Marta Crespo

LA PIDE-PIDE
Cuento de navidad
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Maila Cios¡o (Miianda, 1953) Doconlo, diamaluiga foimada
on los lalloios ¡oimanonlos do Rodolfo Sanlana y Aimando
Uibina, on Cuaionas. Ha ¡ublicado Gucrcncs Ccstum|rcs q
1rcúicicncs (2000), || Scn Pcúrc úc Gucrcncs (2003), Ic Vicjitc úc
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SISTEMA NACIONAL DE IMPRENTAS
MIRANDA
La Pide-pide
Cuento de navidad
Marta Crespo
Fundación Editorial El Perro y La Rana
Red Nacional de Escritoras y Escritores Socialistas de Venezuela
Imprenta de Miranda, 2012
Colección Manuel Díaz Rodríguez - Narrativa
Serie “Cuentos de Color” - Fábulas, mitos y leyendas
La Pide-pide. Cuento de navidad
© Marta Crespo
Colección de Narrativa Manuel Díaz Rodríguez
Serie de Fábulas, mitos y leyendas “Cuentos de color”
© Para esta edición: Fundación Editorial El perro y la rana
Sistema Nacional de Imprentas
Red Nacional de Escritoras y Escritores Socialistas de Venezuela
Depósito Legal: (en proceso)
ISBN: 978-980-14-2326-3
Correción: Marcelo Seguel Bon
Diagramación: Isaac Morales Fernández
Impresión: Julio Valderrey
Ilustración de portada: dibujo anónimo publicado en internet por
Adrián Sanzio
sistemadeimprentasmiranda@gmail.com
http://imprentademiranda.blogspot.com
LA PIDE-PIDE 7
PRÓLOGO
La pide pide, nueva obra de la Profesora Marta Crespo
(1953), se inscribe, nuevamente, dentro del universo de ideas,
mitos, arquetipos y valores que han signado la obra de la
profesora guarenera y de toda la literatura de corte popular,
folklórico y religioso. Se sabe que toda tradición literaria
tiene sus primeros antecedentes en la transmisión oral y
su temática y valores emitidos son de carácter universal,
se propagaron desde la antigüedad por todo el mundo y,
en lo que respecta a los aspectos estructurales; se destaca
la narración como una sucesión de episodios cuyo orden
no puede cambiarse, los episodios están subordinados al
personaje, se suele situar la acción en un espacio y tiempo
lejanos y existe en ellos un carácter impersonal realizado en
una forma sencilla de expresión. Todo está envuelto por una
visión maravillosa donde la realidad se somete a una moral
popular. Toda esta tradición fue y ha sido muy importante
porque han sido narrados, desde tiempos inmemoriales,
con el propósito de formar moralmente e informar a un
grupo social determinado. Objetos, personajes, adversarios,
conocimiento y poderes sobrenaturales, también, caracterizan
a la literatura de carácter folklórico, religioso y popular.
Otros elementos interesantes son el uso de la repetición y
el gerundio que producen un efecto duradero de la acción
(andando, andando) y de intensidad (mirando, mirando)
y que, obviamente, tiene un referente en la cadencia y la
musicalidad de la canción tan propia de la tradición oral y,
El Sistema Nacional de Imprentas es un proyecto impul-
sado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura
a través de la Fundación Editorial El perro y la rana, con
el apoyo y la participación de la Red Nacional de Escritores
de Venezuela. Tiene como objeto fundamental brindar una
herramienta esencial en la construcción de las ideas: el li-
bro. Este sistema se ramifica por todos los estados del país,
donde funciona una pequeña imprenta que le da paso a la
publicación de autores, principalmente inéditos.
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 8
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también el aspecto lúdico que convive con uno didáctico,
algo que la profesora Crespo conoce muy bien.
Ahora, llama la atención la relación textual entre las
historias de la Virgen María, José y el burrito Din Din y la
de La Pide Pide y la vida cotidiana de Guarerá; el cual es un
elemento novedoso, que la profesora Crespo incluye en su
obra, y que se entiende por intertextualidad; cuya definición,
en sentido amplio, es el conjunto de relaciones que acercan a
un texto determinado con otros textos de variada procedencia,
del mismo autor o más comúnmente de otros, de la misma
época o de épocas anteriores y con una referencia explícita
(literal o alusiva) o la apelación a un género, a un arquetipo
textual o a una fórmula imprecisa o anónima. Me parece
propicia la oportunidad de rescatar unas palabras del escritor
mexicano Carlos Fuentes que dice: “Inventar un lenguaje es
decir todo lo que la historia ha callado. Continente de textos
sagrados; Latinoamérica se siente urgida de una profanación
que dé voz a cuatro siglos de lenguaje secuestrado, marginal
y desconocido. Esta resurrección del lenguaje perdido exige
una diversidad de exploraciones verbales que, hoy por hoy,
es uno de los signos de salud de la novela latinoamericana”
Polifonías textuales que establecen relaciones dialógicas
esenciales con ideas ajenas producto de un espontáneo acto
de rebeldía y de una necesidad de hablar y de expresar la
voz que, alguna vez, fue silenciada. La novela se “construye”
a partir de referencias discursivas muy variadas y el texto
participa, simultáneamente, de la oralidad y de la escritura, lo
que le asigna una condición mestiza al texto cónsono con su
cultura y hábitat. Puesto que las poblaciones se han trasladado
masivamente a las ciudades y ello reconfigura el imaginario
social en relación con el hábitat. Por lo tanto es atendible que
las masas aglomeradas en la ciudad, degradadas e impuras,
serían la negación misma de lo popular. Por lo tanto, el texto
de la profesora Crespo es rescate y salvación de los restos de
esa pureza que la modernidad va minando irreversiblemente.
Aplaudo, entonces, esta nueva iniciativa discursiva que
nos entrega esta ilustre narradora e investigadora y, que tanto
bien hace a nuestras letras mirandinas. Saludo, de la misma
manera, la labor encomiable que realiza el Sistema Nacional
de Imprentas del Estado Miranda que de la mano de los
poetas Isaac Morales y Julio Valderrey han sido protagonistas
de primera línea en este proceso de transformación cultural
de nuestra amada Venezuela.
Marcelo Seguel Bon
LA PIDE-PIDE 11
LA PIDE-PIDE
Cuento de Navidad
Sirvieron de inspiración para la escritura del presente texto los
evangelios según:
(Lucas 1,5- 25); (Lucas 1,26- 38); (Lucas ¡,39- 56); Lucas 2,1- 7):
Mateo 1,19- 24); Mateo 2,1- 12); (Mateo 2,13- 23). Juan (1,6-8. 19-
28).
Y los textos:
Crespo Marta. (1999) “Nació El Redentor. Criollito y buena
gente”, Guion de teatro para las escuelas. (Mimeográfico)
Crespo Marta. (2006) “La Estrella de Belén tomó un atajo”. Guión
de Teatro. (Mimeográfico)
L.O.P.N.A.
Prensa escrita a nivel nacional y regional en todas sus páginas de
sucesos.
AGRADECIMIENTOS:
A Dios todopoderoso por la gracia de poder escribir.
Al profesor Job Jurado, por su apoyo.
DEDICATORIA:
A mi familia, con el dulce convencimiento de que el milagro
que pedimos a diario nos llega oportunamente de las manos de
Dios.
Especialmente para ti.
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CAPÍTULO I
¿QUIÉN ANDA ALLÍ?
El Padre Ramón se colocó ante el púlpito y leyó el evangelio
correspondiente al tercer domingo de Adviento.
…Vino un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino para dar testimonio, como testigo de esa luz,
Para que todos creyeran por él.
Aunque no fuera él la luz, le tocaba dar testimonio de la
luz…Juan (1, 6-8. 19-28)
Luego, predicó sabiamente sobre el contenido del texto.
Lo relacionó con la actualidad e hizo alusión a interpretar los
designios de Dios, a la fe, al respeto y amor que debemos
observar hacia el prójimo y en el hogar, al conocimiento de la
humildad, la caridad, la solidaridad y la tolerancia.
Estos sentimientos y actitudes deben ser practicados todo
el año- Continuó- en especial en estos días en los cuales nos
preparamos para recibir a Cristo, con nuestras mentes y
espíritus vacíos de amarguras y egoísmos. Con abundancia
de dones y alegría. Luego hizo referencia a María, la fe y el
compromiso ante el Altísimo para recibir en Sus Entrañas a
Su Hijo, a quien trajo al mundo para iluminar con la verdad
y dar vida.
Exactamente debajo del altar mayor, oculto detrás
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del mantel blanco finamente bordado, estaba un niño,
escuchando atentamente las palabras del sacerdote. Conocía
algunas cosas de Dios, del cual su mamá le habló muchas
veces, dibujándoselo como alguien especial que está en
todas partes a la vez, dedicado a dar amor y a cuidar de
las personas. Su mente infantil lo identificó como una Luz
Poderosa, algo donde podía enchufarse y recibir fuerza y
protección, ¿O energía?
También le habló de la Virgen, a quien solía prender
una velita a veces, del niño Jesús y del cuento ese del viaje
y cuando la señora parió y metió al chamito en un cajón
porque la gente no les quiso dar un ladito, y de todo el resto
del asunto, hasta del tipo que mandó matar a los niños a ver
si entre ellos moría el carricito de la historia. En medio de
sus debilidades y miseria, “La Pide Pide” tenía nociones de
fe, y a su manera se las transmitió. Ella admiró cada día a su
hijo, pues sentía que había nacido con una sabiduría propia,
donde ella aprendía cosas.
Todo lo que leyó el cura, y lo que después explicó, lo
comprendió muy bien. Y en silencio, juntando las manos,
pidió fervorosamente a la Virgen María, a su esposo José y
a todos los que participaron en aquella aventura: ángeles,
serafines, reyes magos y hasta a la estrella, que lo auxiliaran.
Puso toda su intención en cada palabra, y en su imaginación,
donde no cabía el temor, brilló radiante la luz de la fe.
“Yo soy un niño. Mi mamá ya no está, no tengo quién
me cuide, pero ella me habló de Ti Diosito, con o sin rasca
encima, pero me dijo que eras bueno y poderoso. Por favor,
dame una mano”. Acto seguido cerró los ojos y mantuvo una
conversación con su Luz. Fue una plática humilde y sincera.
De “tú” a “tú”, como amigos, y mientras dialogaban, se figuró
la forma de salir del problema en el que se encontraba. Nada
ni nadie lo iba a detener. Tenia que encontrar su camino.
Abrió los ojos sobresaltado. Algo pasó afuera. Algo que lo
sacó de su diálogo maravilloso. Escuchó una gran algarabía
entre los asistentes, expresiones de admiración y hasta risas.
Desde allí podía ver poco. Solo apreciaba algunos objetos,
entre ellos la silla donde se sentaba el sacerdote y sus pies al
ir y venir, Agudizó el oído. ¿Qué ocurriría?
¡Es la primera vez que pasa algo así! Comentó el sacerdote
en voz baja ante el sacristán-. Las velas y los bombillos casi
incendian el templo con su luz. ¡Fue hermoso!
¡Me dio hasta escalofríos, padre!- Respondió el sacristán,
arrugando el ceño y apuñando los ojos por sentirse
encandilado, mientras se estremecía.
¿Será un anuncio de algo nuevo ésta Navidad?-Expresaba
ilusionado el sacerdote, mientras se arreglaba los lentes,
que casi fueron a dar al piso con el sobresalto del momento.
Carraspeo un poco y se sobrepuso, tomando el control de
la misa nuevamente. Los feligreses miraban sorprendidos
y curiosos hacia los lados, murmuraban en voz bajita por
respeto, pero estaban extrañados. Algo había pasado…
Román escuchó la oración de “El Padre Nuestro” cantada,
se la enseñaron en “Casa Hogar”, y luego él se la recordó a su
mamá, que la había olvidado.
Padre Nuestro, que estas en el cielo.
Santificado sea Tu Nombre
Venga a nosotros tu Reino.
Hágase tu voluntad así en la tierra,
Como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas,
Como también nosotros
Perdonamos a los que nos ofende.
Y no nos dejes caer en tentación,
Más líbranos señor.
De todo mal
Amén.
Evocó a sus maestros, a la explicación sobre ese pan diario
que nunca debe faltar a nadie, y las veces que estuvo con
su mamá escudriñando entre el bote de basura municipal, y
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las otras veces que esperaron los camiones de las empresas
de industrias alimenticias locales, para pelearse con otros
lateros los potes de alimentos vencidos, o con defectos en los
recipientes, y tener algo que llevar al estómago. Sacudió con
fuerza la cabeza y despidió esos pensamientos. Tenía que
estar atento.
Llegado el momento de la bendición, el padre Ramón habló
con la sencillez y el carisma que lo ha caracterizado siempre,
sobre todo en la misa de esa hora, dedicada especialmente a
los niños.
La bendición de Dios Todo Poderoso y del Espíritu Santo
caiga sobre todos ustedes.
Y un coro de voces infantiles, junto a los padres de algunos
de ellos respondió;
¡Y con tu espíritu!
¡Pueden ir en Paz!
¡Demos gracias a Dios!
Para ese momento el niño había salido por la puerta trasera
de la sacristía, ante la mirada sorprendida del viejo ayudante,
que lo siguió silencioso para no llamar la atención del padre,
que en pocos minutos vendría a cambiarse.
Observó al niño, estaba sucio y despeinado, en sus manos
llevaba un bolso verde aceituna, miraba angustiado a los
lados, tal vez necesitaba ayuda. Su pequeño e infantil rostro
estaba tenso,
¿De donde saliste niño? Preguntó amablemente el anciano,
asiéndolo por el brazo.
¡Suéltame no joda! Gritó sobresaltado, soltándose
violentamente, y luego, señalándolo con el dedo- ¡Te voy a
meter una sola patada si me vuelves a agarrar!
El anciano retrocedió para evitar ser golpeado. El
muchachito se dirigió hacia la salida y apenas pisó la calle
se perdió de vista, dejando al hombre confundido. Lo vio
alejarse en segundos, y regresó diligente a revisar si faltaba
algún objeto de valor Volteó nuevamente hacia la calle, no
quedaba ni el polvo que levantaron sus zapatos al correr.
¿Dónde iría?
Tres cuadras mas arriba de la iglesia, atravesando una
solitaria calle, iba un niño pensativo y muy asustado.
¿Dónde podré ocultarme? Por favor estrellita del Niño
Jesús, guíame igual que a los Reyes Magos hasta un lugar
seguro. Caminó y caminó ocultándose de la gente, como un
prófugo.
Mientras tanto, día tras día, la lectura de los evangelios
que preparaban la venida de Jesús, se leyeron en todos los
templos cristianos del mundo, y cobraba vida la maravillosa
historia del Mesías, a medida que se acercaba la Navidad.
CAPÍTULO II
LA ELEGIDA
La jovencita que hacia apenas unos momentos se hallaba
sumergida en sus pensamientos dio un salto, miró a su
alrededor segura de haber sentido la presencia de alguien
más en el recinto donde las doncellas se apartaban a orar. A
primera vista no había nadie, así que volvió a arrodillarse. Sus
padres, Joaquín y Ana la tenían muy consentida y la habían
protegido siempre, por eso a veces se asustaba sin motivo.
Volvió al asunto que la tenia ocupada hace segundos.
Su compromiso con José. pronto se irían a vivir juntos para
siempre, ya su madre le había hablado de la intimidad que
debían tener como esposos, su obligación como mujer,
tendrían hijos y…la muchacha dio otro salto, y quedó frente
a frente con la hermosa mirada de un extraño ser. Su rostro
emanaba luz, y al hablar la dejó cautivada, en aquel momento
no sintió miedo.
Alégrate llena de gracia, El Señor es contigo.- Dijo el ser;
¿Quién eres?... ¿Qué deseas? Logró balbucir María ante la
angelical presencia. Soy un Ángel del Señor.- Dijo con voz
melodiosa.
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¿Un Ángel del Señor?...pero… ¿Y a que has venido? Acto
seguido comenzó a escudriñar la presencia del Ángel, que
sonriente se dejaba observar.
No temas María, porque has encontrado el favor de Dios.
¿Mi señor se ha fijado en mí? Dijo curiosa.
¡No te sorprendas! Dios sabe lo que hace.
¿Qué desea el señor? – La pregunta quedó suspendida
en el aire, María se quedó parada frente a aquel que decía
venir con un mensaje de Dios, a quien su familia, a través
de generaciones, adoraba y respetaba, siguiendo su voluntad.
Vas a quedar embarazada y darás a luz un hijo, al que
pondrás por nombre Jesús. Será grande y con razón lo
llamarán hijo del Altísimo. Dios le dará el Trono de David
por siempre y su reinado no tendrá fin.
Ahora si cambió de color, miles de ideas vinieron a su
memoria sobre las enseñanzas recibidas.
¿Cómo es la cosa?... Sacudió la cabeza aturdida.
Te lo explicaré, Vas a quedar embarazada y darás a luz un
hijo, al que pondrás por nombre Jesús. ¿Yo embarazada?...
Pero... ¿Cómo podré ser madre si no tengo relación con
ningún hombre?... Apenas si estoy comprometida con José.
El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del
Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso tu hijo será Santo
y con razón le dirán hijo de Dios. Ahí tienes a tu prima Isabel,
en su vejez ha quedado esperando un hijo, y la que no podía
tener familia se encuentra ya en el sexto mes de embarazo.
Para Dios nada es imposible.
María bajó la mirada humildemente, y dijo “SI” con
infinito amor:
Yo soy la servidora del señor; hágase en mi lo que tu has
dicho.
Después de éstas palabras el Ángel se retiró. María quedó
repitiéndose a sí misma lo que acababa de escuchar, una
nueva vida la estaba esperando.
CAPÍTULO III
CREE EN TUS SUEÑOS
El sonido del martillo sobre la madera era ya cotidiano en
ese sector de la población. Algunos ubicaban la hora del día
por el cese del mismo. Aquella tarde José, el carpintero, cerró
la puerta del lugar mas temprano, recogió las herramientas
y apenas
Se despidió de los vecinos que a su paso le saludaron.
Su mente y su corazón estaban confundidos. ¿Cómo
su prometida, la hija de aquellos santos esposos, la dulce
y virtuosa María?, ¿Como podía estar en cinta? ¿Cómo
enfrentar esta situación tan tormentosa para él, que nunca la
había tocado?
Llegó a su hogar y se tendió en el lecho a pensar, él amaba
mucho a María, no deseaba manchar su reputación. Ella había
estado tres meses con su prima Isabel, y al regresar se percató
de que su cuerpo había experimentado cambios que además
la habían hecho más bella, y la duda y el desconcierto fueron
aumentando cada día mientras la figura de la joven seguía
aumentando de volumen. Entonces razonó en que la mejor
manera de no perjudicarla sería renunciando al compromiso
en secreto, hasta consideró la posibilidad de largarse a otro
pueblo. Y poco a poco fue quedándose dormido.
Allá, en la profundidad de sus sueños, comenzó a caminar
por un angosto sendero rodeado de plantas florecidas. Estaba
escapando. Se sentía muy mal, pues pensaba en María, de
quien se separaba para siempre. Por momentos volteaba la
mirada hacia atrás, y volvía a recordar que había roto un
compromiso. También lloró, pues la amaba y no sabía como
pasó, o de quien sería ese niño.
Triste, se subía a las pequeñas lomas que bordeaban
el paisaje para mirar el lugar de donde se marchaba
indefinidamente, entonces decidió descansar a la sombra de
un árbol frondoso, de pronto el sitio se iluminó y vio a un
ser resplandeciente que con clara voz le comunicó: José, no
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temas recibir a tu lado a María, porque la criatura que espera
es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por
nombre Jesús, que significa “Salvador”. Por que él salvará a su
pueblo de sus pecados. Se tú el protector y guía de la familia.
José despertó bañado en sudor y con el corazón acelerado.
Recordó el sueño y por largo rato se puso en oración. Sintió
desde lo recóndito de su ser una gran alegría.
¿María espera un hijo del Altísimo? Dios me ordeno en
el sueño que los cuide, que sea su guía y protector, y yo
obedeceré su petición.
Y José fue en busca de María, aceptó su compromiso con
amor y unieron sus vidas para siempre.
CAPÍTULO IV
EL CABALLERO
¡Sale pa’lla muchacho del carajo!- Dijo despectivo Ricardo
Orihuela, dueño del cafetín “Virgen del Valle”.
El niño iba ya de salida cuándo lo detuvo Oscar Yánez,
mecánico de lavadoras y cliente del lugar, quien se disponía
en ese momento a desayunar en una de las mesas.
¡Epa! Sujetando suavemente al niño, que arisco iba a soltar
una de las de él, ¿Qué pasó maestro? Dirigiéndose al adulto,
¡Así no se trata a la gente! Luego, invitó al niño: ¿Usted me
quiere acompañar a desayunar caballero?
¿Caballero? Irónico Ricardo ¡Será “Piedrero”! A mi no
me gusta que vengan a pedir real para ir a comprarse su
porquería. ¡Hay clientes decentes que se incomodan!
¡Yo estaría pidiendo real! Se defendió con dignidad. Yo lo
que andaba era viendo a tu perra, que está mas flaca que una
lombriz. Y los clientes, tres para ser preciso, voltearon a ver a
“Cocuy”, la mascota de Ricardo, soltando una carcajada. ¡No
meas para que la tierra no chupe!
¡Te salió protector de animales Ricardo!- Exclamó Javier
Sastre, otro de los presentes, ¡Y con razón! ¡A “Cocuy” se le
pueden contar las costillas!
¡Y con respecto a la decencia de sus clientes, señor! Dijo
altanera una mujer morena bien plantada y con pinta de
profesora, colocando de mala gana un billete de diez mil en
el mostrador; Más indecente es usted, que le falta el respeto a
los clientes con su grosería, ¡Tome! Y ¡Quédese con el vuelto!
¡Muerto de hambre!
De momento Ricardo quedó “fuera de combate”, ofuscado
y avergonzado de sí mismo. Siempre trata así a los malandritos
que entran a pedir real para luego comprar droga, de la
peor, la más sucia. Es testigo del deterioro físico y mental de
muchos jóvenes, hasta de los hijos de sus vecinos, gente que
podía haber estudiado, o por lo menos tener una vida feliz.
Y ahora deambulaban como locos, sin brújula, por las calles
de Guararé.
¡Ni que yo fuera culpable del exceso de billete en este
país! Le grito desde la puerta a la mujer, que ya iba lejos.
¡Yo no permito que le den real en mi negocio a ningún niño
porque es para su destrucción! Y regresándose hacia adentro,
¿Muerto de hambre, no joda? ¡Qué no quiero colaborar con
los sinvergüenzas que se están haciendo ricos a costa de los
muchachos!
Mientras tanto, Javier le daba de comer a Cocuy una
empanada y Oscar trataba de mantener la calma.
No le pares a la gente. Dijo Oscar a Román cordialmente,
no quería iniciar el día mal. Yo te brindo y así me acompañas,
porque apenas estoy comenzando, y no me gusta comer solo.
¿Si va?
¡Si va! El niño miraba al señor extrañado. Nadie lo había
tratado con tanto respeto desde que abandonó Casa Hogar, y
esos eran recuerdos lejanos.
¿Qué te provoca comer? ¡Si supiera! Dos días sin comer.
El hambre era parte de su vida desde que murió su mamá. El
apetito huyó y como igual no tenía que comer, le resultó una
solución.
¡Guá! Lo que usted me quiera dar.
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Perfecto caballero, entonces tráigale a mi amigo un
desayuno criollo como el mío, bien resuelto. Y un jugo de…
¡Durazno!- Exclamó sin dudarlo. La “Pide Pide” le daba de
esa fruta por que así tendría la sangre rojita y no se enfermaría
nunca.
¡Perfecto! ¡Un jugo de durazno! Y la comida fue una
experiencia nueva. El señor Oscar Yánez le dio un trato de
altura. Hasta se sintió importante y digno de vivir mejor.
Al poco rato, se despedían con un apretón de manos.
Le obsequió una chaqueta que era de su hijo menor, quien
estudiaba sexto grado. Le habló de su hijo mayor que era taxista,
y de la niña, que ya ostentaba un titulo de administradora.
También de su esposa, a quien quería mucho. Subió a su
carro y se largó. Fue un rato de esparcimiento para el niño,
donde olvidó su soledad y tormento. Estuvo escuchando
su conversación mientras desayunaban, lo orientó con
respecto a sentirse bien consigo mismo y evitar caer en el
juego de la violencia. Sintió sosiego en estos momentos de
incertidumbre. ¡Que señor tan educado y amable! … Pensó
Román con admiración. Cuando yo sea grande voy a ser
como él ¡Igualito!
