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Introducción

El Trastorno Bipolar es una condición


médica de la que en los últimos años se ha
dado a conocer con mayor frecuencia,
aunque la misma es un desorden
antiguamente conocido como el trastorno
maniaco-depresivo o la psicosis maniaco-
depresiva.
La bipolaridad es un desorden en la que el
individuo que la padece presenta unas
manifestaciones extremas de dos estados
de ánimo principales, las cuales se conocen
como el polo depresivo, y el polo maníaco o
de euforia. Estos estados de ánimo fluctúan
en la persona de forma cíclica e
inconsistente, en la que por momentos
sufre de una depresión grave o crónica, y de
repente puede presentarse totalmente
eufórico.
Uno de los indicativos principales de una
persona que padece de bipolaridad es que
la misma presenta estos polos de forma
extrema y exagerada. La persona puede
sufrir de episodios de depresión severa en
ciclos promedio de entre una a dos
semanas, y luego pasa a un episodio de
euforia extrema en ciclos de la misma
duración en promedio.
El diagnosticar esta condición en una
persona no es fácil, ya que los síntomas son
similares a las de otras condiciones del
estado de ánimo como lo son la depresión,
el trastorno obsesivo/compulsivo, entre
otros.
Estadísticas
Algunos estudios antiguos indicaban que
existía una alta relación de personas
bipolares en grupos de niveles altos de
inteligencia o en personas muy talentosas y
educadas. Sin embargo, no existe una
prueba certera para que este dato sea
cierto. Es muy probable que este mito se
haya manifestado debido a que se han
mencionado muchas figuras conocidas en
la historia y de la actualidad que pueden
haber padecido, o padecen de la condición.
Figuras como Abraham Lincoln, Beethoven,
Van Gohgh y otros, pudieron haber
padecido de este trastorno. Figuras de la
farándula local y políticos de la actualidad,
también se han mencionado como parte de
este grupo.
Síntomas
El Trastorno Bipolar puede ser
diagnosticado por un profesional de la
salud mental, como un psiquiatra. A
continuación detallamos varios de los
síntomas que se manifiestan tanto en el
polo depresivo como en el maníaco. Sin
embargo, es importante señalar que
solamente un profesional de la salud mental
puede hacer un diagnóstico exacto y
ayudarlo a recuperarse de esta condición.
Polo Depresivo

En términos generales, en este polo se


manifiestan los síntomas comunes de la
depresión, pero de forma intensa y
extrema. Los siguientes síntomas deben
estar presentes hasta por periodos de dos
semanas. Entre los más comunes se
encuentran:

Falta de interés o placer


Sentimientos de tristeza y vació constante
Irritabilidad en algunos casos (mayormente
en adolescentes)
Pérdida o aumento de peso significativo
sin dieta alguna
Cambios en los patrones de sueño, tanto
como insomnio o dormir demasiado
Lentitud en los movimientos y expresiones
pausadas
Dificultad para concentrarse
Fatiga o pérdida de energía, cansancio
extremo
Sentimientos de culpabilidad
Pobre autoestima, sentimientos de
minusvalía
Dificultad para tomar decisiones
Pensamientos de muerte y/o suicidio con o
sin plan definido
Polo Maníaco o Eufórico
En términos generales, en este polo se
manifiestan los síntomas de un estado
anímico anormal o persistentemente
elevado, al punto de que lo lleva a un grado
de irritabilidad e intolerancia por parte de
quienes lo rodean. Estos síntomas están
presentes mayormente en ciclos de por lo
menos una semana. Entre los síntomas
más comunes se encuentran:

