Guía para la Historia Argentina Siglo XIX

- INTRODUCCIÓN..................................................2

- DISTINTAS MIRADAS SOBRE LA HISTORIAARGENTINA....4 - LA REVOLUCIÓN DE MAYO DE 1810........................14 - LAS GUERRAS DE INDEPENDENCIA (1810-1826).........26 - LAS GUERRAS CIVILES (1826-1852)........................43 - CONSTRUCCION DEL ESTADO NACION ARGENTINO......51
Parte 1: Consolidación del Mitrismo. Guerra del Paraguay y las últimas montoneras Parte 2: Consolidación de la oligarquía agroexportadora

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INTRODUCCION
¿Para qué estudiar la historia?
El mundo en el que nos toca nacer y vivir es el producto de una larga historia. No elegimos cómo ni dónde nacer, sino que nos toca vivir en determinadas condiciones sociales materiales que ya existían antes de nosotros. Esas condiciones materiales de vida (el trabajo, la educación, la vivienda, las relaciones sociales en las que estamos inmersos) no se decidieron porque los hombres libres se pusieron un día todos de acuerdo. Tampoco son producto de un orden divino, ni siempre se dieron de la misma manera. Por el contrario, se produjeron históricamente a través de la lucha de clases. Lucha entre distintos grupos sociales que tienen intereses antagónicos y que están enfrentados entre sí. La forma concreta en que se desenvuelve esta lucha, varía en distintos momentos históricos. “Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es la historia de luchas de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos se enfrentan siempre, en una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de toda sociedad o al exterminio de las clases enfrentadas” Carlos Marx. Si bien surgen individuos que expresan los intereses de determinado grupo social, la historia la hacen las clases sociales y no los individuos. El rumbo de la historia y la existencia misma de las clases sociales no dependen del deseo de un individuo aislado, sino que tiene que ver con la actividad consciente y las formas de organización que se dan las clases a sí mismas para encarar la lucha. Si bien estamos condicionados por las relaciones histórico-sociales, las podemos modificar con la unidad y la acción del pueblo conciente de sus objetivos. La historia, como todo, está en disputa y sujeta a la transformación. 2

La historia sigue abierta. El motor que hace andar la historia es la lucha del pueblo por conquistar sus derechos y por alcanzar una sociedad justa e igualitaria; frente a las clases dominantes que buscan perpetuarse a costas de enriquecerse y oprimir a las mayorías. Los pueblos siempre luchamos por tomar en nuestras manos nuestro destino. Para lograrlo y poder transformar la historia, tenemos que conocerla, aprender de las luchas populares del pasado, saber como llegamos hasta acá y poder proyectar como queremos seguir. Estudiar la historia, nos sirve para orientar nuestras luchas como pueblo en el presente. “Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía”. Mariano Moreno

Retomemos la historia del pueblo
La historia no empieza ni termina con nosotros. La lucha del pueblo por sus derechos no empieza porque uno toma conciencia de su existencia. Existe una tradición de lucha y organización en nuestro pueblo que tenemos que recuperar. Es nuestro punto de partida fundamental para poder triunfar. Las clases dominantes son conscientes de la importancia de ocultar y manipular la historia a su favor, para seguir en el poder y que las cosas sigan como están. “Nuestras clases dominantes han procurado siempre  que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.” Rodolfo Walsh La historia de Argentina está atravesada por una lucha constante. Si miramos bien nuestro pasado son pocos los períodos de calma, más bien somos un pueblo que da la pelea para resolver sus problemas. 3

Cuando tuvo que guerrear, guerreó; cuando tuvo que dialogar, dialogó; cuando tuvo que cortar calles, las cortó. A lo largo de nuestra historia, son muchísimas las veces en que los sectores populares se levantaron frente a la injusticia. No somos un pueblo sumiso. Nuestra historia lo demuestra. Aunque las clases dominantes se han ocupado bien de cortar nuestros proyectos emancipatorios y nuestras tradiciones de resistencia, organización y lucha, siempre las retomamos en donde las dejamos. La disputa por nuestra historia es la disputa por nuestro futuro. Se trata de identificar las tendencias revolucionarias y emancipadoras del pasado que nos sirven de guía para poder avanzar hacia adelante.

DISTINTAS MIRADAS SOBRE LA HISTORIA ARGENTINA
Por todo lo anterior, es fundamental retomar seriamente la historia de nuestro país y que tomemos posición. Si no abordamos esta tarea, caminaremos a ciegas y estaremos derrotados antes de comenzar cualquier intento de realizar cambios revolucionarios que perduren. Las lecturas de la historia están directamente relacionadas con las propuestas políticas. La clase dominante argentina siempre se esforzó por plantear una mirada oficial de la historia argentina. Eso le permite mantener aisladas y fragmentadas a las clases populares, haciendo el intento por extirpar las experiencias revolucionarias históricas. La historia que aprendemos en la escuela con los manuales escolares, o la cantidad de símbolos que aprendemos desde chicos, el nombre de las calles, de las ciudades, los monumentos, responden a la visión de la historia que en diferentes momentos nos impusieron las clases dominantes. De hecho, los manuales escolares bajan “La Historia” como la única posible, y desde esa mirada monolítica, legitiman el actual orden social de injusticia y opresión. Cuentan la historia como historia de próceres, de individuos, disociados de sus intereses de clase. Mezclan 4

todo. La revolución de mayo es un caso claro: ponen juntos a Mariano Moreno, Rivadavia, Saavedra, como si hubieran representado a las mismas ideas. El monumento de Roca está en la calle Bolivar. Toman experiencias y dirigentes revolucionarios y los vacían de contenido, vulgarizan sus ideas para justificar el presente, y los neutralizan. Por lo tanto no hay miradas neutrales, siempre hay un interés y una posición política detrás de cada mirada. A continuación presentamos una aproximación general de las miradas más emblemáticas de la historia argentina: 1) La visión liberal 2) El revisionismo histórico 3) Las corrientes de izquierda: la liberal y la revisionista. 4) La visión revolucionaria 1) LA VISION LIBERAL La visión liberal de la historia argentina es la que se constituyó históricamente como la versión oficial. De hecho esta surge al mismo tiempo que la clase dominante logra consolidar su proyecto nacional, y es la que impone los símbolos patrios oficiales, las estatuas, los parques, las calles, los manuales escolares, etc... Surge por tanto luego de 1860 y se impone con la Generación del 80. Es la historia contada por los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX en Argentina. Estamos hablando de la clase terrateniente pampeana y de la burguesía comercial porteña. Son estas las fuerzas sociales que sometieron al país a la dependencia del imperialismo. Esta clase dominante fue la que se impuso y escribió la historia, en un momento donde se estaba consolidando el Estado argentino oligárquico y racista, y hacía falta que el pasado sirva para legitimar el presente a su favor. El principal historiador fue Bartolomé Mitre, perteneciente a una familia terrateniente y quien fuera presidente y fundador del hasta hoy existente diario La Nación, bajo el lema: “Tribuna de Doctrina”. 5

Entonces, esta clase dominante debió contar su propia visión de la historia, que consiste en: - La historia está hecha por una serie de hombres ilustres... como Rivadavia, Sarmiento, San Martín, Moreno, Belgrano, Alberdi. Todos en la misma olla, en la cual se los mezlca y se los vacía de contenido, transformándolos en estatuas que glorifican el régimen existente. Tanto es así que, por ejemplo, alguién como Alberdi era anti-mitrista y San Martín no estaba a favor de Rivadavia. - La historia está atravesada por la disputa entre Civilización y Barbarie, donde la civilización son los blancos pro-Inglaterra (Mitre y Rivadavia) que luchaban por la “Libertad”; y la barbarie, los caudillos del interior “salvajes” que impedían el “progreso de la nación (Quiroga, Peñaloza, Varela, Güemes) que representaban la “Tiranía”. - La Revolución de Mayo estaba dirigida a la independencia de España y al comercio “libre” con Inglaterra. Es decir, remarcan que fue solamente una revolución anti-españolista y hacen un elogio permanente por el capital inglés como el portador del progreso para América Latina.

2) EL REVISIONISMO HISTÓRICO Esta corriente tiene varias tendencias en su interior. Surge a partir de empezar a reivindicar la figura de Rosas, por parte de grupos más bien conservadores a principio del siglo XX. En 1935 al interior del radicalismo surge una corriente conocida como el grupo FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), cuyo principal ideólogo fue Raúl Scalabrini Ortiz, seguido por Arturo Jauretche y Homero Manzi. Este grupo irigoyenista rastrea en la historia argentina el contenido nacionalista y coloca a la figura de Rosas como representante de lo nacional y popular en contra de la opresión del imperialismo inglés. Son críticos de la línea oligárquica de Rivadavia y levantan las figuras de los caudillos. 6

El Reviosionismo logra imponerse como una corriente histórica con la llegada del peronismo, sobretodo después de 1955, equiparando la figura de Perón a la de Rosas. Sus principales historiadores son José María Rosa y Fermín Chavez. Si la corriente liberal ve a la historia como la lucha entre dos principios ideales: “Libertad vs. Tiranía”; el Revisionismo cambia ese esquema por otro: “Nación vs. Anti-Nación”, convirtiendo en estandarte de las fuerzas nacionales a los federales en oposición a las fuerzas antinacionales y entreguistas unitarias. Para esta corriente, Rosas se convirtió en una figura histórica intocable, símbolo de lo nacional y popular.

Estas dos corrientes, la Liberal y la Revisionista, son las que marcaron las distintas formas de contar la historia y respondieron a diversos momentos: - La Liberal es propia de la oligarquía terrateniente que se consolida a finales del siglo XIX e impuso la visión oficial de la historia a partir de la cual se configuró el Estado Nacional con sus símbolos patrios. - La Revisionista surge en otro momento histórico, fruto de una fracción del Ejército Nacional que se propone una nueva alianza de clases entre una burguesía nacional y la clase trabajadora; para lo cual se levantan figuras que hasta el momento venían siendo defenestradas por los terratenientes como es la de Rosas y la “chusma” que lo seguía.

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3) LAS CORRIENTES DE IZQUIERDA Frente a esto, fueron surgiendo corrientes de izquierda que no pudieron escapar a estas visiones tradicionales de la historia que las distintas fracciones de la clase dominante fueron generando: la Izquierda Reformista y la Izquierda Nacional. La IZQUIERDA REFORMISTA, por su parte, analizó la historia por una visión teñida por la corriente Liberal y a través de esquemas dogmáticos eurocéntricos, encasillada en la ideología del “progreso”. Dentro de esta corriente se ubican dos tradiciones históricas: - La tradición Socialista: con mayor irradiación política, social y cultural sobre la sociedad argentina en las primeras cuatro décadas del siglo, contó con el impulso de una vasta organización política, el Partido Socialista Argentino. Los esfuerzos por echar raíces en la historia y la cultura argentina fueron sistemáticos, y la tradición socialista buscó instituirse como consumación y superación de las mejores tradiciones democráticas del liberalismo argentino. Juan B Justo, quien planteó las bases del socialismo en Argentina, tenía una concepción del marxismo dogmática: al “atraso de las montoneras primitivas” había que oponerle el “desarrollo del progreso económico”. Desde esta perspectiva, la subordinación al capital británico era un mal necesario que iba a permitir el desarrollo económico del país. Esta tradición cuenta con historiadores como Jacinto Oddone, Américo Ghioldi y el más actual Julio Godio. - La tradición Comunista: como ruptura con el socialismo, el Partico Comunista hizo un gran esfuerzo por instituir una tradición que entroncase con las luchas del pasado, tomando del siglo XIX las tradiciones jacobinas, democráticas y liberales. Aunque postulan una metodología y una concepción materialistas de la historia, y a pesar del talento historiográfico de algunos de sus historiadores, el esfuerzo político de su organización por instituirse como continuación de las tradiciones liberaldemocráticas del pasado, los tornará francamente tributarios 8

de muchos de los valores y los esquemas de la visión liberal. Es por eso que muchos han catalogado esta corriente como el “mitro-marxismo”. Los historiadores más representativos son Ghio ldi, Sommi, Real, Agosti, posteriormente Leonardo Paso, así como la primera obra de Puiggros, antes de su expulsión del PCA en 1946. La IZQUIERDA NACIONAL surge como una corriente más radicalizada del Revisionismo y cae en una visión ideal haciendo apología de la “barbarie” representante de lo “nacional y popular” en contra de la “civilización” de la “oligarquía”. Levanta como hitos a Rosas, Roca, Yrigoyen y Perón, como defensores de los intereses nacionales y anti-imperialistas. Su punto de partida fue una caracterización del peronismo distinta a la del resto de la izquierda, cuya originalidad consistía en considerarlo como un momento necesario en el proceso de formación de una conciencia nacional. Así como la tradición comunista argentina buscó instituirse en contra de la tradición socialista, disputándole ideas, valores, acontecimientos y figuras del pasado; la izquierda nacional buscó forjar una identidad propia a partir de un ajuste de cuentas con la izquierda pre-existente, especialmente la comunista. Desarrolla una influyente acción política-cultural en los años ´60 a través de la edición de periódicos, revistas, libros y el dictado de cursos de formación (como por ejemplo “las cátedras nacionales”). Esta corriente no pudo despegarse de la visión idealista de buscar en la historia la contradicción entre lo Nacional y lo Anti-Nacional, cayendo en la reivindicación histórica de cualquier fuerza que sirva para desarrollar la Nación, venga de donde venga. Como consecuencia de esto, se acercó a posiciones cada vez más inexplicables, justificando el genocidio de pueblos originarios dirigido por Roca en pos de lograr la unidad de las “fuerzas nacionales”. Así como, tiene contradicciones con sus propios planteos, tales como reivindicar la entrada de capitales imperialistas para desarrollar la nación, contra la oligarquía terrateniente anti-naciónal. Es decir, termina cayendo en posicione anti-oligárquicas pero pro-imperialistas, difuminandose la frotera entre lo nacional y lo anti-nacional. 9

El principal ideólogo y teórico fue Hernández Arregui, quien planteó una visión propia sobre el “ser nacional”. También las bases de esta corriente fueron planteadas por el troskista nacionalista Abelardo Ramos, quien se caracteriza por su estilo literario audaz y provocativo. - EL REVISIONISMO KIRCHNERISTA: Actualmente el Kirchnerismo emprendió una importante iniciativa a la hora de disputar las tradiciones históricas. Se sustenta en una serie de historiadores que tienen diferencias entre sí, pero que tienen su raíz en el Revisionismo. Al respecto creó el Instituto Oficial de Revisionismo Histórico, dirigido por Pacho Odonell, quien predica un federalismo conservador, propio del nacionalismo rosista reaccionario. A su vez, cuenta con historiadores como Norberto Galasso críticos de ese Instituto y con una línea más federal popular, que incluso llega a cuestionar los aspectos oligárquicos de la figura de Rosas. También cuenta con una serie de divulgadores como Felipe Pigna, para legitimar en su visión de la historia al “modelo nacional y popular”. Ejemplo de esta iniactiva son los festejos del Bicentenario, donde los idearios de los jacobinos revolucionarios de mayo fueron expuestos ante millones de personas; donde desde el mismo Estado se reivindicó la resistencia de los pueblos originarios; donde se ha montado en la propia casa de gobierno un salón de patriotas latinoamericanos. Ante esto nos vemos en un desafío que no podemos esquivar.

