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LUDOTYPO

Diseño gráfico, coordinación editorial:


Marie Gigi Jouanen Pérez

Fotografía:
José Raúl Pérez fotografitura.com
Jorge Durán

Primera edición, 2006


ISBN: 26092006
Universidad Anahuac
Maestría en Diseño Editorial
Av. Lomas Anáhuac s/n, Col. Lomas Anáhuac,
Huixquilucan, Edo. de México.

Reservados todos los derechos.


Prohibida la reproducción total o parcial
de la presente publicación, el almacenado o
transmisión por cualquier medio existente o por
existir, sin la previa autorización por escrito
de los titulares de los derechos.

Impreso en México.

índice
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19 Preámbulo
11 Presentación

Juego y azar
Juan José Arreola
Maria Teresa Pomar

Guitierre Aceves Piña

Jugar para la vida

El juguete y lo popular
El juguete como espejo
Los juguetes entrañables
29 Las voces del juego y el juguete
P R E S E N TA C I Ó N
María Teresa Pomar

Juego de Pelota, El juguete sin duda alguna ha existido desde los albores de la humanidad
Chichén Itzá, Yucatán.
y no es privativo de ningún país o cultura particular. Han variado sus for­
mas porque corresponden a la evolución de la sociedad ya que el juguete ha
estado ligado generalmente al entrenamiento y entretenimiento del niño
–hombre– para la subsistencia en su medio ambiente.
El juguete también ha tenido un significado ritual, por ejemplo en el
México prehispánico en determinadas ceremonias que hoy podríamos defi­
nir como equivalentes al bautizo, se ponían en las manos de los niños cosas
en miniatura, arcos y flechas y los implementos que se consideraban que
iba a utilizar cuando fuera mayor; a las niñas se les ponía entre las manitas
pequeños telares, metatitos o todo aquello que pudiera significar su queha­
cer cuando grandes.
Hay quienes se preguntan si hay alguna raíz prehispánica perdura en
nuestra juguetería. Se citan los hallazgos de un perro montado sobre una
plataforma con ruedas, así como algunas esculturillas prehispánicas con
perforaciones para que mediante un cordel tengan movimiento en brazos
y piernas. Estas conjeturas al igual que muchas de las costumbres y usos
prehispánicos no han sido suficientemente estudiados para llegar a conclu­
siones definitivas. Sin embargo existen numerosos documentos en códices
y esculturas sobre juegos colectivos, como en la cultura de los nahua el
llamado patolli (especie de parcasé) o el juego de pelota practicado por dife­
rentes grupos con variantes y que han llegado a nuestros días como: pelota
azteca, pelota mixteca, asimismo, el juego de pelota practicado por los hom­
bres y mujeres tarahumaras con variantes para ambos sexos. Los hombres
golpean con el pie una pelota de madera hecha a filo de machete para correr
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tras ella, las mujeres usan una bola de madera sólo contenga arena o guijarros; una niña en­ Se hacen tam­ pa­ra volarse en los meses airosos,
más ligera que lanzan con una especie de cu­ volverá amoro­samente en su rebozo un casco de bién muñecas con ves­ generalmente en febrero y marzo.
chara de largo mango llamado vigueta, también refresco o un trozo de madera, le dará un nom­ tidos que corres­pon­den a En las ferias realizadas con motivo
para correr tras ella, y usan otra diferente que bre cariñoso y hará realidad su ingenuo instinto los estratos sociales de los del día de muertos los niños
consiste en una varilla corvada en la punta con maternal. Estos juguetes son elaborados igual dife­rentes mercados adonde adquirirán o confecciona­rán
la que pescan un aro de varitas delgadas, forra­ por los niños del campo que de la ciudad; son va dirigido el juguete, así como trom­ ju­guetes relacionados con el
das con trapo, con el mismo propósito. efímeros porque la imaginación del niño pos, carracas, voladores, globos de hoja­ tema: calaveritas, entierritos
De estos juegos de los tarahumaras ya es tan exuberante que inventa nuevos la­ta, trenes, aviones, entre otros. de cabeza de garbanzo o sim­
hace mención Carl Lumholtz a finales del juegos a cada hora del día y las 4) El juguete colectivo, por ejemplo plemente con una caja de zapatos
siglo pasado. Podemos suponer que estos he­rra­mientas para complemen­ la piñata, o los juegos de entretención como la se lanzarán a la calle pidiendo “su calaverita”.
juegos provienen de la época prehispá­ tar su fantasía tienen que cam­ lo­­tería, serpientes y escaleras, la oca y los practi­ En las ferias de Semana Santa se producen
nica. De lo anterior se desprende co­ biar, desecharse y recrearse con cados al aire libre como la matatena que se juega matracas en diferentes formas; en septiembre,
mo algo muy seguro que la pelota acele­rada creatividad. con hue­sitos de chabacano pintados con anili­ con motivo de las fiestas patrias se elaboran con
de hule o hulli era a un tiempo un 2) Los juguetes que elabo­ nas de di­ferentes colores, las canicas, saltar la papel aglutinado y madera cascos de soldados,
juguete y un objeto ceremonial. ran los padres para sus hijos y cuerda, jugar pelota o competencias de trompos, cornetas tricolores, silbatos y espadines. Lo mis­
Igualmente entre los tara­hu­maras que están hechos generalmente yoyos, baleros, rayuela, etc., para no mencionar mo ocurre en las fiestas decembrinas en donde
se juega, con trozos de made­ra para que el niño se ejercite en sino los que requieren de algún objeto para los niños adquirirán silbatos, piñatas, figuras
marcados con cruces y puntos, la vida de su comunidad o de su practicarse. de nacimiento, etc. En diversas regiones del
el juego llamado “quince”. Pode­ etnia: pequeños arados, hondas Hace algunas décadas, muy pocas por cier­ país y para la celebración de Corpus Christi se
mos concluir que al igual que y resorteras para cacería; trampas to, se puso de gran moda en el mundo llamado obsequian juguetes en miniatura a los niños o
hoy existieron juegos colec­tivos para pescados; carritos can ruedas de occidental el reuso o reciclaje de algunos mate­ se ponen a la venta mulitas de varios tamaños y
que han sido transformados, han cor­cholata o trastecitos de barro, mue­­ riales; esto es algo que los arte­sanos jugueteros materiales; huacalitos cargados con traste­citos,
llegado hasta nuestros días entre ble­­citos y enseres domésticos que minia­tu­ mexicanos han hecho desde tiempos inmemo­ dulces o frutas, trajes de “indito”, pequeños
grupos indígenas. rizan los de la propia casa. riales. Como decía Diego Rivera, “con basura petates, huacalitos, bules y un sinnúmero de
Son variados y diferentes entre sí, 3) Los que tienen gran atractivo son los jugue­ son capaces de crear obras de arte”. objetos artesanales de juguetería.
los juguetes que se hacen en la actualidad en tes que los artesanos hacen para los niños del EI juguete popular mexicano artesanal está ¿Cuáles son las características generales
nuestro país, pero podemos hablar principal­ pueblo, que reúnen dos características básicas, confeccionado con materiales de costo ínfimo de los juguetes populares mexicanos?
mente de varios tipos de ellos: a saber; una gran honradez en su confección o de desecho. Las herramientas utilizadas para Ya hemos dicho que la primera es su
1) Los que están hechos por los propios ni­ y presentación, de manera que no se necesita hacerlos tienen también la característica de ser hon­radez intrínseca: la segunda su gran
ños, a nuestro ver los más importantes, porque destruirlos para saber como están hechos, y una fabricadas con ingenio por cada juguetero, con sentido imaginativo en formas y colores
conjugan de manera fantasiosa la vida de su materialización de los sueños del niño: más­ materiales al alcance de su mano. alegres comprensibles para el ni­ño,
en­torno: los niños atan un hilo a una lata de caras, caballos de cartón, silbatos, pequeños Los juguetes a los que nos referimos pre­ que contribuirán indiscutiblemente a
sar­dinas o a una caja de zapatos y se sienten instru­mentos musicales, flautas, tambores, sentan, asimismo, características de estaciona­ desa­rrollar su imaginación, su habilidad
gran­des transportistas aunque el recipiente alcan­cías, sol­dados de plomo, etc. lidad; es decir, los papalotes se confeccionan manual y su destreza en la vida.

