EL PROCESO ROMANO A JESUS

CARLOS ROJAS SIFUENTES

Ahora que culmina una Semana Santa más, conviene referirnos al supuesto juicio que fue sometido Jesús de Nazaret; personaje mítico y no obstante vital en la historia de Occidente; cuya repercusión en la Roma antigua es fundamental, pues la doctrina cristiana configuró un nuevo romanismo que, impregnado de dogmatismo, fanatismo y resignación, penetró en la edad media y dio lugar luego al mundo europeo moderno que, no obstante despojarse parcialmente del control de la institución que lideró el movimiento cristiano más importante: la Iglesia Católica, debe su desarrollo a una cultura sustentada en la espiritualidad religiosa de los seguidores de Jesús.

EL PROCESO JUDIO:
Desde la perspectiva judía de tiempos de Jesucristo, el proceso hebreo, basado en el Talmud y dirigido por el Sanedrín, se siguió al hijo de José, por Blasfemia; acusación que fue corroborada por testimoniales y la propia confesión del procesado, de ser rey o hijo de rey.

La tradición cristiana, como sustento de su doctrina mesiánica, ha mostrado un juicio injusto, por la acusación misma y por lo viciado del proceso, para dar testimonio de este modo de la maldad de los hombres y acentuar el impacto del martirio del hijo de dios, que debía ser reivindicado castigando ese mal en nosotros, para lo cual nosotros, los pecadores, debíamos seguir las enseñanzas del mesías y el modelo de vida que él y sus discípulos adoptaron.

El poderoso asumía la condición del menesteroso y diciéndose hijo del rey verdadero, predicaba su mensaje de amor y paz, para someterse de este modo al juicio de los humanos y mostrar el perjuicio que estos producían sobre los débiles. El impacto de tal acción debía ser profundo para quienes esperaban al mesías, pero sobre todo para quienes presenciaran o dieran testimonio de tal injusticia. Siendo así, el mensaje de la urgencia social por equidad, justicia, solidaridad, compasión, paz, amor, podía recibir mayor aceptación bajo tales condiciones, y si esa víctima era nada menos que dios hecho hombre, mayor aún la repercusión del discurso plasmado posteriormente en texto y en argumento de autoridad. Lo que no queda claro es para qué se nos dio libre albedrío si no podemos controlarlo; asunto que el propio San Agustín no supo dilucidar, pero que aún es materia de argumentación entre teólogos. Independientemente de las formas en que el dios de los cristianos actúa, que no tienen nada que ver con la racionalidad y la lógica, ni mucho menos con la bondad o la justicia humanas, veamos de qué manera Roma se enfrentó a lo que en ese momento, tanto para judíos como para romanos se trataba de una digresión que rayaba con el delito, cometida por un iluminado hombre de Nazaret, creado y recreado tantas veces como ha sido necesario.

EL PROCESO ROMANO:
Roma inició la conquistó de Judea hacia el año 60 a.C, siendo ya para tiempos de Octavio, el primer emperador, una provincia romana.

Como es conocido, en el momento en que se presume el juzgamiento de Jesús, Poncio Pilatos (Pontius Pilatus) era el quinto Prefecto (praefectus) de Judea, designado por Tiberio, éste aparece como un personaje histórico al que se atribuyó un rol evasivo en el proceso a Jesús, que sin embargo correspondía a su

condición de funcionario romano y al cumplimiento del ius civile, frente a un poblador nativo, que debía ser juzgado por sus pares. Cabe señalar que Pilatos tuvo un accidentado gobierno, por el mal manejo de su autoridad, queriendo imponer contra las costumbres locales, las imágenes imperiales. Su mandato estuvo plagado de antisemitismo y ofensas al culto nativo, lo que originó protestas de los judíos, que se acentuaron con la muerte de un grupo de samaritanos, hecho que originó su posterior destitución por Vitelio (Aulo Vitelio Germánico), en ese entonces Gobernador de Siria y su superior, según el historiador judío fariseo Tito Flavio Josefo. No obstante, pesaba sobre Jesús la acusación de cometer el crimen de laesae maiestatis o sedición, por haberse proclamado rey y Mesiás, lo cual no podía ser tolerado por Roma. Ulpiano al respeto define a este delito como “el que se acomete contra el pueblo romano o contra su seguridad”. Entre los supuestos de este delito se encontraba la sedición, hecho que fue atribuido a Jesús, por su prédica aparentemente subversiva. El crimen de laesae maiestatis (lesa majestad) surgió prácticamente con la fundación de Roma, al producirse el fraticidio más famoso de la historia, cuando Rómulo ocasiona la muerte de Remo por haber alterado los límites de la ciudad, impuestos por el primero al erigirse en gobernante de la futura Roma. Posteriormente se plasma la descripción y sanctio de este delito en la Ley de las XII tablas, indicando Cornelio Tacito en sus Annales que se imponía la pena capital por su perpetración. Legislada por la República, se mantiene durante el Imperio, hasta plasmarse en el Digesto («Ad legem Juliam magestatis») de la recopilación Justiniana (llamada más adelante Corpus Iuris Civilis), siendo recepcionada por la Europa tardo medieval e incorporada al ius commune con posterioridad. Se trataba de un delito político, de orden público, que durante la época del temeroso y desconfiado Tiberio fue sancionado mediante la lex maiestatis con inusitada frecuencia, más aún cuando su gobierno se volvió tiránico y se le dio fuerza a la delación, surgiendo con posterioridad la magistratura de los delatores profesionales, una suerte de Fiscales. Se entiende entonces la razón por la que Pilatos, funcionario leal de Tiberio, no evitó una sanción de este tipo para quien consideró también un peligroso sedicioso contra Roma, lo cual no obstante fue motivo de desaprobación posteriormente por el mismo Tiberio. Contrariamente a lo que correspondía a cualquier actuación de un funcionario romano en provincia, se presume que Jesús fue sometido a la pena capital de la crucifixión -que era atributo de los romanos- y que esta ejecución se produjo por orden de Pilatos, habiendo en torno a esta decisión una serie de situaciones que victimizan al Cristo, pero además demuestran la incomprensión que de la cultura hebrea habrían tenido los romanos asentados en Jerusalén, ciudad cuya complejidad religiosa confundía incluso a sus propios habitantes y es hasta hoy el símbolo de esas divisiones y sincretismo místico que la región ha mantenido por milenios.

Cabe añadir que los primeros cristianos, que fueron perseguidos inicialmente en Judea por escribas y fariseos debido a su condición de blasfemos y sediciosos, fueron posteriormente sancionados por Roma, debido a la misma acusación de sedición que recayó sobre Cristo. Al respecto, vale destacar que al referirse a los cristianos primitivos los historiadores romanos Suetonio y Tertuliano, los muestran como salvajes y violentos y que su peligrosidad no sólo estuvo determinada por razones jurídicas sino fundamentalmente religiosas y políticas. Aunque lo jurídico, político y religiosos no estuvieron claramente diferenciados en Roma antigua, confundiéndose en el accionar de los ciudadanos (como probablemente sigue ocurriendo hoy a mucha gente). La persecución cristiana (o a los cristianos, arrianos o católicos) posteriormente se convertiría en una lucha de poder y en un cruento ejercicio de intolerancia religiosa, no sólo desde los persecutores, sino incluso, y con mayor profusión desde los propios cristianos, quienes se encargaron de mantener al margen de las discusiones histórico jurídicas hechos que a pesar de su carácter mítico, conviene analizar, con la distancia y la objetividad que exige un mundo en el que debe predominar la racionalidad y las religiones deben ocupar su lugar.

CRS 2014

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