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INTRODUCCION

La inminencia de sendas conmemoraciones del bicentenario de la


proclamación de independencia de Chile suscitará, probablemente,
además de celebraciones, megaproyectos y la inauguración de
monumentos, la revisión de las últimas dos centurias en términos
políticos, sociales y económicos. Ello conllevará una proliferación de
interpretaciones o reinterpretaciones de la historia del Chile
republicano, destacando sus logros y, quizás, revisando los errores.

Dentro de estos, cabe sin duda mencionar la relación que ha


mantenido el Estado de Chile con los distintos pueblos indígenas que
residen dentro de sus márgenes fronterizos1. En este marco se
inscribe la siguiente investigación que pretende ser un aporte en este
sentido.

Con una población estimada de entre el 5 y el 9 por ciento de la


población, se reparten a lo largo del territorio chileno los pueblos,
Aymara, Atacameño, Diaguita, Colla, Mapuche, Rapa Nui, Kawashkar
y Quechua. Cada uno con sus propias especificidades, características,
historia y formas de organización. Según cifras del Instituto Nacional
de Estadística, extraídas del censo de 2002, serían poco más de 600
mil indígenas a lo largo de todo el país 2. De éstos el 86%,
corresponden al pueblo mapuche, existiendo, en dependencia del
censo utilizado, una cantidad que puede fluctuar entre un 6 y un 8%
de la población total de Chile que puede considerarse mapuche.

1
Es posible argumentar lo contrario, sin embargo, para efectos de este ensayo
entenderemos la relación de dominación y asimilación ejercida desde el Estado
hacia los indígenas y especialmente los mapuche, como de errada. Incluso el
gobierno chileno ha admitido una deuda histórica, aunque no habla de dominación
y lo hace desde una perspectiva indigenista
2
Existen discrepancias importantes entre las cifras del censo de 1992 y el de 2002,
existiendo una diferencia de más de 300 mil individuos entre uno y otro.

1
La población mapuche nacional se concentra principalmente en las
regiones novena (33.6%), metropolitana (30,3), décima (16,7%) y
octava (8,8%). Debiéndose señalar también que de ésta el 62,4%
vive en las ciudades, mientras que el 37,6% aún reside en el campo.
Según investigaciones, también del Gobierno de Chile, se puede
observar una correlación importante entre el hecho de ser indígena y
los niveles de pobreza, siendo las de mayor incidencia de pobreza
entre indígenas las regiones octava, con un 47%, y novena con 39%,
debiendo recordarse que estas regiones tienen gran concentración de
población mapuche.

Los mapuche representan un colectivo importante, no sólo


cuantitativamente, sino además en términos culturales y de
participación política, lo cual se puede advertir sin mayor dificultad
haciendo una somera revisión de la historiografía chilena y también
mapuche. A pesar de lo anterior, esta participación ha sido
generalmente de manera no convencional, verificándose también
intentos de participación más convencional, inclusive desde dentro
del sistema político chileno, sin embargo, no han fructificado, siendo
por lo general éstas, excepciones.
Los mapuche y sus distintas organizaciones se han constituido, en
especial a contar del segundo lustro de los noventa, en un actor
protagónico de la vida política nacional y también regional. Es esta
situación la que llama particularmente la atención. La vinculación de
los mapuche a la política y el accionar colectivo ha sido sistemática y
constante, sin embargo, el sistema político y de partidos chileno no
refleja esta situación. Ni siquiera a nivel local (municipal) podemos
observar la plasmación en el sistema de partidos de esta división, de
este conflicto que afirmamos existe en la sociedad chilena.

Resulta difícil plantear que el sistema de partidos ha absorbido la


representación de los mapuche. Aunque hay mapuches que, como
individuos, participan en partidos políticos chilenos Existen muchas

2
organizaciones sociales, e incluso políticas, mapuche, pero ninguna,
hasta el momento, con representación formal en el sistema político
chileno.
Este conflicto social en el seno del Estado nacional chileno, a pesar de
contar con más de una centuria de prolongación, no se ha traducido
al sistema de partidos. Este clivaje o división de tipo étnica no ha
seguido el derrotero que sí han seguido otros conflictos societales en
Chile, que sí se tradujeron en un clivaje en el sistema de partidos.
La existencia de este conflicto de tipo étnico no se ha traducido en la
incorporación de los indígenas y específicamente de los mapuche al
marco político institucional regional. Es esto lo que nos incentiva a
profundizar en el estudio del movimiento social mapuche, intentando
identificar y analizar aquellos factores de orden relacional que más
inciden en que el sistema de partidos de la región de la Araucanía3 de
Chile no exprese en un clivaje político el conflicto étnico existente.
Focalizándonos de forma específica en sus marcos interpretativos,
repertorios de acción colectiva y en el análisis de algunas de las
organizaciones que lo componen, intentaremos ver de qué manera se
organizan, cómo se desenvuelven en el contexto de este conflicto,
sus relaciones y contactos, etc. Analizando, además en este, la
evolución del discurso en el marco del conflicto presente en la región.
Podemos señalar que el análisis de la organización, marcos y
repertorios que han predominado en el marco del conflicto étnico
existente en la región de la Araucanía, nos permitirán inferir una
progresión de lo meramente étnico y reivindicativo, hacia una visión
autonómica, más política. La cual, se puede argumentar, no logra
manifestarse en el sistema de partidos local. Planteándose además,
que los elementos analizados no incidirán de manera directa o
decisiva en este sentido.
El análisis expuesto, pretende servir de base para comenzar a
entender las razones por las cuales la división de tipo étnico existente
en la región de la Araucanía no se ha manifestado en el sistema de
3
Novena región de Chile, cuenta con el mayor porcentaje de población mapuche del
país, además también, de la mayoría de las tierras en conflicto.

3
partidos de la región, siendo necesario un estudio de factores de otra
índole que pudiesen afectar en este sentido. En definitiva la
problemática entre el estado chileno y el pueblo mapuche ha sido una
constante a lo largo de más de 100 años, conflicto que se ha
manifestado de diferentes maneras.

1 Aproximación socio demográfica a la región de La


Araucanía

1. 1 Organización territorial.

Resulta de interés, antes de comenzar a ahondar en el análisis


organizativo y discursivo de los mapuche en la actualidad, intentar de
manera al menos somera ubicarse espacial y temporalmente para

4
ofrecer la posibilidad de una comprensión más acabada de la
problemática. En este marco, pareciera importante mencionar un
hecho que puede servir como base: Chile, como Estado-nación,
comienza su desarrollo a partir de las primeras décadas del siglo XIX,
una vez verificada la independencia de España. Esta situación es
ampliamente conocida y documentada por la historiografía chilena, y
es aquí mismo donde se pueden encontrar referencias claras a cómo
el territorio al cual correspondía lo que entonces era conocido como
Chile, corresponde sólo a un tercio de lo que actualmente es.
A fines del siglo XIX, el Estado de Chile comienza un proceso de
expansión territorial que, guerras por medio, conducirá a la
ampliación del territorio nacional en dos tercios de su actual
configuración. Anexando luego de la Guerra del Pacífico4 los
departamentos de Antofagasta (Bolivia) y de Tarapacá (Perú). Por su
parte, hacia el sur, el Estado chileno debía hacer frente a una
problemática que implicaba lograr un control real y efectivo sobre las
tierras al sur del río Bio Bio, territorio hasta entonces bajo control
mapuche.

Para las elites de la época era de medular importancia, por razones


políticas, económicas y geopolíticas, garantizar la unidad de todo el
territorio del incipiente Estado Nación, siendo este de carácter
indivisible y unicultural. Con respecto al sur del país, se hacía
necesario en el marco de esta consolidación nacional, lograr un
control efectivo sobre el territorio mapuche. Entonces, en el contexto
de una concepción y praxis de un Estado unitario, se resolvió integrar
las tierras agrícolas del sur del país. Ello implicó el despojo de tierra
indígena y la creación de condiciones para el establecimiento de
colonos europeos. Además, fue una forma concreta de morigerar lo
que se consideraba un claro peligro geopolítico.: a consecuencia de la
ocupación de territorio mapuche al este de los Andes por parte del

4
Como Guerra del Pacífico se conoce al conflicto bélico que estalla en 1879 entre
Chile, Perú y Bolivia. Este se extiende hasta 1884.

5
Estado argentino, el Estado chileno decidió ocupar militarmente el
territorio mapuche en Chile.

El Estado de Chile ocupa definitivamente la totalidad del territorio


mapuche a partir del año 1881 mediante una campaña militar
denominada eufemísticamente “Pacificación de la Araucanía”5. Es un
proceso de conquista, con el fin de someter al mapuche a la
soberanía nacional chilena que, en rigor, comenzó en la década de
1860 con la ocupación gradual del territorio mapuche. Esta soberanía
es impuesta de manera vehemente, no sólo causando la muerte de
miles de mapuche, sino además arrebatándoles el territorio en el cual
vivían. A los indígenas se les impone de manera violenta el nuevo
Estado nacional, careciendo además su condición de indígenas, su
cultura, su lengua, o su historia de un real valor para el Estado o la
sociedad chilena (Bello; 2004: 128).
Sus tierras y territorio son reducidos; son confinados a vivir en poco más
de 3.000 reducciones de carácter comunal con una extensión total
aproximada de 500 mil hectáreas de las 5 millones que se estima tenían
con anterioridad a la invasión 6. El territorio conquistado por el ejército fue
destinado por el Estado de Chile para la colonización extranjera o a la
conformación del latifundio mediante su remate en subastas públicas. Los
mapuche en tanto, pasaban de modo violento e inconsulto a ser
ciudadanos chilenos.
El pueblo mapuche después de la invasión no sólo se vio conquistado,
arrebatadas sus tierras y sometido a políticas de arreduccionamiento,
sino que además, es posible argüir, que esta reducción que pudiese
parecer principalmente territorial, implica también un proceso de

5
En Argentina se verifica un proceso de similares características denominado
Campaña del Desierto, al mando del General Julio Argentino Roca.
6
Basándose en una ley sobre propiedad indígena de 1866, luego de la derrota
militar en el año 1883 comienza la expropiación de las tierras, iniciándose de esta
forma la radicación de los mapuche en reducciones. Las tierras eran entregadas
bajo lo que se conoce como “Título de merced” concedido por la República a
nombre de un o unos indígenas, cuya propiedad era inscrita en un registro. En un
periodo de 45 años se concedieron 3078 títulos de merced, por un equivalente a
475.422 hectáreas, a 77.841 indígenas.

6
asimilación de su cultura. Se debía asimilar, chilenizar a los indígenas
sometiéndolos a las leyes, las costumbres de la nación chilena.

De lo anterior se desprende que la ubicación e instalación del Estado


chileno en territorio originario mapuche se remite a poco más de 100
años atrás. Actualmente podemos afirmar que lo que fuese territorio
mapuche en Chile (también lo hubo en Argentina) se ubica
aproximadamente desde el sur del río Bio Bio, en la octava región, hasta
Chiloé, en la décima.
De esta extensión territorial, la que pretendemos analizar en este estudio
es específicamente la novena región, la región de La Araucanía; esta
consta de 31.842,3 Km cuadrados de superficie y está formada por dos
provincias: Malleco, que cuenta con 11 comunas y cuya capital es la
ciudad de Angol; y Cautín, cuya capital es Temuco (también capital
regional) y que cuenta, por su parte, con 21 comunas7.
La división de la región, en cuanto a representación parlamentaria se
refiere, está conformada por dos circunscripciones, la Decimocuarta o
Araucanía norte, constituida por dos distritos, el 48 y el 49; y la
Decimoquinta o Araucanía sur con tres distritos, el 50, 51 y 52. Cada una
de estas circunscripciones elige dos Senadores por un periodo de 8 años.
A su vez que los distritos eligen dos diputados cada uno por un periodo
de 4 años.
A diferencia de otros países de Latinoamérica, en Chile el gobierno
regional no es electo, sino designado directamente por el Gobierno del
país. Dicho lo anterior, se puede indicar que a nivel regional existe una
organización cuya figura principal es el Intendente Regional; a la vez,
cada provincia cuenta con un Gobernador Provincial y con Secretarios
Regionales Ministeriales (SEREMI), que abarcan distintos ámbitos del
quehacer regional, entre los que podemos mencionar Educación,

7
Las 32 comunas son Angol, Renaico, Collipulli, Purén, Los Sauces, Ercilla,
Lonquimay, Lumaco, Traiguen, Victoria, Curacautín, Galvarino, Perquenco, Carahue,
Nueva Imperial, Temuco, Lautaro, Vilcún, Melipeuco, Saavedra, Teodoro Schmidt,
Freire, Cunco, Toltén, Pitrufquen, Gorbea, Loncoche, Villarrica, Pucón, Curarrehue,
Padre Las Casas, Cholchol

7
Gobierno, Economía y Minería, Justicia, entre otros. Todos los cargos
anteriormente señalados son designados.

Los que sí son cargos representativos, elegidos también cada 4 años, son
los Alcaldes y los Concejales de cada comuna. Los Alcaldes son la máxima
autoridad a nivel comunal y se elige uno por comuna. Por su parte, la
cantidad de Concejales está directamente relacionada con la cantidad de
personas inscritas en los registros electorales, pudiendo ser estos 6, 8 o
10 dependiendo de la cantidad de electores. Las comunas que tengan
hasta 70 mil habitantes eligen 6 concejales, aquellas con más de 70 mil y
menos de 150 mil, eligen 8; y aquellas con más de 150 mil tienen 10
representantes en el Concejo Municipal8.

Existe otro organismo de representación a nivel regional


directamente ligado al anterior. El Consejo Regional (CORE) es
elegido por los Concejales miembros del Concejo Municipal,
constituidos para estos efectos en colegio electoral, siendo presidido
por el Intendente de la región. Tiene por objeto el hacer efectiva la
participación de la comunidad regional y está investido de facultades
normativas, resolutivas y fiscalizadoras Está integrado por 2
consejeros por cada provincia, independientemente de su número de
habitantes, 10 consejeros en las regiones de hasta un millón de
habitantes y catorce en aquellas que superen esa cifra, los que se
distribuirán entre las provincias de la región a prorrata de su
población. Estos consejeros son elegidos por cuatro años en sus
cargos y podrán ser reelegidos. (Art 28 y 29)9. En la Región de la
Araucanía está presidido por la Intendenta y está integrado por 14
consejeros

Esta es, a grandes rasgos, la institucionalidad que prevalece en la


zona, con las lógicas evoluciones temporales y contextuales, desde el

8
Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades N° 18.965. Articulo 72.
9
Ley Orgánica Constitucional sobre Gobierno y Administración Regional (1993).

8
sometimiento militar por parte del Estado de Chile. Todo el
ordenamiento socio-político y cultural mapuche fue destruido o
relegado a segundo plano por la institucionalidad del Estado chileno,
la que se impuso por la fuerza.

1.2 Población en La Araucanía


Según los datos recogidos en el Censo de 2002, la población actual de
Chile asciende a 15.116.435 habitantes. De estos, poco más de 6
millones se encuentran en la capital del país, es decir, más de un tercio
de la población chilena vive en Santiago. Siendo posible colegir, además,
que la mayor parte de la población del país vive en ciudades, siendo el
porcentaje de habitantes rurales considerablemente menor.

La región de la Araucanía tiene una población estimada en 869.535


habitantes, dentro de ésta, la provincia de Malleco tiene una población
total de 201.615 habitantes, de los cuales 139,261 viven en ciudades y
62.354 corresponden a población rural.
Por su parte, en la provincia del Cautín, encontramos una población de
667.920 habitantes, de los cuales 449.147 son urbanos, mientras que
218.773 son rurales. Es notoria la existencia de más población en esta
comuna, lo cual se explica principalmente porque en ella se encuentra la
comuna y la capital regional, la ciudad de Temuco, que cuenta con
245.347 habitantes. A pesar de no encontrarse dentro de las regiones
más pobladas, se puede argumentar que la Araucanía es una de las que
mayor crecimiento ha tenido durante las últimas décadas. Es así como
observamos que en 1982 se contabilizaban 698.232 habitantes, en 1992
ascendían a 781.242 personas y en 2002 ya alcanzaban los 869.535
habitantes.

Según datos del mismo instrumento, un 4,6% de la población total del


país correspondería a, según la terminología utilizada en el censo,
“grupos étnicos”, siendo este porcentaje equivalente a 692.192

9
personas10. De éstas, el 87 % corresponde a mapuche, lo cual en cifras
absolutas se traduce en 604.349 personas, lo que equivale al 3,84% de la
población total del país.
En este punto pareciera importante hacer un alcance antes de continuar.
Se vuelve necesario destacar las enormes discordancias con respecto a la
población indígena entre el Censo de 2002 y el realizado 10 años antes.
Según los resultados del Censo de 1992, existirían en Chile en aquel
momento un total de 927.060 mapuche de más de 14 años, esto
representaría el 8,7% de la población total del país. De añadirse a estos
resultados la población faltante, es decir lo menores de 14 años, la
población mapuche se estimaría cercana al 11%.
Existe una diferencia sustancial entre los resultados de ambos censos, el
cambio en la pregunta formulada produjo innegablemente una notoria
variación en el resultado. A diferencia del censo realizado en 1992, que
consultaba a las personas de 14 años y más acerca de su eventual
identificación con alguna de las culturas mapuche, aimara o rapa nui, el
censo de 2002 preguntó sobre la pertenencia a uno de los ocho grupos
étnicos reconocidos en la legislación vigente (Estadísticas sociales de los
pueblos indígenas en Chile. Censo 2002; 7: 2005). La pregunta utilizada
en el Censo del año 1992 refiere al concepto de auto-adscripción cultural,
mientras que la interrogante usada el año 2002 hace referencia al
concepto de pertenencia étnica.
En consecuencia, entre un instrumento y otro existe una diferencia de
322.711 personas identificadas como mapuche, pudiéndose argumentar
al respecto que una homologación a la ligera y sin tomar los resguardos
correspondientes de ambos resultados, sólo es un ejemplo de nuevos
etnocidios demográficos, en la medida que se “mata” más o menos la
mitad de la población registrada en el Censo 1992 (Valdés en Aylwin.;
418: 2004)11.
10
La encuesta CASEN del año 2006, muestra que la población que se auto-identifica
como perteneciente a pueblos indígenas en Chile alcanza a 1.060.786 personas, lo
que equivale 6,6% de la población del país.

11
Ambas preguntas utilizadas han sido criticadas por su incapacidad para lograr
contabilizar de manera eficiente la población indígena del país. Para una mayor
referencia ver Aylwin, José. Ed. “Derechos Humanos y pueblos indígenas. Tendencias

10
Tabla 1: Población indígena y mapuche en Chile
Pob. Efectiva Pob. en relación total nacional %
Pob. Indígena 1992 998.335 mil 9,9%
Pob. Mapuche 1992 928.060 mil 8,7%
Pob. Indígena 2002 692.192 mil 4,6%
Pob. Mapuche 2002 604.349 mil 3,84%
Elaboración propia a partir de los datos de los Censos de 1992 y 2002 del Instituto
nacional de Estadísticas, INE.

Pese a lo anterior, para efectos de esta investigación, se utilizarán los


datos recogidos a partir del Censo de 2002, pues a pesar de las críticas,
es la sistematización de información relevante y actual más completa a
la cual se tiene acceso para nuestro estudio.
Es así como es factible indicar que del total de población indígena del
país, el mayor porcentaje se encuentra en la región de la Araucanía
alcanzando 29,6%; un 27,7% en la región Metropolitana; 14,7% en la
décima región y un 7,8% en la del Bío Bío. Como se puede ver
claramente, a excepción de la región metropolitana, las regiones de
mayor concentración poblacional indígena corresponden justamente a
aquellas donde se encuentra el territorio mapuche. De la misma manera,
podemos agregar que la población mapuche a nivel nacional se
concentra principalmente en las regiones novena (33.6%), metropolitana
(30,3), décima (16,7%) y octava (8,8%). Se puede añadir un dato
relevante, de la población mapuche existente en la actualidad, 62,4%
vive en las ciudades, mientras que el 37,6% reside en el campo (Censo de
2002. Estadísticas sociales de los pueblos indígenas en Chile).
En Chile existirían 26 comunas que cuentan con más de 30% de la
población que se considera perteneciente a algún pueblo indígena12. Sólo
en la región de la Araucanía podemos encontrar 13 comunas que
sobrepasan este porcentaje, además de otras 5 que tienen más de un

internacionales y contexto chileno”, Santiago, Chile, 2004.


12
Este es otro factor que debe resaltarse del Censo de 2002.A pesar que el Estado
de Chile no reconoce la existencia de otros pueblos dentro de sus fronteras, sino de
etnias, el Censo pregunta por la pertenencia a un pueblo indígena específico, en lo
que representa una clara contradicción entre lo que dice la Constitución del país y
lo que implementa el Ministerio de de Planificación Nacional (MIDEPLAN) con el
Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

11
20%. Entre estas podemos mencionar la comuna de Saavedra con 64,3%,
Galvarino con 59,2%, Nueva Imperial con 53,4% o Curarrehue con 50,4%.
Temuco, en tanto, cuenta con 13,2% de su población que se considera
pertenece al pueblo mapuche.

1.3 Pobreza, mapuche y exclusión

Durante los últimos lustros, se ha destacado a Chile como ejemplo de


crecimiento sostenido y de superación de la pobreza en América Latina.
Según cifras de los gobiernos de la Concertación, elaborados por el
MIDEPLAN mediante la encuesta Casen (Encuesta de Caracterización
Socioeconómica Nacional) podemos ver, por ejemplo, cómo en el año
1990 la cifra de personas bajo la línea de la pobreza era de 38,6 %, en
1994 de 27,6%; en 1998, de 21,6%; en 2003 de 18,7% y, finalmente, el
año 2006 la cifra alcanza 13,7% de la población total del país13.
Es decir, a fines del año 2006 podemos encontrar en el país una cantidad
de 2.208.937 personas bajo la línea de pobreza, de las cuales 516.738 se
encuentran en situación de indigencia (Casen 2006). Debe señalarse, sin
embargo, que existen visiones críticas a estas cifras oficiales, que
plantean que las cifras de pobreza se empinarían bastante por sobre esta
cifra. 14

13
El método utilizado por MIDEPLAN para estimar la pobreza es "del costo de las
necesidades básicas”. A un individuo se le considera pobre si su nivel de ingreso se
sitúa por debajo de un nivel mínimo que le permita satisfacer sus necesidades
básicas; e indigente, si éste no le permite satisfacer sus necesidades alimenticias.
En Chile la línea de la pobreza urbana se establece en 68.2 euros, mientras la de
indigencia urbana en 34, 09 euros. Por su parte, en la zona rural la línea de pobreza
es 45,9 euros, mientras que la de indigencia está en 26,27.