Se nos hace necesario reivindicar los desafíos que se planteaban en el pasado como vigentes e inconclusos para el presente. Nuestra tarea es aprovechar esa disputa histórica que está instalada en la agenda y llenarla de contenido, haciendo eje en la visión revolucionaria y anti-imperialista frente a las tendencias conservadoras que acarrea el propio revisionismo. 10

4) LA VISIÓN REVOLUCIONARIA
El desafío es construir el revisionismo de los pueblos, que ponga en jaque el orden existente, a partir de una mirada de la historia desde el punto de vista de las luchas populares. Es la historia a contrapelo del proyecto nacional que salió triunfante: el de la clase dominante aliada al imperialismo. Justamente por eso reconocemos que partimos en desventaja; tenemos que reapropiarnos de nuestra historia como pueblo, que las clases dominantes sistemáticamente nos pretenden cortar, manipular, anular. Como ya mencionamos en la presentación, se trata de poder ver los procesos históricos desde una concepción materialista: analizando los intereses materiales concretos de los grupos sociales y como se expresan en las fuerzas políticas que actúan. Pero no nos quedamos solamente ahí: es preciso identificar los sectores que salieron a dar pelea por cambiar la realidad a favor de los intereses de las mayorías populares. Reivindicamos a quienes plantearon la defensa de los intereses nacionales contra las fuerzas imperialistas y las clases dominantes locales (la oligarquía terrateniente y la burguesía comercial). En el siglo XIX se edificó un proyecto de independencia real, apostando a las fuerzas populares para llevarlo adelante y que disputó con el proyecto imperialista. Las luchas y resistencias por ese proyecto político son las que tenemos que levantar, en tanto se plantearon las tareas todavía inconlusas, tras la avanzada imperialista. En ese camino nos encontramos con muchos exponentes históricos de lo que fueron esos procesos. Aquellos que incluso fueron más allá, como San Martín, planteando que sin la unidad continental era imposible hacerle frente al colonialismo, poniendo sobre la mesa y siendo consecuentes con la cuestión de la Unidad Latinoamericana. También, uno de los máximos exponentes de este ideario revolucionario y latinoamericano es Felipe Varela quien se dispuso a combatir al centralismo porteño, tanto rosista como mitrista, en defensa 11

de los pueblos oprimidos del interior, con ejércitos populares, que no discriminaban entre argentinos, chilenos y bolivianos; y festejaban la resistencia heroica del pueblo paraguayo contra la barbarie mitrista. Rastrear estas fuerzas históricas es nuestra tarea principal, para retomar nuestra tradición de lucha y organización como pueblo y proyectarla hacia adelante. No es casualidad que no contemos con una visión de la historia sistematizada propia del campo revolucionario. Sino que contamos con esfuerzos individuales, que si bien no escapan del todo a la visión Revisionista o Liberal, nos permiten estudiar y reconocer los procesos históricos desde nuestra perspectiva. Así nos nutrimos de historiadores de diversas tendencias revolucionarias, incluso enfrentadas entre sí, como lo son, por ejemplo: Milciades Peña: con un intento por sistematizar los períodos históricos de Argentina analizando seriamente la estructura de clases; pero con la problemática de ciertos rasgos liberales que le impiden ver fuerzas emancipadoras y revolucionarias. Esto lo lleva a una visión trágica de la historia, donde las fuerzas populares parecerían contar con una impotencia histórica, carentes de proyecto político. Rodolfo Puigross: quien rompe con la tradición comunista y sin abandonar el método materialista se propone estudiar la historia también desde una perspectiva de clases. A diferencia de Peña las dificultades de su trabajo tienen que ver con rasgos revisionistas a la hora de tomar como punto de partida las “causas internas” enfrentadas a las “causas externas” y no comprender los procesos históricos desde una perspectiva global de desarrollo del imperialismo. A esto podemos sumarle la valoración histórica hecha por Norberto Galasso de un federalismo popular y revolucionario. Sobretodo nos referimos a sus obras sobre el siglo XIX, que constituyen una buena referencia para recuperar la historia desde la perspectiva de los sectores populares. En la misma línea revisionista también podemos tomar los valiosos aportes de Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Duhalde. También debemos nutrirnos tanto de las corrientes de la 12

izquierda reformista y de la nacional, teniendo siempre presente sus presupuestos y tomas de posición. E incluso debemos considerar como fuentes históricas, las corrientes oficiales, como por ejemplo el personaje nefasto de Bartolomé Mitre, quien relata las guerras de independencia con cierto rigor científico. La clave está en no dejar nunca de lado la perspectiva revolucionaria como guía de nuestra lectura de la historia.

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Revolución de Mayo de 1810
La Revolución de Mayo es parte de un proceso histórico y mundial Para entender lo que sucedió en lo que actualmente es Argentina en Mayo de 1810, necesitamos comprender el contexto histórico en el que se enmarca. En el continente latinoamericano, antes de mayo de 1810, se produjeron hacia fines del siglo XVIII, numerosas rebeliones indígenas contra el dominio español. Fueron particularmente fuertes en el bajo y alto Perù (actuales Perú, Bolivia, Norte de Argentina y Ecuador). Tupac Amaru II, liderò la llamada Gran Rebelión en 1780. Al año siguiente, Túpac Katari y Bartolina Siza, formaron un ejército de cuarenta mil personas que cercó dos veces a la ciudad de La Paz. Si bien estas rebeliones fueron derrotadas por los españoles, -quienes apresaron y ejecutaron a todos los rebeldes- se trató del levantamiento más extenso geográficamente y con más apoyo, de toda la época colonial previo a las revoluciones y las guerras de independencia del siglo XIX. Asimismo, es la época de las Revoluciones Burguesas y de los comienzos de la consolidación del capitalismo en Europa y EEUU. Es fundamental la influencia que ejerce la Revolución Francesa de 1789 que afirma políticamente a la burguesía contra el absolutismo y destraba las relaciones feudales, posibilitando el desarrollo del capitalismo. La tendencia radical de la burguesía francesa, la “jacobina”, con líderes como Danton, Marat y Robespierre, ejerció una influencia clave en el grupo más radical de nuestros revolucionarios de mayo. Los jacobinos se apoyaron en los artesanos, incipientes proletarios y siervos campesinos, para acabar con el poder monárquico feudal, oponiéndose a la contrarrevolución interna y la invasión de las potencias monárquicas europeas, resueltas a restaurar el viejo orden. ¡Libertad, Igualdad, Fraternidad! ¡Guerra a los palacios, paz a las chozas! Eran sus consignas Tambien es importante la influencia de la independencia de Estados Unidos, declarada en 1776, que rompió con la dominación colonial británica. 14

Es dentro de estas tramas de lucha y en este contexto que, en las colonias hispanoamericanas, se van gestando y abriendo paso corrientes que se oponen al absolutismo y a las opresiones coloniales. El pueblo de Haití es el primero en levantarse. Allí se desencadena en 1795 una rebelión de esclavos generalizada que desemboca en la primera declaración de Independencia de América Latina. La expansión del imperialismo contra el monopolio español Asimismo, el proceso que se desencadena con la Revolución de Mayo, se vincula íntimamente con la contradicción entre la expansión del imperialismo británico en el mercado mundial y la administración colonial española. El sistema de monopolio impuesto por España prohibía comerciar con otro país que no fuera la propia España. Esto encarecía notablemente los productos y complicaba la exportación. Por este motivo, en 1806 y 1807 Inglaterra invadió Buenos Aires. El pueblo porteño rechazó las invasiones inglesas, alistado en milicias de criollos y españoles. En cada milicia, los jefes y oficiales se legitimaron democráticamente por sus integrantes. Las milicias se transformaron en centros de discusión política. Las invasiones inglesas demostraron que España estaba seriamente debilitada y que no podía ni abastecer correctamente ni defender a sus colonias. El objetivo de los ingleses era desestabilizar el Virreinato español y proponer una nueva forma de obtener ganancias, más efectiva y menos explícita: el libre-comercio. En lo concreto, esta era una forma de dependencia más moderna que la colonial: el desarrollo industrial del capital británico colocaría a nuestros países como meros exportadores de materia prima, impidiendo su propio desarrollo... ¿Qué era en la época colonial del territorio argentino actual? Hasta el siglo XVIII, España organizó la administración de sus colonias americanas en los siguientes virreinatos: Virreinato de Nueva España (actuales México, sur de EEUU y los países centroamericanos) y Virreinato del Perú (conformado por el istmo de Panamá y gran parte de América del Sur, a excepción del Brasil). De este último, 15

como parte de un Plan de Reformas, los Borbones desprendieron el Virreinato de Nueva Granada (1717-1810) y el Virreinato del Río de la Plata (1776-1811), para facilitar la administración del vasto territorio colonial, dividiéndolo entonces en tres partes. El Virreinato del Río de la Plata integró los territorios de las gobernaciones de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán y Santa Cruz de la Sierra, el Corregimiento de Cuyo y los corregimientos de la Provincia de Charcas. Esos territorios son actualmente parte de las repúblicas de Argentina, Bolivia, parte sur de Brasil, parte norte de Chile y Paraguay, partes meridionales de Perú y todo Uruguay. La capital se ubicó en la ciudad de Buenos Aires. Esta se convirtió en un gran puerto comercial al incrementarse notablemente la exportación de cueros, charqui y de la plata proveniente de las minas del Potosí. Las reformas borbónicas apuntaban a aumentar el control directo de la burocracia imperial sobre la vida económica de las colonias, aumentando los tributos, redefiniendo el control sobre el territorio y reforzando el monopolio. El éxito de las reformas fue limitado; es más, el descontento generado entre las elites criollas locales aceleraría el proceso de emancipación a partir del cual España perdería la mayor parte de sus posesiones americanas en las primeras décadas del siglo XIX. La primera Junta Para febrero de 1810 casi toda España se encontraba en manos de los franceses. Napoleón, en su empresa expansionista, había invadido España, el Rey Carlos IV y su hijo Fernando VII habían sido capturados. Un Consejo de Regencia pasó a gobernar la península en nombre de Fernando VII. El 13 de mayo de 1810 llegaron a Buenos Aires las noticias de la caída de la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español. Ante esta nueva situación, la autoridad del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros se encontraba cuestionada. Ante la presión de las milicias criollas y de un grupo de jóvenes revolucionarios, Cisneros debió ceder y convocó a un Cabildo Abierto para el 22 de mayo de 1810. Coincidían en la oposición a la administración virreinal diversas clases y sectores sociales. Indígenas, mestizos, negros, mulatos 16

y criollos desposeídos, para los que el orden colonial significaba explotación, miseria, servidumbre o esclavitud. También se oponen al régimen colonial los artesanos, pequeños industriales, comerciantes y hacendados, y hasta voceros de grandes financistas y terratenientes. Estos últimos deseaban solamente liberarse de la pesada carga monopolista hispana, para ocupar su lugar y usufructuar los grandes beneficios que esta representaba, y poder negociar sin trabas con la exportación de sus productos y la importación y comercialización de las manufacturas de las grandes potencias industriales, en especial de Inglaterra. Solo apoyaban al régimen colonial los grandes funcionarios coloniales y privilegiados comerciantes que vivían del monopolio. Después de Mayo, sufrirían confiscaciones y destierros, pero lograrán mas tarde reinsertarse en la sociedad, mediante el comercio libre y la “amistad” con los ingleses. El Cabildo Abierto Aquel histórico Cabildo Abierto del 22 de Mayo fue, según la vieja fábula escolar, una reunión de “la gente decente”, de “los vecinos respetables”, que discutieron respetuosa y amablemente. Pero los hechos ocurridos se hallan demasiado lejos de estas presunciones. Fueron jornadas de disputa enardecida entre los conservadores y los revolucionarios. Disputas dentro del cabildo que se combinaron con la lucha y movilización en las calles. Incluso con pequeños enfrentamientos. Si bien el Virrey pretendía todo lo contrario, ingresaron al cabildo hombres afines a la revolución. Y esto fue gracias a la acción de los grupos de choque, apostados en las esquinas del Cabildo. Gracias a ello se dio una votación democrática. Pero el Cabildo, a partir de artimañas de los absolutistas que dentro se encontraban, burló la voluntad popular y estableció una junta de gobierno presidida por el propio Cisneros. Esto provocó la reacción de las milicias y el pueblo. Moreno y otros hombres, indignados ante la maniobra del Cabildo y el intento de burlar la voluntad popular, iniciaron la movilización de repulsa desde la medianoche del 23 y durante el 24. Así, lograron torcer el brazo del absolutismo y frustrar la trampa reaccionaria orquestada por el Cabildo. 17

