así como la emergencia de organizacio-
nes como el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra o el Movimiento
Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos.
y se expresa con parámetros sumamente estrechos,
generalmente de carácter financiero, como el valor
presente neto o la tasa interna de retorno.
Pero esto no signifca que no haya costos signifca-
tivos a nivel local. De hecho, prácticamente todas las
tecnologías,
2
incluyendo las
presas hidroeléctricas, los ae-
ropuertos y otros proyectos de
infraestructura, conllevan al-
gún tipo de impacto negativo
(Domínguez y Karaisl, 2013:
101). Lo que sucede es que los
aspectos positivos y los bene-
fcios netos se enfatizan tanto
que tienden a eclipsar y a in-
visibilizar los aspectos nega-
tivos y los daños colaterales
asociados a cada tecnología.
De hecho, la “utilidad pú-
blica” constituye uno de los
conceptos más problemáticos
en la economía, el derecho y
las ciencias sociales. Si bien
es cierto que tiene un valor
como noción o principio nor-
mativo, se trata de un término
sumamente difícil de opera-
cionalizar porque conlleva una
infnidad de preguntas: ¿qué es
y quién defne al fnal del día
la “utilidad”?, ¿cómo pondera-
mos o tomamos en cuenta las
“utilidades” de varios indivi-
duos cuando en realidad no se
pueden hacer comparaciones
intersubjetivas?, ¿cómo toma-
mos decisiones con base en
distintos valores, algunos me-
dibles (benefcios económicos)
y otros inconmensurables (cul-
tura, historia, tradiciones)?
En el caso de México, los
argumentos con base en la utilidad pública han sido
acompañados por un sentimiento y un discurso de
urgencia (a menudo justifcado) sobre las defcien-
cias que enfrenta el país en el sector infraestructura.
Ya desde inicios del sexenio de Calderón Hinojosa
se enfatizaba la necesidad de invertir varios puntos
2
Para una defnición amplia del término “tecnología” como algo que no
sólo incluye artefactos sino nuevas actividades, nuevos conocimientos
y nuevas formas de aplicar los conocimientos existentes, véase Bijker
(2008: 681-786).
Foto: Paola Martínez Hernández
20
SOCIEDAD ABIERTA I JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
porcentuales del PIB en las siguientes décadas para
cubrir el défcit en distintas materias, incluyendo
energía, transporte, agua y alcantarillado y medio
ambiente. En este sentido, la publicación del Progra-
ma Nacional de Infraestructura (PNI) constituyó un
acierto en términos de planeación y priorización de
políticas públicas. Dicho programa incluía puertos,
aeropuertos, presas, carreteras y desarrollos turísti-
cos que en conjunto representaban inversiones equi-
valentes a más de setenta mil millones de dólares.
Sin embargo, el error fue la omisión de los aspec-
tos y las implicaciones sociopolíticas, incluyendo el
tema de las poblaciones desplazadas. Para darnos
una idea, las iniciativas incluidas en el PNI incluían
inversiones equivalentes a veinte aeropuertos como
el que se quería construir en Atenco y Texcoco en
2001; o bien, equivalente a setenta presas como el
proyecto pendiente de La Parota en Guerrero. De
esta manera, aunque no todos los proyectos del PNI
implicaran desplazamientos forzados de población,
estas comparaciones nos dan una idea de la magni-
tud de los retos en términos de negociación, com-
pensaciones y necesidad de instrumentar esquemas
creativos de reasentamiento involuntario.
Al fnal del día no es sorpresa que unos meses
antes de terminar la administración panista, el PNI
todavía presentara un atraso cercano al 50 por ciento
respecto a sus metas originales. Aunque las razones
varían en cada caso, las entrevistas a funcionarios y
consultores del sector infraestructura confrman que
en muchos proyectos, sobre todo carreteros, el retra-
so se debía precisamente a la difcultad para negociar
los derechos de vía correspondientes (los cuales en
muchos casos conllevan desplazamientos forzados).
Otro ejemplo es el caso de Punta Colonet en Baja
California, el cual fue cancelado indefnidamente a
pesar de ser un proyecto emblemático de la admi-
nistración calderonista. En este caso, los aspectos
de carácter social se tardaron tanto en “plancharse”
que para cuando la Secretaría de Comunicaciones y
Transportes (SCT) estaba lista para lanzar la licita-
ción, ya era muy tarde debido a que la coyuntura f-
nanciera había cambiado en el contexto de la crisis
fnanciera internacional. En este sentido, uno de los
principales aspectos sociales era precisamente la ad-
quisición del derecho de vía que se necesitaba para
construir la conexión ferroviaria entre Punta Colonet
y la infraestructura localizada del lado norteamerica-
no de la frontera.
No hay duda de que estos retos continuarán duran-
te la nueva administración priista. El presidente Peña
Nieto anunció desde su discurso inaugural que los
temas de infraestructura serán prioridad durante su
gobierno; incluso llegó a especifcar algunos proyec-
tos concretos como es el caso de los trenes de pasa-
jeros. Otras iniciativas, como el proyecto para cons-
truir un Nuevo Aeropuerto en la Ciudad de México
(NAICM), se han manejado con mayor sigilo aunque
es claro que existe la intención de revivirlo durante la
primera mitad del sexenio.
Más aún, el recién publicado Plan Nacional de De-
sarrollo (PND) establece el compromiso de diseñar y
publicar una nueva versión del PNI. Este programa se-
guramente volverá a establecer una larga lista de nece-
sidades y compromisos de inversión que harán sentido
como parte de un ejercicio prospectivo del México al
que queremos llegar en dos o tres décadas; seguramen-
te incluirá cuántas presas hay que construir en Chia-
pas, cuántos parques eólicos faltan en Oaxaca, cuántas
carreteras son necesarias para apoyar el comercio tri-
continental, cuántos nuevos aeropuertos, etcétera. Sin
embargo, el principal reto no será técnico o fnanciero
sino de carácter social y por lo tanto, las dos preguntas
obligadas son: ¿cuántas personas podrían ser desplaza-
das por los nuevos proyectos de infraestructura y de-
sarrollo en general?, ¿qué estrategias se están cocinan-
do en las ofcinas del gobierno federal para garantizar
compensaciones y planes de reasentamiento involunta-
rio que sean mínimamente justos?
DÉCALOGO: LAS MEJORES PRÁCTICAS
INTERNACIONALES
Incluso si dejamos al margen todas las posibles críti-
cas al concepto de utilidad pública, éste pierde validez
y legitimidad si una porción de los benefcios genera-
dos por un proyecto de desarrollo no se redistribuye
para compensar a aquellos grupos que son afectados
por la iniciativa en cuestión. En pocas palabras, para
hablar de decisiones justas en el marco de un proyec-
to de desarrollo hay que tomar en cuenta el principio
de diferencia de John Rawls (1971): las inequidades
en el acceso a bienes sociales primarios (libertad, bie-
nes económicos y políticos) sólo se justifcan cuando
éstas benefcian a todos, particularmente a aquellos
en las posiciones sociales más desventajosas.
En este sentido, diversas agencias internacionales
coinciden en que el desplazamiento físico y el des-
plazamiento económico
3
constituyen las afectacio-
3
Ambos términos se referen al desplazamiento interno forzado. Sin
embargo, el “desplazamiento económico” sucede cuando los integran-
tes de una comunidad, sin perder el espacio físico en el que viven, se
ven obligados a desplazarse por el efecto de otros impactos ambientales
y/o porque pierden el acceso a activos y recursos naturales estratégicos.
Véase BERD (2008: 34-43).
21
I SOCIEDAD ABIERTA DESPLAZAMIENTO POR PROYECTOS DE DESARROLLO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
nes más graves que un individuo o una comunidad
pueden sufrir como consecuencia de un proyecto de
desarrollo (Banco Mundial, 2008; Banco Asiático de
Desarrollo, 1995; Corporación Financiera Internacio-
nal, 2006). Por ejemplo, la experiencia de diversas
presas fnanciadas por el Banco Mundial alrededor
del mundo a lo largo de más de 50 años sugiere que
las personas desplazadas por este tipo de iniciativas
se enfrentan en el largo plazo al desmantelamiento
de sus sistemas de producción, al debilitamiento o
a la desaparición de sus identidades culturales, a la
necesidad de moverse a lugares donde sus habilida-
des resultan menos productivas y la competencia por
recursos naturales es mayor, y a situaciones de em-
pobrecimiento, marginación e inseguridad alimenta-
ria. En general, la población desplazada en el 80 por
ciento de los casos ve sus estándares de vida deterio-
rados en el largo plazo y sólo en un 7 por ciento logra
mejorarlos en comparación con el escenario antes del
proyecto (Scudder, 2005: 23-30).
Si bien es cierto que los proyectos hidroeléctricos
tienen impactos sociales y ambientales que pueden ser
particularmente graves por la magnitud de las áreas
inundadas, el deterioro de los ecosistemas aledaños
y la cantidad de población que puede ser afectada,
4

el desplazamiento forzado por proyectos de desarro-
llo es mucho más común de los que nos imaginamos.
Aeropuertos, carreteras, puertos, parques eólicos, re-
fnerías y proyectos extractivos (minería y petróleo) a
menudo conllevan el desplazamiento forzado de po-
blaciones signifcativas. Además de la infraestructura
física, también está el caso de la infraestructura urba-
na (metro, Metrobus, segundos pisos, distribuidores
y ejes viales, rellenos sanitarios, agua y drenaje). En
algunos casos, la delimitación de áreas naturales pro-
tegidas, el desarrollo de centros turísticos o incluso
la construcción de infraestructura social (hospitales,
centros deportivos) pueden también generar, cada
uno con distinta magnitud, este tipo de afectaciones.
Entonces, a pesar de los benefcios, generalmente
de carácter económico y a nivel macro, hay grupos
sociales que sufren los daños “colaterales” y los im-
pactos negativos de este tipo de iniciativas de manera
desproporcionada. Uno de estos grupos es sin duda el
caso de los desplazados (ya sea física o económica-
mente). Por ello, para hablar de un proyecto justo no
es sufciente hablar simplemente de factibilidad téc-
4
De acuerdo a McCully (1996, citado en World Comission on Dams,
2000) se estimaba que hasta fnales de la década de los noventa la cons-
trucción de presas había desplazado a casi 60 millones de personas al-
rededor del mundo. Un ejemplo extremo es el caso de la Presa de las
Tres Gargantas en el Río Yangtsé en China, la cual desplazó entre 1 y 2
millones de personas (Gleick, 2009).
nica y fnanciera o del concepto problemático de “uti-
lidad pública”, sino que es necesario estar atentos al
principio de diferencia de Rawls. Es decir, un proyec-
to justo no sólo debe generar benefcios económicos
y sociales para la mayoría sino que debe garantizar
que parte de estos benefcios se utilizan a favor de las
poblaciones desplazadas.
Las agencias de fnanciamiento y cooperación
internacional para el desarrollo, además de algunos
académicos especializados en el tema,
5
también coin-
ciden en que la única manera de garantizar que la re-
distribución de benefcios suceda, es bajo esquemas
innovadores de planeación y gestión de proyectos que
tomen en cuenta las siguientes lecciones y mejores
prácticas a nivel internacional:
1. Las estrategias de reparación no son sufcientes:
el desplazamiento forzado implica una perturbación tan
grave de la vida social, cultural y económica de una co-
munidad que la reposición del valor de los activos físi-
cos perdidos es insufciente para garantizar la viabilidad
de un proyecto de vida alternativo. Por ello es necesario
diseñar esquemas de compensación que incluyan pro-
yectos productivos y de desarrollo en general.
2. Planear el reasentamiento antes de llevarlo a
cabo y considerarlo como parte integral del proyecto:
el marco jurídico actual, no sólo de México, sino de
otros países en Latinoamérica es sumamente limita-
do y prácticamente no impone ninguna obligación al
promovente de un proyecto (público o privado) de
garantizar que el desplazamiento se lleve a cabo de
manera adecuada. Los temas de desplazamiento ge-
neralmente se subsumen en la legislación ambiental,
particularmente sobre la manifestación de impacto
ambiental (MIA), la cual debe prepararse con base
en un proyecto ejecutivo. Contrario a esta práctica,
es necesario que el reasentamiento no sólo se incor-
pore como parte integral de cada iniciativa sino en las
etapas iniciales del ciclo de proyecto (conceptualiza-
ción, diseño y pre-factibilidad).
3. Coordinación institucional: los pocos casos
exitosos a nivel internacional muestran que debe ha-
ber una colaboración estrecha entre distintas ofcinas
de gobierno (desarrollo social, ordenamiento terri-
torial, economía, medio ambiente, secretaría de co-
municaciones y transportes, hacienda, etcétera), pero
una sola dependencia debe liderar el proceso. Esto re-
quiere de un mandato político claro y de capacidades
institucionales sufcientes.
4. Recursos fnancieros: un esquema de reasenta-
miento involuntario bien ejecutado es costoso y debe
5
Véase, por ejemplo, Cernea (1999) y Scudder (2005).
22
SOCIEDAD ABIERTA I JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
tener presupuestos bien defnidos y asignados desde
el principio del proyecto. El mito es pensar que los
costos de no hacer nada son menores que el costo de
planear el reasentamiento de manera adecuada.
5. Recursos humanos: la ampliación de las di-
mensiones que son consideradas al evaluar un pro-
yecto de desarrollo y la instrumentación de esque-
mas innovadores de planeación y gestión requieren
el empleo de equipos con expertos multidisciplina-
rios y de líderes con capacidades interdisciplinarias
que van más allá de los conocimientos técnicos.
Un esquema de reasentamiento exitoso requiere
la aplicación de otros conocimientos, incluyendo
derechos humanos, transversalización de género,
protección de grupos vulnerables, desarrollo eco-
nómico, combate a la pobreza, entre otros.
6. Transparencia: los desplazados por proyectos
de desarrollo se pueden enfrentar a situaciones tan
graves de incertidumbre sobre su integridad física,
su identidad comunitaria y su proyecto económico,
que cualquier sospecha de engaño o fraude puede ser
catastrófca para los procesos de negociación. Esta
situación es más grave en el caso de países como Mé-
xico donde la ejecución inadecuada de proyectos de
desarrollo en el pasado (incluyendo el caso de mu-
chas expropiaciones que nunca fueron pagadas), ha
generado un défcit de confanza hacia las autoridades
y las instituciones del Estado.
7. Participación: otra limitación del marco jurí-
dico es la falta de canales institucionales adecuados
que permitan la participación de las poblaciones des-
plazadas y un diálogo en dos vías que contribuya a
la identifcación de los impactos que no pueden ser
previstos fácilmente por los tomadores de decisión;
entender mejor las necesidades de desarrollo de las
poblaciones desplazadas y diseñar mejores planes de
reasentamiento involuntario; hacer ajustes al proyec-
to con mayor anticipación; y legitimar el proyecto
ante la opinión pública en general.
8. Acuerdos negociados: incluso en aquellos ca-
sos donde existan fundamentos legales claros para la
expropiación de un bien con fnes de utilidad pública,
la experiencia internacional sugiere que los acuerdos
negociados tienen mayores posibilidades de tener éxi-
to en el mediano plazo. La expropiación, aunque sea
“con todas las de la ley”, es un acto cargado de vio-
lencia simbólica (no necesariamente física) que puede
alimentar el crecimiento de movimientos sociales anti-
sistémicos y derivar en confictos difíciles de resolver.
9. Consideraciones especiales para grupos vulne-
rables: los grupos más vulnerables incluyen a niños,
niñas y adolescentes (NNA), mujeres, personas de
la tercera edad, en situación de discapacidad, indí-
genas, e integrantes de otras minorías. Su vulnera-
bilidad se explica porque la línea entre un proyecto
de vida que es exitoso y otro que no lo es, es mucho
más delgada para estos grupos y por ello se requie-
ren consideraciones especiales. La reposición de
activos perdidos y las compensaciones meramente
fnancieras no son sufcientes en estos casos.
10. Monitoreo de largo plazo: el desplazamiento
forzado tiene siempre secuelas y efectos duraderos y,
por lo tanto, defnir si un esquema de reasentamiento
y/o compensaciones es exitoso requiere que el moni-
toreo de resultados se extienda lo más posible, a veces
más allá de una década. Entre otras cosa, el monitoreo
debe identifcar casos en los que se requieren accio-
nes correctivas. Un ejemplo es cuando las alternativas
productivas que fueron ofrecidas originalmente a los
afectados no resultaron sustentables en el largo plazo
debido, entre otras razones, a presiones poblacionales
sobre la tierra y los recursos naturales aledaños.
EL RETO: ¿ÉTICA PROCEDIMENTAL
O ÉTICA UTILITARISTA?
Por un lado, la problemática de los desplazados por
proyectos de desarrollo es una cuestión que debe aten-
derse desde la ética procedimental. Es decir, como so-
ciedad no nos interesa sólo el resultado bajo paráme-
tros de efciencia, costo-benefcio y rendimiento de
la inversión, sino cómo y a quién tomamos en cuenta
para alcanzar dicho resultado. Desde esta perspectiva,
es paradójico hablar de “desarrollo” y de “proyectos
de desarrollo” si los resultados positivos implican la
afectación a minorías y a grupos vulnerables, es de-
cir¸ si se viola el principio de diferencia de Rawls.
En este sentido, las recomendaciones delineadas an-
teriormente requieren de una transformación radical de
los procesos de decisión en el sector de infraestructura
y el reto no es menor. Por ejemplo, un factor esencial
es el tiempo necesario para llevar a cabo cada inicia-
tiva: prevenir, minimizar y atender el desplazamien-
to por proyectos de desarrollo requiere de procesos
de consulta y negociación que pueden llevarse varios
años, incluso décadas, lo que parece contraponerse con
el sentido de urgencia para que México cubra el défcit
de infraestructura física y urbana.
Cualquier requisito, obstáculo o consideración
adicional que se imponga a los tomadores de deci-
sión y a los desarrolladores de infraestructura, tanto
como públicos como privados, parece una piedra en
el zapato. Lo importante es sacar los proyectos lo más
23
I SOCIEDAD ABIERTA DESPLAZAMIENTO POR PROYECTOS DE DESARROLLO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
rápido posible y sobre todo, antes de que termine el
sexenio para que no los inaugure el próximo goberna-
dor o el próximo presidente…
Afortunadamente, esta visión ya no es tan válida
como hace algunas décadas cuando existía un ré-
gimen político dominado por un solo partido políti-
co, con pocas fuerzas que pudieran contrabalancear,
mitigar o negociar términos de desplazamiento más
justo. Hasta fnales de los ochenta e inicios de los
noventa, los proyectos podían hacerse rápidamente,
sin consultar a los desplazados y sin ninguna consi-
deración sobre sus derechos humanos. No por nada
hubo personajes como Carlos Hank González, encar-
gado de instrumentar una gran cantidad de obras de
infraestructura durante su gestión como regente del
Distrito Federal (1976-1982), quien recibió el sobre-
nombre de “Genghis Hank” por la cantidad de im-
pactos físicos y sociales que tuvieron algunas de sus
obras (entre ellos los ejes viales).
Sin embargo, en las últimas dos décadas México
ha experimentado transformaciones políticas que han
cambiado por completo el escenario en el que se de-
ciden las iniciativas y proyectos de desarrollo. El con-
ficto de Atenco en el 2001, la oposición pública a La
Parota y a muchas otras presas, son sólo los ejemplos
más visibles e ilustrativos de lo que puede suceder si
no se transforman los procesos de decisión en este
sector. Para el inversionista, este tipo de situaciones
representan riesgos demasiado importantes para ser
obviados. El descontento por impactos ambientales,
la difcultad para adquirir reservas territoriales y de-
rechos de vía y la politización de este tipo de situa-
ciones en un contexto de mayor liberalización polí-
tica y descentralización administrativa, pueden tener
consecuencias costosísimas que van desde retrasos en
la instrumentación de un proyecto, la necesidad de
hacer modifcaciones a la propuesta original, riesgos
legales, daños a la reputación, crisis de legitimidad,
hasta su cancelación defnitiva.
En este nuevo contexto político (en contraste
con los tiempos del PRI todopoderoso), el riesgo y
los costos de incorporar adecuadamente los impac-
tos socioambientales, incluyendo el desplazamiento
poblacional, son menores mientras más temprano
se haga en el ciclo del proyecto. De esta manera, la
ética procedimental (justicia para los desplazados) y
la ética utilitarista (el interés de los inversionistas y
promotores) no necesariamente se contraponen, pero
es necesario hacer ajustes al marco jurídico, rescatar
experiencias exitosas a nivel nacional e internacional
y analizar la pertinencia del decálogo de recomenda-
ciones citado anteriormente.
Aunque el reto es enorme, hay medidas concretas
que pueden llevarse a cabo, incluyendo: 1) Adecua-
ciones a la nueva Ley de Asociaciones Público-Priva-
das y su reglamento con la fnalidad de institucionali-
zar la fgura de los auditores sociales (no sólo durante
la licitación sino durante todas las etapas del ciclo del
proyecto); 2) Adopción de criterios y lineamientos
más amplios de evaluación de impactos socioambien-
tales por parte de instituciones fnancieras como FO-
NADIN y Banobras (ya lo han hecho en el caso del
transporte urbano, pero deben ampliarlo a otros sec-
tores); 3) Obligatoriedad de los planes de reasenta-
miento involuntario en el caso de proyectos que des-
plazan a más de cincuenta familias; 4) Adopción de
instrumentos novedosos que han sido probados a ni-
vel internacional, incluyendo la evaluación ambiental
estratégica con criterios de resiliencia y las licencias
sociales para operar; 5) Creación de un fondo especí-
fco para la instrumentación de esquemas de ayuda a
desplazados por proyectos de desarrollo, incluyendo
el caso de aquellas comunidades que históricamente
no fueron compensadas en modo adecuado.
Finalmente, al margen de estas medidas concre-
tas, el gran reto para la administración del presiden-
te Peña Nieto (hombre de resultados y no tanto de
procedimientos) será entender la necesidad de hacer
compatible la ética utilitarista basada en resultados
con la ética procedimental basada en una noción más
amplia de participación, transparencia y justicia so-
cial. Si esto no sucede, el costo humano de que Méxi-
co mejore la infraestructura necesaria para seguir cre-
ciendo económicamente en el largo plazo podría ser
demasiado alto y el número de desplazados por este
tipo de iniciativas podría elevarse a niveles inacepta-
bles, generando situaciones graves de confictividad
social e ingobernabilidad democrática.
REFERENCIAS
ACNUR (2013), “Preguntas y respuestas sobre despla-
zados internos”, http://www.acnur.org/t3/a-quien-
ayuda/desplazados-internos/preguntas-y-respuestas-
sobre-desplazados-internos/, [fecha de acceso: 3 de
abril de 2013].
Arana, M. y M. T. del Riego (2012), Estudio sobre los
desplazados por el conficto armado en Chiapas,
México, F-ODM/Programa Conjunto OPAS-1969,
http://culturadepaz.org.mx/sitio/Informe_desplaza-
das_web.pdf, [fecha de acceso: 3 de junio de 2013]
Banco Asiático de Desarrollo (1995), Policy on In-
voluntary Resettlement, Banco Asiático de De-
24
SOCIEDAD ABIERTA I JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
sarrollo, http://www.adb.org/sites/default/fles/
pub/1995/involuntary_resettlement.pdf, [fecha de
acceso: 17 de mayo de 2013].
Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo
[BERD], (2008), Environmental and Social Po-
licy, http://www.ebrd.com/downloads/research/
policies/2008policy.pdf, [fecha de acceso: 17 de
mayo de 2013].
Banco Mundial (2008), OP 4.12 Involuntary Resett-
lement, http://web.worldbank.org/WBSITE/EX-
TERNAL/PROJECTS/EXTPOLICIES/EXTOP
MANUAL/0,,contentMDK:20064610~menuPK:
4564185~pagePK:64709096~piPK:64709108~th
eSitePK:502184,00.html, [fecha de acceso: 17 de
mayo de 2013].
Bartolome, L. J., C. de Wet, H. Mander, V. K. Nagraj
(2000), Displacement, Resettlement, Rehabilita-
tion, Reparation, and Development, Cape Town,
WCD Thematic Review, vol. I, núm. 3, [www.
dams.org].
Bijker, W. (2008), “Why and How Technology Mat-
ters”, en R. Goodin y C. Tilly (eds.), The Oxford
Handbook of Contextual Political Analysis, Nueva
York, Oxford University Press.
Cernea, M. (1999), The Economics of Involuntary
Resettlement, Washintgon, D.C., Banco Mundial.
Corporación Financiera Internacional (2006), Notas de
orientación: normas de desempeño sobre sostenibilidad
social y ambiental, Washintgon, D.C., Banco Mundial.
Decreto por el que se reforman, derogan y adicionan
diversas disposiciones de la Ley General de Víc-
timas; y se reforma el primer párrafo del artícu-
lo 182-R del Código Federal de Procedimientos
Penales, Congreso General de los Estados Unidos
Mexicanos, 3 de mayo de 2013.
Domínguez, C. y M. Karaisl (2013), “Climate Chan-
ge, Infrastructure, and the Promethean Myth”,
Voices of Mexico, núm. 95, invierno.
Gleick, P. (2009), “Three Gorges Dan Project, Yang-
tze River, China”, Water Brief 3, http://www.
worldwater.org/data20082009/WB03.pdf, [fecha
de acceso: 15 de mayo de 2013].
IDMC (2011), “México: Desplazamiento debido a
violencia criminal y comunal”, http://www.inter-
naldisplacement.org/8025708F004CE90B/(httpE
nvelopes)/4C0E3C51D1A69771C12579520049
3D30?OpenDocument&count=10000, [fecha de
acceso: 3 de junio de 2013].
IDMC (2012), Internal Displacement in the Ameri-
cas, IDMC/Consejo Noruego para los Refugiados.
Informe de Francis Deng (2003), Representante del Se-
cretario General sobre la cuestión de los desplazados
internos, presentado a la Comisión de Derechos Hu-
manos de conformidad con la resolución 2002/56.
Ley para la Prevención y Atención del Desplaza-
miento Interno del Estado de Chiapas, febrero
2012, Sexagésima Cuarta Legislatura Constitu-
cional del Honorable Congreso del Estado Libre
y Soberano de Chiapas.
López, F. (coord.), (2012), Memoria de la Expe-
riencia Multi-Actor sobre el Desarrollo de la
Ley de Desplazamiento Interno para el Esta-
do de Chiapas, F-OFDM, Programa Conjunto
OPAS-1969.
Rawls, J. (1971), A Theory of Justice, Cambridge, Mas-
sachusetts, Belknap Press of Harvard University Press
Scudder, T. (2005), The Future of Large Dams, Reino
Unido y Estados Unidos, Earthscan.
25
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
LAS antinomias DEL
NARCOTRÁFICO Y DE LA VIOLENCIA
CRIMINAL EN MÉXICO
Juan Cristóbal Cruz Revueltas
*
*
Profesor-investigador de tiempo completo en el Departamento de Filo-
sofía de la Universidad Autónoma del estado de Morelos.
¿
Cómo explicar el espectacular brote de violen-
cia del México de los últimos años? Ese nivel de
violencia que llevó a algunos a incluir a México
bajo el marco conceptual de “Estado débil” (Fukuya-
ma) o “Estado posmoderno” con el que se caracteriza
a los Estados que han perdido sus capacidades clási-
cas como son las de asegurar los derechos básicos del
individuo, crear cohesión social y cívica, mantener el
monopolio de la violencia (legítima) y/o garantizar la
unidad y la integridad territorial. Algunos han querido
entender este debilitamiento del Estado mexicano den-
tro de un contexto más general de colapso del “modelo
moderno de desarrollo”. Por otra parte, en México ha
sido usual vincular la violencia con el narcotráfco, fe-
nómeno que va de la mano con la modernidad actual,
es decir, con la globalización. Dado que el narcotráfco
tiende por su naturaleza a conformarse de modo tras-
nacional, al establecer una relación de tráfco entre un
país productor, otro u otros de paso y fnalmente un
país consumidor, el Departamento de Estado de Esta-
dos Unidos califca a los grupos dedicados al tráfco de
drogas como organizaciones criminales trasnacionales
(Transnational Criminal Organizations).
En efecto, el narcotráfco se alimenta de la crecien-
te intensidad del intercambio comercial y de la mayor
circulación de personas entre Estados, lo que hace de
las fronteras barreras sumamente porosas, sobre todo
aquellas de los países que se han abierto a la econo-
mía global. En el caso de México es de recordar que
este país vivió un proceso de globalización acelerado
a partir de la apertura del Tratado de Libre Comercio
de América del Norte en 1994, acuerdo que triplicó
el comercio de la región (Pastor, 2012: 23). El narco-
tráfco también se benefcia de la globalización fnan-
ciera, sobre todo de la existencia de paraísos fscales
y de la enorme gama de mecanismos que permiten
el lavado de dinero a nivel mundial. Se puede obser-
var que desde hace una década, diversos grupos del
narcotráfco latinoamericano han aprovechado la de-
bilidad de los Estados de África Occidental (Mali y
Guinea Bissau) para sentar sus bases y contar con una
cabeza de puente hacia Europa. De acuerdo a Roberto
Saviano (2012: 14), la Guinea Bissau es “un territo-
rio prácticamente colonizado por los narcotrafcantes
mexicanos y colombianos […]”.
Por su parte, algunos estudiosos como Marcelo
Bergman
1
sostienen, bajo una variante de la crítica
a la economía informal (por ejemplo, Hernando de
Soto, El otro sendero), que a pesar de que el estallido
de la violencia es inteligible desde un marco local, es
ineludible observar que sucede al mismo tiempo en
algunos países de América Latina (Brasil, Guatema-
la, México…). Todos experimentaron aumentos en
1
Comentado por Luis Rubio (Reforma, 29 agosto de 2010).
26
SOCIEDAD ABIERTA I JUAN CRISTÓBAL CRUZ REVUELTAS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
el índice de criminalidad a partir de la década de los
noventa, y en un mismo lapso de tiempo todos coin-
ciden en la descentralización del poder, el aumento de
la demanda de bienes de consumo por parte de clases
medias bajas y la aparición de China como fuente de
productos de bajo precio que satisface ese mercado.
Este contexto habría creado una ventana de oportuni-
dades para el crimen organizado de satisfacer —por
medio del mercado informal o francamente ilegal—
la demanda de las nuevas y emergentes clases medias
de productos “internacionales” que hasta entonces
habían estado reservados a las clases altas (autopar-
tes, DVDS, zapatos, ropa, electrónica, computación y
toda suerte de contrabando, etcétera). También el cri-
men organizado se presenta como la opción más atrac-
tiva de “empleo” y de acceso a un consumo de nivel in-
ternacional para las clases populares y para los jóvenes
desempleados y/o que se han quedado al margen del
sistema educativo (los llamados “ni nis”). Igualmente
surgen en diversas partes del mundo —desde el yiha-
dista y el miembro de la banda terrorista al narcotraf-
cante mexicano— una misma forma de teatralizar la
violencia extrema para su difusión a través de internet.
En este sentido, el narcotráfco, la mafa y el crimen or-
ganizado no son la supervivencia de un arcaísmo, antes
bien, un fenómeno social que acompaña ciertas formas
de modernización, liberalización de la economía y re-
valorización del voto (que ya fuera de un sistema auto-
ritario puede ser comprado y vale la pena comprarlo).
Sería entonces un fenómeno inherente a sociedades en
procesos de rápida transformación.
LA VIOLENCIA EN MÉXICO
Para entender el problema de la violencia y el nar-
cotráfco en el caso específco de México, se podría
alegar también el impacto de las transformaciones
ocurridas durante el periodo 1997-2012. En efecto,
el debilitamiento del otrora hegemónico partido, el
PRI, la transición democrática, el desmantelamiento
del sistema autoritario, la descentralización y la fede-
ralización del poder; en fn, las subsecuentes modif-
caciones en las relaciones de poder, habrían facilitado
el aumento del poder del narcotráfco, del crimen or-
ganizado y, por lo tanto, el desencadenamiento de la
violencia (un fenómeno análogo se habría observado
en la Rusia post-soviética).
Sin embargo, más allá de esas grandes transforma-
ciones, nuestra hipótesis es que para dar justa cuenta
del problema de la violencia en México, es necesario
mirar más de cerca los sucesos de los últimos años, en
particular el periodo del presidente Felipe Calderón.
Luego de las elecciones de 2006 en México, el 11 de
diciembre de ese año, es decir, a 11 días de haber to-
mado posesión de su cargo, sin que hubiera sido parte
de los puntos presentados por el candidato en su cam-
paña electoral a la presidencia, sin debate previo ante
la opinión pública, sin someterlo al Congreso como lo
estipula la Constitución (artículo 73 Constitucional,
fracción XII), el presidente Calderón decidió referirse
en televisión y por cadena nacional a un conficto que
“costará vidas”
2
y atacar frontalmente al narcotráfco
bajo un esquema de acción militar (como se había
hecho en Colombia con el llamado Plan Colombia en
1999). Si antes de Calderón se nombraban militares
como policías, ahora el mismo ejército sería el encar-
gado de perseguir el narcotráfco (Bergman, 2011: 12).
¿CUÁLES FUERON LOS EFECTOS DE
ESTA ESTRATEGIA?
No existen cifras muy claras pero se calcula que du-
rante la administración del presidente Calderón hubo
entre 60 y 90 mil muertes vinculadas a la “guerra”
contra el narcotráfco. Víctimas de un conficto sin
objetivo claro y confuso por sus diversos frentes:
ejército, armada y policías (federal, estatales o muni-
cipales) contra narcotrafcantes; bandas de narcotraf-
cantes confrontadas entre ellos; autoridades corruptas
que pueden estar de lado del narcotráfco; y daños
“colaterales” que podían incluir a la población civil
y a inmigrantes. Una vez terminado el periodo de go-
bierno de Calderón, Amnistía Internacional denunció
una epidemia de tortura en México en la lucha con-
tra la delincuencia organizada y los carteles de droga
(amnistia.org.mx/nuevo/2012/10/11/internacional-
insta-a-las-autoridades-a-poner-fn-a-la-epidemia-de-
tortura/; amnistia.org.mx/publico/tortura/24106312.
ext%20%28Tortura%20y%20maltrato%20en%20
Mexico-INFORME%29%20%281%29.pdf).
En 2006, al inicio del gobierno de Calderón, en
México la cifra anual de asesinatos fue de 9 mil 921
personas. Sin embargo, a seis años de la política im-
plementada por Calderón, la cifra alcanzó 27 mil 199
asesinados, según las cifras del Instituto Nacional de
Estadística y Geografía (INEGI) (http://www.excel-
sior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=opinion
&cat=181&id_nota=866424). Es decir, se multiplicó
por tres la cifra. Cuatro años después de iniciada la
2
Luego de ser declarado ganador de las elecciones, el 10 de septiembre
Calderón se refere al combate contra “la pobreza, la desigualdad, el
desempleo, el deterioro del medio ambiente…”. La primera mención
del combate al narcotráfco en la que se enfatiza que costará vidas hu-
manas fue el 7 de noviembre en el periódico El Universal. Todo indi-
ca que el término usado fue el de “guerra” (http://www.proceso.com.
mx/?p=290774, [fecha de acceso: 10 de marzo de 2013]).
27
I SOCIEDAD ABIERTA LAS ANTINOMIAS DEL NARCOTRÁFICO...
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
“guerra”, en 2010, el 66.6 por ciento de la población
en México se percibía en situación de inseguridad
(http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/Proyectos/
Encuestas/Hogares/regulares/envipe/envipe2012/
default.aspx), el 13.5 por ciento de los jóvenes consi-
deraban como los mayores problemas la inseguridad,
la violencia y la delincuencia y 17.6 por ciento de los
mexicanos consideraban como su máxima preocupa-
ción la de ser sujetos de abuso por parte de las autori-
dades, en algunas zonas del país estas cifra alcanzaban
el 42.5 por ciento de los consultados (http://www.
conapred.org.mx/userfles/fles/Enadis-2010-RG-
Accss-002.pdf). Algunas profesiones, como el pe-
riodismo o los blogueros se volvieron profesiones
riesgosas. Igualmente, se fragilizó un sistema de pro-
curación de justicia ya de
por sí poco sólido; se vol-
vió normal exhibir personas
antes los medios de comu-
nicación como presuntos
criminales, sin previo jui-
cio (el asunto Cassez sólo
fue el caso más conocido).
620 mil personas fueron de-
tenidas, de las cuales el 80
por ciento fueron liberadas
posteriormente por falta de
pruebas. Además, Human
Rights Watch documenta 250 desaparecidos durante
la administración de Calderón (http://www.hrw.org/
es/news/2013/02/20/mexico-crisis-de-desaparicio-
nes-forzadas). Las 6 mil 500 denuncias por tortura, y tra-
tos crueles, inhumanos y degradantes, no tuvieron como
efecto ninguna condena en contra de funcionario público
durante el mandato de Calderón (Vivanco, 2013).
¿CUÁLES FUERON LAS MOTIVACIONES Y
LA JUSTIFICACIÓN DE LA GUERRA?
A los pocos meses de la toma de posesión de Cal-
derón como presidente de México, diversos sectores
(en particular de la izquierda mexicana) argumenta-
ron que la declaración de guerra al narcotráfco había
sido, en realidad, una medida destinada a compensar
las cuestionadas elecciones del 2006 donde el can-
didato de izquierda, López Obrador, alegaba haber
ganado. El punto es relevante para entender el fenó-
meno que nos ocupa, ya que muchos de los datos de
la época no parecen justifcar la decisión de acometer
una lucha frontal contra el narcotráfco. ¿Cuáles son
estos datos? Los niveles de consumo de droga en Mé-
xico eran y siguen siendo bajos. Los mexicanos que
han probado alguna droga ilícita en 2010 sólo era un
5.5 por ciento de la población contra 7.8 por ciento de
la media mundial y sobre todo contra el 42 por ciento
de los habitantes de Estados Unidos. Por otra parte,
es bien conocido que las instituciones políticas mexi-
canas son muy débiles (alto nivel de corrupción de la
policía y de los órganos judiciales, pocos efectivos
policiacos, etcétera). Pero sobre todo es de subrayar
que al momento de tomarse la decisión, México, un
país reputado tradicionalmente como violento, se en-
contraba encaminado a un Estado cada vez más gene-
ralizado de pacifcación: con menos de 8 homicidios
por cada 100 mil habitantes, gozaba del menor nivel
de violencia de su historia, por debajo incluso de la
media mundial de 8,8 por cada 100 mil habitantes
(Ruben Aguilar, 2012).
Si lo anterior no favore-
cía una declaración de gue-
rra contra el narcotráfco, la
experiencia y el análisis de
los factores externos tam-
poco invitaban a determinar
esa política. Por ejemplo, a
pesar de la lucha contra el
narcotráfco en Colombia,
en los últimos 30 años el
precio de la cocaína en Es-
tados Unidos ha disminuido
constantemente. Hoy en día es 74 por ciento más ba-
rata que hace tres décadas. Tampoco el cambio de la
ruta de las drogas del Caribe a México en la década
de los ochenta afectó su nivel de consumo en Estados
Unidos. Por su parte, los datos hacen pensar que la
cultura de la droga es una constante en Estados Uni-
dos, ya que en 40 años no se ha reducido su consu-
mo. Peor aún, hoy se consume mucho más cocaína
en Estados Unidos que en 1914 cuando era legal. Por
otra parte, cada día es más claro el cambio de menta-
lidades de los últimos decenios; hoy más del 50 por
ciento de la población norteamericana está en favor
de la legalización de la mariguana (Ruben Aguilar,
2012). Además, la vieja declaración de guerra al nar-
cotráfco hecha por Nixon en 1971 no ha llevado a
una verdadera coordinación a este respecto a sus di-
ferentes agencias de investigación (DEA, FBI). No
es necesario detenerse en la enorme circulación de
armas en Estados Unidos que ni el actual cambio de
mentalidad ni el esfuerzo de la actual administración
ha logrado modifcar.
Un mínimo análisis del tema obligaba a las auto-
ridades que lo que se requería, antes de una guerra
Foto: Paola Martínez Hernández
28
SOCIEDAD ABIERTA I JUAN CRISTÓBAL CRUZ REVUELTAS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
en contra de un actor tan indeterminado como “el
narcotráfco”, era la necesidad de controles externos
a las instituciones estatales. El problema de la inse-
guridad en México es, en gran medida, un proble-
ma de deserción de soldados y policías, de colusión
de autoridades con el crimen organizado, y del mal
funcionamiento de los mismos órganos de seguridad
pública. Más aún cuando el problema del narcotrá-
fco ha sido estructural dentro del Estado mexicano,
al menos desde 1985 cuando la Dirección Federal de
Seguridad (DFS) órgano de seguridad del país funda-
do en 1947 fue transformada, a raíz del caso Camare-
na, en el CISEN. Valga insistir, dado el alto nivel de
corrupción de los órganos de la política, la seguridad
y los judiciales, se puede pensar que el narcotráfco
no es un problema exterior al Estado mexicano sino
un problema interno. También se debe agregar que la
sinceridad de la lucha contra el narcotráfco durante
la administración de Calderón fue puesta en duda por
los nombramientos en los puestos más sensibles de
personas sin perfl profesional claro en el área y sobre
todo muchas veces envueltos en escándalos.
Además de su impacto directo en el terreno de la
violencia, la lucha contra el crimen tuvo numerosos
efectos perversos. Por ejemplo, distorsionó la agen-
da pública al desplazar y opacar problemas de mayor
magnitud y mucho mayores costos en vidas huma-
nas y por su impacto en el presupuesto federal. Para
dar solo ejemplo, la actual epidemia de diabetes en
México ha dejado aproximadamente medio millón de
decesos durante el mismo periodo (europress, 2013).
Otro efecto negativo de la estrategia de lucha con-
tra el narcotráfco del gobierno de Calderón fue sus
efectos negativos sobre la imagen internacional de
México. El país dejó de ser visto como un país en
“situación normal”, se promovió la idea de la exis-
tencia de zonas fuera de control y de un Estado fa-
llido. Se puede contrastar el hecho que mientras el
presidente Calderón no sólo llegó a hablar de “gue-
rra” sino también de “terrorismo” respecto a los su-
cesos en México, algunos países con problemas de
inseguridad y narcotráfco semejantes o mayores al
de México, como Brasil, con el fn de no dañar su
imagen se cuidaron de reforzar la idea de un víncu-
lo entre delincuencia organizada y terrorismo como
los auspiciados en foros internacionales, por ejemplo,
por la Ofcina de Naciones Unidas contra la Droga y
el Delito (Rodiles, 2013).
Además, podemos afrmar que la extensión y el
impacto del fenómeno del narcotráfco y la transición
democrática, no van necesariamente de la mano con
la explosión de violencia. Hay que subrayar que el
Tratado de Libre Comercio tuvo su mayor impacto
entre 1994 y 2000, luego entró en una fase de decli-
ve. Es decir, en 2006 llevaba ya seis años de haber
perdido su mayor impacto.
3
Entonces, ¿qué fue lo
que detonó los altos niveles de violencia que se viven
actualmente en México? Quizá a manera de descar-
go, algunos de los antiguos miembros del gobierno
de Vicente Fox, Jorge Castañeda y Rubén Aguilar,
defenden que el problema del crimen organizado fue
en gran medida creado por el propio Calderón. Es-
tos autores citan a un fscal del estado de Chihuahua
quien afrma:
[…] el cártel de Ciudad Juárez tenía 400 elementos antes de
la “declaratoria de guerra”, pero 15 días después ya contaba
con 6 mil. Ante la amenaza de la guerra y para estar listo a
defender su “plaza”, el cártel reclutó y armó a las pandillas
juveniles de los barrios populares. Ahí, añade el fscal, el
problema de la violencia todavía no se hacía presente, apare-
ció 15 días más tarde, cuando había que pagar a esos nuevos
miembros que no estaban contemplados en la nómina. El
cártel dio la orden de que se “cobraran” ellos mismos (Ru-
ben Aguilar, 2012: 16).
En virtud de una decisión gubernamental coyuntural,
México pasó de un problema crónico pero específco
de narcotráfco, a un problema general de crimen or-
ganizado que pretende sustituir, al menos a nivel lo-
cal, algunas de las funciones del Estados como son la
venta de seguridad y el llamado derecho de piso. Más
aún, durante 2013 han aparecido los llamados grupos
de autodefensa en estados como Guerrero, Oaxaca y
Michoacán. Fenómeno que recuerda las causas que lle-
varon al surgimiento de la mafa italiana cuando frente
a la debilidad de las autoridades sicilianas para garan-
tizar las propiedades de los grandes terratenientes, és-
tos llamaron a bandidos para asegurar su protección.
¿Signifca esto una verdadera voluntad del crimen or-
ganizado de sustituir al Estado? Usualmente el crimen
organizado juega un papel “parasitario”, no busca sus-
tituir al Estado y conforme sus miembros obtienen ca-
pital económico y se pasa de una generación a otra, sus
miembros establecen empresas y sociedades legales y
se van integrando progresivamente, a través de la ad-
quisición de capital social y cultural (dixit Bourdieu),
a las clases altas de la sociedad. Tarde o temprano, el
mismo crimen organizado termina por encontrar las
bondades del Estado de derecho.
Para terminar, es necesario agregar que la violen-
3
El momento de mayor globalización del Estado mexicano fue entre
1980 y 2000 y entre 2001 y 2010 vivió una clara etapa de declive (Pas-
tor, 2012: 25).
29
I SOCIEDAD ABIERTA LAS ANTINOMIAS DEL NARCOTRÁFICO...
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
cia que ha sufrido México en el último lustro deriva,
como la mayor parte de los fenómenos sociales, de
múltiples causas necesarias pero no determinantes. Sin
embargo, muchos indicios hacen pensar que el verda-
dero detonante fue la debilidad institucional del Estado
mexicano, tanto a nivel de los procesos electorales que
no lograron dirimir claramente un proceso electoral,
como en el funcionamiento de los órganos de policía y
de procuración de justicia, dado el altísimo nivel de im-
punidad que prevalece en México. Lo mismo se puede
decir de los procedimien-
tos para nombrar secreta-
rios de Estado ya que ca-
recen de formas sufcientes
de evaluación y escrutinio.
Como lo señalada Ernesto
López-Portillo (2012) es
palpable la opacidad en la
que se desenvuelven nues-
tras fuerzas armadas y la
imposibilidad de nombrar
a un civil como Secretario
de la Defensa.
El refrán “Estado organizado, crimen desorgani-
zado; Estado desorganizado, crimen organizado” vale
para México. La declaración de guerra al narcotráfco
patentó sobre todo la incapacidad institucional para de-
fnir clara, democrática y objetivamente su agenda de
prioridades de gobierno. La declaración de guerra con-
tra el narcotráfco fue un síntoma de las fragilidades
institucionales así como un detonante de la violencia.
Máxime que fue enmarcada en la estrategia convencio-
nal de lucha contra el narcotráfco que divide el proble-
ma entre un país, México, que debe limitar su exporta-
ción de drogas y otro país, Estados Unidos, que debe
limitar el consumo de las mismas. Hoy sabemos que
las políticas represivas del consumo de drogas en Esta-
dos Unidos tuvo como efecto un encarcelamiento ma-
sivo (medio millón de personas) sin tener efecto sobre
el consumo y menos en los precios de las drogas; en
tanto que México se sumergió en una “guerra” dema-
siado costosa para su capacidad institucional que, en la
dudosa hipótesis que llegara a cumplir con su objetivo,
el único efecto signifcativo para Estados Unidos sería
el de un nuevo cambio de la ruta de contrabando de la
droga (Kleiman, 2011).
Algunos analistas (Kleiman, 2011) tienen razón en
subrayar que la idea de “un mundo libre de drogas” es
una ilusión que ha llevado a aplicar políticas con efec-
tos “perversos” (en el sentido sociológico del térmi-
no) muy costos. No extraña que la Comisión mun-
dial sobre políticas antidrogas esté llamando a dar
por terminada la guerra contra las drogas y que la
actual administración mexicana busque “desnarcoti-
zar la agenda” con Estados Unidos y regresar poco a
poco al ejército a los cuarteles, posición respaldada
incluso por prestigiosas organizaciones internacio-
nales como Human Right Whatch (Vivanco, 2013).
En la agenda bilateral entre
México y Estados Unidos,
la lucha contra la violencia
causada por el tráfco de dro-
gas debe prevalecer sobre la
lucha contra el narcotráfco
per se, una lucha focalizada
contra los grupos criminales
más violentos. Se antoja, en
fn, un cambio de estrategia
en la lucha contra el narco-
tráfco no sólo en México
sino en el mundo en general;
de aquí, pues, que México haya solicitado a la ONU
discutir un cambio de enfoque en 2016.
REFERENCIAS
Bergman, M. (2011), Seguridad pública y Estado en Méxi-
co. Análisis de algunas iniciativas, México, Fontamara.
Kleiman, M. (2011), “Golpes maestros en la guerra
contra las drogas. Políticas más inteligentes para
ambos lados de la frontera”, Foreign Affairs Lati-
noamérica, núm. 11.
Pastor, R. A. (2012), La idea de América del Norte. Una
visión de un futuro como continente, México, ITAM.
Portillo, E. L. (2012), “Seguridad en México: colapso
y reconstrucción”, en E. F. Cano, La perspectiva
mexicana en el siglo XXI, México, FCE.
Rodiles, A. (2013), “Las narrativas globales sobre el
combate al narco en México y el derecho interna-
cional”, Este país, núm. 264, abril.
Ruben Aguilar, J. C. (2012), Los saldos del narco, el
fracaso de una guerra, México, Santillana.
Saviano, R. (2012), Le combat continue. Résister á
la Mafa et á la corruption. París, Robert Laffont.
Vivanco, J. M. (2013), “Obama: evite abusos en la
estrategia contra el narco en México”, El país,
29 de abril.
Foto: Paola Martínez Hernández
30
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
EL LIBERALISMO Y LA
“POLÍTICA DE LA identidad”
Ángel Sermeño Quezada
*
*
Doctor en Ciencia Política por la UNAM. Profesor-investigador en la
Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
E
l “multiculturalismo” es una expresión que hace
referencia a la demanda de reconocimiento ex-
plícito que exigen frecuentemente las diversas
identidades colectivas que concurren a la constitución
de una comunidad política determinada. Por supuesto,
en tanto corriente teórica, el multiculturalismo presen-
ta unos contornos aún excesivamente difusos donde
confuyen distintas problemáticas que exigen consi-
deraciones políticas y normativas diferenciadas. Una
primera distinción al respecto es la que establece el
aspecto nuevo y viejo del multiculturalismo. No hay
ninguna novedad, en efecto, en la afrmación que sos-
tiene y reconoce que el mundo es culturalmente diver-
so y necesariamente desigual. Lo novedoso, entonces,
del multiculturalismo radica en que éste se manifesta
como un “programa político”. Es decir, en el hecho de
que en el mundo contemporáneo las oposiciones polí-
ticas toman cuerpo a partir de la afrmación de diversas
formas de diferencias ya sean étnicas, nacionales, lin-
güísticas, religiosas, de género, sexuales o de tradicio-
nes culturales. Por ello, inicio con una cita de Nancy
Fraser que me permite precisar algunos hilos analíticos
centrales para acotar este artículo. La cita de Fraser en
la que me apoyo afrma:
La “lucha por el reconocimiento” se está convirtiendo rá-
pidamente en la forma paradigmática del conficto político
a fnales del siglo XX. Las reivindicaciones del “recono-
cimiento de la diferencia” estimulan las luchas de grupos
que se movilizan bajo la bandera de la nacionalidad, la et-
nicidad, la “raza”, el género y la sexualidad. En estos con-
fictos “pos socialistas”, la identidad de grupo reemplaza
al interés de clase como motivo principal de movilización
política. La dominación cultural reemplaza a la explota-
ción en cuanto injusticia fundamental. Y el reconocimien-
to cultural reemplaza a la redistribución socioeconómica
como remedio contra la injusticia y objetivo de la lucha
política (Fraser, 2000: 126).
De la cita en cuestión destaco los puntos siguientes:
a) desde el fnal de la Guerra Fría, los confictos etno-
culturales se han convertido en la fuente más común
de violencia política en el mundo (Kymlicka, 1996:
13); b) lo anterior supone un claro desplazamiento de
los temas tradicionales en materia de reivindicaciones
políticas, como por ejemplo, los reclamos de justicia
distributiva categorizados desde una perspectiva de
lucha de clases hacia reclamos de corte multicultural.
Por supuesto, lo anterior no implica que los proble-
mas de redistribución material de la riqueza se ha-
yan resuelto. Al contrario, las luchas por el recono-
cimiento tienen lugar en un mundo de desigualdades
materiales exacerbadas y ello vuelve más paradójico
aún el eclipse del imaginario político socialista; c) tal
desplazamiento no es solo conceptual; se corresponde
con la emergencia o la agudización de problemáticas
prácticas expresadas en una serie de eventos políticos
y tendencias que desde y a lo largo de la década de los
noventas hasta el presente se han perflado claramen-
te como son los gigantescos movimientos migratorios
31
I SOCIEDAD ABIERTA EL LIBERALISMO Y LA “POLÍTICA DE LA IDENTIDAD”
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
(sobre todo de sur a norte), los ya referidos confictos
etno-nacionales (especialmente en la Europa del este
y África) y el impacto de la globalización sobre el
Estado-nación (Habermas, 1998: 619) que lo somete
a dos presiones diferentes: las presiones fragmenta-
doras “desde abajo” que provienen de los reclamos de
autogobierno de las naciones sin Estado y de las pre-
siones “desde arriba” que le restan soberanía por las
fuerzas integradoras de las agencias supranacionales
de “gobernabilidad”; d) las
referidas nuevas o agudi-
zadas problemáticas socio-
históricas suponen un claro
y abierto desafío al libera-
lismo en términos de que
está obligado a demostrar
que posee la capacidad in-
terna de gestionar esta nue-
va realidad sin erosionar
sus bases conceptuales e
institucionales. Es decir, la
pregunta es sí el liberalismo
democrático (que emergió
como paradigma dominan-
te de la Guerra Fría) será
capaz de volver a abaste-
cer de unas bases concep-
tuales solidas para poder
conducir con fundamento
las prácticas políticas que
respondan satisfactoria-
mente a los nuevos retos y
desafíos epocales (Zapata-
Barrero, 2001: 3). Dicho
con precisión, la exigencia
de reconocimiento de nue-
vas formas de identidad co-
lectiva claramente contiene
un desafío de gran calado a
las democracias liberales. Desafío que se expresa en
la interrogante siguiente: ¿pueden los ordenamientos
democrático liberales acomodar la diferencia transfor-
mado sus ordenamientos institucionales sin traicionar
sus principios normativos convencionales?
Las respuestas a la interrogante en cuestión admi-
ten un rango de gradación que va desde la aceptación
optimista hasta el rechazo contundente pasando por
muchos esfuerzos de matización y problematización.
Lo cierto es que no existe una respuesta defnitiva a
una cuestión como la anteriormente formulada y ello
determina los contornos de uno de los debates más
intensos del pensamiento político de Occidente. En
consecuencia, este artículo está estructurado en tres
puntos que espero proporcionen una mirada panorá-
mica sobre las temáticas referidas y que advierto no
intentan clausurar un debate aún vivo y vigente.
El primero es una brevísima síntesis sobre el
debate liberalismo-comunitarismo que se gestó so-
bre todo a lo largo de la década de los ochenta del
siglo pasado en el mundo académico anglosajón
sobre las contrapues-
tas formas de entender
la constitución de las
identidades colectivas.
Recuperar algunos ele-
mentos de dicho deba-
te es relevante ya que
proporcionó, en mi
opinión, el sustento fi-
losófico normativo a
los reclamos del mul-
ticulturalismo en tanto
programa político.
En segundo lugar,
recupero el clima de
reacción del liberalismo
a los avances del mul-
ticulturalismo. En con-
creto, utilizó como ilus-
tración de algunos de
los argumentos liberales
más invocados a la hora
de rechazar los avances
del programa multicul-
tural que se encuentran
expresados en el singu-
lar panfeto redactado
por Giovanni Sartori a
inicios de la década del
nuevo siglo: La socie-
dad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo y ex-
tranjeros (2001).
En tercer y último lugar reproduzco —también
de manera muy apretada— los dilemas presente en
el proyecto multicultural de dar cobertura norma-
tiva y expresión institucional al reconocimiento de
los derechos de grupo; algo que claramente supone
un debate sobre si estos últimos son o no, frente
a los derechos individuales convencionales, una
abierta y clara contradicción.
Al fnal intento una breve síntesis de los argumen-
tos revisados a modo de inconclusa conclusión.
Foto: Paola Martínez Hernández
32
SOCIEDAD ABIERTA I ÁNGEL SERMEÑO QUEZADA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
EL DEBATE LIBERALISMO-COMUNITARISMO Y
EL AUGE DEL MULTICULTURALISMO.
