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En Sitio 15-ago Emilio García Wehbi El estudio del artista escénico Emilio García Wehbi en Buenos

El estudio del artista escénico Emilio García Wehbi en Buenos Aires se revela como un lugar de ensayos donde, a manera de archivo, se acumulan objetos, que luego son descartados a conciencia. POR SOFÍA CASTAÑO FOTOGRAFÍAS DE SANTIAGO ABATTE

Objetos extraños Es inevitable sentir la tentación de convertir esta crónica en una descripción de objetos extraños: Emilio García Wehbi (Buenos Aires, 1964) inició su carrera teatral al fundar El Periférico de Objetos, el grupo que renovó la escena argentina llevando los títeres al teatro de adultos y desafiando el uso tradicional de los objetos. En su estudio puede observarse una ecléctica colección que habla de 25 años de teatro. Sin embargo, hay mucho más en el espacio de un artista que un recuerdo de glorias pasadas, en especial en el caso de alguien que se niega a la repetición y que toma cada nuevo proyecto con el desafío de encontrarse en un lugar de incomodidad. En sus propias palabras: «Desterritorializarme cada vez, para reterritorializarme en otro registro y encontrar un nuevo proceso creativo».

Además de director teatral, García Wehbi es actor, dramaturgo, titiritero y pintor, palabras que no funcionan como etiquetas ni describen espacios separados, sino que sirven para orientar a quien no conozca a este artista, que apunta a borrar límites entre disciplinas. Sin embargo, como este texto sí tiene un límite, durante la charla que tuvimos en su estudio le propuse concentrarnos en su quehacer teatral. El estudio también es el hogar que comparte con Maricel Álvarez, su compañera de vida y de

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trabajo. Se encuentra en una casa antigua de habitaciones amplias y techos altos. Uno de sus espacios de trabajo está cerca de la entrada, es una habitación alargada al frente de la vivienda donde reina una larga mesa en compañía de un ciervo embalsamado. Aquí es donde García Wehbi realiza su labor docente, y también el trabajo con actores previo a la salida a escena. Sin embargo, nos interesa más un espacio construido especialmente para convertirse en su estudio privado, en lo alto de la casa, donde una multitud de objetos (traídos de diferentes lugares del mundo o restos de trabajos anteriores) da fe de la descripción que el artista hace de sí mismo: «Soy muy fetichista. Acá hay memoria del teatro, una memoria personal y afectiva. Me gusta el concepto de acumulación, de archivo, de la memoria concreta de los materiales». Sin embargo estos materiales no son piezas de museo. Acumular significa, para García Wehbi, la posibilidad de reciclar, de tener material disponible para el próximo proyecto.

Tratándose de un creador que se niega a convertir su trabajo en rutina, debemos tomar como una abstracción, o como una posibilidad entre otras, la descripción que hace de su trabajo como director teatral. En principio no le interesa el ensayo en un sentido tradicional, por eso la preparación consiste en dar al actor (incluso si se trata de él mismo) la información necesaria sobre el texto que va a trabajarse. De esta forma podrán comprenderse sus referencias, su profundidad y sus implicaciones. «El análisis literario que hacemos aquí no sirve sólo para entender qué dice un texto, sino también para entender cuáles son los intertextos que incluye o que se buscan, desarmarlo y preparar al actor para que tenga todas las herramientas intelectuales, para que pueda proyectarlas al público».

intelectuales, para que pueda proyectarlas al público». El objetivo es que el espacio escénico no sea

El objetivo es que el espacio escénico no sea una zona segura. «Entiendo el teatro como un espacio de riesgo del aquí y ahora, que es real y no ficcional. El teatro suele tener la idea de que siempre es aquí y ahora, el espectador está y ve un momento presente, pero es falso porque en realidad el actor ensayó, entonces ese aquí y ahora es un pasado actualizado como presente. En cambio, cuando hay la posibilidad del accidente, cuando la posibilidad del error está latente, hay un aquí más real, más vívido. No me interesa tanto ensayar, porque cuanto más ensayás más seguro tenés el material y menos errores estás en condiciones de enfrentar. Trabajo con franjas que permiten la aparición del accidente como sistema de producción artístico. Reflexiono mucho sobre las producciones, sobre qué es lo quiero y hacia dónde voy».

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Con esa perspectiva, este espacio privado del creador se carga de un nuevo sentido: se trata de un sitio que debe permanecer seguro, donde es posible proveerse de herramientas para enfrentarse al riesgo creativo. Aquí es donde García Wehbi comienza el trabajo con el texto, donde realiza una búsqueda de vínculos con otros materiales, otros textos, imágenes, sonidos o espacios buscando la imagen lejana y justa. De la misma forma que en su estudio debe realizar periódicas limpiezas y deshacerse de algunos materiales, en su trabajo también llega un momento de selección: «El secreto en el arte contemporáneo no es acumular. Acumular es la naturaleza del pensamiento posmoderno, acumulación y sucesión, pero el secreto del artista es saber qué descartar, y descartar todo hasta llegar a la síntesis. No se trata de una pobreza de forma sino de buscar lo mínimo para ser efectivo».

