Ecología Política y Corrientes del Ecologismo

Bibliografía:

Módulo de Formación N° 1

• Delgado Ramos, Gian Carlo. 2013. ¿Por qué es importante la ecología política? En revista Nueva Sociedad No 244, Pp. 47 – 60. • Martinez Allier, Joan. 2005. “Corrientes del ecologismo” En: El ecologismo de los pobres. España pp.15 -32 • Lowy, Michael. 2011. “En Brasil, el combate de Chico Mendes” En: Ecosocialismo. La alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista. Coedición Editorial El Colectivo- Ediciones Herramienta. Buenos Aires. Capitulo 8, pág. 115-126. • Porto-Gonçalves, Carlos W. 2009. “Chico Mendes, un ecosocialista”. En: Cultura y Representaciones sociales. Universidad Autónoma de México. Año 3, núm. 6, Pp 188-194. • Espacio Chico Mendes. 2012. “Reflexiones en torno a la lucha socioambiental en Argentina”. En: Revista Herramienta Nº 50 Año XVI. Buenos Aires Contáctenos:
espacio.chicomendes @Espchicomendes Mail: ecologiapopular@gmail.com Web: http://espaciochicomendes.blogspot.com.ar/

Modulo de Formación I Ecología Política y Corrientes del ecologismo

En las últimas décadas diversos sectores de la sociedad han puesto al medio ambiente y sus luchas en un nivel de importancia que antes no habían tenido. Reflexionar sobre estos conflictos socio-ambientales requiere contar con herramientas teóricas que nos permitan abordar estos procesos de forma integral, dentro del marco de un capitalismo globalizante que profundiza las desigualdades sociales e incrementa la concentración del poder transnacional, despojando a la población de sus bienes comunes. En este sentido consideramos que el marco teórico de la ecología política nos brinda una visión para la reflexión crítica sobre la mercantilización de la naturaleza y la dimensión sociopolítica que legitima un modelo de desarrollo injusto. Es por ello que buscamos abrir el debate sobre los problemas que nos llaman a intervenir políticamente en nuestra sociedad. Para repensar el vinculo sociedad – ambiente y construir formas alternativas al actual modelo de producción, surgidas desde los diferentes actores del campo popular. Si bien, cada día son más visibles las luchas ambientales, debemos tener en cuenta los diferentes tipos de ecologismo existentes, ya que no todos ellos pugnan por los mismos objetivos. Los movimientos sociales toman las banderas de la lucha ambiental como un derecho a la calidad de vida, a la justicia social y la equidad, mientras otras corrientes del ecologismo no se plantean su intervención en esos mismos términos. Es por ello que incluimos un texto sobre el ecologismo de los pobres, donde se diferencian (esquemáticamente) los variados enfoques, del que retomamos el ecologismo popular. Estos movimientos de lucha y resistencia, con distintos grados de intervención política, no son experiencias nuevas. Destacamos aquí la figura de Chico Mendes quien mediante su trabajo sindical, comenzó su lucha política por la defensa de los derechos de los trabajadores seringueiros en Brasil. Con el correr del tiempo incorporó demandas más amplias como la lucha por la tierra, los derechos humanos y la lucha ambiental desde una perspectiva popular. Entendió que sin una transformación estructural en las relaciones de producción, de explotación

del hombre por el hombre, base de este sistema capitalista, no puede alcanzarse la equidad, la justicia ambiental y la emancipación real de nuestros pueblos. Con lo expuesto hasta aquí, consideramos que la bibliografía listada a continuación es una excelente introducción a un campo teórico crítico que nos servirá como herramienta de análisis de estas problemáticas, no sólo actuales sino también históricas. Bibliografía: Delgado Ramos, Gian Carlo. 2013. ¿Por qué es importante la ecología política? En revista Nueva Sociedad No 244, Pp. 47 – 60. Lowy, Michael. 2011. “En Brasil, el combate de Chico Mendes” En: Ecosocialismo. La alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista. Coedición Editorial El Colectivo- Ediciones Herramienta. Buenos Aires. Capitulo 8, pág. 115-126. Martinez Allier, Joan. 2005. “Corrientes del ecologismo” En: El ecologismo de los pobres. España pp.15 -32 Porto-Gonçalves, Carlos W. 2009. “Chico Mendes, un ecosocialista”. En: Cultura y Representaciones sociales. Universidad Autónoma de México. Año 3, núm. 6, Pp 188-194. Espacio Chico Mendes. 2012. “Reflexiones en torno a la lucha socioambiental en Argentina”. En: Revista Herramienta Nº 50 Año XVI. Buenos Aires

Este artículo es copia fiel del publicado en la revista NUEVA SOCIEDAD No 244, marzo-abril de 2013, ISSN: 0251-3552, <www.nuso.org>.

¿Por qué es importante la ecología política?

La ecología política, campo interdisciplinario en constante construcción, es una herramienta teórico-analítica de relevancia, sobre todo ante la intensificación desigual del consumo de energía y materiales, de los efectos no deseados de ciertas tecnologías, así como de la generación de desechos cuyos impactos se reflejan cada vez más en conflictos socioambientales de diversa índole y escala. El artículo revisa los orígenes y desarrollo de la ecología política, poniendo el énfasis en las contribuciones latinoamericanas y trazando algunas reflexiones en torno

GIAN CARLO DELgAdO RAMOS

de la construcción de alternativas desde y para los pueblos de América Latina.

■■ Introducción

Se considera que la ecología política, como campo teórico, fue tomando cuer-

po en la década de 1980, cuando se gestaba con mayor claridad un encuentro de aportes provenientes de distintas disciplinas abocadas al estudio del conflicto por el acceso, despojo, uso y usufructo de los territorios y los recursos que estos contienen (incluyendo, en muchos casos, el reconocimiento y la verificación de las contrafuerzas existentes y sus propuestas alternativas). Si bien el proceso de despojo y usufructo privado de los recursos naturales no es nuevo, sino por el contrario, algo estructural del sistema actual de producción, es cada vez más claro que la creciente acumulación de capital demanda una explotación y transformación mayor del entorno natural y social con implicaciones desiguales, sinérgicas e incluso irreversibles.
Gian Carlo Delgado Ramos: economista por la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), magíster en Economía Ecológica y Gestión Ambiental y doctorando en Ciencias Ambientales (Universidad Autónoma de Barcelona). Es investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la unam. Integra el Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México. Palabras claves: ecología política, recursos naturales, desarrollismo, extractivismo, América Latina.

NUEVA SOCIEDAD 244
Gian Carlo Delgado Ramos

48

Es por ello que resulta necesario dar cuenta de los procesos de colonización de la naturaleza –o actividades que alteran deliberadamente los sistemas naturales con el fin de hacerlos más útiles al sistema de producción y reproducción imperante–, así como de las modalidades del metabolismo socioeconómico, es decir, la apropiación, transformación, distribución y consumo de energía y materiales, y la consecuente generación de desechos1. Tanto los procesos de colonización como el metabolismo socioeconómico varían según el modo de producción y en íntima vinculación con el tipo de tecnología o, dicho de otro modo, de los instrumentos exosomáticos dispo nibles (el «tecnometabolismo»2). De ahí que pueda sostenerse que la eco logía política está también directamente relacionada con las modalidades y la sofisticación científico-tecnológicas alcanzadas, incluyendo el ritmo y las dimensiones de su operación. En el sistema capitalista de producción, el metabolismo social se agudiza aceleradamente y en clara correlación con las dinámicas de acumulación de capital, esto es, con los ciclos ampliados de producción-circulación-consumo. Y si bien el crecimiento poblacional tiene un cierto impacto en la intensificación de las demandas energéticas y materiales, esa no es la cuestión clave a escala mundial: mientras que la población solo creció cuatro veces a lo largo del siglo xx, el consumo promedio de energía aumentó 12 veces, el de metales 19 veces y el de materiales de construcción –como en el caso del cemento– hasta 34 veces, tal como lo muestra el gráfico de la página siguiente. Datos para el año 2010 estiman un metabolismo socioeconómico cuya intensidad energética y material fue del orden de 60.000 millones de toneladas de materiales al año y unos 500.000 petajoules de energía primaria3. El 10% de la población mundial acaparaba entonces 40% de la energía y 27% de los materiales4, al tiempo que las asimetrías socioeconómicas seguían prácticamente impertérritas. Al cierre del siglo xx, 20% de la población concentraba 83% de la riqueza, mientras que el 20% más pobre solo se adjudicaba 1,4% de esta5; se trata de proporciones que prácticamente se mantienen al día de hoy.
1. Marina Fischer-Kowalski y Helmut Haberl: «El metabolismo socioeconómico» en Ecología Política No 19, 2000, pp. 21-34. 2. Edward Boyden: «Biohistory: The Interplay Between Human Society and the Biosphere: Past and Present», Man and the Biosphere Series No 8, unesco / Parthenon Publishing, París-Nueva Jersey, 1992. 3. Helga Weisz y Julia Steinberg: «Reducing Energy and Material Flows in Cities» en Environmental Sustainability vol. 2, 2010, p. 185. 4. Ibíd. 5. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud) : Human Development Report 1992, Oxford University Press, Nueva York, 1992.

49

TEMA CEntRAL
¿Por qué es importante la ecología política?

Gráfico

Extracción de materiales y PIB mundial, 1900-2000
Extracción material (en miles de millones de toneladas) 100 Minerales industriales Minerales de construcción pib Vectores de energía fósil Biomasa

pib (en billones de dólares)
50

80

40

60

30

40

20

20

10

0

1900

1910

1920

1930

1940

1950

1960

1970

1980

1990

2000

0

Fuente: Fridolin Krausmann et al.: «Growth in Global Material Use, gdp and Population During the 20th Century» en Ecological Economics No 68, 2009.

En concordancia con los datos anteriores, el flujo de residuos también ha ido en aumento. Solo los residuos sólidos municipales (los que han sido de hecho contabilizados y representan, en el mejor de los casos, menos de la mitad del total de residuos generados a escala mundial) pasaron de 261.333 kilotones/ año en 1930 a 1.166.237 kilotones/año en 20106. En este contexto, es notorio que el estadounidense promedio genere más basura que cualquier otro habitante del planeta. Estados Unidos es altamente despilfarrador: con solo 5% de la población mundial, es responsable de 25% de la generación mundial de basura, con 389,5 millones de toneladas de residuos sólidos al año (o 18 veces el peso de toda la población adulta de ese país7). Cabe precisar la tendencia
6. Actualmente, se estima que los residuos recolectados rondan entre 2.500 y 4.000 millones de toneladas métricas anuales, ello sin incluir residuos de la construcción, demolición, minería y agricultura, así como los flujos de residuos irregulares o clandestinos, muchos de los cuales son tóxicos. La recolección a escala municipal es la que cuenta con datos más precisos y su volumen es de 1.160 millones de toneladas métricas. La mitad de ellas son emitidas por los países de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (ocde). Elisabeth Lacoste y Philippe Chalmin: From Waste to Resource: 2006 World Waste Survay, Ciclope / Veolia, París, 2006. 7. A esto se suma que unos 140 millones de toneladas de desechos no son contabilizadas oficialmente, pues son generadas de manera irregular o ilegal. Ver Edward Humes: Garbology. Our Dirty Love Affair with Trash, Avery, Nueva York, 2012, pp. 7 y 9.

