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La integralidad de la sexualidad

Por Claire de Mézerville


La sexualidad humana es el don que Dios le ha dado a los esposos para establecer una
comunicación íntima entre ellos y a partir del amor que se profesan, dar vida. Así pues, la
sexualidad es un todo, un conjunto de expresiones integrales que se complementan entre sí, por
tanto, la sexualidad no se limita a la genitalidad, abarca un espectro mucho más amplio. Este es
el sentido del presente artículo.
Intimidad y sexualidad
Intimidad es la capacidad de superar el aislamiento no solo del cuerpo, sino también de las
ideas, creencias, emociones y necesidades, así como establecer un vínculo de confianza y
pertenencia con la otra persona. Es una vinculación de la personalidad, en lo emocional y lo
espiritual.
La intimidad en la pareja es una manifestación muy
completa del afecto. En las miradas cómplices entre un
hombre y una mujer ya se puede apreciar la afectividad
cargada de erotismo; la búsqueda de una relación
exclusiva y comprometida, la cual es la antesala para un
lazo no solo físico, sino también de amistad erótica, de
comprensión mutua y de unión emocional. El sexo es una
oportunidad maravillosa para desarrollar intimidad. Es
una dimensión en la cual pueden expresarse añoranza,
mimos, urgencia, pasión y ternura.
No obstante, aunque la desnudez, el deseo y el placer así
como los tabúes que frecuentemente los acompañan- son parte cotidiana en la vida de muchas
parejas, la triste realidad es que para muchos de ellos no existe una intimidad profunda. Es
triste que una intimidad sana y enriquecedora se quede en añoranzas en la vida de muchas
parejas, rara vez concretándose como una realidad.
La satisfacción sexual es un elemento que muchas personas desean y que genera importantes
expectativas y fuertes temores. Otras veces, también significa un forzado silencio y mucha
vergüenza. Algunas personas, en su relación de pareja, se limitan a sí mismas, pensando que no
son merecedoras de placer a menos que tengan cuerpos perfectos, o pensando que ambos
deben vivir las etapas del encuentro sexual en forma simultánea, telepática y alcanzando la
totalidad del orgasmo en todas las ocasiones.
Si bien una vida sexual satisfactoria es importante y valiosa, no debe ser el centro absoluto de la
vida de la persona. El placer sexual es una dimensión del matrimonio importante y que puede
durar muchos años, siempre y cuando se construya sobre los fundamentos del compromiso, el
amor, el compañerismo y, en algunos casos, inclusive el sentido del humor. La sexualidad no se
limita a la genitalidad: abarca un espectro mucho más amplio de caricias, besos, compañía
agradable y palabras de afecto. La intimidad, la honestidad y la confidencia sobreviven las
marcas de la piel, los cambios que los años naturalmente traerán sobre el cuerpo y los períodos
en los que sea más difícil alcanzar los más altos potenciales de placer físico.
Aunque la relación sexual no siempre satisfaga todos los deseos físicos, el encuentro, las caricias
y la confianza recíproca brindan placer emocional y fortalecen la intimidad.
La sexualidad que no puede ser genitalidad
Hablar sobre sexualidad es hablar sobre vida, sobre metas, sobre ilusiones y proyecto vital.
Hablar sobre sexualidad es identificar cómo se relaciona la persona consigo misma y con los
demás, en particular con el sexo opuesto. ¿Se caracterizan estas relaciones por el aprecio, la
consideración, el respeto? Hoy en día se apuesta cada vez menos por una sexualidad sana. Se
deja de lado la posibilidad integral de comunicación con nuestros semejantes.
La sexualidad no se limita a las relaciones sentimentales: implica las relaciones familiares, de
amistad y de compañerismo. Cuando la persona no está comprometida en una relación de
matrimonio, es importante que pueda explotar su vida afectiva por medio de vínculos genuinos
de amistad y una convicción profunda del valor de su cuerpo y del cuerpo de los demás. Esta
convicción es muy importante para vivir, con integridad, las etapas de la vida en las que la
sexualidad no se manifiesta por medio de relaciones sexuales genitales. No por eso deben
descuidarse las relaciones humanas: ¡todos necesitamos sentirnos apreciados y capaces de
apreciar a nuestros semejantes! Es por esto que, en su dimensión afectiva, es fundamental
desarrollar la ternura como medio de intercambiar cariño.
Muchas manifestaciones de la ternura se caracterizan por la renuncia o postergación de la
gratificación física personal. La ternura ayuda al hombre y a la mujer a mantener el intercambio
afectivo, por medio de detalles, gestos de cariño, como tiempos de soledad apacible, apreciación
del arte, practicar deportes juntos y cultivar amistades significativas, aún en períodos en los que
las relaciones sexuales no son totalmente satisfactorias, o simplemente no pueden darse.
En ambas dimensiones, tanto en la sensualidad como en la ternura, las personas necesitan
administrar sus impulsos y necesidades con equilibrio y autodominio aún cuando la presión
emocional sea fuerte, tomando en cuenta los valores humanos más centrales. Esto no es
sencillo. Sin embargo, la convicción profunda de que las relaciones sexuales ameritan una
entrega enmarcada en un contexto de convicciones, ternura y compromiso, puede hacer más
llevadera la decisión de postergar la gratificación física personal.
Para que la sexualidad pueda desarrollarse en forma integral, es necesario que involucre la vida
interior del hombre y de la mujer. La intimidad entendida como la sensibilidad ante los procesos
de la pareja, la seguridad de la aceptación del otro y, por ende, el fortalecimiento de la
autoestima, puede bien existir aún en relaciones platónicas, como la amistad y la fraternidad.
Aunque es cierto que cobra una fuerza especial en la relación de pareja donde la unión de los
cuerpos es un ingrediente importantísimo en la comunión (“común unión”) del hombre y la
mujer, todas las personas, tanto las que son sexualmente activas como las que no, necesitan
procurar su desarrollo humano y afectivo pleno, en un marco de respeto, de dignidad y de
estima propia.