Autoestima exageradamente alta, delirios


de grandeza
Poca necesidad de sueño (con dos o tres
horas de sueño la persona se siente que ha
descansado lo suficiente)
Hablar demasiado, de forma persistente
Expresión de ideas al grado acelerado en
que surgen los pensamientos
Distracción persistente, su atención se
torna en aspectos poco importantes
Aceleración exagerada en los movimientos
Incremento en actividades específicas al
grado de ser compulsivas, como lo son
eventos sociales, exceso de trabajo
Hipersexualidad, actividad sexual de forma
anormal y exagerada
Comportamiento hostil y/o violento
Realizar actividades en las que se puede
ver en dificultades o en peligro, como por
ejemplo, compras excesivas, despilfarro de
dinero, obsesión por los juegos de azar,
transacciones de negocios absurdas, uso
de drogas o alcohol de forma desmedida,
indiscresiones sexuales, entre otros
Existen otros "polos", dentro de los dos
más comunes descritos anteriormente, los
cuales se conocen como el polo
hipomaníaco y el desorden mixto.
El polo hipomaníaco es una antesala al
episodio maníaco o eufórico, aunque no
siempre se manifiesta en las personas
bipolares. Este estado usualmente dura
cuatro (4) días en promedio antes de que la
persona sufra de un episodio maníaco en su
totalidad. Los síntomas no se manifiestan
con la intensidad y profundidad del estado
maníaco, y no producen tantos
inconvenientes con las personas que le
rodean.
El desorden mixto es mayormente una
manifestación de ambos polos, creando un
ciclo rápido y de cambio abrupto y
repentino. En algunos casos, los cambios
entre un polo y el otro pueden ser de hasta
minutos. El tratamiento tiende a ser más
prolongado y complicado.
Afortunadamente, estos casos no son tan
comunes en comparación a las otras
características de la condición.
Es importante señalar, que muchas veces
los cambios de un polo a otro se relacionan
con eventos y fechas especiales como los
cumpleaños o aniversarios, o con
momentos de un significado simbólico
psicológico. También pueden verse
cambios por temporadas como los son
durante la primavera o el invierno.
Causas
Se han realizado muchas investigaciones
relacionadas al Trastorno Bipolar, aunque
todavía no existe una causa totalmente
definida para que surja.
En investigaciones realizadas se ha
determinado una relación entre la
deficiencia del Carbonato de Litio con la
bipolaridad. Esta sustancia puede ser una
de las causas de la condición cuando esta
sustancia neurotransmisora no se
distribuye adecuadamente a través de los
nervios en el cerebro.
Tratamiento
El tratamiento para el Trastorno Bipolar es
sumamente importante, ya que un
tratamiento deficiente o inapropiado puede
llegar a ser una de las condiciones
psiquiátricas más devastadoras y
catastróficas en la persona que la padece.
Gracias a las investigaciones y avances de
la medicina, el Trastorno Bipolar ya se
puede catalogar como una condición
tratable, y en muchos casos, la persona que
la sufre puede recuperarse totalmente y
volver a tener una vida plena y normal.
Existen varias alternativas de
medicamentos antidepresivos conocidos
como antidepresivos de la nueva
generación y los anticonvulsantes. Estos
medicamentos también se conocen como
estabilizadores del ánimo. Algunos
ejemplos son el Depakote, Tegretoln y
Neurontin. Mientras la persona sufre del
polo maníaco, se les recetan inductores de
sueño.
Carbonato de Litio
Los psiquiatras utilizan con mucha
frecuencia el carbonato de litio (un tipo de
sal natural) para el mejoramiento y el
control de los síntomas de bipolaridad, ya
que es una sustancia relativamente
económica, haciéndolo un tratamiento
accesible para las personas que sufren la
condición. Sin embargo, no se ha podido
probar a ciencia cierta que una deficiencia
de litio en sangre resulte en la causa
principal de bipolaridad. Una mera muestra
de sangre para determinar los niveles de
litio en una persona no es prueba suficiente,
ni tampoco la única fuente para diagnosticar
esta condición. Se requiere de un
monitoreo constante y pruebas de sangre
de forma periódica para poder determinar la
dosis necesaria que la persona necesita.
Es importante señalar que además del
tratamiento médico con medicamentos, es
necesaria la hospitalización en una
institución psiquiátrica durante las primeras
fases del tratamiento, dependiendo del
grado de severidad de la condición. En
algunos casos este factor es vital para la
pronta recuperación y para que el
tratamiento sea exitoso. Tampoco podemos
pasar por alto la ayuda y apoyo espiritual
que un sacerdote, pastor y/o ministro puede
proveerle durante el proceso de
recuperación. Una actitud y mentalidad
positiva, junto con una buena dosis de fe
pueden hacer la diferencia para una
recuperación total y completa.
Es necesario hacer énfasis de que el
tratamiento para combatir el Trastorno
Bipolar es un proceso a largo plazo y en
algunos casos, el tratamiento se requiere
que sea de por vida. La persona que sufre
de la condición comenzará a sentir una
mejoría considerable entre cuatro (4) a seis
(6) semanas luego de comenzar a tomar sus
medicamentos.
Como dato adicional, es importante
recalcarle al paciente bipolar que además
del tratamiento médico, es sumamente
necesario combinar los medicamentos con
la psicoterapia, tanto individual, como
grupal para que los resultados y la
recuperación sea más rápida y exitosa.
Aunque la psicoterapia no juega un papel
vital durante la fase mánica al comenzar el
tratamiento, sí es de mucha ayuda cuando
la persona está en la fase depresiva. A
medida que la persona va estabilizando su
estado de ánimo, la psicoterapia es
fundamental y una parte integral del
tratamiento. Con la psicoterapia la persona
bipolar puede recibir información,
orientación sobre su condición, así como
herramientas para identificar síntomas y
para manejar su comportamiento.
Como dato adicional, es importante
recalcarle al paciente bipolar que una vida
balanceada es sumamente importante,
saludable y vital en el proceso de
recuperación. Todo exceso es dañino para
la salud física y emocional del ser humano.
Evite el trabajar excesivamente, así como el
realizar cualquier actividad sin moderación.
Es importante tomar sus horas de descanso
y sueño en serio, comer saludablemente,
hacer ejercicios, hacer actividades
recreativas, disfrutar con sus familiares y
amigos, visitar una iglesia, orar y meditar,
entre otros.

¿Qué es ser bipolar?


