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SECUNDARIA ANÁHUAC

COLIMA
Antología de Mitos y Leyendas

Por: Ulises Jesús Lomelí Serrano

1°C

Profra: Janet Stephanie Martínez Moreno

Español 1

Colima, Col. a 5 de Octubre de 2009


• Índice
• Introducción 3
• Mito
• Concepto de Mito





• Leyenda
• Concepto de leyenda





• Conclusión

Concepto de mito
El mito ofrece una explicación de los fenómenos naturales o revive de episodios de la vida de los
antepasados, forma parte de la religión y de la magia.
Es la primera forma literaria creada por el género humano, surgió antes de la escritura, por lo que su
transmisión fue oral.
El origen de los individuos y el mundo que habitan, ha sido tema de preocupación del ser humano en
todas las mitologías, por ello surgen los mitos cosmogónicos que dan respuesta a esta inquietud.
Los mitos forman parte del sistema religioso de una cultura, la cual los considera historias verdaderas.
Su función es otorgar un respaldo narrativo a las creencias fundamentales de la comunidad.
Como los demás géneros tradicionales, el mito es en origen un relato oral, cuyos detalles varían a
medida que es transmitido de generación en generación, dando lugar a diferentes versiones. En las
sociedades que conocen la escritura, el mito ha sido objeto de reelaboración literaria, ampliando así su
arco de versiones y variantes.
Desde que en la Antigüedad grecolatina las explicaciones filosóficas y científicas entraron en
competencia con las míticas, la palabra mito se cargó en ciertos contextos de un valor peyorativo,
llegando a utilizarse de forma laxa como sinónimo de patraña, creencia extendida pero falsa: p.ej., la
sociedad sin clases es un mito comunista, o la mano invisible del mercado es un mito liberal. También
es común el uso un tanto laxo de mito y mítico (o leyenda y legendario) para referirse a personajes
históricos o contemporáneos (o incluso a productos comerciales) cargados de prestigio y glamour:
Charlot es un mito del cine mudo; los Beatles son un grupo mítico.
Como los demás géneros tradicionales, el mito es en origen un relato oral, cuyos detalles varían a
medida que es transmitido de generación en generación, dando lugar a diferentes versiones. En las
sociedades que conocen la escritura, el mito ha sido objeto de reelaboración literaria, ampliando así su
arco de versiones y variantes.
Las categorías de personajes del mito incluyen, entre otros, al héroe cultural, dios que mata o que es
envidioso, madre tierra, gigantes, etc. Uno de los medios más comunes de clasificación es mediante la
utilización de oposiciones binarias. Zeus y los titanes, blanco y negro, viejo y joven, alto y bajo son las
características que reflejan la necesidad humana de convertir diferencias de grado en diferencias de
clase.
Si bien los mitos parecen haber sido planteados originalmente como historias literalmente ciertas, la
dialéctica entre la explicación mítica del mundo y la filosófica y científica ha favorecido el desarrollo de
lecturas no literales de los mitos, según las cuales éstos no deberían ser objeto de creencia, sino de
interpretación.
Así, la lectura alegórica de los mitos, nacida en Grecia en la época helenística, propone interpretar a los
dioses como personificaciones de elementos naturales. Este empeño encuentra su continuación en
teorías posteriores, como la difundida en el siglo XIX por Max Müller, según la cual los mitos tienen su
origen en historias mal comprendidas sobre el sol, que ha sido objeto de personificación, convirtiéndose
en un personaje antropomorfo (el héroe o dios solar).
La lectura simbólica considera que el mito contiene un contenido veraz, pero no sobre aquello que
aparentemente trata, sino sobre los contenidos mentales de sus creadores y usuarios.
El hombre lobo

