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El 17 de noviembre de 1906, el Beato Manuel González comenzó en Huelva su proyecto

de creación de las Escuelas del Sagrado Corazón con la bendición de la iglesia restaurada del
antiguo convento de San Francisco. Con este motivo, para quienes deseen conocer los antecedentes
históricos de este edificio, reproducimos lo que a él se refiere en la exaustiva y brillante ponencia
del Secretario Canciller del Obispado de Huelva D. Manuel Jesús Carrasco Terriza «Presencia
histórico-artística franciscana en la ciudad de Huelva», en PELÁEZ DEL ROSAL, Manuel, Dir. y Edit., VII
y VIII Curso de Verano (I) ‘El Franciscanismo en Andalucía’. Conferencias del VII Curso de Verano "El arte
franciscano en las catedrales andaluzas", (Priego de Córdoba, 31 de julio al 5 agosto de 2001). Conferencias
del VIII Curso de Verano (Priego de Córdoba, 22 al 26 de julio de 2002). Tomo I. Córdoba, Cajasur, 2003,
págs. 309-339. ISBN 84-92256-5-9.

“EL CONVENTO DE SAN FRANCISCO DE HUELVA”

(En el centro de la foto, el edificio de la Iglesia de San Francisco y Escuelas del Sagrado Corazón
en los años veinte del siglo pasado)

El convento de San Francisco de Huelva ha sido estudiado desde el punto de vista artístico
por la profesora Rosario Cruz García, en una monografía que mereció el Premio Díaz Hierro de
Investigación en 199711. Con riguroso método científico, se ha fundamentado en las noticias
ofrecidas por la bibliografía existente y en la consulta directa de los archivos provinciales y locales,
especialmente del Archivo Municipal de Huelva, Fondo Díaz Hierro2. Ni que decir tiene que esta
ponencia se basa, en gran parte, en dicho trabajo. Vaya por delante nuestro reconocimiento por tan
valiosa aportación al estudio del franciscanismo en Andalucía.
Huelva, villa del Conde de Niebla, contaba en 1588 con una población de 1.110 vecinos, es
decir, 4.892 habitantes3, que, desde el cabezo de San Pedro, había ido bajando hacia las zonas
llanas, próximas a las aguas del Odiel por el noroeste y a las marismas del Tinto por el sureste.

11 CRUZ GARCÍA, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva. Estudio histórico-artístico, Huelva, Excmo.
Ayuntamiento de Huelva, 1998. 182 págs. + 4 planos.

2 Sobre este fondo documental, cfr. LAZO LÓPEZ, María Dolores, Fondo Díaz Hierro. Inventario del Archivo, Huelva,
Ayuntamiento de Huelva, Delegación de Cultura, Archivo Municipal, 1999.
Tenía dos parroquias: la de San Pedro, edificada por los siglos XIV y XV en la falda del castillo, y
la de la Purísima Concepción, erigida en 1515. El mismo año 1515 se fundó el convento de
agustinas de Santa María de Gracia, y en 1582 el de frailes mínimos de San Francisco de Paula,
intitulado de la Victoria.
Seis años después, 1588, se funda un tercer convento, el de San Francisco. Un descendiente
del capitán Andrés de Vega y Garrocho, Juan Agustín de Mora Negro y Garrocho, relata los
orígenes del convento con especial interés, y no sin razón, pues la familia Garrocho poseía el
patronazgo de su capilla mayor. El motivo de la fundación estribaba en que «la dilatada Población,
que por la vanda del Sur se avía extendido y distaba mucho de las demás Iglesias de la Villa,
necessitaba de nuevos Operarios Evangélicos»4.
Todo sucedió a raíz de la predicación cuaresmal de 1588. El 30 de octubre del año anterior,
Alonso Prieto de Guevara dio cuenta al cabildo secular de lo tratado con el provincial de los
franciscanos para el envío de un predicador cuaresmal, acordándose obtener los permisos de la
duquesa y del cardenal de Sevilla. El capitán Andrés Garrocho fue el encargado de gestionar
personalmente la anuencia de la duquesa de Medinasidonia. El cabildo solicitó seguidamente a los
franciscanos que enviaran al P. Meléndez para la cuaresma siguiente5.
Que el cabildo debió quedar muy satisfecho por el bien espiritual realizado por el
cuaresmero, y que estaba decidido a que la presencia franciscana en Huelva fuera definitiva, lo
prueba la donación del sitio para la edificación. En efecto, ya el 17 de marzo de 1588 el cabildo
adquirió unas casas en la calle Palos, con vistas a la futura fundación, en la parte nueva de la villa.
Al mismo tiempo se había obtenido la preceptiva licencia del arzobispo de Sevilla, el cardenal
Rodrigo de Castro, «a pedimiento e instancias de los dos cabildos de la villa» 6. El 14 de octubre de
1588 se trata en cabildo de la escritura de donación7, que finalmente fue otorgada el 17 de octubre
de 1588 ante el escribano Juan de Segura8. En ella se dice que «avemos tratado con el muy
reverendo padre frai Francisco de Mezqua, ministro provincial, y con otros padres de la provincia,
tuviese por bien de fundar en esta villa un convento de la dicha Horden y para este efecto avemos
comprado las casas que eran de César de Millán, de las limosnas que los de este ayuntamiento y
vecinos de esta villa an hecho y el Ilustrísimo cardenal arzobispo de Sevilla a dado licencia para la
dicha fundación, por tanto nos los susodichos [...] y en nombre de esta dicha villa hacemos gracia y
donación [...] para que en ellas se funde y edifique un convento»9.
El cabildo ofrece concurrir a las obras de construcción. A cambio, sólo pide que los
religiosos asistan a las procesiones generales y prediquen en las fiestas importantes: «el qual fraile,
ynstituto y orden nos predique gratis la quaresma, el adviento y en las demás ocaciones o tiempos
que parezcan convinientes a las parroquias de esta villa, y para que en las procesiones generales y la

3 AGS, Real Patronato Eclesiástico (RPE), leg. 136. CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, Precedentes históricos
de la diócesis de Huelva, memoria de licenciatura, inédita, Pamplona, 1982, pág. 141.

4 MORA NEGRO Y GARROCHO, Juan Agustín, Huelva Ilustrada. Breve historia de la antigua, y noble villa de
Huelva. Sevilla, Imprenta del Dr. Don Geronymo de Castilla, 1762 (Reimpresión facsímil del Instituto de Estudios
Onubenses Padre Marchena, Huelva, 1974), pág. 159.

5 Archivo Municipal de Huelva (AMH), legº 3, Actas Capitulares 1587-1602, fols. 20, 21, 24. Cfr. ORTEGA, Ángel,
OFM, La Rábida, o.c., t. IV, pág. 43.

6 Biblioteca Nacional (BN), Manuscritos, Diccionario Geográfico de Tomás López, Respuestas a las preguntas
contenidas en el interrogatorio circular respectivas a la villa de Huelva, ms. 7301, fol. 131 vº. RUIZ GONZÁLEZ,
Juan Enrique, Los pueblos de Huelva en el siglo XVIII. Huelva, según las relaciones enviadas por los párrocos al
geógrafo real Tomás López en el siglo XVIII, Huelva, Diputación Provincial, 1999, pág. 175

7 AMH, legº 3, fol. 36 vº.

8 ORTEGA, Ángel, OFM, La Rábida, o.c., t. IV, pág. 43.

9 Citado por CRUZ, Rosario, o.c., pág. 21.


del día del Corpus [...] los frailes de la dicha asistan intercedan con sus oraciones con nuestro
Señor»10. Aceptó la fundación en nombre de la Orden el P. Fr. Juan Romero, que en 1589 aparece
como su primer superior11.
El convento quedaba situado en el extremo sureste de la villa, delimitado por las calles de
Palos al norte, del Agua al este, de las Monjas al oeste, y de la Seña o Aceña al sur. Su solar queda
hoy delimitado por las calles Palos y Fernando el Católico al norte, Cardenal Cisneros al este,
Arcipreste Manuel González (antes San Francisco) al oeste, y Ayuntamiento y Plaza de la
Constitución al sur.
La construcción del edificio se realizó con aportación de todo el municipio, por medio de
un cierto reparto vecinal. En el cabildo de 24 de mayo de 1589 se acordó designar a Francisco
Maldonado para que cobrara las mandas hechas a los padres franciscanos12.
Para completar la edificación del templo y del sector conventual se acudió a las limosnas, a
los donativos en materiales y a la concesión del patronato sobre las capillas. El patronato llevaba
consigo la obligación de construir la capilla con su bóveda o cripta, y el derecho de entierro en ella.
De este modo, la historia de la construcción inicial del convento viene a identificarse con la historia
de los patronatos y de sus capillas.
Como no podía ser menos, en los altares y en las imágenes y cuadros predominaron las
devociones franciscanas: Cristo de la Vera Cruz; Ntra. Sra. de los Ángeles, cuya fiesta (la
Porciúncula) se celebra el 2 de agosto; la Inmaculada Concepción portando al Niño Jesús, según
la iconografía franciscana; San Francisco, San Buenaventura, San Antonio de Padua, el beato
Jácome de la Marca, San Diego de Alcalá, San Pedro de Alcántara, las Once mil vírgenes, etc.

El templo, cuya planta perduró hasta 1964, era muy sencillo, a tenor del espíritu franciscano
y en proporción a las limosnas del vecindario. Como otras iglesias de franciscanos (Ayamonte,
Moguer) tenía planta de cajón, cubierta con tejado a dos aguas, con una tercera vertiente en la
cabecera. En su interior constaba de una sola nave con cabecera o capilla mayor plana, separada por
arco toral de medio punto; capillas laterales abiertas a la nave –unas rehundidas en los muros y otras
formando espacios autónomos adosados–, y coro, alto y bajo. La nave central y la cabecera se
cubrían con armadura de madera, siguiendo la tradición mudéjar. De especial riqueza fue el
artesonado del presbiterio. Las capillas laterales, en cambio, lucían bóvedas vaídas, semiesféricas o
elípticas. La sacristía estaba inserta en el sector residencial, que se centraba en el claustro. En el
hastial de los pies, que acusaba netamente la cubierta a dos aguas, se abría la puerta principal del
templo, adintelada, enmarcada por pilastras de orden clásico y rematada en frontón partido, con
pináculos bulbosos en los ejes de las pilastras. Un vano daba luz al coro alto. Le precedía un
pequeño atrio o compás. En 1878 se medía su superficie en 872 m².13
Se desconoce la autoría de la edificación, aunque Díaz Hierro la atribuye a Martín
Rodríguez de Castro, maestro mayor de obras de la villa, en razón de que supervisaba las obras en
163014. Las obras básicas se extienden de 1588 a 1630, aunque ya en 1623 merecía la alabanza del

00 Citado ibidem, pág. 23.

11 AMH, legº 3, Actas Capitulares 1587-1602, fol. 77 vº: El cabildo acuerda «bolber al convento del seráfico San
Françisco y al Padre Juan Romero, presidente dél, veynte y sinco reales de la imposición de carne y xabón del año
pasado de ochenta y nueve».