Hay diferentes clases, o si se prefere familias, de li-
beralismos y comunitarismos. Ello introduce una do-
sis muy grande de complejidad —y frecuentemente
también de confusión— a la hora de pretender rea-
lizar una síntesis del debate entre liberales y comu-
nitaristas. Adicionalmente, la amplia lista de temas
involucrados y su naturaleza sofsticada e inconmen-
surable ha hecho que la intensa discusión entre estos
dos grupos de adversarios intelectuales continúe sien-
do en muchos sentidos un terreno reservado para los
iniciados y especialistas a pesar de que se han escrito
ya bibliotecas enteras como resultado de dicho debate
(Mulhall y Swift, 1996).
En consecuencia, en el debate entre liberales y co-
munitaristas se encuentran representados una extensa
y creciente gama de posiciones que van desde el de-
fender y conceder primacía —ontológica y política—
a los derechos individuales y a la libertad, hasta dar
una más alta prioridad a la vida de la comunidad o a
los bienes de la colectividad. Dando por descontado
que ninguna defensa radical y excluyente de cual-
quiera de las dos posturas reseñadas es efectivamente
viable —tanto en su concepción teórica como en su
realización práctica— las agendas deliberativas en el
terreno de la flosofía política anglosajona se constru-
yen sobre la combinación imaginativa y el equilibrio
siempre precario de estos valores en tensión: libertad
e igualdad; universalismo y particularismo; individuo
y comunidad (Sermeño, 1998: 277-290).
En concreto, el tópico que deseo plantear es
el relacionado con la manera contrapuesta de en-
tender la crucial cuestión de la constitución de la
identidad por parte tanto de los liberales como de
los comunitaristas.
Como se sabe, uno de los valores centrales del cre-
do liberal es la defensa y afrmación de la libertad y
la autonomía humana. En su versión extrema, la de-
fensa de la autonomía supone y afrma una concep-
ción de la persona constituida como tal y previamente
individualizada al margen de la sociedad en la que
se encuentra inserta. Ahora bien, de tal visión atomi-
zada y asocial del individuo puede desprenderse una
concepción de pluralismo —típicamente liberal—
que deriva muchas concepciones posibles y alterna-
tivas de la vida buena. Cada individuo en principio
posee la capacidad y el derecho de aspirar a realizar
su propia concepción del bien. Ello implica, para el
liberalismo, que no es deseable apelar o subordinar-
se a un único bien superior y homogéneo para todos
los miembros de un determinado orden social. Por
ello autores como John Rawls (1979) afrman que
a la hora de constituir una sociedad ordenada: a) el
principio de justicia debe ser prioritario y estar por
encima del principio del bien; b) un liberalismo con-
secuente debe basarse sólo en una concepción débil
o tenue del bien. Esto signifca que se entiende por
concepción tenue del bien la defensa de un principio
procedimental que afrma el derecho a construir y
poseer una propia idea de vida buena en igualdad de
condiciones que cualquier otra concepción similar en
un marco de respeto mutuo.
De su defensa del pluralismo —entendido en los
términos acotados anteriormente— el liberalismo
desprende también una concepción de la toleran-
cia. Por ella se afrma la idea según la cual debemos
aprender a compartir nuestras concepciones y valores
de la vida buena al mismo tiempo que debemos —
si presuponemos, tal y como el pensamiento liberal
hace, que la sociedad se encuentra compuesta por in-
dividuos razonables— aprender igualmente a convi-
vir con quién no comparte nuestros propios ideales.
Ahora bien, el comunitarismo se encuentra —como
naturalmente podemos suponer— en franco y abierto
desacuerdo con esta manera de entender la constitu-
ción de la identidad y naturalmente con las deriva-
ciones en términos de construcción de un discurso
politológico que de ella se deriva. Al igual que el li-
beralismo, el comunitarismo sostiene que la identidad
personal depende de su orientación y adscripción ha-
cia una determinada concepción del bien. Pero entre
ambas posturas las similitudes llegan hasta aquí. Para
el pensador comunitarista las concepciones del bien
y los fnes perseguidos por los individuos poseen una
indudable derivación comunitaria. Los valores tie-
nen, en efecto, su origen en una matriz comunitaria
entendida en términos de contextos culturales y lin-
güísticos preexistentes al individuo.
Un pensador comunitario como Charles Taylor
desarrolla esta idea central bajo la argumentación
siguiente: para Taylor saber quien soy equivale en
buena medida a saber donde estoy. Ello significa
que mi identidad la definen los compromisos e
identificaciones que forman el horizonte en el cual
puedo determinar en cada caso el valor o dignidad
de una acción. Cuando yo defino —ejerciendo mi
racionalidad— mi orientación moral específica lo
hago desde un espacio que existe independiente y
objetivamente de mí y prefigura, en consecuencia,
un marco moral desde donde ejercito mi libertad y
defino mi subjetividad.
33
I SOCIEDAD ABIERTA EL LIBERALISMO Y LA “POLÍTICA DE LA IDENTIDAD”
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
La elección libre y autónoma defendida por el libe-
ralismo se encuentra, en consecuencia, comprometida
con valores comunitarios preexistente. De hecho, la
neutralidad valorativa defendida vigorosamente por
el liberalismo no es tal. Atrás de ella se encuentra los
valores liberales: autonomía, pluralidad, tolerancia que
se erigen como superiores. Por otra parte, para que los
seres humanos desarrollen, protejan y conserven el
ejercicio de su libertad como ciudadanos se necesita
mucho más que el apoyo de un sistema político liberal.
En los hechos, sostiene Taylor, se requiere el manteni-
miento de una sociedad, es decir, de estructuras insti-
tucionales y de valores, característicamente liberales.
De estas dos maneras de entender la constitución
de las identidades (identidades individuales versus
identidades colectivas) se desprenden dos posturas en
confrontación. La liberal que defende la defensa de
los derechos individuales; la concepción de la igual-
dad y de la justicia “ciega a la diferencia”; la defensa
de la neutralidad del Estado respecto a las concep-
ciones del bien; y la afrmación del principio de to-
lerancia que garantiza el pluralismo. Frente a ella la
comunitaria que cuestiona sobre todo la afrmación
de un individualismo abstracto y sin raíces; y que en
consecuencia cuestiona también la imposición liberal
de la “homogeneización social”; por lo tanto, discri-
mina a los grupos minoritarios y oprime a los grupos
desaventajados. Estas son las antípodas del debate.
No signifca que los representantes moderados de am-
bas posturas no busquen el diálogo y la reconciliación
de posturas antagónicas.
CRÍTICAS LIBERALES AL MULTICULTURALISMO
Y A LA POLÍTICA DE LA IDENTIDAD
Las principales críticas emanadas del liberalismo ha-
cia el multiculturalismo se pueden resumir en los dos
argumentos siguientes: a) las identidades de los indi-
viduos son múltiples, diversas y pueden convivir en-
tre sí; en cambio el multiculturalismo privilegia solo
una de ellas y la absolutiza haciéndola que se incline
por la lógica del espíritu de cuerpo, del llamado de
la “tribu”, volviendo a dicha identidad exaltada, fa-
nática e intolerante; b) el multiculturalismo defende
el principio del relativismo cultural (cosa que, en
efecto, hace) en virtud del cual se da igual valor a
todas las culturas. Para el liberalismo este principio
es problemático. Por una parte, el liberalismo ad-
mite el principio de la inconmensurabilidad de las
formas de vida y de ahí su apuesta por un Estado
neutral deontológico o del rawlsiano “consenso tras-
lapado”. Por el otro, ve en dicho principio el peligro
de relativizar precisamente los valores universales
que defende: derechos humanos, libertades, secula-
rización, igualdad jurídica, etcétera. Para ilustrar y
desarrollar con más amplitud esta visión crítica del
liberalismo me detengo en los argumentos esboza-
dos por el conocido politólogo italiano G. Sartori
vertidos en su ensayo La sociedad multiétnica. Plu-
ralismo, multiculturalismo y extranjeros.
En esta obra, Sartori señala que el multiculturalis-
mo constituye en la actualidad la principal amenaza
contra los ordenamientos democráticos liberales exis-
tentes. Esto es así debido a que el multiculturalismo
destruye los mecanismos que hacen posible y viable
la expresión de la pluralidad social. El pluralismo
correctamente entendido, dice Sartori, defende pero
también frena y contiene a la diversidad. El pluralis-
mo, de hecho, hace posible un mínimo grado de co-
hesión sin el cual es impensable la integración y el
funcionamiento del todo social. El multiculturalismo,
afrma Sartori, niega estas virtudes del pluralismo
además de que adopta una fgura militante muy agre-
siva que elimina la principal virtud del pluralismo y
del liberalismo, a saber, la tolerancia. Por tales razo-
nes, Sartori rechaza la argumentación según la cual
Foto: Paola Martínez Hernández
34
SOCIEDAD ABIERTA I ÁNGEL SERMEÑO QUEZADA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
puede defenderse que el pluralismo encuentra una
continuación y su ampliación en una política activa
que promueve las diferencias étnicas y culturales.
Veamos esta idea con más detalle. Sartori parte de
una distinción que establece la posibilidad de enten-
der de dos maneras distintas el multiculturalismo. La
primera indica que el multiculturalismo es una situa-
ción de hecho nada novedosa que expresa y registra
a secas la existencia de una pluralidad de culturas. El
multiculturalismo así entendido es, pues, una mane-
ra, entre otras posibles, de representar o dar cuerpo a
una concepción pluralista del mundo. La segunda, en
cambio, constituye una versión antitética de la pri-
mera. Se trata, en efecto, de una concepción anti-plu-
ralista del multiculturalismo que considera como un
valor prioritario la diversidad cultural. Ello da cabida,
en las entrañas de esta segunda concepción, a un pro-
yecto que precisamente justifca y alienta de manera
creciente la diversifcación, multiplicación, incluso
oposición de grupos sociales sobre la base de crite-
rios como la raza, la etnia, el lenguaje, la religión,
las costumbres, el género, las preferencias sexuales,
etcétera. A los promotores, divulgadores y activistas
de este proyecto ideológico dirige Sartori sus contra-
replicas más agudas y contundentes.
En este sentido, autores protagonistas del debate
multicultural como Charles Taylor y Will Kymlicka
ocupan un lugar central como adversarios intelec-
tuales de Sartori. En particular, la obra de Taylor, El
multiculturalismo y la política del reconocimiento, es
objeto de una crítica frontal. Para Sartori, la principal
contradicción del planteamiento de esta obra estriba
en el hecho de que desconoce y socava el valor del
pluralismo, el cual constituye el presupuesto que la
hace posible. Sin la existencia de una sociedad libe-
ral, insiste Sartori, el multiculturalismo en la versión
de Taylor sería impensable. Sin embargo, este mismo
multiculturalismo atenta contra la sociedad liberal
que le concede viabilidad.
El núcleo de la argumentación de Taylor sostiene
que la política contemporánea gira en torno a la nece-
sidad de reconocimiento. Tal reconocimiento es recla-
mado por parte de grupos minoritarios y subalternos
que ven la falta de reconocimiento o en el falso reco-
nocimiento una forma de opresión que atenta contra
la dignidad humana. Este hecho moldea de manera
negativa e injustifcadamente dañina la identidad de
los grupos minoritarios y subalternos afectados. De
aquí deriva Taylor la necesidad de impulsar formas
de organización de la convivencia humana que sean
coherentes con el respeto a la diversidad y rompan
con la imposición de unas culturas sobre otras.
Para Sartori tomarse en serio el anterior plantea-
miento es incurrir en una exageración de grandes
dimensiones. Sartori opone tres consideraciones: 1)
rechaza la idea de que el frustrado reconocimiento
sea opresión en un sentido fuerte o real del término;
2) sostiene que en el argumento de Taylor se da un
salto demasiado fácil y desenvuelto entre individuo
y grupo, entre persona individual y colectividad; 3)
rechaza el relativismo cultural. Para el politólogo
italiano es inaceptable atribuir a todas las culturas
igual valor dado que ello nos hace caer en un relati-
vismo absoluto que destruye de forma lamentable la
noción misma de valor.
Al fnal, todo el debate se reduce para Sartori a una
cuestión de pragmatismo político. Más allá de las dis-
cusiones sustantivas y normativas, la cuestión crucial
es explicar el porqué “de golpe” la política de la dife-
rencia se convierte en un problema tan decisivo para la
política democrática de nuestro tiempo. Tal y como se
cuestiona Sartori, debemos explicar: “¿Por qué al re-
conocer algunas diferencias escogemos precisamente
las que escogemos? ¿Por qué una diferencia llega a ser
importante —se percibe como importante— y otras
no?”. Según Sartori, es inútil todo esfuerzo de buscar
un criterio objetivo y coherente para despejar dicha
incógnita. Las diferencias que cuentan son diferencias
que se han ganado el “reconocimiento” de manera ar-
bitraria sobre la base del cabildeo, la movilización y
el ruido. Esta convicción es la que permite a Sartori
afrmar que la política del reconocimiento no se limi-
ta exclusivamente a “reconocer” sino que en realidad
fabrica y multiplica las diferencias con las negativas
consecuencias que implica para la democracia liberal.
En efecto, todo el entramado conceptual de la
política de la diferencia tiene la finalidad de jus-
tificar y legitimar una interpretación alternativa
del constitucionalismo liberal que abre camino a
leyes sectoriales; es decir, a leyes desiguales ca-
racterizadas por volver norma la excepción. Sar-
tori afirma, en consecuencia, que el multicultura-
lismo ignora y niega los tres pilares que sostienen
el constitucionalismo liberal, a saber: a) la neu-
tralidad del Estado; b) la separación del cargo y
de la persona; c) la generalidad (mejor dicho, la
omni inclusividad) de las leyes. En la medida en
que el éxito del multiculturalismo se expande, la
sociedad plural se debilita. El desenlace de esta
tendencia no puede ser otro, según Sartori, que
el retroceso a esquemas pre-modernos (cerrados,
homogéneos y arbitrarios) de convivencia social.
35
I SOCIEDAD ABIERTA EL LIBERALISMO Y LA “POLÍTICA DE LA IDENTIDAD”
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
CIUDADANÍA, MULTICULTURALISMO
Y DERECHOS DE GRUPO
Con relación a las concepciones predominantes y con-
vencionales de ciudadanía, el multiculturalismo opone
la noción de “ciudadanía diferenciada en función de
grupo” o coloquialmente mejor conocida como “ciuda-
danía multicultural”. Ello supone que los miembros de
la comunidad política articulada en términos de Esta-
do-nación pueden merecer una especie de adscripción
adicional a dicha comunidad ahora ya no sólo como
individuos sino también como miembros de grupos
específcos de modo que sus derechos merecerían una
ampliación adicional en razón de su pertenencia a estos
grupos particulares. Se trata, como sabemos, de la res-
puesta práctica institucional a las cuestiones derivadas
de la diversidad del pluralismo cultural.
Naturalmente, la tesis anterior contiene un evi-
dente reclamo político emanado de los grupos cul-
turalmente excluidos y que se encuentran en des-
ventaja de cara al proceso político. El espectro de
grupos que se busca amparar bajo tal categoría es
total: negros, mujeres, pueblos aborígenes, mino-
rías étnicas y religiosas, homosexuales y lesbianas.
Sostienen que los derechos de ciudadanía, origi-
nalmente definidos por y para hombres blancos, no
pueden dar respuesta a las necesidades específicas
de ellos en tanto grupos minoritarios. Es decir, es-
tos grupos advierten que tienen necesidades par-
ticulares que exigen políticas diferenciadas sobre
todo en materia lingüística, territorial y, en general
de corte cultural.
Por supuesto, estas demandas de “ciudadanía di-
ferenciada” plantean serios desafíos a la concepción
liberal predominante de ciudadanía. La idea de una
ciudadanía diferenciada es considerada como una
contradicción en los términos. Rompe con la aspi-
ración universal de igualdad jurídica que presupone
la noción convencional de ciudadanía. Una objeción
menos radical sencillamente concluye que la ciuda-
danía diferenciada es innecesaria toda vez que el li-
beralismo (y sus principios y valores de tolerancia y
derechos humanos) son capaces de ser adaptados para
permitir la expresión de las diferencias sin fracturar la
identidad del cuerpo político.
Por su parte, los defensores del multiculturalismo
sostienen la tesis opuesta. Argumentan que el libe-
ralismo es incapaz de acomodar la diversidad social
y proporcionar un trato verdaderamente igualitario
a sus ciudadanos. Y la razón de ello estriba en que
la noción convencional liberal de ciudadanía es un
ideal homogeneizante y discriminatorio. El debate
sobre la pertinencia y viabilidad de los derechos de
grupo, en consecuencia, está servido. Algunas de
las interrogantes que en opinión de Luis Rodríguez
Abascal (2002: 416) los alimentan inquieren sobre:
“¿Qué concepto de grupo y qué concepto de de-
rechos serían precisos para hablar de derechos de
grupo? ¿Cuál es la importancia moral de ciertos
grupos humanos? ¿Justifica esta importancia la
asignación de derechos de grupo? ¿Cuáles son los
requisitos que deben cumplir ciertos grupos para
que los derechos que se predican de ellos puedan
ser llevados a la práctica?”. Se trata de interro-
gantes validas que exigen una reflexión que vaya
más allá de posturas como la de Sartori que niega
validez normativa a los grupos y solo les concede
un posicionamiento pragmático. Pero lo cierto es
que tanto desde el punto de vista normativo como
desde el punto de vista pragmático la defensa de
los derechos de grupo encuentra más objeciones
que fundamentos sólidos.
1
Me cuento entre los que opinan que a pesar
de la validez de los argumentos en razón de los
cuales la defensa de los derechos de grupo se
justifica para superar condiciones de opresión
y discriminación de minorías, lo cierto es que
no existe hasta la fecha una sola justificación
que pueda sostener o dar cobertura a todos los
derechos de grupo.
Ejemplo de lo anterior lo proporciona el mismo
Kymlicka, el autor canadiense que con más éxito ha
sido capaz de argumentar a favor de la legitimidad y
viabilidad de los derechos de grupo al mismo tiempo
que ha logrado (o seriamente intentado) reconciliar
en tal empresa algunas de las principales antinomias
axiológicas y prácticas que separan a liberales y co-
munitaristas. En efecto, cuando Kymlicka elabora
la justifcación para los tres tipos de derechos de
grupo que propugna, a saber: derechos poli-étnicos,
derechos multiculturales y derechos especiales de
representación, claramente establece que su fun-
1
Entre las críticas normativas a los derechos de grupo pueden enume-
rarse, según Rodríguez Abascal: 1) los grupos no son agentes morales;
2) los grupos no tienen valor independientemente de sus miembros; 3)
si otorgamos derechos a los grupos oprimimos a los individuos; 4) los
derechos de grupo generan problemas graves de cooperación social; 5)
los efectos benefciosos de los derechos de grupo no están garantizados.
Por otro lado, entre las críticas pragmáticas a los derechos de grupo cabe
mencionar, de acuerdo con el referido autor: a) los límites de los grupos
no suelen ser nítidos; b) muchos grupos para los que se reclaman dere-
chos albergan otros grupos en su interior identifcables con el mismo
criterio; c) todo grupo está compuesto de miembros de otros grupos que
lo cruzan transversalmente; d) los grupos son dinámicos, se constituyen,
se transforman, se mezclan con otros y pueden desaparecer; e) tratar de
defnir con precisión a estos grupos genera problemas de supra-inclusión
e infra-inclusión.
36
SOCIEDAD ABIERTA I ÁNGEL SERMEÑO QUEZADA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
damentación abarca únicamente a los reclamos de
las minorías que tienen una motivación étnica o na-
cional. Es decir, otro tipo de reclamos de minorías
basados en otro tipo de expresiones del pluralismo
cultural como temas de género o preferencias sexua-
les, por ejemplo, no cabrían en la fundamentación
elaborada por Kymlicka.
2
CONCLUSIÓN
En México una revista cultural abiertamente militante
en su “identidad” liberal como Letras Libres ha de-
dicado en momentos diferentes de su historia dos de
sus números (el 34 y el 87) a revisar los argumen-
tos emanados de la “política de la identidad” y del
“multiculturalismo”. El primero vio luz en octubre
de 2001 (cuando los acontecimientos traumáticos,
por llamarlos de alguna manera, del 11 de septiem-
bre estaban vivísimos) y fue titulado Fanatismos de
la identidad. El segundo, poco más de cuatro años
después, en marzo de 2006 e igualmente fue titulado
con un sesgo negativo como: La bomba multicultural.
Las presentaciones de ambos números no tienen des-
perdicio en términos de defnir una postura contraria
y radicalmente crítica a las temáticas aquí esbozadas.
En el primer caso el editor o redactor en jefe sostuvo:
Para defnir la identidad no basta conocer la calidad de idénti-
co, sino confrontarla con lo diferente: lo uno se explica frente
a lo otro. En el ámbito abstracto de las defniciones, lo uno y
lo otro se contrastan en armonía: se dan sentido; en el mundo
real, se rechazan y niegan sin reconocerse. Pareciera que ten-
demos antropológicamente al gregarismo, al espíritu de cuer-
po, al llamado de la tribu. Incluso en el seno de las sociedades
más desarrolladas y libres del mundo, las sectas, las socieda-
des secretas, los círculos con derecho de admisión ejercen un
oscuro atractivo. El principio que opera en todas es el mismo:
privilegiar una supuesta naturaleza colectiva en detrimento de
los múltiples rasgos y leves matices que conforman la rea-
lidad de cada individuo. Valores comunitarios, casi siempre
una herencia (se nace blanco, judío, mujer, chipriota) frente
2
“Me centraré —afrma Kymlicka (1996: 36)— en el tipo de ‘multicultu-
ralismo’ derivado de las diferencias nacionales y étnicas. Como dije antes,
utilizó ‘cultura’ como sinónimo de ‘nación’ o ‘pueblo’; es decir, como
una comunidad intergeneracional, más o menos completa institucional-
mente, que ocupa un territorio o una patria determinada y comparte un
lenguaje y una historia específca. Por tanto, un Estado es multicultural
bien si sus miembros pertenecen a naciones diferentes (un Estado mul-
tinacional), bien si éstos han emigrado de diversas naciones (un Estado
poli-étnico), siempre y cuando ello suponga un aspecto importante de la
identidad personal y la vida política […] No incluyo aquí el tipo de estilos
de vida grupal, movimientos sociales y asociaciones voluntarias que otros
engloban dentro del ámbito del multiculturalismo. Y no porque piense que
las cuestiones que planean estos grupos no sean importantes; antes al con-
trario, doy por supuesto que la acomodación de las diferencias étnicas y
nacionales es sólo uno de los aspectos de una lucha más amplia para lograr
una democracia más tolerante e inclusiva”.
a valores individuales, casi siempre un mérito (uno se hace
abogado, ecologista, cocinero, escritora). Ese es el dilema del
mundo del futuro… los problemas que genera la naturaleza
comunitaria del hombre cuando se vuelve fanática, exaltada,
intolerante con el Otro, con el diferente…
En el segundo caso, el enfoque fue similar:
El multiculturalismo defende la diversidad cultural y una
sociedad multiétnica, haciendo hincapié en el respeto y la
tolerancia. Bellas pero cándidas palabras si se analizan con
cuidado. Fruto de la posmodernidad, y su inherente relati-
vismo, propone que todas las formas de civilización son cul-
tural y éticamente equiparables. Quien defende esta idea,
incluso con la mejor de las intenciones, pone en peligro el
acuerdo que destilo Occidente después de siglos de batallas
y concertaciones, la universalidad de los valores que deben
regir una democracia, a saber: derechos humanos, libertad
de prensa, igualdad jurídica del hombre y la mujer, separa-
ción del Estado y la religión, etcétera. Es decir, respeto al
individuo frente a la entelequia de los valores colectivos. El
multiculturalismo piensa las culturas como departamentos
estancos, imperturbables en el tiempo y ajenos a las infuen-
cias. Frente a este discurso, se impone la lógica de las iden-
tidades voluntarias y múltiples, el mestizaje, la identidad
como suma de gustos, gestos y actitudes. El multicultura-
lismo ve el mundo desde las rígidas vitrinas de un museo de
etnografía: aquí, los inmarcesibles vascos, allá los indómitos
aymaras, y no como el mosaico vivo, contradictorio, cam-
biante y mezclado de la humanidad. El multiculturalismo pro-
pone, en última instancia, leyes específcas para cada comuni-
dad, al exigir respeto a prácticas, usos y costumbres muchas
veces inaceptables desde otras ópticas. Frente a este discurso
están los valores liberales e ilustrados, con el buque insignia
de la igualdad frente a la ley. Ciudadanos libres y no suma de
tribus, los habitantes de un país suscriben un acuerdo frente al
que se tiene los mismos derechos y las mismas obligaciones.
Al citar en extenso ambas presentaciones lo que bus-
co es mostrar la fuerza de los argumentos con que
desde el liberalismo, al menos desde cierto liberalis-
mo más radical y militante, puede objetarse frontal-
mente al multiculturalismo pese al evidente atractivo
de sus tesis que buscan dar cobertura a los legítimos
anhelos, angustias y necesidad de seguridad que mu-
chos hombres y mujeres buscan en un contexto epocal
caracterizado por experimentar profundas y rápidas
convulsiones y transformaciones de las sociedades
y ordenes políticos de fnales/inicio de siglo. Perso-
nalmente comparto la opinión en razón de la cual se
afrma que en el debate “liberalismo-comunitarismo”,
las críticas comunitaristas al liberalismo son un sano
y acertado correctivo a los límites normativos y prác-
ticos de este último. Sin embargo, la segunda parte de
37
I SOCIEDAD ABIERTA EL LIBERALISMO Y LA “POLÍTICA DE LA IDENTIDAD”
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
esta afrmación reconoce que las propuestas alternati-
vas que el comunitarismo esboza para superar dichos
límites fallan a la hora de su viabilidad e implemen-
tación práctica. Así, si las críticas comunitaristas dan
fundamentación normativa al programa político del
multiculturalismo y de las políticas de la identidad,
este último no queda exento de incurrir en muchos
de los excesos y peligros que sus contrapartes libera-
les les achacan. Por supuesto, las posturas radicales y
extremas de los debates suelen terminar dando paso
a las posiciones intermedias conciliadoras donde en
efecto se experimenta el impacto benéfcos de estos
debates. En todo caso si me piden que me pronun-
cie en qué rango de gradación me ubico en el eje
que contrapone universalismo con particularismo;
individuo con comunidad; libertad con igualdad; me
temo que trataré de estar más cerca de la primera
que de la segunda alternativa.
Por ello, quisiera reiterar mi adscripción a la
defensa de la concepción liberal universalista de
ciudadanía. Ello en el sentido de que a pesar de
la idea de un “Yo” abstracto, a-histórico, previa-
mente constituido sea un ejercicio epistemológico
polémico y problemático permite dar cuerpo a una
concepción de ciudadanía donde estos son conce-
bidos como seres libres y capaces de mantener y
revisar su concepción del bien. Los ciudadanos son
actores con identidad moral que les permite asumir
compromisos políticos y no políticos; se ven a sí
mismos con capacidad para reclamar y exigir de
sus instituciones la promoción de su concepción
del bien; los ciudadanos así entendidos son capa-
ces de comprometerse con una tarea de coopera-
ción social a largo plazo y ajustar sus objetivos y
responsabilidades a esa tarea.
En suma, lo que me sigue persuadiendo de una
concepción formal, universalista de ciudadanía como
la referida es que no se encuentra en contradicción
con una dimensión ético-política de la misma. Una
dimensión que reivindica desde una perspectiva ge-
nuinamente liberal (aunque el diálogo con el republi-
canismo —del cual por razones de espacio no hemos
podido hablar en estas notas— enriquece notable-
mente al liberalismo) capaz de apelar a la existencia
de un deber de civilidad moral, fuerte y asumible para
todos aquellos que conviven en una comunidad polí-
tica. Esto nos trae hasta el terreno de la refexión so-
bre la importancia de la educación para la ciudadanía
y de las virtudes cívicas, aspecto que por el momento
ya no es posible abordar en esta sede.
REFERENCIAS
A.A.V.V. (2001), “Fanatismos de la identidad”, Le-
tras Libres, octubre, núm. 34.
A.A.V.V. (2006), “La bomba multicultural”, Letras
Libres, marzo, núm. 87.
Fraser, N. (2000), “¿De la redistribución al recono-
cimiento? Dilemas de la justicia en la era ‘pos
socialista’”, New Left Review, Edición en espa-
ñol, núm. 0.
Habermas, J. (1998), “Ciudadanía e identidad na-
cional”, apéndice a Facticidad y validez. Sobre el
derecho y el Estado democrático de derecho en
términos de teoría del discurso, Barcelona, Trotta.
Kymlicka, W. (1996), Ciudadanía multicultural. Una
teoría liberal de los derechos de las minorías, Bar-
celona, Paidós.
Mulhall, S., y Swift, A. (1996), El individuo frente a
la comunidad. El debate entre liberales y comuni-
taristas, Madrid, Temas de Hoy.
Rawls, J. (1979), Teoría de la justicia, México, FCE.
Rawls, J. (1995), Liberalismo político, México, FCE.
Rodríguez Abascal, L. (2002), “El debate sobre
los derechos de grupo”, en E. Díaz y J. L. Co-
lomer (eds.) Estado, justicia, derechos, Ma-
drid, Alianza.
Sartori, G. (2001), La sociedad multiétnica. Pluralismo,
multiculturalismo y extranjeros, Madrid, Taurus.
Sermeño, A. (1998), “El renacimiento de los libera-
lismo: una refexión desde América Latina”, Me-
tapolítica, vol. 2, núm. 6, abril-junio.
Taylor, C. (1993), El multiculturalismo y “la política
del reconocimiento”, México, FCE.
Taylor, C. (1996), Fuentes del yo. La construcción de
la identidad moderna, Barcelona, Paidós.
Zapata-Barrero, R. (2001), Ciudadanía, democracia
y pluralismo cultural: hacia un nuevo contrato so-
cial, Barcelona, Libros de la Revista Anthropos.
DEBATES
El individualismo reticular
en la era de la comunicación
E
l presente número no pretende volver por los senderos entusiastas del análisis
superfcial de la revolución digital, sus usos y apropiaciones; propone un ejer-
cicio a contracorriente de refexividad colectiva y crítica en nuestros tiempo de
charla distraída y omisiones sobre las consecuencias en la vida cotidiana de la presencia
de los medios de comunicación analógicos y digitales.
De este modo, para quienes colaboran en esta ocasión los temas coyunturales como lo es
la reforma de la Ley de telecomunicaciones en nuestro país y sus consecuencias en las for-
mas de propiedad e intervención del Estado respecto a la regulación de los usos del espectro
radiofónico; así como las transformaciones en las formas de sentir, mirar y comunicarse a
través de las redes sociales gestionadas por los oligopolios que controlan internet y las redes
sociales, implican un esfuerzo de investigación y refexión, así como un ejercicio crítico
sobre una realidad que está cambiando la mentalidad, la subjetividad y las maneras de mirar
al mundo en nuestros días.
Los análisis que el lector encontrará no se reducen a exponer posturas “tecnóflas” ni
“tecnófobas”, sino ejercicios que pretenden abrir un espacio de crítica reciproca que no re-
conoce ningún tabú sobre los temas aquí tratados. Entonces, se parte de un ejercicio crítico,
es decir, de la facultad de separar, distinguir, y desde luego juzgar, convocando al lector a
tomar la palabra y debatir. No son verdades absolutas las que se pretenden transmitir, sino
elementos conceptuales, datos, información, análisis que puedan ser útiles para orientarnos
en la coyuntura comunicacional en la cual estamos inmersos.
Por un lado, nos referimos a las consecuencias sociales, culturales, educativas, económi-
cas y mentales que la actual reforma en telecomunicaciones en nuestro país está poniendo
en juego, y por el otro, aludimos a la necesidad de abordar la cuestión con un análisis que
rebase el entusiasmo ciego sobre las tecnologías de la información y la comunicación, así
como la de desarrollar análisis críticos e interdisciplinarios.
Pablo Gaytán Santiago
ALEIDA CALLEJA:
“LA convergencia DIGITAL
IMPLICA CAMBIO DE MENTALIDAD Y CULTURA”
Entrevista realizada por Guadalupe Ochoa Aranda
*
Foto: Guadalupe Ochoa Aranda.
41
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
L
a comunicadora social Aleida Calleja, presi-
denta de la Asociación Mexicana de Derecho a
la Información (AMEDI), promotora de las ga-
rantías de las radios comunitarias y la producción in-
dependiente, sostiene en entrevista con Metapolítica
que la reforma constitucional para las telecomunica-
ciones y la radiodifusión se encuentra en un momen-
to defnitorio para el cambio paradigmático en las
comunicaciones en nuestro país. Señala que las leyes
secundarias que se deriven de la discusión sobre la
reforma serán cruciales para alcanzar la democrati-
zación de los medios que, desde hace cincuenta años
no ha tenido cambios positivos.
La columnista de La silla rota se congratula por
el hecho de cancelar la facultad discrecional del pre-
sidente de la república de administrar el espectro de
las telecomunicaciones, y sólo resta que el Institu-
to Federal de Telecomunicaciones (IFETEL), quede
conformado por ciudadanos independientes de los
intereses empresariales.
Articulista especializada en el análisis de medios
de comunicación en México, vislumbra que en los
próximos meses habrá una tensión invisibilizada en
el debate de las leyes secundarias en el terreno pú-
blico, debido al reacomodo de las fuerzas políticas
y al manejo de la información de las dos principales
televisoras, ambas promoverán a través de sus líde-
res de opinión a que el Estado no funja como titular
de la red comunicativa.
Además, entrevé que la discusión estará concentra-
da en las concesiones de la fbra óptica, la banda del
700 Mhz para la digitalización televisiva y la inclusión
de productoras comunitarias e independientes en los
porcentajes de la programación televisiva y radiofóni-
ca, tal y como sucede en países como Estados Unidos
(30 por ciento) y Australia (50 por ciento), son sólo
algunos de los intereses económicos que están en jue-
go y otros están relacionados con seguridad nacional,
propiedad intelectual y la libre expresión.
La comunicadora social considera la coyuntura
favorable para activar el movimiento “#Yosoy132”
en función a su demanda original (derecho a la in-
formación y libertad de expresión), y por otro lado
hace un llamado al sector académico de las uni-
versidades públicas y a la sociedad civil a que no
silencien sus voces y participen en este debate tras-
cendente en la vida de los mexicanos. Aleida Calleja
opina que el peor escenario sería el cambio para
que no cambie nada (gatopardismo) y, con ello, se
habrá perdido la batalla.
*
Periodista y psicóloga social
¿Cuál sería tu balance general sobre la aprobación
de la reforma de telecomunicaciones y radiodifusión?
La reforma va dirigida a anular las prácticas monopó-
licas y la posición abusiva en cuanto al predominio de
Telmex y de las dos televisoras más importantes del
país. Se trata que exista una rectoría del Estado frente
al mercado, dado que el mercado ha demostrado su in-
efciencia en el servicio que brinda, los altos costos y
la concentración de los mismos, por lo que necesita re-
glamentarse. Sin embargo, hay quienes piensan que la
reforma no sirvió de nada, en la medida en que segui-
rán dominando los servicios comunicativos de Carlos
Slim y Emilio Azcárraga, y no entienden que la refor-
ma no fue creada para la desaparición de estas empre-
sas grandes y fuertes que además generan empleos.
El asunto al derecho a la información y la con-
vergencia tecnológica no solo debe ser visto desde
una mirada tecnológica-comercial, también debe en-
focarse en lo social. Si bien las telecomunicaciones
es uno de los sectores de mayor crecimiento y dina-
mismo en el mundo, no se puede eludir el tema de la
competencia económica y el producto interno bruto
que implica entre otras cosas, la seguridad nacional,
la creación de empleos, trabajo califcado, etcétera.
A veces las cuestiones técnicas generan tanta com-
plejidad que las personas dejan de interesarse en el
tema y realmente no es tan complicado, por lo que
hace falta un debate bien informado.
La reforma puede ser un gran paso en la parte de
la concentración y monopolios dado que muestra cla-
ramente la partición de monopolios en lo referente a
telecomunicaciones y una vez que se liciten las dos
cadenas de cobertura nacional de televisión van a de-
jar de tener tanta dominancia.
¿Cómo se podría caracterizar esta iniciativa, desde
qué perspectiva política?
Es una iniciativa que recupera demandas de la iz-
quierda, tales como los derechos de las audiencias, el
internet libre (que no signifca gratuito), ampliación
de la libertad de información sin injerencias arbitra-
rias, se tocan los medios sociales incluyendo las co-
munitarias e indígenas; que las telecomunicaciones y
la radiodifusión sean de servicio público. En suma,
lo que hace el presidente Peña Nieto con el Pacto por
México y la reforma en telecomunicaciones es apro-
piarse de la agenda de la izquierda.
La parte más polémica es la desconcentración.
Está claro que se cuidaron los intereses de las tele-
42
DEBATES I GUADALUPE OCHOA ARANDA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
visoras, que de alguna manera les va afectar, pero no
como va a perjudicar a Carlos Slim directamente.
La AMEDI revisó la propuesta y nos pareció que
contenía muchas demandas sociales y otras estaban
excluidas, pero se espera que sea en las leyes secun-
darias donde se pueda incluir el dónde, cómo, cuánto
y qué para hacer que se cumpla la constitución. A ve-
ces pareciera que es más fácil cambiar la constitución
que hacer una ley complementaria. Ahí es donde real-
mente los poderes fácticos van operar.
Se dice que cuando Azcarraga y Slim dan la bien-
venida a la competencia, es una afrmación sospe-
chosa. Pero si ambos se hubieran opuesto o hecho
una declaración en contra de la reforma hubiera sido
una demostración de guerra en contra del presidente
y del partido en el gobierno. Lo dicho públicamen-
te no quiere decir que no sigan operando de manera
subterránea, el ejemplo Megacable, los cableros que
se encuentran en los estados (Monterrey, Chihuahua,
Tamaulipas y otros); sacó las señales de televisión pú-
blica de la programación, ya no trasmiten TVUNAM,
ni Canal 11 y 22. Esto fue una respuesta concreta, por
lo que es necesario vigilar a estos actores con respec-
to a lo que hacen en el contexto de la reforma y la
discusión de las leyes secundarias.
¿La adquisición de infraestructura virtual que ac-
tualmente realiza Slim en Estado Unidos está diri-
gida a recomponer su mercado y prepararse para
lo que venga?
Con la reforma no van a dejar de ser predominante, pues
Slim es uno de los hombres más ricos del mundo. El
tema reitero, es el abuso: que no operen como poderes
fácticos; que no haya prácticas monopólicas y permitan
la competencia. En los mercados siempre habrá agentes
dominantes, el problema es que no se cartelicen o con-
trolen las tarifas del mercado. La reforma está dirigida a
fortalecer al Estado, eso es avanzar al quitar el control de
las telecomunicaciones a las empresas privadas.
Planteas que existe la posibilidad de tener una inter-
locución con el Estado a través de las leyes secun-
darias, frente a un sector social que no entiende este
primer paso. Entonces, ¿qué acciones de la sociedad
civil corresponden en estos momentos?
El primer paso es que los grupos sociales entiendan
de qué estamos hablando. Obvio, no ayuda el siste-
ma de medios que actualmente tenemos. Son temas
que no se abordan ni en Televisa, ni en TVazteca, ni
en las radiodifusoras; se necesita un gran trabajo de
mediación pedagógica que le permita a la gente en-
tender la importancia del derecho a la información.
Por ejemplo, el hecho de que contemplen las radios
comunitarias es un paso hacia la democratización del
sistema de medios, pero es solo una parte. Está en
juego muchos intereses.
Una chica del #Yosoy132 me escribió que fue una
reforma hecha en lo obscurito. Pero acaso ¿la reforma
electoral del 2007 fue abierta? Esto se ha hecho así
por la dimensión de intereses que se tocan, y a eso
hemos llegado, es una desgracia.
Por lo que dices, observo que todavía hay una co-
rriente de opinión pública que se asume como consu-
mista en función de mejorar los contenidos televisivos
y otra que ve el proceso con los lentes ideológicos.
¿Por dónde considerar que se podría iniciar un de-
bate que contemple a todos?
Una manera es la utilización de las redes sociales,
conferencias, pláticas, entrevistas y artículos para di-
fundir la reforma; pero se necesita del apoyo de otros
sectores, de manera que se tengan efectos multipli-
cadores, y me parece que es algo que el Estado no
hace. La Unesco recomendó que los países miembros
debían generar un debate público con sus sociedades
para determinar el estándar tecnológico. Aquí lo hi-
cieron cinco gatos y nadie se enteró. Nos regimos con
el estándar norteamericano porque así nos lo impusie-
ron. No ha habido una discusión pública real. AMEDI
y otros grupos tratan de difundir con los medios que
tienen a su alcance el tema de la reforma, pues es algo
que nos compete a todos como sociedad.
Cuando tomé como causa el derecho al permiso de
operación de las radios comunitarias mexicanas hace
doce años, todos me miraron como si estuviera loca,
porque se pensaba que eso nunca iba a suceder. Hoy
las radios comunitarias están validadas e incluso es
políticamente correcto expresarlo. Hace una década
era imposible. Antes las discusiones estaban solo en
círculos de académicos muy pequeños, ahora se ha
extendido socialmente y el “#Yosoy132” potenció el
centro del problema, la democratización de los me-
dios y el derecho a la información.
¿Qué repercusiones va tener la ley convergente de
comunicaciones?
Depende, esto puede transformar el paradigma de
la telecomunicación en México, y muchas propues-
43
I DEBATES “LA CONVERGENCIA DIGITAL IMPLICA CAMBIO DE MENTALIDAD Y CULTURA”
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
tas de la reforma fueron emanadas desde la sociedad
civil. A los políticos no se les hubiera ocurrido. Lo
que toca es una vigilancia ciudadana en el actuar del
poder legislativo para que no sea cooptado por el po-
der comercial. El gobierno actual llevó la batuta de la
aprobación de la reforma porque tiene mayoría en el
Congreso con las dos cuartas partes. Cuando se dis-
cuta las leyes secundarias será 50 más uno, mayoría
simple, ahí puede ganar el PRI con sus aliados. Lo
que nos corresponde como sociedad es participar ac-
tivamente en estas leyes con propuestas y vigilancia.
La conformación del IFETEL será determinante en
este proceso, ¿cómo piensas que se dará la elección?
Efectivamente será clave la conformación del IFE-
TEL. Son siete comisionados, por cada lugar le van
a enviar al presidente de tres a cinco propuestas de
las califcaciones más altas. El gran retroceso que se
tuvo en la Cámara de Senadores fue la reducción de
los tiempos para los comisionados, de cinco años a
uno, y de gente ligada a los regulados se redujo de
cinco a tres años. Eso quiere decir que ya están pen-
sando en quienes, ese cambio tiene dedicatoria y no
se reparó en ello.
Es la clave porque va a ser el órgano regulador que
va administrar las redes de telecomunicaciones, va es-
tar en sus manos todo el sector. El ojo de los medios y
de la sociedad tiene que estar vigilante sobre los posi-
bles comisionados en cuanto a su pasado y los vínculos
e intereses que tenga.
Las tendencias del caso las podemos observar en
el “El apagón analógico” en Tijuana el pasado 28 de
mayo, el cual ocasionó que de pronto el despacho Kra-
sovsky Asociados se uniera a la causa ciudadana y se
amparara en contra del apagón. La transición a la tele-
visión digital está llena de piedras. Los amparos y la
propia Cámara de Diputados han puesto controversias
constitucionales y desean atrasar la conversión digital
de 2015 hasta 2021. Hay que preguntarse por qué les
interesa tanto retardarlo, porque es retrasar la entrada
de la competencia y por eso se promueven los ampa-
ros. Por otro lado, en este momento gran parte de la po-
blación no tiene un receptor digital o un decodifcador
para que su televisión analógica capte la señal digital.
Líderes de opinión en radio, televisión y prensa
manipulan la información al respecto porque son los
“expertos” y ahí está un problema de información. Va
ser clave qué universidades públicas propongan comi-
sionados ajenas a los intereses empresariales y que,
además, hagan política.
Entonces, ¿la Universidad Iberoamericana, el ITAM
o el Tecnológico de Monterrey y otras universidades
privadas también van a proponer comisionados?
Bueno, estoy pensando que deberían ser universida-
des públicas. No puede ser solamente con una presen-
cia técnica tiene que ver con competencia económi-
ca, con derechos informativos, libertad de expresión,
propiedad intelectual, son muchas cosas. Se piensa
que por tratarse de telecomunicaciones es meramente
técnico, pero no es sólo eso.
¿Cómo piensas que los productores independientes
podrían ser benefciados en el marco de la reforma?
No es posible que los productores independientes sigan
sin comercializar parte de su trabajo y no se permita
medios de subsistencia y desarrollo. En el Senado fue-
ron muy enfáticos al señalar que son medios sin fnes
de lucro, pero yo digo que con fnes de pérdida es otra
cosa. Cualquier persona física o moral en este planeta
necesita tener una actividad económica para satisfacer
necesidades, y no por ser medios públicos o sociales
no signifca que no necesiten medios de fnanciamiento
propio y el dinero producido como ganancia se invierte
en el proyecto y eso es sin fnes de lucro.
Esta va a ser una pelea fuerte en la discusión de las
leyes secundarias. Las públicos son fundamentales
porque el gran problema es la falta de independencia
editorial de los medios públicos, porque precisamente
depende del poder gubernamental que los subsidia.
En cambio, si tiene otras vías de fnanciamiento ase-
gura su proyección e independencia. Las radios pú-
blicas y productores videográfcos independientes en
muchos países les permiten de 4 a 7 minutos por hora
de comercialización, no más, porque no están en el
terreno comercial.
El empresario flantrópico utiliza esta fgura jurídi-
ca para conformar sus propios organismos no gu-
bernamentales (ONG’s), quienes además de desviar
impuestos, reciben apoyos económicos del Estado.
¿Cómo encontrar formas para que se benefcien los
productores con programas de carácter social?
La televisión y la radio deben tener una cuota de
pantalla, es decir que obligatoriamente una parte de
su programación tiene que ser de producción inde-
pendiente, por ejemplo en Estados Unidos es del 30
por ciento, en Australia es del 50 por ciento. El gran
problema en México es que existe mucha producción
44
DEBATES I GUADALUPE OCHOA ARANDA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
independiente pero no tenemos mecanismos de distri-
bución; lo mismo sucede en el cine cuando se estrena
una película mexicana se exhibe en una que otra sala
y sólo tres días. Esto no puede seguir sucediendo y la
lucha será en el tema del fnanciamiento.
¿Cómo se entiende la competencia económica en
este contexto?
Es una cuestión delicada, pues hay quienes sostene-
mos que la competencia económica en telecomunica-
ciones y radiodifusoras tiene que estar en la ley con-
vergente de telecomunicaciones. Otros consideran
que esa parte de telecomunicaciones y radiodifusión
tiene que estar en la ley de competencia económica.
La AMEDI está elaborando su propia propuesta de
ley secundaria sostenida desde la ciudadanía, esto se
hace en permanente contacto con grupos feministas,
con los que trabajan con niños, periodistas, académi-
cos, entre otros grupos que envían sus propuestas de
lo que debe contener la ley.
Aún no sabemos las defniciones que tome el go-
bierno. Tendría que establecerse una reserva del espec-
tro para medios no lucrativos que permitan un equili-
brio, pues se observa que el 98 por ciento son medios
de comunicación comerciales. La discusión es qué par-
te se coloca y AMEDI considera que debería estar en
la ley de convergencia en un capítulo específco donde
se hable del sistema nacional de radiodifusión pública,
telecomunicación y contenidos audiovisuales.
¿Estamos hablando de derechos de propiedad?
Sí, por eso es importante que el Estado recupere su
rectoría. Las empresas mexicanas lo van a pelear con
ahínco mediante afrmaciones como lo erróneo que el
Estado vuelva a ser operador, o de que nadie querrá
invertir. El mercado tampoco ha mostrado su efcien-
cia, el 60 por ciento de la población está excluido de
los servicios de telecomunicación que además son
malos y caros, sobre todo no llegan a los lugares más
apartados de las ciudades.
Hay otra discusión más compleja como es el órga-
no público-privado que va a manejar la fbra óptica
de la Comisión Federal de Electricidad y la Banda del
700 que será cuando las televisoras pasen a digital,
fundamental para los servicios banda ancha en ina-
lámbricos muy cotizada en el mundo. La constitución
está clara en señalar que el Estado va a tutelar la red.
Hay quienes dicen que el Estado va a ser operador y
que en ese sentido ya demostró su fracaso. Considero
que no tiene por qué ser así, simplemente el Estado
tiene esas redes y tutela para que nadie sea dominan-
te. Rentará y licitará para que otros ofrezcan el servi-
cio. En cambio las empresas mexicanas se cartelizan,
toman acuerdos, controlan el mercado y las tarifas.
El Estado gana y las empresas tienen que invertir en
infraestructura.
Muchos líderes de opinión afrman que volvemos
al monopolio del Estado. No es así. Puedes tener un
modelo como el uruguayo que compite con las em-
presas comerciales. Y no creo que el Estado necesa-
riamente tenga que dar servicio a menos que a las em-
presas no les interese darlo en poblados lejanos donde
no se benefcian económicamente.
No se quiere regresar a ningún monopolio. Se de-
sea que otros existan y para ello tiene que haber un
árbitro que mire por los más débiles y ese debe ser el
Estado, ¿o quién más puede ser? Por ejemplo, se dice
que el IFE debe desaparecer, pero ¿quién va organi-
zar las elecciones?; ¡Gobernación otra vez!. En lugar
de golpear al árbitro cuestionemos a los partidos polí-
ticos que no cumplen con las reglas que aprueban en
el Congreso. Ellos son quienes pervierten el modelo.
La convergencia digital implica cambio de mentali-
dad y cultura, por ello es de suma importancia que
los universitarios se incluyan en la discusión. Es un
asunto de todos no de unos cuantos.
45
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
INDIVIDUALISMO reticular 2.0.
Pablo Gaytán Santiago
*
E
l individuo reticular, la eminente subjetividad
diferencial que sostiene la existencia del hete-
ro-totalitarismo informacional
1
no es más que
una ínsula de posibilidades diseminada en los espa-
cios de confort. En efecto, esto remite a la singula-
ridad de los personajes atrapados por las mutaciones
del capitalismo actual. Nos hace reparar en la pasión
práctica del conjunto integrado por especuladores f-
nancieros, cleptómanos miembros de la clase políti-
ca, aberrantes asesinos seriales, perezosos líderes de
opinión, patrimonialistas miembros de las clases en
el poder, incluidos los narcisistas ciberactivistas de
los movimientos sociales on line. Todos ellos repre-
sentantes del arquetipo antropológico de la época del
conformismo generalizado (Castoriadis, 2006).
Quien mejor representa esta situación es el indi-
viduo que conquista el mundo del trabajo fexible,
la empresa creativa y la actualidad en tiempo real.
Sus comportamientos signifcativamente comunica-
cionales en el espacio público mediatizado se ciñen
a la celebración del sentido de las responsabilidades
prácticas, la toma de riesgos y el gusto emprendedor,
principios necesarios para maximizar la efcacia pro-
fesional y asumir las exigencias de competitividad
requeridas para hacer frente a la nueva coyuntura
*
Profesor investigador en el Departamento de Relaciones Sociales de la
UAM-Xochimilco.
1
El hetero-totalilitarismo información comprende las tendencias de apro-
piación oligopólica de las telecomunicaciones —su soporte físico concen-
trado y extendido en los países metropolitanos, así como el control de
internet, las redes sociales y las industrias trans-mediáticas compuestas
por los medios analógicos y digitales—, donde los usuarios sólo acceden
a los discursos dominantes del entretenimiento y el ejercicio de la inte-
ractividad artifcial, y donde éstos se convencen que esas prácticas, len-
guajes y formas de consumo son únicas e incuestionables, cediendo toda
posibilidad de expresión autónoma, tanto individual como colectiva a los
discursos y prácticas dominantes impuestas por los oligopolios.
económica en un contexto de competencia exacerba-
da. En otras palabras, signifca el ascenso del indi-
vidualismo por saturación, descrito por el sociólogo
francés Robert Castel (2008).
Esta idea de individuo habita el corazón de las re-
formas de inspiración liberal que se despliegan en la
actualidad en todos los campos conquistados por la
privatización estatal, pero sobre todo en la in-mate-
rialización de las industrias mediáticas y la comuni-
cación “peer to peer”.
En esta perspectiva asistimos a la emergencia de
una individuación asimétrica, que no abreva de la ex-
tinta ciudadanía moderna sino de los usuarios-consu-
midores, consistente en la dominante desigualdad en
los procesos de auto-producción y consumo informa-
cional; el usuario-consumidor participa interactiva-
mente en el diseño del próximo smartphone que ad-
quirirá a precios elevados o el aspirante a una pizca de
televisión digital demandará al Estado decodifcadores
digitales gratuitos debido a su precariedad económica,
realizados en tiempo real en las atmósferas maternales
de infantilización generalizada de internet.
Frente al ascenso del individualismo reticular po-
demos arriesgar una tesis: la trascendencia del hetero-
totalitarismo informacional, así como su vivifcación
subyace en lo desigual, lo asimétrico y lo impredeci-
ble. Es en la mutación perceptual, resultado del do-
minio de los medios digitales, las redes sociales y las
industrias mediáticas, donde se produce el desarraigo
del sujeto crítico y neurótico, arquetipo de una mo-
dernidad en declive, gradualmente sustituido por el
sujeto maleable y perverso de la actual modernidad
informacional. Así, tenemos que sobre las cenizas de
la modernidad se confgura el individuo de diferen-
46
DEBATES I PABLO GAYTÁN SANTIAGO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
ciación difusa e indeterminada. Es decir, una indivi-
duación siempre obtusa y opaca, que da lugar a un
conjunto fnito y meta-estable de individuos siempre
diferidos en el tiempo real de las redes sociales pero
en pleno funcionamiento consumista. A pesar de que
los expertos señalan que la percepción del tiempo ha
cambiado, en el sentido de que el nuevo tiempo es
discontinuo pero difusamente medible, éste fnalmen-
te se convierte en valor, traducible contablemente en
dólares o euros se acumula en las arcas virtuales o
en riqueza material de los dueños de las empresas on
line. Esta forma de consumo laboral colectivo produ-
cirá en intercambios desiguales, dando lugar a nuevas
formas de injusticia y dominio metapolítico.
MONO-VIDUOS CONECTADOS
¿Cómo se constituye esta individuación? Se constitu-
ye a partir de una corporalidad individual compuesta
por un número grande de partes extensivas unas a las
otras, las cuales sólo le pertenecen al usuario-consu-
midor bajo una relación de movimiento y reposo, ve-
locidad y lentitud, donde el individuo es una intensi-
dad, una subjetividad. En suma, el individuo se defne
en el orden del vínculo, no en aquel de la sustancia; es
una relación diferencial, un “mono-viduo”, converti-
do en la única y máxima instancia que decide lo que
se tiene que hacer o dejar de hacer (Oliveira, 2010).
El tipo antropológico del hombre en el conformis-
mo generalizado es resultado de las opciones autó-
nomamente tomadas —libertad de elección mercan-
til—, pero también de los infujos sociales a través
de la moda, la publicidad y los entornos familiares o
educacionales. Todo el universo de signos y objetos
gira alrededor de su ombligo.
Frente al solipsismo “mono-vidual”, ningún indi-
viduo posee las mismas relaciones, sobre todo si re-
conocemos que hoy vivimos un tiempo en el que las
antiguas relaciones cara a cara que podían confgu-
rar una red muy limitada de relaciones sociales, son
sustituidas por relaciones mediadas por los universos
incorporales análogos y digitales; es decir, por todos
aquellos artefactos y objetos tecnológicos que trans-
miten mensajes y signifcados y con los cuales el su-
jeto puede interactuar, operar, leer de diversas mane-
ras (teléfono celular, Ipad, consolas de videojuegos,
ordenador, televisión, radio, videocámara, tabletas,
smartphone, entre otros). En el ambiente tecnológico
las relaciones cara a cara no tienen la última palabra,
ya que las relaciones del “mono-viduo” son indeter-
minadas por las prótesis individuales y colectivas,
auténticas extensiones del hombre contemporáneo.
Obsérvese que hablamos de extensiones artifciales
que un tiempo fueron analógicas y que actualmente
tienden a la digitalización, y además son teledirigidas
(“uno a muchos”) por las empresas que controlan in-
ternet y la telefonía móvil.
