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MODERNIDAD – POSTMODERNIDAD. SOLIDO - LIQUIDO MATERIAL DE TRABAJO DE CATEDRA. PROF. DR.

JORGE EDUARDO NORO

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LO SÓLIDO, LO LÍQUIDO, MODERNIDAD Y DESPUÉS DIVERSAS VERSIONES DE UN CAMBIO DE ÉPOCA
PROFESOR DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

“Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar se renamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” (KARL MARX) En el pasado (no muy remoto) necesitábamos imaginar que las cosas eran sólidas y podían ser tocadas, apresadas y abarcadas sin desaparecer entre las manos, y que pisábamos la tierra firme y no una superficie más delgada que una lámina de hielo, que el suelo no iba a desaparecer debajo de nuestros pies. Necesitábamos saber qué era cada cosa y convencernos de que sería eso para siempre, conocer el tiempo y el entorno en que vivíamos, acompañados de certezas y con mínimas incertidumbres, y confiar en que las instituciones serían – para nosotros – el mejor refugio. De ponto, despertamos, el sueño concluyó, y descubrimos que “todo lo sólidos se va desvaneciendo en el aire, se hace agua o líquido que se escurre entre los dedos”. Y comprendimos que ya no había retorno, que el mundo estaba jugado para siempre

FRANCIS PONGE (1889 – 1988)1 DEL AGUA (DE L'EAU)

ZIGMUND BAUMAN LA MODERNIDAD LIQUIDA

MARSHALL BERMAN TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE EN EL AIRE

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Es curioso porque PONGE es considerado el poeta de las cosas y de los objetos. De hecho tiene publicaciones con títulos muy directos: LAS PARTES DE LAS COSAS, EL SILENCIO DE LAS COSAS, y son muchas las referencias a los objetos como SOLIDOS. Un ejemplo: LOS ÁRBOLES SE DESHACEN EN EL INTERIOR DE UNA ESFERA DE NIEBLA Entre la niebla que envuelve los árboles, las hojas les son robadas; las mismas que, desconcertadas por una lenta oxidación y mortificadas por la retirada de la savia en provecho de las flores y frutos, desde los grandes calores de agosto ya estaban menos unidas a ellos...En la corteza se labran regueros verticales por donde la humedad es conducida hasta el suelo, desinteresándose de las partes vivas del tronco...Se dispersan las flores, se desprenden los frutos. Desde la edad más temprana, el abandono de sus cualidades vivas y de partes de su cuerpo ha llegado a ser para los árboles un ejercicio familiar.

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Más abajo que yo, siempre más abajo que yo está el agua. Siempre la miro con los ojos bajos. Como el suelo, como una parte del suelo, como una modificación del suelo. Es blanca y brillante, informe y fresca, pasiva y obstinada en su único vicio: el peso, y dispone de medios excepcionales para satisfacer este vicio: contornea, atraviesa, corroe, se infiltra. En su propio interior funciona también el vicio: se desfonda sin cesar, renuncia a cada instante a toda forma, sólo tiende a humillarse, se acuesta boca abajo en el suelo, casi cadáver, como los monjes de ciertas órdenes. Cada vez más abajo: tal parece ser su divisa: lo contrario de excelsior.

La “fluidez” es la cualidad de los líquidos y los gases. Según nos informa la autoridad de la Encyclopædia Britannica, lo que los distingue de los sólidos es que “en descanso, no pueden sostener una fuerza tangencial o cortante” y, por lo tanto, “sufren un continuo cambio de forma cuando se los somete a esa tensión”. Este continuo e irrecuperable cambio de posición de una parte del material con respecto a otra parte cuando es sometida a una tensión cortante constituye un flujo, una propiedad característica de los fluidos. Opuestamente, las fuerzas cortantes ejercidas sobre un sólido para doblarlo o flexionarlo se sostienen, y el sólido no fluye y puede volver a su forma original.

