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la muerte simbólica en el amor

La pérdida del amor y la muerte simbólica son el panorama ideal para los rituales de aceptación y desapego. ¿Qué pasa si, cuando experimentamos la muerte simbólica, hacemos a un lado nuestras reacciones negativas y nos limitamos a sentarnos con la pérdida y la contemplamos desde un lugar de no-pensamiento?
El amor romántico no es solamente un impulso básico de apareamiento o un impulso sexual, es un desbordamiento de energía y atención enfocado en una sola persona, y deja al enamorado en un estado de constante necesidad y limerencia: un estado involuntario de obsesión por ser correspondido. El amor romántico es un desequilibrio homeostático, una urgencia como la sed y el hambre que posee todas las características de una adicción: nos hace distorsionar la realidad, incursionar en riesgos enormes, tener síndrome de abstinencia y nos hace recaer una y otra vez. El amor se encuentra en nosotros, en todo el mundo las personas cantan, escriben y bailan por amor, cuentan mitos y leyendas acerca del amor, suspiran, viven, mueren y matan por amor. Antropólogos han encontrado evidencia del amor romántico en 170 sociedades y aún no han encontrado una sola sociedad que lo carezca. No solo encontramos el amor romántico en la evolución, la cultura, el arte y los medios, sino que su búsqueda está profundamente embebida en nuestro cerebro, en específico en el centro reptil del cerebro asociado con el deseo, la motivación, las ansias y la recompensa. Cuando perdemos nuestro sentido del yo por entregarlo a la persona de nuestro afecto, el mundo adquiere un nuevo centro y lleva el nombre de esa persona. Entregamos toda nuestra fe y toda nuestra creatividad al amor porque es ahí donde encontramos la promesa más palpable de que seremos salvados, en el amor buscamos la respuesta a nuestra contingencia humana aunque le resulte imposible resolverla. Experimentar el amor es lo más cerca que podemos estar de lo divino en carne, porque el amor es desbordarse en éxtasis, vivir en un constante arresto extático que asemeja un estado de iluminación. Por esa razón vivimos y morimos con la esperanza de encontrarlo, y una vez que lo hayamos, es casi imposible que alguien nos lo pueda arrebatar. Pero vivimos en la dimensión de la impermanencia, en un universo entrópico donde la condición es que toda forma se deteriora hasta que pierda su estructura y muera. Experimentamos la pérdida del amor como una muerte. Cuando perdemos el amor, perdemos la promesa de la eternidad, como bien dijo Jean Anaulh “Está el amor y luego está la vida, su mortal enemigo”. Dejamos que permanezcan en nuestro interior los fragmentos de la historia y la incomprensión del “Una vez fuimos todo y ahora no somos nada” el mundo del amor que construimos termina por ser una ilusión editada por nuestro fanerón (“organo” de percepción subjetiva de la realidad), y se transforma en un sueño-memoria que sigue viviendo en nuestra cabeza, tal vez idealizado por nuestros filtros mentales, corroborando lo que dijo Faulkner “el pasado no está muerto porque ni siquiera es el pasado.” Pero intentar olvidar a la persona que amamos termina siendo como tratar de recordar a alguien que no hemos conocido. Para poder superar estos efectos mentales, nos es necesario concebir a la pérdida del amor como una muerte simbólica. La muerte es inevitable para la existencia humana. A lo largo de la historia la muerte ha tenido una presencia simbólica. La palabra “símbolo” viene del griego sýmbolon, que consiste en σ υ ν -