14
Existen economistas, como el chileno Marcel Claude, que afirman que esta línea
de pobreza es errónea, criticándola y afirmando que el requerimiento de las líneas
para definir la pobreza es tan limitado que supone que bastaría que esa persona
tenga un ingreso que le permita adquirir las calorías básicas e ir y venir diariamente
a su trabajo, para no caer en la categoría de pobre. Planteando que se debe
entender a la pobreza como un problema complejo, que su análisis no sólo se limite
a la posesión y consumo de bienes, sino que busque como meta final lograr la
satisfacción de las necesidades humanas.

12
Según los datos de la encuesta Casen, la región del país con mayor
incidencia de pobreza es la Octava, región del Bío Bío, y en segundo lugar
la Novena, región de la Araucanía, existiendo un 20,7% y un 20,1% de
personas bajo la línea de la pobreza respectivamente. En la novena
región además podemos afirmar que el nivel de indigencia alcanza un
6,1%. Lo anterior significa que en esta región existen 183.331 personas
que viven bajo la línea de pobreza de acuerdo a la encuesta Casen, es
decir, sobreviven mensualmente con un ingreso de menos de 68 euros.

No son pocos los autores que observan una correlación en Latinoamérica


entre la pobreza y la condición de indígena. Chile no es la excepción, los
niveles de pobreza en las poblaciones indígenas se elevan a 19% del total
de la población nacional, siendo de estos el 4,7% indigentes. En la zona
de la Araucanía, sector en el cual la población mapuche representa el
95,5% de la población indígena, el nivel de pobreza entre la población
indígena alcanza el 24,7% del total de la población indígena, de la cual
7% son indigentes.
A nivel regional, vemos que las comunas con mayores índices de pobreza
son en primer lugar Galvarino con un 35,7% y Saavedra con un 35,1%
ambas, como ya se ha señalado, las comunas de la región con mayor
índice de población mapuche.

Tabla Nº 2
Personas bajo línea pobreza Porcentaje bajo línea de pobreza
Pob. Nacional 2.208.937 per. 13,7 % (del total chile)
Pob. Indígena nacional 131.516,48 per. 19 % (del total de indígenas)
Pob. Región IX 183.331 per. 20,1% (del total de la región)
Pob. Indígena región IX 50.436,165 per. 24,7% (total indígenas región)
Elaboración propia.

Es importante destacar que los niveles de pobreza se ven acentuados en


la población indígena ubicada desde la octava hasta la duodécima región,
siendo las de mayor incidencia de pobreza entre indígenas las regiones

13
octava y novena debiendo recordarse que estas regiones tienen gran
concentración de población indígena y, específicamente, mapuche.

Existe un elemento que no ha sido mencionado y que viene a acentuar


esta pobreza, y brecha de pobreza, entre indígenas y no indígenas en la
región de la Araucanía: la existencia en la región de una de las industrias
más prolíficas en términos económicos del país, sólo sobrepasada por los
multimillonarios réditos de la minería cobre. La industria forestal es la que
mayor crecimiento ha registrado en los últimos años, logrando un
crecimiento superlativo, principalmente gracias al desarrollo de las
plantaciones forestales y a la producción y exportación de celulosa. Es
así como observamos, por ejemplo, que de 700 mil toneladas que se
producían en 1986, se ha aumentado la producción hasta cerca de dos
millones de toneladas en 1998, lo que representa un crecimiento de un
160%. En el mismo sentido, podemos ver como el PIB (producto interno
bruto) forestal corresponde a un 3,4% del total del PIB nacional,
encontrándose a su vez, como las exportaciones forestales han
aumentado en una tasa promedio de 10,8% entre 2000 y 2005,
acumulando réditos este último año, de 3 mil 500 millones de dólares.

No en vano, si nos atenemos a los resultados de un estudio del Centro de


Estudios Públicos (CEP) del año 2006, podemos ver como al ser
consultados los mapuche por cuales creen son sus principales problemas
que debiese solucionar el gobierno señalan en primer lugar la
recuperación de tierras ancestrales, después la pobreza y en tercer lugar
la educación.

La educación es también un factor importante de analizar a la hora de


identificar las discordancias entre las poblaciones indígena y no indígena,
especialmente en la región de la Araucanía. El primer indicador a
observar en cuanto al análisis de las disparidades en torno a la educación,
es la tasa de analfabetismo. Datos del censo de 2002 nos muestran cómo
el analfabetismo en Chile alcanza un 4,2%, cifra que sube a

14
prácticamente el doble entre la población indígena, llegando a 8,2%, las
mayores tasas de analfabetismo las registran las etnias Mapuche,
Alacalufe y Yamana. Entre la población mapuche nacional podemos
encontrar un analfabetismo de un 8,2%.
La brecha existente se manifiesta tanto en las mayores tasas de
analfabetismo, como en los menores niveles de instrucción formal
(especialmente en el nivel secundario y superior). Asimismo, son
indicativos de ésta, los deficientes resultados en las pruebas
estandarizadas en los distintos niveles educacionales y de acceso a la
educación superior de quienes proceden de comunas con mayor
concentración de población indígena (Equitas 2006).
Lo cierto es que existe evidencia para sostener la persistencia de esta
cultura, que se preservan, aunque se han reformulado en algunos casos,
prácticas sociales que remiten a un origen, a un pasado común, a una
cultura que aún nutre relatos identitarios y prácticas sociales que se
reproducen en condiciones adversas, pero se reproducen. Es decir, es
posible argumentar que el pueblo mapuche – ayer como hoy – no sólo se
asentaba en un territorio específico o contaba con una organización social
determinada, sino además compartían una lengua común, el
Mapudungun, idioma de tradición oral, mediante el cual se ha
conservado la cultura y cosmovisión Mapuche, dentro de las cuales
podemos señalar una riquísima mitología, medicina propia, tradiciones o
símbolos que se continúan usando hoy en día. Mapudungun está
compuesta por Mapu (tierra) y Dungun (habla). En la actualidad, se
estima que unas 200.000 personas hablan Mapudungun en localidades
del sur de Chile; y unas 40.000 en algunas provincias de la Argentina.
Según estimaciones de la encuesta CASEN 2006, encontramos que no
obstante los mapuche ser numéricamente más, porcentualmente otros
pueblos originarios conservan y practican más su lengua. Los Rapa Nui
que hablan o entienden su idioma alcanzan 81, 3%, la Quechua 74,4%,
mientras los mapuche sólo llegan a 22,8%, que representa 210.584
personas. La encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) del mismo
año, al consultar con respecto a cómo hablan el mapudungun, nos

15
muestra que del total de una muestra de mapuche analizada, el 4%
declara hablarlo mejor que el castellano, el 11% igual que el castellano,
9% peor que el castellano, el 20% declara entenderlo pero no hablarlo y
un 56% no lo habla ni lo entiende.

2. Acción colectiva y conflicto étnico


La caracterización anterior nos permite situarnos espacio
temporalmente en el contexto en el cual se desarrolla nuestro objeto
de estudio, a saber, el movimiento social mapuche. Lo que se
pretende a lo largo de este capítulo es analizar de qué manera se han
manifestado los marcos cognitivos de éste, intentando además ver su
evolución durante los últimos lustros y la influencia que pudiese tener
dicho movimiento en que el clivaje étnico existente en la novena
región no se plasme en el sistema de partidos.

La participación política, el accionar político de tipo colectivo, se


puede verificar desde el comienzo de la relación entre el Estado de
Chile y el pueblo mapuche (Foerster 1988; Bengoa 1999; Saavedra
2002; Naguil 2006; Marimán 2006), manifestándose de diversas
formas, siendo estas convencionales, no convencionales e incluso a
través de la violencia.

16
Para que exista acción colectiva debe existir, como condición sine
qua non, un conflicto que enfrente a partes o actores antagónicos,
debe haber una tensión que se intenta resolver. Empero, no cualquier
conflicto desembocará en acciones de tipo colectivas, sin embargo, la
presencia de un conflicto sí es imprescindible para el desarrollo de
cualquier forma de acción colectiva. Caracterizándose ésta por la
existencia de un conjunto de individuos, no necesariamente
organizados, pero que comparten un interés, un objetivo o necesidad
en común; por tenerse la posibilidad de elegir si se quiere o no
participar de esta acción; y porque el resultado que produzca esta
acción será aprovechado por todos, no sólo por quienes hayan
participado de manera directa en su consecución. El resultado de este
tipo de acciones se conceptualiza como bien público, es decir, una
vez logrado el objetivo todos los individuos sin distinción son
partícipes de este bien (Jordana en Caminal; 294: 2004).

Haciéndose cargo de esta innegable dimensión colectiva del accionar


político, podemos identificar actores protagónicos esenciales en este
sentido, los partidos políticos, los grupos de interés y los movimientos
sociales, cada cual con su propia especificidad, que comprende entre
otras, distintas formas organizativas, el tipo de discurso que
desarrollan y el lugar de preferencia para la intervención.

Planteada ya esta conjugación ineluctable entre conflicto y acción


colectiva, podemos colegir además la raíz conflictiva de la política. Su
génesis se encontrará en la intención de resolver conflictos,
tensiones. En este marco podemos argumentar que conflicto político
incluye todas la ocasiones en las que algún grupo de personas realiza
reivindicaciones colectivas públicas visibles sobre otros actores
(reivindicaciones que si se lograran afectarían los intereses de estos
últimos) y en la que al menos una de las partes es un gobierno (Tilly;
30:1998).15 A pesar de poderse argumentar que pudiese ser
15
Tilly ofrece a su vez 4 ontologías de las ciencias sociales para explicar por qué
tiene lugar el conflicto político, las teorías de sistemas, el individualismo

17
demasiado específica o criticársele la necesidad de pre-existencia de
un gobierno, podemos afirmar que para los intereses de este ensayo,
enmarca con precisión lo que se pretende estudiar.
Sin embargo, existe un aspecto que debemos agregar para identificar
claramente a nuestro objeto de estudio. Hemos caracterizado las
problemáticas enfrentadas por el pueblo mapuche como conflicto
étnico, por ende, debemos aclarar que entendemos por lo anterior. Es
evidente que nuestra definición carece hasta el momento de una
conceptualización del término étnico. Como etnicidad entenderemos
a un proceso de construcción social y cultural que implica la selección
y elaboración de elementos objetivos y materiales. Estos son
incorporados como patrimonio de una comunidad y subjetivados por
parte de su habitus, constituyéndose a su vez en esencia de la
pertenencia a una comunidad dada, y asimismo en soporte o
referente material de la identidad (Bello; 43: 2004). Asiéndonos a la
vez, a lo planteado por Ramón Máiz para definir movilización étnica,
a la cual caracteriza como la acción colectiva que selecciona
determinadas características de tipo étnicas como criterio de
pertenencia a una comunidad, y a las cuales vincula a determinados
objetivos políticos de autogobierno (Máiz; 2001). Podemos, a partir de
la definición inicial y parafraseando a Charles Tilly, intentar una
definición de conflicto étnico16, entendiendo a este como las
ocasiones en las que algún grupo étnico realiza reivindicaciones
colectivas públicas visibles sobre otros actores y en la que al menos
una de las partes es un gobierno, sin olvidar eso sí, que además de la
noción de conflicto implicar la participación de actores con intereses
enfrentados, en el caso de los pueblos indígenas, podemos visualizar
además una discriminación, dominación o negación estructural que
se replica desde el comienzo de las repúblicas, y en el caso de Chile,
desde la invasión de la Araucanía.
metodológico, fenomenológico y el análisis relacional.
16
El definir conflicto étnico, diferenciándolo del político, lo dota de una especificidad
propia, sin embargo, de ninguna manera se pretende obviar el innegable carácter y
raíz política del conflicto étnico existente en la actualidad en Chile y en específico
en la región de la Araucanía.

18
El conflicto étnico se manifiesta en Chile prácticamente desde
comienzos de la república, expresándose de diversas formas a lo
largo de los casi 200 años de historia de Chile como Estado- nación.
Sin embargo, para caracterizarlo, nos focalizaremos principal, aunque
no únicamente, en los últimos 18 años, que son los que ha gobernado
la Concertación en Chile.

El capítulo anterior ha hecho referencia de manera somera a algunas


problemáticas que enfrenta el pueblo y el movimiento mapuche en la
actualidad, pero merece la pena hacer una breve sistematización de
lo anterior.
Para intentar graficar los distintos conflictos se esquematizará estos
diferenciándolos en cuatro grandes grupos. A saber: recuperación de
tierras ancestrales, impacto de megaproyectos, reivindicaciones
culturales y reivindicaciones políticas.

CUADRO 1

ESTADO

MODELO
NEOLIBERAL

Tierra y Territorio Megaproyectos Derechos Indígenas

Represas
Radicación/reducción
Carreteras Culturales Políticos
Industria Forestal
Vertederos

19
Fuente: elaboración propia.

2.1 Tierra, ¿y Territorio?

Evitando entrar en demasiados detalles históricos, podemos


mencionar que la disminución del territorio mapuche ha sido
sistemática. La conquista militar de su territorio o “Pacificación de la
Araucanía”, inicia una vía sin retorno de contracción territorial
(cultural y política) en la cual se pueden identificar etapas conocidas
como de reducción, radicación y contrarreforma agraria. Esta última
nos interesa especialmente porque, a pesar de existir controversia en
cuanto al término, lo cierto es que verificada la dictadura, se implanta
en Chile y en la zona mapuche un nuevo modelo ideológico y
económico, el neoliberalismo17.
De esta manera vemos como la dictadura inicia un proceso que
restituyó los terrenos expropiados, 64,7% de las tierras fueron
devueltas a sus antiguos dueños, se rematan cerca de 1500
hectáreas y se parcelan 63 predios18. Inmediatamente después del
golpe militar, de los 163 predios expropiados con presencia
mapuche, entre los años 1973 y 1974 se devolvió un total de 97
fundos a sus antiguos propietarios. La revocación de estas
expropiaciones significó sustraer del patrimonio mapuche una
superficie total de 98.817,2 hectáreas, que habían sido recuperadas y
ahora volvían a poder de los particulares, lo que representa el 64,7%
del total de tierras expropiadas a favor de los mapuche (Correa;
2001:248)19.

Para una mayor referencia a estos procesos remitirse entre otros a Correa, 2005;
17

Comisión de Verdad y Nuevo Trato, 2006; Bengoa, 2000; Saavedra 2002.


18

19

20
Durante esta etapa, la dictadura dictó el Decreto Ley 2.568, que
modifica la legislación existente con respecto a los indígenas, a partir
de ahora se autoriza la división de las reducciones. Esta nueva
legislación tuvo por objeto promover el pleno acceso a la propiedad
individual mediante la entrega de títulos de dominio a los mapuches.
Además de lograr la plena integración de la raza mapuche a la nación
chilena. Y de esta forma desarrollar una política agresiva para
erradicar la marginalidad del pueblo mapuche (Comisión de Verdad y
Nuevo Trato; 2006)20. Los militares creían que mediante estas
medidas los mapuche podrían acceder a la propiedad privada de la
tierra, entrando estas además en el mercado, estimulando la
inversión y el crecimiento. Como consecuencia de estas medidas,
cerca de 2 mil comunidades fueron parceladas en alrededor de 72 mil
hijuelas individuales, se dividió definitivamente a las comunidades
indígenas en territorios privados, poniendo fin a la propiedad
colectiva de las tierras y permitiendo su arriendo a personas no
indígenas por 99 años y su venta tras veinte años (Waldman; 2007).
La segmentación de la tierra, con una noción de esta como bien
privado, pasó a llevar la clasificación y ordenamiento espacial cultural
mapuche. Por ejemplo, tierras sagradas quedaron separadas entre
distintas propiedades privadas, no sólo divididas, sino dispuestas a la
libre utilización de quienes las poseyera.
La situación de las tierras durante la transición y los gobiernos de la
Concertación varió, aunque no de manera significativa. La nueva Ley
Indígena Nº 19.253 promulgada en 1993 reconocía las tierras
indígenas, a partir de ahora, las tierras no podrán ser enajenadas,
embargadas, gravadas, ni adquiridas por prescripción, salvo entre
comunidades o personas indígenas de una misma etnia. No obstante,

20
Este proceso estuvo marcado por la represión y la violencia. Se fusiló y se hizo
desaparecer a dirigentes y asentados mapuches, se encarceló y torturó a la vez que
se revocaron la mayoría de los predios donde los mapuches habían recuperado
tierras, retrotrayendo la situación a los años anteriores a la Reforma Agraria
(Comisión de Verdad y Nuevo Trato; 2006).

21
se permitirá gravarlas, previa autorización de la Corporación21. Lo
anterior está extraído del artículo 13 de esta Ley, sin embargo, al final
de dicho artículo se agrega: “En todo caso, éstas con la autorización
de la Corporación, se podrán permutar por tierras de no indígenas, de
similar valor comercial debidamente acreditado, las que se
considerarán tierras indígenas, desafectándose las primeras. Los
actos y contratos celebrados en contravención a este artículo
adolecerán de nulidad absoluta”. Párrafo no menor, si consideramos
que ha sido un recurso utilizado en el marco del conflicto mapuche,
como se detallará más adelante.
Debe mencionarse, a la vez, que otra de las medidas de la Ley fue la
creación del Fondo de Tierras y Aguas Indígenas, cuya finalidad era la
resolución de disputas territoriales por un mecanismo de mercado, es
decir, comprándolas22.
Otra situación que debe señalarse en cuanto a las tierras indígenas
ubicadas en la novena región, es la implantación de la industria
forestal en la zona. Para entender esta, debemos nuevamente volver
la mirada hacia la dictadura, la cual en el año 1974 promulga el
Decreto Ley 701, mediante este instrumento el Estado fomenta la
industria forestal, estableciendo subsidios directos a la forestación,
beneficiando principalmente a las empresas forestales. Se establece
un apoyo de dinero líquido del 75% del valor total de las plantaciones
y que demuestren tener un 75% de rendimiento al año de vida. En
1984 este subsidio subió al 90% por un corto periodo de tiempo
(Toledo; 57: 2005). Este decreto resulta de primordial importancia
para entender la conformación territorial actual del sur de Chile,
además por cierto, de estar directamente ligado a la problemática

21
Hace referencia a la CONADI, Corporación Nacional Indígena, institución creada
también a partir de la nueva Ley indígena y cuyo propósito en lo medular es
promover, coordinar y ejecutar, en su caso, la acción del Estado en favor del
desarrollo integral de las personas y comunidades indígenas, especialmente en lo
económico, social y cultural y de impulsar su participación en la vida nacional. A
esto se agrega las funciones de orden más específico detallados en el Artículo 39 de
la Ley Indígena.

22
Los mecanismos de tierras son tres, el subsidio a la adquisición de tierras; la
compra de predios en conflicto; y el traspaso de predios fiscales (Toledo; 100: 2005)

22
indígena actual. En la práctica financió, casi totalmente, la inversión
forestal en la zona sur y fue crucial en el desarrollo acelerado de la
industria forestal. Dicho decreto garantizaba, entre otras cosas, la
exención de impuestos, el no pago de contribuciones y eliminaba la
posibilidad de expropiación de tierras forestales.
El año 1975, por su parte, el Banco Central implementó un crédito
especial para fomentar la forestación y la liberalización total de los
productos forestales, eliminando cuotas, aranceles y algunos
requisitos para la exportación de estos productos. Lo que se suma al
decreto Ley 2.568.
El crecimiento de la industria forestal ha sido sistemático,
constituyéndose en la segunda en importancia, sólo superada por la
minería del cobre. En la década del setenta las plantaciones
forestales ascendían a tan solo 320 mil hectáreas, sin embargo en la
actualidad cubren una superficie de 2,1 millones de hectáreas,
fundamentalmente de pino y eucalipto. Durante el año 2005 las
exportaciones forestales chilenas totalizaron US$ 3.495,4 millones lo
que representó un incremento de 2,9% respecto del monto exportado
por el sector en el 200423. Asimismo, Chile ocupa el segundo lugar en
el mundo en cuanto a superficie plantada. Pudiéndose a la vez,
identificar un incremento sostenido en las exportaciones de la
industria forestal en los años subsiguientes.
TABLA 3
Valor de exportaciones de la industria forestal
1997-2007
(En US$ Miles de millones)
Año 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007

Valo 1,829 1,660 1,970 2,365 2,205 2,301 2,524 3,396 3,495 3.890 4.800.
r .9 .5 .7 .2 .6 .1 .0 .6 .4 .0 0*

* Proyección basada en exportaciones hasta la fecha

23
www.infor.cl/webinfor/estadisticas_Forestales/exportaciones

23
Fuente: Elaborado con información de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) y la
Corporación de la Madera (Corma)

Por último pareciera importante hacer referencia, brevemente pues


después se volverá a tocar, al concepto de territorio, que, al igual que
en otras partes de Sudamérica, se ha vuelto parte fundamental en la
demanda mapuche. Como territorio podemos entender un constructo
social que sólo adquiere sentido a través del significado que le otorga
el ser humano. Es mucho más que el paisaje, que su dimensión física.
Es un espacio concreto donde se verifican relaciones sociales,
interacción entre personas y colectividades y con la naturaleza. Es un
espacio habitado por la memoria y la experiencia de los pueblos;
espacio construido por el ser humano a través del tiempo, un ámbito
de relaciones diversas, pudiéndose agregar también, que
territorialidad es la apropiación de un espacio y, al mismo tiempo,
creación de sentido de pertenencia al territorio. En términos más
sencillos, tierra es lo visible, lo tangible, en cambio el territorio es:
“todos los recursos del suelo y del subsuelo, en este está implícito la
creación de la cosmovisión, los espíritus, las energías, el agua, abarca
todo. Los elementos culturales, con los que se ha construido la visión
de mundo particular de un territorio determinado” (Caquilpan: 2006).

