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1. Enumera sinónimos de las palabras pene, senos y testículos.

¿Qué tipo de metáforas encontramos en estos vocablos (metáforas formales, funcionales, vegetales, animales, etc.)? Explica el empleo de estas metáforas. Relaciona la abundancia de sinónimos con los fenómenos lingüísticos de los centros de atracción y la irradiación sinonímica. Pene: falo (gr.), miembro (lat.), verga (lat.), órgano viril, glande, bálano (gr.), príapo (gr.), pito, estaca (vis?), nabo (lat.), rabo (lat.), tranca (celt.), aparato (lat.), polla (lat.), picha, nardo, cola (lat.), pijo, pija, pilila, pistola (del checo), minga, cipote (lat.), cachiporra, porra (lat.), minina, mástil (fr.), lápiz (lat.), vara (lat.), pájaro (del lat. passer, ‘gorrión’), pajarito, manguera (lat.), vergüenza (lat.), de los tres el más largo, ñonga (en Cuba, ‘sensible’), pirindola, cañón, pepino (gr.), zanahoria (ár. hisp.), plátano (gr.), banana (voz del Congo), calabacín, pirinola, trompeta, corneta, trompa, brocha, necle, sexo, árgano, cuecueche, mastique (Méx), morronga (Cub), pelona, velenice, periscopio (gr.), la pescue (la pescuezona), el machete, cíclope (gr.), flauta (prov.), herramienta, pirrín, reata (Guat. y Méx.), pizarrín, espárrago (gr.), titola (cat.), macana (am.), taladro (gr.), mochocota, badajo, checo, mondongo, sable (fr.), porongo (Arg.), pirulí, espada, estoque, puya, barra, cabezón, callampa (del quechua, ‘hongo’1), camote (nahua, ‘tubérculo’), canario, caña, chaira (gall.), chupachups, chupete, mango, zambomba, látigo, zurriago (ár. hisp.), virote (saeta), trabuco, biberón, tula (Arg.Ch.), tolete (Cub. y R. Dom.), churro, cachiporra, garrote, huasca (quech.), longaniza, salchicha, morcillón, manubrio, mazacuata (Méx. ‘boa’), palote, pinga, manivela, pinganillo, carajo, carne en barra, cogote de pavo, chorra, cimbrel (‘pincel’), nácaro (andalucismo), nunflo (‘dedo sin uña’), anaconda, pelado, apagafuegos, termómetro, bichola, palanca, ganso, alabarda, desatascador, lombriz, instrumento, cirio, masculinidad, puro Campeche, cilindro, garfio, garrocha, joystick, as de bastos, etc. Senos: tetas, pechos, mamellas, mamas, peras, perolas, melones, pitones, globos, domingas, orejas, pechonalidad, ubres, delantera, busto, escote, pechera, tetamen, lolas (Arg.), limones, bubis (Méx. del inglés boobies), chichis (Méx.), chiches, pechuga, toronjas, gomas (Am.), bufas, brevas, defensas, callaguaguas (Ch.), pochecas (Col.), puchecas, cocos, tetris, morros, churras, pechereques (Pe.), chichotas (en Costa Rica una chichota es un ‘chichón’), parachoques, teteros (Col.), pituchas (Col.), teclas (Méx. ‘cosa que debe tratarse con delicadeza’), bongos, flanes. Testículos: huevos, cojones (lat. ‘bolsa’, ‘funda’), pelotas, bemoles, narices, dídimo (gr.), bolas, chácaras (‘bolsa’, en Pan.), genitales, partes (blandas, nobles, pudendas, bajas o simplemente partes), cocos, granos, huérfanos (Méx.), pendientes reales, porongos (quech.), quinotos (fruta, cítrico), tecojotes (Méx. tipo de fruta), cataplines, los bajos.

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También se utiliza en Chile como sinónimo de ‘glande’, por la misma correspondencia metafórica.