LA DIGITALIZACIÓN PERCEPTUAL DEL
INDIVIDUO RETICULAR
La llamada convergencia digital está llevando al con-
junto de la humanidad hacia grandes transformacio-
nes sensoriales. Esto nos empuja a la comprensión de
cómo el “mono-vidualismo” es el resultado complejo
de la fragmentación sensorial que tuvo lugar a cau-
sa de los procesos de digitalización de los universos
incorporales. Se puede decir, usando el lenguaje de
la informática, que un individuo existe en tanto ter-
minal de consumidor de subjetividad —hetero-tota-
litaria informacional—, ya que consume sistemas de
representación, de sensibilidad que no tienen nada
que ver con categorías naturales universales. Tome-
mos un ejemplo. Los transeúntes que pasean por las
calles equipados con Ipad, smartphone o teléfono ce-
lular establecen con la música una relación que no es
“natural”. Al producir ese tipo de instrumento (como
medio y contenido de comunicación), la industria que
lo fabrica no está haciendo algo que simplemente re-
produce “la música” u organiza sonidos naturales. Lo
que esa industria lleva a cabo es la invención de un
universo musical soportado en otra relación con los
objetos musicales: la música viene de dentro del ar-
tefacto y no de un punto exterior. En otras palabras,
lo que la industria hace es inventar una nueva percep-
ción. Utilizando la terminología guattariana, se puede
decir que el smartphone es una máquina expresiva
componente de los universos incorporales de las ma-
sas serializadas. En suma, el “mono-viduo” sólo exis-
te como representación y realización hetero-totalita-
ria informacional; se vuelve un individuo reticular.
Ahora bien, habría que precisar el signifcado de
la fragmentación sensorial producida por la digitali-
zación de los universos incorporales a los que está
expuesto el individuo reticular. Ésta no es otra cosa
que la fragmentación de la experiencia en estímulos
sensoriales diferenciados y al mismo tiempo codif-
cación de esos estímulos. Frente a ese fenómeno del
orden mental y psíquico los expertos solo alcanzan a
edifcar discursos entusiastas o escépticos sobre di-
chos cambios; observan cambios culturales o nuevos
estilos de aprendizaje pero no la digitalización —es-
tímulos diferenciados— como una forma de la frag-
mentación de la experiencia humana que, por cierto,
47
I DEBATES INDIVIDUALISMO RETICULAR 2.0.
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
está ordenada a distancia por los oligopolios transme-
diáticos, los cuales leen en tiempo real las sensaciones
de los usuarios-consumidores de las redes sociales di-
gitales. Con este proceso comunicacional los medios
digitales crean un nuevo campo de experiencia y nue-
vas interpretaciones de la realidad que no se detectan
con tanta facilidad. Al respecto podemos decir que
actualmente son muy escasos los estudios sobre los
cambios de percepción producidos por el uso de la te-
lefonía móvil. En todo
caso habría que recu-
rrir a Merleau Ponty o
a Paul Valèry, quienes
ya habían visualizado
en los años treinta del
siglo XX una “distri-
bución de la realidad
sensible a domicilio”
(Braganca, 2010).
La cultura digital
tiene un precio; redu-
ce ineludiblemente la
información que está
presente en el substra-
to material en la vibración del aire o en la imagen de
una escena; el usuario que escucha en volumen satu-
rado una obra musical grabada originalmente en siste-
ma análogo no alcanza a distinguir todos los matices,
timbres y niveles musicales ya que escucha una obra
con limitado ruido blanco. Escucha armonías empo-
brecidas. Esto se debe al hecho de que se trata de una
re-masterización de información, y aquí no me refero
a la información distribuida en el mercado mediático
ni siquiera la información científca, sino a los datos
—en este caso de notas y sonidos de distintos instru-
mentos—, imágenes y al contenido universal que cir-
cula en las red, la cual es percibida de manera forzada
por el individuo reticular. En suma, la digitalización
signifca la traducción de propiedades materiales a una
serie fnita de números, lo cual es una reducción, una
aproximación y sólo un esbozo de la realidad sea ima-
gen, dato o sonido (Parrondo, 2002). Esta consecuen-
cia de la digitalización de la experiencia y subjetividad
humanas es una cuestión fundamental poco atendida
tanto por tecnófobos como por tecnóflos.
EL INDIVIDUALISMO RETICULAR EN EL
“APAGÓN ANALÓGICO”
Hoy día en México estamos ingresando a la era del
paradigma del hetero-totalitarismo digital, ya que
mientras los monopolios comunicacionales introdu-
cen equipamiento de transmisión digital, los aparatos
receptores de sus audiencias son analógicos, lo cual
produce una interrupción de mensajes con su conse-
cuente bombardeo emocional. Así, estas audiencias
reciben mensajes a través de aparatos que siguen
funcionando con voltajes e intensidades de corrientes
eléctricas, o sea con aparatos analógicos. Esta situa-
ción llamada “apagón analógico” plantea las grandes
desigualdades económicas y sociales de los usuarios-
consumidores en un
país que pretende
llegar a la “moderni-
dad digital”, en don-
de las empresas que
controlan el mercado
de las comunicacio-
nes y la información
encuentran el mayor
obstáculo valorizador
en las audiencias evi-
dentemente precarias,
las cuales pronto están
siendo atendidas por
el Estado.
Un régimen político que en su desaforada ilusión
de modernidad pretende desaparecer por decreto el
carácter continuo de la señal analógica. La señal ana-
lógica da lugar a una percepción abierta e ilimitada,
ahora en proceso de extinción debido al mencionado
“apagón analógico”. Dicha calidad sensorial que esti-
mula la imaginación interior y exterior de la singula-
ridad humana está siendo limitada y transformada por
los procesos de digitalización a través de los univer-
sos incorporales digitales, los cuales fragmentan las
sensaciones. Así, los emisores digitales presuponen
un tiempo o espacio fragmentados con números de
precisión fnita. Con ello las matemáticas discretas se
han convertido en el soporte conceptual de las nuevas
tecnologías. En suma, la actual cultura analógica de
las audiencias, caracterizada por señales continuas,
está siendo substituida por una cultura digital, carac-
terizada por señales discretas, apoyada por un Estado
defnible como Estado digital asistencial. A los opti-
mistas que ven solo virtudes en las actuales transfor-
maciones producidas por las tecnologías de la infor-
mación y la comunicación no les debe preocupar esta
situación, ya que están convencidos que el usuario-
consumidor está frente a la mejor opción perceptual.
“El apagón analógico” es la desaparición de la era
del individualismo y la subjetividad analógica, donde
las audiencias, a pesar de ser estandarizadas permiten
Foto: Paola Martínez Hernández
48
DEBATES I PABLO GAYTÁN SANTIAGO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
ejercer relaciones cara a cara en la intimidad o en el
espacio público, para dar paso a una era de cultura
digital, la cual signifca la fragmentación de las sen-
saciones y percepciones de las audiencias compues-
tas de una número fnito de individualidades reticu-
lares, dando lugar entre otras cosas al fenómeno del
sobreyoísmo (Oliveira, 2010). Este es un fenómeno
donde el individuo reticular disuelve su cuerpo en
el refejo de entes externos; quizá de lo que se trata
es de sentirse el punto en que se refeja el exterior,
el personaje que refeja y resuena, y que Mario Per-
niola defne como narcisismo especular (2008). Los
universos incorporales constituyen los objetos tran-
sicionales de un solitario individuo reticular que se
resiste a separarse de la atmósfera “materna” conf-
gurada en las redes sociales y miles de aplicaciones
que le dan seguridad y autoestima. Para decirlo en
pocas palabras, el individuo reticular es sólo un dato
en la sociedad informacional.
Defnido por el movimiento in-movilizador, como
si actuara enmarcado por un plano fjo de la cámara
del dios omnipotente y video-vigilante, el individuo
reticular no es más que un usuario que transcurre a la
velocidad de un caracol en pos de un objeto del deseo
inalcanzable. En ese reposo de inmovilidad en tiempo
real solo alcanza a dejar huellas encuadradas y clasi-
fcadas por los analistas de sistemas al servicio de las
marcas que buscan anidarse en sus demandas emo-
cionales. Al fnal, el individuo reticular esta inmerso
en relaciones efímeras y múltiples, y sólo alcanza a
decir algo al oído del otro, mientras eleva el índice de
ganancias de los propietarios del espectro telemático.
Se puede afrmar que el individuo reticular es obra
de la dinámica relacional desplegada en las redes so-
ciales, edifcada sobre el individuo en lugar del grupo
como centro de las comunicaciones. Esta comunidad
de signos individualizados da lugar a una comunidad
reticular basada en la conectividad generalizada que
trae consigo la mundialización como delegación de los
procesos de decisión en sistemas automáticos de con-
trol remoto. En suma, estamos frente a una sociedad de
control, integrada por narcisos especulares, donde vale
la pena preguntarse: ¿quién recopila, gestiona, distri-
buye, valoriza y convierte la información en riqueza
socialmente producida y privadamente apropiada?
RETICULARES EN TIEMPO REAL
La materia prima del hetero-totalitarismo informa-
cional es la información, pero sólo en la medida en
que ésta no la posee todo el mundo. Sólo cuando es
gestionada por unas cuantas empresas de la informa-
ción, la comunicación puede ser objeto de comercio,
pues le otorga un valor proporcional en el tiempo y el
espacio de difusión. De este modo, mientras más se
difunde la información más pierde su valor, por esa
razón es entendible el rápido desgaste de toda noti-
cia. Por ejemplo, se puede decir que la informática es
la explotación industrial del valor de la información
(Stiegler, 2002). Así pues, la telemática es el sopor-
te del individualismo reticular, y puede considerarse
una hiper-identidad siempre inconclusa e hipertex-
tual, donde la relación con el otro lejano o cercano,
pero al fn mediado por la digitalización de la percep-
ción, se realiza en tiempo real.
Por su parte, lo que facilita la comunicación en
tiempo real es la deliberación y la toma de decisiones
de carácter mercantil, la cual fltra y formatea la subje-
tividad del individuo reticular, quien recrea un pathos
práctico, una pasión racional-instrumental escenifcada
por ejecutivos, especuladores y polizontes de los mo-
vimientos sociales. Es el pathos de la distancia entre
quienes asumen las redes sociales o la telefonía móvil
como medios para los negocios y quienes lo utilizan
como usuarios-consumidores. Al fnal, se trata de la
reproducción del dominio metapolítico a través de la
subjetividad (ahora) digitalizada y en tiempo real.
Una de las consecuencias de este individualismo
reticular es que se vuelve obsesivo-compulsivo; el
techseter o trend setter crea-vende-compra-crea-ven-
de-compra, mientras el usuario-consumidor se con-
forma con estar al tanto de las novedades, así como
con adquirir los gadgets del momento, apropiados
como verdaderos objetos transicionales, instalados
para siempre en sus órganos perceptuales a pesar de
la degradación orgánica de los mismos.
Ahora bien, el individuo sólo consume informa-
ción basura, pero verdaderamente no crea y distribuye
información, ya que ésta es administrada, difundida
y gestionada por los creativos-empresarios, quienes
dominan el mercado de la información. Como sugiere
Bernard Stiegler, el dominio oligopólico de la informa-
ción se realiza a través de la conquista de la velocidad.
En efecto, la velocidad es impuesta por los propietarios
de la red y del soporte de la red, mientras que los usua-
rios exteriorizan su imaginación al ritmo de las indus-
trias programadoras de gustos y formas de sentir.
DOMINIO METAPOLÍTICO DEL
CIUDADANO RETICULAR
Lo que interesa a los propietarios de la comunicación
es la imaginación exteriorizada, producto de la ma-
sifcación de las redes sociales y la telefonía móvil.
49
I DEBATES INDIVIDUALISMO RETICULAR 2.0.
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Tal parece que los oligopolios ordenan: “¡ustedes
pongan la imaginación y nosotros la gestionamos
mediante la instalación y programación de las indus-
trias mediáticas!”. Y esto es verdad en las industrias
del entretenimiento y la memoria.
Este devenir diseñado impacta en la constitución
psíquica del individuo reticular. En él, el deseo está su-
peditado en un objeto lejano por naturaleza y siempre
por-venir, inscrito en una teleología sin la que no es po-
sible ningún cuidado (Stiegler, 2002). El théos es aquí
la causa fnal que da a las causas material, formal y
efciente sus reglas del juego. Pensar esta teleología en
el contexto del actual hetero-totalitarismo informacio-
nal, signifca abordar a las telecomunicaciones como
un vasta red de vínculos de todos los objetos posibles.
Con ello, todos los cuerpos y a través de éstos todas
las almas. Es decir como una enorme máquina virtual
donde cada uno de los cuerpos conectados es una pieza
más. Esta situación, que a todas luces supera cualquier
pensamiento total, signifca entre otras cosas, que la
economía de los fnes, son netamente libidinales. Los
fnes como deseos buscan liberación constante pero sin
terapia, como si fueran deseos por un objeto lejano,
siempre a corta distancia pero cada vez más alejado.
Cada ventana y cada aplicación acercan más lejana-
mente al individuo reticular de su objeto deseado.
En ese sentido, las redes sociales permiten a cual-
quiera estar siempre en todas partes y en ninguna. ¿Qué
signifca estar y ser para el individuo reticular? Quizá
es imposible responder a la cuestión, pero no especu-
lar sobre la cuestión, ya que ello signifca transitar de
una onto-teleología a una onto-teología basada en a) la
constitución de las redes sociales como un nuevo me-
dio de individuación psíquica y colectiva; b) un cam-
bio de telos, es decir, del reino de los fnes, defnido
aquí como lo que hace posible la organización social
de un deseo colectivo como sistema de cuidados; y c)
una nueva economía libidinal (Stiegler, 2010).
El telos, que designa a la vez lo distante, donde apa-
rece y se forman el fn y el motivo, abre un horizonte de
posibilidades; signifca que siempre estará desmotivado,
desencantado “telos sin telos”, en sí se expresa como
una motivación desmotivada. Así, el espacio técnico de
las redes sociales políticamente se convierte en un po-
der amenazador, ya que los oligopolios confguran a la
telecracia en premisa y condición de la democracia. La
conjunción de telecracia y democracia son dos momen-
tos de la reticularidad del poder metapolítico.
En la actualidad, un primer ministro o el presiden-
te de la república en el caso mexicano, crea una inter-
locución legitimadora con millones de individualida-
des reticulares a través de las redes sociales digitales
(que incluye la conexión con los medios masivos de
“uno a muchos”), operada por un ejército de técnicos
del puntaje, los likes o el hashtag, quienes atentos a
los mensajes de los activistas, los comentarios de los
ciudadanos, los lapsus de los adversarios políticos o
las exhibiciones de algún celular indiscreto que capta
un acto de corrupción o una falta moral, inmediata-
mente se dan a la tarea de sobreexponer y viralizar
el acto legitimador del gobierno o el desmoralizador
en el caso del opositor o el enemigo político. Cuando
la información viral benefcia al poder, entonces el
presidente valora el sondeo para oprimir un botón y
comunicar así una decisión; puede rodar una cabeza o
concitar el reacomodo de los grupos en el poder.
Frente a esta práctica de control remoto de la opi-
nión y la decisión política, las audiencias ciudadanas
o los viajeros de las redes, satisfacen su demociona-
lidad —democracia emocional— con ironías, sarcas-
mos y una desmotivación de acción política que raya
en la inmanencia ciudadana; al fnal de cada acting
out de los políticos, el individuo reticular sólo hace
ejercicios catárticos, para pasar a la siguiente hoja
electrónica y seguir en pos del inalcanzable objeto de
su deseo. Mientras tanto, los especialistas observan
en este fenómeno, una supuesta reconfguración del
espacio público. Por lo demás podemos decir que las
caídas mediáticas de políticos y funcionarios no traen
consigo consecuencias positivas para los ciudada-
nos reticulares, ya que siempre son acotadas por los
constructores de acontecimientos artifciales de una
democracia participativa a control remoto. Por otro
lado, dicha lógica trae consigo el desgaste emocional
de la ciudadanía reticular traducido en desencanto e
inmovilidad políticos.
A este espacio público privatizado, Stiegler (2008)
le llama el phármakon en donde el ciudadano reti-
cular se exterioriza, con fnes y motivos que duran el
tiempo sufciente de una abrir y cerrar de ventanas. Es
decir, el espacio público mediatizado es una espacio
tóxico, donde el ciudadano reticular es convertido en
un ser teleológico controlado a distancia instrumental;
por eso, es un ser con motivación desmotivada. Aún
así, es un pulgar medido con estadísticas elaboradas
por los operadores comunicacionales. Como sabemos
con las operaciones de éstos se crean opiniones sobre
todo tipo de acontecimientos y personajes.
Entonces, en esa condición de ciudadanía reticular,
el usuario de las redes sociales tiene acceso en todo
momento y en cualquier lugar a la ley, permitiendo
la individualización o transformación de la política
50
DEBATES I PABLO GAYTÁN SANTIAGO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
en reticularidad participativa. Cada smartphone, cada
tableta representan una urna móvil en tiempo real, en
todo momento brinda legitimidad a su amo; la auto-
ridad de la ley se constituye como un espacio y un
tiempo político. Ya no se trata de la personifcación
del poder en un presidente o un miembro de la clase
política, eso ha dejado de importar, lo signifcativo es
la inteligencia en la gestión del tiempo y el espacio
públicos, siempre realizado por los operadores cul-
turales informacionales. En un futuro inmediato ten-
dremos golpes de Estado, rebeliones o crisis de Esta-
do que duren cinco minutos. Estos acontecimientos
serán causados por la distancia que se abre entre los
ciudadanos alejados y aparentemente conectados en
tiempo real, como una distancia que los reúne en la
medida en que se diferencian de ellas. Si el proceso
comunicacional produce identifcaciones diferentes,
cada uno interpreta el mismo texto en modo distinto,
bloqueando la deliberación. No hay toma de decisio-
nes, hay un juego emocional sin fn. Así, el ciudadano
reticular ha terminado por aprehender la inmovilidad
política. La heteronomía reticular es consecuencia de
una destrucción política colectiva, en la medida que
permite controlar a los ciudadanos a distancia; por
obra de un poder de lo distante es una amenaza ácida
de la democracia que los gestores de las telecomuni-
caciones promueven. En suma, podemos afrmar que
el tiempo real y la distancia anulan toda posibilidad
de participación, dando lugar al reino de la velocidad
en eterno reposo. Y lo es porque el imperio de las
telecomunicaciones y en particular de las redes so-
ciales se han convertido en un gran oligopolio trans-
mediático asociativo, en su sentido psíquico, técnico
y simbólico. Cada uno de los ciudadanos reticulares
son agregados por los controles de los oligopolios de
forma individual, donde cada individuo reticular está
impedido para decir “yo” y formar parte de un “no-
sotros”. Por ello, se puede decir que estamos en la
era de los medios simbólicos industriales, los cuales
cortocircuitan y destruyen los procesos de producción
de plurales (colectivos), por lo tanto de-simbolizan e
impiden todo desarrollo humanista.
En esa condición los medios de comunicación lle-
van a cabo un proceso de disociación; constituyen
medios disociativos en los que el individuo reticular
se convierte en un eterno destinatario sin ser difusor.
Finalmente los integrantes que pueblan las redes so-
ciales ingresan a procesos desocializadores, sin los
vínculos afectivos que constituyen la condición de
toda vida política autónoma.
A esa condición Cornelius Castoriadis (2006), la
defne junto con los flósofos griegos como philia, la
cual remite a la valorización de reciprocidad, es decir,
a la igualdad y la libertad. Sin esa posibilidad dada por
la gestión a distancia de las telecomunicaciones, la co-
munidad on line no existe, convirtiendo al individuo
reticular en una isla de posibilidades a disposición; ma-
teria prima para las industrias culturales, que transfor-
man los segmentos de la existencia humana en objeto
de control permanente y sistemático de la atención y
el comportamiento mediante tecnologías relacionales.
Podemos plantear que en el actual hetero-totalita-
rismo informacional, mediante las llamadas tecnolo-
gías de información y comunicación de control cada
vez más efcaces, están en todas partes y en todo mo-
mento al grado de volverse el principal sector de la
vida pública. En lugar de una ciudadanía autónoma,
aparecen intermitentemente identidades diferidas, ex-
presadas en las formas mas imprevisibles de éxtasis
temporales. Los smartmobs y fashmobs son las for-
mas sofsticadas de estas neutralización colectiva.
EL INDIVIDUALISMO RETICULAR 2.0
En conclusión se puede decir que el sujeto político
con capacidad de conducción libre y responsable des-
aparece en la constelación anteriormente dibujada.
En esta perspectiva cabe preguntar: ¿cuáles son las
condiciones que gobiernan la posibilidad de ser in-
dividuo of line? Los individuos of line están dotados
de manera distinta de las condiciones necesarias para
conducirse en la sociedad como actores capaces de
garantizar su independencia por sus propios medios.
En otras palabras, los individuos están desigualmente
respaldados para ser individuos y se puede ser más
o menos individuo en función de los soportes o de
la ausencia de soportes necesarios para serlo (Castel,
2010). En esta perspectiva, estamos frente a la emer-
gencia del individuo reticular por exceso y del indivi-
duo reticular por defecto.
El individuo reticular por exceso tendría la exclu-
sividad de ser el primero en ignorar deliberadamente
que vive en sociedad. Con ello protagoniza una “so-
ciabilidad asocial”, traducida en una manera de hacer
sociedad vaciándola de todas sus determinantes para
no conservar más que el punto de vista del individuo,
dándose por modalidad única la de maximizar su in-
terés y realizar totalmente sus aspiraciones (Castel,
2010). Así, este individuo está desconectado de la so-
ciedad en el sentido fuerte de la palabra.
El mapa de las nuevas ocupaciones ofrecidas por
las industrias trans-mediáticas, tales como los com-
munity managers, gerentes de mercadotecnia digital,
51
I DEBATES INDIVIDUALISMO RETICULAR 2.0.
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
optimizadores de sitios de búsqueda, expertos en ana-
lítica web, desarrolladores de sitios y aplicaciones de
smartphones, confgura la diversidad homogénea de la
subjetividad del individualismo reticular que subsiste
en todos aquellos jóvenes que yacen en una suerte de
vacío social porque no están encuadrados en un pro-
yecto de vida a largo plazo. Mucho menos están nor-
mados por regulaciones o aspiraciones colectivas.
El objetivo principal de los jóvenes operadores di-
gitales es realizarse como individuos en una especie
de solipsismo. El individualismo reticular 2.0 viaja en
la vida a-social como una veleta que no se detiene en
pertenencia ni en lugar alguno, se regodea en el vér-
tigo de su vacío, siendo éste el precio que paga por
ejercer la propiedad de sí. Este sujeto ensimismado en
su narcisismo reticular y autosufciente cree tener los
soporte necesarios para garantizar su independencia
social (capital cultural), con lo que se confgura como
un individuo por exceso. Instalado en “en la soledad
de su corazón” se desaflia no en ámbito contracultu-
ral sino por de-socialización.
Por otro lado, este mismo individuo reticular pue-
de transitar de su condición saturada a un individua-
lismo por defecto. Esta situación es posible cuando se
queda sin trabajo, sin ingreso y por tanto desconec-
tado de su bovarismo tecnológico. En esa condición
ya no es el individuo quien aspira a ser debido a que
carece de recursos necesarios para asumir positiva-
mente su libertad. Sin poder adquisitivo, el indivi-
duo reticular por defecto experimenta una pérdida
del sentido de la existencia que puede llegar hasta la
vergüenza. Se sienten en falta, ya que su contexto re-
fuerza la imagen de perdedor. En esa condición vaga
en la superfcie de las cosas, sin tener asidero sobre
nada. Es presa de una especie de ausencia de deseo y
voluntad de ser lo que fue o lo que es; asume la pre-
cariedad, instalado en el mundo analógico, en la dura
realidad donde vivirá la cultura aleatoria de los sin
nombre. De hecho pasa a integrar la masa heterogénea
del precariado, donde están los consultores free lance,
los trabajadores de tiempo parcial, subocupados, traba-
jadores migrantes, infantes; en suma, una sociedad de
los individuos por defecto. Así pues, en la lucha del día
a día por la sobrevivencia no se inscribe en relaciones
de interdependencia, de intercambios recíprocos que
conforman la sociedad de semejantes, tampoco pobla-
rá las zonas de la ciudadanía, ya que ni siquiera tiene la
posibilidad de reconocer algún derecho. Tanto cultural
como socialmente ingresará a una nueva forma de he-
teronomía, donde vivirá de tiempo completo, of line,
su condición de individuo reticular por defecto.
PHILIA
La crítica al individualismo reticular, esa subjetivi-
dad con la que nos encontramos todo el tiempo en
las redes sociales, en los medios abiertos de comu-
nicación, en el espacio urbano, en las universida-
des y en los parques temáticos, no está agotada ni
cerrada, busca participar de un debate posible. Por
esa razón no concluye sino que abre las puertas de
la valoración, el silencio o la crítica de los lectores.
Tal vez, quienes lleguen a esta salida piensen que
he realizado un ejercicio pesimista donde no plan-
teo “salidas”. Me adelanto a este posible deducción
para decir que mi postura es sumamente optimista,
ya que frente al entusiasmo desmedido que ciega
toda posibilidad de negatividad prefiero abrir los
ojos ante la realidad y buscar un poco de philia, es
decir, de reciprocidad intelectual para la práctica
autónoma del pensamiento.
REFERENCIAS
Braganca de Miranda, J. (2010), “El fnal de la dis-
tancia: el surgimiento de la cultura telemática”,
en A.A.V.V., Ontología de la distancia. Filosofías
de la comunicación en la era telemática, Madrid,
Abada Editores.
Castel, R. (2010), El ascenso de las incertidumbres.
Trabajo, protecciones estatuto del individuo, Mé-
xico, FCE.
Castoriadis, C. (2006), Una sociedad a la deriva. En-
trevistas y debates (1974-1997), Buenos Aires, Katz.
Oliveira, C. (2010), “Acerca de las aporías del hipe-
rindividualismo contemporáneo”, A.A.V.V., Onto-
logía de la distancia. Filosofías de la comunica-
ción en la era telemática, Madrid, Abada Editores.
Parrondo, J. M. (2002), “La digitalización de la expe-
riencia”, en J. L. González (coord.), El buscador
de oro. Identidad personal en la nueva sociedad,
Madrid, Desórdenes/Biblioteca de Ensayo/Len-
gua de trapo.
Perniola, M. (2008), Del sentir, Valencia, Pre-textos.
Stiegler, B. (2002), La técnica y el tiempo II. La des-
orientación y III La técnica y el cine, Madrid, Hiru.
Stiegler, B. (2010), “Teleologías del caracol. Derivas
del yo en una red WilMax”, A.A.V.V., Ontología
de la distancia. Filosofías de la comunicación en
la era telemática, Madrid, Abada Editores.
52
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
LA ERA DEL despotismo TECNIFICADO.
CLAVES PARA PENSAR LAS NUEVAS
formas DE control
DE LA REVOLUCIÓN DIGITAL
Jorge Alberto Lizama Mendoza
*
*
Profesor investigador en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
de la UNAM. Página electrónica: http://comunicacion.cybermedios.org.
A mis alumnos de la FCPS-UNAM,
por todos nuestros debates sobre el tema.
El futuro va a ser un despotismo tecnifcado. Hubo en el
pasado, en el siglo XVIII un despotismo ilustrado en el
cual un grupo selecto manejaba a todos los demás, aho-
ra habrá también un grupo selecto pero dueño de la téc-
nica, no dueño del capital, dueño de la ciencia y de la téc-
nica y los demás serán complementos y servidores de ese
sistema. Será un despotismo tecnifcado, ese es mi futuro…
José Luis Sampedro (escritor y economista español).
E
n nuestros días, la mayor parte de los discursos
gubernamentales, empresariales y de los me-
dios de comunicación se enfocan a narrar los
grandes logros que la revolución digital e internet han
traído consigo; gracias a los nuevos medios ahora se
asiste a la llegada de una sociedad del conocimiento,
que cuenta ya con varias “primaveras árabes”, posi-
bles a través de las redes sociales, incluso se confrma
la llegada de un nuevo y mejor ser humano pues ya
ha nacido la generación de los “nativos digitales”, “la
Generación net” y la “Generación Einstein”.
Sin embargo, más allá de la simplifcación del
discurso hegemónico, salta a la vista que detrás de
esta supuesta edad dorada para la humanidad, en el
fondo se están revirtiendo las potencialidades de la
tecnología digital y de internet para imponer un es-
cenario marcado por el control social, la explotación
comercial y la pobreza cognitiva. En efecto, más que
una sociedad del conocimiento, nos encontramos en
una sociedad basada en el mercado del conocimien-
to. Las “primaveras árabes” liberaron el norte de
África para imponer nuevos gobiernos democráticos
que terminaron por favorecer a las potencias eco-
nómicas de siempre; en Libia, antes del declive de
Gadaf, el agua era un recurso nacional y costaba 20
centavos de dólar el metro cúbico; después de la “re-
volución”, la compañía francesa, Veolia Water, se
adueñó de uno de los yacimientos de agua dulce más
53
I DEBATES LA ERA DEL DESPOTISMO TECNIFICADO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
importantes del mundo y ahora vende a 3 dólares
el metro cúbico a los libios democratizados. A todo
esto, los “nativos digitales” tienen poco que opinar
pues están más ocupados en comprar y lucir el nue-
vo modelo del Ipad que en ponerse a pensar sería y
dialécticamente su entorno político-social.
Si antes el flósofo Pierre Levy (1999) visualizaba
en internet una posibilidad de “inteligencia colectiva”,
hoy está claro que se ha pasado a la etapa de la “incons-
ciencia colectiva” y este cambio de condición marca
un declive defnitivo, sustancial, de las potencialidades
de emancipación social de la revolución digital.
Y si las potencialidades de emancipación social de
la revolución digital están siendo pulverizadas, ¿qué
queda en su lugar? Queda la era del despotismo tecni-
fcado: oligopolios privados, dueños de la técnica y de
sus insumos relacionales, como son los discursos utó-
picos, la mercadoctenia social, los canales de difusión-
distribución, la imposición de los ciclos de vida de una
tecnología, etcétera. Estos oligopolios han inaugura-
do una nueva lógica de ganancias basada en explotar
todo lo que antes no era éticamente explotable de la
información, como la privacidad del usuario, la trian-
gulación comercial de datos personales, la fabricación
controlada de de “disidentes” al sistema, etcétera.
Una de las características más notables del des-
potismo tecnifcado es que su desarrollo apela a la
manipulación de escenarios intangibles en el campo
de la tecnología digital, entre los cuales destacan el
vender utopías falsas, imponer un nuevo imaginario
de lo que debe ser internet o degradar implícitamente
las capacidades informacionales de los usuarios.
COMPUTOPÍA:
LA IDEOLOGÍA VENDIDA COMO UTOPÍA
En Ideología y utopía. Introducción a la sociología
del conocimiento (1997), Karl Manheim marcó la di-
ferencia entre los conceptos de ideología y utopía; la
ideología, que busca preservar el orden social impe-
rante, es propuesta por las clases dominantes y he-
gemónicas; en cambio la utopía, entendida como la
transformación estructural de dicho orden social im-
perante, es puesta en acción por las clases excluidas y
contraculturales. Es decir, existe un proceso histórico
donde dominantes (ideología) y dominados (utopía)
luchan entre sí en una espiral dialéctica.
Desde sus orígenes, internet ha integrado esta lu-
cha entre ideología y utopía; por ejemplo, al primer
intento formal por parte de Estados Unidos para co-
menzar a controlar la red a través de la Ley de Decen-
cia en las Comunicaciones (1996) se opuso la Decla-
ración de Independencia del Ciberespacio (1996). A
los sistemas operativos propietarios y de alto costo,
como Windows y MacOS, se opuso el movimiento de
software libre y la creación de GNU/Linux. Al inicio
de la censura de información en varios sitios web, se
opusieron los distintos servidores y redes alternativas
de información como la Electronic Frontier Founda-
tion , Xcess4all o Peace.Net.
Sin embargo, a partir del presente siglo el des-
potismo tecnifcado ha decidido cambiar la estrate-
gia de lucha. En vez de seguir involucrándose en la
dialéctica entre ideología contra utopía, optaron por
crear sus utopías; con esto, lograron ser depositarios
históricos no sólo de la ideología sino también de la
utopía. Así pues, oligopolios como facebook, que se
apropia legalmente de los derechos de propiedad de
toda la información que publican sus usuarios, puede
ser, al mismo tiempo el epicentro para exigir demo-
cracia y libertad en las “primaveras árabes”. Este giro
histórico, que reconfgura notablemente la literatura
sobre el concepto de utopía, marca también el inicio
de un market mentality destinado a inocular un pensa-
miento único en la manera de pensar la internet, que
deviene en una utopía degenerada.
Así pues, en el campo de la utopía degenerada
google es presentado como una especie de ONG de
la sociedad del conocimiento, pues a través de sus
servicios se accede a la sociedad del conocimiento
(buscador de google), a tener contacto íntimo con los
seres queridos (gmail) o a echar un vistazo a la “aldea
planetaria (google maps)”; todo de manera gratuita,
pues el slogan de la empresa es “Don’t Be Evil”.
En el discurso de la utopía degenerada no existe es-
pacio para advertir que google ha hecho de sus usuarios
el producto con el que genera ganancias al lucrar con
la triangulación de información y privacidad de sus da-
tos; que veta de las búsquedas en su navegador a todas
aquellas empresas periodísticas que han demandado a
la empresa por “tomar prestado” para google news sus
noticias; que ha querido escanear todo el conocimiento
del mundo no para ponerlo generosamente al servicio
de la humanidad, sino al servicio de todos los que estén
de acuerdo en acceder a él a través de sus aplicaciones
y aguantar su publicidad relacional; que la innovación
de alta tecnología que presume google en el fondo
ha sido comprada a ya más de 40 empresas entre las
cuales sobresalen Blogger (creación de blogs), Pica-
sa (archivar fotos en la web), Android (software para
dispositivos móviles), Youtube (videos online) Where2
(el actual google maps)… Más que “Don’t Be Evil”, la
frase debería ser “¡Don’t Be Cinic¡”.
54
DEBATES I JORGE ALBERTO LIZAMA MENDOZA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
ISLAS EN RED:
DE LA DISEMINACIÓN A LA CONCENTRACIÓN
DE INFORMACIÓN
Desde sus orígenes internet cuenta con una caracte-
rística que complica notablemente su control en las
esferas empresarial o gubernamental: la diseminación
de la información. Una diseminación que al partir de
distintos sitios web, plataformas, entornos de comu-
nicación, lugares y usuarios, es difícil de ubicar y
administrar. Ante esta situación, el despotismo tec-
nifcado ha optado por impulsar la siguiente utopía
degradada: imponer el pensamiento unidimensional
que las empresas controlan.
Si se acepta la metáfora de observar internet
como un vasto océano para navegar y descubrir con-
tinentes de información, entonces se puede decir que
el despotismo tecnifcado ha decretado censurar el
mapa y a cambio sólo presentar a las islas más publi-
citadas de su propiedad como el único destino válido
por visitar. Las islas que se han convertido en todo
internet son google, youtube (propiedad de google),
yahoo, facebook y twitter.
En el paraíso de las islas en red casi nadie ve o quie-
re ver que estas empresas, como señala Briggs (2010:
34) “han creado bodegas de contenido sin crear conte-
nido en lo absoluto”. Nadie tampoco se quiere percatar
que todas promueven una evangelización de la comu-
nicación continua (el perpetuo presente, la novedad
y la inmediatez de la información) en detrimento de
otros procesos cognitivos más complejos, basados en
la correlación, la evaluación y la historicidad a largo
plazo de la información. Por su parte, los entornos de
comunicación que también forman parte de internet,
como los foros de discusión, los newsgroups, los mun-
dos virtuales, los MUDs o las redes “peer2peer”, han
sido prácticamente anulados del mapa. Para usar una
metáfora, se puede decir que en la utopía degradada de
las islas en red todo el mundo disfruta sus playas pri-
vadas y nadie ve que la tarjeta de crédito ya se venció
hace mucho. Lo importante es la promesa del aquí y
ahora, ser “socialité” de esta nueva internet abaratada.
Desde la llegada de esta nueva estrategia del des-
potismo tecnifcado, a nadie le interesa saber que las
publicitadas islas en red, todas monopolios privados de
Estados Unidos, sólo logran acceder al 20 por ciento
de toda la información que hay en internet, que el otro
80 por ciento está “perdido” en la llamada web pro-
funda (deep web) y los dominios “.onion” (dominios
que “San google” ni siquiera indexa). Que en la deep
web uno puede tener un mail completamente anóni-
mo y privado, incluso sin seguimiento de dirección IP
(TORMail); que se puede acceder a numerosas fuentes
primarias, en estado puro, de información periodística
como las que se encuentran en los binarios de Usenet
o las bases de datos completas del sitio Cryptome (el
Foto: Paola Martínez Hernández
55
I DEBATES LA ERA DEL DESPOTISMO TECNIFICADO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Wikileaks original que decidió nunca ser mediático
ni plegarse a las líneas editoriales de diarios como Le
monde diplomatique, El País, Washington Post; como
sí hizo Julian Assange con Wikileaks).
USUARIOS “WANNA BE”:
EL AUGE DE LA COMUNICACIÓN JIBARIZADA
Antes de la llegada del despotismo tecnifcado, un
usuario medianamente avanzado de internet tenía que
desarrollar varias habilidades informáticas para pro-
ducir y difundir contenidos: desde compilar progra-
mas en GNU/Linux hasta saber lenguaje html para
hacer sus páginas web. Este perfl de usuarios estaba
integrado tanto por los profesionales del medio como
por todos aquellos amateurs que por libre decisión
querían aprender más del universo digital.
La importancia tanto del usuario profesional como
del amateur radica en que al procurar estar bien in-
formados y ser informacionalmente hábiles, no son
sectores sociales fáciles de persuadir y controlar me-
diante el discurso de las islas en red. Ante este es-
cenario adverso, el despotismo tecnifcado ha impul-
sado el crecimiento de un sector social de usuarios
que durante mucho tiempo estuvo en el más completo
olvido: el usuario “wanna be”. El usuario “wanna be”
no sabe nada de la historia y los distintos entornos de
comunicación que articulan a internet, tampoco es ex-
perto ni amateur en el rubro de la apropiación social
de la tecnología; sin embargo, busca cambiar su con-
dición de analfabeta digital a “nativo digital”, “Gene-
ración net” o “Generación Einstein” inscribiéndose a
las fórmulas “light” que le ofrece la utopía degradada;
ahora sólo es cuestión de comprar una tablet y abrir
una cuenta en facebook para convertirse ofcialmente
en ciudadano de la sociedad del conocimiento.
Quizá esta sea la estrategia más compleja del des-
potismo tecnifcado; degradar implícitamente las capa-
cidades informacionales de sus usuarios y, al mismo
tiempo, equilibrar el vacío inyectándoles grandes dosis
de signos de identidad y narcisismo para que no se que-
jen, para que crean que ellos y sus acciones son el epi-
centro de internet. Sin duda, un claro ejemplo de teoría
de usos y gratifcaciones que está produciendo todo un
ejército de usuarios que no sólo no va a cuestionar nada
de las utopías degradadas del despotismo tecnifcado,
sino que las van a alimentar y defender pues a través
de ellas lo que ya está en juego es su identidad y au-
toestima digital misma: cualquier usuario “wanna be”
se molestará cuando le digan que los 300 “likes” que
tiene en facebook no sirven para nada; o se indignará
cuando le adviertan que en twitter, como bien señala
Pretelín (2012: 61), “de tanto escribir 140 caracteres
llegará el momento en que no se pueda pensar, sin me-
táforas lúdicas, más de 140 caracteres”.
Foto: Paola Martínez Hernández
56
DEBATES I JORGE ALBERTO LIZAMA MENDOZA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Y si en un primer momento el despotismo tecnif-
cado ha seducido a los usuarios “wanna be” a través
de las formulas de los signos de identidad y el nar-
cisismo, en un segundo momento está sumando otra
capa de control defnitivo al orillarlos a consumir ex-
clusivamente comunicación jibarizada:
[…] saturación informativa, obsesión por la inmediatez:
tablets, smartphones, wif, Twitter, Facebook, SMS, Whats-
App, Google, PowerPoint. Los contenidos son instantáneos,
sensacionalistas, emotivos, huecos. Todo lo que no cumple
con estas premisas es apartado de la agenda. Estamos tan
ocupados, distraídos o abrumados por la información que
nos llega que resulta difícil darnos cuenta de la forma super-
fcial y “jibarizada” que adopta y del modo en que infuye
en nuestra manera de consumirla e interiorizarla. Resultado:
destierro de la profundización, pérdida de la capacidad autó-
noma de refexión, incapacidad para la elaboración indepen-
diente de conclusiones y, por último, ausencia de una mirada
crítica de los acontecimientos (Serrano, 2013: 23).
La agenda oculta de esta comunicación jibarizada,
caracterizada por su desprecio notable a los procesos
cognitivos de orden superior (analizar, sintetizar y eva-
luar la información), busca que las luchas dialécticas
que están decidiendo de manera estructural la libertad
de internet le sean prácticamente invisibles al usuario
“wanna be”: por tanto, no tiene idea de la tecnología
Digital Rights Management (DRM) impulsada por
Apple, Sony y Microsoft para controlar y limitar la
reproducción de las canciones, videos y películas que
están hospedadas en internet. No sabe tampoco que el
futuro de la web estará soportado por el HTLM5 y que
Google, Netfix, Microsoft y Apple están presionando
al consorcio que desarrolla dicho lenguaje a que inclu-
ya unilateralmente candados de protección anticopia
para sus productos digitales. Menos sabe que la Unión
Internacional de Telecomunicación contempla regular
y segmentar el ancho de banda de internet para ofrecer
a futuro paquetes de contenido web como pasa en la
TV de paga… Nada de eso importa, lo importante es
que el “like” 301 acaba de llegar…
CAJAS NEGRAS:
LOS NUEVOS GRILLETES DIGITALES
Una verdadera utopía de la revolución digital que no
tiene nada que ver con las utopías degradadas del des-
potismo tecnifcado, es la adopción generalizada del
principio de neutralidad tecnológica (tech neutrality).
Es decir, que el usuario pueda examinar, evaluar, mo-
difcar, asociar y actualizar a su conveniencia las partes
blandas (software) y duras (hardware) de sus equipos
informáticos. En este sentido, la neutralidad tecnológi-
ca es requisito indispensable para el desarrollo real y
no fccional de la sociedad del conocimiento.
El escenario opuesto a la neutralidad tecnológica
(tech neutrality) es la caja negra (blackbox): paque-
tes de software y hardware cerrados que no permiten
examinar, evaluar, modifcar y actualizar sus compo-
nentes, con lo que promueven un alto índice de usua-
rios informacionalmente incompetentes a la vez que
altamente dependientes de las actualizaciones forzo-
sas que marca el mercado.
Con la llegada del despotismo tecnifcado, los
grandes oligopolios de la tecnología digital han apos-
tado a la estrategia empresarial de volver a cajane-
grizar (blackboxing) todo: por ejemplo, a nivel de
hardware, los equipos exacerbadamente publicitados
como Tablets, Ipads, Ipods y Mac Books, son paque-
tes cerrados que no permiten al usuario apelar a su
derecho de neutralidad tecnológica. Por el lado de la
parte blanda (el software) la mayoría de estos equipos
cuentan con un sistema operativo altamente restricti-
vo al software foráneo, que además obliga al usuario
a correr solamente programas y/o archivos que hayan
sido directamente descargados y/o comprados de sus
tiendas on-line, como Itunes, Google play, Amazon,
Apps Store. Escandalosamente, hasta en los cables de
los productos (que anteriormente se caracterizaban
por ser un estándar tecnológico) existe una severa
política de “cajanegrizar” todo lo que le pueda dar
una mínima libertad al usuario; el cable HDMI para
conectar equipos como Ipads, Tablets y Macs a una
pantalla plana, es publicitado como el futuro para la
transmisión de imagen en alta resolución, pero lo que
nunca se informa es que el HDMI está diseñado para
impedir a los usuarios hacer copias de cualquier con-
tenido audiovisual que pase por él.
A fn de reforzar ideológicamente esta nueva era de
grilletes digitales, el despotismo tecnifcado ha decidi-
do nombrar a los fabricantes de cajas negras como los
creadores de la revolución digital: Así pues, Apple es
presentada como una empresa revolucionaria y de alta
innovación a pesar que en sus orígenes robó a Xerox y
a IBM elementos para “innovar” su sistema operativo;
a pesar que a lo largo de su historia ha sido una de las
compañías más contrarias al “tech neutrality” y a pesar
de que hoy todos sus equipos integran el chip DRM para
controlar, desde los intereses del mercado, los conteni-
dos audiovisuales que puede o no puede ver el usuario.
En este contexto, es evidente que el despotismo
tecnifcado no quiere publicitar a los personajes his-
tóricos que estimulen en los usuarios la disparatada
57
I DEBATES LA ERA DEL DESPOTISMO TECNIFICADO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
idea de la neutralidad tecnológica. Cuando murió en
octubre del 2011, Steve Jobs fue elevado de inme-
diato a una categoría cercana a la de “Jesucristo de la
tecnología” por parte de los medios de comunicación.
Sin embargo, poco importó saber que ese mismo mes
y año también murió Dennis Ritchie, el creador del
lenguaje de programación C y del sistema operativo
UNIX, aportes que no sólo se ciñen al principio de
neutralidad tecnológica, sino que han sentado las ba-
ses estructurales para el desarrollo de prácticamente
todos los sistemas operativos de la actualidad, inclui-
das las familias de MacOS que Apple publicita y ven-
de como si fueran innovaciones originales.
En la “ilógica lógica” del despotismo tecnifcado
Steve Jobs es considerado un “dios de la tecnología”
gracias a su talento en la venta de cajas negras; por
su parte, Dennis Ritchie es considerado una fgura
perfectamente olvidable gracias a sus principios de
neutralidad tecnológica y de compartir gratuitamente
con los demás sus conocimientos.

PANÓPTICO 2.0:
MÁS POPULARIDAD Y CONECTIVIDAD A
CAMBIO DE MENOS PRIVACIDAD Y LIBERTAD
En Vigilar y castigar (1986) Michel Foucault rede-
fnió el concepto de panóptico y lo presentó como la
capacidad de poder vigilar y controlar a un gran nú-
mero de personas desde un único sitio y con un núme-
ro mínimo de vigilantes. Dicha vigilancia puede ser
impuesta de manera forzosa (el caso de las prisiones)
o de manera subrepticia (sin informar claramente de
su existencia).
El concepto de panóptico es de importancia para
entender cómo el despotismo tecnifcado ha impues-
to un panóptico 2.0 de impacto anytime/anywhere, y
que además logra invertir sus mecanismos ideológi-
cos de aceptación de la vigilancia: ya no tiene que
forzar o engañar a nadie, ahora es el usuario de in-
ternet el que día a día regala todos datos sensibles:
número telefónico, numero de la tarjeta de crédito,
profesión, proyecto de vida, afciones, amigos, luga-
res que frecuenta, etcétera.
En este contexto, que también pudiera defnirse
como “Caballo de Troya 2.0”, la lógica se basa es
intercambiar privacidad y libertad por cuotas simbóli-
cas de popularidad y conectividad en las islas en red.
En facebook, el panóptico más grande que ha exis-
tido en la historia de la humanidad, se compilan al año
cerca de 3 mil millones de imágenes de los usuarios;
quizá por eso la empresa no borra de sus bases de datos
la información de los usuarios que deciden darse de
baja; quizá por eso la empresa ha intentado patentar
una tecnología para reconocimiento facial 3d a partir
de imágenes fotográfcas; quizá por eso a través de la
estrategia militar Cyber 3.0 la empresa está “obligada”
a abrir todos sus archivos a la inspección del Departa-
mento de Defensa de Estados Unidos; quizá por eso
desde sus orígenes la empresa ha estado fnanciada con
capital de riesgo de la CIA a través de empresas como
In-Q-Tel o Greylock Venture Capital.
Agreguemos que las islas en red operan en con-
junto y que Google pide ahora el número de telé-
fono y el nombre real para otorgar cuenta de mail;
que Youtube deja un rastro de todos los videos que
se visualizan; que acceder a Twitter desde smarth
phones deja rastro de la posición GPS desde don-
de es enviado el “tuit” o que Paypal (propiedad de
Peter Thiel, socio y cofundador de Facebook) ha
almacenado millones de números de cuenta de tar-
jetas de crédito; se tiene un sistema de televigilan-
cia que no sólo se concentra en media docena de
oligopolios estadounidenses, sino que en su ubicui-
dad y market mentality supera por mucho al “Big
brother” descrito por Orwell en 1984.
No obstante, falta sumarle el señuelo de la llamada
computación en la nube (cloud computing), basada en
ofrecer servicios, aplicaciones y hospedaje de infor-
mación en internet, como Google docs, Windows Sky-
drive, DropBox y Box.Net. La utopía degradada que
la computación en la nube vende a los televigilados
es la siguiente: “cómprate una caja negra, conéctate
a las islas en red y gana en comodidades; ya no más
software a instalar ni discos duros para respaldar, no-
sotros nos ocupamos de todo”. En tanto que la agenda
oculta es: “renuncia para siempre a tener tu propia
información bajo tu control, vuélvete brutalmente de-
pendiente y deja que las islas en red apliquen/alma-
cenen todo por ti; así podrán controlar, explotar, ins-
peccionar, censurar, borrar y hasta usar en tu contra
tu stock de archivos en caso de que algo no les guste”.
CONCLUSIONES
Los intentos por controlar la revolución digital siem-
pre han existido: desde la nacimiento mismo de in-
ternet se han implementado luchas dialécticas entre
quienes buscan monopolizar el medio y quienes bus-
can mantenerlo libre y accesible a los demás.
Empero, con la llegada del despotismo tecnifca-
do parece ser que la lucha dialéctica se ha extingui-
do defnitivamente; la dialéctica ha muerto al punto
58
DEBATES I JORGE ALBERTO LIZAMA MENDOZA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
que hoy no se percibe en el horizonte a ningún actor
o escenario social con el peso sufciente para encarnar
una oposición estructural al nuevo poder. Los sectores
históricamente llamados a oponer una mayor crítica y
proceso evaluativo al tipo de revolución digital que se
está imponiendo (como las universidades públicas, los
intelectuales, las asociaciones civiles, las ONG, los pe-
riódicos de izquierda, los colectivos anarquistas, etcéte-
ra), han preferido cerrar los ojos y disfrutar sin remordi-
mientos de las fantasías germinadas por las islas en red.
Así pues, la era del despotismo tecnifcado tiene vi-
sos de ser impostergable, inevitable y de largo plazo;
por ello, cabe preguntarse: ¿qué hicieron los distinto
oligopolios privados, los dueños de la técnica y de sus
insumos relacionales para anular en esta ocasión a su
antítesis histórica? La hipótesis indica que a diferen-
cia de otros tiempos, caracterizados por la imposición
pública de regulaciones jurídicas (el modelo lineal de
acción-reacción), ahora se apeló al uso de una estra-
tegia donde las utopías degradadas, las islas en red, la
condición “wanna be”, las cajas negras y el panóptico
2.0 convergieron en la construcción de un enorme e
intangible market mentality (el modelo sistémico don-
de el todo supera la suma de las partes). Ciertamente,
la seducción mental, de impacto ubicuo, se sirvió de
factores ideológicos, identitarios, narcisistas, publicita-
rios, generacionales, mercadológicos, tecnológicos, et-
cétera, para pulverizar poco a poco la capacidad crítica
del “ciudadano” de la “sociedad del conocimiento”.
En una época donde los años que vienen serán los
años dorados del despotismo tecnifcado y donde los
actores de alternancia han sido seducidos, sólo queda
la opción de denunciar al sistema sirviéndose de sus
propias herramientas. En este sentido, a continuación
se propone un manifesto contra el despotismo tecni-
fcado realizado bajo la lógica del TOP 10 (los 10 me-
jores trending topics, los 10 mejores smarthphones,
las 10 cuentas de facebook con más seguidores…)
que tanto gusta a la comunicación jibarizada.
MANIFIESTO CONTRA EL DESPOTISMO
TECNIFICADO (TOP 10)
1) Más que una sociedad del conocimiento, el despo-
tismo tecnifcado ha decretado una sociedad basada
en un mercado del conocimiento;
2) En el discurso de las utopías degradadas, oligopolios
como google, youtube, yahoo, facebook y twitter son pre-
sentados como ONGs de la sociedad del conocimiento;
3) La “Generación net” ha sido violada y obligada a
prostituirse como la “Generación Ipad”;
4) Los usuarios “socialité” de las islas en red tienen
estrictamente prohibido aventurarse a las aguas de la
web profunda;
5) El despotismo tecnifcado sabe bien que es invisi-
ble a los ojos de la comunicación jibarizada;
6) En la red abaratada, los “likes” en facebook han
sido decretados como más importantes que la defensa
del principio de tech neutrality;
7) A las redes sociales se les ha concedido la libertad
de simular “primaveras árabes”, pero no la libertad
de diagnosticar su propia alienación a las islas en red;
8) El Caballo de Troya 2.0 puede ser alimentado día a
día con tan sólo 140 caracteres de información;
9) Las cajas negras y el cloud computing no hacen
mejores usuarios de tecnología digital, pero sí mejo-
res oligopolios de control y televigilancia;
10) En un futuro cercano, el despotismo tecnifcado
generará a nivel mundial todo un ejército personal de
usuarios “wanna be” que no tendrán el más mínimo pol-
vo de capital crítico-histórico sobre internet.
Para terminar, José Luis Sampedro murió el pasado
8 de abril sin haber desarrollado sus ideas sobre el des-
potismo tecnifcado. En este sentido, el artículo es un
sencillo homenaje a su pensamiento.
REFERENCIAS
Briggs, M. (2007), Periodismo 2.0. Una guía de al-
fabetización digital para sobrevivir y prosperar en
la era de la información, Texas, Universidad de
Texas/Knight Foundation.
Foucault, M. (1986), Vigilar y castigar, Madrid, Siglo
XXI Editores.
Levy, P. (1999), ¿Qué es lo virtual?, Barcelona, Paidós.
Manheim, K. (1997), Ideología y utopía: Introducción
a la sociología del conocimiento, Madrid, FCE.
Pretelin, F. (2012), Referéndum Twitter. Filosofía si-
mulada, México, Coyoacán.
Serrano, P. (2013), La comunicación jibarizada.
Como la tecnología ha cambiado nuestras mentes,
Madrid, Península.
59
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Saturación VISUAL.
LA TRANSPARENCIA DE LAS IMÁGENES EN LA
CULTURA DIGITAL
José Alberto Sánchez Martínez
*
*
Profesor investigador en el Departamento de Relaciones Sociales de la
UAM-Xochimilco.
Grandes desórdenes acontecen en el mundo cuando no se emplea
el recurso de ocultar las cosas que no vale la pena dejar ver.
Torquato Accetto
SATURACIÓN VISUAL
E
n 1996, el artista chileno Alfredo Jaar, presentó
una pieza de arte titulada Los ojos de Gutete Eme-
rita (The eyes of Gutete Emerita), como resultado
de una visita a Ruanda después del genocidio en 1994.
A través del contacto con la violencia y el sentido de
supervivencia, dos condiciones incompatibles e incom-
prensibles en ese momento y bajo esos hechos, Alfredo
Jaar fotografó los ojos de una sobreviviente. Tomando
de soporte esa imagen, Jaar creó una mesa luminosa y
100 mil reproducciones en diapositivas de esa misma
fotografía. La obra consistía en ver la montaña de diapo-
sitivas a través de lupas que se disponían para ello.
¿Tiene sentido mirar más de una diapositiva cuan-
do se trataba 100 mil veces de la misma imagen? Le-
jos de entender la directriz principal a la que apuntaba
—es decir, aprender a ver como un ejercicio político y
abandonar la mirada como algo impuesto, señalando
con cada imagen, de manera aparentemente repetible,
mirando los ojos testigos de la barbarie, una vez tras
otra hasta volverse infnitamente una mirada que recla-
ma—, la pieza de arte elabora también otro problema
fundamental con respecto a las imágenes y su lugar en
la vida contemporánea: la saturación visual y sus fnes.
En el caso de la pieza de Jaar la saturación visual
guarda una intensión clara: producir un efecto infor-
mativo que no se agota tras su infnita reproducción;
en ellas, en cada imagen, la información esconde
siempre el secreto, es decir, la duda de lo que ahí pasó,
en esos ojos, en ese ver, y nunca se revela a pesar de
que repita la mirada. El acontecimiento no deviene
claridad, transparencia; al contrario, en cada mirada
se vuelve más opaco, borroso y oscuro: la opacidad es
la denuncia de lo que no puede ver la mirada, y apa-
rece representada a través de la repetición saturada.