NUEVA SOCIEDAD 244
Gian Carlo Delgado Ramos

50

ascendente de generación de basura en el país del Norte, que aumentó en el orden de un tercio de 1980 a 2000 y en casi el doble de 1960 a 20008. El proceso de transformación de la naturaleza es, pues, mayor, y la tendencia se ahonda no solo por la generalizada erosión de las reservas de energía y los materiales de calidad (y por tanto de bajo costo), la alteración de los ecosistemas y la transgresión o aproximación a las fronteras ecológicas de los ciclos biogeoquímicos9, sino además como resulLa apropiación de tado del actual auge de las actividades extractivas a escala mundial, vinculadas a la tierras puede observarse crisis económica y a la especulación en el como mecanismo de mercado de la tierra y las materias primas despojo de «paquetes» (commodities). Por tal razón, la apropiación de tierras, que se disparó particularmente de activos naturales en en lo que va de este siglo, puede observarse todo el mundo, con como mecanismo de despojo de «paqueexcepción de la Antártida n tes» de activos naturales en todo el mundo, con excepción de la Antártida. África y Asia son las regiones con las mayores tasas de apropiación hasta el momento, pero en América Latina el fenómeno aumenta. Solo de 2008 a 2010 se realizaron acciones de compraventa de tierras –u otros tipos de acuerdos– por unos 45 millones de hectáreas a escala mundial, la gran mayoría sin un adecuado proceso de consulta a la población local (previo, informado y culturalmente adaptado) y, en el mejor de los casos, con compensaciones deleznables, que suponen que el valor de los territorios se reduce únicamente a lo económico10. Lo dicho hasta aquí dibuja un panorama de afectaciones y conflictos so cioambientales que reenvía a la pertinencia de aproximaciones analíticas derivadas de la ecología política crítica, en tanto estas buscan develar las causas y no meramente los síntomas. En ese sentido, la ecología política crítica es un campo de estudio interdisciplinario cuyo avance se produjo y sigue produciéndose como un proceso diverso. Los énfasis presentes son
8. Ibíd., p. 5. 9. Desde la alteración del ciclo del carbono al alcanzar 394 partes por millón (ppm) a principios de 2012 (era menor a 280 ppm antes de 1850), hasta la inyección de más de 120 millones de toneladas de nitrógeno, que ya sobrepasan casi en cuatro veces la frontera propuesta para dicho ciclo. Para mayores precisiones, v. John Rockström et al.: «A Safe Operating Space for Humanity» en Nature No 46, 2009, pp. 472-475. 10. Ver María Cristina Rulli, Antonio Saviori y Paolo D’Odorico: «Global Land and Water Grab bing» en PNAS vol. 110 No 3, 15/1/2013.

51

TEMA CEntRAL
¿Por qué es importante la ecología política?

heterogéneos, pero suelen dar cuenta de la importancia que tiene, en los análisis teórico-empíricos, el reconocimiento explícito de los sistemas de poder y la influencia y la subordinación presentes en las relaciones sociales y productivas contemporáneas en todas las escalas temporales y espaciales, entre otras cuestiones asociadas a lo socioeconómico, político y cultural. Tal diversidad se expresa en múltiples definiciones, todas con puntos de encuentro, cuestión que corrobora el hecho de que se trata de un campo en consolidación, pero que no deja de ser producto de un claro esfuerzo para apuntar una diferencia entre las aproximaciones políticas y apolíticas de la ecología, para colocarse así como una lectura que, lejos de declararse neutral y objetiva, es más bien explícitamente normativa.

■■ Sobre la conformación del concepto de ecología política
El concepto de ecología política como tal, según Paul Robbins, fue probablemente utilizado por primera vez en 1972 por Eric Wolf en su trabajo «Ownership and Political Ecology»11, que funciona como introducción a una serie de trabajos propios de la antropología y la ecología cultural para la zona andina y en los que, para Wolf, se discuten transversalmente dos elementos claves12. Por un lado, la cuestión del acceso de cara a la propiedad de los recursos, y por otro, las dinámicas de la gestión de los territorios con visión de largo plazo y de innegable naturaleza colectiva frente a la propiedad privada, las acciones individuales y la gestión cortoplacista. Ahora bien, vale precisar que, pese a la existencia de posicionamientos críticos, la política de la ecología o la política ecologizada (a modo de diferenciar, aunque a veces emplee el concepto de ecología política) al mis mo tiempo generaba, y lo sigue haciendo, interpretaciones diferentes de las aquí precisadas. En ese sentido, se puede mencionar, por ejemplo, el trabajo de Hans Enzensberger en el que se critica la ecología política de enfoque limitado propio de las clases medias, impulsada tanto por tecnócratas que apuestan por tecnosoluciones como por reformistas preocupados meramente por los espacios verdes13. Aunque existían posiciones de esta naturaleza, incluyendo aquellas de tinte pesimista y malthusiano, la literatura académica crítica tenía ya presencia y se extendería aún más en los años venideros.
11. En Anthropological Quarterly vol. 45 No 3, 1972, pp. 201-205. 12. P. Robbins: Political Ecology: A Critical Introduction, Blackwell, Malden, ma, 2010. 13. H.M. Enzensberger: «A Critique of Political Ecology» en New Left Review vol. 84, 3-4/1974.

NUEVA SOCIEDAD 244
Gian Carlo Delgado Ramos

52

Las vertientes tal vez con mayor impacto en la construcción del campo de la mayor impacto en la ecología política han sido, por un lado, construcción del campo la economía ecológica crítica (o fuerte)14 de la ecología política y la ecología marxista. Ambas insisten a su modo en la necesidad de vincular han sido, por un lado, la las relaciones de poder y los procesos de economía ecológica crítica apropiación con el análisis de la producy la ecología marxista n ción, distribución y consumo propios de cada sistema de producción y de cara a los límites ambientales o la finitud de la naturaleza. Por otro lado, están las vertientes que se aglutinan o derivan de los análisis de la geografía crítica, la historia ambiental, la antropología social, la sociología política y los estudios de tipo sociocultural. La ecología política es, pues, para Anthony Bebbington, un paraguas que abarca varias tradiciones y líneas de investigación, un campo de reflexión y análisis común a diversas disciplinas15. En su libro, Robbins retoma diversas definiciones de ecología política, en su mayoría de autores anglosajones, que considera en general útiles para explicar y describir la degradación ambiental originada por el mal manejo corporativo y estatal, a partir de la documentación de las iniciativas de activismo social; para comprender la dialéctica cambiante entre sociedad y recursos territoriales, así como entre clases y grupos dentro de la sociedad; para analizar la distribución del poder en el ejercicio de transformación de la naturaleza; para dar cuenta de las consecuencias políticas del cambio medioambiental, o para la deconstrucción de las narrativas predominantes16. Sin embargo, Robbins no atribuye en su planteamiento suficiente peso a las contribuciones de autores iberoamericanos, entre los cuales podemos mencionar, de modo sucinto, el trabajo de Joan Martínez-Alier y su análisis sobre conflictos ecológicos distributivos, el comercio ecológicamente desigual
14. Se reconoce que la economía ecológica aglutina una diversidad de visiones, desde aquellas más cercanas a la economía ambiental (o la que asume que es posible el intercambio equivalente de capital natural y capital económico y, por tanto, que el mercado es el mejor mecanismo de distribución y preservación de los recursos) hasta aquellas cercanas a visiones ingenieriles o aquellas sociopolíticamente críticas, aunque no necesariamente marxistas. En este sentido, sobre todo desde la academia latinoamericana, se ha señalado que tal amplitud de espectros torna difusa la identidad de la economía ecológica. Otros presumen que esa diversidad, por el contrario, permite que las visiones críticas sean más complejas en el sentido kuhniano (que comprendan e incluyan el paradigma predecesor). 15. A. Bebbington: «Elementos para una ecología política de los movimientos sociales y el desarrollo territorial en zonas mineras» en Minería, movimientos sociales y respuestas campesinas. Una ecología política de las transformaciones territoriales, iep / Cepes, Lima, 2007, p. 26. 16. P. Robbins: ob. cit.

Las vertientes con

53

TEMA CEntRAL
¿Por qué es importante la ecología política?

entre países ricos y pobres, y el estudio de lo que califica como ecologismo de los pobres o ecologismo popular17. También se siente la falta del trabajo realizado en el marco de la revista Ecología Política, coordinada desde 1990 por Martínez-Alier y James O’Connor (entre 1990 y 2004; hasta su número 26)18. O’Connor es reconocido por su propuesta acerca de la segunda contradicción del capitalismo y de un abanico de reflexiones marxistas de gran importancia, a las que se suman las de, por ejemplo, André Gorz, Michael Löwy y John Bellamy Foster19. Inicialmente, la revista en cuestión ofrecía tanto trabajos publicados en Capitalism, Nature and Socialism – editada por O’Connor y Barbara Laurence en eeuu desde 1988 y autodenominada «espacio ecosocialista» o de pensamiento de «política rojiverde»– como artículos de autores de América Latina, y se convertía así en uno de los principales espacios aglutinadores de la reflexión iberoamericana sobre la ecología política. La revista Ecología Política aboga desde sus orígenes por la crítica al desarrollismo y por una perspectiva amplia que incluía explícitamente el debate ecomarxista (crítico del socialismo real) y ecofeminista. En el primer edito rial de la revista, Martínez-Alier precisaba que la ecología política se ocupa, entre otras cuestiones, de estudiar los intentos de la ecotecnocracia internacional para establecer normas ecológicas que perpetúan la desigualdad entre ricos y pobres y que permiten condiciones propicias para el intercambio ecológicamente desigual entre países. Pero también le cabe analizar cómo la del beneficio privado es una lógica de beneficios cortos y de infravaloración
17. V., por ejemplo, J. Martínez-Alier y Klaus Schlüpmann: La ecología y la economía, Fondo de Cultura Económica, México, df, 1991; J. Martínez-Alier y Jordi Roca: Economía ecológica y política ambiental, Fondo de Cultura Económica, México, df, 2001; J. Martínez-Alier: Environmentalism of the Poor: A Study of Ecological Conflicts and Valuation, Edward Elgar, Northampton, 2003. 18. A partir de su número 27, Ecología Política se consolida como espacio de reflexión iberoamericano en tanto que O’Connor ya no participa en la coordinación. Desde el número 31 se vuelve revista de debate y reflexión centrados en una temática específica por número y deja así de ser una revista netamente multitemática. Al día de hoy, la coordinación incluye, además de a Martínez-Alier, a Ignasi Puig Ventosa (Fundació ent), Anna Monjo Omedes (de la editorial Icaria) y Miguel Ortega Cerdá. 19. Ver J. O’Connor: Causas naturales. Ensayos de marxismo ecológico, Siglo xxi, México, df, 2001; A. Gorz: «Ecología política. Expertocracia y autolimitación» en Nueva Sociedad N o 134, 1112/1994, pp. 32-41, disponible en <www.nuso.org/upload/articulos/2373_1.pdf>; J. Bellamy Foster: La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza, El Viejo Topo, Barcelona, 2004; The Ecological Revolution: Making Peace with the Planet, Monthly Review Press, Nueva York, 2009 y The Ecological Rift: Capitalism’s War on the Earth, Monthly Review Press, Nueva York, 2010; y Michael Löwy: Ecosocialismo. La alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista, Herramienta, Buenos Aires, 2011.