Casi se podría decir que el agua está loca, por esa histérica necesidad de no obedecer más que a su peso, que la simple, todas estas características de los fluidos implican que los posee como una idea fija. Es verdad que todas las cosas del mundo conocen esa necesidad, que siempre y en todas partes debe satisfacerse. Este armario, por ejemplo, se muestra muy testarudo en su deseo de adherirse al suelo, y si algún día llega a encontrarse

Hay una forma de experiencia vital —la experiencia del tiempo y el espacio, de uno mismo y de los demás, de las posibilidades y los peligros de la vida— que comparten hoy los hombres y mujeres de todo el mundo de hoy. Llamaré a este conjunto de experiencias LA «MODERNIDAD». Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo -que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos. Los entornos y las Los líquidos, una variedad de fluidos, poseen estas notables experiencias modernos atraviesan todas las cualidades, hasta el punto de que “sus moléculas son fronteras de la geografía y la etnia, de la clase y la preservadas en una disposición ordenada solamente en unos nacionalidad, de la religión y la ideología: se pocos diámetros moleculares”; en tanto, “la amplia variedad de puede decir que en este sentido la modernidad conductas manifestadas por los sólidos es resultado directo del tipo de enlace que reúne los átomos de los sólidos y de la une a toda la humanidad. Pero es una unidad disposición de los átomos”. “Enlace”, a su vez, es el término que paradójica, LA UNIDAD DE LA DESUNIÓN: nos expresa la estabilidad de los sólidos –la resistencia que ofrecen arroja a todos en una vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y “a la separación de los átomos”–. contradicción, de ambigüedad y angustia. Ser Hasta aquí lo que dice la Encyclopædia Britannica, en una modernos es formar parte de un universo en el entrada que apuesta a explicar la “fluidez” como una metáfora que, como dijo Marx, «todo lo sólido se regente de la etapa actual de la era moderna. En lenguaje desvanece en el aire».
líquidos, a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su forma. Los fluidos, por así decirlo, no se fijan al espacio ni se atan al tiempo. En tanto los sólidos tienen una clara dimensión espacial pero neutralizan el impacto –y disminuyen la significación– del tiempo (resisten efectivamente su flujo o lo vuelven irrelevante), los fluidos no conservan una forma durante mucho tiempo y están constantemente dispuestos (y proclives) a cambiarla; por consiguiente, para ellos lo que cuenta es el flujo

(…) La vorágine de la vida moderna ha sido alimentada por muchas fuentes: los grandes descubrimientos en las ciencias físicas, que han cambiado nuestras imágenes del universo y nuestro lugar en él; la industrialización de la producción, que transforma el conocimiento científico en tecnología, crea nuevos entornos

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en equilibrio inestable preferirá deshacerse antes que oponérsele. Pero, en fin, hasta cierto punto juega con el peso, lo desafía: no se está desfondando en todas sus partes; la cornisa, las molduras no se prestan a ello. Hay en el armario una resistencia en beneficio de su personalidad y de su forma. LÍQUIDO es, por definición, lo que prefiere obedecer al peso para mantener su forma, lo que rechaza toda forma para obedecer a su peso. Y lo que pierde todo su aplomo por obra de esa idea fija, de ese escrúpulo enfermizo. De ese vicio, que lo convierte en una cosa rápida, precipitada o estancada, amorfa o feroz, amorfa y feroz, feroz taladro, por ejemplo, astuto, filtrador, contorneador, a tal punto que se puede hacer de él lo que se quiera, y llevar el agua en caños para después hacerla brotar verticalmente y gozar por último de su modo de deshacerse en lluvia: una verdadera esclava. ... Sin embargo el sol y la luna le envidian esta influencia exclusiva, y tratan de mortificarla cuando, por ocupar grandes extensiones, les presenta un fácil blanco, o cuando se encuentra en estado de menor resistencia, dispersa en delgados aguazules. El sol le arranca entonces