Continuó en la búsqueda de un lugar, cualquiera, pero un
sitio seguro. Deambuló por callejones, la quebrada y hasta
subió al “Calvario”, loma donde su mamá lo llevaba a veces.
Se detuvo un rato a contemplar a Guarerá desde allí
arriba. Fijó la mirada en la torre de la Iglesia. Nunca antes
había entrado allí. Y hoy no tuvo oportunidad de conocerla
bien; pero la recordó como un sitio bonito, olía diferente.
Todo estaba limpio e iluminado.
Observó a su derecha un sendero angosto, casi oculto por
la basura y el monte. Cuando era más pequeño se quedaba
jugando en sus cercanías, mientras ella se adentraba en él a
hacer algo con otros viciosos. Algunos eran conocidos, otros
extraños a su entorno. Todos le daban dinero.
Cuándo creció, sintió que aquello que su mamá hacía,
no era bueno. Cada vez que subían le entraba al cuerpo y
al espíritu una sensación que enrojecía su rostro y le daban
ganas de llorar. ¿O de vomitar?
Entonces su mamá dejó de llevarlo. Percibió que al niño
aquello lo perturbaba. Pero él la vigilaba y le prohibió hacerlo
más, sin saber de que se trataba. Él, tan chiquito, se convirtió
en su Ángel Custodio. Y en lo que pudo, la cuidó.
Recordó a la “Pide Pide” todo el día, y continuó buscando
ansioso donde esconderse antes de que se hiciera de noche.
CAPÍTULO V
EL CENSO

En aquellos tiempos, reinaba en Roma el Emperador
Augusto, él deseaba saber cuantas personas conformaban
su imperio, y ordenó hacer urgentemente un censo. Todos
debían inscribirse en los sitios de donde provenían sus
familias. José y María debían entonces viajar desde Nazaret,
de la región de Galilea donde vivían, hacia Belén de Judea, de
donde era el Rey David, su antepasado. Y así se lo hizo saber:
María, debemos partir hacia Belén de Judea.
¿Será un largo viaje?
¡Yo te protegeré!
Tal vez el niño tenga que nacer allí. Mirando su abultado
vientre Falta poco…
Viajaremos de madrugada, y todo nos irá bien. Tú verás
esposa mía.
¡Así será! Confío en ti. Respondió María, convencida de
la necesidad urgente de cumplir con el censo. ¡Vayamos a
Belén! Dijo entusiasta la joven.
Y comenzaron los preparativos para el viaje
Salieron de madrugada, tenían que rendir el día, pues la
jornada era muy larga y había que prevenir los inconvenientes.
De vez en cuándo se detenían y María caminaba un poco, o
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27
se sentaba a la sombra de algún árbol.
José, como guía y protector, la consentía. Ya era suyo el
rol de padre, y esperaba ansioso la llegada del hijo que le fue
encomendado.
CAPÍTULO VI
¡TE ENCONTRÉ CARAJITO...!

Hacia el lado izquierdo de la gran puerta Santa María
del mercado municipal de Guarerá estaban unos pipotes de
basura; detrás de ellos dormía un niño. Su cuerpo estaba
cubierto por periódicos. Su almohada era un viejo morral,
con una chaqueta de jeans arropaba su cabeza, y los negros
cabellos quedaban al descubierto. Un hombre de apariencia
desagradable se acercó sigiloso al lugar:
¡Con que aquí estás, carajito! Pasó con cuidado, apartando
uno de los depósitos y se acercó al montón de papel.
¡Tranquilo potro! Como serpiente- ¡Shhhhhhhhh!…
Tropezó contra un montón de cajas plegadas, que parecían
estables, y se vinieron abajo violentamente, despertando a
Román, que confundido y asustado gritó fuertemente: ¿Qué
pasa?
¡Que buena vaina con éste carajito! Murmuro contrariado,
¡Tiene suerte! Y soltó una carcajada, murmurando cerca del
oído del durmiente, con voz amorosa de mujer: ¡Hijito!,
levántate para salir a rebuscarnos la comida entre la basura.
¿Mami? Respondió mirando a su alrededor Román,
ansioso y aun medio dormido. ¿Acaso era falsa la muerte de
“La Pide Pide”? ¿Seria un mal sueño?
¡Que te pares de allí muchacho pendejo! Gritó el
malintencionado Colmos, sujeto mal visto por la comunidad,
sabían que era una amenaza social, pero siempre se salía con
la suya cuando era detenido, por cierto que cada vez menos
veces, mientras su posición económica parecía mejorar.
El niño despertó del todo y lo miró con desconfianza. No
sabia porqué lo perseguía, pero su mamá le indicó que no lo
dejara acercársele. ¡Por algo sería! La escuchó decir cosas muy
feas sobre ese individuo.
¡Vete Colmos! Dijo Román angustiado, recogiendo los
papeles y acomodándose la chaqueta, dejando ver la pequeña
estatura y delgada humanidad, que apenas representaba sus
escasos once años.
¡Si me hicieras caso te protegería! Acercando su feo rostro
al oído del niño ¡Sólo tienes que colaborar conmigo! Acto
seguido Román sacó de un pipote una botella. ¡Te me acercas
y te saco las tripas! la quebró y le enseñó el pico, ¡Vente pues!
¡Ven para que veas!
Tendrás un hogar Román. Comidita caliente y mucho
dinero hasta para compartir. El antisocial lo miraba fijamente,
la actitud del niño le recordó a la Pide Pide.
¡Sufro al ver que corres peligro por estas calles tan
peligrosas! Sólo déjame ayudarte…
Pero ya el muchachito estaba bien seguro de lo que debía
hacer. Su madre lo dejó bien aleccionado, y sin miedo elevó
la voz amenazante ¿A cuenta de que? ¿A cuántos niños tienes
trabajando para ti hasta ahora, maldito chulo?
¡Cállate muchacho marico! Colmos estaba asombrado ante
la respuesta del niño, ¡Eres demasiado bocón!
En ese momento llegó Juan Manuel, un andino de
mediana edad, alegre y ocurrente. Arrastraba en una carrucha
un pesado termo amarillo, que acaba de bajar de su carro con
dificultad. Observó con atención la escena y se acercó.
¿Usted como que anda molestando al Chino este? Y miró
al niño, ¿Qué pasa joven? ¿Lo puedo ayudar en algo? Román
recogía rápidamente los periódicos y los metía en el pipote de
basura, sin perder de vista al individuo y mirar al salvador.
Colmos no desistía de su idea, estaba medio drogado y quería
llevarse a Román.
Él se va a venir a vivir conmigo. ¿Verdad muchachito? Su
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 28
29
voz pastosa y la mirada enrojecida delataban que no era un
tipo de fiar. Se acercó al niño para tomarlo del brazo, pero
encontró su rechazo y la fuerte e imperiosa orden del vecino,
que con expresión iracunda lo enfrentó.
¡Alas!- gritó muy molesto el gocho- ¡Suelte al carajito
grandísimo vergajo!
Entonces Colmos saco un arma y lo apunto. Juan Manuel
haló al niño hacia él.
¡Venga Román! Empujándolo hacia el interior del
mercado, que estaba a medio abrir. ¡Quítese de aquí y después
hablamos mijo!
Algunas personas estaban cerca, pero no se dieron cuenta
del problema por estar atentos a los hombres que despacio
elevaban la pared de metal que dejaría libre el acceso al
amplio local. Pronto pasarían por donde estaban ellos, así que
Colmos decidió guardar el arma y alejarse.
Mientras tanto, Juan Manuel proseguía su camino
silbando para pasar el susto, vio al muchacho salir de un
rincón y alejarse apresurado. Saco sus llaves y abrió su
pequeño Kiosco donde vendía chicha andina y otros frescos
criollos Un gran letrero anunciaba: Chicha “El Andinito”.
CAPÍTULO VII
EL MERCADO MUNICIPAL
Progresivamente los clientes llegaban buscando lo que
necesitaban para comprar. Algunos debían esperar a que
abrieran cada comercio. A cada momento se escuchaba el
ruido de las puertas de cada uno de los pequeños y grandes
negocios que comenzaban a ofrecer los distintos productos:
vegetales frescos, juguetes, pollo, queso, pescado fresco,
alpargatas, sombreros de cogollo, montes….
Era un local amplio y ventilado. En un tiempo fue un centro
deportivo techado enorme, con canchas, sanitarios, gradas,
oficinas y otros espacios. Posteriormente fue trasladado a un
lugar más cómodo, con todo y estacionamiento. Y el espacio
fue acondicionado por los mismos interesados, el gremio de
los buhoneros, quienes lucharon por obtener este merecido
beneficio.
Fue un sueño colectivo. Necesitaban un templo para
realizar la razón y derecho sublime del hombre a trabajar
honestamente, en un ambiente seguro y confortable.
Conocían la recompensa de su esfuerzo, apoyados por las
autoridades, y con autogestión, por eso tenían un profundo
sentido de pertenencia hacia el lugar, manteniéndolo limpio
y ordenado, con pisos lustrosos que les fueron donados, una
espaciosa y segura entrada y unas gradas que servían de
pintoresca exhibición para los artesanos, manualista, y artistas
plásticos de la localidad. Ahora abogaban por la asistencia
de los encargados de la limpieza fuera del recinto. Para eso
estaban organizados legalmente.
Con el alboroto acostumbrado, Morela llegó a su
puesto de trabajo, exactamente al lado de Juan Manuel. Su
perfume impregnó todo el lugar. Juan Manuel, protector y
guachafistero se le acercó para ayudarla a abrir la puerta,
llevaba por nombre “Dulces criollos La Chiquinquirá”. Ambos
comenzaron a hacer chistes, el día se le acomodó a Juan
Manuel con la alegre risa y enérgico espíritu de la muchacha,
quien encendió un modesto equipo de sonido, y se escuchó
una alegre gaita zuliana.
La Grey zuliana
Con los años popular
De rodillas va a implorar, a su Patrona,
Y una montaña de oraciones quiere dar
Es la gaita popular
Que el saladillo la entona.
La mujer comenzó a mover el cuerpo al ritmo de la pieza,
los demás comerciantes se asomaron, uniéndose al alegre
inicio de la jornada. Baudilia subió el volumen un momento
para terminar de alegrarlos. Juan Manuel le entregó otro
CD, y los presentes estallaron en risas. ¡El Conticinio! Era
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 30
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costumbre que la segunda pieza fuese el conocido vals,
predilecto del “Gocho”, como cariñosamente le llamaban.
Entraron Don Luis y Graciela saludando con optimismo,
eran los dueños del negocio que ocupaba el lado derecho de
“El Andinito”. Entre risas y bromas abrieron las compuertas;
una pequeña tienda arreglada con un estilo muy criollo, se
llamaba “El Viejito”, y tenía un cuadro de la imagen de “La
Humildad y Paciencia” como ilustración, abajo decía “Todo
tipo de aliños, condimentos y materiales para preparar sus
mejores platos criollos”. Ordenados en estantes se observaban
todos los implementos necesarios para preparar las hallacas,
En una cesta que traía Don Luis sobresalían las hojas de
hallaca, se apreciaban frescas. En la estantería del fondo se
mostraban los frascos con aceitunas, alcaparras, encurtidos,
avellanas, nueces, bollas de pabilo y condimentos. Otro
letrero anunciaba “De todo para sus hallacas”.
¿Como les fue el fin de semana don Luis? Preguntó
Morela, zalamera y amistosa como siempre. Venían llegando
de Guarenas, pero las hojas de hallaca las buscaron antes
en la granjita de Barlovento. El viaje había salido de lo
mejor, sin apuros ni tropiezos. Sin embargo, llegaron con la
preocupación del niño. ¿Supieron algo de Román? Preguntó
curiosa Graciela.
Eran una pareja de esposos muy especial, andaban
siempre juntos. Tenían 51 años de casados. Sus cabellos
blancos y sus rostros serenos transparentaban los años y la
bondad brindada en el tiempo.
Por Morela supieron que el niño amaneció durmiendo a
las puertas del mercado. Juan Manuel refirió lo desagradable
y peligroso de la experiencia con Colmos. ¡Tantos niños
deambulando por las calles de Venezuela. Un vecino contó
como cinco carricitos lo habían asaltado pistola en manos. Era
un dolor común la situación social del país.
Mientras haya hambre y abandono, especialmente en los
niños, yo no acepto el despilfarro y la indolencia. Expresaba
el viejito Luis.
¡Hay que hacer algo…Al menos por este muchacho! Y fue
igualmente una decisión de los presentes ayudar. No podía
caber peligro para el menor, que deambulaba solo por la calle.
Apenas hacia dos días la madre había muerto. No se tenía
conocimiento de su vida familiar. Una indigente que sabían
que tenía un hijo, pero nada más, una recogelatas cualquiera,
pero con el privilegio de un niño que ella cuidaba con celo.
Cosa que la hacía diferente en medio de todo.
La comunidad del mercadito, donde la “Pide Pide” solía
hacer visitas de rebusque, bien fuese en la basura, como
solicitando ayuda entre los clientes, conocía la constante
amenaza que Colmos representaba para la muchacha. Era
notorio que la seguía. También se conocía su interés por el
niño, hasta se comentaba que una vez se lo quiso robar. Pero
el hombre tenía “maña”, y cada vez mejoraba su situación
económica y su imagen ante la gente, que no estaba al tanto
de lo que en el mercado era “Noticia vieja”: “Su verdadera
personalidad”.
¡Ahora había quedado huérfano! ¿Ir a la policía? No era
prudente aun. El hombre tenía influencias, a pesar de ser un
“Don nadie”, pero con real. Además no tenían pruebas aun,
solo especulaban basados en sus temores. Tenían que estar
seguros.
No se podían precipitar. Alguna solución tenía que
haber, al menos por unos días, mientras pasaban las fiestas
navideñas. Lo observarían. Le darían trabajo para que
estuviera ocupado. Allí tendría alimento y techo seguro,
mientras lo conocían mejor. Ganarían tiempo para proceder
correctamente. Llegar al fondo del asunto y con sentido de
solidaridad y responsabilidad ayudar al muchacho.
Recordaron a “La Pide Pide”. Era peleona y grosera.
Viciosa y atarantada. Pero incapaz de hacer daño.
“Llegó la Pide Pide”, ustedes ya me conocen, necesito
su ayuda para poder alimentar a mi hijo y sobrevivir
honestamente. Usted me da lo que le salga del corazón.
Ninguna persona se va a arruinar y en cambio hacen un bien.
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 32
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Así conoció Román “El Metro de Caracas”, las entradas
de sus estaciones mas visitadas y los grandes supermercados.
Lo que había que reconocer era su amor hacia el niño.
Pero nunca se le escuchó hablar de marido ni de familia
alguna. Era solitaria y silenciosa. No pasaba de los 26 años.
No agredía a nadie mientras la dejaran ser.
¡Pobrecito! Dijo muy triste Gracielita ¡Se le murió su mamá!
Y quedó en el ambiente la intención de actuar.
CAPÍTULO VIII
BELÉN

El mercado estaba aun medio visitado por los clientes.
Muchos de ellos regresaban de sus trabajos y se acercaban
a comprar algo para llevar a casa. Algunos dueños estaban
cerrando sus negocios, después de barrer y limpiar bien el
entorno. Otros recogían y unos cuántos despachaban. Aun
había vida comercial.
Eran las cuatro de la tarde, la jornada de trabajo
terminaría pronto. En las gradas, los artesanos conversaban
tranquilamente. Eran los últimos casi siempre en retirarse,
porque aparte de exponer y vender sus obras, a veces las
realizaban allí mismo, y les costaba desprenderse del proceso
creativo una vez comenzado.
La brisa llegó de improviso, refrescando el ambiente.
Luego se aceleró y levantó polvo, basura, tumbó objetos y le
levantó la falda a más de una señora. Quienes aun no habían
recogido sus pinturas, pulseras, collares, y tejidos, tuvieron
que volverse arañas para sujetarlos. Los que tenían sombrero
o cachucha quedaron sin nada en la cabeza, y salieron
corriendo tras sus pertenencias. En fin, la brisa hizo que todo
el mercadito se revolviera, y la risa de los más rocheleros
contagió a quienes pensaban disgustarse. ¡Es cuestión de
cómo se vean las cosas!
La algarabía los distrajo y animó. Recordaban entre
carcajadas las distintas escenas que en un segundo observó
cada uno, mientras la extraña e imprudente corriente entró al
mercado. ¡Primera vez que eso pasaba!
Entre cuentos y comentarios, no se percataron de que ante
la gran puerta de metal acaba de ocurrir algo extraordinario.
La brisa también trajo a una extraña pareja que escudriñaba
todo con la mirada. Eran María y José, vestidos tal cual en el
episodio bíblico.
Los vendedores prestaron atención a los posibles clientes.
¿De donde salieron éstos dos que miraban el lugar, algo sucio
y desordenado, como algo maravilloso?
¿Llegamos a Belén? Dijo la muchacha al marido, algo
mayor que ella.
¡Según mis cálculos! Respondió no muy seguro,
¡Deberíamos estar en Belén!
Me siento como extraña, Mirando a su alrededor, las cosas
son bien raras aquí. ¿No te parece José?
El barbudo ciudadano rascó su vello antes de responder.
Las palabras que salían de los labios de ambos eran extrañas,
pero aun así, las comprendía bien. Al fondo varias personas
los miraban con atención. Parecían amistosas, pero sus
vestuarios y el entorno los atemorizaban. Todo estaba muy
raro. Sintió mucho miedo. Pero tenía que hacer frente a lo
que fuese. Él era el protector de María y de aquel bebé que ya
aceptó como su hijo.
Miró por un momento el vientre de la muchacha. Se movía
con enérgica frecuencia. El niño debía estar incómodo. O tal
vez la madre necesitaba descanso.
¡Me muero de hambre! La respuesta a su preocupación
estaba allí. ¡El hambre! Se habían comido todo lo que traían
sobre el jumento, que desapareció cuando aquella fuerte
ráfaga de viento los condujo a este recinto tan extraño. Tomó
de la mano a la preciosa compañera y caminaron hacia los
pocos quioscos que aun estaban abiertos. Los vecinos los
miraban entre curiosos y divertidos. ¿De donde vendrían
éstos extraños tan forrados en tela?
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 34
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María, golosa y muy imprudente se acercó a contemplar
los dulces. ¿Si gusta un dulcito doñita? ¿Doñita? Preguntó
extrañada la joven embarazada, pues aun cuando estaba
hablando castellano, desconocía el término.
Bueno, si voz queréis te puedo ofrecer de todo, mirá:
Catalina, almidoncitos, alfondoques, conserva e’ plátano…
todo barato. ¡Aprovecha que quedan pocas! Y la criolla
conserva de plátano fue la seleccionada para calmar la
necesidad. ¿Y si te cae mal? Preguntó preocupado José. Pero
no pudo decidir ni opinar. Unos dijeron que era un antojo,
la anciana habló de que comiera para que el niño no naciera
con la boca abierta por velón. Finalmente y sin preámbulos,
la chicha, los almidoncitos, el alfondoque, las aceitunas y el
papelón con limón fueron repartidos gratuitamente. Según y
que por la Navidad. ¡Que términos los de esta gente!
María tomó los dulces y la chicha; mientras comía golosa, se
entretuvo observando las otras mercancías. Don Luis mostró
todos los productos para preparar hallacas que tenia en sus
estantes. Pero la anciana, imprudente y curiosa no quitaba
la mirada de la barriga de la muchacha. ¡Ese muchacho está
listo!, exclamó, ¡Tienes la barriga bajita! A lo que la joven
respondió toda sonrojada: ¡Me falta un poquito! Y continuó
comiendo los dulces.
¡Hasta parecen morochos!- Exclamó Morela.
¿Cómo dice? Respondió José sorprendido.
¡Van a espantar al pobre hombre! Soltó la carcajada
Graciela; ¡Es que esta gente es muy embromadora señor!
Abrió un frasco y le entregó una aceituna. Tenga, para que
pase el susto.
¡Bueno pues! Le brindo los dulces, dijo graciosa Morela,
¡Que carajo!
Será por Navidad, Dijo Juan Manuel, sirviéndole un vaso
de chicha a José y otro a don Luis, mientras Morela ofrecía
dulces en la bandeja al grupo y Graciela destapaba de nuevo
el frasco de aceitunas para todos.
CAPITULO IX
¿DÓNDE IREMOS?
Un grito agudo rompió de pronto el ambiente.
-¡Ayayayyyyyyyyy!
La vida en el mercado se detuvo, curiosos de todos lados
se acercaron y los rodearon, interesados por María.
¿Qué te pasa María?- Preguntó José asustado.
Me duele un poquito el estómago. Exclamó María doblada
por el dolor, pero asombrada de tanta gente que a su vez la
observaban con mezcla de curiosidad y solicitud.
¡Los dulces te cayeron mal!
Nuevamente la muchacha se dobla con el dolor. Los
vecinos se prestaban a ayudar, Morela, le ofreció una silla,
Juan Manuel le abanicaba el rostro con un cartón, algunas
mujeres comentaban entre sí. Entonces, decidido, Luis tomó
la palabra en el alboroto.
Si quiere los llevo al hospital amigo.
No comprendo lo que me dice señor. Mi esposa y yo no
tenemos donde ir ahora.
Y como buenos venezolanos, muchos se pusieron a la
orden para ayudar, otros y otras comenzaron a dar su opinión.
Todos con buena fe. ¿Tiene los pies hinchados? ¡A lo mejor es
parto de agua! ¿El dolor comienza aquí o más abajo? ¡Tómele
el tiempo! Si el dolor se repite exactamente y es progresivo…
¡Está dilatando! ¡Esa barriga es de macho! ¿Ya se hizo el eco
tridimensional? ¿Esa muchacha es su hija o su esposa?
Y a tanta pregunta seguida, la bella embarazada no pudo
responder ni una.
Ya me siento un poco mejor, dijo María, Gracias.
En la calle no se pueden quedar, exclamó don Luis, Si
quieren se acercan a mi casa, Graciela le puede preparar un
guarapo de malojillo, toronjil y manzanilla, especial para el
dolor de barriga.
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 36
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¡Jum! ¿Dolor de barriga?, dijo mas de una señora entre los
presentes, mientras se iban retirando, no sin antes ponerse
a la orden o darles alguna recomendación, que tanto María
como José escucharon asustados sin terminar de comprender.
Una mujer bien vestida observaba con interés la escena.
Añoraba tener un hijo. Miró a la muchacha con admiración.
Se acercó a ella en silencio y le puso en las manos una bolsa
de tela. Parecía un simple paquete de ropa. Estaba full de
billetes de alta denominación.
¡Ten amiga! No lo tomes a mal, escuché que están en
apuros. Guárdalos por si acaso. Y se marchó rápidamente
sin dejarla hablar. María recibió el obsequio sin intención
de revisarlo, estaba muy asustada. Al poco rato lo introdujo
entre sus cosas, y lo olvidó por mucho tiempo. José, por su
parte, tomó una decisión para ambos, y aceptó ir a casa de
los viejitos.
CAPÍTULO X
DON LUIS Y GRACIELITA
El viaje desde el mercado municipal hasta el humilde y
peligroso barrio “La Sampablera”, donde quedaba la casa Nº
16, propiedad de don Luís Calvo y su esposa Gracielita, fue
espectacular. No entendían porque razón el señor José no
quería, o no sabía como subirse al auto, hasta se sentó en el
espaldar del asiento. Entre todos le hicieron comprender un
asunto tan cotidiano. Tal vez son los nervios, comentaron
entre si, no deben tener dinero, y la chica anda bien cercana
a parir.
Peor fue la muchacha, quien no dejó de reír ni un solo
momento desde que vio la camioneta, subió a ella, y luego
por todo el camino hasta que se bajó. Aparte de eso, ambos
parecían querer salirse por las ventanas de lo maravillados
que se sentían quien sabe porqué.
Para mejor acontecimiento, la risa de María fue tan, pero
tan graciosa, que terminó de contagiar a todos, y tanto Juan
Manuel como Morela, se unieron en alegre caravana en el
carro del gocho, hasta llegar al hogar de los ancianos, donde
María dejó por fin de reír al observar con extrañeza la hermosa
decoración.
Pasen adelante, este es nuestro hogar. Dijo generoso don
Luis, pero María y José estaban extasiados contemplando el
lindo nacimiento que engalanaba la sala de la casa.
¿Qué es eso? Señaló María. ¿De donde son ustedes
mijitos?, dijo muy extrañada Morela. ¿No saben que es eso?
