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UNIDAD EDUCATIVA TÉCNICO SALESIANO AÑO LECTIVO 2013 – 2014 BLOQUE CURRICULAR 2 CORRIENTES DE PENSAMIENTO DE

UNIDAD EDUCATIVA TÉCNICO SALESIANO AÑO LECTIVO 2013 2014 BLOQUE CURRICULAR 2 CORRIENTES DE PENSAMIENTO DE LA SOCIOLOGÍA

CORRIENTES DEL PENSAMIENTO CLÁSICO DE LA SOCIOLOGÍA

Las corrientes del pensamiento clásico de la sociología empezaron en Europa entre el siglo XVIII y el siglo XIX. La razón que estas corrientes de pensamiento era por tanta revolución que había en Europa en ese tiempo. La revolución francesa fue el cambio político más importante que se produjo en Europa, a del sigo. No fue solo importante para Francia, sino que sirvió de ejemplo para otros países. Otra revolución que también fue importante fue la revolución industrial en Inglaterra que fue el proceso de evolución que condujo a una sociedad desde una economía agrícola tradicional hasta otra caracterizada por procesos de producción mecanizados para fabricar bien a gran escala esto ocasiono del despertar de conciencias. De aquí es de donde salen los más grandes pensadores en la sociología clásica, cuales son Spencer (1820 1903), Marx (1818 - 1883), Durkheim (1858- 1917) y Weber (1864-1920.

EL FUNCIONALISMO:

El funcionalismo caracterizado por el utilitarismo otorgado a las acciones que deben sostener el orden establecido en las sociedades, es una corriente teórica surgida en Inglaterra en los años 1930 en las ciencias sociales, especialmente en sociología y también de antropología social. La teoría está asociada a Émile Durkheim y, más recientemente, a Talcott Parsons además de a otros autores como Herbert Spencer y Robert Merton. El funcionalismo se caracteriza por un enfoque empirista que preconiza las ventajas del trabajo de campo. En este sentido, los teóricos funcionalistas identifican en sus textos comunicación con comunicación de masas porque esa es la realidad de la sociedad moderna. Hasta el siglo XIX, la mayoría de las labores se realizaban en un gabinete, mediante relatos sesgados de viajeros. El funcionalismo abrió el camino de la antropología científica, desarrollándose luego con gran éxito en Estados Unidos. La corriente funcionalista es la escuela más extendida; se ha llegado a naturalizar y se estudia como el paradigma de las ciencias de la comunicación. Esta circunstancia se ha entendido como lógica porque es la perspectiva que mejor se identifica con la dinámica y los intereses del sistema audiovisual.

El funcionalismo es una teoría sociológica que pretende explicar los fenómenos sociales por la función que ejercen las instituciones en la sociedad. Si un cambio social particular promueve un equilibrio armonioso, se considera funcional; si rompe el equilibrio, es disfuncional, y si no tiene efectos es no es funcional.

TEORÍA DEL FUNCIONALISMO Y ESTRUCTURAL (AUGUSTE COMTE):

La primera definición de la sociología fue propuesta por el filoso francés Auguste Comte quien en

1838, acuno el término “sociología” para describir su concepto de una nueva ciencia que descubriría

unas leyes para la sociedad del mismo modo en se habían descubierto tantas otras para la naturaleza, aplicando los mismo métodos de investigación que las ciencias físicas. La idea básica de Comte era que todas las ciencias formaban una jerarquía, de manera que cada eslabón dependía del anterior de acuerdo a la complejidad de los fenómenos estudiados. En la base estaban las

matemáticas, seguida de la mecánica, la física, la química, la biología y por último, encabezando la pirámide de las ciencias se encontraba la Ciencia de la Sociedad; la Sociología. Comte vio en esta ciencia las respuestas a los problemas del hombre y la sociedad. La exaltación de la Sociología le llevó a considerarla prácticamente como una nueva religión laica de la humanidad formándose así el positivismo.

La Filosofía positiva como tipo de conocimiento propio del último de los tres estados de la sociedad según la ley de los tres estados, se define por oposición a la filosofía negativa y crítica. El término positivo hace referencia a lo real, es decir, lo fenoménico dado al sujeto. Lo real se opone a todo tipo de esencialismo, desechando la búsqueda de propiedades ocultas, características de los dos primeros estados.

Lo positivo tiene como características el ser útil, cierto, preciso, constructivo y relativo. Se podría afirmar también que la filosofía positivista lo que hace es basar su conocimiento en lo positivo, o sea en lo real, dejando a un lado las teorías abstractas como la del fenomenalismo kantiano, al considerarlas como metafísicas.