Todo comenzó en el invierno de 1993. Yo tenía 24 años y era una persona normal, joven y
alegre. Había viajado solo al pueblo de mis padres en Zamora para asistir al entierro de
una tía de mi padre que había fallecido a los 84 años de edad.
Llegué cuando todo había terminado. Pedí disculpas a mi abuelo por no poder haber
llegado antes, pero es que todo había sido tan precipitado. Las campanas tocaron a
muerte, y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Comenzaba a anochecer y el frio se notaba cada vez más; además había empezado a nevar. El pueblo
parecía ser un pueblo fantasma.
Me dirigía a casa de mi abuelo que está alejada de las demás casas, y entonces lo
escuché nítidamente.
Era un aullido, un tremendo aullido de lobo. Sentí un aliento fétido a mis
espaldas; me di la vuelta y entonces lo vi; era un tremendo lobo negro. Sus
ojos tenían un brillo asesino y sus fauces abiertas buscaron mi cuello.
En un instante se abalanzó sobre mí y me tiró al suelo. No podía zafarme, tenía mucha más fuerza que
yo. Sentí el primer mordisco y después escuché un disparo.
Cuando desperté me encontraba en casa de mi abuelo. El había sido el autor del disparo.
Pregunté por el lobo; y mi abuelo me lo enseñó. Allí estaba, muerto. Era un
ejemplar tremendo, quizás su peso llegara a los 70 kilos.
Me toqué el cuello; me dolía la herida que me había producido la terrible alimaña.

Mi abuelo me trajo la cena y al poco rato me fui a la cama y me quedé profundamente


dormido. Soñé con el tremendo lobo, me miraba, sus ojos eran claros y me sentí relajado.
Me desperté no sé a qué hora de la madrugada. Me seguía doliendo la herida del cuello. Me acerque a
un espejo para mirarme y entonces mi sangre se heló en las venas.

Me toqué las orejas y me di cuenta que eran puntiagudas; mis ojos ya no eran azules, sino
marrones y oblicuos, mi nariz era un largo y tremendo hocico, y
mis manos....
¡Dios, mis manos no eran manos, se habían convertido en unas horribles garras, garras
de lobo... Y mi cuerpo estaba lleno de un pelo duro y negro...

¡Me había convertido en pocas horas en un hombre-lobo... Era una locura;


una tremenda locura, pero así era; y ahora sentía unas ganas tremendas de
comer ¡carne fresca!
Escuché un ruido en la otra habitación; era mi abuelo que estaba roncando,
me acerqué a su cama, lo agarré por la cabeza y le mordí en el cuello; la sangre empezó a salir a
borbotones y yo comía su carne con tremendo apetito.
Después de esto, me acerqué a la ventana y miré la luna ¡Estaba llena y me miraba! Un aullido
lastimero salió de mi garganta.

Era la primera muerte de las muchas que tendría que llevar a cabo al haberme convertido
en un monstruo sediento de sangre y carne humana.

Me desperté con un dolor de cabeza increíble y un sabor agridulce en la boca. Me toqué con los dedos
la comisura de los labios y noté que tenía algo que parecía reseco; entonces me di cuenta de lo que
era. ¡Sangre!...
Miré a mí alrededor y vi que estaba totalmente desnudo al lado de mi pijama que estaba
tirado en el suelo y totalmente destrozado.
¿Qué extraños sucesos habían ocurrido la noche anterior?...
Fui a la habitación de mi abuelo. Lo que vieron mis ojos parecía una
pesadilla. Allí estaba el viejo o lo que quedaba de él; toda la habitación estaba ensangrentada. ¿Quién
había hecho aquella atrocidad?. La respuesta no quería aceptarla mi cerebro.

Han pasado ya dos meses desde aquellos terribles acontecimientos y cada plenilunio se repite el
mismo ritual. ¡Debo salir a buscar carne humana. He leído bastante en este tiempo sobre la licantropía,
esa tremenda enfermedad que me ha convertido en una bestia asesina; en todos los libros dice lo
mismo:
"Al hombre-lobo debe matarlo alguien que lo ame y sienta mucho cariño por él; y debe hacerlo
disparándole al corazón una bala de plata o en su defecto un cuchillo plateado"...