¡Ovejitas y pastores! Exclamaba José, como si fuese un niño
emocionado ante nuevos juguetes. ¡Adiós carrizo! ¿Estos
como que vienen de Marte? ¿En que lío nos metimos ahora
viejo? ¡Extranjeros recién llegados a Venezuela Graciela! ¡No
conocen todavía las caraotas!
Luis encendió el nacimiento. La joven pareja se sorprendió
al ver la luz eléctrica. No podían contener, unos y otros, la
confusión ante tan extraños acontecimientos y conductas
presentes. Juan Manuel se les acercó y preguntó directamente:
¿De donde vienen ustedes?, ¡De muy lejos! Dijo José,
prestándole al fin atención, pues no dejaba de observar las
luces que prendían y apagaban continuamente, disimulando,
explicó, ¡Uf! Lejísimo. Vinimos a censarnos, dijo María.
Luis y Graciela se vieron uno al otro extrañados. Morela, le
dió un codazo a Juan Manuel. Todo estaba muy sospechoso.
¡Un Censo! Dijo alarmado Luis, ¡Hay que comprar la
prensa mija! preocupado por no conocer el asunto, temiendo
ser multados. ¿Censo a éstas alturas? ¡Ah! Debe ser algún
censo para vivienda o trabajo. ¡Yo averiguo mañana! ¡El
gobierno siempre hace esos movimientos para mejorar la
situación de la gente!
La conversación se mantuvo aun por un rato, y José
mostraba incertidumbre por el desconocimiento de sus
amigos sobre el importante censo que debía reunir personas
de distintos lugares del reino, mientras Morela planificaba si
proceder a la venta de café y empanadas o anotarse como
empadronadora, para ganar algo de dinero.
Acto seguido, y sin mayor preocupación por el desconocido
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 38
39
censo, el tema central fue la proximidad de la Noche Buena, y
los preparativos tradicionales.
La casita era acogedora, aunque no muy ordenada. Al
frente, en lugar de un jardín de “rosas”, lucían frondosas
cuatro matas de topocho y cinco de Quinchoncho. Y en una
esquina de tan elegante huerto, plantas de llantén, orégano
orejón, toronjil y culantro de monte, entre otras hierbas
aromáticas y medicinales.
Estaban reunidos en la sala comedor, a la izquierda, la
cocina y el baño, y a la derecha una entrada en forma de
arco que se comunicaba con tres habitaciones con baños y un
estar, donde Gracielita tenía su máquina de coser, muñecas de
trapo confeccionadas con gusto, y que vendía en el mercado
y una cesta con retacitos. Todo se había construido con el
esfuerzo de ambos.
Tenían cuatro hijos, tres niñas y un varón, y ahora
cosechaban los frutos de sus desvelos, pues se quedaron solitos
para compartir como novios. Ya las niñas y el niño hicieron
sus vidas. Tienen una finquita en Barlovento, que dejaron a
cargo del hijo, y tres casas en Guarenas, donde viven las hijas.
Entonces ellos decidieron venirse a vivir a Guarerá. Don Luis
tiene sus cinco sentidos bien puestos, carácter, voluntad y lo
más importante: el apoyo incondicional de su esposa, quien,
a simple vista parecía ser una persona frágil, pero que en
realidad era poseedora de una gran fortaleza e integridad a
toda prueba.
El viejo se había empeñado en comprar en ese sitio
exactamente, contradiciendo a toda la familia. No quiso
urbanización, y mucho menos apartamento.
¡Esta casa reúne las condiciones! Tiene terreno para
construir lo que nosotros queramos a nuestro gusto. Matas
de mango, de pomarrosa, de limón y de naranja. Y todavía
queda espacio para atrás. Además, los vecinos me dan buena
impresión.
Y se acabó la discusión. Compró y se vino al barrio. Algo
íntimo le dijo al oído que ese lugar era para ellos. Graciela por
su parte estuvo de acuerdo. Él siempre sabe que es lo mejor
para la familia, y si este lugar le gusta: ¡Aquí viviremos!- Dijo
feliz a los hijos.
Ahora les correspondía disfrutar de sus nietos y de un
trabajo a su gusto, pues ambos eran gente útil acostumbrada a
cooperar. Poseían la sabiduría de los años, porque las pruebas
de la vida ahora sumaban un valor fundamental.
María y José escuchaban como el grupo se organizaba.
Luis ofrecía ponche crema para que lo probaran, hecho por
el mismo. Graciela les dio dulce de lechosa, y a todo ellos
asintieron sin oponerse, pero extrañados. En voz bajita
comentaban sus apreciaciones:
¡Hay cosas que no comprendo José!; ¡Yo tampoco!
El censo no parecía importarles, pensaban en una gran
celebración, en la llegada de un niño, en preparativos y
adquisición de cosas.
Ven José, acompáñame a mirar tantas cosas extrañas.
Mientras los amigos conversaban alegres, José y María
miraban los regalos envueltos en brillantes papeles, los lazos,
una cesta con cotillones que llevaban cintas de múltiples
colores, muñecas envueltas en extraños materiales a través
de los cuales se pueden ver, un árbol iluminado. ¡Todo
demasiado raro!
¡Acérquense amigos! Invitó don Luis alborotado por el
efecto del ponche crema, ¡De donde ustedes vengan, sean
bienvenidos a mi casa! ¡Mañana prueban las hallacas de mi
mujer!, ahora vamos a descansar.
De pronto, María hizo de nuevo un gesto de dolor. Alarma.
María insiste en el malestar de barriga. Graciela y Morela, la
miran, y con expresión traviesa la anciana dice: Para mí que
usted va a parir. Amigo José, mejor vaya preparándose; alertó
con misterio don Luis, y Juan Manuel le pasó el brazo sobre
los hombros a José: Amigo mío, las mujeres dicen que ustedes
dos pronto van a parir.
José tuvo un cambio de semblante, no sabía que hacer,
decía ser primerizo, y no conocer de parideras.
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 40
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Por allí está un cuarto bien cómodo. Invita don Luís,
señalando hacia la derecha, después del arco. Tómese el
guarapito de malojillo y tilo. Es bueno para el estómago y
para dormir. Relájense. Aquí los ayudamos entre todos.
También puede ser entrada de mes…opina Morela. O
el viaje que la movió. Expresa sabio el abuelo. Mejor que se
recueste mija, no vaya a dejar el muchacho en el camino.
María se levanta del sofá con dificultad, está bien gordita,
su rostro resplandece al sonreír a todos por el último
comentario. ¡Qué gente tan rochelera!
¿En el camino? ¡Mejor acostémonos María!
José se retira ayudando a María, pero antes de entrar a
la habitación, voltean disimuladamente a ver a don Luis y
Graciela. Hablan de nuevo en secreto. Comentan entre sí lo
extraña que está la ciudad de Belén, recordaron a Din Din, el
burrito que los venía acompañando, y que ya debería haber
regresado a su casa de Jerusalén.
Entran a la habitación decididos a descansar. Mañana
verán que hacer. ¡Dios está a cargo!
Morela y Juan Manuel se despidieron poco después, no
sin antes probar de nuevo el exquisito ponche crema, que
para esta hora ya surtió su efecto alborotador. Por ese motivo
la despedida fue más larga y bullanguera que otros días,
cuando se reúnen a conversar.
Viven en el callejón 21 del barrio “La Sampablera. Es el
sector mas alegre de esa comunidad. Por alguna inexplicable
razón vinieron a coincidir como vecinos un grupo de familias
con características bien divertidas y originales.
Al fin Luis y Graciela se fueron a dormir. Ya en la cama,
cuando la tranquilidad de la noche apacigua el espíritu,
las inquietudes del día se olvidan y dan paso a una sana
tertulia, los ancianos esposos comentaban sobre los extraños
visitantes, sus vestimentas y desconocimiento de todo cuanto
les rodeaba.
Tal vez salieron apurados y se vistieron con las sábanas.
¿Y se la echaron por encima?
Ríen de la ocurrencia. Escucharon truenos, pronto
comenzaría a llover. Y la sana conversación concluyó en que
lo mejor de todo había sido ofrecerles su hogar.
CAPÍTULO XI
LA INSEGURIDAD
Morela cruzó la calle junto a Juan Manuel, viven
exactamente frente a los viejitos. Ella en la casa Nº 15 y él en
la Nº 19. Ella vive con sus dos hijas y su suegra. Es joven aun.
Quedó viuda hace ya tres años. Su esposo murió víctima del
hampa. Una bala acabó con un hombre bueno, un esposo
y padre responsable, dueño de una de las unidades de
transporte del barrio. Una mala hora. Un segundo eliminó
la felicidad de una familia. Desde hace tres años trabaja en el
mercadito municipal.
Juan Manuel es el andino más feliz del mundo. Vino a
ésta vida a prestar ayuda a quien lo necesitara, sin obligación
ni servilismo. ¿Hace falta un testigo para una boda? Juan
Manuel. ¿Un padrino? Juan Manuel. ¿Quién ayude a
comprar, a arreglar, a conseguir, a llevar, a traer y hasta a
rezar? ¡Juan Manuel es el hombre!
Cuándo mataron a su compadre, él estaba dentro del
autobús. Eran las ocho de la noche y ya iba a guardar. Se iban
a tomar unas cervezas en la casa. Se detuvo a recoger a tres
muchachos bien vestidos. Probablemente irían a alguna fiesta
en el barrio, porque no eran conocidos.
Subieron y en un segundo cambiaron el destino de los
pasajeros, uno pasó por los puestos recogiendo prendas,
celulares y dinero. Otro los mantuvo apuntados con una
pistola y el tercero hizo que su compadre condujera hacia un
destino desconocido. Le daba las órdenes precisas.
Eran apenas unos niños. Ninguno debía llegar a los quince
años. Estaban pálidos y temblorosos. Los ojos enrojecidos y la
mirada triste, extraviada como sus vidas.
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Juan Manuel insistió que se llevaran todo, pero que les
respetaran la vida. Ellos eran unos muchachos aun para ir a
cometer un crimen, nadie los iba a denunciar, que pensaran
en sus padres… pero se ganó un tiro a sangre fría en una
pierna.
Regresaron caminando en medio de la oscuridad, pidieron
ayuda y denunciaron. Al compadre lo encontraron muerto
a las tres horas en otro sector, y la camioneta mucho más
lejos aún. ¿Para qué lo mataron? ¿Por qué? ¿Qué beneficio
obtuvieron? ¿Qué tanta droga podían comprar con el dinero,
celulares y prendas hurtadas? ¿Qué tanta deuda podían
pagar? ¿Cómo se sentirán hoy?
No es tan extraño lo ocurrido. La inseguridad campea en
cada rincón de la patria. Lo distinto es que les tocó ésta vez
a ellos.
¡Hay que hablar de paz hasta grabarle el subconsciente a la
gente! ¡Hasta que se internalice que sólo por medio del amor
se llaga a ser feliz!
Desde entonces Juan Manuel también protege y cuida a
las cuatro mujeres que quedaron desamparadas. A los viejitos
de enfrente, a quienes corresponde con afecto y respeto. Y a
su esposa, a quien adora. Son el uno para el otro. La magia de
su personalidad radica en la tranquilidad de su conciencia,
todo lo que le rodea es para él bueno, o digno de convertir en
gracioso, transmitiendo armonía donde quiera que está.
Se detienen un segundo. Comentan misteriosos. Algo raro
está pasando en casa de los ancianos.
¿Serán árabes? Digo, por las ropas. Dice Morela,
¿Será? Más bien se parecen a las imágenes del nacimiento.
Pensativo ¡A lo mejor en la noche llegan la mula y el buey y
se comen los topochos de don Luis!
¡Ave María! Suelta la risa ¡Usted no se compone!
Apuran el paso y se despiden. Comienza a llover.
CAPÍTULO XII
EL PUENTE
La torrencial lluvia apenas si deja ver unos metros delante
de Román, que enchumbado avanza en busca de un refugio
donde guarecerse. Camina con cuidado, se dirige hacia el
puente de Maturín, donde en otras oportunidades durmió
con su mamá, allí Colmos no lo molestará. El delincuente no
conoce este refugio, donde un indigente que se dice dueño del
lugar se hizo su amigo una vez, cuándo estaba más pequeño.
Se acerca cuidadosamente y observa a Cipriano. Es un
joven como de 20 años, pero su contextura le da apariencia de
una persona mucho menor. Sus prendas de vestir son viejas
pero limpias, y su rostro es de una persona especial.
… 193, 194, 195, 196… ¡Tiene peso la bolsa ésta!- Comenta
el indigente. Un poquito más y me redondeo lo suficiente
para la comida.
Cipriano cuenta las latas que durante todo el día ha
recogido en la calle, en los basureros y a orillas de la autopista.
El aguacero no lo deja apreciar la menuda figura que lo
observa desde una esquina. A un lado está encendido un
fogón con leña. Toma
un largo pedazo y lo extiende hacia Román para iluminar
su rostro.
¿Puedo?- Dice tímidamente.
¡Hummmmm!- Recordando.
¿Me recuerdas?
¿Y tu mamá?
Mi mamá se murió. ¿Puedo dormir aquí contigo? No
tengo donde ir.
Si. Puedes quedarte si quieres. Creo que ya te lo dije una
vez. ¿Recuerdas?
Cipriano es poco expresivo. Más bien es introvertido,
arisco y áspero. Una vez llegó una loca borracha con un niño,
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 44
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la dejó dormir bajo su puente porque le cayó bien, y porque
el muchacho se le acercó espontaneo a conversar, su lenguaje
era comprensible. Aquella noche compartieron un largo rato.
El niño lo trató con afecto y respeto. Por eso le dijo que podían
volver cuando quisieran.
Y volvieron otras veces. Cuándo Colmos llegó la otra
noche, recordó al muchacho, e inventó cualquier historia
para protegerlo. Ahora lo tenía ante él, y le brindó de nuevo
su hogar.
Hoy, como hermanos, más que amigos, Román y el
indigente con voz de hombre, pero mente y corazón de niño,
se dispusieron a dormir. Cipriano sacó unas cobijas y pan.
Acomodó la bolsa de latas a un lado.
Allá, afuera del puente llovía fuertemente. La quebrada
rugía como un león hambriento, sin embargo los dos seres,
pobrecitos y especiales, cayeron en un profundo y reponedor
sueño al calor de la fogata.
Debajo de un puente puede haber un hogar si hay paz,
amor y comprensión. Y ese era por los momentos el hogar de
aquellos dos.
¡Hay que hablar de paz hasta grabarle el subconsciente
a la gente! ¡Hasta que se internalice que sólo por medio del
amor se llaga a ser feliz! ¡Hasta comprender que en la vida lo
importante es vivir sin hacer daño!
CAPÍTULO XIII
EL NEGOCIO
En una esquina de la Plaza Bolívar de Guarerá, se
encuentran cinco tipos reunidos. Intercambian real por
drogas, ninguno es amigo del otro, todos desconfían de
todos. Uno a uno se retiran del lugar. Llueve copiosamente.
Es media noche.
Colmos guardó el último dinero que le entregaron. Él
consume poco de la porquería que acaba de vender. A éstos
les vende marihuana, a los recogelatas y locos les vende
“Piedra”, a los jóvenes les da lo que le pidan, mientras haya
plata de por medio no hay límite. Allí está el principal poder
de su negocio, los menores de edad. No pagan cárcel, hay
alternativas pues poco se sospecha de ellos, y lo mejor: hasta
el más arrecho de los policías piensa bien antes de someterlos.
Sube a su auto y se dirige a la calle Comercio, allí están siete
chamitos encargados de distribuir piedras a varios indigentes,
que casi dementes dan lo que sea por una pequeña porción
de cualquier droga, así sean sobras. Si no tienen real, roban o
piden limosna.
También están las prostitutas, esas cobran una pequeña
comisión por vender la mercancía a clientes selectos. Bueno,
depende de quien estemos hablando, pues hay unas que se
consumen la droga más fina y pagan de contado, en especial
las jovencitas, algunas aun menores de edad, cegadas
por la ambición o porque sencillamente esa es la vida que
escogieron. Ellas consiguen clientes de edad avanzada que las
consienten, ¿O las pervierten?
Con este trabajo ha logrado comprarse ya cuatro autobuses
y cuatro apartamentos en zonas más o menos privilegiadas.
Mejoró el carro un poco nada más para no despertar
sospechas, y decidió vivir en el mismo barrio de siempre por
la misma razón: El barrio “El Zanjón”
También tiene sus malas rachas de vez en cuando, pues
le toca pagar grandes sumas de dinero cada vez que un
menor cae preso. Y casi nunca es por drogas, sino por que los
encuentran robando en los autobuses, o con un carro robado,
entre otros delitos. Alguno que otro ha muerto tiroteado en
medio de un asalto, o por sobredosis, o cobrando el dinero
que les deben para poder llevarle a él su parte; eso es lo
más difícil, allí tiene que ser estricto, nadie le puede quedar
debiendo, si no es a él mismo a quien le van a cobrar los de
arriba, los dueños del circo. Esos son implacables.
Es una larga cadena de vicios y calamidades. Así que
quien no paga corre el peligro de ser golpeado y quien sabe
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 46
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que más.
En fin, esos son sus muchachos y de ellos depende en
gran parte su negocio. Para eso paga, para tener siempre con
que responderle a los de arriba. A partir de los diez años hasta
los doce, la garantía es buena. Por eso tiene que ser riguroso
y discreto.
Por más dinero que gane, su apariencia siempre es la de
una persona con poca clase, sobre todo por la fealdad de su
rostro, siempre tapado con unos lentes oscuros que ocultan el
ojo de vidrio, el que perdió a manos de una mujer: “La Pide
Pide”.
Anda tras el hijo de esa. La que le cortó la cara un día
que quiso quitarle al crío. ¡Que estúpida manera de quedar
marcado! Nunca traficó con menores, ese no era su negocio,
pero alguien que la tenía vigilada se lo sugirió, y por una
buena cantidad de dinero. Entonces intentó robárselo. Nunca
se imaginó que una indigente borracha y piedrera tuviera
instinto maternal.
La detuvieron por tres semanas. Él mismo la liberó de la
cárcel. Podía perder más si la loca hablaba. Le prometió sacarla
a cambio del silencio. Sabía demasiado, hecha la pendeja. El
negocio iba a ser estupendo, pero la subestimó. Después de
su reacción aprendió a respetarla. Pero le juró venganza.
La Pide Pide se murió hace dos días, ocho años después
de aquel incidente, y ahora puede disponer del carajito
sin problema. Necesitan un niño que sirva de “mula” para
trasladar una cantidad de droga, y si se muere o no después,
no es su problema, no es para él, si no para gente más
importante. El sólo cumplirá con vendérselos a buen precio.
Nadie lo va reclamar. Por eso tiene que darse prisa, a alguien
se le puede ocurrir denunciar el caso ante las leyes protectoras
de niños y ya no tendrá oportunidad de vengarse de aquella
desgraciada.
Pero el muchachito también lo sorprendió. Aparte de ser
un niño sano, era astuto y percibía sus malas intenciones. La
madre lo supo mantener fuera del entorno milagrosamente,
pero seguro le habló de él. Ayer casi logra ponerle en la nariz
un trapo con formol. Pero se defendió, lloró, gritó espantado
y lo mordió. Trató de montarlo en el carro propinándole un
buen golpe en la cabeza para desmayarlo, pero se le escapó.
Lo buscó en los alrededores. Le fue imposible encontrarlo, se
esfumó.
Recuerda el incidente. El chamo lo pateó en los genitales
y corrió como un diablo. Él se montó en el carro y subió los
vidrios ahumados. Lo vio cruzar a lo lejos por la plaza Bolívar,
frente a la iglesia. Al llegar allí se estacionó. Si lo encontraba
al menos podría seguirlo. O identificar las ropas, porque con
lo violento de la situación no retuvo colores ni forma. Sólo
la desnutrida y sucia figura del muchachito con un morral
verde que ágil y astuto se le escapó de las manos. ¡Tenía que
atraparlo!
Entró a la iglesia nervioso. Los feligreses lo miraron
extrañados. Buscó por todos lados con disimulo, pero estaba
atestada de niños. Hubo un momento en el que el pánico
lo hizo huir del lugar. Las lámparas de la iglesia y las velitas
de los santos que están en los laterales despidieron una
luz incandescente. Todo quedó iluminado como si el sol
estuviera dentro del recinto. La gente daba exclamaciones de
admiración por lo bello, en cambio él sintió mucho miedo.
Hoy, después de cobrar una plata y beberse una cerveza
en la esquina de su casa, se sentó frente a la televisión, sin
apreciar lo que mostraba la pantalla, porque su pensamiento
estaba en lo sucedido esa mañana, cuándo nuevamente casi
le pone la mano encima al mocoso y se atravesó el dichoso
gocho vendedor de chicha.
¡Casi lo agarro y me lo traigo¡ Así desaparezco todo rastro
de ti, “Pide Pide” del demonio! Se quitó los lentes oscuros que
usaba hasta en la noche para ocultar la cicatriz y la cuenca del
ojo vacío, con un pedazo inútil de vidrio, ¡Maldita Pide Pide!
Y se quedó dormido, rodeado por sus malos pensamientos.
Tenía mucho mal que hacer, necesitaba descansar.
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CAPÍTULO XIV
LA AMISTAD
Cae la tarde en Guarerá. El día ha estado extrañamente
claro, como si la lluvia torrencial de anoche hubiera despejado
totalmente la atmósfera. El amanecer también fue especial,
desde las cinco de la madrugada aclaró diferente. La luz no
era del color cotidiano. Más bien el ambiente tenía destellos
dorados. La gente comenzó a decir que iba a hacer mucho
calor y a lo mejor volvería a llover. Pero la tarde estaba sabrosa.
Cipriano estaba triste. No había contado las latas ni los
cartones que recogió en el día. Llegó al puente y sacó del hueco
donde esconde la leña suficientes pedazos para encenderla
mas tarde. Si no llovía, las luces de la Autopista que pasa
por encima de su hogar y la luz de la luna lo mantendrían
cómodo.
Si Román venía hasta le podría leer un libro. Él si sabía
leer, mientras que a Cipriano le costaba, también podría
conversar. La soledad ya no le gustaba desde que llegó el
niño, la noche anterior.
Al poco rato llegó Román, en las manos traía una bolsa.
Cipriano lo recibió con alegría. Él, tan solitario siempre y
aquel niño le había prendido el deseo por compartir.
Hola Cipriano, ¿Saliste a chambear? Sí, amigo.
¿Viste que arrecho está todo allá arriba?¡Las tiendas tienen
juguetes finos y por todos lados hay música y adornos de
Navidad!
¡Navidad! Yo no me acuerdo de nada. A lo mejor tu sí…
Cuándo mi mamá estaba conmigo me traía regalos el niño
Jesús. Yo estaba en una escuela y aprendí mucho… pero
cuándo ella se fue… Palo por esas nalgas y hambre fue lo que
me regalaron.
Román lo escuchó…. Se le acercó. Sacó de una bolsa
refrescos y un buen trozo de torta.
Déjate de esa charla… aquí estamos pepa… ¡Brindemos
con refrescos y torta de piña! ¡Me gané cien bolos y compre
comida!
Román unió sus manos para dar gracias a Dios, y Cipriano
lo acompañó en la oración.
Román, entusiasmado, invitó a Cipriano a compartir el
trabajo que consiguió en el mercadito municipal. Se trata
sólo de ayudar, hacer mandados, y podrían continuar con
la recolección de latas. Cipriano conoce sus limitaciones, y
acepta al sentir que Román será un apoyo para salir adelante.
Se toman las manos en señal de amistad.
Cipriano ríe. Comen en paz y conversan. Hay tranquilidad
en sus almas y calma en el ambiente. Los malos ratos quedaron
olvidados. Mañana será otro día. Mañana todo tiene que ser mejor.
CAPÍTULO XV
UN NUEVO CAMINO

Está cerca el cuarto domingo de Adviento. En todo el
mundo se prepara la Navidad, con las tradiciones propias de
cada cultura, credo o religión, practicadas como medios para
esperar a Cristo y rogarle que esparza su luz.
Román se ha llevado a Cipriano a trabajar en el mercado.
Ya la gente los conoce. Ellos aprovechan siempre al final de
la tarde de recoger aluminio, cartón y vidrio. Lo esconden
bajo el puente, en un lugar seguro. Luego lo venderán.
El estar ocupados los ha llenado de ilusión, comparten
todo. Román se siente protegido, sabe que si aparece Colmos,
tendrá auxilio seguro de los vecinos del mercado, que lo
interrogaron antes de darle el trabajo.