del tiempo más que el espacio que puedan ocupar: ese espacio que, después de todo, sólo llenan “por un momento”. En cierto sentido, los sólidos cancelan el tiempo; para los líquidos, por el contrario, lo que importa es el tiempo. En la descripción de los sólidos, es posible ignorar completamente el tiempo; en la descripción de los fluidos, se cometería un error grave si el tiempo se dejara de lado. Las descripciones de un fluido son como instantáneas, que necesitan ser fechadas al dorso. Los fluidos se desplazan con facilidad. “Fluyen”, “se derraman”, “se desbordan”, “salpican”, “se vierten”, “se filtran”, “gotean”, “inundan”, “rocían”, “chorrean”, “manan”, “exudan”; a diferencia de los sólidos, no es posible detenerlos fácilmente – sortean algunos obstáculos, disuelven otros o se filtran a través de ellos, empapándolos–. Emergen incólumes de sus encuentros con los sólidos, en tanto que estos últimos –si es que siguen siendo sólidos tras el encuentro– sufren un cambio: se humedecen o empapan. La extraordinaria movilidad de los fluidos es lo que los asocia con la idea de “levedad”. Hay líquidos que en pulgadas cúbicas son más pesados que muchos sólidos, pero de todos modos tendemos a visualizarlos como más livianos, menos “pesados” que cualquier sólido. Asociamos “levedad” o “liviandad” con movilidad e inconstancia: la práctica nos demuestra que cuanto menos cargados nos desplacemos, tanto más rápido será nuestro avance. Estas razones justifican que consideremos que la “fluidez” o la “liquidez” son metáforas adecuadas para aprehender LA NATURALEZA DE LA FASE ACTUAL –en muchos sentidos nueva– de la HISTORIA DE LA MODERNIDAD. Acepto que esta proposición pueda hacer vacilar a cualquiera que esté familiarizado con el “discurso de la modernidad” y con el vocabulario empleado habitualmente para narrar la historia moderna. ¿Acaso la modernidad no fue desde el principio un “proceso de licuefacción”? ¿Acaso “derretir los sólidos” no fue

humanos y destruye los antiguos, acelera el ritmo general de la vida, genera nuevas formas de poder colectivo y de lucha de clases; las inmensas alteraciones demográficas, que han separado a millones de personas de su habitat ancestral, lanzándolas a nuevas vidas a través de medio mundo; el crecimiento urbano, rápido y a menudo caótico; los sistemas de comunicación de masas, de desarrollo dinámico, que envuelven y unen a las sociedades y pueblos más diversos, los Estados cada vez más poderosos, estructurados y dirigidos burocráticamente, que se esfuerzan constantemente por ampliar sus poderes; los movimientos sociales masivos de personas y pueblos, que desafían a sus dirigentes políticos y económicos y se esfuerzan por conseguir cierto control sobre sus vidas; y finalmente, conduciendo y manteniendo a todas estas personas e instituciones un mercado capitalista mundial siempre en expansión y drásticamente fluctuante. En el siglo XX, los procesos sociales que dan origen a esta vorágine, manteniéndola en un estado de perpetuo devenir, han recibido el nombre de «modernización». Estos procesos de la historia mundial han nutrido una asombrosa variedad de ideas y visiones que pretenden hacer de los hombres y mujeres los sujetos tanto como los objetos de la modernización, darles el poder de cambiar el mundo que está cambiándoles, abrirse paso a través de la vorágine y hacerla suya. A lo largo del siglo pasado, estos valores y

