Crisis financiera, desempleo y regulación.

Una aproximación a la problemática: desde el “capital ficticio” hasta las propuestas actuales
Marcelo Campos* Resumen: A partir de la última crisis financiera se hace imperioso evaluar críticamente los resultados de la desregulación financiera promovida e implementada a principios de la década del 70. La desregulación de las tasas de interés y los tipos de cambio, así como la liberalización de los flujos de capital lejos de producir los efectos positivos que sus promotores sostenían tuvieron como correlato un incremento de la especulación financiera a nivel mundial y un impacto negativo en el empleo que golpeó de manera significativa a los países latinoamericanos. En el caso argentino esos fenómenos se vieron acentuados por el peso inmanente de la deuda externa. Tales fueron las crisis que tuvieron lugar a principios de los años 80, en el año 95, en el 98 y en 2001/2002, fenómeno este último, que desembocó en un conflicto social inédito, justamente en el período de auge de la globalización y de la creación de nuevos instrumentos financieros e instituciones intermediarias que permitían apostar a la valorización en numerosas plazas de la mano de la intensa desregulación y liberalización de los mercados especulativos. Partiendo de la conjetura de que la regulación de los mercados financieros y la aplicación de un gravamen sobre sus transacciones es necesaria como mecanismo para prevenir o mitigar los efectos negativos de la especulación financiera, al tiempo que los fondos provenientes de la recaudación de tal impuesto podrían volcarse hacia el sector productivo y la generación de empleo; la presente investigación se impone como objetivo una primera aproximación que permita avanzar en el camino de dirimir el impacto de las crisis del mundo de las finanzas en el mercado de trabajo y su efecto nocivo sobre la población, al tiempo que discutir sobre las hipótesis existentes apoyados en un recorrido histórico-empírico de los últimos 30 años. Partiendo del análisis “marxista” del capital ficticio, se hará un recorrido histórico de las crisis financieras de los últimos 30 años y su impacto en la economía real, para luego discutir desde la propuesta de James Tobin del año 1971, hasta las ideas planteadas en la actualidad a la luz de la última crisis financiera global como forma de corregir la especulación, orientar la producción de mercancías hacia las necesidades sociales y promover el empleo.

*Estudiante avanzado de la Licenciatura en Economía Política – UNGS

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Introducción:
El 16 de Septiembre de 1992, el magnate húngaro de las finanzas, George Soros atacó literalmente a la libra esterlina propinándole un potente llamado de atención al sistema financiero mundial. La jugada fue sencilla, solo bastó cambiar una parte de sus existencias dinerarias de libras a marcos alemanes. Producto de tal maniobra el Reino Unido se vio obligado a devaluar su moneda en un 10%, al tiempo que como fichas de dominó España, Italia e Irlanda fueron cayendo bajo el influjo especulativo, soportando sendas corridas en sus sistemas bancarios. Poco tiempo después tanto el Reino Unido como Italia abandonaban el Sistema Monetario Europeo y así de seguido, otros países de esa región fueron renunciando a aquel sistema hasta desembocar en la creación del Euro en 1999. Este dato anecdótico simboliza la marcada indefensión de los países a la hora de proteger sus monedas, y sus economías en general, ante los embates del capital especulativo, personificado por los grupos económicos que compran acciones, divisas u obligaciones en el mercado bursátil, inmobiliario o en el de commodities, para luego vender esos activos en el mismo mercado con el fin de obtener una renta; y al mismo tiempo indica que la desregulación de las tasas de interés y los tipos de cambio, así como la liberalización de los flujos de capital lejos de producir los efectos positivos que sus promotores sostenían tuvieron como correlato un incremento de la especulación financiera a nivel mundial que golpeó de manera significativa a los países latinoamericanos. La experiencia al mismo tiempo incita a rever los mecanismos regulatorios a implementar con vistas a suavizar sus implicancias en las economías nacionales, de forma especial en las economías de los países caracterizados por una inestabilidad financiera histórica como el argentino y de manera particular su impacto en la economía real y el empleo. Considerando lo expuesto arriba, el siguiente trabajo tiene como objetivo evaluar críticamente los resultados de la desregulación financiera promovida e implementada a principios de la década del 70. Su organización será la siguiente: En el primer apartado se hará una reseña histórica de la crisis financieras de los últimos 30 años, luego se revisionará sucintamente el impacto de las crisis financieras a nivel global, en la región latinoamericana y particularmente en Argentina sobre la producción y el empleo, sus efectos económicos como aquellas consecuencias sobre el nivel de vida; seguidamente se analizarán las propuestas que se han considerado más importantes respecto de la regulación de los mercados de capitales desde la aplicación de una tasa a las transacciones financieras propuesta por James Tobin (1971), hasta las planteadas en la actualidad a la luz de la última gran crisis financiera mundial.

