Los efectos de la inscripción en el libro registro de acciones nominativas

Andrés Recalde Castells Universitat Jaume I (Castellón)*
Sumario: I. Introducción. II. La función de la inscripción en el libro registro de acciones nominativas acción. 1. Irrelevancia de la inscripción respecto de la transmisión de la acción. 2. El valor de la presunción derivada de la inscripción en el libro registro de acciones nominativas. 3. Replanteamiento de la cuestión en la doctrina española. 4. Justificación de la tesis tradicional. III. La gestión del libro registro de acciones nominativas y la inscripción de las transmisiones . 1. La gestión regular del libro registro como presupuesto para su eficacia. 2. La modificación de los datos del libro registro. 3. La cláusula general de la buena fe como límite a la eficacia del libro registro. 4. Rectificación del libro registro y restauración de la realidad material. IV. Eficacia del libro registro en las reclamaciones por la sociedad de las obligaciones de los accionistas. 1. Consideraciones generales. 2. Eficacia en relación con la obligación de pago de los dividendos pasivos. 3. Eficacia para reclamar el cumplimiento de prestaciones accesorias.

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Introducción

La transmisión de la propiedad de una acción nominativa debe inscribirse en el libro registro que debe crear la sociedad anónima que emitió este tipo de acciones (art. 116.1 y 120.1 párr. 2º LSC). En el libro registro constará el nombre, apellidos, la razón o denominación social, la nacionalidad y el domicilio del accionista. Para inscribir la transmisión el adquirente debe exhibir la acción debidamente endosada a su favor (art. 122 segundo inciso LSC y art. 19 LCCh, al que remite el art. 120.2 párr. 2º LSC) o bien demostrar la adquisición con arreglo al Derecho común. Los datos del libro registro son fundamentales para el funcionamiento de la sociedad anónima, pues esta “sólo reputará accionista a quien se halle inscrito” (art. 116.2 LSC). Esto supone la convivencia de dos índices de “legitimación” del accionista: el derivado de la acción y el que resulta del libro registro en el que el adquirente se inscribe. La posibilidad de que uno y otro no coincidan se consideró un banco de prueba en la concepción unitaria de los títulos-valor1. Pero el ámbito de aplicación del art. 116.2 LSC es limitado. Carece de cualquier significación para en las sociedades cotizadas, cuyas acciones necesariamente deben representarse en anotaciones en cuenta sometidas a un régimen especial en materia de legitimación del titular (art. 11 LMV). La eficacia que se atribuye a los registros que

Proyecto de Investigación “Los derechos de los socios ante los nuevos retos del Derecho de sociedades”, DER2010-17798, cuyo investigador principal es Josefina Boquera Matarredona. 1 ANGELICI, “Note preliminari sulla legittimazione nei titoli azionari”, Riv. Dir. Comm., 1983, 35, 37; id., Le azioni, en Schlessinger, Il Codice Civile. Commentario, Milano 1992, 252. La construcción de una teoría unitaria de los títulos-valor no sólo se objeta desde la legitimación, sino también desde las demás propiedades normativas de estos documentos (PELLIZI, Principi di diritto cartolare, Bologna 1967, 319; PAVONE LA ROSA, Studi sulla polizza di carico, Milano 1958, 319; RECALDE, en Arroyo-Embid, Comentarios LSA, 2ª ed., Madrid 2009, art. 51, 537; PÉREZ MILLÁN, “La transmisión de acciones representadas mediante títulos-valores”, RDM nº 264-265, 2007, 413, 415).
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hacen referencia a acciones representadas mediante anotaciones en cuenta afecta a las relaciones del inscrito con la sociedad y con terceros2. La norma tampoco se aplica cuando se emitieron acciones al portador, cuya exhibición es suficiente para ejercitar los derechos sociales (art. 122 primer inciso LSC). En las sociedades de responsabilidad limitada “el adquirente de las participaciones sociales podrá ejercer los derechos de socio frente a la sociedad desde que ésta tenga conocimiento de la transmisión o constitución del gravamen” (art. 106.2 LSC). Pero también se prevé que se lleve un libro registro de socios en el que constarán las transmisiones (art. 104.1 LSC). A los datos de este libro se atribuía un valor informador o probatorio3. Sin embargo, en 2010 el Texto Refundido de la LSC incluyó un párrafo, que no estaba en la LSRL, literalmente coincidente con lo que se previene para las sociedades anónimas. Ahí se establece que “la sociedad sólo reputará socio a quien se halle inscrito en dicho libro” (art. 104.2 LSC). Este cambio responde a la coincidencia básica en los fines y principios organizativos que inspiran el valor de los libros de socios en los diversos tipos de sociedades de capitales. En las sociedades anónimas el libro de socios que se lleva antes de que las acciones se incorporen a títulos-valor en anotaciones en cuenta cumple también fines de ordenación interna y satisface el interés de la sociedad en conocer quiénes son sus socios4. El art. 116.2 LSC también sería aplicable a este libro si los estatutos de la sociedad anónima previeron que las acciones fueran nominativas, a pesar de estas no llegaron a emitirse5 o si la sociedad emitió un resguardo provisional6. La interpretación de la norma se complica si los estatutos establecen otras carcas para el ejercicio de los derechos del. Así ocurre cuando el derecho a asistir a la junta general se condiciona a que las acciones estén previamente inscritas a nombre del accionista en los registros de anotaciones en cuenta o en el libro registro de las acciones nominativas (art. 179.3 LSC; la máxima antelación que el Derecho español admite es de cinco días)7. Con ello se busca que la sociedad pueda conocer quiénes son sus accionistas antes de la
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RECALDE, en Arroyo-Embid Comentarios LSA, 2ª ed., arts. 60-61, 626; GONZÁLEZ CASTILLA, Representación de acciones mediante anotaciones en cuenta , Valencia 1999, 424 y ss.; id., “La legitimación para asistir a la Junta General y su acreditación en el sistema de anotaciones en cuenta”, en Rodríguez Artigas dir., La junta general de las sociedades de capital, Madrid 2009, 269 y ss. 3 Para los arts. 27.1 y 26.2 de la LSRL 1995 vid SÁNCHEZ CALERO, La junta general de las sociedades de capitales, Cizur Menor 2008, 100. En SAP Madrid 18.12.2008, aunque se rechazó que el libro de socios de la sociedad de responsabilidad limitada tuviera el valor del libro registro de acciones nominativas (también SAP Madrid 8.6.2010) porque la LSRL carecía de una norma equivalente al art. 55.2 LSA (ahora art. 116.2 LSC), se sostuvo que, mientras no se acreditase qué socio era titular de las participaciones, la sociedad debía estar a lo que resultara del libro de socios. 4 LIBERTINI, "Osservazione sul valore giuridico del 'transfert' nella circolazione della azioni di società", Riv. Soc., 1966, 785, 858; PERDICES/VEIGA, Las acciones. Representación y transmisión de las acciones, T. IV, vol. 2º A, de Uría-Menéndez-Olivencia, Comentario al régimen legal de las sociedades mercantiles, Cizur Menor, 2010, art. 55, 167. 5 SÁNCHEZ CALERO, La junta general en las sociedades de capital, 213; PERDICES, El libro registro de socios, Madrid 2000, 100 y ss., reproducido en PERDICES/VEIGA, Las acciones, art. 55, 198 y ss., 6 RECALDE, Comentarios LSA, art. 54, 564; PERDICES/VEIGA, Comentarios art. 54, 149; STS 30.9.1997, RJ 1997, 6461; STS 24.1.2002; SÁNCHEZ LINDE, “Legitimación formal para el voto del socio en la junta de accionistas de la sociedad anónima. Régimen documental”, Rev. Jur. CyL, nº 18, 2009, 219, 242. 7 URÍA/MENÉNDEZ/MUÑOZ PLANAS, La junta general, en Uría/Menéndez/Olivencia, Comentario al régimen legal de las sociedades mercantiles T. V, Madrid 1992, 157 y s.

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celebración de la junta. Cuando se establece que la inscripción anticipada es condición para asistir a la junta se parte de que en ese momento es accionista quien estaba inscrito en el libro registro. El art. 7 de la Directiva 2007/36/CE sobre ejercicio de los derechos de los accionistas de las sociedades cotizadas reconoce la legitimidad de esta previsión estatutaria (record date)8. El valor de la inscripción en el libro registro de acciones nominativas no se va a analizar en clave de reforma legislativa. Nos limitaremos a considerar los efectos que el Derecho positivo atribuye a esa anotación. En esa tarea ofrece una gran ayuda el estudio de la jurisprudencia (de juzgados y tribunales, y la jurisprudencia cautelar de la DGRN), que en múltiples ocasiones, directa o indirectamente, se ha ocupado de la materia9. De ella no cabe obtener una doctrina general. Pero esa casuística ilumina mucho. El libro registro de acciones nominativas cumple otra función: facilita a la sociedad10 y a los demás accionistas conocer el nombre y otros datos de los socios (art. 116.3 LSC). Tampoco se entrará aquí en esta cuestión. En todo caso es un tema en pleno proceso de cambio por sus implicaciones desde la perspectiva de la protección de datos11. II. La función de la inscripción en el libro registro de acciones nominativas acción
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La Directiva no afecta a este estudio pues sólo se aplica a sociedades cotizadas, cuyas acciones deben representarse en anotaciones en cuenta. Las anotaciones en cuenta se someten a un régimen especial en materia de legitimación del accionista (art. 11 LMV), que no se extiende al libro de acciones nominativas. Sobre el requisito de la fijación de una fecha anticipada de registro, con tesis divergentes ABBADESSA, “Recepimento della Direttiva 2007/36 sui diritti degli azionisti con particolare riguardo al sistema della data di registro”, en Congreso de Derecho de sociedades, Madrid mayo de 2010, no publicado; De LUCA, “La nuova disciplina della gestione accentrata e della legittimaziones degli azionisti”, BBTC, 2010, 254 y ss.; en Alemania antes de la incorporación de la Directiva (ARUG en 2008) SPINDLER, “Stimmrecht und Teilnahme an der Hauptversammlung”, en Diekmann et al, Gesellschaftsrecht in der Diskussion 2005, Köln, 2006, 31, 45 y ss.; tras la ARUG, BAUMS, “Der Eintragungsstopp bei Namensaktien, Fest. Hüffer, 2010, 15 y ss.; RIECKERS, en Spindler/Stilz, AktG Komm., 2. Aufl. 2010, § 123; v. NUSSBAUM, “Zu Nachweisstichtag (record date) und Eintragungssperre bei Namensaktien”, NZG, 2009, 456 y ss. Para el proyecto de ley de incorporación de la Directiva RECALDE, “Reflexiones en torno a la Directiva sobre derechos del socio en las sociedades cotizadas y su incorporación al Derecho español”, en Embid/Abriani dir., Los derechos de las accionistas en las sociedades cotizadas, Valencia 2011, 39 y ss. 9 Exhaustiva FERNÁNDEZ PÉREZ, “La eficacia legitimadora del libro registro de acciones nomi nativas: el control de la regularidad de la inscripción como manifestación del deber de diligencia sobre los administradores”, RdS, nº 30, 2008, 485. 10 El derecho de la sociedad anónima a conocer el nombre y otros datos de sus accionistas se reformó en la Ley 2/2011, de Economía Sostenible, que modificó el art. 497 LSC para establecer lo que ya preveía la disp. ad. 1º6 LSA, es decir, que la sociedad puede conocer la identidad de sus accionistas reclamando esa información de las entidades gestoras de los registros de anotaciones en cuenta (luego se remite a un desarrollo reglamentario, que cabe esperar que no limite el derecho como hacía el art. 24 RD 116/1992); la Ley no modificó el art. 118.3 de la LSC, que mantiene la redacción de la LSA. 11 El derecho de inspección permite al accionista informarse sobre el nombre y dirección de los demás socios, lo que les permite una actuación conjunta del derecho de voto (LIBERTINI, Riv. Soc. 1966, 861) o, en el marco de las operaciones del mercado de control, ofrecerles la adquisición de sus acciones (RECALDE, “Publicidad de los datos personales incluidos en los registros de accionistas”, RdS, nº 18, 2002, 77 y ss.). El derecho de los accionistas a conocer los datos del libro registro de acciones nominativas desapareció del Derecho alemán después de la NaStraG en 2000. Desde entonces el § 67.6 AktG sólo reconoce a los accionistas el derecho de acceder y rectificar sus datos (CAHN, Spindler/Stilz, Komm. z. Aktg., München 2007, § 67 Rdn. 3). En España, el informe 463/2003 y la Resolución 474/2004 de la Agencia Española de Protección de Datos restringen el derecho con bases y efectos cuestionables.