La señora Morela les ha dado a ambos ropa y calzado, en
buenas condiciones y a la moda. También fueron a su casa
un día a limpiar un poco el garaje. Sus hijas son amables y
muy educadas y la abuelita cariñosa. Estuvo pendiente de
Cipriano, para que se comportara debidamente. Él mismo
tenía susto, era la primera vez en su vida que entraba a una
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casa de familia. Con orden y bastantes corotos en su lugar.
Estaba deslumbrado.
En cambio Cipriano, que era quien le preocupaba, estaba
totalmente identificado con el medio. Pidió agua y se sentó a
la mesa muy seguro cuándo los invitaron a comer.
El niño sudó de los nervios, estaba extrañado, tímido.
Nunca tuvo mucho roce social, apenas cuando vivió en “La
Casa Hogar”, donde aprendió lo único que sabia de normas y
hábitos. Los maestros y maestras son su referencia inmediata
cuando tiene que tomar alguna decisión que se relacione
con la convivencia. Allí aprendió a leer y a escribir, a conocer
la diferencia entre ese mundo y el mundo de donde venía.
Aquellos profesores se esmeraron por hacer muy bien su
trabajo, y él aprovechó cuanto le ofrecieron, consciente que
afuera estaba su mamá. Y algún día saldría a enseñarle que
hay otros caminos más dignos para vivir.
La Pide Pide le dio otras lecciones: a observar la luna, a
colocar las manos frente a ella, frente al arco Iris o al cielo
estrellado para recibir la fuerza de Dios, a seleccionar cada
fragmento de basura que pudiera ser vendido, a conocer el
poder curativo del llantén, el malojillo, el orégano orejón y
del toronjil. También le mostró la mariguana, el aguardiente
y otras cosas que le dijo bien claro que no debía consumir
¡Jamás!
¡Escúchame bien! te estoy explicando esta vaina para que
obedezcas. No quiero saber nunca que te metiste a piedrero.
Tú camino es más arriba que el mío.
¡Ajá! ¿Y entonces porque tú no dejas de comprar eso y de
echarte palos?
¡Porque así es que tengo que vivir hijo!
¡Que buena vaina contigo! ¡La gente NO TIENE que ser lo
QUE NO QUIERE mamá!
Su hogar estaba donde estuvieran los dos. No era el espacio
en sí, era la presencia, el amor, la protección y la comunicación
sincera. Así lo comprendió durante los cinco años que estuvieron
separados, aunque la viera todos los días del mundo.
El señor Juan Manuel les brinda algo de beber a diario, y le
regaló a cada uno una gorra de San Nicolás. Hasta los viejitos
tenían una. También los invitó a darse un baño en su casa, y
la señora Francisca, al verlos, les proporcionó jabón, champo
y hasta colonia, hasta la cabeza le dejó de picar.
La señora Francisca es la esposa del señor Juan Manuel.
Es profesora, y les hizo preguntas que lo pusieron nervioso,
pero sintió que era para su bien. Hace tiempo que nadie se
interesaba por saber si estaba en un colegio y mucho menos
por saber su apellido. Menos aun por sacarle la cédula, ni si
tiene vacunas. Hasta le examinó los dientes y lo puso a leer
de cerca y de lejos. Cipriano inventó que viven en un rancho
en el barrio “Maturín”, con unos tíos.
¡Dijiste una mentira Cipriano! ¡Eso es malo!
¿Cómo sabemos que no es para llevarte y separarnos? Si
es para tu bien, les decimos la verdad, pero primero hay que
saber.
¡A veces el lento soy yo! ¡No se me había ocurrido!
El rostro de Román se iluminó con una enorme sonrisa.
¡Ya no está solo! ¡Tiene un amigo que lo cuida! ¡Hay que
pensar muy bien y considerar todas las cosas que pueden
pasar a nuestro alrededor cuando tomamos una decisión!
¡Lo tendré en cuenta! Eso me lo enseñaron en la escuela
cuando me pasaron con la maestra Marbellís y la maestra
Daysi. Y se chocaron amistosamente las manos.
Román conoció el nombre de su mamá en “La Casa Hogar”.
Allí también le dijeron cual era el suyo, pero no los recordaba
muy bien. Los documentos de presentación, vacunas y otros
papeles parecidos le fueron tramitados allí. La Pide Pide se los
entregó mucho antes de morirse. Ahora cae en cuenta de que
son muy importantes. Los carga encima, en el viejo morral
color aceituna que no deja en ningún lado.
¡Toma! Cuida esos papeles, ahí estamos tú y yo. Te van
a servir de mucho si te atrapan, pero más te van a servir si
encuentras tu camino.
En cambio Cipriano si sabía su nombre y el de su familia.
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 52
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Recordaba el de su mamá y donde había vivido. El de la
mujer de su papá que nunca lo quiso ni le dio hogar y hasta
el número de su Cédula de Identidad. Su nombre completo
es Cipriano Rafael Sánchez Urbina.
En apenas pocos días la vida parece cosa de sueños.
Trabajan, comen, están aseados, tienen gente adulta que
les indica que y cómo hacer las cosas, que los protege y
demuestra afecto, escuchan conversaciones que los orientan
en el tiempo y en el espacio, y sobre todo él, Román, penetra
solito en un mundo más ordenado, observa con el alma cosas
que antes ni soñó poder hacer: ha visto televisión sentado
en un mueble, tomando café con leche y mojando en la taza
un pan con queso y mantequilla. Ayudó a la Señora Morela
a poner el arbolito en su casa, a decorar el callejón. ¡Esa vez
se quedaron durmiendo en casa de la señora Francisca y el
señor Juan Manuel! ¡Que nota!
También conocieron a la señora que espera un bebe, quedó
impresionado, era demasiado bella. Su esposo no demostraba
cansancio y se esmeraba fuertemente por trabajar en casa de
los viejitos, como les dicen cariñosamente en el mercado.
Llegaron al refugio debajo del puente cuando ya oscurecía.
Don Luis los trajo hasta el barrio. Ellos hicieron cómo si subían
por unas empinadas escaleras, y después se devolvieron
camino al puente, para que no descubriera su verdadero
refugio. ¡Ahora les da pena haber mentido!
Seguro que don Luis quiere saber si están de verdad bien
cuidados. ¡No imaginaron que sus pensamientos y anhelos
llegaran tan rápido a concretarse! ¡Un camino se les había
abierto a los dos!
Esta noche hay luna nueva, todo está oscuro. Como
siempre, desde que se unieron en amistad, encienden la
fogata y duermen.
CAPÍTULO XVI
LA CANCIÓN DE CUNA

Román se asomó con cuidado de no hacer ruido. Lanzó
otra semillita. Deseaba mirar el rostro de la mujer que cantaba
melodiosamente en el patio. Estaba de espaldas, lavando algo
en la batea.
Se acercó otro poquito. Cantaba la pieza “Duérmete mi
niño”. La recordó porque se la enseñaron en “Casa Hogar”.
En la clase de música de la escuela donde lo enviaban a diario,
Duérmete mi niño
Que tengo quehacer.
Lavar los pañales,
Sentarme a coser.
Salió decidido a ocultarse tras las plantas de Gracielita: una
uña de danta, una palma, y una jardinera que esta detrás de
ellas con una frondosa mata de malojillo que parece monte.
Pasó gateando, silencioso.
Lanzó otra semillita a ver si volteaba, pero ella seguía
cantando, ahora hasta inventaba nueva letra a la canción.
A este niño tan gracioso
Lo tengo que atrapar
Comérmelo a besos
Y sentarme a conversar.
Buscaba esconderse más cerca, detrás de la pared que
divide el lavandero del lugar donde se cuelgan las ropas.
Ya estaba cerquita. María dio la vuelta sorpresivamente y lo
pescó por un brazo, riendo de la travesura.
¡Ven acá muchachito”. Ya te atrapé.
¡Hola!- Y sonrió con amplitud. Se sentía bien en esa casa.
¡Ajá! ¡Vamos a ver! Tomándolo de la mano y llevándolo
hasta una mecedora que tenían los viejitos afuera, cerca
de la mata de mango. Allí había siempre sombra y fresco.
¿Cómo te llamas? Y confiado respondió: Román. ¿Y se puede
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 54
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saber porque me andas lanzando caraotas?
Para verte la cara.
Mírala.-Y le pone la cara con una mueca graciosa- ¿Te
gustó?
Si. Tú eres bonita, y cantas sabroso.
Esa canción me la enseñó Gracielita.
Es la misma música del Himno Nacional de Venezuela. Yo
también se lo enseñé a La Pide Pide, mi mamá. Y le dije que
uno es quien quiere ser. Pero ella ya tenía en la cabeza que
poseía “mala suerte”.
¿Entonces?
¿Qué voy a hacer pues? ¡Calármela!
El gracioso e interesante diálogo sorprendió a María,
sonriendo pícara, mientras el niño continuaba con sus
confidencias. .
¡La Pide Pide era demasiado genial! Y cómo no me
entendió mi secreto, entonces yo pensaba por los dos.
¡Tus maestros deben sentirse orgullosos de ti!
Bueno, Mi mami también me enseñó muchas cosas, lo que
pasa es que yo me las tomo como si en mi cabeza hubiera una
máquina que las entiende y hace la tarea.
¡Ya! Pones en práctica lo que te enseñan.
Si, para ver si resulta.
La conversación de María y el niño fue larga y agradable.
Por él supo de la droga, del hombre que lo quiere atrapar, del
hambre y de la soledad.
Te quiero ayudar.
Bueno, cuándo salgas de la barriga te vuelves mi mamá si
tu quieres.
¡Cielos!
Ah, y de mi amigo Cipriano.
¡Cuenta con eso!- Lo abrazó y le dio un beso en la mejilla,
y lo sintió demasiado suyo.- ¡Dios te Bendiga mi amor!
Y al final de la tarde se la presentó a Cipriano. Le dio un
beso y de paso le prometió enseñarlo a leer después de dar
a luz.
José mientras tanto, disfrutó de las ocurrencias de don
Luis para trabajar en compañía de los dos jovencitos. ¡Que
dialecto y forma de impartir instrucciones tan original!
CAPÍTULO XVII
LA ESTRELLA DE BELÉN
Madrugada del 22 de diciembre. Tres sujetos vestidos
exquisitamente, pero extraños para ésta época llegan al
callejón 21, donde viven nuestros amigos del mercado, se
notan sorprendidos, totalmente perdidos. Son intelectuales,
mágicos y de gran carisma. En el cielo, delante de ellos, una
brillante estrella, más cercana que las otras, resplandece,
iluminando el sector donde autos estacionados, postes y
pipotes de basura forman parte del paisaje.
Cada año me emociona revivir el camino en busca del
Mesías, pero en ésta oportunidad me siento perdido.
Comenta Gaspar observándolo todo.
La Estrella de Belén anda alocada.- Dice Baltasar extrañado.
Su brillo es diferente, pareciera que se avecinan cambios en
sus rayos y destellos. Asegura Melchor.
¡Algo está pasando!- Asiente Gaspar mirándola. ¡Siempre
nos ha conducido serena hasta Belén! Expresa Melchor, con
actitud científica.
Esta navidad casi nos arrastra, percibo algo novedoso en
éste viaje. Concluye Gaspar.
Melchor continúa su interesante estudio astrológico,
descubre algo insólito en el cielo. Atrajo la atención de sus
compañeros, comunicándoles sus fantásticas apreciaciones.
Deberíamos estar en el camino de Orión, pero las
constelaciones que rodean a nuestra guía son distintas,
estamos en un lugar extraño. ¿La Estrella de Belén se ha
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 56
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equivocado de ruta después de XXI siglos de igual trayecto?
Todo este tiempo hemos sido fieles a la historia… Expresó con
orgullo Melchor. Todo este tiempo le hemos desobedecido a
Herodes… Recordó Gaspar.
Mientras, Baltasar dejó de mirar al cielo, concentrado desde
hacia unos minutos en seguir con la mirada a la Estrella, que
traviesa había bajado en forma de lucecita y rodaba frente
a ellos, hasta posarse al fondo de la calle, donde se detuvo,
instalándose de nuevo en las alturas, bañando de luz la casa
de Luis y Graciela.
¡Miren! Grita Baltasar emocionado. Se ha posado en ese
lugar.
Los tres personajes se acercaron cuidadosamente,
observando a los lados con desconfianza. ¡Demasiados
corotos raros!
¿Estará aquí El Mesías?…- Preguntó emocionado Melchor.
¡Señor! ¡Danos Luz en éste viaje! – Clamó Gaspar al cielo.
¡Energía divina que impregnas el universo infinito!, ¡Que
la luz llegue a nuestro entendimiento para comprender los
cambios…! Y Melchor, humilde, se arrodilló.
¡Mejor llamemos a ver si hay alguien que nos aclare el
asunto!- Exclama Baltasar práctico y resuelto. ¡Buen día!
Asoma José, vestido con pantalón Caqui y una franela con
un logo de Venezuela. Viene tomando una taza de café. Los
observa curioso. ¡Caramba! ¿Se les ofrece algo?
¿No es aquí donde ha nacido un niño? Dice Melchor
amablemente, mirándolo imprudente por la vestimenta.
Bueno pues, rascándose la barba ¡María aun no ha parido!
Gaspar, reflexivo y serio mira a sus compañeros y exclama:
¡Continúan ocurriendo cosas raras! Melchor da una palmada
de asombro al recordar algo insólito: ¡Dios! ¡Es cierto! ¡Ni
siquiera hemos ido a visitar a Herodes! Baltasar, que no
hace sino mirar con estupor, pero sin perderse detalle de
la conversación, voltea a mirarlos despreocupado: ¡Mejor!,
siempre damos un vueltón por gusto y al final debemos salir
corriendo para que no encuentre al niño.
Sean bienvenidos. Los dueños de la casa salieron. ¿Si
quieren pasar a esperarlos? José, amable y educado, mira
hacia el interior de la casa: ¡María! ¡María! ¡Alguien viene a
visitarnos! María entra. Viste materno. El vientre abultado la
hace mas linda. Lleva el cabello recogido con una pinza y se
ha colocado una flor de cayena a un lado. Con sencillez les
hace una graciosa inclinación. Buen día. Con educación, a
José. ¿Quiénes son?
No sé, tal vez amigos de don Luis y doña Gracielita.
¡Que madre tan hermosa!- Dice Gaspar embelesado.
¡Ha valido la pena todo éste misterioso viaje señora, sólo por
haber visto a La Madre del Mesías antes del alumbramiento!
Dice Melchor con lágrimas de emoción.
¡Es la barriga más grande que nunca había contemplado!
Exclama Baltasar con gracia y sinceridad.
María y José ríen de la última ocurrencia. Se entabla
entonces una franca conversación entre el grupo.
Permítanme presentarnos: Rey Melchor, Rey Gaspar, y un
servidor, Baltasar.
¿Saben algo? Debíamos haber llegado a Belén a conocer
a su divino hijo… Dice Melchor misterioso. Se supone que
ya el niño habría nacido… - Comenta Gaspar mirando a los
lados.
¿Nuestro hijo?- Dice José
Realmente no comprendo mucho.- Dice María, mirándolos
con desconfianza momentánea.
¡No pueden saber hermanos!- Expone Baltasar- ¡Ellos son
los padres del niño! ¡Y aquí no es Belén, de eso estoy seguro!
No sabemos para qué… Asegura José, tomando de la
mano a su linda esposa para calmar sus temores y hacer que
se sienta protegida. ¡Pero el Señor nos envió hasta aquí! Para
alguien algo va a cambiar. Continúa José. Vinimos a un censo
que ordenó el Emperador… Pero en este lugar nadie sabe de
censo. Solo hablan de celebraciones y banquetes. Confundido
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 58
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expresa su inquietud al cielo ¿Qué hacemos aquí Señor?
Melchor se aproxima a los otros dos Reyes y les habla
con majestuosidad: ¡Este año la energía de La Navidad es
diferente! Se acerca a la ventana, mira al firmamento y coloca
las palmas de las manos hacia el cosmos, para sentir la potente
energía que irradian los primeros rayos del sol.
¡Como si debiéramos participar de algo novedoso! Dice
Gaspar. Colocando sus manos de igual manera.
¡Tal vez se trate de Herodes.- Comenta Melchor.
¡Podría evitarse el daño que hizo!- Dice Baltasar.
¡Para un niño al menos la vida podría cambiar!- Dice
Melchor.
¡Para muchos niños!- Responde ilusionado Gaspar.
¡Para las madres!... ¡Para los hogares! ¡Para los maestros!
–Dice Baltasar.
Y los Reyes Magos deciden estar atentos a cualquier señal
que reciban. Para algo están allí. Afuera, La Estrella de Belén
guarda sus brillantes rayos para más tarde. Ya terminó de
aclarar. Los Santos Esposos miran todo lo que pasa con
curiosidad.
CAPÍTULO XVIII
NINA
Ahora María y José están más ambientados. Conocen
las costumbres del hogar de los viejitos y además se han
incorporado a las rutinas del hogar.
José se ha dedicado a restaurar y fabricar objetos que
necesitaban una manito, el martillo, serrucho, lija y otros
implementos le son familiares, el sabe hacer su trabajo.
Don Luis lo invitó a conocer de mecánica, pero decidió
no meterse en eso. Era lo que menos deseaba. No le quiso
demostrar el pánico que sentía por eso que llaman camioneta.
Mejor ayuda con su trabajo de carpintero.
María, por su parte, siente un especial cariño por Gracielita,
que aparte de vender en el mercado, hace muñecas y le está
tejiendo unas ropitas a su bebé.
Entre las amigas de Graciela, está otra ancianita, bellísima
por su color moreno y suave perfil. Es una mujer humilde,
callada y llena de infinito amor y paciencia.
Desde que la conoció, sintió especial afinidad por ella.
Sabe cocinar sabroso, le trajo dulce de lechosa y cabello de
ángel exquisitos. También le brindó de sus hallacas.
Sin embargo, lo mejor de su amistad con Nina fue la
intuición para darle los consejos exactos que ella necesitaba:
Si le da hipo, le pones un hilito en la frente. Lo humedeces
con tu saliva. Y como va a nacer en tiempo de frío, le puedes
añadir un pedacito de canela al agua hervida donde le vas
a dar el tetero, ¡en caso de que no te baje mucha leche! Si
te baja, métele la teta. ¡Esa es la mejor alimentación que le
puedes dar muchacha! ¡Se te cría saniiito!
¿Cuántos bebés pariste tú, Nina?
Diecisiete. Pero se me murieron cuatro.
¡Dios!
Él mismo me dio fortaleza. No me puedo quejar de nada.
Siempre me entregué a su voluntad. Y siempre me ayudó a
superar el dolor, o a acostumbrarme.
Eres fuerte.
Tengo que serlo, son muchos hijos, nietos y hasta bisnietos.
Yo soy el ejemplo.
Entran y salen a cada momento de casa. Somos uno solo.
¿Uno solo?
Si María, las madres unimos a la familia hasta después de
irnos a donde está Dios. Y tenemos que dejar un camino que
oriente a los que vienen después.
¡Debe ser hermoso estar rodeados de una familia tan
grande!
¡Son alegres! ¡De la nada inventan una fiesta!
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 60
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¡Este es mi primer hijo!
¡Es lo mismo! ¡Un hijo trae amigos que se vuelven de uno!
Y esos traen otros. Y luego las novias, y cuándo vienes a ver,
eres mamá de un gentío. Y te dedicas a observar y ayudar sin
mucho alboroto, tú sabes.
María tiene una misión que cumplir y que mantiene en
secreto. Necesita orientarse para desempeñar cada día de su
vida, que es aun temprana, pero grandiosa por el misterio
de la concepción, que la ha hecho elevarse por encima de
todos los seres humanos. Ella, humilde y sencilla, escucha
a la anciana, y la siente como su amiga. De Nina aprendió
demasiado.
Yo no soy muy visitadora, más bien me gusta mi casa, pero
si quieres saber algo yo vengo. O vas a mi casa. Es cerquita.
Es la pintada de azul. La que tiene una mata de Falcón en el
jardín.
¿Te puedo preguntar la última cosa en la que tengo dudas?
¿Qué será?
Es que el niño se me monta a veces en éste lado. Me puya
las costillas- Se ruboriza- No me deja dormir.
¡Pero muchacha! Sonríe Nina, ¡Eso es normal! Ponte
almohadas. Métete debajo de la regadera, a lo mejor el niño
tiene calor. O también puede ser que llames a tu marido y le
dices que te ponga la mano allí. A veces el papá los tranquiliza.
Le voy a decir a José.
¡Claro! El papá es muy importante. Desde la barriga. ¡A
los míos no los tranquilizó nada! ¡Varones y hembras se
movieron hasta el cansancio! Pero allí están. Gracias a Dios.
Gracias, Nina.
CAPÍTULO XIX
DELIRIO

Hace días que sabe todo sobre Román y Cipriano. Ha
tenido alguna que otra cosa por hacer, pero no pierde el
interés por el niño. Representa dinero y venganza. Ya sabe
que trabajan cargando cajas y haciendo mandados. ¡Mala
señal! Ya tiene gente que lo extrañará al desaparecer.
Se retiró por completo de los alrededores del mercado.
¡Bien lejos! Puso de vigilante al “Delirio”. Sujeto que cumple
todas sus órdenes. Para Colmos “Es basura”. Se puede
deshacer de él en cualquier momento, pero necesita moverse
sin despertar sospechas. Lo subestima a tal grado que lo cree
retrasado.
“Delirio” es una persona especial, a quien la gente
oriunda del pueblo conoce por lo absurdo de su conducta.
No tiene trabajo fijo, sin embargo siempre anda ofreciendo
empleo y prestando ayuda a quien lo necesite, creando
falsas expectativas en los incautos. Es el propio estafador
de ilusiones. Promete y se da la importancia de quien tiene
influencias, y los asalta sin necesidad de utilizar armas ni
fuerza, sólo su labia.
Ismael Bonilla, “Delirio”, hoy maduro y solitario, pasó
buena parte de su existencia haciendo lo imposible por
complacer a su madre, y otra parte vengándose de sus
exigencias con las mujeres que lo amaron. Nunca pudo ser él
mismo. Atiborrado de responsabilidades antes de la mayoría
de edad, y manipulado con altos calificativos de buen hijo y
mejor hombre siendo apenas un niño, aprendió a comportarse
según la conveniencia del caso. Los problemas de conducta
pasaron desapercibidos, y la madurez le llegó sin saber
quien es en realidad. Total, solterito y sin compromiso, vive
inventando miles de historias para disfrutar de la credulidad
de la gente, que va siendo bien poca, porque ya hasta los
recién mudados saben de sus fantasías.
De él se admira la solidaridad y el voluntariado, siempre
dispuesto a ayudar, así después quede mal con los incautos,
que confiados le entregan documentos y hasta dinero. Tiene
una explicación para cualquier suceso, una historia para
cualquier eventualidad. Por eso, desde joven, se ganó el
apodo de “Delirio”.
Todo lo viste con un velo de “Novela policíaca” o de “Misión
imposible” para poder conquistar la admiración, o disfrutar al
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sentirse importante al ser solicitado insistentemente por las
personas, que después que confiaron en él, lo buscan para
conocer el paradero de sus trámites; en fin, una maraña de
embustes que atrapan al más avispado, que por decente, o por
no quedar en feo ante la gente, terminan por “dejarlo así”.
Su trabajo es sólo pensar, imaginar, maquinar, y hablar para
convencer. No tiene maldad en su actitud, es que no distingue
entre la realidad y la ficción. Así como se compromete con un
objetivo hasta lograrlo, puede ser que lo deje todo en medio
de la consecución del mismo. Así como trata de obtener un
dinero para cubrir una necesidad urgente, lo gana y lo gasta
en un segundo en otras cosas sin medir las consecuencias. Las
oraciones de su madre, de quienes lo quieren y la confianza
en sí mismo, lo han protegido siempre.
Él tiene otras debilidades: El vicio del juego y la droga.
Pero como no pertenecen a su perfil imaginario, cree que
nadie lo sabe. ¡Eso no existe!
Ahora está siendo utilizado para algo bien peligroso, y se
está prestando a vigilar al niño bajo el juramento del silencio
a toda prueba, siguiendo las instrucciones del Señor Colmos
Urdaneta, dueño de varios autobuses y apartamentos. Según
entiende, él es su “hombre de confianza” y debe vigilar a ese
niño, a quien “alguien” quiere secuestrar. Don Colmos le
entregó una buena cantidad de dinero por adelantado para
que le informe todo cuánto pase.
Por supuesto que detrás de todo esto está la policía, es
un proceso totalmente legal. Se le está encomendando una
gran misión, debe actuar con discreción, y en un “delirio” de
nobleza y heroísmo cree en la propuesta, y pone en peligro
su libertad y hasta su vida.