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mayor tributo mayor. La obliga a un siempre su principal pasatiempo y su mayor logro? En otras visiones llegaron a ser agrupados bajo el nombre perpetuo ciclismo, la trata como a una palabras, ¿acaso la modernidad no ha sido “fluida” desde el de «modernismo». Este libro es un estudio de la principio? Éstas y otras objeciones son justificadas, y parecerán dialéctica entre modernización y modernismo. ardilla en su rueda. más justificadas aun cuando recordemos que la famosa Con la esperanza de aprehender algo tan amplio expresión “derretir los sólidos”, acuñada hace un siglo y medio El agua se me escapa... se me escurre como la historia de la modernidad, la HE por los autores del MANIFIESTO COMUNISTA, se refería al entre los dedos. ¡Y no sólo eso! Ni tratamiento con que el confiado y exuberante espíritu moderno DIVIDIDO EN TRES FASES. siquiera resulta tan limpia (como un aludía a una sociedad que encontraba demasiado estancada EN LA PRIMERA FASE, que se extiende más o lagarto o una rana): me deja huellas en para su gusto y demasiado resistente a los cambios menos desde comienzos del siglo XVI hasta finales las manos, manchas que tardan ambicionados, ya que todas sus pautas estaban congeladas. Si el del XVIII, las personas comienzan a experimentar relativamente mucho en desaparecer o “espíritu” era “moderno”, lo era en tanto estaba decidido a que la vida moderna; apenas si saben con qué han que tengo que secar. Se me escapa, y sin la realidad se emancipara de la “muerta” de su propia historia… tropezado. Buscan desesperadamente, pero embargo me marca; y poca cosa puedo y eso sólo podía lograrse derritiendo los sólidos (es decir, según medio a ciegas, un vocabulario adecuado; tienen la definición, disolviendo todo aquello que persiste en el tiempo poca o nula sensación de pertenecer a un público hacer en contra. y que es indiferente a su paso e inmune a su fluir). Esa intención o comunidad moderna en el seno de la cual requería, a su vez, la “profanación de lo sagrado”: la Ideológicamente es lo mismo: se me pudieran compartir sus esfuerzos y esperanzas. desautorización y la negación del pasado, y primordialmente de escapa, escapa de toda definición, pero la “tradición” –es decir, el sedimento y el residuo del pasado en NUESTRA SEGUNDA FASE comienza con la gran deja en mi espíritu, y en este papel, el presente. Por lo tanto, requería asimismo la destrucción de la ola revolucionaria de la década de 1790. Con la huellas, huellas informes. armadura protectora forjada por las convicciones y lealtades que Revolución francesa y sus repercusiones, surge abrupta y espectacularmente el gran público permitía a los sólidos resistirse a la “licuefacción”. Inquietud del agua: sensible al menor moderno. Este público comparte la sensación de Recordemos, sin embargo, que todo esto no debía llevarse a cambio de declive. Que salta las estar viviendo una época revolucionaria, una escaleras con los dos pies al mismo cabo para acabar con los sólidos definitivamente ni para liberar época que genera insurrecciones explosivas en tiempo. Que, pueril de obediencia, al nuevo mundo de ellos para siempre, sino para hacer espacio a rodas las dimensiones de la vida personal, social y abandona en seguida sus juegos cuando nuevos y mejores sólidos; para reemplazar el conjunto heredado política. Al mismo tiempo, el público moderno del de sólidos defectuosos y deficientes por otro, mejor o incluso la llaman cambiándole la dirección de la siglo XIX puede recordar lo que es vivir, material y perfecto, y por eso mismo inalterable. (…) 2 pendiente. espiritualmente, en mundos que no son en Para encarar seriamente la tarea de construir un nuevo orden absoluto modernos. De esta dicotomía interna, de TRADUCCIÓN DE JORGE LUIS BORGES (¡verdaderamente sólido!), era necesario deshacerse del lastre esta sensación de vivir simultáneamente en dos Publicado en Sur, Buenos Aires, XVI,147- que el viejo orden imponía a los constructores. “Derretir los mundos, emergen y se despliegan las ideas de 148-149, enero, febrero, marzo de 1947 sólidos” significaba, primordialmente, desprenderse de las modernización y modernismo.
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Parte de este texto es trabajado como material de cátedra en el curso de ingreso a la universidad, en la película LA VIDA DE ADELE (2013).y relacionado con el tema del amor, de los afectos, de las relaciones.