Este accionar en las calles y en los cuarteles produjo inmediato efecto. “Toda oficialidad de Patricios, se presentó en el Fuerte esa misma noche y todos a una voz le declararon al coronel Saavedra que no acatarían las órdenes del Virrey, no otras cualesquiera que se les diesen permaneciendo éste en la presidencia de la Junta”. Así fue que durante todo el 24 los revolucionarios sostuvieron la idea de utilizar la violencia armada y de presionar sobre Saavedra. Ese día se convocó urgentemente a una reunión de la Junta y allí Saavedra, haciéndose intérprete del reclamo de los jefes, y Castelli, en representación de la turbulencia popular que iba creciendo, le informan al virrey que es voluntad del pueblo su deposición irrevocable y que ambos renunciaban a la Junta que el Virrey pretendía presidir. Cisneros, ofreció objeciones pero vio que no tenía otro camino. Se disuelvió la Junta el 24 a la noche. En las primeras horas de la mañana del 25 de mayo la Plaza de la Victoria, actual Plaza de Mayo, ya no está vacía. Diversos grupos se mueven en las esquinas. Ahí están los “chisperos” con su gente y ya no llevan “cintas blancas al sombrero y casacas¸ porque si aquellas blancas significaban unión, éstas rojas de ahora significan guerra (ni antes del 25 ni en ese mismo día hay constancia alguna de que hubiesen existido cintas celestes y blancas de las que habla Mitre, quien jamás indicó la fuente de donde tomo dato tan extraño y que, sin embargo, durante décadas se ha considerado auténtico). El 25 de mayo, el pueblo de Buenos Aires en la plaza, finalmente impuso su voluntad al Cabildo creando la Junta Provisoria Gubernativa del Río de la Plata integrada por: Cornelio Saavedra, presidente; Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, vocales; y Juan José Paso y Mariano Moreno, secretarios. Quedó así formado el primer gobierno patrio, que no tardó en desconocer la autoridad del Consejo de Regencia español que pretendía gobernar a las colonias. Se puso fin al período virreinal. El 18 de diciembre del mismo año, con la incorporación de diputados del interior, la Primera Junta se transformó en la Junta Grande.

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Dos proyectos de Independencia antagónicos
La Primera Junta no era homogénea. Dentro de ella existió una fuerte disputa que expresaba dos proyectos de independencia antagónicos:

- El proyecto de independencia formal, es decir, en contra de los españoles y su monopolio, pero proingles. Estaba encabezado por Cornelio Saavedra. Este defendía el librecomercio, que favorecía a un sector de la clase dominante (dentro del cual están los Terrero, Rosas, Rivadavia, Anchorena) que producía cueros, tasajo y estaba en las redes de contrabando con Inglaterra. Su objetivo era que el Puerto de Buenos Aires se abriera a Inglaterra. En los años previos a la revolución, se consolidó en Buenos Aires un grupo comercial de nuevo tipo, distinto al tradicional que se cobijaba en el monopolio establecido por la Ley de Indias. Lo integraban comerciantes que operaban al margen de las leyes, contrabandistas por lo general, cuyas posibilidades de enriquecimiento se vieron favorecidas por el debilitamiento del viejo sistema colonial. La alianza entre España e Inglaterra, de la cual derivaban concesiones a los ingleses para operar en el puerto de Buenos Aires en el tráfico de esclavos, favoreció sus negocios, estimulados por la apertura del comercio sancionada por el virrey Cisneros. La relación con los ingleses, como también el desarrollo capitalista en Europa, provocó un fuerte crecimiento de la actividad comercial que se canalizó por nuevas vías. Resulta así una nueva burguesía comercial, de pronunciada tendencia probritánica, liberal, aventurera e inescrupulosa en razón de su origen ilegal, capaz de generar un Rivadavia primero, y más tarde un Mitre. Hacia 1810 residían en Buenos Aires 124 familias inglesas dedicadas en su mayoría al comercio. En 1809 Cisneros sancionó el libre comercio, y 17 embarcaciones inglesas esperaban en el puerto para descargar sus mercancías. -
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por los patriotas revolucionarios Moreno, Castelli, Monteagudo, Belgrano, Vieytes, Rodriguez Peña. Estos planteaban la necesidad del proteccionismo y de desarrollar de forma autónoma al país. Veían la necesidad de que Buenos Aires se vinculase con las demás provincias. En esa sociedad, donde estaban por un lado los dueños del poder y la riqueza, y del otro los esclavos, peones y jornaleros, se fue conformando una pequeña burguesía integrada por profesionales (abogados mayoritariamente), empleados (de comercio o de oficinas de gobierno), algunos artesanos y estudiantes que jugarían un importante papel en Mayo. Hijos de españoles en su mayoría, se sentían arrastrados por las nuevas ideas y convirtieron su disgusto por el sofocamiento en que vivían, en violento reclamo de una democracia participativa, ésa que los franceses enarbolaron en 1789, y que el pueblo español trató de levantar durante la invasión napoleónica. Los Revolucionarios de Mayo lanzaron consignas como: la entrega de la tierra a los campesinos, la liberación de los esclavos, la devolución de derechos y libertades ciudadanas a los indígenas, la educación del pueblo, el fomento de las ciencias, las artes y las industrias, la libertad de conciencia y el principio de la elección de los gobernantes por el pueblo, cuya salud y prosperidad invocan como objetivo fundamental de la Revolución.

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El proyecto de independencia real, representado

¿Mayo de 1810 fue o no fue una revolución?
Para empezar a responder a esta pregunta, podemos decir que el proceso de mayo de 1810 fue una revolución en tanto forma parte de un proceso histórico y mundial de revoluciones burguesas. Es necesario ubicarnos en ese contexto histórico para comprender el carácter revolucionario de la burguesía en la pugna por romper con el absolutismo y las trabas feudales al desarrollo industrial, en la pugna por las libertades individuales. Es cuando empieza a consolidarse en tanto clase hegemónica que su carácter revolucionario caduca, y aparece como horizonte la revolución socialista, tarea histórica de los trabajadores. 20

Si bien los revolucionarios de mayo se inspiraron en el ideario de la Revolución Francesa, el proceso en nuestras tierras tuvo características distintas a las revoluciones de los países capitalistas centrales, impuestas por el desarrollo del imperialismo. Podemos también pensarla como revolución, en tanto se planteó el problema de la independencia en el plano político: se expulsó a la burocracia colonial del virreinato. Sin embargo, no se modificó de lleno la estructura de clases. El proceso que se inicia con la Revolución de Mayo, tuvo como resultado concreto la consolidación de sectores dominantes locales: la clase terrateniente y la burguesía comercial porteña, socias del capital británico. Podemos hablar entonces de independencia política, que lleva a la consolidación de una clase dominante nativa ante la ruptura con la dominación colonial, pero que inaugura un nuevo tipo de dependencia económica, a partir de la penetración del Imperialismo Británico. En el proceso revolucionario se puso sobre la mesa el problema de la independencia económica. Ese problema fue tan profundo que llevó varias décadas de guerras civiles para que se termine de imponer la clase dominante aliada al imperialismo británico. La Revolución de Mayo inició entonces un periodo de luchas por el poder. En el cual la independencia fue asegurada gracias al “partido morenista” (como le decía Mitre), de líneas de pensamiento y de acción como las de Belgrano y del General San Martín; pero no pudo seguir avanzando debido a que, en la disputa entre los dos proyectos antagónicos que antes visualizamos, terminan triunfando los sectores reaccionarios. Por último, reconocerla como revolución implica reivindicar y recuperar las expresiones más radicales que existieron en ese proceso, negadas o vaciadas de su real contenido por la historia oficial. Al mismo tiempo, implica visualizar que no fueron precisamente esos sectores más revolucionarios los que vencieron, Por lo tanto, la lucha por una verdadera independencia sigue vigente en nuestros días y no es algo anecdótico o saldado. Y para esa tarea es clave recuperar y aprender del legado y las luchas del pasado, como las de los revolucionarios de mayo. 21

CITAS
Mariano Moreno:
“La gloriosa instalación del gobierno provisorio de Buenos Aires ha producido tan feliz revolución en las ideas, que agitados los ánimos de un entusiasmo capaz de las mayores empresas, aspiran a una constitución juiciosa y duradera que restituya al pueblo sus derechos, poniéndolos al abrigo de nuevas usurpaciones. Los efectos de esta favorable disposición serían muy pasajeros, si los sublimes principios del derecho público continuasen misteriosamente reservados a diez o doce literatos, que sin riesgo de su vida no han podido hacerlos salir de sus estudios privados”. “Los pueblos deben estar siempre atentos a la conservación de sus intereses y derechos y no deben fiar más que de sí mismos. El extranjero no viene a nuestro país a trabajar en nuestro bien, sino a sacar cuantas ventajas pueda proporcionarse. Recibámoslo en buena hora, aprendamos las mejoras de su civilización, aceptemos las obras de su industria y franqueémosle los frutos que la naturaleza nos reparte a manos llenas; pero miremos sus consejos con la mayor reserva y no incurramos en el error de aquellos pueblos inocentes que se dejaron envolver en cadenas, en medio del embelesamiento que les habían producido los chiches y coloridos abalorios”. “No deben escandalizarse por el sentido de mis voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa. Para conseguir el ideal revolucionario hace falta recurrir a medios muy radicales” “En vano publicaría esta Junta principios liberales, que hagan apreciar a los pueblos el inestimable don de su libertad, si permitiese la continuación de aquellos prestigios que por desgracia de la humanidad inventaron los tiranos para sofocar los sentimientos de la naturaleza… ¿Qué comparación tiene un gran pueblo de esclavos, que con su sangre compra victorias, que aumenten el lujo, las carrozas, las escoltas de los que lo dominan, con una ciudad de hombres libres, en que el magistrado no se distingue de los demás, sino porque hace observar las leyes, y termina las diferencias de sus conciudadanos?... La libertad de los pueblos no consiste en palabras ni debe existir en los papeles solamente. Cualquier déspota puede obligar a sus esclavos a que canten himnos a la libertad; y este cántico maquinal

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es muy compatible con las cadenas, y opresión de los que lo entonan. Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad. ¿Si me considero igual á mis conciudadanos, porque me he de presentar de un modo que les enseñe que son menos que yo? Mi superioridad solo existe en el acto de ejercer la magistratura, que se me ha confiado; en las demás funciones de la sociedad soy un ciudadano, sin derecho a otras consideraciones que las que merezca por mis virtudes. (…) 2º Habrá desde este día absoluta, perfecta, e idéntica igualdad entre el Presidente, y demás vocales de la Junta, sin más diferencia, que el orden numerario y gradual de los asientos. 4º Ni el Presidente, ni algún otro individuo de la Junta en particular revestirán carácter público, ni tendrán comitiva, escolta, o aparato que los distinga de los demás ciudadanos. 6º Todo empleado, funcionario público, o ciudadano, que ejecute órdenes, que no vayan suscriptas en la forma prescripta en el anterior artículo, será responsable al gobierno de la ejecución. 8º Se prohíbe todo brindis, viva, o aclamación pública en favor de individuos particulares de la Junta. Si éstos son justos, vivirán en el corazón de sus conciudadanos: ellos no aprecian bocas que han sido profanadas con elogios de los tiranos. 9º No se podrá brindar sino por la patria, por sus derechos, por la gloria de nuestras armas, y por objetos generales concernientes a la pública felicidad. 10º Toda persona que brindase por algún individuo particular de la Junta será desterrado por seis años. 11º Habiendo echado un brindis D. Atanasio Duarte, con que ofendió la probidad del Presidente, y atacó los derechos de la patria, debía perecer en un cadalso; por el estado de embriaguez en que se hallaba, se le perdona la vida; pero se destierra perpetuamente de esta ciudad, porque un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener impresiones contra la libertad de su país. 12º No debiendo confundirse nuestra milicia nacional con la milicia mercenaria de los tiranos, se prohíbe que ningún centinela impida la libre entrada en toda función y concurrencia pública a los ciudadanos decentes que la pretendan. El oficial que quebrante esta regla será depuesto de su empleo.

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13º Las esposas de los funcionarios públicos políticos y militares no disfrutarán los honores de armas ni demás prerrogativas de sus maridos: estas distinciones las concede el estado a los empleos, y no pueden comunicarse sino a los individuos que los ejercen. 14º En las diversiones públicas de toros, ópera, comedia, etc. no tendrá la Junta palco, ni lugar determinado: los individuos de ella que quieran concurrir, comprarán lugar como cualquier ciudadano”

Monteaguado:
“Todos aman su patria, y muy pocos tienen patriotismo: el amor a la patria es un sentimiento natural, el patriotismo es una virtud: aquel procede de la inclinación al suelo donde nacemos, y recibimos las primeras impresiones de la luz, y el patriotismo es un hábito producido por la combinación de muchas virtudes, que derivan de la justicia. Muy fácil sería conducir al cadalso a todos los tiranos, si bastara para esto el que se reuniese una porción de hombres, y dijesen todos en una asamblea, somos patriotas y estamos dispuestos a morir para que la patria viva: pero si en medio de este entusiasmo el uno huyese del hambre, el otro no se acomodase a las privaciones, aquel pensase en enriquecer sus arcas, en dilatar sus posesiones, en atraerse por un lujo orgulloso las miradas estultas de la multitud, y este temiese sacrificar su existencia, su comodidad, su sosiego prefiriendo la calma y el letargo de la esclavitud a la saludable agitación y dulces sacrificios que aseguran la LIBERTAD; quedarían reducidos todos aquellos primeros clamores a una algarabía de voces insignificantes, propias de un enfermo frenético que busca en sus estériles deseos el remedio de sus males”

Cornelio Savedra, Presidente de la Primera Junta de Mayo, y
representante de estos sectores, bien lo reconoce cuando, luego de la eliminación de Moreno, escribe a Chiclana: “… Como que las cosas han variado de circunstancias, por la reunión de las Provincias del Virreinato, también es consiguiente se varíen las resoluciones, esto es, moderen y mitiguen los rigores que hasta ahora se habían adoptado. El sistema robespierrano que se quería adoptar en esta, la imitación de la revolución francesa que intentaba tener por modelo, gracias a dios que han desaparecido…”.

