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El problema Nietzsche es un problemazo como bien saben.

Se demoraron décadas para


introducirlo en el pensamiento occidental fundamentalmente porque un escritor que no
tiene sistema o una arquitectura de pensamiento es difícil de asimilarlo en una historia
tradicional de la filosofía; además incluso, aquellos que se dejaron atrapar por su
encanto: los grandes escritores, artistas, las vanguardias intelectuales y artísticas de la
Europa del siglo XX percibieron el peligro Nietzsche. Me limito a dos citas: una de
Thomas Mann. Ustedes saben bien que Thomas Mann devoro toda la obra de Nietzsche,
se inspiro mucho en la obra de Nietzsche; desde sus ensayos teóricos, consideraciones
sobre lo apolítico, hasta el “Doctor Fausto”. Sin embargo al final de este largo
enfrentamiento con el pensador de Rockeen, Thomas Mann dice: “Quién toma en serio
a Nietzsche, quién le cree al pie de la letra esta perdido”. Al mismo tiempo, otro
testimonio de este encanto Nitzcheano podría ser Mussil; con su gran novela inacabada
“El hombre sin atributos”. Mussil que recibe mucho de la obra de Nietzsche ya que en
su novela se reconocen muchos rasgos Nietzscheanos; Mussil escribe algo muy
interesante desde el punto de vista metodológico y muy, muy contundente según Jung,
escribe: “Hay pensadores como Kant que son verdaderos o falsos; Epicuro, Marx y
Nietzsche no son ni verdaderos ni falsos; o son vivos o están muertos”. Y en este
sentido creo que Nietzsche esta mas vivo que nunca. El problema es que los temas que
nos brinda son a la vez encantadores y peligrosos. Me limito a algunas publicaciones. El
catador es su diagnostico del Nihilismo: vive del análisis al temor de la vida anónima y
cosmopolita del mundo moderno occidental. Es encantadora toda su enseñanza de la
sospecha, todo el análisis a la lucidez. A este ejercicio constante del pensamiento que es
semejante a la tentativa de mirar a través del vidrio, como a su vez poder ver él mismo.
Es encantador su teoría de lo apolíneo y dionisiaco, es encantador El Zaratustra: una
obra chamanica por así decirlo. Al mismo tiempo hay algo como -lo quiero plasmar de
una manera políticamente correcta - el derecho a la excelencia o mejor dicho al
superhombre. Uno tiene derecho a la excelencia.

Hay al mismo tiempo esta idea que quisiera formular así: “los hombres son mucho
menos iguales de lo que dicen y mucho mas de lo que piensan”. Esta idea no es
políticamente correcta y Nietzsche es un triturador poderosísimo de esta idea (los
limites de la democracia). Entonces, ¿Qué hacemos con este monstruo? Creo que lo que
se ha visto en la historia de la fortuna de Nietzsche es que la cara destructora,
descontorsionista, la doctrina de la sospecha, la excepción francesa ha dominado esta
misma; lo difícil en el caso de Nietzsche es apropiarse de sus rasgos positivos; de la pax
controir, esto me parece que choca en contra de la sensibilidad del hombre moderno y
por eso tomo el aforismo de Nietzsche para ver si es posible recuperar no solo el
destructor, sino también el Nietzsche que intenta un contra movimiento: contra el
agotamiento de los valores tradicionales, de los recursos simbólicos del hombre
contemporáneo. En este sentido Nietzsche es un diagnostico muy lucido de nuestra
situación: “El hombre contemporáneo se encuentra en una situación de incertidumbre y
precariedad. Nuestra condición es similar ha un viajero que ha caminado tan solo por la
superficie del agua, pero que con el cambio de temperatura advierte que la tranquilidad
desaparece y se va despedazando en miles de pedazos”. Ergo. La superficie de los
valores y los conceptos tradicionales esta hecha añicos y la continuidad del camino
resulta difícil. Nietzsche en este sentido nos ayuda mucho en el diagnostico del camino
que nos espera y nos brinda intuiciones, nos sugiere perspectivas a través de la cual
podemos encontrar otras nuevas alternativas y recursos simbólicos de la cual la
tradición se ha quedado con nada.
Creo que hay un punto fundamental que él elige como subtitulo en su autobiografía que
nos brinda una educación interesantísima. Espero que la mayoría conozca Ecce Hommo
“Wie man wird, was man ist” (Cómo se llega a ser lo que se es”). Entonces, me permito
tomar esta máxima “Llega a ser lo que eres” como punto de partida para algunas
consideraciones en torno de la obra de Nietzsche y de la posibilidad de sacar provecho
de sus aforismos. Además, este Sauro raptado por la demencia en el camino a Damasco
la toma como filigrana para su desesperada autobiografía, escrita en el febril año de
1888 y publicada póstumamente en el año de 1908. Sin embargo, como es bien sabido,
no fue Nietzsche quien acuño la máxima, la cual se encuentra más bien en Vinder; un
poeta de Ostia que en el siglo V a.C. celebra el real transito de la valentía moral y
estética. Asimismo en una obra posterior en el año de 1472 a.C. dedicada a los atletas
que se entrenan cotidianamente para llegar a la forma, para superar sus límites,
desarrollar todo su potencial en los juegos, Vinder dice: “llega a ser el que eres
aprendiendo”.