Máscara para la fiesta patronal Avión de madera tallada y laqueada.


de San Francisco. Cuetzalán, Puebla. Olinalá, Guerrero.
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5) El juguete industrial; desgraciadamente de reproducir en pequeño el vestido de la re­ imaginación y con el juego. Es decir, que la mis­ mujer mayor que por medio de un hilo pueden
copiado, cuando no importado su diseño con gión de donde provienen, los rasgos físicos de ma muñeca puede adoptar la personalidad de tejer, revolver atole, aserrar madera; sería más
pago de regalías a firmas extranjeras, de formas las diferentes razas humanas, o bien conjugan una pariente, una amiga o una futura hija. largo que el cuerpo de este traba­
correspondientes a los desarrollos de otras cul­ ambas cualidades. En México algunas veces las En la actualidad el juguete popular mexica­ jo ha­cer un censo com­pleto de
turas y tecnologías. Las muñecas industriales muñecas populares están hechas a imagen y no esta siendo desplazado debido a los cambios la juguetería re­gional que se
generalmente tienen el cabello rubio y los ojos semejanza de los grupos en que se producen que sufre la sociedad, en los que influyen la produce en la actualidad.
azules, lo cual crea en la pequeña la concep­ción y están destinadas a acompañar a las niñas en propaganda comercial muy usada en los me­ Por ejemplo, en San Cris­
de que este tipo de belleza es el prototipo ideal. sus juegos. dios masivos de comunicación, que lleva a un tóbal de las Casas, Chiapas
Los juguetes altamente mecanizados con los Por los descubrimientos arqueológicos del consumismo que desgraciadamente está in­ se fabrican trompos, bale­
que el niño se conviene en un mero especta­dor Perú sabemos que las mu­­ñecas que se elabo­ culcando en los pequeños, y la ambición de los ros, equili­bris­tas, trépate
de los movimientos para los que fue diseñado raban con diferentes telas, se utilizaban desde padres de reflejar un status económico supe­ micos, palomas voladoras,
el juguete; los de contenido guerrero que pro­ la época prehispánica, lo que nos hace suponer rior al que en muchas ocasiones se tiene. que no tras­cienden a los
vocan en el niño instintos agresivos de acciones que en nuestro país también se conocían y se Los niños, especialmente en el ámbito ru­ mercados nacionales.
crueles; los juguetes monstruosos que alejan al confeccionaban. En la actualidad las muñecas ral, siguen adquiriendo alcancías de barro en Ahora bien, los ju­
párbulo del sentimiento de la belleza; los tan siguen siendo un juguete muy popular entre Tlaquepaque y Tonala y los mercados donde se guetes que fabrican
fuera de la realidad como los “súper héroes” que las niñas y se fabrican de muchos materiales: distribuyen figuras para adornar los nacimien­ las empresas
inducen al niño a correr graves riesgos. porcelana, materiales plásticos, cartón, madera, tos que generalmente son de Tlaquepaque y trasnacionales
Las muñecas están consideradas como ju­ barro, fibras semiduras como el hule, henequén que de hecho surten masivamente a todos los contribuyen a la
guetes para que las niñas ensayen, a tra­ o palma, cera o bule, algunas a nivel industrial mercados populares y tianguis del país; muñe­ pérdida de valores
vés del juego, su futuro maternal. Las en serie, y como ya dijimos, tipificando modelos cas, caballitos, judas y máscaras de cartón de culturales del
muñecas acompañan al hombre convencionales de otras culturas: cabello rubio, Celaya, Gto., juguetes de madera de copalillo pueblo ya
desde hace varios milenios y en ojos azules, etc., y otras hechas por artesanos, como boxeadores, chintetes, peleas de gallos, que no se
algunas culturas se relacionan madres de familia o por las propias niñas a incluyendo vaqueros, brujas, indios montados ba­san en los
con la fertilidad y sirven como veces imitando el vestido del medio en donde a caballo, que se mueven jalando un hilo, que ju­guetes tra­
fetiches para ceremonias má­ la niña se desarrolla y que le es familiar. Sin se distribuyen popularmente en todo el país, así dicionales de
gicas, ya sea para causar da­ duda las más populares son las que se con­ como cochecitos, mueblecitos y casitas de ma­ los me­xicanos.
ños, para curarlos a como feccionan con retazos de telas cuyo nombre dera de Apaseo el Alto, Gto. De hojalata, tras­
ofren­das propiciatorias. genérico es el de “muñe­cas de trapo”, que se tecitos, estufas, braceros, silbatos y rehiletes
En San Pablito Pahua­ venden en casi todos los mercados del país. pro­cedentes del Edo. de México y Michoacán.
tlán, se vis­­ten semillas de Algunos grupos indígenas de Canadá con­ También se inundan los mercados populares
maíz co­mo muñecos para feccionan muñecas sin cara de la misma forma con juguetes de madera, generalmente de mo­vi­
ofrendar a la tierra antes de la que las que se elaboran en la región otomí de miento: cochecitos, trasteros, guitarras, violines
siembra. Las muñecas adquieren Teomaya, México, con el propósito de que la niña y carretas, así como de Michoacán las guare­
además diferentes funciones: la pueda cambiar la cara de esta de acuerdo con su citas, muñecas que imitan los quehaceres de la

Muñecas de Trapo.
Mérida, Yucatán.
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¿Jugaré a ser ave o a que soy un pez?