Diré también que en este tiempo he conocido a una muchacha; yo siento verdadera
pasión por ella y me parece que ella también siente lo mismo por mí. ¡Dios mío!, cada vez que hay luna
llena debo buscar cualquier pretexto para no verla todo ese tiempo.

Es una locura, pero debo decírselo, debo contarle en lo que me he convertido...


Ella lo comprenderá; será esta noche. Tengo preparado ya el puñal...
Esta carta se encontró al lado del cadáver de un joven con un puñal de plata clavado en el corazón.
Junto a él una joven que confesó haber sido la persona que lo había matado. El motivo....
"Dijo que aquella noche él se había convertido en un hombre-lobo"
El bosque de los suicidios
Una noche un hombre iba atravesando por un bosque, donde había ocurrido muchos casos de suicidio.
El bosque era tan enorme que apenas se encontraban los restos. El hombre
iba en coche, y con un poco de miedo, ya que conocía la fama que tenía ese bosque.

"Dios mío, no me extraña que vengan aquí a suicidarse, esto está más perdido que... eh, ¿qué es eso?"

Notó que había algo en la carretera y cuando estaba ya cerca vio que era una pareja
tendida en el suelo. La chica no se movía pero el chico estaba haciendo señal pidiendo
ayuda.

El hombre se bajó del coche y le preguntó: "¿Qué os ocurre, en un sitio


como aquí?"

"...Vinimos a suicidarnos... Nosotros queríamos casarnos, pero nuestros padres no nos permitieron por
eso vinimos aquí, pero estoy arrepentido, por favor llévanos a algún hospital..."

El hombre llevó al coche a la chica que no se movía y le ayudó al chico a subir. Corrió
todo lo que podía hasta llegar a un hospital más cercano mientras oía la voz del
chico..."¿Está lejos el hospital?...Por favor dese prisa..."

El coche llegó al hospital. "¡¡Socorro, por favor, hay dos que están muy
grave!!" El hombre explicó todo lo que había pasado mientras sacaban a los dos de su
coche. Parecía que el chico había perdido el conocimiento.

El hombre tuvo que esperar un buen rato hasta que salió el médico que examinaba a los
dos. "Doctor, ¿cómo están? ¿Se salvará la vida?"

"Siéntese... Vamos a ver, según lo que explicó los encontró en el bosque, ¿verdad?" "Sí"
"¿Hace cuánto tiempo?"

"Hará.. como una hora o un poco más..." "Y dice que habló con el chico." "Sí,
la chica no estaba consciente pero el chico me explicó lo que pasó y todo el camino me
estaba diciendo que corriera, que me diera prisa."

"Es que... es muy extraño... Los he examinado y los dos están muertos por lo menos desde hace 5
horas..."
La silla mecedora
"Yo vivo en una residencia de estudiantes y las habitaciones no es que tengan muchos muebles: dos
camas, dos armarios y una mesa con dos sillas. Como podréis
comprobar no vivo solo; comparto mi habitación con mi amigo Sergio. Pues debido a esa
escasez de muebles y de la amplitud de la habitación, un día que volvíamos de la
biblioteca, vimos en un contenedor una mecedora vieja que estaba chulísima y la pillamos.
Estuvimos meciéndonos en la calle y decidimos subirla a la habitación. No fue nada fácil hacerlo y
sortear al bedel, que un tío tope brasas. Pero con mucho arte lo conseguimos y dejamos la mecedora
en una esquina de la habitación y fue acumulando ropa encima de ella.