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GUIA DE PREGUNTAS

¿Que tipo de revolución fue la revolución de mayo? ¿Qué podemos rescatar de ese proceso? ¿Están resueltas las problemáticas que se plantearon en esa época? ¿Cómo vemos desde la actualidad los planteos de Moreno, Monteagudo, Castelli, Belgrano?

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Guerras de Independencia (1810-1826)
Las Guerras de Independencia son un Proceso Continental
Las Guerras de Independencia fueron una empresa continental en donde se decidió, en los campos de batalla, el destino de América Latina. Fueron un proceso histórico desencadenado a partir de mayo de 1810, donde se combatió en todo el territorio latinoamericano, de las más variadas formas, a los ejércitos realistas españoles que no querían retirarse del continente. El objetivo era la independencia cueste lo que cueste y el enemigo fundamental era el Virreinato español. Se apuntaba a expandirse territorialmente y a masificar los principios de Mayo, que hasta entonces estaban concentrados en algunos centros urbanos. Los pueblos empiezan así a ser protagonistas y tomar como propia la lucha por la emancipación. Si bien fue un proceso continental y existía un ideario de unidad latinoamericana, tomó la forma histórica de lucha por la independencia nacional que llevó a la constitución de naciones independientes. Esto se debe al contexto mundial de estas luchas, donde se estaba consolidando el Estado-Nación como la herramienta política para la expansión del capitalismo. La unidad latinoamericana atentaba directamente contra la penetración del imperialismo en el continente que, con Inglaterra a la cabeza, generó división y guerras entre pueblos hermanos, así como contó con una serie de aliados locales que sirvieron a sus intereses y destruyeron y eliminaron a todo aquel que se les oponía. Las luchas de los pueblos más allá de las fronteras actuales, los intentos concretos de San Martín y Bolívar, expresaban una opción revolucionaria contra los intereses del imperialismo. Si bien se pudo coordinar en los campos de batalla, en términos políticos este proyecto quedó en algunas intuiciones y deseos que no prosperaron, pero que planteaban la lucha por la Patria Grande. 26

Belgrano llegó a plantear en el Congreso de Tucumán de 1816 la instauración de una Monarquía Inca. Casi todos los países hispanoamericanos continentales de la actualidad (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela), reconocen en este movimiento sus orígenes como naciones independientes. Sólo Panamá, y los países del Caribe de habla hispana (Cuba, Puerto Rico y República Dominicana) reconocen sus orígenes independientes en otros procesos históricos posteriores.

La Logia Lautaro
Una cuestión que es importante tener en cuenta es que cuando hablamos de los revolucionarios de mayo y los libertadores, no hablamos de individuos sueltos o de simples intelectuales con ideas de libertad. Se trata de una disputa de tendencias real. Es decir, con organizaciones conspirativas y planes de acción que incluían división de tareas, plazos, objetivos. Al respecto el famoso Plan de Operaciones que es redactado por Moreno es fruto de una elaboración y resolución colectiva, entre los que se encontraban hombres como Belgrano y Monteagudo. En las Guerras de Independencia estas organizaciones conspirativas y clandestinas se siguen desarrollándose con más fuerza. Podemos decir que las Logias eran los partidos políticos de la época. La más fuerte y conocida es la Logia Lautaro, Fundada por Francisco de Miranda en el año 1797 en Londres. El objetivo de esta logia no era otro que el de lograr la independencia de América de los españoles, estableciendo un sistema republicano continental. El nombre de Lautaro es en homenaje al caudillo mapuche de dicho nombre, el que llamó a su pueblo a sublevarse contra los conquistadores españoles de Chile en el siglo XVI. Entre los miembros principales que participaron en esta sociedad caben destacarse: Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Bernardo O’Higgins, Bernardo Monteagudo, Rodriguez Peña.

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¿Cómo se desarrolló el proceso en el actual territorio argentino? Después de 1810, en Buenos Aires se establecieron distintos órganos administrativos de gobierno: se sucedieron los gobiernos de la Primera Junta (1810), la Junta Grande (1811), Triunviratos (18111814) y el Directorio (1814-1820). Estos resultaron ineficientes para llevar adelante las tareas de independencia y no pudieron consolidar su poder en el clima de inestabilidad política que se vivía. Finalmente, el 9 de julio de 1816, un Congreso de Diputados de las Provincias Unidas proclamó la Independencia. En 1819 dictó una Constitución centralista, afín a los intereses porteños, que despertó el enojo del resto de las provincias. Estos órganos de gobierno porteños, representantes de los terratenientes y comerciantes, conspiraban para salir beneficiados y dirigir a su favor el proceso profundo que se estaba dando. Por ejemplo, mientras firmaban tratados comerciales con los ingleses, la tendencia conservadora de Mayo ya se había ocupado de asesinar conspirativamente a Mariano Moreno e ir corriendo a sus seguidores de las Juntas de Gobierno. Por el contrario, los Revolucionarios de Mayo pusieron todo su esfuerzo en la lucha contra el enemigo principal de aquel entonces, el colonialismo español, liderando ejércitos populares y patriotas contra los ejércitos realistas, garantizando así la independencia a toda costa. Paradójicamente, a pesar de que la lucha la dieron las masas pobres, indígenas, artesanos, gauchos, campesinos del interior y, por lo tanto, pusieron los muertos, las guerras de independencia culminaron con el triunfo de las clases terratenientes y la burguesía comercial porteña. En representación de esas clases es que en 1820 Rivadavia asume como Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores y luego como Presidente. Este fue el responsable del primer endeudamiento externo del país a manos del Banco inglés Baring Brothers, hipotecando como garantía las tierras públicas. A partir de este proceso comenzará un período de guerras civiles, como fruto de la resistencia al centralismo de Buenos Aires. 28

Cómo luchó nuestro pueblo En este proceso se combinaron: - Las insurrecciones locales espontáneas, particularmente fuertes en el Alto Perú (actual Bolivia), que ante la avanzada del ejército realista español se volvían a levantar sistemáticamente. - Los ejércitos regulares patriotas, cuyos principales exponentes fueron Manuel Belgrano, Castelli y el General San Martín - Los ejércitos provinciales irregulares que utilizaban la guerra de guerrillas, liderados por caudillos, cuyo ejemplo emblemático es la guerra emprendida por Güemes y sus gauchos Infernales. - Desplazamiento de poblaciones enteras, para dejar sin abastecimientos al ejército realista, como lo fue por ejemplo el Exodo Jujeño, liderado por Belgrano; o el Exodo del pueblo Oriental, liderado por Artigas En lo que hoy es Argentina, las guerras de independencia se desenvolvieron principalmente en el Norte. Sólo una parte menor de estos enfrentamientos tuvo lugar en el resto del territorio. La mayoría ocurrió en los territorios del antiguo Virreinato del Río de la Plata que al finalizar la guerra quedaron fuera de las Provincias Unidas, o en otras regiones de América del Sur que nunca pertenecieron a ese Virreinato, tales como Chile, Perú y Ecuador. Se pueden distinguir tres frentes militares principales: - el frente oriental o del litoral, sobre los ríos de la cuenca del Plata, que incluye las campañas en el Paraguay, la Banda Oriental, la Mesopotamia argentina y los combates navales en el Río de la Plata y sus afluentes; - el frente norte, con enfrentamientos en las provincias del Alto Perú y la Intendencia de Salta del Tucumán; - el frente de los Andes, que incluye la acción ofensiva sobre posiciones realistas en Chile, Perú y Ecuador. 29

Ejemplos en la lucha por la Justicia y la Libertad de los Pueblos Artigas y la Reforma Agraria
José Gervasio Artigas (1764-1850) fue uno de los caudillos que lideró el proceso de independencia y desarrolló un pensamiento y una práctica que sedimentan las bases del anti-imperialismo latinoamericano. Con Artigas se incoporan las masas a la revolución, rompe con la política de elite y realiza un política revolucionaria que se desarrolla en las masas. De origen terrateniente empieza sirviendo en el Cuerpo de los Blandengues al Virrey del Río de la Plata, Javier de Elío. Sin embargo en febrero de 1811 rompe con su guarnición y se pone a disposición de la Junta Revolucionaria de Buenos Aires. No estaba solo, lo acompañaron los campesinos Pedro José Viera y Venancio Benavídez, con el apoyo del sublevado comandante militar de la región, Ramón Fernández, que el 23 de febrero de 1811 dieron el Grito de Asencio por la libertad del pueblo oriental. Así, Artigas fue reclutando un verdadero ejército popular formado por los gauchos orientales, empobrecidos por la administración virreinal. Repartió entre sus paisanos las tierras y los ganados que les iban tomando a los españoles. Con estas fuerzas, el 18 de mayo de 1811 derrotó a los realistas en el combate de Las Piedras y puso sitio a Montevideo hasta que, sorpresivamente y sin consultarlo, el Primer Triunvirato de Buenos Aires, lo traicionó y firmó el 20 de octubre un armisticio con Elío por el cual se comprometía a retirar las tropas patriotas. Se inició el Éxodo del pueblo oriental siguiendo a Artigas, quien se vio obligado a retirarse a Entre Ríos para reorganizar su fuerza. De todos lados llegaban familias huyendo de la persecución española a colocarse bajo su protección y a ofrecerse para luchar contra los españoles y los portugueses. Mil carretas y unas 16 mil personas, hombres, mujeres y niños, con sus pocos ganados y pertenencias, cruzaron el río Uruguay y se instalaron en Ayui, cerca de la actual Concordia (Entre Ríos) preparados para continuar la lucha. 30

Artigas, San Martin, Guemes

Al volver a ser reconocido por Buenos Aires, Artigas envió dos representantes a la Asamblea del Año XIII (1813), con instrucciones claras de contenido federalista y revolucionario: inmediata declaración de Independencia, constitución republicana, libertad civil y religiosa, igualdad de todos los ciudadanos, gobierno central con respeto a las autonomías provinciales y el establecimiento de la capital fuera de Buenos Aires. Argumentando pretextos formales, la Asamblea rechazó los diplomas de los diputados orientales. Rondeau convocó otro Congreso para elegir nuevos diputados y Artigas rompió entonces abiertamente con Buenos Aires. El Director Supremo Gervasio Posadas lo declaró “traidor” y puso precio a su cabeza. El gobierno porteño hizo esta maniobra frente a la clara preocupación de que los intereses británicos se vieran afectados por la influencia y la enorme popularidad del caudillo oriental se extendiera a las otras provincias. Incluso que se diera una posible alianza entre Artigas y San Martín para acelerar la declaración de la independencia. Las clases altas porteñas veían en la acción de Artigas un peligroso ejemplo que propugnaba un serio cambio social: el reparto de tierras y ganado entre los sectores desposeídos. Para 1814 se fundó la Liga de los Pueblos Libres, siendo Artigas declarado Protector. Varias de las actuales provincias argentinas se plegaron, afectadas, al igual que la Banda Oriental, por la política de libre comercio y puerto único, promovida por Buenos Aires, que arruinaba a los artesanos y campesinos del Interior: Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Córdoba. Contra el centralismo del Directorio. La Liga formó una especie de mercado común regional en el que se protegía a los productores locales y se fomentaba la agricultura a través del reparto de tierras, animales y semillas. No pagaban impuestos las máquinas, los libros y las medicinas y derivaba el comercio del Litoral al puerto de Montevideo. En 1815 Artigas recuperó Montevideo, ocupada hasta entonces por las tropas porteñas, y convocó en Concepción del Uruguay el 29 de Junio de 1815 al Congreso de los Pueblos Libres (en donde prácticamente se proponía el auténtico programa de la revolución de mayo). Allí estaban los diputados por la Banda Oriental, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Misiones. 31