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1. Para poder ejercer los derechos que resultan de su condición de accionista el adquirente de una acción nominativa debe inscribirse en el libro registro. Pero esa inscripción no es un requisito para la eficacia de la transmisión. Frente a las dudas que se suscitaron en el pasado, desde hace tiempo se encuentra consolidada la idea de que la transmisión de una acción nominativa no requiere que la transcripción del transfert en el libro12. La acción se transmite como consecuencia del negocio traslativo y del endoso. Para la titularidad material de las acciones es irrelevante la inscripción en el libro registro, que, por tanto, carece de un valor constitutivo. Y tampoco constituye un signo publicitario que pudiera fundamentar la tutela del tercero de buena fe que confiara en sus indicaciones. Frente a otros títulos-valor, la acción no se caracteriza porque para ser eficaz la transmisión deba inscribirse. La inscripción en el libro cumple sólo fines organizativos y no intersubjetivos13. El libro registro de acciones nominativas limita su eficacia al ámbito del ejercicio de los derechos y obligaciones del accionista. Pero es indiferente desde el punto de vista de las relaciones entre el transmitente y el adquirente, o frente a los terceros14. La transmisión de la acción se rige, por tanto, por el Derecho general de los títulos-valor15. La acción nominativa puede circular también de acuerdo con las normas del Derecho común. Así sucede en una transmisión mortis causa, en el caso de una cesión cuando no aún no se emitieron los títulos (art. 56.1. párr. 2º LSA y art. 120.2. párr. 2º LSC) o en el de una circulación impropia de las acciones prescindiendo del régimen de los títulos. Tampoco en estos casos es necesario el transfert en el libro registro16. Pero el adquirente puede pedir la inscripción, al ser esta necesaria para la legitimación. Al igual de lo que sucede con otros títulos-valores, el endoso de la acción nominativa crea una apariencia de titularidad a favor del tenedor-endosatario, que el adquirente
EIZAGUIRRE, “El régimen de las acciones: documentación y transmisión”, en AAVV, Jornadas sobre el nuevo régimen de la sociedad anónima, Madrid 1991, 80 y 85; VELASCO SAN PEDRO, “La documentación de la posición de socio”, AAVV, Derecho de sociedades anónimas I. La fundación , Madrid 1991, 307, 321; RECALDE, vo z “Título-valor”, en EJB, Madrid 1995, 6582; id., Comentarios LSA, art. 55, 536, y art. 56, 582; TAPIA SÁNCHEZ, voz “Libro registro de acciones”, en Diccionario de sociedades, coord. Alonso Ledesma, 2006, 757; PÉREZ MILLÁN, RDM nº 264-265, 2007, 421; PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 175 y ss. (aunque, en 183, admite la posibilidad de una “resurrección convencional por vía estatutaria del sistema del transfert”) y art. 56, 367; PERDICES, El libro registro de socios, 64; vigente la LSA 1951, ya GIRÓN, Derecho de sociedades anónimas, Valladolid 1952, 247; GARRIGUES/URÍA, Comentario a la LSA, Madrid 1953, 369. STS 28.2.2008 RJ 2008\2931; SAP Navarra 15.5.1992 AC 1992\795. La tesis que atribuye al transfert efectos constitutivos en la transmisión hoy es minoritaria (ALONSO ESPINOSA, “Problemas en materia de documentación y transmisión de acciones”, RDBB, nº 45, 1992, 78; MADRID PARRA, “Representación y transmisión de acciones. Cláusulas limitativas”, RDM nº 203-204, 1992, 147, 194; BOQUERA, La junta general de las sociedades capitalistas, 100; como obiter dicta en STS 6.6.2005, RJ 2005\4420). 13 LIBERTINI, Riv. Soc., 1966, 785, 859; PAVONE LA ROSA, “Circolazione delle azioni e legittimazione all’esercizio dei diritti social”, BBTC, 2003, 261. 14 En Alemania el libro registro tiene efectos sobre terceros en la fusión, ya que la condición de socio opera se presume frente a la sociedad absorbente o a la resultante de la fusión. El canje de las acciones debe realizarse a favor de quien constaba en el libro registro de las sociedades fusionadas (BAYER, Münch. Komm. AktG, § 67 Rdn. 37; crítico CAHN, Spindler/Stilz, Komm. z. Aktg. § 67 Rdn. 29 y 30). 15 HEFERMEHL/BUNGEROTH, Aktg. Komm., § 67 Rdn. 37; CAHN, Spindler/Stilz, Komm. z. Aktg., § 67 Rdn. 27; BAYER, Münch. Komm. AktG, 3. Aufl. München 2008, § 67 Rdn. 36. 16 El adquirente puede exigir que el transmitente le entregue el título. Así evita que la sociedad le impida el ejercicio de los derechos porque no presenta el documento, para eludir el riesgo de un cumplimiento no liberatorio (STS 28.2.2008, RJ 2008\2931).
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puede oponer tanto frente a los terceros (que pretenden haber adquirido antes las acciones), como frente a la sociedad emisora, que debe demostrar la falta de titularidad del endosatario. El endoso y la traditio de la acción fundamentan la protección del adquirente de buena fe (art. 19 LCCh al que remite el art. 120.2 párrafo 2º LSC). Al endosatario le facilita la prueba de su condición de accionista frente a la sociedad a los efectos de obtener la inscripción en el libro registro de acciones nominativas (art. 122 segundo inciso LSC). Pero la adquisición de la acción se produce al margen de la inscripción, aunque esto no sea suficiente para el ejercicio de los derechos sociales. Con carácter general la legitimación derivada de la tenencia del título no debería contradecir a la que resulta del libro registro. La inscripción en el libro registro condiciona el ejercicio de los derechos de socio. Si no se emitieron acciones o si se emitieron pero éstas se transmitieran mortis causa o mediante cesión, la inscripción en el libro registro sigue siendo el instrumento necesario para identificar al accionista17. El problema surge si los datos del libro registro de acciones nominativas no coinciden con la titularidad real de las acciones. En el plano cartular la legitimación que deriva de haber adquirido la acción nominativa conforme a sus normas de circulación (mediante endoso si es una acción nominativa) permite al adquirente forzar un cambio en las indicaciones del libro registro (art. 122 2º inciso LSC)18. El examen por la sociedad de la legitimidad del endosatario que pide su inscripción en el libro-registro se debe realizar de acuerdo con lo que pide para cualquier otro título a la orden19. Por ello, si la sociedad conocía y disponía de medios de prueba líquidos para probar que el endosatario realmente no adquirió las acciones, debería denegarle el acceso al libro registro (aplicación analógica del art. 46.3 LCCh ex art. 19.1 LCCh, precepto al que remite el art. 120.2 párr. 2º LSC). La legitimación que resulta de la acción establece una mera presunción, que presupone la buena fe de la sociedad (de sus administradores). El eventual conflicto entre la legitimación que resulta del título y la que deriva del libro registro permite apreciar la diferente eficacia de la inscripción en el libro registro. Y aquí el Derecho de sociedades es distinto y prevalece sobre el de los títulos-valor20. 2. Las reglas del Derecho de títulos en materia de legitimación (ámbito del que se ocupan los arts. 120 y 122 LSC) no justifican el valor de las indicaciones del libro registro de acciones nominativas. La presunción que resulta de la inscripción (art. 116.2 LSC) se explica21 desde las claves del régimen de la organización societaria, que
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GIRÓN, Derecho de sociedades anónimas, 247. EIZAGUIRRE, “La opción por el concepto amplio”, en Est . hom. prof. Menéndez, I, Madrid 1996, 1133, 1139; VELASCO SAN PEDRO, “La documentación de la posición de socio”, 323; PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 178. 19 GIRÓN, Derecho de sociedades anónimas, 252. 20 ZÖLLNER, “Die Zurückdrängung des Verkörperungselements bei den Wertpapieren ”, Fest. Raiser, Tübingen 1974, 249, 270; MÜLBERT, “Die Aktie zwischen mitgliedschafts - und wertpaperrechtlichen Vorstellungen”, Fest. Nobbe, Köln, 2009, 691, 724; en Italia ANGELICI (“La circolazione delle azioni”, en Rescigno, Trattato di diritto privato, vol. 16, Torino 1985, ristampa 1991, 294) mantiene que el Derecho de sociedades prevalece sobre el de títulos; id., La reforma delle società di capitali, Milano 2003, 85 y ss.; LIBERTINI, Riv. Soc. 1966, 858; D´ALESSANDRO, “’Fattispecie’ e ‘disciplina’ del titolo azioniario”, Riv. dir. Civ. 1971, I, 501; DENTAMARO, “Circolazione delle azioni”, en Cottino et al., Il nuovo diritto societario, Bologna, ristamp. 2008, 369; contra De LUCA, Circolazione delle azioni e legittimazione dei soci, Torino 2007, 155 y ss.). 21 LUTTER, Köln. Komm. AktG, § 67 Rdn. 19.