La pieza de Jaar permite introducirse en un proble-
ma difícil cuando se trata de imágenes que producen un
efecto de saturación visual, presente en internet, pero
también en los medios de comunicación clásicos cuando
saturan con las mismas imágenes sus espacios, muchas
veces y cada vez más frecuente tomadas estas imágenes
de internet para llenar sus agendas. Es indudable que a
la inquietud por la superpoblación de imágenes, por el
overload visual contemporáneo, se responda aludiendo
desde un enfoque post-liberal-técnico-digital, resultado
de la apertura mercantil de grilletes tecnológicos a todos
los niveles y de la cultura socialware, for share, mani-
festa en la libertad de alojar imágenes como lenguaje
principal de interacción y sociabilidad.
60
DEBATES I JOSÉ ALBERTO SÁNCHEZ MARTÍNEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Simulando la mesa de Alfredo Jaar, luminosa y con
lupas, internet se muestra como un espacio lleno de
montañas de imágenes que se repiten incontablemen-
te y que producen un efecto de saturación visual, una
jungla opaca de efectos visuales (des)organizados.
¿Cuál es el sentido de la saturación visual en inter-
net?, ¿la imagen en su proceso de saturación produce
transparencia o es una nueva forma de secreto?, ¿cuál
es la relación de la saturación visual y la construcción
de contagio viral?, ¿cuál es el rol de la autoreferencia
elevando la información individual como acción co-
lectiva de contagio?, ¿cómo aprender a mirar a través
de paisajes contaminados? Estas preguntas no agotan
el problema, pero son transversales a la cultura visual
que opera en internet y al sistema-red particularmente.
Si en la obra de Jaar la
información tiene una carac-
terística (la repetición de la
imagen como fuente crítica),
en la saturación visual digi-
tal la repetición no siempre
permite la aparición crítica
en las imágenes; el exceso o
la sobreabundancia de imá-
genes pervierte la forma de
establecer diálogos visuales:
la técnica digital, el sentido
de contaminación, la virali-
dad visual y la memoria vi-
sual digital, son algunos de
los aspectos que engloban el conficto de la saturación.
TÉCNICA DIGITAL E IMAGEN
A menudo las lecturas sobre la imagen en internet pro-
ducen interpretaciones generales, como si el fenóme-
no visual fuera en todos los casos idéntico; como si
las imágenes estuvieran destinadas a tener un patrón
ontológico independiente del soporte y las condicio-
nes que las producen, crean, ponen en circulación y
administran. Así, se suele opinar que la producción
de imágenes en internet y su circulación en las redes
corresponde con un proceso creativo de la cultura co-
laborativa, donde la sindicación (RSS) elabora la estra-
tegia de registro; otras veces, se habla de las imágenes
como fuentes que fundan la crítica mostrando hechos y
acontecimientos de tipo social y registros autónomos.
A menudo, la imagen en internet representa una for-
ma de acción individual asumiendo que se trata de otra
cultura visual en vías de construirse ahí donde la vida
cotidiana y la identidad personal se presentan como lo
más relevante, registros bio(gráfcos).
Las tres dimensiones a las que se ha aludido son pro-
picias para entender que internet propone una amalgama
complicada de visualidades donde las fronteras entre lo
creativo, crítico, banal e informativo aparecen íntima-
mente contaminadas. Esta característica de inexistencia
de fronteras en el terreno visual de internet es el principal
motor de saturación, pues aquí lo saturado es resultado
de la condición a-límite de las imágenes en circulación.
Para entender esta des-fronterización o también po-
dría llamársele post-visualidad, en el entendido de que
la autonomía de los distintos imaginarios se ha desbor-
dado, hay que hacer hincapié en un factor que suele eva-
dirse cuando se estudia el imaginario digital: se trata de
un cambio de régimen entre las reglas de la imagen por
reglas de la técnica, representación por comunicación,
parafraseando a Pierre Bour-
dieu. Las imágenes en la cul-
tura digital ya no obedecen a
su condición sino a su reutili-
zación donde la regla técnica
es hacerlas circular bajo la
forma redistributiva de un es-
pacio a otro basadas en la no-
ción tecno-comunicacional
de compartir.
Bourdieu propone la for-
mación de la regla “del arte
por el arte”, a través de la
noción de campo, en parti-
cular el literario, su eluci-
dación la dirige a observar
cómo se establece una regla que desconoce el círculo
de la burguesía del siglo XIX y que las intenciones
de ese campo evaden la búsqueda económica como
modelo estructural, basados en el capital cultural y
en un habitus diferencial, la regla del arte plantea una
disquisición en la forma de accionar el poder. Una
característica singular en la regla del arte es que el
artista formaba parte de una clase dominada desde
la perspectiva económica, pero son diferentes por su
capacidad de producción cultural (Bourdieu, 1995).
Si bien, esta formación de un campo relativo al
arte es propia de condiciones fncadas en el orden de
la creatividad, puede observarse un fenómeno similar
en la formación de la técnica posmoderna relativa a la
aparición de internet en el terreno de los usos sociales.
En todas las historias de internet aparece como aspecto
preponderante la constitución de un nuevo imaginario,
en el uso de la computadora se presentan dos caracte-
rísticas como trascendentes: la formación de un campo
autónomo distinto a la lógica de la génesis de internet
Foto: Paola Martínez Hernández
61
I DEBATES SATURACIÓN VISUAL. LA TRANSPARENCIA DE LAS IMÁGENES EN LA CULTURA DIGITAL
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
(de orden militar), es decir, la libre información; y la
experimentación de crear imágenes basándose en la
programación computacional. Estos dos aspectos pue-
den ser llamados a formar reglas propias de la técnica
(un campo de la técnica) donde los usuarios evaden
las condiciones del poder que determinan el uso de la
información y forman la creatividad mediada. La idea
de virtualidad proviene de la noción de utilizar desde
un ámbito reglado las maneras de producir un imagi-
nario simulado, tratándose de una clase de creadores
que son dominados económicamente (igual que en el
caso del campo del arte en Bourdieu), pero que con-
centran saberes técnicos como poder. Una larga estirpe
puede ser nombrada como resultado de esta formación
de campo técnico: ciberdélico, tecno-pagano, hacker,
fanmaker; de igual modo una larga estirpe de imáge-
nes pueden nombrarse: imágenes de síntesis, ascci art,
emoticonos, avatares, realidad virtual y todas aquellas
que corresponden al arte digital.
La formación de una regla técnica marcó la pauta
para la constitución de habitus diferenciales con res-
pecto al uso de internet y la tecnología computacio-
nal, aunado a las enormes brechas digitales (primero
y segundo orden) en formación. Su autonomía per-
mitió la construcción de entender la apropiación tec-
nológica antes que la producción tecnológica. Cabe
mencionar que el paso de la apropiación tecnológica
a la producción tecnológica se relaciona con el con-
sumo, con el gobierno y la administración de la regla
técnica por la clase poderosamente económica que
vieron en el campo técnico un nuevo sentido del po-
der y de la acumulación económica. De esta manera
la regla técnica que permitió entender la génesis del
campo virtual, fue expropiada a través de la absor-
ción de las capacidades al servicio de una nueva or-
ganización económica asentada en la tecnología.
1
El
campo fue invadido. La tecnología es el estado de ra-
cionalización que reelabora la creación, producción y
circulación del imaginario social relativo a lo digital.
Su consecuencia es la desactivación de la creatividad
como modelo artístico, dando paso a una débil fgura
creativa erigida sobre la base de la noción de red.
Así, la post-visualidad digital es el resultado de
la expropiación del campo técnico bajo el modelo de
colaboración, que es una organización racional de los
bienes inmateriales representados en iconicidades;
una usurpación del campo virtual como sistema de
acción social proveniente del arte hacia un campo de
administración del universo visual como información
1
Se ha tomado aquí la concepción de tecnología en Bernard Stiegler
(2002), para quien la tecnología es el resultado de la racionalización de
la técnica como modelo imperante.
lucrativa.
2
En ello, se han unido la facultad técnica
a la facultad de consumo, la estructura más afectada
ha sido la educación al quedar comprometida con el
cumplimiento técnico de producción y no de crea-
ción. De este modo, la educación se suma al modelo
de consumo y no de producción tecnológica. La prue-
ba más contundente son las redes sociales que elevan
al individuo como un agente aislado proveedor de imá-
genes de las que se forma la colectividad, volviéndose
la regla del mercado tecnológico. La saturación visual
en el modelo digital queda defnida como el desorden
paradójico producido por la racionalización tecno-
lógica: la copia digital, grilletes y computadoras que
portan facultades técnicas del plagio, imaginarios en
remix icónico, son algunos ejemplos del desorden pa-
radójico de la tecnología digital. Por ello, las imágenes
en internet no pueden separarse entre las que permiten
ver y no ver, fuyen intermitentemente de un lugar a
otro como imágenes digitales y como información, sin
distinguirse. Por ejemplo, una copia puede producir un
efecto de visibilidad en un contexto restringido (como
ocurre con archivos de transferencia PSP); y viceversa,
una imagen original puede impedir ver en un contexto
restringido (como le ha pasado recientemente a Scribd,
al restringir el acceso con materiales que han montado
los usuarios sin obtener nada). La visibilidad en inter-
net tiene que ver con el acceso.
CONTAMINACIÓN VISUAL
Al hablar de la saturación visual es pertinente plan-
tear el problema de la contaminación, pues toda con-
taminación deriva de una saturación, en tanto los me-
canismos para desalojar son insufcientes, contaminar
2
La colaboración establece también una forma de orden que conlleva al
establecimiento de la vigilancia como visibilidad. La visibilidad digital
aparece construida por el acto de compartir y colaborar.
Foto: Paola Martínez Hernández
62
DEBATES I JOSÉ ALBERTO SÁNCHEZ MARTÍNEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
y saturar son una dupla inseparable de la lógica social
contemporánea. Con frecuencia este aspecto es asu-
mido hacia lo visual como un acto de descrédito a
las imágenes y la separación de otras por medio de
la noción de valor legitimo. Es decir, las imágenes ya
no son portadoras de la posibilidad de ser miradas,
salvo aquellas que
se acoplan al modelo
escópico legislativo.
No se puede obser-
var aquella que no se
encuentra en el lugar
adecuado, ni la que
es invasiva o la que
no cumple con las re-
glas publicitarias vi-
gentes. En el mundo
of line podemos en-
contrar un sinnúmero
de ejemplos: el grafti
juvenil, los anuncios de propaganda popular, las pan-
cartas privadas, publicidad política de baja intensidad
urbana, algunas formas de arte. Estos ejemplos apa-
recen siempre cargados de la noción contaminante,
desacreditados para ser vistos, pero sobre todo son
comentarios a pie de página contra la racionalización
técnica de la mirada.
En el caso de internet, la contaminación vi-
sual obedece a otra condición. Contaminar no es
irrumpir la regla, sino hacer que distintas reglas
se comuniquen. En internet las imágenes no pue-
den ser productoras de orden sino que irrumpen el
orden aglomerándose: es un efecto de la contami-
nación. Ya en algunos momentos se ha señalado
en el enfoque de los nuevos medios, la idea de
smartmobs como contingencia de aglomeración
(colectividad individualizada).
En cuanto a la visualidad la aglomeración disgrega
la mirada para dar paso a un paisaje nublado, es una
paradoja; mientras más presencia de imágenes menos
visibilidad, ver en internet es aprender a seleccionar.
3

La dificultad de esta aglomeración es que se trata
de imágenes de superficie que no son encriptadas
por la capacidad humana, es decir, por argumen-
tos, contextualización educativa, interpretativa o
analítica, sino por gestión motriz-tecnológica se-
lectiva de consulta. Todo tiende a ser encriptado
por la capacidad humana de baja consulta; es el
3
Es necesario hacer una diferencia entre mirada y ver. La mirada es siem-
pre un acto inducido que proviene de un régimen, aquí las imágenes son
espacios acotados y dirigidos hacia los ojos; al contrario, ver es relativo a la
percepción, es la antesala de toda mirada, el ver constituye la mirada.
desplazamiento que han tenido los blogs por la
implementación de redes sociales. La idea de en-
criptado es vital para entender la ruptura de los
regímenes escópicos digitales. Hay dos tipos de
encriptado, el humano, al que ya se ha aludido,
y el técnico, que bajo la decodificación-recodifi-
cación del mensaje
a través de progra-
mación tecnológica,
permite la construc-
ción de una paráfra-
sis en la comunica-
ción. Encriptar es
hacer individuación
de la comunicación
y sus procesos, por
ello es visto como
un atentado a la
seguridad, un aten-
tado contra los oli-
gopolios que controlan y vigilan la información.
La distorsión del ver hacia la instauración de una
mirada de régimen superficial se puede entender
por los collages-Google (Figura 1).
En el surrealismo el collage era entendido como
una negación de todo régimen visual. Su base era lo
maravilloso como aparato disruptivo individual de
la mirada. “[…] Breton pensaba lo maravilloso en
términos más personales que políticos. En su ensayo
de 1920 sobre los primeros collages de Ernst […]
Breton enfatiza los efectos subjetivos de lo maravi-
lloso, describiendo cómo desorienta la memoria y
altera la identidad” (Foster, 2008: 5). En el caso del
modelo collage que aparece en cualquier búsqueda
en Google-imágenes, el efecto no es subjetivo en
tanto es ordenado por un buscador (motor araña-web
crawler), que basándose en las consultas elige un
acoplamiento visual que impone la forma de mirar.
Los contenidos que tenemos a la mano de tales bús-
quedas son altamente populares y se ubican en el
rango de la desvaloración crítica. La mirada spider
es la determinación de lo que se permite ver y la for-
mación de horizontes visuales restringidos. Se trata
de una mirada-índice, en tanto señala el lugar de la
imagen sin intervención de encriptamiento humano.
En efecto, otra forma de asumir la contaminación
en internet es en el nivel de los contenidos. El fltro
digital consiste en estandarizar los contenidos en alta-
mente populares o altamente consultados, tanto la po-
pularización como la consulta son siempre inducidos.
4
La imagen presentada es estrictamente para uso ilustrativo de
análisis académico.
Figura 1. Collage-Google. Fuente: Google-imágenes.
4

63
I DEBATES SATURACIÓN VISUAL. LA TRANSPARENCIA DE LAS IMÁGENES EN LA CULTURA DIGITAL
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Existe una economía de intercambios icónicos entre los
modelos visuales: fotografía, video, texto, video-texto,
foto-texto, audio-imagen, audio-texto. Se trata de otra
manera de representar la borrosidad. No se puede ver
porque los íconos están en constante desarraigo, a tra-
vés de la saturación y la contaminación de contenidos.
Aquí la visibilidad se compone de una vestimenta dise-
ñada por distintas capas (modelo cultural –photoshop–
pero presente como régimen funcional del ver en la
navegación icónica en la
red), donde cada capa ale-
ja el objeto de la capaci-
dad de ver. Esa distancia
que separa lo que debería
ser visto, es sustituida por
otro objeto a mirar, por
otra dimensión del ob-
jeto a mirar, y así hasta
formarse un laberinto de
distancias que impiden
ver cualquier icono. Ver
en internet también es
aprender a desmembrar,
a desnudar. Internet pro-
picia la mirada, no el ver.
Miramos las imágenes
como parte de un régimen
escópico técnico, múlti-
ples ventanas que dan al
mismo lugar, que al igual
que en Jaar, la mirada se
enfrenta al acto repetido
pero sin ningún fondo de
reclamo y sugerencia.
Se pueden deducir dos
formas de mirar en inter-
net como proceso de la
saturación visual: suge-
rencia y motivación. Pero también podemos argumen-
tar dos formas de ver: selección y desmembramiento.
Seleccionar es sustraer la imagen de aquello que la
vuelve borrosa (régimen estatuario de no-ver), es lla-
marla de lo invisible a lo visible. Desmembrar es un
proceso inverso, sustraer de la imagen aquello que la
vuelve visible (régimen estatuario de ver), es llamarla
de lo visible a lo invisible. Nuevamente el factor de la
técnica es importante, porque la técnica funciona en in-
ternet como motor de agregación; es decir, añade per-
manentemente visibilidad a las imágenes hasta volver-
las completamente transparentes. La transparencia en
las imágenes digitales es resultado de una sobrecarga
de visibilidad. Por ello desmembrar es des-amblar la
técnica, hacer de las imágenes un cuerpo de desnudo,
quitar velos. En internet la visibilidad está relacionada
con la asunción de la información personal.
VIRALIDAD VISUAL DIGITAL
Una larga tradición fundada por los iconoclastas ha
desarrollado un proceso de desconfanza sobre las imá-
genes. Podemos distinguir tres grandes momentos de
la iconoclastia. La primera
ubicada en el debate de la
sustitución del signo por la
cosa, donde la representa-
ción es inapropiada para la
contención de lo real, niega
la visibilidad del signif-
cante. La religión católica
con las estatuas y en gene-
ral con todo el imaginario
que elabora es el ejemplo
más común. Es necesa-
rio apuntar que desde este
contexto de la aparición
del imaginario religioso ya
estaba presente el proble-
ma de la saturación visual,
la extensa proliferación de
imágenes era uno de los
motivos que sostenía la
desconfanza.
A esta saturación visual
religiosa le ha continuado
una desconfanza prove-
niente de las imágenes que
devienen de la instauración
de los medios de comunica-
ción, con aquella derivación
que sin duda implica a las
vanguardias artísticas y la factografía. La desconfanza,
en este caso, se produce sugiriendo que la realidad ha to-
mado la forma de la imagen y es imposible la regresión,
un tanto idealista, el signo es la realidad de las imágenes.
Entonces la saturación es el resultado de esta concepción
que necesita de la imagen para poder emprender la com-
prensión del mundo, ya que no es posible ver la realidad
unifcada. Con su poder, los medios van a establecer el
régimen de la mirada y la construcción de la realidad.
La llegada de la sociedad de la información (red) y
la cibercultura (colectivo), planteó dos momentos de
ser de la imagen, la que se relaciona con la virtualidad
y la que se relaciona con lo digital. La desconfanza
Foto: Paola Martínez Hernández
64
DEBATES I JOSÉ ALBERTO SÁNCHEZ MARTÍNEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
con la virtualidad es que separada de la vieja noción
de creatividad humana y supeditada su función a las
máquinas computacionales, se separa completamen-
te de la cosa para producir otra cosa que permite la
acción simulada de la realidad; aquí las imágenes ya
no sólo representan, también actúan. La virtualidad
construye el efecto de síntesis aplicado a la imagen,
es decir, crea una actuación de la realidad simulada-
mente como marco de realización de las cosas y de los
sujetos, por ello se aplica en medicina, entrenamiento
militar, acoplamiento espacial, video juegos y cada
vez menos en las redes sociales (la realidad virtual
fracasa en las redes). Imaginarios como la esfera de
Dyson, una mega-estructura de hipótesis virtual que
dio realidad a una veta de la ciencia fcción amplian el
marco de comprensión de este tipo de imagen.
La imagen digital por el contrario revierte este pro-
ceso de la virtualidad eliminando visualidad (no visibili-
dad) y capacidad visual a la imagen. Para ello, las imá-
genes digitales producen un downgrade visual. Pero
este espacio vacío de la imagen ahora es completado
por el imaginario del usuario. Mientras la virtualidad
permitía la proliferación del secreto informativo (ex-
plosión del imaginario), pues la visualidad era alta,
con espectros de mucho juego, lo digital elimina ese
espectro y propone transparencia (implosión imagi-
nario). Aquí la transparencia es el cambio de régimen
visual de uno donde los sujetos eran anónimos en su
presentación dentro de la web a otro donde son vi-
sibles. La visibilidad asume la bio-auto-narrativa, en
la era de la transparencia la fotografía pasa por un
renacimiento, ya que su proceso de real-registro es
muy adecuado: las imágenes de facebook o twitter o
las de los diversos alojamientos de imagen tiene su
origen en la fotografía. Sin duda, este entramado de
aspectos en la imagen digital, es el origen de la video
vigilancia y de la cibervigilancia. Tenemos entonces
dos modos de ser de la saturación visual, la de efecto
virtual y la de efecto digital.
Aquí la saturación visual, en lo digital, adquiere
otra característica, la viralidad. Como el efecto de un
cuerpo sometido a la saturación de algo, la viralidad
explota. Relativo a la visualidad, la viralidad quiere
decir que prolifera la imagen sin encriptación conta-
minando el cuerpo de la comunicación. Esto también
es un efecto de la nueva regla técnica-tecnológica. Se
pueden enmarcar tres características de la viralidad
visual relativo a internet.
El downgrade visual, que queda establecido por
el nivel de contenidos, por la pérdida de profundidad
en el horizonte de la imagen en sí misma; la imagen
queda seleccionada y popularizada en su capacidad
visual por la máquina y no por las capacidades hu-
manas. Un segundo aspecto se relaciona con el sen-
tido de la copia. La reproducción visual en el caso
de la lógica digital se establece por la reutilización
de las imágenes y su consecuente redistribución. La
saturación visual utiliza las imágenes como copias.
Este problema ha sido atacado nuevamente por los
ideólogos centralistas de la copia como un atentado
a los derechos de autor, cada vez las nuevas leyes
protegen no sólo las ideas sino el imaginario, al ha-
cerlo una nueva dinámica productora de imágenes se
erige. En internet este control aparece cada vez más
vigente, esta medida separa nuevamente las imáge-
nes, entre aquellas legitimas y aquellas ilegitimas
(copias). Para los historiadores del arte congregar
imágenes en análisis interpretativos de las obras es
cada vez más difícil, porque pueden obtener los de-
rechos, sin embargo, paradójicamente circulan en la
red como copias. La gran paradoja es que internet
informa a través de copias.
Los artistas apropiacionistas del principios del si-
glo XX vieron en la copia una salida al régimen escó-
pico, en este caso la copia implicaba la mudanza de
sentido del original, añadiendo rasgos extra estéticos
que invadían la obra. Como herencia, el régimen com-
putacional del siglo XXI sin proponérselo, contiene
estas características que proliferan la copia, se trata
de una contradicción que permite reproducir imagi-
narios bajo un contexto en expansiva legislación: fo-
tografar la fotografía, pintar la pintura, deformar la
visualidad de la publicidad, alterar el audio. Esto su-
pone que un museo virtual o una galería virtual o un
programa pedagógico virtual, muestran y elaboran un
mercado sobre la base del lucro de la copia, se trata de
un capitalismo digital apropiacionista. Se puede decir
que esta es la razón del concepto de apropiación utili-
zado que resguarda sólo unos fnes de la copia sobre
la base de intereses económicos. Sobre esta base se
elabora un problema de la memoria visual, que per-
manece en internet y responde a la lógica de lo que
ha sido dado como copia para apropiarse. Fuentes di-
sensuales de información dejan verlo y reclaman otra
memoria digital: modelo PSP o Torrent o la cultura
del documento fragmentado (dosifcación disruptiva
de ampliación de cultura digital). De esta manera la
copia se convierte en un elemento viral, en tanto sólo
se distribuye como apropiación sin alteración en el
sentido, sin invasión interpretativa.
La tercera vertiente de la viralidad visual es el
tema de la transparencia. Para Baudrillard, hay un
65
I DEBATES SATURACIÓN VISUAL. LA TRANSPARENCIA DE LAS IMÁGENES EN LA CULTURA DIGITAL
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
nuevo tipo de violencia que se ha introducido en
la sociedad posmoderna, y es aquella de la infor-
mación. La violencia de la información se elabora
haciendo transparente todo, una observación total
al más ínfimo detalle. Se trata de una destrucción
del concepto de pornografía, la separación del
cuerpo como objeto de la mirada hacia el detalle
de la imagen como objeto de la mirada. La trans-
parencia es pornográfica porque se deja de mirar
aquello que le da cuerpo a la imagen para mirar
la imagen. Este mirar sin restricción, esta imagen
que es mirada sin restricción, sin frontera, forma
un modelo vírico. La viralidad, señala Baudrillard,
es una modalidad altamente peligrosa ya que sus-
tituye a la violencia; para entenderlos es necesario
señalar que la violencia permitía la contradicción,
surge siempre de la contradicción, mientras que
la viralidad se da por contagio, es invasiva. Al no
poder superar las contradicciones que producen el
capitalismo, el sistema de lo digital, propone li-
berar al individuo como productor de contenidos,
potencializando con ello el contagio.
Los recientes movimientos de activismo digital en
el mundo, la revolución tunecina, o los movimientos
en la zona árabe, o en México con el “YoSoy132”,
tienen siempre una reacción de contagio, el contagio
viral aparece constituido por una ola inmensa de reac-
ciones a través de medios oligopólicos (redes), donde
se hace transparente la información (a mayor infor-
mación mayor distancia del hecho): saturación. Una
de las consecuencias de ese contagio es que la obser-
vación de los hechos se hace a distancia, dentro de esa
distancia que impone lo digital, la acción en la cultura
digital es por adhesión distante, solidaridad o mili-
tancia virtual. “El sujeto de la violencia (individual
o colectivo) no ha sido sustituido por un sujeto de la
virulencia (del contagio, de la reacción en cadena).
La violencia clásica permite la aparición del mal y,
de vez en cuando, incluso lo hace desaparecer. Lo que
hace nuestra violencia, la virulencia, es transparen-
tarlo […] La violencia de la imagen (y, en general, la
de la información o la de lo virtual) consiste en hacer
desaparecer lo real. Todo debe ser visto, todo debe ser
visible. La imagen es el lugar de está visibilidad por
excelencia” (Baudrillard, 2006: 48).
Así pues, un sin número de imágenes dan lugar
a la transparencia, la imagen testimonio, la imagen
confesión, la imagen reportaje, la imagen documen-
tal. Se elabora un efecto de saturación transparente,
que deja ver todo, muestra todo sin un proceso de en-
criptación. La viralidad visual construye el peligro de
observar el mundo sin el mundo.
REFERENCIAS
Baudrillard, J. (2006), La agonía del poder, Madrid,
Circulo de Bellas Artes.
Bourdieu, P. (1995), Las reglas del arte. Génesis y es-
tructura del campo literario, Barcelona, Anagrama.
Farocki, H. (2013), Desconfar de las imágenes, Bue-
nos Aires, Caja negra.
Foster, H. (2008), Belleza compulsiva, Buenos Aires,
Adriana Hidalgo.
Jaar, A. (2008), La política de las imágenes, Santiago
de Chile, Metales pesados.
Stiegler, B. (2002), La técnica y el tiempo I. El peca-
do de Epimeteo, Madrid, Hiru.
66
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Berlusconi O EL 68 REALIZADO
*
Mario Perniola
**
*
Este trabajo forma parte del libro Mario Perniola, Da Belusconi a Mon-
ti. Disaccordi imperfetti, Milán, Mimesis, 2012, pp. 35-80. Agradece-
mos al autor el permiso para reproducirlo en Metapolítica. Traducción
de Israel Covarrubias.
**
Director del Centro de Estudios y Documentación “Lenguaje y pensa-
miento” de la Universidad de Roma “Tor Vergata”, Italia.
S
i bien puedo decir que tengo una buena memoria
para los apellidos, hay uno que no logro recordar
apenas despierto, a pesar de recurrir a los artif-
cios de la mnemotécnica y del ejercicio frecuente, para
fjarlo en la mente. El lugar del verdadero apellido es
ocupado por otros similares, según aquel proceso de
remoción, tan caro a los psicoanalistas, afín a los lap-
sus y descuidos, y a través del cual la palabra buscada
es sustituida por otra similar. De este modo, mi pensa-
miento logra encontrarlo sólo por medio de una cade-
na asociativa de comienza con Bernasconi, continua a
través de Bergonzoni, Bertinotti, Bilotti, Berlicche y
fnalmente llega al justo: Berlusconi.
Con frecuencia me pregunto sobre las razones de
este olvido, que es en efecto muy extraño, tratándose
de un apellido que lleva un personaje famoso incluso
en el exterior, admirado por muchos dada su enorme
riqueza. He encontrado dos respuestas a esta pregunta.
La primera nos lleva al flósofo griego Heráclito, quien
dice que “Con el fuego se intercambian todas las cosas
y el fuego se intercambia con todas, como el oro se
intercambia con las mercancías y las mercancías con el
oro” (Diels, 90). Ahora bien, teniendo el oro (y por lo
tanto el dinero) un carácter abstracto ya que es el equi-
valente general para intercambiar todas las mercancías,
quien posee muchísimo pierde su concreción y se vuel-
ve abstracto e innombrable como el dinero que posee.
Sin embargo, me inclino a creer que al lado de esta
explicación, la cual tiene sus raíces en el marxismo,
hay otra más pertinente, conectada con las vicisitudes
político-sociales de los últimos cuarenta años y con
su remoción. Berlusconi, y aquí uso un nombre pro-
pio para indicar lo que él representa, según la fgura
retórica de la sinécdoque, que indica la parte por el
todo, como cuando se usa la palabra “vela” en lugar
de “barco”, sería la realización del programa de aquel
movimiento llamado “el 68”, con referencia a la re-
vuelta estudiantil parisina de mayo de aquel año, la
cual tuvo resonancia mundial y expresa los conteni-
dos más radicales.
LA POLÍTICA PUEDE SER HECHA POR TODOS
¿Cuáles eran estos contenidos? El primero es la idea
de que la política puede ser hecha por todos y no
necesita ninguna preparación específca, escuela de
partido, y mucho menos el estudio de Tucídides,
Tácito, Maquiavelo, Guicciardini, Botero, Hobbes,
Gracián y Clausewitz. Es necesario precisar que
aquellos que expresaron mejor el Mayo o mejor aún
aquellos en los cuales el Mayo se expresó, no fueron
los leninistas o los trotskistas, sino un nuevo tipo de
revolucionarios que tenían su punto de referencia en
los neo-anarquistas y en el Mouvement du 22 Mars:
entre los primeros y los segundos existía una zanja.
Mientras los revolucionarios del primer tipo, basán-
dose sobre el texto ¿Qué hacer? de Lenin, decían
que el proletariado podía ser llevado a la perspectiva
revolucionaria sólo por la acción de una minoría di-
rigente preparada y culta, los segundos rechazaban
categóricamente cualquier comité directivo perma-
nente, sosteniendo que la emancipación del prole-
tariado debía ser necesariamente obra suya, y sola-
mente suya. Mientras el programa de los primeros
preveía la existencia de una transición hacia el co-
munismo, caracterizado por la dictadura del partido,
en el cual el proletariado delega su poder, para los
segundos la revolución señala el fn del proletariado
en cuanto tal y el advenimiento de la organización
de los Consejos, formados por representantes desti-
tuibles en cualquier momento.
Las raíces históricas del espíritu del 68 no están en
el leninismo, y mucho menos en el marxismo, sino en
otra vertiente del movimiento obrero y socialista que se
67
I DEBATES BERLUSCONI O EL 68 REALIZADO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
ha expresado con la máxima claridad en los textos del
anarquista polaco Jan Wacław Machajski (1866-1926).
A su juicio, los intelectuales constituían un enemigo de
la clase obrera tan peligroso como el capitalismo. El
odio en las confrontaciones del saber ya se había ex-
presado durante la Revolución francesa en la frase cé-
lebre: “La République n’a pas besoin de savants” (La
república no tiene necesidad de los sabios). Esta frase
fue pronunciada por Jean-Baptiste Coffnhal, vicepre-
sidente del tribunal revolucionario, en su requisitoria
contra Antoine-Laurent Lavoisier, condenado a muerte
y ajusticiado el 8 de mayo de 1794. Parece que al padre
de la química moderna no le fue permitido ni siquie-
ra una postergación de la ejecución para fnalizar un
experimento químico en curso. Lo cierto es que esta
frase, por la cual Coffnhal a pasado a la historia, no le
produjo éxito, ya que algunos meses después, el 6 de
agosto del mismo año, sería condenado y ajusticiado.
Dos años después, la Conjura de los Iguales, promo-
vida por Gracchus Babeuf, por Filippo Buonarroti y
por sus secuaces, sugería que cualquier superioridad
intelectual constituía un atentado a la igualdad entre
los hombres. Obviamente este proyecto no podía rea-
lizarse inmediatamente, pero implicaba un directorio
secreto capaz de imponer esta igualdad.
No muy alejado, Berlusconi piensa que cualquiera
puede ejercer las funciones de diputado, subsecretario
y ministro y que depende de él decidirlo. Ha extendido
a la política el programa que el poeta franco-uruguayo
Lautréamont (1846-1870) aplicó a la literatura: “la poe-
sía debe ser hecha por todos no por uno”. El triunfo del
diletantismo político es el clon del diletantismo poético.
Algunas décadas después, la misma proclama fue exten-
dida hacia el arte: por Dada, el movimiento artístico de-
sarrollado entre 1916 y 1920, no se necesitaba ninguna
competencia artística particular para hacer una obra de
arte. De los años sesenta del siglo XX en adelante la pro-
fesionalización se volvió objeto de una crítica que no per-
dona ninguna actividad, ni siquiera aquellas artesanales y
técnicas. Finalmente, para el artista Andy Wahrol (1928-
1987), cualquiera puede ser famoso por un cuarto de hora.
Entramos en la última fase del populismo, aquella de las
estrellas. Facebook y otras social networks similares po-
nen el estrellato al alcance de todos.
Puede parecer sorprendente y quizá incongruente
considerar a Berlusconi como aquel que ha realizado
lo que el 68 había sostenido. Sin embargo, para quien
ha vivido en el interior de aquel movimiento, no es
difícil encontrar en él aquella voluntad de potencia,
aquel triunfalismo delirante, aquella extrema determi-
nación de desestabilizar al conjunto de la sociedad de
la cual el 68 fue invadido. Fin del trabajo y de la fa-
milia, desescolarización, destrucción de la universidad,
desreglamentación de la sexualidad, contracultura,
descrédito de las competencias médicas y caída de las
estructuras sanitarias, hostilidad en las confrontaciones
de las instituciones judiciales consideradas como re-
presivas, vitalismo juvenil, triunfo de la comunicación
masiva, olvido de la historia y presentismo espontáneo,
todo eso se ha vuelto una realidad. Con Berlusconi se
cierra un periodo histórico iniciado en los años sesenta,
donde las bases lógicas del pensamiento y del actuar
fueron sustituidas por un sentir colectivo manipulado y
delirante, lunático y extravagante.
¡NO TRABAJEN NUNCA!
Si bien Berlusconi ha sido a lo largo de su vida un
trabajador incansable, él ha permitido a la mayoría de
los jóvenes realizar el famoso emplazamiento de Guy
Debord (1931-1994): Ne travaillez jamais! (¡No tra-
bajen nunca!). La ironía está en el hecho de que hoy
los jóvenes quieren trabajar, incluso en condiciones
indecentes y vergonzosas, increíblemente más aliena-
dos y descalifcados de aquellos que eran ofertados en
los años sesenta y setenta: entonces una vida peque-
ño-burguesa estaba más o menos garantizada a todos,
hoy es un sueño inalcanzable en la medida en que no
tienen en las espaldas una familia que los ayude. Es
como si Berlusconi hubiera monopolizado en su per-
sona todo el trabajo, y dejado a los otros sólo el juego.
¿La actividad incansable de un empresario hábil y
desprejuiciado puede ser considerada como trabajo?
Esta actividad suscita odio y envidia, pero también ad-
miración y estima en aquellos que no tienen ni siquie-
ra una pizca de su stamina (bella palabra inglesa que
quiere decir energía, vigor, perseverancia, frmeza).
Proviene del latín stamen, la parte más resistente del
hilo de lana, pero también el hilo de la vida humana
gobernado por las fatalidades. Stamen quiere decir tra-
ma, urdimbre, nudo. Y aquí el lector malicioso puede
sospechar que el trabajo de Berlusconi consista sobre
todo en el urdir tramas, intrigas, redes.
¿El trabajo en la época de la new economy, inter-
net, redes sociales y tercer espíritu del capitalismo no
consiste en esto? Es decir, ¿en la acumulación de un
capital social antes que monetario? Como se sabe, en
el mundo de las redes los individuos son cada vez
menos importantes que las relaciones que los atan:
en el análisis de las redes sociales, los vínculos inter-
relacionales entre los actores son primarios y sus atribu-
tos secundarios. Se pueden estudiar las redes sin referirse
a los individuos involucrados en ellas. Quizá esta es una
68
DEBATES I MARIO PERNIOLA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
de las razones por la cual no logro recordar el apellido
de Berlusconi. Remuevo todo aquello que es personal
en él, espectacular, ridículo, humorístico, antropológico,
particular, burlesco, en inglés se dice idiosyncratic: no
percibo sus diatribas, sus bromas, sus chistes, no miro
sus comportamientos inconvenientes, sus agudezas que
enardecen a sus amigos y a sus detractores, no me intere-
san los rasgos folclóricos, los escándalos, las indecencias.
Todo esto es la coraza con la que se protege Berlusconi,
desviando la atención de un pueblo atontado por sus ac-
tuaciones del núcleo duro de su modo de ser, que es en
cambio abstracto e impersonal como el dinero. En otras
palabras, si Berlusconi es desde hace casi veinte años, el
protagonista de la política italiana no sólo es por los es-
pectáculos que ofrece: si
fuese así, necesitaría con-
cluir que el pueblo italiano
¡es un pueblo de cretinos!
Los espectáculos permi-
ten llenar las hojas de los
periódicos, los programas
de televisión, las charlas
de las personas, las pági-
nas de internet. Detrás del
comediante, el viajero, el
vendedor de humo, hay
algo anónimo, neutral,
diría casi flosófco, que
constituye la esencia del
capitalismo fnanciero, el
cual no está fundado en el
trabajo, sino en el juego.
Esta palabra no debe ser entendida como sinónimo de re-
creación y mucho menos de suerte, sino en la acepción
que tiene en la obra del flósofo alemán Hans-Georg Gad-
amer (1900-2002), para quien el juego es una entidad im-
personal que impone sus reglas a los que participan en él.
Esto absorbe al jugador y lo exime de la obligación de la
iniciativa meramente subjetiva. Sin embargo, también en
el juego es necesario decidir entre varias opciones. Hasta
ahora Berlusconi ha jugado con las opciones ganadoras.
Por ello la enseñanza de Berlusconi es la misma de aque-
lla de Debord: ¡No trabajen nunca! ¡Inventen las redes
globales; el contenido no tiene importancia, sus deseos
más que nunca!
Incluso esta mañana cuando despertaba, no al-
canzaba a recordar el nombre de la persona que es el
argumento de este artículo. He pensado que debo co-
menzar con aquellos que conozco personalmente. Ha
nacido una nueva cadena asociativa: Benvenuto, Berardi,
Berardinelli, Beretta Anguissola, Berlinguer (a este no lo
conozco, pero ha aparecido espontáneamente, ya que es
un apellido con frecuencia repetido en el pasado, incluso
en las plazas) y fnalmente ¡Berlusconi! En francés “red”
se dice brigue, en italiano briga, que quiere decir lucha,
pero también intriga. Palabra descalifcada: piénsese a las
brigues de los jesuitas, de los masones, de los homosexua-
les y de los judíos, todos señalados en el pasado como los
culpables de tramas oscuras. Y aquí viene lo bueno: en la
actualidad las brigues más importantes son aquellas de las
mafas. El espíritu conexionista del capitalismo fnanciero
se halla con aquel igualmente conexionista de las bandas
criminales. ¿Cuál es la diferencia?
Para los sociólogos Luc Boltanski y Ève Chiapello
el capitalismo conexionista es diferente de la mafa
porque aspira a la legiti-
midad. Esto contiene en
sí, no tan ajeno a las dos
formas anteriores de ca-
pitalismo, elementos de
autocrítica y autocorrec-
ción, identifcables, a su
juicio, sobre todo en la
necesidad de confanza
y reciprocidad que sólo
lo permite la expansión
y el desarrollo de las re-
des. En este sentido, se
cae la diferencia entre
mailleur y faiseur, es
decir, entre el individuo
emprendedor y el intri-
gante: sólo el primero
puede aspirar a la grandeza, mientras que el segundo
haciendo un uso oportunista y cínico de las relacio-
nes, termina moviéndose a través de una lógica sub-
jetiva que es diferente a aquella de las redes. Ahora
bien, ¿Berlusconi es un mailleur o un faiseur?
Lo cierto es que a una economía y a una ética fun-
dada sobre el trabajo le sucede una economía y una
ética fundada sobre las relaciones sociales con gente
de cualquier género. Las cualidades exigidas son la
adaptabilidad, la fexibilidad, la polivalencia; estas
surgen en un torbellino de relaciones y de conexio-
nes que, con frecuencia, no se sabe qué aspecto ten-
drá con su empleo. Ello implica una personalización
muy enfática del trabajo y una difcultad de poderes:
la actividad es inseparable de la persona que la de-
sarrolla. Este aspecto está en contradicción con la
impersonalidad del juego. Por ello, desde este punto
de vista Berlusconi parece insustituible, incluso si
para mí es difícil recordar su nombre.
Foto: Paola Martínez Hernández
69
I DEBATES BERLUSCONI O EL 68 REALIZADO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
EL FINAL DE LA FAMILIA
Berlusconi ha llevado a la práctica un proyecto revolu-
cionario que había sido teorizado ya en los años vein-
te del siglo XX por el movimiento austriaco “Sexpol”:
sustraer la educación de los hijos a los padres y dejarla
en manos de la sociedad. Esto sucedía a través de la te-
levisión que refeja el modo de sentir común; esto para
Berlusconi está ejemplifcado por aquel que, levantán-
dose de la cama por la mañana y mirándose en el espejo
mira a un “bastardo”. Por ende, Berlusconi representa
la culminación de un proceso que corta a la televisión
cualquier tarea educativa e instructiva, transformándola
por completo en un entretenimiento que idiotiza a los es-
pectadores. En otros términos no humilla a aquel “bas-
tardo”, no pretende de él ningún esfuerzo mental y psí-
quico y lo hace sentir en perfecta armonía con el mundo,
que se le aparece como un poco más “bastardo” que él.
En efecto, no fue esta la intención de los promoto-
res del “Sexpol” y de su principal animador Wilhelm
Reich (1897-1957), quienes pensaban que, sustrayen-
do a los niños de la autoridad de los padres, los libera-
rían de la represión y del autoritarismo patriarcal. En
cambio hoy es complicado que una minoría de padres
“ilustrados” tenga infuencia signifcativa sobre sus hi-
jos, si los intereses del capitalismo neoliberal, los me-
dios de comunicación, y por si fuera poco el gobierno,
con sistemática saña y sutil ocurrencia, reman en con-
tra. Más que de televisión como “mala maestra”, sería
necesario hablar de televisión como “mala madre”.
Es probable que Berlusconi no escuchó nunca hablar
del movimiento “Sexpol”, pero ciertamente está infuido
por el espíritu anti-autoritario del 68, de cuya naturaleza
revolucionaria en el sentido clásico del término es lícito
abrigar más de una duda. El eslogan “la imaginación al
poder” va justo en esa dirección. Y por más que desde
el punto de vista personal parece que no vivió el fortísi-
mo conficto generacional de ese periodo, se encuentra
en consonancia con la negación de cualquier autoridad
de la tradición intelectual que inicia su manifestación en
aquella época y crece después ininterrumpidamente a lo
largo de los últimos cuarenta años.
EL FINAL DE LA ESCUELA
La destrucción de la escuela es algo de lo cual no se le
puede atribuir exclusivamente a Berlusconi: con él se
alcanza la fase entrópica, en la que el proceso de caída y
deterioro se vuelven irreversibles. Él representa el punto
de llegada fnal de un fenómeno que tiene sus orígenes
en los años sesenta del siglo XX. La desescolarización
de la sociedad, que constituyó uno de los caballos de
batalla de Ivan Illich (1926-2002), se ha realizado fnal-
mente, incluso a pesar de tener éxitos contrarios a las
buenas intenciones de este pedagogo, cuya polémica
contra las instituciones educativas represivas y alienan-
tes tenía que llevar a la creación de estructuras cómodas
en grado de desarrollar la creatividad de los alumnos.
La confrmación abreva de una fuente insospecha-
da, del único flósofo que fue, entre el 25 de abril de
2000 y el 11 de junio de 2001, ministro de la Instruc-
ción Pública en la República italiana: Tulio De Mauro.
La reapropiación por parte del estudiante de la inicia-
tiva y de la responsabilidad de su educación, el des-
crédito sistemático y la proletarización de la fgura del
enseñante, las prácticas pedagógicas que pretendían
hacer tabula rasa de la conciencia de los conceptos y
de la historia (despreciativamente consideradas como
lastre superfcial) llevaron hacia un buen resultado: la
regresión hasta condiciones de analfabetismo. Según
De Mauro en Italia a un paleo-analfabetismo, herencia
del pasado, se le ha acumulado un neo-analfabetismo
fsiológico en los países de alto nivel de consumo.
Incluso en este caso Berlusconi surfea sobre la gran
ola que venía de muy lejos. Esa repugnancia agresiva
en las confrontaciones de la escuela, que pertenecen a
los primeros decenios de la unidad de Italia, se casó en
los años sesenta con el anti-intelectualismo educativo,
con la glorifcación de la espontaneidad infantil, cuyo
precursor fue Jean-Jacques Rousseau (1712-1778).
EL FINAL DE LA UNIVERSIDAD
Y LA BURGUESÍA
También el colapso de la universidad italiana no depen-
de solamente de Berlusconi, el cual si acaso ha recolec-
tado los frutos envenenados diseminados a lo largo de
cuarenta años por profesores, estudiantes, periodistas,
políticos, sindicalistas, administradores, profesionistas,
editores, jueces, sacerdotes, comerciantes, industriales
y familias de las más variadas orientaciones, partidos
y tendencias, logrando un gran batido, cuyo produc-
to es la ley del 30 de diciembre de 2010. He llegado a
creer que casi todo el pueblo italiano quiso este colapso:
¿quien, en efecto, entiende hoy qué era la universidad
moderna? Esta fue inventada por los flósofos en los
tres países guía del mundo de principios del siglo XIX,
Alemania, Francia e Inglaterra. La distinguieron de la
academia (donde los doctos hablaban entre sí), y de la
escuela (donde era transmitido a los alumnos un saber
codifcado). En cambio, la universidad se vuelve el lugar
de un nexo indisoluble entre una búsqueda que produ-
ce con método resultados nuevos y una enseñanza que
los transmite. Sin embargo, para que esto tenga lugar
todavía hoy, es evidente que los estudiantes que llegan a
70
DEBATES I MARIO PERNIOLA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
la universidad ya tengan una serie de conocimientos de
base a fn de poder aprender el método que permita su
crecimiento e innovación.
La razón más profunda de la invención de la uni-
versidad moderna es de carácter social y respecta el
nexo indisoluble entre la ciencia y las profesiones: en
teoría todos deben tener la posibilidad de poder entrar
a formar parte de la clase dirigente y de la burguesía
con independencia de la familia de la cual proviene.
La universidad es el instrumento fundamental a través
del cual la burguesía conquista la hegemonía socio-
política en detrimento de la nobleza. Esta en la base
de la movilidad social, la cual obviamente implica una
selección rigurosa. La cuestión universitaria tiene una
enorme importancia político-social, porque del sistema
científco-profesional depende la existencia misma de
la burguesía productiva y en última instancia de la de-
mocracia. Ciencia y profesión son las dos caras de una
misma moneda: por un lado, el progreso de la cultura
depende del hecho que toda cuestión debe ser afronta-
da y dirigida en modo científco; por el otro, la investi-
gación no es un hecho privado, ya que está al servicio
de toda la humanidad (no del Estado). No por nada el
examen de habilitación a las profesiones (que es una
cuestión estatal) es distinto del título universitario. La
llamada “libertad académica” se basa en el carácter
universal del saber científco.
Todo este bello sistema, que también implicaba pro-
cedimientos de conexión entre la universidad y la es-
cuela media superior, entró en crisis en el 68. Se intentó
restaurarlo a principios de los años ochenta, para evitar
que la universidad continuase siendo una crisol de briga-
distas y neofascistas (como había sucedido en los años
setenta por la ignorancia de la Democracia Cristiana),
pero a partir de 1996 todo ello fue desmantelado poco a
poco por los distintos gobiernos hasta no dejar ni siquie-
ra sus ruinas. ¿Por qué? La respuesta es simple: la exis-
tencia de la burguesía ya no le sirve al capitalismo, el
cual encuentra hoy en la clase media un obstáculo para
la expansión desbordada del modelo neoliberal. La clase
media cuesta mucho. El gobierno no puede permitirse el
lujo de pagar aquello que Jean-Claude Milner llama “el
salario del ideal”: la tradicional co-pertenencia entre ca-
pitalismo y burguesía se ha quebrado. En el siglo XIX el
acaudalado era un burgués que vivía de rentas; en el si-
glo XX la explosión tecnológica ha suministrado la base
de un cambio social que observa el surgimiento de la
fgura del burgués asalariado (dirigente, ingeniero, pro-
fesor, funcionario, periodista); pero hoy el capitalismo
no está dispuesto a pagar un sueldo “político” en gran
medida independiente del mercado.
La desestabilización de la burguesía y su proleta-
rización (en los estilos de vida en modo todavía mu-
cho más evidente que bajo el aspecto económico) se
sucede en todos los países occidentales. Sin embargo,
la destrucción de la universidad presenta en Italia dos
aspectos particulares. El primero es el melting pot de
todos los peores aspectos de la universidad norteame-
ricana con aquellos de la universidad italiana. El se-
gundo es el ensañamiento al impedir cualquier movi-
lidad social, reduciendo a los jóvenes a una condición
no muy disímil de aquella de los “siervos de la gleba”
medievales, que por nacimiento estaban atados a la tie-
rra cultivada por sus padres: ¿quién puede permitirse
mandar al diablo el capital social y la actividad de su
familia, admitiendo que estas existan? La eliminación
y la pauperización de las estructuras universitarias (por
ejemplo, cátedras que pueden transmitir una red de
relaciones internacionales y un bagaje muy refnado
de conocimientos, bibliotecas, laboratorios, colegios,
comedores, servicios varios, etcétera) persiguen la f-
nalidad específca de impedir al estudiante que entre
al mercado global del trabajo con alguna posibilidad
de éxito. Ajustando cualquier posibilidad de ascenso
socio-económico (incluso a través de la desvaloriza-
ción de los títulos de estudio y la desmotivación de los
docentes), el nepotismo amoral no encuentra obstácu-
los para asignar ofcinas, empleos y cargos a los más
incompetentes, ignorantes y corruptos. Incluso aquí
Berlusconi (¡diablos! ¡No logro recordar este nombre!
¡Había escrito Berloni, el nombre de una frma que
produce cocinas!) ha encontrado el pan listo, cocido a
fuego lento por cuarenta años por parte de un populis-
mo torpe que se cubre con vestidos de distintos colores.
Bajo la presión del capitalismo neoliberal, le ha basta-
do hacer operativo aquello que otros han preparado.
Sin embargo, pasado el encanto, el populismo se le re-
vierte y le grita: “¿por qué él y no yo?”, “¿por qué él es
dirigente, ingeniero, profesor, funcionario, periodista y
yo no?” Aún más: ¿por qué aquel es diputado, senador,
ministro, presidente del consejo y yo no? El neolibe-
ralismo no necesita profesionistas, mucho menos a los
políticos. De esto derivaría, según Jean-Claude Milner,
la increíble moda del discurso caritativo: la burguesía
descubre que el capitalismo no la necesita más. Aque-
llos que creían estar con los vencedores, se descubren
de la parte de los vencidos: aquellos que antes implora-
ban por los otros, ahora imploran por sí mismos.
LA EXPROPIACIÓN DE LA SALUD
Al lado de la caída del sistema científco-profesional,
otra catástrofe que toca a los italianos es aquella que
71
I DEBATES BERLUSCONI O EL 68 REALIZADO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
amenaza la tutela de la salud. Incluso en este ámbito se
realiza en modo perverso e irrisorio la perspectiva del
68: la idea de que se pueda reducir un sistema sanitario
efciente y seguro. Más allá de la desescolarización de
la sociedad, Ivan Illich propugnaba, en efecto, también
por la desprofesionalización y desinstitucionalización
del sistema de salud, sosteniendo que este era iatrogé-
nico (es decir, genera otras enfermedades), es fuente
de alienación creando una total dependencia del indi-
viduo de la medicina y paraliza el poder autónomo de
reacción; fnalmente, impide al individuo confrontarse
con el sufrimiento, la enfermedad y la muerte, que son
aspectos no eliminables de la condición humana.
Se equivoca quien piense que con el gobierno
Berlusconi se haya puesto en acción únicamente un
reforzamiento de la medicina privada en detrimento
de la pública. En realidad, se ha creado en Italia una
pérfda trampa entre las dos, que las hace poco con-
fables. Muchos se preguntan si no es peligroso vivir
en este país: basta dar un vistazo a cualquier sala de
emergencias para darse cuenta que la entrega y el celo
de la mayor parte del personal que ahí trabaja no es
sufciente para colmar las enormes carencias estruc-
turales. A estas se le agrega toda una serie de nuevas
disposiciones burocráticas vejatorias e inútiles que
los alejan del cuidado de los enfermos.
Si bien, según la Organización Mundial de la Sa-
lud, el sistema sanitario italiano fguraba en el 2000
entre los mejores del mundo, no me parece que este
juicio pueda ser confrmado hoy. Existe en la ma-
nera en que el gobierno de Berlusconi afronta los
problemas de la salud, un conjunto de improvisación
con ecos del 68 y de burocratismo de corte soviético
que termina por destruir un patrimonio de conoci-
mientos y experiencias cosechadas con mucho es-
fuerzo a través de los años.
Hay algo de insano en la idea del 68 que sugiere que
basta la voluntad para vencer cualquier obstáculo y cual-
quier mal físico o moral: incluso, en aquella época hubo
quien llegó a sostener que ¡la única reivindicación radi-
cal del proyecto comunista era la abolición de la muerte!
Los falangistas durante la Guerra Civil española adopta-
ron como eslogan la frase “¡Muera la inteligencia! ¡Viva
la muerte!”. En los dos casos, en apariencia opuestos,
habla la pulsión de muerte que se anida en el vitalismo
desconsiderado de quien percibe que lo esencial de la
vida consiste en la destrucción. Según Freud, esta atrac-
ción inconsciente hacia la autodestrucción está presen-
te en todo ser humano. Sin embargo, produce un cierto
efecto verla presentarse no en las formas extremas como
las recién evocadas, sino en la imagen televisiva del
rostro de Berlusconi, a través del cual todo marcha en
el mejor modo posible. El optimismo publicitario y en-
gañoso típico de los charlatanes de cualquier tendencia
adopta características que no pertenecen a la tragedia, ni
a la opera cómica, sino al museo de cera. Quizá en las
distintas vicisitudes de las obras de Madame Tussaud
(1761-1850), la fundadora del primer museo del género,
tiene que ser buscada la clave para entender las actua-
ciones televisivas de Berlusconi. La primera máscara de
cera de Madame Tussaud fue la de Rousseau, realizada
en 1778. En la década sucesiva estuvo en la corte del
rey de Francia. Sospechosa de simpatías monárquicas,
arrestada y condenada a la guillotina, logró salvarse y
puso su habilidad al servicio de la revolución haciendo
las máscaras de cera de los condenados a muerte. Desde
sus orígenes, resulta ambiguo el sentido de la másca-
ra de cera: se trata de un artefacto extraño, porque por
un lado celebra al personaje, pero por el otro lo insulta
ya que está hecho de un material que se derrite bajo la
acción del calor. Por su parte, desde la Edad Media la
escultura de cera tenía esta característica doble: por una
parte, honraba a quien se representaba; por la otra, era
usada con fnes maléfcos y ominosos, ensartándoles
alfleres que reportarían calamidades y enfermedades
a la persona retratada. Lo cierto es que sobre el rostro
encerado de Berlusconi se han concentrado desde hace
muchos años la hostilidad y el odio de millones de per-
sonas, sin tener algún efecto evidente. ¡Esto es una prue-
ba de la inefcacia del mal de ojo o del extraordinario
equipamiento apotropaico de Berlusconi! En el segundo
caso, es evidente que no se necesita la medicina cientí-
fca ni de aquellas alternativas, sino que basta ¡un poco
de amuletos y talismanes, oraciones y fores, estampas
de santos y votos!
¿DESPRECIO O RESPETO HACIA LA CULTURA?
Si bien la hostilidad en las confrontaciones de la
cultura no es un hecho del todo nuevo en la histo-
ria de la civilización occidental, jamás ha sido una
cuestión fundamental. Hasta tiempos muy recientes,
se ha intentado oponer una cierta dirección cultural a
las otras: por ejemplo, un conficto recurrente en los
siglos respecta, en la época de la patrística y después
con la Reforma protestante, la asunción de la herencia
del saber clásico, o bien la relación entre fe y razón,
o en los últimos dos siglos la contraposición entre las
ideologías de izquierda y aquellas de derecha… La
destrucción de la Biblioteca de Alejandría todavía hoy
es objeto de una controversia entre los historiadores,
el saqueo de Roma en el 410 a.C., por parte de los
visigodos fue coordinado por Alarico; aquel de 1527
72
DEBATES I MARIO PERNIOLA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
tuvo sus orígenes en la base cultural de la Reforma.