MODERNIDAD – POSTMODERNIDAD. SOLIDO - LIQUIDO MATERIAL DE TRABAJO DE CATEDRA. PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO obligaciones “irrelevantes” que se interponían en el camino de un cálculo racional de los efectos; tal como lo expresara Max Weber, liberar la iniciativa comercial de los grilletes de las obligaciones domésticas y de la densa trama de los deberes éticos; o, según Thomas Carlyle, de todos los vínculos que condicionan la reciprocidad humana y la mutua responsabilidad, conservar tan sólo el “nexo del dinero”. A la vez, esa clase de “disolución de los sólidos” destrababa toda la compleja trama de las relaciones sociales, dejándola desnuda, desprotegida, desarmada y expuesta, incapaz de resistirse a las reglas del juego y a los criterios de racionalidad inspirados y moldeados por el comercio, y menos capaz aun de competir con ellos de manera efectiva. Esa fatal desaparición dejó el campo libre a la invasión y al dominio de (como dijo Weber) la racionalidad instrumental, o (como lo articuló Marx) del rol determinante de la economía: las “bases” de la vida social infundieron a todos los otros ámbitos de la vida el status de “superestructura” –es decir, un artefacto de esas “bases” cuya única función era contribuir a su funcionamiento aceitado y constante–. La disolución de los sólidos condujo a una progresiva emancipación de la economía de sus tradicionales ataduras políticas, éticas y culturales. Sedimentó un nuevo orden, definido primariamente en términos económicos. Ese nuevo orden debía ser más “sólido” que los órdenes que reemplazaba, porque –a diferencia de ellos– era inmune a los embates de cualquier acción que no fuera económica. (…) Si ha pasado la época de las revoluciones sistémicas, es porque no existen edificios para alojar las oficinas del sistema, que podrían ser invadidas y capturadas por los revolucionarios; y también porque resulta extraordinariamente difícil, e incluso imposible, imaginar qué podrían hacer los vencedores, una vez dentro de esos edificios (si es que primero los hubieran encontrado), para revertir la situación y poner fin al malestar

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EN EL SIGLO XX, NUESTRA FASE TERCERA y final, el proceso de modernización se expande para abarcar prácticamente todo el mundo y la cultura del modernismo en el mundo en desarrollo consigue triunfos espectaculares en el arte y el pensamiento. Por otra parte, a medida que el público moderno se expande, se rompe en una multitud de fragmentos, que hablan idiomas privados inconmensurables; la idea de la modernidad, concebida en numerosas formas fragmentarias, pierde buena parte de su viveza, su resonancia y su profundidad, y pierde su capacidad de organizar y dar un significado a la vida de las personas. ……………………………………………………………………………. Este libro sostiene que, de hecho, LOS MODERNISMOS DEL PASADO pueden devolvernos el sentido de nuestras propias raíces modernas, raíces que se remontan a doscientos anos atrás. Pueden ayudarnos a asociar nuestras vidas con las vidas de millones de personas que están viviendo el trauma de la modernización a miles de kilómetros de distancia, en sociedades radicalmente distintas a la nuestra, y con los millones de personas que lo vivieron hace un siglo o más. Pueden iluminar las fuerzas y necesidades contradictorias que nos inspiran y atormentan: nuestro deseo de estar arraigados en un pasado social y personal estable y coherente, y nuestro insaciable deseo de crecimiento —no solamente de crecimiento económico, sino también de crecimiento en experiencia, placer, conocimiento, sensibilidad—, crecimiento que destruye tanto los