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satisface los intereses que concurren en las sociedades anónimas compuestas por un gran número de accionistas. Establece procedimientos que afectan a la organización corporativa y no a la legitimación intersubjetiva, que es el ámbito propio del Derecho de títulos. Por ello, los problemas que plantea la discordancia entre la legitimación resultante del libro registro y la titularidad real de las acciones no pueden resolverse desde las propiedades de los títulos-valor, sino a la luz del procedimiento previsto para corregir errores o inexactitudes en el libro registro (art. 116.4 LSC)22. La concepción que atribuye a las indicaciones del libro un especial valor se remonta a la doctrina alemana, que a su vez se apoya en un precepto (§ 67 párr. 2º AktG) fundamental para interpretar la norma española. Según opinión unánime la norma que establece que, en sus relaciones con los accionistas, la sociedad sólo reputará como tales a los inscritos en el libro es un trasunto del precepto de la ley alemana de sociedades por acciones que regula el libro de acciones nominativas. En ella se impedía desmentir las indicaciones del libro registro de acciones nominativas salvo si este se rectificaba o corregía. Y, al igual que el art. 116.2 LSC, el complemento del § 67. 2 AktG es su párrafo 4º, que establece el procedimiento para modificar el libro cuando se produzcan discordancias con la realidad. En el estricto ámbito de las relaciones de la sociedad con sus accionistas, la norma establece una especie de ficción o, mejor, una presunción de la condición de socio que no permite prueba en contrario y que opera tanto a favor como en contra de la sociedad, pero que, al tiempo, beneficia también al inscrito23. Por ello, la sociedad está obligada a cumplir frente al inscrito y, además, legitimada a exigir de este el cumplimiento de las obligaciones sociales, incluso aunque conociera que no es el titular material de las acciones. En todo caso, se trata de una norma cuya eficacia trasciende del plano en el que la legitimación se entiende como presunción de titularidad oponible al emisor y a los terceros, que es lo que caracteriza a la legitimación en los títulos-valor. En efecto, el libro registro de acciones nominativas tiene una función organizativa. Su recto sentido no se alcanza desde normas que se ocupan de proteger al accionista que adquiere valores en el mercado y que ordenan las relaciones entre el transmitente y el adquirente. El régimen de los títulos-valor determina a quien corresponde la posición subjetiva de titular del derecho documentado. En cambio la regulación del libro registro se ocupa de fijar las condiciones para el ejercicio de los derechos que resultan de la relación jurídica que surge entre la sociedad y sus accionistas. Atiende preferentemente a las exigencias propias del procedimiento asambleario24, ofreciendo criterios objetivos de organización en el funcionamiento de sus órganos, porque las sociedades actúan en el tráfico, se relacionan con terceros y, por ello, necesitan seguridad jurídica25. Esto adquiere particular relevancia a la hora de determinar la validez de los acuerdos

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ANGELICI, Le azioni, 155. BAYER, Münch. Komm. AktG. § 67 Rdn. 40; LUTTER, Kölner Komm. AktG, § 67 Rdn. 30; SPINDLER, ZGR, 2000, 423; HUECK/FASTRICH, Baumbach/Hueck, GmbHG Komm., 18. Aufl. §16 Rdn. 1. 24 ANGELICI, Le azioni, 154. 25 MARÍN DE LA BÁRCENA, “Proclamación de acuerdos y acciones declarativas del resultado positivo de una votación”, RDM nº 275, 2010, 197, 209.

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adoptados en la junta26, donde no son útiles las soluciones extraídas de normas que regulan las obligaciones bilaterales. Así se explica porque se puede impedir que vote quien no esté inscrito, aunque sea accionista27, o que se permita votar al inscrito sin ser socio. La legitimación que resulta del libro dota de certeza a la organización societaria, sin que se vea afectada por las anomalías en las referencias registrales a la titularidad28. Por esa razón la sociedad se libera si satisfizo los dividendos acordados a quien estaba inscrito, aunque conociera por otros medios que no era socio, mientras que el verdadero socio debe reclamar la restitución del dividendo que cobró la persona que constaba en el libro. Y si pretende impedir el pago al legitimado por la inscripción, debe instar que se rectifique el libro. En definitiva, la determinación de la condición de socio a partir del libro registro de acciones nominativas se vincula con los procedimientos corporativos (y, en particular, con el ejercicio del derecho de voto). No se ocupa de establecer una composición de las relaciones intersubjetivos del deudor y del acreedor o de tutelar sus intereses individuales, ni de la eficacia liberatoria del cumplimiento por la sociedad, ámbito en el que tradicionalmente se sitúan los temas de legitimación en el Derecho de títulos y donde tiene sentido plantearse si la apariencia debe ceder frente a la titularidad real. Es cierto que la inscripción cumple una función legitimadora, pero su significación es distinta a la de los títulos-valor29. El libro registro de acciones nominativas, como otros libros de socios, sólo incide en el funcionamiento de los órganos30.

ANGELICI, Le azioni, 160 y 311; id., “La circolaziones delle azioni”, en Trattato, 296; SPADA, “L’efficaccia del consenso traslativo nella circolazione dei titoli azionari: proposte per ripensare un problema”, Il contratto Silloge in onore di G. Oppo vol 2 , Padova 1992, 465, esp. 481 y s.; SACCHI, “Intervento e il voto nell’assemblea della S.p.A- Profili procedimentali”, en Colombo-Portale, Trattato delle società per azioni, Torino 1994, 213. La reforma de 2003 del art. 2355.3 Cc italiano causó alguna duda, al entender algún autor que el endosatario puede ejercer los derechos sociales sin inscribirse (De LUCA, Circolazione delle azioni e legittimazione dei soci, 151 y 156); otros siguen manteniendo que para el ejercicio de los derechos sociales en la asamblea se requiere la inscripción, y que la posesión cartular sólo da derecho a obtener la anotación en el libro de s ocios (DENTAMARO, “Circolazione delle azioni”, 367 y ss., y 371; ANGELICI, La reforma, 85; contra PAVONE LA ROSA, BBTC 2003, 252). 27 ANGELICI, Riv. Dir. Comm., 1983, 44. 28 ANGELICI, Le azioni, 312 y ss. La doctrina alemana extiende la presunción a favor del inscrito a todos los derechos económicos (dividendo, cuota de liquidación) y políticos o de control (asistencia y voto en la junta, información, impugnación), ya se trate de derechos individuales o de minoría (p. ej. derecho a solicitar la convocatoria de junta, nombramiento de auditores, etc.) (BAYER, Münch. Komm. AktG, § 67 Rdn. 43). En la doctrina italiana la tesis que reconoce un valor fuerte al libro registro lo limita al ámbito del derecho de asistencia y voto, por ser derechos en los que el socio se sitúa dentro de la sociedad. Así ANGELICI, Riv. Dir. Comm., 1983, 57 y s., que entiende que, en cambio, respecto de la percepción del dividendo, debería alcanzarse una solución diferente, ya que se situaría en el ámbito de una relación intersubjetiva entre el accionista y la sociedad, externa a la organización. No obstante, otro sector reduce incluso ese valor al entender que, después de la l. n. 1745 de 1962, la inscripción en el libro registro es una mera “formalidad” que no impide ejercer los derechos de socio al accionista (LIBERTINI, Riv. Soc., 1966, 860 y ss.; PAVONE LA ROSA, BBTC, 1983, 2003, 257; De LUCA, Circolazione delle azionie e legittimazione dei soci, 1255 y ss.). Sin embargo, en el Derecho italiano no existe una norma como la alemana, que ha recogido el Derecho español, que determina el valor del libro como instrumento probatorio de la condición de accionista en el marco de la organización societaria. 29 GIRÓN, Derecho de sociedades anónimas, 252. 30 Por ello es materia sustraída a la autonomía estatutaria (ANGELICI, Le azioni, 159 y 311).
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3. En nuestro país la tesis expuesta es la más generalizada en la doctrina31 y en la jurisprudencia32. Sin embargo, se ha afirmado recientemente que “el libro no altera el régimen de las acciones titulizadas”33. Con ello se limita el valor del libro registro de acciones nominativas al que ofrece el Derecho de títulos-valor. Consiguientemente la presunción que deriva del libro registro de acciones nominativas permitiría la prueba en contrario. La inscripción sólo tendría “una mera función facilitadora”: atenuar la necesidad de presentar la acción cada vez que el accionista ejerce sus derechos 34. La sociedad podría no cumplir frente al inscrito si este no fuese socio e, incluso, no debería hacerlo si dispusiera de medios de prueba líquidos para demostrar que el inscrito no era el titular material de las acciones. En fin, con respecto de las deudas del socio frente a la sociedad, el libro carecería de un valor especial35. Esta posición se sustenta, en primer lugar, en la negación de un valor fuerte a las indicaciones del libro registro de acciones nominativas que exceda de la presunción de titularidad en la teoría general de los títulos-valor, donde el efecto liberatorio del pago se excluye si el deudor obraba con dolo o culpa grave porque disponía de medios de prueba líquidos para demostrar la falta de titularidad del legitimado (art. 46.3 LCCh). La exclusión de la prueba en contra del libro se opondría también al régimen general que regula las presunciones en el Derecho civil (art. 1251 Cc)36. De estas premisas se concluye que la sociedad no debe inscribir al titular aparente de la acción si la adquirió en virtud de una causa fiduciaria dirigida a facilitar al adquirente el ejercicio de los derechos sociales y sin que el cedente-endosante dejase de ser socio (legitimación por actio). De igual manera se afirma que la sociedad puede y debe impedir el ejercicio de los derechos a quien ya obtuvo la inscripción si llega a conocer que es un mero titular fiduciario. La misma conclusión restrictiva (rechazo al ejercicio de los derechos por el inscrito) se aplicaría si el titular transmite sus acciones a un tercero conservando la
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GIRÓN, Derecho de sociedades anónimas, 250; GARRIGUES/URÍA, Comentario LSA, 369; PAZARES/PERDICES, voz “Libro registro de acciones nominativas”, EJB, Madrid 1995, 4096; EIZAGUIRRE, “La opción por el concepto amplio”, Est. Menéndez, 1140; PANTALEÓN, Las acciones. Copropiedad, usufructo, prenda y embargo, en Uría-Menéndez-Olivencia, Comentarios al régimen legal de las sociedades mercantiles T. IV, Madrid 1992, 38 y ss.; RECALDE, "La desmaterialización de los valores privados en España (El sistema de anotaciones en cuenta)", Est. hom. Prof. Broseta, III, Valencia 1995, 3093, 3108 y ss.; id., Comentarios, art. 55, 571; FERNÁNDEZ PÉREZ, RdS, nº 30, 2008, 489. 32 STS 2.12.1999; STS 22.2.2000 RJ 2000\1168; STS 30.9.1997, RJ 1997\6461; STS 6.6.2005 RJ 2005\4420; STS 16.2.2007 RJ 2007\687; SAP Navarra 15.5.1992 AC 1992\795; SSAP Valencia 21.3.2001 y 9.5.2001; SAP Madrid 4.3.2011: “tal como se desprende de los artículos 55.2 y 104 TRLSA, la inscripción en el libro registro de acciones nominativas cumple una función legitimadora, en principio, del que allí figura como titular de la sociedad. De esta forma, solo la resolución judicial de la que se desprendiese sin ambages la inoperatividad de la inscripción, o un mandato judicial privando a la misma de efectos aun con carácter cautelar, podrían aducirse para negar a quien en el libro figurase como socio el ejercicio de los derechos inherentes a dicha condición. 33 PERDICES, El libro registro de socios, 119 (entre otros lugares); PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 171; SÁNCHEZ CALERO, La junta general, 211 y s. Esta tesis se apoya en la doctrina suiza, que se invoca constantemente, y que, aquí se opone a la doctrina alemana. Pero también algún sector de la doctrina italiana (supra nota 27) considera que el titular de las acciones puede ejercer los derechos de socio aunque no esté inscrito. 34 PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 169 y s. 35 PERDICES, El libro registro de socios, 107 y ss., y 115; y en PERDICES/VEIGA, Comentarios, 207 y ss., aunque en algunos apartados de la segunda obra se considera que el libro registro es eficaz en la vertiente pasiva de la legitimación (infra IV). 36 PERDICES, Libro registro de socios, 76; PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 191 y ss.