Los anarco-sindicalistas de comienzos del siglo XX
escriben ensayos y libros, ¡incluso el nazismo pre-
tende tener una cultura! En la disolución del Imperio
carolingio, los emperadores romano-germánicos con-
tinuaban proclamándose sucesores directos del Impe-
rio romano. Incluso en el año Mil, considerado como
el punto más bajo de la civilización occidental, los
testimonios de la época muestran que no había decre-
cido la confanza en el progreso espiritual del mundo.
Para encontrar algo parecido al odio hacia la cultura,
que se ha propagado en Occidente en los últimos cua-
renta años, es necesario mirar a Oriente y en particular
a China, donde desde hace 2 mil 500 años el estatuto
social, político, cultural, simbólico y económico de los
funcionarios-literatos ha sufrido, según los avatares de
los emperadores, cambios tan extremos que no es posi-
ble encontrar comparación en ninguna otra civilización.
Algunas veces éstos han gozado de poder, prestigio so-
cial y tenor de vida altísimo, en otros casos han sido ase-
sinados cruelmente en masa. Incluso se podría afrmar
que la cuestión de la cultura es una problemática china
por excelencia, ya que allá ha alcanzado, desde hace
más de 2 mil años, el máximo grado posible de confic-
tividad, encontrando entre las dos soluciones extremas
(por un lado la destrucción de los libros y la condena a
muerte del literato, por el otro, el sistema de los exáme-
nes imperiales y la máxima elevación político-burocrá-
tica del saber) una cantidad de soluciones intermedias.
Como escribe el sinólogo de origen húngaro, Étienne
Balazs (1905-1963), estos no constituyeron una clase o
casta, sino una sólida red de administradores jerarquiza-
dos, provistos de un poder discrecional otorgado por el
gobierno central, fundado sobre la transmisión del cono-
cimiento: mánager ante litteram, refractarios a cualquier
especialización, conocieron el ofcio de gobernar, que lo
ejercieron a lo mucho siguiendo las ideas de Confucio,
el cual considerando la naturaleza humana siempre per-
fectible, atribuye una gran importancia al saber. Según
Balazs, el sistema de los funcionarios-literatos, a pesar
de los aspectos negativos implícitos en todo régimen
burocrático, constituyó una experiencia de valor incom-
parable que fue la única alternativa al caos, al triunfo de
los particularismos, a la propagación de la violencia: la
historia de China, desde el advenimiento de su unifca-
ción bajo el primer emperador (221 a.C.), hasta 1912,
que clausura la edad feudal, puede ser vista como una
lucha incesante con distintos éxitos entre la cultura de
los funcionarios-literatos y el poder militar, que con fre-
cuencia se servían de los eunucos de la ginocracia im-
perial para contrarrestar a los literatos. A estos últimos
se les debe el concepto de “cambio del mandato celes-
tial” (geming), que sirve para traducir en chino la noción
occidental de revolución y que permite la provisión de
una legitimación a la difícil sucesión de las dinastías (a
diferencia de Japón que desde sus orígenes hasta nues-
tros días conoce sólo una dinastía). Sin embargo, los
literatos-funcionarios no constituyen una corporación,
ya que sus miembros se encontraban amenazados cons-
tantemente en su estatus social, en sus bienes y en su
sobrevivencia. Según uno de los máximos flósofos chi-
nos vivos, Li Zehou, son dos los aspectos esenciales del
literato funcionario. El primero es la precariedad de su
condición, según la posición ideológica de las distintas
dinastías, podía ser destituido y asesinado. El segundo
es una suerte de escisión interior, ya que por un lado
se sentía como un fel servidor del Estado y, por consi-
guiente, un confuciano que gobernaba a través de ritos,
la música y la rectifcación de los nombres (es decir, el
uso correcto de las palabras), por el otro, era un hombre
de letras, aquel que en Occidente se podría defnir como
un “humanista”, con frecuencia un poeta, un escritor, un
calígrafo, claramente infuido por el taoísmo.
Por ello, la cuestión estética y aquella política es-
tuvieron enredadas como en ninguna otra civilización
a lo largo de todo el desarrollo del imperio chino. En
ocasiones los emperadores, apenas llegaban al poder,
hacían matanzas de literatos; otras veces una de las pri-
meras leyes emanadas iba en estos términos: “¡Funcio-
narios y literatos no deben ser ajusticiados!”. Incluso,
hubo un emperador, Cao Pi, más o menos contemporá-
neo del emperador romano Marco Aurelio, el cual afr-
maba en su Discurso sobre la literatura, que la breve
duración de los honores y de los placeres ¡no se podía
comparar con la infnidad de la literatura! El dualis-
mo interior del literato funcionario se manifesta cla-
ramente en una poesía de Ruan Ji (210-263), un gran
caballero y político astuto: “Entre las nubes quisiera
esconderme / donde ninguna red me pueda capturar. /
¿Por qué pasar el tiempo entre hombre mezquinos / y
estrechar sus manos y brindar con ellos?”
LOS INTELECTUALES.
DE VIEJA CATEGORÍA APESTOSA A ESPINA
DORSAL DE LA NACIÓN
Para entender la situación actual es necesario tomar en
cuenta dos diferentes tradiciones milenarias, la occi-
dental y la china, ya que sus historias están enlazadas
completamente desde fnales del siglo XIX. La moder-
nización de China no siguió la dirección abierta por Ja-
pón con la Renovación Meiji (1968), inspirada en gran
medida en el modelo alemán e inglés: el resultado de la
73
I DEBATES BERLUSCONI O EL 68 REALIZADO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
modernización japonesa fue la creación de una demo-
cracia burguesa, donde la mayor parte de la población
pertenecía a la clase media. En China, en cambio, fue
determinante el movimiento del 4 de mayo de 1919,
cuyo eslogan era “Abajo el taller de Confucio”. Siguió
la guerra civil, donde el confucianismo sería adoptado
por el Kuomintang y por su líder Chiang Kai-shek. Al
contrario, Mao era hostil al confucianismo, al que re-
criminaba haber hecho prisionera a China en la jaula
de la opresión feudal y se consideraba secuaz de una de
las otras tendencias políticas chinas, el legismo, com-
parándose a Qin Shi Huang, el primer emperador que
unifcó China en el 221 a.C.
El anti-confucianismo se manifestó con radical viru-
lencia en la llamada Gran Revolución cultural proleta-
ria promovida por Mao en 1966. Por el temor de ser
expulsado del poder por la corriente reformista interna
al Partido Comunista Chino, encontró en el movimiento
estudiantil de las Guardias Rojas un impulso de enorme
potencialidad. Al lema del movimiento “destruir lo an-
tiguo y alentar lo nuevo” (que es lo contrario del prin-
cipio confuciano On Ko Ci Shin, es decir, “estudiando
lo antiguo, se conoce lo nuevo”), la Revolución cultural
se propuso “eliminar los cuatro vejestorios”: las viejas
ideas, la vieja cultura, las viejas costumbres y los viejos
hábitos. La consecuencia fue el desencadenamiento del
llamado “terror rojo” (agosto-septiembre de 1966): los
bienes de las familias de origen burgués, de los profe-
sores y de los hombres de negocios fueron confscados,
sus casas saqueadas, miles de lugares de interés históri-
co destruidos, una gran parte de las bibliotecas abando-
nadas, siete millones de libros desaparecieron, los su-
puestos “enemigos de la clase obrera” fueron expuestos
a vejaciones de todo tipo. Los intelectuales considerados
como “la vieja categoría apestosa” o “demonios de la
cabeza de buey y con el cuerpo de serpiente” fueron en
el mejor de los casos obligados a limpiar los retretes;
cientos de miles de familias en toda China fueron ex-
pulsadas de sus casas urbanas y enviadas al campo; el
templo de Confucio, que surge en el lugar de su casa
natal a Qufu en la provincia de Shandog, fue devastado
parcialmente por un grupo de 200 estudiantes que lle-
garon desde Pekín, y lograron destruir más de seis mil
objetos considerados de valor incalculable (entre ellos
2700 libros y 900 pinturas). El resultado fue el caos ge-
neral que alcanza su culminación al año siguiente: en
Shangai, donde se enfrentaban decenas de bandas de
guardias rojas entre ellas, se alcanzó el colapso total de
toda autoridad. De este modo, Mao se vio obligado a
restituir el orden, usando al Ejército Popular de Libe-
ración: a su vez, en 1968 4 millones de estudiantes (en
gran parte Guardias Rojas) fueron enviados a la campi-
ña para reeducarse por medio del trabajo del campo. De
nueva cuenta, “la revolución es como Saturno, que de-
vora a sus propios hijos”, como escribe Georg Büchner
en el drama La muerte de Danton (1935).
Es evidente que por suerte nada tan terrible como lo
antes descrito pasó en Italia del 68 a nuestros días. Sin
embargo, el odio hacia la cultura, los intelectuales y el
saber, que llevó a China a sucesos tan traumáticos (y de
manera mucho más radical y enloquecida en Camboya
bajo el gobierno de los Khmer Rojos entre 1975 y 1979),
nació también en Italia en los mismos años de la Revo-
lución cultural china y en el transcurso de cuatro déca-
das se enraizó en modo soft, pero epidérmico, encon-
trando en los gobiernos de Berlusconi un terreno muy
fértil, hasta manifestarse sin recato en los años más
recientes. En otras palabras, en Italia no hubo necesi-
dad de una política anticultural explícita, incluso por-
que aquellos que tenían que promoverla no estaban en
grado de formularla en lo mínimo: ¿es posible imagi-
nar una campaña política contra Sócrates? El problema
es que la mayor parte de los italianos no sabe quién es
Sócrates: ¿y cuántos parlamentarios, altos dirigentes y
mánager lo saben? En efecto, aquellos que pasaron por
el liceo (y el liceo clásico en particular) han escuchado
hablar de él, pero quizá hasta ahí. Si parva licet compo-
nere magnis, la cuestión de los intelectuales se arrastra
en China desde hace 2 mil 500 años, como un proble-
ma de enorme relevancia política, mientras que en Ita-
lia (con la buen paz de Gramsci) es en realidad un ar-
gumento nuevo: es más, ni siquiera es un argumento,
es la aria de una opereta, que casi todos han comenzado
a cantar para parecer modernos, incluso posmodernos,
para “volverse norteamericanos”, o para verse en el es-
pejo de los chinos, o más sencillamente porque desper-
taba la aversión oscurantista, profundamente enraizada
en el sentir italiano, en las confrontaciones de la “clase
de los cultos”. Sin embargo, decir “clase” es aún exce-
sivo, porque implicaría algún conocimiento del mar-
xismo, al menos de oídas. En realidad, Berlusconi ha
liberado la ignorancia de los italianos de toda mala
conciencia, de toda culpa, de cualquier vergüenza, lle-
vando a su culminación un proceso iniciado en el 68
bajo otra bandera. Para decirlo en el modo más claro
posible y fácilmente accesible incluso a “los sujetos”
políticos más rústicos, que quizá por algún tiempo es-
tudiaron flosofía, estos fnalmente pueden exclamar:
“Las personas instruidas siempre han estado sobre el
falo, pero antes no podíamos decirlo sin hacer el ridí-
culo; viva Berlusconi que nos ha emancipado de este
complejo (¡No! ¡Esta palabra es todavía muy culta y
74
DEBATES I MARIO PERNIOLA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
además de difícil interpretación incluso para los estu-
diosos del psicoanálisis! Nota del autor), que nos ha
permitido salir de esta prisión donde falta el aire”. Y
alguien un poco más refnado podría agregar: “Llamar
a los ignorantes y analfabetas con estos nombres no es
políticamente correcto. De ahora en adelante se llama-
rán diversamente cultos y distinguidos, y no deben ser
sujetos a ningún tipo de discriminación”. Pero otro más
astuto (por ejemplo, un spin doctor que estudió en la
Facultad de comunicación y que forma parte de algún
think tank, es decir, “depósito de pensamiento”) podría
sugerir: “No, nosotros en cuanto ignorantes y analfabe-
tas más o menos de regreso, no somos una minoría por
tutelar o un grupo de marginados, o una colectividad
que ha sufrido un daño, y que por consiguiente puede
encauzar una class action, o sea un recurso colectivo que
valga para todos aquellos que se encuentran en la misma
situación, con el objetivo de obtener una indemnización
moral o fnanciera, ¡por el simple hecho de que somos la
mayoría! ¿Realmente somos tan estúpidos de encauzar
una class action contra nosotros mismos? Estas son cosas
que hay que dejar en manos de los profesores, de perio-
distas, de magistrados, de mujeres que no quieren o no
pueden volverse prostitutas, de inmigrantes, de margi-
nales, a las personas de la buena burguesía instruida, a
los jóvenes que aún creen que saber es poder (porque
los viejos, si no están completamente chochos, saben
bien como están las cosas…). Somos la nueva clase
dirigente en toma directa con el pueblo y con el capita-
lismo neoliberal (con la buena paz del profesor Caccia-
ri que no llegará jamás. Nota del autor: ¡cuánto despre-
cio sobre este profesor Cacciari!). Sin embargo, este
asunto debe ser tratado con guantes. No somos chinos
y por ello de Sócrates y Confucio y toda la “dizque
cultura” (atención, esta palabra es dicha in camera ca-
ritatis, es decir, no públicamente) no nos importan un
bledo: no obstante, tenemos que decir que estamos a
favor de la cultura, de la investigación, de la innova-
ción, del inglés, de internet, de la empresa y de todo
aquello que todavía suene a la moda, incluso si todas
estas cosas no nos importan un carajo, ya que desarro-
llarlas seriamente, es caro y complicado y deja un es-
pacio muy reducido a la corrupción. Que las realicen
los norteamericanos, que conectándolas estrechamente
con la economía fnanciera logran hacer una cantidad
enorme de dinero, o bien, los países del BRICS (Brasil,
Rusia, India, China y Sudáfrica) que al encontrarse en
ascenso y teniendo tasas de desarrollo notables, ¡se ven
obligados a crear una burguesía relativamente instrui-
da! Para nosotros la cultura es sólo parasitaria: en efec-
to, puede estar bien para alguna hija, hijo o nieto un
poco desatornillado y evitar que haga alguna estupi-
dez, o bien para algún político por jubilar, pero más
allá de estos casos estrictamente individuales, es claro
que todo aquello de decimos o incluso legislamos en
torno a este argumento, tiene la única fnalidad de acre-
centar la confusión y el marasmo. Me permito reco-
mendarles que no caigan en la trampa de apoyar seria-
mente a los llamados “intelectuales de derecha”,
porque son mucho más pretensiosos de los de izquier-
da, los cuales un poco por bandera empobrecida, un
poco por demagogia, se autodefnen “obreros de la
conciencia” y por consiguiente no tienen tantas ambi-
ciones: basta que se les permita alguna aparición gra-
tuita en televisión y rápidamente piensan que son di-
vas, al grado de romper el corazón de alguna joven,
como si nuestras jóvenes en la actualidad tuvieran co-
razón. Ahora bien, si son auténticamente accro (señalo
esta palabra en francés porque ninguno la entiende y
por ello produce un cierto efecto), es decir son persis-
tentes, como aquel tal Saviano o Saviani o como se
quiera decir, que basta que lo inserten en un show re-
creativo de entretenimiento puro para neutralizarlo
completamente. Él se quiere hacer el trágico, pero si lo
ponemos al lado de los cómicos, ¿quién se dará cuenta
de la diferencia? Recordemos que en Italia, la tragedia
jamás ha tenido fortuna: cierto, ha habido algunos pie-
monteses trágicos como Alferi o Pareyson, pero
¿quién los lee? Sirven para hacer tesis de licenciatura.
Luego entonces, ninguna fatwā en contra de los Savia-
nos, mucho menos atentados o cosas que generan des-
órdenes: no olvidemos que despachándolos por libera-
les (mientras es obvio que somos monopolistas)
debemos también manifestar nuestra liberalidad y
magnanimidad. ¡En lo absoluto somos como los rusos
o los chinos que persiguen a los disidentes! Al fnal,
aquello que dicen o escriben no tienen efecto alguno en
la política y el pueblo buey se le conquista en la cam-
paña electoral disminuyendo o eliminando cualquier
sobresalto. Con relación a las mafas y al crimen orga-
nizado, golpear con resonancia mediática a aquellas
que están en decadencia, y promover en forma discreta
y oculta (¡les recomiendo que no paguen por la casa de
un delincuente o de aquel con olor a mala reputación!)
aquellas en ascenso. Con mayor prudencia con rela-
ción al pasado y con aliados menos exaltados, folclo-
ristas y sin sentido, podríamos llevar a Berluscone
(lapsus, quería decir Berlusconi) a la presidencia de la
república: se sabe desde siempre que las guerras se ha-
cen con los soldados que se tienen y se tiene más dif-
cultad para convivir con aquellos de la misma facción
que con aquellos que son o se declaran nuestros enemi-
75
I DEBATES BERLUSCONI O EL 68 REALIZADO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
gos. En resumen, ¡ánimo! No pongan límites a la Pro-
videncia, la cual con la cultura siempre ha tenido poco
que ver, ya que promete la vida eterna en el más allá,
¡pero no se ocupa de lo que pensarán las generaciones
futuras, admitiendo y no concediendo que todavía es-
tén en grado de pensar después de nuestros gobierno!”.
En China, las cosas son distintas: la fgura de Confu-
cio seguía siendo una presencia en Mao, reapareciendo
en 1973, asociado a Lin Biao. Este, designado en 1969
como sucesor de Mao, rápidamente cayo en desgracia
por haber asumido una posición contraria al diálogo con
Estados Unidos que llevó a China a ocupar en octubre de
1977 el escaño permanente en el Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas, que era ocupado antes por el go-
bierno de Taiwán. Según las fuentes ofciales, el hijo
de Lin Biao, Lin Liguo, programó con el apoyo de
sectores de las fuerzas armadas el Plan 571 (en chino
los números 5, 7, 1, tienen la misma pronunciación
de los términos que quieren signifcar “levantamien-
to armado”) que habría asesinado a Mao al pretender
bombardear el tren que lo llevaba de regreso a Pekín
desde la China meridional. Lo cierto es que Mao pre-
vió la conjura y se precipitó en avión a Pekín: Lin
Luguo, sintiéndose perdido se fugó con su madre y su
padre (la célebre Yen Qun, llamada “la dama elegan-
te”) en avión hacia la Unión Soviética. Pero el avión
se cayó el 13 de septiembre sobre las montañas de
Mongolia, probablemente por falta de combustible.
El evento tan dramático tuvo grandes consecuencias
en el interior del grupo dirigente; en el plano ideoló-
gico, llevó al descrédito de la revolución cultural de
los años anteriores. Lin Biao fue descrito como un
extremista de izquierda. Zhou Enlai tuvo un papel re-
levante en la puesta bajo acusación del izquierdismo
extremo y del anarquismo de los primeros años de la
Revolución cultural, encarnados en la fgura de Lin
Biao. En 1972 fue promotor de una iniciativa dirigida
a permitir a todos, la lectura de los clásicos chinos,
prohibidos por la Revolución cultural, pero dispo-
nibles en la más grande librería de Pekín sólo a los
extranjeros y a los dirigentes superiores del partido:
en dos meses se venderían 200 mil copias. ¡Extraño
que a nuestros flo-maoístas de “Servir al pueblo”
(título del periódico de la Unión de Comunistas Ita-
lianos-Marxistas Leninistas) no se les haya ocurrido
la prohibición a sus militantes de la adquisición y la
lectura de Ariosto o Manzoni! Habrían causado a la
cultura italiana una contribución mucho mayor que
la distribución del Libro rojo de Mao, ya que es sa-
bido que prohibiendo algo, se vuelve deseable. Entre
enero y febrero de 1972 fueron publicadas incluso
las primeras traducciones de libros extranjeros (al-
guna novela rusa y ¡una selección de los escritos del
presidente norteamericano Nixon!) y al año sucesivo
traducciones de textos de literatura, arte, flosofía y
ciencias sociales. Esta cautelosa y muy limitada li-
beralización suscito por un lado la reacción de algu-
nas viejas guardias rojas, que no repararon en defnir
como “obras obscenas” al Conde de Montecristo de
Alejandro Dumas o El joven Holden de Salinger, por
el otro, promovió a los disidentes solitarios a escri-
bir, imprimir y enviar por correo a las universidades
o a los dirigentes textos abiertamente anti-maoístas,
como los Diez actos de acusación contra la Gran Re-
volución cultural del ingeniero Tu Deyong, miembro
del Partido Comunista Chino desde hacía veinte años,
o los folletos del obrero Shi Yunfeng que contenían
una crítica radical de la Revolución cultural: el pri-
mero fue condenado a cadena perpetua y el segundo a
muerte, llevada a cabo en modo atroz.
La reacción a este relativo “descongelamiento”
se manifestó en un modo auténticamente bizarro en
1973 con el eslogan “Pi-Lin Pi-Kong” (“criticar Lin
[Biao], criticar Confucio”). Lin, hasta entonces cri-
minalizado como extremista de izquierda se volvía
de pronto un ultra-reaccionario de derecha, ¡a través
de esta conexión con Confucio! ¿Qué tenían en co-
mún estas dos fguras a los ojos de algunos dirigentes
chinos? El hecho de representar una obsesión de la
cual era imposible liberarse. En efecto, como apare-
cerá claramente a continuación, repudiar a Confucio
quería decir desautorizar toda la tradición milenaria
de China, incluidos los cinco o seis clásicos, cuyos
orígenes se pierden en la más remota antigüedad (y
de los cuales Confucio se había considerado sólo
como su intérprete), y por ello reconocer que tam-
bién China había sido colonizada por el pensamiento
occidental en la forma del marxismo. Criminalizar
a Lin Biao, fel ejecutor de las decisiones de Mao
por cuatro décadas al grado de ser proclamado of-
cialmente en los documentos del partido como su
sucesor, quería decir renegar de la Gran Revolución
comunista china que, con la fundación de la Repú-
blica Popular China (el 1 de octubre de 1949), había
permitido al país sustraerse defnitivamente al colo-
nialismo euro-americano. De este dilema se encon-
traría una ruta de escape el siguiente año, en 1974
con el nuevo eslogan: “Criticar al confucianismo,
revalorar el legismo”. Para entender este cambio es
necesario saber que el legismo había sido la doctrina
política que desde fnales del siglo III a.C., combatió
al confucianismo: mientras este último sostenía que
76
DEBATES I MARIO PERNIOLA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
era necesario gobernar a través de los ritos, la música
y la rectifcación de los nombres, el legismo, teoriza-
do por Han Feizi (muerto por suicidio en el 233 a.C.)
afrmaba que sólo la ley con una exacta determina-
ción de los castigos, estaba en grado de mantener el
orden y garantizar la prosperidad. En efecto, la unif-
cación del Imperio chino llevada a cabo por el primer
emperador Qin Shi Huang en el 221 a.C., fue posible
mediante las tres enseñanzas fundamentales del le-
gismo (ley, posición de fuerza, técnicas de control)
y bajo la inspiración del pensador legista Li Si, ¡el
cual por ironía de la suerte fue a su vez condenado a
muerte por descuartizamiento en el 208 a.C.!
Resulta claro desde estas vicisitudes cómo la cues-
tión de los intelectuales tenga en China una base cul-
tural por un lado extremadamente compleja y por el
otro extraordinariamente repetitiva a través de los si-
glos. ¿Cómo no asociar el destino de Li Si a aquel de
Lin Biao, que tuvo lugar más de 2 mil años después,
en conformidad con una única lógica de poder? Lo
cierto es que a partir de 1974 el estudio del confu-
cianismo encontró un signifcado político de prime-
rísimo nivel que en ocasiones tuvo un éxito cómico:
¡Para criticar a Confucio, primero es necesario co-
nocerlo! El grupo de investigación organizado para
estos fnes estaba compuesto por estudiantes que no
tenían ninguna competencia en la materia. Por ello
fueron rehabilitados los mismos profesores “burgue-
ses” que habían sido criminalizados durante la Re-
volución cultural, ¡ya que eran los únicos que tenían
las competencias y la erudición clásica necesaria para
tal fnalidad! En ocasiones el saber es poder, incluso
si sólo es para destruir la memoria de un político o
para atacar indirectamente Zhou Enlai o Deng Xiao-
ping, atribuyéndoles la califcación de “confucianos”.
En efecto, la campaña contra Lin Biao se transformó
en un ataque contra “los confucianos de hoy” fuera
y dentro del partido. Al mismo tiempo, se volvía vi-
sible la tercera gran corriente flosófca de la China
antigua, el empirismo, culto iniciador en el siglo IV
a.C., fue Mozi (es decir, maestro Mo), que sostenía el
criterio de la utilidad en contra de la tradición ritual.
Según el moismo, lo esencial es el éxito: no existe
acción que cuente por sí misma o que tenga su fun-
damento en la subjetividad. Incluso esta tendencia
anti-confuciana representa una constante en la cultu-
ra china: no es fortuito que el flósofo norteamerica-
no John Dewey (1859-1952), uno de los principales
exponentes del pragmatismo, en su larga estancia en
China entre febrero de 1919 y septiembre de 1921,
pretendió revivirla como opción política. Es muy sig-
nifcativo que sea Deng quien la recupera en modo
correcto y revisado en su conversación de 1975: ¡el
empirismo quizá no es bueno, pero la experiencia sí!
Mutatis mutandis es como si los políticos italianos
discutieran si es mejor el estoicismo, el epicureísmo o
el escepticismo o promovieran estudios más o menos
tendenciosos sobre estas tres grandes corrientes de la
flosofía helenista. Cuando alguno saca la cuestión del
compromiso y de la responsabilidad de nuestros inte-
lectuales, me hecho a reír por dos razones. La prime-
ra es que estos intelectuales que se lamentan de no ser
tomados en consideración, no corren ningún peligro,
mientras en China van del protagonismo al establo y vi-
ceversa con una facilidad increíble. La segunda es que
ninguno se interroga sobre la responsabilidad flosófca
de nuestros políticos: pienso que, como los correctores
de pruebas improvisados, confunden en el mejor de los
casos, el estoicismo con el historicismo (¡ya que quizá
de joven alguno hizo una petición de beca de estudio al
“Instituto Benedetto Croce” de Nápoles!).
Las últimas vicisitudes antes de la muerte de Mao,
el 9 de septiembre de 1976, no son simplemente una
lucha entre las distintas facciones por la sucesión
del “Gran timonel”. Los incidentes de la Plaza Tia-
nanmen de marzo-abril de 1976 y otras protestas en
otras partes de China, revelan la intolerancia de la
mayor parte de los chinos frente a la posibilidad de
repetición de otras “revoluciones culturales”. Esta
es compartida también por una gran parte de la cla-
se dirigente del partido y del ejército. Esto explica
la rapidez con la que se consolidó el poder de Deng
Xiaoping, con la insignia del eslogan: “la práctica es
el único criterio de la verdad”. La facción más extre-
ma, conocida como la “banda de los Cuatro” guiada
por la mujer de Mao, Jang Qing, fue arrestada el 6
de octubre y puesta bajo proceso. La sentencia ya es-
taba escrita: dos condenados a muerte conmutables
por cadena perpetua y una condena a treinta años de
cárcel y otra a veinte años. Como se sabe, la mujer de
Mao se suicidó en el hospital en 1991. Las víctimas
de la revolución cultural, comenzando por Liu Shao-
qi, presidente de la República Popular China hasta
agosto de 1966, después puesto bajo acusación y de-
jado morir por descuido de los médicos en noviembre
de 1969, serán rehabilitados en los años posteriores.
Impacta lo dramático de los sucesos chinos que po-
nen punto fnal a la Revolución cultural: iniciada en
1966 con el eslogan político “eliminar a los cuatro
vejestorios” (frase que al inicio nadie sabía qué quería
decir) termina con una acción de policía militar (que
despierta una perturbación colectiva no menor a la
77
I DEBATES BERLUSCONI O EL 68 REALIZADO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
eliminación de Lin Biao, especialmente en Shanghái,
donde la “banda de los cuatro” tenía un fuerte apoyo
en el Comité Revolucionario local).
En Italia, las cosas caminaron en modo diferente:
¡la encomienda del 68 “eliminar todos los vejestorios”
tuvo el resultado de eliminar todo el carácter moderno
que se había creado en cien años de historia! Des-
de inicios de los años ochenta esta liquidación de la
modernidad se decora con un nombre grandilocuente:
la “posmodernidad”. Esta fue dirigida por el flósofo
Gianni Vattimo con una fnura político-teórica supe-
rior a aquella del más consumado burócrata chino. El
término “posmoderno” ya había sido introducido en
la flosofía por el francés Jean-François Lyotard (1924-
1998), en el libro La condición postmoderna: informe
sobre el saber de 1979; a su juicio, la deslegitimación
del saber moderno tendría que dirigirse hacia su relegiti-
mación en clave tecnológico-pragmática. Vattimo, pro-
motor de la obra colectiva El pensamiento débil, vuelca
por completo el punto de vista de Lyotard y legitima
una forma de anti-intelectualismo extremadamente re-
fnada e irónica: para él la posmodernidad es nihilista y
anti-metafísica. El problema puede ser formulado de la
siguiente manera: ¿el pensamiento es débil con relación
a qué? La primera respuesta es interna al campo flosó-
fco: el pensamiento débil (que se inspira en Heidegger)
se contrapondría al pensamiento “fuerte” (hegeliano y
marxista) el cual reivindica una posición de soberanía en
las confrontaciones de la política. La segunda respuesta
es aún del orden flosófco: el pensamiento “fuerte” no
es para nada eso, porque en realidad no tiene ninguna
infuencia sobre la política y la sociedad. Por ello es
un pensamiento pretencioso, que se vende por aquello
que no es, ya que el Estado, los partidos y las fuerzas
productivas no tienen necesidad de él. De este modo, la
confrontación no sería entre pensamiento débil y pen-
samiento fuerte, sino entre pensamiento débil y pensa-
miento debilísimo. Finalmente, hay un tercer aspecto
que se sale del ámbito flosófco y respecta la batalla cul-
tural y política en el sentido más amplio: el pensamiento
débil encuentra al menos una orilla de escucha, quizá de
infuencia, en la política, ya que esta se siente fnalmente
autorizada a ser ignorante, a poner en el desván la teoría,
a decir y desdecir, a hacer y deshacer sin tomar en cuenta
ni la coherencia ni la lógica, en otras palabras a producir
“comunicación”. Estimados lectores (y los lectores ya
deben ser estimados, ya que raros, si han llegado a esta
parte de mi panfeto, incluso si no están de acuerdo con
lo que digo, de todos modos son “estimados”), por lo
tanto, queridos lectores, observen cómo lentamente en
el transcurso de los últimos cuarenta años se ha prepara-
do pausadamente, partiendo de orillas políticas opuestas
a aquellas de Berlusconi, la catástrofe oscurantista don-
de los gobiernos de Berlusconi constituyen su apoteosis.
Y aquí no me refero a la persona de Berlusconi que se
graduó en leyes en 1961, con el máximo de votos en la
Facultad de Derecho de la Universidad Estatal de Milán,
discutiendo una tesis intitulada El contrato de publici-
dad por anuncio, la cual fue premiada por la agencia
publicitaria Manzoni de Milán, sino a lo que representa.
En última instancia, el pensamiento débil ha sido
el auténtico libro “orgánico” de los intelectuales ita-
lianos de los años ochenta, no en el sentido que ha
instruido o aconsejado a los políticos de la época, al
contrario, ha comenzado a liberarlos de todo condi-
cionamiento, ya no digamos teórico, que sería dema-
siado, sino lógico, exonerándolos del principio de no-
contradicción, haciéndoles creer (¡no! Esta palabra es
mucho para ellos, ya que supone que podrían estar
en grado de creer en cualquier cosa), por ello corrijo,
haciéndoles husmear que esta era la tendencia gene-
ral de la sociedad. Finalmente, ha llegado un flósofo
(con todas las credenciales en regla y un currículum
irreprensible, alguien que abrevaba de un gran maes-
tro, que había traducido a Heidegger y que se defnía
humildemente como un “obrero de la flosofía”), el
cual autorizaba su incoherencia, su oportunismo, su
ignorancia, que les permitía conferirse el derecho de
poner en el desván a Gramsci, y a todos aquellos in-
soportables “moralistas” de la izquierda que aún can-
turreaban sobre la racionalidad de la historia, sobre
la lucha de clases y sobre el “viejo topo” (metáfo-
ra usada por Marx con relación a la revolución). Y
esto sucedía en nombre de una nueva “flosofía de la
historia”, según la cual se estaba abriendo una nueva
edad defnida “posmoderna”, donde a un tiempo se
podía decir todo y lo contrario de todo. Nunca tuve
la impresión que estos se dieran cuenta que Vattimo
secretamente les tomaba el pelo, ya que no era impor-
tante para ellos. Se dieron cuenta más tarde cuando lo
cooptaron como político. En los mismos meses en los
cuales en China se lanzaba una campaña en contra de
la “contaminación espiritual” en nombre del marxis-
mo-leninismo, en Italia se encontraba un modo astu-
to de pasar por progresista (¿la posmodernidad no es
más progresiva que la modernidad? En efecto, sucede
después), ¡sin importar no sólo la dialéctica de Hegel,
incluso la lógica de Aristóteles! La genialidad de Vat-
timo, único héroe flosófco-político a caballo entre
los dos siglos, está en el hecho de haberse quedado
sustancialmente coherente consigo mismo, a pesar de
casarse en apariencia con diversos partidos. Es válido
78
DEBATES I MARIO PERNIOLA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
para él aquello que decía el cardenal de Retz (1613-
1679): “Es necesario cambiar con frecuencia opinión
para permanecer en el propio partido”. Sin embargo,
Confucio le habría reprochado a Vattimo, ya que el
hombre de valor (y él lo es indudablemente) está listo
a ser menospreciado sin ocultarse.
Los años que corren de la muerte de Mao (1979)
a 1989 están defnidos como la época del deshielo
intelectual, de la febre cultural, del iluminismo post-
maoísta, del regreso a la armonía confuciana, etcéte-
ra. Lo cierto es que los intelectuales, defnidos por la
Revolución cultural maoísta como “la vieja categoría
apestosa”, se vuelven conjuntamente a los obreros y a
los campesinos “la espina dorsal de la nación”: fnal-
mente es reconocido en modo abierto que desde que
fue inventada la escritura, ningún Estado jamás ha po-
dido funcionar sin la participación de un grupo de in-
telectuales especializados. La teoría de las “tres repre-
sentatividades” (obreros, campesinos, intelectuales)
de Ding Xiaoping, está ligada con el proyecto de un
Estado socialista con características chinas. No es for-
tuito que en las tres décadas que van de 1980 al 2010 se
publiquen 300 libros y 10 mil ensayos sobre Confucio.
Cómo debe ser traducida esta revaloración en términos
operativos, es aún polémico. Después de 1980 se asiste
a un pulular de revistas, de iniciativas culturales, de
traducciones de diversas lenguas extranjeras, en parte
autorizadas, a veces ilegales, con una sucesión de aper-
tura y clausura, de conexiones y de represiones, cuya
lógica es muy compleja y susceptible a interpretacio-
nes opuestas. Por ejemplo, ¿cómo debe ser valorada la
aparición en la literatura, en el cine, en la sensibilidad
colectiva, de prospectivas individualistas extrañas a la
tradición cultural china (y particularmente a aquella
confuciana)? Según un importante historiador y flóso-
fo chino, existe entre el marxismo y en confucianismo
una afnidad electiva que consiste en el hecho de que
ambas flosofías ponen entre paréntesis la subjetividad.
Naturalmente este hecho puede ser juzgado como po-
sitivo o negativo, dependiendo del punto de vista que
se adopte. Para Li Zehou, defnido como el más im-
portante pensador chino de los últimos treinta años, el
maoísmo no tiene vínculo con Marx, acaso hunde sus
raíces en la tradición china. Según Sor-hoon Tan, una
flósofa de Singapur que ha estudiado con mucho rigor
flológico los textos confucianos, el pensamiento polí-
tico de Confucio sería afín, en cambio, a la noción de
democracia de John Dewey, que como se ha sugerido,
había vivido en China en los años veinte reportando
un gran éxito y dando vida a una corriente política. Lo
cierto es que durante los veinte años precedentes a los
hechos de Plaza Tiananmen del 4 de junio de 1989,
la distinción entre intelectuales internos al sistema y
aquellos disidentes era fuida. Sin querer justifcar en
lo mínimo la represión violenta del movimiento de los
estudiantes, existe una impresionante continuidad en-
tre el movimiento del 4 de mayo de 1919, la revolución
cultural maoísta (1966-1976) y la protesta estudiantil
de 1988-1989, culminando con el exterminio del 4 de
junio de 1989, todos con el lema del rechazo de la me-
diación cultural confuciana. Si bien muchos intelectua-
les fueron acusados de haber fomentado la revuelta, ya
es reconocido que en realidad intentaron pararlos, pero
no fueron escuchados. Tanto de la parte del poder, que
temía que China se disgregara (como sucedería dos
años después con Yugoslavia y la Unión Soviética),
como de la parte de los estudiantes, en arrebato de un
infantilismo espontáneo parecido a aquel parisino de
mayo de 1968, dominaron las tendencias más radica-
les, expulsando una vez más a muchos intelectuales en
un vínculo ciego, que se ha prolongado a las décadas
sucesivas, obligando a muchos de ellos al exilio.
PROCESOS DE CIVILIZACIÓN EN CHINA
Y ENBRUTECIMIENTO EN ITALIA
La contribución teórica más relevante de la victoria
del confucianismo en China es la importancia atribui-
da a la idea de cualidad (suzhi). Según Luigi Tomba,
un sinólogo australiano muy atento a la complejidad
de la sociedad china actual, este término no debe ser
entendido como el enésimo eslogan ideológico, ya que
es la noción alrededor de la cual gira un vasto proceso
de civilización de la sociedad china actual, que res-
pecta todos los aspectos estéticos por excelencia como
estilo de vida, educación a la civilización, gentileza,
magnanimidad, etcétera. En otras palabras, se estaría
realizando en China algo parecido a aquello que el so-
ciólogo alemán Norbert Elias (1897-1990) defne con
relación al nacimiento de la modernidad occidental: la
civilización de las “buenas maneras”. Esta no es algo
superfcial y convencional, sino implica un largo y di-
fícil camino de refnamiento y perfección interior, ba-
sado sobre el control de las emociones y sobre el do-
minio de los códigos formales y simbólicos. La imagen
del llamado “ciudadano chino de calidad” subraya el
modelo del nacimiento del burgués a partir del Renaci-
miento. Los manuales de “auto-cultivación” recuerdan
a nuestras etiquetas del siglo XVI y XVII.
Aquí nos encontramos con la auténtica raíz del
pensamiento de Confucio, que respecta el vínculo
íntimo existente entre la perfectibilidad del ser hu-
mano y el sentir ritual. La naturaleza humana es
79
I DEBATES BERLUSCONI O EL 68 REALIZADO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
tal que puede estar siempre en grado de aprender,
mejorar y perfeccionarse al infnito: el ejercicio de
auto-califcación respecta todos, no sólo a una de-
terminada clase o categoría. “Mi enseñanza —dice
Confucio— está dirigida a todos sin distinción”
(Diálogos, XV, 38). La excelencia es un valor moral
que implica la relación con los otros, el cual es hon-
rado y mantenido a través del espíritu ritual. Esto
no debe ser considerado como algo meramente con-
formista y estereotipado, sino implica una partici-
pación y una energía emocional profunda. En otras
palabras, el “ciudadano de calidad” no es otro que
“el hombre de valor” confuciano. De este modo los
impulsos hacia el subjetivismo, que provienen de
la infuencia euro-americana, son inmunizados por
aquella deriva que los llevaría hacia la disolución de
los vínculos sociales y la desintegración del Estado.
La famosa frase confuciana “vencer al propio yo,
para dirigirse a los ritos” quiere decir disciplinarse
estableciendo una relación armónica con los otros.
En Italia sucede lo contrario. ¡Cualquier intento
de introducción en el discurso cultural de la calidad
en vez de la cantidad es marcado como elitista, anti-
democrático o incluso aristocrático! Yo, por ejemplo,
por el sólo hecho de haber escrito que en Italia hay un
gobierno de los peores (nótese bien, no he dicho de los
pésimos, como fue en Camboya bajos los Khmer ro-
jos y todavía en tantísimos lugares) fui señalado como
“aristócrata”. Si esta palabra es entendida en senti-
do literal como el gobierno de los mejores, no tengo
difcultad para reconocerme en este término: ¿pero
quien no se reconocería? No creo que exista alguien
que teorice la legitimidad del gobierno de los peores
porque tales, ni siquiera los secuaces de Mendeville
(1670-1733) (para quien lo recuerde, es el autor de La
fábula de las abejas en la cual el vicio es condición de
la prosperidad económica de los Estados). Y esto va
en honor de los promotores de los gobiernos dirigidos
por Berlusconi que se autodefnen como “buenos”: en
efecto, la hipocresía es el homenaje que el vicio hace
a la virtud. En cambio, si con ello se entiende la noble-
za, la cual a lo largo de los siglos se ha apropiado inde-
bidamente de este término, yo tengo una mala opinión
de la nobleza italiana en su conjunto y pienso que un
gobierno de ella sería peor de aquel existente. Pero
cuando se me marca como “aristócrata” se entiende
una tercera noción, el hecho de que siempre he sido
un promotor de la autoridad del conocimiento. ¿En-
tonces habrían sido “aristócratas” los fundadores de
la ciencia moderna, los ilustrados, los idéologues, los
idealistas, los marxistas, los positivistas, los teóricos
del pensamiento crítico? Sin embargo, estas son fnu-
ras para el oscurantismo comunicativo o demagógico
que hace de la hierba un fajo, y no podría hacer otra
cosa, dada su ignorancia que no les permite distinguir
entre pensadores de izquierda, centro o derecha, pro-
gresistas o reaccionarios… ¡precisamente porque es
alérgico a la existencia de “pensadores”! Es cierto que
alguna etiqueta política necesita, pero esta siempre
se reduce a una sola: ¡reformismo!, sin darse cuenta
que la mayor parte de los italianos le tienen un gran
miedo a las innovaciones, dado que estas parecen es-
conder casi siempre algún dispositivo que empeora la
situación existente a favor de los intereses de aque-
llos que estas “reformas” promueven. En este sentido,
autodefnirse “conservador” es incluso peor que pa-
sar por “revolucionario”. En efecto, fue disparada la
identifcación de los “revolucionarios” con los black
bloc, con los “terroristas” y sus defensores, mientras
que para los conservadores no hay más que despre-
cio o tolerancia. Nada asegura más a los partidarios
de la comunicación, de lo efímero, del presentismo
que la ausencia de cualquier calidad, en particular
si está acompañada por algún éxito, lo que confrma
que estudiar no sirve para nada y que los primeros de
la clase son los últimos de la vida. Quizá porque las
universidades aún están llenas y los periódicos dan
los números redactando clasifcaciones que distin-
guen productividad entendida en sentido meramente
cuantitativo, didáctica e investigación y entran con
frecuencia aún más en lo específco mediante la dis-
tinción entre servicios (aquí queda maravillado aquel
que tiene un voto de sufciencia), gasto para las bolsas
y otras intervenciones, estructuras, web (sin embargo,
¿quién lo estudia, si incluso las facultades de comu-
nicación raramente van más allá de una vaga retórica
futurista?), internacionalización (quisiera saber sobre
la base de qué parámetros se funda). Quien anula lo
que tiene detrás de sí, tiene la nada delante: en otras
palabras, si se quiere construir verdaderamente el fu-
turo, es necesario al mismo tiempo repensar el pasado.
Esta es la enseñanza fundamental del eterno retorno
del cual habla Nietzsche. La tradición (y en general el
estudio) no es algo que se pueda reducir a un eslogan.
Por ejemplo, hay en Italia un partido político que ha
pretendido construir su mito fundador ubicándolo en
la Edad Media. Alguno ingenuamente se esperaría un
forecimiento de los estudios medievales; en cambio
no me parece que para ser admitidos a este partido, sea
necesario algún conocimiento de este periodo históri-
co o se corra el riesgo de ser expulsado por no haber
estudiado la flosofía escolástica o el pensamiento de
80
DEBATES I MARIO PERNIOLA
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Gianfranco Miglio (1918-2001). Es más, se dice que en
este partido —no se si se esa voz esté cimentada— el
saber no es para nada apreciado y es en cambio conside-
rado uno de los “cuatro vejestorios” de los cuales es ne-
cesario liberarse. Los otros tres —relata refero— serían
la buena educación, la moderación y el espíritu nacional.
¿PODEMOS ESTAR INDIGNADOS?
Una palabra que recorre con mucha frecuencia los
discursos ético-políticos es la dignidad. Esta se ha
vuelto uno de los términos clave de la bioética, así
como el motor en el cual se han reconocido las re-
vueltas políticas que han explotado en muchos Esta-
dos árabes, provocando en algunos casos la caída de
los gobiernos. En Italia aquellos que se han defnido
como indignados de la conducta de… sconi (esta vez
me viene a la cabeza sólo la parte fnal del nombre de
esta persona), no se cuentan. Los estudiantes que han
ocupado las plazas de algunas ciudades españolas se
han defnido como los indignados. De este modo,
ha nacido un Global Indignant Movement, que se
ha manifestado en muchos países. La palabra dig-
nidad ha eclipsado otros términos más técnicos del
lenguaje político, como comunidad y derechos del
hombre. En efecto, la primera ha caído en el ridículo
desde el momento en que se comenzó a hablar de
una “comunidad internacional” (expresión impropia
ya que la comunidad en ámbito de ciencia política
indica un vínculo asociativo de naturaleza afectiva
similar al de la familia, como saben los lectores de
Ferdinand Tönnies, quien ha sido su teórico). Con
relación a los “derechos humanos” que constituyen
una de las bisagras de la civilización occidental, el
uso faccioso y oportunista que se ha hecho de ellos,
los ha vaciado de toda credibilidad.
Incluso la palabra dignidad no está ausente de
equívocos, malos entendidos y usos impropios. Como
sucede con frecuencia, es necesario remontarse a los
orígenes, si se quiere realmente tener un concepto co-
herente. A pesar de que la noción es atribuible a los an-
tiguos flósofos estoicos, es difícil encontrar en griego
una palabra que corresponda exactamente a la dignitas
romana (la que a su vez es ambigua, ya que por un lado
es una característica de quien ocupa un puesto públi-
co, y por el otro machaca la idea estoica según la cual
todos los hombres, más allá de las fronteras políticas y
de las divisiones étnicas, están unidos por una natural
inclinación benevolente hacia sus iguales basada sobre
el hecho de compartir el lógos, la razón). De las tan-
tas virtudes individuadas por los estoicos las palabras
que más se aproximan son la decencia (kosmiótēs), la
sociabilidad (aspasmós), el pudor (aídēmosúnē), el au-
todominio (egkráteia), pero ninguna de estas corres-
ponde exactamente a dignidad.
El hecho es que para los estoicos la perfección mo-
ral, personifcada por la fgura del sabio, implica un
total dominio de las pasiones, que se obtiene a través
de la virtud de la coherencia (omologhía). Los estoicos
introdujeron en la flosofía la noción de deber defnién-
dolo como el principio de coherencia en la vida de tal
modo que podría ser justifcado racionalmente. Este
principio tiene su recompensa en sí mismo y precisa-
mente por ello permite al ser humano estar frme y es-
table en la experiencia del presente. Sin embargo, esta
frmeza no es inmóvil, sino que se sostiene sobre un
tónos, una tensión que mantiene los opuestos en equi-
librio mediante un continuo ejercicio sobre sí mismo.
Ahora bien, la pregunta crucial es: ¿podemos permi-
tirnos estar indignados, si no tenemos ninguna de las cua-
tro virtudes fundamentales (sapiencia, templanza, coraje
y justicia)?, ¿podemos indignarnos si nosotros mismos
no tenemos dignidad?, ¿si no somos mínimamente cohe-
rentes con nosotros mismos, sino inmersos en el mundo
de la comunicación, en el cual todo se pone de cabeza?
Los rasgos fundamentales de la comunicación son
descritos agudamente por los estoicos bajo el término
de “estupidez”. El estúpido no es un tonto, un idiota,
un obtuso sino el ser humano que, víctima de un con-
tinuo desorden, cambia de opinión de un momento a
otro; incapaz de detenerse, corre al precipicio con un
ímpetu irrefrenable hacia el primer objetivo que en-
cuentra y se arrepiente con facilidad de todo eso que
ha hecho; incapaz de escuchar, habla y actúa en modo
inútil; inepto para elaborar valoraciones estables y para
llevar a cabo elecciones irreversibles, salta de un lado
a otro, pretendiendo tener y agarrar todo. La estupidez
no nace de una ausencia, sino de una desviación, una
distorsión, una perversión de la facultad racional.
Para estar indignado, al menos es necesario te-
ner coraje, es decir, paciencia, perseverancia, mag-
nanimidad y magnificencia (dixit Tomás de Aqui-
no). Nosotros italianos (y quizá nosotros como
occidentales) somos muy débiles para permitirnos
estar indignados. Por ello, o se regresa a los orí-
genes, es decir, a la enseñanza de la antigüedad
clásica y cristiana (judía, cristiana e islámica) —lo
que para nosotros equivale a Confucio para los chi-
nos— o no habrá salida. La dignidad no es un dato,
no es una cosa que se posee por el simple hecho de
pertenecer a la especie humana, sino un ejercicio
de autocontrol y perfeccionamiento de sí mismos
conjuntamente con un esfuerzo continuo de ayudar
81
I DEBATES BERLUSCONI O EL 68 REALIZADO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
a los otros. Es necesario merecer el hecho de ser
humano. Ninguno puede sostener que ha logrado
completamente esta tarea. Yo, por ejemplo, no lo-
gro aún memorizar el nombre de aquel dirigente
industrial tan famoso. Esta mañana recordaba sólo
la parte central de su apellido: lusco.
1
REFERENCIAS
AA.VV. (2008), “La destituzione politica degli inte-
llettuali”, Ágalma, núm. 15, marzo.
Balazs, E. (1971), La burocracia celeste, Milán, Il Saggiatore.
Bell, D., y H. Chaiborg (eds.), (2003), Confucianism
for the Modern World, Cambridge, Camcridge
University Press.
Blanchon, F., y R. R. Park-Barjot (directores), (2007),
Le nouvel âge de Confucius, París, PUPS.
Boltanski, L., y È. Chiapello (1999), Le nouvel esprit
du capitalisme, París, Gallimard.
Carchia, G. (2006), L’estetica antica, Roma-Bari, Laterza.
Ceronetti, G. (2011), “La parola politica specchio del
nulla”, La Stampa, 29 de mayo.
Cheng, A. (2000), Storia del pensiero cinese, vols.
I-II, Turín, Einaudi.
Cheng, Y. (2004), Dégel de l’intelligence en Chine
1976-1989. Quatorze témoignages, París, Gallimard.
Daraki, M. (1989), Une religiosité sans Dieu. Essai
sur les stoïciens d’Athène et saint Augustin, París,
La Découverte.
Debord, G. (2006), Oeuvres, París, Gallimard.
De Mauro, T. (2010), La cultura degli italiani, Roma-
Bari, Laterza.
Duby, G. (1976), L’Anno Mille, Turín, Einaudi.
Elias, N. (1988), Il processo di civilizzazione, Boloña,
Il Mulino.
Gadamer, H. G. (2001), Verità e metodo, Milán, Bompiani.
Illich, I. (1970), Descolarizzare la società, Milán, Mondadori.
Illich, I. (2005), Nemesi medica, Milán, Baroli.
Le Goff, J.-P. (1998), Mai 68: l’heritage imposible,
París, La Découverte.
Leys, S. (1971), Les habits neufs du President Mao,
París, Champ Libre.
Li, Z. (2004), La via della belleza, Turín, Einaudi.
Lyotard, J. F. (1981), La condizione postmoderna
(1979), Milán, Feltrinelli.
Machajski, J. W. (1979), Le socialisme des intellec-
tuels, París, Seuil.
MacFarquhar, R., y M. Schoenhals (2006), Mao’s
Last Revolution, Cambridge, Mass., y Londres,
Harvard University Press.
Makeham, J. (2008), Lost Soul. “Confucianism” in
1
En italiano, losco supone una triple acepción: negocio sucio, siniestro
y sospechoso [nota del traductor].
Contemporary Chinese Academic Discourse, Cam-
bridge, Mass., y Londres, Harvard University Press.
Milner, J.-C. (1997), Le salaire de l’idéal, París, Seuil.
Perniola, M. (2000), Ritual Thinking. Sexuality,
Death, World, Amherst, N. Y., Humanity Book.
Perniola, M. (2005), Contro la comunizazione, Tu-
rín, Einaudi.
Perniola, M. (2009), Miracoli e traumi della comuni-
zazione, Turín, Einaudi.
Perniola, M. (2010), Strategie del bello. Quant’anni
di estetica italiana (1968-2008), Milán, Mimesis.
Perniola, M. (2011), Estetica contemporánea. Una
visione globale, Boloña, Il Mulino.
Pietra, R. (2008), La Chine et le confucianisme
aujourd’hui, París, Le Félin.
Pohlenz, M. (1978), La Stoa, vols. I-II, Florencia, La
Nuova Italia.
Reich, W. (1969), The Sexual Revolution: Towards
a Self-giverning Carácter Structure, Londres, Vi-
sion Press Limited.
Russo, L. (2003), “L’espulsione della cultura dalle
istituzioni educative”, en A.A. V.V., Antasofa 2.
Sapere, Milán, Mimesis.
Russo, L. (2008), La cultura componibile. Dalla
frammentazione alla disgregazione del sapere,
Nápoles, Liguori.
Sabbatini, M. (coord.), (1993), Intellettuali e potere
in Cina, Venecia, Cafoscarina.
Samarani, G. (2004), La Cina del Novecento, Turín, Einaudi.
Samarani, G. (2010), Cina, ventunesimo secolo, Turín Einaudi.
Scarpari, M. (2010), Il confucianesimo. I fondamenti
e i testi, Turín, Einaudi.
Schlanger, J. (1991), “La République n’a pas besoin de
savants…”, Le Temps Modernes, núm. 534, enero.
Stoici antichi (1998), Tutti i frammenti [edición a car-
go de R. Radice], Milán, Rusconi.
Tan, S. (2003), Confucian Democracy. A Deweyan
Reconstruction, Nueva York, State University of
New York.
Tönnies, F. (1963), Comunità e società, Milán, Edi-
zioni di Comunità.
Tomba, L. (2009), “La società cinese in época maoís-
ta e la transizione postmaoista”, en G. Samarani y
M. Scarpari (coords.), La Cina vol. III. Verso la
modernità, Turín, Einaudi.
Vattimo, G. (con P. A. Rovatti e L. Amoroso), (1983),
Il pensiero debole, Milán, Feltrinelli.
Voelke, A. J. (1973), L’idée de volonté dans le Stoï-
cisme, París, P.U.F.
Willener, A. (1970), L’image-action de la société ou
la politisation culturelle, París, Seuil.
82
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Retórica VISUAL EN LA PUBLICIDAD
GRÁFICA MEXICANA DE high energy
Juan Rogelio Ramírez Paredes
*
*
Profesor del Instituto de Administración Pública del estado de Hidalgo.
E
l artículo aborda el papel y la infuencia social
de la publicidad gráfca de las presentaciones de
high energy (nrg) en México. La primera parte
del texto se encarga de dar cuenta de las raíces del nrg,
sobre todo respecto al análisis de esta música como ex-
presión y producto de la modernidad contemporánea.
En este sentido, su origen histórico-musical se encuen-
tra relacionado con las industrias culturales. La segun-
da parte de los apartados explica cuál ha sido la rela-
ción entre el nrg y los medios de difusión publicitaria
en México, lo que pone en condiciones de comprender
qué ha representado esta música en nuestro país, lo que
incluye sus límites y posibilidades de expansión en el
gusto social. La tercera parte aprovecha este cuadro
para comprender el origen y la utilidad social de las
publicidades gráfcas de la colectividad nrg, y consti-
tuye el núcleo central del ensayo, ya que se expone la
manera en que se generó una retórica visual, las carac-
terísticas de ésta y su lugar en la comunicación gráfca
publicitaria para la sociedad nrg. La última parte reva-
lora la infuencia histórica de estas publicidades en el
ambiente de la comunicación publicitaria de los Luz y
Sonido (LS) mexicanos.
EL HIGH ENERGY EN EL MUNDO
El nrg ha sido considerado como la culminación del de-
sarrollo de la música discotheque (disco). Muchos de
sus intérpretes, compositores y productores fueron parte
de la música disco y, en buena medida, diversos elemen-
tos de su sentido social de escucha permanecieron in-
cólumes, tales como su sentido dancístico y su vínculo
a imaginarios sociales glamorosos, hiper-tecnológicos y
de viajes interestelares. Y aunque la disco es su antece-
dente musical fundamental, el nrg recibió además múlti-
ples infuencias en su origen y evolución artística.