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Cuando un capitalista individual se enfrenta a la imposibilidad de realizar la plusvalía materializada en su producto porque no encuentra comprador solvente a quien vendérselo, se enfrenta al reconocimiento inmediato de la impotencia del capital para actuar como tal. Pero tiene la opción de posponer la situación, vendiéndola a crédito a compradores insolventes. Hecho lo cual, su capital parece haberse valorizado y puede reproducir su ciclo a condición de poder comprar a crédito…y con cada renovación del ciclo, una nueva porción de plusvalía carece de otro curso que éste, en tanto la superproducción continúa expandiéndose sobre esta base misma. Juan Iñigo Carrera; “El capital: Razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia”, La expansión del capital ficticio, 2004

2) Las

crisis financieras y el impacto sobre la economía real:

La abundante provisión de liquidez de mediados del decenio de 1970 brindó los elementos necesarios para el exponencial crecimiento del capital financiero y le dio pie a la inauguración del casino global mediante la creación acelerada de un instrumental financiero inédito, de la mano de gobiernos ideológicamente impregnados de un tinte neoliberal vigoroso y del consecuente nuevo paradigma económico basado en la valorización financiera, congruente con los intereses del gran capital (Arceo et al; 2009). Las consecuencias de tal escenario fueron diametralmente opuestas a las que sus impulsores declamaban. Contrariamente al argumento sostenido por aquellos que afirmaban que la liberalización de los mercados de capitales traería un beneficioso financiamiento de bajo costo con vistas a reimpulsar al sector productivo en los países con una tasa de inversión deficiente, la andanada de flujos financieros especulativos provoco una profusa fragilidad en las economías de los países al impactar negativamente sobre la producción y el empleo, transformándose en polea de transmisión del deterioro de la calidad de vida de la mayor parte de la población, especialmente de la clase trabajadora. Los cambios sociales se vieron definidos por la disolución de un estándar de vida, a la fecha histórico, de una clase trabajadora con intenciones bien fundadas de movilidad social, traccionado por los efectos nocivos derivados de la apertura y desregulación de la cuenta corriente nacional que trajo aparejado una rápida desindustrialización, la ruptura violenta de las condiciones laborales de la clase obrera o de las expectativas de los pocos desempleados de encontrar empleo. En el siguiente gráfico podemos apreciar la evolución del desempleo en los 25 años que van desde 1977 hasta 2002. En el cuadro siguiente se observa el comportamiento de la tasa de desempleo en el mismo período.

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Evolución del desempleo a lo largo del período 1977-2002

Elaboración propia en base a datos del INDEC

Tasa de desempleo período 1977-2002

Año Tasa Año Tasa

1977 1978 1979 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 2,7 2,3 2,4 2,5 5,3 4,6 3,9 4,4 5,9 5,2 5,7 6,1 7,1

1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 6,3 6 7 9,3 12,2 16,6 17,3 13,7 12,4 13,8 14,7 18,3 17,8

Elaboración propia en base a datos del INDEC

A nivel mundial el derrotero de la desrregulación financiera se fue expandiendo y transformando en “capital ficticio” (Marx, 1886) aceleradamente al desprenderse su valorización del capital real y promoviendo la formación de burbujas que fueron eclosionando de manera significativa a lo largo de la tres últimas décadas. El protagonismo del capital financiero se ha ido incrementando sin interrupciones al punto de agrandar su volumen de transacciones de tal modo de superar al de la economía real notablemente y generando de ese modo el marco propicio para la aparición de burbujas especulativas. Al 2008 solo el 5% de los flujos de capital que se negociaban el mundo correspondían a actividades productivas, es decir que el 95% de esas transacciones pertenecían a flujos de capital especulativo (Bank for International Settlements; 2008). El período que se abre en la década del 1970 hasta el 2007, fecha del estallido de la crisis financiera actual, es de celeridad de las magnitudes en un marco de liberalización progresiva. En estos años, el incremento de las finanzas superó en un 1,5% anual al de la economía real, acelerándose el diferencial a partir de los primeros años del decenio de 1980 (Haldane et al; 2010).

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2.1. El experimento del Cono Sur
En el caso latinoamericano existen múltiples ejemplos que atestiguan la importancia de la implementación de una adecuada regulación y control del sector de las finanzas. La región ha soportado múltiples cimbronazos sociales producto de crisis provenientes del sector financiero al quedar negativamente expuesta a los vaivenes de las tasas de interés exógenas, la imposibilidad o la limitación cierta de contar con autarquía respecto de la políticas monetarias y fiscales y la imposibilidad de recurrir al crédito externo. En ese sentido, lo que se ha dado en llamar “los experimentos de liber alización del Cono Sur” de la década del setenta fueron el claro ejemplo de aquellos tiempos de los albores de la globalización financiera y de los efectos económicos devenidos de la puesta en marcha de toda la parafernalia liberal, al mostrar un desenlace común relacionado, a partir de las crisis financieras, con una honda recesión y la adición del default de las deudas externas, al tiempo que mostraron las primeras experiencias de contagio regional (Frenkel; 2003). Estos ensayos liberales fueron el antecedente más dramático de lo que posteriormente, en los años noventa, fuera el desembarco virulento de las políticas neoliberales cuyo rigor determinó un impacto negativo decisivo sobre la economía en su conjunto. Chile, Argentina y Uruguay aplicaron el modelo básico neoliberal que consistía en el intento de integración completa a la globalización financiera, mediada por la desregulación y apertura del sistema financiero y comercial, sumado a la liberalización irrestricta de los flujos de capital, lo que constituyó una transformación del esquema de desarrollo basado en los preceptos del nuevo paradigma en boga que fundaba el crecimiento de la mano de las exportaciones (Arceo; 2005). A diferencia de otras crisis anteriores, la característica notoria de la nueva crisis financiera fue la de llegar para quedarse por varios años. El tendal que iba dejando a su camino era de tal magnitud que los países afectados no alcanzaban a diseñar una medida de política económica para subsanar un escollo que ya debían pensar en diseñar otra para atender un nuevo frente de tormenta. En ese itinerario la impronta que el paradigma dominante iba dejando tenía la particularidad de ir haciendo cambios sustanciales en las sociedades y subsumiendo a los países en sendas crisis económicas de difícil solución.