Se considera que una
persona padece desordenes
bipolares si a lo largo de su vida
ha sufrido depresiones profundas
y al menos una vez ha pasado por
un episodio de "manía". Por
"manía" se entiende una
conducta fuera de lo común de
una persona en que actúa de
forma eufórica constantemente.
En esos períodos la persona
puede que gaste más dinero de lo
habitual, que compre cosas
innecesarias. También se
considera dentro de esta fase el
aumento de la irritabilidad y la
ausencia de sueño. Generalmente
en la "manía" el enfermo es
incapaz de controlar su
vertiginoso ritmo de
pensamientos. Se dice que no
conoce límites y desorbita su
propia capacidad. La depresión es
la otra cara del trastorno bipolar.
El cambio de una fase a
otra (de manía a depresión) es
variable y entre fases hay
periodos de estabilidad. La
frecuencia varía de una persona a
otra.
PERO NO ESTAS SOLO Al
trastorno bipolar también se le
conoce como enfermedad
maniaco-depresivo. Afecta según
los últimos estudios a cerca de un
2% de la población y no al 1 %
como se creía hasta ahora.
Para quienes padecen este
trastorno puede ser muy
perturbador. Pero tienes que
saber que no estás solos en estos
cambios de estado de ánimo.
TU NO TIENES LA CULPA
La bipolaridad suele
aparecer en la adolescencia o al
principio de la edad adulta,
aunque cada vez son más los
casos de niños que la padecen.
Esta enfermedad no depende de
ti. Es un trastorno que afecta la
habilidad para ser funcional en
las actividades de cada día.
Afecta el trabajo o los estudios, a
nuestras familias y a la vida
social. Hoy en día se sabe más
acerca de las causas y del
tratamiento de este problema
mental. Sabemos que hay causas
biológicas y componentes
psicológicos en TODOS los
TRASTORNOS BIPOLARES. Y que
la mejor forma de tratamiento es
la combinación de medicinas y
psicoterapia. Contrariamente a lo
que se creía hasta ahora el
enfermedad no es
exclusivamente bioquímica o un
desorden médico. (Mental Health
Net. MHN)
El Gran Acontecimiento:
Conseguir la remisión.
El más importante
acontecimiento relativo a la Salud
Mental del pasado año 2002, éste
sería uno que subyacía pendiente
y que se encontraba
prácticamente olvidado, uno que
pasó virtualmente desapercibido
en su momento pero que tiene
enormes implicaciones para el
futuro. Éste sería la inclusión de
esta frase en la Guía práctica
revisada para el tratamiento de
pacientes con trastorno bipolar
de la American Psychiatric
Association, publicada en abril de
2002:
“El tratamiento está
destinado a la estabilización del
episodio con el propósito de
conseguir la remisión, definida
como un completo retorno a un
nivel de base de funcionamiento
y una virtual ausencia de
síntomas.” La Guía continúa
citando la prevención de futuros
episodios como meta para el
tratamiento a largo plazo.
La Guía se hace eco de la
pionera Tima Bipolar Disorders
Algorithms, publicada en el
estado de Texas en octubre de
2001, que cita como su meta de
tratamiento “ la total remisión de
los síntomas- no sólo la
respuesta al tratamiento”.
En contraste, la Guía APA
de 1994 virtualmente nos hizo un
daño irreversible:
“Las metas específicas del
tratamiento son disminuir la
frecuencia, severidad y
consecuencias psicosociales de
los episodios y mejorar el
funcionamiento psicosocial entre
episodios. Algunos pacientes con
daños crónicos necesitarán
servicios específicos de
rehabilitación”
Como ironía, la puesta de
obstáculos al tratamiento se
produce en un momento en que
la psiquiatría está despertándose
para contemplar cuán enfermos
nos hallamos. En la Cuarta
Conferencia Internacional sobre
el Trastorno Bipolar en 2001, El
Dr. Robert Post de la Red Bipolar
de la Fundación Stanley observó
que el trastorno bipolar es más
recalcitrante al tratamiento de lo
que creíamos, y según el Dr. Mark
Bauer de la Universidad Brown,
en la misma reunión, 30 a 50 por
ciento de los pacientes bipolares
permanecen crónicamente
enfermos.
Entonces, ¿qué bien nos
hace una gota de agua en el
desierto? Uno, refleja las
elecciones de tratamiento ahora
disponibles, incluyendo
antipsicóticos atípicos para la
manía y Lamictal para la
depresión bipolar. Dos, por
diferencia a la antigua Guía, esta
se basa en el principio de que si
el tratamiento A falla, entonces
intentemos el B y sino el C hasta
que se llegue a un resultado
favorable (eso esperamos). En
términos no dudosos, la APA ha
advertido a sus miembros que
abandonarnos no es una opción,
a pesar de la severidad de
nuestros síntomas o los
tratamientos que hayan
fracasado en el pasado. En
esencia, nuestro derecho a
ponernos bien y permanecer bien
ha sido codificado, y en esta era
de costes ascendentes y servicios
que se deterioran no es un gesto
pequeño.
Nuevos tratamientos y la
expansión de conocimientos
pronto volverán esta Guía
obsoleta. Pero no hay vuelta
atrás del principio que la
gobierna de “lograr la remisión...
volver a los niveles básicos de
funcionamiento y ausencia virtual
de síntomas.” Por primera vez,
disponemos de un standard
mediante el cual podemos apoyar
a aquellos que nos tratan y
posiblemente asegurarnos de su
responsabilidad. Como se
desarrolle esto será la gran
historia de 2003 o 2004.
Desde el punto de vista de
las cinco historias principales que
se incluyeron en esta publicación
, el meta-análisis realizado por
July Kirsch-Moore de 47 historia
breves controladas como placebo
en ensayos de antidepresivos de
la base de datos de la FDA, era
claramente el estudio del año,
planteando serias cuestiones
sobre la efectividad de los
antidepresivos, la forma de llevar
a cabo los ensayos de
medicamentos, y el proceso de
aprobación de la FDA. Sí, los
antidepresivos probablemente
funcionen. El problema es que las
compañías farmacéuticas no
tienen medios fiables de
probarlo.

¿Qué es el trastorno bipolar?