22 AMH, legº 3, Actas Capitulares 1587-1602, fol. 85. ORTEGA, Ángel, OFM, La Rábida, o.c., pág. 44.

33 AMH, Fondo Díaz Hierro (FDH), carpeta nº 165, «1878. Estado Iglesia de San Francisco», tomado de «Oficios y
minutas» 1878, nº 74, carta de 1878, febrero, 22.

44 AMH, FDH, carpeta nº 418, s.f., citado por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág. 32.
DÍAZ HIERRO, Diego, Historia de la Merced de Huelva, hoy Catedral de su Diócesis, o.c., pág. 88.
visitador del arzobispado, Francisco Vallejo Solís: «San Francisco, muy buena iglesia con muchos
altares y capillas y todos muy aderesados, buenos ornamentos, 26 religiosos»15.
Dentro del templo, lo primero en edificarse fue la capilla mayor, concedida el 16 de abril de
1591 a Miguel Redondo, residente en Perú. Se le otorga «el sitio de la Capilla Mayor para erigirla a
sus expensas, quedando él y su esposa doña Francisca de Trujillo como fundadores y copatronos de
la misma». La limosna fue de 1.000 ducados16. La cripta del presbiterio recibió el nombre de
Capilla del Santo Sepulcro. Las obras estaban detenidas en 1597, reanudándose en 1599. La
cubrición se hizo por medio de una rica armadura octogonal de madera, sobre pechinas decoradas
con lacería y motivos vegetales. Fue obra del maestro carpintero de Almonte, Bernardo Núñez,
según consta por escritura de obligación de 7 de julio de 1599. En ella se describía la obra de la
siguiente manera:
«Se a de obligar a dar acabada esta obra de la capilla mayor deste conuento de S. Franco de Huelua,
ochauada y su almiçate en medio, quaxado de lazo con su arocabe, abiertos sus florones en las partes
que fueren repartidos, y guarnecida toda de xaldetras quadradas de media guarniçión, haziendo las
pechinas de lazo de ocho, o diferençiadas de otro lazo, y las afrente y apreste con clauos, y en lo que
es la parte del testero del altar mayor por çima del armadura a de boluer con caramanchón de
quadrado los rincones, y, por la parte donde a de ser la iglesia, an de boluer las alfardas corriendo la
hilera fasta cubrir todo lo grueso del arco toral»17.
El trabajo fue presupuestado en 165 ducados. Partiendo de los datos documentales, el doctor
arquitecto Ángel Luis Candelas ha diseñado una recomposición hipotética de la estructura de la
armadura ochavada y de la sobrecubierta o caramanchón que existió sobre ella18.
Por incumplimiento del compromiso por parte de la viuda de Miguel Redondo, el derecho de
patronato de la capilla mayor pasó al capitán, alférez mayor y vicealmirante Andrés de Vega y
Garrocho, el 28 de septiembre de 1604, con la obligación de hacer el retablo del altar mayor y la
reja divisoria de la nave, en madera, y aportar 1.000 ducados19. La capilla estaba concluida en 1608,
e instalado en ella el retablo mayor, dedicado al misterio de la Purificación, concertado en 1606 con
el escultor Juan Martínez Montañés y el pintor Francisco Pacheco. Retablo que fue sustituido por
otro de Joaquín Cano, de 1781.
Los descendientes del fundador destacaron por sus acciones marítimas en la defensa de la
costa onubense frente a las incursiones, rapiñas y secuestros por parte de corsarios y berberiscos.
En San Francisco colgaban los trofeos de sus victorias20. Los Garrocho continuaron favoreciendo a
los franciscanos, hasta el punto de considerarse patronos no sólo de su capilla, sino del convento
mismo.
En el lado de la epístola, en el presbiterio bajo, se situaba la capilla de San Diego, bajo el
patronato del jurado Cristóbal de Toledo y Bermejo, mercader de paños, y su esposa Isabel

55 Archivo General del Arzobispado de Sevilla (AGAS), Visitas Pastorales, Año 1623, legº. 1332, s.f. Citado por
CRUZ, Rosario, o.c., pág. 35.

66 CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág. 24.

77 Archivo Histórico Provincial de Huelva (AHPH), Protocolos notariales, leg. 547, fol. 757: Escritura otorgada en
Huelva ante Juan de Segura Galván el 7 de julio de 1599. AMH, FDH, Carpeta nº 165, s.f., fotografía del folio 757.
Transcripción de Díaz Hierro, ibidem, en Carpeta «Capilla Mayor. Obras de carpintería, 7 enero 1599». Cfr. CRUZ,
Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., págs. 48-49, 121-122.

88 CANDELAS GUTIÉRREZ, Ángel Luis, Carpintería de lo blanco onubense, Huelva, Diputación de Huelva,
Servicio de Publicaciones, 2001, págs. 197-202.

99 Ibidem, págs. 24-25. MORA, Juan Agustín de, Huelva Ilustrada, o.c., págs. 160-162.

00 MORA, Juan Agustín de, Huelva Ilustrada, o.c. Apéndice Noticias adquiridas... pág 25. Sobre el linaje de los
Garrocho, págs. 23-28.
Ramírez, que le fue concedido el 15 de julio de 159421. Además del retablo del titular, se encontraba
en la capilla el altar del Cristo de la Vera Cruz. Inmediata al arco toral, en el mismo lado de la
epístola, estaba la capilla de San Buenaventura, patronato de Francisco de Mesa Correa, mercader,
concedido el 19 de julio de 1594. Medía doce pies (3,35 m.), y en ella se abría la puerta de
comunicación con el claustro22. Seguidamente, la capilla de la Inmaculada, en el cuerpo de la
iglesia, que fue otorgada a Alonso Rodríguez el 4 de febrero de 162423. A continuación, la capilla de
San Luis, obispo, que era de Lorenzo García Abril y Francisca Díaz, como consta en su testamento
de 1 de septiembre de 161824. En el sotocoro debía estar el altar de las Once mil vírgenes, patronato
de Inés de Avendaño, según su testamento de 19 de julio de 1634.
Las capillas del lado del evangelio eran, en primer lugar, la de San Antonio el grande,
situada en el presbiterio bajo, siendo su primer patrono Luis Dantés. La capilla se construía en
1602: se cubría con bóveda vaída de yeso y el altar se decoraba con azulejos, sirviendo de modelo
para otras25. Ya en la nave, contigua al altar mayor, estaba la capilla de Nuestra Señora de los
Ángeles, edificada en 1605 por el maestro Alonso Díaz. Era patronato del capitán Gonzalo Vallejo,
que pasó en 1638 a Esteban Jaimes y a su esposa Ana López. La capilla tenía retablo dorado, con
sus imágenes, y rejas de hierro26. Una losa, que se encuentra en los jardines del Santuario de la
Cinta de Huelva, señalaba el acceso a la bóveda de enterramiento. A continuación estaba la capilla
de San Antonio el chico, propia de la cofradía de San Antonio, ya desde 1607. Le seguía el altar de
Ánimas. Y ya a los pies, la capilla de San Telmo, que, hasta 1653, era altar del beato Jácome de la
Marca27. La capilla sobresalía notablemente del buque del templo; la planta medía siete varas de
ancho por diez de largo (5,83 x 8,33 m), y contaba con el espacio celebrativo, abovedado, y con la
cripta en el subsuelo. Tenía sacristía propia, con su entresuelo o doblado, de cuatro varas de ancho
por diez de largo (3,33 x 8,33 m) y patio. Fue construida sobre unos solares de la calle Palos por
iniciativa de Diego Rodríguez Sutil, quien la donó en 1661 a la cofradía de San Telmo, propia de
los patrones de barco28. En ella se ubicó la capilla sacramental, que habría de servir a partir de 1850
para que los presos siguieran la misa a través de una ventana 29. En lugar no determinado estaban
los altares de San José y de la Virgen de los Dolores.
La sacristía se hallaba en el lado de la epístola, fuera de los muros del templo, en el espacio
conventual, y se comunicaba con el presbiterio, con un patio llamado de los jazmines y con el
claustro. Era de planta rectangular y tenía cubierta abovedada. Fue considerada también como
espacio funerario, concediéndose en patronato a Francisco González de Paula, quien, a su vez, lo

11 CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág. 54.

22 Ibidem, págs. 54, 119.

33 Ibidem, págs. 55, 131-133.

44 Ibidem, pág. 56.

55 Ibidem, pág. 57.

66 Ibidem, págs. 57-58.

77 Giacomo della Marca fue beatificado por Urbano VIII en 1624, y en 1626 fue declarado copatrono de Nápoles:
LIOI, Renato, «Giacomo della Marca», en Bibliotheca Sanctorum, Roma, Città Nuova Editrice, 1965, t. VI, cols. 388-
396.

88 DÍAZ HIERRO, Diego, Historia de la devoción y culto a Ntra. Sra. de la Cinta, Patrona de Huelva, Huelva, 1989,
págs. 222-225.

99 Ibidem, págs. 59-62, 37-38.


donó al convento en 167530. En el centro se hallaba una gran mesa de mármol rojo jaspeado, del
siglo XVII, que aún se conserva.