2.2 Megaproyectos

Debemos analizar ahora la proliferación durante los últimos lustros de


proyectos y megaproyectos que impactan de manera importante en
el entorno y en la biodiversidad de la región de la Araucanía. Es
indudable que la industria forestal implica un impacto importante en
la región, sin embargo, en este apartado haremos referencia a
situaciones que han implicado importantes movimientos mapuches,
además de potenciado lazos con organizaciones de otros sectores de
la sociedad civil, especialmente medioambientales. Los conflictos más
destacados o mediáticos en este sentido son:

24
a) Proyectos Viales:
El By Pass Temuco, cuyo proyecto original fue desarrollado durante la
dictadura y que afectaría el territorio de 27 comunidades mapuche de
la novena región, pertenecientes a Wikan Mapu de Xuf Xuf y Koyawe.
La movilización de las comunidades en ese entonces logra detener el
proyecto el que, sin embargo, es retomado por la Concertación. El
Ministerio de Obras Públicas comienza a implementar el proyecto,
según éste la propuesta de trazado afectaba a un total de 17
comunidades mapuche, por su parte los mapuche del sector
afirmaban que eran 30 las comunidades perjudicadas. Se constituyó
el “Comité de Defensa contra el By pass Temuco”, se negoció con el
gobierno y aunque el trazado efectivamente disminuyó el impacto de
30 a 10 comunidades, los detractores de este proyecto ven la
carretera como un tumor que se instaló en su territorio y que ya está
teniendo múltiples consecuencias al interior de este espacio
mapuche. (Aylwin, 2001).

La carretera de la costa: también es un proyecto que tiene su génesis


en la dictadura, y que tiene básicamente la intención de unir la región
del Bío Bío (VIII) y la de Los Lagos (X) por la costa. El proyecto
inevitablemente pasaría por comunidades mapuche, en especial en
las cercanías del lago Budi de gran concentración Lafquenche y en
San Juan de la Costa de presencia Huilliche. El proyecto suscitó
controversia y produjo la movilización de los involucrados,
apareciendo en la palestra organizaciones como la Comisión de
Defensa de los Derechos Lafquenche o “Contraparte”, que forzaron al
gobierno a realizar un estudio de impacto ambiental y a proponer un
camino alternativo a la carretera Como consecuencia del estudio de
impacto ambiental y de la presión de las organizaciones,
especialmente lafquenche, en julio de 2002 se anuncia que la
carretera no pasará por Budi, sino que por un trazado alternativo (Los
derechos de los pueblos indígena sen Chile; 218: 2003).

25
b) Hidroeléctricas:
Quizás los proyectos más mediatizados, han sido aquellos ligados a la
instalación de hidroeléctricas en la zona mapuche, tanto en la octava
como la novena región. La zona más afectada ha sido el Alto Bio-Bio,
sector donde la Empresa Nacional de Energía (ENDESA), empresa
privatizada durante la dictadura y que en la actualidad es controlada
por capitales españoles, está construyendo una serie hidráulica de 6
represas, con el fin de abastecer la demanda de electricidad de la
región centro sur del país. (Aylwin;7 :2001) La primera de la seria
proyectada fue la central Pangue con una capacidad de 450
megawatts, que fue autorizada durante el primer gobierno de la
Concertación y puesta en funcionamiento en 199624. Debe resaltarse
que este proyecto, debido a su localización en territorio
históricamente reclamado por comunidades pehuenche y el evidente
impacto ambiental que implicaba, generó un relevante movimiento
ciudadano en oposición a la represa. Los pehuenche se organizaron
en torno al Centro Mapuche Pehuenche del Alto Bío Bío, entidad que
agrupaba a las autoridades tradicionales e integrantes de las hasta
entonces siete comunidades identificadas en el área, a lo que debe
añadirse una amplia coalición de individuos y ONGs (siendo la entidad
que lideró esta coalición el Grupo de Acción por el Bío Bío, GABB) que
logró que el proyecto se cuestionara en el ejecutivo, el parlamento, el
gobierno regional, e incluso en los tribunales (Aylwin:2001).
La segunda represa proyectada fue Ralco. Este embalse inundaría
3500 hectáreas, obligando a la reubicación de 98 familias pehuenche
pertenecientes a las comunidades Quepuca-Ralco y Ralco-Lepoy,
siendo alrededor de 500 personas las afectadas. Todo el proceso se
materializó con irregularidades de por medio, tanto en cuanto a los
estudios de impacto ambiental, como con respecto a la Ley indígena
y las tierras. Este punto es interesante, la ley no permite la venta de
tierras, sin embargo, la CONADI autorizó la permuta por tierras no

24
Este proyecto contó además con apoyo del Banco Mundial, cuya corporación
financiera respaldó el proyecto y lo financia mediante un préstamo de 150 millones
de dólares.

26
indígenas de similar valor comercial de acuerdo con la ley indígena
(art 13), en 1999, luego de la remoción de los dos primeros
directores por parte del Presidente Eduardo Frei. Ello en atención a
los cuestionamientos que dichas autoridades efectuaron a Ralco por
lesionar tierras protegidas por la ley indígena. A lo que deben
agregarse las presiones que ENDESA ejerció sobre los pehuenche
para que suscribieran los contratos de permuta de tierras
(Namuncura 1999; en Los derechos de los pueblos indígenas en Chile;
213: 2003).

c) Vertederos y aguas servidas:

Otra situación se ha tornado relevante en los últimos años en


territorio mapuche, a saber, la proliferación de vertederos, de
depósitos de basura. Según palabras del diputado por la novena
región, Alejandro Navarro, alrededor de 11.500 toneladas de basura
son depositadas mensualmente en tierras mapuches. De los 28
basurales existentes en la región, 19 están al interior o muy cercanos
a comunidades mapuche y el resto en sectores de campesinos
pobres; de éstos 15 han cumplido su vida útil, varios de ellos se
encuentran sin autorización sanitaria y otros sólo la han obtenido a
principios y mediados de los años noventa. Pudiéndose agregar
además que del total de vertederos, 25 se encuentran sin resolución
de calificación ambiental (Navarro; 2004)25. La existencia de estos
vertederos se ha transformado en un nuevo foco de conflicto entre el
Estado y las comunidades mapuche. A lo anterior se debe agregar,
además, la instalación de plantas de tratamiento de aguas servidas
en la zona, como afirma Lorena Ojeda, presidenta de la Asociación
Koyam Newen e integrante de la Red de Acción por los Derechos
Ambientales, RADA, se proyecta instalar plantas de tratamiento
primarias, químicamente asistidas, que generarán graves problemas
en los lugares de su instalación. La contaminación será inevitable y

http://www.ecoportal.com.ar/contenido/temas_especiales/basura_residuos/mapuch
25

es_discriminacion_y_basura

27
pondrá en riesgo a la población. Aún más, la empresa, con la
anuencia del gobierno, ha definido terrenos de comunidades
mapuche para sus embalses. Son diecisiete plantas que quieren
construir sobre cuarenta y dos comunidades mapuche (Tricot; 430:
2005). Es así como en enero de 2007 representantes de las
comunidades afectadas, junto a representaciones de organizaciones
mapuche, de Derechos Humanos y Ambientales, presentaron ante las
Naciones Unidas, una denuncia por racismo Socio- Ambiental.26

2.3 Derechos indígenas

El retorno a la democracia suponía un cambio en la situación de los


pueblos indígenas de Chile, en este marco se inscribe la promulgación
de la Ley indígena 19.253, la que debía representar un hito en este
sentido. Durante los años que ha gobernado se pueden observar
avances u retrocesos en cuanto al reconocimiento de los derechos de
los pueblos indígenas del país.

a) Culturales.

A partir de la Ley Indígena de 1993 se crea la CONADI (Corporación


Nacional de Desarrollo Indígena) la cual dentro de sus atribuciones
desarrolla y crea el año 1995 la Unidad de Cultura y Educación. Esta
sección se abocará básicamente a la “promoción del reconocimiento
y respeto de las culturas e idiomas indígenas a través de la
protección de su patrimonio cultural; el apoyo de la formación de
profesionales indígenas mediante post-títulos y post-grados; la
definición y establecimiento de un sistema de Educación Intercultural

26
Se puede definir racismo ambiental como "una forma de discriminación causado
por gobiernos y políticas del sector privado, prácticas, acciones o inacciones, que
intencionalmente o no, agreden el ambiente, la salud, biodiversidad, la economía
local, la calidad de vida y seguridad en comunidades, trabajadores, grupos e
individuos basado en raza, clase, color, género, casta, etnicidad y/o su origen
nacional. (Seguel; 2005) http://www.ecoportal.net/content/view/full/44399

28
Bilingüe en el país, el subsidio del financiamiento de la residencia
estudiantil para alumnos indígenas de Educación Superior y la
Recuperación y revitalización de las lenguas indígenas”27.
Entre las iniciativas nacidas o desarrolladas a partir de esta Unidad,
podemos mencionar el sistema de educación intercultural bilingüe
(EIB), llevándose a cabo este en distintos lugares de la novena región,
incluyendo el apoyo a las escuelas que llevan adelante esta
experiencia, elaboración de material didáctico en este sentido o la
elaboración de guías para profesores sobre historia mapuche. A esto
debe agregarse también el apoyo a la realización de actividades
tradicionales mapuche, la promoción de la medicina tradicional
indígena y la producción de material televisivo en este sentido. El
subsidio de residencias estudiantiles indígenas, equipamientos y
becas de alimentación en estos. Debe afirmarse a su vez, que
mediante las acciones del Programa Intercultural Bilingüe y el
MINEDUC, se han incrementado las becas para estudiantes indígenas
básicos, medios, técnico profesionales y universitarios (Los derechos
de los pueblos indígena sen Chile; 189: 2003).
b) Políticos.

Los derechos de tipo más político, son sin duda aquellos que mayor
problema causan a la hora de los reconocimientos estatales. Debe
comenzarse sin duda con la negación por parte de la misma Ley
Indígena de la existencia de pueblos dentro del margen de las
fronteras de Chile. El artículo primero de la Ley señala: “El Estado
reconoce que los indígenas de Chile son los descendientes de las
agrupaciones humanas que existen en el territorio nacional desde los
tiempos precolombinos, que conservan manifestaciones étnicas y
culturales propias siendo para ellos la tierra el fundamento principal

27
http://www.conadi.cl/fondoeducacionycultura.html

29
de su existencia y cultura”28. Es decir, se les reconoce el carácter de
etnia, no así de pueblos originarios29.
A pesar de los avances que la ley significó, fue muy criticada por
distintas organizaciones mapuche por encontrarse lejos de los
estándares internacionales con respecto a pueblos originarios, por no
incorporar protección eficiente de los recursos naturales, no
reconocer ningún derecho de autonomía, ni administrativa ni política,
entre otras.
En el marco de la ley se establece, a la vez, la posibilidad de la
conformación de comunidades y asociaciones, figura legal que les
permite postular a los fondos de la CONADI, sin embargo, se puede
argumentar que lejos de potenciar los derechos políticos y
participativos de los mapuche, parece haberlos debilitado (Los
derechos de los pueblos indígenas en Chile; 168: 2003). Estos tipos
de organización asumen una forma orgánica occidental, alejándose
de la manera tradicional mapuche, además, al ser sólo necesarias 10
personas para su conformación, permiten con ello el fraccionamiento
social de comunidades mapuche reduccionales originadas por los
títulos de merced otorgados en el pasado por el estado (Aylwin; 2002:
283), muchas veces se ha procedido en la práctica, a la división de las
comunidades.
En cuanto a representación institucional, la CONADI debiese
representar una instancia en la cual los indígenas del país pudiesen
participar en la discusión y definición de las políticas que les
conciernen, siendo el consejo nacional de ésta electo de manera
indirecta, siendo los nombres elegidos por votación ratificados o no
por el presidente de la República. Existiendo situaciones, como la no
designación de representantes que han estado entre las más altas
votaciones, o la destitución de los dos primeros directores nacionales

28
http://www.mapuche.cl/oldmapuche/documentos/chilenos/legislacion/ley/ley_indig
ena.htm
29
En el proyecto inicial se utilizaba la figura de pueblos indígenas y no de etnias,
que fue rechazado en el Congreso. El reconocimiento constitucional de los pueblos
indígenas de Chile sigue siendo un tema pendiente, no obstante, formar parte de
las promesas de campaña de la actual presidenta.

30
de CONADI por enfrentarse a la postura del gobierno de entonces en
cuanto a Ralco, lo cual evidencia que esta institución no era una
institución de co-gestión de la política indígena, como hasta entonces
había sido concebida por muchos dirigentes mapuche, sino más bien
una agencia gubernamental bajo su control (Los derechos de los
pueblos indígena sen Chile; 171: 2003).
Mención aparte merece la postura de Chile con respecto a la
ratificación de convenios internacionales en materia indígena, siendo
el más patente de todos, la no ratificación del Convenio 169 de la
Organización Internacional del Trabajo (OIT) del año 1989. Antes de la
promulgación de la Declaración de Naciones Unidas Sobre Derechos
de los Pueblos Indígenas del año 2007, el Convenio era el texto más
completo en cuanto a la protección y promoción de los derechos de
los pueblos indígenas, especialmente en lo referido a territorio y
tierras indígenas (Aylwin: 2000), (Pantel: 2004)30.Este tratado es el
único instrumento jurídico internacional obligatorio especialmente
referido a los pueblos indígenas, que reconoce a estos como pueblos,
promueve el respeto a las culturas de los pueblos indígenas, sus
formas de vida, instituciones y tradiciones como pueblos
permanentes con identidad y derechos que derivan de su presencia
histórica y actual en los países que habitan. Su derecho a participar
en la definición de sus propios asuntos y algunos grados de
autogobierno al interior de los Estados.
El 5 de marzo de 2008, el gobierno de Chile proclama de manera
rimbombante la ratificación en el Senado de este convenio, sin
embargo, se ha afirmado que, por un acuerdo con la derecha, se ha
aprobado una declaración a la que se le adjunta una declaración
“interpretativa” del Convenio 169, lo cual implica que el Estado de
Chile, a diferencia de todos los demás firmantes, se arroga la

30
En el mismo sentido de protección y promoción de derechos de los pueblos
indígenas observamos la redacción de declaraciones y documentos de parte de la
ONU y la OEA En 1994, la ONU adoptó el Proyecto de Declaración de las Naciones
Unidas sobre los Derechos de las Poblaciones Indígenas, PDONU, y en 1997, la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA aprobó un Proyecto de
Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, PDOEA.

31
potestad de aprobar la declaración, pero interpretando algunos de
sus artículos, como afirma el dirigente mapuche Gustavo Quilaqueo
“Por diversos medios se ha dado a conocer un pacto bajo cuerda
establecido entre la Concertación y la derecha para que el Convenio
169 sea promulgado por la presidenta junto a una ‘declaración
interpretativa’ que en resumen restringe su aplicación en Chile. Tal
operación política nos parece de una bajeza sorprendente, toda vez
que ningún país de la región ha ratificado y promulgado el Convenio
169 imponiendo censuras previas a su contenido”31

El acuerdo, fuera de legalidad, pretende dejar fuera del alcance de la


aprobación al Convenio a la Declaración de Naciones Unidas Sobre
Derechos de los Pueblos Indígenas. De la misma manera, se pretende
con carácter de urgente realizar un reconocimiento a nivel
constitucional de los pueblos indígenas, situación criticada por
organizaciones mapuche por la no participación de estas en el
debate. Finalmente, podemos ver cómo el Estado de Chile, con el
bicentenario en el horizonte, pretende limpiar su imagen con respecto
a su relación con los pueblos originarios, pudiéndose argumentar que

“Ratificar con declaraciones interpretativas, tras 18 años, será un


acto ruin, que coronará una saga de postergaciones y racismo. Un
fracaso de la promesa democrática. En 2008 se cumplen treinta años
del largo ciclo etnocida iniciado por Pinochet en 1978. Allí comenzó
también la larga marcha mapuche por sus derechos colectivos, a los
que hoy se les quiere poner un cerco desde el estado. Los pueblos
indígenas en Chile enfrentan una nueva y fulminante encrucijada para
sus derechos, su estatus y su porvenir”. (Centro de Políticas
Públicas y Derechos Indígenas)32

2.4 Estado y neoliberalismo

31
Declaraciones al diario Azkintuwe. http://www.azkintuwe.org/
32
http://www.politicaspublicas.cl/convenio169/chile_dossier_c169_rechazo_interpret
acion_chilena.pdf

32
De manera somera pareciera relevante destacar una variable que
cruza todas las anteriores, la implantación y consolidación de un
modelo político, social y económico neoliberal. No pocas veces se
suele argumentar en el coloquio chileno que el modelo lo instauró la
dictadura, pero que la Concertación lo perfeccionó. Afirmación, no por
popular menos acertada. El análisis de la forma en que se han llevado
a cabo las relaciones del Estado con los pueblos indígenas permite
observar un ejemplo evidente a este respecto.
A través de la simple sistematización propuesta, se puede ver la
forma en cómo las distintas problemáticas mapuche se han
enfrentado dentro de este marco. Las problemáticas de tierra y
territorio se entienden sólo cómo un problema de propiedad,
intentando resolver esto mediante la institucionalidad de la CONADI,
comprando tierras en el mercado. El Estado se vuelca hacia el
mercado para solucionar un problema que para los mapuche tiene
alcances de envergadura más ontológico.
La instauración de macro proyectos en la zona obedece también a
requerimientos de mercado, donde los intereses empresariales
definitivamente priman por sobre los derechos colectivos de los
indígenas, siendo los mapuche directamente afectados en este
sentido. Las organizaciones mapuche han debido entender que su
antagonista no son sólo las empresas ahí instaladas, sean estas
forestales, hidroeléctricas u otras, sino que además las políticas
implementadas por el Estado. Aunque financiados por los capitales
privados, estos proyectos también constan de la participación activa
del Estado y sus agencias para su aprobación política, económica y
ambiental. Estos megaproyectos son consecuencia de la globalización
de la economía chilena y su apertura hacia los mercados
internacionales orientando la mayoría de la actividad económica
hacia la exportación. (Aylwin 2000).
La acción del Estado y su decisión de hacer valer la preeminencia del
modelo por sobre otros intereses o derechos, se ha traducido en un

33
incremento sistemático de la represión, judicialización y
criminalización del movimiento mapuche y sus demandas. Negando
además en este marco, cualquier tipo de derecho individual o
colectivo que pudiese afectar y perjudicar las reglas del juego
neoliberal instaurado por la dictadura y mantenido desde entonces.
Lo que se expresa desde la negación del concepto de pueblo o la
aprobación “interpretativa” del Convenio 169 de la OIT, hasta
cualquier forma de expresión de autonomía o autodeterminación.

2.5. Conflicto étnico y clivaje político a nivel regional.

Lo expuesto en los capítulos anteriores nos permite verificar, al


menos de manera somera, la realidad a la que se enfrentan los
pueblos indígenas en general en Chile y en particular la del pueblo
mapuche, de forma más específica los de la región de la Araucanía,
lugar de mayor concentración demográfica de esta población.
Nos encontramos ante un conflicto innegable, un conflicto de
características étnicas que se manifiesta de distintas maneras a nivel
de la sociedad regional. Sin embargo, esta división societal no
encuentra una manifestación en el sistema de partidos de la región.
Pudiéndose constatar la existencia de candidatos e inclusive
representantes comunales con ascendencia indígena, pero estos se
manejan dentro del margen que representan los partidos políticos
tradicionales nacionales, los cuales no han respondido y no
responden a las demandas, por sobre todo, de tipo políticas
observadas en el seno del movimiento mapuche, es decir,
reclamaciones autonómicas y de libre determinación.
En este marco podemos señalar, por ejemplo, la existencia de un
clivaje33 o fisura étnica en la región, cuya raíz se encontraría en el
proceso de nacionalización del país, el cual no sería completo,
pudiendo los grupos étnicos que experimentan este proceso lograr

33
Se utilizará el anglicismo clivaje en lugar del término cleavage, este sólo se aplica
cuando se cita de otro autor.

34
mantener su particularidad reaccionando frente al proceso asimilador,
generándose de esta manera, un cleavage o fisura étnica (Naguil; 8:
2005)34. El autor establece la existencia de un clivaje de tipo étnico
en la región el cual no se plasmaría en el sistema de partidos local,
sino mediante otras formas organizativas. En otras palabras el clivaje
étnico no se manifiesta en forma de clivaje en el sistema de partidos
de la región. Preguntándonos el por qué de esta situación, nos
plantemos el análisis de los marcos interpretativos, los repertorios de
acción colectiva y de las organizaciones integrantes del movimiento
mapuche, como primera instancia para intentar elaborar una
respuesta35.

Pero con anterioridad a una profundización de lo mencionado, debe


hacerse referencia a que se entiende por clivaje y cómo se manifiesta
el sistema de partidos en la novena región de Chile.
En el año 1967 los sociólogos norteamericanos Seymor Lipset y Stein
Rokkan plantean que en las sociedades hay una serie de conflictos
históricos que han dado lugar al surgimiento de fracturas en la
sociedad, siendo estas de tal importancia, que se han congelado y
han originado el surgimiento de partidos políticos. Pudiéndose dar
también, según los sociólogos, la asimilación de estas fracturas por
parte de los partidos políticos existentes.
Para los autores, los partidos concretan, hacen explícito los intereses
en conflicto y las tensiones latentes en una estructura social. Los
ciudadanos se alían por encima de divisiones estructurales y
establecen prioridades entre sus fidelidades. Las estructuras de
división, o clivajes, que identifican son los de: Centro/Periferia,
referente a la división entre las elites de las áreas urbanas y aquellos

34
El autor aclara eso sí, que el concepto lo ha utilizado de manera menos rígida, que
no da cuenta automáticamente de la aparición de un partido que represente a una
de las partes del cleavage (étnico, de clase o religioso) aunque de todos modos
pueden aparecer formas organizativas que reflejen la división social (Naguil; 10:
2005).
35
Una profundización más acabada necesitará indudablemente el análisis de
factores formales como el sistema de partidos, leyes electorales, constitución
política, entre otros.