Comte plantea tres estados del conocimiento humano: un estado teológico, un estado metafísico (concreto / abstracto) y un estado positivo, el más deseado y al que en teoría deberían tender los dos anteriores, ya que basa el logro del conocimiento en la razón aplicada.

Herbert Spencer:

Herbert Spencer utilizó la analogía orgánica para crear una forma explícita de análisis funcional. Basándose

en los materiales de su monumental obra Los Principios de Biología, “Los Principios de Sociología de Spencer están repletos de analogías entre organismos y sociedad, así como entre los procesos ecológicos y la evolución social. Spencer no contempló la sociedad como un organismo real, sino

que conceptualizó “sistemas supra orgánicos” (organización de organismos) como reveladores de ciertas similitudes en sus “principios de acuerdo” para los organismos biológicos. De esta manera, introdujo el concepto de requisitos funcionales o necesidades, creando el funcionalismo.

Para Spencer, había tres requisitos básicos de los sistemas supra orgánicos:

(1)

la necesidad de asegurar y distribuir los recursos

(2)

la necesidad de producir sustancias que puedan utilizarse

(3)

la necesidad de regular, controlar y administrar las actividades del sistema.

Por lo tanto, cualquier modelo de organización social pone manifiesto estas tres clases de requisitos funcionales, siendo el objetivo del análisis sociológico comprobar empíricamente como estas necesidades se cumplen en los sistemas sociales.

Emile Durkheim:

Los sociólogos anteriores veían a la sociología no como un ámbito autónomo de investigación, sino a través de acercamientos psicológicos u orgánicos. Por el contrario, Durkheim concibió la existencia de fenómenos específicamente sociales (hechos sociales), que constituyen unidades de estudio que no pueden ser abordadas con técnicas que no sean las específicamente sociales. Asimismo redefinió la sociología como la ciencia que tiene como objeto el estudio de estos hechos sociales.

Durkheim definió los hechos sociales en Las reglas del método sociológico como”: modos de actuar, pensar y sentir externos al individuo, y que poseen un poder de coerción en virtud del cual se imponen a él.

Dichos hechos existen con anterioridad al nacimiento de un individuo en determinada sociedad; por lo tanto, son exteriores a él. Son colectivos porque son parte de la cultura de la sociedad. Y son restrictivos porque los individuos se educan conforme a las normas y reglas de la sociedad sólo por el hecho de nacer en ella. Durkheim afirmó “si existían antes es que existen fuera de nosotros” y menciona como ejemplos la lengua natal, la escritura y el sistema monetario. Durkheim también afirmó que la sociedad era algo que está fuera y dentro del individuo al mismo tiempo, gracias a que este adopta e interioriza sus valores y su moral. El hecho social tiene una fuerte capacidad de coerción y de sujeción respecto del individuo. Por ende el hecho social no puede reducirse a simples datos psicológicos, y la conciencia colectiva prima siempre sobre el pensamiento individual, siendo entonces la sociedad, y no el individuo, la unidad de análisis primordial de la sociología.

Talcott Parsons:

La teoría de Parsons supone que los individuos actúan de una manera racional seleccionando los medios más adecuados para alcanzar un fin. Las instituciones no son ajenas a la racionalidad; conviven con los medios y los fines. Si el fin de la estructura en general es el mantenimiento del orden social, todas las instituciones y acciones de los sujetos se corresponderán con este fin. Esta teoría también explica el concepto de estructura y su funcionalidad considerando la estructura como un conjunto de organismos estables. Cuando la sociedad es capaz de establecer patrones de conducta que garantizan su equilibrio.

A medida que avanzaba su carrera, la teoría de la acción hacia el funcionalismo estructural. Una función es un complejo de actividades dirigidas hacia la satisfacción de una o varias necesidades del sistema. Parsons creía que había cuatro imperativos funcionales necesarios de todo sistema. Parsons, desarrolló el sistema del funcionalismo estructural, para cuya comprensión es indispensable su esquema de nombre. AGIL.

Las siglas AGIL se corresponden con lo que Parsons consideraba cuatro imperativos funcionales necesarios en todo sistema:

Adaptación. Todo sistema debe satisfacer las exigencias externas. Debe adaptarse a su

entorno y adaptar el entorno a sus necesidades. Goal (Metas). Todo sistema debe definir y alcanzar sus metas primordiales.

Integración. Todo sistema debe regular la interrelación entre sus partes constituyentes.

Latencia. Todo sistema debe proporcionar, mantener y renovar la motivación de los individuos y las pautas culturales que crean y mantienen la motivación.