ya que el agua es símbolo de limpieza y purificación. también existe una energía que se mueve para llenar nuestro vacío. se mueve cuando hay una apertura. El mismo principio funciona en la muerte simbólica. No estoy sugiriendo minimizar el dolor asociado con la pérdida del amor. y tenemos que ser flexibles para movernos en armonía con las olas del tiempo para adaptarnos mejor a los cambios que el momento nos puede proporcionar. un vació de obscuridad y desesperanza que bien describió John Steinbeck “es más obscuro cuando una luz se apaga que si ésta nunca hubiera brillado. Experimentar la muerte simbólica en nuestra vida tiene lugar a veces en tiempos inexplicables para nuestro ego. El proceso de duelo es a menudo tan real para la muerte simbólica como el que vivimos para una muerte física. Puede ser personificada como un “ser” místico. Esto me lleva a un punto importante sobre el significado de la muerte simbólica. Si consideremos la analogía del flujo del agua. Una corriente. la muerte simbólica es la muerte de algo intangible. o se convierte en una representación de la naturaleza dual de la existencia. con subidas y bajadas. A diferencia de una muerte física. hay que ubicarse al fondo del abismo durante un tiempo con el fin de ver nuestras circunstancias con claridad. no es más que una apertura para que nueva energía pueda fluir? Si interpretamos la muerte en el lenguaje del simbolismo. meses o años para que podamos interpretar algo como una oportunidad de renovación. Como tal.” La mayoría de nosotros. Aunque puede que no seamos capaces de comprender la muerte del amor y existan voces que nos empujen a seguir aferrándonos a él. tan dolorosa como sea. la pérdida podría decodificarse como un flujo energético que hace espacio para una transformación. es de conocimiento público que a veces nos tardamos días. Los símbolos y rituales determinados hacen que la muerte cobre un sentido de transición. nos da un ángulo en el que podemos ver una luz positiva en medio de nuestro deseo o pena por lo que hemos perdido. Cuando hay una brecha. pensamientos y fantasías que surgen y se desvanecen. pérdida de apetito y de sueño. o falta de resistencia y rellena las grietas de la superficie. Básicamente experimentamos una cacofonía en un caleidoscopio de sensaciones.(syn) “juntos” y β ο λ ή (bolē) “acción de”. por lo tanto. el curso de este evento está perfecta y cósmicamente coreografiado. pensamientos. Cuando el agua se mueve. Al observar la muerte del amor desde un punto de vista simbólico. se mueve para llenar un vacío. como un mensaje simbólico hablado desde nuestra pérdida del amor. porque solo cuando hemos perdido todo. fantasmas fugaces en el teatro cartesiano de la mente. El duelo se convierte en el proceso de experimentar los sentimientos. la culpa. significa “reunir”. Símbolo podría considerarse algo que tiene varios significados en una entidad. sociales y de comportamiento a la pérdida que puedan llegar a afectar nuestra disposición. Las reacciones de aflicción que experimentamos ante la muerte simbólica incluyen: la ira. la depresión y la búsqueda de sentido. estamos libres de tomar cualquier camino. al contrario … experimentar la muerte simbólica en el amor es un símbolo de cambio. reacciones físicas. Nos puede llevar al llanto. El tiempo ondula y fluctúa. Su significado va de la mano con el tiempo. a la sensación de volvernos locos o de entrar en un estado de shock. El sýmbolon griego se refirió específicamente a los objetos de la fe que conectan lo sobrenatural de la vida cotidiana a los puntos de una “realidad más profunda” La muerte se convierte en encarnación a través de símbolos y rituales. por ejemplo. ¿Qué pasa si la muerte simbólica. . (auto-incluido) tendemos a interpretar la muerte como una experiencia negativa.

no podemos hacer que el mundo deje de ser el mundo. ocurren transformaciones que nos permiten ver nuestras circunstancias con el fin de evolucionar. cuando suspendemos nuestra mente. que finalmente nos lleve al acto de la trascendencia… Twitter del autor: @BienMal_ . La muerte simbólica nos ofrece percepciones revolucionarias sobre la idea de la posesión y la renuncia. la muerte simbólica. hacemos a un lado nuestras reacciones negativas y nos limitamos a sentarnos con la pérdida y la contemplamos desde un lugar de no-pensamiento? A menudo.La pérdida del amor y la muerte simbólica son el panorama ideal para los rituales de aceptación y desapego. No podemos sostenernos sobre un mundo que está en constante cambio y transformación.” Tal vez la pérdida del amor. es el ensayo necesario para prepararnos para la muerte física. cuando experimentamos la muerte simbólica. y nos ubicamos en un lugar de no-pensamiento. ¿Qué pasa si. como nos dio a entender Shunryu Suzuki Roshi “La renuncia no es dejar ir a las cosas del mundo. pero aceptar que se van.