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legitimación porque no inscribió la transmisión en el libro registro (legitimación por retentio o deductio)37. Sin embargo, no se aprecia por qué la sociedad puede negarse a inscribir al adquirente fiduciario y menos que deba negarse a ello. Y en relación con la legitimación que resulta del libro, parece indiscutible que la norma responde a la pretensión de garantizar el funcionamiento de la sociedad sobre bases objetivas (p. ej. la ley trata de que no se cuestione el desarrollo de las juntas que se constituyen en consideración a los datos del libro de socios). La inscripción es una exigencia procedimental, que se configura como presupuesto para el ejercicio de los derechos accionariales. Inscrita la adquisición, la sociedad no tiene que juzgar el alcance de la titularidad formal. En realidad, las transmisiones legitimatorias necesariamente no responden a una causa ilícita y por ello no hay razón por la que la sociedad no deba inscribir al adquirente y, sobre todo, no deba estar a los datos que resultan de la inscripción de la transmisión en el libro registro, cuando sus indicaciones son el resultado del acuerdo voluntario de las partes. Desde el mismo Derecho de los títulos-valores es cuestionable que la sociedad pueda oponer como excepción la falta de titularidad frente a una transmisión fiduciaria cuyo objeto es otorgar la representación al adquirente, p. ej. porque el endoso se realizó para evitar al accionista la carga de otorgar poderes especiales para cada junta, tal como es necesario si la representación no se reflejó en documento público (art. 182.2 segundo inciso LSC)38. En una representación indirecta, oculta, no hay nada ilegal, ni se justifica que se impida al legitimado fiduciario ejercitar los derechos económicos (la transmisión puede responder a una causa tan lícita como una cesión anticipada de créditos futuros) o políticos. Ningún principio ni regla societaria obliga a la sociedad anónima a no tolerar estas cesiones ni consiente a que rechace la transmisión, cuando a ello consintieron el cedente y el cesionario. De la misma forma que la sociedad tampoco puede rechazar el voto del representante designado por el condominio o la sociedad de gananciales, cuando en el libro registro sólo se inscribió a este representante y no al titular real de las acciones (el condominio o la sociedad de gananciales)39. La negativa de la sociedad anónima a reconocer el ejercicio de los derechos al que está formalmente legitimado por la inscripción sólo procedería si se demuestra la ilicitud (p. ej. infracción de una cláusula estatutaria que restringe la transmisión de las acciones o una prohibición de disponer). Y lo mismo cabe decir de los supuestos en que se ha producido la transmisión sin que se haya inscrito, donde tampoco se justifica que la sociedad deniegue el ejercicio de los derechos al que aún consta inscrito, aunque hubiese dejado de ser socio. El acuerdo
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PERDICES, Libro registro de socios, 9 y 78. Se ha dicho que en el Derecho español las cesiones legitimatorias del voto no son válidas (porque vulneran la prohibición de disgregar los derechos del accionista), y que ello conduce a que en el libro registro deba negarse el acceso a cualquier desmembración de derechos (p. ej. del derecho de voto) (RDGRN 9.12.1997 RJ 1997\197). La imposibilidad de inscribir las cesiones legitimatorias se vincula a la tipicidad de los actos y negocios inscribibles en el libro registro. Ahora bien, si la transmisión del dominio es meramente fiduciaria, la sociedad no puede entrar en la causa para negarle efectos. De hecho la sociedad sólo puede rectificar la inscripción en casos de “simulación o nulidad del negocio de venta ”, para lo que no vale con disponer de pruebas líquidas, pues se requiere también resolución judicial (PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 221 y s.). 39 PANTALEÓN, Comentario, art. 66, 38 y ss.; RDGRN 26.11.2007, RJ 2007\8241.

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entre transmitente y adquirente para que el primero vote siguiendo las instrucciones del segundo puede responder a múltiples motivos lícitos (p. ej. porque el adquirente que ya es socio no puede asistir y votar en la junta por haberse superado el plazo de inscripción anticipada para el ejercicio de esos derechos, art. 179.3 LSC). Por otro lado, la tesis que relativiza el valor del libro registro de acciones nominativas deposita un peso especial en la contradicción valorativa que resulta de la norma que aquí se analiza y de la establecida en el art. 11 LMV40. Éste, en efecto, se sitúa en las claves tradicionales del Derecho de títulos, donde el dolo y la culpa grave constituyen límites a la eficacia liberatoria del cumplimiento por el emisor41. Sin embargo, no parece admisible una interpretación estrictamente correctora (aunque se la califique como reducción teleológica) de la literalidad de la norma que establece los efectos del libro registro de acciones nominativas, a partir de su falta de armonía con las normas que regulan el ejercicio de derechos en las anotaciones en cuenta. La falta de armonía se entiende a la luz de la especialidad de ambas normas que explica los diferentes efectos de los dos registros. En los de anotaciones la presunción de titularidad afecta tanto a la relación entre el inscrito y la sociedad (art. 11 LMV) como a los terceros adquirentes (art. 9 párr. 3 LMV); por ello, no opera en caso de mala fe de la sociedad. En cambio, el art. 116.2 LSC nada decide sobre la titularidad de las acciones; es una mera norma de organización procedimental de la persona jurídica. 4. De todo lo indicado resulta clara nuestra adhesión a la posición más tradicional. La condición de accionista supone una relación jurídica basada en inversiones que pueden tener un carácter duradero. Conduce a un ejercicio continuado de derechos por los socios, que no se agota en un sólo acto. La creación del libro registro facilita la organización y la gestión de la sociedad mediante un instrumento que permite verificar permanentemente quién es el accionista legitimado al ejercicio de los derechos y obligaciones inherentes a esa condición. El libro registro ofrece a la sociedad información cierta y objetiva sobre sus accionistas. Puede cumplir frente al no inscrito, pero en tal caso lo hará a su cuenta y riesgo. Pero el libro registro excluye el riesgo de que la sociedad pudiera verse comprometida por vicisitudes que no controla y que afectan a las relaciones entre el transmitente y el adquirente de las acciones42. E indirectamente beneficia también al accionista, pues desde que está inscrito no necesita probar su condición de accionista cada vez que ejercita un derecho. El libro de socios le permite demostrarlo una sola vez, sin necesidad de una costosa y reiterada prueba de que mantienen tal condición. La sociedad y los terceros no pueden negarle tal carácter43. El accionista soporta también obligaciones y cargas (pago de dividendos pasivos, cumplimiento de prestaciones accesorias). En estos casos el libro registro tutela de nuevo a la sociedad simplificándole la prueba segura del sujeto al que puede exigir el cumplimiento, pues la consideración como accionista se liga a un dato formal fácilmente comprobable.
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PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 189. RECALDE, Est. Broseta, 3108 y s.; RECALDE, Comentarios, art. 55, 569. 42 RECALDE, Comentarios, art. 55, 537; FERNÁNDEZ PÉREZ, RdS nº 30, 2008, 487. 43 HEFERMEHL/BUNGEROTH, en Akt. Komm., § 67 Rdn. 5; BAYER, Münch. Komm. AktG, § 67 Rdn. 1 y ss.; CAHN, Spindler/Stilz, Komm. z. Aktg., § 67 Rdn. 1.