35
que viven en lugares más alejados o periféricos; el de Estado/Iglesia,
que caracteriza la división entre votantes religiosos y seculares;
Rural/ Urbano, que plasma las diferencias entre la gente del campo y
la ciudad; y por último el de Capital/Trabajo, un clivaje de clase entre
los dueños de los medios de producción o el capital y los trabajadores
que constituyen la fuerza de trabajo. Estos conflictos no
necesariamente se ven reflejados en el sistema de partidos, sin
embargo, si uno de estos lo hace, tiende a permanecer en el tiempo,
incluso después de que el conflicto se haya desvanecido, esto se
conoce como la hipótesis de la congelación (Torcal; 52: 2003).
Pudiéndose argumentar que esta visión sociológica conlleva observar
cierta estabilidad en cuanto a los alineamientos partidistas y
electorales.
Existen también otros enfoques para analizar cómo se estructuran los
sistemas de partidos, es así como observamos una visión que
mantiene algunos elementos estructurales, pero que da cierto
protagonismo a factores políticos, afirmándose por ejemplo, que
como prerrequisito para que se pueda hablar de clivaje debe haber
una base estructural, unos valores políticos de los grupos implicados
y una articulación política (Torcal; 55:2003).
Se puede afirmar también la existencia de un tercer enfoque que
enfatiza más aún, la forma en que los factores políticos determinan el
sistema de partidos desde arriba (Ortega; 121: 2003).
Con respecto a Chile en tanto, se ha afirmado que, a diferencia de
gran parte de Sud América, el sistema de partidos, hasta su
suspensión de facto por el golpe militar de 1973, seguía en lo
substancial el modelo clásico europeo (Dix; 1989).
Por otra parte se ha argumentado, muy en consonancia con la visión
sociológica de Lipset y Rokkan, que el sistema de partidos chileno se
estructuró junto a otros factores36, en torno a conflictos o divisiones
importantes en la sociedad, pudiéndose identificar 5 configuraciones

Ver Valenzuela Samuel, “Orígenes y transformaciones del sistema de partidos de


36

Chile”, Revista Estudios Públicos, 58 (otoño 1995).

36
que el sistema partidario chileno ha adoptado desde mediados del
siglo XIX hasta el presente37 (Valenzuela; 10:1995). El último de estos
sería el que corresponde al sistema de partidos establecido en el país
a posteriori de 1989, es decir una vez finalizada la dictadura.
Puede parecer una perogrullada, pero tanto el golpe militar como la
restitución democrática son medulares en la conformación del
sistema partidario actual, existiendo quienes plantean que nos
encontramos ante una discontinuidad entre la actualidad y el
escenario político anterior a la dictadura, se habría conformado una
nueva división a nivel societal en torno al cual se ordenan los
partidos, a saber el clivaje autoritarismo/democracia (Tironi,
Agüero:1999; Torcal, Mainwaring:2003). Por otra parte, autores como
Valenzuela argumentan que, no obstante visualizarse cambios con
respecto al sistema de partidos anterior al golpe, no sería posible
decir que el eje autoritarismo/democracia sea una fisura generativa
de partidos en el sentido de Lipset y Rokkan, siendo la actual
configuración una división creada por el acontecer político, no por
grandes rupturas sociales históricas (Valenzuela; 275:1999).
Sea cual fuere el escenario, básicamente en la práctica nos
encontramos con un sistema multipartidista, con representación en el
parlamento de 6 partidos nacionales y algunos independientes o
partidos regionales. Sin embargo, la lógica con la que funciona la
política partidaria, debido especialmente al sistema electoral
binominal instaurado por la dictadura, es bipartidista, es decir, se
divide en dos grandes bloques, Uno de centro izquierda, la

37
La primera (1828-1891) creó tres de los partidos más “históricos” de Chile, a
saber: el Conservador, el Radical y el Liberal. La segunda(1891-1925) corresponde a
la interpretación parlamentarista de la Constitución
de 1833 y presenció el surgimiento de un nuevo Partido Liberal y de los partidos de
clase obrera. La tercera (1925-1957) engloba al sistema de partidos después del
retorno a un sistema plenamente presidencialista,
período en el cual las divisiones programáticas en torno a las políticas
socioeconómicas surgen como el factor más relevante en la diferenciación
partidaria. La cuarta (1957-1973) se inicia con la fundación de la Democracia
Cristiana y los cambios que esto produjo. Y la quinta (1989 hasta el presente)
corresponde el sistema partidario tras el regreso a la democracia luego del gobierno
militar.

37
Concertación, conformada por el Partido Demócrata Cristiano(PDC), el
Partido Socialista (PS), el Partido por la Democracia (PPD) y el Partido
Radical Social Demócrata. La derecha se constituye en la Alianza por
Chile, integrada por la Unión Demócrata Independiente y Renovación
Nacional38. Esta realidad hace prácticamente imposible la elección de
algún candidato a diputado o senador que no pertenezca a alguno de
los pactos.
A nivel de elecciones municipales a lo largo de los años de gobierno
de la concertación se han producido algunos cambios que han
favorecido la apertura del sistema electoral.
Debemos recordar que en Chile las principales autoridades a nivel
local son el Intendente Regional y el Gobernador Provincial, ambos
designados por el gobierno central. El gobierno regional y los SEREMI
(Secretarios regionales ministeriales) también son designados desde
la capital. Los únicos representantes electos, cada 4 años, además de
los senadores y diputados de la región, son el alcalde y los miembros
del concejo municipal, concejales39. Estas instancias cuentan con una
serie de potestades que fueron delegadas del gobierno central
durante la dictadura, entre las que podemos mencionar educación,
salud y desarrollo. Desde el fin de la dictadura se han realizado 4
elecciones municipales (1992, 1996, 2000 y 2004) de las cuales sólo
en la última se realizó de manera separada la elección de concejales
y alcaldes.
En el marco de la región de la Araucanía, podemos observar que la
reforma del año 2004 produce un interesante aumento en la cantidad
de candidatos en las elecciones municipales de ascendencia

38
El sistema binominal combina distritos electorales con magnitud de 2 y un sistema
de conteo D’Hont. En cada distrito se eligen dos diputados o senadores a partir de
listas, donde la coalición de partidos que obtiene la primera mayoría debe doblar a
la segunda para obtener ambos escaños, siendo algunas de sus consecuencias la
sobre representación de la segunda mayoría y la exclusión de algunos partidos.
39
La región se divide en provincias, las cuales están integradas por comunas, cada
comuna elige un alcalde y concejales dependiendo de la cantidad de población,
cifra que puede fluctuar entre 6 y 10.

38
mapuche, llegando a 178, de los cuales 35 postularon a Alcalde y 143
a concejales40 (Cayuqueo; 2006).
Gráfico Nº 1
Alcaldes y concejales mapuche electos desde las primeras elecciones

50
45
40 38

35
30
Alcalde
25
20 Concejal
20 17
15 12
10 8
4
5 1 1
0
1992 1996 2000 2004

Elaboración Propia basada en datos de Pedro Cayuqueo

Debe señalarse eso sí, que esta participación señalada por Cayuqueo
se da dentro del margen de los partidos políticos chilenos o como
candidatos independientes, haciéndose evidente también la dificultad
de caracterizar tanto al candidato mapuche como identificar un voto
mapuche o étnico. Además de la imposibilidad de señalar que estos
candidatos respondan o estén en consonancia con los marcos
interpretativos y el discurso predominante en el movimiento
mapuche, su calidad de miembros o simpatizantes de partidos
chilenos, tanto de la Concertación como de derecha, constituye un
factor que incide en que el sistema de partidos se mantenga
inalterable, conteniendo a los mismos participantes desde 1992, y sin
dar lugar a la aparición o concreción en éste del conflicto étnico
existente. Como razones de lo anterior podemos ver la inexistencia
de una conformación partidaria específicamente mapuche, del
40
El autor clarifica que el criterio empleado, a falta de información acerca de
adscripción étnica y acerca de discursos de campaña, es que los candidatos
cuenten con un apellido de ascendencia mapuche. Agrega además de las comunas
de la novena región, las comunas adyacentes de Lewfü, Los Álamos, Cañete,
Kontulmo, Tirua, Mulchen, Kilako, Alto Biobio, Mariqüna, Lanko y Panguipulli.

39
discurso, repertorio o las mismas organizaciones que conforman el
movimiento mapuche; o variables de tipo más formal como la Ley
electoral, Constitución Política del Estado o la Ley de Partidos. Es
intención de este ensayo comenzar a inferir una respuesta.

3. Identidad, marcos y repertorios de acción colectiva en el


movimiento mapuche.

Los capítulos anteriores nos han permitido aproximarnos de manera


general a la realidad que viven los pueblos indígenas en Chile, y de
manera más específica a la del pueblo mapuche en la región de la
Araucanía. El llamado conflicto mapuche41 se vuelve evidente, el
análisis y sistematización presentado permite ver el contexto en el
cual distintas organizaciones mapuche bregan por el reconocimiento
de derechos que deambulan entre las exigencias por tierras y
territorio hasta el reconocimiento de derechos colectivos o
autonomía, tendiendo como antagonistas al estado o las empresas
privadas instaladas en la zona.
Siendo innegable la existencia del conflicto, se vuelve necesario
argumentar que la manera más común, pero no única, mediante la
cual los mapuche se han enfrentado a éste es a través de la política
no convencional, pudiéndose verificar la conformación de un
movimiento social mapuche cuyas raíces podemos encontrar ya sea
en 1972 con el Cautinazo, 1978 con la organización contra la
parcelación de las tierras comunitarias o con el retorno de la
democracia y el quinto centenario del arribo español Sea el que fuere
el origen que se sostenga, lo cierto es que el punto más álgido de
este ciclo de movilización podemos argumentar se encuentra a partir
del año 1997 y las movilizaciones de Lumaco, momento en el cual se

41
Existen autores que reniegan de este concepto, no por la noción de conflicto, sino
más bien por el apelativo de mapuche que lo acompaña, identificándolo por
añadidura como una problemática del pueblo en específico, invisibilizando la
responsabilidad inherente del estado en este sentido.

40
produce un cambio en la forma de actuar de algunas comunidades
mapuche.

La configuración de este ensayo nos remite ineluctablemente al


concepto de movimiento social, que se entenderá como una red de
relaciones informales entre individuos, grupos y organizaciones que,
en sostenida y frecuentemente sostenida interacción con autoridades
políticas y otras élites, y compartiendo una identidad colectiva no
necesariamente excluyente, demandan públicamente cambios
(potencialmente anti-sistémicos) en el ejercicio o redistribución del
poder a favor de intereses de cuyos titulares son indeterminados e
indeterminables colectivos o categorías sociales” (Ibarra; 94:2005)
A partir de esta definición podemos desprender las tres variables que
analizaremos en torno al movimiento mapuche de los últimos 15
años, específicamente en la novena región. Los marcos cognitivos, el
repertorio de acción colectiva y la densidad organizativa presentes en
este. El presente capítulo pretende analizar los marcos y el repertorio
de acción colectiva, intentando identificar algún indicador que nos
permita entender si estos influyen en que el clivaje étnico existente
en la novena región no se manifieste en un clivaje político que se
observe en el sistema de partidos.

3.1 Identidad.

Antes de ahondar en los marcos y repertorios, debemos entender y


diferenciar lo que entendemos por identidad. Este concepto ha sido
estudiado por muchos autores y desde distintas perspectivas
analíticas, para efectos de esta investigación se vuelve necesario
entender sólo algunas nociones elementales, pero importantes y
constituyentes, de este.

Con la modernidad el ser humano pasa a ser el centro, la base de


todo conocimiento, sin embargo, se puede afirmar que al comienzo

41
esta concepción de sujeto fue abstracta e individualista, separada de
la historia y las relaciones sociales, es decir, privada de un sentido de
cambio y de su dimensión social (Larraín; 94: 1996). El mismo autor
plantea un desarrollo del concepto, especialmente dentro de los
márgenes de la filosofía, siendo principalmente a partir de Marx que
se produce un cambio en este sentido, señalando por ejemplo que los
seres humanos sólo pueden individualizarse a si mismos en el seno
de la historia, es decir, que no actúan enteramente de acuerdo con su
voluntad libre sino están condicionados por los productos objetivados
de su propia práctica, están socialmente determinados (Larraín; 98:
1996).
A partir de esta concepción identitaria ligada a las relaciones sociales
y como constructo social, el autor plantea tres elementos desde los
cuales esta se construye. En primer lugar, los individuos se definen a
sí mismos, o se identifican con ciertas cualidades, en términos de
ciertas categorías sociales compartidas, los individuos comparten
ciertas lealtades grupales o características tales como religión,
género, clase, etnia, profesión, sexualidad, nacionalidad, que son
culturalmente determinadas y contribuyen a especificar al sujeto de
identidad. Segundo estaría el elemento material que incluye al cuerpo
y otras posesiones capaz de entregar al sujeto elementos vitales de
autoreconocimiento; la idea es que al producir, poseer, adquirir o
modelar cosas materiales, los seres humanos proyectan su sí mismo,
sus propias cualidades en ellas, se ven a sí mismos en ellas y las ven
de acuerdo a su propia imagen. Por último, la construcción del sí
mismo necesariamente supone la existencia de otros en un doble
sentido, son aquellos cuyas opiniones acerca de nosotros
internalizamos, pero además, son aquellos con respecto a los cuales
el sí mismo se diferencia y adquiere su carácter distintivo y específico
(Larraín; 28: 2001)
Lo expuesto nos permite colegir que las identidades no son algo
estático o inmutable, no son algo innato o dado. Empero, persiste una
dicotomía, la relación entre objetividad y subjetividad. Para el

42
sociólogo francés, Pierre Bourdieu, los factores subjetivos y objetivos
se hallan indisolublemente relacionados y es bajo estos parámetros
que procuró entender cómo es que los sujetos interiorizan y
subjetivan los elementos objetivos que se les presentan en la
realidad. Esto le permitió explicar porqué las personas asumen como
verdades objetivas o como creencias profundas cuestiones que en la
práctica han sido inculcadas, aprendidas y construidas socialmente.
Asimismo, explicó estos procesos como “estructurados” dentro de
“campos” de relaciones, donde el poder y los contextos juegan un
papel fundamental como modeladores y organizadores de dichas
creencias y de las prácticas sociales derivadas de ellas (Bello; 30:
2004).
Resulta importante a esta altura, plantear la irrefutable ligazón entre
identidad personal y colectiva, pues, como se ha planteado, las
relaciones sociales son de medular importancia en la conformación
identitaria, por ende, podemos desprender la también necesaria
relación entre identidades colectivas y personales. Evidentemente
existe una diferencia entre ambas, pero se puede argumentar que
los individuos se definen por sus relaciones sociales y la sociedad se
reproduce y cambia a través de acciones individuales, las identidades
personales son formadas por identidades colectivas culturalmente
definidas, pero estas no pueden existir separadamente de los
individuos (Larraín; 34: 2001).
Por lo tanto, podemos argumentar que identidad colectiva es una
forma colectiva de definir la realidad junto con otros individuos.
Decidimos colectivamente que resulta importante algo que nos une;
algo que forma parte de nuestras vidas. Al mismo tiempo, decidimos
que ese algo que compartimos es un referente para interpretar la
realidad. Miramos el mundo a través de un filtro común, de una clave
compartida. La identidad colectiva nos da sentido, da sentido a lo que
creemos y a lo que hacemos (Ibarra; 170: 2005).

No debemos olvidar que estamos analizando a un movimiento social,


específicamente al movimiento indígena mapuche en la región de La

43
Araucanía, y que consideramos la existencia de una identidad
colectiva como prerrequisito esencial para la conformación del
mismo. En este sentido, Habermas plantea que la identidad no es
algo ya dado, sino que también y simultáneamente, nuestro propio
proyecto, es decir, refiere a la acción humana como un factor
fundamental en la construcción de la identidad. En este marco, si
consideramos que la identidad no corresponde a una esencia innata,
sino por el contrario, a un constructo, un producto histórico y social,
esto nos lleva a sopesar la relevancia de la acción colectiva en este
sentido.

La acción colectiva es, sin duda, un elemento constitutivo de la


construcción de la identidad colectiva. Se puede afirmar que define
las fronteras entre los distintos actores involucrados en el conflicto,
siendo un proceso bidireccional, por una parte la acción identifica un
conflicto entre “nosotros” y los “otros”, actuando al mismo tiempo
como forma de conformar y redefinir la identidad colectiva. Por otra
parte, la acción promueve el surgimiento de redes de relaciones de
confianza entre los distintos actores sociales, estas redes influyen y
refuerzan la construcción identitaria colectiva. La acción colectiva
refuerza el sentido de pertenencia a una comunidad de valores. Por
último, se puede señalar que la identidad colectiva garantiza la
continuidad de la acción colectiva a lo largo del tiempo (Ibarra; 176:
2005). De la misma manera, podemos afirmar que las identidades
existentes limitan y vitalizan los movimientos y el modo en que
pueden generarse otros nuevos procesos de acción colectiva,
planteándose además que las identidades suelen ser la base que
facilita la integración en los movimientos sociales; el lugar, creado o
no, desde el cual se desarrolla la solidaridad necesaria para actuar
colectivamente; siendo la identidad colectiva también la base desde
la cual los movimientos extrapolan un marco que provoque la acción,
posibilite las alianzas y por tanto la interacción (Tarrow; 172: 1998).

44
Lo expuesto permite evidenciar una situación de intercambio
dinámico, una relación simbiótica entre identidad, acción colectiva y
movilización social. Donde la acción colectiva es de una importancia
innegable para la construcción y reafirmación de la identidad
colectiva, pero de la misma forma, la identidad colectiva, al no ser
inmutable o estática, establece marcos y otorga sentido y relevancia
al accionar colectivo.

Esta realidad identificada entre identidad y acción colectiva, nos


remitirá con posterioridad a otra relación que verificaremos en la
praxis de la movilización mapuche en la Araucanía, a saber, la
interrelación entre marcos interpretativos y repertorios de acción
colectiva.

3.2 Marcos y repertorio de acción colectiva

El estudio de los marcos cognitivos ha sido utilizado para el estudio y


análisis de los movimientos sociales, insertándose en aquellos
enfoques denominados relacionales, donde además encontramos el
estudio de las estructuras conectivas y los repertorios de acción
colectiva. La génesis más primitiva de este enfoque lo podemos
encontrar en los escritos del marxista italiano Antonio Gramsci. Este,
asiéndose de las ideas de Lenin en cuanto a la importancia de la
organización, que consideraba el arma más importante del
proletariado, expone sus ideas, en las cuales plantea que la sola
organización no es suficiente, que se hace necesario desarrollar la
conciencia de los trabajadores como un intelectual colectivo, una de
cuyas principales tareas era la creación de una cultura de clase
(Tarrow; 36: 1998). Como afirmaba el italiano, es necesario que el
proletariado tenga conciencia de ser el protagonista de una lucha
general que envuelve todas las cuestiones más vitales de la
organización social, es decir, que tenga conciencia de luchar por el
socialismo. El elemento "espontaneidad" no es suficiente para la
lucha revolucionaria, pues nunca lleva a la clase obrera más allá de

45
los límites de la democracia burguesa existente. ( …) Esta conciencia
no la podría desarrollar toda la masa… pero el Partido puede y debe
en su conjunto representar esta conciencia superior; de otro modo,
aquel no estaría a la cabeza, sino a la cola de las masas, no las
guiaría, sino que sería arrastrado. Por ello, el Partido debe asimilar el
marxismo y debe asimilarlo en su forma actual, como leninismo (...)
Así en cualquier contexto, todos los miembros del Partido, cada uno
en su ambiente, se hallen en situación de orientarse, de saber extraer
de la realidad los elementos para establecer una orientación, a fin de
que la clase obrera no se desmoralice sino que sienta que es guiada y
que puede aún luchar (Gramsci: 1926).

Para Tarrow lo que Gramsci hace es agregar dos nuevos conceptos a


la teoría de Lenin, la tarea del partido de crear un bloque histórico de
fuerzas en torno a la clase obrera, además del desarrollo de un
cuadro de intelectuales orgánicos para complementar a los
intelectuales tradicionales del partido. Ambas ideas estarían basadas
en su fe en el poder de la cultura, sería una alternativa a la
hegemonía cultural burguesa que produciría el consenso entre los
trabajadores, crearía capacidad para emprender iniciativas
autónomas y tendería puentes entre ellos y hacia otras formaciones
sociales (Tarrow; 37: 1998). La hegemonía no es sólo política, sino
que también se manifiesta mediante la cultura, existiendo un choque
de cosmovisiones o cosmogonías, siendo el deber del partido en este
contexto unificar la praxis y la teoría, siendo capaz de guiar al
proletariado entorno a sus objetivos.

Se puede argumentar que existen académicos de la acción colectiva


cuya raíz teórica la podemos observar en las ideas de Antonio
Gramsci, según Tarrow sus ideas acerca de la necesidad de construir
un consenso en torno a los objetivos del partido, sirven de base para
las concepciones que se ha dado en llamar creación de marcos y de
identidad colectiva (Tarrow; 37: 1998).

46
Directamente ligado a lo señalado con anterioridad, encontramos el
concepto de discurso, el cual podemos afirmar que en el marco de los
movimientos sociales tiene 3 funciones principales, a saber, definir
una situación como injusta, identificar un conflicto; ser parte de la
construcción de identidad colectiva, del sentido de pertenencia al
movimiento social en contraposición a un antagonista; y ser capaz de
convencer a los integrantes que la acción colectiva será eficiente en
solucionar el agravio, el conflicto identificado. Para esto, los
movimientos sociales utilizan la construcción de marcos y la
estrategia enmarcadora (Ibarra; 181: 2005).

A partir de lo expuesto por el sociólogo norteamericano Erwin


Goffman, quien acuñó el término de enmarcado42. David Snow
sostuvo que existe una categoría especial de sobreentendidos
cognitivos, definidos como marcos para la acción colectiva, que están
relacionados con los mensajes a partir de los cuales los movimientos
sociales construyen sus significados. Al igual que la identidad, los
marcos son constructos sociales, en relación constante con la acción
colectiva, hace referencia al esquema mental con el cual el sujeto
interpreta y orienta los acontecimientos (Ibarra; 181: 2005), son como
lentes mediante los cuales se perciben las oportunidades, son
metáforas específicas, representaciones simbólicas e indicaciones
cognitivas utilizadas para representar conductas y eventos de forma
evaluativa y para sugerir formas de acción alternativas (Martí; 91:

42
Goffman afirmaba que se ha argumentado que una franja de actividad será
percibida por sus participantes en términos de reglas o de premisas de un marco de
referencia primario, ya sea social o cultural y que la actividad así percibida
proporciona el modelo de dos tipos básicos de transformación: la transposición o
cambio de clave y la fabricación. También se ha afirmado que estos marcos de
referencia no son sólo algo mental, sino que corresponden en cierto sentido a la
manera como se organiza un aspecto de la propia actividad, en especial la actividad
que afecta directamente a los agentes sociales. Se presuponen ciertas premisas
organizativas, siendo esto algo a lo que en cierta medida llega el conocimiento, y no
algo que el conocimiento crea o genera. Los individuos con esta comprensión de lo
que sucede, acomodan sus acciones a esta comprensión y normalmente
encuentran que el mundo en curso apoya esa acomodación. A estas premisas
organizativas –apoyadas tanto en la mente como en la actividad- las llamo marco
de la actividad (Goffman; 257: 2006)

47
2004). Se puede agregar que los marcos tendrán la función, no sólo
de interpretación de la realidad y orientación de la acción colectiva,
sino además deben ser capaces de alinearse con marcos y la cultura
dominantes, existiendo 4 procesos de alineamiento: los procesos de
creación de puentes, amplificación de marcos, extensión de marcos y
transformación de marcos; los primeros tres vinculan los marcos
culturales existentes con un problema o asunto particular, aclaran y
estimulan el marco primario de un movimiento para abarcar intereses
o puntos de vista mayores, la cuarta representa la dispositivo
fundamental en movimientos que persiguen cambios sociales
sustanciales (Tarrow; 160:1998).