Así por ejemplo, el tipo de muñecas preferida por cierto tipo de
público y que se producen por millones industrialmente y en

Estoy aburrido de las tardes sin brillo,


diferentes estilos, tienen ojos azules, cabello rubio y están a
la moda.
Hay jugueteros mexicanos capaces de dise­ñar líneas de
juguetes sencillos que podrían producirse a nivel indus­

¿qué puedo hacer?


trial, que con engranes de madera y cartón, hilos de costura

¿qué
y alambres unidos a una pequeña manivela logran mecanismos que
hacen que se muevan hasta quince figuras al mismo tiempo. También existe

Arrieta Munguía, Adriana. Poemas del sube y baja. México, D.F: Verdehalago Infantil, 2004.
la escultura en miniatura, rica en detalle, color e ingenio en la utilización
de sus materiales, se destacan Guanajuato y Salamanca por la creación de

puedo
nacimientos.
El arte popular mexicano, como actividad que se realiza dentro del nú­
cleo familiar, es un oficio que se aprende y se hereda de los mayores, ojala
que las empresas jugueteras nacionales basaran su producción en diseños
mexicanos ricos en color y formas inimaginables, que se heredarán a las
nuevas generaciones.

hacer?
Estoy aburrido de las tardes sin brillo,
¿qué puedo hacer? ¿Jugaré a ser ave
Carrito de madera tallada y laqueada.
Olinalá, Guerrero.
o a que soy un pez
Arrieta Munguía, Adriana. Poemas del sube y baja. México, D.F: Verdehalago Infantil, 2004.

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PREÁMBULO
Juan José Arreola

Enclavado en la Mi vida alcanza para haber visto juguetes preciosos de barro y de