Encontramos todo tipo de metáforas, además de sinónimos que no son metáfora, es decir, que son palabras por sí mismas, que no aluden a otro referente (polla, falo, pijo, pija, carajo, pilila, picha, pechos, mama, cojones…). También podemos encontrar términos neutros: genitales, testículos, pechos, sexo. Muchos de los términos son regionalismos, aunque la mayoría son comprensibles en cualquier región hispanohablante. Metáforas formales (aluden, lógicamente, a la forma): verga (arco de ballesta, vara), estaca, tranca, cachiporra, pirulí, vara, flanes, chácara, lápiz, flauta, espada, periscopio, sable, virote, churro, perolas, huevos, bolas, pelotas, badajo… Como vemos, es la metáfora más abundante. Tenemos todo tipo de sinónimos de palo y de instrumentos y herramientas alargadas (para pene), algunas de ellas, concernientes al pene, sirven para agredir (cortantes o punzantes: espada, sable, machete, puya, chaira, estoque, virote; que disparan: cañón, fusil, pistola, trabuco; que golpean: látigo, zurriago, huasca, porra, macana). Formas redondeadas para los senos y los testículos. Uso. También tenemos otro tipo de metáfora que hace referencia a la forma, pero la forma en la que se utiliza, la manera en que se agarra, la empuñadura, por ejemplo. Es decir, que estaríamos entre la metáfora formal y la funcional: manubrio, manivela, cachiporra, zambomba, palanca, látigo, manguera. Funcionales: desatascador, pistola, garfio, termómetro, apagafuegos, instrumento, defensas. Aparato donde ponemos la boca o que se chupa: trompeta, chupa-chups, pirulo, pirulí, chupete, puro, pito (también formal, pues se asemeja a un pene y dos testiculitos). Localización: parachoques, delantera. Animales: huevos, pájaro, rabo (también formal), cola, pitones, polla, checo, mazacuata. Vegetales: peras, melones, limones, toronjas, brevas, cocos, porongo, zanahoria, plátano, pepino, nabo, espárrago, porongos, quinotos, tecojotes. Todas estas metáforas son formales, ya que evocan la forma del pene, los testículos o los pechos, recordando diferentes frutas o vegetales (aunque también porque se chupan o se meten en la boca). Lo mismo podemos decir para la categoría siguiente. Comidas: longaniza, salchicha, morcillón. Metonimia: escote, glande, bálano. Eufemismos: miembro, miembro viril, órgano, partes, minga (puede proceder del lat. mingitare, o ser eufemismo de pinga), vergüenza, cataplines, domingas.

Eufemismos relacionados con otras partes del cuerpo humano: narices, orejas. Eufemismos infantiles: minina, pirindola, titola, pirrín. Hipérboles (todas ellas formales): anaconda, trabuco, cipote, mástil, árgano. Onomatopeyas: pijo, picha, pilila, pinga (de ‘colgar’), chorra (de ‘chorrear’).

2. ¿Qué valor cultural subyace en las siguientes expresiones: con dos cojones, con los cojones en su sitio, con más cojones que nadie, con tres pares de cojones, echarle cojones, olé tus cojones, no haber cojones, poner los cojones encima de la mesa, tener cojones? La mujer ha sido considerada durante mucho tiempo (y, desgraciadamente muchas veces, lo sigue siendo) un ser inferior por parte del hombre. De ello, no solamente es testigo la historia, sino también el lenguaje, que es lo que nos ocupa en este trabajo. Y es que en esta vida hay que comportarse como un hombre y no andarse con mariconadas si se quiere ser un tío como Dios manda. Cuando hablamos estamos transmitiendo el pensamiento y valorando ideológicamente el mundo que nos rodea. Afortunadamente el lenguaje evoluciona, y expresiones que utilizábamos hace veinte años, hoy en día son políticamente incorrectas. Aún así, restan en el lenguaje cotidiano multitud de palabras, expresiones y giros que degradan a la mujer y ensalzan al hombre y a los actos varoniles. El mayor insulto que se puede lanzar en castellano es ‘hijo de puta’ o ‘tu puta madre’, que es desplazar la falta hacia la pobre mujer que nos parió (si bien es cierto que, si algo es muy bueno, decimos que es ‘de puta madre’). Las mujeres son unas zorras o unas putas. El hombre es un golfo; y cuando es un cabrón (cornudo) es porque no ejerce dominio sobre su mujer. El valor cultural que subyace de estos términos es el del dominio del hombre sobre la mujer. Zorro-zorra, golfogolfa, perro-perra, ligero-ligera, costar un huevo-valer un higo, hombre público-mujer pública, cojonudo-coñazo, un cualquiera-una cualquiera, son vocablos con diferentes acepciones según el género (unas veces la diferencia es más marcada y en otras menos), en las que siempre sale ganando el hombre. El mero hecho de utilizar estas expresiones está vetado a la mujer. No es bonito que una mujer diga tacos. Un hombre, sí. Es viril, porque la agresividad de estos tacos está implícita en la virilidad. Por suerte, detrás de un hombre siempre hay una gran mujer. Existe, por supuesto, un debate entorno al sexismo en la lengua. Debate en el que no vamos a entrar aquí por cuestiones de tiempo, de espacio y de relevancia. Lo que sí me gustaría apuntar son las fórmulas que utilizan el discurso político, sobre todo, pero también el periodístico, para evitar este supuesto sexismo de nuestro idioma. Dicho discurso emplea circunloquios como profesorado (en lugar de profesores), la persona interesada (por ‘el interesado’), cada contribuyente (por ‘el contribuyente’), en fin, toda una serie de fórmulas