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En caso de discordancia entre los datos del libro registro y la titularidad real, prevalecen los primeros. La sociedad no puede oponer la inexactitud de los datos del libro registro, aunque la conociera44 y, por otro lado, puede negarse a reconocer el ejercicio de los derechos a quien no está inscrito. Si lo reconociera, sería a su riesgo45. Cuando el verdadero accionista o la propia sociedad consideran que los datos del libro registro de acciones nominativas resultan erróneos, deben instar su rectificación o inscribir al nuevo adquirente después de notificar la transmisión46. La sociedad puede y debe estar a las indicaciones del libro registro si las discrepancias con la titularidad real de las acciones fueron queridas por las partes (p. ej. en caso de transmisiones fiduciarias). El desvío voluntario entre la legitimación y la titularidad es ajeno al funcionamiento de la sociedad y al valor de las indicaciones del libro registro47. En particular no hay razón para ofrecer una tutela especial a quien, no constando en el libro registro, reivindica su condición de accionista, cuando él mismo creó la situación en virtud de la cual otro aparece como legitimado. Si alguien alegase un interés legítimo (lo que eventualmente podrían invocar los acreedores o incluso la sociedad) para desmentir los datos del libro registro, podrá instar la modificación o la rectificación del libro registro de conformidad con el régimen previsto al efecto. La excepción de falta de titularidad no se puede apoyar en el argumento de que quien es accionista fiduciario carecería de una affectio societatis o en un pretendido interés de los accionistas en que los acuerdos sólo se adopten con la participación de quienes efectivamente son socios. Esto constituye una petición de principios que en numerosos casos se desmiente (p. ej. en materia de prenda o usufructo de acciones, donde el voto puede atribuirse a quien no es accionista); y, en todo caso, resultaría insuficiente para desvirtuar el valor del instrumento procedimental creado para el funcionamiento de los órganos48. La impugnación de las juntas celebradas con la asistencia de quienes estaban inscritos pero habían dejado de ser accionistas crearía una incertidumbre insoportable para la sociedad, los accionistas y los terceros. Como tampoco puede rechazarse el ejercicio de derechos sociales en casos de representación indirecta o en otros supuestos de transmisión fiduciaria, cuyo fundamento se halla en la voluntad de las partes. Sólo
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En Italia algún autor defiende que se puede oponer una excepción de -falta de- titularidad (De LUCA, Circolazione delle azionie e legittimazione dei soci, 393; id., BBTC, 2010, 255).Pero sólo el titular no legitimado podría invocar la excepción y no la sociedad cuando la discordancia entre legitimación y titularidad fue voluntaria (p. ej. en caso de transmisión fiduciaria) (ANGELICI, Le azioni, 163; id., Riv. Dir. Comm., 1983, 49 y s.; en Alemania la sociedad no puede oponer la excepción de falta de titularidad (BAYER, Münch. Komm. AktG, § 67 Rdn. 40 nt. 109 y Rdn. 41). En la jurisprudencia española SSTS 6.6.2005, RJ 2005\4420 y 16.2.2007 RJ 2007\687. 45 En la doctrina italiana se distingue el régimen aplicable a la legitimación para los diferentes derechos accionariales, reconociendo la posibilidad de que la sociedad pague a su riesgo los dividendos que la sociedad acuerde repartir por tratarse de una relación externa, pero no respecto del derecho de voto ni con relación a la impugnación de acuerdos, que se proyectan en el ámbito interno de la organización corporativa (ANGELICI, Riv. Dir. Comm., 1983, 61 y s.). En cambio, la doctrina alemana extiende la presunción a todos los derechos y obligaciones sociales ( supra nt. 27). La RDGRN 4.3.1993, Ar. 10.184, para el nombramiento de auditores ex art. 205 LSA, indicó que la sociedad no podía prescindir de la presunción que deriva de la presentación de documento privado que acredita la transmisión si se opone a los datos del libro de socios (ya PAZ-ARES/PERDICES, voz “Libro registro de acciones”, EJB, 4098). 46 SAP Madrid 4.3.2011. 47 ANGELICI, Le azioni, 161 y s. 48 ANGELICI, Riv. Dir. Comm., 1983, 49 y s.

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cuando la transmisión fiduciaria responde a una causa que el ordenamiento no ampara, porque afecta al interés social o a la organización interna de la sociedad, esta podría oponerse a reconocer la legitimación derivada de la transmisión fiduciaria. No parece razonable que los órganos sociales puedan prescindir de un instrumento de legitimación creado por una disposición legal49. Máxime cuando las normas que regulan la organización de la sociedad anónima, reflejan principios configuradores del tipo (art. 28 LSC), que en principio tiene carácter imperativo. Tampoco cabe oponer la falta de titularidad si la transmisión de acciones se realizó antes de celebrarse la Junta pero después de la fecha fijada en los estatutos para que el accionista se inscribiese o cuando la asistencia a la junta se condicionó a este requisito de legitimación (record date) (art. 104.3 LSA y, ahora, art. 179.3 LSC). Una vez más, para dar certeza y seguridad al funcionamiento de la junta, la sociedad debe estar a lo que resultara del libro registro en la fecha fijada para la inscripción anticipada. Y ello no sólo para negarle el acceso a la junta al accionista que en aquella fecha no estaba inscrito, sino también para reconocérsela al inscrito que hubiera transmitido las acciones, sin que pudiera o debiera oponérsele la falta de titularidad50. Surgen más dudas cuando las discrepancias entre la titularidad y las indicaciones del libro registro son involuntarias y, en particular, cuando son el “resultado de un acto inconsentido” por el anterior socio (p. ej. en caso de vicios en el negocio de transmisión que repercuten sobre su validez y eficacia)51. Aquí es útil analizar la jurisprudencia. Pero para ello debe partirse de la diferencia entre errores del libro registro que se refieren al negocio de transmisión, que sólo repercuten en las relaciones entre el transmitente y el adquirente, y errores en el procedimiento de la llevanza del libro y de las inscripciones que en él se efectúan, que sí inciden en el valor de las inscripciones.

III. La gestión del libro registro de acciones nominativas y la inscripción de las transmisiones 1. El valor probatorio de la inscripción en el libro registro viene condicionado por la válida constitución del libro registro de acciones nominativas y también porque las anotaciones de las transmisiones se realicen de conformidad con el procedimiento que

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ANGELICI, Le azioni, 159. Partidario de la oponibilidad de la excepción de falta de titularidad frente a quien no es socio pero se halla inscrito en el libro registro con la antelación previa a la celebración de la Junta ( record date) vid. De LUCA (Circolazione delle azioni e legittimazione dei soci , 393 y 394 nt. 524), si bien (ob. cit., 392) admite que la tesis más generalizada -lo que demuestra el valor legitimatorio fuerte del libro- es que en caso de transmisiones anteriores a la celebración de la junta pero posteriores a la fecha de registro, el transmitente conserva plenamente su legitimación para asistir y votar (a pesar de que realmente ya no sea accionista). Ello es lógico porque en esta transmisión, el adquirente no puede asistir, pero pretenderá que el transmitente lo haga siguiendo sus instrucciones. Si la sociedad puede negarle el derecho de asistir argumentando que ha dejado de ser socio, se estaría creando un obstáculo a la libre transmisión de las acciones y a que esta produzca los efectos buscados por las partes. Esta es la conclusión a la que se llega, también, si se mantiene que la inscripción anticipada pretende evitar las transmisiones de las acciones con el propósito de impedir el acceso a la junta a personas desprovistas de interés en la marcha de la empresa (URÍA/MENÉNDEZ/MUÑOZ PLANAS, La junta general, 157 y 159). 51 ANGELICI, Riv. Dir. Comm, 1983, 55; id., Le azioni, 162. PERDICES (Libro registro de socios, 93.

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lo regula52. Las personas competentes para gestionar el libro registro son los administradores de la sociedad. Ante la solicitud de la inscripción deben obrar de buena fe y con neutralidad. Pueden recabar la colaboración de terceros, aunque responden de su actuación53. La sociedad anónima en cuyos estatutos se previó que sus acciones fuesen nominativas se ve obligada a tener un libro registro de acciones nominativas. Este pudo crearse tras la escritura de constitución de la sociedad54. Mientras no ocurra así, cualquier accionista puede exigir su constitución. Pero también pudo crearse después de una modificación estatutaria que cambiase la forma de representar las acciones. En este caso, la legitimación derivada de la inscripción sólo vincula al accionista, cuando este no impugna la modificación de estatutos que incide en el régimen de representación de las acciones. Si no fuese así, mientras no recaiga sentencia firme, el accionista podrá estar al índice de legitimación en el que se sustentaba su condición de accionista (p. ej. la posesión de las acciones al portador)55. La sociedad inscribirá de oficio por primera vez las acciones a favor de los accionistas que suscribieron las acciones, sin que estos puedan oponerse. El sucesivo adquirente debe comunicar la transmisión a la sociedad. Esa comunicación no requiere forma específica: puede ser oral, escrita, electrónica o resultar de actos concluyentes56. Pero los adquirentes no están obligados a inscribirse y a legitimarse frente a la sociedad ni la sociedad puede proceder de oficio a inscribirlos. Si la acción circuló y el adquirente no solicitó inscribirse, aunque ello fuese conocido por la sociedad, ésta no puede inscribir al adquirente. Tampoco los terceros o el transmitente pueden forzar la modificación del libro para que se anote al adquirente57. Ahora bien, el transmitente puede tener un legítimo interés en que se suprima del libro registro la referencia a su condición de accionista. Esta petición adquiere especial valor cuando hay dividendos pasivos pendientes de satisfacer, pues debe protegerse el interés del transmitente de las acciones para que empiece a correr el plazo de tres años durante el cual responde solidariamente del pago de los dividendos pasivos (art. 85.2 LSC).

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CAHN, Spindler/Stilz, Komm. z. Aktg. § 67 Rdn. 31; HEFERMEHL/BUNGEROTH, Aktg. Komm., § 67 Rdn. 39 y s. En la jurisprudencia española STS 16.2.2007, RJ 2007\687, comentado en FERNÁNDEZ PÉREZ, RdS, nº 30, 2008, 483 y ss.; STS 6.6.2005, RJ 2005\4420. 53 HAPP, “Vom Aktienbuch zum elektronischen Aktionärsregister”, Fest. Bezzenberger, 117; CAHN, Spindler/Stilz, Komm. z. Aktg. § 67 Rdn. 10; PAZ-ARES/PERDICES, voz, “Libro registro”, 4097; RECALDE, Comentario, art. 55, 568. 54 PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 227. 55 SAP Valencia 3.11.2001 JUR\2002\40295. 56 RECALDE, Comentario, art. 55, 570; PERDICES, El libro registro de socios, 155; FERNÁNDEZ PÉREZ, RdS, nº 30, 2008, 483, 490; CAHN, Spindler/Stilz, Komm. z. Aktg. § 67 Rdn. 57; BAYER, Münch. Komm. AktG, § 67 Rdn. 78. 57 En Alemania CAHN, Spindler/Stilz, Komm. z. Aktg. § 67 Rdn. 50 HEFERMEHL/BUNGEROTH, AktG Komm., § 67 Rdn. 45, § 68 Rdn. 172; en España, vigente la LSA 1951 GIRÓN, Derecho de sociedades anónimas, 249; después de 1989 EIZAGUIRRE, “El régimen de las acciones”, 85; PAZ ARES/PERDICES, “Libro registro de acciones”, 4097; RECALDE, Comentarios, art. 55; FERNANDEZ PÉREZ, RdS, nº 30, 2008 491 nt. 19. PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 232; según PERDICES, Libro registro de socios, 149, el transmitente puede resolver el negocio de transmisión si el adquirente no solicita la inscripción, lo que califica como negativa a recibir la cosa (art. 1505 Cc y 332 Ccom por analogía).