MODERNIDAD – POSTMODERNIDAD. SOLIDO - LIQUIDO MATERIAL DE TRABAJO DE CATEDRA. PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO que los impulsó a rebelarse. Resulta evidente la escasez de esos potenciales revolucionarios, de gente capaz de articular el deseo de cambiar su situación individual como parte del proyecto de cambiar el orden de la sociedad. La tarea de construir un nuevo orden mejor para reemplazar al viejo y defectuoso no forma parte de ninguna agenda actual –al menos no de la agenda donde supuestamente se sitúa la acción política–. La “DISOLUCIÓN DE LOS SÓLIDOS”, el rasgo permanente de la modernidad, ha adquirido por lo tanto un nuevo significado, y sobre todo ha sido redirigida hacia un nuevo blanco: uno de los efectos más importantes de ese cambio de dirección ha sido la disolución de las fuerzas que podrían mantener el tema del orden y del sistema dentro de la agenda política. Los sólidos que han sido sometidos a la disolución, y que se están derritiendo en este momento, el momento de la modernidad fluida, son los vínculos entre las elecciones individuales y los proyectos y las acciones colectivos –las estructuras de comunicación y coordinación entre las políticas de vida individuales y las acciones políticas colectivas–. En una entrevista concedida a Jonathan Rutherford el 3 de febrero de 1999, ULRICH BECK habla de “CATEGORÍAS ZOMBIS” Y DE “INSTITUCIONES ZOMBIS”, QUE ESTÁN “MUERTAS Y TODAVÍA VIVAS”. Nombra la familia, la clase y el vecindario como ejemplos ilustrativos de este nuevo fenómeno. (…) Lo que se está produciendo hoy es, por así decirlo, una redistribución y una reasignación de los “poderes de disolución” de la modernidad. Al principio, esos poderes afectaban las instituciones existentes, los marcos que circunscribían los campos de acciones y elecciones posibles, como los patrimonios heredados, con su asignación obligatoria, no por gusto. Las configuraciones, constelaciones, las estructuras de dependencia e interacción fueron arrojadas en el interior del crisol, para ser fundidas y después remodeladas: ésa fue la fase de “romper el molde” en

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paisajes físicos y sociales de nuestro pasado como nuestros vínculos emocionales con estos mundos perdidos; nuestras desesperadas lealtades a los grupos étnicos, nacionales, de clase y sexo, de los que esperamos que nos den una «identidad» sólida, y a la internacionalización de la vida cotidiana —de nuestros vestidos y objetos domésticos, nuestros libros y nuestra música, nuestras ideas y fantasías— que difunde todas nuestras identidades por todo el mapa; nuestro deseo de vivir de acuerdo con unos valores claros y sólidos, y nuestro deseo de abrazar las posibilidades ilimitadas de la vida y la experiencia modernas que anulan todos los valores; las fuerzas sociales y políticas que nos lanzan a conflictos explosivos con otras personas y otros pueblos, aún si desarrollamos una sensibilidad y una empatía más profundas hacia nuestros enemigos designados y acabamos por darnos cuenta, a veces demasiado tarde, de que después de todo no son tan diferentes de nosotros. Experiencias como éstas nos ligan al mundo moderno del siglo XIX: un mundo en el cual, como dijo Marx «todo está preñado de su contrario» y «todo lo sólido se desvanece en el aire». (…) MARX, NIETZSCHE Y SUS CONTEMPORÁNEOS experimentaron la modernidad como una totalidad en un momento en que sólo una pequeña parte del mundo era verdaderamente moderna. Un siglo más tarde, cuando el proceso de modernización había arrojado una red de la que nadie, ni siquiera en el rincón más remoto del

MODERNIDAD – POSTMODERNIDAD. SOLIDO - LIQUIDO MATERIAL DE TRABAJO DE CATEDRA. PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO la historia de la transgresora, ilimitada, erosiva modernidad. No obstante, los individuos podían ser excusados por no haberlo advertido: tuvieron que enfrentarse a pautas y configuraciones que, aunque “nuevas y mejores”, seguían siendo tan rígidas e inflexibles como antes. Por cierto, todos los moldes que se rompieron fueron reemplazados por otros; la gente fue liberada de sus viejas celdas sólo para ser censurada y reprendida si no lograba situarse –por medio de un esfuerzo dedicado, continuo y de por vida– en los nichos confeccionados por el nuevo orden: en las clases, los marcos que (tan inflexiblemente como los ya disueltos estamentos) encuadraban la totalidad de las condiciones y perspectivas vitales, y condicionaban el alcance de los proyectos y estrategias de vida. Los individuos debían dedicarse a la tarea de usar su nueva libertad para encontrar el nicho apropiado y establecerse en él, siguiendo fielmente las reglas y modalidades de conductas correctas y adecuadas a esa ubicación. Sin embargo, esos códigos y conductas que uno podía elegir como puntos de orientación estables, y por los cuales era posible guiarse, escasean cada vez más en la actualidad. (…)