NUEVA SOCIEDAD 244
Gian Carlo Delgado Ramos

54

de las necesidades futuras. La línea general de la revista buscaba, entonces, poner de manifiesto que el ecologismo se inscribe en una larga tradición de luchas sociales emancipadoras y que los movimientos sociales rurales y urbanos que se han opuesto y se oponen a la dominación y a la explotación han sido y son a menudo movimientos ecologistas, aun cuando utilicen lenguajes distintos de los del ecologismo occidental. En adición a los aportes precisados, las contribuciones desde América de, por ejemplo, el colombiano Arturo Escobar, han sido de particular importancia, ya que han enriquecido el análisis al hacer énfasis en los aspectos biológicos e histórico-culturales, indicando asimismo que la tarea de la ecología política es delimitar y caracterizar –con memoria histórica– diversos componentes y sus articulaciones. Esto es, desde las relaciones sociales, políticas, económicas y de conocimiento, hasta modos de uso del espacio, de las condiciones biofísicas existentes, y las variantes en las percepciones y experiencias del tejido social20. La ecología política, según Escobar, sería entonces, «el estudio de las múltiples articulaciones de la historia y la biología, y las inevitables mediaciones culturales a través de las cuales se establecen tales mediaciones [, esto es,] aquellas prácticas en que lo biofísico y lo histórico están mutuamente implicados»21. Desde México, Víctor Manuel Toledo haría contribuciones de gran importancia ya desde la década de 1980, vinculando los estudios rurales y la etnoecología con la gestión de los territorios, la biodiversidad, las propuestas alternativas de desarrollo y la conservación de los recursos22. Ya en 1983, Toledo advertía que las luchas por la naturaleza demandan transformar el ecologismo en una verdadera ecología política, lo que involucra, sugiere el autor, «su20. Ver A. Escobar: Encountering Development: The Making and Unmaking of the Third World, Princeton University Press, Princeton, 2005; El final del salvaje. Naturaleza, cultura y política en la antropología contemporánea, ican / Cerec, Bogotá, 1999; «Ecología política de la globalidad y la diferencia» en H. Alimonda (comp.): Los tormentos de la materia. Aportes para una ecología política latinoamericana, Clacso, Buenos Aires, 2006; «Ecologías políticas postconstructivistas» en Revista Sustentabilidad(es) No 2, 2010; A. Escobar y S. Paulson: «The Emergence of Collective Ethnic Identities and Alternative Political Ecologies in the Colombian Pacific Rainforests» en S. Paulson y Lisa L. Gezon (eds.): Political Ecology Across Spaces, Scales and Social Groups, Rutgers University Press, Nueva Jersey, 2005. 21. A. Escobar: El final del salvaje, cit., pp. 277 y 281. 22. Ver V.M. Toledo: «Ecología del modo campesino de producción» en Antropología y Marxismo vol. 3, 1980, pp. 35-55; «Modernidad y ecología. La nueva crisis planetaria» en Ecología Política No 3, 1990; «Latinoamérica: crisis de civilización y ecología política» en Gaceta Ecológica vol. 36, 1996; Ecología, espiritualidad y conocimiento, pnuma / Universidad Iberoamericana, México, df, 2003; V.M. Toledo y Narciso Barrera-Bassols: La memoria biocultural. La importancia ecológica de las sabidurías tradicionales, Icaria, Barcelona, 2008.

55

TEMA CEntRAL
¿Por qué es importante la ecología política?

perar la escisión que mantiene separadas las luchas de los trabajadores para abolir su explotación de las luchas contra la explotación de la naturaleza»23. Enrique Leff, por su parte, sugerirá que la ecología política se ocupa de estudiar las relaciones de poder que atraviesan el conocimiento, el saber, el ser y el hacer, y desde ahí desarrollará su ya conocido análisis sobre la necesidad de construir nuevas racionalidades y, por tanto, epistemologías políticas sobre la base, entre otras cuestiones, de los saberes plurales24. Germán Palacio, en cambio, sostendrá que la ecología política «discute los aspectos de fabricación, construcción o sistematización social de la naturaleza no solo en cuanto a los asuntos materiales, sino a su construcción imaginaria o simbólica»25. Por tanto, la ecología política, escribe Palacio,
reconoce los aportes de la economía política de modo que analiza los procesos de apropiación de la naturaleza, por lo cual revisa su circulación, distribución y consumo. De allí se derivan las modalidades y disputas en torno de la apropiación, usufructo y control de la naturaleza. En consecuencia, también analiza las disputas, las luchas y negociaciones de esos agentes, lo que deriva en los problemas económico-políticos de justicia ambiental.26

Desde tal visión, según Palacio, las prinHéctor Alimonda precisará cipales áreas de análisis tienden a cenla pertinencia de dar cuenta trarse en el cambio ambiental emancipade la colonialidad, la historia dor, la fundamentación jurídico-política ambiental y las estructuras que implica la crisis ambiental global y la crítica epistemológica27. En un tede poder de los Estados n nor similar, Héctor Alimonda procura la construcción de una ecología política latinoamericana aportando tres obras claves desde el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso)28. Así,
23. V.M. Toledo: «Ecologismo y Ecología Política» en Nexos No 69, 9/1983, pp. 15-24, disponible en <www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=266653>. 24. E. Leff: Ecología y capital. Racionalidad ambiental, democracia participativa y desarrollo sustentable, Siglo xxi / unam, México, df, 1986; «La ecología política en América Latina. Un campo en construcción» en H. Alimonda (comp.): Los tormentos de la materia, cit. 25. G. Palacio: «Breve guía de introducción a la ecología política: orígenes, inspiradores, aportes y temas de actualidad» en Gestión y Ambiente vol. 9 No 3, 2006, p. 11, disponible en <http:// imas2010.files.wordpress.com/2010/07/palacio-guia-ecologia-politica.pdf>. 26. Ibíd. 27. Ibíd. 28. H. Alimonda (comp.): Ecología política, naturaleza, sociedad y utopía, Clacso, Buenos Aires, 2002; H. Alimonda (comp.): Los tormentos de la materia, cit.; H. Alimonda (coord.): La Naturaleza colonizada. Ecología política y minería en América Latina, Clacso, Buenos Aires, 2011; Eduardo Bedoya y Soledad Martínez: «La ecología política y la crítica al desarrollo» en Debate Agrario No 29-30, 1999, pp. 223-246.

NUEVA SOCIEDAD 244
Gian Carlo Delgado Ramos

56

recuperando los importantes aportes de Aníbal Quijano29, entre otros, precisará la pertinencia de dar cuenta de la colonialidad, la historia ambiental y las estructuras de poder de los Estados en tanto condicionan la apropiación y producción del espacio, pero también la constitución de contrapoderes (sociales). Alimonda definirá entonces la ecología política en los siguientes términos:
el estudio de las articulaciones complejas y contradictorias entre múltiples prácticas y representaciones a través de las cuales diversos actores políticos, actuantes en iguales o distintas escalas (local, regional, nacional global), se hacen presentes, con efectos pertinentes y con variables grados de legitimidad, colaboración y/o conflicto, en la constitución de territorios y en la gestión de sus dotaciones de recursos naturales.30

Otros autores han contribuido desde hace un tiempo, también, en la reflexión de la ecología política, específicamente desde una visión latinoamericana, entre ellos Walter Porto Gonçalves, Mario Pérez, María Luisa Eschengahen, Hildebrando Vélez Galeano, José G. Vargas-Hernández, Eduardo Gudynas, Gian Carlo Delgado, Leticia Durand, Fernanda Figueroa, Mauricio Guzmán y Gustavo Portocarrero31. Otros más, de la misma manera, han hecho aportes si bien no necesariamente empleando de modo puntual alguna conceptualización de ecología política32.
29. A. Quijano: «Colonialidad y Modernidad/Racionalidad» en Heraclio Bonilla (comp.): Los conquistados: 1492 y la población indígena de las Américas, Flacso / Libri Mundi, Quito, 1992, pp. 437-449; «El laberinto de América Latina: ¿hay otras salidas?» en Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales vol. 10 No 1, Universidad Central de Venezuela, 2004, pp. 75-97; «Colonialidad del poder y clasificación social» en Santiago Castro y Ramón Grosfoguel (eds.): El giro decolonial: reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global, Universidad Javeriana / Universidad Central / Siglo del Hombre, Bogotá, 2007. 30. H. Alimonda: La Naturaleza colonizada, cit. 31. G. Portocarrero: Manual de ecología política, gpv, La Paz, 2011; E. Gudynas: «La ecología política del giro biocéntrico en la nueva Constitución de Ecuador» en Revista de Estudios Sociales No 32, 2009; M.L. Eschengahen: «Retos de la ecología política» en Zero No 18, 2007; H. Vélez Galeano: Ecología política de la energía. Ideas para el cambio, Censat Agua Viva / Amigos de la Tierra Colombia, Bogotá, 2006; M. Pérez: «Dimensiones biofísicas del comercio exterior colombiano. Evidencias del intercambio ecológicamente desigual para el periodo 1970-2002» en Economía Industrial No 352, 2003, pp. 95-120; W. Porto Gonçalves: Geo-grafías. Movimientos sociales, nuevas territorialidades y sustentabilidad, Siglo xxi, México, df, 2001; G.C. Delgado (coord.): Ecología política de la minería en América Latina, ceiich-unam, México, df, 2010; L. Durand, F. Figueroa y M. Guzmán: La naturaleza en contexto. Hacia una ecología política mexicana, ceiich-unam / crim-unam / Colegio de San Luis, México, df, 2012. 32. Por ejemplo: David Barkin: Riqueza, pobreza y desarrollo sustentable, Jus / Centro de Ecología y Desarrollo, México, df, 1998; Andrés Barreda Marín: Atlas geoeconómico y geopolítico del estado de Chiapas, tesis de doctorado en Estudios Latinoamericanos, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, unam, México, df, 1999; Ana E. Ceceña: «América Latina en la geopolítica estadounidense» en Theomai No 6, 2002; A.E. Ceceña y Joaquín Giménez: «Hegemonía y bioprospección. El caso del International Cooperative Biodiversity Group» en Theomai, invierno de 2004; A.E. Ceceña: «Caminos y agentes del saqueo en América Latina», iade, Buenos Aires, 2009; Luis Hernández Navarro: Siembra de concreto, cosecha de ira, Fundación Rosa Luxemburgo / Para Leer en Libertad, México, df, 2011; G.C. Delgado: Biodiversidad, desarrollo sustentable y militarización, ceiich-unam / Plaza y Valdés, México, df, 2004; y Agua y seguridad nacional, Arena Abierta / Debate / Random House Mondadori, México, df, 2005.

57

TEMA CEntRAL
¿Por qué es importante la ecología política?

■■ A modo de conclusión
La ecología política crítica que deriva de una lectura propia de la economía ecológica fuerte se puede pensar como herramienta normativa de análisis de las implicaciones, los conflictos y las relaciones de poder asimétricas presentes al nivel de las dinámicas metabólicas o de los flujos de energía y materiales de entrada y salida del proceso productivo y reproductivo de la sociedad, así como de los impactos generados por las tecnologías empleadas en dicho proceso. En tanto tal, se puede hablar entonces de estudios de ecología política de los recursos naturales; de la innovación científicotecnológica, y de la expulsión de residuos en diversas escalas espaciales y temporales; todas dimensiones de análisis que confluyen, propiamente hablando, en el estudio en un grado u otro de la ecología política de lo rural y lo urbano. De continuar la tendencia antes descrita De continuar la tendencia del metabolismo social, se advierte claantes descrita del ramente un futuro inquietante en el plametabolismo social, se no socioambiental, contexto en el que la advierte claramente un futuro creciente urbanización juega un papel central en tanto punta de lanza del proinquietante en el plano ceso contemporáneo de acumulación de socioambiental, contexto en capital33. Proyecciones del Programa el que la creciente urbanización de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (pnuma) sugieren un juega un papel central n aumento en la extracción, que podría llegar a triplicarse en 2050, aunque si se asume un escenario moderado el aumento sería de alrededor de 40%; en cambio, solo mantener los patrones de consumo del año 2000 implicaría que los países metropolitanos disminuyan su consumo entre tres y cinco veces, mientras que algunos «en desarrollo» lo tendrían que hacer en el orden de 10% a 20%34. Se trata de un escenario que, en efecto, se refleja en el avance de la actividad extractiva, por lo general sobre la base del despojo, legal o ilegal, en tres sentidos: el despojo de los bienes comunes, el del bien común de buena parte de la población e incluso de pueblos enteros, y el despojo gradual del futuro de
33. Ver G.C. Delgado Ramos, Cristina Campos Chávez y Patricia Rentería Juárez: «Cambio climático y el metabolismo urbano de las megaurbes latinoamericanas» en Hábitat Sustentable vol. 2 No 1, 2012, pp. 2-25. 34. pnuma: Decoupling Natural Resource Use and Environmental Impacts from Economic Growth, informe del Grupo de Trabajo sobre Desacoplamiento al Panel Internacional de los Recursos, París, 2011.