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Mientras el transmitente no indique el nombre del nuevo accionista, la sociedad puede rechazar la anulación de la referencia anterior58. Los administradores están obligados a una correcta llevanza del libro registro, a la que quedan vinculados en virtud del deber general de gestionar los asuntos sociales con lealtad y diligencia (art. 225.1 LSC). Una vez que se les comunica la transmisión de la acción, deben inscribirla “de inmediato” (art. 120.1 párr. 2º LSC)59. La infracción voluntaria de este deber incide en la eficacia del libro registro. La falta de inscripción imputable a la sociedad (incluso aunque se debiera a la ausencia del libro registro) o la demora no justificada (p. ej. se deniega la inscripción antes de que se celebre la junta general para impedir al adquirente el ejercicio del derecho de asistencia) son conductas, cuyas consecuencias, al margen de la responsabilidad personal de los administradores y de la sociedad, inciden en los efectos del libro registro. La irregularidad en la llevanza no perjudica al verdadero socio60, ya que la sociedad no podría alegar que sólo puede reconocer como accionista al inscrito en el libro registro. 2. Los administradores deben modificará los datos del libro después de que se les notifica la transmisión y de que comprueban su regularidad. En primer lugar, deben verificar que el adquirente que solicita inscribirse adquirió las acciones del accionista que estaba legitimado para transmitirlas. La adquisición pudo realizarse mediante los procedimientos de circulación propios de los títulos a la orden. A estos efectos, es suficiente con que los administradores comprueben que el solicitante de la inscripción era el último eslabón de una cadena de endosos que se refleja en la misma acción (art. 122 segundo inciso LSC). Una vez verificada la regularidad formal del último endoso, la sociedad inscribirá al endosatario, a quien desde entonces tendrá por accionista. Si la transmisión era formalmente irregular (p. ej. se rompió la cadena de endosos porque el endosatario no adquirió del anterior legitimado), los administradores podrán negarse a la inscripción. La inscripción se somete a las normas y principios del Derecho de títulos-valor. Al controlar la regularidad de la transmisión, los administradores deben actuar de buena fe61. Por eso, rechazarán la inscripción si conocían o debían conocer que quien la solicita realmente no adquirió las acciones y disponían de medios de prueba líquidos para demostrarlo. Si, ello no obstante, inscriben al adquirente, habrán obrado de mala fe y no podrán ampararse en los datos resultantes del libro registro. Pero los administradores no deben valorar la suficiencia causal de la transmisión ni oponerse a la inscripción porque esta se realizase a título fiduciario (p. ej. cesión legitimatoria). Si no se emitieron los títulos o, en general, si la transmisión de las acciones se realizó conforme al Derecho común, la adquisición de las acciones debe probarse con arreglo al régimen de la sucesión mortis causa o de la cesión. Pero la sociedad también puede exigir en este caso que quien solicita inscribirse presente el título. Sólo así se cubrirá del

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BAYER, Münch. Komm. AktG, § 67 Rdn. 88. FERNÁNDEZ PÉREZ, RdS, nº 30, 2008, 492; STS 28.2.2008 RJ 2008\2931. 60 LIBONATI, I titoli di crédito nominativi, 208; LIBERTINI, Riv soc., 1996, 863. 61 FERNÁNDEZ PÉREZ, RdS, nº 30, 2008 499; rectifico lo que incorrectamente decía en RECALDE, Comentario, art. 55, 573.

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riesgo de un cumplimiento no liberatorio, como el que se produciría si aparece un tercer adquirente de buena fe que invoca la protección del régimen de los títulos-valor62. Los administradores deben controlar la transmisión también desde una perspectiva material, lo que, ante todo, supone juzgar si concurren los requisitos para transmitir y adquirir (capacidad, poder de representación, facultad de disponer)63. No deben inscribir la transmisión si en esta intervino un representante sin poder, si conocen la falsedad de las declaraciones de voluntad, la vis absoluta que vició la voluntad de alguno de los contrayentes o cualquier circunstancia que pudiera afectar a la validez del negocio. El control se proyecta, igualmente, al cumplimiento de los estatutos, en particular a las previsiones que restringen la libre transmisión de las acciones64. Si los administradores entienden que en la transmisión que se pretende inscribir se incumplieron estas cláusulas, pueden y deben negarse a inscribir al adquirente65. El adquirente que entienda que ilícitamente se le denegó la inscripción y, con ello, el ejercicio de los derechos inherentes a la condición de accionista no puede impugnar la junta celebrada sin su presencia, si no ejerció una acción “tendente a obtener la plenitud de su invocada condición de accionista, también ante la sociedad”66. Ahora bien, si la sociedad inscribió al adquirente, quien se oponga debe demostrar que no se aplicó la cláusula de los estatutos y solicitar que se rectifique el libro registro, que, mientras tanto, seguirá siendo eficaz67. En definitiva, mientras se discute si la transmisión se adecúa o no al régimen estatutario, la sociedad puede y debe estar a lo que resulta del libro registro de acciones nominativas, aunque luego los tribunales anulen la transmisión y sus efectos. En tal caso será necesaria una nueva anotación que modifique la anterior. En cambio la sociedad no puede crear un nuevo libro registro ni el presidente de la junta puede elaborar la lista de asistentes en contradicción con las indicaciones del libro registro68. 3. El modelo descrito presupone unos administradores que se ocupan de la llevanza del libro registro en el marco de una gestión neutral de la persona jurídica. Se corresponde normalmente con las sociedades abiertas en las que los administradores son ajenos a la mayor parte de los negocios de transmisión de las acciones. Sin embargo, la norma no se aplica al prototipo de sociedad abierta, ya que las acciones de las sociedades cotizadas deben representarse en anotaciones en cuenta (art. 496 LSC), que se someten a su propio régimen de legitimación del accionista (art. 11 LMV).

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STS 28.2.2008 RJ 2008\2931. Es imprescindible que el adquirente solicite la inscripción y que la comunicación le sea imputable, lo que no sucede si era incapaz para intervenir en el negocio jurídico o tenía mermada su capacidad. La impugnación de los acuerdos adoptados con la participación del legitimado sería posible si, a través de la inscripción, el incapaz no sólo obtuvo ventajas (HEFERMEHL/BUNGEROTH, Aktg. Komm., § 67 Rdn. 45 con referencia al § 107 BGB; en nuestro país el efecto del consentimiento expresado por el incapaz, es sólo la anulabilidad, por su carácter de norma de tutela, MORALES MORENO, en AAVV, Comentario del Código civil, II, Madrid 1991, art. 1263, 456). 64 SAP Madrid 29.4.2002. 65 FERNÁNDEZ PÉREZ, RdS nº 30, 2008, 494 y s. 66 STS 2.12.1999; STS 22.2.2000, RJ 2000\1168; STS 30.4.1999, RJ 1999\3425. 67 STS 19.12.1990, en la que, sin embargo, posteriormente no se anuló la transmisión. 68 RDGRN 13.2.1998, RJ 1998/1114; MARÍN DE LA BÁRCENA, RDM, nº 275, 2010, 211 nt. 29.

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Por su parte, en las sociedades cerradas lo habitual es que los administradores estén implicados en la composición del accionariado. Normalmente tienen un interés directo derivado de su una relación con todos o alguno de los grupos de accionistas. No es extraño que en tal caso dejen de ser imparciales. La exceptio doli, que prohíbe actuar de mala fe y de forma abusiva, permite atenuar los efectos más rigurosos gravosos que resultan de reconocer un riguroso valor legitimatorio al libro registro. Este excepcional remedio es la consecuencia de una incorrecta gestión del libro registro. Siempre que se acrediten fallos negligentes o dolosos en la gestión del libro registro (p. ej. se denegó intencionalmente la inscripción del adquirente o si un socio fue borrado del libro registro en contra de su voluntad) sus anotaciones pierden su valor. Por ello, el accionista al que no se le inscrito podrá impugnar la junta general celebrada sin su presencia69. Pero a la inversa, si es el inscrito quien interpone una demanda de impugnación de acuerdos, la sociedad se puede defender negando demostrando que no es accionista y que los datos del libro registro son incorrectos70. Por ello, cuando la sociedad venía permitiendo la asistencia a la junta de un accionista que no estaba no inscrito, no puede impugnar los acuerdos adoptados con su participación, ni oponer el libro frente a una lista de asistentes que había elaborado antes de conformidad con una realidad ajena al registro de socios. Sin necesidad de reducir el valor probatorio del libro registro, esta conclusión resulta de los remedios excepciones (abuso del derecho, deber de obrar conforme a la buena fe) que limitan el ejercicio formal de los derechos. En efecto, la sociedad o puede presumir que el inscrito en el libro registro es el accionista cuando ello representa una conducta abusiva. A esta interpretación permite llegar también la RDGRN 26 de noviembre de 2007 (RJ 2007/8241), que se alinea de forma excepcional con una teoría relativa de los efectos de la inscripción, cuando afirma que la “negativa (del Registrador a indicaciones de la sociedad) a inscribir el documento presentado (la lista de asistentes con referencias a personas que no constaban en el libro registro) implica una visible contradicción con otras calificaciones anteriores practicadas sobre la base de la misma realidad”. En particular no se pueden alegar sus indicaciones si la sociedad, el secretario de la junta (que es quien alegó la falta de coincidencia del que se pretende accionista con los datos del libro registro) y el registrador mercantil -con reflejo en la hoja abierta a la sociedad el Registro Mercantil- reconocían una composición subjetiva de la sociedad que era diferente a la resultante del libro registro71. La invocación de los datos del libro registro suponía ir contra actos propios de la sociedad y era, por tanto, contraria a la buena fe, pues la composición del accionariado que los administradores venían admitiendo reflejaba realidad extraña a la del libro registro accionariado72, que en tal caso debe
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STS 24.1.2002; SAP Valencia 3.11.2001 JUR\2002\40295; SAP Castellón 20.12.2002, JUR 2003/107687; SAP Madrid 4.3.2011. Favorables a reconocer la legitimación para impugnar la junta del socio no inscrito FERNÁNDEZ PÉREZ, RdS, nº 30, 2008; SÁNCHEZ CALERO, La junta general, 212. 70 ANGELICI, Riv. Dir. Comm., 1983, 58. 71 RDGRN 26.11.2007 RJ 2007\8241. 72 PÉREZ MILLÁN (Documenti di legittimazione e titoli impropri, Padova 2005, 79, nt. 154) cita, entre los casos en que el accionista no inscrito en el libro puede ejercer derechos de socio, aquel en que la sociedad venía reconociendo a una persona la cualidad de socio (GALGANO, “Mancata esecuzione del “transfert” ed essercizio dei diritti sociali nel trasferimento per girata delle azioni nominative”, en Riv. Dir. Civ., 1962, II, 400, 420 y ss.; PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 196).