Al mismo tiempo que la iglesia, se edificaba el sector conventual, teniendo el claustro como
núcleo. En 1604 se edificaban los dormitorios en la planta alta31. En la parte baja, que comunicaba
con la iglesia a través de la capilla de San Buenaventura, se ubicaban la sacristía, el refectorio,
cocina y despensa, la biblioteca, y otras dependencias auxiliares. Al sur, se hallaba la huerta, con su
noria.
El claustro estaba formado por siete arcos de medio punto por cada lado, que descansaban
sobre pilares cruciformes en ambas plantas. En las crujías superiores, una serie de columnas de
orden toscano, algunas de las cuales se conservan hoy en los jardines del Santuario de la Cinta32, se
adosaban a los pilares y sostenían el entablamento y las cornisas. El lado contiguo a la iglesia
apoyaba en el muro del lado de la epístola, y carecía de habitaciones. En el ángulo sureste del
claustro, sobre el referido muro, se asentaba la espadaña.
El terremoto de Lisboa de 1755 afectó a todo el edificio. Pero, sobre todo, fue el seísmo del
12 de abril de 1773 el que más daño produjo al sector conventual. Según el manuscrito titulado
Centuria Bética, posiblemente redactado por el P. Valderrama a comienzos del XIX, «quedó tan
lastimado el convento que vino a tierra todo el dormitorio que cae a la huerta, aunque sin haber
lastimado a persona alguna. Ya está mejorado y renovado a costa de la Provincia»33. Y un incendio
acaecido el 6 de septiembre de 1870 hundió la cubierta de colgadizo de la crujía alta, contigua al
templo. Gracias al proyecto de reparación, se nos ha conservado un diseño parcial de su planta y
alzado. El referido manuscrito Centuria Bética elogia su aspecto final: «El Claustro donde está
toda la vivienda es de los más agraciados que hay entre los conventos de Andalucía»34.

Nos han llegado testimonios documentales de las numerosas obras de arte que fueron
realizadas para el culto, inmersas en la espiritualidad franciscana y, por tanto, en su hagiografía e
iconografía propia. Enumeraremos sucintamente las piezas documentadas, y nos detendremos más
en las obras que han llegado hasta nosotros.

Consta documentalmente cómo fueron enriqueciéndose artística y significativamente las


distintas capillas, comenzando por la capilla mayor. Tras hacerse cargo de ésta el capitán Andrés
Garrocho, encargó en 7 de junio de 1606 un retablo dedicado al misterio de la Purificación, que

00 Ibidem, págs. 63-64.

11 Ibidem, pág. 33.

22 SEGOVIA AZCÁRATE, José María, Efemérides históricas. Memoria de las actividades de la Hdad. de Ntra. Sra.
de la Cinta. 1955-1987, Huelva, Impr. Colón, 1990, págs. 73, 130.

33 ÍÑIGUEZ, Manuel, OFM, Centuria Bética o Descripción y Colección de noticias de la Provincia de Andalucía de
la Regular Observancia de Ntro. Sco. P. S. Francisco desde su erección en provincia y separación de la de Castilla
conforme a los documentos existentes, por el R. P. Fr. Manuel Íñiguez, Ex-Srio. de la Provincia. 1860, pág. 176. Cfr.
infra, Apéndice documental.

44 Ibidem.
estaría realizado por Juan Martínez Montañés como escultor y autor de las trazas, Pablo de
Castillejo como ensamblador y Francisco Pacheco como pintor. Debería medir 30 pies de alto por
21 de ancho (8,35 x 5,85 m.). Estaba estructurado en dos cuerpos, jónico y corintio, sobre banco, y
en tres calles35: la central, ocupada por el relieve de la Purificación, a cargo de Martínez Montañés;
y las laterales, decoradas por cuatro lienzos de Francisco Pacheco, que representaría, en el lado del
evangelio, el Martirio de San Andrés (en honor al mecenas), y la Visitación; en el lado de la
epístola, el Taller de Nazaret y el Nacimiento de Cristo. En el banco, flanqueando el sagrario, cuatro
retratos, del capitán Garrocho, de su mujer y de sus hijos36.
Con el paso del tiempo, este retablo sufrió los efectos de la carcoma, y, por qué no, de las
modas, y fue sustituido por otro de mayor tamaño, encargado a Juan Cano, arquitecto de retablos,
pero que, por su fallecimiento, acabó siendo realizado por su hermano Joaquín Cano, en 1781,
ajustándose en la cantidad de 1.500 reales. El patrono era José de Mora Negro y Garrocho,
hermano del autor del libro Huelva Ilustrada. La nueva configuración incluía un manifestador
eucarístico, hornacinas y acceso posterior para sus respectivos usos37.

55 PALOMERO PÁRAMO, Jesús M., El retablo sevillano del Renacimiento. Análisis y evolución (1560-1629),
Sevilla, 1983, págs. 427-428.

66 Según Díaz Hierro, Pacheco se trasladó a Huelva para pintar del natural los retratos, y allí conoció a Baltasar
Quintero, artista onubense, a quien animó para trasladarse a Sevilla. Desde entonces, Baltasar Quintero estuvo muy
ligado a Montañés, para quien trabajó repetidamente: DÍAZ HIERRO, Diego, «Baltasar Quintero. Arquitecto de
retablos, pintor y escultor, fue este ilustre onubense el compañero predilecto de Martínez Montañés», en Archivo
Hispalense, t. XLIII, nº 131, Sevilla, 1965, págs. 303-308.

77 CABALLERO LAMA, Juan, «Las más antiguas cofradías onubenses», Separata de Mater Dolorosa, Huelva, 1951,
pág. 9. GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA, Escultura mariana onubense,
o.c., pág. 169.
(Retablo mayor de la antigua iglesia de san Francisco, adornado para la fiesta de la
Inmaculada)
El relieve de la Purificación fue trasladado al lado de la epístola de la capilla mayor, enmarcado en
un tabernáculo, posiblemente de la misma autoría que el nuevo retablo. Estaba compuesto por dos
pares de columnas entorchadas, con capitel corintio (tal vez aprovechadas del retablo anterior),
entablamento recto y cornisa mixtilínea. Todo ello se basaba en banco con sagrario central,
flanqueado por dos pinturas y las ménsulas de las columnas, y quedaba rematado por un sol
radiante con el trigrama de Jesús (IHS). Elementos decorativos de rocallas cubrían los fondos38.

La capilla de San Buenaventura estaba presidida por un retablo, obra del ensamblador
Antonio Sánchez, vecino de Moguer, según trazas del pintor y dorador Sebastián Quintero,
contratado por el patrono, Francisco de Mesa Correa, el 12 de agosto de 159539.
88 Portfolio fotográfico de España, reproducido por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c.,
pág. 169, lám. 8.

99 AMH, FDH, carpeta 418, s.f. Citado por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., págs. 73,
El mismo Antonio Sánchez se obligaba el 18 de julio de 1607 con Juan de Torres,
mayordomo de la cofradía de San Antonio de Padua, para la ejecución de un retablo, que sería
dorado por el portugués Antonio Noguera en 1612. Debía estar presidido por una tabla pictórica
que representaba al santo lisboeta40. Ampliada la capilla en 1728, se hizo un nuevo retablo41.
La capilla era patronato del capitán Gonzalo Vallejo, tenía un retablo que había sido
contratado antes de 1608 con el carpintero Pedro Francisco. Al pintor sevillano Miguel Güelles le
había encargado diez cuadros, a razón de 16 reales cada uno, de los que, en tal fecha, había recibido
diez ducados42. En el inventario de cuadros de la iglesia de San Francisco, de 1823, se conservaba
un cuadro «de los Ángeles», que podría corresponder al cuadro central43.
La capilla de San Telmo, que servía de Sagrario, tenía retablo de yeso, con la imagen del
titular. En ella se encontraba un cuadro de San Juan de Capistrano44.
La capilla de San Diego de Alcalá, fundada el 15 de julio de 1594, tenía un altar dedicado a
su titular, y otro con un Cristo Crucificado, llamado de Vera Cruz, que fue encargado por Juan
Bautista Bermejo, según consta en su testamento otorgado en 165145. Esta imagen fue adoptada
como titular por la Hermandad del Stmo. Cristo de la Expiración al fundarse en 1894. Era «una
escultura del Señor, que es muy antigua y de bastante mérito»46. Por fotografías47, sabemos que era
un Cristo muerto, clavado a una cruz cilíndrica por tres clavos; llevaba aditamentos de peluca,
corona de espinas y lienzo lumbar sobrepuestos48. En la misma capilla se hallaban las imágenes de
San Bernardino de Siena, Santa Clara y Santa Isabel de Portugal.
La Inmaculada era venerada, en su altar de yeso, como imagen de vestir, concedida por el
convento a Alonso Rodríguez y su mujer el 4 de febrero de 162449. El Niño Jesús fue donado por
Teresa González en 1621. Se incorporó al altar una imagen de San Miguel, de talla en madera, por
manda testamentaria de Baltasar de los Reyes, de 27 de enero de 178150.

120.

00 En el inventario de los agentes de la desamortización figura «un cuadro grande viejo de San Antonio con el marco
dorado de Pintura vieja»: AMH, Oficios y Minutas, leg. 205. Inventario de pinturas existentes en el convento de San
Francisco de Huelva. Citado por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág. 81.

11 Ibidem. Citado ibidem, pág. 74.

22 CABALLERO LAMA, Juan, «Las más antiguas Cofradías onubenses», en Rev. Mater Dolorosa. Huelva, 1951, s.p.
Sobre Miguel Güelles, cfr. CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, «El cuadro de Ánimas de la Parroquia de las
Angustias de Ayamonte. De Miguel Güelles a Joaquín González Sáenz», en VI Jornadas de Historia de Ayamonte,
Ayamonte, noviembre 2001, en prensa.

33 CRUZ, Rosario, El convento de San Francisco de Huelva, o.c.,pág. 81; cfr. pág. 75.

44 AMH, FDH, carpeta 166, s.f. Citado por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., págs. 75,
81.

55 AMH, FDH, carpeta 165, s.f. Citado ibidem, pág. 76.

66 Diario de Huelva, 23 de marzo de 1910.

77 SUGRAÑES GÓMEZ, Eduardo J., Breve historia gráfica de la Pasión en Huelva, o.c., s.p.

88 CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, La escultura del Crucificado en la Tierra Llana de Huelva, Huelva,
Diputación Provincial, 2000, págs. 327-328.