Elabora el Reglamento de Tierras donde se propone una verdadera Reforma Agraria Sus primeros actos fueron jurar la independencia de España, izar la bandera tricolor (igual a la de Belgrano pero atravesada por una franja roja, símbolo del federalismo) y resolvieron no concurrir al Congreso de Tucumán convocado por el Directorio, en protesta por la actitud del gobierno porteño de fomentar la invasión portuguesa a la Banda Oriental. Artigas estaba en contra del centralismo porteño y consideraba a la Banda Oriental como una provincia más de las Provincias Unidas del Rio de la Plata. Que no fue lo que pasó, con la separación de Uruguay. Mientras se reunía el Congreso de Tucumán, Artigas y su gente defendía el territorio contra una nueva invasión de los portugueses, que tomaron Montevideo en 1817. A fines de 1819, la Liga estaba entre dos fuegos: por un lado los directoriales y por el otro los portugueses. Frente a esto, Artigas concibió un plan militar: sus fuerzas atacarían el campamento portugués en Río Grande, mientras que las fuerzas de Entre Ríos y Santa Fe atacarían Buenos Aires. Pero mientras el caudillo de Santa Fe, Estanislao López, y su compañero de Entre Ríos, Francisco Ramírez, invadían exitosamente Buenos Aires con las montoneras artiguistas y triunfaban en Cepeda, Artigas era derrotado por los portugueses en Tacuarembó. Aprovechando esta situación de debilidad de su antiguo jefe, los caudillos firmaron a espaldas del pueblo y del plan de Artigas el Tratado del Pilar, abandonando a su suerte al caudillo oriental. Ante la traición, Artigas decidió unir sus escasas fuerzas con las de Corrientes y Misiones. Entró en Entre Ríos dispuesto a someter a Ramírez, pero fue derrotado definitivamente en Las Huachas y debió marchar hacia el exilio en el Paraguay. En el Paraguay vivió humildemente, bajo la protección de los sucesivos gobernantes paraguayos, Gaspar Rodríguez de Francia y Carlos Antonio López. Vivía en una modesta chacra rodeado de indios y campesinos que lo llamaban en guaraní Caraí Marangatú (Padre de los pobres). Después de tres décadas de exilio paraguayo, Artigas murió, a los 86 años, el 23 de setiembre de 1850. 32

Andresito Guazurary
Un aliado de los ideales artiguistas fue el cacique misionero Andresito Guazurary, Comandante General de Misiones, quién primero peleó contra los portugueses y luego entre 1818 y 1819 atendió el frente interno por indicación de Artigas. Marchó sobre Corrientes, caída en manos de militares afines al poder central porteño, y expulsó a los unitarios. Hasta 1819 ejercería la gobernación de la provincia con decisión y vigor, propiciando una reforma agraria y liberando a esclavos aborígenes y negros. Empero en 1819 los portugueses contraatacaron; Guazurary era el único caudillo preparado para enfrentarlos, por lo que avanzó hasta la frontera e intentó sitiar Chagas. Los portugueses, apoyados por tropas frescas recién llegadas de Porto Alegre y Alegrete, le hicieron frente en el combate de Ita-Curuví. El desigual encuentro fue desastroso para las fuerzas de Guazurary; muchos de sus hombres, entre ellos el ruvichá Tiraparé, cayeron en combate y se vio obligado a abandonar el campo, con la idea de volver a formar sus tropas en la margen occidental del Uruguay. Sin embargo fue hecho prisionero por los brasileños cuando intentaba cruzar el río. Fue enviado envuelto en un pellejo de cuero crudo (el cual al secarse le dificultaba la respiración) a la prisión de Porto Alegre, y de ahí a Río de Janeiro. Se cree que murió prisionero en las mazmorras de la Ilha das Cobras (Isla de las Cobras) , probablemente en 1821. Tras la derrota de Artigas, la revolución todavía seguía en pie Continúa en Cuyo en manos del General San Martín.

San Martín y el Ejército de los Andes
José Francisco de San Martín nacido en Yapeyu en 1777, adquiere su formación militar en España. Por ese entonces, hasta los cuarteles españoles llega el viento renovador de la Francia revolucionaria. En 1812 decide volver a América a continuar su lucha por la revolución democrática, por los Derechos del Hombre, por las banderas de la Revolución Francesa, que juzga derrotada en España. Apenas llegado, su principal tarea consiste en organizar el Regimiento de Granaderos a Caballo. 33

El 8 de octubre de 1812 se produce su primera acción pública. Junto con Alvear colocan sus tropas frente a la Casa de Gobierno y exigen la renuncia del Primer Triunvirato. Actúan conjuntamente con la Sociedad Patriótica, dirigida por Bernardo de Monteagudo. A su vez, San Martín y Alvear constituyeron la Logia Lautaro, cara clandestina de dicha Sociedad Patriótica. El 3 de febrero de 1813 triunfa en el combate de San Lorenzo. San Martín en el norte de Cuyo Agravada sus disidencias con Alvear, la Logia muestra dos bandos en pugna. San Martín se aleja, nombrado a cargo del Ejército del Norte en reemplazo del general Manuel Belgrano, quien ha sido derrotado en Vilcapugio y Ayohuma. Llegado al norte, se convence que por allí será imposible derrotar a los españoles. Se encuentra a Martín Miguel de Güemes y aprueba su lucha de guerrillas. En 1814 solicita licencia y pasa a la provincia de Córdoba para mejorarse de sus dolencias. Allí, en Saldán, nace la idea de llegar a Lima, vía Chile. Hacia 1815, se declara ya abiertamente separatista de España y claramente independentista. Nombrado gobernador de Cuyo, se pone en la tarea de levantar el Ejército de los Andes. Obtiene recursos de Buenos Aires a través de su acuerdo con Pueyrredón, pues Buenos Aires también desea romper con España. Pero la base del ejército está dada por la política económica que desarrolla en Cuyo. La independencia de Chile El ejército de los Andes triunfó en Chacabuco, fue sorprendido en Cancha Rayada (donde también Manuel Rodríguez jugó un importante rol para salvar las tropas y reorganizar las fuerzas) y alcanzó un triunfo importante en Maipú, en Abril de 1818. Logrado el triunfo en Chile, la preparación de la expedición al Perú se complica porque Buenos Aires retacea su apoyo. La burguesía comercial porteña estaba preocupada por el artiguismo en la Banda Oriental y en todo el litoral mesopotámico, y por la expedición española que se armó para recuperar las tierras americanas. Se encierra sobre sus problemas y no responde a los reclamos de San Martín. Más aún, le exige que retorne con el Ejército de los Andes para defender a Buenos Aires del peligro montonero. 34

Este reclamo se inicia en abril de 1819 y San Martín, durante casi un año y con diversas excusas, difiere el cumplimiento de la orden porteña. La reiterada negativa de San Martín a cumplir las órdenes de volcar sus fuerzas en apoyo de Buenos Aires, con excusas diversas, provoca hondo disgusto al Director Supremo y sus amigos. No resultaría extraño que Rondeau hubiese decidido la destitución del General. Mientras arma la expedición para pasar por mar al Perú, San Martín mantiene correspondencia con los caudillos Estanislao López y José Artigas. Así intenta mediar en el conflicto del litoral, conducta que provoca profundo desagrado en los directoriales porteños. Desde abril de 1819 hasta enero de 1820 prosiguen los reclamos porteños para que regrese con el ejército. San Martín esquiva los reclamos, porque privilegia la campaña americana por sobre la orden porteña. El 1 de febrero de 1820 el Director Rondeau es derrotado por las montoneras de Estanislao López y Francisco “Pancho” Ramírez, en la batalla de Cepeda. El 2 de abril de 1820, San Martín, informado de la caída del gobierno, reúne a sus oficiales en Rancagua y renuncia para que elijan a su nuevo jefe. Allí se redacta el Acta de Rancagua, por la cual San Martín, por voluntad de sus oficiales, pasa a ser jefe del ejército expedicionario. Así se crea un ejército latinoamericano que no se subordina a gobierno alguno. Su objetivo es concluir con el absolutismo en América para lo cual inicia en agosto de 1820 la marcha hacia el Perú. La liberación del Perú Hacia mediados de 1820, el ejército expedicionario marcha por mar hacia el Perú. El 8 de septiembre desembarca en la Bahía de Paracas y establece su cuartel general en Pisco. Desde allí, organiza la campaña de la sierra que pone al mando de Arenales, mientras prepara un nuevo desembarco cerca de Lima. Considera resguardada la frontera norte de la Provincias Unidas a través de los hombres de Martín Güemes. La campaña para la liberación del Perú se caracteriza por los movimientos tácticos realizados por San Martín, dirigidos a evitar grandes choques frontales con el ejército absolutista. Se propone 35

minar las fuerzas de estos, al cercarlos con un juego de pinzas que se complementaría con el avance de un ejército (previa reestructuración del Ejército del Norte dispersado en el motín de Arequito) para lo cual cuenta con el apoyo de Juan Bautista Bustos, Felipe Ibarra y otros jefes provinciales. Por otra parte, la revolución liberal encabezada por Riego en España, en 1820, le permite a San Martín una política de persuasión y de capacitación de oficiales del ejército enemigo. San Martín entra en Lima el 10 de julio de 1821. Y el 15 de julio el Cabildo Abierto proclama la voluntad general de declarar la independencia del Perú, que se jura en la plaza principal de Lima el 28 de julio. El 2 de agosto, San Martín es proclamado Protector del Perú. En Guayaquil se reúnen San Marín y Bolívar, el 26 y 27 de julio de 1822. En estas reuniones secretas se alcanzó el punto más alto de la independencia latinoamericana. Pero las contradicciones políticas con el gobierno de Buenos Aires, quien no estaba preocupado por la unidad continental, hacen que San Martín deba volver hacia atrás y le deje la mayor responsabilidad a Bolívar quien contaba con el apoyo de la Gran Colombia. Reside en Mendoza desde el 4 de febrero de 1823 hasta el 20 de noviembre de 1823, fecha en que parte hacia Buenos Aires para embarcarse con destino a Europa. En esos nueve meses se pronuncian cada vez más sus diferencias con Rivadavia y parte al exilio. Escribe: “A mi regreso del Perú, el gobierno que existía en Buenos Aires me era notoriamente hostil”. Esta enemistad es la que conduce a San Martín a reclamarle a dos amigos suyos, en Londres, en 1825 que actúen como padrinos para retarlo a duelo a Rivadavia. Tal es la relación San Martín-Rivadavia, aunque sus retratos aparezcan juntos en los colegios, como si hubieran perseguido idénticos objetivos. En cambio, expresaban, en sus personas, dos proyectos de nación enfrentados entre sí. El General San Martín muere en el exilio el 17 de agosto de 1850, en Boulogne Sur Mer, lejos de su Patria Grande.

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Güemes y la guerra gaucha
Martín Miguel de Güemes, el líder de la guerra gaucha que frenó el avance español con sus tácticas guerrilleras, nació en Salta el 8 de febrero de 1785. Tras la Revolución de Mayo, se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las tropas victoriosas en Suipacha. Regresó a Buenos Aires y colaboró en el sitio de Montevideo. En abril de 1814 San Martín le confió la comandancia de las fuerzas patriotas de avanzada formada por gauchos de Salta y de Jujuy. La estrategia había cambiado, y la dirección de la gran cruzada, que inicialmente seria hacia el norte, fue desplazada hacia el oeste, hacia Chile. Los guerrilleros altoperuanos debieron replegarse hacia el sur, hasta las posiciones de Güemes. Así la celebre Juana Azurduy se puso a sus ordenes. Gracias a su experiencia militar, pudo ponerse al frente de la resistencia a los realistas, organizando al pueblo de Salta y militarizando la provincia. ¿Cómo organizó sus fuerzas? Conformo una red de milicias que cubría un amplio territorio, desde Humahuaca –con ramificaciones en Potosí-, pasando por Jujuy, la ciudad de Salta y las poblaciones aledañas del Valle de Lerma, el Chaco salteño y el Valle Calchaquí. Los milicianos fueron organizados en unidades de 20 a 30, bajo el mando de jefes locales, llamados “Infernales de Güemes”. Los gauchos, así organizados, basando su superioridad en el conocimiento del terreno y en su astucia, rechazaron varias incursiones españolas, y seis intentos de invasión: la del brigadier Joaquín de la Pezuela en 1815; la de La Serna en 1817; dos de Pedro Antonio de Olañeta también en 1817; la de Canterac en 1820 y la de Olañeta en 1821, que le cuesta la vida al mismo Güemes. Todo el mundo participaba en la lucha: como guerreros los hombres, como espías o mensajeras las mujeres, los niños y los ancianos. Las emboscadas se repetían en las avanzadas de las fuerzas de ataque, pero más aún en la retaguardia y en las vías de aprovisionamiento. Cuando los realistas se acercaban a un pueblo o una hacienda, los habitantes huían con todos los víveres, el ganado, cualquier cosa que pudiese ser útil al enemigo. 37

Por supuesto que esta clase de lucha arruinó la economía salteña, pero nadie se quejaba, al menos en las clases populares. Por cierto, jamás tuvo apoyo alguno del gobierno del Directorio; y la ayuda que le prestó el Ejército del Norte fue muy limitada. ¿Como obtenía recursos? El gobierno central le proporcionaba recursos ínfimos, puesto que la prioridad se encuentra en Cuyo, en el ejercito que San Martín esta formando. La mayor parte proviene de la misma provincia (de la cual es gobernador desde 1815), de los impuestos que pesan sobre los comerciantes y los estancieros. Es creado el “Fuero Gaucho”, que es una suerte de condonación de las deudas por el arrendamiento de las tierras, que beneficia a sus soldados, de extracción rural. A medida que la guerra se prolonga, los tributos pesan más y más sobre las clases acomodadas, que ven en dicho estado de combate permanente, un clima poco propicio para el desarrollo de sus actividades lucrativas, especialmente el contrabando. Güemes pudo gobernar durante cinco años en nombre de las clases populares y contra los grupos oligárquicos. El “sistema” de Güemes se caracterizó por el tono popular que adquirió en virtud de haber volcado sobre la oligarquía todo el peso de la guerra patriótica. En efecto, fue ella quien soportó las frecuentes requisas de ganado, las confiscaciones y contribuciones forzosas con las que se proveían las campañas contra los españoles. De esta manera pudo, incluso, identificarse a ricos con realistas y a pobres con patriotas. Es de señalar que, además, la clase alta sufrió las consecuencias del cierre de la ruta comercial al Alto Perú. “Por estar a vuestro lado me odian los decentes; por sacarles cuatro reales para que vosotros defendáis su propia libertad dando la vida por la Patria. Y os odian a vosotros, porque, os ven resueltos a no ser más humillados y esclavizados por ellos. Todos somos libres, tenemos iguales derechos, como hijos de la misma Patria que hemos arrancado del yugo español. ¡Soldados de la Patria, ha llegado el momento de que seáis libres y de que caigan para siempre vuestros opresores!”. 38

CITAS
Proclama de José de San Martin Cuartel general de Santiago de Chile, 30 de diciembre de 1818 Soldados del ejército de Lima. El fin de mi marcha hacia la capital del Perú es el de hacer con ella una firme reconciliación para el consuelo de todos los hombres. Nueve años de horrores han inundado de sangre y lágrimas la América. Vosotros mismos habéis sido oprimidos y fatigados de los males de una guerra emprendida no por el bien de la nación española, sino por las pasiones orgullosas de los agentes de aquel Gobierno. La opinión y las armas de toda esta parte del mundo van en fin a presentarse delante de Lima para poner término a tantas desgracias. Vosotros no harías sino prolongar los sacrificios estériles, cuando ciegos a la irresistible fuerza de la voluntad común, queráis sostener un empeño temerario. Cada uno de vosotros ha pertenecido a la causa de los pueblos; cada uno pertenece a la humanidad: los deberes militares no pueden alterar aquellas fuertes obligaciones de la naturaleza. Los soldados de la Patria, fieles en el camino del honor como en el del triunfo, no son terribles sino para los enemigos de la libertad. Ellos dan mucho más valor a la victoria por las injusticias que hace reparar, que por la gloria con que los cubre. Huid, pues, la ignominia de perecer al lado de tiranos detestables: en las filas de nuestros hermanos patriotas encontrareis el camino del honor, de la felicidad y de la paz. Os lo asegura un general que nunca ha faltado a su palabra.