NUEVA SOCIEDAD 244
Gian Carlo Delgado Ramos

58

las generaciones venideras, porque no necesariamente está asegurado un ambiente sano –cuestión que desde luego pone en riesgo la existencia mis ma de otras formas de vida–. El despojo, claro está, no se lleva adelante sin resistencia social, en tanto que lo que está en juego, en no pocas ocasiones, es la supervivencia misma de los pueblos que dependen en gran medida de su entorno natural. Los casos actuales de resistencia suman al menos varias centenas, solo en América Latina35, a los que habría que sumar aquellos históricos, desde Chico Mendes hasta la masacre de la represa de Chixoy en Guatemala, por mencionar un par de casos de la historia reciente. Una aproximación al estado de situación de la ecología política de los recursos naturales y de la expulsión de residuos en América Latina de 201236, esto es, de movimientos sociales en activo, en defensa del medio ambiente y/o en oposición al megaextractivismo de enclave, develó la presencia de 34 casos asociados a la minería energética, 85 casos a la minería metálica y no metálica (aunque se estima la existencia de por lo menos el doble a febrero de 2013), 47 casos al agua, 16 a recursos forestales y biodiversidad, 27 casos de expansión/ afectación de la agroindustria y 32 casos de residuos tóxicos u otros. A estos seguramente se suman otros, además de los múltiples casos de afectaciones ambientales que no encuentran algún tipo de reacción social articulada. Debe notarse que el rasgo actual del conflicto por los recursos en América Latina es, tal vez, no la existencia de un extractivismo depredador, que ya tiene su tiempo (aunque ciertamente aumenta de intensidad), sino el hecho de que las partes en conflicto han complejizado su actuación. Por un lado, los actores en resistencia o los movimientos de justicia socioambiental sugieren articularse cada vez más, trascendiendo lo local e involucrando una multiplicidad de interlocutores. La conformación de redes de actores en resistencia y de redes de redes es cada vez más significativa, y sobre todo su acompañamiento, simultáneo, en diversos procesos concretos de defen35. En la región se registran diversos esfuerzos de seguimiento de afectados o conflictos ambientales, incluyendo el trabajo del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (<www. olca.cl>), el del Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina (<www.conflictos mineros. net>); la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales de México (<www.afectadosam bientales.org>); la Confederación Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la Minería (<ww.conacami.pe>); la Fundación Oswaldo Cruz de Brasil (<www.conflitoambiental.icict.fiocruz. br>), entre otros. 36. Desarrollado durante la segunda mitad de 2012 en el marco del seminario «Ecología política y metabolismo social» de Clacso, impartido por el que escribe. Desde luego, el inventario en cues tión es limitado, por lo que deberá ser afinado, ampliado y actualizado permanentemente.

59

TEMA CEntRAL
¿Por qué es importante la ecología política?

sa del territorio y de su identidad sociocultural. Aún más: la resistencia social, pese a que es inevitablemente reactiva, también es cada vez más propositiva, tanto en las formas de resistir como en la construcción de propuestas alternativas de y para los espacios territoriales concretos. Por su parte, el Estado, en sus múltiples niveles, representa cada vez más los intereses de sus socios empresariales, empujando a favor de esos intereses un amplio entramado legal ad hoc que se superpone al denominado «Estado de derecho». Al mismo tiempo, y de cara a la profundización del despojo y a los usos y abusos de la naturaleza, el Estado se arma para el control interno promoviendo, justificando o avalando la criminalización de la protesta, al tiempo que presume que los actores sociales en legítima defensa de su territorio y de los bienes comunes que este contiene son, en el mejor de los casos, irracionales, opositores al progreso y al desarrollo. Dado que no puede darse un crecimiento económico al infinito en un planeta finito, resulta ineludible el replanteamiento del propio concepto de desarrollo tradicional, de tinte utilitarista, una cuestión que demanda preguntarse para qué y para quiénes se piensa tal o cual esquema de desarrollo y bajo qué modalidad de metabolismo social. En la conformación de nuevos paradigmas, se trata de gestionar, sí, las mejores condiciones de vida materiales para las actuales y las futuras generaciones, pero siempre planteando un uso racional de los recursos y más allá de una noción meramente antropocéntrica. El modo en que los latinoamericanos entendamos en cada caso la «vida buena» ciertamente variará de lugar a lugar, y esto es parte de la riqueza y diversidad sociocultural, histórica y biológica de cada país, central en el proceso de replanteo de alternativas. Por ello, se puede afirmar que la bús queda de esquemas de desarrollo para el buen vivir, al menos de la mayoría de los sujetos y los entornos naturales que los sustentan, es un proceso y no una meta. Es decir, el bien común de la humanidad (que incluye los bienes comunes) es una idea impredicativa, en el sentido de que es necesario ajustarla a los contextos biofísicos de cada zona, a sus límites naturales y a los del planeta, y a las nociones de sociedad deseable de los pueblos. Por todo lo antes dicho, es evidente que estamos ante una apuesta que demanda, por un lado, una profunda ruptura epistemológica con las ideas dominantes, y allí la ecología política, ciertamente, tiene un lugar de primer orden; y, por otro lado, se impone un cambio concreto del sistema de

NUEVA SOCIEDAD 244
Gian Carlo Delgado Ramos

60

producción y reproducción de la humanidad, que requiere de la producción del espacio territorial en términos de prácticas, respuestas, procesos de organización, planeación y ordenamiento desde la base social (lo que empuja las propuestas de vida buena del idealismo al realismo). El proceso de transición sugiere pasar por el reconocimiento y la genuina operatividad de procesos autonómicos multiculturales y de reapropiación de la identidad territorial de los pueblos, así como por la revalorización de la memoria histórica socioambiental, de la propiedad y la gestión colectiva de los bienes comunes. Precisa también el replanteo de las relaciones de poder, cuestión que lleva a una nueva institucionalidad y normatividad que no puede tomar cuerpo más que en estructuras horizontales (libres al máximo de burocracias), con cuotas genuinas de poder popular, tal vez mediante figuras como la de «Estado-pueblo» planteada por Pablo González Casanova37; todo en un contexto de verdadera igualdad de género y de respeto a los derechos colectivos y humanos.

37. P. González Casanova: «Otra política, muy otra: los zapatistas del siglo xxi» en La Jornada, 26/1/2013.

Chico Mendes, un ecosocialista
Carlos Walter Porto-Gonçalves

El 22 de diciembre de 2008 se cumplen 20 años de la muerte de Chico Mendes, quien fuera asesinado frente a su casa. Personaje de importancia internacional, su figura crece conforme transcurre el tiempo, mientras los problemas que señaló y enfrentó, siguen vigentes. Su vida y lucha serán objeto de homenajes nacionales y de la Semana Chico Mendes en Brasil, que se realiza del 15 al 22 de diciembre en Río Branco, Xapurí. La revista Cultura y Representaciones Sociales hace eco de tan importante celebración y presenta el artículo del Dr. Carlos Walter Porto Gonçalves, quien fue asesor y amigo de Chico Mendes. El texto fue traducido por los doctores Leticia Durand y Arturo Argueta del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM quienes igualmente añaden las notas editoriales. Francisco Alves Mendes Filho nació en el Seringal (1) Porto Rico, en el municipio de Xapuri el 15 de diciembre de 1944; hijo de padres originarios del noreste de Brasil (2) que migraron a la Amazonia como muchos otros campesinos empobrecidos —principalmente durante la segunda mitad del siglo XIX—. Desde los 11 años trabajó de seringueiro, como se les llama en Brasil a las personas que se dedican a extraer el látex de los árboles de Hevea brasiliensis y, así, compartió el destino común de aquellas familias cuyos hijos, en vez de ir a la escuela, trabajaban en los seringales. Chico (3) Mendes tuvo la fortuna de encontrarse con quien sería su gran maestro, Fernando Euclides Távora, quien no sólo le enseñó a leer y escribir sino que le mostró el camino que lo haría interesarse por el destino del Planeta y la humanidad. Euclides Távora era un militante comunista que había participado activamente en la revuelta comunista de 1935 en Fortaleza, capital del estado de Ceará y, más tarde, en la Revolución de 1952 en Bolivia. Al regresar a Brasil, a través del estado de Acre, Euclides Távora se asienta en Xapuri y se convierte en guía de Chico Mendes, quien siempre hablaba con gran cariño de su mentor y

educador político y a quien nunca más volvió a ver después del golpe de estado de 1964 en Brasil. La educación se convirtió en una verdadera obsesión para Chico Mendes, quien le daba un sentido mucho más político que práctico pues pensaba que al saber leer y escribir el seringueiro podría defenderse de los robos en las cuentas de la tienda de raya del patrón. En 1975, cuando ya militaba en las comunidades eclesiásticas de base (las Cebs), funda el primer sindicato de trabajadores rurales en la ciudad de Brasiléia, en Acre, junto con su amigo Wilson Pinheiro. En marzo de 1976 organiza con varios compañeros el primer Empate en el Seringal Carmen. Un Empate consistía en la reunión de hombres, mujeres y niños en los seringales, bajo el liderazgo de los sindicatos, para tratar de impedir, con su presencia, la deforestación de la selva, por parte de los ganaderos, generalmente radicados fuera de Acre. Más tarde, los empates se tornarían en acciones emblemáticas de la lucha de los seringueiros. Durante los empates se alertaba a los peones, que la tala de la selva significaba la expulsión de las familias de seringueiros que, sin árboles, se quedaban sin trabajo. Se les invitaba a colaborar con su lucha ofreciéndoles lugares y estradas (4) para trabajar el látex y, manteniéndose firmes, los seringueiros expulsaban de sus campamentos de destrucción a los peones encargados de derribar la selva. Los empates tuvieron un papel decisivo en la consolidación de la identidad de los seringueiros y esa acción de resistencia logró llamar la atención de todo el Brasil. Especialmente, después del asesinato de Wilson Pinheiro el 21 de julio de 1980. Chico Mendes continuó movilizando a los seringueiros con los empates, aun después de que las autoridades gubernamentales, frente al éxito de la resistencia de los seringueiros, comenzaron a desarrollar proyectos de colonización. Chico Mendes, desde entonces, mostraría una lúcida comprensión del significado de aquella estrategia gubernamental que, incluso, encontraba eco entre militantes sindicales pero que él rechazó tajantemente. Consideraba el seringueiro dejaría de ser seringueiro, convirtiéndose, al aceptar un pedazo de tierra, en un colonoagricultor confinado a una parcela de 50 o 100 hectáreas. Chico Mendes apreciaba

el modo de vida del seringueiro, quien utilizaba un pequeño solar junto a la casa para establecer algunos cultivos y criar animales de corral, mientras colectaba frutos y resinas en la selva, entre ellos el látex. Para los seringueiros la fuente de trabajo no es la tierra, sino el monte, la selva. De esta forma, más que por una hectárea de tierra los seringueiros luchaban por la selva y fue por esta firme convicción, que Chico Mendes logró el apoyo de sus pares y se acercó a los ecologistas. Esto último, sin embargo, lo hizo siempre con mucha desconfianza, como nunca se cansó de manifestarlo a sus amigos. Como comunista, Chico Mendes desconfiaba no sólo de los ecologistas sino también de una serie de movimientos sociales que empezaban a cobrar importancia en aquellos años (movimientos de mujeres, negros, homosexuales) y que, creía, dividían la lucha de los trabajadores. No obstante, como un hombre práctico, fue capaz de subordinar algunos de sus principios políticos sin perder el sentido último de su lucha. Chico Mendes se dio cuenta que los ecologistas al defender la selva eran, en términos concretos, aliados importantes para la lucha de los seringueiros y, además, les permitían salir del aislamiento al que estaban confinados. Los ecologistas, por su parte, reconocían la importancia de las demandas de los seringueiros y de acciones como los empates en la preservación de la selva. A partir de esa alianza, Chico Mendes formuló un principio que caracterizaría su proyecto ideológico-político: “No hay defensa de la selva sin la defensa de los pueblos de la selva”. Principio que puede muy bien hacerse extensivo a otras situaciones en pro de la naturaleza. Chico Mendes observó que la lucha de los seringueiros era una lucha por los intereses de la humanidad y, poco a poco, fue reafirmando su certeza de que además de la explotación de los trabajadores, el capitalismo ostenta una voraz fuerza destructiva que debía ser combatida. Así, Chico Mendes se convierte en uno de los mayores próceres del ecosocialismo, al lograr conjugar la lucha contra la devastación ecológica con la lucha contra la explotación y el capitalismo. Finalmente, desarrolló una fina interpretación holística, rechazando tanto al sindicalismo limitado como al

