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S

POR KARINA CASARES

ábado 14 de octubre
de 2006,17 hs. Una
convocatoria
mediática a los
dueños de perros callejeros
o "raza perro¨ de la ciudad
de San Juan para que
concurran con sus mascotas
a la plaza Aberastain, la
más antigua y céntrica de la
ciudad. Lo que no saben es
que con su participación
habrán formando parte de
una acción artística de
intervención urbana que
consistió, según lo explica la
fotógrafa Adriana Miranda,
en "presentar en sociedad a
la "raza" y fotografiar a cada
perro para hacer con esta
información un banco de
datos que luego pueda ser
consultado en Ìnternet por
todos los amantes de los
canes¨. La preocupación
inicial de la artista se vincula
con la castración de estos
animales callejeros y su
notable merma a partir del
avance de mascotas con
pedigrí.
Presentar en sociedad a
la "raza¨ revela un gesto
artístico que, en este caso,
puede ligarse a la
clasificatoria biológica, ya
que la fotógrafa encuentra
en la región dos razas de
cánidos con características
bien definidas: el "Delafer
andino¨ (de la feria) y el
"Delmer andino¨ (del
mercado). Esta convocatoria
resume tanto la
comprobación de su
hipótesis como la
oportunidad de hacer el
relevamiento de los
individuos, mientras
extiende certificados a sus
amos.
Es que Adriana Miranda,
sanjuanina actualmente
residente en New York,
descubrió que San Juan se
volvió una ciudad
transgénica, en la que ni la
arquitectura ni los hábitos se
identifican con el clima y las
características de la
provincia, sino que, por el
contrario, son copiados de
otras latitudes. "Ya ni
siquiera abundan las
bicicletas en las calles,
como antes. Lo que sí
permanece y hace especial
a la ciudad (porque no se ve
en otro lado), son los perros
callejeros", dice.
Este detalle es el que
sirvió de base para iniciar
una investigación y un
relevamiento fotográfico que
le llevó a la artista casi dos
años de persecución de
perros. Y así nació "El
espacio de acá", tal como
ha llamado a la obra
artística que culminó en el
"Primer Congreso del
Delmer Andino¨ y que
pretendió ser además la
oportunidad de acercar a los
criadores para que se
conozcan y puedan
reproducirlos entre sí,
perpetuando la especie.
Con este proyecto de
investigación e intervención
urbana, expuesto en la
edición 2010 de ArteBA
junto con otras cuatro obras
seleccionadas, Adriana
Miranda cosechó el primer
Premio ArteBA-Petrobrás de
Artes Visuales 2010, premio
incentivo no adquisición de
50.000 pesos.
La exhibición de "El
espacio de acᨠtomo la
forma de un panel en L que
cerraba el espacio
destinado a los proyectos
seleccionados para el
premio Petrobras en su 7ª
edición. La "obra¨ se
materializó entonces como
una recopilación de
documentos y registros
sobre las razas caninas
"descubiertas¨ por la artista
y la convocatoria llevada a
cabo tiempo después. Estos
registros, algunos
fotográficos, otros como
dibujos bocetados de perros
en distintas posiciones o
documentos oficiales, notas
aparecidas en el Diario de
Cuyo e, incluso, un pequeño
monitor donde se
reproducía la entrevista a
Miranda en un programa
para la televisión local (todo
ello punteado por textos
explicativos), claramente no
se propone como una obra
de arte convencional. No se
estetizan los registros
fotográficos, los documentos
o los textos; todo estuvo
dispuesto e impreso sobre
un foamboard blanco, como
si de un congreso científico
se tratara. Ìncluso el énfasis
en la reproducción de los
documentos aumenta la
sensación de distancia del
público en relación al hecho
concreto
En el reverso del panel se
encontraba el texto
producido por el director del
premio, Rafael Cippolini. Allí
se destacó que todos los
proyectos seleccionados por
el jurado en esta edición
2010 estuvieron marcados
por la performática, la
ficción y el movimiento, así
como por la "graciosa e
inevitable argentinidad¨.
También señaló una
intencionalidad de la obra
de Miranda en "incomodar
los criterios reinantes de
estética y pedigrí¨.

CLAVES DE LECTURA
PARA LA OBRA DE
ARTE
CONTEMPORÁNEA
Hasta acá todo parece
tener sentido. O no, porque
la mayoría de los
espectadores no terminó de
entender que esta
recopilación de documentos
tiene que ser "leída¨ como
una obra de arte.
Ciertamente, el público que
se expone a esta obra, para
comprenderla y poder
reflexionar sobre su
propuesta, tendrá que
recuperar -a través de los
datos que se le brindan y
que parecen fehacientes- la
acción de la artista que
transcurrió hace ya 4 años.
Y, como vimos, la artista no
parece tener la intención de
disponer los registros
"estéticamente¨.
Es decir, no podemos
vincularla con obras que
proponen un montaje
estilizado de los registros
documentales, como es el
caso de algunas de la artista
francesa Sophie Calle. Este
trabajo se encuentra más
bien relacionado al tipo de
acciones/happenings/instala
ciones efímeras y precarias
del argentino-tailandés
Rirkrit Tiravanija, como sus
famosas -y aún
desconcertantes - comidas

1- Fotografía que ilustra el proyecto
en el catálogo ArteBA 2010
2 y 3- Fragmentos de la obra
tal como se presentó
en el espacio para los
seleccionados de la 7ª edición del
premio ArteBA-Petrobras
Artes Visuales