Sierra Norte de
Puebla, Cuetzalán, cartón, desde caballitos sencillos con ruedas, de palo de escoba y mulitas
“Lugar de Quetzales”, de otate, hasta juguetes europeos que ya en siglos XVII y XVIII llegaron al
conserva celosamente
sus tradiciones. prodigio: muñecas animadas que sonreían y que caminaban. Yo creo como
el filósofo Johan Huizinga, que el hombre no sólo evolucionó por el trabajo
de sus manos y por su inteligencia sino por su capacidad de juego, por su
asombro ante el mundo: el homo ludens frente al faber, frente al sapiens.
0op Lo que llamamos cultura nace de una actitud de juego, una verda­dera
fundación porque el homínido, el prehombre, es más que una criatura ani­
mal. Por su pulgar oponible es capaz de empuñar objetos y aunque hay
monos que pueden hacer lo mismo la diferencia entre una acción y otra es
que el hombre la registra, no olvida que en un momento de peligro halló
un palo para defenderse de un animal que lo atacaba. El gorila o el chim­
pancé pueden tomar una rama y golpear con ella pero luego la abandonan y,
si en una situación igual no encuentran otra, están indefensos. El hombre
en cambio, se lleva el palo a su casa. Además, advierte que si se trata de un
objeto parejo, le resulta difícil manejarlo y entonces adelgaza la empuñadura
y engruesa el otro extremo, si es posible con aplicaciones de pedernal: crea
así un basto, un mazo para matar animales o para su defensa contra otros
hombres. Hay una lucha y un juego necesario, porque al hombre lo primero
que le importa es ponerse a tiro de un animal o acecharlo y sorprenderlo,
después empieza a convertir la cacería en juego mediante la destreza, la
habilidad por la práctica y el entre­­­­na­miento. El juguete y el alma nacen al
mismo tiempo, cuando un niño prehistórico ve a un hombre que talla un
pedernal o de una serpentina, astillándola, para obtener un objeto filoso que
le permita destazar un animal.
Cuando el niño juega a tallar el arma con un pedacito de piedra, su
propio juego lo va formando en el empleo de los instrumentos, de allí que
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un juguete típico haya sido siempre el jueguito de herra­ carpintería y el olor de las pinturas, olores que un niño reconoce sin
mientas. En el principio, el niño jugaba con bolitas olvidarlos nunca: el del cartón embreado y engrudado o incolado con
de arcilla, con bastoncitos, pegamento de madera de carpintería antigua. En el ámbito mexica­
mientras el adulto hacía ins­ el juguete da al niño la posibilidad no hay que hacer unas listas de juguetes capitales; hay algunos tan
trumentos mayores; en esta de manejar los elementos del mundo sencillos, tan hermosos y que ahora no lo son tanto por el tipo de las
etapa el niño, de pronto, le pinturas y de los mate­riales que se usan, como las culebras de pla­
descubre cosas al adulto: hacer una rayita en la tierra cas unidas con cordoncillo encerado y que al tomarlas con la mano
para unir dos charquitos, comunicar. El juguete da al ondulan, y los titeritos y las calacas del Dis­trito Federal que bailan.
niño la posibilidad de manejar los elementos del mundo Imposible hacer, en la brevedad de estas páginas, el catálogo total de
y el juego resulta gracioso porque es una imitación: la nuestros juguetes y de nuestra infancia.
niña hace de la muñeca una criatura; el niño, un carrito Yo puedo recordar lo que viví con
de un instrumento de trabajo. El juguete lo inventa un mi padre, que era agricul­
niño, el adulto se interesa y le ayuda a perfeccio­narlo, tor, ganadero y te­ imposible hacer, en la
luego éste se convierte en niño fabricando juguetes y níamos rebaños de brevedad de estas páginas, el
surge así la industrialización, la juguetería que llega a borre­guitos, de va­
grandes creaciones artísticas. cas con becerritos;
catálogo total de nuestros
Esto vale lo mismo para los juguetes mexicanos desde luego, él no juguetes y de nuestra infancia
populares, elementales, que son tan graciosos, tan be­ nació en ese medio,
llos, como las burritas de Santa Ana Acatlán que traen aunque ahí perdió la pequeña fortuna que pudo hacer.
panochitas, como llamamos a los dulcecitos en forma Si tenía una olla de tepache nosotros también teníamos
de pasti­llas aplanadas, de lentes redonditos. En los pue­ una ollita chica de tepache, es decir, el sentido de la
blos, al piloncillo le llamamos panocha; en el Distrito imitación minuciosa. Cuando se empezó a meter al
Federal no se puede porque es una palabra que campo nos compró caballos, yegüitas mansas y de poca
tiene connotación erótica, como ocurre en Vene­ alzada y mandó hacer para nosotros fustes pequeños
zuela, Colom­bia o Chile, que se ríen de nuestros y chicotitos y espuelitas y tacos en miniatura; esa mi­
dimi­nutivos: que Cuquita, que Conchita; pide uno ca­ niaturización del mundo, que tanto tiene que ver con
jeta en Buenos Aires y se espantan, pero esas panochitas de López Velarde en La suave patria: “cuando nacemos nos
las mulitas, con su muletero, esos monos de hoja pintados, regalen notas”. He ahí la idea de la canción infantil, que
tienden a desaparecer. Realmente en el trayecto del jugue­ es también un juguete sonoro.
te se han operado transformaciones dolorosas, hay una Mi hermano era un gran constructor desde niño; yo
gran decadencia en su diseño y acabado. me ponía a hacer una carreta y resultaba un desastre.
El mundo maravilloso de las máscaras lo cursé cuando Una vez, mi hermana mayor fue a consolarme: “mira,
era yo niño y percibía en el rostro, con nitidez, la separa­ ya es muy noche y no puedes apreciar bien cómo está tu
ción de tres olores: el olor del cartón, el olor de la co­la de carreta, tú ahorita la ves muy fea y estás decepcionado
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de tu trabajo de todo el día pero espera para mañana, la francesa, de lámina y hojalata litografiada: los automovilitos y los
si está mal, entonces la compones”. Al día siguiente, la trenecitos y las ruedas de la fortuna, que funcionaban con azúcar,
carreta estaba bien, mi her­ en vez de arena, en una caída sólida que hacía girar una ruedita de
mano la había arre­glado. ese universo del títere, marionetas aspas y de ahí poleas que subían y bajaban cosas y daban vueltas, toda
Hacíamos los dos, des­ viajeras, casi libres de sus hilos una maquinaria movida con medio kilo de azúcar en una tolva, que
de puen­tes colgantes hasta volvía con pérdidas mínimas una y otra vez, en una vana aspiración
construcciones circenses. En la escuela, que era un gran de movimiento perpetuo.
corral, jugábamos al circo en miniatura y ejecu­tábamos Aquello era precioso y hay que contrastarlo con el juguete elec­
actos de trapecio y de equilibrio. trónico que estamos viviendo, el nintendo es ya el acabose; el último
También me importa recordar ese universo trashu­ niño a quien regalé un ferrocarril muy bonito de control manual, ya
mante del títere, marionetas viajeras, casi libres de sus de plástico pero muy bien hecho, de modelo antiguo con sus grandes
hilos, como las de Enrico Podereca, que hicieron mara­ cables, me dijo de pronto que quería uno de control remoto. Yo me
villas y se presentarón en París, en Londres, Buenos niego resueltamente a que mis nietas o mis nietos jue­
Aires, México y llegaron a Guadalajara y un em­presario guen a tumbar aeroplanos o a capear niños que avien­
las llevó a Zapotlán a que conocieran más mundo. tan por una ventana. Yo creía que esos juegos estaban
La mejor ópera que he visto en mi vida fue con la fa­ prohibidos cuando me voy llevando un susto: en una
milia italiana de los Podereca: el padre, la madre y nueve tienda veo a un muchacho que empuña una pistola y le
hijos que cantaban y movían las figuras, era una familia tira a una pantalla y mata a una persona con un disparo
prodigio. Ver una ópera con Podereca era ver una ópera electrónico. Imagínense, pasan figuras y las van ma­
en serio con un vestuario portentoso aunque de jugue­ tando una tras otra.
te, teatro y cuentos verdaderamente mágicos porque los Además, hay una falta
trucos eran admirables y uno salía de esos espectáculos hay una falta de relación efectiva de relación efectiva entre
transfigurado. En México, el gran títere fue el de Rosete Aranda con entre el niño y su juguete el niño y su juguete porque
quien vi, en su época dorada, el mejor Tenorio que se pueda imagi­ el nintendo es el barroco
nar en un mundo extraordinario de color y forma. total, es un juego de abstracciones aun­
El juguete que llega a nuestros días encierra también una aven­ que haya figuras. Estas son casi símbolos
tura, una mirada hacía adelante, una nostalgia de futuro. Ahí están y rompen el vínculo mano-juguete-corpo­
la fabricación de los primeros autómatas y el orgullo del hombre de reidad. Todavía los niños estiman mucho
inventarse a sí mismo, la grandeza del mecano con el que se pueden los juguetes físicos pero ahora están en
armar estructuras diferentes y hacer grúas, puentes, casas y los aco­ derrota. Incluso, este tipo de juguetería
plamientos de madera de colores. Sin embargo, hay que decir que empieza a declinar: los autómatas ya no
ahora estamos viviendo la agonía del juguete. tienen un mecanismo de cuerda que re­
Por eso hay que mencionar la juguetería mecánica antes que llega­ lacionaba al niño con la maquinaria y por
rán a México la japonesa, la alemana, la norteamericana, la inglesa o ende con la vida misma del juguete.
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Una creación divertidísima es la de los motorcitos, sembrar; presenciamos entonces el milagro de la chía, que también
había calderitas de vapor en miniatura que producían está en López Velarde: en Semana Santa se hacían tapetes de costal,
energía y a las cuales se les se humedecían y se untaban con chía que, en el término de dos o tres
conectaba una banda para trenecitos, cochecitos, existentes días, brotaba hasta formar un verdadero pasto fragante que se ponía
mover juguetes. Claro, un desde que tenemos historia moderna al pie de los altares. Luego, se hacía agua de limón con chía y horcha­
error ahí provocaba una ex­ tas, también. Aparecían así las lágrimas de la Virgen, que eran los
plosión, el vapor es terrible, de modo que pensemos vasos con agua fresca y la gente pasaba por las calles preguntando en
mejor en otros juguetes: barquitos, trenecitos, cocheci­ puertas y ventanas: “¿No llora la Virgen?”, se decía. “Cómo no, hay de
tos, las primitivas carrocitas existentes desde que tene­ jamaica, de limón”. Uno se daba el lujo de tener ollas con agua para
mos historia moderna. obsequiar y todo el mundo en el pueblo pedía y recibía las lágrimas
La juguetería mexicana se basa en productos natu­ reconfortantes de la Virgen.
rales directos, en el tejamanil, en la hojalata pintada, en Jugamos así para saber más: el niño puede sortear
el arte de los tejidos, en cuerdas de crines para ciertos peligros, darse cuenta que se puede golpear con el mar­
violincitos. La música es muy importante, las guitarras tillo, rasparse con el serruchito o con una lima. Estos
que son preciosas, cornetas y flautas de barro y de ma­ útiles sirven para entrenar y para dar al alma de niños y
dera. En los juguetes, en esa relación entre la mano y el adultos el mayor de los dones: volver a crear el mundo,
instrumento, se expresa a plenitud nuestra cultura, que jugar en un mundito manejable y divertido.
para mí es la adquisición individual de los bienes uni­ Levantar los muros de
versales y lo demás son comportamientos, como ahora el juguete aporta a la civilización la utopía con piedritas aco­
con la computación, que en la tienda ya no suman las más de lo que creemos modadas, a la orilla de un
cifras ni hacen mecanizaciones sino que marcan 25, 25 laguito, bajo un inmerso
y 25 sin la operación mental. puente que comunica un charco con otro. Juga­mos
De hecho, la máquina de escribir ha afectado mucho al manus­ además para dominar el tiempo, para desafiar sus la­
crito. Recuerdo un verso de Pellicer que dice: “porque la sangre es berintos y obtener sus verdaderas joyas. Ese ha sido
fiel y es manuscrita”. Ahora, las personas escriben directamente en la nuestro ingreso al orbe espléndido de la relojería de
computadora y en la pantalla se forman los libros, si bien todavía hay figuraciones. El reloj es el gran juguete del adulto por­
artesanos que los hacen a mano, tipo por tipo. Aparte de ser un ma­ que en su máquina desde la más elemental a la más
nual de algo, el libro era un objeto manual que se había hecho a mano complicada, late también el corazón del hombre.
y que se tenía en las manos como un bien. El pocket book es la nega­
ción, una biblioteca de pocket books realmente no se puede sentir.
El juguete aporta a la civilización más de lo que creemos. No sólo
libera las fuerzas de la imaginación sino las de la vida misma ya que es
instructivo, enseña mecanismos que después le van a servir al adulto.
De niños jugábamos con araditos a hacer un cerco, una laborcita y
Enclavado en la Sierra Norte de Puebla,
Cuetzalán, “Lugar de Quetzales”,
conserva celosamente sus tradiciones.
LAS VOCES DEL JUEGO
Y EL JUGUETE
Gutierre Aceves Piña