99 La imagen se conserva en la parroquia de San Pedro de Huelva, convertida en Virgen de Belén: GONZÁLEZ
GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA, Escultura mariana onubense, o.c., págs. 158-159.
En el claustro había un altar dedicado a Ntra. Sra. del Pópulo, un lienzo de San Diego de
Alcalá, un altar de San Pedro de Alcántara, dorado y estofado por el maestro pintor onubense
Francisco de Paula en 169151.
Por orden del gobierno constitucional de 23 de abril de 1823, al suprimirse el convento,
Francisco Coto, síndico procurador del Ayuntamiento, en presencia del padre guardián, fray Matías
González, hizo inventario de los cuadros:
«Primeramente en la Selda de Depósito un cuadro con bastidor de madera viejo y la pintura en
iguales términos de Sn Juan Capistrano.
Yt. otro sin marco de N. P. Sto Domingo.
Yt. otro de Nro P. S. Franco sin marco.
Yt. otro más pequeño del Beato Martín de la Guarda, viejo.
Yt. un cuadro grande viejo de Sn Anto con el marco dorado de Pintura vieja.
Yt. dos cuadros grandes de la Concepción y otro de los Ángeles en lienzo en dos altares de la
Iglesia.
[tachado: Yt. un lienzo pequeño de la Virgen de Belén en la baranda del coro]
[tachado: Yt. a la buelta de dicha baranda un marco de igual tamaño que el anterior con la pintura de
un Ecce Homo].
[tachado: Yt. dos cuadros grandes y viejos el uno de la Concepción y el otro del Salvador con
marcos viejos de madera]
[tachado: Yt. un lienzo viejo de Nuestro P. San Francisco]
Yt. otra [sic] de la Virgen de Belén con marco de madera.
Yt. otro grande viejo del Jubileo con marco dorado viejo.
Y hallándose más con respecto a pinturas en lienzo se prosedió a formar el inventario de los libros
que existen en el convento y son los siguientes:»52.
En efecto, el mismo inventario recogía el patrimonio bibliográfico, compuesto por 121
ejemplares:
«Primeramente cincuenta y siete libros en cuarto con pergamino que tratan de obras predicables y
demás, signados con la letra B en el pergamino
Yt. diez y ocho del folio en pliego que comprenden algunas obras incompletas [tachado: Todos
viejos].
Yt. seis libros en octabo con el signo en el pergamino de la letra D. y tres del folio en 4º con el
mismo signo.
Yt. veinte y cinco en 4º con pergamino que componen obras incompletas.
Yt. diez sin pergamino de la misma clase.
Yt. tres en pasta en latín de filosofía [tachado: y dos pergaminos de lo mismo en octavo]»53.
Un nuevo inventario de la biblioteca, realizado en 1835 por los agentes de la incautación,
afirma que fueron recogidos «186 libros viejos que tratan de materias de teologías, Cuaresmales y
moral, todas incompletas»54.

00 AMH, FDH carpeta 166. Citado por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., págs. 78, 131-
133.

11 Archivo Diocesano de Huelva (ADH), Justicia, Huelva, caja 286. Autos de la disposición del alcalde D. Diego de
Guzmán y Quesada. 1696. Citado por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág. 80.

22 AMH, Oficios y Minutas, leg. 205/2, 1823, febrero. Inventario de pinturas existentes en el convento de San
Francisco de Huelva. Citado por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., págs. 81, 154.

33 Ibidem, págs. 80-81, 155. En el catálogo de la biblioteca del Convento de San Francisco de Moguer (sin fecha, con
letra del s. XVIII), la letra A corresponde a glosas, santos padres y expositivos; la B, libros predicables latinos; la C,
predicables romancistas; la D, dogmáticos y escolásticos; y la E, libros de derecho, morales, de la regla y
constituciones: APB OFM, Legado 54, carpeta B, 54/28: «Libros que tiene la librería del Convento de Ntra. Sra. de la
Esperanza de Moguer».
A pesar de las múltiples contrariedades, y gracias a los buenos oficios de personas celosas
del patrimonio cultural, han llegado hasta nosotros algunas piezas. El pintor José María Franco me
refirió cómo descubrió los restos del relieve de Montañés y advirtió a los PP. Jesuitas de su valor.
Desde el Museo Diocesano pudimos gestionar la restauración de sus fragmentos.

(Antigio retablo de la Purificación con relieve de Martínez Montañés)


Por otra parte, el farmacéutico y Hermano Mayor de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Cinta,
Francisco Vázquez Carrasco, reunió las lápidas sepulcrales, restos de columnas y una campana,
situándolas en el pórtico y en los jardines del Santuario de la Cinta, entre 1975 y 1986 55. La imagen
de la Concepción pasó a la parroquial de San Pedro de Huelva.

44 Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (ARABASF), Comisión Central de
Monumentos Históricos y Artísticos. Comisión Provincial de Huelva, 48 - 4 / 2, Monumentos en general: Extracto de
bienes muebles de conventos desamortizados, Huelva, 1845, junio, 1. AMADOR DE LOS RÍOS, Rodrigo, Catálogo de
los Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Huelva. 1909, Edic. Manuel J. CARRASCO TERRIZA,
Huelva, Diputación Provincial - Ministerio de Educación y Ciencia, Instituto del Patrimonio Histórico Español, 1998,
págs. 197-198.
El escultor alcalaíno, el dios de la madera, como se le llegó a llamar, había hecho para el
convento franciscano de Ayamonte un San Diego de Alcalá, en 159056, conservado hoy en la
parroquia de las Angustias. Para el nuevo convento mercedario de Huelva, fundado en 1605, debió
labrar la imagen de Ntra. Sra. de la Cinta, que hoy preside el templo catedralicio57. Posiblemente,
estos antecedentes pudieron influir en la elección de maestro por parte de Andrés Garrocho, el 7 de
junio de 160658 . El relieve de la Purificación del convento de San Francisco (1,75 x 1,55 m.) puede
considerarse como el prólogo de la obra de plenitud de Montañés, el retablo de San Isidoro del
Campo, realizado por encargo de los marqueses de Ayamonte.
De la especial devoción de Andrés Garrocho por el misterio de la Purificación de Nuestra
Señora es prueba la dotación de su fiesta litúrgica en dicho convento, que había de celebrarse el 2
de febrero con toda solemnidad, sermón incluido59.
El vicealmirante Garrocho encargó la talla a Juan Martínez Montañés, en 220 ducados, y la
policromía a Francisco Pacheco, en 500 ducados, incluyéndose el dorado y estofado tanto de las
partes arquitectónicas como de la escultura60. Resulta de sumo interés el aprecio que se muestra por
la policromía, según las nuevas técnicas que propugna Francisco Pacheco:
«Es condición que la historia de la purificación de escultura y toda la demás escultura de dicho
retablo a de ser estofado sobre el oro de varias y finas colores y los ropajes con variedad a punta de
pinzel y grauados de diferentes follajes y crutesas y lavores conforme conviniere a cada figura [...] Y
es condición que todas las encarnaciones de la escultura de la istoria de la purificación y toda la
demás del retablo, que se entiende rostro, manos y pies y carnes de todas las figuras se an de
encarnar de encarnación mate al olio, realçando los cabellos y baruas de las figuras, acomodando a
cada figura el color que conviene para que tenga más propiedad y abriéndoles los ojos con mucho
arte»61.
La escena de la Presentación de Jesús y Purificación de María se distribuye en cerrado
círculo, en torno al Niño Jesús, sostenido por el anciano Simeón sobre la mesa ritual. Figura
infantil de olímpica serenidad y majestad divina, muestra su bellísimo desnudo en genial y
equilibrado escorzo, que se convertirá en prototipo de las obras montañesinas. El sacerdote, cuyas
luengas barbas, talladas con precisión realista y sentido decorativo, significan su ancianidad,
aparece ataviado con los ornamentos mosaicos. Seis personajes más rodean al Niño, en suelta y
compensada distribución de volúmenes, en actitudes reposadas y serenas, llenas de natural
elegancia.
A la izquierda se sitúa la Virgen Madre, con expresión admirativa y gozosa, luciendo amplia
túnica color jacinto, manto azul con vueltas alistadas, y velo que, parcialmente caído, deja ver el
cabello castaño tallado en ondas. Junto a ella, ocupa su lugar San José, con ropa de caminante. El

55 SEGOVIA AZCÁRATE, José María, Efemérides históricas. Memoria de las actividades de la Hdad. de Ntra. Sra.
de la Cinta. 1955-1987, o.c., págs. 120, 189-191, lám 34-35, 40.

66 HERNÁNDEZ DÍAZ, José, Documentos varios, t. I de Documentos para la Historia del Arte en Andalucía, Sevilla,
1927, págs. 148-152.

77 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA, Escultura mariana onubense, o.c.,
págs. 341-343.

88 LÓPEZ MARTÍNEZ, Celestino, Desde Martínez Montañés hasta Pedro Roldán, Sevilla, 1932, págs. 244.245.

99 CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág. 126.

00 HERNÁNDEZ DÍAZ, José, Documentos varios, o.c., págs. 149-150.

11 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA, Escultura mariana onubense, o.c.,
págs. 166-170.
perfil clásico de su rostro, apuesto y juvenil, revela la grandeza de alma de quien ha aceptado una
misión divina de custodio y protector del Verbo encarnado y de su Madre. Tras él, un joven porta el
cirio que hace referencia a las palabras de Simeón: «luz para alumbrar a las naciones». En el lado
opuesto, una doncella con túnica de abigarrados pliegues es la portadora de la ofrenda de las
palomas. De pie, con empaque de matrona, la profetisa Ana, acompañada de otra figura femenina,
presencia el cumplimiento de las promesas mesiánica. Directamente heredero de la tradición
manierista, la circular composición cristocéntrica resulta a su vez antecedente inmediato del retablo
principal de San Isidoro del Campo.
Montañés da una lección de ponderado realismo en la observación y descripción del
natural, tanto en la calidad y táctil materialidad de tejidos, como en la tersura de la piel tostada, en
los suaves relieves de músculos, de venas y tendones de palpitante vitalidad. Pero al mismo tiempo
se eleva a la belleza ideal en las facciones de los rostros y en la singular armonía de las ondas de
cabello y barbas. Y, por encima de todo, resplandece la sobria expresión de lo sagrado, a la que
sirve de vehículo la escultura, y que convierte a Montañés en el mejor exponente de la renovación
artística promovida por Trento62.
Figuró en la Exposición Iberoamericana de 1927, en Sevilla. Destrozado en 1936, sus restos
fueron depositados por los PP. Jesuitas en el Museo Diocesano de Huelva, con sede en el
Monasterio de Santa Clara de Moguer. Fue restaurado en la Facultad de Bellas Artes de la
Universidad de Sevilla, bajo la dirección del Dr. Francisco Arquillo, y desde 1990 se expone en el
antecoro de dicho monasterio63.
Rescatada del derribo por el abogado Antonio Peña Suárez, y restaurada por el marmolista
Francisco Fuerte Pérez, se conserva desde 1975 en el pórtico del Santuario de Ntra. Sra. de la
Cinta, de Huelva64 (mide 1,67 x 0,83 m). El famoso capitán onubense, alférez mayor, almirante por
Su Majestad y vice-general de sus armadas, don Andrés de Vega Garrocho, que había recibido del
Marqués de Santa Cruz el cargo de la flota en la conquista de Larache, colocó en el suelo del
presbiterio de San Francisco una lauda sepulcral, con su escudo de armas en relieve y una
inscripción que dice: «ESTE ENTIERRO I / CAPILLA MAIOR ES DEL SEÑOR CAPITAN
ANDRES / GARROCHO, ALMIRANTE / POR SV MA[GESTAD I VICE]GENERAL [DE SUS
ARMADAS I] DE SVS EREDEROS./ AÑO 1604». Antonio Jacobo del Barco, vicario de la villa,
describía la lápida en 1776:
«En su sentro un escudo de armas que coxe toda la lápida, cuias empresas es un morrión con
plumage que corona el escudo, y el quadro de este es en dos mitades, en la derecha un castillo por
cuias armenas salen dos manos, una con un alfanje desnudo y la otra tiene pendiente una cabeza
degollada, y al pie de dicho castillo está una cruz al parecer de ávito militar, assimilado al de
Calatraba; y en la siniestra otro castillo maior por cuia superficie y lados salen distintas llamas, y
devajo del todo dicho escudo están tres cabezas sobrezaliendo las referidas empresas»65.