Por él, Colmos sabe que el niño está durmiendo debajo del
puente de Maturín, que le dan alimento y ropa, y que de por
medio está la gente de “La Sampablera”.
¡Carrizo!¡Tengo que apurarme!
¡Usted me dice don Colmos! ¿Qué estrategia será buena
para evitar un conflicto que inclusive puede ser internacional?
¿Por qué usted me está diciendo que se trata de frustrar un
posible secuestro? ¿No?
Mire Licenciado Bonilla, usted es un “Individuo Clave”
en todo este operativo. Piense como realizar su trabajo. Lo
nombro “Jefe de Operaciones”.
En fin, después verá que hacer con “Delirio”, de pronto,
cuándo le pague completo, lo manda a matar en un asalto. Lo
importante es que su nombre no aparezca por ninguna parte.
Colmos recuerda el incidente con el gocho Juan Manuel,
pero a eso le puso una explicación, por si acaso alguien
sospechaba de él; y en público dijo, ante personas que
corrieran la mentira para que pareciera verdad:
Alguien andaba persiguiéndome desde que salí de mi
casa, entonces, como yo porto arma de comerciante saque
mi pistola y me metí tras los pipotes de basura a ver quien
era. Y allí pasé un susto, porque me brincó un malandrito de
esos “huele pega”, y me sacó un pico de botella. Hasta me
amenazó de matarme. Gracias a Dios que apareció el gocho
que vende chicha en el mercadito, la guardé y me retiré en
paz.
Y esta versión la decoró con detalles que se aprendió de
memoria por si acaso. Y no se preocupó mas por el asunto,
para no darle fuerza a ningún pensamiento que entorpeciera
sus planes, Y es que la energía para cumplir los propósitos de
cada quién está a la disposición de todos. Por eso hay que
estar atentos.
CAPÍTULO XX
EL INDIGENTE

Entra sigiloso. Observa a la pareja dormida. No reconoce
cual es Román. Se acerca para mirar bien y no equivocarse.
Trae en las manos una mandarria. Está de moda que los
indigentes aparezcan con el cráneo deshecho. Cipriano
despierta asustado, arropa al compañero con su manta y se
coloca frente a él, para ocultarlo. Cosmos saca un arma para
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asustarlo, pero Cipriano aun se arriesga a proteger al niño,
sin imaginar que una nueva sorpresa iba a cambiar la noche
debajo del puente de Maturín.
Desde hace cinco años es el dueño y señor del lugar, a
veces llegan otros indigentes y pernoctan, pero no muy
seguido, por que allí pega la luz de la autopista que pasa por
encima, por que está muy cerca de la ciudad y su acceso es
fácil, y por que cuándo crece el río, comienza a desbordarse
precisamente unos veinte metros más arriba.
Todas esas razones son maravillosas para Cipriano, pues
ya se conoce las mil formas de evitar que cualquiera de ellas
lo perjudiquen. Él, en medio de su retardo, ha desarrollado
otras aptitudes que lo orientan para protegerse: la energía
divina que llega a todos los que se conectan a ella, aun sin
saberlo.
Como un héroe se envalentona y mira de frente a Colmos,
quien no se detiene ante su acción, y se burla de su conducta,
ridiculizándolo, lo distrae y se le encima, dispuesto a golpearlo
fuertemente con el arma. Luego le clavará la mandarria en el
cráneo, pero primero tiene que asegurar al niño. ¡Esa es su
obsesión!
Y allí esta parado, en medio de la penumbra, tratando de
ocultar al único ser que le ha demostrado afecto en su vida
desde que se murió su mamá, sin mas armas que un pedazo
de madera a medio arder, su valor, y un extraño poder que le
impulso a quedarse de pié, ocultando al pequeñito.
Frente a ellos, el hombre mas malo que conocen.
CAPÍTULO XXI
¿DÓNDE ESTAMOS?
Los dueños de la posada, como le dicen a la casa de Luis
y Graciela, no han llegado aun; dijeron que irían a ver a
sus hijos y nietos, tal vez estén allí al anochecer o mañana,
mientras tanto, María y José observan curiosos a los tres
visitantes que andan haciendo miles de cálculos para resolver
algo que los preocupa, ¿O divierte?
Pasaron el día tratando de adivinar que extraño suceso
astrológico había cambiado la ruta de La Estrella de Belén.
Trazaron sobre papel, con modernos instrumentos que
encontraron a la vista: lápices, reglas, compás y otros,
mapas del firmamento y constelaciones que siempre los
habían guiado al Niño Jesús. Como son Magos, intentaron
consultar los libros que cargaban siempre en sus alforjas, que
milagrosamente conservaban, pues los camellos se quedaron
en el lugar donde se perdieron cuando la Estrella los arrastró
misteriosamente hasta aquí.
Trataron de descubrir alguna cosa extraña, sólo tuvieron la
certeza de haber viajado a un lugar remoto; y les tocó esperar
con paciencia una nueva revelación, hasta las doce de la
noche, cuando La Estrella volvió a aparecérseles, entrando
por la ventana en forma de luz de Bengala, y comenzó a
rodar por todo el espacio juguetona, invitándolos a salir.
¿Qué es eso?, Preguntó María imprudente y sonreída, pues
ya a estas alturas cualquier cosa era demasiado interesante, y
de ninguna se podía perder.
Es la Estrella que nos trajo hasta ustedes. Respondió
paciente Gaspar. Este año nos sorprendió al reducir su
tamaño y andar rodeándonos como luciérnaga hasta que
la siguiéramos. Explicó Melchor. Tal vez lo hace para que la
distingamos de todos esos otros focos de luz que están en los
caminos de esta población.
Y sin más nada que conversar, salieron tras ella apresurados.
Al salir a la calle, el tamaño y distancia del divino astro
crecieron hasta el cielo, destacando con sus destellos dorados
entre todas las estrellas que esa noche minaban el amanecer
del 23 de Diciembre.
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CAPÍTULO XXII
¿JOYAS O BARATIJAS?

Colmos apunta amenazante a Cipriano, pero…irrumpen
bajo el puente tres personajes muy especiales. Son Melchor,
Gaspar y Baltasar. El lugar se ilumina con los tres Reyes. A
Colmos casi se le salen los ojos de la cara al observar la rica
estampa de los tres sujetos.
Melchor, elegante y distinguido saluda, tratando de
parecer natural, pues sabe que la situación requiere de
cuidado. Es un mago. Colmos se coloca inmediatamente tras
los Reyes y los apunta con el arma.
¡Levanten los brazos! ¡Si quieren salir vivos de aquí,
entréguenme las joyas! Y señala las finas argollas de oro de
Gaspar. Los Reyes comenzaron a despojarse de sus alhajas.
Gaspar coopera, y con suma tranquilidad, ante el asombrado
Colmos, entrega sus pulseras.
Román y Cipriano se mantienen quietos, a la expectativa
de los extraños acontecimientos. Colmos mantiene el arma
apuntándolos de manera peligrosa, pues la adrenalina, en
un cerebro que está acostumbrado al vicio y a la maldad, es
impredecible.
¡Siglo XXI! ¿Acaso se escaparon de una tarjeta de Navidad?
Toma de las manos de Gaspar unas prendas que este le
entrega cuidadosamente, para volver a levantar los brazos.
¡Andan disfrazados! Despectivo, iracundo, deja caer algunas
¡Imposible que sean verdaderas! Las observa minucioso,
¡Estas baratijas no valen ni medio!
¡Mejor si no te gustan!- Dice Baltasar jocoso. Gaspar se
inclina a recoger la corona que acaba de caer a sus pies. ¿No
te agrada mi corona hijo? ¡Es de oro y piedras preciosas!
¡Actores!, ¡Teatreros!, ¡Seguro trabajan en comerciales
de TV! ¡Levántense los trajes! ¡Abajo deben traer dinero!
¡Apúrense o me los echo al pico a los tres!
Pero ya los tres magos se estaban cansando de tanto grito
y tanta amenaza, así que Melchor, con suavidad y elegancia,
miró a Colmos desde su acostumbrada y natural majestad,
acomodándose con delicadeza las joyas que sus compañeros
le alcanzaban, sin el más mínimo temor.
Colmos los mira sorprendido, aquellos bichos no parecen
normales, no se asustan con el arma. ¿Será la última droga
que lo esta haciendo alucinar? ¡La compró bien cara para su
consumo personal! ¡Pureza garantizada!
Melchor, Gaspar y Baltasar estaban a punto de hacer
cualquiera de sus magias, conjuros o suertes, cuándo Colmos
agarró a Román, que contemplaba todo fascinado, y le colocó
el arma en la cabeza. ¡Al suelo todos! ¡Sentados y con las
manos en la nuca!
El grupo se coloca uno al lado del otro, sentados en indio
y haciendo un semi círculo, Colmos los mantiene apuntados,
empuja al niño hacia ellos. Miran la mano temblorosa del
delincuente. ¿Podrá morir alguno sin que algo maravilloso
haya pasado ésta Navidad tan especial?
CAPÍTULO XXIII
¿QUÉ ES ESO?
Una nueva luz altera el refugio debajo del puente de
Maturín. Algo acaba de caer violentamente. Colmos voltea
con brusquedad y observa desconfiado, apuntando hacia el
lugar. El grupo gira, tapándose los ojos, encandilados con
tanto brillo y asfixiados con el polvo que se levantó.
A lo lejos, por encima del puente, suenan sirenas y
cornetas pidiendo paso, hay cola allá arriba, el tránsito se ha
estancado porque los conductores se detienen por momentos
a disfrutar de la vista de miles de luces y adornos que decoran
un gigantesco árbol de Navidad que adorna esplendoroso la
redoma del distribuidor de la autopista.
Algunas personas han estacionado sus autos a las orillas
del río, y desde allí observan el hermoso decorado, que
imponente, atrae a chicos y grandes, recordándoles que es
tiempo de celebrar.
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 68
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Abajo, seis personas con los rostros espantados del susto,
encandilados y curiosos esperan ver que es “eso” que no
termina de revelarse.
¿Quien anda allí? ¿Es que debajo de este puente no se puede
trabajar en paz? Dice Colmos totalmente desequilibrado con
tanta sorpresa, y por perder el control de la situación, pues
ahora está tan asustado como el resto del grupo. Se planta
tras ellos, el arma le tiembla en la mano, está dispuesto a
dispararle a lo que sea que salga del polvo y la luz. Tal vez
fue un motorizado que se vino abajo, ¡Podría ser un policía!
Y atrapado con la idea ordenó hacia la luz y el polvo ¡Alto o
disparo a matar! ¡Se lo advierto!
Y del lugar donde cayó lo que fuera, salió un nuevo
intruso a interrumpir esa loca madrugada, vísperas del día
de navidad.
CAPÍTULO XXIV
LO MÁS PARECIDO
Gabriel al fin pudo levantarse del suelo, está confundido
con tanta bulla, tanto brillo y tantos objetos moviéndose y
echando humo. Se repuso del golpe y se decidió a cumplir
con su misión. Se paró frente al grupo esperando que todos lo
escucharan en total posición de adoración. El polvo se aplacó
y para su sorpresa se encontró frente a…
¿Quiénes son esos que lo miran irreverentes?
¡Tiene alas!- Murmura Román observándolo detenida-
mente.
¡Es un pájaro bien raro! Le responde Cipriano en voz baja,
como si el ser los pudiera agredir.
¡Tendrá alas, pero no le veo el pico! Reflexiona Román.
¡Esto es increíble! Exclama Melchor asombrado.
¡Paciencia para comprender! Dice humilde Gaspar.
¡Esto si está bueno! ¡Llegamos antes del parto y ahora el
Ángel Gabriel se equivoca de pastores! Dice Baltasar.
Román se le acerca para ver mejor la extraña aparición.
Su carita está pálida de la sorpresa. Ya nadie se acuerda de
Colmos, que se quedó inmóvil con el susto, sosteniendo el
arma con la mano encalambrada.
¡Calma amigos! ¡Es parte de la Navidad! Les dice a todos
Gaspar, quien se acerca a ambos cariñoso, comprendiendo
que está próximo a nacer el niño, o tal vez ya nació. Este año
nada es igual. Están asustados, igual que aquellos pastores de
Belén. Dice comprensivo Melchor.
Gabriel toma algo de formalidad, arreglándose las alas y
sacudiéndose el traje. Luego anuncia con solemnidad:
No teman, soy el Ángel del señor y debería dar una buena
noticia a unos pastores de Belén…
¿Belén? Eso queda en Barlovento amigo.- Expresa
colaborador Cipriano.
¿Barlovento?- Pregunta Gaspar, queriendo al fin saber
donde los trajo la traviesa estrella.
¡Claro! Estado Miranda. - Román acepta lo que está
pasando con naturalidad. Como es un niño, nada le puede
parecer extraño e imposible, porque para los niños todo es
nuevo, así que todo es posible, sobre todo si se cree que Dios
es una luz protectora.
Al fin, Gabriel se cansa de tantas observaciones, y haciendo
caso omiso, procede sin contemplación. ¡Ya perdió demasiado
tiempo!, y el tiempo de Dios es perfecto, y el siente que ya no
puede aplazar más su trabajo.
- No se donde están los pastores, pero tengo ratos dando
vueltas y lo más parecido que he conseguido son ustedes. Así
que…pongan atención.
Los Reyes se miran felices, se arrodillan a escuchar la
noticia, Cipriano y Román los imitan. Colmos observa todo
con incredulidad, inmóvil. Al oír que los tres sujetos son reyes
se sorprende, observa sus coronas y se desespera por haberlas
devuelto. El Ángel abre los brazos, y con voz sublime declara:
Muy pronto, en Venezuela, nacerá un niño, el mismo que
un día vio la luz en Belén. Búsquenlo, lo reconocerán por
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 70
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la alegría que rodea el lugar. Luego vayan y den la buena
noticia.
¡Venezuela! Dice Melchor emocionado.
Gaspar y Baltasar sonrientes, ahora abrazan a Román,
miran a Cipriano, están felices de saber en que lugar del
mundo están.
¡Venezolanos!- Celebra Gaspar.
Inmediatamente Gabriel dice en tono sublime, mirando
al cielo:
Señor todopoderoso, me es imposible esperar más, daré tu
mensaje a los benditos pastores de Belén yo solo en nombre
de todos.
“Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres
de buena voluntad”.
Gabriel se retira entre neblinas. Colmos sale tras la
aparición, pero no lo puede alcanzar por que desaparece.
Dispara varias veces, aterrorizando al grupo. Se voltea
iracundo, sus pesados y oscuros pensamientos le ocultan la
belleza del momento. ¿Que extraña vaina está pasando en
éste lugar? Se contempla solo ante sus prisioneros, ¡Están
felices! ¡En cambio yo siento miedo! ¡Tengo que sacar
provecho de todo esto! Y en medio de su confusión, Colmos
vuelve a retomar sus deseos de hacer el mal. ¡Seguro estoy
alucinando!
Otra voz le habla en su corazón. ¿Qué andas haciendo con
tu vida? ¿No ves que te haces daño? ¡Escúchate!
CAPÍTULO XXV
ESCUCHA TU VOZ
¡Todos al suelo carajo! Lanza tres tiros al aire, ¡Con la
cabeza entre las piernas!, ¡Callado todo el mundo!-Ésta
vez sorprende a Cipriano, a quien agarra por la espalda,
inmovilizándolo. Coloca el cañón de la pistola en su boca.
¡Cálmate hermano! Haremos lo que indicas.
El grupo obedece, sentándose y bajando la cabeza. Una súbita
locura lo hace reaccionar según su naturaleza. Piensa maquiavélico.
¿Así que nacerá un niño? Deben ser ricos sus padres que
andan con tanto alboroto. ¿Y estos tipos tan raros? ¡Podría
secuestrarlos! ¡Es oro lo que llevan encima! Luego me robo
al recién nacido, y a Román, y hasta Cipriano podría servir
para algo.
¡Quietos! ¡No quiero que nadie hable o disparo!
Colmos comienza a confundir la realidad, lentamente
surgen ante él absurdos e ilógicos pensamientos. Se imagina
poderoso, manejando incontables sumas de dinero, gastando
sin medida el licores costosísimos, autos lujosos, acompañado
de bellas mujeres y codeándose con personalidades que
siempre ha admirado por pensar que son superiores a él,
como si ser gente se obtuviera con dinero.
Por momentos, quiso matar a alguno de los rehenes, pero
se lo impedía otra visión, donde se veía tal cual es: Un hombre
infeliz. Es insaciable, busca frenético el dinero, el poder y la
fama, pero su ser es nada. La droga lo ha destruido. Sufre del
tormento que acompaña a la avaricia, el odio y el rencor. El
deseo de llevar hasta el final su venganza.
Allí te quería ver. En el fondo. No tienes más camino que
buscar la luz. Piensa.
Sacude nuevamente la cabeza. ¿Qué le está pasando?
Recuerda a la Pide Pide, por su culpa tiene que estar muy
atento a todo. El estrés lo domina porque necesita ampliar
la visión de lo que tiene enfrente, y le falta un ojo, ¡Maldita
indigente!
En lo alto, la Estrella comienza ocultarse lentamente En
una hora más o menos comenzará a clarear. Guarda el arma
y sale del lugar apurado. Algo le oprime el pecho. Algo
desconocido por él hasta hoy.
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CAPITULO XXVI
¡QUÉ MUCHACHERO!

Llegaron de improviso, en grupos aproximados de a cinco
y eran mas de cincuenta. Cada equipo traía un ser semejante
a un adolescente a cargo. Parecía un recreo escolar que duró
cerca de media hora y que hizo salir huyendo a Colmos con
una crisis aguda de pánico.
Los pequeñitos lloraban, y al poner pié en tierra
comenzaron a dar carreras por todo el lugar; milagrosamente,
donde posaban sus pies quedaba limpio, y brotaban plantas
florecidas multicolores. Si hubiesen sido humanos tendrían
entre uno y seis años. Los grandecitos estarían entre los siete
y los dieciocho años. Se comunicaban con risas y trinos de un
sonido parecido a la flauta, con tonos medios y agudos.
La noche que parecía iba a tener un trágico final, cambió
por completo. Nuestros amigos se levantaron asombrados
a mirar toda aquella transformación ambiental, mientras
nadie se ocupaba de ellos, hasta que por fin una de aquellas
criaturas aladas dijo algo comprensible:
Hermanitos, vamos a organizarnos, Los mayores le dan de
comer a los pequeños, y luego comeremos nosotros. ¡Vamos
a demostrar que si podemos cumplir con nuestra misión sin
los adultos!
¡Que fino Eduardo! ¡Solos y a cargo! – Dijo Davis- ¡Guao!
Yolimar, ¿Te puedes hacer cargo de hablar con estos
extraños pastorcitos de Belén?
¡Eso haré hermanito!- Mirando al grupo, que boqui abierto
contempla todo el lio!
¿Con casualidad no ha pasado por acá un Ángel mayor
que nosotros?
¡Se fue por allá!- Dijo Cipriano, que al fin recuperó la voz.
Pues todos andan mudos.
¿Dejó algún mensaje?- Insistió Yolimar-
Dijo que nació un chamito y que estamos invitados para
conocerlo. También dijo: “Gloria a Dios en el cielo y paz en
la…”
¡Eso es! ¡Hermanitos, ya Gabriel pasó por aquí!- dirigiéndose
al grupo, que en pocos minutos se había alimentado con las
flores y el agua de la quebrada, que ahora es cristalina.
Gaspar, Melchor y Baltasar disfrutan de todo cuanto
ocurre bajo el puente de Maturín. Los Angelitos comen de las
plantas y ellas retoñan inmediatamente. Debajo del puente
de Maturín hay ahora un bellísimo jardín con un encanto
especial.
Ante todos estos acontecimientos, los tres Reyes han
ocultado sus capas, coronas y alhajas, y ahora lucen más
ligeros.
Angelitos, vamos a disponernos para cumplir con nuestra
parte. ¡Está aclarando!
En pocos segundos se colocaron en forma de coro. Se
elevaban y luego ocupaban el sitio correcto con exactitud.
Natalia y Valeria harán de solistas junto a Fito y Manuelito.
¡Yo también quiero cantar solita!- Dice Sandrita.
¡Esta bien, tú también cantaras solita!
¡Y yo, dijo Devis, con un extraño instrumento musical en
las manos parecido a una perinola.
¿Todos listos?
Y comenzó el “Aleluya” más bello que jamás se haya
escuchado, entonado por aquellos niños y niñas alados,
quienes interpretaban “solos” con versos dedicados al niño
Dios. Así como llegaron se fueron, En el sitio quedó una obra
natural mágica, donde sapos, mariposas, y hasta un gato
encontraron un hogar.
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CAPITULO XXVII
PIEDRITAS EN CARAMELO
Los Magos siguen los acontecimientos con verdadera
paciencia para comprender. Definitivamente el nuevo siglo
es otra cosa, pero en el fondo es lo mismo. Solo hay que
adaptarse.
Se sientan a dialogar en voz baja. Román y Cipriano se
han quedado dormidos después que se fueron los angelitos,
apenas comienza a amanecer. Están maravillados con lo
que acaban de descubrir. Han salido del tiempo bíblico a un
tiempo paralelo, XXI siglos de diferencia.
Es muy diferente ir en pos del Mesías según se lean los
evangelios, conociendo un presente que siempre se repite,
a materializarse a una distancia de años luz, a una realidad
existente, concreta y físicamente diferente, en otra frecuencia,
¿Será eso? ¡Porque es totalmente real!
¿Algún propósito o intención rompió con el hilo de la
historia y del tiempo…? ¿O no existe el tiempo? ¿Y el espacio?
¿No está impregnado de Dios- Energía infinitamente? Y si
todos somos Dios, ¿Por qué no habría el Mesías de nacer en
este lugar para renovar su mensaje de amor?
Están radiantes. Han sacado de sus ropajes algunos mapas
y tienen una idea aproximada del lugar sobre la tierra donde
ha nacido el Mesías.
Hemos viajado a través de los tiempos, y llegamos al siglo
XXI. ¡Estamos en un presente distante de nuestra historia
bíblica! Dice con experiencia Melchor.
Colmos me ha recordado a Herodes, con su ambición por
el poder y la riqueza, expresó con tristeza Gaspar.
Mientras, Baltasar escucha y mira hacia las estrellas, como
adivinando algo. Se concentra y con los ojos cerrados expresa
conmovido: Fíjense que aun hay pastorcillos y ovejas en éste
siglo. Y como en aquellos tiempos, recibirán el nacimiento
de Jesús, como símbolo de paz y de unión. Esperemos a que
regrese la noche, tengamos paciencia, alguna señal debe llegar.
Casi a las nueve de la mañana, los niños abrieron sus ojos
aun ilusionados. Colmos quedó atrás, por el momento. No
hay maldad, no existe el temor. Ahora sólo existe la ilusión por
ir a conocer al bebé que anunció el Ángel. Acudirán juntos.
Yo se quienes son ustedes- Dice pícaro Román, mirando
a los Reyes.
¿De verdad?- Dice Baltasar sonriente.
La Pide Pide me los describió muy bien. –Continúa el niño.
¡Dinos muchacho!
Son los de la Navidad, que se nos aparecieron.
¡Que bello!- Exclamó Cipriano, que cayó en cuenta.
Y pasaron las horas. Gaspar hizo magia para entretener
a los dos niños, Cipriano y Román, y convirtió piedritas en
caramelos. Después Melchor se acerco al rio y extrajo peces
grandes y sabrosos que Baltasar aliñó junto a Cipriano para
comer. Y luego les enseñaron trucos con almendras de colores
que traían bajo sus extraños trajes.
Los carismáticos personajes hicieron infinidad de
preguntas sobre el ruido de los autos y un avión que cruzó
el cielo. Quedaron asombrados ante la increíble inventiva de
Cipriano, quien demostró su creatividad cuando los llevó
al escondite que se había construido para evitar cualquier
emergencia en su hogar, debajo de aquel puente. Ese era su
gran secreto. Un escondite que lo hacia desaparecer ante la
vista de quien él quisiera, ante la amenaza de las crecidas del
río, allí desaparecen sus temores, es su lugar seguro, donde
es feliz con lo que tiene, y puede soñar con las miles de cosas
buenas que le pueden suceder, porque allí hay paz para
pensar, para imaginar. Y el día pasó sin darse cuenta.
Al final de la tarde, la luna se asomó tímida en el
firmamento, Melchor, junto a sus amigos encendieron una
fogata para esperar la media noche. El río corría silencioso,
reflejando en su superficie el cielo estrellado de Diciembre.