Sobre del origen del nrg pueden plantearse di-
ferentes hipótesis. La primera es que el nrg sigue
siendo música disco y que el cambio de denomina-
ción es un enfoque estratégico de respuesta frente a
la campaña WASP estadounidense “Disco Sucks”
de 1979 (Discoguy).
1
Así, se trataría de una deno-
minación que con independencia de su origen, fue
usada con fines comerciales para promocionar un
mismo producto en los circuitos de las industrias
culturales. La segunda es que el nrg constituye un
género musical propio y realmente diferenciado de
la disco. De tal modo habría sido el resultado de
la creatividad y capacidad de síntesis de un artis-
ta llamado Patrick Cowley en Estados Unidos. Por
lo menos, Cowley habría sentado las bases para
que esta música se desarrollara sobre lineamien-
tos originales. Me inclinó por esta opción, lo cual
no implica que tal objeto cultural no adquiriera el
carácter de mercancía y, menos aún, que la nueva
denominación no sea usada estratégicamente para
tratar de desligarse semántica y simbólicamente de
una música que había padecido una campaña de
desprestigio enorme en Estados Unidos.
Desde su inicio, el nrg tuvo una expansión inme-
diata y rápida en el mundo. Esta situación propició
un desarrollo estilístico diverso, pues los músicos
de diferentes partes expresaban en sus temas sus in-
fuencias culturales y artísticas específcas. Además,
los diversos estilos de cada género musical infuyente
se hicieron manifestos. No se trata de una situación
nueva, su principal música predecesora (la disco) ha-
bía pasado por este mismo proceso. En específco,
las tendencias estilísticas de la música disco de cada
región del mundo enfatizó sus particularidades sobre
1
WASP son las siglas del estereotipo único de estadounidense planteado
por la ultraderecha de ese país y signifca “White-Anglo-Saxon-Protes-
tant” (blanco-anglo-sajón-protestante).
83
I DEBATES RETÓRICA VISUAL EN LA PUBLICIDAD GRÁFICA MEXICANA DE HIGH ENERGY
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
del nrg. De tal modo, aparecieron subgéneros defni-
dos al interior de este género musical.
2
Lo que sucedió es que la diversifcación musical de
la disco terminó refejándose en el nrg. Parece claro que
cada subgénero del nrg tuvo como antecesor a líneas
estilísticas contrastantes provenientes de la música dis-
co de diferentes países en consonancia con infuencias
que abrevan de otras músicas (locales o no). Este es
un argumento histórico que seguramente se sostendría
incluso después de clasifcaciones apoyadas en discu-
siones estético-musicales más profundas y necesarias.
En términos sociales, el nrg preservó de la música
disco —aun como mercancía— su carácter festivo,
dancístico y de reivindicación libertaria homosexual.
Sobre todo en Estados Unidos y, en menor medida,
en Europa. Los sentidos sociales de escucha de esta
música, sin embargo, no se mantuvieron idénticos en
su proceso de localización global, pues sus apropia-
ciones específcas tuvieron características diversas.
Como sea, desde sus inicios en los años ochenta, el
nrg fue ofertado por industrias culturales en muchos paí-
ses del mundo bajo el esquema axiológico heredado de la
música disco blanqueada, es decir, como una moda gla-
morosa y moderna.
3
Correspondió localmente defnir si
llegaba únicamente como moda o acudir a un proceso de
re-semantización con implicaciones históricas distintas.
2
En realidad, cada subgénero se entiende de modo ambiguo y no existe
más criterio que el social para tal clasifcación. Existe una carencia de
análisis estético que no permite considerar esta discusión como con-
cluida. En México se ha denominado socialmente como “comercial” al
nrg que fue tocado por las emisoras de radio y los LS en la década de
los ochenta. Este nrg también ha sido llamado “clásico” y posee ciertas
características musicales que permiten reconocer en temas contempo-
ráneos una estructura acústica “clásica” y que estaría caracterizada por
una mayor estridencia en las percusiones y una fuerza concentrada en
los contrapuntos rítmicos. Habría un “italodisco”, que es una defnición
emanada de las industrias culturales, que aludiría a una música con me-
nor fuerza en tales contrapuntos, con expresiones vocales y de timbre
sumamente dulces, piezas melódicas y un pulso más lento. Un tercer
subgénero sería el “eurobeat”, que estaría situado entre la energía y for-
taleza del clásico y las hechuras armoniosas del italo. Un cuarto subgé-
nero es el “espacial”, que es una hispanización y contracción del inglés
“space-synth”, con melodías que destacan en su rapidez y timbres que
aluden a imaginarios sociales vinculados a lo cósmico. Podrían añadirse,
incluso, un par de subgéneros más con mayor polémica, sin embargo, en
términos de reconocimiento y aceptación social, estos cuatro subgéneros
han sido considerados —con mayor o menor discusión— como nrg en
México y otras partes del mundo. Al mismo tiempo, otros han rechazado
—con criterios menos sólidos aun— que el nrg haya trascendido su esfe-
ra “comercial” y consideran como músicas distintas del nrg al italodisco,
al eurobeat o al espacial.
3
No olvidemos que la música disco fue creada, distribuida y consumida
en Estados Unidos mayoritariamente por minorías raciales (latinos y ne-
gros) e identidades genéricas homosexuales hasta antes de 1977. A partir
de la película Saturday Night Fever, de ese año, el cine generó un este-
reotipo radicalmente diferente de lo que esta música expresaba política,
cultural, social e históricamente. Se trató literalmente de un proceso de
blanqueamiento heterosexual en la creación y el sentido de escucha de
esta música.
EL HIGH ENERGY Y LOS MEDIOS DE
DIFUSIÓN EN MÉXICO
El nrg llegó a México a través de las industrias cul-
turales como una moda. O mejor dicho, como una
expresión más de la inagotable moda de la “música
moderna”. Pues es bien sabido que en nuestro país
todo lo nuevo ha sido considerado por las industrias
culturales indígenas como “modas” siempre propias
de “lo moderno”.
El caso del nrg no fue la excepción. Básicamente,
las industrias discográfca y radiofónica se encarga-
ron de su introducción al país. Ellos pretendieron ma-
nejar “el concepto del producto” y, para tal fn, def-
nieron de qué manera debía ser presentado, qué temas
debían de ser conocidos y cuál debía ser su sentido
social de escucha. Los espacios de emisión de radio
pública fueron, por razones obvias, las estaciones que
habían promovido la música disco.
La llegada del nrg generó furor entre la juventud de
los años ochenta. Sin embargo, no todas las industrias
del entretenimiento quisieron ser partícipes determinan-
tes en su proceso de expansión. Los dueños de las disco-
tecas decidieron que era tiempo para defnir su propie-
dad más que como un espacio sociomusical, como una
zona de encuentro entre pares de clases privilegiadas.
4
Los operadores de tornamesas o disc jockeys (DJ’s)
se mantuvieron en el prejuicio de clase y no funcionaron
como contrapeso, sino como apoyo a los propietarios.
Ellos se encargaron de difundir el edulcorado rock pop
y, más adelante, la reciente música house, poniendo fn
en un sentido fáctico a las discotecas en México.
5
¿Cuál fue el motivo de que lo que parecía ser el
espacio de desenvolvimiento natural del nrg, es de-
cir, la discoteca no lo fuera? Existen varios elementos
que construyen un marco general. En primer lugar,
debemos considerar que las discotecas en México
aparecieron —en los años setenta— como espacios
de exclusión social que garantizaban una asistencia
socioeconómica privilegiada y racialmente clara en
un país que, histórica y mayoritariamente, ha sido po-
bre y moreno. Más que la calidad de la música, fueron
las cualidades de la asistencia las que orientaron el
sentido de existencia de estas primeras discotecas.
6

En segundo lugar, los años ochenta atestiguaron un
4
Los espacios sociomusicales son “ámbitos donde se desarrollan inte-
racciones sociales alrededor de la música. Se trata de lugares en donde se
crea sociedad mediante el impulso musical” (Ramírez, 2009: 155).
5
En contraste con las discotecas europeas que, a pesar de incorporar
otras músicas, tocaron de modo constante nrg en sus diferentes subgéne-
ros durante los ochenta.
6
En contraste con las discotecas estadounidenses de esta misma década,
que habían sido espacio de expresión de latinos, negros, homosexuales y
trabajadoras blancas.
84
DEBATES I JUAN ROGELIO RAMÍREZ PAREDES
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
empobrecimiento sostenido y masivo. Este proceso
desencadenó otros procesos, como la incorporación
de los jóvenes al trabajo y la deserción escolar. A su
vez, la deserción escolar y el deterioro económico
coadyuvaron a la formación de pandillas juveniles
durante toda la década. La mayoría orientó su senti-
do de ser preferentemente sobre bases territoriales y
de identidad sociomusical.
7
El nrg, el punk, el heavy
metal y el rocanrol fueron los géneros musicales que
acapararon dicha preferencia sociomusical. La perte-
nencia de algunos escuchas a tales pandillas generó
un cierto estereotipo juvenil ligado a estas músicas.
8

En tercer lugar, el sometimiento cada vez más rigu-
roso del tiempo de trabajo por el capital, así como el
desbalance político en la relación capital-trabajo en
favor del primero, generó un aumento de la importan-
cia del tiempo libre para las personas. Hubo una inca-
pacidad de la fuerza laboral para contener a un capital
desenfrenado y voraz apoyado en la fuerza del Esta-
do y poderosos organismos internacionales. En todo
el mundo, el tiempo libre ocupó el sitio de válvula de
escape para millones de individuos que tenían que so-
brevivir de manera cada vez más difícil y precaria. La
diversión se hizo prioritaria. El tiempo libre tomó más
importancia para millones de gentes en el mundo que
el enajenado tiempo de trabajo. El uno se convirtió en
la vida propia, el otro en una necesidad para soportar.
El análisis de su uso, por lo tanto, no es cosa menor.
En este contexto de los años ochenta, hay que con-
siderar algunos procesos internos. El primero de ellos
es el desarrollo de los LS. Frente a los implacables fl-
tros socioeconómicos de las discotecas, impuestos en un
contexto de pauperización, el auge del nrg motivó a que
aparecieran LS de nrg.
9
Los seguidores del nrg pertene-
cían a sectores sociales que se empobrecían constante-
mente, que eran vistos por algunos como peligrosos y
que, sin importar a que se dedicaran, querían divertirse.
10

Queda claro que la fuerza de arrastre del nrg fue multitu-
dinaria, ya que no había multitudes de ricos en México y
porque las discos no eran precisamente, ni por vocación
ni por infraestructura ni por historia, multitudinarias.
7
Una identidad sociomusical es una identidad colectiva que se forma a
partir del gusto musical compartido por un cierto género musical y que
contiene un sentido de pertenencia, un grado de compromiso, una me-
moria histórica, una concepción de la otredad y un conjunto de prácticas
(Ramírez, 2009).
8
Respecto de tal estereotipo en el caso del nrg y sus consecuencias en término de
ocupación de espacios sociomusicales, puede verse Ramírez (en prensa).
9
Tuvieron que pasar años desde el surgimiento de las primeras disco-
tecas para que el Estado asumiera de modo legal e institucional que las
discotecas prestaban un servicio a consumidores con derechos, no favo-
res a limosneros de estatus.
10
No es posible desarrollar esta historia con amplitud. Véase Ramírez
(2009 y en prensa).
Surgieron nuevas pequeñas y medianas industrias
culturales populares que formaron el gusto social de
millones a partir de esta década. Estas industrias fue-
ron los LS. El LS sustituyó a la discoteca como el
espacio sociomusical fundamental del nrg y fue el
modo sustancial de emplazamiento de esta música en
México. Los LS pretendieron conservar el sentido so-
cial de escucha vinculado a imaginarios glamorosos,
hiper-tecnológicos y cósmicos.
Los LS tuvieron una relación estrecha con la radio
y la industria discográfca, su carácter fue interde-
pendiente. Los LS no dependieron de la radio para el
anuncio de sus presentaciones (llamadas socialmente
“tocadas”). Más bien la usaron como un eslabón más
en su cadena de difusión. En este sentido, se dieron a
la tarea de usar publicidades gráfcas que trascendie-
ron de modo claro su papel de publicidad.
La tecnología de la tornamesa y la grabación permi-
tió a los LS realizar y comercializar sus producciones
sin mediación de la industria discográfca legalizada,
lo cual generó un poderoso proceso de expansión en el
interior del país desde la Ciudad de México.
En la segunda mitad de los años ochenta, el nrg ini-
ció un moderado declive debido a la competencia de
otras músicas apoyadas decididamente por la mayoría
de las industrias culturales dominantes. Hacia fnales
de la década y principios de los noventa, se acentuó
de manera ostensible porque esta música salía defni-
tivamente de los circuitos radiofónicos. Su silencio
en el espectro de radio, contando con tantos seguido-
res, era escandaloso. El proceso adquirió carácter de
crisis y alcanzó su punto máximo entre 1993 y 1995.
Además de su ausencia en la radio, casi todos los LS
desaparecieron, las producciones mundiales decaye-
ron y las importaciones discográfcas se detuvieron.
La publicidad gráfca y de boca en boca se convirtió
en el único sostén para saber del próximo evento de
nrg —organizado ya por sus simpatizantes— y que
aparecía, con angustia para sus seguidores, cada vez
más esporádico y con asistencias ínfmas.
Superada la crisis en el periodo que va de la se-
gunda mitad de los años noventa hasta a inicios del
nuevo siglo, la red electrónica ocupó un lugar funda-
mental no sólo en la superación de dicha crisis, sino
como propulsor de un nuevo ciclo de expansión mu-
sical que toma una mayor fuerza entre 2003 y 2005.
La red permitió el conocimiento de temas musicales
desconocidos en el país que en su momento la indus-
tria discográfca decidió que no llegarían a México.
Se adquirieron nuevos conocimientos y perspectivas
sobre esta música en otras latitudes; se establecieron
85
I DEBATES RETÓRICA VISUAL EN LA PUBLICIDAD GRÁFICA MEXICANA DE HIGH ENERGY
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
contactos, se difundieron mezclas de audio y video
realizados cada vez por un mayor número de perso-
nas gracias a las nuevas tecnologías audiovisuales;
se abrieron páginas y esta-
ciones de radio virtuales y el
internet sirvió para distribuir
publicidad de los eventos del
nuevo ciclo. Sin embargo, es
claro para los organizadores
que el éxito de una presen-
tación hoy todavía depende
de diversos factores, uno de
los cuales es que se haga una
buena utilización —cuali-
tativa y cuantitativa— de la
publicidad gráfca. De he-
cho, salvo los videos promo-
cionales, con frecuencia la
publicidad gráfca es la mis-
ma que la que se distribuye
electrónicamente, por lo que
la efcacia de la retórica vi-
sual sigue guardando su po-
tencial argumentativo.
ORÍGENES, BREVE
HISTORIA Y FUNCIÓN
SOCIAL DE LAS
PUBLICIDADES GRÁFICAS
DEL HIGH ENERGY
Como hemos podido apre-
ciar, los orígenes de las pu-
blicidades gráfcas mexi-
canas de nrg (llamadas
socialmente “propagandas”)
se encuentran en los LS nrg.
Los antecedentes históricos
de estas publicidades están
en los anuncios de los LS de
música disco, los cuales a su
vez son una continuación de
los anuncios publicitarios de
cualquier otra actividad, in-
cluidas otras músicas.
Si nos atenemos a que los
primeros LS mexicanos fue-
ron los de la llamada música
tropical, entonces podríamos
preguntarnos por las características gráfcas de es-
tos anuncios. En realidad, sus características fueron
muy sencillas. Durante décadas, a partir de los años
cincuenta, ocupaban el espacio con letras y, cuando
mucho ponían algún pequeño dibujo en alguna es-
quina, como una estrella por ejemplo; se pegaban en
sitios públicos que anun-
ciaban el baile. Después,
en los años setenta, apa-
recieron LS disco. Estos
LS utilizaban letras con
estilos más diversos, ade-
más, las propagandas que
se repartían de modo indi-
vidualizado (“de mano”)
fueron mucho más usadas.
También usaron con más
frecuencia algún dibujo en
ellas. Con frecuencia, una
caricatura estadounidense
o ilustraciones sencillas
como estrellas o márge-
nes ornamentales. Las
publicidades de LS disco
usaron materiales, tama-
ños y diseños mucho más
variados que sus antece-
sores, aunque compartían
con ellos el usar un solo
color para las letras o los
dibujos sobre un fondo de
color diferente.
En los años ochenta,
las publicidades gráfcas
nrg generaron un quiebre
en la historia de la publi-
cidad gráfca musical en
México. Por un lado, di-
chas publicidades usaron
los materiales y tamaños
más diversos en diferentes
grosores: corcho, crome-
kote, papel metálico, car-
toncillo, papel albanene,
cartulina sencilla, cartuli-
na couché, cartulina lino,
papel América, cartulina
cromekote, cartulina me-
tálica, papel revolución,
plástico, etcétera. Aunque
predominaron las publi-
cidades con fondo de un color y el anuncio en otro,
también se inició el uso del anuncio bicolor y en raras
ocasiones hasta en tres colores.
IMAGEN 1. Publicidad “de mano” indicativa del imaginario es-
pacial vinculado a esta música y del eslógan publicitario de la
presentación. Ruelas, 1983. Cromekote blanco. Colección priva-
da del autor.
IMAGEN 2. Representación gráfca de publicidad “de mano” del
eslógan publicitario de la presentación. Kingston, 1984. Papel
couché. Colección privada del autor.
86
DEBATES I JUAN ROGELIO RAMÍREZ PAREDES
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
En su inicio, no parecía haber diferencia entre las pu-
blicidades de LS disco y nrg. Sin embargo, en poco tiem-
po comenzó el uso de diseños en formas imaginativas
conteniendo, además, dibu-
jos mucho más elaborados
(hechos a mano por dibu-
jantes no profesionales).
11
Y
aunque se siguieron usando
las publicidades sencillas,
las otras eran empleadas de
modo abrumador. Todavía
se encuentra pendiente una
historia al respecto, pero es
probable que Jaime Ruelas
haya iniciado esta carrera
imaginativa por la comple-
jidad ilustrada en un trozo
de papel. En este proceso
creativo participaron Carlos
Sánchez Padilla (Padilla), J.
Martín González Cabrera
(Martín u Obsession), Cé-
sar, Alex, Alexis, Arreola,
Arteaga, Miguel Balandra-
no, Enrique Basurto, Cedi-
llo, Checo, Chivigón, Ciro,
Roberto Cruz, Víctor Cruz,
Eduardo, El Marqués, A.
Flores, Fred, Alfredo Gar-
cía, Guerrero, Héctor, A.
Herrera, Horacio, Huesca,
Jas, Jefe, Kingston, Kum
Kum, Lobo, Márquez, J.
Martínez, Max Fashion,
Morales, Muelas, Nava-
rrete, Omar, Javier S. Or-
ganista, Ortega, Pablo,
Pedraza, Picasso, Miguel
Ponce, R. Ramírez, Rata,
Raúl, Regay, Resillas, Ri-
cardo, Rime, José Luis Ro-
dríguez, Edgar Rosas, Sa-
gitario, Salamanca, Sam,
Enrique Sánchez, Scami-
lla, Suberza, Therán, Tinajero, Urani, Vans, Vega, Vic,
Víctor, Zamora, Zendejas, etcétera. Muchos de estos
dibujantes llegaron a tener una alta calidad de diseño
y algunos cobraron una relevancia profesional en di-
ferentes áreas del diseño, como Raúl Cruz Figueroa
(Racruf) o el propio Ruelas.
11
También llegaron a usarse fotografías de eventos en las publicidades,
pero en pocas ocasiones.
El dibujo, además, buscaba no ser repetitivo y,
con frecuencia, aludía a la especifcidad de la pre-
sentación, generando mayor importancia al evento al
dotarle de cierto aire de au-
tenticidad (irrepetibilidad).
Por otro lado, se estilizó el
tipo de letra que aludía al LS
y se utilizaban leyendas que
dotaban de una personalidad
propia y diferente a cada uno
de ellos. Así, el LS Menergy
se identifcaba con “La Es-
tructura Disco”, Winners con
“La Organización Número
Uno” o Leiser con el “Su-
premo Espectáculo”.
12
Estos
esloganes se reforzaban con
los anuncios radiofónicos de
la próxima presentación de
tal o cual LS. Anuncios, por
cierto, llenos de recursos au-
ditivos. La doble publicidad,
las propiedades de los tim-
bres musicales y los efectos
acústicos usados en la mú-
sica reforzaron el vínculo a
imaginarios cósmicos, hiper-
tecnológicos y glamorosos.
Las formas de distribución
de las publicidades fue a tra-
vés de pegarlas en sitios pú-
blicos en tamaños “póster” y
suministrándolas en zonas de
reparto estratégicas de mano
en mano. Ambas tuvieron la
misma importancia y, en mu-
chas ocasiones, salían las pro-
pagandas en ambos tamaños.
El diseño del eslogan del
evento podía ser defnido por
el organizador, el propietario
del LS, el dibujante o ser el
resultado de una discusión
al respecto. Las propagandas
resultaron ser un soporte fundamental para defnir
el perfl del LS, incluso, como referente de la con-
12
Aunque la música escuchada era el nrg, sus simpatizantes se llegaron a
defnir como “discos”, en alusión a la matriz histórica del nrg. También
se les denominaba a las audiencias, desde fuera de la colectividad, de
esta manera. A partir del fortalecimiento del nuevo ciclo de expansión en
2003, se ha utilizado con la misma fuerza en el interior de las audiencias
la expresión “jaieros”, probablemente por la huella que dejó la crisis de
mediados de los noventa y la lejanía con los años setenta.
IMAGEN 3. Representación gráfca de publicidad “de mano” de la
estética de la tornamesa y del eslógan publicitario de la presenta-
ción. Urani, 1985. Papel couché. Colección privada del autor.
IMAGEN 4. Representación gráfca de publicidad “de mano” del esló-
gan publicitario de la presentación en forma glamorosa. Raúl Cruz, s/f.
Papel couché. Colección privada del autor.
87
I DEBATES RETÓRICA VISUAL EN LA PUBLICIDAD GRÁFICA MEXICANA DE HIGH ENERGY
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
cepción de la otredad en un espectro de identi-
dades sociomusicales diferenciadas y, en los años
ochenta enfrentadas.
13
Pronto este tipo de publicidad rebasó el ámbito
de los pósters o las propagandas “de mano”. Se
imprimieron folders, calcomanías, calendarios y
ropa. Se realizaron dijes de los nombres de los LS
con sus letras estilizadas. La calidad de los dibu-
jos hechos a mano, su imaginación y creatividad
contenidas y el gusto por esta música orientaron
a las audiencias a constituir una práctica colectiva
que se ligaría de manera íntima con su memoria
histórica: la colección de propagandas.
Esta práctica se constituyó en un referente fun-
damental para que el colectivo simpatizante de
esta música adquiriera características de identidad
13
En un polo se encontraban el nrg y el break dance, que podían ser
tocadas en un mismo evento y su emplazamiento dependía de la fgura
del DJ. Frente a ellas, estaba el punk, el heavy metal y el rocanrol, que
también podían ser tocadas en un mismo evento y su emplazamiento
dependía de la fgura del grupo musical.
sociomusical. En particular, porque la posesión
de estos objetos evocaba emociones y recuerdos
de un profundo, nostálgico y grato arraigo. En
ese sentido, y a pesar de que no todos los even-
tos publicitados en las propagandas se llevaron a
cabo —o no se llevaron a cabo tal y como esta-
ban anunciados—, la gente las coleccionaba. De
hecho, saber las situaciones anómalas que puede
guardar una publicidad falsa es hoy símbolo de
estatus social en el ambiente, por la cualidad evi-
dente de ser un testigo privilegiado de la historia
de esta música en el país.
Desde mediados de los noventa hasta hoy las cosas
han cambiado. Aunque varían, los materiales que han
prevalecido han sido el papel couché grueso plastif-
cado, el papel couché barnizado y la cartulina couché
plastifcada. Como siempre, en diferentes grosores.
Por razones tecnológicas han aparecido y predomina-
do las publicidades multicolores.
En cuanto al diseño, cabría mencionar lo si-
guiente. En muchas ocasiones ya no se recurre a
un dibujante, se toman estampas de internet que
se llegan a replicar de un evento a otro, aunque
esto también ocurría con los dibujos de la época
dorada de los ochenta. En ocasiones, estas imá-
genes de la red ni siquiera guardan una relación
clara con el nrg. Lo que sucede es que en las pre-
sentaciones de hoy se privilegia la figura del DJ y
no la del LS. A pesar de que varios LS regresaron
en este ciclo de prosperidad, no son tantos y, en la
mayoría de las tocadas de hoy, no existe el respal-
do de ninguno de ellos. A pesar de que algunos es-
pacios sociomusicales se han construido un cierto
estilo en sus publicidades, en términos generales,
no existe una constancia estilística que pretenda
guardar cierto perfil ilustrado.
Algunos coleccionistas viejos desprecian las
propagandas del nuevo siglo. Pese a ello, la prácti-
ca colectiva de coleccionar no ha desaparecido, ni
tampoco existe una plena ausencia de calidad en
los diseños. Incluso, en ocasiones se realizan dise-
ños monocolores de modo intencional, enfatizando
el apego a los años de oro. Sencillos o multicolo-
res, con mayor o menor tecnología incorporada, los
diseños de mayor calidad siguen siendo los que se
crean y no los que se copian.
INFLUENCIA DE LAS PUBLICIDADES GRÁFICAS
EN EL AMBIENTE SONIDERO
El diseño y la colección de propagandas se defnieron
como parte de las prácticas colectivas contenidas en la
IMAGEN 5. Indicativa de la relación con la otredad rocker. La chica
decapitada por el hacha del entonces LS nrg Polymarchs, muestra en
las muñecas accesorios típicamente rockers. José Luis Rodríguez, 1985.
Cartulina cromekote blanca. Colección particular del autor.
88
DEBATES I JUAN ROGELIO RAMÍREZ PAREDES
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
IMAGEN 6. Frente y reverso de publicidad “de mano”. El frente mul-
ticolor hace alusión al sitio del acto, reconoce la importancia de un di-
bujante legendario y utiliza en la parte de abajo el rayo con el que los
seguidores identifcan gráfcamente a esta música. El reverso usa un
diseño monocolor viejo de otra presentación que alude a la memoria his-
tórica. Al mismo tiempo, anuncia una exposición gráfca que reitera la
conciencia del valor histórico y estético de las publicidades del LS par-
ticipante. En conjunto, la propaganda pretende una síntesis y proyección
históricas. Ruelas, 2010. Papel couché grueso plastifcado. Colección
privada del autor.
IMAGEN 7. Frente de publicidad “de mano” multicolor que utiliza el
rayo de identifcación de la música nrg. Padilla, 2010. Cartulina couché
plastifcada. Colección particular del autor.
IMAGEN 8. Publicidad de mano. S/a, años ochenta. Cartulina delgada.
Colección particular del autor.
identidad sociomusical nrg. Además, han sido parte fun-
damental de su memoria histórica colectiva y material
invaluable para su reconstrucción científco-histórica.
En el exterior de la sociedad nrg, estas publicidades
resultaron infuyentes en varios sentidos. En particular,
en el ambiente de los LS y con especial énfasis en el de
los tropicales. Por un lado, el tipo de letra usada en sus
publicidades a partir de los ochenta emuló el estilo del
de los LS nrg; por el otro, los LS tropicales adoptaron
leyendas que fortalecían un cierto perfl del mismo. De
tal modo, Perla Antillana se identifcó con “El Número
Uno de Ciudad Neza”, por ejemplo. Incluso, algún LS
tropical en cierto momento de su carrera pretendió to-
car ambas músicas y generar una identifcación en este
sentido. Se trató de Cóndor, el cual dejó un testimonio
gráfco al respecto que muestra una clara infuencia de
los diseños de nrg.
Para fnalizar, la publicidad gráfca de nrg ha sido un
factor fundamental en el proceso de consolidación iden-
titaria de las audiencias de nrg en México. Las propagan-
das permitieron “ver”, en buena medida, componentes
primordiales del sentido social de escucha de esta música.
Su origen estuvo vinculado al marco que vio nacer a esta
música en México y en el mundo, así como a procesos
internos nacionales y locales que derivaron en estas ex-
presiones gráfco-histórico-artísticas-publicitarias.
Sus diseños llamativos y originales, sus ilustra-
ciones creativas y de calidad, sus tamaños, colo-
res y materiales diversos, así como otros procesos
coadyuvantes para la identifcación profunda con
89
I DEBATES RETÓRICA VISUAL EN LA PUBLICIDAD GRÁFICA MEXICANA DE HIGH ENERGY
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
esta música, propiciaron que los escuchas comenza-
ran a coleccionar propagandas. Su colección se con-
virtió en atesoramiento y en práctica social vigente
que se ligó a la constitución de la memoria histórica
colectiva de los oyentes.
Para algunos de los muchos dibujantes iniciales, el
diseño publicitario pasó de ser de una práctica social
a una vocación de vida y/o una plataforma artística.
De tal modo, hubo quienes terminaron dedicándose
al diseño, a las artes plásticas o audiovisuales y a ac-
tividades relacionadas. En una historia aún por escri-
bir, cabría señalar la posibilidad de generar estudios
diversos sobre trayectorias de vida acerca de los di-
bujantes más destacados o de aquellos profesionales
que, habiendo iniciado como dibujantes de propagan-
das, se han destacado en un ramo de actividad afín.
Las propagandas de nrg cuentan con una historia
que dista de ser uniforme. Su papel como soporte de
la aludida identidad sociomusical sigue siendo efcaz.
Las propagandas de nrg han infuenciado las publici-
dades de otras músicas en el ambiente sonidero y se
han constituido como una parte importante e inevita-
ble del paisaje urbano de la Ciudad de México y de la
historia gráfca y publicitaria del país.

REFERENCIAS
Discoguy (2004), “The Disco History page”, en Dis-
co-disco.com [artículo en línea].
Discoguy (s/f), http://www.discodisco.com/disco/his-
tory.html [fecha de acceso: 20 de diciembre de 2012].
Ramírez, J. (2009), De colores la música: lo que bien
se baila… jamás se olvida (Identidades sociomu-
sicales en la Ciudad de México: el caso de la mú-
sica high energy), México, Posgrado de Estudios
Latinoamericanos-UNAM/AlterArte.
Ramírez, J. (en prensa), “Los espacios sociomusica-
les en Ciudad Satélite de las músicas discotheque
y high energy”, en Ciudad Satélite, el libro, vol. 2.
IMPRENTA PÚBLICA
91
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
LOS DERECHOS,
SU contemporaneidad
Y NUESTRA ACTUALIDAD
*
Israel Covarrubias
**
E
n su número 18, correspondiente a los meses
de enero-abril de 2012, Andamios. Revista de
investigación social nos propone como dossier
de y para el debate la cuestión de los derechos, fun-
dado, sugiere desde su título, como el tema de nuestro
tiempo.
1
Compuesto de seis artículos, una traducción
y una entrevista, aunque agregaría la reseña escrita
por Ángel Sermeño que analiza directamente el de-
recho a la familia, vale la pena comenzar preguntán-
donos si realmente tenemos algún tiempo a nuestra
disposición desde el punto de vista de los regímenes
de historicidad donde tienen lugar la simultaneidad
de los mismos y sobre todo su contemporaneidad. Es
decir, ¿cuál es nuestro tiempo?, ¿cuáles son sus mo-
dalidades temporales de efectividad para que un tema
(los derechos) sea contemporáneo a nosotros? Dicho
en pocas palabras, ¿frente a qué tipo de contempora-
neidad nos encontramos?, ¿es flosófca, histórico-po-
lítica o intelectual la posibilidad de que seamos noso-
tros los contemporáneos a la cuestión de los derechos
y no viceversa? Sobre todo si observamos que desde
la “Presentación” del dossier se sugiere contunden-
temente que: “Los derechos, sin duda, pueden verse
como el mayor símbolo de la Modernidad” (p. 7).
2

*
Versiones anteriores del presente texto fueron leídas el 23 de agosto de
2012 en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Plantel San
Lorenzo Tezonco, y el 26 de junio de 2012 en la Comisión de Derechos Hu-
manos del Distrito Federal, con motivo de la presentación de Andamios. Re-
vista de investigación social (vol. 9, núm. 18, enero-abril, 2012, pp. 7-232),
número dedicado al tema “Los derechos, el tema de nuestro tiempo”.
**
Profesor investigador en la Universidad Autónoma de la Ciudad de
México y Director editorial de Metapolítica.
1
La revista puede ser consultada en el sitio: www.uacm.edu.mx/andamios/
2
Quien recientemente se ha ocupado sobre la semántica de lo contempo-
ráneo y su vínculo contradictorio con el régimen de lo actual es Agam-
ben (2011a: 17-29 y 2011b: 129-152).
En realidad, podríamos sugerir que más bien no-
sotros estamos en una relación contemporánea con el
tema de los derechos en la medida de que el presen-
te es aquello que nos limita en el lugar (historicidad)
que ocuparemos para hablar y manifestar diversas
preocupaciones por nuestra situación puramente tem-
poral. No obstante, habría que hacer una ulterior pre-
cisión. Nuestras dudas y preocupaciones por el tiem-
po presente no son interrogantes acerca de cualquier
tiempo presente ni de cualquiera de sus estancias de
producción, son expresiones, por momentos radicali-
zadas, de un tiempo contemporáneo (a nosotros, por
supuesto) que se interroga y nos obliga a interrogarlo
a través de los vectores que modulan las transforma-
ciones recientes de la democracia y de los procesos
de democratización que, dicho sea de paso, son dos
dimensiones distintas y no necesariamente coinciden-
tes en sus estructuras de conclusión, mucho menos en
sus zonas de efectividad. No es fortuito que al térmi-
no de la llamada Guerra Fría, tras la caída del Muro
de Berlín y el colapso de la U.R.S.S., aparece en el
ámbito flosófco y político el otrora célebre retorno
del derecho conjuntamente con sus formas conclusi-
vas mediante las fguras de la ley, al grado de vol-
verse poderosos catalizadores del estilo y del estado
de ánimo intelectual y académico (sobre todo en el
mundo anglosajón) que permeó signifcativamente
los puntos neurálgicos de los cambios políticos de
“fn-de-siglo-principio-de-siglo”. Por ello, es posible
sugerir que los cambios recientes de las democracias
son nuestra actualidad, no nuestra contemporaneidad.
Nuestra actualidad hunde sus raíces en el aquí y aho-
ra, nuestra contemporaneidad propone su arché, esto
92
IMPRENTA PÚBLICA I ISRAEL COVARRUBIAS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
es, su origen en la heterogénesis nominal de la pro-
ducción de la autenticidad de los nombres propios,
que sólo fue posible cuando aparece la quiebra la ley
de la fliación con la sociedad y el Estado del llama-
do antiguo régimen (Covarrubias,
2012a: 108-109).
A pesar de que no es tan evidente
ni sólida, esta paradójica separación
entre lo contemporáneo y lo actual-
reciente resulta indispensable preci-
samente para comprender por qué
los derechos son la piedra de toque
de la modernidad a partir de la In-
dependencia de Estados Unidos de
América y de la Revolución france-
sa. No pasemos por alto que la quie-
bra de la ley de la fliación es uno
de los fundamentos de la democra-
cia moderna, cuando a través de la
aparición en la esfera pública de los
“sin nombre” se logra como efecto
precisamente de los fenómenos re-
volucionarios fundantes de la mo-
dernidad su in-corporación de los
desheredados en la política y sólo
desde la política. Es decir, lograrían
volverse cuerpo, encarnación de
una fcción célebre —como la del
pueblo o la de la nación—, y que
conjuntamente con la identifcación
de este cuerpo social por parte del dominio político,
también se vuelve aporética —es ineludible— la rela-
ción entre universalidad (plural de la democracia) y los
singulares que serán reconocidos políticamente (por
ejemplo, bajo la forma de las garantías individuales).
En este sentido, es válido el laconismo de Žižek (2010:
233) al hablar de la potencialidad/posibilidad de lo
“común singular” de la jaula moderna de la igualdad:
“Un sueño que lucha contra su propia imposibilidad”.
Luego entonces, en el artículo de Pietro Costa, “De-
rechos y democracia” (pp. 163-216), se insiste en que
la democracia como orden político no es sinónimo de
democratización. Éste último es un proceso en el inte-
rior de las instituciones políticas y de la vida en sociedad
que ha permitido históricamente vincular, por un lado,
la noción fuerte de derecho como singular fundamental
con la legalidad y la estructuración territorial de la polí-
tica y, por el otro, los derechos (políticos, económicos,
sociales) con la democracia a través de los pasajes de
la participación política de impronta republicana como
una de las formas específcas que adopta el fenómeno de
constitucionalización al tiempo que supone un espacio
de reproducción de la forma de Estado, lo que sugiere
un lento proceso de producción del “suelo común”. Asi-
mismo, véase también, aunque llega a conclusiones dis-
tintas, el artículo de Enrique Serrano
Gómez, “Teoría de la Constitución,
positivismo y derechos fundamen-
tales” (pp. 59-87), que problematiza
las relaciones teórico-jurídicas entre
constitución, constitucionalismo y
derechos, in primis, la libertad, que
es —nos dice— la madre de todos
los derechos y garantías individuales.
Por ello, los derechos, sugiere Pietro
Costa parafraseando a Luigi Ferra-
joli, pertenecen a la “esfera de lo
indecible” (p. 185). Cabe agregar
que si pertenecen a la esfera de lo
indecible, entonces esta constata-
ción manifesta el ángulo realmente
aporético de un intercambio que se
pretende sin residuos y sin fsuras,
pero que la sola presuposición de
su certeza ya lo ubica fuera de cual-
quier posibilidad. Y en este mismo
sentido, es quizá necesario agregar
que esta indecibilidad constitutiva
de los derechos confrman la im-
posibilidad de la democracia en
aquella dirección que intenta soste-
ner un discurso racional cuando se dirige (o pretende
hacerlo) al espacio del bien común.
Los derechos están más allá de la posibilidad latente
de restricción que la política y el poder político confr-
man en sus confrontaciones con la sociedad y particu-
larmente con los sujetos. Son, como lo indica Álvaro
Aragón Rivera en su artículo “Ciudadanía y derechos
sociales: las difcultades de la ciudadanía social” (pp.
141-159), y en el caso particular de los derechos socia-
les, una forma de relacionarse que tienen los no propie-
tarios (los desheredados) con la democracia al vincular
el universo material de la existencia con la persona, no
con el ciudadano, ya que trasciende el ámbito de la per-
tenencia que se establece a través del reconocimiento
jurídico de la ciudadanía.
Sin embargo, es necesario no perder de vista un he-
cho histórico fundamental con relación a los procesos
de democratización y que tiene efectos considerables
en la constitucionalización de los derechos: en los ini-
cio del siglo XX, sólo los países de Europa Occidental
y los nuevos países de herencia colonial anglosajona
Foto: Paola Martínez Hernández
93
I IMPRENTA PÚBLICA LOS DERECHOS, SU CONTEMPORANEIDAD Y NUESTRA ACTUALIDAD
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
son democracias en sentido amplio: Australia, Bélgica,
Finlandia, Francia, Noruega, Nueva Zelanda, Estados
Unidos, Suecia y Suiza (Morlino, 2009: X). Hacia los
años veinte, se alcanza un número de aproximadamente
veinte democracias. Al término de la segunda posgue-
rra y hasta la década de los sesenta, tenemos alrededor
de 40 países considerados como democracias. Ahora
bien, de 1974 a 2009 el mundo observaría el cambio
político de 70 países de regímenes autoritarios hacia
regímenes democráticos, lo cual logró coronarse par-
cialmente en 2004 cuando el 67 por ciento de los Esta-
dos en el mundo habían experimentado o experimen-
taban procesos de democratización “efectivos” (Gaitán
Barrera, 2010: 45). Entonces, estamos frente a un cam-
bio cuantitativo donde los países que eran considera-
dos como democracias
plenas hacia fnales del
siglo XX alcanzaban
un número conservador
de 86 países, pero si se
reducen sus indicadores
de operatividad y efec-
tividad ascienden a 191
en 1999; un contexto
radicalmente distinto al
de inicios del siglo XX
(Crouch, 2004: 7-8).
¿Qué supone esta
larga marcha de los
procesos de democra-
tización? Primero, el
umbral de variabilidad
de los fenómenos de
cambio político en di-
rección democrática son nuestra contemporaneidad,
ya que en ellos aparece la relevancia del lugar que
ocupan los derechos en la consolidación de regíme-
nes democráticos y de Estados que los hagan efec-
tivos por medio de su constitucionalización. Segun-
do, que la categoría de ciudadano vinculable con la
de democratización y participación política reduce
el universo de la aplicabilidad de los derechos, que
terminan circunscritos exclusivamente a los derechos
políticos (véase, por ejemplo, el artículo de Áragon
Rivera, p. 154). Tercero, la ciudadanía termina sien-
do un criterio insufciente para explicar el por qué los
derechos son, en efecto, el tema de nuestro tiempo.
Por ejemplo, en el artículo de Luis Salazar Carrión,
“Democracia, representación y derechos” (pp. 11-34),
encontramos dos niveles de discurso que lo ilustran. El
primero, un discurso normativo alrededor de la demo-
cracia; el segundo, un discurso histórico-político sobre
algunos pasajes de la historia del tiempo presente de la
democracia en México. En ambos discursos, el tema
de los derechos está “oculto”. Aparece a partir de la
posición y disposición del ciudadano frente al orden
político y frente a la ley mediante la contraposición en-
tre ciudadanía formal y ciudadanía real (p. 27).
El hecho es que con independencia de lo real o lo
formal del proceso de ciudadanización que es efecto
no causa de los fenómenos de democratización, los
derechos son una garantía que trasciende el ámbito
del régimen político. De este modo, estamos más
bien ante el dilema, para el caso mexicano, entre
una república de ciudadanos frente a una república
de privilegios, ya que en nuestro país asistimos a un
proceso creciente (y
que ha acompañado
su democratización)
de constitución de una
república de ciudada-
nos privilegiados, otra
de ciudadanos en vías
de privilegiarse, y una
última en espera de ser
privilegiados algún día.
En este mismo orden
de ideas encontramos
el artículo de Víctor
Manuel Delgadillo Po-
lanco, “El derecho a la
ciudad en la Ciudad de
México. ¿Una retórica
progresista para una
gestión neoliberal?”
(pp. 117-139), quién discute el caso de la ciudad de Mé-
xico a partir de la noción contemporánea del derecho a
la ciudad y fltrado a través de la “Carta de la Ciudad de
México por el Derecho a la Ciudad”, frmada en julio
de 2010. El derecho a la ciudad, nos dice Delgadillo, es
el derecho de las personas a habitarla para apropiarse
de su espacialidad social, política y económica. No se
olvide que el derecho a la ciudad es quizá la alego-
ría, actual y contemporánea, para lograr mínimamente
las condiciones de posibilidad de los encuentros entre
derechos y democracia. Esto cobra una relevancia cre-
ciente por las formas históricas de elaboración de una
concepción particular de hacer suya la ciudad como
derecho de los excluidos en la Ciudad de México por
medio de la toma de tierras y predios, así como la in-
formalidad de muchos sectores sociales. Sin embargo,
el autor señala la fagrante contradicción/distancia en-
Foto: Paola Martínez Hernández
94
IMPRENTA PÚBLICA I ISRAEL COVARRUBIAS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
tre el discurso del derecho a la ciudad enarbolado por
el gobierno central del Distrito Federal, una parte del
movimiento urbano popular, el empresariado y otros
actores y los procesos de remodelación del paisaje ur-
bano que garantizan la constitución de ciudadanías de
clase, vinculadas por el estatus, la exclusividad y la ac-
tivación de fuentes emergentes de negocios privados
frente a ciudadanías de compromiso, emparentadas
por las fuertes inercias de los procesos de exclusión
económica y social (Covarrubias, 2012b: 137-163).
Ergo, el derecho a la ciudad en la Ciudad de México,
nos dice, no deja de ser un “derecho a medias”, dada
la ausencia de su constitucionalización; pero además
porque los proyectos de remodelamiento del paisaje
urbano no producen espacios nuevos de inclusión. En
realidad producen una discrepancia creciente entre las
comunidades de intereses compartidos que se vinculan
con una suerte de micro-ciudades de intereses exclusi-
vos, lo que deja en una situación precaria, en términos
de acceso al mercado de los recursos simbólicos y rea-
les, a las grupalidades que no están en posibilidades
de construir comunidades “otras” que puedan contra-
rrestar la desigualdad de los intercambios políticos y
sociales en el interior de la Ciudad de México.
Estos desequilibrios nos empujan al universo cen-
tral de los derechos y que es el aspecto que los hace
auténticamente contemporáneos: los derechos son una
formulación histórica que acompaña los procesos de
democratización para la protección de los débiles (vi-
sibles, por ejemplo, en la fgura de la víctima), tal como
lo señala Ana C. Fascioli Álvarez en su contribución
“Una educación ciudadana más allá de los derechos”
(pp. 35-57), al apostarle por una eticidad formal que
sea el cimiento de un ethos democrático soportado en
las áreas de igualdad que la democracia ha construido
históricamente. Al respecto, nos dice que educar en la
democracia y para la democracia es comenzar con “dar
un trato igualitario a todos los ciudadanos”, con miras
a resolver la experiencia del menosprecio (ausencia de
reconocimiento) en la cual se encuentran los débiles.
Dice la autora: es necesario pensar los derechos desde
las categorías de respeto y solidaridad. En suma, desde
la dignidad y dignifcación de las personas.
Vinculado con el derecho a la ciudad y la dignif-
cación de permitir habitarla, encontramos también el
artículo de Ana Buriano Castro, “Derechos, trauma so-
cial y restitución. Sincronía y unicidad: el caso de Uru-
guay” (pp. 89-116), pues sugiere la autora (o al menos
esa es mi lectura) que la primera expresión del derecho
a la ciudad es la de aparecer vivo en ella. Luego en-
tonces, Buriano Castro trabaja el caso del derecho a la
verdad a partir del fenómeno de las desapariciones que
tuvieron lugar durante la dictadura en Uruguay, inter-
pretado como el derecho a la no impunidad que abre
una polémica no de fácil resolución: la exigencia a la
verdad por un pasado traumático entra en conficto con
su conclusión, lo que obliga precisamente a volver el
tiempo presente de la democracia un tiempo anacróni-
co. Esto es, un tiempo fuera de lugar, pero que siem-
pre es necesario para explicar nuestro tiempo, como lo
sugería al inicio de este artículo, ya que todo tiempo
contemporáneo, para volverlo nuestro y aferrarlo con
fuerza, no deja de observar y polemizar en las orillas
que atan el célebre aforismo de René Char con el cual
comienza el artículo de Hannah Arendt, “La brecha
entre el pasado y el futuro”: “Nuestra herencia nos fue
legada sin testamento” (Arendt, 2008: 75). Quizá por-
que aún nos encontramos en espera de un testamento
no escrito, pero también de un espacio abierto desde el
cual testifcar en torno a lo que nos mantiene juntos a
través de la producción de constitucionalidad (inclui-
da, la escritura de la política), es que los derechos si-
guen siendo el tema de nuestro tiempo.
REFERENCIAS
Agamben, G. (2011a), “¿Qué es lo contemporáneo?”,
en G. Agamben, Desnudez, Buenos Aires, Adriana
Hidalgo.
Agamben, G. (2011b), “Tiempo e historia. Crítica del
instante y del continuo”, en G. Agamben, Infancia
e historia. Destrucción de la experiencia y origen
de la historia, Buenos Aires, Adriana Hidalgo.
Arendt, H. (2008), “La brecha entre el pasado y el
futuro”, en H. Arendt, De la historia a la acción,
Buenos Aires, Paidós.
Covarrubias, I. (2012a), “Herencia, exclusión y doble
representación. Refexiones sobre algunas trans-
formaciones recientes al orden político democrá-
tico”, Contribuciones desde Coatepec, núm. 22,
enero-junio.
Covarrubias, I. (2012b), El drama de México. sujeto,
ley y democracia, México, Benemérita Universi-
dad Autónoma de Puebla.
Crouch, C. (2004), Posdemocracia, México, Taurus.
Gaitán Barrera, A. (2010), “Las regresiones políticas
del siglo XXI”, Metapolítica, vol. 14, núm. 71,
octubre-diciembre.
Morlino, L. (2009), Democracias y democratizaciones,
Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas.
Žižek, S. (2010), “Cómo volver a empezar… desde el
principio”, en A. Hounie (comp.), Sobre la idea de
comunismo, Buenos Aires, Paidós.
95
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
LA agenda LATINOAMERICANA
SOBRE ESTADOS UNIDOS
John Saxe-Fernández
*
[Dídimo Castillo Fernández
y Marco A. Gandásegui, hijo
(coords.), Estados Unidos: más
allá de la crisis, México, Siglo
XXI Editores/CLACSO, 2012.]
E
stados Unidos: más allá de la crisis
1
ofrece
al público general y académico, un conjunto
de investigaciones bajo auspicio del Consejo
Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)
sobre la crisis actual del capitalismo, su carácter e
impacto en la economía, las condiciones sociopolíti-
cas de Estados Unidos y su proyección económica y
de poder hacia América Latina. Castillo Fernández
y Gandásegui, hijo, acertaron en el apuntalamien-
to explicativo y analítico que está en la base de la
arquitectura que sostiene esta veintena de estudios
publicados por Siglo XXI Editores, albergue de ex-
celencia editorial del pensamiento crítico.
La primera sección dedicada a la “Crisis mundial
o crisis del capitalismo” despega con un fno y bien
logrado esbozo teórico de Theotonio Dos Santos de la
“Crisis estructural y la crisis de coyuntura” en el ca-
pitalismo de hoy, seguido de la refexión de Carlos E.
Martins sobre la teoría de la coyuntura y la crisis con-
temporánea, en sintonía analítica con la presentación
de Jaime Ornelas en torno a las vicisitudes del neoli-
*
Profesor titular adscrito al Centro de Investigaciones Interdisciplinarias
en Ciencias y Humanidades de la UNAM.
1
Tercer libro del Grupo de Trabajo sobre Estados Unidos del Consejo
Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO: http//www.clacso.org)
establecido en 2008 con investigadores de toda América Latina.
beralismo ante los jirones que va dejando la crisis de
sus premisas y de sus consensos. Por el papel medular
del Estado en el astronómico subsidio y rescate de la
amalgama de bancos y casas de inversión “too big
to fail”, más que jirones se trata de la polvareda por
la demolición del liderazgo político y moral de una
clase gobernante imperial consentida y su feroz ma-
nejo clasista de una crisis equiparable a la de los años
treinta cuando, recuerda Gandásegui, el capitalismo
destruyó 50 por ciento de toda la propiedad basada en
la explotación del trabajo y el mercado. Esos capítu-
los y el de Orlando Caputo (ver adelante), tienen su-
fciente respiro para vincular los estudios de los otros
dos ejes del volumen sobre la “Crisis de hegemonía
y decadencia de EUA” y la “Nueva geopolítica de
EUA: escenarios para América Latina”.
Enfocaré mi refexión en torno a dos temas noda-
les: el de la hegemonía y el de la magnitud de la crisis.
Sobre el primer tema, la presencia de una potencia
hegemónica en una constelación histórica dada viene
del registro histórico de la evolución y funcionamien-
to del capitalismo en etapas de sucesivas hegemo-
nías desde las ciudades-Estado del Mediterráneo, los
Países Bajos, el Reino Unido y Estados Unidos. Sin
embargo, no se infera que a la actual crisis y acentua-
96
IMPRENTA PÚBLICA I JOHN SAXE-FERNÁNDEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
da decadencia hegemónica de Estados Unidos siga,
como en el pasado, una inexorable sucesión.
2
En ma-
teria histórica toda predicción es pretenciosa y peli-
grosa, máxime que la guerra entre potencias centrales
fue el “árbitro último” de todas esas “sucesiones” y
hoy vivimos en un mundo con armamento termonu-
clear, químico y biológico en riesgoso despliegue ba-
lístico inter-continental.
Por lo que respecta a la obra en cuestión y por el en-
foque adoptado, es claro que el legado conceptual de
Antonio Gramsci aplicado a las relaciones internacio-
nales es crucial al engranaje entre los estudios dedicados
a la crisis estructural capitalista y la crisis de coyuntura
de la primera sección, sus efectos sobre el predicamento
interno y externo de la “pax americana” y el análisis de
las políticas e instrumentos de seguridad vinculados a la
protección y expansión de la inversión de los grandes
monopolios en América Latina. La noción de hegemo-
nía y “bloque histórico” otorgan mayor calibre explica-
tivo y una comprensión más cercana al análisis de clase
que la sola perspectiva centrada en el despliegue externo
de fuerza estatal. La hegemonía en los estudios de Ro-
bert Cox (1981: 126-155) por ejemplo, no es sólo “el
orden prevaleciente entre Estados” sino un complejo de
articulaciones “que se vinculan a las relaciones entre las
clases sociales de diferentes Estados”. La hegemonía se
refere a lo que Gramsci llama bloque histórico, es de-
cir el conjunto de fuerzas sociales que en un contexto
nacional establecen su “liderazgo intelectual y moral”
para gobernar, junto a instrumentos de coerción, al uni-
verso de clases en conficto. La hegemonía establecida
por la clase dominante de un Estado dado luego se des-
borda y es emulada a nivel internacional. En Cox (1983:
171, 172) la hegemonía mundial se expresa en “normas
universales, instituciones y mecanismos que implantan
reglas de comportamiento a los Estados”. No hay hege-
monía mundial si el “bloque dominante” del hegemóni-
co, es decir, las clases y grupos que ejercen el poder en
el seno de la sociedad de esa potencia, no la tienen en el
espacio nacional (Cox, 2001: 105-130; Guillén, 2007:
146).
3
Es un requisito de la hegemonía mundial como
plantea Cox (1983) y profundizan, dato en mano, Arturo
Guillén (2007: 145-172) y los capítulos de este libro.
2
La historiografía de cómo se ha organizado la economía capitalista está
ahí, sea desde la registrada en Annales d´Historie Sociale asentada en
Marc Bloch, Lucien Fébvre y Fernand Braudel o, en la Escuela de Wis-
consin, asentada en la obra de William Appleman Williams, seguido de
una distinguida línea de discípulos y estudiosos entre los que resalta Lloyd
Warner, Walter LaFeber, Andrew Bacevich y Thomas McCormick.
3
Además de una síntesis conceptual el autor, con datos duros, analiza
los parámetros económicos de la declinación de Estados Unidos en el
contexto del manejo de la economía política internacional.
“La supremacía de un grupo social”, decía Gramsci, “se ma-
nifesta en dos formas, como ‘dominación’ y como ‘liderazgo
intelectual y moral’. Un grupo social domina a grupos socia-
les antagónicos que tienden a ‘liquidar’ o a subyugar, quizá
incluso por la fuerza armada; lidera grupos afnes o aliados.
Un grupo social puede y verdaderamente debe ejercer ya su
‘liderazgo’ antes de ganar el poder del gobierno (esta es verda-
deramente una de las principales condiciones para ganar ese
poder; subsecuentemente, se convierte en dominante cuando
ejerce el poder, pero incluso si lo mantiene frmemente en sus
manos, debe seguir ‘liderando’ a sí mismo”.
4

Lo que a fnales de los años sesenta Pablo González
Casanova percibió como una inédita concentración
de contradicciones políticas, económicas, ambien-
tales, de explotación y de represión, fue captado en
la interlocución que sostenían en 1968 Istvan Més-
záros (2009) y Lucien Goldman cuando discutían la
coyuntura y el grave trance que enfrenta la sociedad
contemporánea, incluyendo la naturaleza y orden de
magnitud de la crisis capitalista. En ese momento los
estudiantes tomaban las calles de París, Buenos Aires,
Londres y en México eran masacrados: “comparada
con la crisis a la que nos encaminamos actualmente”,
dijo Mészáros (2009: 23) a Goldman, “la crisis eco-
nómica de 1929-1933 aparecerá como una tarde de
té en la vicaría”.
5
Al respecto cabe recordar, de paso,
que Giovanni Arrighi insistió en que “las crisis tie-
nen especifcidad histórica; ocurren dentro de perio-
dos particulares del desarrollo capitalista y deben ser
teorizadas dentro de las matrices institucionales y de
clase de ese periodo” (Panitch y Gingin, 2012: 79).
