Ética de la libertad

Jorge Peña Vial Instituto Respublica Santiago de Chile, 2013 281 págs.

El libro que se reseña es una selección de doce ensayos, algunos de ellos publicados en revistas
filosóficas, y otros inéditos, que constituyen una colección destinada, como asegura el autor en el prefacio, a servir a la formación de líderes juveniles (cfr. p. 9). Jorge Peña Vial ha sido profesor de filosofía por más de treinta años, y estos ensayos son la expresión de un pensamiento maduro, personal y enérgico. No es un libro erudito; pero tampoco es meramente de divulgación. No está escrito en un lenguaje incomprensible; de hecho, es de fácil lectura; pero su público no es simplemente un lector inculto. En síntesis: el autor analiza de un modo sencillo problemas difíciles, pero es necesario hacer un esfuerzo de comprensión. Los títulos de los ensayos son sumamente expresivos: “Estrategias libertarias”; “Tolerancia y verdad”; “Heroísmo y utopía (o de la esperanza)”, etc. Ellos pueden ser leídos de modo independiente, pero presentan una unidad en torno al problema de la libertad. Sin embargo, es principalmente el ensayo VII, titulado “La contextura ética de la libertad”, donde vemos palpitar con más vigor el núcleo respecto al cual gira la obra. Para toda persona deseosa de lograr una buena formación respecto al problema de la libertad, es un agrado recorrer las páginas de este libro e ir asumiendo, una a una, las claves de orientación que nos regala Peña. He aquí algunas: “Los enemigos de la libertad ya no son las ideologías totalitarias, sino el uso cada vez más banal de una libertad abocada a bagatelas de poca monta y escasa proyección, el aburrimiento, el hastío, la anomia cultural y espiritual, la frivolidad y el conformismo” (p. 259)”. “La libertad se construye a partir de los constreñimientos y dependencias que experimenta, pero que a la vez, utiliza, transforma y orienta. Las definiciones de libertad que no tengan en cuenta estos determinismos y constreñimientos simplemente son vacías y utópicas” (p. 105) La obra de Jorge Peña es un valioso aporte, pues constituye una invitación a profundizar en este tópico del que se habla mucho pero se piensa poco. Así, por ejemplo, y a guisa de comentario, nos encontramos con denuncias como la del filósofo canadiense Charles Taylor, quien asegura que hoy en día la autonomía sigue siendo ese valor primordial del que emana la dignidad del hombre como lo habían fundamentado los modernos (paradigmáticamente, I. Kant); pero la fundamentación del regiomontano fue borrada de un plumazo, y por libertad se entiende ahora hacer lo que a uno le dé la gana (en términos kantianos en la heteronomía y no en la autonomía). Lo que cada cual decida mientras no dañe al del lado. “Lo que yo siento, lo que yo quiero, lo que yo elijo”. Es decir, esta postura sigue legitimándose a través del prestigio de la antigua noción de autonomía a la que, paradójicamente, traiciona en su contenido. La libertad tal como se entiende hoy en día es un concepto ilegítimo, un travesti de la autonomía en la versión kantiana. Y mientras no tenga su propia fundamentación racional, y deje de parasitar de la concepción que traiciona, no puede ser una justificación razonable para decisiones que se ciñen a la filosofía moral. Sin embargo, nuestro autor no pretende hacer un estudio de la libertad revitalizando las fundamentaciones modernas, sino que expresa con fuerza la tradición clásica de la que es portador (“La libertad es una propiedad de la persona y no el fundamento de su ser ni de su dignidad” p. 105). Así, y de la mano de una amplia literatura consultada (autores como R. Spaemann, P. Ricoeur, J. Pieper, L. Polo, etc.), Jorge Peña le añade a la filosofía aristotélicotomista una perspectiva que ayuda a obtener un mejor tratamiento del problema. El propósito del libro queda mejor iluminado cuando se advierte que esta colección de ensayos no es mero estudio sobre los fundamentos metafísicos o antropológicos de la libertad, sino que el motor desde el cual arranca el análisis debe remitirse a uno de los más grandes amores y preocupaciones de Jorge Peña: la educación, el cómo hacer un buen uso de la libertad. Ello queda expresado en frases del tipo: “la educación moral, en este sentido, consiste en aludir a los fines y despertar en el ánimo la ilusión de alcanzarlos. No se puede educar al que carece de ilusión, alegría o esperanza” (p. 261). “Lo que tenemos que aprender —lo que es especialmente perentorio en la educación de la juventud— es cómo elegir bien, sobre la base de juicios que sean

genuinamente racionales y genuinamente nuestros, de modo que nuestras elecciones contribuyan a desarrollar nuestras capacidades” (p. 149). Recomendar la lectura de este libro, sobre todo a la gente joven, es casi una obligación, debido a que el conocimiento superficial que se tiene de la libertad es lamentable, principalmente en una amplia porción de la sociedad contemporánea. Frente a tanto bodrio que se escribe y que surge de vez en cuando de labios de comunicadores sociales, esta obra que comentamos supone un aporte de gran valor a los estudios sobre filosofía moral.

Andrés E. Vergara Ross 990

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