ecologismo restringido. En 1984, en un encuentro nacional de trabajadores rurales, Chico Mendes defendió una propuesta, osada para la época, en la que planteaba que la reforma agraria debería respetar los contextos sociales y culturales específicos y, un año después, al fundar el Consejo Nacional de Seringueiros en Brasilia, comienza a desarrollar, junto con sus compañeros, el modelo de la Reserva Extractivista. Esta idea constituye una verdadera revolución en la concepción de unidades de conservación ambiental pues, por primera vez, no separaba al hombre de la naturaleza. Chico Mendes acostumbraba a decir que la Reserva Extractivista era la reforma agraria de los seringueiros. La Reserva Extractivista consagra todos los principios ideológicos que Chico Mendes defendía, puesto que cada familia tenía la prerrogativa del usufructo de su casa, solar y veredas de recolección de seringa pero, al mismo tiempo, la tierra y la selva eran de uso comunitario: todos en la comunidad podían cazar y recolectar en los espacios entre las veredas de cada familia, una idea comunitaria inspirada en las Reservas Indígenas. Desde entonces Chico Mendes se empeñó, junto con su amigo Ailton Krenak,(5) en la construcción de la Alianza de los Pueblos de la Selva, uniendo a indios y seringueiros e invirtiendo la historia de masacres que hasta entonces éstos habían protagonizado, instigadas por las grandes empresas de látex ligadas a los consorcios y redes de abasto regional que, juntos, constituían el complejo de explotación del látex.(6) Aquí también el profundo sentido humanístico y no antropocéntrico de la ideología de Chico Mendes ganaba sentido práctico: la propuesta de Reserva Extractivista incluía una relación innovadora con el Estado, pues aun cuando la propiedad formal de la Reserva Extractivista era del Estado — en este caso específico, del IBAMA—,(7)la gestión y la responsabilidad de la misma eran de la comunidad, siendo una obligación del órgano público supervisar el cumplimiento del contrato de concesión de derecho de uso. Este fue un pacto que se estableció entre el Estado y los seringueiros. Es decir, el notable conocimiento de los seringueiros se torna un elemento clave de la

concesión del derecho de uso que el Estado les confiere. Este principio fue violentado por el Sistema Nacional de Unidades de Conservación (8) (SNUC), aprobado en el año 2000 y que debe ser considerado, rigurosamente, como el segundo asesinato de Chico Mendes, pues elimina el saber de las poblaciones tradicionales como la base del derecho que tienen a sus territorios y preconiza que todos los planes de manejo deben ser hechos por los técnicos. Tenemos aquí un bello ejemplo del pensamiento colonizado, del colonialismo en los saberes, y en el cual el poder desperdicia la riqueza de la experiencia humana materializada en las múltiples formas de conocimiento que la diversidad humana ha inventado. En toda su vida Chico Mendes jamás dejó de dedicarse a la construcción de instrumentos para las luchas políticas y sociales, tanto siendo dirigente nacional de la Central Única de los Trabajadores y del partido de los Trabajadores así como del Consejo Nacional de Seringueiros. El legado político y moral de Chico Mendes es enorme y puede ser visto, tanto por los intelectuales que reconocen la originalidad de sus ideas y prácticas políticas, como por los políticos que, tanto en el Acre como en Brasil, tienen cargos de presidentes municipales, diputados, gobernadores o ministros, porque estuvieron asociados a las luchas que Chico protagonizó, aunque debemos señalar que algunos de sus compañeros en el Acre prefieren hablar del “Gobierno de la Selva” y no del “Gobierno de los Pueblos de la Selva”. (9) Tanto en Brasil como en el mundo, el trabajo de Chico Mendes fue ampliamente reconocido: en 1987 recibió en Londres el Premio Global 500 de la ONU y en Nueva York, la Medalla de la Sociedad por un Mundo Mejor; y en 1988 el título de Ciudadano Honorario de la Ciudad de Río de Janeiro. Su enorme creencia en la habilidad humana para superar las contradicciones del mundo en que vivimos, organizándonos social y políticamente, fue capaz de inspirar todo un conjunto de ideas y prácticas hoy en curso en un mundo que observa a la naturaleza, con su productividad y capacidad de auto-organización (neguentropía), y a la creatividad humana en su diversidad cultural, como las grandes bases de una nueva racionalidad ambiental en los términos de Enrique

Leff, o como a Chico le gustaba decir: “una sociedad que combine el socialismo con la ecología”. El 22 de diciembre de 1988, asesinos ligados a la UDR (Unión Democrática Ruralista), intentaron callar con una bala esa voz cuya fuerza, tal como una poronga (10) continúa iluminando los caminos.
_____________________________________________________________________ 1 Seringal es una área de la selva amazónica donde se realiza el aprovechamiento de las seringueiras, árboles de la especie Hevea brasiliensis, de cuales se extrae el látex o seringa.
2

El nordeste de Brasil es una región semiárida, de sequías prolongadas, con una distribución desigual de tierra y que, al ser de las más pobres del país, la hacen una zona de fuerte expulsión de población.
3

Chico, diminutivo de Francisco en portugués.

La colocación es el lugar donde viven los seringueiros y se encuentran dispersas al interior del seringal. Las estradas son las veredas que rodean y cruzan las extensiones que contienen los árboles de Hevea y que los seringueiros recorren para colectar látex; cada estrada consta de unos 150 árboles de hule. Ailton Krenak es un líder histórico de los pueblos indígenas, coordinador de la Unión de Naciones Indígenas de Brasil (UNI), en 1989.
6 5

4

Se trata de las pequeñas casas de avío, que dependían de las grandes casas que operaban en Belem o Manaus, y que compraban cada vez más barato el látex y vendían sus avíos cada vez más caros, sujetando al seringueiro a una cadena de deudas impagables.
7

Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables.

8

El SNUC aglutina a todas las Unidades de Conservación federales, estatales y municipales, como son los Parques Nacionales y Estatales, las Reservas Biológicas, las Reservas Ecológicas, las Estaciones Ecológicas las Áreas de Protección Ambiental, según la Ley 9985/2000.
9

Eliminan así al Sujeto social y colectivo, constituido por los indios de las selvas y los seringueiros. Instrumento que los seringueiros cargan sobre su cabeza para iluminar los caminos en la selva cuando salen en la madrugada a trabajar. Chico Mendes le puso el nombre de poronga a la cartilla de alfabetización de los seringueiros.
10

En Brasil, el combate de Chico Mendes*

Michael Lowy∗∗

¿Será la ecología un "lujo" para los países desarrollados, una cuestión que solo concierne a la población acomodada del mundo industrializado? Un mínimo de atención a lo que ocurre en los países del Sur basta para liquidar ese lugar común del pensamiento conformista. Uno es testigo, realmente, entre los campesinos, las comunidades indígenas, las poblaciones urbanas

marginadas del tercer mundo, de luchas imperantes por la defensa del medio ambiente, tanto más necesarias cuanto que es hacia la periferia del sistema que son exportadas las formas de producción más brutalmente destructivas de la naturaleza y de la salud de la población. Poco importa si las movilizaciones contra la contaminación del agua, las luchas por la defensa de los bosques o las resistencias a las actividades dañinas de las industrias químicas se hacen o no en nombre de la ecología -término que no conocen la-mayoría de los actores populares comprometidos en estos movimientos-. Lo esencial es que esas luchas tienen lugar, y que conciernen a cuestiones de vida o muerte para las poblaciones involucradas. Entre las múltiples manifestaciones de esta "ecología de los pobres", un movimiento aparece como particularmente ejemplar, por su alcance a la vez social y ecológico, local y planetario, "rojo" y "verde"; la lucha de Chico Mendes y de la Coalición de los pueblos de la selva para la defensa de la

* Extraído de: Lowy, Michael (2011). Ecosocialismo. La alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista. Coedición Editorial El Colectivo- Ediciones Herramienta. Capitulo 8, pág. 115-126. Buenos Aires. ∗∗ Sociólogo y filósofo marxista franco-brasileño. Actualmente es director de investigación emérito del CNRS y profesor de la EHESS de París. En 1970 publicó una de las obras más respetadas sobre el pensamiento del Ché Guevara. En 2001 fue coautor del Manifiesto Ecosocialista Internacional, junto con Joel Kovel.

Amazonia brasileña, contra la obra destructora de los grandes propietarios

terratenientes y de los agronegocios multinacionales. Chico, que pagó con su vida su acción por la causa de los pueblos amazónicos, se convirtió en una figura legendaria, un héroe del pueblo brasileño. No obstante, el tratamiento mediático de su historia tiende a ocultar la radicalidad social y política de su lucha. También existen intentos desafortunados de "cortar al medio" su herencia política: ecologistas reconciliados con el capitalismo "olvidan" su compromiso socialista, mientras que socialistas atrasados niegan la dimensión ecológica de su lucha. Francisco Mendes Alves Filho, nacido el 15 de diciembre de 1944 en Xapuri, Amazonia, se formó, en primer lugar, en la cultura cristiana liberacionista de las comunidades eclesiásticas brasileñas; es en el curso de los años 1960 cuando descubre el marxismo, gracias a un veterano comunista, Euclides Fernandes Távora; teniente partidario de Luis Carlos Prestes, Távora participó en el alzamiento "rojo" de 1935, lo que le costó años de prisión y, más tarde, el exilio en Bolivia; de regreso clandestinamente en Brasil, se estableció en la selva amazónica, en la frontera del Estado brasileño del Acre y de Bolivia. Este aprendizaje marxista tendrá una influencia decisiva en la formación de las ideas políticas de Chico Mendes: según sus propias palabras, el encuentro con Távora
fue una ayuda muy grande y una de las razones por las que estoy en esta lucha. Otros camaradas, desgraciadamente, no tuvieron, en esa época, el privilegio de recibir una orientación tan importante para a futuro como la que yo tuve1

Chico Mendes trabaja como seríngueiro, esos campesinos que recolectan artesanalmente el látex del árbol de caucho amazónico. En 1975 funda, con el sindicalista Wilson Pinheiro, el sindicato de los trabajadores rurales de Brasileia y, dos años después, el sindicato de los trabajadores rurales de Xapuri, su ciudad natal. Ese mismo año fue elegido consejero municipal en calidad de representante del Movimiento Democrático Brasileño