En su nivel más general, los cuatro imperativos funcionales, están vinculados con estos cuatro sistemas de acción. El organismo biológico es el sistema de acción que cumple la función de adaptación al ajustarse o transformar su mundo externo. El sistema de la personalidad realiza la función de logro de metas mediante la definición de los objetivos del sistema y la movilización de recursos para alcanzarlos. El sistema social se ocupa de la función de la integración, al controlar sus

partes constituyentes, y el sistema cultural cumple la función de proporcionar a los actores las normas y los valores que les motivan para la acción

TEORÍA DEL CONFLICTO (KARL MARX)

El análisis de Marx se opone al positivista-armonicista del progreso social ilimitado en virtud de los conflictos que la sociedad moderna genera. Marx plantea que la ideología es una forma de falsa conciencia determinada por los intereses de clase. Representa el conjunto de puntos de vista especulativos que los hombres se forman por medio de la moral, la metafísica, la religión y las doctrinas políticas y económicas. Las concepciones de la sociedad, de esta manera, se corresponden con los intereses materiales de los grupos sociales y con la situación que ellos ocupan en la pirámide social.

Según Marx, el orden capitalista es históricamente transitorio, se basa en relaciones sociales que estructuran el funcionamiento de la sociedad. Ésta expresa la suma de relaciones y condiciones en las que individuos se encuentran recíprocamente situados. Y se generan en la producción material donde las relaciones sociales de producción e intercambio son entre individuos formalmente iguales, pero que ocultan relaciones de dominación y de explotación y son transitorias, por lo que su estudio debe realizarse desde una perspectiva histórica y política.

Esta concepción, como teoría del conflicto social, parte de que la sociedad es un conjunto formado por clases sociales con fines e intereses antagónicos. Estos provocan enfrentamientos irreconciliables. Encaran conflictos en función de su experiencia, de su situación social, deseos, aspiraciones y temores.

TEORÍA DE LA ACCIÓN SOCIAL (MAX WEBER)

Max Weber define la acción social como cualquier tipo de proceder humano orientado por las acciones de otro, las cuales pueden ser presentes o esperadas como futuras. Este sentido, además de ser expresión de la voluntariedad del individuo, se entremezcla con creencias, valoraciones, perspectivas y sentimientos.

Para llegar a comprender la acción social, Weber la divide según cuatro tipos:

La acción racional con arreglo a fines.

La acción racional con arreglo a valores.

La acción afectiva.

La acción tradicional.

Cada tipo de acción o conducta emitida por el individuo parte de los valores, metas que se proponga y valores y medios que posea.

LA ACCIÓN RACIONAL CON ARREGLO A FINES:

Corresponde a la acción más racional posible de la acción. Resaltando el elemento racional en términos de cálculos de medios para alcanzar la meta.

LA ACCIÓN RACIONAL CON ARREGLO A VALORES:

A diferencia de lo anterior, la acción racional con arreglo a valores, responde a las creencias que posee el individuo, pueden ser religiosas, políticas, filosóficas, etc. Como el individuo ya posee con anterioridad estas convicciones el proceso de decisión es más breve. Sin embargo la acción no deja de ser racional, ya que los medios elegidos son los más adecuados para alcanzar el fin y realizar la acción.

LA ACCIÓN AFECTIVA:

Se desarrolla bajo el influjo de un estado emotivo, esta acción se emite en los límites de los significados y no significados, debido a que su sentido no se establece en la instrumentación de medios hacia fines, sino en realizar un acto "por qué sí".

LA ACCIÓN TRADICIONAL:

La acción se desarrolla bajo el influjo de la costumbre y el hábito y proceder de un conjunto de ideales y símbolos que no posee una forma coherente y precisa.

El estructuralismo y el Funcionalismo tienen como base la teoría positivista y organicista de Spencer, la acción social de Max Weber, y otras. Son dos concepciones que van siempre unidas al realizar análisis de los fenómenos sociales. El Estructuralismo considera que no hay un hecho, humano o social, que no suponga una estructura. Estructura que está conformada por el modelo orgánico que plantea un paralelismo entre la organización y la evolución de los organismos vivos, la organización y la evolución de las sociedades. El Funcionalismo considera a la sociedad como un sistema, un todo formado por partes interdependientes; donde el cambio de un parte afecta a otras y al todo, la sociedad busca el equilibrio y los intereses que se presentan en ella, actúan para mantener la tranquilidad y el orden

LAS CORRIENTES DEL PENSAMIENTO MODERNO DE LA SOCIOLOGÍA

ACCIÓN COMUNICATIVA

El concepto de acción comunicativa es una de las bases que estableció el filósofo alemán Jürgen Habermas para estructurar su Teoría crítica de la modernidad.