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prevalecer sobre esta. Este se creó para favorecer el funcionamiento regular de la sociedad con criterios objetivos. Sin embargo, si la sociedad prescindió de él, admitiéndolo todos los socios, ulteriormente no puede invocar el libro. En tal caso no se podría estar a las indicaciones de un libro de socios que se constituye ex novo, si este no refleja la identidad de las personas a las que se venía reconociendo como socios. Pero esto no es consecuencia de una prueba en contra del libro, sino de que falta el presupuesto de que este ha sido gestionado regularmente73. El accionista al que no se le inscribió no necesita conseguir que se rectifiquen los datos del libro registro como condición para impugnar la junta y los acuerdos74. Puede ejercitar ambas acciones simultáneamente demostrando que el libro no se gestionó de conformidad con lo previsto en la ley. Y la sociedad tampoco puede alegar que es ajena a los participantes en la litis, cuando la incorrección de los datos del libro le es imputable a ella. La carga de la prueba recae sobre el accionista que impugna la junta y que pretende que se rectifiquen los datos del libro registro75. En definitiva, la excepción que impide un uso de los derechos abusivo o con conforme a la buena fe permite limitar de forma excepcional la presunción de titularidad. En efecto, a pesar del valor del libro registro, la sociedad está vinculada por sus propios actos. De la misma forma que resulta abusiva la actitud de la sociedad de negarse a inscribir la adquisición de las acciones después de que se le hubiera comunicado, también lo sería cuando invoca el contenido del libro para impedir el ejercicio de los derechos de accionista al que ha venido reconociendo tal condición aunque no constaba en el libro76. En todo caso, la conducta maliciosa de los administradores deberá probarla aquel a quien se denegó la inscripción. Esta excepción atempera también los efectos de la inscripción si, en contra de la voluntad de quien estaba inscrito, la sociedad modifica su mención como titular de las acciones. Al demandante no se le puede exigir la prueba de un hecho negativo. La carga de la prueba recae sobre la demandada –la sociedad-, que afirma que se produjo la transmisión. Si quien estaba inscrito en el libro se opone a ser borrado del libro registro, la sociedad sólo podrá alterar el libro registro de conformidad con el procedimiento de rectificación (art. 116.4 LSC), pero no puede modificarlo unilateralmente. Por ello, quien fue borrado del libro puede impugnar la junta celebrada sin su presencia, alegando la irregularidad de la nueva inscripción77. 4. Lo indicado hasta ahora permite apreciar la relación que existe entre el valor que se atribuye a las indicaciones del libro registro y el procedimiento establecido para su modificación y rectificación. La sociedad debe modificar el nombre del titular que

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RDGRN 13.2.1998, RJ 1998/1114; MARÍN DE LA BÁRCENA, RDM, nº 275, 2010, 211 nt. 29. SÁNCHEZ CALERO, La Junta general en las sociedades de capital, 212. 75 Esta demanda plantea una difícil prueba negativa para quien cuestiona la corrección de los datos del libro registro; este puede consultar el libro registro (art. 116.3 LSC), pero no los documentos en los que los administradores se basaron para la inscripción. 76 STS 30.9.1997, RJ 1997/ 6461; SAP Valencia 3.11.2001 JUR 2002\40295. 77 STS 16.2.2007, RJ 2007\687; STS 17.3.2006 RJ 2006\1886; RDGRN 9.12. RJ 1997/9197.

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consta en el libro registro cuando se le notifica una transmisión que verifica que es regular. Pero no puede modificarlo si el inscrito se opone o sin una decisión judicial78. Cualquier interesado (p. ej. el adquirente al que no se inscribió o el inscrito que fue borrado) puede instar la modificación o la corrección del libro; también la sociedad, actuando a través de los administradores, tiene un interés legítimo la sociedad79 (p. ej. si pretende que el accionista conste en el libro registro para reclamarle los dividendos pasivos). El procedimiento que regula la rectificación del libro registro es, por su naturaleza, de Derecho imperativo. La sociedad debe comunicar el inicio del procedimiento a todos los interesados. Si estos se aquietan, la sociedad procederá a modificar el libro. Si se oponen en el plazo de un mes debe acudir a los tribunales para demostrar la incorrección del libro. Mientras tanto, la sociedad, aunque considere que la indicación del libro es incorrecta, no puede estar a otra realidad que la que resulta del libro80. Desde el punto de vista de los efectos de la rectificación, deben distinguirse los cambios que se deben a la irregularidad del procedimiento de inscripción, de los que cuestionan la validez y eficacia del negocio81. Las primeras se sitúan en el ámbito de la organización interna de la sociedad. Las segundas son ajenas al funcionamiento de la sociedad. La inscripción irregular siempre es ineficaz. Quien estaba inscrito y que ve como se le borra del libro o aquel a quien se rechaza ilegítimamente la inscripción no soporta la presunción que resulta del libro. Por ello, estos no sólo pueden instar la rectificación, sino también impugnar los acuerdos adoptados en la junta a la que no pudieron asistir. La ulterior rectificación del libro registro tendrá efectos ex tunc. Al margen de la demanda dirigida a rectificar la indicación del libro registro, también podrá plantearse una acción individual de responsabilidad contra los administradores por los daños que estos causen al accionista. Esta responsabilidad puede extenderse a la misma sociedad, en la medida en que los administradores actuaran en el ejercicio de su cargo. E incluso, pueden plantearse acciones penales por delito societario como consecuencia de la infracción del derecho del accionista a legitimarse mediante la inscripción en el libro registro de acciones nominativas (art. 293 Cp)82. En cambio, los vicios que afectan a la transmisión no inciden en la apariencia que resulta del libro registro. Ésta no se ve afectada porque a posteriori se constate que la transmisión no era válida. La declaración sobrevenida de que el inscrito no era accionista porque el negocio de transmisión era nulo o anulable, obliga a modificar el libro registro. Pero no afecta a los actos realizados por la sociedad. La anulación de la transmisión tiene efectos ex nunc cuando se modifica el libro registro. En este caso no hay una rectificación de los datos del libro registro, sino la inscripción de la nueva
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Deben excluirse los simples errores tipográficos, gramaticales o de redacción que la sociedad por sí misma puede corregir (PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 269; RECALDE, Comentarios, art. 55, 574; en Alemania BAYER, Münch. Komm. AktG, § 67 Rdn. 102). 79 PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 275; BAYER, Münch. Komm. AktG, § 67 Rdn. 106 y 116. 80 Contra PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 279. Pero si la sociedad cuando dispone de medios de prueba líquidos que acreditan la incorrección del libro debe instar a su rectificación, mientras tanto no podrá actuar al margen del mismo ¿para qué corregir el libro, si puede no estar a lo que resulta de él? 81 RECALDE, Comentarios, art. 55, 575; PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 270. 82 FERNÁNDEZ PÉREZ, RdS, nº 30, 2008, p. 508 y s.

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titularidad, una vez constatado que quien estaba inscrito no era titular. Los actos y acuerdos adoptados por la sociedad con el concurso del inscrito (pagos, reconocimiento del derecho de asistencia o voto) serán válidos, sin perjuicio de las relaciones internas entre el titular real y quien ejerció los derechos de socio sin serlo. Sin embargo, si la sociedad, a través de los administradores, no controló la regularidad formal y material de la transmisión, e inscribió al adquirente a sabiendas de los defectos o fallos del negocio (p. ej. de la incapacidad de alguna de las partes, del dolo o la violencia en el negocio de transmisión que puede conducir a la declaración de su nulidad), se habrá producido una irregularidad en la inscripción y modificación del libro registro83, lo que conducirá al régimen general previsto para la ineficacia por irregularidad cuya corrección tiene efectos ex tunc.

IV. Eficacia del libro registro en las reclamaciones por la sociedad de las obligaciones de los accionistas 1. La presunción que resulta del libro registro facilita el ejercicio de los derechos del accionista, lo que favorece tanto a este como a la sociedad que se libera cumpliendo frente al inscrito. Pero también cumple desarrolla una función relevante en la reclamación por la sociedad de sus derechos frente a los accionistas. La vertiente pasiva de la legitimación hace referencia a los dividendos pasivos pendientes de desembolso y a las prestaciones accesorias84. Ambos tipos de obligaciones sólo son se admiten si las acciones adoptan la forma de nominativas (art. 113.1 LSC). El pago de dividendos pasivos o el cumplimiento de las prestaciones accesorias constituye obligaciones propter rem, que siguen a la titularidad de la condición de socio, aunque no se incorporen en el título85. 2. Los múltiples intereses que reclaman la satisfacción de los dividendos pasivos (y, señaladamente, el interés de los acreedores en la integridad del capital) justifican que ante un desembolso parcial se dote a la sociedad de instrumentos de autotutela. Estos se hallan en la posibilidad de reclamar el pago de las cantidades pendientes al actual accionista o proceder a la venta de la acción (ex art. 84.2 LSC)86. Pero también en la responsabilidad solidaria en la obligación de pago que recae sobre quienes hubiesen sido titulares de esas acciones en los tres años anteriores a su transmisión (art. 85 LSC). La relación jurídica de que comporta la condición de accionista contiene un derecho subjetivo, que puede circular sin necesidad del consentimiento de la sociedad. Por ello la sociedad debe disponer de instrumentos que le permitan conocer con seguridad frente a quien puede reclamar el cumplimiento de las obligaciones que comporta la condición

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Correctamente PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 272 y 282. La inscripción en el libro registro responde a que “la sociedad necesita conocer en todo momento al titular de las acciones … y los anteriores propietarios de los títulos” (GARRIGUES/URÍA, Comentarios , 376). Para PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 171, aquí se “justifica en mayor medida la existencia del libro registro”. 85 BELTRÁN, Los dividendos pasivos, Madrid 1988, 24; PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 215, reproduciendo, ad pedem litterae lo que se decía en PERDICES, Libro registro de socios, 114 y s. 86 PERDICES Libro registro de socios, 115.