que evitan ese lenguaje sexista que, poco a poco, hace que vayamos progresando en el terreno lingüístico de la igualdad de géneros. Yendo al tema de los cojones (y no quiero decir ‘al temita de los cojones’, sino al tema de ‘los cojones’, no sé si me explico), el valor cultural que esconde es que la hombría, y todas las cualidades que se asocian a esa hombría (valentía, coraje, audacia…), quedan acreditadas por los genitales. Los genitales son, al fin y al cabo, el seguro de nuestra descendencia, nuestra sucesión, el futuro de nuestra estirpe (por supuesto, en una civilización patriarcal como es la nuestra). Tener huevos, tener más cojones que nadie, es ser un hombre, con todo lo que eso conlleva: fuerza, arrojo, inteligencia, valor. En contraposición a lo femenino que, en ocasiones, implica la presunción de cobardía, tozudez, informalidad, debilidad. Un matiz machista que todavía perdura en nuestro idioma.

3. ¿Cuál es el origen y el significado del sufijo -amen en palabras como tetamen, pichamen, testiculamen, culamen? Varios autores han estudiado la expresividad y afectividad de la lengua hablada. En el caso del español, uno de los estudiosos que más atención ha prestado a este aspecto del idioma es el hispanista alemán Werner Beinhauer, en dos obras fundamentales: El español coloquial (1968) y El humorismo en el español hablado (1973). También recogen aspectos de la lengua viva coloquial Camilo José Cela en Diccionario secreto, y Jaime Martín en Diccionario de expresiones malsonantes del español (1974). Por su parte, el sufijo -amen tiene un significado colectivo, de conjunto. Podemos verlo en palabras como pelamen, velamen, maderamen, etc. Aquí no tiene que ver con el sufijo latino -men, que significa resultado, en vocablos como dictamen, gravamen o examen. En las palabras que nos ocupan, el hecho de modificarlas a través del sufijo -amen intenta disimular el tabú social que las convierte en malsonantes, de forma humorística. Sería, por tanto, un disfemismo. Además, el propio significado del sufijo, esto es, conjunto de, hace que percibamos la palabra como voluminosa, grande. Grandes tetas, culo grande… No estamos, contra lo que dice Cela a propósito de testiculamen, ante un sufijo macarrónico irónico o pretendidamente científico, sino ante un sufijo culto cuya evolución normal en español es ambre (raigambre, pelambre, enjambre). Como tal, es de mayor uso que el culto -amen. Pero el significado de ambos es similar. De hecho, ambos tienen un valor colectivo o de abundancia. De todas formas, la añadidura de sufijos al campo semántico de las partes eróticas del hombre o la mujer es una constante en el lenguaje coloquial. Así, aunque no lo encontremos siempre registrado en los diccionarios, es habitual el uso de voces como polloncio, tetoncias, tetorras, cularro, culombio, etc, que no sólo nos hablan de cantidad, sino también de calidad. Por último, podemos también encontrar cierto paralelismo entre velamen (parte de la armadura de una embarcación) y tetamen, culamen, testiculamen (conjunto de armas, armadura figurada conformada por las partes erotizadas del cuerpo masculino o femenino).