Habermas observa cómo la interacción social del ser humano pasa de estar basada en ritos y en lo sagrado a la potencia del signo lingüístico, con la fuerza racional de las verdades sometidas a crítica. Las estructuras de acción comunicativa orientadas a un acuerdo se vuelven cada vez más efectivas tanto en la reproducción cultural como en la interacción social o en la formación de la personalidad.

Siguiendo a Humboldt, que establecía

al

lenguaje

como configurador del

pensamiento, Habermas opina que no hay mente, ni actividad intelectual sin un lenguaje previo. Si todo ser humano nació en una comunidad lingüística, el lenguaje es, paradójicamente, anterior al hombre, todo el que quiso decir algo ya tuvo que suponerlo. Habermas admite esta independencia del lenguaje y elabora su teoría filosófica a partir de lo que él llama los universales del habla:

aquellos supuestos que debe considerar cualquier hablante antes de emitir palabra, porque son

“mandatos” del lenguaje. Estos supuestos son ciertos en cualquier lengua, por tanto universales. Un hablante no puede dejar de pretender, si es que quiere alcanzar un consenso comunicativamente:

  • 1. Inteligibilidad para lo que se dice. La comunicación resulta imposible si lo que se dice es incomprensible para los demás.

  • 2. Verdad para aquello que se dice. Para el contenido de lo que se dice en relación con lo objetivo (si digo “esta mesa es verde” debe ser verde) o para las condiciones de existencia de lo que se dice (si digo: “cierra la puerta” se presupone que la puerta estaba abierta).

  • 3. Rectitud para su acto de habla en relación con un contexto normativo. Esto significaría lo siguiente: todo hablante se atiene a un conjunto de normas aceptadas por todos. Si dice “usted se calla” es porque debe estar autorizado a decirlo.

  • 4. Veracidad para su formulación como expresión de su pensamiento. Lo que dice debe ser lo que cree o piensa, si miente, la comunicación se rompe

Estos cuatro supuestos: inteligibilidad, verdad, rectitud y veracidad, son los que forman la base de validez del habla. Para Habermas, el uso primario del lenguaje sería el orientar su empleo al entendimiento. El lenguaje busca ayudarnos a comunicarnos, y para poder comunicarnos son precisos esos cuatro supuestos, y el lenguaje nos “obliga” a cumplirlos. Los otros usos del lenguaje son parasitarios de este uso ideal. Podemos usar el lenguaje para engañar, estafar, manipular, etc., pero el que miente, debe hacer creer a los demás que opera bajo el supuesto de veracidad si quiere conseguir su objetivo, el que dice cosas incongruentes debe convencernos de que no está loco, y que lo que dice responde a la realidad, el que violenta y problematiza las normas pone en cuestión el presupuesto de rectitud, etc.

La comunicación real está llena de problemas que impiden estas condiciones ideales del habla. Existen todo tipo de patologías en la comunicación humana, pero esto no excluye la necesidad de un modelo de comunicación ideal como referencia, el modelo que el uso correcto del lenguaje exigiría. Cuando existen perturbaciones en la comunicación todos tenemos conciencia de que el proceso comunicador está pisando sobre supuestos no admitidos, de que existe una anomalía. Las expectativas de normalidad quedan desmentidas si lo que dices es falso, o no eres quién para decírmelo, o mientes, o no te entiendo, y se produce violencia cuando no se consigue restablecer la comunicación.

En este punto, cuando no funcionan las bases de validez del habla y se interrumpe el proceso comunicativo, es cuando para Habermas se hace necesario lo que él llama el discurso: una forma reflexiva de interacción que se esfuerza en recomponer la comunicación. Si los supuestos admitidos no son sólidos, hay que buscar un consenso en una discusión, que sea tal, que garantice la simetría y la igualdad de oportunidades para los hablantes y donde se puedan aducir los mejores argumentos.

Con esto quiere decir lo siguiente: cuando se produce una situación de incomunicación y, por tanto, de violencia más o menos encubierta, los hablantes deben crear una situación ideal de habla en la

que cada hablante se olvida de las diferencias de poder, sexo, edad

y de las normas compartidas,

... ya que la violencia reinante las ha puesto en duda, y deben tener así igualdad de oportunidades para expresar los mejores argumentos que posean para defender su postura. El consenso se produce sobre la base de la coacción del mejor argumento: si me dejo convencer es porque pretendo que las

razones en las que se asienta mi convicción son igualmente convincentes para cualquier hablante. El ideal de la razón está inscrito en la interacción lingüística, la alternativa al diálogo no es otra que la sinrazón y la violencia.