Orden General de José de San Martin Mendoza, 27 de julio de 1819 Compañeros del Ejercito de los Andes. Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear, y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan: vamos a desengañarlos. 39

La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos; si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos ha de faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con la bayetita que nos trabajen nuestras mujeres, y si no, andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios: seamos libres, y lo demás no importa nada. Yo y vuestros oficiales daremos el ejemplo en las privaciones y trabajos. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje. Dirá San Martín: “Los gauchos de Salta solos están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que lo han obligado a desprenderse de una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado”. Belgrano también valoraba la acción de Güemes. De esta forma nació entre ellos una gran amistad. Esto le dice Güemes a su amigo en una carta: “Hace Ud. Muy bien en reírse de los doctores; sus vocinglerías se las lleva el viento. Mis afanes y desvelos no tienen más objeto que el bien general y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos. Así pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas”.

El jefe de las fuerzas realistas, general Joaquín de la Pezuela, envió una nota al virrey del Perú, señalándole la difícil situación en que se encontraba su ejército ante la acción de las partidas gauchas: “Su plan es de no dar ni recibir batalla decisiva en parte alguna, y sí de hostilizarnos en nuestras posiciones y movimientos. Observo que, en su conformidad, son inundados estos interminables bosques con partidas de gauchos apoyadas todas ellas con trescientos fusileros que al abrigo de la continuada e impenetrable espesura, y a beneficio de ser muy prácticos y de estar bien montados, se 40

atreven con frecuencia a llegar hasta los arrabales de Salta y a tirotear nuestros cuerpos por respetables que sean, a arrebatar de improviso cualquier individuo que tiene la imprudencia de alejarse una cuadra de la plaza o del campamento, y burlan, ocultos en la mañana, las salidas nuestras, ponen en peligro mi comunicación con Salta a pesar de dos partidas que tengo apostadas en el intermedio; en una palabra, experimento que nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial.” El panorama de la provincia de Salta era desolador. La guerra, permanente, los campos arrasados y la interrupción del comercio con el Alto Perú habían dejado a la provincia en la miseria. Así lo cuenta Güemes en una carta a Belgrano: “Esta provincia no me representa más que un semblante de miseria, de lágrimas y de agonías. La nación sabe cuántos y cuán grandes sacrificios tienen hechos la provincia de Salta en defensa de su idolatrada libertad y que a costa de fatigas y de sangre ha logrado que los demás pueblos hermanos conserven el precio de su seguridad y sosiego; pues en premio de tanto heroísmo exige la gratitud que emulamos de unos sentimientos patrióticos contribuyan con sus auxilios a remediar su aflicción y su miseria”.

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Artigas según Artigas “Yo no hice otra cosa que responder con la guerra a los manejos tenebrosos del Directorio me hacía por considerarme enemigo del centralismo, el cual sólo distaba un paso del realismo (la monarquía). Pero los Pueyrredones y sus acólitos querían hacer de Buenos Aires una nueva Roma imperial, mandando sus procónsules a gobernar a las provincias militarmente y despojarlas de toda representación política, como lo hicieron rechazando los diputados al Congreso que los pueblos de la Banda Oriental habían nombrado y poniendo precio a mi cabeza.”

José Artigas. Reglamento de Tierras. 1815 (…) 6o. Por ahora el señor alcalde provincial y demás subalternos se dedicarán a fomentar con brazos útiles la población de la campaña. Para ello revisará cada uno, en sus respectivas jurisdicciones, los terrenos disponibles; y los sujetos dignos de esta gracia con prevención que los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia, los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia, si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad, y a la de la provincia. 7o. Serán también agraciadas las viudas pobres si tuvieren hijos. Serán igualmente preferidos los casados a los americanos solteros, y estos a cualquier extranjero. 12o. Los terrenos repartibles son todos aquellos de emigrados, malos europeos y peores americanos que hasta la fecha no se hallan indultados por el jefe de la provincia para poseer sus antiguas propiedades.

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Guerras civiles
(1826-1852)
Los intereses que estaban en disputa Después de las guerras de independencia se inició un proceso de guerras civiles donde los dos proyectos de independencia se vieron enfrentados. La independencia no reconcilió las divergentes tendencias económicas latentes en el Virreinato, sino al contrario. Los problemas constitucionales y de organización estatal se articularon con el conflicto entre intereses económicos opuestos de clases sociales y regiones. Fue principalmente por esta razón que las luchas del período de la organización resultaron tan violentas y encarnizadas. Estas disputas se expresaron políticamente en la oposición interna entre unitarios y federales. En concreto se pueden delimitar tres sectores que estaban enfrentados entre sí y a partir de los cuales se van haciendo y deshaciendo las alianzas y las batallas. Estos tres sectores enfrentados pueden asociarse a tres regiones distintas: - Buenos Aires: la clase terrateniente y la burguesía comercial que se beneficiaba del libre-comercio con Inglaterra. - Litoral: estancieros que estaban en contra del monopolio del Puerto del Buenos Aires, respecto a los puntos de la libre navegación de los ríos, el puerto único y la renta de la Aduana. De hecho una de las claves de la guerra civil en el Río de la Plata es la disputa por la renta aduanera. - Interior (de Córdoba hacia el norte y el oeste): las provincias del interior, que levantaban la bandera del proteccionismo económico con el objetivo de defender sus incipientes industrias de carácter artesanal de la competencia extranjera, principalmente británica. El verdadero federalismo estaba expresado en estos intereses, que sin embargo se encontraban desorganizados en las distintas montoneras provinciales dirigidas por caudillos. 43

Había, un claro antagonismo entre Buenos Aires y el Litoral por un lado, interesados en exportar los productos de su ganaderia y comprar en cambio los productos extranjeros, y por lo tanto librecambistas, y del otro lado el Interior, carente de productos exportables, pero poseedor de una rudimentaria industria abastecedora del mercado interno, para quien la libre introducción de productos extranjeros significaba la ruina. Pero si el Litoral coincidia con Buenos Aires en su librecambismo ganaderil opuesto al proteccionismo artesanal del interior, sus intereses se unían a los del Interior y se contraponían de plano a los de Buenos Aires ante el problema decisivo de la Aduana. Casi todo lo que el país exportaba e importaba pasaba por la Aduana del puerto de Buenos Aires, y Buenos Aires era quien se quedaba con el jugo producido de esa Aduana, sin dar a las restantes provincias ninguna participacion en sus beneficios. Dentro de Buenos Aires, hay una rivalidad colaborante entre estancieros y burguesia comercial. Las dos vertientes de la oligarquia porteña son ante todo eso, porteños, es decir, defensores del monopolio de la aduana, cuyas ganancias no querían compartir con las otras provincias. Estos sectores, económicamente diferenciables y enfrentados, compartían ciertos intereses e iban tejiendo alianzas, entrecruzándose y chocando bajo las banderas del unitarismo y el federalismo. En las Provincias Unidas la vinculación entre la elite porteña y Gran Bretaña encontró terreno fértil durante la presidencia de Rivadavia, cuando con el empréstito Baring Brothers en 1824 se inaugura la triste historia de la deuda externa, un arma de dominación que cumplirá una doble función opresora como imposición de planes económicos expoliadores y como saqueo permanente de recursos en toda Latinoamérica. El posterior fusilamiento de Dorrego a manos de los unitarios será la antesala de una feroz represión conducida por Lavalle, utilizando todos los métodos necesarios para derrotar los intereses populares, torturando y degollando a mansalva. Fue un período de lucha sangrienta y de violencia que generó las bases para que triunfe el proyecto nacional de la oligarquía terrateniente por sobre las masas populares, posibilitando la sumisión al capital inglés. 44

Las montoneras. El Federalismo del interior. En el Interior y el Litoral, se conformaron las montoneras como formas de organización donde se expresaba la mayoría del pueblo. Estaban conformadas por gauchos, privados de su tradicional modo de vida por la valorización de la carne que trajo el librecomercio, y por los más variados sectores de la población del interior, al ver destruidas sus fuentes de subsistencia por la competencia inglesa. Eran fuerzas democráticas en el sentido de que representaban a la mayoría del país en su lucha contra la oligarquía. En Buenos Aires no hubo montoneras, porque los estancieros y su Estado, con el privilegio del puerto, fueron capaces de proletarizar al gaucho, enganchándolo como peón de estancia o saladero, o como militar. En Buenos Aires los estancieros subordinan a los gauchos, los cuales forman sus ejércitos privados. En este período aparece la figura del caudillo como dirigente de masas, que se apoyaba en las montoneras para combatir al ejército porteño. Podemos mencionar entre ellos a Facundo Quiroga y el Chacho Peñaloza de La Rioja, Güemes de Salta, López de Santa Fe, Ramirez y Urquiza de Entre Ríos, Bustos de Córdoba, Artigas de la Banda Oriental.

Rosas. El Federalismo conservador Hijo de familia poderosa, gaucho-patrón, conocedor de la provincia de Buenos Aires. Administrador de Campos, entre los que se encuentran los de sus primos los Anchorena. Es un caudillo bonaerense que contaba con el apoyo popular de los peones pero expresa los intereses de los ganaderos bonaerenses. Su base social son las familias propietarias de tierras: Anchorena, Alzaga, Alvear, Arrollo, Pinedo, Lavallol, Martinez de Hoz, Riglos, Arana, Terrero, Belaustegui, Castex, Elortondo, Guerrico, Huergo, Lezica, Laite, Lastra, Obligado, Ocampo, Ortiz Basualdo, Elizalde. Rosas concilió por un tiempo los intereses de unitarios y federales. A su política la podríamos denominar como un nacionalismo conservador. 45

Quienes retoman a Rosas como un nacionalista, destacan su rechazo a dos invasiones extranjeras: - 1838: defensa de las invasiones franceses que bloquean el puerto de Buenos Aires y atacan la Isla Martin García. - 1845 La Vuelta de Obligado: defensa de la invasión anglofrancesa. Inglaterra y Francia irrumpen en el río Paraná para abrir el comercio con el Paraguay e impedir la integración del Uruguay con las Provincias Unidas. Las famosas cadenas que impiden el paso en la Vuelta de Obligado. Igualmente son derrotados. Los unitarios están de acuerdo con la invasión. Es por esto que San Martin apoya a Rosas y critica a los Uniitarios. Su nacionalismo se puede remontar solo a esos hechos y a una cuestión diplomática ya que económicamente fortaleció el libre comercio y los intereses de imperialismo británico. El ejemplo más concreto de esto es que no tocó el puerto de Buenos Aires ni nacionalizó ni distribuyó los recursos aduaneros. Las provincias ya no eran invadidas por los productos británicos como pretendían los unitarios europeizantes, pero se encontraron cada vez más aisladas y sofocadas económicamente, hundiéndose en la pobreza y la miseria. Así también Rosas siempre se negó al pedido de caudillos como Facundo Quiroga de la necesidad de federalizar realmente al país a través de una Constitución que le de poder a las provincias. Por lo que contra esta política se levantaron, como se habían levantado contra Rivadavia y luego contra Mitre, los pueblos del noroeste, acaudillados por el Chacho Peñaloza. Hubo tres grandes intentos de combatir al centralismo porteño, que fueron tres veces derrotados (1840, 1842, 1845). Por otra parte, La Mazorca, fuerza de choque rosista que se organizó para confrontar con los unitarios, también cumplió la función de “despejar” los territorios y usarlos para la producción ganadera. Esto representó una grave matanza de poblaciones indígenas, iniciando las primeras “Campañas del Desierto”,