N
ombramos juguete a los objetos realizados expresamen­ No conozco otro modo de
tratar las grandes tareas,
te para jugar, para divertir, para entretener a los infan­ que el juego.
tes. Juguete es un ornamento pequeño o persona o cosa Nietzsche, Ecce Hommo.

diminuta, incluso algo de poca impor­tancia. Cuando algo


o alguien está a merced de otro y lo obliga a plegarse
a sus deseos, le aplicamos también el calificativo
de juguete. Todos hemos jugado y sucumbido al
poder sugestivo de los juguetes. A nadie es ajena la
alegría de ejercitar los dones lúdicos, y cada uno puede,
por propia experiencia, hablar sobre juegos y juguetes.
Sin embargo, un hecho tan habitual, tan inherente a
lo cotidiano, pasa desapercibido a infinidad de adultos pues,
una vez rebasada la edad infantil, se pretende al juego ligado
al ocio y se le otorga un lugar limitado en la vida. Se piensa en
el juego como algo lejano a las prioridades de la existencia, se le
concibe más como una terapia, como una pausa en la aridez de la
rutina, como una tregua ante la responsabilidad y el esfuerzo por
la búsqueda del bienestar. Se olvida así la intensidad del goce.
Se puede llegar al extremo de entender el juego como un mal nece­
sario, como una fuga de la seriedad de la vida. El impulso lúdico consi­
derado coto de la infancia, pierde importancia en la medida en que se
acerca el tiempo de la “madurez”, signo inequívoco de que es momento de
sustituir la alegría del juego por la “alegría” del trabajo.
Tal vez no lo permitimos porque se considera que jugar es siempre tra­
to con “juguetes”, y éstos se abandonaron en la infancia. Los juguetes son
los instrumentos del juego, la encarnación de la fantasía, la manifestación
tangible del poder lúdico del hombre.

¿Por qué no dejar que el juego se convierta en un oasis de felicidad


que aparece en el desierto de nuestra brega por la felicidad?
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Juguete y ritual Debajo del Caballo de madera


Si bien no poseemos una información arqueo­ las serpentinas, el confeti y sobre todo, las piña­
lógica ni documental sufi­cientes para elaborar tas revestidas de luminosidad del papel de china
Está Troya
una refle­xión acabada sobre el juego y el juguete y embarazadas de sorpresas y golosinas.
en el mundo prehispánico, sí se tiene certeza de
que algunos juguetes populares actua­
Para recordar el cumplimiento de la prome­
sa de redención a través del nacimiento del
La mano de
les tienen su origen en el pasado
precortesiano o, más aún, de que
Niño Dios, se crean en Tlaquepaque, Ja­
lisco, figuras de arcilla que comienzan este niño
ciertas técnicas y mate­riales utili­ a poblar los mercados de todo el país
zados por los in­­dios han prevale­ desde la segunda quincena de no­ El bendito de un
cido desde la época vi­rrei­nal. viembre. Junto a pequeñas
A partir de la Colonia, el ju­ esculturas que aluden la cuarto minúsculo
guete y la litur­gia han marcha­ vida de Jesús, hay otras
do juntos, entretenimiento y
nueva fe se encuentran im­
que representan tipos
populares o evo­­­can es­ El césped o el
plícitos en los juguetes. cenas costumbristas.
Buen ejemplo de esto
es el inicio de los fes­
Ambas se reúnen en
los “belenes” que cada
camino de tierra
tejos del ciclo relacio­
nado con la Natividad de
fami­lia dispone de manera di­
ferente y en cuyo arreglo no falta
La delgada sombra de un patio
Jesús: Fray Diego de Soria, la inter­vención de los niños.
prior del conven­to de San Agus­
tín de Acolman solicitó al Papa
Desiertos y montañas, lagos,
casas y ani­­males que empe­
La mano de otro niño
Sixto V autorizara la celebración
de Misas de Aguinaldo 1.
queñecidos comple­mentan
este ambiente sin­gular en
La respiración de una niña
Este es el origen de las po­
sadas, celebradas los nueve días
que se sitúa el reper­torio
de tipos populares que in­ Una historia de
previos a la Navidad y en donde, lue­ cluye representantes de los más
go que la petición de los peregrinos es
satisfecha, son protagonis­tas los silbatos,
diversos oficios: ven­­dedores de
flores, frutas y verduras, leña y loza
magia sobre el árbol
Del que ha salido la madera
Para este caballo
1. Guillermo de Tovar de Teresa y Jorge F. Hernández rescatan este hecho en Página siguiente. Texto: Huerta, David. Martes.
1993, en el texto publicado en: Juegos y juguetes mexicanos. México: DINA- Poema de una semana y un día más de juguetes.
Fundación Cultural Cremi: 47-76. Representación de Rey Mago, Estado de Tabasco.
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40
J
41

El juguete como espejo

Además de estar entrelazado con el ritual y la edu­


Por ella
cación, el juguete popular es puente con la fiesta
profana. Encontramos juguetes que reproducen
subes,
fies­tas, diversiones y espectáculos exclusivos de los
adultos o de aquellos en que participan los niños:
feria, circo y títeres. En el estado de Guanajuato, en
Silao y en Celaya, se siguen elaborando en madera
de copalillo y pintados con anilinas, graciosas figu­
ras con movimiento: peleas de gallos, boxeadores y
toreros cobran vida al oprimir un botón.
por ella
Especial encanto tienen los maromeros al ejecu­ bajas,
tar las más arriesgadas suertes cuando se deslizan
por presiones con la mano sobre las delgadas ba­
rras de madera en que se hayan suspendidos. De
las ferias se imitan carruseles, ruedas de la fortuna
y volantines, como los terminados en laca del esta­
do de Guerrero.
Con cobre, chilte, plomo, madera, vidrio y barro
y tú la
se crea un universo miniatura hecho a imagen y tienes aquí
semejanza del modelo que refleja. En su diminuto
verismo, estos pequeños objetos atraen tanto la mi­ en casa.
rada y el tacto del niño como del adulto. Tan pronto
se convierten en preciados motivos de colección
como en la posibilidad de crear con ellos un mun­
do a escala en donde el niño señorea. Se les trata
con el mismo afecto con que usamos el diminuti­
vo en la palabra. Se manipulan con sumo cuidado
rope­ros, mesas, sillas, va­ji­llas y demás enseres que
conforman el menaje completo de la casa de mu­
ñecas. Lo mismo suce­de con las pequeñas herra­
mientas y animales de plomo que el niño guarda
como amuleto.
sonríe
Segura de ser

en la hoja,
J
37

Los juguetes entrañables

El marionetero

El escr ibiente congrega Las palabras


Otros juguetes de mayores dimensiones están verda­dero del niño. Lobo, conejo, chango, pa­
emparentados con la miniatura por el carácter ya­so o calavera son otras facetas de la palabra
La que sus pasos ordena especial que el niño les con­fiere. Las alcancías yo. Walter Benjamin considera que el alma del
patea

de barro, ya con forma de puerquitos, ya de fru­ juego es la repetición, que nada hace mas feliz
tas, que le permiten aho­rrar para adquirir una al niño que el “otra vez”: “el oscuro afán de
marioneta za

nueva fantasía. También resultan entrañables reiteración no es menos poderoso ni menos