Para Habermas, la comunicación lleva inscrita en su piel la promesa de resolver con razones las perturbaciones. Quien habla pisa una dimensión en la que aparecen claros los conceptos verdad/mentira, justicia e injusticia. El lenguaje nos da la posibilidad de consensuar normas de comportamiento y de propiciar, por tanto, el progreso histórico. Habermas da un nuevo sentido a la

frase de Aristóteles: “el hombre, porque habla, sabe de lo justo y de lo injusto”. Sobre el lenguaje,

Habermas establece la posibilidad de crear una ética, una política y una teoría consensual de la verdad.

Por todo ello Habermas, establece diferentes tipos de acción en los que interviene la comunicación. De un lado, distingue entre las acciones que se llevan a cabo en un contexto social y las que lo hacen en uno no social. Por otro lado, en función del objetivo que tiene la acción, Habermas establece otro criterio de clasificación. Así establece tres tipos de acción: 1.En aquellos casos en que la acción está orientada al éxito en un contexto no social, habla de acción instrumental. 2. Cuando la acción se realiza orientada al éxito pero en un contexto social, lo denomina acción estratégica. 3. Finalmente, en aquellos contextos sociales en que el objetivo es la comprensión mutua es cuando, según Habermas, aparece la acción comunicativa.

Democracia deliberativa y teoría de la democracia

Democracia deliberativa es un término utilizado para referirse a un modelo político que pretende equilibrar la democracia representativa con un proceso de toma de decisiones regido por los principios de imparcialidad y racionalidad. Contrasta abiertamente con las concepciones dominantes de la democracia y, en especial, con la teoría de la elección racional proveniente de la economía, que enfatiza el acto de votar como institución central de la democracia, los teóricos de la democracia deliberativa argumentan que las decisiones sólo pueden ser legítimas si llegan como consecuencia de una deliberación pública por parte de la ciudadanía.

En particular, Habermas, uno de los principales inspiradores de este modelo político, concibe la democracia deliberativa como extensión de la acción comunicativa tanto en plano de la esfera pública informal como en el de la esfera pública institucional. Esta forma de democracia es dependiente de procedimientos y presupuestos comunicativos que institucionalizan el discurso público. La opinión pública viene a complementar dos esferas de la política que había destacado Weber: la política carismática y la política tecnocrática. Así, políticos, técnicos y opinión pública deliberan entre sí en un circuito democrático.

El proceso de deliberación, según otros teóricos, se caracteriza por los esfuerzos para incluir en el mismo a grupos marginales que suelen ser ignorados en otros procesos de decisión (procesos meramente representativos o meritocráticos). Para auxiliar a los participantes que deliberan y que no son especialistas, es importante dotarlos de información relevante (como ocurre en los sondeos deliberativos de Fishkin -ver más adelante-). Deben registrarse no sólo de los puntos de consenso sino también los puntos de desacuerdo.

Mientras que los autores liberales suelen mostrar su satisfacción con la democracia representativa, porque respeta la decisión de quienes prefieren dedicar la mayor parte de su tiempo a los asuntos

privados, los republicanos suelen apelar también a la democracia deliberativa a pesar de que ésta exija del ciudadano cultivar virtudes cívicas y donar tiempo al bien común.

Democracias deliberativas - o, al menos, sistemas políticos que incluían entre sus prácticas ingredientes de naturaleza deliberativa - han sido la de la antigua Grecia, la de las asambleas cantonales suizas que inspiraron a Rousseau, la que practican a través de “La Palabra” algunas comunidades africanas e indígenas, la que prevalece en los órganos colegiados de las grandes universidades, la que resurge ocasionalmente en los Estados democráticos cuando un debate nacional permite la discusión entre representantes populares, expertos y opinión pública. No se trata de un procedimiento de decisión basado necesariamente en el consenso, pero sí de un prerrequisito de la votación mayoritaria, bajo la premisa de que votar sin discutir no es democrático.

James Fishkin ha propuesto los “sondeos deliberativos” que son pequeños foros de ciudadanos elegidos al azar que discuten, se informan y, sólo al final, toman posición acerca de algún asunto. En algunos parlamentos especialmente en Escandinavia--, los sondeos deliberativos son una herramienta de los legisladores para consultar a la ciudadanía, siendo más confiables que los sondeos clásicos.