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El hecho de que no tocara los intereses del centralismo porteño lo lleva a confrontar con una provincia que venia teniendo un crecimiento importante. Entre Ríos, de donde surge la figura de Urquiza. Rosas les cierra el paso de los ríos a los estancieros entrerrianos, lo que lleva a Urquiza a hacer acuerdos con los unitarios. Urquiza arma el Ejército Grande con los federales del litoral en alianza con los unitarios de Buenos Aires y derrota a Rosas en la Batalla de Caseros de 1852. La Confederación y La Batalla de Pavón. Urquiza convocó a un Congreso Constituyente en Santa Fe que en Mayo de 1853 sancionó la Constitución Nacional que tenía un carácter federal. Luego de derrotar a Rosas en la batalla de Caseros, Urquiza buscó promover la unidad del país luego de 30 años de guerra civil, y la unidad económica a partir de la abolición de las aduanas internas y la nacionalización de las aduanas, la libre navegación de los ríos para eliminar la subordinación del litoral ante Buenos Aires. Esto le valió el apoyo de los pueblos del interior, donde caudillos como el Chacho Peñaloza y Felipe Varela se pusieron a sus órdenes. Tanto los comerciantes (Mitristas) como los ganaderos (Rosistas) vieron que se podía llevar adelante una peligrosa unidad nacional, por lo que se unieron en un golpe de estado, conocido como la “Revolución del 11 de Septiembre de 1852”. A partir de entonces, el país quedó por casi diez años dividido en dos: el Estado de Buenos Aires y la Confederación (el resto de las provincias con capital en Paraná). Durante esa década de 1850, la pelea ya confusa que se venía dando entre las facciones políticas Unitarios y Federales tomó otro carácter. Después de Caseros, el enfrentamiento ya fue entre dos regiones del país que respondían a proyectos diferentes. Buenos Aires que respondía a los intereses de los comerciantes y ganaderos; y la Confederación, acaudillada por Urquiza representante de los estancieros del litoral pero también en ese momento del conjunto de los pueblos humillados y olvidados del interior, acaudillados por el Chacho Peñaloza. 47

Este enfrentamiento se irá agudizando cada vez más. Los “civilizados” porteños llevarán adelante represiones sanguinarias sobre las poblaciones, como la “Matanza de Villamayor” con más de cien fusilados (1856) y sembrando el terror entre los gauchos. Esto llevará a los campos de batalla, donde el 23 de cotubre de 1859 el ejército de la Confederación al mando de Urquiza derrota al ejérctio de Buenos Aires al mando de Mitre. Con el triunfo militar en Cepeda se presentó una posibilidad concreta de avanzar definitivamente sobre los intereses de Buenos Aires. Pero Urquiza no toma esa decisión y vacila, firmando el pacto de San José y se retira. Ese pacto implica una victoria política para los comerciantes porteños, donde se firma el derecho para que Buenos Aires entre a formar parte de la Confederación y llevo adelante en 1860 la reforma constitucional arrogándose los derechos de la Aduana. Alberdi desde su exilio europeo lee correctamente esta situación y se lo hace saber en una carta a Urquiza: “Estos trabajos están a pique de desaparecer. Los que fueron sus enemigos lo son todavía. Han cambiado de armas, pero no de intenciones. Lo que no han conseguido por las batallas se proponen conseguirlo por la reforma de la constitución federal. Todas las reformas que se propone Buenos Aires tiene por objeto conservar a favor de esa provincia, por la autoridad de la Constitución reformada, los poderes y rentas que Buenos Aires asumió por la revolución del 11 de septiembre”. Pero Urquiza hace oídos sordos a los planteos de Alberdi y se empieza a inclinar por las relaciones que los estancieros del litoral empiezan a tejer con los comerciantes porteños, relegando la visión del conjunto de la nación y por tanto, a los pueblos del interior. Por lo que se posiciona como un gobierno de conciliación, entre los caudillos provincianos y los comerciantes y estancieros bonaerenses. Esta debilidad demostrada por Urquiza, permitió que la oligarquía porteña se vuelva a posicionar y siga con el poder de la Aduana. Además de recuperar su poder sobre la Confederación, con diputados nacionales e intervención a otras provincias, como en San Juan asesinando a su gobernador Virasoro. Estos atropellos eran inadmisibles para los caudillos provincianos, por lo que se vuelven a dirimir en el campo de batalla los intereses enfrentados en el país: la Batalla de Pavón (septiembre de 1861). 48

Felipe Varela, Juan Saa, Lopez Jordán salen a dar pelea, seguidos por las montoneras. Nuevamente el ejército mitrista debe retroceder frente a la caballería entrerriana y nuevamente Urquiza decide retroceder, teniendo la posibilidad de perseguirlo hasta derrotar a los porteños y organizar al país desde las fuerzas nacionales que venían peleando hace décadas por sus derechos. Así, con la traición de Urquiza, Pavón se va a convertir en la gran derrota de la historia nacional. Y no Caseros como plantea el revisionismo rosista conservador. Obviamente, los estancieros y comerciantes de Buenos Aires no desperdiciaron esa oportunidad y se decidieron a aniquilar a sus adversarios del interior, pasando a degüello a cuanta montonera federal se encontraran por el camino, como lo hicieron en Venancio Flores en 1861, degollando a cien combatientes uno al lado del otro. En poco tiempo Mitre logrará la presidencia, y desatará la represión generalizada para instaurar finalmente el proyecto nacional oligárquico. Para esto deberá combatir sobre dos frentes: la guerra con el Paraguay y la guerra con los caudillos que todavía resisten. Ambos expresan el mismo enemigo, ya que están unidos por el mismo proyecto de independencia latinoamericana de desarrollo propio de nuestros recursos y en contra de la penetración del imperio británico que implicaba hambre y miseria para los pueblos.

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CITAS
Manuel Dorrego (1826) sobre la constitución rivadaviana ‘El artículo 6 (de la constitución rivadaviana de 1826) forja una aristocracia, la más terrible porque es la aristocracia del dinero. Echese la vista sobre nuestro país pobre, véase qué proporción hay entre domésticos asalariados y jornaleros y las demás clases del Estado, y se advertirá al momento que quien va a tener parte en las elecciones, excluyéndose las clases que se expresan en el artículo, es una pequeñísima parte del país, tal vez no exceda de una vigésima parte. He aquí la aristocracia del dinero; y si esto es así, podría ponerse en giro la suerte del país. Entonces sí que sería fácil influir en las elecciones, porque no es fácil influir en la generalidad de la masa, pero sí en una corta porción de capitalistas; y en ese caso, hablemos claro, el que formaría la elección sería el Banco, porque apenas hay comerciantes que no tengan giro con el Banco, y entonces sería el Banco el que ganaría las elecciones, porque él tiene relación en todas las provincias’.

Guía de Preguntas ¿Cuáles eran las contradicciones que se expresaban? ¿Qué intereses se disputaban? ¿Qué perspectivas históricas tenían?

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Construcción del Estado Nación Argentino
Parte 1 Consolidación del Mitrismo Guerra del Paraguay y las últimas montoneras
Luego de la batalla de Caseros, la oligarquía porteña encabezada por Mitre, promovió, por más de diez años, la división de la Argentina en dos Estados (Buenos Aires y la Confederación) para que las demás provincias no participaran de las rentas y relaciones exteriores. Mitre sostuvo en Buenos Aires un régimen autoritario, eliminando a toda oposición, y afín al capital británico. El mitrismo significó la alianza entre estancieros federales y la burguesía comercial unitaria, e impulsó la desarticulación, a través de la fuerza y la corrupción, de los sectores que se opusieran a su proyecto, en Buenos Aires y en otras provincias. A la vez, Mitre fue tejiendo alianzas con sectores de las clases terratenientes del Interior. Su hegemonía se consolidó en 1861, tras el abandono del Gral Urquiza en la batalla de Pavón y la consecuente desarticulación del Interior como sector opositor. Urquiza, al retirar sus tropas del combate, terminó cediendo ante la oligarquía porteña. Podría decirse que como exponente del sector estanciero del litoral, priorizó los intereses de su clase antes que el desarrollo de la nación de forma más equitativa. En 1962, Mitre queda como presidente. En lo sucesivo, el fusilamiento de las montoneras en pie y la Guerra contra el Paraguay llevaron a la derrota de los últimos focos de resistencia. Así como la liquidación de las montoneras aportó a aumentar el poder de las elites liberales del interior aliadas al mitrismo, la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) significó la derrota de la última traba para el completo desarrollo de los intereses británicos. El Paraguay era en ese entonces un Estado autónomo con 51

una economía independiente del imperialismo británico. Es por ello que representaba una amenaza para las clases dominantes latinoamericanas que impulsaban un modelo de país dependiente del imperialismo, impidiendo el desarrollo nacional propio a manos de las mayorías populares. El Doctor Francia y los Solano Lopez estaban llevando a la práctica la demostración de que se podía lograr un modelo nacional independiente, donde contaban con industrias propias, donde cada campesino tenía su parcela de tierra. El Estado defendía un modelo de país verdaderamente independiente. Esto era inadmisible para Inglaterra que necesitaba países agroexportadores sumisos que dependieran de sus capitales. Por eso se llevó adelante la Guerra del Paraguay, donde las clases dominantes de Argentina, Brasil y Uruguay impulsaron una guerra fratricida que no cesó hasta que no quedara ni un paraguayo hombre mayor de 15 años. Las últimas montoneras, con el Chacho Peñaloza y Felipe Varela a la cabeza, lucharon en aquella guerra injusta, junto al pueblo paraguayo, y representaban toda la tradición de las fuerzas revolucionarias que habían protagonizado la lucha por la independencia. 50 años después de la Revolución de Mayo, los pueblos se encontraban oprimidos por la oligarquía aliada al imperialismo. La contradicción se había volcado hacia adentro de cada país. Por eso estamos ante dos proyectos de país totalmente contradictorios.

Dos Proyectos irreconciliables
Dos proyectos, uno emancipador, por la Patria Grande, otro colonialista, dependiente del capital internacional como exportador de materias primas. En el primero los Artigas, Güemes, San Martín, Chacho, Varela. En el otro los Rivadavia, Mitre, Alsina, Roca. En uno iban por la reforma agraria, para la producción autosustentable. En el otro por latifundios para la exportación. En todas esas décadas de lucha se desarrolló un proceso emancipador que contaba con una perspectiva histórica revolucionaria. Este se nutría de experiencias y pensamientos distintos. Sus orígenes se rastrean en las rebeliones indígenas, la revolución de Mayo, las 52

guerras de independencia, la participación popular en esas luchas, las insurrecciones, la guerra de guerrillas. Con hombres que supieron conducir esas luchas como Moreno, Belgrano, San Martín, Artigas, Bolívar, Guemes, Chacho Peñaloza. A mediados de 1860 ese enfrentamiento está desarrollado y las clases dominantes han logrado consolidar su proyecto. Es Felipe Varela quien expresa y sintetiza todos esas décadas de lucha, en un momento difícil, cuando ya se habían sufrido una serie de derrotas importantes y eramos todos países distintos. Varela hace una proclama llamando a la Unidad Latinoamericana y a la defensa de los pueblos libres, como último grito de guerra contra la clase dominante, que tras 50 años de enfrentamientos sangrientos estaba consolidando su poder.

CITAS
Alberdi sobre Paraguay “Acabamos de leer en un mensaje que el ejército argentino del Paraguay es siempre el ejército de San Martín y Alvear. No lo dudamos un momento. ¿Pero es siempre la misma idea porque combate? Es siempre el ejército de San Martín, pero el ejército sin San Martín; es siempre el ejército de Alvear, pero sin Alvear; lo que vale decir sin Chacabuco, sin Maipo, sin Ituzaingó. ¿Y por qué razón? Porque falta la idea glorificaba esas victorias; porque Chacabuco y Maipo fueron batallas dadas para destruir el poder de los Borbones en América, y las que hoy se dan en el Paraguay tienen por resultado restaurarlo en el Plata; porque Ituzaingó fue dada para echar a los Braganzas del Plata, y las batallas que hoy dan los argentinos en el Paraguay sirven para entregar el Plata a los Braganzas. ¡Ah, si las almas grandes de esos ilustres muertos pudiesen dar sus órdenes a sus modernos viejos soldados, Dios sabe cuál sería la dirección en que apuntaran sus fusiles para ser fieles a la causa de Ituzaingó y de Maipo!!! Tal es la idea con que aplaudimos la resistencia del Paraguay contra el Brasil” 53

Proclama de rebelión del caudillo catamarqueño Felipe Varela ante la Guerra contra el Paraguay: “Ser porteño es ser ciudadano exclusivista y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Ésta es la política del gobierno de Mitre. Soldados Federales, nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás repúblicas americanas.” Mitre y el capital inglés Discurso de 1861, inauguración del Ferrocarril del Sud de Buenos Aires: “Por eso al derramar sobre el proyectado terraplén de la vía, mi carretilla llena de tierra argentina que el capital inglés y el trabajo de los inmigrantes va a fecundar, agregué que este era el feliz presagio de un gran futuro y que confiaba que la semilla de progreso que iba a depositarse en su seno fructificaría y daría abundante cosecha a los jornaleros. Ahora, al contestar el cordial saludo que se me ha dirigido en nombre de los extranjeros aquí presentes y principalmente de los ciudadanos de la Gran Bretaña, diré que no los reconozco por tales extranjeros en esta tierra. No! Reconozco y saludo a todos los presentes como hermanos porque todos lo somos en el campo de la labor humana (…) ¿Cuál es la fuerza que impulsa este progreso? Señores: es el capital inglés. Desearía que esta copa sea de oro, no para adorarla como el becerro de la antigüedad, sino para poderla presentar más dignamente como el símbolo de las relaciones amistosas entre la Inglaterra y el Río de la Plata, nuestra amiga cuando éramos colonias, y nuestra mejor amiga durante la guerra de la independencia”