Lo anterior nos permite visualizar que estos marcos no nacen a raíz


de generación espontánea, por el contrario, están culturalmente
arraigados, emergen a partir de la recuperación o la transformación
de elementos culturales presentes en la sociedad, pudiéndose
agregar que el proceso de enmarque no parte de cero, sino que es el
resultado agregado de la experiencia personal, la memoria colectiva y
las prácticas objetivadotas que habitualmente asociamos al concepto
de cultura (Martí; 91: 2004)

Como se ha afirmado con anterioridad, las identidades colectivas son


culturalmente definidas, tienen un base cultural común, de la misma
forma podemos encontrar este basamento inicial en la construcción
de marcos para la acción colectiva. Se ha planteado que cultura,
ideología y creación estratégica de marcos interpretativos van
inevitablemente unidos, pues refieren a los contenidos y procesos
mediante los cuales se da sentido a los objetos y acciones(Zald;370:
1996) pudiendo agregar a este planteamiento la noción de identidad,
como constituyente de la cultura, pero sin embargo, con especificidad
propia.

Importante resulta resaltar con respecto a la conformación de marcos


en el seno de movimientos sociales es que, además de contar con

48
elementos estructurales y de acción, interpretando al mundo con
estos, también se los crea. Debemos entender que al no ser el
movimiento una entidad unitaria, sino que por lo general estar
integrado por distintos componentes, y a pesar de existir un grado de
consenso dentro de un movimiento, es difícil dar con uno que cuente
con un único marco, resultando de mayor utilidad concebir a la
creación de marcos interpretativos como un proceso de lucha interno
entre actores diferentes que defienden puntos de vista divergentes
(Gamson; 402:1996)

Evidenciada la importancia de la elaboración de marcos para


estimular y mantener la acción colectiva de los movimientos sociales,
podemos argumentar que además de esta focalización en las ideas,
símbolos, valores o discurso, debemos recuperar el análisis de la
acción en el marco de movilizaciones sociales; siendo la acción
colectiva la forma en la cual el movimiento se expresa, se vuelve
visible e intenta impactar en la sociedad, pudiéndose argumentar
además, que las acciones llevadas a cabo por los activistas y
decisiones tácticas que adoptan, son una contribución crítica y
fundamental a la labor global de dotación de significados (McAdam;
479:1996).

De esta manera podemos encontrar una vertiente de los estudios de


acción colectiva, que se ha dedicado a analizar la manera de
intervención política de los movimientos sociales, identificando entre
otras, las variaciones o cambios que se producen en lo que se conoce
como repertorios de acción colectiva, entendiéndose a estos como a
un conjunto limitado de rutinas aprendidas, compartidas y llevadas a
cabo mediante un proceso de selección relativamente deliberado
(Auyero; 188: 2002).

La acción de tipo colectiva proveniente de movimientos sociales se


puede manifestar de diversas maneras, que pueden variar desde
recogidas de firmas, huelgas o sittings hasta expresiones más

49
violentas de enfrentamiento contra su antagonista. El repertorio
utilizado en el marco de una movilización responde a la historia, a la
memoria colectiva con la que cuenta cada grupo. La manera en la
cual esta se desarrolla en un contexto de conflicto, las rutinas las
cuales se hacen patentes en este, son productos culturales. Cada
sociedad cuenta con sus propios repertorios que varían dependiendo
del contexto, existiendo diferencias en cuanto a la aceptación de las
maneras de acción colectivas en función también del entorno en el
cual se lleven a cabo. Se puede argumentar que, a pesar que estos
repertorios o formas de acción resultan difíciles de cambiar y
evolucionan lentamente, tienen esta potencialidad, estando muy en
consonancia con los cambios producidos a nivel societal y con los
marcos establecidos o elaborados por los movimientos sociales para
la acción colectiva. Es decir, pueden evolucionar (por factores del
entorno o internos), no sólo apareciendo nuevas, sino pudiendo
institucionalizarse algunas que originalmente fuesen disruptivas.

De esta forma, se ha agrupado, de manera descriptiva, a los


repertorios de acción colectiva provenientes de movimientos sociales
en acciones convencionales, que incluye entre otras, reclamaciones
judiciales, reuniones con administrativos o políticos, actos públicos,
conferencias o ruedas de prensa; acciones demostrativas,
manifestaciones, marchas o pintadas, entre otras; acciones de
confrontación, en estas existe ya enfrentamiento mediante
ocupaciones, detención del tráfico, encadenamientos, etc; ataques
menores a la propiedad, no implica amenaza a la vida de otros, pero
si a la propiedad privada; y por último la violencia, que incluye
ataques a personas (Ibarra; 295:2005).

Mediante sus acciones los movimientos obtienen visibilidad a nivel


social, dan a conocer su conflicto, logran o no poner en agenda su
objetivo; crean vínculos de solidaridad tanto internos como externos
y potencian la fuerza de la organización; además de desafiar a sus
adversarios. Es así como la forma de actuar es uno de los activos

50
más importantes con que cuentan los movimientos sociales para la
consecución de sus objetivos, tornándose relevante en este marco la
creatividad o innovación en este sentido. Los movimientos tienden a
incorporar a su repertorio tradicional de acción colectiva nuevas
formas, que al ser aprendidas, experimentadas y asimiladas terminan
por integrarse a la cultura del movimiento (Martí; 87: 2004).
Es así como consideramos que la conformación de los marcos
cognitivos y los repertorios de acción colectiva están intimadamente
e indisolublemente imbricados, siendo la forma de manifestarse
colectivamente del movimiento directamente deudora de la manera
que tiene este de ver el mundo, de cómo analizan la realidad o el
conflicto. Asiéndonos de la metáfora de los lentes, podemos argüir
que estos no sólo nos permitirán aquilatar un agravio o conflicto
específico, sino además legitimar la acción o repertorio utilizado en
un contexto determinado. Así, por ejemplo, una acción concreta
puede ser calificada de justificada, desmedida o incluso criminal,
dependiendo de cómo y por quien sea observada. Podemos
argumentar a la vez, que el tipo de repertorio utilizado puede
contribuir a la construcción o desarrollo identitario, y por ende, a los
marcos cognitivos de un movimiento. Es decir, la praxis colectiva de
repertorios específicos, puede contribuir al reforzamiento,
reconstrucción o construcción de la identidad y los marcos cognitivos
de un movimiento.

3.3 Marcos y repertorio de acción colectiva en el movimiento


mapuche.

Se ha expuesto sucintamente el conflicto existente en la región de la


Araucanía, en el siguiente apartado se pretende analizar los marcos
cognitivos y repertorios de acción colectiva observados en el seno del
movimiento mapuche a partir del fin de la dictadura y el comienzo de
la transición hasta hoy, intentando con este análisis entender algunas
de las razones por las cuales el clivaje étnico existente en esta región
no se manifiesta en forma de clivaje en el sistema de partidos

51
regional. Para esto nos basaremos en 3 estrategias de
enmarcamiento basadas en el diagnóstico, pronóstico y la motivación
mencionadas por Pedro Ibarra.

3.3.1. Lectura y análisis del conflicto.

Como se ha visto, el conflicto puede ser abordado desde distintas


perspectivas, y evidentemente variará el análisis del hecho
dependiendo del actor que lo efectué. Lo que interesa en este
apartado es observar de qué manera el movimiento mapuche43 lo
percibe. Existiendo distintas aristas que deben analizarse, en primer
lugar debe asumirse la pregunta más básica de todas, ¿cuál es el
problema? pudiéndose afirmar que el problema es básicamente un
problema de relación entre el Estado de Chile, representado por
distintos gobiernos, y el pueblo mapuche. Una relación que se ha
sustentado en base a la dominación de una sobre la otra, la cual se
manifiesta de diversas formas, pudiendo señalar a modo de ejemplos
de plasmación de esta relación de dominación, el no reconocimiento
constitucional de la existencia de pueblos indígenas en Chile, la no
ratificación del Convenio 169 de la OIT, la represión y criminalización
hacia el movimiento mapuche, y por supuesto, la falta de instancias
de participación y representación políticas propias, lo cual se
verificaría en la inexistencia de una visualización del clivaje étnico
existente en un clivaje en el sistema de partidos de la Araucanía.

Otra de las aristas que debe mencionarse, es la innegable pobreza y


postergación de la zona. Dentro de un marco de predominio del
modelo neoliberal se ha visto como los índices de pobreza dentro de
la población indígena siguen siendo los mayores del país, a la vez que
la industria forestal ha crecido a un ritmo sostenido, siendo una de las
industrias con mayor rentabilidad en el país, con ganancias
multimillonarias. En correlación con lo anterior, está la actuación

Debe recordarse que el movimiento esta conformado por varias organizaciones


43

que la componen, acá intentaremos hacer un sumario que abarque las ideas
medulares de estas.

52
protagónica de la industria forestal en el conflicto, al ser ocupante de
muchos de los territorios reclamados por los mapuche como
ancestralmente suyos. Allí es donde se encuentran muchas de las
plantaciones de las distintas empresas. Misma problemática que se
suscita con otras grandes empresas y sus megaproyectos en la zona,
entre los que se puede señalar principalmente carreteras, vertederos
y represas.

CUADRO 2
CONFLICTO Relación Estado con Pueblo Mapuche
ANTAGONISTA Estado/transnacionales (empresas forestales)
CAUSA Invasión/exclusión/discriminación/negación

Resumen análisis por parte del Movimiento mapuche, elaboración propia.

3.3.2. Discurso predominante en el movimiento

Como se ha visto, el discurso cuenta a grandes rasgos con distintas


funcionalidades, entre las que encontramos la construcción
identitaria, el convencimiento y la movilización hacia la participación
en la acción colectiva y también el lograr el apoyo de la opinión
pública.

Al entender a los marcos cognitivos como un modo específico de ver


e interpretar la realidad, podemos argumentar que el pueblo
mapuche ha intentado hacerlo desde lo mapuche. Sin la menor
intención de parecer esencialista, podemos aseverar que los marcos y
el discurso del movimiento mapuche tienen su raíz principal en la
cultura y en la construcción y reconstrucción identitaria mapuche,
pudiéndose afirmar que en la dualidad de mundo y de país mapuche,
podemos encontrar el basamento para muchas de las demandas del
movimiento. Esta identidad es el sostén sobre el cual se erige un
movimiento que ha visto en corto tiempo la evolución de sus

53
demandas en consonancia con la construcción y reafirmación de lo
mapuche. Mediante las ideas del mundo y país mapuche se ha hecho
extensivo, entre otras, la cosmovisión, las relación del hombre y la
naturaleza y por consiguiente el vínculo del mapuche y su territorio.
La idea de identidad mapuche es dinámica, remite al pasado y
construye futuro, a la vez que autodefine un “nosotros” (mapuche) y
“ellos” (chilenos), de alguna manera, un enfrentamiento de
identidades, que el Estado de Chile durante la historia ha afirmado
como excluyentes. Un conflicto de identidades, en definitiva, un
conflicto político.

El movimiento, mediante su discurso, ha debido convocar a las


distintas comunidades y organizaciones mapuche hacia la
participación para la consecución de sus objetivos, siendo muy
importante en este sentido también, la construcción identitaria. Pero
esta cumple otra función importante, cual es el lograr el apoyo de
otras organizaciones y conformar redes de apoyo. Intentando,
además, hacer partícipe a la opinión pública de sus demandas, apelar
a la simpatía y el apoyo de otros sectores de la sociedad hacia sus
reivindicaciones, arena en la cual se produce una nueva
confrontación, entre lo expuesto públicamente por el movimiento, por
el enmarcado de este, y su contraparte, en el caso chileno, del
Estado.

El Estado chileno al movimiento mapuche actual lo ha dividido y


adjetivado, negociando con algunos (afines al gobierno por supuesto)
mientras a otros los procesa judicialmente, utilizando la ley de
seguridad interior del estado y antiterrorista, pudiéndose afirmar por
ejemplo que

“el estado, como forma de asegurarse su objetivo último que es la


incorporación de estos territorios en estos mercados globales,
conlleva la adopción de una política represiva que el Relator de
Naciones Unidas denomina como "política de criminalización". Esta se
grafica en la política de persecución judicial de la cual el estado se

54
hace parte y para la cual recurre a legislación de estados de
excepción, la mas grave de las cuales es la Ley Antiterrorista, y en
acciones de represión violenta en contra de comunidades, dirigentes
y que se traducen en el uso indiscriminado de la fuerza pública,
violando derechos básicos de las personas, como la integridad física,
la libertad, el derecho a desplazamiento e incluso el derecho a la vida
en algunos casos, como fue el asesinato del joven mapuche Alex
Lemun44”45.

En este enfrentamiento asumen un rol primordial los medios de


comunicación, los cuales han sido pilar fundamental en esta
criminalización del movimiento mapuche46. Con contadas
excepciones47, los medios del país han sido copartícipes en la
proliferación de apelativos y calificativos como “terrorista” o
“extremista”, inclusive denostando la figura del mapuche, o
cuestionando la existencia del mapuche. Dentro de estos, la
participación de el diario El Mercurio ha sido particularmente activa,
ya desde la invasión de la Araucanía, hasta hoy; podemos mencionar,
a modo de ejemplo, un artículo publicado a comienzos de este año 48,
donde:

“En pleno apogeo de la lucha mapuche, con una dramática huelga de


hambre, múltiples acciones de solidaridad y un gobierno obligado a
nombrar un “Alto Comisionado” para descomprimir la tensión
reinante, El Mercurio dejaba al descubierto la “verdad oculta” tras el
conflicto. Resumiendo, la acción de infiltrados extranjeros en
comunidades, contactos mapuches con “organizaciones terroristas”,
“embajadores mapuches” haciendo lobby y la injerencia de partidos

44
A la cual debe añadirse ahora la muerte de otro joven, Matías Catrileo.
45
Entrevista a José Aylwin, http://www.azkintuwe.org/
46
Debe recordarse que en Chile existe en prensa escrita un duopolio
comunicacional, donde dos grandes empresas controlan prácticamente todo los
diarios del país, ambas por cierto de derecha.
47
Existen en el país algunos medios alternativos (especialmente electrónicos o
radiales), independientes o micromedios que no necesariamente entran en este
juego.
48
El artículo escrito por la periodista María Eugenia Tamblay se titulaba “ El
imparable lobby mapuche en Europa en busca del autogobierno" (03.02.2008)
publicado en el Diario El Mercurio, y prontamente desmentido entre otros por el
Embajador de España en Chile.

55
separatistas “vascos, catalanes y gallegos”, incluida la organización
armada vasca ETA, en la conformación del partido mapuche
Wallmapuwen, inscrito a fines de 2007 en los registros electorales”49.

Existe un enfrentamiento en distintas instancias y momentos de


confrontación, con avances, y muchas derrotas, pero se puede
argumentar que el logro más relevante del movimiento hasta el
momento es que no obstante esta oposición sistemática, se ha
logrado un “planilla” de reconocimiento mutuo dentro de las distintas
organizaciones integrantes del movimiento mapuche. Se ha podido,
con base en la cultura y construcción identitaria común, enmarcar,
crear significados entendidos o argüidos por todos de manera más o
menos similar. Lentes mediante los cuales todos ven las
oportunidades o la realidad de manera más o menos uniforme. En
este marco encontramos conceptos como autonomía,
autodeterminación, territorio, pueblo nación, país y mundo mapuche.
Este discurso no es estático, por el contrario, ha ido evolucionando a
lo largo de los años, pasando de demandas de tipo economicistas o
por tierras, hasta la actualidad con reivindicaciones más claramente
políticas, como la autonomía y la autodeterminación de los pueblos.
Estas son medulares en las demandas de los mapuche, pudiéndose
afirmar que sin autodeterminacion no puede haber reconstrucción ni
del mundo ni del país mapuche. Esta evolución discursiva se puede
verificar a nivel continental, por lo tanto es posible sostener que
partiendo de una reclamación de tierra se ha transitado al territorio,
para después incorporar el concepto de etnodesarrollo (o desarrollo
con identidad) como paso previo a la consolidación y generalización
de la reclamación de libre determinación (y de autonomía como
expresión de la misma) (Aparicio; 250:2007).

CUADRO 3: Tránsito de la demanda mapuche

49
www.azkintuwe.org. Par una profundización se puede ver también
http://www.mapuexpress.net/?
act=news&id=2594&PHPSESSID=24f5bd12c48ea4a8d222c86d9f33e8b5 y
http://www.mapuexpress.net/?act=publications&id=1204

56
TIERRATERRITORIOETNODESARROLLOLIBRE DETERMINACIÓN

El análisis de gran parte de las organizaciones que conforman


actualmente el movimiento mapuche nos permite identificar estos
conceptos, los que podemos ver resumidos en los planteamientos que
hacen como pueblo las organizaciones mapuche que participaron en
los diálogos sobre el tema indígena agenciados por el gobierno:

“Los Mapuche constituimos un Pueblo con una historia, una cultura,


un idioma, un territorio, un sistema social, una religión y una
conciencia de identidad colectiva vigentes, diferenciados y anteriores
a la llegada de los europeos y a la conformación, más tardía, del
Estado chileno. En virtud de esta condición de Pueblo, tenemos el
derecho inalienable e irrenunciable a conducir nuestro destino por
nosotros mismos. Esto se traduce en nuestro derecho a ejercer la
Libre Determinación o autodeterminación como Pueblo”50.

Todos los conceptos expresados son el resultado de un proceso de


construcción y reconstrucción identitaria cuyo basamento principal
aunque no único, está en la cultura mapuche, destacándose además
la irrefutable conexión y relación existente entre estos. No siendo
posible asumir las concepciones autonómicas o de autodeterminación
sin la noción teórica y práctica de territorio, o este último sin plasmar
su diferencia cualitativa con lo que se entiende por tierra. Todos
componentes fundamentales de la reconstrucción del país mapuche y
de la idea de mundo mapuche.

El concepto de pueblo, asumido a partir de cómo es entendido en el


derecho internacional, conlleva el derecho a la (auto)
libredeterminación de los pueblos, que implica la potestad de estos
de optar por el ordenamiento político y forma de desarrollo social o
económico que deseen51. Esta no debe ser entendida como secesión

50
Propuesta de Organizaciones Territoriales Mapuche al Estado de Chile. Wall Mapu,
Pegun 2006. P.16.
51
De aquí la dificultad mostrada por parte del Estado de Chile de reconocer la
existencia de pueblos originarios dentro de su territorio, calificándolos de etnias.

57
o independencia, siendo una constante en todas las demandas
indígenas el respeto de las fronteras estatales, como demanda de
autonomía hacia el interior del estado. Se reclama eso sí en términos
de autonomía política real (elección de las propias autoridades con
competencias y medios para legislar y administrar en los asuntos
propios-incluyendo el acceso a los recursos naturales-), de
demarcación de territorio propio y, desde tal punto de partida, de
replanteamiento de las relaciones con las instituciones estatales
(Aparicio; 255:2007). La forma de expresión concreta del derecho de
autodeterminación es la autonomía.
El concepto de territorio esta innegablemente ligado a lo anterior, no
es posible agenciar efectiva libre determinación sin un territorio, sin
un marco espacial específico, recordando que este concepto remite a
un constructo social que va más allá de lo meramente físico o de la
propiedad de la tierra, implica relaciones sociales, memoria, sentido
de pertenencia y una cosmovisión. El territorio es componente
inseparable y constitutivo de la concepción de Wallmapu o país
mapuche, el cual tiene un sentido más allá de lo meramente físico
está compuesto por Lafken mapu, el mar; Nag mapu o las montañas,
cerros, bosques aguas, flora y fauna; el Minche mapu o los recursos y
energías del subsuelo; y por el Wenu Mapu que es el aire, la
atmósfera y el cosmos (Propuesta COM; 2006). Pudiéndose
argumentar también que
Los mapuche somos habitantes originarios del Wallmapu o País
Mapuche que se ubica a ambos lados de la Cordillera de los Andes y
constituimos un mismo Pueblo. Nos une una cultura, una misma
historia, una lengua propia y nacional, y por sobre todo, la voluntad
de desarrollar una comunidad de destino, es decir, una Nación
(Declaración de principios de Wallmapuwen).

En un intento por visualizar de manera más eficiente la


predominancia de un discurso de autodeterminación y autonomía,
debemos recordar la conformación multiorgánica de los movimientos
sociales, por lo que es dable argumentar que en la actualidad se

58
pueden encontrar cuatro organizaciones que aglutinan de alguna
manera las distintas vertientes dentro del movimiento mapuche. A
saber: el Consejo de Todas la Tierras, la Coordinadora Arauko-
Malleko, la Coordinación de Identidades Territoriales Mapuche y el
partido político mapuche en formación Wallmapuwen (Cayuqueo:
2006). El análisis de los planteamientos de estas organizaciones, las
cuales pensamos cubren y representan el amplio espectro de
orgánicas del movimiento mapuche, nos permitirá ver cómo es que
en la actualidad existe una predominancia de un discurso que aboga
por derechos políticos de libre determinación y autonomía en
contraste con las reivindicaciones culturalistas o económicas de hace
unos años.

CUADRO 4: Discursos autonómicos de algunas organizaciones

Consejo de Todas la Las organizaciones indígenas por más de una


década hemos venido insistiendo en la necesidad
Tierras
de un reconocimiento constitucional y al mismo
tiempo hemos presentado propuestas con el objeto
de hacer entender que una estandarización de los
derechos indígena en la constitución constituye una
cuestión crucial y por lo mismo se deben reconocer
y proteger los derechos tangibles relativos a la
autodeterminación, tierra, territorio, recursos,
patrimonio y el derecho a la participación indígenas
en todos los asuntos que les afectan52.