?
los caballitos de madera, cuyo inagotable balan­ astuto en el juego, que el impulso sexual en
diseña ceo conduce al viaje de la imaginación, lo mis­ el amor”.2
mo que aquellos que de caba­llos solo tienen la Juguetes como el yoyo, las canicas o el ba­
cabeza, con su peculiar aroma a cartón y “cola”, le­ro, implican jugarlos repetidamente. Poder
L a

contentos con su cuerpo de vara o carrizo sobre sentir con emoción el giro vertiginoso de un
os

el que los niños cabalgan. trom­po en la palma de la mano se disfruta una


Qué mayor alegría que elevar un papalote, y otra vez. De la misma manera se goza con el
u

¿acaso es él que
S

sentir el viento en la mano y oírlo zumbar con triunfo sobre el contrincante: lograr sacar del
de

sus ligeras cabriolas. Qué sonido incomparable círculo el trompo “dormido” del adversario con
Arco ir is

el del tambor de hojalata. Qué emoción retener, un certero golpe es una experiencia que se de­
tras un ardid, el dedo de una niña con un “pesca­ sea refrendar. Lo mismo sucede con la suerte
novia” tejido de palma. de balancear el trompo en la cuerda.
Con sus cuerpos de los más variados mate­ Son famosas las pirinolas, los trompas y ba­
ria­les, los títeres —tanto aquellos que se ajus­ leros torneados de Michoacán, decorados con
tan a la mano como un guante como los que vivos colores. Estos juguetes aparecen de ma­
re­quieren de hilos invi­sibles— provocan senti­ nera periódica, lo mismo que las canicas, pues
mientos especiales en niños y adultos. Los mun­ aún conservan la cadencia de un antiguo calen­
dos creados por un titiritero dejan un recuerdo dario cuyo significado se ha perdido.
perenne en quien los contempla; son prover­
biales los de Rosete Aranda, de ellos sabemos a
pesar de no haber alcan­zado la dicha de verlos,
a pe­sar
sin embargo perduran en la memoria colectiva
sus óperas y sus recreaciones sobre la historia
de ello, estos juegos
nacional. Las olorosas máscaras de cartón se un­ siguen añadiendo a
tan a la cara para jugar a ser otros o quizá, más las estaciones del año
certe­ramente, para permitir que emerja el rostro un carácter lúdico.

¡ qué sabe ella

decide !
quién es el que
2. Walter Benjamin, 1974. Reflexiones sobre niños, juguetes, libros infantiles,
jóvenes y educación. Buenos Aires: Nueva Visión.
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Jugar para la vida

No podemos confinar los juguetes populares sólo


al campo del entretenimiento pues, además
de esta función primordial, los artesanos
han tendido con su producción un puente
entre el niño y la religión, y otro entre el
niño y la educación.
Qué mayor lección de civismo que
la expresada en los juguetes septem­
brinos: pelotas tricolores con el es­cudo
nacional, diminutas banderas, rehiletes
que funden los colores patrios en el vértigo
del giro, aros de hojalata que entrela­zándose
crean un movimiento esférico al ascender, im­
pulsar nuestros dedos por una espiral de alambre.
Qué decir del aprendizaje que reciben los niños al usar
juguetes que prefiguran su futuro papel como adultos.
Muñecas y utensilios de cocina alertan a la niña su fu­
tura condición de madre y ama de casa.
Para modelar el carácter y las aspiraciones de los varones están
diversas herramientas de trabajo, los ejércitos de plomo, así como las
ingeniosas pistolas y rifles de madera que activan su detonación por
medio de una liga.
La pasión por el progreso, la fe en la ciencia, la certeza de que la
tecnología nos hará mejores, comienzan también con los juguetes.
Los tiempos modernos empiezan a proliferar en lanchas, trenes, auto­
móviles y aviones concebidos en los materiales que dicta la tradición:
madera, barro y hojalata. Los aviones hechos en el estado de Veracruz
con palma tejida y tenida de anilinas, por la ligereza de su peso siem­
pre evocarán el vuelo.

Huerta, David. Lunes.


Poema de una semana y un día más de juguetes.
Museo José Luis Cuevas, México, D.F., 1993.
J
34

para la comida; tor­tilleras y molenderas; charros, durante el periodo reflexivo en la Cuaresma,


arrieros, talabar­teros, neveros, etcétera. el Sábado de Gloria aparecen las matracas de
Estas figuras que suceden el ánimo de ni­ madera y las sonajas de hojalata, así como los De tín marín
ños y adultos proponen, por un lado, el carácter judas de cartón que al estallar alejan la angus­
edificante de los temas religiosos y, por otro, el
naturalismo de unas esculturillas que atrapan
tiante monotonía del periodo anterior y hacen
patente la alegría par la Resurrección. de do pingüe
cúcara,
la mirada gracias a su minu­ciosa descripción De Santa Ana Acatlán, Jalisco, proceden mu­
de la realidad. Pasada la Navidad, el 6 de ene­ ñecos y mulitas elaborados con hojas de maíz
ro es el día en que los niños reciben juguetes. pintadas con anilina, que se venden el Jueves
Se conmemora la visita de los Reyes Magos al de Corpus, como parte de la fiesta que celebra

mácara,
recién nacido. Guiados por una estrella, Mel­ la presencia de Cristo en la Eucaristía.
chor, Gaspar y Baltasar acuden a rendir tributo La que mas asombra a los ojos extranjeros,
al Niño Dios, visitando de regreso a los peque­ es la juguetería popular que se produce para
ños a quienes premian con regalos por su buen los días de Todos los Santos y de los Fieles
comportamiento durante el año. Difuntos. A una mirada ajena puede parecer

títere fue,
El goce comienza des­de los preparativos, los sobrecogedor que un padre obsequie a su hijo
niños corresponden a los Santos Reyes pastura una cala­vera de azúcar can el nombre del in­
y agua para sus cabalgaduras, y un za­ fante inscrito en la frente.
pato para que en él se depositen los En esa misma época, los artesanos confeccio­
regalos: espadas de madera, carritos, nan con los más diversos y humildes materiales,
pelotas, cascos, y para las niñas, las múltiples figurillas de esqueleto que reproducen
infaltables muñecas que pueden las actividades de los seres vivos. Al comer los
ser de trapo o de cartón, como panes y dulces en forma de calavera, se ahuyen­
las elaboradas con molde y ta el lado sombrío de la muerte. Muy queridos
pintadas al temple en Ce­
laya, Guanajuato. Lue­go
de la austeridad y abs­
por el pueblo son los ataúdes con sus respectivos
esqueletos los cuales, al activar sencillos meca­
nismos, mas que asustar, provocan sonrisas y
yo no fui, fue teté
tinencia de placeres sorpresas al verlos resucitar repentinamente.
pégale, pégale
que ella fue.