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Contexto A García Wehbi le interesa el espacio como regulador de la dramaturgia, las obras que se piensan específicamente para un espacio. Pedimos al artista que nos explicara el concepto de performatividad del espacio: «Hay una relación entre la arquitectura (es decir las características físicas del lugar), la funcionalidad del espacio y su historia. Si alguno de estos aspectos tiene una pregnancia en el imaginario colectivo o alguna evidencia en su funcionalidad puede servir para que a partir de él se construya un relato. En este sentido el espacio empieza a ser performativo».

Como cualquier buscador de desafíos, García Wehbi sabe adaptarse también a propuestas espaciales más tradicionales. Su último espectáculo en Buenos Aires, Agamenón. Volví del supermercado y le di una paliza a mi hijo (2012), se desarrolló en la típica «caja negra» del teatro porteño. Sin embargo, este espacio no se toma ingenuamente, se remarca el ámbito de representación, se resalta la presencia del público y su reacción ante lo que allí ocurre. Y allí ocurren muchas cosas, pero una de ellas es que esa caja negra se llena de basura. Es justamente aquí, en este pequeño estudio, donde se fueron acumulando los plásticos, cartones y papeles que luego invadirían la escena. Aquí también se planificó la forma en la que el texto de Rodrigo García se relacionaría con la puesta en escena, pero todas las planificaciones debieron ser puestas a prueba. «En este espacio se trabaja como se trabajaría un tablero de estrategia. Aquí no se involucra el cuerpo sino la cabeza. El concepto deviene una forma a priori que después se prueba en el espacio de la escena». A partir de esta estrategia un director deviene autor.

Agamenón es la segunda obra de una trilogía con textos de Rodrigo García. Prefiero que me quite el

sueño Goya a que lo haga cualquier hijo de puta (2012) fue la primera y Rey Lear será la tercera, que

se estrenará en octubre en el Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires. Este festival es organizado por el gobierno de la ciudad, administración sobre la que el director no duda en criticar duramente. Pero no debemos olvidar que el Teatro San Martín fue el ámbito de génesis de El Periférico de Objetos, y en cualquier caso García Wehbi nunca se ha negado a presentar sus espectáculos en instituciones que dependan del gobierno de la ciudad. Sus razones tienen, por un lado, un aspecto ideológico: «Creo que los espacios hay que apropiárselos, como reafirmación del derecho que tenemos los artistas y los habitantes de una ciudad o de una nación a hacer uso de los espacios que nos pertenecen. Eso significa construir un relato en ese marco tratando de ser lo más independiente posible, sin ser cooptado». Por otro lado, hay razones prácticas que no sólo tienen que ver con las evidentes ventajas económicas. Así como existe un público que sigue a García Wehbi a cualquier espacio extravagante que proponga, existe otro público que ha hecho de las salas oficiales su destino habitual. Al llegar a ellas, el director tiene la posibilidad de entablar un diálogo con un nuevo interlocutor, de salir una vez más de su ámbito de comodidad.

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México El teatro es un arte íntimamente relacionado con el contexto social en el que

México El teatro es un arte íntimamente relacionado con el contexto social en el que se produce. Pero, entre tantas preocupaciones porteñas, no debemos olvidar que Emilio García Wehbi es un artista viajero. Desde este estudio, en el que conviven patitos de hule, muñecos siniestros, una colección de cactus y una batería destrozada (entre muchas otras cosas), se emiten buenas noticias: el director estará en la ciudad de México próximamente, preparando una adaptación del Dr. Faustus (versión de Álvarez y García Wehbi) con actores y bailarines mexicanos. Se exhibirá en agosto en el teatro El Milagro y en septiembre en El Galeón.

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Nota personal a modo de epílogo Tras invadir el espacio privado y laboral de alguien

Nota personal a modo de epílogo Tras invadir el espacio privado y laboral de alguien que es a la vez una leyenda y un artista en plena actividad, dimos un paseo por la ruidosa avenida en que está ubicada la casa. En ese momento le confesé a mi compañero, el fotógrafo Santiago Abatte, lo que les confieso ahora a ustedes: no me gusta entrevistar a artistas, no me interesa escucharlos hablar porque las obras suelen resultarme más atractivas que las justificaciones que sus creadores puedan hacer de ellas. Por supuesto, hay excepciones. Hay creadores multifacéticos que logran que su discurso valga por sí mismo, que saben usar las palabras con tanta habilidad como las otras herramientas de su arte. Así logran que lo afirmado no hable sobre su obra sino que se añada a ella. Quizá García Wehbi es sólo un hombre con buenas ideas, de charla amena e interesante. O quizá (y ésta es mi sospecha) es una de esas raras excepciones.

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