Ortega Peña y Duahlde sobre las montoneras El pronunciamiento varelista, fue la consecuencia de la ofensiva desatada y dirigida por el Imperio Británico contra América. Agresión que era encarnada y ejecutada por diversas potencias europeas, como Francia y España, o por las clases sociales que estaban al servicio de la política imperialista, como la oligarquía ganadera mitrista o la 54

aristocracia esclavista del Brasil. Las montoneras fueron la reacción popular que encarnaba la representación y defensa de la unidad americana. Esta unidad no era una abstracción lírica. Se buscaba crear un mercado americano, con barreras proteccionistas, que permitieran desarrollar la industria local, destruidas por la expansión industrial inglesa. El ex diplomático chileno Marcial Martínez, en su obra “La Unión Americana”, había sostenido: “Día llegará en que (…) la liga mercantil de nuestras repúblicas, llamada a constituirlas económicamente en meras provincias de un Gran Estado, sea la bandera de todos los que hablan de unión americana”. El mitrismo había abierto paso a los mecanismos que liquidaban el artesanado e industrias del interior provinciano, a raíz de lo cual las clases populares reaccionaron compulsivamente bajo esta nueva situación, primero a través del Chacho y luego con Felipe Varela. Lo que en el Chacho era una lucha heroica, pero todavía carente de un programa americano, se transforma en lucha revolucionaria organizada y americana con Felipe Varela. Esta organización revolucionaria buscaba, militarmente, dominar las provincias del centro y noroeste argentino, para luego levantar a los gauchos de la provincia de Buenos Aires y lograr el apoyo del litoral mesopotámico, para avanzar finalmente sobre la ciudad – puerto, derrotando a Mitre e imponiendo el peso decisivo de las provincias en la orientación y conducción de la economía nacional. Prueba de la visión de los revolucionarios, es que una de sus primeras medidas en Cuyo, fue “desnacionalizar” la Aduana. Mitre la había “nacionalizado”, de una manera “rivadaviana”. Quiere decir que su producto iba a parar exclusivamente al Tesoro de Buenos Aires, el que no solo no otorgaba subsidios a los gobiernos provincianos, sino que por su tarifa librecambista, influía de manera nefasta para aquéllas. La “Nación”, era en realidad, la clase exportadora – importadora portuaria. El librecambio permitía a Inglaterra colocar su creciente producción manufacturera, resultado del auge del maquinismo industrial, y a la vez, afirmaba económica y políticamente a la clase que comerciaba con esa producción en las colonias o países semidependientes.

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Manifiesto del General Felipe Varela a los Pueblos Americanos:
¡ARGENTINOS! El hermoso y brillante pabellón que San Martín, Alvear y Urquiza llevaron altivamente en cien combates, haciéndolo tremolar con toda gloria en las tres mas grandes epopeyas que nuestra patria atravesó incólume, ha sido vilmente enlodado por el General Mitre gobernador de Buenos Aires. La más bella y perfecta Carta Constitucional democrática republicana federal, que los valientes entrerrianos dieron a costa de su sangre preciosa, venciendo en Caseros al centralismo odioso de los espurios hijos de la culta Buenos Aires, ha sido violada y mutilada desde el año sesenta y uno hasta hoy, por Mitre y su círculo de esbirros. El Pabellón de Mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre -orgullosa autonomía política del partido rebelde- ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyuti, Curuzú y Curupaití. Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en mas de cien millones de fuertes, y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro capricho de aquel mismo porteño, que después de la derrota de Cepeda, lacrimando juró respetarla. COMPATRIOTAS: desde que Aquél, usurpó el gobierno de la Nación, el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reservara para sus hijos. Ser porteño, es ser ciudadano exclusivista; y ser provinciano, es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del Gobierno Mitre.

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Tal es el odio que aquellos fratricidas tienen a los provincianos, que muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y guillotinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio, Sarmiento, Sandez, Paunero, Campos, Irrazábal y otros varios oficiales dignos de Mitre. Empero, basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón y sin conciencia. Cincuenta mil víctimas hermanas, sacrificadas sin causa justificable, dan testimonio flagrante de la triste o insoportable situación que atravezamos, y que es tiempo ya de contener. ¡VALIENTES ENTRERRIANOS! Vuestro hermanos de causa en las demás provincias, os saludan en marcha al campo de la gloria, donde os esperan. Vuestro ilustre jefe y compañero de armas el magnánimo Capitán General Urquiza, os acompañará y bajo sus órdenes venceremos todos una vez más a los enemigos de la causa nacional. A EL, y a vosotros obliga concluir la grande obra que principiasteis en Caceros, de cuya memorable jornada surgió nuestra redención política, consignada en las páginas de nuestra hermosa Constitución que en aquel campo de honor escribísteis con vuestra sangre. ¡ARGENTINOS TODOS! ¡Llegó el día de mejor porvenir para la Patria! A vosotros cumple ahora el noble esfuerzo de levantar del suelo ensangrentado el Pabellón de Belgrano, para enarbolarlo gloriosamente sobre las cabezas de nuestros liberticidas enemigos! COMPATRIOTAS: ¡A LAS ARMAS!...¡es el grito que se arranca del corazón de todos los buenos argentinos! ¡ABAJO los infractores de la ley! Abajo los traidores a la Patria! Abajo los mercaderes de Cruces en la Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre Argentina y Oriental! ¡ATRAS los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias en beneficio de un pueblo vano, déspota e indolente! ¡SOLDADOS FEDERALES! nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el órden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás Repúblicas Americanas. ¡¡Ay de aquél que infrinja este programa!! ¡COMPATRIOTAS NACIONALISTAS! el campo de la lid nos mostrará al enemigo; allá os invita a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro jefe y amigo. Campamento en marcha, Diciembre 6 de 1866. 57

Guía de Preguntas ¿Qué distintos proyectos nacionales se expresan? ¿Se podían llevar adelante en términos históricos?

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Parte 2. Consolidación de la oligarquía agroexportadora
Con el afianzamiento del poder de la burguesía comercial porteña y las clases terratenientes del país en alianza con los capitales británicos, de 1862 a 1880 se consolida el proceso de organización del Estado Nacional. Es clave entender este proceso, en el marco del avance del Imperialismo a nivel internacional. que impide que los países atrasados repitan el ciclo histórico de los países capitalistas desarrollados. En este contexto, Argentina se ubica como país subdesarrollado agroexportador, dependiente del mercado internacional y del desarrollo industrial de los países centrales. Queda bloqueada toda posibilidad de desarrollo autónomo en el marco del sistema capitalista. Las clases dominantes, se enriquecieron con el aumento de las exportaciones de carnes y cereales, y con el aumento de las inversiones extranjeras. El espejismo de progreso, reflejado en la construcción de ferrocarriles, bancos, puertos, tranvías, facilitados por las inversiones, implicó un desarrollo nulo de la industria nacional y un aumento acelerado del endeudamiento del país. El Federalismo quedó como algo meramente nominal en la Constitución. Los presidentes y los partidos oficiales impusieron de hecho el unitarismo. Se desarrolló la construcción de una identidad nacional a espaldas de la población indígena, mestiza y mulata. La intelectualidad liberal de la época promovió una organización nacional en base a modelos copiados de EEUU, Inglaterra y Francia, bajo los idearios del orden y el progreso, que facilitaron la inserción del Estado Argentino en la economía mundial en tanto país dependiente del Imperialismo británico. Un fenómeno significativo de esta época fue el proceso de inmigración desde Europa, de la mano con ideales de progreso aportando su fuerza de trabajo y aspiraciones de bienestar. Algunos colonizaron la zona agrícola, radicándose como arrendatarios o pequeños y medianos propietarios, algunos escalaron posiciones hasta llegar a ser parte de la oligarquía. Otros se quedaron en las principales ciudades como obreros o artesanos. 59

En este contexto de imperialismo y construcción del Estado Nacional, las sucesivas campañas “del desierto” (1868-1888), lideradas principalmente por el genocida Julio Argentino Roca (quien fue también presidente), dieron como resultado el control efectivo del territorio pampeano y patagónico por parte del Estado Argentino, produciendo un genocidio de los pueblos originarios que seguían resistiendo al avance del capitalismo. Este proceso, sirvió al fortalecimiento de la clase dominante en cuanto latifundista y especuladora, a partir de la apropiación y la compra y venta de tierras, así como del ejército. El año 1880 es el arco del triunfo de la “oligarquía nacional”. Con Roca se produce la postergada federalización de Buenos Aires que no representa ya a un verdadero federalismo nacional, sino que constituyó un aumento del poder del ejecutivo. La federalización de Buenos Aires ya no representaba ninguna amenaza para los intereses de la clase terrateniente, ya que habían sido derrotadas las fuerzas que sostenían un desarrollo interno autónomo. Hace 20 años esta medida era impensable para las clases dominantes; en 1880 ya estaban las condiciones dadas, tras la derrota de las mayorías populares, para implementarse. A partir de este período va a tener el poder la Liga de Gobernadores, que es una alianza entre gobernantes de las provincias que deciden los candidatos a presidente, a través del fraude electoral y excluyendo de la vida política a las mayorías populares. Roca logra además del apoyo de la oligarquía porteña, el apoyo de las oligarquías provinciales, consolidando una “oligarquía nacional” Del 80 en adelante va a haber un crecimiento económico importante del país, pero a costa de las inversiones del capital inglés en el ferrocarril, los bancos y los frigoríficos. Es así que la consolidación del Estado nación permite el asiento del capital extranjero y el endeudamiento externo del país. El proyecto nacional que triunfó en Argentina fue el de la clase terrateniente, eurocéntrica y dependiente del capital imperialista. En el proceso que va de 1810 a 1880 se termina gestando una nación bajo el modelo agroexportador. No era ese el modelo originario de Mayo, que era independentista a fondo, y que fue traicionado. A partir de 1820 se da una ruptura con eso y se inicia un proceso de 60

guerras y conflictos que terminan en la consolidación de la tendencia más reaccionaria y que implica el cambio de una dominación por otra, consolidado en 1880. Hasta aquí 1880. Es la consolidación del modelo agroexportador en Argentina y de un Estado Liberal. En un momento en que el imperialismo inglés está en pleno auge. Pero es sólo un momento de nuestra historia. En el que incluso el pueblo no dejará nunca de oponer resistencia. Luego vendrán nuevas décadas y entraremos en el siglo XX, nuevos actores sociales aparecerán en el escenario histórico, lo que planteará nuevas disputas políticas y nuevos desafíos por delante.

Milcíades Peña, sobre el imperialismo: “La transformación del capitalismo de los grandes países industriales en capitalismo monopolista impide que los países atrasados repitan el ciclo histórico cumplido por aquellos, en su evolución desde la pequeña producción precapitalista a la gran industria moderna. El monopolio constituye, en última instancia, un intento de frenar la tendencia al descenso constante de la tasa de ganancia. Para contrarrestar esta tendencia, el monopolio debe impedir, en el mercado local, el acceso de nuevos competidores a las ramas monopolizadas –las más lucrativas- de la industria. En el mercado mundial, el monopolio necesita mantener el atraso de las regiones atrasadas, porque precisamente extrae sus superganancias de ese atraso, del desnivel que el mismo implica entre las economías imperialistas superdesarrolladas y las economías atrasadas dependientes” 61

CITAS

Nicolas Avellaneda: “El capital extranjero, y no el trabajo nacional, es el propulsor de nuestro progreso” Carlos D’Amico, ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires, 1892: Los últimos años que han mostrado una prosperidad tan notable, que han despertado la codicia de todos los usureros de la vieja Europa que gobiernan el mundo y aumentan sus caudales con las calaveras de los ricos americanos del sur, que les piden prestada a cualquier interés, y les hipotecan todo su caudal con tal que les faciliten millones que derrochan en una vida fácil de placeres indolentes, de lujos orientales, de estériles agitaciones; los últimos años, la Argentina ha cubierto el déficit anual entregando a Europa 300 millones de cédulas hipotecarias, recibiendo empréstitos provinciales por 70 millones y recibiendo el oro de infinidad de empresas comerciales, de ganancias seguras, que van todas a enriquecer a los europeos empobreciendo a los argentinos; y mandando en oro 36 millones. CAMPAÑA DEL DESIERTO Discurso de Roca ante el Congreso de la Nación, al finalizar su “Campaña al Desierto”: “La ola de bárbaros que ha inundado por espacio de siglos las fértiles llanuras ha sido por fin destruida… El éxito más brillante acaba de coronar esta expedición dejando así libres para siempre del dominio del indio esos vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero”. El diario La Prensa del 16/10/78: “La conquista es santa; porque el conquistador es el Bien y el conquistado el Mal. Siendo Santa la conquista de la Pampa, carguémosle a ella los gastos que demanda, ejercitando el derecho legítimo del conquistador”. 62

El del diario El Nacional del 31-XII-78: “Llegan los indios prisioneros con sus familias. La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres indias sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano, unos indios se tapan la cara, otros miran resignadamente el suelo, la madre india aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización”. Domingo Faustino Sarmiento:: “¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandarí­ a colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así­son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”. (“El Progreso”, 27 de septiembre de 1844) “Tengo odio a la barbarie popular… La chusma y el pueblo gaucho nos es hostil… Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las masas la única fuente de poder y legitimidad? El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden… Usted tendrá la gloria de son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden… Usted tendrá la gloria de establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento de las masas”. (Carta a Bartolomé Mitre, del 24 de septiembre de 1861) “En las provincias viven animales bí­ pedos de tan perversa condición que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor”. (Informe enviado a Mitre en el año 1863)

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Guía de Preguntas

¿Que tipo de Estado, que “proyecto de nación”, se consolida en la Argentina en la segunda mitad del siglo XIX? ¿Cuáles sectores de las clases dominantes priman? ¿Qué nuevos sectores y clases sociales, qué nuevas disputas surgen? ¿Qué líneas podemos trazar entre las tendencias revolucionarias del siglo XIX y las tendencias revolucionarias del siglo XX?

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