El trastorno bipolar o psicosis
maníacodepresiva es una
enfermedad mental caracterizada por
una alteración del estado de ánimo
que se presenta en forma de ataques
o episodios de enfermedad que
pueden ser de manía, caracterizada
por una elevación patológica del
humor e hiperactividad; de
depresión, con tristeza o melancolía
patológicas y, ocasionalmente, en
forma de episodio mixto,
consistentes en una mezcla de
síntomas maníacos y depresivos.
Un aspecto muy importante a tener
en cuenta en este trastorno es que
tanto los episodios como el propio
curso de la enfermedad son
farmacológicamente modificables,
pudiéndose lograr en muchos casos
un control completo de la
enfermedad.
¿A que edad se presenta y con que
frecuencia?
Es una enfermedad bastante común,
estimándose que la prevalencia-vida,
incluyendo los dos tipos principales
(tipos I y II) es, según la National
Comorbidity Survey, del 1,6 , lo que
implicaría, trasladando estas cifras a
nuestro país, que unos 600.000
españoles van a sufrir la enfermedad
en algún momento de su vida. La
prevalencia-mes, según el Proyecto
ECA (Epidemiologic Catchment Area)
del Instituto de la Salud Mental
Nacional americano (NIMH), es de
0,4 , lo que se traduciría en 160.000
los españoles afectados en un
determinado momento. Pero si se
incluyesen las formas atenuadas de
la enfermedad había que considerar
unas cifras superiores (3,5 ). La
mayoría de las encuestas encuentran
una afectación similar en ambos
sexos. Su comienzo se sitúa
frecuentemente en el inicio de la
adolescencia o en los primeros años
de la edad adulta pero puede
aparecer también en la infancia. Es
rara su aparición por encima de los
50 años (antes de los 50 años han
aparecido el 90 de los casos). La
manía que aparece por primera vez
en la vejez suele tener un origen
orgánico.
¿Como evoluciona?
Una vez que la enfermedad aparece
existe el riesgo, ya para toda la vida,
de tener recaídas. El número medio
de episodios durante los 10 primeros
años de la enfermedad es de 4 y se
ha descrito un acortamiento de los
ciclos de la enfermedad en el curso
de su evolución. Un grupo de
pacientes, entre el 15-20 de los
atendidos en clínicas especializadas
de trastornos afectivos, sufren un
curso maligno de la enfermedad de al
menos cuatro episodios anuales. Este
curso llamado de “ciclos rápidos” es
sinónimo de mala respuesta
terapéutica y de cronicidad.
La duración de los episodios es muy
variable, de días a meses o incluso
años. Los maníacos son más cortos
que los depresivos. Sin tratar, los
primeros suele durar unos pocos
meses pero los depresivos pueden
superar los seis meses. La
recuperación suele ser completa,
pero en algunas ocasiones los
pacientes continúan manifestando
sintomatología afectiva de modo
persistente agotamiento físico. No
suelen darse cuenta de que están
enfermos, se sienten mejor que
nunca, no aceptan el tratamiento y
no entienden porqué los demás tiene
otra opinión sobre su conducta, lo
que les coloca en situaciones sociales
y familiares difíciles. En casos
severos puede haber síntomas
psicóticos (alucinaciones y delirios).
Episodio depresivo:
Se puede considerar la depresión
como el estado opuesto a la manía y
viene caracterizada por ánimo triste,
pérdida de confianza en sí mismo y
enlentecimiento mental
(bradipsiquia). Los pacientes tienen
la sensación dolorosa de ser
incapaces de sentir que sus
emociones se han secado y aunque
quisieran no pueden llorar. Abatidos
por sentimientos de culpa y
autoreproches pueden llegar a
suicidarse. Carentes de energía, los
problemas se hacen insuperables y
tienen dificultades en tomar
cualquier decisión. El pensamiento
esta retardado y la memoria
afectada. Se sienten cansados y
pesados. Algunos pacientes sufren
una intensa ansiedad y se muestran
inquietos o agitados. Frecuentemente
presentan insomnio en cualquiera de
sus fases, aunque en algunas
ocasiones existe hipersomnia.
Existen variaciones del humor a lo
largo del día y su deseo de
permanecer en la cama suele ser
intenso durante la mañana.
Hipomanía:
Es una forma de manía leve con
síntomas similares aunque menos
graves y con menor impacto en la
vida del paciente.
Estado mixto:
Se presentan síntomas de depresión
y de manía al mismo tiempo. El
paciente puede sentirse triste y sin
energía, pero al mismo tiempo
sentirse melancólico.
¿Cuantos tipos de trastorno bipolar
se reconocen?
Según el sistema clasificatorio más
ampliamente extendido, el DSM-IV,
distinguen los siguientes tipos:
Trastorno bipolar I:
El paciente sufre episodios maníacos
o mixtos y generalmente, además,
depresiones. Con haber sufrido un
único episodio maníaco el paciente
debe ser clasificado dentro de este
grupo. Los episodios suelen ser
graves y con frecuencia presentan
síntomas psicóticos (alucinaciones o
delirios) que plantean problemas
diagnóstico-diferenciales con la
esquizofrenia.
Trastorno bipolar II:
El paciente sufre exclusivamente
episodios hipomaníacos y depresivos
(no mixtos ni maníacos completos).
Los episodios hipomaníacos son
difíciles de reconocer y pasan, con
frecuencia, desapercibidos. En estos
casos, el paciente busca tratamiento
solo en las fases depresivas de la
enfermedad por lo que es tratado
exclusivamente con antidepresivos y
no con estabilizadores del estado de
ánimo como sería lo adecuado con el
resultado de un agravamiento del
curso de la enfermedad.
Ciclotimia:
El paciente ciclotímico sufre períodos
de síntomas hipomaníacos y
depresivos sin la suficiente gravedad
para poder etiquetarlos de episodios
hipomaníaco o depresivo. Tiene un
carácter crónico y cíclico y el riesgo
de asociarse a deterioro funcional,
comorbilidad (asociación con otras
enfermedades psiquiátricas) y abuso
de drogas que suelen ser el motivo
que lleva a los pacientes a solicitar
atención psiquiátrica.
Trastorno bipolar no especificado:
Es una categoría donde se incluyen
pacientes que parecen tener un
trastorno bipolar pero no reúne los
criterios de trastorno bipolar I, II o
ciclotimia. Aquí se incluirían las
denominadas “formas atenuadas” de
la enfermedad o lo que se ha
denominado como “trastorno del
espectro bipolar” caracterizado por
depresiones severas con algunas
características que lo harían incluir
entre los bipolares: pacientes con
antecedentes familiares de trastorno
bipolar, con historia personal de
manía o hipomanía producida por los
tratamientos, con episodios muy
recurrentes, con temperamento
hipertímico, características
depresivas atípicas (hipersomnia y
exceso de apetito), depresiones
puérperales, de inicio precoz...
Manía orgánica (debida a
enfermedad médica y uso de
sustancias):
En estos casos existen pruebas
procedentes de la propia historia, del
examen físico o datos del laboratorio
que permiten pensar que el cuadro
expansivo, eufórico o irritable del
paciente es una consecuencia
fisiológica directa de una
determinada enfermedad médica o
resultado de una intoxicación o
abstinencia por el uso de una
determinada sustancia. Suele haber
una relación temporal entre el inicio,
exacerbación y remisión de la
enfermedad médica o el consumo de
la sustancia y la alteración del
humor.