El Ángel dijo “Pronto”, así que ya el Mesías debería haber
nacido. ¿O estaría a punto de nacer?
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CAPITULO XXVIII
ABUELA PANCHA
La noche estaba fría. Casi a las seis de la mañana del
24 de diciembre, María despertó con un fuerte dolor de
vientre. Llamó apurada a José, que dio un salto y se puso
los pantalones lo más rápido posible, pues aun le costaba un
poco por la costumbre.
¿Que fue lo que le dijo Don Luis antes de irse a dormir?
¡Ah, si!, que le diera unos golpes a la pared del cuarto. Al
lado está la habitación donde duermen ellos. Se levantarán
a la hora que sea. ¿Y después? No recordaba. ¿De que fue
que hablaron luego? Esa noche preparaban unos deliciosos
dulces para brindar, escucharon a que se debía la fiesta.
Celebraran el nacimiento de un niño llamado Jesús.
A cada momento surgía una nueva revelación de algo que
le costaba creer. Por ejemplo, La María y el José de quien ellos
comentaban tenían una mula y un buey en la choza donde
nació ese Jesús, Pero pronto su hijo nacería y allí no había
animales de ese tipo, además, les sobró posada, alimento y
ropas. Doña Gracielita y Don Luis les habían traído muchas
cosas bonitas, algunas ni siquiera conocían la utilidad.
Hasta Juan Manuel y su esposa, Morela, y su familia, y en
general todos los vecinos del lugar les pidieron que avisaran
cuando naciera, o cuando “reventara la piñata”, que pareciera
significar lo mismo.
Total, que agradecía al Señor profundamente que ellos no
habían pasado por tantas necesidades como los de la historia
que les contaron. Lo único que aun les cosquilleaba a los dos,
cada vez que hablaban, era la presencia de los Reyes Magos,
a quien nadie vio ni conoció por que se fueron tras la Estrella
que los trajo hasta aquí, y que se parecían a los del hermoso
pesebre que adornaba la salita del hogar. ¿Qué se habrían
hecho? No se los mencionaron a los ancianos porque era
una historia muy rara, y no imaginaban la reacción, ¿Que les
responderían? ¡Mejor era esperar a ver que pasaba!
Los toques en la puerta del cuarto lo sacaron de sus
pensamientos. Abrió, eran don Luis y doña Gracielita, la
camioneta no quería prender, así que llamaron a Juan Manuel,
pero mientras éste llegaba, María comenzó a parir.
Al fin llegó la esposa del gocho con su auto, y mas atrás
Baudilia con sus dos hijas y su suegra, y luego la abuela
Pancha, vecina de la casa Nº 17, rodeada de sus tres hijos y
cuatro nietos, doña Berta, el señor Jorge, la señora Augusta, y
Nina, rodeada como siempre de su prole, y todos los vecinos,
uno tras otro se fueron levantando de sus camas al escuchar
el llamado, que llegó sólo a quienes tenía que llegar.
Entonces la novedad no fue que una mujer daría a luz,
más bien que sentían un algo encantador que había surgido
de la noche a la mañana para acercarlos más. Algo pasaba
en Guarerá. Algo había cambiado en “La Sampablera”. El
Callejón 21 y sus habitantes, tenían algo especial que hacer.
Se escucharon diferentes opiniones. Cada vecino aportó
una nueva idea: Que si los bomberos. Que si la policía, que si
no se que otra cosa. Pero no hubo tiempo…
- ¡Joseeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé!
- ¡Vaya rápido que su mujer lo está llamando!
-¡Ya oí señor Juan Manuel, pero no se que hacer!
-¡Ya el niño vieeeeeeeeeeeeeeeeneeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!
José corrió al cuarto, Graciela llamó a la Abuela Pancha,
tal vez aun a los ochenta y seis años recordara lo esencial
para ayudar a nacer a un niño, ella fue comadrona en su
juventud y adultez. Así que se encargó de dirigir el parto:
Agua caliente, sábanas limpias, la respiración de la madre,
las dilataciones, cerrar la boca para que el muchacho no se
le suba, pujar, el ombligo, y… un celular para llamar a los
bomberos y trasladarlos después, para que los atendieran
bien, pues ella reconocía que los tiempos eran otros, pero si
había que ayudar, ni modo ¡Pa’ luego es tarde!
Y el llanto del recién nacido trajo alegría a todos los
presentes. El callejón 21 acaba de recibir un regalo. Y sus
habitantes, unidos quien sabe porque misterioso destino,
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son los únicos testigos del milagro. Unos y otros se miran
emocionados, pero no expresan lo que sienten, “Cada uno
tiene ojos para ver, oídos para escuchar y corazones para
sentir que son seleccionados para lo que está pasando”.
Al fin llegó el Doctor Omar. Uno de los médicos cubanos
que atienden en la comunidad. Entró a la habitación y auxilió
a la anciana, que ya estaba a cargo y aceptó gustosa su
experiencia.
La muchacha fue guapa, y el padre ayudó como un
experto. También llegaron los bomberos, pero tuvieron que
esperar a que el trabajo de parto concluyera. El para médico
se portó a la altura, igual que los enfermeros. Total, que a las
ocho de la mañana, el café y las arepas del desayuno en las
casas de los asistentes se hicieron más tarde que de costumbre,
porque en la casa de los viejitos algo bueno acababa de pasar.
La sirena de la ambulancia se volvió a encender cerca de
las ocho y media, y se llevaron a los padres y al recién nacido,
para terminar de atenderlos en el hospital.
Ese día 24 de Diciembre la comunidad brindó en la
noche por la aventura de esa mañana. La emoción por el
alumbramiento los reunió en fraternidad y gozo.
Parece mentira. A mis ochenta y seis años cumplidos
ahorita, el diecisiete de Diciembre, pude acordarme clarito de
cómo se partea a una mujer. El niño nació a las siete y diez
de la mañana exactamente. Me siento como si llegué a esta
edad para cumplir con éste compromiso imprevisto, ¡Hoy
estoy feliz!
CAPÍTULO XXVIII
EL HOSPITALITO MUNICIPAL
La ambulancia de los bomberos llegó al hospitalito municipal
de Guararé, bajaron a la parturienta y al bebé. El médico de
guardia, Doctor Goncálvez, fue directamente a sala de parto,
tenía que evaluar a la mujer, terminar de asistirla y asegurarse
que los cuidados después del parto culminaran correctamente.
Por su parte, el pediatra, Doctor Pedro del Castillo, tomó
entre sus brazos al infante, lo midió, lo pesó, toda la rutina
necesaria para comprobar que estaba bien, y realmente: ¡Todo
estaba excelentemente bien!
Los dos médicos se encontraron luego, compartirían la
guardia de ese día 24 de Diciembre, hasta el 25. Así que la cosa
era para rato. Las enfermeras y todo el personal se acercaban
a la ventanita donde acababan de colocar al único niño que
había nacido en Guarerá desde hace veinte años, y es en éste
día de Noche buena.
¡Un Niño Jesús en Guarerá! La muchacha dijo que así se
llamaba. La diferencia es que éste nació en la mañana del 24, y
el de la Biblia nació en la noche. Pero, ¿Qué importancia tiene
la hora? ¿Qué más da si es Jesús, Antonio, Lizmary o Tomás?
¡Es un niño! Y en un niño está representado El Mesías, como
en todos los niños del mundo.
En Guarerá no hay maternidad, solo ese hospitalito, con
una sala de parto que no se usa más que para examinar y
enviar a las parturientas directo al hospital general, que
queda más allá, en la ciudad. Tener ese bebé recién nacido
allí, es una bendición de Dios.
¡El primer Guarerense en veinte años! ¿Eso hay que
celebrarlo en grande!- Y la voz se corrió por todo el pueblo.
Tan bendición fue, que durante todo ese día 24 de
Diciembre los enfermos que asistieron a la emergencia,
sanaron inmediatamente.
Un hombre de 30 años llamado Pompilio, se acercó
disimuladamente a la ventana, quería ver al niñito. Sólo se
acercó y sintió como la salud regresaba a su cuerpo. Era el
único enfermo de SIDA del pueblo. Allí todo el mundo se
conocía, y lo rechazaron al conocer la verdad: Los comprendo,
¡Que carajo! ¡Nadie se iba a exponer por mí! Le dio las gracias
al niño y salió emocionado hacia su casa.
Los médicos trabajaron con el mismo entusiasmo de
siempre, pero a partir de ese día los acompañó un poder
especial para sanar a sus pacientes; las enfermeras, camilleros
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y los bomberos pasaron el resto de sus vidas dedicadas a
sus trabajos con amor renovado, atendiendo a sus familias
como si de pronto valoraran el calor del hogar con una nueva
ilusión. Asumieron para siempre que de ellos depende en
gran medida el éxito de los hijos, al recibir sus dones bajo la
protección familiar.
Todo ese día algo extraño pasó en ese humilde hospital.
CAPITULO XXIX
HORA DE VISITA
A la hora de la visita, la habitación de la única hospitalizada
de ese día estaba llena de gente alegre y de buena voluntad;
hasta la abuela Pancha se acercó a ver a los dichosos padres
y al nene. De paso que compartió su experiencia con los
médicos y el bombero que se encargó de ayudarla y luego
hacer el traslado.
Nuevamente las preguntas de rigor eran hechas por unos
y otros, al igual que los comentarios: ¿Cuánto pesó? ¿Cuánto
midió? ¿Cómo te sientes ahora? ¿Ya te bajó la leche? ¿Y los
miaos?
María observaba el entorno con una sonrisa de bienestar
y agradecimiento. Las últimas horas fueron estresantes:
gente extraña pero buena, agujas, cosas de tomar, revisiones,
preguntas cuya respuesta desconocía, y ahora todas estas
bellas gentes contagiadas con su felicidad y la de José.
Por su parte, José estaba demasiado contento con todo lo
que hoy le aconteció, ¡Claro! A pesar de los grandes sustos y
emociones de alto riesgo que había tenido que afrontar. Pero
bueno, el Señor es grande y le dio inteligencia y valor para
sobrevivir a tantas sorpresas.
Le brindaron una sabrosa bebida, le dicen “miaos”,
además le obsequiaron mantas, alimentos y otros regalos.
Definitivamente el mundo, su mundo, anda atolondrado,
pero en fin…ellos son gente de fe, y nada malo le puede
pasar al que anda con Dios; o por lo menos, si pasa, ya él
mismo los ayudará a salir del problema, como hasta ahora.
¡Hoy no han visto a Román! Los viejitos están preocupados
porque seguro que va a ir al mercado, y al no encontrarlos
puede asustarse. O desorientarse. No se sabe aun donde vive,
y es algo que los atañe directamente.
-Fíjese si lo ve por allí. A lo mejor ya sabe que nació el
muchachito.
Por su parte, María, entre dormida y despierta, extraña la
presencia del jovencito. Búsquenme a Román. Debe andar
extrañándonos.
Avanza la tarde, llega la noche y siguen llegando amigos,
la gente se acerca por que se corrió la voz de que el niño que
nació trae buena vibra. Todos los que estuvieron presentes
en la mañana, a la hora del parto, dicen sentirse felices y
saludables.
- ¡A las siete de la noche se termina la visita! Dice el
vigilante, sonreído por que hoy es noche buena y todo
está demasiado hermoso. Se retira con tranquilidad, puede
dejarlos otro ratico, pues ya la mayoría está en las afueras del
hospital, por aquello del sereno para el niño.
CAPITULO XXX
CARAVANA DE LA SALUD
Falta poco para las siete de la noche, y los Reyes Magos,
junto a Cipriano y Román han encendido una fogata, se
encuentran cantando mientras llega la hora en que aparezca
la Estrella que los guiará hasta El Mesías, de pronto, la luz
resplandeciente, mágica y juguetona, apareció rodando bajo
el puente.
Parece una luz de linterna, pero más viva. Acotó Cipriano,
mientras su mirada corría tras el rápido círculo dorado.
Melchor, Gaspar y Baltasar se levantaron extrañados, la
esperaban cerca de la media noche, pero como todo estaba
alterado, ¿Quién sabe?
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Maravillosa Estrella de Belén, guíanos hasta El Mesías que
acaba de nacer. Dijo Melchor emocionado, y los cinco alegres
viajeros, iniciaron el recorrido tras la graciosa luz.
A decir verdad, el viaje a pie fue divertido, las personas
los miraban extrañados, pero como es noche de Navidad, se
les fueron uniendo, como hipnotizados por la alegre idea de
algún espectáculo cultural y religioso del cual no se habían
enterado.
Al fin llegaron al hospitalito municipal. El vigilante los iba
a detener, pero había muchas personas acompañando a los
tres señores vestidos de Reyes Magos.
Llegaron radiantes. Tantas cosas que percibieron durante
la caminata. Sobre todo en los niños: dolor, carencias, soledad,
algunos hasta eran crueles. La falta de amor y el respeto que
debían recibir en sus casas les afectaba espiritualmente.
La misma apariencia la transmitían muchos adultos y
jóvenes, cuyos cuerpos estaban maltratados por sustancias
tóxicas, por pensamientos oscuros, por querer vivir el día
de hoy con las angustias de mañana. La mayoría de los
enfermos portaban sentimientos de envidia, rencor y mala
fe. ¿Es que nadie les ha dicho que tienen que cuidarse? ¿O no
se quieren? Por eso tienen tantas pruebas en sus vidas, para
que aprendan las lecciones. No se puede vivir con egoísmos
ni rencor. Ésta noche, ¡todos fueron sanados!
Dos ancianos esposos, que andaban en la calle solos en
busca de medicinas y distracción, observaron el paso de la
gente tras los Reyes.
¿Quieres ir mi amor? Le dijo a la esposa, que hace años
está ligada a una silla de ruedas por la artritis. Parece algo
divertido, así nos distraemos.
¿Y si me duelen más las piernas? ¿Y si te cansas mucho
por empujar la silla? Recuerda que ya tienes más de ochenta.
¡Habremos intentado tener una aventura juntos! Y nos
devolvemos a casa. Pero no quedará de nosotros.
Ya los años duros pasaron. La misión de vida está cumplida.
Ocho hijos de noble corazón y de excelente proceder. Ya
no más preocupaciones ni sufrimientos. Juntos han dado la
batalla de frente a los altibajos de la convivencia. Ahora se
tienen el uno al otro. Se aman y se ayudan con atención, pero
las enfermedades propias de la vejez y la tristeza por los que
se fueron primero y la añoranza por la casa llena de niños
que ahora son adultos los tienen apagados. La decisión fue
espontanea; ¡Comenzaron a seguir a los Reyes!
Poco a poco la alegría se les contagió. El anciano soltó la
silla para aplaudir, y la anciana se levantó a bailar y cantar. Y
la silla se quedó atrás, sin que nadie se ocupara de ella. Y la
salud, nuevas energías e inspiración para vivir en paz fueron
sus aliados para siempre. ¡Los ancianos esposos recibieron la
Santa Bendición de La Navidad!
Gracias a Dios que lo malo había desaparecido sin el más
mínimo esfuerzo. Los Magos irradian bondad. Y la bondad
contiene afecto, y el afecto cura el mal, siempre que se desee,
¡Por eso es tan importante rodearse de lo que nos da felicidad!
¡Llueve la salud!
Comenzaron a caminar ayudándose unos a otros, cantando
aguinaldos, otros curiosos solo avanzaban a su lado, en total
armonía y cordialidad.
La Estrella se posó sobre el hospitalito municipal. Desde
lejos se apreciaba el júbilo reinante en el lugar. No pudieron
pasar a adorar al niño sino hasta media hora después, pues
una anciana del mismo color de Baltasar se los impidió.
Tienen que quitarse el sereno, ¡Ah1 Y no lo vayan a cargar
hoy. A la media hora exactamente, en medio de cánticos bien
alegres, cuatro, maraca, furruco y tambor, pudieron al fin
entrar a ver a Jesús.
CAPITULO XXXI
DOLORES
La casa se encuentra silenciosa. Dolores apenas si se acerca
al cuarto. Algo le está pasando a su marido, lleva 11 años de
mortificación a su lado, de ellos, dos los pasó sola mientras
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él estaba preso. La vida que llevan es incompatible con la
felicidad. Sospecha que pronto los van a volver a allanar,
Colmos no se detiene en sus fechorías, hace lo imposible para
lograr sus objetivos, siempre oscuros.
Es hábil para sacudirse los problemas en los cuales se
involucra. Paga, se cubre bien las espaldas, en fin, parece
imposible de vencer. Es un delincuente común con proyectos
y acciones cada vez más planificadas, mejor encubiertas y
peligrosas, y ella no puede decir nada porque entra en furia
y la golpea, sobre todo si está drogado. Ese es su negocio, y
su necesidad. Definitivamente decidió ser eso.
Ella por su parte, le tiene paciencia, se acostumbró a vivir
así. Es su marido. Espera que algún día su suerte cambie. Que
le llegue por encanto alguna cosa maravillosa que la haga
feliz.
Siempre quiso tener hijos, pero no se atreve. Conoce el
riesgo de un embarazo bajo la influencia del alcohol y la
droga. También le teme a un mal golpe de Colmos. O a que
la deje. Además, desea conservar su comodidad.
Estudió hasta cuarto año de bachillerato. Siempre fue
buena alumna. Al iniciar el quinto año conoció a Colmos, no
era alumno del liceo. Lo conoció en una rumba pro fondos
de la graduación. Era bello. A él lo cautivó su apariencia
delicada, bien vestida y de excelente porte. Apenas su mamá
lo vio puso mala cara.
Será muy buen mozo, pero tiene mala vibra Doli. Así que
mejor sacúdete ese pegote.
Pero Colmos continuó tras ella, galante y caballeroso.
Tenía carro, dinero y era un poco mayor que ella. Interesante
para una adolescente. El tipo la embobó con la charla. Su
ingenuidad y la falta de voluntad la ligaron cada día más a
él. Comenzó a escaparse del liceo. A mentir.
Se inició en el sexo antes de cumplir los quince. Y se fue de
su casa dos días después de la fiesta de cumpleaños.
Hace días que piensa en sí misma. ¿Será que si puede salir
de el hueco donde se siente metida? Recuerda a la muchachita
embarazada del mercado, se apreciaban pobres, pero muy
felices. Hasta sintió que estaban desubicados, sin embargo,
no parecían tener angustias. Les entregó el paquete llenito de
billetes que Colmos le mandó a depositar en distintos bancos
donde tiene cuentas. Era suficiente para salir adelante con
una visión productiva de la bendición que significa el dinero.
¡Ellos le darán mejor uso! No siente remordimientos.
Desde ese día anda cavilando. ¿Por qué ella no puede
comenzar de nuevo? ¿Existe una vida sin Colmos?
Hoy lo sintió llegar de madrugada, ni se movió a verlo,
no fuese a pegarle sin razón, a cuenta de cualquier rabia que
trajera de afuera. Menos aun si le pregunta por el depósito
que debía hacer en el banco. ¡Es dinero sucio, producto del
daño a la salud de mucha gente joven!
Ella le dio mejor uso. Ahora se siente menos culpable. ¡Ha
sido cómplice, y hasta hoy se dio cuenta!
CAPÍTULO XXXII
COLMOS
Colmos esta en shock. Recuerda en silencio como subió al
automóvil esa madrugada. Lo había dejado la noche anterior
detrás de un paredón que rodea un taller mecánico y chivera,
era el sitio ideal para luego poder montar al niño: alejado del
pasadizo de la gente, sin luz, apartado y solitario.
Se bajó y caminó hacia un kiosco donde venden cervezas
y hacen parrilla. Por detrás del mismo hay un camino que
es transitado por los vecinos que viven en lo alto del barrio
Maturín; también por allí hay una entrada hacia el puente, en
un recodo donde sólo los piedreros y menesterosos penetran.
El conoce el sector. Por allí tiene a varios de sus vendedores.
Y fue en el Kiosco que vio extrañado como salían de allí dos
recogelatas, un día que estaba dispensando el “material” a un
cliente. Uno de ellos era La Pide Pide.
¿De donde vienen esos?
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De la quebrada que pasa por debajo del puente de Maturín.
Allá abajo viven un poco de esos bichos.
¿Debajo del puente?
No, hacia arriba, Como quien se devuelve hacia el pueblo.
Debajo del puente no, porque es peligroso. ¿No ve que allí es
donde se desborda?
¡Hay que ver que en éste pueblo si hay locos no joda!
Pero la cosa no quedó allí. Cuándo supo que La Pide
Pide había muerto, comenzó a indagar sobre el hijo. Hasta
se arriesgó con dos veteranos de la zona a bajar a buscarlo.
Y para mayor sorpresa se encontró a un sujeto retrasado que
le negó al muchacho. Así que se desvió en la búsqueda hacia
otros sitios, hasta que lo ubicó. Es una obsesión.
Recuerda entonces lo que pasó esa madrugada, cuando
experimentó un sentimiento desconocido. Pensó en que hacer
con el grupo que tenía enfrente, y lo cruel de la situación. Por
un instante todo su empeño e interés por lo material perdió
importancia, y sin explicación lógica, dio media vuelta y
camino hacia la autopista, tan rápido como sus piernas se lo
permitieron. Subió al automóvil y aceleró hasta casi matarse.
No sabe ni como llegó a su casa.
Quiso despertar a Dolores. La miró con un sentimiento
extraño, ¡Es tan joven y tan bonita! Ella confió en él. Le dio
sus mejores años. Una niña de “mamá y papá”.
Dolores ni levantó la cabeza para verlo, tal vez estaba
pasando una borrachera o una voladora. ¡Un lastre todo el
tiempo!
Sacudió la cabeza fuertemente. ¿Qué carajo le pasaba?
Hasta sentía ganas de llorar. No consumiría la última sustancia
que se compró. Carísima, pero a él le cae mal.
Ahora se encuentra meditando sobre su venganza hacia
la Pide Pide, las joyas de los tipos y el recién nacido. ¿Donde
estarán a esta hora sus cautivos? Algo tiene que hacer. Ya
recuperó su valor.
Debe entregar a Román ya, es un compromiso adquirido
como paga por la última mercancía que le llegó. No ha
podido secuestrarlo por tantas cosas raras que ocurren cada
vez que lo intenta. De esta noche o mañana no puede pasar,
debe mucho dinero, se le pasó la mano ésta vez comprando
sustancias demasiado costosas para su propio consumo.
Prometió entregarlo porque es una presa súper fácil, él
tiene copia de todos los documentos que en la Casa Hogar le
fueron tramitados cuando ella cayó presa. Los ha guardado
esperando el momento de echarle el guante. Después de
sacarlo del país, ¿Qué le importa su suerte? Y la deuda
quedaba saldada entre La Pide Pide y él.
Ismael Bonilla, Delirio, le había diseñado un operativo
para atrapar al niño. El hombre realmente es un estratega
para inventar maneras de crear caos en medio de cualquier
incidente y ganar tiempo para cumplir con cualquier cosa.
No tiene confianza en él, lo buscó para utilizarlo como
pantalla. Pero ahora esta confundido. El supuesto “Individuo
Clave” ha demostrado que en medio de sus delirios, sabe
como cumplir.
Colmos dio vueltas en la cama varias veces. Decidió
levantarse y salir.
CAPÍTULO XXXIII
LA PIDE PIDE
El vagón del metro se cerró. Estaba atestado de gente
que va de Capitolio a Petare, hombres y mujeres cansados
del trajín del día, pero con el espíritu “mamador de gallo”
del venezolano, siempre buscando alivio en medio del
agotamiento para reír.
Llegó La Pide Pide, la Pide Pide.
La mujer, de edad imprecisa por lo maltratada comenzó a
hablar en voz alta. A su lado un niño morenito y con cabellos
muy negros la acompañaba silencioso.
La Pide Pide, como me llaman aquellos que me tienen
cierto cariño por que conocen mi situación. Toma aire y recita.
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Ustedes me han ayudado a mantener a mi familia y a salir de la
miseria muchas veces, gracias a su colaboración desinteresada.
Avanza en medio del vagón recogiendo dinero. La Pide
Pide soy yo misma, así me bautizaron personas de buena fe.
Sonríe a una mujer que le da dinero ¡Dios se lo devuelva en
salud! La Pide Pide ahora está en la misión Hipólita, y tengo
la fe en que mi situación va a mejorar cada día gracias a que
descubrí junto a mi hijo la bondad del Altísimo. La pide pide
está agradecida de todo lo que Dios ponga en sus manos para
regalármelo, y que se lo multiplique a usted, yo me conformo
con eso! Continúa avanzando y recogiendo dinero. Gracias a
todos los que me dieron real, y a los que no me dieron, que
Dios los ayude para que me den la próxima vez.