En lo que respecta a Argentina los efectos de la aplicación de las políticas neoliberales en esta primera etapa, que va de 1977 hasta la crisis de la deuda externa del año 1982 (Frenkel; 2005), se vieron potenciados por el peso inmanente de la deuda externa sobrevenida por la extraordinaria provisión de liquidez que vino de la mano de la casi ilimitada oferta de crédito a partir de los dólares provenientes de la renta petrolera, el incremento notable de la tasa de interés promovido por los EE. UU. como mecanismo para combatir su acelerada inflación, pero, primordialmente, por la decisión del gobierno de turno de seguir a rajatabla las sugerencias de buena parte de la academia y organismos internacionales respecto de la aplicación de las 5

políticas de corte neoliberal, una modernización de la visión monetarista clásica. Estas decisiones de política económica trajeron aparejada conforme los efectos de la liberalización financiera y comercial se afirmaban, una creciente desindustrialización al tiempo que dejaba al país sensiblemente vulnerable a los shocks externos. En tal sentido, el proceso que se dio a principio de los años ochenta, cuando la suspensión del servicio de la deuda externa por parte de México asociada a su sobreendeudamiento más la recesión internacional relacionada a la caída de los precios del petróleo y el aumento de las tasas de interés, concluyó que los organismos financieros internacionales (en mayor grado la banca privada) objetaran el refinanciamiento de la deuda externa de ese país y posteriormente de los demás países latinoamericanos excesivamente endeudados. A raíz de este hecho los países en desarrollo se vieron obligados a implementar rigurosos programas de ajuste de sus economías para hacer frente a los conflictos internos, a los servicios de la deuda contraída y a una inflación que se incrementaba rápidamente; todo esto en un contexto en donde las economías de la región mostraban un marcado estancamiento.

2.2. La experiencia de los 90
Luego de un relativo impasse de algunos años durante la década del 80 en donde los países protagonistas de los experimentos del Cono Sur lidiaron con el peso de sus deudas externas y déficit sociales, el embate ideológico liberalizador volvió a escena y, como si nada hubiera pasado, los gobiernos latinoamericanos reincidieron en la teoría neoliberal, dando iniciación a una segunda fase de liberalización y apertura comercial y financiera a principios de los noventa, de la mano de un notable flujo de capitales proveniente de los países centrales hacia los países emergentes. En esta segunda vuelta de liberalización financiera varios países latinoamericanos soportaron los efectos negativos de manera dramática. Concretados bajo la forma de crisis externas y financieras, el desenvolvimiento de la política neoliberal concluyó en resultados profundamente desfavorables en la economía real que generaron múltiples costos sociales y representaron un freno e incluso una retracción en los niveles de crecimiento En ese sentido, en 1995 la crisis económica vino del lado financiero consecuencia de la fuga de capitales que prosiguió a la devaluación de la moneda mexicana; afectando al sistema bancario en general y a la economía en su conjunto. En este caso se comenzó a vislumbrar el efecto contagio en la región de forma categórica al promover, aquel trance del mercado financiero mexicano, la crisis Argentina del año 1995. Esta característica endémica de la crisis financiera se profundizó a partir del año 1997 con las crisis asiáticas y luego con la rusa, al adquirir estas una dimensión global. En Latinoamérica los países más afectados fueron aquellos en donde el volumen de los flujos de capital fue mayor (México, Argentina, Brasil) (Frenkel, 2003). 6

En la década del noventa, además, por estar atada la moneda nacional a los vaivenes del dólar mediante la regla monetaria en vigencia y a una tasa de interés exógena, la crisis económica de finales del decenio y principios de la década siguiente adquirió ribetes recesivos históricos, derivando en una inédita crisis social. De este modo, la transformación neoliberal de las economías engendró resultados adversos, diametralmente opuestos a los que sostenían sus promotores. Lo peor es que los mismos resultados adversos habían sido observados en los países del Cono Sur de América Latina, previamente utilizados como conejillos de indias de los experimentos neoliberales de reforma financiera. (Joseph Ramos; 1988)

2.3. La crisis en el “primer Mundo”
Las crisis financieras adquirieron un sesgo sistémico y conformaron un corset al normal desarrollo económico al golpear de forma metódica a distintos países del mundo a lo largo de los últimos 30 años. La última de estas crisis golpeó a países centrales de Europa tanto como a EE.UU., dándole al fenómeno un carácter de interés mayor al adquirir una gravedad comparable con la gran depresión de los años 30. Esta crisis financiera internacional, que comenzó a sentirse en 2007, tuvo la particularidad de difundirse rápidamente por todo el globo pero principalmente y de manera trágica por buena parte de los países industrializados de Europa transformándose en la de mayor gravedad de toda la serie de crisis que se desarrollaron durante las últimas tres décadas. En buena medida lo que Europa vive en la actualidad es análogo a lo vivido por varios países de Latinoamérica a principios este siglo. Los efectos de la crisis se hacen sentir de igual modo y se refrendan días tras día, al parecer, si visos de mejoría, de la mano de políticas de corte ortodoxo que hacen del salvataje al sistema financiero una bandera de la recuperación, que hasta el momento se presenta esquiva. Es en este marco que aquellos países se están viendo obligados a vislumbrar la posibilidad de una efectiva regulación de los mercados de capitales, por lo menos de forma teórica. De este modo, algunos de los países que sufrieron los efectos más negativos del últimos cimbronazo proveniente del sector financiero se debaten entre el desempleo y la caída de la producción, síntomas previsibles, pero que sin embargo no fueron tenidos en cuenta, a la luz de las experiencias pasadas.