¿Cuál es la causa del trastorno


bipolar?
El trastorno bipolar es una
enfermedad de naturaleza biológica
compleja de origen familiar, donde
otros factores fisiológicos o
ambientales contribuyen a
desencadenarla: estrés ambiental,
falta de sueño, fármacos, drogas…
El factor genético:
Se considera que el trastorno bipolar
es de origen familiar como lo
demuestran numerosos estudios en
este campo: el riesgo de padecer la
enfermedad entre los familiares de
primer grado de los pacientes con
TBPI es 7 veces superior con
respecto a la población general y el
riesgo de padecerlo en un gemelo
monocigótico (aquellos que
comparten el 100 de los cromosomas
con su hermano) es 60 veces
superior a la población general y 3
veces más frecuente que en los
gemelos dicigóticos (solo comparten
el 50 de los cromosomas). Sin
embargo, la concordancia no es del
100 como debería suponerse si solo
las causas genéticas interviniesen en
la aparición del trastorno, lo que
sugiere que otros factores como los
ambientales (biológicos o no)
podrían interactuar con el riesgo
genético.
Se considera que la causa, como en
la mayoría de las enfermedades, no
se debe a un solo gen y se piensa en
términos de heterogeneidad
genética: diferentes casos pueden
transmitirse por diferentes
mecanismos genéticos, y, a veces,
necesitarse para su expresión
factores ambientales añadidos e
incluso haber casos sin
determinación genética alguna.
Estudios bioquímicos:
Las alteraciones genéticas serían las
responsables últimas de producir una
alteración en el balance de
determinados neurotransmisores
implicados en la regulación del
humor como son la noradrenalina,
acetilcolina, serotonina, GABA,
sustancias encargadas de transmitir
los mensajes de una neurona a otra
en los circuitos nerviosos que
controlan el estado de ánimo
(cerebro límbico).
Estudios moleculares:
Estudios más recientes han
encontrado disfunciones en los
llamados “segundos mensajeros”,
moléculas que se encuentran en el
interior de las neuronas y que una
vez activados por los
neurotransmisores, considerados
como “primeros mensajeros”, a
través de la proteína G (situada en la
membrana celular) producen
cambios tanto en la membrana
celular (capa que cubre la célula)
como en el núcleo (cetro de control
de la célula), acomodando el
funcionamiento de la neurona a su
actividad y cuyo desajuste
oocasionaría los cambios en el estado
de ánimo observados en la
enfermedad.
El factor ambiental:
Los pacientes bipolares son más
vulnerables al estrés ambiental tanto
físico (falta de sueño, cambios
estacionales, endocrinos (puerperio),
exceso de actividad, consumo de
estimulantes…) como emocional
(conflictos familiares, problemas
laborales…) y pueden precipitar
recaídas tanto maníacas como
depresivas.
Debe tenerse en cuenta que actúan
como factores desencadenantes pero
nunca constituyen la causa de la
enfermedad.
¿Cómo se trata el trastorno bipolar?
El trastorno bipolar es modificable
farmacológicamente y en muchos
casos se puede conseguir el control
completo de la enfermedad. Como se
trata de una enfermedad altamente
recurrente y crónica el tratamiento
preventivo indefinido esta casi
siempre indicado.
El tratamiento del trastorno bipolar
se puede dividir en tres fases o
etapas:
· Tratamiento de la fase aguda:
dirigido a resolver el episodio agudo
de la enfermedad
· Tratamiento de continuación:
dirigido a consolidar los resultados
del tratamiento de la fase aguda (ej.
evitar las recaídas)
· Tratamiento de mantenimiento o
preventivo: dirigido a prevenir
futuros episodios.
Modalidades de tratamiento:
· Farmacológico: necesario e
insustituible para todos los pacientes
· Educativo: consistente en ayudar a
los pacientes y familiares para
reconocer, manejar y evitar
complicaciones.
· Psicoterápico: dirigido a resolver
problemas y afrontar el estrés. Nunca
sustituye al tratamiento
farmacológico.
Los estabilizadores del humor (litio,
valproato, lamotrigina,
carbamazepina y/o
oxcarbazepina,),los neurolépticos,
preferiblemente atípicos, a los que se
empiezan a observar propiedades
estabilizadoras, y los antidepresivos
constituyen los tratamientos de
primera elección en el trastorno
bipolar. Otros fármacos, como los
ansiolíticos, se utilizan como
coadyuvantes para combatir
determinados síntomas como la
agitación, el insomnio o la ansiedad.
Tratamiento del episodio agudo
maníaco:
En la manía leve–moderada debe
intentarse la monoterapia con
estabilizadores del humor. Los
neurolépticos deben ser de elección
en la manía psicótica. Algunas guías
de práctica clínica empiezan a incluir
a los antipsicóticos atípicos como
monoterapia en la manía sin
distinción de subtipos. En Europa,
tradicionalmente, ha habido
preferencias por el uso de los
antipsicóticos sobre los
estabilizadores del humor en el
episodio agudo maníaco.
En La manía más grave, el
tratamiento será la combinación de
estabilizadores y antipsicóticos.
Puede ser recomendable, como
tratamiento coadyuvante para
mejorar la agitación y el insomnio, el
empleo de benzodiacepinas
(loracepán o clonacepán)
Tratamiento de la depresión bipolar:
El empleo de antidepresivos en la
depresión bipolar presenta el
problema de favorecer el viraje a la
fase maníaca y la recurrencia, hasta
el punto de habérseles relacionado,
principalmente a los antidepresivos
tricíclicos, con el curso de ciclos
rápidos por lo que su uso plantea
problemas de cuando introducirlo y
retirarlo. Por otra parte, deberá