Pero una semana después, una noche que estaba estudiando, me pareció
ver que la mecedora se movia, era imposible, al principio pensé que sería una corriente de
aire o algo, y me levante a cerrar las ventanas, pero las ventanas ya estaban cerradas.
Pensé: 'serán imaginaciones mías', y me volví a sentar en la mesa, pero por el rabillo del ojo no podía
dejar de mirar la mecedora. Cuando me olvide del incidente, oi un ruido y me gire. Las cazadoras que
estaban en el respaldo de la mecedora habían caído al suelo. Me levanté a recogerlas y vi, esta vez
muy claramente, que la mecedora se movía, y no era por la inercia de haberse caído las chupas. Se
movía muy despacio, como si alguien se estuviese meciendo. Bajé corriendo a la sala de
TV a avisar a Sergio. Subió conmigo mientras repetía que serían cosas mías, y cuando abrimos la
puerta vimos la mecedora tirada en el suelo, de lado, y todas las ropas desperdigadas por la
habitación. Sergio dijo que vale, que muy buena la broma pero
que no se creía nada. Levante la mecedora y volvió a poner la ropa encima. Y nos fuimos a la cama. Yo
no podía quitar ojo a la mecedora pero finalmente me dormí.

De pronto me despertó un ruido, como un roce de algo con algo, y encendí la luz,
Sergio se despertó. 'Tío apaga la luz', dijo.' ¿No oyes un ruido?', le dije
nervioso. 'No, solo te oigo a ti dando la brasa', grito. Finalmente escucho el ruido. Era
como un roce. Buscamos de donde venia y vimos el llavero metálico que colgaba de la llave de la
cerradura balanceándose y pegando con la puerta de madera. Estábamos cagados de miedo mirándolo
y de pronto empezó a dar vueltas como loco, en círculo, como cuando das vueltas a una
cadena alrededor de un dedo, pero lo hacía solo y alrededor de la llave que estaba encajada en la
cerradura. Sergio se cabreo. Que ya valía, que muy buena la bromita; y yo:
'tío, que no soy yo'. Y de repente empezó a cerrarse con dos vueltas la cerradura. Clack,
clack. Clack, clack... Sergio dijo 'Vale, ya se, están cerrando con otra llave por fuera', y se
giro como diciendo 'aquí ya está todo arreglado', pero me empujo para que me girase. La
mecedora estaba moviéndose suavemente.
Estábamos que se nos salía el corazón por la boca. El ruido de la llave paro y el llavero se
dejo de mover, pero la mecedora se empezó a agitar de forma violenta..., mas y mas, mas y mas...,
hasta que se volcó.

Sergio abrió la puerta y salimos al pasillo. Decidimos no contarlo. Después de un rato


deambulando por ahí volvimos a la habitación, cogimos la mecedora y la bajamos al patio.

Al día siguiente el bedel pregunto en el comedor que quien había metido una mecedora en
el patio, que ya estaba harto de chorradas y que el próximo que armase alguna se la iba a ganar.
Cuando después de desayunar nos íbamos para clase vimos al diré de la resi ojeando la mecedora. No
sé si la habrá cogido."

Terror en el bosque

"Recuerdo la primera vez que pisé este bosque. Pasábamos el verano en


una casa en plena naturaleza. Era un pequeño pueblo alejado de todo y de todos.
Recuerdo que una vez me enfadé con mi madre y salí de casa a despejarme con el frío aire de la
noche.

Empecé a andar sumida en mis pensamientos y de repente me encontré rodeada


de árboles y demás arbustos.

Miré hacia todas direcciones pero era todo igual. El suelo era pedregoso pero
cubierto de verdín. No había ningún tipo de rastro del hombre. Ni arbustos aplastados, ni marcas de huellas en el
suelo. Estaba claro que hacía tiempo que nadie pasaba por allí.

Debería haberme envuelto el pánico, pues me había perdido en un bosque, literalmente dicho.
Pero, en cambio, me sentí arropada por esos árboles. Sus troncos eran gruesos y de formas retorcidas. El
aire formaba un silbido especial al chocar contra las largas hojas y la temperatura era idónea. Se
veían destellos blancos por todos los sitios pues la luna se filtraba por donde podía entre aquellas enormes
ramas. El aire frío contrastaba con la caliente temperatura y eso daba una sensación satisfactoria,
como si estuviera drogada por algo que no sabía que era. El silencio era sepulcral, no se oía nada excepto el
suave silbido del aire.