Calaca de papel aglutinado.


Ofrenda de muertos, Estado de Michoacán.
LO
TE
cantada
Ficha


vuelve
no se

A
a

cantar ...
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46

Juego y azar

EI azar interesa al científico para practicar la ley de las


probabilidades. La genealogía de estos juegos tiene una
liga indisoluble can procesos adivinatorios. A los niños
los hacen felices de otra manera. Estar sujeto a un resul­
tado indeterminado y sin capacidad de practicar alguna
estrategia que posibilite que “la estrella” sea nombrada
antes que “la rosa”; al “valiente” adelantarse a “la bande­

L a lotería es de origen europeo. ra”, a que la salida del “sol” permita colocar el frijol que
Se jugaba en Francia, Italia y Es- llena la tablilla: ése es el goce de “la lotería”. Renunciar
a la habilidad y ajustarse a los rigores de la suerte son
paña, de donde llegó a México en el
las normas de esta señora de las ferias.
siglo XVIII. Hoy sigue siendo un juego
El vuelo de “la oca” también es el vuelo del azar. Su
muy popular en México. La lotería es
travesía está regida por los puntos obtenidos al arrojar
un juego de salón. Consta de 54 imá- un par de dados. En el juego, los contrincantes están en
genes y por lo menos un tablero para igualdad de circunstancias pero, ¿quién a qué fuerza
cada jugador, en el que aparecen or- determina que “la oca” repose en la casilla del bufón, en
denadas 9 ó 16 imágenes diferentes la del elefante o en la del temible laberinto?
entre sí, las cuales corresponden a las “Serpientes y escaleras” cumplen otro itinerario
que tiene el gritón, quien toma una determinado por el azar y la suerte. Otra vez
por una cada carta que va saliendo y la los dados deciden el destino del jugador que se
canta, mientras que los participantes somete alternativamente a la embriaguez del
van marcando cada una de las imáge- ascenso y al vértigo de la caída.
Si al azar sumamos estrategias, como en
nes cantadas cuando corresponden
el “domino”, el jugador tendrá mayor injeren­
a las de su tablero, hasta lograr la
cia en el posible triunfo, según su experiencia
meta acordada en cada juego. Esto es y sagacidad para retener a soltar las fichas en
porque al principio de cada partida, el momento ade­cuado. Para los niños, los hay
pequeñísimos, como los hechos en hueso por
artesanos guanajuatenses, que permiten jugar
una partida en la palma de la mano. A continuación
se transcriben algunos versos usados para cantarla que
son muy conocidos y amenizan el juego:

Arrieta Munguía, Adriana.


Poemas del sube y baja.
México, D.F: Verdehalago Infantil, 2004.
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El que a gran árbol se arrima, que se cuide del pájaro mión...

el Árbol
Con los cantos de sirena hasta el marino se va a marear...

la Sirena
La dama se menena al paso, como chocolate de estación...

la Dama
El que espera, desespera o se casa con doña Espera...

la Pera
Tanto bebe el albañil, que quedó como el barril...
los jugadores determinan el objetivo
es­pecífico. Por ejemplo: acuerdan que

el Barril
ga­narán las cuatro esquinas y el centro,
o una línea vertical, una diagonal, una
Don Ferruco el elegante su bastón quería tirar...
horizontal, una combinación de varias o
el Catrín
O me lo das o me lo quitas o p’a mejor me-lón...
el tablero completo. El primer jugador
que logra el objetivo grita LOTERÍA y,
el Melón
Para el sol y para el ¡aguas!...
en seguida, se procede a verificar que
las imágenes cantadas corresponden a
el Paraguas
Pórtate bien cuatito, si no te lleva el coloradito...
las del tablero del jugador.
El gritón ideal de lotería es alguien que

el Diablito
Súbeme paso a pasito, no quieras de un brinquito...
lo hace de manera divertida y rápida y, en
principio, cumple con la regla de oro del

la Escalera
La mujercita del borracho...
juego: “Ficha cantada no se vuelve a
cantar”. El juego requiere de concentración

la Botella
Matas al tigre y le sales huyendo al cuero?...
por parte de los jugadores y de rapidez
por el “gritón”. En la página izquierda se

el Valiente
El que le cantó a San Pedro, no le volverá a cantar...
transcriben algunos versos que son muy
conocidos para cantarla ...

el Gallo
Ponle su gorrito al nene, no se nos vaya a enfermar...

el Gorrito
Enel
cristal de una burbuja
la tierra entera

¡plop!
se refleja

otro planeta cesa


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53

El juguete y lo popular

En México, uno de los renglones más fasci­ ca con materiales toscos, así como su capacidad
nantes del arte popular sigue siendo la ju­ de aclimatar modelos extraños a sus propios
guetería. Sin embargo es difícil delimitar sus recursos. También los distingue la armonía de
fronteras: como aventurar una definición que sus fuertes colores y la variedad de sus formas.
aprehenda toda la variedad de juguetes llama­ Su bajo precio y el tiempo que emplea el arte­
dos populares; como saber el momento en que sano para elaborarlos, cualidades del jugue­te
la sonaja deja de ahuyentar los malos espíritus popular que se revierten negativamente, pues
que merodean al niño para dedicarse al halago propician que este tipo de producción tienda a
de sus oídos; como clasificar aquellos juguetes desaparecer en el curso del tiempo.
que nombramos populares y en realidad fue­ Más allá del entretenimiento y la recreación,
ron, como menciona Walter Benjamin, “bienes el juego y el juguete permiten divertirnos, es
culturales de una clase dominante, que han decir: seguir otro cauce, separarnos, apartarnos
naufragado y renacen al ser recogidos por un de las actividades consideradas como primor­
grupo social mas numeroso”. 3 diales y necesarias, para favorecer aquellas en
Dado el carácter anónimo del arte popular, sí mismas placenteras y libres de finalidades
encontrar los modelos propios y los adoptados precisas.
es parte de una historia aun par escribirse: la Las intenciones educativas o rituales que se
historia del juguete en México y no de México, imponen al juguete no son obstáculo para que
pues nuestro juguete popular esta nutrido de estos objetos sean capaces de seducir la imagi­
las mas diversas influencias. nación y se sometan al ámbito del juego, ese
A pesar de ello, el juguete popular tiene territorio de lo placentero, esa tierra sin propó­
carac­terísticas que es posible precisar. Deslum­ sitos en donde se evade la consecución de fines
bra la sencillez de su fabricación, la habilidad útiles y se exhalta el ocio: abono para la crea­
del artesano para equilibrar una refinada técni­ ción de otros mundos.