tenerse presente la capacidad
antidepresiva de los estabilizadores
del humor, principalmente de las
sales de litio y la lamotrigina de las
que existen indudables pruebas de
eficacia antidepresiva por lo que se
elegirán estas sustancias como
tratamiento de primera elección. Si
ya estuviese realizando tratamiento
con el estabilizador del humor, un
ajuste de dosis podría ser la opción
terapéutica. Si se decide, debido a la
intensidad del cuadro clínico, que
debe introducirse un antidepresivo
siempre deberá administrarse, junto
al estabilizador del humor,
eligiéndose aquellas sustancias que
sean más seguras a la hora de evitar
los inconvenientes antes señalados
como los llamados inhibidores
selectivos de la recaptación de
serotomina (ISRS).
Medicaciones coadyuvantes:
Si la depresión presenta síntomas
psicóticos se añadirá al estabilizador
y al antidepresivo un neuroléptico
atípico (risperidona, olanzapina,
quetipina). En casos de insomnio o
ansiedad se añadirá una
benzodiazepina.
Tratamiento de continuación:
Es la etapa comprendida entre los 2-
6 meses después de la resolución de
los síntomas agudos y corresponde al
período que se supone dura un
episodio sin ser tratado. Constituye
una época de facilidad de recaídas. El
objetivo terapéutico es consolidar la
respuesta de la fase aguda evitando
la recidiva y el viraje a la fase
opuesta.
El tratamiento consistirá en
mantener el estabilizador del ánimo
empleado en el tratamiento del
episodio agudo durante toda la fase
de mantenimiento
En los episodios maníacos, la
medicación coadyuvante de
neurolépticos o benzodiazepinas se
irá ajustando durante esta fase a las
necesidades del paciente hasta su
retirada total.
En los episodios depresivos, el
mantenimiento de los fármacos
antidepresivos será más breve que
en las depresiones unipolares y no
deberá sobrepasar los 3 meses. Solo
en algunos casos, con frecuentes
recaídas depresivas, se intentará
mantener la medicación
antidepresiva unida a los
estabilizadores del humor.
Tratamiento de mantenimiento o
profiláctico:
Es la extensión del tratamiento
farmacológico con el objetivo de
prevenir la recurrencia. Los
argumentos a favor de una profilaxis
lo más precoz posibles son los
siguientes: el trastorno bipolar es
altamente recurrente y, una vez que
aparece, el riesgo de nuevas
recurrencias es de por vida;
conforme transcurre la enfermedad
existe una tendencia al acortamiento
de los ciclos (efecto kindling), a lo
que hay que añadir las consecuencias
dramáticas en la vida de los
pacientes que puede suponer un
episodio de enfermedad. También
habría que añadir el deterioro
cognitivo progresivo que ocurre en el
transcurso de la enfermedad, con la
aparición de nuevos episodios, y que
contribuyen al deterioro funcional del
paciente
En resumen, y en el estado de
conocimiento actual de la
enfermedad, se considera, por la
mayoría de los expertos, que la
profilaxis debería iniciarse lo más
precozmente posible, incluso desde
el primer episodio, opinión que cada
vez está más extendida.
Tratamiento farmacológico:
Los estabilizadores del humor son la
base del tratamiento preventivo. En
el momento actual, las sales de litio y
la lamotrigina son los fármacos con
mayor evidencia de eficacia. Los
anticonvulsivantes ácido valproico y
carbamacepina/oxcarbacepina son
fármacos ampliamente utilizados,
aunque no existen estudios
controlados de eficacia clínica
demostrada en la profilaxis. Sin
embargo, la eficacia antimaníaca, la
existencia de algunos estudios
positivos, la falta de respuesta y la
mala tolerancia de las sales de litio
en algunos casos han empujado a
utilizar los anticonvulsivantes como
la mejor alternativa posible como es
el caso del ácido valproico.
Tratamientos coadyuvantes:
Las benzodiazepinas, neurolépticos y
antidepresivos podrán introducirse
en casos de recaídas.
En caso de falta de respuesta se
pueden asociar varios estabilizadores
del humor.
Terapéutica electroconvulsiva (TEC):
Se trata de una modalidad
terapéutica segura, eficaz y rápida de
acción, con menor posibilidad de
producir viraje de fase ni
agravamiento del curso clínico pero
que está infrautilizada por la mala
imagen creada por determinadas
actitudes ideológicas psiquiátricas y
que tuvieron eco en la industria
cinematográfica de hace unas
décadas. Es de una gran
especificidad de acción en los
trastornos afectivos tanto en la
depresión como en la manía donde es
escasamente empleada. Debe
considerarse su aplicación en casos
de manía y depresión severas (Ej.
depresión con síntomas psicóticos),
de fracaso del tratamiento
farmacológico, de mala tolerancia
farmacológica, cuando el estado
médico del paciente no permita un
tratamiento farmacológico seguro y
en el embarazo.
Hospitalización:
En algunos casos el ingreso será
necesario sobre todo en los episodios
de manía. Se considerará el
internamiento en aquellos casos de
presencia de síntomas psicóticos
(alucinaciones y delirios), conductas
violentas, deterioro del cuidado
personal, conductas de riesgo
(conducta sexual, manejo de dinero)
escasa colaboración en el
tratamiento, consumo de sustancias,
falta de apoyo sociofamiliar o mal
control terapéutico de la enfermedad.
La falta de conciencia de enfermedad
obligará en algunos casos a realizar
el internamiento de forma
involuntaria.
Psicoeducación y psicoterapia:
Psicoeducación:
Debido a que la enfermedad dura
toda la vida, es importante que el
paciente y su familia sepan en que