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de accionista. A estas razones responde que se considere obligado a quien en el periodo de referencia (los últimos tres años) estuvo inscrito como accionista en el libro registro. La responsabilidad del inscrito constituye una doctrina generalizada en Alemania, donde la presunción que resulta de la inscripción no admite prueba en contrario87, tesis que también ha sostenido un sector de la doctrina italiana88. Se ha dicho que la doctrina dominante en España mantiene también que la sociedad anónima debe tener por accionista al inscrito en el libro registro (legitimación suficiente) 89. E, incluso, que la inscripción sería necesaria para reclamar el pago de los dividendos pasivos. Sin embargo, esta tesis se rechaza por quienes reducen los efectos de esa inscripción en el libro registro de acciones nominativas90, para quienes el deudor de los dividendos pasivos es el accionista, aunque no esté inscrito en el libro registro91. No obstante, incluso quienes propugnan una interpretación más laxa de la regla que reputa que, frente a la sociedad, accionista lo es quien consta en el libro registro, conceden que el alcance de esa inscripción deriva de su caracterización como una lista creada para recibir las manifestaciones de los socios en las que estos se obligan en los términos previstos en la Ley. Si la inscripción se realizó en virtud de una comunicación imputable al adquirente, la sociedad podrá exigirle el pago, pues este fue el autor de una declaración a la que la Ley imputa consecuencias en el ámbito de la responsabilidad para el pago de dividendos pasivos92. La inscripción facilita a la sociedad el ejercicio de sus derechos, ya que para identificar al legitimado pasivamente le basta el examen formal del libro registro. En efecto, quien permite que su nombre conste como accionista, queda expuesto a la reclamación por la sociedad. Por ello la sociedad puede exigirle el pago de los dividendos pasivos “a pesar de tener pruebas líquidas de otra titularidad”93. Por tanto, el inscrito no puede oponerse al pago negando su condición de accionista o que lo hubiese sido en los tres años previos a la reclamación.

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KRAFT, Kölner Komm. Aktg., 2.ª ed., Colonia/Berlín/Nueva York, 1988, § 10, Rdn. 19; CAHN, Spindler/Stilz, Komm. z. Aktg., München 2007, § 67 Rdn. 26; BAYER, AktG Münch. Komm., § 65 Rdn. 22 y § 67 Rdn. 39; NOACK DB 1999, 1306 y s.). 88 ANGELICI, Riv. Dir. Comm., 1983, 65 no discute la responsabilidad del inscrito, las dudas se plantean respecto de la posibilidad de reclamar el pago de los dividendos pasivos al accionista no inscrito (ambas tesis en LOPEZ ORTEGA, Los dividendos pasivos, Madrid Barcelona, 1998, 152 nt. 346). 89 Así PERDICES, Libro registro de socios, 111, refiriéndose a nuestra opinión. Es cierto que algunos mantuvimos aquella tesis (RECALDE, Comentario, art. 52, 550; y, con más autoridad, ya GIRÓN, Derecho de sociedades anónimas, 250; GARRIGUES/URIA, Comentario LSA, 369, 466). No obstante, está más extendida la opinión de que el deudor de los dividendos pasivos es el accionista real y no el inscrito (BELTRÁN, Los dividendos pasivos, 47 y ss. admite la presunción de titularidad que juega a favor de la sociedad y en contra del inscrito, aunque la sociedad también podrá reclamar el pago del accionista no inscrito; MUÑOZ MARTÍN, “La obligación de pago de los dividendos pasivos”, Derecho de sociedades Hom. Sánchez Calero, I, Madrid 2002, 681, 685 y s.; LÓPEZ ORTEGA, Los dividendos pasivos, 154 y s. 90 PERDICES, Libro, 99 y, sobre todo, 107 y ss.: PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 211. 91 LIBERTINI, Riv. Soc., 1966, 865 y ss. quien, sin embargo, advertía que la doctrina italiana mayoritaria era contraria (nt. 129). 92 PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 218 atribuye a esta declaración la naturaleza de un reconocimiento de deuda, aunque el adquirente es responsable incluso si demuestra que no conocía la existencia de la deuda. 93 PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 220.

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El inscrito que no es socio (o que no lo era cuando se produjo la inscripción), sólo puede defenderse instando la rectificación del libro registro. Esta corrección se realiza mediante el procedimiento contradictorio previsto en la ley (art. 116.4 LSC). Si el inscrito que no era accionista (o no lo fue en el momento relevante) hubiera tenido que satisfacer los dividendos pasivos a la sociedad, podrá repetir frente al verdadero accionista y frente al causante de la incorrección94. Sin embargo, es más difícil determinar si la inscripción, además de ser suficiente para reclamar el pago, es, también, necesaria. En definitiva si la sociedad puede exigir reclamar el pago no sólo de quien estaba inscrito sino también de quien materialmente era accionista aunque no estaba inscribió. A nuestro entender no sólo basta que se produzca la inscripción en el libro registro para permitir a la sociedad reclamar el pago, sino que esta inscripción también es necesaria. La afirmación legal de que la sociedad sólo reputará accionista al inscrito beneficia y perjudica a la sociedad. Si las acciones se transmitieron sin inscribirse el adquirente, el inscrito sigue obligado aunque hubiera dejado de ser socio o aunque pruebe que adquirió las acciones más de tres años antes de la reclamación, en contra de lo que resulta de la fecha de adquisición que consta en el libro registro. Si el inscrito quiere dejar de estar obligado, debe instar a que se inscriba el adquirente o a rectificar la fecha que consta en el libro como la de su adquisición. La prueba de que la transmisión no reflejada en el libro registro de acciones nominativas no es oponible a la sociedad95, es la legitimidad del endoso en blanco, que permite al accionista de acciones no liberadas evitar las consecuencias de la norma que establece la responsabilidad de los accionistas anteriores. En este sentido, la sociedad sólo podría reclamar el pago de los dividendos pasivos al accionista que no se inscribió, si previamente procedió a rectificar el libro96. Aunque la sociedad no pueda obligar al adquirente a inscribirse, la pretensión de la sociedad de reclamar el pago de los dividendos pasivos del accionista actual se satisface al reconocerle su condición de titular de un interés legítimo que le legitima para instar la corrección del libro registro cuando los datos de este no son correctos. Si quien estaba inscrito se opusiera a la modificación del libro registro, esta deberá realizarse mediante el procedimiento contradictorio que prevé la Ley (art. 116.4 LSC)97 con efectos ex nunc. 3. A la misma conclusión debe llegarse en relación con la reclamación del cumplimiento de las prestaciones accesorias que vinculan a todos o algunos accionistas,
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PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 217 y, conclusivamente, en 226 y s., donde se desvía de la posición mantenida en PERDICES, Libro registro de socios, cuyas páginas se reproducían en PERDICES/VEIGA, Comentario, 214 y ss., aunque inmediatamente se dice que “el inscrito siempre debe poder sostener su falta de condición de socio”. 95 Contra LÓPEZ ORTEGA, ob. cit., 152: los dividendos pasivos pueden reclamarse del accionista aunque no esté inscrito; MUÑOZ MARTÍN, “La obligación de pago de los dividendos pasivos”, Derecho de sociedades Hom. Sánchez Calero, I, Madrid 2002, pp. 681 y ss., p. 685 y s.; PERDICES, El libro registro de socios, 111 ss.; en parte diferente PERDICES/VEIGA, Comentario art. 55, 217 y 220. 96 PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 235, advierten que una inscripción a posteriori supone atribuir al que se fuerza a inscribirse las cargas derivadas de la inscripción (responsabilidad solidaria trienal), sin las correspondientes ventajas (posibilidad de ejercitar los derechos). RECALDE, Comentario, art. 52, 550; GIRÓN, Derecho de sociedades anónimas, 250, siguiendo a la doctrina alemana, advierte que la sociedad no puede obligar al adquirente a inscribirse. Ello permite eludir al adquirente la responsabilidad, primando el interés del tráfico sobre el de la sociedad en conocer al accionista. 97 Conforme PERDICES/VEIGA, Comentario, art. 55, 218 y 222.

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según lo que hubieran previsto los estatutos de la sociedad. De nuevo la condición de accionista deriva del libro registro de acciones nominativas. En este caso, el riesgo de que las acciones circulen al margen del régimen estatutario es menor, ya que la transmisión de acciones que lleven aparejada la obligación de realizar prestaciones accesorias se condiciona a la autorización de la sociedad (art. 88 LSC)98. Puede pensarse que, al obtener la autorización a la transmisión, el adquirente asume la obligación de realizar la prestación accesoria, lo que liberaría al anterior socio. En todo caso, mientras la sociedad no autorice la transmisión, no estaría obligada a inscribir al adquirente, dado que no se cumpliría uno de los requisitos estatutarios para la válida transmisión de las acciones99. En cambio, la solicitud de autorización a la transmisión no es la comunicación que se requiere para proceder a inscribir al adquirente en el libro registro de acciones nominativas. El accionista solicita la autorización indicando el nombre del adquirente y sus los demás datos relevantes para que la sociedad estime si es o no adecuado para ejecutar la prestación. Pero si los administradores autorizan la transmisión (pues, salvo pacto, estos son los competentes concederla ex art. 88.2 párr. 2º LSC), ello no conduce de forma automática a la inscripción. Después de ser autorizada la transmisión, esta podría no ejecutarse. Además el adquirente tampoco estaría obligado a legitimarse como socio. En este caso la sociedad podría alegar un interés legítimo para rectificar la inscripción incorrecta del libro registro. Mientras tanto, el anterior socio, que permanece inscrito en el libro registro, seguirá vinculado frente a la sociedad a realizar la prestación accesoria sin que pueda alegar la transmisión para declarar extinguida su obligación si no indica a la sociedad el nombre del nuevo socio que ha de realizarla.

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RECALDE, Comentario LSA, art. 65, 675. LÓPEZ SÁNCHEZ, “Configuración estatutaria de las prestaciones accesorias en la sociedad anónima”, en AAVV, Derecho de sociedades Anónimas I, La fundación, Madrid 1991, 835, 860.

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