2.4. El impacto social
. Lo que comenzó como una crisis en los mercados financieros se ha convertido velozmente en una crisis de empleo global. El desempleo está aumentando. El número de

trabajadores pobres también. Muchas empresas se están fundiendo. Cada vez existe mayor preocupación sobre el proceso de globalización -su equilibrio, justicia y sostenibilidad- que venía atravesando el mundo antes de esta crisis. (OIT; 2013).
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La consecuencia del financiamiento de la actividad productiva mediante el mercado de capitales trajo consigo una mayor incidencia de los accionistas, tomando, de este modo, un mayor protagonismo en las decisiones de las empresas. En paralelo el valor bursátil pasó de ser un complemento de la actividad productiva a ser el objetivo principal de los negocios y en virtud de ello, asumió un rol protagónico al adquirir mayor peso a la hora de proyectar las estrategias de producción; este modo de expansión fundado en el endeudamiento y el “capital ficticio“ tuvo su límite en la crisis, que se tradujo en una enorme burbuja financiera que terminó de estallar en 2007 en el corazón mismo del sistema (Arceo; 2009). Los efectos sobre la economía real no se hicieron esperar al afectar negativamente producción y el empleo como ya había sucedido en los períodos de crisis anteriores.

PBI real y desempleo durante las crisis Año de Crisis México Tailandia Malasia Indonesia 1995 1998 1998 1998 Variación del PBI real (%) -6,2 -10,2 -7,4 -13,1 Tasa de desempleo crisis (%) 6,2 3,4 3,3 7,0 Tasa de desempleo pre-crisis (%) 3,7 0,9 2,5 4,8

Fuente: Ariana Sacroisky y María Sol Rivas

El mundo enfrenta una real crisis de desempleo. Se estima que en todo el mundo existen alrededor de 210 millones de personas que están desempleadas, esto equivale a un aumento de más de 30 millones desde el año 2007. Tres cuartas partes de este aumento se ha producido en las economías avanzadas. El problema es particularmente grave en los Estados Unidos, el que fuera el epicentro de la actual recesión y el país con el mayor aumento en el número de personas desempleadas. En 2010 había más de 7,5 millones de personas desempleadas que en 2007 y si bien la ocupación se está recuperando, lo hace a un ritmo menor que la recuperación del salario (Mai Chi Dao y Prakash Loungani; 2010). Estos autores también sostienen que el costo humano de la lenta recuperación del empleo en los Estados Unidos y otros países podría ser muy alto. Los estudios han demostrado que los costos para los desempleados incluyen una pérdida persistente de ingresos a través de descalificación profesional, la reducción de la 8

esperanza de vida, y la pérdida de los logros históricos alcanzados por los trabajadores que afectan de forma central a sus hijos, sobre todo a aquellos en edad escolar y como es de esperar los costos son mayores para aquellos que han estado sin trabajo por más tiempo. En el mismo sentido, el costo humano de la crisis no se circunscribe solo las pérdidas económicas, según algunos estudios los despidos también pueden estar asociados con la pérdida de la salud coligado a la disminución de la calidad de vida e incluso al de la vida misma. A largo plazo, la tasa de mortalidad de los trabajadores despedidos es mayor bis a bis que la de los trabajadores empleados. La pérdida del empleo puede reducir el rendimiento académico de los hijos de los desempleados: un estudio encontró que los niños cuyos padres experimentaron la pérdida del empleo fueron 15 por ciento más propensos que otros niños a repetir el grado. A largo plazo, la pérdida del ingresos de los padres también reduce las perspectivas de beneficios de sus hijos (Sociedad Española de Salud Pública y Administración; 2012) En síntesis, las crisis financieras no solo son un exponente más de las turbulencias cíclicas del sistema capitalista que se expresa en recesión económica con el consecuente efecto de desempleo y caída de la producción. Los efectos dañinos de la crisis tienen un corolario que pocas veces se ve en las tapas de los diarios y es la dramática indefensión en la que quedan subsumidos millones de seres humanos producto de la falta de empleo que los aleja pertinazmente de los niveles dignos de vida. Para cerrar este apartado utilizaremos la siguiente cita: “La población infantil es especialmente vulnerable a los efectos de las crisis económicas, ya que éstas se asocian a un aumento en las desigualdades sociales, y las desigualdades sociales en la primera infancia son predictoras de desigualdades en la salud en la vida adulta. Este efecto viene mediado por las inequidades en el desarrollo físico y psicológico, así como en el nivel de estudios alcanzado. Además, los resultados profesionales en la vida adulta dependen de la calidad de la enseñanza recibida en la escuela en los primeros cinco años. Los niños y niñas de clases más desfavorecidas tienden a tener peores resultados escolares y, en consecuencia, en la edad adulta su situación laboral y sus condiciones de trabajo son peores y sus ingresos más bajos (Grantham - McGregor; 2007).