La Pide Pide, como la llamaban, había sido bautizada
con el nombre de Luz del Alba Martínez. Nació en un
hogar donde la abuela se encargaba de los nietos que a
cada momento le dejaban sus hijas; cinco mujeres a quien
llamaban las escopetas, por lo tironas que eran. Así que entre
la promiscuidad y el desorden, no pudo la pobre alcanzar
la más mínima lógica ni autoestima para vencer las trampas
de la vida. Lo único que si aprendió fue que a la virgen se le
encienden velitas para que lo ayude a uno, que hay Dios que
cuida y protege y que cada año es Navidad. Su abuela los
preparó a todos para al menos tener alguien en quien confiar.
Su educación fue el más genuino modelo de “Como volver
loco a un niño”. Era la tercera de los 19 nietos de Berta. Las dos
mayores eran hijas de la única “tirona” que le daba real. En
cambio, ella era la única hija de la que nombraban Dominga,
más loca que una cabra montañera, la menos querida de
todas. Por eso fue a ella a quien le tocó el rigor de la anciana.
Párate a lavar. Cuida a los niños. Prepara las arepas, Monta
la sopa. Ve a comprar. A pagar. A averiguar…
Órdenes y contra órdenes. En la mañana le decía que se
cepillara los dientes y se vistiera para que fuera a la bodega
a comprar plátano y a los diez minutos la mandaba a fregar
el baño, luego a comprar plátano de nuevo y en un segundo
la contra orden de cuidar a uno de sus primos, un niño con
problemas de atención muy difícil de controlar. Y atendiendo
al mandado escuchaba una orden de otra tía, y una de la
otra. Y al final de la tarde el regaño acostumbrado.
¡Desde que te levantaste te estoy mandando a comprar
plátano y te has hecho la loca!
Iba a la escuela a descansar de la casa. Entonces era la
maestra. Habla que habla. Y como no atendía ni mejoraba, a
meterle el chisme a la abuela. Una pela segura y un castigo
parecido a toda su vida desde que nació: ¡Lava! ¡Cuida!
¡Busca! ¿A que hora haría la tarea? ¿Cómo aprender a leer?
Creció desubicada. Sin orden ni calma para pensar.
Eléctrica y guabinosa, porque su cerebro no pudo desarrollarse
normalmente. La abuela le otorgó responsabilidades que no
estaban acordes con su edad. Como no podía controlar a las
hijas, se le afincó a la nieta. Lo peor era que en oportunidades
la alababa para manipular su atención
En algún momento de su vida se terminó de desequilibrar,
y salió a la calle sin destino, donde la agarrara la noche dormía,
y se fue alejando de su casa. Hasta varios años después, que
regresó a las cercanías del hogar por instinto, y solo por el
tiempo necesario.
En su rostro destacaban poderosamente unos grandes
y expresivos ojos verdes, su carácter violento la hizo
engancharse con más de uno. La comenzaron a llamar “Gallo
de pelea”. Y al final quedó con el apodo de “La Pide Pide”.
¡Eso sí! Berta la buscó por todos lados. La lloró
desconsoladamente. Como si hubiese sido la más querida de
todas las nietas. ¿O la única que pudo mandar a su antojo?
Nació en “Santa Catalina”, especie de barrio que conserva
aun ciertas características de la hacienda de caña de azúcar
que fue en tiempos de la colonia. Por allí andaba cuando se
le presentaron los dolores de parto, y en el establo de la casa
grande, donde amarraban los burros en aquellos tiempos,
dio a luz un sietemesino un nueve de diciembre de 1996.
Un señor, que regresaba de hacer una visita en el caserío se
detuvo a orinar, y cuándo se metió en el monte escuchó el
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llanto del niño. Y la descubrió acostada sobre cartones y paja,
medio desmayada y con el bebé en los brazos y en mal estado.
Entonces la montó en el carro y la llevó al hospital general.
Había demasiados enfermos. El hombre, a quien llaman
comúnmente “Gavilán”, prendió un escándalo para que la
atendieran. Hasta que no vio que la muchacha mejoró, no
se quitó de allí. La ingresó con una hemorragia y prendida
en fiebre. Le compró medicinas y hasta buscó sus datos
personales, contenidos en una bolsa sucísima que regresó a
buscar al lugar de donde la recogió.
Nada mas que a mi me pasan estas cosas. Mirando la
miseria del lugar y la maloliente bolsa. ¡Hay que ver que la
vida tiene vainas increíbles!
Colocó los documentos en el morral verde aceituna donde
cargaba sus útiles personales y se los dejó en recepción,
introdujo un dinero en uno de los bolsillos y pasó el cierre. Les
explicó responsablemente las condiciones como la consiguió,
y confió en la eficiencia de ellos. No podía quedarse más
tiempo, mostró unas credenciales y pidió atención hacia la
mujer y el niño.
Por su parte, las enfermeras, ignorando lo que pasaba en el
otro departamento, pensaron que él era el padre de la criatura,
y lo mantuvieron informado. Al preguntarle el nombre del
niño, se le ocurrió decir “Román”, como él. Y cuándo La
Pide Pide se recuperó de su gravedad, se lo entregaron con
nombre y todo. Lo que ella aceptó sin problema. Pensó que
así funciona la cosa.
Al ver el asunto concluido, Gavilán se marchó. Las misiones
a veces duran poco y uno no se debe apegar a nada. Hacer
algo por un semejante es como si se lo hiciera a sí mismo.
No la volvió a ver. Miró al muchachito por la ventana y lo
bendijo:
¡Que tengas suerte carajito! ¡Fue un placer ayudarte!
En el hospital, le dieron comida, la enseñaron a amamantar,
y le entregaron un ticket para que viniera a controlar a su hijo
y a beber leche todos los días, más nada.
La dieron de alta sin mucho preámbulo, había demasiadas
mujeres allí pariendo y gente enferma, la crisis hospitalaria
estaba instalada en esa institución, gracias a Dios, porque
nadie notó que era una indigente incapaz de cuidar un recién
nacido. Todo lo que ocurre tiene una razón.
Pasaron los meses y nadie la volvió a ver, se quedó en
aquel barrio escondida, en las ruinas ocultas entre el monte,
donde habitaron esclavos y peones en sus respectivas épocas.
En ese recinto había sabiduría que por años se quedó flotando
en la atmósfera. Estaba allí esperando ser utilizada. Y ella,
en medio de su desequilibrio, tuvo la suficiente humildad e
inocencia para escuchar la ayuda que le brindaban gustosos
sus ancestros. ¡Total, ella estaba loca y a los locos cualquier
cosa les puede ocurrir! Lo que hay es que dejarse llevar.
Allí aprendió a ser madre, nunca dijo nada de lo que no
conocía y confió en su presente, que era su bebé y las ruinas
con todos sus secretos. Encontró el dinero en el cierre del
morral verde aceituna y con él se defendió por suficiente
tiempo
A veces salía de madrugada, conseguía alimento en los
basureros, en los restos de las mesas de las areperas, también
robaba a los borrachos, que se quedaban dormidos en las
calles. Servía de desahogo a los lateros e indigentes, tan
pobres como ella, pero que así y todo le daban real. También
ganaba dinero que le regalaban personas por cuidarles el
carro o sólo por caridad. Pero al niño, en medio de la miseria,
nunca le faltó nada. Especialmente amor. Nadie notó que
en el morral verde aceituna que cargaba como una cangura
estaba un bebecito.
Poco después, continuó con sus vicios y la vida que escogió
vivir, aunque el nacimiento del niño le dio una especie de
luz a su camino. Lo cargó con ella siempre, y cuando ya
habían recorrido miles de lugares donde vivir, los separó el
destino, y luego los volvió a unir, su devoción hacia él fue
inquebrantable, y el niño amó a su madre con fervor, disfrutó
de sus rascas y adicciones, aprendió a cuidarla, y comprendió
que de los dos, él era el cuerdo. Y además que precisamente
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 92
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por serlo, debía velar por ella.
De sus labios escuchó que una noche se presentó en el
rancho que compartía con otros indigentes, un señor que
para ella, humilde y media loca, era demasiado. Un hombre
importante, con carro y real. Hasta le regaló aguardiente.
En medio de la conversación del hombre y los tragos,
se percató que tomaba al niño, de apenas tres años, y se lo
llevaba. Como la vio alterarse, le entregó un puñado de billetes
y le propuso suministrarle drogas y licor suficientes. Ella se
defendió como pudo, impidiendo el secuestro. Él la golpeó
y le ofreció más dinero, muchos billetes. Parecía brindarle la
mayor oportunidad de su vida. Al fin se largó, insultándola.
Román estaba en sus brazos, y nadie se lo iba a quitar.
Unos días después, intentó de nuevo robarle al hijo. Logró,
con ayuda de un latero, suministrarle licor con una sustancia
que la adormeció. Colmos tomó al niño y lo trasladó hacia
el carro. Pero en el camino se encontró con una serpiente
venenosa e iracunda. En un segundo, La Pide Pide se le
enfrentó. Realizó hábilmente, botella quebrada en mano, un
violento movimiento y… ¡Juas! Le sacó el ojo izquierdo, la
mejilla y parte de la nariz.
Román despertó en un hospital con una aguja metida en
el pequeño brazo. Los médicos lo iban a ver a cada rato, le
habían inyectado droga y pudo haber muerto. A La Pide
Pide la volvió a ver a las dos semanas, estaba presa, y había
salido por la intervención de Colmos, para que no hablara.
Que las cosas quedaran como un accidente.
Él si fue preso por dos años. Si ella hubiese hablado,
no se salva de pasar allí el resto de su vida. Pero consideró
su necesidad de buscar al niño. De todas maneras no se le
comprobó nada y lo dejaron en libertad. También la justicia
tiene sus debilidades. ¿O no existe una justicia absoluta?
Sin embargo, ella estuvo recluida en un sanatorio por dos
meses, de allí se escapó y buscó al hijo hasta encontrarlo. Se le
respetó su derecho de madre y el del niño hacia ella.
Estaba en una “Casa Hogar”, donde lo cuidaron por cinco
años, lo visitaba a cada rato, hasta por la acerca se asomaba, se
trepaba en los árboles para verlo aunque fuera de lejos.
El bebé lloraba desconsolado y enfermó. Entonces la
dejaron entrar a limpiar, a colaborar como voluntaria y por
último, le ofrecieron rehabilitación. Y ella cumplió con los
requisitos.
Asistió a las citas, aceptó bañarse y en lo que pudo mejoró.
Pero su esencia era estar errante, eso no lo pudo cambiar,
aunque lo disimuló. Hasta que le ofrecieron la oportunidad
de llevar al niño por raticos a pasear. Y en una de esas no
regresaron y continuaron su vida de aventuras.
Poco después se presentó ante la misión Hipólita,
donde la ayudaron a mejorar en algo su salud, y le dieron
la oportunidad de acercarse a la sociedad con un nuevo
proyecto, con ideas de reconsiderar su vida, pero ya era tarde.
Un día antes de morir le señaló a Román el hombre por el
cual la pusieron presa.
¡De ese mal parido se puede esperar lo peor Román! Te le
pones siempre bien lejos. Le comentó en su agonía.
Falleció en una plaza, debajo de unos árboles, mirando al
cielo.
Desde allá arriba te voy a ver siempre carajito. Igualito que
la estrella del niño Jesús. Pírate en lo que me desprenda, para
que no te prense la policía.
Vete tranquila mami, cierra los ojos y ponte a ver la luz
que yo te digo que es mágica. A lo mejor te curas.
Ese es el mismísimo Dios hijo, que me está llamando. Y
cerró los ojos.
Román comprendió que había muerto, se retiró del lugar
y observó desde lejos como vinieron carros de policía y gente
uniformada y se la llevaron en una bolsa. Dio media vuelta
y comenzó a caminar sin rumbo, su mamá estaba con él, las
madres nunca abandonan a sus hijos.
A día siguiente, apareció el fulano hombre. Y desde ese
momento, anda inventándose una en busca de su camino.
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 94
95
Sabe que hay una luz bondadosa que lo guiará a algún
sitio seguro. En su mente la tiene bien precisada. Y se deja
guiar por ella, pero sin descuidarse, sabe que el mal anda
merodeándolo, y tiene que estar alerta, pero en calma. Poco
a poco ha ido comprendiendo como funciona el lío ese de
comunicarse con Dios.
CAPÍTULO XXXIV
CAMBIAR DESDE ADENTRO
Hoy es 25 de diciembre, el día está hermosísimo. Son las
2 de la tarde, María, José y el bebé llegaron, los trajo Juan
Manuel, después de hacer quien sabe cuántas aclaratorias
sobre la cédula de los padres y todo lo demás. Por fin, el doctor
Goncálvez y el doctor Pedro del Castillo, después de escuchar
todo el lío del censo y de Herodes por una parte, y del dolor
de barriga en el mercado y que son unos extranjeros recién
llegados de demasiado lejos, por parte de los dos viejitos que
los trajeron y los vecinos, y por último, la extraña versión de
los tres individuos vestidos como magos, decidieron, junto al
personal administrativo y a las enfermeras, darle la tarjeta de
nacimiento al niño. Total, todos habían recibido a través de
aquella experiencia una especie de confianza en sí mismos,
en el poder de la fe y la alegría de vivir mayor que la que
tenían antes.
NOMBRE: JESÚS.
APELLIDO: NAZARET.
HORA DE NACIMIENTO: 7:10AM.
FECHA: 24-12-2007
LUGAR: HOSPITAL MUNICIPAL DE GUARERÁ.
NACIONALIDAD: VENEZOLANO.
PESO: 3,500 Kg.
TALLA: 53 CMS
Entre otros datos importantes que bien supo cada quién
solventar. Total, estaban comprometidos con una especie de
misión sobrenatural. Y había que cumplir. Guarerá estaba
cambiando para bien.
Ahora ven con claridad las deficiencias que presenta el
hospitalito, o las calles, o sus hogares, ahora lo que sienten
son deseos de transformarlo todo sin quejarse ni criticar,
mas bien cada uno comprendió que de su propia voluntad
dependen las soluciones. Así que el asunto quedó resuelto y
los dieron de alta. Ya se sentarían seriamente a hablar sobre
la necesidad de la Maternidad y de otras mejoras. ¡Hay que
unirse para arreglar lo que no sirve!
El callejón 21 esta en silencio aún, todos duermen,
celebraron como nunca, no fue una fiesta como otras veces
donde los tragos y el alboroto están lejos de ser una alegría
relacionada con el nacimiento de Jesús. Apenas los que tienen
niños se esmeran más por el suceso. En cambio ésta vez ha
sido especial. El muchachito ha traído armonía al lugar.
CAPÍTULO XXXV
HERVIDO DE GALLINA
Entraron directo al cuarto. Allí José comenzó a ordenar
tantos objetos, desconocía el uso de muchos de ellos, pero
aprenderá, lo importante es no asustarse y confiar, Dios le
dará solución a cada incógnita que se le presente. No hay que
temer a nada. También los Reyes se encuentran en la casa de
los ancianos. Morela les trajo una olla llenita de hervido de
gallina, que según dijo es muy bueno para después del parto.
¡El primer plato se le sirve a la recién parida!, ¡Para que le
traiga buena suerte!
¡Huele exquisito!- Dijo Melchor.
¡Esto es para ésta noche, hay que celebrar!- Dijo Juan
Manuel, colocando una botella de vino en la mesa.
Morela, escandalosa como siempre se levanta y exclama:
Espérese que se asome María para volver a ver la hermosura
de muchacho que vino a nacer en nuestro barrio. ¡No les
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 96
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dije que esos dolores no eran de barriga nada!- Intrigada- ¿Y
ustedes? ¿No es el seis de enero que salen a dar regalos?
Con todo este hermoso acontecimiento, no nos hemos
presentado, dice Gaspar. Él es Melchor, él es Baltasar, y yo
soy Gaspar.
Graciela, Luis, Juan Manuel, Morela y la abuela Pancha
quedaron en total desconcierto. Hasta sonrieron mientras se
miraban disimuladamente, entre incrédulos y maravillados.
Entonces Gaspar, con gracia y modestia mostró sus manos
cerradas como un puño, y las abrió, y de ellas brotaron miles
de estrellitas luminosas, pequeñitas como botones de rosa
bebé, de increíble variedad de colores, que recorrieron la casa
y cayeron como nieve sobre el pesebre que decoraba la sala.
¡Ah carajo! Exclama don Luis convencido de que un
milagro ha venido a bendecir su hogar, ¿Es decir que la madre
de Dios y San José vinieron a mi casa?
¿Qué en nuestro hogar nació el mismitico Niño Jesús?
Dijo Graciela con los ojitos aguados.
Los presentes, no podían terminar de despertar de aquel
hermoso sueño de Navidad.
¿Podemos avisarle a la familia don Gaspar? -Preguntó
Juan Manuel.
¡El Ángel del señor ordenó que se le avisara a todos!
Asiente Gaspar emocionado.
Morela y Juan Manuel sacan sus celulares, comienzan a
llamar. Don Luís abraza a su anciana esposa y le dice al oído:
¡Tranquila Graciela! ¡Ahora les mandamos un email a los
muchachos! ¡Para eso compramos la computadora!
Graciela y Luís están maravillados ante la presencia de
los tres Reyes Magos, quienes han sacado de sus bolsas
caramelos y monedas de chocolate y reparten entre todos.
Los ancianos son como los niños, y exclaman ilusionados:
¡Los Reyes Magos!
CAPÍTULO XXXVI
EL ZANJÓN
Colmos esta cansado de tanto pensar. ¿Cómo salir de esta
emergencia? Su salvación es Román el hijo de “La Pide Pide”,
la desgraciada que le desfiguró el rostro y le sacó el ojo. La
indigente que bebía aguardiente y consumía piedras como
una condenada.
Comenzó a recordar a la mujer, ¿Quien la preñaría? La
barriga la cambió por un tiempo, se le notó cuándo ya tenía
como seis meses. Y poco después nació el muchacho. Para él
era una loca miserable más.
Se quedó cavilando en cómo atraparlo ahora, que La Pide
Pide se murió, y todo debería ser más fácil. Pero las cosas
estaban más peligrosas y extrañas.
Ayer había tratado de convencer a “los de arriba” del valor
de las coronas de los tres Reyes, del Down que les podría
servir para algo, y la seguridad de entregarles al niño que a
nadie comprometería, del otro niño que tiene que ser hijo de
gente poderosa, y que tal vez esté secuestrado o escondido
en ese barrio. Todas las oportunidades se las pintó frescas,
pero no le creyeron. Sobre todo con lo de las joyas. Hasta les
recordó que gracias a él ellos tenían todo el territorio bajo su
poder, nadie más suministraba material, sólo ellos a través de
él. Enfurecieron, ya no había prórroga.
Escuchó fuertes golpes en la puerta que lo sacaron de
sus pensamientos. La voz que más escuchaba era la de
“El Johnson”, el sicario encargado de cobrar las deudas de
“los de arriba”. Escuchó gritos, golpes, disparos, mientras
apresuradamente se escabullía por entre los cuartos.
Salió de su casa por una ventana que da hacia el Zanjón
o barranco, en la sala yacía el cuerpo de Dolores sin vida,
“los de arriba”, los que le facilitaban la mercancía, le estaban
anunciando que se terminó el plazo, o pagaba, o pagaba.
Aun se asomaron por el ventanal del comedor. Ese amplio
mirador hacia el barranco les dio oportunidad de localizarlo.
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 98
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Los tiros sonaron como el aguacero que cae sobre los techos
de zinc anualmente en octubre, denominado “El cordonazo”.
¿De donde sacaron tanta bala? ¿O eran ametralladoras?
De los ranchos, esquinas y hasta de los callejones que se
divisan desde el ventanal, salen hombres y hasta algunas
mujeres armados. En esta comunidad, como en muchas
otras, habitan quien sabe cuántas bandas de delincuentes,
que confundidos con los tiros dirigidos hacia la humanidad
de Colmos, no para matarlo, si no para asustarlo, salen a
defenderse. Y en pocos minutos se genera un caos.
Se oyen gritos y sollozos repentinamente. Una mujer sale
desesperada con una niña muerta en sus brazos. De otra
vivienda salen dos ancianos. Uno de ellos cae muerto a la
quebrada que los separa del barranco por donde huyó Colmos.
En una enramada que está detrás de una de las pocas casas de
bloque, se observan tres cuerpos inertes. Son los cadáveres de
tres estudiantes que a esa hora se encontraban preparándose
para una prueba de física. El papá de uno de ellos les acomodo
una lámina de tablopan y la pintó adecuadamente para que
les sirviera de pizarrón. Ahora parece más bien un colador.
La policía llega, El comisario en especial se percibe
contrariado. Tiene tiempo tratando de “limpiar” el sector, pero
no encuentra pruebas suficientes. Le preocupan los menores
de edad. Él también es padre. Ordena que se metan en el
monte, allanan casas, sacan esposados a cuánto muchacho
u hombre les parece sospechoso. Consiguen armas en casi
todas las viviendas.
Un joven, estudiante de ingeniería, al sentirse acosado
injustamente, le reclama al inspector respeto. Se lo llevan y
aparece abaleado horas después del incidente.
Nadie va a ver la casa de Colmos. Dolores yace en el piso
por horas, hasta que allanan la vivienda y también él es
solicitado.
CAPITULO XXXVII
VENEZOLANOTE
María contempla a su bebé, desde que dio a luz no hace
más que mirarlo y dar gracias a Dios por haber confiado
en ella. También ahora su amor y admiración por José han
crecido, él ha sido su apoyo y consuelo. Sabe que estarán
unidos por siempre, que nunca la abandonará ni será capaz
de ofenderla. Su esposo es el mejor hombre del mundo, él los
protegerá y guiará.
Entra a la sala, donde están reunidos. Apenas se asoma
siente la atención sobre ella. Ya no es la muchacha que llegó a
Guarerá aquel día. Durante este tiempo su rostro y su presencia
han ido transformándose en un algo incomprensible, pero
que provoca tocar, acercársele en silencio para sentir.
¡Les presento a Jesús! Dice con ilusión, mostrando al bebé.
¡Un niño Jesús criollito y buena gente! Comenta don Luís
¡Bien venezolanote!
¡Tremendo muchachote! Exclama Graciela.
¿Venezolanote? ¡Verdaderamente!
¡Hay que llevarlo a pesar y a vacunar! ¡Yo te acompaño
Mary! dice disponedora y confianzuda Morela.
¡Por mi parte se pueden quedar todo el tiempo que
quieran! ¿Verdad Graciela?
¡Como otro nietito de nosotros! Pero… Cae en cuenta de lo
absurdo de lo que está pasando. Mejor es no pensar ¡Siéntese
mija que usted está recién parida!
¿ Ya le traigo el hervido de gallina! Se ofrece Morela.
Y comienzan a servir y comer en alegre compartir entre
vecinos. El comedor está seguido del recibo, hay lugar para
todos.
En la puerta, con timidez, se asoman Cipriano y Román.
Anoche regresaron solos al puente, pues sus amigos se
quedaron en el hospital junto a María, José y el niño. Casi
no durmieron con la emoción, pasaron de la media noche
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 100
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conversando; por eso se levantaron tarde. Ahora se presentan
a la casa de los viejitos a saludar
Estos últimos días don Luis los ha puesto a lavar la
camioneta, y en medio de las faenas, los deja curiosear,
conversar y preguntar hasta el cansancio. La palabra es ley, y
según los escuchó, pudo también conocer sus pensamientos
y adicciones.
Don Luis sabe, por propia experiencia, que lo que se dice
se cumple. Y los dos jóvenes, sobre todo Román, tienen una
espectacular concepción de lo que debe ser su mundo. Por
eso se revela ante la injusticia y lucha por sobrevivir a lo que
le puede pasar.
Él está a creando su propio camino. Don Luis lo observa y
escucha. Saca sus conclusiones:
- ¡Que carajito tan vergatario! Cualquier otro habría caído
en la droga, o no estaría tan resteado con el destino que
quiere.
También es admirable como, sin pensarlo mucho, arrastra
a Cipriano hacia lo que piensa es “La verdad”. Y lo ayuda a
mejorar su mundo.
Definitivamente, hay que tener oídos para oír. Y eso no
depende de la inteligencia. Continúa pensando el anciano.
¡Avanza el que quiere! Concluye. ¡El que tiene guáramo!
¡Como éste muchacho!
Por su parte, Román y Cipriano la pasaron demasiado
bien, sobre todo por la especial personalidad de don Luis, que
tiene una particular fascinación por la mecánica, y los puso
a ayudarlo a acomodar su taller, ¡Como se divirtieron con
sus ocurrencias! Es todo un personaje que enseña a través
de ideas y expresiones entretenidas. Siguiéndole la palabra a
Román, repite que “Querer es poder”
Concretamente Román, que necesita de orientación y
afecto, ha quedado en paz consigo mismo.