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mundo, puede escapar, podemos aprender mucho de los primeros modernistas, no tanto sobre su época como sobre la nuestra. Hemos perdido nuestro control de las contradicciones que ellos tuvieron que captar con toda su fuerza, en todos los momentos de su vida diaria, simplemente para poder vivir. Paradójicamente, es posible que finalmente esos primeros modernistas nos comprendan —la modernización y el modernismo que constituye nuestras vidas— mejor de lo que nosotros nos comprendemos. Si podemos hacer nuestras sus visiones y utilizan sus perspectivas para observar nuestro propio entorno con nuevos ojos, veremos que en nuestras vidas hay más profundidad de lo que pensamos. Sentiremos nuestra comunidad con las gentes de todo el mundo que han estado luchando con los mismos dilemas que nosotros. Y En la actualidad, las pautas y configuraciones ya no volveremos a conectar con una cultura están“determinadas”, y no resultan “autoevidentes” de ningún modernista notablemente rica y vibrante, nacida modo; hay demasiadas, chocan entre sí y sus mandatos se de esas luchas: una cultura que contiene grandes contradicen, de manera que cada una de esas pautas y reservas de fuerza y salud, si somos capaces de configuraciones ha sido despojada de su poder coercitivo o reconocerla como propia.
estimulante. (…) Como resultado, la nuestra es una versión privatizada de la modernidad, en la que el peso de la construcción de pautas y la responsabilidad del fracaso caen primordialmente sobre los del individuo. La licuefacción debe aplicarse ahora a las pautas de dependencia e interacción, porque les ha tocado el turno. Esas pautas son maleables hasta un punto jamás experimentado ni imaginado por las generaciones anteriores, ya que, como todos los fluidos, no conservan mucho tiempo su forma. Darles forma es más fácil que mantenerlas en forma. LOS SÓLIDOS son moldeados una sola vez. MANTENER LA FORMA DE LOS FLUIDOS

Entonces podría resultar que el retroceso fuera una manera de avanzar: que recordar los modernismos del siglo XIX nos diera la visión y el valor para crear los modernismos del siglo XXI. Este acto de recuerdo podría ayudamos a devolver el modernismo a sus raíces, para que se nutra y renueve y sea capaz de afrontar las aventuras y peligros que le aguardan. Apropiarse de las modernidades de ayer puede ser a la vez

MODERNIDAD – POSTMODERNIDAD. SOLIDO - LIQUIDO MATERIAL DE TRABAJO DE CATEDRA. PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO (LÍQUIDOS) requiere muchísima atención, vigilancia constante y un esfuerzo perpetuo… e incluso en ese caso el éxito no es, ni mucho menos, previsible. Sería imprudente negar o menospreciar el profundo cambio que el advenimiento de la “MODERNIDAD FLUIDA” (LIQUIDA) ha impuesto a la condición humana. El hecho de que la estructura sistémica se haya vuelto remota e inalcanzable, combinado con el estado fluido y desestructurado del encuadre de la política de vida, ha cambiado la condición humana de modo radical y exige repensar los viejos conceptos que solían enmarcar su discurso narrativo. Como zombis, esos conceptos están hoy vivos y muertos al mismo tiempo. La pregunta es si su resurrección – aun en una nueva forma o encarnación– es factible; o, si no lo es, cómo disponer para ellos un funeral y una sepultura decentes.

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una crítica de las modernidades de hoy y un acto de fe en las modernidades —y en los hombres y mujeres modernos— de mañana y de pasado mañana.