Alternativas de regulación de los mercados financieros
En la literatura relacionada con la regulación financiera, desde la caída del sistema Bretton Woods hasta la fecha, existen múltiples propuestas que formulan desde la aplicación de una pequeña tasa a las transacciones, hasta la utilización de los novedosos recursos tecnológicos actuales con el propósito de tener un mayor control sobre los mercados de capitales especulativos. Todas ellas, sin embargo, coinciden en dotar a las transacciones mencionadas de un mayor marco de previsibilidad, transparencia y control como forma de suavizar o eliminar sus efectos nocivos en el sistema económico en su conjunto.

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En tal sentido se tomará como inicio de la investigación la idea de una tasa pequeña a las transacciones en moneda extranjera establecida por James Tobin. Según este autor, la implementación del gravamen debía servir para aminorar las fluctuaciones en los tipos de cambios. En ese sentido, la tasa tendría como misión central desestimular las transacciones a corto plazo realizadas entre divisas, por lo general de tipo especulativo, que dan como resultado un brusco aumento de las tasas de interés por parte de los países cada vez que el dinero puesto en el mercado con fines especulativos es retirado de forma intempestiva, con el consecuente perjuicio hacia las economías nacionales Si este dinero se retira de súbito, los

países deben aumentar drásticamente las tasas de interés de la moneda local que sigue siendo atractiva para los especuladores. Sin embargo el movimiento de estas transacciones de alta frecuencia es desastroso para la economía nacional (Tobin; 2001). La propuesta de Tobin
consistía en una pequeña tasa, de menos del 1%, sobre las transacciones financieras que se impondría en cada cambio de una moneda a otra sobre el volumen de la transacción; lo que, según el economista, frenaría el impulso de los capitales especulativos, ya que gran parte de estos inversores invierten en moneda extranjera estimando una ganancia en el muy corto plazo. Las ventajas más relevantes de la aplicación de la Tasa Tobin se pueden sintetizar en una mayor estabilidad de los mercados financieros; en tanto que estos mercados son intrínsecamente inestables y suele suceder que a menudo esa inestabilidad derivada de la especulación financiera se traslada al conjunto de la economía. Como ventaja colateral, si existe un elevado volumen de transacciones es probable que la aplicación de la tasa tenga un correlato en un importante incremento de la recaudación fiscal. En la misma línea, el análisis desarrollado por Philip Arestis y Malcolm Sawyer (1997) considera cuestiones vinculadas con la solidez de la propuesta de un impuesto sobre las transacciones financieras, en virtud de los tres motivos que han propuesto para tal gravamen: el excesivo volumen de transacciones a corto plazo en divisas y sus efectos sobre volatilidad del tipo de cambio, su potencial para elevar los ingresos devenidos de los impuestos, y la posible mejora de la autonomía de la política económica nacional a la que podría dar lugar. Sin embargo, la implementación de la Tasa Tobin podría presentar algunos escollos importantes que saltar a la hora de hacerse efectiva. En primer lugar es probable que el empleo de la tasa provoque una menor liquidez de los mercados, este hecho, según ciertas visiones, produciría una reducción de la riqueza general ya que el impuesto sobre la especulación financiera dotaría de una importante rigidez a los mercados. Luego, la Tasa Tobin, debería aplicarse a nivel global para ser realmente efectiva ya que de aplicarse por uno o una cantidad pequeña de países, el impuesto, traería aparejada una desventaja en el mercado financiero local en beneficio de los mercados financieros del resto del mundo, esto es así ya que es de esperar que los capitales especulativos se muevan entre los

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distintos mercados financieros tratando de evadir el impuesto y esa acción derivaría en una suerte de arbitraje económico al diferenciar a los países por sus regímenes fiscales. Por su parte, Robert Pollin, Dean Baker y Marc Schaberg (2002); indagan sobre la viabilidad de la aplicación de un impuesto a las transacciones financieras como herramienta política dirigida a establecer un entorno financiero más estable. En ese aspecto, los autores sostienen que dichas políticas pueden ser diseñadas sin distorsionar, de manera relevante, el funcionamiento de los distintos sectores del mercado financiero. Al mismo tiempo la propuesta mencionada hace mención al hecho de que un modesto impuesto, de alrededor del 0.5 %, adicionalmente generaría nuevos e importantes ingresos al estado. Finalmente, en el análisis de las propuestas del impuesto a las transacciones financieras, Rodney Schmidt (1999), señala que un impuesto sobre las transacciones aplicado a los pagos en divisas es factible. El argumento se basa en un análisis de los recientemente establecidos avances tecnológicos que permiten tener mayor control sobre las operatorias y las instituciones destinadas a reducir y eliminar el riesgo en el mercado financiero. Es así, que R. Schmidt entiende que este impuesto es ahora factible como consecuencia de la reciente formalización y centralización de la infraestructura internacional para realizar pagos interbancarios de divisas. En ese sentido, Schmidt considera que una posibilidad de implementar de forma efectiva el pago del impuesto sería en el mismo lugar de cancelación del contrato apelando a los sistemas de pagos electrónicos nacionales, que son utilizados por el conjunto de los agentes financieros y en especial por los bancos. Esta propuesta se vería facilitada en tanto los medios técnicos y materiales son fundamentalmente nacionales. En el marco de la hipótesis de la inestabilidad financiera y la no neutralidad del dinero 1 Hyman P. Minsky (1992) manifiesta que las economías capitalistas a menudo muestran procesos inflacionarios o de lo que Fischer (1933) llamó “deflación por deuda” 2 que frecuentemente suelen salirse de control. En ese sentido, las acciones de los gobiernos frecuentemente han sido ineficientes para afrontar esas crisis, evidenciando que el sistema financiero no se ajusta a los preceptos de equilibrio de Walras o Smith. Sintéticamente, el supuesto de la inestabilidad financiera parte de la interpretación del núcleo de la teoría general de Keynes, atendiendo al momento histórico en que fue escrita; precisamente en el marco de la gran crisis de los años 30, y el argumento teórico de la conjetura arranca caracterizando a la economía capitalista como un sistema basado en bienes de capital caros y complejos y un sistema financiero sofisticado. La hipótesis de la inestabilidad financiera es un modelo de una economía capitalista que no se basa en los shocks exógenos que pueden generar períodos económicos de diversa gravedad, sino sostiene que los históricos ciclos de la economía se complican por la dinámica interna de las economías capitalistas, y el sistema de intervenciones y regulaciones debería estar diseñado para mantener a la economía operando dentro de los límites razonables. 11