La losa que debía cubrir el acceso a la cripta de la capilla de Ntra. Sra. de los Ángeles fue
22 CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, «Bienes muebles en la Huelva del siglo de Velázquez», en Del siglo de
Velázquez. Arte religioso en la Huelva del siglo XVII, Catálogo de la exposición, Huelva, 1999, págs. 19-49.

33 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA, Escultura mariana onubense, o.c.,
pág. 170.

44 SEGOVIA AZCÁRATE, José María, Efemérides históricas. Memoria de las actividades de la Hdad. de Ntra. Sra.
de la Cinta. 1955-1987, o.c., págs. 120, 174.

55 ADH, Justicia, Huelva, caja 290, Huelva, Año de 1766. C. 1ª. L. 2741a. Autos de Don Juan de Almeida, marido de
Doña Bárbara de Lemos Vega y Garrocho, con Doña Ana María de Negro sobre restitución del despojo en el derecho
del Patronato, capilla, bóbeda y entierro que fundó el Almirante Don Andrés de Vega y Garrocho en S. Francisco, fols.
42 vº- 43. Trascrito por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág. 147.
encargada por Diego López Jaimes y su mujer, sucesores en el patronato de Gonzalo de Vallejo. Se
conserva en los jardines del Santuario de la Cinta (mide 0,96 x 0,96 m), y su epitafio reza así:
«ESTE ENTIERRO Y CAPILLA ES DE D / LOPES JAIMES Y DE ANA LOPES / HIDALGO SV
MVGER Y / DE SVS HEREDEROS Y DEL CAPITAN / GONZALO DE BALLEJO / [escudo de
armas] / 1608 Aº». El blasón, timbrado de yelmo con cimera y lambrequines, es terciado en barra
por ondas, ostentando tres estrellas de ocho puntas en el campo superior y un león rampante en el
inferior, todo ello orlado por una bordura tachonada por ocho flores de lis.
En la parroquia mayor de San Pedro de Huelva se conserva la antigua imagen de la
Inmaculada de la iglesia de San Francisco, ahora bajo la advocación de Santa María, Madre de
Dios, o Virgen de Belén. Se trata de una imagen de vestir, de tamaño natural. Conserva el rostro y
manos en su forma original, salvo la encarnación, la talla de la cabellera y el candelero, en posición
arrodillada, que fueron realizadas por Antonio León Ortega en 1967. Actualmente se utiliza en el
Belén, que se instala con motivo de los cultos de la Navidad. Es de escuela sevillana de principios
del s. XVII66. Como anteriormente se dijo, la capilla o altar de la Inmaculada, de la iglesia de San
Francisco, era de yeso, se encontraba en el lado de la epístola, y le fue otorgada a Alonso
Rodríguez y a su mujer el 4 de febrero de 162467. La Inmaculada era venerada como imagen de
vestir, según la iconografía franciscana, es decir, con el Niño Jesús en sus brazos, Niño que le fue
donado por Teresa González en 162168.

Del retablo mayor construido por Joaquín Cano en 1781, perviven determinados fragmentos
en la capilla privada de la comunidad de PP. Jesuitas. De entre ellos destacaremos las dos puertas de
medio punto, el manifestador y su basamento. Sin perder la apoyatura geométrica, predomina el
efecto visual de los juguetes, los espejuelos sobre el dorado, o las molduras de rocallas doradas
sobre fondo verde azulado.

Puede verse en los jardines «Monseñor García Lahiguera», del Santuario de la Cinta (mide
1,63 x 0,81 m). La lápida de Andrés Garrocho estorbaba en los oficios litúrgicos, debido a sus
formas relivarias, por lo que fue trasladada a la pared del lado del evangelio en 1747, colocándose
en su lugar otra plana, con la inscripción de sus legítimos herederos, no sin protestas de otros
herederos69 Esta última decía y dice: «D.O.M / AQVI YACE EL SEÑOR DON / JVAN BAPTISTA
DE MORA SAR/GENTO MAYOR DE ESTA VILLA DE / HUELVA NATVRAL DE LA DE
VEAS / MARIDO QVE FVE DE DA ANA MA/RIA DE NEGRO Y GAROCHO PATRO/NA DE
LA CAP[ILLA] MAYOR DE ESTE / COMVENTO [DE N. S. P. S. FRANCISCO] / MVRIO EL
D[IA 8 DE MAIO DE 1747] / R. I. P. / [escudo de armas]»70. El escudo de armas fue también
descrito por Antonio Jacobo del Barco en la referida fecha:
«Un escudo de armas al qual rodea una orla de estrellas y el sentro se compone de tres cuadros, en el
uno está (al parecer) un león, en otro cinco faxas y en el otro un castillo con tres armenas arriba y

66 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA, Escultura mariana onubense, o.c.,
págs. 158-159.

77 CRUZ GARCÍA, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., págs. 55, 131-133.

88 AMH, FDH carpeta 166. Citado por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., págs. 78, 131-
133.

99 ADH, Justicia, Huelva, loc. cit. CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., págs. 140-151.

00 Transcripción literal de la lápida. Las palabras hoy perdidas han sido completadas por las trascripciones que figuran
en el citado expediente de ADH, citado por Rosario Cruz, en págs. 140, 143, 147.
tres abajo»71.
En los mismos jardines del santuario onubense se halla otra lápida (mide 0,92 x 0,85 m),
que ostenta en su centro una calavera, y, en una banda perimetral, un epitafio que dice así: «ESTA
SEPOLTVRA ES DE LOS / SES IVAN ENRIQVIZ I FRANCA PRIETO / DE TOVAR SV MVGER
Y DE / SVS HEREOS Y SVBCESORES». Carece de fecha. Desconocemos su primitiva ubicación.

En la residencia de los jesuitas se halla desmontada la antigua mesa de la sacristía. Está


compuesta por tres piezas de mármol rojo jaspeado, a saber, los dos pilares y la tapa horizontal. Los
pilares ochavados y abalaustrados miden 1,15 m.; y la pieza horizontal, labrada con molduras por su
parte inferior, debía medir 2,46 de largo por 1,30 de ancho, pero ha perdido un trazo en un extremo,
midiendo actualmente 2,16 x 1,30 m. Parece obra del siglo XVII.
Columnas y capiteles
Procedentes, probablemente, del claustro alto, se conservan algunas columnas de mármol
blanco, con sus capiteles toscanos, en los jardines del Santuario de la Cinta. Un capitel se halla en la
sede de la Hermandad de la Esperanza o de San Francisco.
Pero vayamos a lo más importante: cómo cumplieron los religiosos franciscanos el fin para
el que fue erigido el convento en Huelva.
En primer lugar, advertiremos que la cifra de religiosos que habitaban el convento no bajó
de la veintena, desde su fundación hasta el siglo XIX. El primer dato estadístico, de 1591, ya
cifraba en 20 el número de religiosos72. En la visita pastoral de 1623 se contaban 26 religiosos73. En
1648, había en el convento 20 religiosos; 14 eran sacerdotes: 9 predicadores y 5 confesores; de los
otros seis, 3 eran clérigos menores y 3 legos74. Un informe de 1685 computaba el número de
religiosos entre 20 y 24: sacerdotes entre 14 y 16, y legos entre 6 y 8 75. En 1769 eran 23 religiosos:
16 sacerdotes, 1 lego y 5 donados76. En 1808 eran 26; en 1820, 8 y en 1834, 4.
año total sacerdotes predicadores confesores clérigos legos donados

1591 20

1623 26

1648 20 14 9 5 3 3

1685 20/24 14/16 6/8

1757 27

11 ADH, Justicia, Huelva, loc. cit., fol. 42 vº. CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág.
147..

22 AGS, Dirección General del Tesoro., loc. cit.

33 AGAS, Visitas Pastorales, Año 1623, loc. cit. Citado por CRUZ, Rosario, o.c., pág. 35.

44 ORTEGA, Ángel, OFM, Las Casas de Estudio en la Provincia de Andalucía, o.c., pág. 322.

55 AGAS, Visitas Pastorales, Informe de Juan Negro sobre su vicaría, legº. 1333, fol. 121. Citado por CRUZ, Rosario,
o.c., pág. 35.