consiste su enfermedad y como se
trata, por lo que es muy importante
que el paciente obtenga información
de todas las fuentes posibles (libros,
conferencias) incluida la información
dada por sus propios doctores o
terapeutas. Es importante que el
paciente aprenda a reconocer los
síntomas de inicio de una recaída,
que se le escuche cuando plantea
problemas con la medicación y que
pueda acudir a resolver cualquier
problema o cambio relacionado con
su enfermedad a su equipo
terapéutico.
La participación en asociaciones de
enfermos o familiares
maníacodepresivos también es de
gran ayuda.
El paciente debe aprender a reducir
el estrés y llevar una vida estable
que incluya el mantenimiento del
sueño, a llevar una actividad regular,
a no abusar del alcohol ni otras
drogas. También se debe prestar
apoyo a la familia y personas
cercanas al paciente.
Categoría: DEPRESION Y BIPOLARIDAD ¡
NO CONFUNDAS!
18 Junio 2006
Depresión y bipolaridad: ¡No los confunda!
EFE
Junio 14, 2006
Pedro llegó a la consulta del siquiatra,
acompañado por su pareja porque se sentía tan
mal que era incapaz de levantarse de la cama: No
tenías ganas ni fuerza para hacer nada, su mente
estaba poblada de pensamientos negativos y
tristes, las cosas que antes le ilusionaban y
estimulaban ya no tenían sentido, no veía
ninguna salida a su situación y su horizonte vital
era un árido y gris desierto.
Cuando el paciente explicó estos síntomas al
facultativo -y su acompañante corroboró que no
obedecía a ninguna causa objetiva reciente ni a
un hecho traumático como un duelo, divorcio o
fracaso laboral- el médico le diagnosticó una
depresión orgánica, y le prescribió una serie
ansiolíticos y antidepresivos, cuya dosis Pedro
debió variar paulatinamente para acostumbrar
su sistema nervioso a los fármacos.
Centrados exclusivamente en el cuadro depresivo,
el paciente no le contó al médico ni éste último le
consultó respecto de otros hechos anómalos. De
ser así, habría salido a la luz que así como ahora
se encontraba emocionalmente en un pozo sin
fondo hace unos meses Pedro había estado en
una cima sin límites, al vivir varios días de una
euforia incontenible, dominados por una enorme
actividad y energía, en los cuales se sentía capaz
de todo. publicidad
Durante aquella etapa de exaltación del ánimo,
que se prolongó durante varios días seguidos, el
paciente experimentó un aumento de su vitalidad
y actividad, tuvo un marcado sentimiento de
bienestar y un elevado rendimiento físico y
mental. También se volvió más sociable, hablador,
se comportó con una familiaridad excesiva, y
mostró un enorme vigor sexual y menos
necesidad de sueño.
Si se hubiera conocido ese episodio de hipomanía
previo al depresivo, su diagnóstico hubiera sido
diferente, no se hubiera perdido un valioso
tiempo para tratarlo adecuadamente, y se
hubieran ahorrado a Pedro las recaídas y
empeoramiento de la enfermedad mental que en
realidad sufría: un trastorno bipolar.
“Los psiquiatras deben acostumbrarse a pensar
que siempre que se encuentren ante un paciente
deprimido, después de descartar la organicidad
de la depresión, la segunda opción diagnóstica
imprescindible es el trastorno bipolar”, señala el
doctor Francesc Colom, del Hospital Clínico de
Barcelona.
Por ello recomienda preguntar siempre al
paciente y a sus acompañantes acerca de
episodios pasados parecidos a una hipomanía,
especialmente en pacientes jóvenes y “muy
particularmente en depresiones sicóticas, las
cuales suelen a evolucionar hacia un trastorno
bipolar”.
La información ayuda a la terapia
Además según Colom, en este tipo de pacientes la
sicoeducación ayuda a prevenir las recaídas, a
que presenten menos episodios de manía,
depresión o fases mixtas, y a que requieran
menos tiempo de hospitalización.
Asimismo “mejora el cumplimiento de la terapia
farmacológicas”, por lo que es partidario de
informar al paciente acerca de los pros y los
contras de los fármacos que debe tomar y discutir
las ventajas de tomarlos y los riesgos de no
hacerlo.
Los dos tipos más importantes de medicamentos
usados para controlar los síntomas del disturbio
bipolar son los estabilizadores de ánimo, como el
Litio, y los antidepresivos. Además se prescriben
otros medicamentos para ayudar al paciente con
el insomnio, la ansiedad, la inquietud, o los
síntomas sicóticos.
Según Colom, “la información no espanta a los
pacientes, sino que les anima a tomar bien el
fármaco. Además si el médico no les informa,
éstos tratarán de hacerlo por sus propios medios,
como Internet, ‘desinformándose’, al no ser
capaces de filtrar la información relevante de la
anecdótica o las fuentes fiables de las que no lo
son”.
El también conocido como trastorno maníaco-
depresivo, es una enfermedad mental crónica que
afecta a dos de cada 100 personas y es la sexta
causa de incapacidad en el mundo. Se caracteriza
por cambios de humor que van desde la
animación extrema (euforia) al decaimiento
(depresión), provocando en los pacientes ataques
de júbilo y euforia y, en el extremo contrario,
crisis de desánimo y desesperación.
Quienes sufren este problema presentan, durante
días, semanas o meses, períodos de pérdida de
interés en sus actividades habituales, falta de
concentración, alteraciones del sueño y del
apetito, pero también padecen episodios inversos,
hablan en exceso, gastan el dinero con profusión,
en fases que reciben el nombre de manía o
hipomanía, según su intensidad.

Enfermedad bipolar: la causa más


importante de discapacidad en el
mundo

Enfermedad bipolar: la causa más importante de


discapacidad en el mundo
El Pais de Madrid
viernes, 16 de junio de 2006
Se celebraron en Madrid las Primeras Jornadas
sobre Trastorno Bipolar. Allí se dieron cita
numeroso expertos de renombre internacional.
Durante el acto se abordó esta patología desde
una perspectiva global. Se considera que una
persona padece desórdenes bipolares si a lo largo
de su vida ha sufrido depresiones profundas y al
menos una vez ha pasado por un episodio de
"manía" —una conducta fuera de lo común de
una persona que actúa de forma eufórica
constantemente—; en esos períodos la persona
puede que incurra en enormes gastos o que
compre cosas innecesarias.
Psiquiatras expertos en el trastorno bipolar de
renombre nacional e internacional se dieron cita
en Madrid con motivo de la puesta en marcha de
las Primeras Jornadas sobre Trastorno Bipolar.
En la cita se abordó esta enfermedad desde una
perspectiva global. La iniciativa corrió a cargo de
la Fundación Mundo Bipolar, que, a su vez contó
con la colaboración de diversas industrias
farmacéuticas y otros organismos especializados,
y perseguía el objetivo de lograr un mayor
conocimiento de la enfermedad, sus síntomas y
sus tratamientos, así como luchar contra el
estigma, y proporcionar apoyo y pautas
psicoeducativas para mejorar la calidad de vida
de enfermos y familiares. Por ello los contenidos,
si bien serán enriquecedores para el sector
sanitario, también serán accesibles para el
público no especializado.
Se considera que una persona padece desórdenes
bipolares si a lo largo de su vida ha sufrido
depresiones profundas y al menos una vez ha
pasado por un episodio de "manía" —una
conducta fuera de lo común de una persona que
actúa de forma eufórica constantemente—; en
esos períodos la persona puede que incurra en
enormes gastos o que compre cosas innecesarias.
También se considera dentro de esta fase el
aumento de la irritabilidad y la ausencia de
sueño. Generalmente en la "manía" el enfermo
es incapaz de controlar su vertiginoso ritmo de
pensamientos. Se dice que no conoce límites y
desorbita su propia capacidad. La depresión es la
otra cara del trastorno bipolar.
Diagnóstico precoz
A día de hoy, esta enfermedad afecta en la
actualidad a un 2% de la población mundial y
ocupa el sexto lugar en la lista de enfermedades
incapacitantes en todo el mundo entre personas
de 15 a 44 años de edad. En España esta
patología afecta a unas 880.000 personas, sin
embargo, la mitad de ellas no lo sabe, porque los
síntomas de alarma suelen ser difíciles de
detectar y a veces se esconden tras la depresión.
Pero no solo eso, el diagnóstico se complica aún
más si la enfermedad ataca en edad temprana:
caben más probabilidades de ser severa,
excesivamente psicótica y de confundirse con
esquizofrenia. Estas son algunas de las razones
por las que la enfermedad puede llegar a
diagnosticarse correctamente después de 10
años.
La edad más probable para el comienzo de la
enfermedad es entre los 15 y los 19 años, si bien
también es posible encontrar casos durante la
niñez temprana o tan tarde como a los 40 ó 50
años. La detección precoz y la concienciación
social sobre la enfermedad, así como el
conocimiento de los síntomas, es muy importante
porque si el ataque de manía se detecta en una
etapa temprana, es posible "atajar" un episodio
fuerte. Además la enfermedad se puede controlar
de por vida con la medicación adecuada, como
hoy día lo hacen el polifacético presentador de la
CNN Ted Turner, o el afamado director de cine
Francis Ford Coppola.