Prosiguiendo, el autor afirma que las grandes crisis están asociadas a sistemas financieros frágiles y hacia el final de un boom de inversión financiado con deuda (Minsky; 1986), esto significa que las inversiones financieras garantizan un crecimiento sostenido durante un tiempo y al mismo tiempo aseguran la reinversión, pero este acontecimiento tendrá indefectiblemente como correlato un contexto de creciente inversión especulativa, derivando en un marco propicio para el desarrollo de crisis. La condición para que estas crisis tengan lugar las provee la estructura financiera específica en donde se pueden dar situaciones de deudadeflación2 como consecuencia de las relaciones financieras anteriores dadas durante el proceso de fuerte incremento de las inversiones basadas en deuda.

Seguidamente, aportando a las voces que suscriben a la regulación del mercado financiero y en línea con lo propuesto originalmente por Keynes 3, Paul Davidson, manifiesta la necesidad de reformular el régimen de pagos mundial mediante la creaci ón de una “Unión Internacional de Compensación Monetaria”, capaz de establecer los controles necesarios sobre los capitales, argumentando que la sola aplicación de la tasa a las transacciones financieras no sería suficiente para aplacar los embates especulativos. Aquella entidad regularía los controles del capital sobre la base de una reformulación de todo el sistema internacional de pagos, además, el establecimiento de esta entidad más el aporte de otras condiciones imprescindibles y adecuadas permitirían el establecimiento de una “era dorada en el siglo XXI”. Según Davidson la finalidad del control de los capitales es impedir que los vaivenes rápidos de tendencia tanto al alza como a la baja interfieran negativamente en la organización del mercado e implanten veloces cambios en las tendencias del precio que impactarían negativamente en el conjunto de la economía, puesto que la marcada volatilidad asociada a los mercados de divisas, pueden traer de la mano resultados reales destructivos. Sucintamente, la propuesta de la “Unión Internacional de Compensación Monetaria” (UICM) se basa en los siguientes supuestos: esta entidad sería la unidad de contabilidad y reserva última de activos; así mismo los bancos centrales de cada país se comprometerían a garantizar la conversión unilateral de depósitos en la UICM a su propia moneda en un marco en donde el tipo de cambio entre la moneda interna y la UICM lo establecería cada país, tal cual sucedería si se estableciera un patrón mundial basado en el oro. Por otra parte, los contratos entre particulares continuarían llevándose a cabo en la moneda local autorizada conforme a las leyes locales y se establecería un sistema de sobregiro que daría disponibilidad a los saldos de corto plazo no utilizados por los prestamistas con el fin de financiar las transacciones internacionales productivas de aquellos países que necesiten de crédito, esta medida iría acompañada con un dispositivo que estimule a las naciones prestamistas a gastar resultados de crédito acumulados en los productos de cualquier otro miembro de la unión de compensación; en nuevos proyectos de IED, y facilitando transferencias unilaterales a países miembros con 12

déficit. Finalmente la propuesta establece desarrollar un sistema para estabilizar a largo plazo el poder de compra de la UICM con base en la canasta de bienes de cada nación mediante un sistema de tipos de cambio fijos entre la moneda nacional y la UICM. De esta manera se garantizaría a cada banco central que sus valores en UICM, como reservas extranjeras, nunca perderán su poder de compra en relación con los productos manufacturados extranjeros.