66 ORTEGA, Ángel, OFM, Las Casas de Estudio en la Provincia de Andalucía, o.c., pág. 328.
1768 22 17 1 4

1769 23 16 1 5

1787 14 9 3 2

1808 26

1820 8

1834 4

Juan Agustín de Mora testimoniaba así el aprecio de los onubenses por los franciscanos:
«Como la Religiosidad, Humildad y Pobreza de estos Observantísimos Padres se concilia tanta
veneración y atrahe a sí el afecto de los Pueblos, es mucho el concurso de Gentes de todos estados
que frequentan este Convento y grande el fruto que allí se saca de la frequencia de Confessiones y
Comuniones y de los Exercicios devotos de la Orden Tercera, en la que se alistan muchas Personas
de ambos sexos. Siempre ha florecido aquella Comunidad con Sujetos de especial virtud y
distinguido carácter»77.
Por esta razón, las fundaciones pías y memorias de misas fundadas en San Francisco fueron
más numerosas que en los restantes conventos de la villa. Según Lara Ródenas, en la segunda
mitad del siglo XVII, 40 de las 89 fundaciones de misas (un 45 %) fueron para este convento. Y en
el mismo periodo de tiempo, de las 60.533 misas encargadas por testadores en los conventos
onubenses, el 36,7 % de ellas se aplicarán en San Francisco78. En el extracto del Protocolo de
memorias de misas y legados del convento, realizado en 1696 por fray Cristóbal de la Banda,
figuran 106 memorias y legados79. No obstante, esto no evitaba que vivieran momentos de penuria
económica. Un informe de Juan Negro sobre su vicaría, fechado en 1685, afirmaba que «es
convento pobre y lo pasan con estrechez por la poca limosna que ofreçe la calamidad de los
tiempos»80.
Del referido extracto del protocolo, conservado en el Archivo de la Provincia Bética, en un
cuadernillo de 20 folios81, se puede deducir la intensa actividad celebrativa de los padres del
convento. Los datos son tan heterogéneos que, en una primera aproximación, nos impiden una
síntesis completa. En cuanto al capital, a veces se especifican los ducados de principal, otras veces
son bienes inmuebles a renta, otras veces aparece sólo la renta. Y en lo referente a las memorias de
misas, aparecen dos cantidades no siempre idénticas: la que consta en la fundación y la que de
hecho se celebraba. De las cifras anotadas por el P. Ortega resulta que las memorias sumaban 6.936
ducados en forma de capital o de principal, 3.126 reales en forma de rentas, y lo que produjeran las

77 MORA, Juan Agustín de, Huelva Ilustrada, o.c., pág. 160.

88 LARA RÓDENAS, Manuel José, Religiosidad y cultura en la Huelva moderna, t. III de El tiempo y las fuentes de
su memoria. Historia moderna y contemporánea en la provincia de Huelva, Huelva, Diputación Provincial, 1995,
págs. 85-86.

99 ORTEGA, Ángel, OFM, La Rábida, o.c., t. IV, págs. 44-47.

00 AGAS, Visitas pastorales. Informe de Juan Negro sobre su vicaría: legº 1333, fol. 121. Citado por CRUZ, Rosario,
El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág. 35.

11 APB OFM, Legajo 54, carpeta H, «Convento de Ntro. Pe. Sn. Francisco de Huelba. Fr. Christóbal de la Banda, Lector
de Theología y Comisario de estas diligencias. Estando en este Convento de Ntro. Pe. S. Franco. de Huelba en nuebe días
del mes de Marso de mill seisientos nobenta y seis, auiendo requerido al Pe Guardián con la patente de mi comisión y
obedesida me entregó las escripturas de memorias y legados que tiene este dicho convento, y auiéndolos registrado,
hayo que son en la forma siguiente [...]»
rentas de determinadas casas, huertas y trigo.
Las reglas franciscanas prohibían la posesión de bienes, por lo que se servía de la cofradía
de San Antonio para la administración de las memorias. Muchas de las donaciones dejaban
expresamente el capital a la cofradía, con la obligación de que ésta hiciera celebrar determinadas
misas, en forma de limosnas o estipendios, quedando el superávit para la corporación. En la
memoria de Juan García Bravo, con el número 47, se anota con agudeza:
«Y su fundasión está muy conforme a nuestra regla porque la dexa a cargo de la Cofradía del S. Sn.
Antonio, y le ordena que pague las dichas missas al convento y a su síndico»82.
En cuanto a las celebraciones litúrgicas dotadas, destacamos las de la Virgen: los nueve
oficios de la Virgen (Antonio González, Ana Medrano); Purificación (Andrés Garrocho);
Purificación, Asunción, Natividad, Concepción y Presentación (Catalina de Tovar); la Asunción,
Encarnación, Natividad y Concepción (Juana Márquez); la Concepción y su octava, y la Natividad
(María Rodríguez); la Concepción o Encarnación (Leonor González); de la Concepción (Juan
Bermejo); la octava de la Concepción (Antón Peña); la Asunción (Teresa González); de Ntra. Sra.
de los Ángeles (Roque de la Osa Valera); los sábados del año (Leonor Quintero).
También las fiestas de la Stma. Trinidad (María Ximénez, Inés Martín); del Espíritu Santo
(María de Aragón); o del Señor, en la pascua de Navidad y de Resurrección (Catalina Gómez); del
Santísimo Sacramento (Juan Bermejo) y de Epifanía, salves de cuaresma y misas de pasión, del
domingo de Ramos al miércoles santo (Catalina Rodríguez, Teresa González); de la Santa Cruz
(Andrea Dantes, Andrés Garrocho).
Y, finalmente, las fiestas de los santos: de Todos los Santos y de los Difuntos (María
Rodríguez, Hernando de Esteban Ponce, Teresa González); de San José (Teresa González); de San
Juan Bautista (Andrea Dantes); de San Esteban (Hernando de Esteban Ponce); de San Sebastián
(Catalina Rodríguez); de Santa Catalina (Esteban Carretero, Hernando de Esteban Ponce); de San
Buenaventura (María Muñoz de Tovar); de San Antonio (Cristóbal Martín, Isabel Rodríguez,
Bartolomé Rodríguez).
Con razón ha podido afirmar González Cruz que en la primera mitad del siglo XVIII, el
convento de San Francisco ocupaba «el primer lugar de las comunidades religiosas masculinas que
gozaban del favor de los onubenses»83.
Los franciscanos participaban, además, en las procesiones solemnes, en acompañamientos
funerarios y demás actos religiosos públicos, en los que no era fácil establecer la precedencia con
los mínimos del monasterio de la Victoria y con los mercedarios84.
Conforme a la vocación apostólica de los franciscanos por evangelizar a los infieles,
presente en la orden desde sus inicios, también Huelva aportó misioneros franciscanos a las tierras
americanas. Del convento onubense procedían Bartolomé de los Ríos, predicador, que marchó en
1689 a la Florida85; Francisco Ibáñez y Andrés López, que partieron en 1712 para Cunamá86; y

22 APB OFM, loc. cit., fol. 6, nº 47.

33 GONZÁLEZ CRUZ, David, Religiosidad y ritual de la muerte en la Huelva del siglo de la Ilustración, Huelva,
1993, pág. 244.

44 LARA RÓDENAS, Manuel José, Religiosidad y cultura en la Huelva moderna, o.c., págs. 87-88.

55 ROPERO REGIDOR, Diego, «Franciscanos andaluces de la tierra de Huelva en Indias», en Actas del I Congreso
Internacional sobre los Franciscanos en el Nuevo Mundo. La Rábida, 16-21 septiembre 1985 , Madrid, Deimos, 1987,
págs. 753-770.

66 MACÍAS DOMÍNGUEZ, Isabelo, «El aporte misionero onubense a Indias en el siglo XVIII», en Huelva y América.
Actas de las XI Jornadas de Andalucía y América, marzo 1992. Huelva, Diputación Provincial, 1993, t. I, pág. 280.
Jerónimo Fernández, José González87, y Antonio López88, que fueron destinados en 1769 a
Querétaro. También marcharon a la evangelización americana franciscanos naturales de Huelva,
vinculados tal vez al convento onubense en el origen de su inclinación a la vida religiosa: Juan
Barreda, que salió en 1687 del convento de Osuna para Tampico, Nuevo Méjico89; Francisco
García, en 1715, de Sevilla a Cunamá; Martín de la Concepción, en 1717, de Cádiz a Méjico;
Bernabé Vargas, en 1739, de Ayamonte a la Florida; José Romero Bernal, en 1755, de Ayamonte a
Michoacán; en 1757, Nicolás de la Cruz, de Granada a Mojos (Perú)90.
La orden tercera franciscana de seglares tenía singular pujanza en Huelva, por . Ejercía un
fuerte atractivo los muchos beneficios espirituales e indulgencias que recibían los afiliados. Era
costumbre que se solicitara ser amortajado con el hábito franciscano, pues, según el Sumario de
indulgencias, gracias y remisiones de pecados, publicado en 1785, «los que se mandan enterrar con
el Ábito de nuestro Padre San Francisco ganan Indulgencia Plenaria, concedida por León X, y basta
para ganarla sólo pedirle, aunque no se le vistan hasta después de su muerte»91. En el conjunto de
asociaciones de fieles de Huelva, la hermandad tercera de San Francisco ocupaba un lugar de
absoluta superioridad, como lo demuestra el que de los testadores que afirman pertenecer a una
cofradía, más de la mitad son de la orden tercera franciscana, siguiéndole en número la de San
Antonio92.
La cofradía de San Antonio de Padua, que tenía reglas aprobadas en 159293, contribuyó
notablemente a la buena gestión económica de los franciscanos, al encomendársele la
administración de los capitales fundacionales de las memorias de misas, y encargarse de hacer
cumplir las mandas piadosas, con las rentas. Por esta razón no es de extrañar que fuera la cofradía
onubense que más rentas generaba anualmente94.
La cofradía de San Telmo, propia del gremio de los mareantes, consta en la iglesia de San
Francisco desde 1660. En 1653 se concedía el altar de San Jácome de la Marca al armador de
jábega Diego Rodríguez Sutil, y siete años más tarde ya figura en la capilla la imagen del santo. Al
año siguiente, 1661, Diego Rodríguez Sutil cedía totalmente los derechos a la Hermandad para que
ésta se hiciera cargo de la obra de ampliación de la capilla hasta su terminación. Por causas no
conocidas, la hermandad sufrió una rápida decadencia económica, y mantenía inacabadas las
obras. Situación que obligó a la comunidad, en 1669, a requerir a los patrones de barco y demás
cofrades su terminación. A pesar de los requerimientos, los patrones no se hicieron cargo de la obra,
por lo que el Provisor del Arzobispado, con fecha 4 de mayo de 1669, autorizó a los religiosos de
San Francisco para que dispusieran de la capilla95. Seguidamente quedó adjudicada a un hijo de
77 ROPERO REGIDOR, Diego, o.c., págs. 768-769.

88 MACÍAS DOMÍNGUEZ, Isabelo, o.c., pág. 281.

99 ROPERO REGIDOR, Diego, o.c., págs. 766-767.

00 MACÍAS DOMÍNGUEZ, Isabelo, o.c., págs. 281-282.

11 La Santa Regla, que N. S. P. San Francisco dio a los profesores de su Sagrado Orden Tercero, y confirmada por
nuestra Santísimo Padre Nicolao IV, puesta en compendio para los Hermanos de la Venerable Orden Tercera de la villa
de Huelva, cuyo librito se costea a sus expensas, Sevilla, Impr. Mayor, 1785, pág. 58. Citado por LARA RÓDENAS,
Manuel José, Religiosidad y cultura en la Huelva moderna, o.c., págs. 89-90.