Empecé a andar y deseé quedarme allí de por vida. No pensaba en nada, simplemente andaba, disfrutando cada
partícula de esa maravilla. Entonces me invadió el sueño y me tumbé en el suelo. Aunque había
piedras me pareció el más confortable del mundo. Cerré los ojos y entre el aroma de fresca hierba me dormí.
Al día siguiente, me desperté en mi cama. Pensé que todo había sido un sueño, pues había sido
demasiado surrealista para que hubiera pasado en la realidad.
El sol brillaba en el pueblo, de modo que me decidí a dar un paseo con una mínima esperanza de
poder encontrar el lugar de mis sueños. Empecé a andar como el día anterior y lo encontré. No había sido un
sueño.

Paseé, esta vez con el sol filtrándose entre las ramas y dando un toque dorado que idealizaba más el lugar. Me
senté en el suelo y me quedé inmóvil. No hice nada, sólo respiré el fresco aire y
observé. Observé cuidadosamente durante largo rato. Para mí el tiempo se detuvo en ese momento. Tenía la
misma sensación que el día anterior, como si estuviera flotando. Pasaron las horas y sin quererlo se hizo de
noche. Volví a casa sin saber cómo.

Cada día de los siguientes iba a ese bosque. Me quedaba observándolo, paseando sus hermosos
caminos y saboreando su olor especial. Tantas horas pasé allí hasta que me absorbió por completo. A cualquier
hora deseaba estar allí. Tanto lo deseaba que me desconcentraba y no prestaba atención a mis
padres. No podía vivir sin ese bosque. Sentía que me faltaba el aire si no iba allí.
Así que una noche me escapé y volví.

Entonces me senté en el suelo como siempre y empecé mi meditación diaria. Pero ese día no iba
a ser como los demás. De repente todo se volvió diferente. Lo primero que sentí fue
la temperatura. Ese aire cálido que antes flotaba se convirtió en uno gélido que me dio escalofríos
por todo el cuerpo. El olor ya no era de hierba fresca si no de algo repugnante, como podrido. Me levanté y
observé intentando averiguar que le pasaba a mi bosque. Pero una sensación de
terror me envolvió, ya que no me pareció seguro sino todo lo contrario.

Me entraron ganas de salir de allí, así que empecé a andar a paso ligero hacia la salida. Pero después de andar
un largo rato, volví al mismo lugar. Me entró el pánico, pues mis ganas de dejar ese
bosque aumentaron, de modo que empecé a correr.

De repente algo me cogió del tobillo y me caí. Mientras mi labio sangraba me levanté dispuesta a
correr todo lo que podía. Y así lo hice. Mientras corría, el silbido del aire se convirtió
en aullido, los troncos de retorcidas formas parecía que me observaban con cruel aspecto y cada vez me costaba
más correr. Y llegué al mismo sitio. El agotamiento se unió a mi desesperación e hice un último esfuerzo. Corrí lo
más que pude hacia otras direcciones mientras el bosque me gritaba en los oídos y el
aire frío me helaba los huesos. De repente, las piernas se me paralizaron y con un
gemido caí.

Levanté la vista con mi labio sangrante y observé que enfrente de mí se erguía un gran árbol idéntico a sus
compañeros. Me quedé mirándolo y no sé cómo, en ese momento supe que nunca saldría de ese
bosque. Un imán muy fuerte me atraía hacía ese árbol y en un momento sus formas retorcidas de empezaron a
mover con un ruido ensordecedor, abriéndose como una flor en primavera. Esa fuerza me atraía
más y más hasta que me encontré dentro del árbol. Sus formas entonces se empezaron a cerrar hasta que
todo fue oscuridad. Estaba dentro del árbol. Se hizo el silencio.