Entre los autores locales y respecto a la “Regulación de los Movimientos de Capital en los Países en Desarrollo” José María Fanelli (2003) aborda le cuestión del co ntrol de los capitales advirtiendo que la elección de la herramienta regulatoria queda supeditada a las restricciones y características que cada país establece. En tal sentido, encara el debate sobre la fluctuación del sistema financiero apuntado a tres ejes vinculados con la inestabilidad macroeconómica, las

fallas en los mercados de capital y el régimen cambiario (Fanelli, 2003).
El primero de los ejes nace de preguntarse cuál es el motivo que llevaría a intentar regular el mercado en las economías en desarrollo, evitando que el libre juego del mercado realice su labor sin estorbos. Inmediatamente la respuesta que surge es la de que en las economías pequeñas y más allá de, según el autor, los beneficios que trae consigo la integración con el resto del mundo, el equilibrio queda más expuesto, respecto a los países industrializados en virtud de las fluctuaciones derivadas de los schocks externos tanto en el mercado de capitales como en el comercio4. Lo que en un primer momento se pensaría como una mayor capacidad de los países emergentes para evitar la volatilidad macroeconómica diversificando el riesgo inversor, no se cumple para todos los países, incluso parecería que existen pruebas suficientes para opinar lo contrario, atendiendo a la acontecido durante la década del 90 en varios países de distintos continentes. En esa línea, Fanelli, esgrime justificaciones que se relacionan con fallas de mercado tales como la segmentación de los mercados, que se vislumbran haciendo foco en el análisis del fuerte racionamiento que soportaron los países no industrializados en ciertos momentos y la ineficiencia manifiesta de sistema financiero comprobable en las recurrentes

anomalías sufridas por distintos países (La rigidez de la política monetaria en los Estados Unidos
en 1994, la crisis mejicana del mismo año y la de Tailandia en julio de 1997) que tuvieron su correlato en intensas fluctuaciones en la disponibilidad de fondos para los países en desarrollo y de manera singular en los países de América Latina. Es en ese marco que el autor afirma que la relevancia de la regulación está definida por la necesidad de salvaguardar a las economías

nacionales de las fluctuaciones en los movimientos del capital , aunque siempre prestando
atención al perjuicio potencial que acarrearía l efectiva aplicación de cierta regulación en tanto podría dejar al país fuera del mercado financiero. En síntesis, la característica imperfecta del mercado define que este quede lejos de garantizar el equilibrio por sí solo, en tanto que las regulaciones lograrían colaborar solo de 13

forma marginal y en un contexto de exceso de oferta de crédito pero serían poco útiles en uno determinado por abundancia de demanda. Respecto del régimen cambiario, Fanelli, explica que existe un rasgo que separa al mercado de divisas de los demás mercados, que es la opción que tienen los estados para convertirse en un agente con un poder superior, debido a la existencia de una moneda nacional, al de otros agentes involucrados en las transacciones. Esto da lugar para que el sector público fije las normas con que se han de conducir el resto de los agentes económicos y que influya efectivamente sobre el precio de la divisa, por lo tanto las reglas que rijan el mercado, como así también la forma, ex-ante de cuál será el comportamiento de la autoridad monetaria en relación a su rol de comprador o vendedor de divisas dentro del mercado determinarán el accionar del sector privado. Asumiendo aquel rol del estado dentro de la esfera del mercado de capitales, las regulaciones en el sector financiero cumplirían un papel central en la política cambiaria y cualquier alteración en la regulación afectaría sustancialmente la economía real. Finalmente, Fanelli, alienta a la conjunción de políticas estabilizadoras y anticíclicas, arguyendo que solo la implementación de una de ellas sería insuficiente, es así que un impuesto a las transacciones y una regulación sobre los encajes podrían ser una herramienta efectiva complementaria de otras medidas de política monetaria, cambiarias y fiscales, es decir, una política regulatoria y de control no puede contraponerse ni suplantar a las medidas macroeconómicas de estabilización y al mismo tiempo debería ser sostenido el rol del FMI como “prestamista de última instancia” y auxiliador de los países que circu nstancialmente se vean impedidos del acceso al crédito. Como corolario de su propuesta, Fanelli, sostiene que las políticas de regulación de los mercados financieros, si son delineadas y dirigidas convenientemente serian potencialmente útiles a la hora de darle estabilidad al mercado estudiado, como del mismo modo resultarían adecuadas para promover el desarrollo de dichos mercados mediante el sostén institucional conjugadas con la supresión de ciertas causas de fallas de mercado vinculadas con los problemas de información asimétrica o la inexistencia de credibilidad jurídica respecto de los contratos.

Conclución
Por último, podríamos pensar que el capital financiero no es más que una parte del beneficio que el empresario obtiene y que traslada al sistema financiero con la finalidad de obtener una renta y los instrumentos financieros vinculados al sector productivo no tienen otro fin, en una primera instancia, que el de alcanzar una renta como correlato de la futura ganancia potencial del empresario, por lo tanto, podemos entender que si el crecimiento económico es negativo o bien se concreta sobre bases endebles el sistema financiero entrará en crisis. No 14

obstante, el “capital ficticio” mientras se profundiza el desfasaje entre el mundo de las finanzas y la economía real adquiere relativa autarquía, para luego tomar vuelo propio propulsado por un sofisticado instrumental financiero que logra valorizarlo a espaldas de la valorización real que le dio origen. Así de seguido continúa el ciclo transformándose cada vez más en “títulos de crédito incobrables en una aparente realización de plusvalía que adquiere vida propia” (Iñigo Carrera; 2004). En su devenir, el avance del “capital ficticio” asume el rol de orientador de la producción de mercancías. Lo que se produce y comercializa tiene el interés particular del capital financiero que a su vez tiene como característica central el de representarse como un agente especulador alejado de toda necesidad de producción, circulación y consumo social, por lo tanto, no existe otra alternativa que, salvo que intercedan regulaciones a su accionar, la de la valorización por la valorización misma. El ciclo financiero debe caer, si no media interferencia alguna, en una crisis de sobreproducción o subproducción que a la larga o a la corta traerá aparejada una crisis social de la mano del desempleo, producto de la mera especulación de aquellos grupos económicos con poder sobre el sector productivo. Las consecuencias ya han sido comentadas más arriba, los efectos reales sobre el nivel de vida de los sectores más vulnerables son evidentes y los pronósticos son desalentadores, tal cual lo expresa el siguiente cuadro.

