Está en la página 1de 1

Forma (filosofía)

Forma (filosofía)

1

El sentido más simple y probablemente originario de la palabra forma hace referencia a la figura espacial de los cuerpos materiales sólidos.

Pero la peculiaridad del término consiste en la abstracción que hacemos al prescindir de la materialidad de las cosas

y considerar la figura en sí misma como algo independiente, es decir, como forma.

Clasificamos y ordenamos así los objetos según sus formas, cuadrados, círculos, esferas, etc. agrupándolos por lo que tienen de común sin tener en cuenta la materia o contenido que los diferencia.

De la misma manera agrupamos intelectualmente y ordenamos las cosas que tienen en común alguna o las mismas propiedades unificándolas en un concepto o idea que denota el conjunto de todos ellos clasificándolos como un conjunto de individuos y que lingüísticamente expresamos mediante un sustantivo abstracto en el sentido en que lo define Ortega y Gasset. De la misma manera unimos las propiedades y cualidades en nuevos conceptos como clase lógica de orden superior.

Podemos entonces considerar intelectualmente un mismo objeto o "suceso" del mundo de "muchas formas", desde diversos puntos de vista, así como también considerar cómo está constituido o formado, [1] destacando como fundamental una o varias formas determinadas que le hacen ser lo que esencialmente es.

Por ello el concepto de forma es realmente complejo y muy importante a lo largo de toda la historia del pensamiento.

El concepto fundamental en la tradición

Ver las cosas desde su singularidad no nos permitiría más que señalar con el dedo para indicar un algo que se destaca

o queremos destacar de todo lo que lo rodea. Lingüísticamente no podríamos más que utilizar lo que algunos llaman

pronombres vagos, tal como esto, eso o aquello o por ser algo como unidad que se diferencia de todo lo demás que lo rodea. [2]

Sin embargo si pretendemos tener por conocido ese algo, necesariamente tenemos que recurrir a un referente que permite asociar ese algo con otros algos que en algún o algunos aspectos tienen una forma semejante.

Ese aspecto o forma común permite considerar las cosas desde un principio cualitativo o esencial que está más allá del conocimiento sensible de la experiencia singular y en todo caso remite a la memoria espacio-temporal o referencia cultural recibida fundamentalmente a través del lenguaje.

Un conocimiento intelectual o conceptual que, expresado como una unidad lingüística, se considera que designa un objeto, una cosa o un suceso de la realidad, o denota algunas propiedades de ello y es comunicable a otros. [3] Un proceso social y cultural de «construcción de objetos» de conocimiento y de «relaciones lógicas» entre ellos con lo que se forman las Teorías, que sirven para describir y explicar el mundo.

Con ciertas condiciones especiales estas descripciones y explicaciones del mundo tienen el carácter de ciencia. Otro tipo de explicaciones son las creencias religiosas, ideológicas o simplemente tradicionales.

Desde antiguo se encontraron las propiedades comunes que atañen a las cosas en cuanto figuras espaciales naciendo la geometría como ciencia con carácter necesario, es decir de conocimiento conforme a leyes y principios generales.

En la filosofía griega este aspecto de abstracción o separación de lo material tuvo especial relevancia y ha constituido uno de los pilares de la tradición del pensamiento filosófico en lo que respecta a la comprensión y explicación de la realidad de las cosas. Pitágoras, por ejemplo, a partir de las formas geométricas y sus relaciones numéricas, pensó que la forma esencial de las cosas era el número.

Por medio de la abstracción se justificaba la capacidad del conocimiento para prescindir de lo sensible e intuir un principio «formal» o «modo de ver las cosas intelectualmente» mediante el entendimiento como facultad del alma humana: la idea, el concepto o esencia de las cosas.