Mis lágrimas recorrían mi rostro mientras yo golpeaba en todos los sitios son todas
mis fuerzas. Hasta que un dolor indescriptible se apoderó de mi cuerpo. Me paré sobresaltada. Empecé a
sangrar más de mi labio. Me dolía todo. Entonces grité y salpiqué sangre que salió de mi garganta.
No sabía que me pasaba. Mis lágrimas se habían tornado rojas y mi nariz sangraba a borbotones.
Me ahogaba. De repente me quedé inmóvil.

Ahora podía ver dentro de mi tronco de árbol tras una cortina púrpura que ocultaba
mis ojos. Sabía que ese iba a ser mi hogar para siempre. Sigo aquí. Mi antigua personalidad no se ha muerto del
todo. Aunque forme parte de este bosque y sea su máxima aliada, aun tengo
recuerdos de mi vida anterior. Mis padres, el pueblo y mis agradables visitas a
este bosque antes de que me mostrara su verdadera cara. No sé cómo, puedo
observar el resto del bosque por si viene alguien que pueda acompañarnos. Le engañaremos
hasta que sea demasiado tarde.

Le atraparemos como me atrapó a mí. Y así viviré hasta que a este árbol se le acabe la vida y con
la suya la mía también."

La planchada
Una de las versiones de cómo ocurrieron los hechos que dieron origen a la leyenda narra que
una enfermera de nombre Eulalia entró a formar parte del personal de un
hospital civil, y en poco tiempo se ganó la simpatía y el afecto
del personal médico y administrativo.

La joven enfermera era de buena presencia, y vestía su ropa siempre con


una blancura impecable, y muy bien almidonada y planchada.

Era entregada a su vocación por atender a los pacientes, en una ocasión el Director del
hospital llamó al personal porque iba a presentar a un médico de nuevo
ingreso, pero sin embargo ella no acudió al llamado porque se encontraba atendiendo a un paciente.
El médico recién llegado se llamaba Joaquín, era joven y recién egresado, y después de un corto
tiempo en el hospital se rumoraba que era orgulloso y envanecido. Cierto día
se le encomendó a la enfermera Eulalia que auxiliara al Doctor Joaquín, quien iba a extraer
una bala a un paciente que llegaba de urgencia.
Dicen que Eulalia quedó impactada al conocer al Doctor Joaquín, y que después de colaborar con el
mencionado médico no dejaba de hablar de sus ojos y de lo bien parecido que era. A pesar de que
muchas personas le recomendaron que no se enamorara del galeno, en poco tiempo se hicieron
novios, aunque la relación no era equitativa: ella le entregaba todo su amor y él era fanfarrón, y
coqueteaba con otras enfermeras.
Pasaron meses e incluso más de un año, y el Doctor Joaquín le dijo que se casarían. Ella se emocionó
mucho y comenzó a ilusionarse con la boda.
Un día, él le pidió que le guardara un traje de etiqueta porque iba a ir a una elegante recepción al día
siguiente. Ella accedió, y así al otro día en la visitó en su casa, donde se cambió y al terminar
conversaron un rato. Eulalia le comentó que había olvidado mencionarle que a la mañana siguiente iba
a salir temprano de viaje pues tenía un seminario al norte del país que duraría 15 días.

A la enfermera Eulalia le extrañó un poco que no le hubiera mencionado


nada Joaquín acerca del viaje con anterioridad, pero le deseó buen viaje y se despidió del él.

A la semana, ella ya lo extrañaba mucho, y un enfermero del hospital conversó con ella y
le confesó que tenía interés de que ella lo acompañara a una fiesta, pero ella le dijo que
no podía hacerlo, pues estaba comprometida con el Doctor Joaquín, a lo que él le respondió que cómo
iban a estar comprometidos si él se acababa de casar y estaba en su viaje de bodas, además que
había renunciado a su trabajo y se iba de la ciudad.

La enfermera Eulalia no pudo evitar sumirse en una profunda depresión por el engaño en
el que había sido víctima. Dicen que comenzó a llegar tarde al trabajo, descuidó a algunos enfermos, e
incluso hay quienes mencionan que se le llegaron a morir por su desatención.