Desempleados por región, 2007, 2012, 2013 y 2015 (millones) Región Mundo Economía Avanzadas Centro y sudeste de Europa Asia del este Sudeste asiático y el Pacífico Sur de Asia América Latina y al Caribe Medio Oriente África del norte África subsahariana

2007 169,7 29,1 14,3 31,6 16,4 25,1 18,3 6,4 6,2 22,2

2012 195,4 44 15 38,4 14 24,8 17,9 8 7,7 25,9

2013 210,5 45,5 15 39,5 14,3 25,7 18,9 8,3 7,6 26,6

2015 207,8 45,3 14,9 40,8 14,8 27,1 20,2 8,8 8 28

Fuente Organización Internacional del Trabajo

He aquí en donde radica la necesidad de una regulación mundial del sistema financiero sabiendo que existen intereses cruzados entre las naciones y dificultades para su implementación relacionadas con la potencia dirigencial sobre la producción general que han alcanzado los grupos económicos que juegan en el casino global.

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1

La moneda no es neutra porque constituye el pasivo de los bancos, porque estos poseen activos extendidos en

moneda, y porque dichos activos serán validados por flujos de liquidez provenientes de las empresas, de las familias y del Estado (Minsky; 1982).
2

Según Inrving Fisher (1933), si en determinado momento existen economías sobreendeudadas, estas tenderán a la

liquidación traccionadas por la prevención de parte de los deudores y/o los acreedores, Este hecho produciría un
eslabonamiento de acontecimientos que tendrían el siguiente derrotero: una venta intempestiva de activos, la contracción de los depósitos, una baja en el nivel de precios, una baja más acentuada en el valor de los depósitos, una baja del mismo tenor en las ganancias, una reducción en el volumen de la producción, pesimismo y falta de confianza, atesoramiento y perturbaciones complicadas en las tasa de interés. Todo lo anterior en un escenario de bancarrotas y desocupación.
3

Keynes pasó los últimos años de su vida pugnando por un sistema financiero internacional que nunca fuera rehén de

mercados financieros liberalizados. En vez de ello, propuso un sistema "bancor"(un tipo de banco supranacional) de dinero internacional (Plan Keynes) que fomentaría la posibilidad de una economía mundial civilizada después de la segunda guerra mundial . (Paul Davidson; 2001).
4

Las crisis de balanza de pagos y financieras que se observaron en varios países desde 1994 en adelante, luego de un

período sostenido de entradas de capital, han coadyuvado también a reavivar el interés en la regulación de los movimientos de capital y su relación con la estabilidad macroeconómica y financiera. (Fanelli; 2003).
5

La expresión capital ficticio fue introducida por Marx para designar aquellos activos financieros cuyo valor no se

corresponde con algún capital real (Astarita; 2012)

16

Bibliiografía:
Juan Iñigo Carrera, “El capital: Razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia” Arceo et al, “La crisis mundial y el conflicto del agro”, 2009 Roberto Frenkel, “Las crisis financieras y externas en América Latina”, 2003 Arceo et al, “Crisis mundial. Elementos para su análisis”; 2009 Enrique Arceo, “El impacto de la globalización en la periferia y las nuevas y viejas formas de la dependencia en América Latina”, 2005 Roberto Frenkel, “Globalización y Crisis Financieras en América Latina, 2005 Organización Internacional del Trabajo, Informe 2003 Ariana Sacroisky y María Sol Rivas, “Globalización Financiera y Crisis. Los límites que impone la OMC para la regulación estatal”, 2012 Mai Chi Dao y Prakash Loungani, “El drama del desempleo”, 2011 Sociedad Española de Salud Pública y Administración, Informe 2012 Grantham-McGregor et al, “Developmental potential in the first 5 years for children in developing countries, 2007 James Tobin, “A Proposal for International Monetary Reform”, 1972 James Tobin, "Financial Globalization: Can National Currencies Survive?", 1999 Robert Pollin, Dean Baker y Marc Schaberg, “Securities Transaction Taxes for U.S. Financial Markets”, 2002 Philip Arestis y Malcolm Sawyer, “How Many Cheers for the Tobin Transactions Tax?", 1997 Hyman P. Minsky, The Financial Instability Hypothesis*, 1992 Inrving Fisher, “The Debt-Deflation Theory of Great Depressions”, 1933 Rodney Schmidt, “A Feasible Foreign Exchange Transactions Tax”, 199 9 Paul Davidson, “Are grains of sand in the wheels of international finance sufficient to do the job when boulders are often required?”, 1997 José María Fanelli, “Regulación de los Movimientos de Capital en los Países en Desarrollo: Reflexiones sobre la experiencia de los noventa, 2012 Carlos Weitz; “Hacia un modelo integrado de regulación y supervisión financiera. Experiencia internacional y el caso argentino”; 2012. Karl Marx, “El Capital”, Tomo III; 1868. Rolando Astarita; “¿Qué es el capital ficticio?”; 2012.

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