Téngase presente que la gran catástrofe humana de
la Segunda Guerra Mundial fue lo que fungió como
el ariete anti-depresivo requerido para superar la de-
presión y el desempleo del 25 por ciento en Estados
Unidos. Para John Kenneth Galbraith y Paul Sweezy
(1994) en realidad “la Gran Depresión nunca acabó,
se fusionó con la economía de guerra”.
6
“Entre 1939
y 1944, el Producto Nacional Bruto de EUA creció 75
por ciento” y “el desempleo llegó a cero” (Sweezy,
1994). Aunque, (o debido a que) el principal campo
de batalla —y la gran mayoría de bajas y destruc-
ción— las sufrieron Europa y Japón, en especial en
el frente ruso-alemán, fue Estados Unidos, entonces
(como en la Primera Guerra Mundial) protegido por
4
Antonio Gramsci en Giovanni Arrighi, The Long Twentieth Century,
Londres, Verso, 1994, p. 28, citado en Guillén (2007: 146).
5
Para un contexto histórico y teórico de la crisis estructural, véase Pa-
nitch y Gingin (2012: 71-99).
6
El trabajo de Sweezy es parte del examen que hizo el autor, décadas
después de publicado Monopoly Capital, Nueva York, Monthly Review
Press, 1966 (Edición en español por Siglo XXI Editores, México, 1968).
97
I IMPRENTA PÚBLICA LA AGENDA LATINOAMERICANA SOBRE ESTADOS UNIDOS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
el Atlántico, el Pacífco y dos vecinos aliados, el que
recogió los frutos mayores: la guerra fue el “árbitro
último” en la sucesión desde 1815, de la pax británi-
ca a la pax americana, en la instauración en Estados
Unidos de la movilización bélico-industrial con gran
consumo de petróleo, gas, minerales y la creación de
un “internacionalismo colectivo” (Bretton Woods,
ONU, OEA, OTAN, etcétera) bajo su batuta y apun-
talado por el dólar y el Pentágono (Acheson, 1969).
Luego de notar que “eso” no fue parte de la “lógica
interna” del capitalismo, “una lógica que, en su forma
más pura es la Gran Depresión”, Sweezy plantea que
“la condición normal del sistema capitalista maduro es
el estancamiento y en tanto esto no se observe en el es-
tado actual del capitalismo
avanzado, la explicación
se encuentra en elemen-
tos externos, en fuerzas
no-económicas” (Sweezy,
1994). En 1994 señaló que
lo único que podía afrmar
con confanza “[...] es que
sólo será posible lograr
una mejor compresión de
la sociedad del capitalis-
mo monopólico de hoy,
sobre la base de una teoría
más adecuada de la acu-
mulación capitalista, con
énfasis especial en la inte-
racción entre la dimensión
real y fnanciera que ahora posee” (Sweezy, 1994).
Ha sido bajo la coexistencia entre la perceptible ten-
dencia al estancamiento del capital monopólico desde
fnales del siglo XIX y la hipertrofa fnanciera, centra-
da en la especulación, por las decrecientes oportuni-
dades para la apropiación de excedentes en el aparato
productivo, que se gesta lo que se conoce como “la hi-
pótesis de la inestabilidad fnanciera” (Minsky, 1992):
la tendencia de las economías centrales hacia estructu-
ras fnancieras cada vez más frágiles que, sin apoyos en
el aparato productivo, generan crisis cuya extensión e
intensidad se va incrementando.
En este contexto y en un ambiente especulativo
y desregulado, un enorme défcit fscal y una deuda
pública de más del 100 por ciento del PIB junto al
desenfreno en la impresión de billetes por la Reserva
Federal son cruciales los capítulos de Daniel Mune-
var, Martin Cypher y Katia Cobarrubias para percibir
el alto riesgo de más desplomes fnancieros y detallar
la cambiante posición de Estados Unidos en el orden
monetario y fnanciero internacional. En verdad, el
hegemón “no ha cumplido con su responsabilidad de
velar por la estabilidad del mercado monetario y f-
nanciero”, ha abusado el privilegio de “país emisor
de la moneda de reserva predominante en el mundo”
para promover la expansión de su economía con el
aporte de otros actores (p. 206), articulando “una
irresponsable administración económica que favo-
reció la acumulación de mayores tensiones en torno
a la hegemonía de EUA en el orden monetario y f-
nanciero internacional, los mayores défcit de cuenta
corriente y su volumen de récord de obligaciones ex-
ternas, para nada se revertían en inversiones que pro-
dujeran el desarrollo de capacidades productivas fu-
turas, sino que respaldaban
el despilfarro y el consumo
desmedido” (p. 207).
Los estudiosos de
CLACSO captan las ten-
dencias de fondo para de-
terminar si en Estados Uni-
dos “los trabajadores que
aún conservan sus empleos
y los trabajadores precarios
comprenden que tienen in-
tereses comunes y comien-
cen a organizar instancias
capaces de romper la hege-
monía de la clase dominan-
te e iniciar un proceso que
les permita construir una
sociedad con nuevos valores” (p. 25). A este enfoque
crucial se agrega el estudio de Alejando Canales so-
bre la inmigración latinoamericana y la precarización
sin retorno en Estados Unidos, parte y parcela, como
indica Adrián Sotelo en su sustancioso aporte, a la
centralidad de los obstáculos, difcultades y proble-
mas “que ocurren en la dimensión productiva y en
la valorización del capital [...] el suelo fértil donde
brotan y se recrean [...] las contradicciones que ahora
los gobiernos tratan de paliar recurriendo a medidas
de corte monetarista”. La investigación de Castillo
Fernández sobre la precarización y explotación del
trabajo, las distintas formas de agresión de clase que
se observan en Estados Unidos, incluyendo el estudio
de Canales, dan sustancia al creciente impedimento
del capital, como dice Sotelo, “para seguir incremen-
tando tanto la masa como la cuota de plusvalía” por lo
que ataca los empleos, los salarios y las jubilaciones.
Desde la reaparición del estancamiento a mediados de
los sesenta, resultaba crucial aclarar no sólo el papel
Foto: Paola Martínez Hernández
98
IMPRENTA PÚBLICA I JOHN SAXE-FERNÁNDEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
del crédito y la especulación en la expansión y con-
tracción de los excedentes, sino también la interrela-
ción entre Estados Unidos como banquero mundial,
el dólar como moneda internacional, las difcultades
en la balanza de pagos y la naturaleza internacio-
nal de la economía de Estados Unidos (Magdoff y
Sweezy, 1987; Magdoff, 1992). Se acentuó la ne-
cesidad de una mayor explotación de la periferia
mediante más intervención en la vida económica y
social de los países pobres, “para extraer aún más
excedentes de la periferia. El tercer mundo ha vivido
por largo tiempo una enorme transferencia neta de
excedentes” (Bellamy Foster y Magdoff, 2009).
El fenómeno fue evaluado por González Casano-
va, autor con José Gandarilla, de un índice compuesto
de transferencia neta de excedentes de la periferia a
los países capitalistas centrales. Sustentado en fuen-
tes ofciales mostraron que el neoliberalismo aceleró
el fujo a favor del centro, en detrimento de la peri-
feria. En su obra La explotación global (Casanova,
1999) se analizaron los efectos de las transferencias
de excedentes de los asalariados a los no asalariados,
“afectándose a los trabajadores de la periferia y cada
vez más a los del propio centro”.
Las cifras de González Casanova muestran que
hasta 1995 las pérdidas acumuladas —en 23 años—
por toda la periferia fueron poco más de 4.5 billo-
nes (millones de millones) de dólares. En un cálcu-
lo que realicé con Omar Núñez (Saxe-Fernández y
Núñez, 2001: 87-166) las pérdidas de América Latina
1976/1997 fueron de 2.05 billones de dólares: una
proeza oligárquico-imperial a base de Pentágono y
Banco Mundial, es decir de bayonetas y programas
de ajuste estructural bajo disfraz de “reformas” que
carcomen el “liderazgo intelectual y moral” del im-
perio y sus oligarcas aliados. No extraña que el “ya
basta” se extienda por la región.
La concentración de contradicciones ahoga la ca-
pacidad del sistema para superar la crisis por lo que
resulta imposible plantear una alternativa sin afrontar,
dice Pablo González Casanova, las relaciones de domi-
nación y apropiación, depredación y explotación y eso
incluye trabajo, medio ambiente y recursos naturales.
Por lo que la premonición de Mészáros resultó crucial.
Apunta al problema clave del crédito y la especulación
en el proceso de absorción de excedentes y también
al agotamiento de recursos naturales estratégicos con-
vencionales y los límites del planeta para sostener la
expansión capitalista y el patrón energético vigente. El
capítulo de Orlando Caputo por un replanteo en la ex-
plicación de la crisis que incluya el papel de la escasez
y explotación de esos recursos es, a todas luces, esen-
cial (véase Orlando Caputo: http//www.aporrea.org;
también Saxe-Fernández y Fal, 2012: 31-60).
Aunque el libro reseñado muestra las contradic-
ciones que abaten al hegemón, su dominio y con-
senso se sustentó en el mayor sector público de la
era moderna durante la expansión de posguerra: sin
contar Estados, condados o ciudades el gasto fede-
ral de Estados Unidos continúa y se acerca a los 4
billones de dólares, con un rubro de “seguridad” de
los Departamentos de Defensa, de Seguridad de la
Madre Patria,
7
FBI, CIA, etcétera, de poco más del
billón de dólares. Estados Unidos es un Warfare
State donde, decía Marcuse en 1964, “se logra el Es-
tado de bienestar a través de la movilización total de
recursos humanos y materiales para la eventualidad
de una guerra, interna o externa, contra un enemigo,
interno o externo, real o imaginario”.
8

Aunque son amplios los estudios en Estados Uni-
dos sobre los límites y crecientes costos socio-econó-
micos de la economía de guerra (por ejemplo, Mel-
man, 1987), es una dimensión desatendida en América
Latina limitando la auscultación teórica y empírica
de la simbiosis entre economía, política y los efectos
en la ecuación “civil-militar” del vasto contratismo
militar con las mayores frmas y sus más de 100 mil
sub-contratistas. ¿Cómo impacta la competitividad?,
¿cómo se vincula a la “diplomacia de fuerza” y al em-
pleo/desempleo? Por el peso de lo policial-militar en
la proyección de poder de Estados Unidos en la región
es asunto vital de cara a las rivalidades inter-bloque
evaluadas por María J. Rodríguez. A través de la co-
rrosiva corrupción de las fuerzas internas de seguridad
en América Latina y al amparo de diseños multimillo-
narios de terror de Estado con el ADN de la “coun-
ter-insurgency” (Plan Colombia e Iniciativa Mérida),
operan las grandes frmas en pos de mercados, mano
de obra barata y recursos naturales.
La dependencia estratégica en rubros esenciales,
analizada por Gian Delgado Ramos nos deja, sin
embargo, frente a la necesidad de escudriñar el jue-
go de fuerzas e intereses entre la “presidencia im-
perial” y sus vastos recursos federales, el Congreso
que asigna los dineros y los cabildos, en especial de
las empresas del gas, petróleo y minerales. Es tarea
pendiente para el estudio cuantitativo y cualitativo
de la sobre-extensión y decadencia imperial. Sólo el
manejo de las mil bases que operó Estados Unidos
7
Traducción rigurosa de “Department of Homeland Security”.
8
Apuntes de clase del seminario “The Warfare State”, impartido por
Herbert Marcuse en la Universidad Brandeis, Waltham Massachu-
setts, 1963-1964.
99
I IMPRENTA PÚBLICA LA AGENDA LATINOAMERICANA SOBRE ESTADOS UNIDOS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
en el mundo de 2001 a 2012 costó 385 mil millones
de dólares, según uno de los sistemas de contabili-
dad más opacos del mundo (Vine, 2013).
9
Este libro de CLACSO, de gran riqueza, cuya
lectura es de rigor, marca pautas para la agenda la-
tinoamericana sobre Estados Unidos que incluye la
intrincada dimensión técnico-científca aclarada por
Fabio Grobart Sunshine. Así lo demanda la naturale-
za múltiple de la “crisis hegemónica” analizada por
Darío Salinas, y Silvina Romano.
La “continuidad” Bush-Obama abordada por
Luis Suárez, Jorge Hernández Martínez, Catalina
Toro y J. Zuluanga Nieto es un fenómeno nodal que
indica que a los estudios del modus operandi insti-
tucional de los monopolios en Estados Unidos, es
necesario agregar, con visión interdisciplinaria, el
desplome de su liderato moral e intelectual por la
incapacidad del sistema político de afrontar los retos
climáticos de una economía y política dominada por
el cabildo fósil y por la radical ruptura con la Cons-
titución, el derecho internacional y las Convencio-
nes de Ginebra luego del 11 de septiembre de 2001,
riesgoso para la paz mundial. “Este es un momento
defnitorio en la historia constitucional de Estados
Unidos”, dijo al Congreso en 2006 Bruce Fein, ex-
subprocurador de Reagan y agregó: “La teoría invo-
cada por el presidente para justifcar el espionaje de
la NSA en contradicción con la ley federal del ramo,
justifcaría la apertura de correos, los allanamientos,
la tortura o los campos de detención [...] A menos
que lo detengamos, esto será un arma cargada, lista
a ser usada por cualquier sucesor bajo pretexto de
alguna urgencia”.
10

REFERENCIAS
Acheson, D. (1969), Present at the Creation, Nueva
York, Norton & Norton.
Bellamy Foster J. y F. Magdoff (2009), The Great Finan-
cial Crisis, Nueva York, Montly Review (en español:
La gran crisis fnanciera, México, FCE, 2009).
Cox, R. W. (1981), “Social Forces, States and World
Orders: Beyond International Relations Theory”,
Millennium, Journal of International Studies, vol
9
Sobre contratismo militar, economía permanente de guerra, imperialis-
mo y capital monopolista, véase Saxe-Fernández (2006: 97-148).
10
Bruce Fein opening statement, Senate Judiciary Committee, Wartime
Executive Power and the NSA´s Surveillance Authority II, February 28
2006, citado en Savage (2007: 133-134).
10, núm. 2.
Cox, R. W. (1983), “Gramsci, Hegemony and Interna-
tional Relations: An Essay in Method”, Milllennium:
Journal of International Studies, vol 12., núm. 2.
Cox, R. W. (2001), “Civilizations and the Twenty-First
Century: some theoretical considerations”, Interna-
tional Relations of the Asia-Pacifc, vol. 1, núm.1.
González Casanova, P. (1999), La explotación global,
México, CEIICH/UNAM.
Guillén, A. (2007), “La declinación de la hegemonía es-
tadounidenses”, en A. Guillén, Mitos y realidades de
la globalización neoliberal, México, Porrúa-UAM.
Magdoff, H., y P. M. Sweezy (1987), Economic His-
tory as it Happened, vol I, The Dynamics of US Ca-
pitalism, Classics Series, Monthly Review Press.
Magdoff, H. (1992), “Globalization to What End?”,
Monthly Review, febrero-marzo.
Melman, S. (1987), Profts Without Production, Fila-
delfa, University of Pennsylvania Press.
Mészáros, I. (2009), Structural Crisis of Capital,
Nueva York, Monthly Review Press.
Minsky, H. (1992), “The Finance Instability Hypothe-
sis”, Working Paper núm. 71, mayo, Nueva York,
The Jerome Levy Economics Institute of Bard
College-Annandale-on-Hudson.
Panitch, L., y S. Gingin (2012), “Las crisis capita-
listas y la crisis de estos tiempos”, en J. Saxe-
Fernández (ed.), Crisis e imperialismo, México,
CEIICH-UNAM.
Savage, C. (2007), Takeover: the Return of the Impe-
rial Presidency, Nueva York, Little Brown & Co.
Saxe-Fernández, J., y O. Núñez (2001), “Globali-
zación e imperialismo”, en J. Saxe-Fernández, J.
Petras et al., Globalización, imperialismo y clase
social, Buenos Aires, Lumen.
Saxe-Fernández, J. (2006), Terror e imperio, México, Debate.
Saxe-Fernández, J. y J. Fal (2012), “La especifcidad
de la etapa actual del capitalismo: los límites mate-
riales del crecimiento y sus consecuencias geopo-
líticas”, en J. Saxe-Fernández (ed.), Crisis e impe-
rialismo, México, CEIICH-UNAM.
Sweezy, P. M. (1994), “The Triumph of Financial
Capital”, Monthly Review, vol 46, núm. 2, ju-
nio [disponible en línea: http://monthlyreview.
org/1994/06/01/the-triumph-of-fnancial-capital].
Vine, D. (2013), “Baseworld Profteering”, TomDis-
patch.com, 14 de mayo.
100
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
LA METAMORFOSIS Y EL
dinosaurio TRISTE
Víctor Hugo Martínez González
*
*
Profesor-investigador en la Universidad Autónoma de la Ciudad de Mé-
xico. Es autor de Sergio Pitol. Una memoria soñada (México, Univer-
sidad Von Humboldt, 2012). Correo electrónico: vicohmg@gmail.com.
[Mario Vargas Llosa, La civili-
zación del espectáculo, México,
Alfaguara, 2012.]
A
lejado del misterio y maravillas de sus fccio-
nes, el ensayo La civilización del espectáculo
es un ejercicio de transparencia y descarnada
sinceridad. No es esto inédito en Vargas Llosa. Lo ha-
bía hecho ya en alguna autobiografía (Entre Sartre
y Camus), pero donde aquellas confesiones se con-
fnaban a su evolución literaria, La civilización del
espectáculo relaciona la amplitud de la cultura y el
relato más íntimo. El saldo es una mezcla desequili-
brada de arrojo, inteligencia, candidez, precipitación.
La puntería no es siempre fna, pero los yerros, inclu-
so más los excesos de idealización o ingenuidad, pro-
blematizan lo que merece una seria discusión. Varias
respuestas son insatisfactorias, pero las preguntas de
Vargas Llosa son correctas y pertinentes.
Refejo de la claridad que es su mayor virtud pero
también su límite, el ensayo posee un inicio (“Meta-
morfosis de una palabra”) y un epílogo (“Dinosaurio
en tiempos difíciles”) que rebosan franqueza. “Me
siento deprimido y defraudado por el signifcado ac-
tual de la cultura, tan diferente al de mi época, al del
horizonte de formación intelectual cuando fui joven”.
Es esto lo que Vargas Llosa rumia y justifca a veces
con precisión, otras sin el ritmo de quien ha dejado de
tomarle el pulso a la realidad.
“Es probable que nunca en la historia se hayan es-
crito tantos tratados, ensayos, teorías y análisis sobre
la cultura como en nuestro tiempo. El hecho es tanto
más sorprendente cuanto que la cultura, en el sentido
que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está
en nuestros días a punto de desaparecer […] Este pe-
queño ensayo aspira sólo a dejar constancia de la me-
tamorfosis que ha experimentado lo que se entendía
aún por cultura cuando mi generación entró a la uni-
versidad y la abigarrada materia que la ha sustituido
[…]” (p. 13). Con un arranque en estos tonos, el fnal
(“soy un dinosaurio”) se corresponde con la perpleji-
dad de quien encuentra negado, cerrado por derribo,
el sitio que le pertenecía.
De la mano de T. S. Eliot, George Steiner, Guy
Debord, Gilles Lipovetsky y un omitido pero recono-
cible Daniel Bell, Vargas Llosa caracteriza la deca-
dencia de la cultura como un proceso de banalización
y frivolidad que en las últimas décadas la degenera
y reemplaza por la evasión del entretenimiento. “La
101
I IMPRENTA PÚBLICA LA METAMORFOSIS Y EL DINOSAURIO TRISTE
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
cultura es diversión y lo que no es divertido no es
cultura” (p. 31), escribe con enfado quien identifca
la cultura tradicional con “una propensión del espíri-
tu, una sensibilidad y un cultivo de la forma que da
sentido y orientación a los conocimientos” (p. 16).
Vargas Llosa, se lo criticó duramente Lipovetsky,
exagera las consecuencias de la cultura en las perso-
nas. La apostilla es útil para sopesar su concepto de
civilización del espectáculo: “un ideal de vida donde
el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocu-
pa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del
aburrimiento, es la pasión universal” (p. 33). A efecto
de esta trivialización de la cultura como un consumo
fácil, masivo y pop, se desploma la barrera entre alta
cultura y cultura de masas. Las telenovelas brasileñas
y los discos de Shakira, dramatiza Vargas Llosa, pa-
recieran compartir hoy la estatura de Tolstói, Mann,
Joyce o Faulkner. La metamorfosis de la cultura no
sería así una incierta evolución sino “una mudanza
trágica”, un crítico retroceso civilizatorio comprado
por el público con poca o nula resistencia.
¿Causas de este estropicio? Cuatro factores, plausi-
bles, pero necesitados de mecanismos que detallen su
incidencia en la reducción de la cultura a un pasatiempo.
1.- “El bienestar, la libertad de costumbres y el es-
pacio creciente ocupado por el ocio en el mundo de-
sarrollado constituyeron un estímulo notable para que
se multiplicaran las industrias de la diversión […]”
(p. 34). Quizá sin saberlo, alude Vargas Llosa aquí a
la hipótesis de Roland Inglehart (The Silent Revolu-
tion) sobre valores posmateriales de una generación
desinteresada en la cultura tradicional.
2.- La democratización de la cultura y su “inde-
seado efecto de trivializar y adocenar, donde cierto
facilismo formal y la superfcialidad del contenido de
los productos culturales se justifcan en razón del pro-
pósito de llegar al mayor número” (p. 35). Esta causa
degrada la cultura mediante dos corrosivos: a) la irre-
levancia de los intelectuales en los debates públicos
y en la fjación de criterios estéticos. Eclipsada esa
brújula que “orientaba en la espesa maraña de los co-
nocimientos sin perder la dirección y las prelaciones
[…]” (p. 70), la cultura se deprecia, lo que la forma
se uniformiza al extremo de que “una ópera de Verdi
y un concierto de los Rolling Stones se equivalen”
(p. 36). Que los intelectuales estén en retirada, sería
fruto de “la ínfma vigencia que tiene el pensamiento
en la civilización del espectáculo” (p. 46); b) la ter-
giversación antropológica del concepto de cultura, su
amplia y vaga defnición como todo lo que una comu-
nidad realiza. Un multiculturalismo errático para el
que todas las culturas se equivalen, trocó la noción de
cultura en “un fantasma inaprensible, multitudinario
y traslaticio. Porque ya nadie es culto si todos creen
serlo […]” (p. 66). Por deliciosamente “incorrectas”,
volveré luego a estas sentencias.
3.- El mercado y la imposición del precio sobre el
valor. Obras artísticas únicas, donde el mercado rei-
na sin una crítica cultural que demarque paradigmas
estéticos, quedan arrinconadas por la lógica inversa:
“cuando el gusto del gran público determina el valor
de un producto cultural, es inevitable que escritores,
pensadores y artistas mediocres o nulos […] alcancen
altísimas cotas de popularidad y le parezcan, a la in-
culta mayoría, los mejores y sus obras sean las más
cotizadas y divulgadas” (p. 181).
4.- “El desplome del soporte moral y espiritual en-
carnado en la vida religiosa que hace las veces de brida
y correctivo permanente que mantiene al capitalismo
dentro de ciertas normas […]” (p. 182). Este factor,
dispuesto para tentar una candorosa disculpa del ca-
pitalismo, trasluce falencias presentes también en los
anteriores. El periódico de hoy, sin ir más lejos, publi-
cita la colección “Mi primer Vargas Llosa para niños”.
Vargas Llosa, deberá saberlo, es hace rato una marca
que lastra su valor literario, lo confunde en un logo, en
una garantía de buena lectura para quien decida pro-
barlo con un precio en rebajas. La librería FNAC, por
cierto, sitúa La civilización del espectáculo en los títu-
los de sociología, en medio de los tratados de Gabriel
Tarde y Max Weber. Para reírse, si no fuera represen-
tativo de la delicuescencia que al autor escandaliza.
Las costuras del ensayo son evidentes, pero a pe-
sar de ellas el trabajo da en el centro más de una vez.
Quiero resaltar algunos aciertos para después, gra-
cias precisamente a los que no son puntos fuertes,
esbozar otros planteamientos.
“Sólo el cambio nunca cambia”, verdad escrita
por José Emilio Pacheco, nos confronta con el movi-
miento perpetuo, la contingencia de las identidades,
la costumbre de las falaces esencias. ¿Puede alguien
celebrar en bloque todos los cambios en marcha?,
¿no resulta más común que los vítores y las censuras
se repartan, y lo que no comprendamos sea mate-
ria para argüir un clima enrarecido? Así le sucede a
Vargas Llosa al detectar banalizadas la literatura, el
cine, las artes plásticas, la política y el sexo. Nuestro
tiempo, desaparecidos “los mínimos consensos so-
bre los valores estéticos”, sería el de una variación
de los bárbaros, concretamente, de ilusionistas, em-
baucadores y otro tipo de caraduras, que sustituyen-
do la cultura por el entretenimiento, conseguirían
102
IMPRENTA PÚBLICA I VÍCTOR HUGO MARTÍNEZ GONZÁLEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
borrar que “la vida no sólo es diversión, también
drama, dolor, misterio y frustración” (p. 59).
Lo de “una sociedad de expectativas”, en la cual
la idea de los derechos vence a las obligaciones y la
erosión de los viejos clivajes (clase social, religión)
relega toda noción de sacrifcio, ha sido explica-
do por Russell Dalton, Giovanni Sartori o Zygmunt
Bauman. Posmodernismo o vida líquida son etique-
tas para confgurar el momento de trance o crisis. No
encuentro ininteligible que algunos de estos cambios
parezcan extraños a Vargas Llosa. En España, en
México, en muchas partes, hay “niños” de treinta y
nueve años buscándose aún a sí mismos y soñando,
como en el cine, que su vida puede ser una puerta
por abrirse a Londres, París o donde la expectativa de
autorrealización les lleve. No indago en los privados
deseos de alguien. ¡Es que la gente confesa sin rubor
estas cosas en cualquier medio y a la mínima provo-
cación! Y lo hace, además, con la tampoco silenciada
creencia de que lo suyo no es un bodrio sino un pe-
dazo de literatura fresca y salvaje. Ironizo, claro, pero
es de esto de lo que Vargas Llosa habla al referirse a
una cultura incapaz de procesar una premisa social de
lo imposible o de distinguir objetivamente la calidad
literaria de Juan Rulfo y Jorge Volpi.
La evanescencia de criterios de distinción cultural
invoca un tema muy interesante desde la perspectiva
del actor implicado, en este caso, de un intelectual-di-
nosaurio, un vestigio de la clásica defnición y tareas del
intelectual público. En la cultura de masas esta fgura
va de salida, seguramente porque para sobrevivir debió
adaptarse dejándose la piel en el cambio. No es nuevo el
antiintelectualismo, pero su expresión reciente obliga, a
decir de Russell Jacoby, José Antonio Aguilar o Fernan-
do Escalante, a que los intelectuales se conviertan en es-
pecialistas académicos o en personajes mediáticos. Estas
transfguraciones “democráticas” afrman la caída del
intelectual en la sociedad del divertimento. ¿Cómo no
percibir cuán caro es este giro a Vargas Llosa?, ¿cómo
no resignifcar La civilización del espectáculo como un
síntoma mismo de lo que el libro registra y reprueba?
Por la posición de juez y parte, Vargas Llosa consigue
que sus aciertos tengan miga. Sobre los intelectuales sus
preguntas son certeras: 1) ¿por qué el intelectual de iz-
quierda abraza el multiculturalismo, aun el reaccionario;
por qué este barullo entre progresismo y conservaduris-
mo?; 2) ¿por qué la no inocente corrección política se ha
instalado como forma equívoca de defender la democra-
cia; por qué este consenso sobre no debatir?
Aunque atina en la banalización del intelectual, el
diagnóstico concluye pronto sin mirar lo más atractivo.
Es cierto que el intelectual no es lo que fue, pero ello
no se traduce en la ausencia de criterios de clasifcación
para estructurar el sentido social del gusto. ¿Quién fja
esas fronteras si el intelectual dejó de comunicarlas?
Es falso que la cultura sea por el mutis de los intelec-
tuales una amalgama sin categorías. No asisten las per-
sonas a comprar libros con los ojos cerrados. Continúa
siendo diferente ver en el teatro las obras resumidas
de Shakespeare que leerlo en la edición inglesa más
reputada. ¿Fue suplido el intelectual por mejores, más
públicas y democráticas orientaciones?
Me detengo en otro punto donde Vargas Llosa es
sugerente: la educación. Siento introducir mis zozo-
bras íntimas, pero estimo poder excusarlo. Veamos.
Con alguna frecuencia escucho a estudiantes indis-
puestos a leer a Platón o Kant, “esas muestras del im-
perialismo occidental”. Para otros, no puedo yo estar
más equivocado por juzgar que la ortografía no sea
un escrúpulo. Los abuelos que no fueron a la primaria
consultaban un diccionario para no decir o escribir
con errores. Repito mucho esto, pero sirve poco o
nada ante la paradoja de una sociedad red en la que
la sintaxis es una extravagancia. Como lo puedo ver,
este problema es eco de un largo debate. Vargas Llosa
lo frasea en términos incompletos: “La ingenua idea
de que, a través de la educación, se puede transmitir
la cultura a la totalidad de la sociedad, está destruyen-
do la ‘alta cultura’, pues la única manera de conseguir
esa democratización universal de la cultura es empo-
breciéndola, volviéndola cada día más superfcial”
(p. 15). Esta candidez provoca ternura. Motivada
por un purismo aislante, la idealización de la cultura
hace ciego el análisis a una estructura que complejiza
lo que Vargas Llosa lamenta. Hay que volver a las
jerarquías en las que una élite excepcional (ilustra-
da y un poquitín despótica) regía la cultura como un
patrimonio articulador de una vida en común a pe-
sar de inviolables estancos sociales. Sublimadas de
este modo, aquellas élites no tendrían parangón; pero
cualquier novela de Evelyn Waugh sobre la aristocra-
cia desmiente ese pre-tiempo edénico. Nublado por
la nostalgia, Vargas Llosa captura sólo una capa del
problema. Su razonamiento es correcto y, sin embar-
go, corto. Existe una lógica incompatibilidad entre la
cultura tradicional y los empeños por democratizarla;
la cultura elitista puede ser para todos a condición de
vulgarizarla. Que la sociedad entera no sea público
para la alta cultura lo confrmaría para Vargas Llosa
el proceso de proletarización de la burguesía y abur-
guesamiento del proletariado que Roger Bartra visi-
biliza en Las redes imaginarias del poder político.
103
I IMPRENTA PÚBLICA LA METAMORFOSIS Y EL DINOSAURIO TRISTE
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Pero esta metamorfosis no carece de explicación (la
legitimidad cultural y posdemocrática, para Bartra) ni
tampoco es la muerte de la cultura cuanto otra manera
de refuncionalizar las grandes asimetrías sociales.
Esta refuncionalización, esos aparentes cambios
tras de los cuales las asimetrías crecen, también es
avanzada por sectores excluidos de la cultura tradi-
cional que ensayan una puesta alternativa, popular,
“democrática”. A despecho de una cultura elitis-
ta, una cultura de masas se ofrece como un sitio
más humanizado, receptivo, sin exigencias forma-
les. Se prueba en estos afanes a suplir la figura del
maestro por la de un compañero privado de auto-
ridad. Buscando horizontalidad, estas pedagogías
homogeneizan conocimientos y méritos. Como la
meritocracia en una sociedad desigual favorece la
injusticia, se le niega con trazos gruesos de razo-
namiento sin análisis finos o casuísticos. No caben
estas diferencias ni para distinguir entre las culturas
más opuestas: todas son iguales, todas son culturas.
Por otros medios, la misma ingenuidad de Vargas
Llosa se cuela en esta “contracultura”. Aislada con
orgullo, ésta identifica la victoria con el reconoci-
miento simbólico de las muchas otras formas de
vida y tradiciones, de los muchos otros mundos
posibles, del multiculturalismo de derechas y de
izquierdas. No está mal, es necesaria su disputa.
Pero lo que banaliza la lucha es su incapacidad de
entender que sin redistribución de la riqueza, sin
mengua de las asimetrías materiales y culturales,
al statu quo no le tocan un rizo. Por sus propios
deméritos estas nuevas culturas reproducen lo que
las excluye. No es ésta una etnografía propia sino
estadísticas de Pierre Bourdieu (Los herederos) o
Emilio Blanco (Los límites de la escuela) que do-
cumentan el condicionamiento de clase social de la
educación y el progreso de esa injusticia mediante
modelos alternos que intentaron combatirla.
Termino con un debate latente en mi recensión: la
democracia y sus efectos. Como pasa a los partidos,
los sindicatos, las empresas, las universidades o los
intelectuales, el incesante y vertiginoso cambio social
que la democracia propicia, implica transformacio-
nes; algunas son variaciones de lo que se mantiene,
otras tienen consecuencias más radicales. Creo que la
apuesta por la democracia no es del todo comprendi-
da por Vargas Llosa ni por las alternativas culturales
que se le oponen. El inmenso escritor observa sólo
un lado de la metamorfosis democrática, se asusta de
lo que ve y elige el pasado por encima del presente y
el futuro. “Queríamos acabar con las élites, que nos
repugnaban moralmente por el retintín privilegiado
[…] Pero hemos conseguido una victoria pírrica, un
remedio peor que la enfermedad: vivir en la confu-
sión de un mundo en el que, paradójicamente, como
ya no hay manera de saber qué cosa es cultura, todo
lo es y ya nada lo es” (p. 69).
Aunque parcial, esta diagnosis no deja de llevar
razón al cuestionar un antielitismo ramplón que gana
para sus furias la organización de propuestas contrarias
a la democracia liberal. No es que ésta sea la panacea,
pero sí una pieza instrumental para continuar demo-
cratizando el orden social. Deformar la democracia en
la práctica de cualquier razón o emoción para la que
se reclama igual legitimidad como freno al elitismo,
malentiende que el problema no reside en la existencia
de las élites sino en sus principios de constitución y
funcionamiento. Exigir que las élites sean intelectual y
moralmente solventes y forzadas a una sistemática ren-
dición de cuentas, no es un refejo de conservadurismo,
como cierta sensibilidad lo prejuzga.
Pese al sincero desconcierto de Vargas Llosa y el
voluntarismo de los modelos alternativos de cultura,
su incomprensión de la democracia como un proyecto
normativo les permite (des)complejizar lo que, jus-
tamente, requiere de la mayor complejidad para ser
descifrado. La banalización de la cultura como Var-
gas Llosa la entiende, o la arbitrariedad de la cultu-
ra tradicional como fjan las propuestas alternas, son
distractores efcaces para desatender el problema de
fondo: ni la trivialización o la popularización de la
cultura representan su democratización. La cultura
no se ha democratizado porque ese proceso no podría
darse sin la contigua democratización del ingreso, la
salud, la educación, la vivienda, el ocio, esto es, cierta
estructura de la que la igualdad o asimetría sociales
son sus derivas. Lo que se ha democratizado, a lo que
ciertamente más sectores acceden de un tiempo a la
fecha, es una versión chabacana, mutilada, de la cul-
tura y sus potencias. Sabemos de tradiciones elitistas
donde la cultura tiene resguardo y alimento. ¿Puede
la cultura verdaderamente democratizarse sin pagar
el costo de trastocarse en lo que la pervierta? Depen-
derá, desde luego, de la exigencia de los públicos, de
su negativa a aceptar que para ellos la cultura llegue
digerida, hecha simple. Pero no sólo de eso, pues el
paladar del público tiene todo que ver con la fortale-
za del sistema democrático y de un Estado capaz de
regular el mercado e impedir que el precio se coma
al valor. Si la democracia es una apuesta, el envite
de que la cultura no deba desnaturalizarse para ser
democrática vale, vale mucho.
104
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
EL arte DE PONER EN orden
A LAS ASAMBLEAS POLÍTICAS
María del Refugio González Domínguez
*
*
Directora del Centro de Investigaciones Jurídicas de la UDLA, Cholula, Puebla.
[Rafael Estrada Michel y Alonso
Lujambio (Estudio preliminar y
compilación), Tácticas parla-
mentarias hispanomexicanas.
La infuencia de los reglamentos
para el gobierno interior de las
Cortes de Cádiz en el derecho
parlamentario de México, Mé-
xico, Tirant lo Blanch, 2012.]
T
ácticas parlamentarias hispanomexicanas…,
es una compilación realizada por Rafael Estra-
da Michel y el recordado y admirado Alonso
Lujambio, quienes hicieron un “Estudio preliminar”
para ilustrar al lector sobre la importancia del mate-
rial que pacientemente recogieron, a lo largo de va-
rios años con el apoyo de un equipo de trabajo, diri-
gido por Lujambio.
Llama la atención del lector el título. ¿Por qué
“tácticas” y no otro vocablo para referirse a lo que lla-
man Derecho parlamentario de México? La respuesta
la dan los autores en el “Estudio preliminar”: “tácti-
cas” es el vocablo que usó Jeremy Bentham, multici-
tado autor entre los juristas mexicanos del siglo XIX,
al “arte de poner en orden”, en este caso, a las asam-
bleas políticas. En palabras del flósofo inglés, “tácti-
cas es la ciencia que enseña a dirigirlas hacia el fn de
su institución, por medio del orden que ha de seguirse
en sus pasos”. Curiosamente, para Bentham el fn de
este ramo de gobierno es de naturaleza negativa, pues
se trata “de evitar los inconvenientes e impedir las
difcultades que han de originarse de una gran reunión
de hombres llamados a deliberar en común”.
A pesar de que en 1816 al editor de la traducción
española, Esteban Dumont, le parecía insidioso el
vocablo, no cabe duda que es un gran acierto de los
autores haber conservado la expresión del flósofo
inglés, tan infuyente en sus propuestas aunque no
así en los contenidos de estas, entre los mexicanos
del siglo XIX. Con menos malicia y sin duda mu-
cho menos conocimiento de la historia, otros auto-
res que se ocupan del tema, han preferido hablar de
“Derecho parlamentario”, “Derecho parlamentario
constitucional” o “Derecho político parlamenta-
rio”. Estrada Michel y Lujambio no se referen a los
antecedentes o el nacimiento de ese Derecho, sino
a las “Tácticas” que decía Bentham, enfocando el
estudio hacia el objetivo de esclarecer por qué. El
argumento que ofrecen es convincente, lo que se re-
coge se refere a la “vida interna” de las Asambleas
parlamentarias, también llamadas Congresos. Dan
la bienvenida al lector a seguir la trayectoria de los
reglamentos que organizaron esta vida, siguiendo el
camino iniciado en las Cortes de Cádiz.
Dado que uno de los personajes principales en la
elaboración del Reglamento primigenio que sirvió
para regir la vida de nuestros Congresos a lo largo del
105
I IMPRENTA PÚBLICA EL ARTE DE PONER EN ORDEN A LAS ASAMBLEAS POLÍTICAS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
siglo XIX es el Diputado mexicano Antonio Joaquín
Pérez Martínez, obispo de Puebla años después de su
participación en las Cortes de Cádiz, creo que está
más que justifcada la reunión que nos convoca en el
Salón Barroco de bellísimo edifcio Carolino, sede
actual del Consejo Universitario, espacio de delibe-
ración de los miembros de la comunidad universitaria
de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
Es decir, todo cuadra. Los detalles han sido cuida-
dosamente vigilados para que en la presentación del
libro las cosas salgan bien y no como a veces sucede
en las asambleas parlamentarias.
1
No sólo por la época que se estudia sino para ofre-
cer un panorama general, al lado del texto primigenio
de Cádiz, también tenía que estar el del otro Congreso
mexicano, el que reunió a los diputados del Anáhuac
en Chilpancingo, convocado por el generalísimo Mo-
relos en 1813. A pesar de la admiración que sabemos
le profesa Estrada Michel a Morelos, y en conse-
cuencia tuvo que hacer suya Lujambio cuando jun-
tos escribieron el “Estudio preliminar”, se pronuncia
claramente por el Reglamento de las Cortes y sobre
todo por el diputado Pérez Martínez, como “padre”
de ese Derecho parlamentario mexicano que prefrie-
ron llamar “Tácticas parlamentarias”, como tributo a
Bentham, o como reconocimiento de una realidad que
se explica en el “Estudio preliminar”.
Los autores señalan que este “padre” sólo tuvo
hijos en México, ya que en España su Reglamento
no tuvo la infuencia que le reconocieron por casi un
siglo los Congresos mexicanos que elaboraron todos
los Reglamentos del siglo XIX, incluso, posteriores a
la expedición de la Constitución de 1917.
Más coincidencias para celebrar esta obra: el
diputado Pérez Martínez era hijo de gaditano y
poblana, nos dicen Lujambio y Estrada Michel; en
efecto, nació en la Puebla de los Ángeles el 13 de
mayo de 1763, donde desempeñó una exitosa ca-
rrera dentro de una de las dos burocracias que ofre-
cían puestos de toma de decisiones a los criollos
de la Nueva España: la eclesiástica, en el gobierno
de la diócesis angelopolitana. Del diputado Pérez
Martínez, nos informan no sólo las singularidades
de su elección, que no lo distingue de otros que
fueron electos en semejantes o peores condiciones,
sino un hecho que actúa en su beneficio y el de las
mismas Cortes: no contó con un mandato imperati-
vo e instrucciones por parte del Ayuntamiento po-
1
La autora hace referencia a la presentación del libro de Estrada Michel
y Lujambio el pasado 1 de febrero en el Salón Barroco de la BUAP,
donde participó y del cual abreva el presente comentario bibliográfco
[nota del editor].
blano, lo que le permitió no adherirse a ninguna de
las facciones en contienda; además, se incorporó a
la Comisión de Constitución.
Siguiendo a sus fuentes, los autores reconocen
que fue “conservador pero oportunista”, lo que no
sabría leer como un elogio; en todo caso, explican
que se ocupó como nadie de sistematizar las propues-
tas americanas de una serie de diputados que habrán
llegado con menor conocimiento que el del diputado
Pérez Martínez a aquella Asamblea. El “oportunis-
mo” le venía de simpatizar con muchas de las ideas
que se recogen años después en el Plan de Iguala y
los Tratados de Córdoba, aunque siempre abogó por
la igualdad de los habitantes de uno y otro lado del
Atlántico, como señala el texto gaditano. Su efcaz
desempeño, dicen Estrada Michel y Lujambio, tenía
por objeto alcanzar la mitra poblana deslumbrando
a Fernando VII, a cuyo cargo se hallaba entonces el
Real Patronato de la Iglesia americana, de no ser por-
que para entonces se encontraba preso de Napoleón.
Por supuesto que los diputados de esa época no ima-
ginaban el talante autoritario con el que regresaría de
su cautiverio el monarca por quien tanto suspiraron.
Mucho más nos informan los autores, en tono erudito
pero desenfadado, sobre la participación del diputado
Pérez Martínez en el seno de las Cortes, que culmi-
na con el retorno de Fernando VII y el fn del orden
constitucional gaditano, ante la impávida presencia
del entonces presidente de aquel Congreso: el dipu-
tado Pérez Martínez al que me he venido refriendo.
No podía faltar el análisis del “cauce alterno”, el
Reglamento de José María Morelos en Chilpancingo.
De orígenes y trayectorias distintas, a ambos los une,
por la coyuntura histórica que les toca vivir, el afán
de “ordenar” la vida de dos Asambleas Parlamenta-
rias muy diferentes; lo son en la realidad, lo son en
la historiografía; lo son en el imaginario de los mexi-
canos y nos queda claro que también en el “Estudio
preliminar” de Lujambio y Estrada Michel. Narran
con ágil pluma y vastos conocimientos la trayectoria
no sólo de Morelos sino de varios de sus generales, o
simples combatientes que lo acompañan hasta llegar
a Chilpancingo donde se expide el Reglamento del
Congreso de Anáhuac, frmado por Morelos el 11 de
septiembre de 1813. “Joya del realismo político” —
lo llaman los autores, expresión que me gustaría ex-
tender a la Constitución de Apatzingán en la que los
estudiosos han encontrado todas las virtudes, menos
la del vínculo con la realidad política de la Nueva Es-
paña y la Revolución de Independencia, iniciada en el
pueblo de Dolores.
106
IMPRENTA PÚBLICA I MARÍA DEL REFUGIO GONZÁLEZ DOMÍNGUEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Como otras “joyas”, la que se abaliza tiene facetas,
caras —diríamos también— y de ellas nos van dando
cuenta los autores quienes narran el complejo tiempo
lleno de contradicciones que no pueden sino refejar-
se en el universo jurídico que tratan de aprehender
en la forma de un Reglamento para que funcione una
Asamblea que ha de expedir un texto constitucional.
A pesar de sus singularidades, debidas al tiempo que
se vivía y a las necesidades del Generalísimo de no
perder las riendas del Congreso, las reglas que se ex-
piden tienen similitudes con las gaditanas, no podía
ser de otra manera, ya que aunque pocos, también
hubo abogados en las flas insurgentes, y como sus
colegas de otras latitudes habrán leído a Bentham,
quien sirve de inspiración al título del libro.
Sin embargo, la Revolución de Independencia fra-
casó, el amado rey borró de un plumazo el régimen
constitucional y Pérez, premiado con la silla episcopal
poblana, regresa a la Nueva España a preparar los Re-
glamentos que habrían de expedirse, apoyado en su ex-
periencia gaditana, pero rechazado por el poco claro pa-
pel que había jugado respecto de los americanos en las
recientemente abolidas Cortes. Los cambios derivados
de la vuelta del monarca favorecieron al obispo, aunque
por poco tiempo, ya que al restaurarse la vigencia de la
Constitución había necesidad de nombrar nuevos dipu-
tados. En palabras de Lujambio y Estrada, el obispo “sa-
bía leer los tiempos” y se dio cuenta que en la ecuación
quien comenzaba a sobrar era el rey y a poco, comenzó
a ver con buenos ojos la Independencia por lo que no es
de extrañar que se afliara al Plan de Iguala y con ello
garantizara su permanencia en el escenario político que
se avizoraba. Sin embargo, hay que abonarle —siempre
siguiendo a Lujambio y a Estrada— que se dio cuen-
ta muy pronto que el Patronato había cesado al cesar el
vínculo con la Corona. No resisto comentar que estuvo
en la coronación de Agustín de Iturbide; también infu-
yó o trató de infuir en el Romano Pontífce, arguyendo
que “los derechos de la nación mexicana no entraban
en contradicción con la obediencia y unión que debería
guardarse a la Santa Sede”. Hay que decir que poco lo-
gró con este esfuerzo, ya que la Independencia fue reco-
nocida por ésta, hasta 1836, poco después de haber sido
admitida por su antigua metrópoli.
Sobre este olvidado y singular personaje, sólo añadiré
que fue quien introdujo la reglamentación parlamentaria
gaditana en la vida legislativa, a través del Reglamento
de la Soberana Junta Provisional Gubernativa.
Me gustaría decir que el “Estudio preliminar” no
sólo rescata a una fgura que no ha ocupado el lugar
que le corresponde en la historiografía sobre la época
y la temática del libro, sino que incluye los respec-
tivos cuadros comparativos que verifcan su afrma-
ción, aunque para el año 24 se trata de un congreso
bicameral. Los autores reconocen a José Barragán
como el primero que afrmó que el Derecho parla-
mentario mexicano es de origen gaditano, y ellos han
demostrado con esta investigación que es acertado
lo que dijo Barragán hace muchos años. Pero si bien
recuerdo, esta afrmación no se sustentó en la investi-
gación correspondiente. ¿Qué quiero decir con esto?
Que es preferible la investigación cuidadosa y meti-
culosa que nos ofrece este “Estudio preliminar” y esta
compilación, que la afrmación sin muchas bases que
se hizo no sólo por el colega citado, sino también por
otros, de la “profunda infuencia” de textos constitu-
cionales por cuya admiración renunciamos al terror
de ponernos a compilar, comparar, revisar archivos;
en pocas palabras, estudiar a fondo los temas y los
personajes, como hicieron en el trabajo de Alonso
Lujambio y Rafael Estrada Michel.
El amplio, brillante, erudito y correctamente re-
dactado “Estudio preliminar” se acompaña de la
anunciada compilación de Reglamentos de Tácticas
Parlamentarias como nos advirtieron los autores des-
de el principio. ¿Cuáles? Todos los que se expidieron
entre 1810 y 1934, con sus modifcaciones y refor-
mas; lo anterior signifca que pudieron adaptarse a
Congresos bicamerales o unicamerales, constituyen-
tes o constitucionales y a gobiernos federalistas, cen-
tralistas, incluso monárquico. Hay que señalar que se
realizó una muy cuidada revisión de los textos para
que el lector tenga certeza sobre el contenido de la
fuente que va a consultar.
Así pues, en las páginas de la compilación se en-
cuentran: el Reglamento para el gobierno interior de
las Cortes del 27 de noviembre de 1810 y el 4 de sep-
tiembre de 1813 y como ya dije, el Reglamento del
Congreso de Chilpancingo del 13 de septiembre de
1813 y el Reglamento del gobierno interior de Cortes
y su edifcio del 29 de junio de 1821, todos ellos de
fecha anterior a la Independencia de México. De la
época posterior están el Reglamento para el gobierno
interior de la Soberana Junta Provisional Gubernativa
del Imperio Mexicano del 14 de noviembre de 1821;
el Reglamento para el gobierno interior de la secre-
taría del Soberano Congreso constituyente del 24 de
mayo de 1822; el Reglamento interior del Soberano
Congreso Constituyente del 25 de abril de 1823; Re-
glamento para el gobierno interior de las secretarías
de las cámaras del 4 de diciembre de 1824; Regla-
mento para el gobierno interior del Congreso General
107
I IMPRENTA PÚBLICA EL ARTE DE PONER EN ORDEN A LAS ASAMBLEAS POLÍTICAS
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
del 23 de diciembre de 1824; las Reformas al regla-
mento para el gobierno interior del Congreso General
del 23 de diciembre de 1824, aprobadas entre 1826 y
1835; el Proyecto de Reglamento para el gobierno in-
terior del Congreso Constituyente de 1842; el Regla-
mento provisional para el gobierno de la diputación
permanente del 30 de marzo de 1844; el Proyecto del
Reglamento para el gobierno interior del Congreso
de 1845; el Reglamento interior del Congreso del 7
de enero de 1847; las Reformas al reglamento para
el gobierno interior del Congreso General del 23 de
diciembre de 1824 aprobadas, en 1848; el Proyecto
de reglamento para el gobierno interior del Congreso
de la Unión del 4 de diciembre de 1857; las Reformas
al reglamento para el gobierno interior del Congreso
General del 23 de diciembre de 1824, aprobadas en
1867, esto es en plena Restauración de la república.
El nuevo cauce de las instituciones no disminuyó
la importancia del texto y fue utilizado también en
el Reglamento para el gobierno interior del Congre-
so General del 23 de diciembre de 1824 y sus refor-
mas, publicado el 3 de marzo de 1868; las Reformas
al reglamento para el gobierno interior del Congre-
so General del 23 de diciembre de 1824, aprobadas
en 1871 y 1873; el Proyecto de reglamento para la
organización interior de la Cámara de Diputados del
Congreso de la Unión, y para las sesiones de las dos
cámaras reunidas el 1 de mayo de 1876; el Reglamen-
to para la Diputación Permanente, presentado en la
Cámara de Senadores el 8 de abril de 1878; el Pro-
yecto Reglamentario para la Comisión Permanente;
el Proyecto del Reglamento para el gobierno interior
de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión
y para las sesiones de las Cámaras reunidas del 29 de
septiembre de 1885; el Reglamento para el gobierno
interior del Congreso General de los Estados Unidos
Mexicanos promulgado el 20 de diciembre de 1897;
las Reformas al Reglamento para el gobierno interior
del Congreso General del 20 de diciembre de 1897,
aprobadas el 12 de noviembre de 1904. Nuevo cam-
bio de época y subsistencia del documento con el que
enriqueció nuestras Tácticas Parlamentarias el obis-
po de Puebla que se aprecia en las Modifcaciones
al Reglamento Interior de la Cámara de Diputados
del Congreso de la Unión realizadas por el Congreso
Constituyente de 1916; el Reglamento para el Go-
bierno Interior del Congreso General de los Estados
Unidos Mexicanos promulgado el 20 de marzo de
1934 y las Reformas al reglamento para el Gobierno
Interior del Congreso General de los Estados Unidos
Mexicanos promulgado el 20 de marzo de 1934.
Como puede apreciarse, en muchas ocasiones lo que
se hizo fue reformar el documento “padre” como lo lla-
man los autores, para ajustarlo a las necesidades que
presentaba la coyuntura histórica para la que se realizaba
el trabajo. Todavía recogen algunas reformas de fecha
tan reciente como los años setenta del siglo pasado, pero
se trata de textos pequeños, esto es, la mera reforma.
La persistencia de la infuencia puede deberse a
que, en la vida cotidiana, los Tácticas parlamentarias
no pueden ser tan distintas unas de otras si ha de lle-
garse a buen fn. Aunque ni Bentham ni el diputado y
obispo Pérez Martínez imaginaran que su obra perdu-
raría tanto tiempo y podría ser útil para los Congresos
de tan diverso signo que se realizan a lo largo de los
más de 100 años abarcados por la compilación.
Estrada Michel seguramente se propuso que esta
presentación estuviera llena de signifcados, explíci-
tos e implícitos para celebrar no sólo la culminación y
presentación de la obra sino también para rendirle un
tributo de admiración a afecto a su coautor y amigo
entrañable. Por ello hay que reconocer que la obra
se presenta en un hermoso lugar lleno de jóvenes,
algunos de los cuales aprenderán de estas Tácticas
Parlamentarias cuando se desempeñen en el quehacer
parlamentario. El marco artístico que ofrece el Salón
Barroco y la concurrencia que acompaña esta presen-
tación es obra de muchos actores; algunos contempo-
ráneos del obispo y otros, nuestros; todo se conjunta
para celebrar la aparición del libro y recordar a Alon-
so Lujambio. Lo que estoy segura que estuvo en la
mente de los autores durante el largo proceso de com-
pilación y análisis de los documentos, y el tiempo que
dedicaron al estudio del singular diputado poblano y
su época, es que pondrían a disposición de los estu-
diosos de las Tácticas parlamentarias hispanomexi-
canas… una fuente de incalculable valor. Por lo que
hoy le damos las gracias no sólo a Rafael Estrada Mi-
chel que dio fn a la tarea sino también a la Benemé-
rita Universidad Autónoma de Puebla que reconoció
la importancia que para sus jóvenes estudiantes tiene
la edición del libro.
108
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
EL vacío ACERCA DE LA
POLÍTICA Y SU reverso IMPOLÍTICO
Hugo César Moreno Hernández
*
*
Profesor de asignatura en el Departamento de Comunicación y en el
Servicio departamental del Departamento de Ciencias Sociales y Políti-
cas de la Universidad Iberoamericana-Ciudad de México.
[Roberto Esposito, Diez pensa-
mientos acerca de la política,
Buenos Aires, FCE, 2012.]
D
iez pensamientos acerca de la política exa-
mina, con diversas herramientas flosófcas,
teológicas y literarias, la consistencia de diez
palabras o categorías, incluso conceptos, que dan sus-
tancia y una dureza quebradiza al pensamiento políti-
co moderno. Roberto Esposito, con tensa calma y no
pocas caricias que parecen rodeos, lanza una crítica
a la saturación comunicativa de los conceptos polí-
ticos (pensando claramente en Habermas), cuando
están vacíos o son el vacío de algo que los bordea
y desborda, anulándolos, pero no necesariamente de-
jándolos del todo incapaces o inoperativos. Ese es el
fondo oscuro del texto. Si bien el objetivo es pensar
el léxico de la flosofía política de la modernidad para
estirarlos hasta llevarlos a su límite, observando des-
de el centro de lo político dónde y cómo se dirimen
los confictos y los intereses y la política como téc-
nica o desactivación del conficto: la despolitización
(ya sea como gubernamentalización o policía, según
Foucault y Rancière). El punto tensor de estas diez
palabras pensadas está en la relación de la política
como desactivación del conficto versus la violencia;
el conficto, el carácter “humano demasiado huma-
no” de la política como escenario violento, que no
de la violencia: “En este sentido, dicha perspectiva
se reconoce en la tradición realista que de Tucídides
a Nietzsche pasando por Maquiavelo, identifca en
el disenso no el resto eliminable, sino el presupuesto
mismo de la convivencia humana” (p.13). Esposito
no toma partido por alguna de estas asunciones de la
política y lo político, no abandona por completo las
posibilidades analíticas de ambas partes, sino que a
través de dicha tensión aprieta hasta reventar la re-
lación entre política y bien (común) para dejar salir
lo impolítico, ese límite envolvente que no está en el
porvenir, sino en la acción que no agua políticamen-
te, pero no está fuera de la política y no es apolítico
ni antipolítico. Ya desde Categorías de lo impolítico
Esposito recorre distintos niveles del pensamiento f-
losófco que identifca como impolítico, ya sea por
sus excesos, ya sea por los estiramientos más allá
de los fenómenos “puramente políticos”. Lo impolí-
tica piensa también en el sujeto de la política. Pero
observa que las relaciones sociales no dejan de ser
relaciones de poder, es decir, que no son relaciones
despolitizadas aun cuando el orden y el respeto a la
109
I IMPRENTA PÚBLICA EL VACÍO ACERCA DE LA POLÍTICA Y SU REVERSO IMPOLÍTICO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
ley fnquen sus derroteros. Al respecto, siguiendo a
Simone Weil y Elias Canetti, Esposito refere:
Lo que ambos rechazan frmemente es una valoración del
accionar político incompatible no sólo con las herramien-
tas que tiene a disposición, sino también con sus fnalida-
des, en última instancia siempre tendientes a reforzar al
sujeto o a los sujetos que hacen uso de ellas. Como bien
saben los “impolíticos”, en la dimensión lógica o semán-
tica no es posible trazar una separación entre el poder y el
sujeto que lo personifca, imaginar un sujeto de antipoder o
un poder sin sujeto (p. 15).