Pasó el tiempo, y ella cayó en cama por una enfermedad que la llevó más
tarde a la tumba, en el mismo hospital donde trabajaba.
Después de un tiempo, comenzaron a suceder hechos extraños, como que
una mañana un paciente que estaba grave amaneció muy bien, y le dijo a la enfermera:
-Gracias por sus ciudades, la medicina que me dio me mejoró mucho.

Sin embargo, la enfermera no había ido en la madrugada.

En otra ocasión, una paciente también mencionó que una


enfermera vestida con ropa muy bien almidonada había ido durante la noche a darle unas pastillas.

Así comenzaron a ser comunes las narraciones de las visitas de la fantasmal enfermera a
quien llamaron desde entonces "La Planchada". El personal del hospital se
familiarizó con las apariciones de Eulalia, quien en las noches circulaba por los pasillos, entraba a los
cuartos, y nadie duda que hasta haya sido auxiliar en alguna de las de cirugías.

El día de hoy todavía sigue escuchándose de vez en cuando que alguien comenta sobre una visita de
la enfermera, con su vestido largo, blanco y perfectamente almidonado y esto no ha sido solo en el
Hospital Juárez, sino en otros nosocomios de la Ciudad de México.
Concepto de leyenda
Leyenda es una narración oral o escrita, con una mayor o menor proporción de elementos imaginativos y que
generalmente quiere hacerse pasar por verdadera o basada en la verdad, o ligada en todo caso a un elemento de la
realidad. Se transmite habitualmente de generación en generación, casi siempre de forma oral, y con frecuencia
experimenta supresiones, añadidos o modificaciones.
Una leyenda está generalmente relacionada con una persona, una comunidad, un momento, un lugar o un
acontecimiento cuyo origen pretende explicar leyendas etiológicas. A menudo se agrupan en ciclos alrededor de un
personaje, como sucede con los ciclos de leyendas en torno a Robin Hood, el Cid Campeador o Bernardo del
Carpio.
Las leyendas contienen casi siempre un núcleo básicamente histórico, ampliado en mayor o menor grado con
episodios imaginativos. La aparición de los mismos puede depender de motivaciones involuntarias, como errores,
malas interpretaciones (la llamada etimología popular, por ejemplo) o exageraciones, o bien de la acción
consciente de una o más personas que, por razones interesadas o puramente estéticas, desarrollan el embrión
original.
Cuando una leyenda presenta elementos tomados de otras leyendas hablamos de "contaminación de la leyenda".
Forma narrativa simple, bastante semejante a la tradición, aunque se diferencia porque su elemento
predominante es lo poético, lo irreal o sobrenatural, mientras que en la tradición es lo costumbrista.
Puede estar escrita en prosa o en verso, pero su misma esencia parece serle más idóneo este último;
de igual modo los personajes a los que se refiere pueden ser tanto históricos como ficticios, pero los
hechos mismos carecen de historicidad. La leyenda tuvo sus orígenes y gran auge en la antigua Grecia,
principalmente a través de la mitología. Ya desde entonces el género era de marcado contenido
religioso. Lo distinguía también su sentido fatalista, trágico encarnado en seres que sucumbían en una
vana lucha contra el destino o contra los Dioses.

Sus principales características son:


* Texto narrativo breve, forma simple
* Se recogen de distintas localidades en donde circulan relatos o escritores que recogen tradiciones
anteriores.
* El narrador suele utilizar las siguientes frases para expresarse: “me contaron que”, “Cuenta la leyenda
que…”
* El autor recoge la cultura, el narrador es la voz que aparece en el relato.
* Lugar y espacio fijos
* Tiempo fluctuante
* Presenta elementos simbólicos
* Están marcadas por un destino que se va a cumplir
* Espacios por lo general naturales ya que cuentan de un fenómeno que ya existe (una laguna, un
árbol, etc.)