-¡Voy a poder Pide Pide! ¡Tú vas a ver mamá! ¡Yo soy mi
propio jefe! ¡Voy hacia adelante! Por eso ahora vienen a ver al
recién nacido, esa también es la casa de sus amigos.
¡Adelante muchachos, vengan a tomar sopa y a cargar al
niño!
Cipriano y Román, con sus humildes vestiduras y la
ilusión por compartir con personas como aquellas, pasaron
calladitos, con una sonrisa de alegría.
¡Yo estoy limpiecito! Dice Cipriano. Y se acerca al niño,
que está en brazos de Melchor. Para los ancianos, Román es
un encargo de Dios, sienten que ellos son parte de la solución
a su problema, y han permanecido atentos a cuánto escuchan
que le ocurre. En su corazón está presente el destino de este
niño.
María contempla ahora el ambiente de forma diferente, ve
a aquellos hombres, mujeres y niños con una sensibilidad y
madurez celestial, y ellos a su vez, le dan un trato amistoso,
pero impregnado de admiración. Está más bella que nunca.
Desean agradarla.
Al terminar de comer comienzan a recoger la mesa, se
respira armonía y felicidad por el nacimiento de aquel que
trae la luz al mundo renovando la fe de quienes se le acercan.
Román y Cipriano miran a Jesús con adoración, están
arrodillados a los lados de María y José, que se lo muestran
felices.
CAPÍTULO XXXVIII
LA SAMPABLERA

Alguien interrumpe la mágica reunión. Entra sin pedir
permiso, aterrando al grupo, con la ventisca que levantó con
sus enormes alas.
Alguien se llama aquí José.- Pregunta el recién llegado,
que cayó sin control en el centro del recibo.
Si, Yo soy José. ¿Y usted quien será?
¡No hay tiempo para presentaciones. He venido a decirle
que en nombre del Señor, recoja a su mujer y al niño por que
corren peligro…
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José va a preguntar algo, mientras los vecinos están aun
pasmados, pero…
Los disparos suenan como truenos, la confusión es extrema,
muchos gritos y pasos de los transeúntes que buscan donde
guarecerse para evitar la muerte. Los únicos que están de
pié, confundidos con los hechos, son los visitantes bíblicos,
que miran el pánico del cual se ha apoderado súbitamente el
lugar. El Ángel por su parte, sale disparado por la puerta del
patio y de allí desaparece.
-Agáchense amigos! Puede alcanzarlos una “bala perdida”.
Grita desesperado Juan Manuel.
¡Cuidado con el bebé doña María.-Y Morela se levanta
del piso, abraza a la joven madre y la obliga a desplazarse
rápidamente hacia el cuarto, agachadas para protegerlo,
tras ellas, Graciela y la abuela Pancha. El viejito Luis en ese
momento está en el interior de la vivienda, buscando otra
botella de ponche crema.
Los vidrios del ventanal, floreros, materos y lámparas,
incluyendo el arbolito de Navidad que decora el pasillo de la
casa, vuelan en mil pedazos. Hasta la corona de
Melchor sale disparada por los aires, así que sin titubeos,
se tiran al suelo. Cipriano y Román están acurrucados debajo
de la mesa, temblando como hojas en medio de la tempestad.
La puerta de la casa esta abierta de par en par. Tres sujetos
armados irrumpen violentamente en el lugar. Colmos es el
primero, y de una vez ordena a Los Reyes despojarse de sus
prendas y a los dos jóvenes colocarse frente a él. Los otros
dos sujetos vienen encapuchados. Son “El Johnson” y “El
Chusco”, Colmos les sugiere que entren al cuarto, allí debe
estar el niño. Tienen que apurarse, los hermanos de Dolores
y sus amigos están afuera, vienen a vengar su muerte. Es
un enfrentamiento peligroso, más vale salir rápido de allí
con el botín y los rehenes. Directo al lugar donde nadie los
encontrará.
Los dos delincuentes entran decididos, ya observaron las
alhajas y son verdaderas. Están convencidos del cuento de
Colmos, ¡Menos mal que no lo mataron! ¡Pero se tuvo que
venir con ellos! ¡Si la cosa sale bien, lo protegerán, si no, no
responden por su vida!
Afuera se escuchan disparos, la operación debe durar solo
dos minutos y medio, ya llevan uno. Ismael Bonilla, “Delirio”
o el “Individuo Clave” terminó por convencer a don Colmos
de la maniobra “Duelo entre pandillas”. Llegar disparando a
todos lados para alborotar a los delincuentes. Según los datos
aportados por él mismo don Colmos, allí tiene enemigos. La
jugada es mantener la incertidumbre mientras se realiza el
secuestro del menor de edad, lo sacan y ya. Es solo agarrar
al chamo y salir. Todo esta bien planeado. Hace horas que
observan el lugar.
Colmos sabe que en esa casa nadie tiene armamento,
conoce a los viejitos desde siempre; tiene enfrente a la
mayoría de los visitantes, adentro sólo están dos mujeres
jóvenes e indefensas, sobre todo una que recién dio a luz.,
dos ancianitas y el viejito, Así que quienes podrían ocasionar
problemas están bien vigilados por Colmos. Un ruido tras
otro lo pone en alerta. ¿Qué pasa allá adentro?
CAPÍTULO XXXIX
PAN COMIDO
“El Johnson” y “El Chusco” entran confiados, esa misión
es “pan comido”. Traspasaron la puerta que da hacia el estar,
dos metros más allá esta la puerta donde debe estar el bebé
que secuestrarán.
El par de batazos cayó simultáneamente sobre los cuellos
de ambos. No tuvieron tiempo de accionar las armas porque
no vieron desde donde vino el ataque. Apenas “El Johnson”
hizo mención de levantarse, recibió un planazo, y otro el
Chusco, ¡Claro! Por si acaso.
La abuela Pancha y Graciela, armadas con un bate cada
una, y don Luís con el machete acaban de anular a dos
temibles delincuentes. El anciano tomó en sus manos el arma
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de “El Chusco”, y ordenó trajeran algo para amarrarlos.
Todo se realizó con la mayor discreción, para que afuera no
se escuchara nada. Morela agarró la extensión de la plancha
y se la lanzó, pero “El Johnson” se levantó y se lanzó sobre
María, para arrebatarle al niño.
-¡Ni se te ocurra acercarte a mi bebé¡ Acto seguido, aquella
frágil, risueña y bondadosa muchacha lanzó un solo manotazo
al rostro del hombre que lo dejó confundido, colocó al niño
en la cama y se le lanzó encima, así que ni pensar en disparar,
ya era hombre vencido.
Aun estaba acorralado en un rincón tratando de golpearla,
y ella no lo dejaba atinar, solo defenderse.
- ¡A los niños se les respeta!- Y se tuvo que apartar, porque
Gracielita le metió un último batazo en la cabeza, por si acaso
cobraba fuerzas- ¡Esta va por Román!
Y terminó de caer sin sentido.
CAPÍTULO XL
ELLA RECORDÓ
Ya pasaron otros dos minutos. Las prendas están dentro
de un morral, los dos rehenes listos, el resto de las personas
en el suelo, acostados uno junto al otro. Ahora tienen que
salir los dos delincuentes con el niño, y se marchan victoriosos
a toda velocidad en un vehículo que debe llegar en treinta
segundos, conducido por “Delirio”, que ya debe estar cerca,
y cree firmemente que todo este operativo es legal, él ahora
da órdenes y mantiene a todos en zozobra. Llegará en el
carro, se subirán y… ¡Trabajo concluido por los momentos!
Lo que venga será cosa de organizarse: Lo sacaran del
país, o se esconde mientras mueve algunas influencias… ¡Lo
que sea! ¡En el banco hay real suficiente! Para eso mandó a
Dolores con el paquete donde tenía guardados los millones
parejos. La recordó, ¡La pobre! ¡Pagó los platos rotos! ¡Pero el
negocio habrá sido un éxito!... ¡Y su venganza cumplida!
Delirio ya debía estar a escasos segundos del lugar…le
había adelantado unos reales, solo eso. Se desharía de él en lo
que todo concluyera. ¡Individuo clave! ¡Ja! ¡Pobre tipo!
¡Apúrense! ¡Tiempo preciso! ¡La operación ha sido un
éxito!
Los dos malhechores se asoman exactamente. Pero vienen
atados de manos
¿Qué está pasando?- Pregunta acobardado Colmos,
levantando el arma peligrosamente, pero es María con el
niño quien da un paso adelante. Colmos deja caer el arma,
no tiene fuerzas para soportar su mirada.
¡Se me agachan los tres con las manos en la cabeza! Ordena
el viejito Luis, con una de las armas en la mano, y un machete
amarrado al pantalón ¡Y mucho cuidado con trampas porque
estas mujeres tienen mal carácter!
Gracielita toma al bebé, mientras Morela trae otra pistola y
la otra abuelita el bate en alto, listo para cualquier emergencia.
El grupo se va acomodando en el espacio, observando
sorprendidos como los tres delincuentes comienzan a llorar
sin consuelo. Jesús ha nacido también en sus corazones,
llenos de amargura y crueldad, de egoísmo y odio. Por eso
vino al mundo hace 20011 años en aquel lugar donde solo
las bestias acompañaron a María en el alumbramiento. Y por
eso este año, ante un nuevo siglo, vino a nacer en Guarerá en
medio de gente humilde y buena, para redimir corazones y
ayudar a un niño que invocó a la historia con fe.
¡De verdad usted tiene carácter mija, mira que enfrentársele
a ese bicho para defender al niño! Exclama la anciana con
admiración, mirando a la dulce María ¡Para mi que a su
marido nunca se le va a ocurrir contrariarla!, ¡Después de
todo esto!
-¡Que ni piensen acercarse a ningún niño! ¿Me oyeron?
Dice la joven con autoridad, acomodándose las mangas del
vestido y arreglándose el cabello ¡Abusadores!
Los dos delincuentes asienten obedientes, mientras
Colmos aun está confundido.
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Este también es del grupito ese que le gusta molestar a los
niños María. Señala la anciana, refiriéndose a Colmos, quien
intenta levantarse con el escaso sentimiento de rebeldía que
le queda, pero José lo obliga a regresar al piso, propinándole
un manotazo.
María los mira fijamente, su rostro, hace unos segundos
bien decidido y con una expresión de temple, refleja ahora
un inmenso amor, el ambiente se torna silencioso, recorre
con la mirada a los tres delincuentes y se les acerca. Colmos
vuelve a sentir el extraño sentimiento que lastima mucho en
el pecho, le falta el aire, baja la mirada. Está conociendo el
valor del arrepentimiento, y duele demasiado.
Los tres le deben sus vidas torcidas y equivocadas al
desamparo, a la ignorancia, al desamor. Todo quedó atrás,
en la infancia. Y al llegar a la adultez, no tuvieron voluntad
ni formación suficiente para decidir un nuevo camino. Faltó
más disciplina, más orientación, más conocimiento sobre
el valor de la existencia en cada ser, sin la apariencia de lo
material. Más buscar el conocimiento para concebir la vida de
una manera distinta a la que los rodea, para llegar por medio
de él a la abundancia, a una mejor calidad del mundo. ¡Salir
de las tinieblas!
María los observa, recuerda su encuentro con el Ángel,
el compromiso ante Dios, el largo viaje a Belén. Miró a sus
amigos de hoy. Escuchó el llanto de Jesús.
El niño tiene hambre. Dice Graciela.
Los senos también le reclaman al niño. Entonces recordó y
recordó…”Y una espada atravesó su corazón…”
¡Que se le va a hacer! Piensa compasiva Y colocando sus
dedos sobre los labios les indica silencio ¡A callar! Escuchen su
corazón y piensen. Están a tiempo.
Y los tres obedecen. Ahora están postrados bajo la amenaza
de sus propias armas… ¿O rendidos ante sus faltas? Porque
lloran desconsolados.
Faltan veinte segundos para las siete de la noche. Se
escuchan las sirenas de la policía.
CAPÍTULO XLI
EL INDIVIDUO CLAVE
Al otro extremo de Guarerá, “Delirio” va en su automóvil
a 120 Kilómetros por hora. Colmos le dio dinero como para
darse un poco de la vida que le gustaría tener. Ser el personaje
que creó para si mismo. A su lado, una mujer escucha
embobada su conversación sobre un negocio que tiene que
atender. Ella es ingeniero y le podría convenir trabajar con
él; así que la invitó a tomar unos tragos para conocerse. Él
puede ayudarla a consolidar su empresa. En caso de que esté
interesada en sus servicios, entonces se hablará de costos. ¡Sus
servicios valen mucho por ser excelentes!
Emocionado le comenta sobre sus viajes al extranjero. Su
próxima misión en Lisboa y el viaje pendiente en helicóptero
a Pamplona, donde tiene millones de hectáreas con ganado
para mantener a todas sus esposas e hijos. Don Colmos
Urdaneta tiene el compromiso de reunirse con él para cenar
juntos y hablar de negocios pendientes a las siete en punto
sobre un caso internacional, asuntos secretos.
Ya tiene tiempo trabajando en la cuestión, fue él quien
diseñó la operación. O cumplen con las estrategias cabal
y oportunamente, o los manda a todos al infierno. Hoy se
decide el caso.
Faltan diez segundos para las siete, pero esta ocupado con
sus “delirios”, y como suele suceder cuándo algo lo cansa o ya
no le interesa, olvida sin remordimientos el compromiso, ¡Que
se las arreglen con lo del rescate del niño! ¡Que solucionen a
las siete! El trabajó bastante y tiene ante sí un prospecto de
negocio. Y se ocupa de otra nueva aventura sin la más mínima
preocupación. Su naturaleza eléctrica e inmadura lo obliga a
pisar el acelerador y comenzar a hablar sobre un nuevo tema,
y sin saber por que ni conocer mucho del contenido habla
de la fe en Dios y el comportarse de acuerdo a sus leyes.
Pone a la bondad y la veracidad como sus líneas de conducta
personales. Surge un nuevo personaje, atractivo, altamente
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responsable, digno de consideración y confianza, bonachón,
ocurrente y muy paciente, con una gran inteligencia y un
talento especial para llevar optimismo y fe en el futuro a
quienes tienen el privilegio de conocerlo.
Baja el pié del acelerador y comienza a hablar de otros
proyectos, y se aleja de Guarerá con el corazón henchido de
paz y amor para siempre, por que hasta él llegó el milagro de
esta Navidad.
Desaparecen los delirios y surge ante la realidad, tiene
que dejarse de tanta pendejada y comenzar a trabajar en
serio. ¿Para que tanto embuste? Mejor vivir en la verdad. Se
despide de la dama y emprende un nuevo destino. ¡Por fin es
él mismo! ¡Dios protege a los soñadores!
CAPÍTULO XLII
SE LIMPIÓ EL BARRIO
Afuera continua el tiroteo, Por la otra esquina, dos tipos
más, enemigos de los familiares de Dolores, también disparan
como locos para vengar la muerte de uno que cayó tiroteado
en medio de la confusión.
No saben que está pasando. Pero tienen armas y quieren
participar. Cualquier causa suena justa.
En pocos minutos se acaba el problema. La policía llegó por
los cuatro lados del sector y tomó el dominio de la situación.
De cada lugar sacan esposados a los bandoleros. Entran a
casa de los viejitos y toman declaraciones.
Miran con extrañeza a los Reyes, pero continúan con los
interrogatorios. Total, en Venezuela La Navidad vuelve locos
a los ciudadanos, por lo menos a estos les dio por ahí.
¡Tremendo expediente le van a levantar a éste tipo!
¡Secuestro y demás!
¡Por fin te pusimos el guante encima Colmos!- Dijo
satisfecho uno de los agentes- Esta vez es para siempre.
¿Oíste?
¡Atrapamos un botín! Comentó otro- ¡Se limpió el barrio
“La Sampablera” pues!
¡Hasta Guarerá! Dijo otro. ¡La mafia que tiene este bicho es
directamente apoyada por los jefes de éstos dos “cuarto bate”.
¿Verdad muchachos?
Gavilán está contento. Tiene tiempo pisándole los cayos a
ésta lacra. Y al fin lo agarramos con “las manos en la masa”.
El comisario Román García Rojas, a quien nombran con
admiración como “Gavilán”, mira con sorpresa al niño que
está sentado frente a él, explicándole a su manera lo sucedido,
la persecución de “Colmos” y como los vecinos lo habían
ayudado. Pero “Gavilán” no quita la mirada del morral verde
aceituna. Es único, lo reconocería en cualquier lugar.
Sabes que puedes contar conmigo para siempre, cuando
termine todo esto vengo a ver que puedo hacer por ti, ya
que tu mamá no está. ¡De hoy en adelante cuentas conmigo
carajito! Y se retira pensativo ¡Hay que ver que la vida tiene
vainas increíbles!
Gavilán se paró frente a la casa, junto a la patrulla, y
habló por el parlante, dirigiéndose a los mirones que estaban
apostados en las aceras y a lo largo y ancho del callejón.
¡De aquí en adelante deben organizarse como comunidad
para evitar hechos como éste! ¡Los ciudadanos tienen que
cuidarse mutuamente, y mucho más cuándo se trata de los
menores de edad! ¡Todos somos responsables!
CAPITULO XLIII
NAVIDAD VENEZOLANA
Ya es casi media noche, el susto quedó atrás, fuera de
tiempo, es hora de construir, de crecer, de solucionar. En
torno a la mesa están reunidos aun los vecinos.
Afuera se hace repentinamente de día. ¡Un eclipse!
exclama Juan Manuel.
¿Eclipse? dice distraída la abuela Pancha, que no se ha
LA PIDE-PIDE MARTA CRESPO 110
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querido ir a dormir porque siente que ahora tiene más que
nunca energías para ayudar.
Baltasar se levanta y mira por la ventana, contempla la
estrella refulgente que los trajo hasta aquí. Se acerca al grupo,
y con autoridad, responsable, anuncia:
¡Es hora de partir!
¡Lo haremos juntos esta vez! Dice Melchor.
Fue la mejor aventura en busca del Mesías que hemos
hecho desde su nacimiento, hace muchos años. Confiesa
sincero Gaspar.
¡Un momento! Graciela y yo les queremos participar que
desde hoy, Román y Cipriano se quedan a vivir en nuestro
hogar. Ya estamos algo mayores, pero ellos nos darán el calor
de su juventud. Nuestros hijos están de acuerdo.
Dios les va a otorgar muchas bendiciones! Dice María
abrazándolos.
Los aplausos fueron generales, Juan Manuel, Francisca
que acaba de llegar, y Morela se ofrecen a ayudar.
Cipriano y yo estamos muy agradecidos de Dios. Esta
Navidad hemos recibido el mejor de los regalos, ¡Un hogar! y
le entrega a Gracielita el morral verde aceituna. Allí están mis
papeles. ¡Y los de mi mamá! ¡La Pide Pide!
Cipriano se levanta emocionado y abraza a los viejitos-
¡Y yo voy a ser mecánico como mi papá Luis! ¡Yo estoy
aprendiendo mucho con él!
¿De verdad don Luis?- Pregunta incrédula Morela.
¡Ese va a salir de aquí para La Nasa, porque me han
resultado muy inteligentes los dos!
¡Una bendición del Niño Jesús!- Responde la mujer.
El bebé pasa de brazo en brazo. Es un niño sano, vivaz y
gordito. Está bien cuidado y consentido.
Te acuerdas de colocarle el remedio en el ombligo, y
cuando se le caiga lo guardas. Morela iba a decir que para
hacerle un amuleto, pero recordó que era Jesús, El Divino
Niño que ha venido milagrosamente a cumplir una bella
misión a Guarerá, a una de las comunidades mas humildes y
más peligrosas de Venezuela.
Se despiden de los viajeros con abrazos y besos, los
hombres se palmean fuerte las espaldas, al estilo venezolano;
ya se habían preparado para este momento. La Estrella los
esta llamando para regresar al lugar del tiempo desde donde
seguirán año tras año recordándole al mundo la llegada de
Cristo.
María le pone en las manos a don Luis aquella bolsa llena
de billetes que una mujer le entregó en el mercado. La tenía
guardada mientras averiguaba su significado. Es mucho
dinero, Suficiente si se sabe invertir y administrar.
-Tome don Luis. ¡Es para asegurarle a Román sus estudios!
Se van alejando a lo largo del callejón 21 del barrio. Poco a
poco se han ido asomando todos los pobladores, algunos ven
a La Estrella, muchos se acercan con lágrimas de emoción,
otros tienen tiempo de despedirse de lejos, agitando las
manos o con pañuelos.
Al pasar frente a la casa azul con la mata de Falcón en el
jardín, María detiene al grupo y se dirige a la puerta, donde
está Nina asomada, junto a su batallón. María la abraza
tiernamente y le muestra a su hijo.
Nina sonríe, piensa en todas las cosas lindas que le han
ocurrido en su vida. Vale la pena vivir. Está feliz con su
mundo, compartido en mil pedacitos de cariño para todos.
Aunque nadie lo note por lo calladita que es. Abraza a la
muchacha y le dice,
Bueno pues, gracias por la compaña; y agrega ¡Tápale la
mollera, que se te puede resfriar!
¡Vamos a ser amigas por siempre Nina!
Don Luís los sigue un trecho, poniéndose las manos en la
boca para que lo escuchen bien.
¡Vayan tranquilos y tengan mucho cuidado! Siguiéndolos
¡Que el gran poder de Dios los acompañe!¡Mucha paciencia,
mucha paciencia!
MARTA CRESPO 112
Los presentes siguen sus pasos. Asintiendo a sus consejos.
¡Dale teta al niño para que crezca sano! Aconseja Gracielita.
¡Toma avena y atol, para que te baje bastante leche para
que el chino engorde rápido! Grita Morela.
¡Y no te serenes mija, mira que tu estás recién parida y te
tienes que cuidar! Aconsejó la abuela Pancha ¡José, póngale la
manta a María en la cabeza y tape al niño!
Sorpresivamente, y como un regalo divino, llegan los
Angelitos con alitas de mil colores y diferentes tamaños a
acompañar la dulce despedida, alegrando con sus cantos
dedicados al niño Dios esa noche decembrina.
Algunos rodearon a Nina, otros se acercaron a los vecinos
y vecinas, que con lágrimas de felicidad los reconocieron y
bendijeron. Entre todos aquellos angelitos de tan variados
tamaños y edades, se escapó una mariposa con alas
multicolores. Su presencia sorprendió al grupo. Y más aun
cuando se posó sobre la mano de Román, que con una amplia
sonrisa y mirada traviesa dijo: ¿Será que tú eres mi mamá? Y
la mariposa elevó su vuelo, no sin antes rodearlo varias veces.
Poco a poco el alegre grupo se va retirando.
-¡Que molleja de Navidad tuvimos éste año!- Exclamó
Baudilia.
- ¡Es que todito fue maravilloso!- Exclamaron con mucha
alegría, mientras corrían a sus casas riéndose porque un
fuerte aguacero los sorprendió, y los divinos visitantes
desaparecieron en aquella noche donde los truenos y las
centellas, la brisa y los goterones parecían mas bien una
armoniosa sinfonía de efectos naturales.
* * *
Los 500 ejemplares del libro
La Pide-pide de Marta Crespo
se imprimieron durante el mes de octubre de 2012
en Santa Teresa del Tuy, en los talleres del
Sistema Nacional de Imprentas Sede Miranda
de la Fundación Editorial El perro y la rana
y la Fundación Red Nacional de Escritoras y
Escritores Socialistas de Venezuela.




Marta Crespo
LA PIDE-PIDE
Cuento de navidad
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Maila Cios¡o (Miianda, 1953) Doconlo, diamaluiga foimada
on los lalloios ¡oimanonlos do Rodolfo Sanlana y Aimando
Uibina, on Cuaionas. Ha ¡ublicado Gucrcncs Ccstum|rcs q
1rcúicicncs (2000), || Scn Pcúrc úc Gucrcncs (2003), Ic Vicjitc úc
Gucrcncs ncq q sicmprc (2004), y Scn Pcúrc nizc c| Mi|cgrc. Ic|||crc
q 1rcúicicncs gucrcncrcs (2005), onlio olias obias do cionica,
folcloi y diamaluigia. Vaiias do sus obias so Ian llovado a
oscona. Ls Ialiimonio Culluial Vivionlo ¡oi ol IIC.
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SISTEMA NACIONAL DE IMPRENTAS
MIRANDA

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