22 Ibidem, pág. 123.

33 Ibidem, pág. 146.

44 Cfr. ibidem, pág. 126.

55 ADH, Justicia, Huelva, caja 292, “Huelua. 1669. Autos hechos a instancia del convento de San Francisco de la [sic]
Rodríguez Sutil, sin que se volviera a saber más de tal cofradía. Díaz Hierro piensa que la imagen
de San Telmo debió trasladarse al Santuario de la Cinta, en cuyo retablo se hallaba –ésta u otra
nueva– en 1936. La piedad de los armadores vendría a engrosar la ya antigua devoción marinera
por la Virgen de la Cinta, atestiguada en el Diario de a bordo de Cristóbal Colón.96.
Pero, por encima de los aspectos institucionales y organizativos, hemos de valorar la
siembra del espíritu evangélico de San Francisco. Nos ofrece un testimonio conmovedor el
testamento de Juan López Toñanejos, otorgado en Huelva el 14 de octubre de 1666 ante Antonio
Hernández Almonte, quien pedía enterrarse en una sepultura de la iglesia de San Francisco, y
suplicaba
«al padre guardián del dicho convento la elixa en la parte más umilde y a la entrada de la puerta del
dicho convento, sin solisitar sea de bóbeda ni cubierta ni otras ostentasiones, porque sólo
reconosciendo, como reconosco, lo nada que soy y la umildad con que debo portarme, quiero a su
imitasión se escuse lo que se encaminare a ostentasiones»97.
Una Real Orden de 24 de enero de 1823, de arreglo de conventos de la provincia de Huelva,
imponía la supresión del convento de Huelva y el traslado de los religiosos al del Moguer98. No
obstante, quedaban 4 religiosos en el convento de Huelva en 1834. Por Real Orden del Ministerio
de Gracia y Justicia de 25 de julio de 1835, se suprimían los monasterios y conventos con menos de
12 profesos. Una lista del Pro-Ministro General de la Orden al Provincial de Andalucía, de 7 de
agosto del mismo año, enumeraba los conventos onubenses suprimidos, a saber: Escacena, Moguer,
La Rábida, Huelva, Ntra. Sra. de la Bella y Ayamonte99.
El día 28 de agosto de 1835, el convento de San Francisco de Huelva pasó a disposición de
la Junta de Enajenación de Edificios y Conventos Suprimidos. Los agentes de la incautación
recogieron en él 186 libros viejos, de teología, de homiliética y de moral. «La iglesia de este
Convento con todos sus Altares, Imágenes, pinturas y demás subsiste como ayuda de Parroquia en
el ser y estado que tenía en tiempo de los Frailes»100. A los altares franciscanos se les añadieron, por
poco tiempo, las efigies de la cofradía del Nazareno, llamada de los Trianes, que estaban en el
desamortizado Convento de la Victoria, de los frailes mínimos101, demolido en 1837-38.
Exceptuado de la desamortización102, el templo permaneció abierto al culto, para atender a

Huelua sobre que se le dé lizencia para vender una capilla que comensaron a labrar vnos vezinos de la dicha uilla al
Señor San Telmo”.

66 DÍAZ HIERRO, Diego, Historia de la devoción y culto a Ntra Señora de la Cinta, Patrona de Huelva, o.c., págs.
222-228.

77 AHPH, Protocolos Notariales, leg. 754, fols. 252 ss. Citado por LARA RÓDENAS, Manuel José, Religiosidad y
cultura en la Huelva moderna, o.c., pág. 180.

88 AMH, Oficios y Minutas, leg. 205, 2/205, s.f., transcrito por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de
Huelva, o.c., págs. 152-154.

99 ORTEGA, Ángel, OFM, La Rábida, o.c., t. IV, págs. 193-194.

000 ARABASF, Comisión Central de Monumentos, legajo de Huelva. loc. cit. AMADOR DE LOS RÍOS, Rodrigo,
Catálogo de los Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Huelva. 1909, o.c., págs. 197-198.

101 En el convento de la Victoria, los agentes de la incautación inventariaron «9 Efigies de madera de escaso mérito,
pues las que componen la cofradía llamada de los Trianes que son muy buenas, se trasladaron a la Iglesia de San
Francisco a petición de los propietarios»: ARABASF, Comisión Central de Monumentos, legajo de Huelva, loc. cit.
AMADOR DE LOS RÍOS, Rodrigo, Catálogo de los Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Huelva.
1909, o.c., pág. 197.

202 ADH, Administración, Inventario histórico de 1860. Núm. 4. Administración principal de Propiedades y Derechos
la población de la barriada. Ante los preparativos para convertir el convento en cuartel y cárcel, los
vecinos solicitaron del alcalde que «la Yglesia del Convento de San Francisco quede en el estado en
que se encuentra, haciéndose el derribo en lo demás del convento»103. Por orden de 12 de julio de
1842, el Ayuntamiento se hace cargo del sector conventual para instalar en él las tropas de
infantería, en el piso alto, y para cárcel provincial en el bajo104. Según el Diccionario de Madoz, en
1847 servía también para casas de niñas expósitas105. Y en 1882, Braulio Santamaría testificaba
que, además de cárcel de partido y cuartel de infantería, se hallaba en él el Juzgado de primera
instancia106. La ubicación del centro penitenciario (de hombres y de mujeres) y su necesaria
atención religiosa contribuyó al mantenimiento de la iglesia.
En 1894 se fundaba en la antigua iglesia franciscana la cofradía del Cristo de la Expiración,
de la que nos ocuparemos más adelante.
En 1908, por iniciativa del arcipreste don Manuel González (beatificado por Juan Pablo II el
28 de abril de este año 2001), se establecieron en el ala norte las Escuelas del Sagrado Corazón,
dirigidas por el ilustre escritor, abogado y pedagogo Manuel Siurot. Para ello se ocuparon los
espacios de las capillas del lado del evangelio y el coro alto, y se adquirieron viviendas
adyacentes107.
La huerta, con su vieja noria, fue convertida en plaza de San Francisco, que pasó a
denominarse en 1913 plaza del Conde López Muñoz, y hoy conocida como plaza del Ayuntamiento
o de la Constitución.
En 1936, la iglesia fue destrozada y sus imágenes, retablos y bienes muebles quemados en
la plaza de San Francisco.
Pasada la Guerra Civil, los PP. Jesuitas, que se habían establecido en Huelva en 1932,
ocuparon en 1939 una parte de los locales que habían sido Escuelas del Sagrado Corazón, y se
hicieron cargo del culto. Arreglaron los altares con lo poco que se pudo recuperar de los destrozos
del 36, quedando, finalmente, distribuidos de la siguiente forma: en el lado del evangelio, contiguo
al presbiterio, el altar de la Virgen de Monserrat y el altar de Nuestra Señora de la Esperanza,
ambos en arcos rehundidos poco profundos; y, entre ambos, el púlpito. En el presbiterio, el retablo
mayor de Joaquín Cano, del s. XVIII, ocupando la hornacina central con la imagen del Sagrado
Corazón de Jesús, según el modelo del de los jesuitas de Sevilla. En la hornacina superior, un San
Francisco, de serie. Las cornucopias laterales no son las de los antiguos patronos, sino que
presentan el escudo de España con el Corazón de Jesús al centro («reinaré en España») y el
escudo del Apostolado de la Oración. Los lienzos laterales no son los de Pacheco, sino otros de
temas relativos al Sagrado Corazón. En la lado de la epístola se hallaba la capilla del Cristo de la
Expiración, con el Cristo en su tabernáculo de traza barroca, y en los paramentos laterales, la
Virgen del Mayor Dolor y San Juan, respectivamente. Le seguía el retablo de la Inmaculada, de las
Congregaciones Marianas, muy rehecho o totalmente nuevo, en estilo neobarroco, con la imagen
del Estado de la Provincia de Huelva. Diócesis de Sevilla. Relación de las fincas pertenecientes a la Iglesia que no se
incluyan en los inventarios de permutación por estar eseptuados de ésta, con arreglo al convenio celebrado con la
Santa Sede. Huelva, 1860, diciembre, 19. Copia autentificada por el Vicario General de Sevilla, 1979, julio, 23; fol. 2:
«Huelva. Iglesia de S. Francisco. Franciscos [sic] Descalzos. Al culto»

303 AMH, legº. 652, fol. 31. Citado por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág. 37.

404 CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., págs. 28-29.

505 MADOZ, Pascual, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar, t. IX,
Madrid, 1847, pág. 274.

606 SANTAMARÍA, Braulio, Huelva y La Rábida, Madrid, 1882, pág. 44.

707 CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág. 42.
titular y otras de serie. A continuación, los altares de la Virgen de la Paz y el Cristo de la Victoria,
donde estaban los altares de la Concepción y de San Luis, bajo arcos de medio punto rehundidos y
decorados sus intradoses con casetones. Estas pinturas murales, que se habían conservado detrás de
los retablos destrozados en 1936, fueron restauradas por el pintor Antonio Brunt. Finalmente el coro
bajo, bastante amplio por la adaptación del coro alto al uso escolar.
El 18 de junio de 1964, la Diócesis de Huelva vendió a la Compañía de Jesús el edificio
(iglesia y dependencias escolares). En septiembre del mismo año se demolió lo que quedaba del
antiguo convento e iglesia franciscana, para construir en su lugar un nuevo templo y residencia de la
Compañía, obra del arquitecto Francisco de la Corte. La casa fue inaugurada el año 1966, y la
nueva iglesia quedó abierta al culto el 9 de junio de 1973.

(Nueva iglesia de los PP. Jesuitas, construida sobre el solar de la iglesia del Convento de San
Francisco)

Durante la época de presencia franciscana en Huelva, la iglesia de San Francisco fue sede
de las cofradías de San Antonio y San Telmo, ninguna de ellas con carácter penitencial. Sin
embargo, a raíz de la desamortización, el antiguo templo franciscano fue sede de tres hermandades
penitenciales. En 1837 acogió a la cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno108, desde el derribo del
convento de la Victoria hasta su ubicación definitiva –antes de 1845– en la parroquia de la
Concepción109. En 1894 se fundó en San Francisco la Hermandad del Cristo de la Expiración, de la
que nos ocuparemos a continuación. A ella se sumó en 1943 la cofradía del Cristo de la Victoria y
María Santísima de la Paz (Ex-combatientes), erigida canónicamente en San Francisco, hasta que
tomó como sede la nueva parroquia de San Sebastián en 1960110.
La Real e Ilustre Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de
la Expiración, María Santísima del Mayor Dolor, San Juan Evangelista y Nuestra Señora de la
Esperanza (San Francisco), tal como se denomina hoy, fue fundada en 1894 por Juan Ortiz Serrano,
en la iglesia de San Francisco, siendo aprobados sus estatutos cinco años más tarde. Tenía un solo
paso, con el Crucificado y la Virgen dolorosa arrodillada a sus pies, imágenes que ya existían en
aquella iglesia. El Cristo era conocido como de la Vera Cruz, y fue encargado por Juan Bautista
Bermejo, según consta en su testamento otorgado en 1651111. En 1899 fue restaurado «con bastante

808

ARABASF, Comisión Central de Monumentos, legajo de Huelva, loc. cit. AMADOR DE LOS RÍOS, Rodrigo,
Catálogo de los Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Huelva. 1909, o.c., pág. 197.