(MDB), la oposición -tolerada- al régimen militar, pero se da cuenta, bastante rápidamente, de que ese partido no es solidario con sus luchas. Es en esta época cuando va a inaugurar, con sus camaradas del sindicato, una forma de lucha no violenta, inédita en el mundo: los célebres "bloqueos" (empates).2 Son centenares de seringueiros con sus mujeres y sus hijos,

quienes se dan la mano y enfrentan, sin armas, los bulldozers de las grandes empresas culpables de la deforestación. La actitud a menudo es coronada de éxito, hasta ganar, a veces, la adhesión de los empleados encargados de derribar los árboles. Los enemigos de los seringueiros son los latifundistas, los agronegocios, las empresas de la industria de la madera, que quieren comercializar las esencias más caras, o los ganaderos, que quieren plantar hierbas en lugar de los árboles derribados, para alimentar ganado destinado a la exportación. Estos son apoyados por la UDR (Unión Democrática Ruralista) y sus pistoleiros (matones, mercenarios), que tienen innumerables

complicidades en la policía, la justicia y los gobiernos (locales, provinciales y federales). Es a partir de esta época cuando Chico empieza a recibir las primeras amenazas de muerte; poco después, su camarada de lucha Wilson Pinheiro es asesinado. Para vengar ese crimen que, como de costumbre, quedará impune, un grupo de trabajadores decide hacer justicia ejecutando al terrateniente que dio la orden de matar al dirigente sindical.3 A pedido de los latifundistas de la región, que intentan vincularlo con este incidente, Chico Mendes es inculpado por el régimen militar en nombre de la ley de seguridad nacional. En varias ocasiones, en 1980 y 1982, será detenido y llevado ante los tribunales militares, acusado de incitación a la violencia, pero termina siendo absuelto, por falta de pruebas. En el curso de sus primeros años de actividad sindical, Chico Mendes, socialista convencido, milita en las filas del Partido comunista brasileño. Decepcionado por ese partido, que, de acuerdo con su testimonio, "se ocultaba

detrás de las cortinas",4

va a adherir, en 1979-1980, al Partido de los

Trabajadores, fundado por Lula y sus camaradas a cuya ala izquierda, socialista, se unirá. Su intento por ser elegido diputado en 1982 fracasa, esencialmente a causa de la débil base electoral del partido en sus primeros años. En 1985 organiza, con sus camaradas sindicalistas, el Encuentro nacional de los seringueiros, que va a conducir a la fundación del Consejo nacional de los seringueiros: su lucha recibe el apoyo del PT, de la Pastoral de la Tierra, de la CUT (Central sindical) y del MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra), que justamente en esa época se estaba constituyendo.

Pronto, la lucha de los seringueiros y de otros trabajadores que venían de la extracción (castaña, yute, nuez de babaçu) por defender la selva convergió con la de otros grupos de campesinos, principalmente las comunidades indígenas, lo que dio lugar a la fundación de la Aliara de los Pueblos de la Selva. Por primera vez, seringueiros e indígena que muy a menudo se habían enfrentado en el pasado, unen sus fuerzas contra el enemigo común: el latifundio, el capitalismo agrícola destructor de la selva. Chico Mendes definió con pasión la apuesta de esa alianza:
Nunca más uno de nuestros camaradas hará correr la sangre del otro. Juntos podemos defender la naturaleza, que es el lugar en el que nuestras gentes aprendieron a vivir, a criar a sus hijos y a desarrollar sus capacidades, en un pensamiento en armonía con la naturaleza, con el medio ambiente y con los seres que viven aquí.5

Como se ve, Chico Mendes era perfectamente consciente de la dimensión ecológica de esta lucha; a sus ojos, el combate por la Amazonía no solo interesaba a las poblaciones locales, sino a toda la humanidad, re tiene necesidad de la selva tropical, el "pulmón verde del planeta":
Descubrimos que, para garantizar el futuro de la Amazonía, era necesario crear una reserva únicamente destinada a la extracción,

preservando de esta manera la selva. [...] Nosotros, los seringueiros, comprendemos que la Amazonía no puede convertirse en un santuario intocable. Por otra parte, también comprendemos que es urgente impedir la deforestación que amenaza a la Amazonía y que, en consecuencia, amenaza la vida misma de todos los pueblos del planeta. [...] ¿Qué queremos nosotros con una reserva de extracción? Que las tierras que pertenecen a la República y su usufructo sean reservados a los seringueiros y a los otros trabajadores de la extracción que habitan allí.6

La solución propuesta, una especie de reforma agraria adaptada a las condiciones de la Amazonía, es de inspiración socialista, en la medida en que está fundada en la propiedad pública de la tierra, y su usufructo por los trabajadores. También es ecológica, un término cuya significación Chico aprende en esa época; al dirigirse a su camarada de lucha Marina Silva, le explica: "Mi vieja, esa cosa que nosotros hacemos acá es ecología. Lo acabo de descubrir durante mi viaje a Río de Janeiro".7 En 1987, organizaciones medioambientalistas norteamericanas invitan a Chico Mendes a dar su testimonio en el curso de una reunión del Banco Interamericano de Desarrollo; sin vacilar, explica que la deforestación de la Amazonía es el resultado de proyectos financiados por bancos internacionales. A partir de ese momento se vuelve internacionalmente conocido y recibe, poco después, el premio ecológico "Global 500" de las Naciones Unidas. Su lucha se convirtió entonces en un símbolo de la movilización planetaria para salvar la última gran selva tropical del planeta, y ecologistas del mundo entero se solidarizan con él. Pragmático, hombre de bases y de acción antes que teórico, preocupado por cuestiones prácticas y concretas -alfabetización, formación de cooperativas de producción, búsqueda de alternativas económicas viables-, Chico también fue un soñador y un utopista, en el sentido noble y revolucionario de la palabra. Es imposible leer sin emoción el testamento socialista e internacionalista que

dejó a las generaciones futuras, publicado después de su muerte en un impreso del sindicare Xapuri y de la CUT:
Atención, joven del futuro: 6 de septiembre del año 2120, aniversario del primer centenario de la revolución socialista mundial, que unificó a todos los pueblos del planeta en un único ideal y un único pensamiento de unidad socialista que puso fin a todos los enemigos de la nueva sociedad. Aquí no queda más que el recuerdo de un triste pasado de dolor, sufrimiento y muerte. Perdónenme. Soñaba cuando describí estos acontecimientos que yo mismo no veré. Pero tengo el placer de haber soñado8.

En 1988, el encuentro mundial de la CUT aprueba la tesis presentada por Chico Mendes en nombre del Consejo nacional de los seringueiros, bajo el título: "Defensa de la naturaleza y de los pueblos de la selva", que, entre otras reivindicaciones, exige
la inmediata expropiación de los seringais [plantaciones de caucho] en conflicto, en beneficio de las comunidades fundadas en la extracción [assentamentos extrativistas] de manera tal de no agredir la naturaleza y la cultura de los pueblos de la selva, permitiendo la utilización >.sustentable de los recursos naturales, gracias a la utilización de tecnologías desarrolladas desde hace siglos por los pueblos que viven de la extracción en la Amazonia.9

En esta época obtiene dos victorias importantes: el establecimiento de las primeras reservas de extracción creadas en el Estado del Acre (Amazonia) y la expropiación de las tierras del Seringal Cachoeira, que pertenece al latifundista Darly Alves da Silva, de Xapuri. Chico atribuirá un gran alcance a esta conquista:
La cosa más importante para estimular la continuidad de este miento fue la victoria de los seringueiros de Cachoeira. Esta victoria tuvo un impacto positivo en toda la región, dado que los seringueiros sabían que luchaban contra el grupo más fuerte y sus bandas de asesi- nos sanguinarios. Los seringueiros eran conscientes de que luchaban

contra un escuadrón de la muerte e, incluso así, no tuvieron miedo. Hubo días en los que vimos a cuatrocientos seringueiros reunidos [...] en piquetes en medio de la selva [...].10

Para la oligarquía rural, que, desde siglos atrás tenía el hábito de eliminar -con total impunidad- a aquellos que osaban levantar a los trabajadores contra el latifundio, él era un "tipo marcado para la muerte". Poco después, en diciembre de 1988, Chico Mendes es asesinado delante de su propia casa por asesinos a sueldo al servicio del clan de los propietarios terratenientes Alves da Silva. Por su capacidad de asociar inseparablemente socialismo y ecología, reforma agraria y defensa de la Amazonia, luchas campesinas y luchas indígenas, supervivencia de humildes poblaciones locales y protección del patrimonio de la humanidad -la última gran selva tropical aún no destruida por el "progreso" capitalista-, el combate de Chico Mendes es ejemplar y continuará inspirando nuevas luchas, no solo en Brasil, sino en otros países y continentes. La lucha de los seringueiros continúa, aún hoy, con altibajos. El alcalde de Xapuri y el gobernador del Estado del Acre pertenecen al PT e intentan enfrentar el poder de la oligarquía. Pero los asesinos a sueldo que actúan para terratenientes continúan haciendo estragos, como lo demuestra

espectacularmente el asesinato, en 2005, de la misionera norteamericana Dorothy Stang, muy conocida por su compromiso a favor de los campesinos sin tierra en la región amazónica.

Antes que en partidos o en administraciones, la herencia de Chico Mendes está presente en las luchas de los seringueiros y de los indígenas, en la movilización de los campesinos para la reforma agraria -y contra la OGM- y en la convergencia entre ecología y socialismo, que empieza a tomar forma, no solo en pequeñas redes militantes, sino también en el más importante movimiento social de Brasil, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin

Tierra. Durante la celebración de su vigésimo aniversario, este organizó un seminario internacional en Río (julio de 2004) sobre los "Dilemas de la humanidad". En el impreso de presentación de la conferencia, encontramos un resumen del punto de vista del movimiento, de su utopía social, de su "sueño con 1os ojos abiertos" (para emplear la expresión de Ernst Bloch): "un mundo igualitario, que socialice las riquezas materiales y culturales". En el documento encontramos un diagnóstico sin ilusiones de la realidad actual:
El mundo se encuentra a tal punto degradado que ya no se trata de pensar estrategias para "volver a su eje", sino más bien para construir un camino nuevo, fundado en la igualdad entre los seres humanos y sobre principios ecológicos.

Un camino nuevo, igualitario y ecológico, que socialice las riquezas: pienso que Chico Mendes se reconocería en ese programa.

1 Chico Mendes por ele mesmo. Río de Janeiro: FASE, 1989, p. 64. Se trata de una entrevista autobiográfica realizada en Xapuri en noviembre-diciembre de 1988 por el profesor Pedro Vicente Sobrinho, de la Universidade Federal do Acre, de acuerdo con un plan establecido por Cándido Grzybowski, profesor de la Fundación Getúlio Vargas de Río de Janeiro. 2 Empate tiene, como en español, el sentido de obtener un resultado equivalente (N. de la T.). 3 En su entrevista autobiográfica, Chico Mendes describe este episodio: "Mataron a Wilson, y los trabajadores estaban desesperados. [...] Al darse cuenta de que no habría ninguna respuesta por parte de los tribunales, [...] sometieron a uno de los terratenientes que habían dado la orden de matar a Wilson Pinheiro a un juicio sumario y fue decidido que lo fusilarían. [...] Esta vez, los tribunales funcionaron, de una manera muy rápida y violenta. En veinticuatro horas, centenares de seringueiros fueron detenidos, torturados, a algunos les arrancaron las uñas con una pinza” (Chico Mendes por ele mesmo, op. cit., p. 19). 4 “No estaba de acuerdo con algunas posiciones del PC de esta época porque cuando uno alzaba a la gente contra el latifundio, cuando lo enfrentaba, los ‘bloqueos’ y la represión caían sobre mí; ellos se ocultaban detrás de las cortinas. Yo era el único que aparecía en esta historia. Empecé a estar un poco furioso y desconfiado por este comportamiento. Rompí entonces con el PC y me adherí al Partido de los Trabajadores (Chico Mendes por ele mesmo, op. cif., p. 69). 5 Discurso de Chico Mendes, citado por Aílton Krenak, coordinador de la Unión de las Naciones Indígenas de Brasil, en Chico Mendes, Sindicato dos Trabalhadores de Xapuri, Central única dos Trabalhadores, San Pablo, Río de Janeiro, 1989, p. 26 6 Chico Mendes por ele mesrno, op. cit., p 24. El título del capítulo es "La creación de una

reserva de extracción como la alternativa ecológica y económica". 7 Cf. Legado Chico Mendes. Río de Janeiro: Sesc, 2003, p. 38. 8 Chico Mendes, op. cit., p. 34. 9 Ibíd., p. 21. 10 Chico Mendes par ele mesmo, op. cit., p. 57.