Coordinadora Arauko-
Malleko

52
Declaración pública del Consejo de Todas las Tierras, firmado por Aucán
Huilcaman sobre reconocimiento constitucional indígena en la Comisión de
Constitución del Senado, www.wallmapuche.cl 2008.

59
Coordinación de Somos un pueblo que fuimos parte de una nación
Identidades Territoriales originaria, hoy lo mas importante es comenzar a
reconstruir aquellas institucionalidades que fueron
Mapuche
derrotadas producto de la post guerra, darnos
cuenta que estamos empobrecidos, que hemos
perdido la mayoría de nuestro territorio, que sí
podemos aspirar colectivamente a tener un
territorio digno para poder desarrollarnos, poder
sobrevivir e incidir en esos espacios y que si
podemos levantar nuestra institucionalidad propia y
que no tiene porqué ser calcada a la toma de
decisiones que había antes, que sí se puede
adecuar a los nuevos tiempos, que sí se puede
levantar un autogobierno donde la gente tenga
representatividad, que sea abierto, que sea
diverso , que sea pluralista, donde todas las
expresiones estén dentro de ese espacio y ayude a
dirigir de mejor manera los destinos del pueblo”.
(Seguel: 2006)54
Wallmapuwen Nuestra propuesta apunta a generar un Estado
plurinacional y profundamente democrático:
plurilingüe
y multicultural. Aspiramos a hacer de Chile un
Estado que reconoce y valora su realidad
plurinacional.
Un Estado y una sociedad respetuosa del derecho
de las nacionalidades internas a la
autodeterminación
como derecho humano democrático fundamental,
reconocido por los organismos internacionales de
los cuales Chile es parte integrante55.

Inevitablemente unidos a estos marcos y discursos se encuentran los


repertorios de acción colectiva que estos utilizan para agenciar sus
53
Proyecto de Liberacion Nacional, Lucha Continental Indigena y Proyecciones. Una
Mirada desde la C.A.M. Enero 2007. http://www.weftun.cjb.net/
54
Entrevista realizada en la ciudad de Temuco, octubre de 2006.
55
Programa Político de Wallmapuwen “El Nacionalismo Mapuche como Programa
Político. Programa de reconstrucción nacional mapuche. Una Apuesta para
garantizar Bienestar y Dignidad al Wallmapu. Noviembre de 2006

60
objetivos. Como ya se ha mencionado, esta acción colectiva puede
fluctuar entre las de tipo convencional, no convencional o mediante la
violencia que, puede afirmarse, ser la más tradicional de estas, al ser
la forma de acción colectiva que más fácilmente podían emprender
grupos locales aislados, analfabetos y enfurecidos (Tarrow;
139:1997). La forma de manifestarse de los movimientos sociales y
las organizaciones que lo componen es de gran importancia, pues
será esta la cara que muestren hacia la sociedad, en este sentido se
puede decir que las acciones llevadas a cabo por los activistas y las
decisiones tácticas que adoptan, son una contribución crítica y
fundamental a la labor global de dotación de significados
(McAdam;479:1996). Considerándose además relevante el análisis de
estos, para ver si inciden de alguna manera en que el conflicto étnico
expuesto no se manifieste en forma de clivaje político en el sistema
de partidos de la novena región.
En este marco debemos comenzar por basarnos en lo expuesto con
anterioridad y plantear que la construcción y recuperación identitaria
refrendada a lo largo del ensayo, no sólo nos permite establecer
marcos interpretativos del movimiento, sino que además podemos
argumentar que esta misma construcción cosmogónica y de
cosmovisión es en sí mismo un acto de resistencia conciente. En otras
palabras, la praxis de un mundo y un país mapuche repercute en la
consolidación de un sentido de pertenencia y en la forma en la cual el
movimiento es visto y enjuiciado tanto por sus antagonistas –
principalmente el Estado - y también por la opinión pública. Es posible
argumentar a la vez que este proceso de reconstrucción identitaria,
visto como forma de acción colectiva de resistencia, posee una
irredargüible dimensión política, siendo parte constitutiva del
repertorio de acción colectiva del movimiento.
El análisis de la acciones colectivas utilizadas por los mapuche, nos
permite encontrar algunas constancias en las maneras de actuar y
también innovaciones, muchas de las cuales, aunque no todas, nacen
producto de variaciones y desarrollos en las tecnologías. Pudiendo,

61
además, identificarse una consistencia entre el discurso de las
organizaciones y su manera de actuar.
Durante los años setenta algunas comunidades mapuche, alentadas
especialmente por algunos grupos de izquierda, actuaban a través de
lo que entonces fue calificado de corridas de cerco. Es decir, tomas
de terreno y enfrentamientos con los terratenientes en el marco del
proceso de reforma agraria verificado en ese entonces. Acciones de
este tipo se pueden observar nuevamente a comienzos de la década
de los noventa. Poco después del fin de la dictadura se producen
movilizaciones y reivindicaciones indígenas, especialmente en el
marco de las celebraciones del V centenario. Las tomas, ahora
denominadas recuperaciones de tierras56 u ocupaciones simbólicas,
encabezadas por el Consejo de Todas las Tierras, retomaron una
metodología ya utilizada en otro gobierno democrático como el de
Salvador Allende. Otras agrupaciones mapuche también recurrirían a
las tomas de tierras como una de sus maneras de accionar colectivo,
es así como constatamos recuperaciones de terrenos en Lumaco,
Traiguen, Ercilla, Tirúa, entre muchas otras localidades. Podemos
argumentar que una de las variaciones principales observadas a
partir de estas recuperaciones de tierra, la encontramos en las
“recuperaciones productivas” implementadas por la Coordinadora
Arauco Malleco”, que intentaban, no sólo hacerse del lugar de manera
testimonial o simbólica, sino agenciar una apropiación en la praxis,
mediante su utilización y aprovechamiento. Se trata, entonces, de
ejercer control territorial y establecer soberanía de hecho en las
tierras recuperadas. Se desarrollaron experiencias de autonomía
territorial en lugares de la Araucanía como Collipulli, Temulemu,
Didaico y Pantano.
Observar los repertorios de protesta nos permite ver distintas
maneras de actuar. Entre las más convencionales podemos
56
El término de recuperación ha sido utilizado en Chile especialmente por las
organizaciones de izquierda que optaron por, como ellos decían, todas las formas
de lucha, y hacían referencia a los recursos robados por los ricos que se
recuperaban para poder devolverlos al pueblo. En este marco vemos por ejemplo
los asaltos a bancos del MIR a fines de los sesenta o algunas acciones realizadas
por el FPMR durante la dictadura.

62
mencionar, entre otras: recursos ante los tribunales de justicia;
reclamaciones ante organismos internacionales (aunque más novel
entre el repertorio) como por ejemplo, la Corte Interamericana de
Derechos Humanos de la Organización de Estados Américanos (OEA)
o el Comité contra el racismo de la ONU. Las conversaciones o
negociaciones con los distintos gobiernos de la Concertación, como la
mesa de diálogo del gobierno de Eduardo Frei o los Diálogos
Nacionales Indígenas, llevado a cabo por el gobierno de Michelle
Bachelet. La utilización de medios de comunicación propios para
plantear sus ideas, objetivos, demandas y realidad, también pueden
mencionarse entre formas de actuar convencional, planteando eso sí,
la proliferación de medios de comunicación alternativos,
especialmente electrónicos y radiales, para enfrentar el ya
mencionado duopolio comunicacional existente.
Entre las acciones no convencionales podemos mencionar las
recuperaciones de terreno, reales y simbólicas; las tomas de edificios
públicos; manifestaciones callejeras y enfrentamientos con la policía.
Entre las violentas podemos mencionar ataques a particulares y la
policía, la quemA de predios, camiones, entre otras.

CUADRO 5. Repertorios de acción colectiva de organizaciones mapuche

Consejo de Todas la • Recuperación de tierra, concreta y


Tierras simbólica
• Manifestaciones callejeras
• Reclamaciones en entidades
internacionales
• Medio de comunicación alternativo
• Diálogo con Estado
Coordinadora Arauko- • Recuperación productiva de tierras
Malleko

63
• Control territorial
• Enfrentamientos policía
• Ataques a forestales
• Medio de comunicación alternativo
Coordinación de • Medio de comunicación alternativo
Identidades Territoriales • Reclamaciones entidades
Mapuche internacionales
• Recuperación de tierra originalmente
• Control territorial originalmente
• Enfrentamientos policía
originalmente
• Diálogo con Estado
Wallmapuwen • Medio de comunicación alternativo
• Participación en política institucional

Como se puede ver, analizar los repertorios más comunes o evidentes


de cada organización, nos permite visualizar cómo es que se abarca
toda una amplia gama, tanto de acciones colectivas convencionales
como no convencionales, pero dejando entrever además, la poca
confianza hacia los medios de la institucionalidad chilena. Recordando
también, el predominio de una práctica de mapuchidad, de un país y
un mundo mapuche. Acción y práctica que inciden en la construcción
y refuerzo de una identidad mapuche. Lo anterior no hace más que
reafirmar nuestro planteamiento de la existencia de una evidente
división societal en la región de la Araucanía, manifestada de
diferentes maneras, pero con una construcción identitaria y discursiva
clara; se evidencia este conflicto en distintas dimensiones del
quehacer regional, sin embargo, hasta la actualidad no se manifiesta
en el sistema de partidos local.
A nivel de organizaciones participantes de un movimiento social
indígena, se puede argumentar un resquemor, una desconfianza
hacia las instituciones del Estado chileno, pudiendo extrapolar lo

64
anterior hacia el sistema electoral y los partidos políticos. Esta
afirmación no pretende retratar a todos los mapuche, sino a una
parte representativa de las organizaciones del movimiento. No
obstante esta desconfianza, asentada en la exclusión, discriminación
y represión ejercidas históricamente desde el Estado chileno, han
existido intentos a lo largo de la historia de la creación de partidos
políticos mapuche e indígenas en general, sin embargo, ninguno de
ellos ha fructificado, la división existente en esa región no ha sido
capaz de expresarse en el sistema de partidos local. Un punto de
inflexión en este sentido podría ser la reciente creación (2006) del
partido político mapuche Wallmapuwen, que viene a plantearse, sin
olvidar los planteamientos autonómicos y de libre determinación, una
participación en el marco de la institucionalidad electoral chilena,
planteándose la fehaciente posibilidad de lograr representación a
nivel local en la región de mayor población mapuche. Argumentando
la existencia de un “voto mapuche” sostiene que, sobre todo en las
comunidades de alta concentración mapuche, se puede lograr
representantes del partido en el concejo municipal o la alcaldía. Es
por esto que podemos encontrarnos ante una coyuntura de cambio
en este sentido, no obstante lo cierto es que hasta hoy esto no
sucede, pudiéndose agregar además que la visión de dicho partido
no es la predominante en el seno del movimiento.

4. Organización y organizaciones mapuche


Ya se ha abordado algo respecto a algunas de las organizaciones del
movimiento mapuche, viendo los marcos y discurso predominantes,
además de la manera de actuar de forma colectiva que se ha verificado
en estos años. Lo que pretende este capítulo es ahondar un poco más en
las organizaciones mapuche, intentando una mirada más amplia que
permita estudiar, entre otros elementos, sus contactos, relaciones y
consolidación. Intentando a la vez observar si estas formas de
organización y relaciones influyen en que el conflicto étnico de la

65
Araucanía no se manifieste en forma de clivaje étnico en el sistema de
partidos local.

Dentro de los enfoques relacionales utilizados para estudiar la acción


colectiva y los movimientos sociales, se encuentra la idea básica de que
la manera en que se organizan afectará directamente el curso, el
contenido y los resultados de la acción colectiva. La organización utilizada
en el marco de un movimiento, tendrá implicancia sobre la capacidad de
obtener recursos, movilizar a la gente y el grado de legitimidad de este.
Siendo a la vez importante en cuanto a las potencialidades de relación del
movimiento, tanto con otros símiles, como con la institucionalidad (Martí;
88: 2004).
Esta visión que destaca la importancia de la organización no es nueva, ya
en el contexto de la revolución bolchevique a comienzos del siglo XX
Lenin planteaba que la solución al problema de la acción colectiva era la
organización (Tarrow; 36: 1997). Para Tarrow los planteamientos de Lenin
sobre la organización necesaria para estructurar un movimiento e impedir
su dispersión en demandas corporativas, servirían de base para la
evolución de la teoría de movilización de recursos desarrollada en la
década de los sesenta (Tarrow; 37:1997) por teóricos funcionalistas
norteamericanos57.

El protagonismo en este tipo de enfoque teórico lo asumen los recursos,


que pueden ser materiales, humanos u organizativos. Se centra en la
capacidad de obtener y gestionar recursos por parte de los movimientos
con el fin de ver cómo éstos inciden en la acción colectiva, su estructura y
la capacidad de movilización. La manera de organizarse influiría en la
eficiencia de la acción colectiva, por lo que se puede argumentar que la

57
La teoría de movilización de recursos analiza la actividad de los movimientos
sociales atendiendo principalmente a procesos de agregación de recursos, dinero y
trabajo. Subraya la importancia del análisis comparado de las infraestructuras
organizativas de los actores, intentado así comprender de mejor forma los patrones
históricos de movilización y predecir cuales facilitan la emergencia, eficacia y
consolidación de los movimientos. Además de fijarse en las relaciones existentes
entre la forma de organización, el carácter de los movimientos, el análisis en las
estrategias de los movimientos y en la redes de movimiento (Martí; 89: 2004)

66
organización es fundamental a la hora de que el movimiento logre los
objetivos que se ha planteado. Entre la funciones que podríamos
identificar debe cumplir la organización de un movimiento, podemos
mencionar el ampliar e intensificar el desarrollo polifacético de este,
posibilitar y estimular el debate identitario, crear sentido de pertenencia,
impulsar las acciones colectivas, obtener nuevos militantes, potenciar la
aparición de líderes, lograr apoyo a nivel societal y mediático, lograr
impacto con su trabajo, lograr modificar la realidad de acuerdo a sus
planteamientos (Ibarra; 161: 2005). La potencialidad de crear lazos y
relaciones con otras organizaciones internas o externas, se puede argüir,
estará también influida por su forma de organización. Evidentemente una
organización clandestina tendrá menos potencial de relaciones que una
pública y legal58.
En los marcos de este enfoque relacional se ha destacado también la
importancia de la existencia de lo que se ha denominado núcleos duros,
que ejerzan la función de liderazgo, que dote de coherencia las
propuestas y que interaccione con el resto del entorno organizacional. Lo
distintivo de los movimientos sociales en este sentido, sería que son
construcciones colectivas que giran en torno a personas dispuestas a
asumir acción colectiva mediante incentivos colectivos (Martí; 89: 2004).
Este núcleo, sin embargo, es sólo una parte del movimiento alrededor del
cual se debe sumar un entorno social movilizado que apoye las demandas
y que se sume a la acción colectiva (Martí; 89: 2004).

Ligado a lo anterior, podemos mencionar lo que se denomina contextos


de micromovilización59, los cuales están formados por las redes sociales
en las que las personas se mueven cotidianamente, estás facilitan la
solidaridad y comunicación, y están en la base de los procesos cognitivos
relacionados con la construcción social de las demandas políticas y la

58
En este marco se inserta el análisis de las estructuras de movilización, las cuales
son definidas como aquellas estructuras que engloban a los distintos canales
colectivos formales e informales (tanto organizaciones como redes informales) a
través de los que la gente puede movilizarse e implicarse en la acción colectiva
(Jiménez; 192:2003).
59
También denominados núcleos sociales de micromovilización o comunidades de
acción colectiva crítica.

67
decisión de actuar colectivamente (Jiménez; 194:2003). Son aquellos
elementos que hacen que una persona participe en un movimiento y no
en otra cosa, pudiéndose sostener que son los contactos personales,
directos, los que concretizan y fomentan el potencial de participación. Los
contactos cara a cara generan confianza para motivar a participar en la
acción, son estos vínculos los que intentan agenciar los movimientos
sociales. Es así como se puede argumentar que la mayor o menor
presencia de estas instancias de micromovilización en un espacio
determinado es uno de los elementos a partir de los cuales se puede
predecir la capacidad de movilización, y dependiendo de su cantidad,
definir el grado de densidad de las redes (Martí; 36: 2006).

La forma de organización decidida por el movimiento será influida a partir


de distintas dimensiones. Será diferente el carácter observado
dependiendo, por ejemplo, si priorizan el trabajo y debate interno, a si por
el contrario, lo que pretenden son la acción colectiva pública, hacia el
exterior del movimiento. Es decir, los objetivos planeados incidirán en la
forma de organización utilizada. Otro factor para tomar en consideración
es el tamaño, pues a medida que crece y aumentan sus componentes,
una organización irá complejizando su orgánica en búsqueda de
eficiencia. De la misma forma, a medida que la extensión territorial
cubierta por el movimiento aumenta, también deberá tender a otras
formas de organización.
Se debe agregar a lo anterior que la decisión organizativa no sólo está
ligada al carácter, objetivos, tamaño y ámbitos de actuación del
movimiento, sino también a limitaciones y contextos externos (Ibarra;
163: 2005). Los cambios en el entorno influirán en la manera en que se
organicen los movimientos sociales, además de procesos coyunturales
como pudiesen ser Estados más o menos centralizados, gobiernos más o
menos represivos, democráticos o autoritarios. Existen procesos a nivel
más global que también deben tomarse a en consideración, en este
marco vemos como por ejemplo Tarrow identifica en los sesenta un punto
de inflexión para las innovaciones organizativas, las cuales se dieron en el

68
marco de cambios tecnológicos y sociales a escala mundial, siendo a su
entender el más importante la expansión y disponibilidad de los medios
de comunicación de masas, especialmente la televisión (Tarrow;
188:1997). El movimiento debe adaptarse a estos cambios contextuales,
debiendo adecuar sus diseños organizativos internos como los procesos
de comunicación organizativos e interorganizativos, deben adecuar su
organización, transformarla en un recursote acuerdo con estas y otras
exigencia y dificultades. (Ibarra: 2005).

Por otra parte, debe tomarse en consideración a la hora del análisis de la


forma de organización de los movimientos, la constitución multiorgánica
de estos, recordando que son básicamente una red de relaciones
informales entre individuos, grupos y organizaciones60 . Las redes
constituyen parte medular del accionar de los movimientos sociales,
pudiéndose señalar que la existencia de lazos fuertes y articulados es un
prerrequisito esencial para el desarrollo de movilizaciones eficaces y
sostenidas en el tiempo (Diani; 246:1998). Así como la organización, las
redes también pueden ser un recurso, pudiendo incentivar y extender la
acción colectiva. Es más, en el contexto actual se ha señalado que los
nuevos movimientos sociales, van dando paso a los novísimos
movimientos sociales o a las comunidades y las redes de acción colectiva
crítica, las que son calificadas como movimientos sociales en la medida
que articulan temáticas transversales, persiguen objetivos de cambio
sobre la base de valores dominantes y desarrollan prácticas sociales no
convencionales (Ibarra, Gomá; 68:2002)61.

Básicamente cuando hablamos de una red, hacemos referencia a un


conjunto de relaciones (líneas, vínculos, lazos) entre una serie definida de
elementos. Cada relación equivale a una red diferente (Molina; 36: 2004).
Las redes conforman parte central de los movimientos sociales,
60
Para una definición completa ir al Capítulo 2 pagina
61
Mario Diani atendiendo a la composición reticular de los movimientos sociales, los
ha definido como un conjunto de redes de interacciones informales entre una
pluralidad de individuos, grupos y organizaciones, comprometidas en conflictos de
naturaleza política o cultural, sobre la base de una específica identidad colectiva
(Diani; 244:1998)

69
pudiéndose argumentar que tiene la potencialidad de aumentar la
cohesión de estos y su capacidad de movilización, son consistentes
además con una realidad intrínseca a los movimientos, cual es la
existencia de militancias múltiples de sus miembros, la cual favorece la
comunicación y la movilización conjunta. Debe agregarse, a su vez, que
en las redes se suscitan relaciones tanto de competencia como de ayuda
mutua. Además de constatarse la existencia de distintos tipos de redes,
podemos afirmar la naturaleza bífida de estas, sosteniendo que las redes
pueden ser concebidas como prerrequisitos para la acción colectiva,
siendo su configuración la que orientará la circulación de recursos
esenciales para la acción y determinará al mismo tiempo, las
oportunidades y vínculos necesarios para esta. Por otra parte pueden ser
vistas como producto de la acción, como el resultado de actos mediante
los cuales los actores de un movimiento seleccionan a sus propios
interlocutores o aliados (Diani; 247:1998)

Debe destacarse en este punto, que las redes no sólo se convierten en


canales para el traslado de información o de recursos materiales, sino, y
muy en consonancia con nuestro objeto de estudio, representan
oportunidades para la transmisión de símbolos y significados y, por tanto,
para la construcción de representaciones compartidas de la acción (Diani;
249). En otras palabras, se convierten en un eficiente medio para la
transmisión de marcos interpretativos con los cuales los miembros del
movimiento analizarán la realidad, siendo por consiguiente,
fundamentales en la capacidad de reconstrucción o construcción
identitaria. Por lo anterior, la importancia de analizar cómo se organizan
en el seno del movimiento mapuche se vuelve evidente; además de
visualizar si las distintas organizaciones o las redes de organizaciones
influyen de alguna manera en que en el sistema de partidos local no se
manifieste el conflicto étnico existente en la región.

4.1 Organizaciones mapuche.

70
La presencia mapuche en el quehacer regional y nacional ha sido
constante y evidente desde la concreción de la invasión de su territorio.
Han existido muchas organizaciones mapuche que abarcan distintas
ópticas de la problemática indígena, transitando desde organizaciones de
índole más campesinas, de género, culturales o políticas.