909 SUGRAÑES GÓMEZ, Eduardo J, Historia de la Semana Santa de Huelva, 2ª ed., Huelva, Fundación El Monte,
1998, pág. 209.

010 Ibidem, págs. 31-38. Anotemos, finalmente, que la inspiración franciscana de la Hermandad de Nuestro Padre
Jesús del Calvario y María Santísima del Rocío y Esperanza (1972) entronca más bien con el convento rabideño, por
sus orígenes estudiantiles en el Politécnico de La Rábida: cfr. ibidem, págs. 44, 46.
acierto por el inteligente artista Apolonio Corral»112. La imagen de la Virgen figuraba anteriormente
como Virgen de los Dolores, de cuya veneración existen datos que se remontan a 1680113. Ambas
imágenes perecieron en 1936. En 1937 ocupó su lugar en la procesión de penitencia una fotografía
de la Virgen, en busto, de tamaño natural, que impresionó hondamente.
En 1938 salió un único paso con la Virgen del Mayor Dolor, obra del escultor valverdeño
Manuel Castilla Jiménez. Al año siguiente, 1939, fueron incorporadas las imágenes del Stmo.
Cristo de la Expiración, obra de Ramón Chaveli, de Jerez de la Frontera, y la Virgen de la
Esperanza, obra del onubense Joaquín Gómez del Castillo, nueva advocación que se incorpora al
título de la Hermandad.
Caballero Lama, en 1951, afirmaba que el Cristo de la Expiración estaba situado en la
antigua capilla de los Ángeles, fundada por el capitán Gonzalo de Vallejo. Sin embargo, Díaz
Hierro, en 1964, afirma que «últimamente» el altar y las imágenes de la Cofradía del Cristo de la
Expiración se hallaban en la capilla de San Diego, fundación de Cristóbal Toledo y Bermejo
(1594). Las fotografías del altar confirman que el retablo se encontraba dentro de una capilla
abovedada. Es cierto, no obstante, que la imagen de la Virgen de la Esperanza ocupaba el lugar del
primitivo altar de Ntra. Sra. de los Ángeles.
Ante la inminente demolición de la iglesia de San Francisco, en 1963, la hermandad fue
acogida temporalmente en la Catedral. Pero el terremoto de 1969, que obligó a cerrar La Merced al
culto, originó para la cofradía un penoso peregrinar. Finalmente, después de muchos sufrimientos,
los hermanos acometieron la construcción de una capilla propia, en la calle Padre Andivia,
inaugurada el 1979 y ampliada en 1992, donde se encuentra actualmente.
La imagen de Nuestra Señora de la Esperanza, con su atributo iconográfico del áncora,
símbolo tomado por la carta a los Hebreos del ambiente marinero, se ha convertido con el tiempo en
una de las más veneradas entre los onubenses. En 1994, con motivo del I Centenario de la
fundación de la cofradía, la Virgen de la Esperanza recibió la medalla de oro de la ciudad. Y el
sábado 3 de junio de 2000, Año Jubilar, fue coronada canónicamente en la Plaza de las Monjas, a
tan sólo unos metros de su primitiva sede.
La hermandad ha querido mantener siempre el recuerdo de sus orígenes en la iglesia de San
Francisco, no sólo ostentándolo en el escudo (la Vera+Cruz franciscana)y en el título oficial, sino
usándolo habitualmente en uno de los títulos abreviados por los que es conocida: Hermandad de la
Esperanza, o Hermandad de San Francisco. Conserva algún recuerdo del antiguo convento: un
capitel y una pequeña campana.
En la ornamentación de la capilla intervienen los jóvenes artistas y cofrades, Enrique
Bendala Azcárate y Mario Ignacio Moya Carrasco. El primero ha diseñado, entre otras cosas, el
tabernáculo eucarístico y el nuevo manto. Mario Moya ha pintado los cuadros de la Purísima
Concepción (1996)114, la Beata Ángela de la Cruz (1997)115 y San Francisco (1999)116.
111 AMH, FDH, carpeta 165, s.f. Citado por CRUZ, Rosario, El Convento de San Francisco de Huelva, o.c., pág. 76.

212 La Provincia, 24 y 30 de marzo de 1899. SUGRAÑES GÓMEZ, Eduardo J, Historia de la Semana Santa de
Huelva, o.c., pág. 101.

313 CABALLERO LAMA, Juan, «Las más antiguas cofradías onubenses», o.c.

414 Óleo sobre lienzo. Mide 2,70 x 1,80 m. Firmado: «Moya 96». CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, Ave María,
Catálogo de la Exposición, Huelva, Casa Colón, 17 de diciembre de 2002 a 12 de enero de 2003, Córdoba,
Publicaciones Obra Social y Cultural Cajasur, 2002, págs. 62-63.

515 Óleo sobre lienzo. Mide 1,95 x 1,30 m. Firmado: «Moya 97»

616 Óleo sobre lienzo. Mide 1,95 x 1,30 m. Firmado: «Moya 99»
El santo de Asís, en éxtasis, estigmatizado por las heridas de la pasión en pies y manos, es
sostenido en su desfallecimiento de dolor y de amor por un ángel. El vivo colorido dorado y la
frescura de la interpretación, realista y piadosa a la vez, cautivan nuestra atención. Quede en
nuestra retina esta figura del seráfico padre San Francisco, como símbolo de la continuidad en el
espíritu de la fundación onubense.
Entre los diez conventos que fundó la orden franciscana en lo que hoy es Diócesis de
Huelva, nos hemos ocupado del convento de San Francisco de la ciudad de Huelva. Fue fundado en
1588 por iniciativa del cabildo, construido con aportaciones de ciudadanos anónimos y con el
mecenazgo de patronos, que edificaron y exornaron las capillas laterales, entre los que destaca el
capitán Garrocho y sus descendientes. El claustro fue reconstruido tras los terremotos de 1755 y
1773. El sector residencial fue secularizado en 1835. La iglesia, en cambio, se mantuvo al culto
hasta su derribo en 1964.

(Sobre el nuevo edificio edificado en el solar de la iglesia de San Francisco y Escuelas del Sagrado
Corazón figura hoy este recuerdo y homenaje. Las cuatro ilustraciones en blanco y negro
precedentes insertas en esta reproducción del texto de la ponencia de D. Manuel Carrasco Teriiza
están tomadas de la obra de Rosario Cruz “El Convento de San Francisco, de Huelva”)
Tras las desventuras de la incautación, las destrucciones de 1936 y el derribo de 1964 poco ha
llegado hasta nosotros: fragmentos del relieve de la Purificación, obra del gran maestro de la
escultura barroca española y universal, Juan Martínez Montañés; fragmentos del retablo de
Joaquín Cano; algunas laudas sepulcrales y la mesa de la sacristía. La Hermandad de la Esperanza
mantiene vivo hoy el recuerdo a la iglesia de San Francisco.
Al lado de las grandes obras de arte de inspiración franciscana que suscitan la fe y la
devoción en nuestras catedrales andaluzas, es bien poco lo que puede aportar la ciudad de Huelva.
Imposible, en cambio, cuantificar la acción pastoral llevada a cabo durante casi tres siglos por
predicadores y confesores franciscanos, que, sin duda, marcó la vida y la espiritualidad de
generaciones enteras de onubenses.

Manuel Jesús Carrasco Terriza


Doctor en Historia del Arte

Miembro de la Academia de Ciencias, Artes y Letras de HuelvaÍÑIGUEZ, Manuel, OFM,


Centuria Bética o Descripción y Colección de noticias de la Provincia de Andalucía de la Regular
Observancia de Ntro. Sco. P. S. Francisco desde su erección en provincia y separación de la de
Castilla conforme a los documentos existentes, por el R. P. Fr. Manuel Íñiguez, Ex-Srio. de la
Provincia. 1860
Manuscrito en 4º. Archivo de la Provincia Bética OFM, Loreto (Sevilla), págs. 175-176.
(En la pág. 457 se lee la siguiente anotación: «Esta obra es copia de la Historia de esta
Provincia por el R. P. Valderrama. El P. Íñiguez le añadió el título inmerecido de Centuria.
He visto copia (1836) del P. Valderrama en Moguer: era del P. Verdugo».)

/pág. 175/ «Descripción del Convento de S. Francisco de Huelva.


Huelva, villa del Reino de Sevilla está situada a dos leguas al mediodía de Gibraleón y otras
dos al O. E. de San Juan del Puerto a la orilla oriental del río Odiel en un terreno desigual de
cumbres y llanuras. Algunos dan a Huelva la antigüedad por la venida de los fenicios a España.
Llamose Onuba. Conquistada a los moros por el Rey D. Alonso el Sabio en 1267. Pertenece esta
Villa a los Duques de Medina Sidonia. Las Campiñas de Huelva son fertilísimas para todos granos.
Hay muchas viñas, higueras y almendras, y la pesca que hacen en la cercana mar sus moradores
provee a la capital y otros muchos pueblos del Condado y de la Sierra. Tiene dos parroquias, tres
conventos de Religiosos y uno de Religiosas.
El Convento de San Francisco es fundación del año /pág. 176/ de 1588. Habiéndoles hecho a
los Religiosos los capitulares donación del sitio. La Iglesia es primorosa, lo mismo el claustro y el
convento, cuya situación es apreciable. Padeció mucho esta comunidad en el temblor de tierra del
año de 1755, y en el día doce de Abril de 1773 quedó tan lastimado el convento que vino a tierra
todo el dormitorio que cae a la huerta, aunque sin haber lastimado a persona alguna. Ya está
mejorado y renovado a costa de la Provincia. El Claustro donde está toda la vivienda es de los más
agraciados que hay entre los conventos de Andalucía. Pertenece el Patronato de este Convento a la
noble familia de los Garrocho desde el año 1604.»