Capitalismo y lucha ambiental en Latinoamérica

Reflexiones en torno a la lucha socioambiental en la Argentina*
Espacio Chico Mendes**

El Espacio Chico Mendes se va conformando –no casualmente– desde fines del año 2007 y adquiere constitución formal, adoptando el nombre que lleva hasta hoy, durante el 2008. Este período resulta clave en la lucha socioambiental en la Argentina, más aún si analizamos hoy las circunstancias que nos interpelaron y dieron origen a este intento particular de intervención en la problemática. Creemos que en un primer momento la respuesta es visceral, producto de las injusticias manifiestas que significa el daño infligido a un hermano, así se encuentre a cientos de kilómetros de distancia. Pasado ese momento primigenio, vale la pena echar una mirada sobre él para extraer conclusiones, valorar debilidades y fortalezas de las respuestas ensayadas, poner en cuestión la idea de ambientalista que surge del sentido común de la sociedad y que se pone en juego en esta lucha. El desafío apremia, teniendo en cuenta que desde los sectores de poder existe un consenso explícito en torno al discurso que reduce lo ambiental a una defensa de lo natural en tanto un complemento externo y exótico, que poco tendría que ver con la vida de los pueblos. Un imaginario que concluye en que el precio a pagar, el llamado costo ambiental, es menor frente al progreso y al desarrollo

* Artículo escrito para Herramienta. ** El Espacio Chico Mendes surge del encuentro de compañer@s comprometidos con las luchas socioambientales, desde una perspectiva de ecología popular por la defensa del medio ambiente en manos del pueblo en su conjunto; sobre todo de aquellos sectores más afectados por el ordenamiento económico, social, político y cultural del ordenamiento capitalista. E-mail: espaciochicomendes@yahoo. com.ar. Página web: www.espaciochicomendes.com.ar

64

Capitalismo y lucha ambiental en Latinoamérica

1. Véase Nota “Minería y ‘hippies violentos’”. En: Pagina 12, miércoles 16 de mayo de 2012, edición impresa. Disponible en: http:// www.pagina12.com.ar/ diario/sociedad/3194154-2012-0516.html

que redundarían automáticamente en beneficio del conjunto. Hace no mucho tiempo, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, comenzó a apelar a este sentido común contra las diferentes manifestaciones de los vecinos de Famatina, Tinogasta, Andalgalá, Santa María y Belén, en el norte del país. En el mismo sentido, el gobernador de La Rioja Beder Herrera (que accedió a su cargo haciéndose eco de los reclamos de las asambleas antimineras, para luego traicionarlas), fue aun más específico en su caracterización, al acusar a los asambleístas que mantienen el corte en Famatina como “violentos hippies” que “viven gratis y tienen actividades non sanctas”.1 Sostenemos que el imaginario del ambientalismo tradicional, hace años que no se corresponde con la realidad de las luchas socio-ambientales en América Latina. En nuestro país, los que enfrentan la ofensiva extractivista (como la denominan diversos autores), no son las Fundaciones u ONGs ecologistas. En realidad, estas luchas son llevadas a cabo por un sujeto plural y heterogéneo, entre los que podemos encontrar trabajadores rurales y urbanos, diversos productores de mediana o pequeña escala, sectores populares urbanos (desocupados, habitantes de villas/asentamientos), que se articulan bajo el formato de asambleas populares. Una somera cronología ayuda a situar estos conflictos en su contexto, pudiéndose advertir que las resistencias populares son incluso anteriores a la instauración del nuevo modelo de acumulación, que algunos autores definen como neodesarrollista (Katz, 2006), poniendo énfasis en sus rasgos de continuidad: 1996: El pueblo de Corpus en Misiones rechaza la instalación de una mega represa, por medio de una consulta popular. Pese a los intentos actuales por parte del gobierno nacional, esa represa no se ha podido instalar, dado el antecedente de la consulta. Ese mismo año, los pueblos de la Patagonia se alzan en lucha contra la aprobación de un basurero nuclear en la localidad de Gastre, Chubut. Impiden la instalación del mismo, a pesar de que la CNEA ya la había aprobado, con el aval de las autoridades nacionales. 2003: Rotundo triunfo del NO en el plebiscito de Esquel, que su pueblo tomó como norte e impuso para enfrentar a la empresa minera canadiense Meridiam Gold. En los conflictos contra la megaminería, el antecedente de este mecanismo de consulta popular fue la experiencia de Tambo Grande, en Perú en el año 2002.

La lucha socioambiental en Argentina

65

2006: La discusión sobre el medio ambiente recorre toda la geografía del país, a partir de la repercusión de la lucha del pueblo de Gualeguaychú, organizado en la Asamblea Ambientalista de Gualeguaychú contra la instalación de las pasteras Botnia y ENCE. Los vecinos de González Catán, en la provincia de Buenos Aires, impiden la entrada a los camiones del CEAMSE en su localidad y son detenidos. Si bien no logran el cierre del relleno sanitario, ponen en la agenda pública la injusticia ambiental que resulta de la gestión privada de los residuos, instalando así las luchas socioambientales en las ciudades. El 21 de julio de 2006, se realiza en Colonia Caroya, provincia de Córdoba, un primer encuentro, a partir del cual se constituye la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), que agrupa entonces más de sesenta asambleas que fueron surgiendo de la lucha contra la megaminería a cielo abierto.

El marco de estas disputas Estos hechos cobran sentido teniendo como trasfondo los cambios en el modelo de acumulación ocurridos durante las últimas décadas. Si bien es posible retrotraer el origen de este proceso hasta la instauración a nivel global del capitalismo financiero, a mediados de los años setenta, creemos oportuno detenernos en ciertos aspectos relevantes establecidos durante el apogeo de las políticas neoliberales en los noventa. De este modo podremos resaltar las continuidades que trascienden el cambio de modelo a partir de la post-convertibilidad. En el caso de Argentina, la salida de la convertibilidad y la consecuente devaluación de la moneda implican un abaratamiento de hecho, tanto de la fuerza de trabajo como de los bienes comunes de la naturaleza, generándose de esta manera condiciones atractivas para la inversión privada en sectores competitivos, es decir, donde la demanda del mercado global asegura altos

66

Capitalismo y lucha ambiental en Latinoamérica

2. Si bien la reprimarización de la economía responde a los cambios introducidos por la dictadura militar, con la devaluación y la suba de los precios de las materias primas en el mercado mundial ha tenido un nuevo impulso.

márgenes de ganancia. Si en la década anterior el flujo de capitales estuvo relacionado particularmente con el sector de los servicios públicos privatizados, con la post-convertibilidad el flujo de capitales se reorienta hacia la obtención de los bienes naturales. La competitividad de la economía argentina, luego de la crisis de 2001, se sustenta así en estos dos pilares: el abaratamiento paralelo de la mano de obra y el de los recursos del suelo argentino. En este sentido, el nuevo modelo implica la profundización y puesta en marcha con todo vigor de ciertas políticas implementadas incipientemente durante el período de reformas de mercado. En el ámbito institucional, destacamos la descentralización del control y explotación de los recursos naturales, que pasan a estar en manos de las provincias con el fin declarado de financiar los sistemas de salud, educación y administración pública locales, que a su vez se vieron también descentralizados. De esta forma, se fragmenta el poder de decisión sobre el uso de bienes naturales del suelo argentino. Las provincias pasan a negociar en forma independiente la gestión de sus recursos frente a capitales altamente concentrados, lo cual genera condiciones de negociación altamente desfavorables para el desarrollo del conjunto. La importancia de dicho fenómeno puede dimensionarse, por citar dos ejemplos, tanto en los conflictos suscitados alrededor de la instalación de las megamineras, como en los generados en torno a la explotación y gestión de los recursos hidrocarburíferos, donde las provincias petroleras jugaron un rol por demás clave. Luego de la devaluación, se expanden notablemente aquellos sectores ligados a las prácticas extractivas, tanto el agropecuario como en el de minerales metalíferos, anteriormente insignificante, lo que da lugar a un reforzamiento de la reprimarización de la economía.2 Por un lado, la expansión del monocultivo de soja (con todas sus técnicas asociadas) ha rebalsado los límites de la pampa húmeda. Aquellas tierras extra pampeanas que antes carecían de un valor significativo para los grandes productores agrícolas, son ahora susceptibles de ser explotadas con dicho monocultivo, lo cual implica la necesidad de expropiación de

La lucha socioambiental en la Argentina

67

tierras en manos de campesinos y pequeños productores. Por otro lado, la práctica de la megaminería a cielo abierto implica procesos de extracción y separación de metales altamente nocivos que afectan no solo a los territorios aledaños, ya que extienden sus efectos nocivos a través de la contaminación del aire, ríos y aguas subterráneas. Dentro de esta misma lógica se insertan los proyectos relacionados con la obtención de energía para sostener este modelo, que no sólo suponen la extracción de petróleo (incluyendo la extracción de gas no convencional, con altos impactos ambientales negativos), sino también la construcción de nuevas centrales nucleares y megarepresas. Son estas necesidades de la acumulación capitalista las que mueven el renovado proceso extractivista.3 Y es esta fuerza la que provoca el cercamiento de inmensas porciones de tierras que son presentadas como libres desde el punto de vista del capital, pero que constituyen el soporte material de poblaciones locales, que se valen de prácticas productivas organizadas en unidades menores en torno a las cuales reproducen formas particulares de vida, donde el trabajo está estrechamente ligado a los mercados locales y las necesidades populares. En las grandes ciudades, se dan procesos similares con otros actores. Se producen cambios en los usos del suelo que benefician a los promotores inmobiliarios, los cuales traen como consecuencia la apropiación privada de espacios públicos,4 el encarecimiento de la vivienda y el colapso de la infraestructura existente,5 efectos todos que confluyen en un generalizado deterioro en la calidad de vida. Mientras tanto, miles de personas son condenadas a vivir en villas y asentamientos, sin acceso a las condiciones más básicas de bienestar (acceso a agua potable, cloaca, recolección de basura). Por otro lado, se invierten grandes sumas de dinero público en infraestructura para el transporte privado automotor, mientras el transporte público se desfinancia cada día más. El resultado más evidente es la congestión del tráfico, las contaminaciones asociadas a ello, y la aceptación de que la ciudad debe ser vivida de manera privada. Ambos escenarios, o mejor dicho el correlato del nuevo modelo en el campo y la ciudad, dan cuenta de las luchas por ejercer la soberanía sobre los territorios, hoy bajo la potestad del capital. En estas luchas se disputan formas de apropiación de los recursos que implican lógicas diferentes. Por un lado, aquella que emerge de las poblaciones locales y suponen una relación con el territorio en tanto estructuración de una forma de vida y una relación con la naturaleza de largo plazo. Por otro lado, aquella apropiación que se relaciona meramente con la consecución de

3. En palabras de David Harvey, el capital frente a las sucesivas crisis busca implementar “soluciones espaciales” (2007). Esta búsqueda incesante de ampliar las fronteras y superar límites, da como resultado la “acumulación por desposesión” (Harvey, 2004). 4. Por nombrar algunos ejemplos actuales: el GCBA pretende instalar un shopping donde los vecinos exigen un corredor verde; la Provincia de Buenos Aires, autoriza la apropiación por parte de Techint de la Costanera Sur (Avellaneda, Quilmes, Bernal), mientras Macri hace lo mismo en la Costanera Sur (al lado de la reserva ecológica) con la empresa IRSA. 5. Los derrumbes ya tienen un saldo –oculto por el bloqueo mediático del que goza Macri– de 10 muertos en 2 años, según denunciaron legisladores de la oposición en la Legislatura Porteña en noviembre del año pasado (Ver Nota “Reclaman que se concreten controles a las excavaciones”. En: La Nación del 8 de noviembre de 2011, edición impresa. Disponible en: http:// www.lanacion.com.ar/1 421377-reclaman-quese-concreten-controlesa-las-excavaciones).

