Está en la página 1de 5

Tema 3

Inteligencia Emocional

Competencias Emocionales
Manifestaciones emocionales y control emocional
Cerebro emocional

1.- Inteligencia emocional.

Goleman (1995) define la inteligencia emocional como la habilidad que tiene el ser
humano para ser capaz de motivarse y persistir frente a las decepciones; controlar el
impulso y demorar la gratificación, regular el humor y evitar que los trastornos
disminuyan la capacidad de pensar; mostrar empatía y abrigar esperanzas. (pag 54)

Otros autores como Rivera definen a la IE como un conjunto de habilidades y


competencia que determinan la conducta del individuo, sus reacciones, estados
mentales, entre otros. Mayer y Salovey (1990), quienes acuñaron el término de IE; la
describen como “una forma de inteligencia social que implica la habilidad para dirigir
los propios sentimientos y emociones y las de los demás, saber discriminar entre ellos, y
usar esta información para guiar el pensamiento y la propia acción”.

Como antecesores del estudio sobre la IE, tenemos al psicólogo Edward Thorndike
(1918) citado por Mestre, Carrera y Guil (2003), precursor en el concepto de IE, quien
la definió como la habilidad para comprender y dirigir a los hombres y mujeres,
muchachos y muchachas, a actuar sabiamente en las relaciones humanas.

Más contemporáneo tenemos el aporte del Dr Howar Garder (1983) de la universidad de


Hartad, quien plantea la teoría de IM (Inteligencias Múltiples). Las personas poseen 7
inteligencias (lingüística, musical, visual – espacial, kinestésica, interpersonal e
intrapersonal) que las relacionan con el mundo.

2.- Competencias Emocionales.

Góleman (1995) agrupa el desarrollo de la IE en 5 competencias o habilidades


fundamentales, teniendo como referencia el trabajo de Mayer y Salovey, quienes
incluyen las inteligencias personales de Garner (1983) en su definición básica de IE.

Competencia personal. Determinan el modo en que nos relacionamos con nosotros


mismos

a.- Conciencia de uno mismo (Autoconocimiento): conciencia de nuestros propios


estados internos, recursos e intuiciones.

♦ Conciencia emocional: reconocer las propias emociones y efectos.


♦ Valoración adecuada de uno mismo: conocer las propias fortalezas y debilidades.
♦ Confianza en uno mismo: seguridad en la valoración que hacemos sobre nosotros
mismos y sobre nuestras capacidades.

b.- Autorregulación (Autocontrol): control de nuestros estados, impulsos y recursos


internos.
♦ Autocontrol: capacidad de manejar adecuadamente las emociones y los impulsos
conflictivos.
♦ Confiabilidad: fidelidad al criterio de sinceridad e integridad.
♦ Integridad: asumir la responsabilidad de nuestra actuación personal.
♦ Adaptabilidad: flexibilidad para afrontar los cambios.
♦ Innovación: sentirse cómodo y abierto ante las nuevas ideas, enfoques e
información.

c. Motivación: las tendencias emocionales que guían o facilitan el logro de nuestros


objetivos.

♦ Motivación de logro: esforzarse por mejorar o satisfacer un determinado criterio de


excelencia.
♦ Compromiso: secundar los objetivos de un grupo u organización.
♦ Iniciativa: prontitud para actuar cuando se presenta la ocasión.
♦ Optimismo: persistencia en la consecución de los objetivos a pesar de los obstáculos
y los contratiempos.

b.- Competencia social. Determinan el modo en que nos relacionamos con los
demás

d.- Empatía: conciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones ajenas.

♦ Comprensión de los demás: tener la capacidad de captar los sentimientos y los


puntos de vista de otras personas e interesarnos activamente por las cosas que les
preocupan.
♦ Orientación hacia el servicio: anticiparse, reconocer y satisfacer las necesidades de
los demás
♦ Aprovechamiento de la diversidad: aprovechar las oportunidades que nos brindan
diferentes tipos de personas
♦ Conciencia política: capacidad de darse cuenta de las corrientes emocionales y de
las relaciones de poder subyacentes en un grupo.

c.- Habilidades sociales: capacidad para inducir respuestas deseables en los demás.

♦ Influencia: utilizar tácticas de persuasión eficaces.


♦ Comunicación: emitir mensajes claros y convincentes.
♦ Liderazgo: inspirar y dirigir a grupos y personas.
♦ Catalización del cambio: iniciar o dirigir los cambios.
♦ Resolución de conflictos: capacidad de negociar y resolver conflictos.
♦ Colaboración y cooperación: ser capaces de trabajar con los demás en la
consecución de una meta común.
♦ Habilidades de equipo: ser capaces de crear la sinergia grupal en la consecución de
metas colectivas.

2.- Manifestaciones y Control de las emociones.

Ante todo debemos entender que la emoción es un fenómeno multifuncional que


incluye elementos subjetivos, fisiológicos, funcionales y sociales. La emoción tiene
funciones prioritariamente motivacionales, de allí su importancia para alcanzar las
metas que la persona se propone.

Entre las características de las emociones podemos destacar.

• Son estados afectivos subjetivos (rabia, amor, tristeza).


• Están presentes cambios fisiológicos, ya que antes las emociones se presentan
cambios en la fisiología del sistema.
• Preparan a la persona para responder ante un peligro y a actuar para lograr un
objetivo
• Cumple funciones sociales al comunicar a los demás, cómo nos sentimos por
medios de expresiones faciales, posturas corporales y reglas sociales.

Para lograr una adecuada manifestación y control de las emociones un primer paso será
aprender a identificar y etiquetar las propias emociones, desarrollar un
vocabulario emocional, evaluar su intensidad y manejar sus reacciones
emocionales identificando maneras adecuadas para expresarlas.

Es importante que la persona entienda la estrecha relación existente entre sus


pensamientos, emociones y comportamiento. La persona tiene que desarrollar la
motivación de logro en cada uno (la actitud positiva de lograr lo que se proponga), para
que pueda adquirir seguridad en lo que hace y pedir ayuda sólo cuando la necesite.

La vida de las personas se va desarrollando en una continua toma de decisiones que


están impulsadas por pensamiento y emociones que generan a su vez conductas que
buscan el logro o la consecución de las decisiones u objetivos trazados. El trabajo de la
persona está en identificar los pensamientos y emociones que generan las conductas
adecuadas que les permita alcanzar todo lo que se propone. El control de las emociones
significaría la capacidad de demorar la gratificación y frenar la impulsividad para así
lograr lo propuesto.

Otro elemento importante para la manifestación de las emociones es el desarrollo de una


aceptación incondicional (autoaceptación) de sí mimo y de los demás. La persona se
conocerá mejor, identificando cuáles son sus fortalezas, amenazar, debilidades y
oportunidades. Con esto la persona se aprende a querer y aceptarse con independencia
de sus errores, debilidades, rendimiento o, incluso, con independencia de los demás.

Desde una edad temprana toda persona tiene que aprender que existen diversos tipos de
situaciones y que cada una le exigirá distintas respuestas. Tiene que identificar
distintas alternativas de solución a los problemas. Esto garantizará que el individuo
aprenda a tomar decisiones más convenientes y resuelva de la mejor manera problemas
cotidianos.

Las relaciones interpersonales son claves en las manifestaciones y control de las


emociones, porque esto permitirá que la persona aprenda a ponerse en lugar de los
demás. Permite que el desarrollo de la competencia social, cooperación y los lazos de
amistas. El individuo aprenderá a ubicar las emociones en las situaciones adecuadas,
tomándose en cuanta así mismo y a los que lo rodean.

3.- Cerebro Emocional.

El sistema límbico, también llamado cerebro medio, es la porción del cerebro situada
inmediatamente debajo de la corteza cerebral, y que comprende centros importantes
como el tálamo, hipotálamo, el hipocampo, la amígdala cerebral (no debemos
confundirlas con las de la garganta).

Estos centros ya funcionan en los mamíferos, siendo el asiento de movimientos


emocionales como el temor o la agresión.

En el ser humano, estos son los centros de la afectividad, es aquí donde se procesan las
distintas emociones y el hombre experimenta penas, angustias y alegrías intensas.

El papel de la amígdala como centro de procesamiento de las emociones es hoy


incuestionable. Pacientes con la amígdala lesionada ya no son capaces de reconocer la
expresión de un rostro o si una persona está contenta o triste.

El sistema límbico está en constante interacción con la corteza cerebral. Una


transmisión de señales de alta velocidad permite que el sistema límbico y el neocórtex
trabajen juntos, y esto es lo que explica que podamos tener control sobre nuestras
emociones.

Hace aproximadamente cien millones de años aparecieron los primeros mamíferos


superiores. La evolución del cerebro dio un salto cuántico. Por encima del bulbo
raquídeo y del sistema límbico la naturaleza puso el neocórtex, el cerebro racional.

A los instintos, impulsos y emociones se añadió de esta forma la capacidad de pensar


de forma abstracta y más allá de la inmediatez del momento presente, de comprender
las relaciones globales existentes, y de desarrollar un yo consciente y una compleja
vida emocional.

Hoy en día la corteza cerebral, la nueva y más importante zona del cerebro humano,
recubre y engloba las más viejas y primitivas. Esas regiones no han sido eliminadas,
sino que permanecen debajo, sin ostentar ya el control indisputado del cuerpo, pero
aún activas.

La corteza cerebral no es solamente el área más accesible del cerebro: sino que es
también la más distintivamente humana. La mayor parte de nuestro pensar o
planificar, y del lenguaje, imaginación, creatividad y capacidad de abstracción,
proviene de esta región cerebral.
Así, pues, el neocórtex nos capacita no sólo para solucionar ecuaciones de álgebra,
para aprender una lengua extranjera, para estudiar la teoría de la relatividad o
desarrollar la bomba atómica. Proporciona también a nuestra vida emocional una
nueva dimensión.

Amor y venganza, altruismo e intrigas, arte y moral, sensibilidad y entusiasmo van


mucho más allá de los rudos modelos de percepción y de comportamiento espontáneo
del sistema límbico.

Por otro lado, esto se puso de manifiesto en experimentos con pacientes que tienen el
cerebro dañado, esas sensaciones quedarían anuladas sin la participación del cerebro
emocional. Por sí mismo, el neocórtex sólo sería un buen ordenador de alto
rendimiento.

Los lóbulos prefrontales y frontales juegan un especial papel en la asimilación


neocortical de las emociones. Como ‘manager’ de nuestras emociones, asumen dos
importantes tareas:

o En primer lugar, moderan nuestras reacciones emocionales, frenando las


señales del cerebro límbico.

o En segundo lugar, desarrollan planes de actuación concretos para situaciones


emocionales. Mientras que la amígdala del sistema límbico proporciona los primeros
auxilios en situaciones emocionales extremas, el lóbulo prefrontal se ocupa de la
delicada coordinación de nuestras emociones.

Cuando nos hacemos cargo de las preocupaciones amorosas de nuestra mejor amiga,
tenemos sentimientos de culpa a causa del montón de actas que hemos dejado de lado
o fingimos calma en una conferencia, siempre está trabajando también el neocórtex.