4. ¿Qué dato cultural se observa en esta enumeración de expresiones referidas al coito: mojar churro, clavarla, colarla, cubrir a alguien, dar un escopetazo, poner una inyección, dar un latigazo, montar a alguien, montar en barra, hincarla, meterla? El sujeto agente de todas estas expresiones, excepto montar a alguien que puede ser en ambas direcciones, es el hombre o, simplemente, su aparato reproductor. Todas, además, tienen como complemento directo el pene o alguno de sus sinónimos. ¿Qué quiere, esto, decir? Obvio. Mojar el churro, clavarla, dar un escopetazo, dar un latigazo, etc, son metáforas construidas a partir de la idea de pene. Se muestra un estado de sometimiento, de dominación, en el que queda totalmente excluido el hecho del placer2 y, por supuesto, del amor (sentimiento reservado a las mujeres). Penetrar -hincarla, meterla, clavarla, colarla, pero nunca recibir, acoger. Es un punto de vista claramente masculino. . El hombre ha gozado de mayor permisividad sexual durante mucho tiempo. Tradicionalmente, el papel de la sexualidad femenina era el de la procreación y el de dar satisfacción al varón. De ahí que se entendiera que era el hombre el que debía tomar las riendas en los asuntos de alcoba.

5. Explica la visión del sexo que encierran estas palabras y expresiones: tirarse a alguien, cepillarse a alguien, pasarse por la piedra a alguien, cargarse a alguien, joder, chingar, limpiar el fusil, trabuco, palo, escopeta, pistola, pistolón, porra, tranca, estar armado (‘tener una erección’). Estas expresiones están en consonancia con los sinónimos de pene que encontramos en el primer punto y que hacen referencia a objetos que pueden servir para golpear o matar: pistola, trabuco, cachiporra… Todo esto alude al coito como un acto de agresión, nunca de complicidad ni de participación de dos personas de forma activa. Parece, el ejercicio de fornicar, como una lucha. Sin embargo, se representa como un acto, una agresión, una lucha unilateral en la que el hombre agrede a la mujer, con su fusil, con su escopeta, con su pistola o con su látigo, porque la mujer, claro, estaba pidiendo guerra. Vemos así que la lengua transmite una óptica masculina (pero de masculinidad primitiva, queremos decir), en ocasiones con cierto tinte misógino. Todo este léxico que hemos trabajado trasluce una cosificación de la mujer (aunque también del pene) convertida así en puro objeto sexual a disposición del hombre.

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Llama la atención la propia definición de gozar, en su tercera acepción del DRAE: ‘Conocer carnalmente a una mujer’. Sin comentarios.

Bibliografía:

Badinter, Elisabeth. Hombres/Mujeres, 2003. Beinhauer, Werner. El español coloquial, 1968. El humorismo en el español hablado, 1973. Bernardini Asenjo, Sonia. «El discurso literario femenino: diferencias en leguaje y contenido», en Caramés, J.L., González, Santiago, Género y sexo en el discurso artístico, Oviedo, 1995. Calero Fernández, Mª Ángeles. Sexismo lingüístico. 1999. Cela, Camilo José. Diccionario secreto, 1978. de Miguel, Amando. El idioma español, 2003. García Maroto, María Ángeles. Antología del lenguaje machista. Martín, Jaime. Diccionario de expresiones malsonantes del español, 1974. Shapiro, H.L. Hombre, cultura y sociedad. 1996. Van Dijk, Teum A. «Ideología y análisis del discurso», en la revista Utopía y praxis Latinoamericana, nº29, 2005. Van-der Hofstadt Román, Carlos J. El libro de las habilidades de comunicación. 2005. Sanmartín, Julia. Diccionario de argot. 1998.