Las primeras organizaciones surgieron en los albores del siglo XX, y su


finalidad consistía principalmente en morigerar de alguna manera los
efectos de la violencia y el racismo de la época inmediatamente posterior
a la invasión, además de defender a los mapuche en el marco del proceso
de reducción y radicación implementado por el Estado. Durante este
periodo existieron tres organizaciones que sobresalieron en cuanto a la
representación mapuche. En 1910 surge en Temuco, bajo el alero del
Partido Demócrata y la Iglesia Anglicana, la Sociedad Caupolicán
Defensora de la Araucanía, que ya a partir de 1914 incursiona en la
política en busca de representación. Algunos años después nace la
Sociedad Mapuche de Protección Mutua, que después se conocería como
Federación Araucana y que se dedicó a la afirmación de la identidad
cultural, la tradición y los ritos religiosos62. La Unión Araucana por su
parte, organización cercana a la Iglesia Católica, representaba la
negación de lo mapuche tradicional. Estas organizaciones actuaron de
diferentes maneras, tuvieron liderazgos muy marcados y por momentos
hostiles entre sí, sin embargo, tenían en común la defensa del territorio y
el fin de la violencia y los atropellos a las familias radicadas.
En 1924 es electo diputado por el Partido Demócrata, Francisco Melivilu,
quien es considerado el primer parlamentario indígena. El año 1932 la
Federación Araucana levanta candidaturas a diputado siendo electo
Arturo Huenchullan apoyado por el Partido Demócrata.

62
La Federación Araucana, entre otras cosas, apoyó la candidatura a diputado de
Francisco Melivilu, del Partido Demócrata. En 1931 junto con la Federación Obrera
de Chile, proclamó el proyecto de la República Indígena. En 1932 apoya la
República Socialista de Marmaduque Grove.

71
La Sociedad Caupolican formaría en 1932 el Partido Único de la
Araucanía, el Partido Mapuche, iniciativa que perduraría hasta 1945.

En 1938 se fusionan las tres organizaciones bajo el nombre de


Corporación Araucana, que sería liderada por Venancio Coñuepan; esta
organización tuvo una dilatada existencia y se apoyó primordialmente en
los partidos de derecha, promoviendo también la creación de una
secretaría de asuntos indígenas ligada al Estado. Coñuepan fue electo
diputado por el Partido Conservador y ocupó el cargo de Ministro de
Tierras y Colonización, creando desde allí la Dirección de Asuntos
Indígenas a fines de la década 1950.
Interesante resulta recordar también la participación de Zoila Quintremil
Quintrel, la primera mujer mapuche en presentar una candidatura a
diputada el año 1953, adscrita al Partido Democrático del Pueblo. Todo lo
anterior en un contexto donde predominaban los hombres y la
Corporación Araucana63. De hecho, por entonces, la Corporación Araucana
era la organización con mayor presencia a nivel público y de militancia,
participando activamente en elecciones parlamentarias y municipales
logrando, además de Coñuepan, el triunfo parlamentario de Esteban
Romero y José Cayupi, además de nombrar doce regidores en la región.
Durante los sesenta, y producto de la ya mencionada Reforma Agraria, se
produce un proceso de organización campesina, en este marco se crea en
Ercilla el año 1969 la Confederación Nacional Mapuche que reúne a 48
asociaciones de tipo regional. En esta misma época es importante señalar

63
Posteriormente en 1953 fue electa vicepresidenta de la Asociación Nacional de
Indígenas de Chile.

72
la participación de muchos mapuche en el marco de partidos políticos
tradicionales, especialmente aquellos vinculados al gobierno de la Unidad
Popular.
Asimismo, en esta época se produce también una importante vinculación
de algunos mapuche con la organización MIR (Movimiento de Izquierda
Revolucionario) y su ala campesina el MCR (Movimiento Campesino
Revolucionario)64, específicamente mediante recuperaciones de tierra en
el proceso conocido como corrida de cercos65.
El golpe militar de septiembre 1973 acaba con el gobierno de Salvador
Allende y de la Unidad Popular, ilegalizando partidos y organizaciones
políticas y sociales e iniciando una época de represión, violencia y
muerte. Los mapuche y sus organizaciones no fueron la excepción, siendo
estas prohibidas66.
Producto de la nueva división de tierras realizada por la dictadura, los
mapuche se vuelven a organizar, inicialmente bajo la figura de centros
culturales mapuche, naciendo a partir de estos en 1980 la organización
Ad Mapu. Esta organización se convirtió en un importante referente
durante aquellos años, sin embargo, debido a un acercamiento de esta
con partidos políticos de izquierda, se produce una sucesión de divisiones
y de creación de otras agrupaciones que nacen a partir de esta raíz67. A
partir del año 1987 estas organizaciones formaron una alianza conocida
como Futa Trawun Kiñewan Pu Mapuche, que pervivió hasta 1989. El
discurso de las organizaciones, al estar en relación con partidos chilenos
fue variado. Las organizaciones miembros de esta alianza trataron de
hacer congeniar la ideología y política de sus respectivos partidos, con los
64
El MIR nace en agosto de 1965, reconociéndose como un partido marxista- leninista y
reivindicaba el camino de la insurrección armada, su líder más destacado es Miguel
Enríquez, muerto en un enfrentamiento en Santiago en 1974.
65
Para una mayor referencia ver, Correa Martín, Molina Raúl y Yañez Nancy, “La Reforma
Agraria y las tierras mapuches, Chile 1962-1975.
66
Para revisar en profundidad esta época de Chile ver Informe de la Comisión Nacional
de Verdad y Reconciliación (Informe Rettig) e Informe de la Comisión Nacional sobre
Prisión Política y Tortura (Informe Valech). Existe también una ingente literatura con
respecto a las violaciones los derechos humanos acaecidas en Chile durante la dictadura
militar.
67
Muchas de estas organizaciones también estaban ligadas a partidos políticos, es
conocida la vinculación de Ad Mapu con el Partido Comunista, Nehuen Mapu con la
Democracia Cristiana, Lautaro Ñi Ayllarehue y la Asociación Mapuche Arauco con el
Partido Socialista, Callfulican fue formada por ex militantes socialistas, Centro Cultural
Mapuche fue creada por un ex-militante de alto rango del partido comunista.

73
intereses del pueblo mapuche. Pero en la práctica terminaban divididas a
la hora de tomar posición frente a problemas nacionales. Y, curiosamente,
de lado del referente Estado-nacional con el cual se le suponían vínculos
(Mariman; 1994).
La década de 1990, comienza con un proceso de transición a la
democracia que abre, entre otras cosas, una ventana de oportunidad para
la consolidación desarrollo y aparición de distintas organizaciones
mapuche que conformarán eventualmente un nuevo movimiento
mapuche, el cual tendrá como momentos coyunturales 1992 en el marco
del V centenario y 1997, año en el cual se produce un cambio sustantivo
en cuanto a la forma de actuar y en el discurso sostenido por las
organizaciones.
Podemos argumentar que han existido a lo largo de estos poco más de
tres lustros, variadas instancias de participación agenciadas por las
distintas organizaciones mapuche, ya sea trabajando como una sólo
organización o como la conjunción de varias. Es así como constatamos,
entre otras, organizaciones como Aukiñ Wallmapu Ngulam (Consejo de
Todas las Tierras), la Corporación de Comunicaciones mapuche Xeg-Xeg,
la Identidad Territorial Lafkenche o la Asociación Ñankucheu de Lumaco.

Actualmente existen aún muchas organizaciones que intentan


representar las demandas y reivindicaciones mapuche, tanto a nivel de la
región de la Araucanía, como a nivel nacional. De esta miríada de
organizaciones, podemos destacar la capacidad de trabajo de forma
reticular, es decir, la conformación de redes, tanto a nivel mapuche, como
con el resto de la sociedad civil chilena. Podemos ver que, ya sea por
iniciativa propia o en respuesta a circunstancias externas, se han
producido diferentes instancias de participación colectiva de las
organizaciones, en otras palabras, la conformación de coordinaciones,
referentes colectivos o asociaciones de organizaciones. En este marco
podemos nombrar, por ejemplo, la organización Ad Mapu, Coordinación
para la defensa de Ralko, Coordinadora de Comunidades en Conflicto
Arauko Malleko, la Coordinación de Organizaciones e Identidades

74
Territoriales Mapuche, la Coordinación para la Libertad de los presos
políticos mapuche o Coordinación de Organizaciones Mapuche. La
organización en forma de coordinadores o redes de organizaciones para
enfrentar las situaciones dota de mayor potencialidad al movimiento a
que si las organizaciones lo hiciesen de manera independiente.

Nuevamente resulta interesante y clarificador para el análisis del


movimiento y sus organizaciones, remitirnos a las 4 organizaciones ya
vistas en el capítulo anterior.

TABLA 3.
Carácter Objetivos Tamaño
Consejo de Informal Territorio/Autonomía Regiones VIII,
Todas las Autodeterminación/Parlamento XIX y X
Tierras mapuche
Reconocimiento constitucional y de
convenios internacionales
CoordinadoraInformal Recuperación territorial de facto Regiones
Arauko Malleko Autonomía/Autodeterminación VIII y XIX

Coordinación Informal Territorio/Autonomía/Autodeterminaci


Regiones
de Identidades ón Metropolitana
Territoriales VIII, XIX y X
Mapuche
Partido Formal Territorio/Autonomía/Autodeterminaci
Regiones
Walmapuwen ón VIII, XIX y X
Representación política municipal

Resulta importante rescatar que estas y todas las organizaciones se


desenvuelven en un contexto específico y, por ende, a nivel nacional e
internacional existen acontecimientos que influyen de alguna manera
tanto en las organizaciones como en la aparición de acción colectiva.
Cómo se puede observar, tanto los objetivos como el espacio de acción

75
concreto es similar, sin embargo, la manera en la cual la acción colectiva
se lleva a cabo varía.

El definir el carácter de formal o informal, pareciese muy reduccionista,


sin embargo, grafica la forma de actuar de estas organizaciones, de las
cuales sólo el partido pretende una inserción en la institucionalidad formal
de Chile, en la forma de un partido nacional mapuche. Por otra parte,
podemos caracterizar la Coordinadora Arauco Malleco derechamente
como una organización clandestina, por lo cual su forma orgánica y de
actuación estará supeditada a esta realidad.
En la Coordinación de Identidades Territoriales, cada organización
integrante (cerca de 25), tiene la potestad de organizarse y actuar en
libertad. En parte, esta manera de funcionar está motivada por la idea de
evitar caudillismos u otros fenómenos que pueden entorpecer la
coordinación y la acción colectiva. Se evita que exista una gran estructura
que prime, entendiéndose que deben ser los propios ámbitos donde se
organiza la gente, desde sus bases territoriales, los que determinen las
decisiones y las políticas a seguir (Seguel; 2006)68. Además se puede
agregar que se ha retomado una institucionalidad que es propia, los
Trawun, a modo de reuniones plenarias donde se toman acuerdos. Se han
establecido, además, equipos de trabajo con finalidades específicas, como
la capacitación de dirigentes, facilitar la comprensión del derecho
internacional, analizar el derecho local y fomentar las comunicaciones,
entre otras. De la misma forma, se puede señalar que el Consejo de
Todas la Tierras argumenta la recuperación de instituciones tradicionales
mapuche como los longko o los werken, basando supuestamente en éstas
su organización. Finalmente se puede ver que el partido político en
formación, Wallmapuwen, ostenta una organización más formal y
jerarquizada, cumpliendo de esta manera con lo establecido en la Ley de
partidos69.

68
http://www.mapuexpress.net/?act=publications&id=125
69
La Ley Nº. 18.603 Orgánica constitucional de los partidos políticos. Título IV. De la
organización interna de los partidos políticos, señala en su Artículo 23: Entre los órganos
de los partidos políticos deberán establecerse a lo menos una Directiva Central, un
Consejo General, Consejos Regionales y un Tribunal Supremo.

76
Punto relevante pareciese ser destacar los objetivos de cada
organización, los cuales están por cierto, directamente vinculados a los
marcos y la construcción indentitaria del movimiento. La importancia de
esto radica en que tanto cuando nos encontramos con una organización
única o una de naturaleza reticular, los marcos interpretativos son
transmitidos y conforman el marco analítico básico con el cual los
integrantes del movimiento leen y entienden la realidad. En este caso
vemos un predominio de un discurso autonómico y de autodeterminación,
es decir, finalidades claramente políticas, objetivos que se contraponen a
la visión uninacional del Estado de Chile. Es incuestionable que existen
organizaciones con objetivos más circunscritos, sin embargo, lo
predominante es lo anterior.
La gran diferencia es la forma en cómo se brega en pos de conseguir
estos objetivos, los repertorios de acción colectiva predominantes. Como
se ha señalado en el capítulo anterior, los repertorios tienen una base
común, empero, esto no quiere decir que todas las organizaciones opten
por la misma forma de actuar. Es así como vemos un predominio de la
actuación no convencional, especialmente el Consejo de Todas las Tierras
y la Coordinación de Identidades territoriales, la cual como se ha dicho,
agrupa otras organizaciones. Por su parte, la Coordinadora Arauco
Malleco plantea:

“una acumulación de fuerzas para la consecución de nuestros objetivos


estratégicos, utilizando y validando, todas las formas de lucha, así como el
derecho a la autodefensa. En este sentido esto dependerá del nivel de
hostilidad a que nos lleve la oligarquía y el Estado chileno”70

Mientras el partido Wallmapuwen indica que

“Para lograr estos grandes objetivos se requiere desarrollar una estrategia


de acumulación de fuerzas en el Wallmapu, la que debe contemplar dos
dimensiones. Primero, debe contribuir a la articulación de amplios

70
Entrevista a José Llanquilef máximo vocero de la Coordinadora Arauco Malleco.
http://www.weftun.cjb.net/ agosto de 2007.

77
sectores de la sociedad Mapuche y no-Mapuche, tras la movilización social
en función de nuestros intereses. En segundo lugar, se debe desarrollar
una estrategia electoral en el País Mapuche, evaluando los niveles en que
es conveniente participar y las condiciones de cada momento”.

Lo anterior nos permite observar los extremos de dos polos en cuanto a la


manera de actuar, uno planteando una política de alianzas inclusiva con
el resto de la sociedad civil y la participación en las elecciones
municipales, mientras que el otro aparece reivindicando todas las formas
de lucha lo que en sus palabras implica “esfuerzos en el plano social,
cultural, político y también militar, supeditado a los objetivos anteriores”.
Objetivos que, como se ha expuesto, son básicamente los mismos,
autonomía y libre determinación.
De las organizaciones analizadas, podemos aseverar que nos
encontramos ante dos inclusivas y dos excluyentes. El Partido y la
Coordinación son organizaciones más inclusivas, que plantean
derechamente, no sólo la concreción de relaciones al interior del pueblo
mapuche, sino que además con otras instancias de la sociedad civil
chilena, tanto a nivel regional como nacional, agregando además la
instancia de relaciones internacionales en este marco. Así constatamos,
por ejemplo, como Wallmapuwen ha concretado contactos

“En Cataluña, nuestro partido tiene relaciones formales con el partido


independentista Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), y en Galicia
con la formación nacionalista de izquierda Bloque Nacionalista Galego
(BNG)”.

Podemos agregar, también, que en mayo de 2008 el representante de


Relaciones Políticas e Internacionales, Víctor Naguil, realizará una gira por
Europa, teniendo previsto visitar Catlunya71 y formalizar un acuerdo con la
Alianza Libre Europea (ALE).
71
En Catalunya firmará con Ezquerra Republicana de Catalunya (ERC) un Protocolo
de Colaboración con el Partido, instancia ya acordada en abril entre el Jefe de
Prensa y delegado de Wallmapuwen, Pedro Cayuqueo y Bernat Joan. Este acuerdo
pretende establecer vínculos entre los dos partidos nacionalistas, promocionar los
derechos lingüísticos mapuche y coordinar un Seminario Internacional sobre
Autogobierno, que organizará próximamente Wallmapuwen en Chile.

78
Por su parte la Coordinación de Identidades Territoriales también cuenta
con una política de alianzas que trasciende al mundo mapuche, les parece
importante establecer instancias donde se pueda sostener diálogo con la
sociedad no mapuche, con los chilenos, donde se pueda conversar, no
sólo la temática mapuche. Para ellos esto es una definición de tipo política
y, en este marco, podemos observar por ejemplo, el primer foro
ciudadano organizado en la ciudad de Villarrica, la Coordinación para la
libertad de los presos políticos mapuche o lo que fue el Foro en contra de
la reunión de APEC celebrada en Santiago, donde fueron una de las
organizaciones participantes. Dentro de las relaciones establecidas
también como Coordinación, se cuentan instancias de diálogo con
organizaciones de allende Los Andes, de orgánicas mapuche de Neuquen
y Río Negro entre otros; además de formar parte de la Coordinación
Andina, con miembros de Chile, Bolivia, Perú y Ecuador. También a nivel
internacional han realizado un trabajo en el marco del sistema de derecho
internacional, realizando reclamaciones ante la OEA y recientemente ante
la Naciones Unidas.

El Consejo de Todas las Tierras no mantiene prácticamente contactos


orgánicos con las otras organizaciones mapuche y, al menos
abiertamente, con el Estado. Sin embargo, sí han sido agentes activos en
el plano internacional, siendo pioneros en la presentación de recursos
ante instancias supranacionales, como lo fue por ejemplo, la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, reclamando que fueron violados
sus derechos consagrados en la Convención Americana de Derechos
Humanos. Se ha afirmado también, a comienzos de la década, que la
organización recibe financiamiento del exterior específicamente por parte
de la agencia holandesa de cooperación Novab, la cual sería - según
datos del diario La Segunda - para fortalecimiento institucional y en apoyo
a la defensa de los derechos indígenas, afirmando además que la agencia
ha hecho entrega de más de $2,5 millones al mes al grupo de Huilcamán

79
para sostener sus gastos operacionales, de oficina y para la difusión de
sus actividades72.
Finalmente podemos agregar que la organización más aislada sería la
Coordinadora Arauko Malleco, quienes no reconocen relaciones con
ninguna otra organización mapuche, por ejemplo, con el Consejo afirman
no tener ninguna relación con su dirigencia, sólo con algunas bases y que
esa situación se mantendrá mientras lesta organización tenga cercanía
con partidos o el gobierno de Chile. Por otra parte, a Wallmapuwen lo ven
como un ente sistémico más que solo quiere captar masa electoral73.

GRAFICO 2: Relaciones de organizaciones mapuche y el Estado.

72
Diario La Segunda, Martes 7 de mayo de 2002, publicado en http://www.mapuche-
nation.org/espanol/html/nosotros/ntcs-06.htm. Debe agregarse que el argumento de
la financiación extranjero es bastante usada por la derecha chilena n aras de
deslegitimar a organizaciones mapuche.
73
Entrevista a José Llanquilef máximo vocero de la Coordinadora Arauco Malleco.
http://www.weftun.cjb.net/ agosto de 2007.

80
CTT: Consejo de Todas las Tierras
CAM: Coordinadora Arauko Malleko
COM: Coordinación de Organizaciones Mapuche
CITEM: Coordinación de Identidades Territoriales Mapuche
Lafk. : Identidad Territorial Lafkenche
Ñank. Asociación Ñankuchew de Lumaco
Wallmapuwen : Partido político mapuche en formación

El gráfico 1 nos permite visualizar de manera sencilla las relaciones que


se establecen entre las distintas organizaciones y con el Estado.
Claramente podemos observar como el la CAM queda absolutamente
aislada en términos relacionales, mientras que el CTT sólo entablaría
relaciones con el Estado, advirtiendo que estas no corresponden a una
política constante o abierta.
Por su parte, Wallmapuwen y CITEM responden a lo que es su discurso
inclusivo, es decir, intentando mantener relaciones con gran parte del

81
movimiento mapuche. Situación similar observamos en las otras
orgánicas, debiendo agregar que tanto la Identidad Lafkenche como
Ñankuchew, son parte integrante de CITEM. Mientras que COM las agrupa
a todas, menos las ya mencionadas, pues corresponde a una coyuntura
de diálogo con el gobierno de la actual presidenta Bachelet. Este punto
debe destacarse, pues corresponde a un hecho constitutivo de las
organizaciones y los miembros de estas. Muchas veces se produce un
solapamiento de organizaciones y miembros, es decir, existe una
multimilitancia que da vida al movimiento mapuche. Es así como
encontramos organizaciones que son, por ejemplo, miembros de la CITEM
y de la actual COM; así como quienes militan y participan de estas
distintas instancias.

Finalmente y ligado a lo anterior, podemos observar la importancia que


tienen las mencionadas microrredes de movilización, aquellas redes de
confianza interpersonal que otorgan el potencial de movilización más
destacado a un movimiento social. Pudiéndose argumentar en este marco
que no obstante la población mayoritaria mapuche encontrarse en
centros urbanos de Chile, las acciones realizadas con mayor impacto
suelen ser llevadas a cabo por comunidades o comuneros rurales. Lo
anterior podríamos argumentar esta ligado con la idea de vivir en
comunidad. Sin duda, no hablamos de las comunidades prehispánicas, sin
embargo, los lazos de confianza, conocimiento y pertenencia existentes
en las distintas comunidades son innegables y definitivamente repercuten
en el potencial de movilización.

La densidad de la red es identificada por Tilly como netness, definida por


la mayor o menor presencia de núcleos sociales de micromovilización,
indicando de esta forma el potencial de relaciones. Con respecto a las
organizaciones que aparecen en el gráfico 1, podemos afirmar que,
entendiendo la densidad de red como la cantidad de relaciones
observadas por la cantidad de relaciones posibles, nos encontramos ante

82
una densidad del 55,5 % con una desviación estandar de 0,5. Es decir del
total de relaciones posibles se llevan a cabo el 55.5%.

