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7.

La diáspora cubana
Lunes, 12 de julio de 2004

Por Alexander Prieto Osorno

6. Novela peruana actual

La crisis económica que sufrió Cuba a comienzos de los noventa transformó


definitivamente el panorama editorial y narrativo de la isla. La industria del libro se
contrajo drásticamente, desaparecieron importantes instituciones y revistas culturales, y
Cuba pasó de publicar 2 500 títulos anuales en la década de los ochenta, a sólo 300 en
1994, lo cual produjo una diáspora de autores y obras en busca de oportunidades
editoriales en el exterior, especialmente en España, México y Estados Unidos.

Por razones políticas o económicas, muchos escritores emigraron a Europa y América, y


nadie sabe hoy con certeza si la mayor parte de la literatura cubana actual se escribe
fuera o dentro de la isla. Los críticos hablan de «los nuevos» y «los novísimos» para
referirse a los narradores mayores de 35 de años que comenzaron a publicar o a ser
conocidos en la década de los noventa, y a la última generación de escritores jóvenes,
muchos de los cuales viven en Cuba y que poseen una estética totalmente diferente,
aislada de los debates políticos.

Entre «los nuevos» sobresalen Abilio Estévez (La Habana, 1954) con su obra
dramatúrgico y su novela Tuyo es el reino, Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, 1950) con
Trilogía Sucia de la Habana, Fernando Velásquez (La Habana, 1951) con La última
rumba en La Habana, y otros autores con éxitos editoriales como Loé Valdés (La
Habana, 1959) con La nada cotidiana y Eliseo Alberto con La eternidad comienza un
lunes y Caracol Beach, que le mereció en España el Premio Alfaguara de Novela 1998.
Algunos de ellos escriben «realismo sucio» y la mayoría comparte el desencanto por el
deterioro económico y social de la isla en los últimos quince años.

Otros narradores importantes, pero de menor edad, son Antonio José Ponte (Matanzas,
1964) por Cuentos de todas partes del imperio; Ivonne Llamazares (La Habana, 1962)
por La isla de Tania; Andrés Jorge (San Juan y Martínez, 1960) por Voyeur; Alberto
Garrido (Santiago de Cuba, 1966) por sus cuentos y la novela erótica La leve gracia de
los desnudos; y Milne Fernández (Pinar del Río, 1963) por Otras plegarias atendidas.
Y en el género de la ciencia ficción, que ha alcanzado un enorme desarrollo en Cuba, se
destacan Dania Cassiano (La Habana, 1957) con El hombre, la hembra y el hambre,
galardonado en España con el Premio Azoran de Novela 1998, y Vladimir Hernández
(La Habana, 1966) con Signos de guerra.

Los autores cubanos nacidos a partir de los sesenta coinciden en cierta actitud evasiva
de la realidad cubana para centrarse en universos cerrados, personales y míticos. Los
«novísimos» se asumen a sí mismos como «herejes políticos» y «postmodernos
estéticos», y las figuras más representativas de la última generación son ENA Lucía
Portela (La Habana, 1972), considerada la revelación de las letras cubanas, con El
Pájaro: pincel y tinta china; Jorge Luis Arola (Jatibonico, 1966) con Prisionero en el
círculo del horizonte; Karla.