LA MODERNÌDAD RECOBRADA

Desde fines de los años '90 los teóricos especulan sobre las nuevas
formas de hacer arte en la contemporaneidad. Ìntentan explicar el
fenómeno sobre la marcha e incluso hacen prospectiva. No es
ocioso, porque los espectadores están cada vez más desorientados
ante lo que encuentran exhibido en algunos circuitos de arte. Uno de
los espacios privilegiados para el desconcierto es el Premio ArteBa-
Petrobras Artes Visuales. Este año, su ganadora presentó un
proyecto de investigación sobre los perros callejeros de su ciudad
natal.
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llevadas a cabo en las
galerías.
El espectador de esta
obra -que tampoco puede
ser inscripta en el
conceptualismo- se
encuentra en problemas
para decodificarla, a menos
que cuando recupere la
acción de la artista perciba
cómo ella genera un
espacio vincular entre los
habitantes de la ciudad de
San Juan, cada vez más
transurbana. O quizás,
cómo redefine la identidad
tanto de los perros que la
pueblan como de sus
habitantes y les devuelve la
singularidad que han ido
perdiendo en la serialidad
de las ciudades del mundo.
Una reflexión que el público
podrá trasladar a su propia
vivencia de la vida urbana y
a los vínculos entre aquellos
que las transitan.
Si reflexiona en esta
dirección encontrará
referencias de este tipo de
obras (como las del ya
nombrado Tiravanija) en lo
que se conoce desde los '90
como arte relacional,
denominación acuñada por
el curador francés Nicolás
Bourriaud para describir ese
conjunto de prácticas
artísticas que toman como
punto de partida teórico y
práctico el conjunto de las
relaciones humanas y su
contexto social. Arte que
pretende crear modus
vivendi que posibiliten
relaciones sociales más
justas, modos de vida más
densos, combinaciones de
existencia múltiples y
fecundas, que busca
construir espacios
concretos. La obra de arte
relacional nace de la
observación del presente,
de la reflexión sobre el
destino de la actividad
artística y se vincula a su
vez con una problemática
del tiempo y el espacio: ¿la
obra artística se presenta
siempre necesariamente
como un objeto perdurable o
puede ser también una
acción efímera que pervive
como información?

¿UNA NUEVA
MODERNÌDAD?
Los teóricos de la estética
y los historiadores de arte
coinciden en fechar en los
'90 el cuestionamiento del
paradigma posmodernista,
dominante desde fines de
los '70 hasta entonces.
El historiador alemán
Andreas Huyssen plantea
incluso que la estética
posmoderna es de
procedencia eminentemente
norteamericana y que toma
forma por primera vez con el
pop de los '60, en
contraposición a las
prerrogativas de los
altomodernismos europeos.
Para el autor, desde el
principio el vanguardismo
posmodernista
norteamericano estuvo al
borde de ser una cultura
afirmativa que neutralizó la
capacidad de crítica cultural,
crítica que la vanguardia
histórica ejerció desde
siempre.
Modernidad después del
posmodernismo es el libro
que Huyssen presentó a
mediados de este año en el
Auditorio del Malba-
Fundación Costantini. Allí
sugiere que los pasados
diferentes de cada
comunidad son los que
condicionan las formas en
que esas culturas
particulares han negociado
el impacto de la
modernización desde el
siglo XÌX y la subsiguiente
difusión de medios y
tecnologías de
comunicación, así como el
consumismo, propios de a
actual etapa de
globalización. Esta nueva
etapa sería a la vez una
continuación y algo distinto
de la anterior modernidad
que produjo la cultura del
modernismo. Sus
reflexiones pretenden
situarnos en un espacio
cultural que se alimenta de
lo local, lo nacional y lo
global, englobando a los
tres como espacio de la
modernidad y su geografía
imaginativa.
Huyssen no es el único
que destaca esta vuelta de
tuerca a los valores de la
modernidad, con el
consiguiente aprecio por lo
local, las singularidades
propias de las culturas no
europeas y la apropiación
por parte de los artistas de
los espacios sociales
vinculares no explotados por
el capital global (porque no
se consideran redituables).
Para Bourriaud, que
plantea el comienzo de una
era altermoderna ÷ "alter¨
remite tanto a la noción de
alternativa como a la de
multiplicidad-, los artistas
abordan su trabajo desde un
punto de vista triple, a la vez
estético, histórico y social,
inspirándose sobre todo en
los procesos flexibles que
rigen la vida en común. Ya
que la utopía se vive hoy en
la subjetividad de lo
cotidiano, la obra de arte se
presenta como un intersticio
social: parece más urgente
inventar relaciones posibles
con los vecinos en el
presente que esperar
tiempos mejores.
Puede ser sin embargo
que ninguna de estas
consideraciones estéticas
bienintencionadas nos
estimule lo suficiente para
apreciar la intervención
urbana de Miranda como si
de una obra artística
convencional se tratara. Las
instituciones tradicionales
de arte siguen
resistiéndose, tanto como el
público, a frecuentar este
tipo de propuestas. Por esta
razón lo usual es que
circulen como proyectos
para premios otorgados por
empresas privadas, como el
ya mencionado ArteBA-
Petrobras o, en el exterior,
el Premio Turner.
Eso no quiere decir que
los artistas hayan dejado de
hacer obra para las
colecciones museísticas o
los circuitos tradicionales.
Sin ir más lejos, fotografías
de Adriana Miranda forman
parte de la colección Malba-
Fundación Costantini desde
el 2004.
Baudelaire entendía la
modernidad como lo
efímero, lo fugitivo y
contingente, "aquella mitad
del arte cuya otra mitad es
eterna e inmutable¨. ¿No
estaremos hablando, desde
fines del siglo XÌX, de la
misma modernidad?




























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