5. Clivaje, marcos, repertorio y organización.

Evidenciado todo lo anterior, volvemos a nuestro cuestionamiento


inicial, ¿Por qué el conflicto étnico existente en Chile, no se ha
traducido en un clivaje político en el sistema de partidos? Lo
analizado sin duda ha ido entregando luces al respecto, pero cabe
detenerse en este punto.
El plantearse si los marcos interpretativos, los repertorios de acción
colectiva o la misma forma organizativa inciden para que no se
verifique en el sistema de partidos una división que caracterice el
innegable conflicto étnico, nos remite en este punto a un análisis
bífido, con dos aristas. Por una parte lo evidente: observar si la
organización, el discurso o las acciones influyen de alguna manera en
lo anterior; pero por otro lado, pareciese necesario preguntarse
también si las propias organizaciones tienen algún interés en que
esto sea así, es decir, si les importa realmente estar presentes en
este marco institucional. Partiendo de esta base iniciaremos el
análisis recordando que se ha establecido una evolución en las
concepciones del movimiento mapuche. Esto no significa que no
existan organizaciones con otros objetivos o que planteen la
integración a la sociedad chilena como válida, sin embargo, nuestro
planteamiento no es subjetivo, se basa en el análisis de las
organizaciones mapuche señaladas.
Si nos focalizamos en estas organizaciones, podemos encontrar
consistencias y diferencias que pueden aportar en nuestra búsqueda.
Es así como podemos argumentar que en las 4 organizaciones
analizadas es posible visualizar unos marcos interpretativos similares,
un predominio de la reivindicación del derecho a la autonomía y la
libre determinación74. La lectura histórica y el análisis situacional,
74
Un análisis pormenorizado del concepto de autonomía o autodeterminación de
cada organización o pensador mapuche, nos entregaría importante variedad de
posibilidades con similitudes y diferencias. Pero lo cierto es que en términos de

83
tanto del contexto como de su presente como pueblo, con derecho a
territorio y determinación, es muy similar. Sin embargo, la forma de
bregar para la consecución de este fin, podemos afirmar que varía.
El Consejo de Todas las Tierras, como lo hemos mencionado, ha
utilizado principalmente la política no convencional como forma de
actuación, con un discurso en este sentido que podríamos calificar de
bipolar, pues por una parte reniega y denosta toda forma institucional
chilena (huinka), calificando, por ejemplo, a Wallmapuwen, el partido
mapuche, como una forma de reproducción de colonialismo interno.
Mientras por otra, no sólo reclama el reconocimiento de derechos al
Estado de Chile, sino que participa en instancias de este, como lo fue
por ejemplo el intento de candidatura presidencial de su Werken y
miembro más mediático, Aukán Huilcaman, o el apoyo a algunos
candidatos mapuche en las elecciones municipales de 2000.

El Consejo reclama en este marco, el territorio al sur del Bio Bio que
consideran históricamente mapuche, demandando también una
nueva constitución que reconozca la existencia de la nación mapuche
y verifique tres derechos básicos: el derecho a la autodeterminación,
el derecho a la restitución de las tierras y el derecho sobre el uso y el
control del territorio, tanto suelo como subsuelo (Saavedra; 130:
2002). Además de lo anterior y el reconocimiento de tratados
internacionales con respecto a derechos indígenas.
Vemos también entre sus objetivos el reconocimiento de un
parlamento autónomo mapuche, compuesto por representantes
elegidos conforme a la propia cultura.; el derecho a la participación,
manifestado bajo el principio de discriminación positiva en el
Congreso, que garantice dos parlamentarios mapuches por cámara.;
reconocimiento de un parlamento autónomo mapuche, compuesto
por representantes elegidos conforme a la propia cultura; Respeto al
enmarcado, podemos argumentar que la autonomía y la autodeterminación
predominan. Para una mayor referencia sobre las distintas visiones autonómicas
remitirse a Marimán, José. “Autodeterminación. Ideas y movilización política
mapuche en el Chile del siglo XXI” Tesis Doctoral, Universidad Santiago de
Compostela. Departamento de Ciencia Política e da Administración, noviembre de
2007.

84
sistema normativo mapuche mediante reforma al código de
procedimiento penal que incluya aspecto sustantivos de la cultura
mapuche constituidos en el Ad Moguen y Nor Moguen. (Foerster y
Lavanchy: 1999).
Según José Marimán, plantea de manera simultánea, la idea de co-
gobierno, gobierno paralelo y la de autonomía. La primera referiría a
la existencia de dos autoridades políticas para el territorio mapuche.
Estas tendrían la misma autoridad, siendo su única distinción su
diferente pertenencia étnica. Como gobierno paralelo argumentan
también una autoridad política dual, sin embargo, en este caso cada
una tiene jurisdicción sobre su sociedad por separado, la potestad del
gobierno sería entregada por la pertenencia étnica. Por su parte,
plantean como autonomía que las leyes aprobadas para una cultura
no debiesen ser válidas para otra, leyes distintas para chilenos y
mapuche. Para la consecución de estos objetivos se basarán en la
organización tradicional, por sus autoridades originarias, quienes
cuentan con la real representatividad para ser portavoces de la
problemática mapuche (Mariman: 1997).
Esta discurso bipolar, que se alterna entre jugar dentro del marco y
por fuera de las reglas impuestas por el sistema chileno, complica
una definición al respecto de la organización y el sistema de partidos,
sin embargo, podríamos argumentar que tanto los marcos
interpretativos, especialmente el discurso autonómico, como su
accionar, que no obstante ser no convencional, no implica ilegalidad,
no se contraponen con la idea de representación mapuche en el
sistema de partidos. Es más, aunque algunas de sus declaraciones no
lo aprueben o que se argumente instrumentalización, o que sus
verdaderas pretensiones pasan más por lograr una representatividad
propia, basada en institucionalidad esencialmente mapuche, se
puede argumentar que han dado muestras claras de que esta
situación no les desagrada completamente.

85
Distinto se nos presenta, sin duda, el análisis de la Coordinadora
Arauco Malleco. Esta, al igual que otras organizaciones, reivindica los
derechos autonómicos de los mapuche, pero como parte de un
proceso de liberación nacional mapuche, planteando que sus
objetivos son: la restitución de la autonomía del pueblo mapuche, el
autogobierno, la construcción de una economía interna, el control de
las relaciones sociales, el respeto a la cultura, a la lengua. Se ha
comenzado un proceso de acumulación de fuerzas, proceso necesario
para conseguir la autonomía y posterior liberación. Aquí estamos
hablando de liberación nacional a futuro (...) Es una lucha de
resistencia y de reconstrucción de la nación mapuche, porque
estamos convencidos que si no lo hacemos la invasión del capital
transnacional significará el exterminio definitivo de nuestro pueblo. Es
el derecho soberano de todo pueblo a la rebelión y por eso la lucha
pasa por la recuperación de las tierras o derechos culturales, hacia la
lucha de nación, por la autodeterminación. Queremos volver a ser un
pueblo soberano y libre. (Tricot; 296: 2006). Como ya se ha afirmado,
la organización reivindica todas las formas de lucha para lograr estos
objetivos, situándose definitivamente fuera de los márgenes
institucionales para enfrentar a sus dos grandes antagonistas: el
Estado y las empresas forestales. Esta actitud los ha distanciado de
otras organizaciones en las cuales no ven consecuencia entre los
objetivos autonómicos y la práctica de éstas, las cuales, afirman,
terminan oficializando sus propuestas. Se definen en la actualidad
como una vanguardia necesaria del Pueblo-Nación Mapuche desde el
punto de vista teórico como en la praxis75.
El accionar de esta organización y su discurso, definitivamente más
confrontacional, además de su carácter clandestino, nos permite
colegir que la participación dentro de los márgenes institucionales no
está contemplada. Inclusive al sostener la posibilidad de negociar con
el gobierno afirman que esta instancia será necesaria, pero esta no
debe comprometer su independencia y sus principios, planteándose
75
Entrevista a José Llanquilef máximo vocero de la Coordinadora Arauco Malleco.
http://www.weftun.cjb.net/ agosto de 2007.

86
actualmente en un proceso de reconstrucción de su pueblo, creando
las bases para el proceso de liberación nacional mapuche. Con
respecto a las organizaciones que participan de la institucionalidad
imperante afirman que:
“Durante todos estos años se hace evidente que la participación
mapuche dentro de la institucionalidad chilena lejos de permitir
avances efectivos para nuestro Pueblo, ha generado desmovilización
en muchas de las comunidades y con ello han permitido el avance del
empresariado. Caminos pavimentados para el ingreso de los
camiones forestales, programas interculturales que aumentan la
integración y la asimilación a la cultura dominante, son los grandes
logros de estos dirigentes. Es por esto que reafirmamos que el único
camino posible es la profundización de la experiencia antisistémica y
rebelde”76.

La Coordinación de Identidades Territoriales, por su parte, responde a


una conformación más bien de tipo reticular en la cual participan
cerca de 25 organizaciones. Esta también plantea una base de
reconocimiento autonómico como objetivo primordial, sin embargo,
su forma de actuar se aleja diametralmente de lo recién expuesto. Su
ámbito de acción se ha remitido especialmente a la política no
convencional, pero a diferencia del Consejo de Todas las Tierras, es
una organización más en contacto con la sociedad civil chilena,
participando en conjunto en cuestiones que les atañen.
La CITEM ha estado funcionando principalmente mediante la
institución tradicional mapuche del Trawun, a través del cual se
reúnen en distintos lugares del territorio mapuche, rotando los
encuentros, permitiendo de esta manera que participe más gente, y
que las decisiones se tomen de manera colectiva. La intencionalidad
última de mover el lugar del Trawun no corresponde sólo a convocar
más gente, sino que responde a una forma de reconstruir al pueblo y
la sociedad mapuche, es la manera que han encontrado para
rearticular y rescatar la confianza de las comunidades, trasmitiendo y
76
Entrevista a José Llanquilef máximo vocero de la Coordinadora Arauco Malleco.
http://www.weftun.cjb.net/ agosto de 2007.

87
extendiendo la diversidad existente en el movimiento, pero poniendo
énfasis en algunas ideas comunes (Millapi en Tricot; 392: 2006). El
trabajo de la CITEM no plantea la independencia, sino la autonomía
en el contexto actual, hoy la autonomía es dentro del Estado chileno
(Caquilpan: 2006). En este marco se inscribe, por ejemplo, la
intención de agenciar espacios de autogobierno y de autonomía,
planteándose a nivel de discusión interna aún, cuestiones como la
implementación de plebiscitos o un congreso nacional mapuche. En
sintonía con lo anterior, se encuentra la idea de la creación e
implementación de parlamentos territoriales, una instancia que ya
pueda decidir, definir, normar o establecer políticas de alianza
internas o externas, facultades que van mucho más allá de lo que
puede hacer en la actualidad la CITEM. También han actuado a nivel
supranacional interponiendo recursos judiciales que pretenden la
protección de los derechos de los mapuche, afirmando por ejemplo en
este marco que:

“Una de las cuestiones más importantes que hemos hecho es haber


asumido una estrategia en el sistema internacional de derecho, haber
tenido una audiencia ante la OEA, haber entregado informes propios,
ya no al nivel de la dependencia que otros escriban u opinen por ti,
sino haberlo hecho como Coordinación, haberlo asumido
colectivamente. Esto nos ha permitido tener continuidad en el
trabajo, monitorear los casos presentados, más visibilidad y generar
nuevas alianzas en el sistema internacional”. (Seguel; 2006).

Existe un trabajo propio, no sólo en este tipo de instancias, sino


también en hacer extensivo el conocimiento entre sus miembros,
estableciendo, por ejemplo, equipos de trabajo con finalidades
específicas, como la capacitación de dirigentes, facilitar la
comprensión del derecho internacional, analizar el derecho local o
fomentar las comunicaciones. Lo anterior no excluye la participación
en la institucionalidad chilena, es más, en el marco de las elecciones
municipales de 2000 existieron candidaturas impulsadas por esta

88
organización, lo cual descarta de plano que tanto el discurso como el
accionar de la organización impida el que el conflicto mapuche se
plasme en el sistema de partidos local.

Por último, se debe hacer mención de Wallmapuwen - que se puede


traducir como ciudadanos del país mapuche - partido político
actualmente en estado de formación. La primera de las interrogantes
que nos planteamos al comienzo de este apartado salta a la vista, la
intención de participar en política más convencional es evidente, y
como se ha señalado con antelación, las elecciones municipales
aparecen como un objetivo asible en el corto plazo. Actualmente el
partido se encuentra registrado en el Servicio Electoral, el 24 de
noviembre de 2007 realizó este trámite, iniciando un proceso que
pretenden los lleve a la legalización y a las elecciones municipales de
octubre 200877. Afirman en uno de sus dípticos informativos de su
campaña de recolección de firmas que:

“Proponemos construir una sociedad mas democrática, tolerante, sin


discriminación, en que el progreso y las oportunidades sean iguales
para todos. Proponemos para ello luchar en la arena política con los
otros partidos chilenos y demostrar que los Mapuche también
podemos y sabemos gobernar. Proponemos que nuestra gente
participe y vote por candidatos de su territorio, no por personas
venidas desde Santiago y que desconocen la realidad de nuestro
Pueblo. Proponemos, en definitiva, hacer del Wallmapu un mejor
lugar donde nuestros hijos puedan vivir”78.

Como afirmó su presidente, Gustavo Quilaqueo, en una entrevista en


la televisión regional

77
Debieron presentar 100 firmas iniciales, a partir de allí tienen un plazo de 7
meses y 3 días para completar las 2500 firmas en La Araucanía, 800 en la región
de Los Ríos y 1400 en la de Los Lagos, es decir, aproximadamente 4500 firmas.

78
Díptico Campaña de recolección de firmas.
http://www.wallmapuwen.cl/diptico_firmas.pdf

89
“En la medida que tengamos un instrumento político vamos a poder
disputar espacios de poder que hoy en día son copados por el resto
del liderazgo político chileno. Efectivamente a nivel regional todos los
representantes, senadores, diputados los alcaldes, responden a
partidos políticos chilenos que tienen su base en Santiago”79.

Con la conformación del partido - y sin olvidar un marco de


autonomía- entran a competir derechamente por un lugar en la
palestra política local, especialmente a nivel de la novena región,
aunque no olvidan algunas zonas aledañas de otras regiones.
Plantean que este trabajo corresponde a la lucha por un espacio que
deben recuperar, pues la historia mapuche muestra ya desde
comienzos del siglo XX participación a nivel político convencional. Es
decir, nuevamente nos encontramos con un discurso autonómico y de
derechos de auto determinación, cuya diferencia fundamental se
encuentra en la forma de accionar colectivamente, en este caso en
forma de partido, el cual ven como otra vía. Dentro de sus propuestas
también encontramos, por ejemplo, la consecución de un Estatuto de
Autonomía o Autogobierno, el cual renueve la relación con el Estado y
que garantice los derechos políticos y culturales de la nación
mapuche.
En este contexto, resulta interesante ver las declaraciones de Rodrigo
Marilaf, responsable de Organización del partido, quien afirma que:

“Queremos contribuir a cambiar la fisonomía del estado chileno y


hacerlo plurinacional. Eso significa promover en serio el valor de la
diversidad y trabajar para lograr la plena igualdad de los pueblos.
Queremos contribuir a descentralizar el estado y democratizarlo. No
buscamos destruirlo, queremos tener un lugar propio como mapuches
en su interior. Queremos poder tomar en nuestras manos la
resolución de los asuntos al interior de nuestro País. Ya no queremos
protestar fuera de la Intendencia, queremos que uno de los nuestros
este allá, en su interior, gobernando para beneficio del Wallmapu. Y

79
Entrevista televisiva en www.wallmapuwen.cl

90
todo esto lo haremos por vías democráticas, promoviendo la
organización, la participación y la movilización social de todos los
ciudadanos del Wallmapu”80

Como vemos, la concepción autonómica no puede ser calificada en


ningún caso de secesionista o separatista, por el contrario, no sólo
evidencia la intención de participación en el marco institucional
chileno, sino que el partido realiza una serie de propuestas políticas
en consonancia con la inclusividad que deja entrever que atañen no
sólo a los mapuche, sino también a los chilenos, población
mayoritaria de la región81. En definitiva, lo expuesto deja traslucir la
imposibilidad de encontrar tanto en los marcos, como repertorio o en
la organización misma, rasgos que pudiesen incidir de alguna manera
para que en la actualidad no se plasme el conflicto étnico en el
sistema de partidos regional.

Conclusión.

El planteamiento inicial de este estudio nos motivaba a que, en el


contexto de la conmemoración del bicentenario de Chile como
República, se procediese a una revisión del papel del Estado de Chile
en el marco de distintas áreas, siendo una de estas su relación con
los pueblos indígenas, y en lo concerniente a lo investigado, para con
el pueblo mapuche. En este sentido, nuestra mirada se focalizaría en
intentar esclarecer las razones que motivarían en que el
incuestionable conflicto y movimiento étnico existente en la región de
la Araucanía no se manifieste en forma de un clivaje que se
concretice en el sistema de partidos local.
La etiología de lo anterior la buscaríamos específicamente entre los
repertorios de acción colectiva, los marcos interpretativos, en la
organización, y en las organizaciones componentes del movimiento

www.wallmapuwen.cl
80

Para una mayor referencia remitirse a las bases programáticas y programa


81

político de Wallmapuwen, http://www.wallmapuwen.cl/programa_wallmapuwen.pdf

91
mapuche, intentando ver si estos factores de alguna manera
incidirían en que este conflicto con más de un siglo de antigüedad, se
plasme a manera de un clivaje en el sistema de partidos. Debemos
añadir también, que no olvidamos que este sería sólo una parte de la
investigación, siendo necesario a manera de complementación,
además, el análisis de factores más de orden formal que pudiesen
tener alguna implicancia en este sentido.
Es así como, además de exponer un basamento teórico somero en
cuanto a identidad, clivaje y, por cierto, acción colectiva con los
marcos, repertorios y organizaciones como parte integrantes y
motivadoras de esta, procedimos a analizar el movimiento mapuche.
En este marco nos focalizamos específicamente en 4 organizaciones
que pueden considerarse representativas de las distintas corrientes
dentro del movimiento mapuche actual, a saber: el Consejo de Todas
las Tierras, la Coordinadora Arauco Malleco, la Coordinación de
Identidades Territoriales Mapuche y el partido político mapuche en
formación, Wallmapuwen. Intentando observar mediante el análisis
de éstas la manera en que se manifestaban y concretaban los
elementos anteriormente mencionados, para de esta forma verificar
su incidencia o no en el sistema partidario local.
A la luz de lo estudiado, podemos argumentar que nos encontramos
en posición de intentar esbozar una respuesta a nuestra interrogante,
sin embargo, más que responder directamente, creemos que en el
marco de lo expuesto y conciente de lo que no se ha analizado, a
saber, variables del tipo más formal, se vuelve más factible sostener
algunas inferencias que podemos extraer de nuestra investigación y
que pueden ayudarnos en este sentido.
La conformación reticular del movimiento mapuche, es decir, el que
esté integrado por distintas organizaciones, dificulta ser taxativo a la
hora de hacer afirmaciones acerca de éste, sin embargo, podemos
argumentar, por ejemplo, que existe, al menos entre las
organizaciones analizadas, un predominio de una visión autonómica y
de autodeterminación. Se ha transitado desde un predominio de las

92
temáticas de restitución de tierras hacia la necesidad de agenciar
territorio y con posterioridad autonomía, es decir, de lo económico a
lo más político. Esta visión autonómica, se puede afirmar que
constituye uno de los marcos interpretativos con los cuales los
miembros de estas organizaciones leen la realidad. Es importante
señalar que probablemente un análisis más pormenorizado o
profundo de cada discurso de autonomía, nos daría como resulta
concepciones prácticas y teóricas con similitudes y matices con
respecto a este posicionamiento. Sin embargo, el leer la problemática
del pueblo mapuche en clave de derechos de autonomía, sienta una
base más o menos uniforme desde la cual se sustenta el discurso y la
construcción y reconstrucción identitaria, - y a decir de algunas
organizaciones- nacional mapuche. Esta es sin duda, otra arista a
tener en consideración. La identidad en cuanto a proceso que se
construye, tanto en la teoría como en la praxis, y en este sentido
podemos ver que esta construcción atraviesa de manera tangencial a
todas las organizaciones integrantes del movimiento. Sea cual fuere
la organización que observemos, lo cierto que en el seno del
movimiento mapuche el trabajo y la acción colectiva contribuyen, de
manera directa o indirecta, en el sentido de reconstitución como
pueblo. La recuperación o construcción de la identidad mapuche,
fundada principalmente en las concepciones de mundo y de país
mapuche, nos permite argumentar que tanto este planteamiento
teórico, como su práctica en la cotidianidad, representan una
instancia con un componente político innegable.
Siguiendo con las prácticas colectivas, podemos señalar que de las
organizaciones analizadas, sólo algunos de los repertorios utilizados
por la Coordinadora Arauko Malleko podrían utilizarse como
argumentos para sustentar la no existencia de presencia mapuche en
el sistema de partidos local. Empero, esta es una de muchas
organizaciones, en nuestro caso particular, 1 de 4, que hemos
analizado en este estudio, por lo cual se puede afirmar que no es
mayoritaria y su forma especifica de acción no predomina en el

93
movimiento mapuche. Existe en el movimiento un predominio hacia
la política no convencional, pero sin desmerecer lo convencional, y
por cierto, de ninguna manera terrorista o criminal como ha sido
calificado en muchas ocasiones por parte del Estado y los tribunales
de justicia. Siendo, por lo demás, el discurso de 2 de las
organizaciones analizadas abiertamente inclusivo, haciéndose cargo
de una realidad insoslayable, el que la población mayoritaria de lo
que reclaman como territorio ancestral es población chilena.
Por último, podemos afirmar que tanto la concepción de autonomía,
como el proceso de construcción identitaria, además del accionar
colectivo de 3 de las 4 organizaciones analizadas, no se contrapone
de ninguna manera a la potencialidad de participar en las elecciones
a nivel regional. Cada vez más vemos como las distintas
organizaciones participan de alguna manera en política convencional.
Esto, valga la aclaración, sin dejar a un lado - y por cierto sin
desmerecer - el accionar colectivo no convencional que es el que ha
predominado en el movimiento, especialmente desde el retorno de la
democracia. Pero en definitiva, no existe contradicción alguna entre
autonomía y participación política convencional, por ende, no puede
ser argumentado este discurso como factor que impide que exista
una representación mapuche en el sistema de partidos de la región
de la Araucanía.
Podemos colegir que la creación del partido Wallmapuwen pudiese
ser un hito en este sentido, intentando aunar la representación
mapuche en el contexto de las próximas elecciones municipales, sin
embargo, extrapolar en este sentido seria demasiado arriesgado. Lo
que si podemos inferir a partir de nuestra investigación, es que con
base en nuestro análisis del discurso predominante en el movimiento
mapuche, los marcos interpretativos, repertorios de acción y las
formas organizativas, no tienen una implicancia primordial en que el
conflicto étnico existente en la región no se plasme en el sistema de
partidos, no pudiéndose verificar, por ejemplo, una contradicción
entre un discurso autonómico y la participación en la institucionalidad

94
chilena. El sistema de partidos chileno ha sido caracterizado
tradicionalmente como el más parecido en su génesis y conformación
con los europeos que, al decir de Lipset y Rokkan tienen su génesis
en divisiones de tipo societal. Sin embargo, esta división social
evidente, esta fisura de tipo étnica no encuentra su lugar en el
sistema de partidos regional y por cierto nacional en el caso de Chile.
Esto amerita, por cierto, que se investiguen diversos factores que se
relacionan con la institucionalidad chilena misma para explicar el
fenómeno.

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