Es suficientemente mencionar que los clásicos griegos: Sócrates, Platón en “La


Republica”, en “La Gorgia”, Aristóteles en el ultimo libro de la “Ética Nicomaco” y
más tarde Los Estoicos; retoman la máxima y la universalizan como regla de la
existencia en su conjunto, para una regla en la estética de la existencia interpretando de
nuevo la vida “agonisticamente" en el sitio griego de Agon, como una competición al
que es menester prepararse y explicando en qué sentido el hombre si quiere conseguir
su cantidad, la cantidad del alma y su felicidad debe; cito: “coincidir consigo mismo”.
La autorrealización del hombre consiste en atenerse a si mismo, consiste en seguir su
propia naturaleza; “propiam nostram secura secualom”; nos incita hacer esto Cicerón en
el Neofitis. La parte conceptual en metafísica para semejante doctrina es otra teoría
fundamental; las así llamada “Doctrina de la Oiqueyosis”; un concepto de “la Oicos: la
casa propia”, que indica la tendencia connatural en cada ente a mantenerse en su sitio;
mejor dicho: “aconsejar su propio carácter”, lo que viene a expresar una tendencia a la
auto conservación y autoafirmación propia de cada ente. Por supuesto, esta idea de
“llegar a ser lo que uno es” implica más que la sencilla conservación del propio ser;
alude a un querer ser, alude a una elección de vida, a una forma de legislación de la
propia existencia, a completar la naturaleza que tan solo uno potencialmente tiene y que
como tal no es una posesión conquistada una vez para todas, sino una tarea por cumplir.

La pregunta es: ¿Cómo llega uno a ser él o lo que es? ¿Quién y qué somos? ¿Cómo
podemos saber lo que somos? ¿Y si somos aquellos que somos sin poder elegir y decidir
lo que cada vez somos, cómo podemos encontrarnos a nosotros mismos arrogados en la
vastedad en la que nos encontramos? En la filosofía que precede a Nietzsche hay
autores interesantes que se ocupan de esta regla; Herder por ejemplo; en el marco de su
doctrina de “la perfectibilidad del hombre”, en sus cartas para “la solución de la
humanidad”. Después Kierkegaard en “la costilla conclusiva no científica”; plantean el
problema de la autorrealización del hombre en un acercamiento permanente a si mismo
poniendo esta cuestión en el centro de la Ética. Nietzsche elige a comienzos de su
carrera filosófica este principio como se puede leer en una carta emitida a principios de
1867; la máxima como máxima de su vida y al final en Ecce Homo la pone como
subtitulo de su autobiografía.
En realidad, desde el primer momento, Nietzsche aplica la máxima a su vocación de
escritor; en tan solo a la misma y cuando descubre poco a poco esta vocación trabajando
en su estilo para después en su fase de la Filología Clásica a La Filosofía (Filología
Clásica en la que pone sus juveniles esperanzas de renovar la cultura Alemana de la
época), reflexionando sobre el sentido filosófico del “llegar a ser lo que es”. Si nos
atenemos a sus declaraciones de la época, debemos minimizar la importancia del
precepto, sin embargo, es posible también universalizarlo aplicándolo a la vida como
máxima general del comportamiento; si tomamos en cuenta otras declaraciones al
respecto; por ejemplo: en “Humano Demasiado Humano”, donde escribe en un sentido
más general que del sentido estilístico: que “cada uno tiene un talento innato, pero tan
solo pocos tienen el grado de resistencia y energía para transformar el talento potencial
en un talento efectivo”. En este sentido, el motivo del “llegar a ser lo que uno es”
suscita consideraciones filosóficas de principio y la máxima puede ser interpretada en el
marco, digámoslo así; con tres conceptos para mí fundamentales de: filosofía práctica,
sabiduría de la vida y finalmente de una estética de la existencia.

“Si el hombre es un animal no capturado, todavía no definido, todavía no determinado”,


como escribe Nietzsche en un fragmento de la primavera de 1884 y retomado
posteriormente; se abre un espacio de posibilidades de acción en las que hay que tomar
una elección de vida y sus decisiones correspondientes. “Siendo el hombre un animal
imperfecto”, como ya Platón nos explica, “Siendo el hombre un animal pobre en
instintos” como también nos indica Herder; en el sentido de que no tenemos una guía
natural reciente para orientar su comportamiento; el hombre experimenta cada situación
de su vida, cada decisión, cada circunstancia en la que debe actuar como problema. Su
comportamiento esta expuesto simultáneamente a dos extremos igualmente peligrosos:
la espantosa naturaleza de sus funciones y la infinidad de sus agonizaciones. La vida
humana entonces debe tomar posición frente a si misma, ser responsable de si llegando
a ser lo que potencialmente es, pero en el momento no lo es. Debe hacerse cargo de la
insoportable levedad del ser.

Siendo algo la vida humana que todavía no es; siempre abierta, siempre inacabada. Es
posible pensar a algo como la perfección de lo imperfecto, del acabarse de lo que por
naturaleza es inacabado. Este ser que mientras es, todavía no es. En este sentido, la vida
que cada vez se proyecta más allá de lo que justamente se encuentra, y se caracteriza
por una particular exposición al futuro de decidir y una exposición a una inclinación
connatural a caer. La vida tiende a mentirse a si misma y a perderse mas bien que a
encontrarse, pero a la vez, según una conducta de vida que ella misma elige.

A.S.