Lo impolítico, límite estirado en el interior de lo político,
es aquello de las relaciones humanas que quedan como
resabio, como argamasa de la realidad política imposible
de sentir para el léxico deontológico de la flosofía mo-
derna. Sugiere una visión menos asustadiza a los tonos
opacos de la realidad humana. “Lo impolítico no sólo no
contrapone a lo político valor alguno, sino que es aque-
llo que lo libera de cualquier valoración indebida. En
este sentido, no constituye siquiera una ‘categoría’; de
otro modo, terminaría engullido en su contrario, esto es,
en la lógica de lo político. De ésta diverge no como algo
otro, sino acaso como su reverso” (p. 16); reverso, casi
imagen especular, con la orientación a la contra, pero es,
en todo caso, el lado ciego del pensamiento político. Lo
inasible, incalculable. De ahí desemboca la propuesta
del libro: “Liberar a la refexión política del nudo teoló-
gico en que todavía está atenazada” (p. 28), desarticular
la política de una supuesta relación con el bien.
No podía ser otra la primera palabra por pensar: Po-
lítica. Pensar la política, pensamiento sobre la política,
pensamiento y política son las relaciones que se trenzan
en este primer apartado, donde Esposito empieza sin
remilgos: “La flosofía no logra colmar –o sólo cono-
cer– la brecha entre política y pensamiento porque es
precisamente ella la que la produce” (p. 33). La floso-
fía, según sus fuerzas y potencias, es, por ser lo que es,
el primer obstáculo de la flosofía para pensar la política.
Hay una relación directa entre forma de la flosofía política e
incapacidad de pensar la política: es precisamente esa forma
la que impide el pensamiento acerca de la política […] La
pretensión de la flosofía de fundar —flosofcamente, y no de
otro modo— la política: casi como si la tarea de la flosofía
fuese a ponerse en acto políticamente en la realidad o si la rea-
lidad política soportase ser “educada” por la flosofía (p. 34).
El óbice para el pensamiento de y sobre la política
está en la forma deontológica de la fundación flo-
sófca, en pensar la política como bien, fn del mal
¿porvenir?, el futuro de la vida o el único futuro de
la vida humana con forma política, siempre y cuando
la política aprende a ser el camino del bien, incluso
el manual para construir el camino hacia el bien (co-
mún), lo que “signifca que ella [la flosofía] no puede
pensarla si no es en la forma de la representación.
Y, más precisamente, de la representación del orden
[…] como si el orden político dimanase directamente
del orden del concepto o el entramado mismo de los
conceptos flosófcos fuese lo que atribuye ineludible-
mente el conficto al orden, a ordenar el conficto”
(p. 35). Orden como dominación del conficto para
alcanzar el bien y permitir el futuro. Entonces, la po-
lítica como herramienta para alcanzar el orden sólo
se relaciona con el conficto en cuanto puede y debe
eliminarlo. Es decir, no tiene qué ver con el conficto.
Pero, nos recuerda constantemente Esposito, siguien-
do la pista de varios pensadores que él considera im-
políticos, el conficto es político, el orden es apolítico
y una búsqueda despolitizadora porque la exclusión
flosófca del conficto del panorama del orden:
sólo es posible al altísimo precio que paga la flosofía po-
lítica moderna […] de reducir hasta la extinción su propio
objeto. O, mejor expresado, de supeditarlo a la lógica coac-
cionada de su paulatina autogeneración, y esto confando
precisamente a la política la tarea de despolitizar a la socie-
dad, según ese irrefrenable impulso a la neutralización del
conficto (pp. 41-42).
La flosofía no puede evadirse de la representación de
la política como vía de extinción del conficto (y del
mal), pero al mismo tiempo la política como conficto,
no como bien, es la forma de la política que ella mis-
ma busca eliminar, quedar sin objeto y entonces ac-
ceder a la forma de una política del orden, o un orden
políticamente orientado que oculta el conficto que le
da sentido. Entonces, la política ¿queda sin sentido?
Si la inalcanzable unidad es el sentido de la política,
entonces la despolitización de la sociedad mediante
la atomización (para recurrir a un término de la teoría
crítica), la administración, la gubernamentalización y
la biopolítica hacen de la Política la forma a la que la
flosofía quiso, quiere y querrá llevarla: al orden, a
la Unidad, a la totalidad. De ahí que el pensamiento
impolítico recurra a formas divergentes, a portadores
de antiflosofía política. Esposito piensa primero, en
Maquiavelo: “A él se lo acusa de haber sustraído la
política a su representación flosófca (científca en el
léxico de Hobbes): a su presupuesto —la unidad— y a
su objetivo —el mejor régimen—. De haber pensado
el hecho de la política —el conficto por el poder—
110
IMPRENTA PÚBLICA I HUGO CÉSAR MORENO HERNÁNDEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
sin intención conciliadora, armónica, neutralizadora
alguna” (p. 46), un pensamiento del dos, demoniaco,
diverso. De ahí, es posible pensar lo político sin des-
pojarlo del conficto ni desautorizar la batalla por el
orden, sino desde la multiplicidad de los restos que
quedan después del choque y el ordenamiento.
Si la política como sentido del orden llega a la ins-
tauración de la Unidad, de lo Uno (ya sea moderna-
mente, en clave individualización-biopolítica o como
totalitarismo), entonces, la segunda palabra por pensar
tiene que ser Democracia, el pensamiento capaz de in-
tervenir y cortocircuitar el camino a la totalización del
cuerpo social. Aquí la oposición y la tensión se dan
entre la democracia haciendo tándem con la razón,
enfrentada contra el mito totalitarista. Razón y técnica
para ahuyentar el mito de la política, es decir, la fuerza
mítica de cualquier incorporación política (raza, clase
social, verdad revelada). Sin embargo, Esposito deja
ver cómo técnica y razón no se asquean con el mito y
viceversa, sobre todo cuando los totalitarismos (mo-
dernos con todas las de la ley) producen aparatos de
biopolítica bien aceitados, tan efectivos que dan el giro
hasta llegar a su reverso tanatopolítico:
El totalitarismo no es otra cosa que el reverso de la democra-
cia. La diferencia no es de poca monta, ya que se da entre una
oposición simple y una oposición suspendida a una riesgosa
copresencia; en ella el riesgo está representado por el hecho
de que el totalitarismo, aunque opuesto a la democracia, repo-
sa en germen dentro de ésta y no en su exterior (p. 62).
Como ya apuntó Derrida en Canallas, al ser un producto
de pensamiento y acción moderno, la democracia está
impregnada de fuerza inmunitaria, lo que implica la
acentuación en el proceso autoinmunitario, es suicidio
de la democracia para salvarse de sí. Como recuerda Es-
posito “casi todas las democracias modernas nacieron
ilegalmente” (p. 64), y en esa ilegalidad está la apuesta
que aconseja aquí Esposito, pero también se puede leer
en Derrida: la consumación (totalización) de la demo-
cracia es su suicidio, su porvenir es la vida por comple-
tarse, un nunca cumplir la meta dicha por el susurro del
mito, porque “esa consumación es mítica y simultánea-
mente totalitaria” (p. 65), alcanzar la meta última de la
democracia (la unidad comunitaria en clave Rousseau)
hiere de muerte a la democracia, es la condena autoin-
munitaria de la democracia, porque “sólo incompleta
la democracia puede seguir siendo tal” (p, 66), porque
la democracia siempre está por venir, nunca ha llega-
do y nunca debe terminar de llegar, “democracia es la
alteridad que salva la idea de democracia de su integral
realización. La barra que la difere de sí misma. Que sus-
trae su hecho, o su mera existencia, a cualquier mítica
traducción en valor o en esencia (p. 66). La democracia
es porvenir, futuro en el sentido de ser técnica, forma
de hacer, de obrar, de actuar, de modelar la política y
hacer política. Técnica, una forma de hacer política (en
el conficto para orientar orden y consolidar una poli-
cía), hacer del mito comunitario porvenir, lo que, como
diría Derrida, siempre está por venir, siempre está por
arribar pero nunca se le mira más allá del horizonte. Es
mito de futuro en cuanto es ausencia y jala hacia sí sin
implicar guía o camino. Lo impolítico democrático está
en el mito como umbral inaccesible, irrealizable, pero
deseable. Generar una técnica, nunca una esencia, sin
lograr el Uno: “El uno es en cuanto tal políticamente
irrepresentable. No queda otra cosa que el “dos”, el bi-
nomio, la eterna división, como todas las constituciones
presentes y pasadas demuestran: ante todo, entre sobera-
nía y gobierno” (p. 67).
La estrecha relación entre democracia y humanis-
mo se cierra en el giro que fnaliza (consuma) a la
primera para seguir políticamente en el segundo, tan
claro como que el humanismo se deforma fácilmente
en mito de especie, en comunidad de especie. De ahí,
el sujeto histórico nutre cualquier mito del totalitaris-
mo. Y de este mito la razón no se acobarda, se integra
mito de la técnica para forjar al sujeto histórico en su
integración: raza, clase, mercado, vida. Por tanto, la
democracia es sin esencia para ser:
Que la democracia sea forma y nada distinto a esto, que no
pueda y no deba prescribir determinados contenidos quiere
decir no sólo que ella rehúye cualquier connotación de valor,
sino que su especifcidad está constituida precisamente por
esa sustracción. Por mi parte, llegaría aquí a una primera de-
fnición: democracia es la liberación de lo político respecto
de su propia autovaloración, del creerse, defnirse, atribuirse
valor […] la liberación de lo político respecto de ese valor
es a la vez liberación de ese valor respecto de cualquier re-
presentación política idolátrica, su asunción rigurosamente
impolítica (p. 72).
La democracia sin esencia no se desperdicia en buscar
esencias, por tanto, no precisa de formas sólidas y uni-
tarias para darse cuerpo (no lo tiene ni lo necesita), por
esto, es inesencialmente diversa y acepta lo diverso:
La democracia no educa ni se educa. No hace otra cosa que
abrir —y abrirse a— ese espacio de libertad que coincide
con una inesencialidad irremediable; es decir, con nada otro
respecto de su propia existencia. Ella preserva amorosamen-
te las marcas de su propia “nada política”. Preserva y aguar-
da: aun al huésped más inesperado (p. 86).
111
I IMPRENTA PÚBLICA EL VACÍO ACERCA DE LA POLÍTICA Y SU REVERSO IMPOLÍTICO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Esto impone pensar la Responsabilidad, tercera pa-
labra acerca de la política, donde Roberto Esposito
inicia la indagatoria con la relación entre la culpa y
la responsabilidad, siendo la responsabilidad una se-
cularización de la culpa, anclada vitalmente al poder,
pues éste y la responsabilidad se ligan deontológica-
mente en el léxico flosófco impregnado de mieles
teológicas para pensar la política: “La culpa forma
parte constitutivamente de la ética de la responsabili-
dad, en la medida en que esta última necesariamente
tiene que ver con la dimensión del poder, y por ello
mismo con la fuerza y la violencia que desde siempre
lo acompañan” (p. 95). Así, la responsabilidad del po-
der tiene que ver con los objetivos y los triunfos. La
responsabilidad incluso se pone contra los principios
para formar al hombre, para lograr el fn, lo que se ha
encomendado aun a pesar de ir contra los principios.
Hacer al hombre según una meta mítica: “Si el hom-
bre puede llegar a cualquier meta, si cualquier cosa es
efectuable —es la consecuencia última de la ética de
las consecuencias— no se puede no utilizar todos los
medios para alcanzarlo, incluido el de la anulación
de la cosa misma” (p. 96). Es lo que está presente
en la ética moderno según Weber, visible con ma-
yor claridad en la vocación profesional. Pero, ¿cómo
evadir la responsabilidad de los fnes últimos, esos
que pasan incluso del objeto de la responsabilidad?
Esposito recurre a la fgura del escritor responsable.
Responsabilidad y escritura se encuentran en la fa-
cultad de responder, presenciar, presentar los hechos
(escribirlos), de responder a la culpa de los otros ha-
ciéndola propia. Apropiarse de la responsabilidad (y
la culpa) con la escritura, porque el escritor “siendo
todos los demás, responde por la vida de todos ellos
en todas sus expresiones; por ende, también de las
culpas que por cierto ésta incluye” (p.102). Tras los
pasos de Canetti, Esposito observa que el escritor es
responsable, no culpable, se pone en el mundo contra
el mundo, una ética de aceptar su lugar y momento,
pero sin evitar la observación herida por el mundo
que debe describir, un deber como responsabilidad,
un embellecimiento del mundo sin el mundo, “ver-
dadera responsabilidad: sustitución a favor del pró-
jimo y riesgo de la decisión concreta” (p. 108). Ser,
de alguna forma, testigo, incluso sentirse victimario
conociendo a la víctima, ser todos, ser responsable de
la culpa. “Si en verdad se desea tomar el lugar de otro
sin eliminar su alteridad, es indispensable tomar para
sí su culpa hasta lo último” (p. 109).
De alguna manera, esta asunción de la culpa de to-
dos integra en el discurso de Diez pensamientos acer-
ca de la política responsabilidad con Soberanía. La
soberanía no está instalada, no tiene un sujeto preciso
(el Estado), aunque sí busca su valor en una subjetiva-
ción, en una interiorización de la soberanía, es decir,
en la difuminación de la soberanía para eliminar al
soberano (pensando, por supuesto, en la modernidad)
sin apartarlo de la vista. La soberanía es una especie
de fuerza (no esencia) transmitida a los cuerpecitos
que forman el cuerpo de la sociedad (el cuerpo sobe-
rano, quizá) y quedan imposibilitados para ejercerla
(pensemos, por ejemplo, en Hobbes) para evitar da-
ñarse, “casi parece que la muerte, lejos de limitarse a
amenazar desde el exterior la soberanía, surgiese de
su mismo vientre; que la soberanía naciese muriendo
o sólo para demorar una muerte inminente” (p. 115).
Con la muerte inserta (al igual que la democracia), la
soberanía precisa de un sujeto que le dé vida y tiempo,
aunque con esto no logre alargar por siempre su vida,
si consigue diferir la muerte al cambiar de forma sin
importar que se quede en la instancia del Estado. Pero
ahí hay otro peligro, el soberano de Schmitt, aquel
con la fuerza de ley para disolver la ley e instaurar
el estado de excepción según lo confrme necesario.
Es en la interiorización de la soberanía como se
evita la operación de un soberano a la Schmitt. Con
Tótem y tabú, Esposito piensa la soberanía como lo
instaurado desde el origen y no el soberano como lo
pensó Hobbes, “porque en ella se visualiza el acto de
fundación de la soberanía dentro de la forma de su au-
sencia” (p. 120). De alguna manera, una de las gran-
des palabras faltantes en Diez pensamientos acerca
de la política, Ciudadanía, queda, si no atrapada, por
lo menos sí atraída por la palabra soberanía, en esta
disquisición que sigue a Freud:
La atención habrá de centrarse no en la sucesión —del Uno
a los otros—, sino en la copresencia que entrelaza indisolu-
blemente a las dos fguras soberanas; la asunción del ausente
en el interior del nuevo sujeto. La soberanía en este caso,
queda sólidamente ligada a la presencia de la ausencia. A
su representación fortalecida por el sentido de culpa que el
asesinato genera en los hijos y por la consiguiente renuncia
a ese bien —las mujeres— que lo había motivado (p. 120).
La ciudadanía es la gran palabra del léxico político
moderno que se echa en falta, sobre todo ante la cons-
trucción de herramientas de extracción de ciudadanía
(soberanía) que generan no-ciudadanos y Estados y
ciudadanos irresponsables, según esa relación entre
culpa, responsabilidad y otredad analizada por Espo-
sito. Si el no-ciudadano asume la culpa de los otros
ciudadanos, es responsable de no tener ciudadanía,
112
IMPRENTA PÚBLICA I HUGO CÉSAR MORENO HERNÁNDEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
de no ser soberano ante la presencia de la sobera-
nía como estado de excepción (la peligrosidad del
inmigrante ilegal). Sin embargo, en la ciudadanía la
soberanía queda ausente en la representación. Si la
soberanía lleva en sí la muerte, presente y diferida,
lleva también una violencia que afrenta la posibilidad
de una comunidad y una ciudadanía plena, lleva tam-
bién su sujeto, el Estado, y permite el orden (por lo
menos disminución de conficto) al hacer de la culpa
una interiorización de la soberanía en clave freudiana
(la imposibilidad culpable para ejercer la soberanía)
que es opuesta al ejercicio de la voluntad de poder
nietzscheana: “La fuerza de la nueva soberanía es,
por ende, directamente proporcional a la renuncia a
su propio ejercicio” (p. 121). Soberanía sin soberano.
He ahí el Mito moderno. El mito sin mito, la racio-
nalidad no mítica que impone otro punto de tensión
según el esquema de contraste mito nihilista/razón
humanista. El mito es centro de la política porque es
motor para movilizar hacia la meta. Incluso no im-
porta la meta, importa el mito movilizador: “Como
demostración de que la semántica del mito político no
pertenece de por sí a la derecha ni a la izquierda sino
que constituye exactamente el punto de superposición
ideológica situado en la confuencia de humanismo y
nihilismo” (p. 144), una voluntad de poder que hiende
el orden cuando, ya sea democracia o totalitarismo,
impone un futuro superior, utópico (necesariamente
mítico). Ya sea la mitología de la verdad, el mito mar-
xista, o el mito de la comunidad del Hombre. Ya sea
la búsqueda científca en Marx, lograr al hombre con-
sumado, el mito se potencia, mito del mito del mito:
La potencia “tautegórica” del mito es tal que el Gesamtkun-
swerk [la obra de arte total] nazi expresó en la manera más
consumada. Por cierto no fcción o simple imagen, sino au-
topóiesis de una comunidad tornada inmanente a sí misma
por la autoidentifcación con su propia esencia común. Es
una prueba ulterior —después de Jena, después de Marx—
de que la “máquina mitológica” se alimenta de la carga ener-
gética de su propio objeto en el momento mismo en que lo
presenta potenciado: mito, del mito del mito del mito, y así
sucesivamente, hasta la enésima potencia (p. 161).
El léxico político moderno es la vía para el totalitarismo
como forma mítica de la salvación del hombre genérico
aun a costa de la multiplicidad del hombre, aun a costa
del hombre, aun a favor de su muerte. Por ello, Esposito
expresa que la democracia, como opuesto (de cualquier
forma) al totalitarismo, debe ser sin esencia, debe ser
técnica y ser incompleta, para salvarse de la muerte, del
fn del mito, la democracia debe ser el mito del no mito.
Y si bien el mito no hace Obra, esto es parte del
mito de la razón. Es decir, la razón, opuesta al pen-
samiento mítico, interviene el mito para desactivarlo,
pero lo hace con su mitifcación. En la intervención
de la razón al mito, hay obra del mito: “No hay oposi-
ción entre logos y mito, e incluso que el mito coincide
con la realización del logos, con su ‘puesta en obra’.
Pero también en el de que el conocimiento mismo de
aquello no puede darse si no es en forma mítica” (p.
175). Por otro lado, si la razón busca la verdad, al-
canzarla es un mito, porque lograrlo signifca llegar
al fnal (tanto en el sentido de meta como de culmina-
ción), la muerte es la verdad insoportable:
De índole mítica es, de todos modos, la actitud, el compor-
tamiento, la obra del hombre en cuanto constitutivamente
“incapaz de tolerar la verdad” […] El hombre no puede no
tender a la verdad, pero la verdad lo hiere de muerte. Es su
misma muerte como muerte del sujeto. La verdad es el Ob-
jeto. Por esto, no pude darse “humanamente” si no es como
religión, ley, obra. Sin embargo es justo lo que —en su ten-
dencia a la consumación niega— la muerte (p. 176).
La verdad es, entonces, tan mítica como la razón, esto
funciona como un botón de reinicio, que en política
está claramente activo, sobre todo en la acción revo-
lucionaria. En la discusión, ya clásica, entre Foucault
y los maoístas, Foucault crítica la idea de justicia po-
pular y propone un vía de hondo contenido impolíti-
co, pues sabe que no es posible el ataque exterior y
que desde el interior es inoperable, opta por una espe-
cie de fuir a contracorriente, por una contrajusticia.
Si en la obra está el mito y el reinicio de la justicia, la
misma justicia, porque está la ley, renovada, renacida,
no inventada, re-toma, para el caso de la revolución
que se funda en la cenizas de lo que retomará, el reini-
cio manda al mismo lugar, a la misma justicia. En este
sentido, la inacción, el no hacer obra, es impolítica
y, en la misma vía, va a la contra, hace contrajusti-
cia: “La inacción impolítica ha de ejercerse en esas
situaciones-límite en que el hombre se siente ‘llama-
do del modo más enérgico a la acción’. Ella respon-
de impolíticamente a un impulso político cuando la
respuesta política llevaría a repetir, o potenciar la si-
tuación existente” (p. 183). La acción improductiva,
no política, no la repetición de lo que se conoce, sino
hacer obra con lo que no se ha hecho obra, los restos
de la política como orden y la política como conficto.
La obra toma la Palabra, la séptima categoría de
la política examinada por Esposito. El pensamiento
de la palabra (consenso) como forma de disolver la
violencia padece lo mismo que la palabra política di-
113
I IMPRENTA PÚBLICA EL VACÍO ACERCA DE LA POLÍTICA Y SU REVERSO IMPOLÍTICO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
cha por la flosofía política moderna. Infere, teoriza
y confabula a la palabra con la solución de los males
políticos. Supone orientar el poder de la política ha-
cia una acción comunicativa racional (mito del con-
senso y la comunidad comunicativa, libre y feliz de
una palabra confictiva, libre del dos). Pero Esposito,
siguiendo a Benjamin, nos descubre que “la estruc-
tura de la comunicación no es horizontal —ni simé-
trica; llegará a serlo sólo en la época de su propia
decadencia jurídica—, sino vertical” (p. 201). En
principio, la palabra debe dejar de ser voz, habla y
silencia (debe dejar de ser gruñido salvaje, como ob-
serva Rancière). La palabra comunica lo que en rela-
ción vertical debe comunicar, es decir, la palabra es
herramienta de dominación, “nuestra lengua, antes
que plena comunicación, no puede ser otra cosa que
constante traducción de lo incomunicable” (p. 201),
pero también de liberación cuando no lucha por ser
escuchada, sino cuando es lo único que puede oírse
y, entonces, traduce lo incomunicable: “La palabra
impolítica —‘pasiva’— es por ende aquella que si-
gue al desastre” (p. 211). El dolor, la pérdida, en fn,
lo inefable e indecible, el silencio y la peste son es-
cuchados, hacen palabra en ese momento que carece
de fuerza jurídica, de fuerza de ley: “Nada revela
más que el campo de exterminio ese nexo originario
entre lenguaje y violencia […] En éste las palabras
no logran comunicarse nada, a no ser la insignif-
cancia y la indiferencia del lenguaje respecto de sus
propios contenidos” (p. 214).
Enmudecer-hablar, relatar el desastre, activar vio-
lenta humanidad para seguir la palabra.
Sin duda, si la palabra puede decir el desastre, pala-
bra y Mal se conjuntan para pensar la política. Política
y mal son compatibles, al igual que mal y libertad. Si
política y mal se han conjugado, ha sido con el mal de
la política en el siglo XX: los desastres de la política del
siglo XX. En este siglo en que el mal apareció sobre
el lomo del Pegaso que nos llevaría al futuro mítico (la
raza, la clase, la vida y hoy el mercado) y conseguiría,
por fn, hacernos el bien. He ahí la casa del mal: “El mal
es esencialmente tal no cuando se opone al bien, sino
cuando lo imita hablando en su nombre, con su lenguaje,
con su voz” (p. 224). El mal y el bien cohabitan el léxico
político porque éste sigue atrapado en los vericuetos y
complejidades de la teología, todavía más insidiosa en
cuanto secular, cuando bien y mal se hacen inmanentes
a la vida humana, proyectando la trascendencia a través
de pantallas sin sentido y sin valor, lo que otorga sentido
y valor a la política y lleva al desastre, siempre maqui-
llado de progreso, un progreso biopolítico:
Lo que los torna algo distinto e infnitamente más radical en
la dimensión del mal político es la interiorización del enemi-
go. Ésta crea la verdadera compactación totalitaria, según la
cual lo que no forma parte del Uno-Todo en el poder no sólo
ha de combatirse y expulsarse, sino literalmente aniquilarse,
para obtener dicho resultado no basta la común criminali-
zación del otro: hace falta su deshumanización, inexorable-
mente perseguida por el nazismo, primero por intermedio de
la maquinaria propagandística y más tarde, físicamente, a
través de la maquinaria concentracionaria (p. 227).
Ese es el aroma y semblante de Occidente, esa re-
lación entre bien, mal y política, ese sentido mítico.
Occidente es una forma de porvenir, algo siempre
por alcanzar sin lograr, una meta buscada, frente a
un Occidente consumado, terminado fallidamente, un
error, no en los presupuestos, sino en la aplicación
del modelo y, por tanto, Occidente falla porque, en la
aplicación, jamás se consumó: “Occidente ya no es
—e incluso nunca ha sido— un espacio, sino antes
bien una línea progresiva y polémica” ”(p. 251), vale
decir, una línea de sentido, pero, como sucede con la
democracia y la soberanía, nunca una línea de meta,
porque “Occidente no es otra cosa que el límite en
movimiento que lo separa de aquello que Occidente
todavía no es o no es del todo” (p. 259). En conso-
nancia con los aportes de Giacomo Marramao, Espo-
sito parece estar de acuerdo con que Occidente nunca
ha sido, pero podría ser o, de hecho, como mito del
mito, es pasible seguir buscándolo. Lo impolítico de
esto está en la ausencia de un sentido y de un valor:
Occidente no vale, no es, es quizá una actitud que ni
siquiera en el Occidente geográfco se ha alcanzado.
Diez pensamientos acerca de la política termina con
el número agregado que implica y complica dos pala-
bras. Dos palabras que pueden estar al principio o al f-
nal. Que son origen y umbral: comunidad y violencia.
La violencia es el inicio de la civilización, origen de lo
político, ya sea como fuerza que lleva hacia lo político
o como la fuerza que fnca lo político, ahí presenta Es-
posito los mitos fundacionales de imperios y ciudades,
donde la identidad (los idénticos) se inserta en la comu-
nidad como savia violenta. En la comunidad:
Aquellos que la habitan —los pecadores de Dante, los gigantes
de Vico, los lobos de Hobbes— no están separados entre sí por
nada que los pueda proteger recíprocamente. Están literalmente
expuestos a lo que tienen en común, a su ser ninguna-otra-cosa-
que-comunidad, nuda comunidad, despojada de cualquier for-
ma. Por ello la violencia puede comunicarse libremente de uno
al otro, hasta formar un todo con dicha comunicación (p. 277).
114
IMPRENTA PÚBLICA I HUGO CÉSAR MORENO HERNÁNDEZ
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
La comunidad es violenta porque asume una fuerza
dura que le mantiene unida, hecha Uno. No es polí-
tica, es violenta. No es confictiva, entra en confic-
to con el afuera en cuando está ensimismada en su
munus, en la ausencia común, y “el munus que cir-
cula libremente en ella, más que como ley del don
reciproco, es percibido como un veneno que trans-
mite muerte” (p. 278). Entonces es necesario que ese
munus sea intervenido, negado, inmunizado (como
cualquier veneno infeccioso, con un poco de sí, con
munus que disocie el Uno y haga el dos, el nada en
común). El problema con la lógica inmunitaria es que
niega a la comunidad antes que afrmarse a sí misma.
Aparece el mito de la comunidad. Si Hobbes piensa la
soberanía como el proceso inmunitario necesario para
eliminar la violencia de la comunidad, la modernidad
lleva al extremo el mito de la comunidad a través de
una lógica biopolítica positivista (biologicista), pero
aún más negativa que la soberanía inmunitaria: todo
lo convierte en organismo, en cuerpo político: la uni-
dad donde la función no tiene nada en común con la
operación (la comunicación acomuna artifcialmente
aquí): “En esa instancia no sólo la medicina toma un
papel cada vez más político, sino que la política mis-
ma termina por hablar un lenguaje médico o inclusive
quirúrgico: ha de evitarse preventivamente cualquier
posible degeneración del cuerpo, mediante la elimi-
nación de sus partes infectadas” (p. 283).
Después del nazismo la lógica inmunitaria no sólo
se mantuvo, sino que se ha afanzado y brindado un
cariz más amplio a la acción biopolítica, sino que se
ha globalizado o es por esto mismo que se profundiza
y matiza mejor sus técnicas (como ya lo aviso también
Agamben: el campo, el estado de excepción y la nuda
vida). Si Occidente peligra biopolíticamente al supo-
nerse línea de meta y no trazado de posibilidades, la
comunidad global se precipita hacia un sinfín de vio-
lencias quirúrgicas capaces de eliminar la diferencia.
De esta manera, los espacios del mundo se agolpan en
un mito de comunidad política global que hará pali-
decer las catástrofes totalitarias, amparando los opera-
tivos con el valor y el sentido de la democracia: “El
mundo global ve antes bien compenetrarse estos espa-
cios alternativos, bajo el impacto de constantes migra-
ciones que derriban cualquier límite. Todo ello sucede
mientras, en la dimensión fnanciera y tecnológica, los
fujos de las fnanzas y de la informática circulan por el
planeta entero en tiempo real” (p. 285).
Diez pensamientos acerca de la política de Rober-
to Esposito toman once palabras del léxico político,
las desuella para exponerlas al sol de su vacuidad y
después toma hilillos ensangrentados para descubrir
vetas de observación impolítica, es decir, para ver las
posibilidades que nos deja el vacío y la nada de la
jerga política y pensar en armar algo diferente, no ne-
cesariamente nuevo, pero si original en su inorigina-
riedad. Esto no supone un halo de optimismo, tampo-
co hay pesimismo, quizá le falte un gramo de fresco
cinismo (como a algunos de los impolíticos llamados
a escena: Bataille, Nietzsche). Al fnal se comprende
que por muy vacío de sentido y valor que sea el léxico
político, hay política y, por tanto, su reverso impolíti-
co: habrá que estirar los límites.
REFERENCIAS
Agamben, G. (2004), Estado de excepción. Homo sa-
cer II, 1, Valencia, Pre-Textos.
Agamben, G. (2003), Homo sacer. El poder soberano
y la nuda vida, Valencia, Pre-Textos.
Agamben, G. (2002), Lo que queda de Auschwitz.
El archivo y el testigo. Homo sacer III, Valen-
cia, Pre-Textos.
Derrida, J. (2005), Canallas. Dos ensayos sobre la
razón, Madrid, Trotta.
Esposito, R. (2006), Categorías de lo impolítico,
Buenos Aires, Katz.
Esposito, R. (2012), Diez pensamientos acerca de la
política, Buenos Aires, FCE.
Foucault, M. (1992), Microfísica del poder, Madrid,
La Piqueta.
Marramao, G. (2006), Pasaje a Occidente. Filosofía
y globalización, Buenos Aires, Katz.
115
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
ÍNTIMO, PERSONAL Y solidario
Moisés Hernández Carrasco
*
[Carmen Tinajero, Diario de
la locura, México, Ediciones
Monte Carmelo, 2011.]
P
ara convocar a la presentación del libro de Car-
men en la Universidad Autónoma de la Ciudad
de México fue preciso hacer circular una invi-
tación. Como es evidente, Diario de la locura carece
de imagen alguna en su discreta portada y fue preciso
incluir una en las invitaciones. Encontrar la fotografía
adecuada fue todo un problema, ya que, ¿cómo hacer
jugar el registro de la imagen sin traicionar aquello
que Carmen nos transmite con sus palabras?
La gran mayoría de las fotografías sobre locos
que yo me encontré retrataban gente encorvada, chi-
muela, sucia, agachada, bizarra, lejana al mundo de
los “sanos”, de los normales. Son el tipo de imáge-
nes que nos devuelven la tranquilizadora seguridad
de no ser como “ellos”. Bien podríamos describirlas
con las palabras de Olivier Dabroisse (2005: 50):
“rostros, gestos, actitudes: en la fotografía todo con-
verge hacia una sola cosa: ver y no ser lo que ve-
mos”. Sugerir siquiera que somos espectadores de la
locura sin estar nosotros mismos de alguna manera
locos traicionaría este volumen que apenas en la pri-
mera página, siguiendo a Erasmo de Rotterdam, nos
advierte: “¡no hay no-loco!”.
Quise probar con imágenes sobre instituciones psi-
quiátricas o “de salud mental”, como les dicen ahora,
pero para mi sorpresa tampoco permitían mostrar el
*
Psicoanalista. Es autor de Pierre Hadot: la invención de los ejercicios
espirituales flosófcos (en prensa).
tipo de experiencias que encuentro en el libro. Esta-
ban por un lado los asilos viejos, sombríos, de paredes
descascaradas; los viejos y siniestros manicomios que
en los libros y la televisión ejercen todavía una gran
fascinación. Claro que con una sonrisa cualquier psi-
quiatra del hospital “Fray Bernardino” nos diría, “pues
sí, ¡pero por fortuna ya estamos muy lejos de eso!”.
En segundo lugar, están las imágenes de los mo-
dernos hospitales de alta especialidad de salud mental:
esos espacios luminosos, escépticos, donde los pacien-
tes son tratados con “calidad y calidez”; donde el vitro-
block y las terapias motivacionales se solidarizan con
la terapia electroconvulsiva (TEC), el psicofármaco y
la promesa humanista sobre el porvenir: un mundo sin
monstruos. Pero habiéndose escrito en un hospital de
salud mental, el libro de Carmen muestra cómo el vi-
troblock, las batas blancas, el haldol y la asepsia del
experto forman parte de la locura de nuestras institu-
ciones que nos urge a reconocernos en oposición a los
monstruos, como sanos y civilizados que curan a costa
de lo que sea. Y en el contexto de loca bondad del dis-
positivo de la salud, somos ocasionalmente llevados al
extremo de la reducción del otro a puro objeto de in-
vestigación e intervención, a cosa.
“Este sujeto no amerita ya ninguna historia” (Gar-
cía Canal, 2012: 189) decía en 1935 un médico de
La Castañeda; esa misma posición la pude encon-
trar implícita en un protocolo de investigación que
116
IMPRENTA PÚBLICA I MOISÉS HERNÁNDEZ CARRASCO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
leí recientemente: al estudiante de psiquiatría sólo le
interesaba medir los niveles de ácido gamma-amino-
butírico en los familiares de pacientes diagnosticados
con esquizofrenia. Es decir, no importa quienes sean,
no importan sus historias, solo aquello que “objeti-
vamente” se pueda sistematizar. Pues bien, al leer el
libro de Carmen Tinajero uno termina por decir “es-
tos sujetos sí que ameritan una historia”; y no sólo los
pacientes, pues aquí de lo que se trata es de cierta in-
timidad que se teje entre quienes habitan el hospital,
incluida la psicoanalista.
Hablemos pues del libro y sus historias. Quisie-
ra llamar la atención sobre el hecho de que para dar
cuenta de la locura desde una posición psicoanalítica
no estemos refriéndonos a un documento sobre “las
psicosis”, sino de un volumen compuesto por registros
personales de una psicoanalista. Carmen se permite ha-
cer pública una parte de sus diarios, dando cuenta de su
relación con la locura en el hospital psiquiátrico. Ella
asiste a ese espacio, por iniciativa propia, cada sema-
na, poniendo sus oídos a disposición de sus habitantes:
pacientes, familiares, médicos, enfermeras. Así se fue
construyendo este documento en el que no se habla so-
lamente sobre “ellos”, los locos, sino que la autora se
piensa a sí misma mediante estos encuentros.
Un diario no se reduce a un ejercicio autorrefe-
rencial. Como bien señala René Lourau (1989: 16)
en un texto clásico, El diario de investigación: “La
escritura diarística revela la intimidad de las cosas,
de las relaciones sociales, su ‘inquietante extrañeza’
[…] Asimismo, lo que eventualmente aparece frente
al autor y/o eventual lector es la inquietante intimidad
de la investigación, del trabajo de creación”.
En efecto, el diario nos revela aspectos íntimos de
la escritora, su relación personal con la clínica, etcé-
tera. Pero mostrando algo de su intimidad, nos trans-
mite el palpitar de aquellas vidas que se le enlazan en
esa institución. El hospital se nos revela como algo
más que el cuadro fjo al que lo reducen sus defen-
sores y detractores; se nos muestra vivo. Ni los locos
son sujetos sin historia, ni el personal es la absolu-
ta encarnación de una racionalidad impersonal y sin
cuerpo: a pesar de la distancia entre lo administrativo
y lo humano que observa Carmen en algún momento,
se encuentra también a las enfermeras, las encargadas
del control y la mesura, enfundadas en sus uniformes
blancos, en el módulo al centro del panóptico, “devo-
rando unos tacos” mientras el olor a fritanga invade el
pabellón de mujeres sin inmutar a las locas.
Íntimo, personal, como corresponde a este tipo
de documento, Diario de la locura toma distancia
de otra forma de escribir: la impersonal, omnividen-
te, presuntamente neutral de los lugartenientes de la
razón. Sin entrar en la complicada tarea de exponer
el devenir de las formas modernas de producción de
saber, sólo me remito a la denominación “testigo mo-
desto” planteada por Donna Haraway; con ésta refere
a una posición subjetiva a la que es llamada el cientí-
fco y cuyo paradigma es Robert Boyle, precursor del
método experimental.
Esta forma de producción de saber excluye las
consideraciones personales y reposa en tres tecno-
logías: la material propiamente del experimento, la
literaria del estilo discursivo (que me interesa ahora
resaltar) y la social de la comunidad que recibe, con-
sume y circula el saber.
El testigo experimental y presuntamente objetivo se
instituye como “experto” en una comunidad que com-
parte sus premisas y se enlaza alrededor de un modo de
producción del saber. Y el artefacto literario, es decir,
el estilo mediante el cual se da cuenta de la experiencia
experimental, permite disimular la subjetividad tras la
máscara de una razón impersonal, escribiendo en ter-
cera persona, desapegándose afectivamente del esce-
nario y los objetos. De este modo, el científco trata de
producir la sensación de objetividad, escribiendo cosas
como “aquí se observa” y no “yo observo”; como si lo
observado fuera algo evidente para todos e indepen-
diente del sujeto que conoce.
Tenemos entonces que la modernidad constituye
a un sujeto que asume encarnar una razón presunta-
mente impersonal, neutral y apolítica. Se disimulan
las formas de producción de conocimiento y el orden
social que producen esa mirada. A este sujeto el mun-
do le es en cierta medida ajeno, por ello cree verlo
con claridad y manipularlo en nombre de la utilidad.
Así pues, por ejemplo, los pájaros en la bomba de
vacío dejan de ser pájaros convirtiéndose en objetos
de demostración. De igual modo, para los expertos
en la psique, los sujetos locos dejan de merecer una
historia para ser solo encarnaciones de entidades abs-
tractas: las patologías. Y en este seductor juego de
expertos y objetos nada nos garantiza que el psicoa-
nalista se salve de sucumbir a la tentación de reducir a
los otros a pura viñeta clínica. Cito a Foucault (2009:
17-18) en El orden del discurso:
Se me podrá objetar […] que la palabra del loco ya no está
del otro lado de la línea de separación; que ya no es consi-
derada como algo nulo y sin valor; que más bien al contrario
nos pone en disposición vigilante; que buscamos en ella un
sentido o el esbozo o las ruinas de una obra; […] Pero tantas
consideraciones no prueban que la antigua separación ya no
117
I IMPRENTA PÚBLICA ÍNTIMO, PERSONAL Y SOLIDARIO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
actúe; basta con pensar todo el armazón de saber, a través
del cual desciframos esa palabra; basta con pensar en toda
la red de instituciones que permite al que sea —médico, psi-
coanalista— escuchar esa palabra y que permite al mismo
tiempo al paciente manifestar o retener desesperadamente
sus pobres palabras; basta con pensar todo esto para sospe-
char que la línea de separación, lejos de borrarse, actúa de
otra forma, según estas líneas diferentes, a través de nuevas
instituciones y con efectos que en absoluto son los mismos.
[…] Si bien es necesario el silencio de la razón para curar
los monstruos, basta que el silencio esté alerta para que la
separación persista.
Tristemente hay quienes hablan de los locos con termi-
najos psicoanalíticos con el mismo ánimo positivista
que el psiquiatra que pretende dar cuenta de los niveles
de GABA del esquizofrénico; hay quien se instituye
socialmente como experto sobre “psicosis” fundamen-
tando sus palabras con construcciones lacanianas.
Hay quienes guardan silencio para asechar la verdad
del loco y reinscribirla en abstracciones teóricas que
la sepultan, sin permitir que esta los atraviese, cuestio-
ne, conmueva y transforme. Por fortuna esto no es así
siempre: leo en el libro de Carmen el testimonio de en-
cuentros transformadores no sólo para la paciente, sino
especialmente para la analista. Al acudir al hospital
psiquiátrico, Carmen es interpelada por las palabras,
las miradas, los olores y más aún, experimenta la con-
moción en toda su literalidad, al ser golpeada contra
el suelo por una paciente, mientras ella se pregunta de
quién de las dos fue el pasaje al acto.
Justo en ese sensible acontecimiento narrado en
la página noventa del Diario de la locura encuentro
un indicio de cómo en la práctica de Carmen hay
algo que fuye ajeno de las fórmulas de una racio-
nalidad descarnada y anónima. A la mitad de este
intrigante acto que ella sospecha haber causado, vie-
ne a la cabeza sacudida de Carmen el caso de las
hermanas Papin. Pero no extrae un concepto, sino
busca una analogía que le permita ubicar dónde es-
taba situada en su relación amorosa (“transferencia”
diríamos de modo técnico) con la paciente. Y así
constantemente, las referencias para intentar situar
lo que percibe en el hospital serán las novelas, la
música, las películas, los sabores, la propia historia
y los miedos. Nada de fórmulas plenas, acabadas y
universales, sino un tejido donde Carmen es un hilo
más. Incluso, cuando intenta responderse “por qué
nos volvemos locos”, vuelve sobre la tragedia griega
en lugar de citar a Jacques Lacan, Jean Allouch o
Sigmund Freud, ¡y no por desconocerlos!
Íntimo y personal, Diario de la locura me hace
pensar en un pasaje de Lacan en el seminario La an-
gustia. Hacia el fnal de la sesión del 13 de marzo
de 1963, Lacan vuelve sobre Margaret Little y Lucy
Tower, comentando sus textos sobre la llamada con-
tratransferencia. A diferencia de los analistas que
juegan a los expertos y sobre-racionalizan sus textos,
ellas se exponen, muestran lo que los casos les produ-
cen, ponen en juego algo de sí mismas. Y merecen de
Lacan (2004: 193-194) este homenaje:
A propósito de la contratransferencia, les hice la observa-
ción de hasta qué punto las mujeres parecen moverse en ella
con más comodidad. Si se mueven más cómodamente en
sus escritos teóricos, es, presumo, porque tampoco se mue-
ven mal en la práctica, aunque no vean —o mejor dicho,
no articulen, pues, ¿por qué no concederles un poquito de
restricción mental?— su mecanismo de un modo tan claro.
Se trata evidentemente de abordar en este punto algo que es
del orden de la relación del deseo con el goce. Si nos remi-
timos a estos trabajos, parece que la mujer comprende muy,
muy bien que es el deseo del analista.
La restricción mental de la que habla Lacan no es un
défcit, sino una actitud cultivada que bien requiere
el analista. Y Carmen nos la muestra cuando en vez
de llenar de sentidos artifciales sus encuentros, sus
pacientes, escribe cómo ella misma se ve embarcada
en ese dolor ante el cual sólo puede aportar su pre-
sencia: “el sufrimiento de ese chico se hace mío, me
arranca un pedazo de alma, revive mis fantasmas y
a mí también me da miedo. No es con la fuerza que
tengo que responderle, sino con mi impotencia, con
mi perplejidad solidaria” (p. 121).
Finalmente, íntimo y personal, pero tendiendo
lazos sociales, Diario de la locura teje historias de
solidaridad en medio del carnaval de la locura de los
pacientes, la institución y la analista. Así encontra-
mos relatos como este:
Ayer Josefa se instaló en mi mente como una imagen fja, lo
que ella me transmitía era una especie de poesía que hablaba de
lo posible en lo imposible. La belleza que se desprende de su
rostro indígena y de su cuerpo deforme es inaudita. Josefa es un
monumento de Botero que se erige como un desafío. Como una
luz en la estética del horror.
Cuando entré a la sala “A” del hospital y me encontré con Jo-
sefa desnuda en medio de las demás pacientes que se disponían
a comer, la sala estaba en ebullición, algunas pacientes comían
ya, otras se habían ido a dormir, otras estaban en los excusados
situados a un extremo de la sala. Las enfermeras repartían pla-
tos, algunas pacientes tomaban sillas para sentarse en la mesa,
otras deambulaban alrededor del control y cantaban.
118
IMPRENTA PÚBLICA I MOISÉS HERNÁNDEZ CARRASCO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
Josefa grita y luego calla por largos tramos de tiempo. Tiene
la mirada fja y la mente absorta en escenarios privados; yo
me quedo mirándola, sin saber qué hacer. Josefa sigue allí,
inmóvil, con una tristeza y una angustia estática que ocupa
todo su voluminoso cuerpo. Su fgura es tal vez la más gro-
tesca del hospital, pero se mantiene erguida, mostrado su
cuerpo desnudo y vivo. Las enfermeras esperan que haga
algo, que suplique tal vez, pero ella hace caso omiso del es-
cenario circense que se abre para un público blanco. ¿Hacia
dónde va el corazón de Josefa?
Dentro de la sala todo está previsto, las enfermeras con-
trolan, vigilan, poseen todos los bienes posibles: son ex-
tremadamente limpias, tienen la comida, el papel de baño,
el jabón, la pasta de dientes, el agua… poseen también las
cuerdas para sujetar, pases para el TEC, escriben sus notas,
reportan… ordenan. ¡Come! Le han dicho. Josefa, que se
sabe libre, permanece desnuda y obedece, come su sopa fría,
se acompaña del kotex que le dieron sin nada para detenerlo;
se evidencia la pobreza y debilidad de los guardianes que no
pueden ser dueños de sí mismos, que dependen de la víctima
en todo momento y la asechan. Ella lo sabe y muestra su des-
nudez sin palabras. Sin nada más que ella misma plantada en
sus recuerdos, en su decisión de ser.
Las enfermeras, esclavas del checador, de la bata, de los
reportes, miran con bondad a la loca que controlan; y ella,
Josefa, no puede sonreír, no quiere, no con ellas. Me mira
y me explica que esta desnuda porque no le quisieron dar
dos kotex, uno para adelante y otro para la cola (su volu-
men lo amerita) y trató de colocarlo pero no tiene nada que
lo atore entre las piernas, me apena y me quedo pasmada.
Siento que su vida se ha quedado atorada allí donde pare-
ce comprenderlo, porque para ella la comida es lo primero.
Una enfermera le señala su plato a distancia, diciéndole: tu
comida está ahí. Ella camina desnuda con el kotex entre las
piernas para tomar el plato ya frío, va por él, no se resiste, su
dignidad me asombra, solo atinó a decirle lo bueno es que
hace calor, sí hace calor me contesta en su mal español y ríe
conmigo. Soy feliz cuando lo hace. Soy su cómplice en no sé
qué verdad que nos habita. Ella está y yo estoy, algo mágico
nos une y nos posee (pp. 68-69).
Íntimo y personal, pero solidario con quienes inter-
pelando a la psicoanalista posibilitaron su escritura,
Diario de la locura nos conmueve con sus palabras
locas. Y nos devuelve como un espejo la imagen de
otra locura, la de nuestras instituciones que ya sean el
hospital psiquiátrico o la comunidad psicoanalítica,
incentivan en nosotros la tranquilizadora ilusión de
ser “normales”, en contraposición a los “locos”.
Me congratulo por la publicación de estos escritos
de Carmen Tinajero y espero que Diario de la locura
pueda trastocar los modos en que nuestras vidas se
tejen aquellos a quienes llamados locos.
REFERENCIAS
Debroisse O. (2005), Fuga mexicana. Un recorrido por
la fotografía en México, Barcelona, Gustavo Gili.
Foucault, M. (2009), El orden del discurso, Mé-
xico, Tusquets.
García Canal, M. I. (2012), “Este sujeto no amerita
ya ninguna historia. Producción de una otredad”,
en M. Rufer (coord.), Nación y diferencia. Proce-
sos de identifcación y formaciones de otredad en
contextos poscoloniales, México, Itaca.
Lacan, J. (2004), El seminario: La angustia, Buenos
Aires, Paidós.
Lourau, R. (1989), El diario de investigación, Méxi-
co, Universidad de Guadalajara.
119
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
AMÉRICA LATINA COMO UTOPÍA O
LA LÓGICA DE LA potenciación
Javier Edgar Tapia Navarro
*
*
Profesor de la Universidad Salesiana en la Ciudad de México.
[Hugo Zemelman, Pensar y po-
der. Razonar y gramática del
pensar histórico, México, Siglo
XXI Editores, 2012.]
A
mérica Latina es una utopía, un nombre sin
sustantivo, una realidad sin territorio. Decir
América Latina es tratar de enunciar un com-
plejo campo de realidades, territorios e individuos
que se apropian de su entorno con la sincronía de sus
lenguajes; que con él se empoderan de su mundo.
Pensar y poder. Razonar y gramática del pensar
histórico se inscribe en el largo trayecto de pensa-
miento que el chileno Hugo Zemelman ha trazado,
desde los años ochenta del siglo XX, en dirección
a elucidar las condiciones de posibilidad de una
“epistemología del acontecer” en América Latina.
Los tratados o ensayos sobre identidad de lo nacio-
nal, la acción política o el porvenir socio-cultural,
son lugares frecuentes en la historia intelectual de
América Latina en los momentos en que la realidad
socio-política de sus sociedades se ha visto sacudi-
da por las armas. Muchos de esos escritos se leen
semestre a semestre en las universidades como ves-
tigios de la lucha entre un esfuerzo de autonomía
del pensamiento y una realidad desbocada. Ahí un
José Vasconcelos, un Samuel Ramos o un Octa-
vio Paz, obsequian sus acogedoras páginas de un
pensamiento muerto a generaciones estudiantiles
ilusionadas con la posibilidad de un porvenir del
pensar coterráneo.
Los lectores de Hugo Zemelman encontrarán, y
han encontrado, una mirada distinta que no sabe al
anacronismo de las lecturas escolares. Ahí no hay un
pensar con tal o cual fgura de nuestro panteón flosó-
fco o literario, o un pensar desde tal o cual rincón de
nuestra realidad tropical. El sociólogo chileno no trata
de colocarse como una de esas fguras esforzadas en
pensarnos y decirnos cómo somos o qué deberíamos
hacer para forjarnos como comunidad de destino. Se
coloca un paso atrás e invita a cuestionar las posibili-
dades epistemológicas de ese pensar. No es un pensar
sobre lo pensado, sino una inquisición de las formas
del pensar en América Latina que posibiliten una pra-
xis más originaria en la vida de nuestras sociedades.
En la obra el cuadrante de esos esfuerzos está tra-
zado por el lazo entre las categorías de sujeto, pen-
samiento, lenguaje y poder. La realidad del sujeto,
de un individuo, se inscribe en un acontecer históri-
co; su realidad forma parte de ese encadenamiento
de signifcados en la narración que llamamos his-
toria. La herramienta con que es tallado este sujeto
120
IMPRENTA PÚBLICA I JAVIER EDGAR TAPIA NAVARRO
METAPOLÍTICA núm. 82, julio - septiembre de 2013
histórico que es el lenguaje. Zemelman no trata de
obviar con esto la imposibilidad de narrar la histo-
ria sin el lenguaje, o de escribirla sin la escritura,
sino que está tratando de señalar que la historia es
una forma del pensar que no puede ser disociada del
lenguaje como entidad estructurante de la realidad
social. Todo sujeto que está inscrito en una realidad
histórica potenciará su pensamiento desde el lugar
en el que el lenguaje lo ha sujetado.
Que todo individuo es sujeto de una historia que
potencia su pensar es una premisa que debe leerse
sincrónicamente, por ejemplo, en los usos lingüísti-
cos de las comunidades indígenas de Chiapas. La par-
ticularidad de sus lenguas, más allá de sus diferencias
“formales”, radica en el estar ancladas a una realidad
histórica que se ha tejido de los lazos entre los indivi-
duos y la tierra, la selva, la divinidad, la producción,
etcétera. El signifcado de esas relaciones es producto
de la correspondencia entre sus condiciones materia-
les de existencia y el lenguaje, generando un tipo de
praxis concordante con esa realidad histórica.
Zemelman reactualiza la idea de que el lenguaje
es signifcado, pero al mismo tiempo es un empode-
ramiento del mundo. Lenguaje es poder, no como fór-
mula retórica de la política, sino como ecuación de lo
político. Recordemos que en su análisis de la condición
humana, Hannah Arendt parecía ya insistir en ello: la
politeia no debe enunciarse como un sustantivo, como
si fuera una cosa del mundo, sino como un verbo,
como una acción; el lenguaje es la forma en cómo un
individuo se empodera del mundo, se hace praxis. Para
Hugo Zemelman esta forma del lenguaje como praxis
no puede ser desanudada de una realidad histórica que
le da sentido, que la sincroniza con una narración en la
que pueden encontrarse el hacerse en el presente y la
prospectiva del futuro. Todo este mecanismo es sinte-
tizado por él con la categoría de potenciación.
La propuesta entera de Hugo Zemelman cobra sen-
tido bajo la óptica del pensamiento de la complejidad
que tan buena acogida ha tenido en América Latina
desde, al menos, hace cuarenta años. En su formula-
ción más simple las teorías de la complejidad cues-
tionan la posibilidad de pensar la realidad de manera
unitaria: no hay una historia, o un proyecto, o una
identidad, etcétera, de lo humano. Son sólo univer-
salizaciones originadas en una fase de la modernidad
que, haciendo paráfrasis de iluminismo de Immanuel
Kant, aspiró a construir una sociedad en la que cada
individuo es contemporáneo de todos los hombres,
una creatura cosmopolita, con una conciencia, una
ley y un proyecto unitario de humanidad. Las teo-
rías de la complejidad no desechan esta posibilidad
como forma de la utopía de la politeia moderna, pero
tampoco aceptan que su realización vaya a suceder
como resultado de una fraternidad universal. Más
bien reconocen que el discurso de la unicidad sólo es
posible en el marco de la diferencia. La unicidad, o
la universalidad, son categorías de referencia para un
mundo sincrónico habitado por los “otros”, y eso es
la complejidad: la unidad articulada en la diferencia.
Si lo pensamos desde la óptica de Ferdinand de
Saussure lo sincrónico no se contrapone a lo diacró-
nico, ambos forman parte de la compleja constitución
de una lengua. En lo sincrónico hay siempre un rastro
de lo diacrónico. De igual modo, como en una dialéc-
tica, la complejidad es una articulación de realidades
concretas, singulares, que se articulan a una unicidad
inaprensible.
Zemelman lo sabe bien. Por ello, en la categoría de
potenciación se ponen en juego las condiciones epis-
temológicas para pensar la realidad histórica como
una apropiación sincrónica del mundo hacia una pra-
xis efectiva de cada realidad latinoamericana. Amé-
rica Latina es el rastro diacrónico, el sustantivo que
unifca esa complejidad de realidades que obviamos
en un nombre. Se trata, sin duda, de una novedosa
formulación de la ambivalente utopía marxista en la
que el trabajo como motor del materialismo histórico
se vierte en las aspiraciones comunitarias. Que Amé-
rica Latina es una utopía signifca que sólo es apre-
hensible como nominación, como signifcante vacío y
unifcador de la diferencia, como referente aspiracio-
nal cuyo contenido universal se desvanece siempre
entre los dedos.