68

Capitalismo y lucha ambiental en Latinoamérica

ganancias en el menor plazo de tiempo posible, lo cual conduce a una forma de apropiación de la naturaleza y del suelo fundamentalmente depredadora. Podemos decir, de este modo, que esta lucha de territorialidades es la que se expresa a partir de los diferentes conflictos presentes a lo largo del país.

Nuevos sujetos políticos y nuevas (viejas) tensiones Es en este contexto de luchas entre poblaciones locales e intereses transnacionales por el control de los bienes naturales que van emergiendo nuevos sujetos. Entre estos, podemos nombrar, en primer lugar, a las asambleas contra la megaminería a cielo abierto, surgidas como reguero de pólvora luego del protagonismo popular demostrado por el pueblo de Esquel. Son estas organizaciones populares las que enfrentan día a día la represión y los abusos de parte del poder político y empresarial: no son ONGs ambientalistas, como sostienen confusamente desde el poder político. Son asambleas integradas por personas de diferentes extracciones sociales, profesiones y adhesiones políticas. Esta experiencia fue luego replicada en los diferentes conflictos socioambientales del país y, aunque han obtenido resultados dispares en términos organizativos, no cabe duda de que hoy estas asambleas son un reconocido sujeto político del campo popular. Reflexionando sobre el momento que atraviesa el movimiento socioambiental, identificamos tres elementos que, creemos, deben ocupar el centro del debate: un primer obstáculo es la fuerte impronta localista de muchos reclamos; en segundo lugar, el carácter sectorial de las reivindicaciones; y, por último, la necesidad de visualizar una salida política a las demandas. En torno al primer elemento, muchos autores llaman a este fenómeno NIMBY, que por su sigla en inglés significa not in my back yard (no en mi patio trasero). La reacción frente a la instalación de cualquier emprendimiento que afecte la calidad de vida de una familia o de una persona, es en muchos casos imprescindible para que se puedan dar los procesos de organización y de cuestionamiento del orden social vigente. Sin embargo, vemos que en los argumentos que se utilizan en los conflictos, el efecto NIMBY se transforma en un eje aglutinador permanente, impidiendo la visualización de las causas. Un ejemplo surge de las continuas disputas por la la gestión de los Residuos Sólidos Urbanos. En los últimos tiempos, y a partir de la lucha de los vecinos, todos los actores (excepto los empresarios que gestionan el negocio de la basura) rechazan la instalación de los rellenos sanitarios del CEAMSE en sus localidades. Es decir, todos son parte del fenómeno NIMBY, pero en ningún mo-

La lucha socioambiental en la Argentina

69

mento se cuestiona la necesidad de detener la generación de residuos, cuya proliferación empalma con la lógica de toda empresa capitalista de buscar mayor ganancia, sea buscando bajar costos (materiales menos durables) o programando nueva demanda (obsolescencia programada). Planteos NIMBY también se pueden ver en diferentes casos, incluso con argumentos distintos a los que podemos sostener desde una ecología popular.6 Afortunadamente, muchos planteos de este tipo no han sido más que iniciales, si bien en algunos casos pueden seguir sosteniéndose este tipo de posturas. Otro elemento a considerar es el carácter sectorial del ecologismo que practica parte del movimiento ambiental. Esto creemos que no es una característica específica del movimiento ambiental argentino, sino que tiene raíces en los orígenes de las discusiones sobre el medio ambiente, en parte debido a la fuerte influencia del pensamiento malthusiano en los primeros planteos de las discusiones sobre los impactos ambientales globales.7 Según muchos de estos planteos, era la acción del hombre (entendido en un sentido genérico) sobre la tierra la que estaba amenazando la reproducción de la naturaleza. Estas discusiones nutrieron el pensamiento ambiental durante mucho tiempo, impidiendo ver patrones comunes entre las problemáticas sociales del capitalismo en general, derivadas de la explotación de los trabajadores y la depredación de la naturaleza. Algunos de estos presupuestos llevan a muchos a caer en determinismos de tipo ambiental, y con ello se aproximan más al pensamiento conservacionista que a una ecología popular, impidiendo unificar demandas y proyectos políticos con otros sectores, como trabajadores (rurales y urbanos, ocupados y desocupados), feministas, organizaciones culturales, territoriales y políticas. Sin embargo, es válido rescatar los ejemplos contrarios: en el Día del Trabajador de este año, la Asamblea Popular por el Agua de la ciudad de Mendoza declaró que
En un mundo capitalista, un continente desigual, y un país periférico dominado por empresas que buscan acumular a más no

6. Por ejemplo la “afectación” del paisaje por la instalación de fabricas, o parques eólicos (o solares). E incluso se suelen esconder bajo un argumento “ambiental” fuertes disputas de clase, como por ejemplo que “los habitantes de las villas y asentamiento son quienes contaminan el Riachuelo”. Estos argumentos pueden ser vistos en el libro Las trampas de la naturaleza de María Carman. 7. Como ejemplo se puede consultar “Los límites del crecimiento” del Club de Roma (Meadows, 1972).

70
8. Asamblea Popular por el Agua (2012). Discurso leído en el acto por el Día del Trabajador en la ciudad de Mendoza.

Capitalismo y lucha ambiental en Latinoamérica
poder, no hay discriminación sobre bienes comunes o seres humanos a explotar. Todo sirve para ganar más. Tanto los ríos, las montañas, la tierra, la naturaleza misma como el trabajo humano.8

La última cuestión a resaltar es de carácter político, y si bien no es exclusiva del movimiento ambiental, su combinación con elementos señalados anteriormente le dan un carácter más importante que en otros sectores del movimiento popular. Una de las consignas tradicionales del ecologismo es, o tal vez fue, pensar globalmente, actuar localmente. Creemos que dicha consigna ha sido muy útil para avanzar en la construcción de resistencias locales, y no perder de vista la globalidad del problema. Sin embargo, el énfasis en lo local, en desmedro de instancias más generales del quehacer político (tanto nacional como regional y global), hace caer muchas prácticas en la marginalidad política, quitándole la potencialidad que tienen estas luchas. En ese sentido, creemos que intentar construir una política universal en esos términos es caer en la trampa de intentar separar la lucha ambiental del terreno de la economía política, rechazando “el globalismo y la universalidad de ésta a favor del esencialismo, la especificidad y la particularidad de aquélla” (Harvey, 2007: 94). Tal vez haya llegado el momento de dar saltos en las luchas abordando al mismo tiempo lo local y lo global. Como parte de ese movimiento ambiental, con la UAC hemos transitado un importante camino, donde definimos que la lucha contra el saqueo y la contaminación es una lucha anticapitalista. Pero sostenemos también que esa lucha no puede triunfar si no busca disputarle el horizonte de posibilidades al capital. Es preciso entonces pensarse como parte de la construcción de alternativas reales al actual modelo de acumulación. Y sólo podremos dar ese salto si intentamos disputar la hegemonía frente a los defensores de este modelo. ¿Cómo hacerlo? Es una pregunta de difícil respuesta, pero no podremos responderla si no comenzamos rechazando de plano los localismos y la sectorialización de las luchas ambientales. Una forma de experimentar ese camino es con la formación de diferentes espacios articuladores, que sirvan para prefigurar nuevos bloques históricos que le disputen poder al capital. Esto solo puede realizarse plenamente en contacto con el conjunto de los oprimidos: con aquellos que sufren la falta de vivienda, con los trabajadores sobreexplotados (sosteniendo ritmos de trabajo que afectan su salud), con los agricultores, que cada vez son más mano de obra barata para la industria agroalimentaria, y con los sectores medios de las ciudades que cada día tienen menos espacio público para disfrutar de una vida sana y vivida de manera colectiva.

La lucha socioambiental en la Argentina
La apuesta política de Espacio Chico Mendes

71

Recuperando lo dicho hasta aquí, reafirmamos nuestra elección de llevar el nombre de un luchador que intentó articular ciertas demandas de su tiempo. Chico Mendes, en tanto militante sindical de los seringueiros en la amazonia brasileña, ha entablado una lucha relacionada tanto con su condición de trabajador como en su condición de ambientalista, derivada naturalmente de la primera. La lucha histórica de los seringueiros en Brasil fue la defensa de la Amazonia, la cual constituía su fuente de trabajo, en contra de la deforestación llevada a cabo por los grandes terratenientes de la región. Su metodología de lucha fueron los empates (bloqueos), con los que evitaban que las máquinas deforestadotas de los grandes ganaderos pudieran destruir importantes regiones de la amazonia. El éxito de estas experiencias ha llevado a que los seringueiros se den una organización sindical y reciban el apoyo de gran parte del sector popular de Brasil, tanto del ámbito rural como urbano: el Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST), el Partido de Trabajadores (PT), de la Central sindical (CUT) y de la Pastoral de la Tierra. De algún modo nuestro espacio busca reflejar esa experiencia de lucha. Como espacio político aportamos con nuestra militancia cotidiana a las luchas territoriales desarrolladas en el país apostando al desarrollo de una herramienta que permita avanzar desde las luchas locales y propias hacia una articulación que actúe en dos sentidos. Por un lado, para dar una respuesta contundente al avance de los capitales, que pretende subsumir a las poblaciones locales a prácticas de corto plazo que nada tiene que ver con el bienestar de la población sino más bien con los intereses y las necesidades del mercado mundial. Nuestros territorios no pueden quedar liberados a la lógica de valorización del capital, que no podrá nunca dar cuenta de la diversidad de dimensiones que incluye el territorio en tanto espacio habitado donde los pueblos desarrollan sus vidas. La decisión acerca de cómo se

72

Capitalismo y lucha ambiental en Latinoamérica

debe hacer uso del mismo debe ser tomada en función de la satisfacción de las necesidades reales de la totalidad de la población, de manera pública y sin responder a intereses privados. Es decir, dicha decisión debe basarse en el poder y en la soberanía popular. Por otro lado, pensamos que las luchas territoriales en las que estamos inmersos tienen múltiples significados. En primer lugar, porque ponen en tela de juicio la naturaleza depredadora inherente a las actividades productivas del capitalismo. Inmersos en relaciones de competencia cuyo objetivo es la ganancia, difícilmente los intereses privados estén interesados en absorber los costos necesarios para hacer sustentables sus prácticas. En segundo lugar, creemos que estas luchas promueven nuevas prácticas en relación a la naturaleza que implican valores que el capital no podrá nunca tomar en cuenta. La solidaridad de las diferentes poblaciones y el intento de pensar una alternativa posible a las relaciones sociales establecidas en el capitalismo es la potencialidad más importante que vemos en estas luchas. Para esto es necesario que las poblaciones que luchan por sus territorios reconozcan a los trabajadores del campo y de la ciudad como sujetos de la misma lucha. Una sociedad que desarrolle prácticas no alienadas en relación a la naturaleza, respetando sus procesos de reproducción y valorándola en tanto fundamento de nuestra existencia, sólo puede lograrse si dicha sociedad se establece en base al reconocimiento mutuo de los seres humanos. Ambas dimensiones no pueden pensarse nunca por separado, sino integradas en una lógica de sociedad a construirse. Una sociedad por la cual luchamos desde el Espacio Chico Mendes, acompañados por otras organizaciones con las que compartimos el camino… Espacio Chico Mendes Mayo de 2012

Bibliografía
Carman, María, Las trampas de la naturaleza. Fondo de Cultura Económica: Buenos Aires, 2011. Harvey, David, El nuevo imperialismo. Ediciones Akal: Madrid, 2004. –, Espacios de esperanza. Akal: Madrid, 2007. Katz, Claudio, “Coyuntura, modelo y distribución”. En: Anuario EDI 2. Luxemburg: Buenos Aires, 2006. Meadows, Donella et al., Los límites del crecimiento. Informe al Club de Roma sobre el Predicamento de la Humanidad. Fondo de Cultura Económica: México, 1972.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful