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MATERIAL PARA EL TRABAJO EN LAS ESCUELAS PARA LA DISCUSION Y EL DEBATE

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UNA INSTITUCION ES UN VIAJE EN BARCO
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

Somos tripulantes de una embarcación que lleva consigo pasajeros que van construyendo y definiendo su propio rumbo, mientras navegamos un mar turbulento y cambiante. No somos nosotros los que definimos el viaje, aunque ponemos la brújula y el motor: son ellos. Vamos de una orilla cambiante a otras orillas y variados destinos. No todos quieren quedarse en la barca: muchos de los pasajeros están allí porque alguien les compró el pasaje o los obligó a subir a cubierta. Están allí pero quisieran estar en el mar o en alguna orilla. Nosotros somos los marineros, la tribulación que – además de acondicionar el barco y hacerlo avanzar resolviendo todos los problemas – debemos recorrer los asientos o los camarotes para aconsejar, convencer, ordenar, proponer, negociar. Tenemos un propósito compartido: que la barca y todos sus pasajeros lleguen al puerto anunciado (o al menos a algún puerto). No es tarea fácil y es compromiso de todos los días. No es raro que se produzca algún motín a bordo, provocado por pasajeros que quieren bajarse del barco o que discuten el destino del mismo. Este es un barco que admite polizones ( = persona ociosa, por alguna razón sube a un barco o un avión de forma clandestina), intrusos que suban al barco sin permiso, que se instalen en un camarote o lugar desconocido y que quieran hacer el viaje con el resto. No sólo los buenos barcos, los verdaderos barcos se ponen orgullosos cuando descubren polizones porque reconocen que algo los atrae a los mismos y están interesados en usar ese medio para llegar al puerto destino. Los que estamos en el mismo BARCO no siempre tenemos las mismas intenciones. Algunos se sienten parte de una misma tripulación y en buenos momentos o en noches tormentosas están siempre dispuestos a brindarse por los demás. Luchan, trabajan, aporta, se entregan, ponen todo de sí. Es verdad que la paga es buena, pero ellos lo hacen por otras razones y lo hacen por sus propias convicciones. Otros – en cambio - siempre esgrimen sus derechos, sus horarios, sus saberes, sus honores sin darse cuenta que el barco puede naufragar o encallar si cada uno no desempeña la tarea que le corresponde. Y están los que necesitan pelearse con todos, vivir de conflicto en conflicto, gozando con el malestar de los demás: estos son los más peligrosos porque terminan poniendo no sólo en riesgo el viaje, sino el mismo barco, y con él la vida de todos. Un viaje es siempre una aventura y es tal cuando se logra llegar a puerto, sanos, salvos… pero también satisfechos y felices. Y sobre todo, llegar con todos. Pasajeros y marineros no navegamos en los mismos barcos. Pero las conductas, las actitudes, los procedimientos de la tripulación se reproducen en todos los barcos. Los grades y los pequeños, los ricos y los pobres. Magníficos y miserables. Mientras el mar, las olas, el tiempo, el clima siguen su curso y nos amenazan…cada uno de los barcos dependen de quienes lo conducen.

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(1) Algunos de nosotros conducimos con esfuerzo UNA HUMILDE CANOA y tenemos a nuestro lado a los acompañantes que comparten el esfuerzo y los remo, o son inoportunos y molestos. (2) Otros somos marineros de BARCOS DE CARGA y allí el trabajo siempre es duro y las comodidades limitadas, y el único incentivo es el compromiso que asumimos (3) A veces nos toca ser los TRIPULANTES DE CÓMODAS EMBARCACIONES DE PASEO: modernas, versátiles, veloces. Sin embargo, aunque todo brilla y el diseño y la tecnología se ha encargado de amortiguar el esfuerzo, los pasajeros que transportamos tienen los mismos defectos y las mismas limitaciones: no todos están allí para llegar a la otra orilla, muchos piensan que se trata de un simple paseo, de un generoso fin de semana o de las deseadas y eternas vacaciones bajo el sol. (4) Y somos también los sacrificados tripulantes de UN BARCO PESQUERO que navega una y otra vez, tirando las redes para reunir a quienes están perdidos en el mar o son los náufragos de barcos averiados o sobrevivientes de caídas fortuitas, de accidentes o de abandonos: allí estamos haciéndonos cargo de todos, sabiendo que somos la última garantía de viaje y seguridad para los pasajeros. Llegaremos cansados, pero nuestra felicidad crecerá en relación directa al número de los pasajeros que hemos depositado en la otra orilla, superando la incertidumbre y la zozobra del mal peligroso y agitado y las noches de tormentas. (5) Y están los pasajeros, tripulantes, marineros de magníficos CRUCEROS y TRASATLANTICOS que son verdaderas ciudades flotante con todo el lujo, el esplendor, la riqueza, el placer y las más variadas tentaciones, en comodísimos camarotes y diversas ofertas para el entretenimiento de todos los viajeros. Un rol importante desempeñan el CAPITAN y los puestos de mando: son los que dan las órdenes, leen las cartas y los instrumentos, se manejan con sus GPS, escuchan los mensajes, toman las decisiones. Conducen y navegan el barco. Son los que pueden salvarnos o matarnos. Si entre ellos hay conflictos o falta de confianza es posible que todo comience a ser inseguro y que desorienten a los marineros y a los mismos pasajeros… UN CAPITÁN es una figura central y necesaria, pero se vuelve fuerte por su verdadera autoridad y ésta se sostiene por la presencia responsable de la tribulación, pero también porque es quien les otorga confianza a todos por la prudencia, la sabiduría, la seguridad, la solvencia con que se maneja. Siempre hay que aprender a ser buenos, mejores CAPITANES, MARINEROS, MIEMBROS DE LA TRIPULACION, LECTORES DE LOS INSTRUMENTOS, BUENOS INTERPRETES DEL CLIMA Y DEL TIEMPO, CONOCEDORES DE LA RUTA…y saber crear ese clima de confianza y entendimiento que es la garantía de cualquier viaje, de todo viaje… Hasta se necesitan expertos en buena onda, que vayan sembrando buen clima cuando comienza a surgir el malestar y el conflicto, la crisis y la desconfianza. Y no deben faltar las reuniones previas (antes de partir), las reuniones durante el viaje (para evaluar el proceso y corregir el rumbo) y las reuniones finales (de evaluación y síntesis de los recorrido) : las bitácoras deben atesorar todo esos momentos claves de la tripulación y del barco. A veces los BARCOS llegan a la orilla y no zarpan inmediatamente: es necesario que vayan a un dársena, a un amarradero y que se le realicen las tareas de reacondicionamiento y ajustes: soldar, pintar, arreglar, ajustar, rediseñar. También allí puede pasar que haya que recontratar a los marineros o desprenderse de algunos porque no se los considera aptos para los viajes futuros. Y hasta los CAPITANES pueden ser removidos, porque nadie tiene su lugar asegurado para siempre. Lo

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importante son el BARCO y sus PASAJEROS. Sin ellos, los demás no tienen nada que hacer allí: están a su servicio. Nosotros elegimos la embarcación o la embarcación es quien nos elige. Los pasajeros vienen con ella: están allí o salimos a buscarlos a la orilla o en las poblaciones cercanas. No podemos cambiar el mar, aunque podemos seleccionar las rutas. Haremos el viaje una y otra vez, año tras años, más de treinta veces. Y si al concluir nuestro periplo hemos llegado a la orilla, orgullosos y satisfechos de poder conducir a tantos, no habremos vivido en vano…

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