deslumbra la sencillez de
su fabricación la habilidad
del artesano para equilibrar
una refinada técnica

3 Op. Cit.

caleidoscopio
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55

Quien es ese jicotillo


Quién no recuerda:
Al niño lo posee la fantasía, la practica con la exactitud de la ciencia para
ampliar los territorios del juego y el juguete hacia otros horizontes. En ellos,
un secreta impulso lo guía para convertir cualquier cosa, cualquier objeto, Doña Blanca está cubierta
en juguete, inclusive el cuerpo.
Una corcholata, despojada de su función inicial de tapar una botella, se
rellena de barro para convertirse en un pequeño automóvil al que el niño con pilares de oro y plata
imprime, con el golpe de sus dedos, la velocidad deseada.
Cuando se destina al juego el propio cuerpo, este se transforma en el mas
maleable juguete. “Avión”, “rayuela”, “bebé-leche” son tres nombres tenidos romperemos un pilar
de poesía, que designan un mismo acto en donde se ejercita el equilibrio y
se estimula la vitalidad.
Tocar al adversario puede transmitir la enfermedad en la “roña” o surtir
para ver a Doña Blanca
un efecto mágico al inmovilizar al contrincante en los “encantados”. La “ga­
llina ciega”, vendada como la justicia, elige entre el ruido o el silencio para
guiarse hacia la niña que la relevara en caso de atraparla. Ocultarse del otro
es la finalidad en “las escondidas”, no dejarse atrapar lo es en la “víbora de la
mar”, y cantar en “dona blanca”.
EI arzobispo
de Parangaricutirimícuaro

se quiere
desarzobispoparangaricutirimicuarizar

aquél que lo
desarzobispo...
Si bien, versos y cantos son en muchos casos la compañía del juego corporal,
es en el trabalenguas donde alcanza su plenitud el juego del lenguaje.
J
56

D E L TA L L E R
D E L A FA N TA S Í A
Raúl Aceves

D
Al punto, un niño el taller de la fantasia surgen los juguetes con ojos asombrados,
lanza un trompo
como árbol violento al ver por primera vez el mundo donde vinieron a nacer. Desde
lo deja plantado regiones muy antiguas, desde sueños encerrados en sarcófagos
en lo más amable
de la tierra. transparentes o cajas silenciosas, los juguetes despiertan aillamado de las
Francisco Pedroza
manos creadoras en el espacio concreto de cada infancia.
Si los juguetes son la infancia de los objetos, y son alegría encarnada en
la materia, entonces quisieran ser los mejores vendedores de sí mismos y
recorrer todas las calles del mundo pregonándose:
“Canicas... Muñecas de trapo... de barro... yoyos... trompos, chilladores...
maromeros de péndulo... miniaturas... soldados de plomo y hojalata... ruedas
de la fortuna... volantines... calaveras... animales fantásticos... lotería... ser-
pientes y escaleras... mulitas de totomoxtle...”
Cuando la fiesta estalla, la serpentina desenrolla su cuerpo de inter­
minables anillos para cruzar el aire como grito alegre de papel pintado,
algarabía que los niños arrojan contra la gravedad del vacío, al igual que
la lluvia del confeti. Y los silbatos y matracas que sin armonía ni concierto
establecen la alegría del caos sonoro, como si el silencio fuera el enemigo
a combatir, la superficie blanca a pintarrajear.
La piñata es el centro de la fiesta, el cántaro vestido con papel crepé o
papel de china, disfrazada de animal o personaje y llena de frutas, golosi­
nas, cacahuates o regalos sorpresa, espera la tanda de golpes que le darán
los niños formados en fila. ¿Qué hizo la piñata para merecer ese castigo?
¿por qué romperla si a los que la hicieron les quedó tan bonita?
Poco a poco, dando brincos en el aire con los jalones de la soga que le ayu­
da a esquivar los golpes del palo, la piñata va perdiendo las extremidades, la
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58
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cabeza, pedazos de piel, hasta que fracturada y exhausta, termina por soltar
sus interiores. Los niños inmediatamente se arrojan sobre ellos impulsados
por un instinto arcaico, y con sus cuerpos forman un enjambre, un garabato,
un cerro de infancias engolosinadas. Las calaveras de azúcar bautizadas con
el nombre del comprador, con mirada fosforecente, llegan al mundo para
festejar el día de muertos y de todos los santos, como si a través de sus lentes
de arco iris sin cristal se pudiera compartir su alegría de estar allá en el otro
mundo. ¿Qué pensará su cerebro de dulce hueso? ¿qué verán sus ojos de
caleidoscopio ultraterreno? ¿a qué juega la muerte cuando está niña?
Como nuestro padre Adán, la lotería va nombrando las cosas y los seres
del mundo, y ellos, obedientes, van apareciendo al azar del milagro, al antojo
de la boca que las llama para ir lIenando su casilia respectiva en el tablero
de la realidad: la luna... la estrella... el barril... Colección de seres imposi­
bles de completar, tan sólo ejemplos de lo que podría existir en éste o en
cualquier mundo: el catrín... la dama... el payaso... el borracho... el perico...
el corazón... Suerte, azar y envite, trilogía de la fortuna: cuando el juego se
convierte en pasión, en oportunidad de perder o ganar, en apuesta donde
conocemos la emoción del riesgo.
EI juego de la oca, los juegos de dados, la pirinola y otros más; la fortuna
halla múltiples maneras de manifestarse, incluso se vale de los recursos
más sencillos, como la moneda lanzada al aire o la pirinola con letreros
como “todos ponen” o “toma uno”, todo género de rifas y apuestas y un sin­
fín de invenciones más.
Para finalmente reconocer que en el origen de todo juego hay un aconteci­
miento mítico que se convierte después en acto ritual y memoria que renova­
mos. Silbatos, matracas y flautas: cornetas, tambores y sonajas; carracas que
imitan a las ranas; chicharras, pitos y cascabeles; palomitas; cohetes y garban­
zos tronadores... Todo lo que hace ruido en el cielo y en la tierra, estruendo
festivo, celebracion del cumpleaños de la vida, imitacion de los sonidos de la
tierra y los lenguajes animales, ruptura entusiasmada del silencio.
Los juguetes intercambian sus voces, que misteriosamente salen de al­
gun lado. Sólo los niños saben de dónde, pero no saben decirlo...
Asícada juguete la esperanza
y pronuncia de convertirse en

alimenta viva
juego que
y ayude
su nombre y su
imagen, a vivir.
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Ojalá que a tí,
niño antiguo o de seguir jugando
niño reciente, siempre,
lector amigo aunque tu necesidad
cambie de
te ocurra el
milagro juguete
J
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Recuerdo un caballo verde

recuerdo un pedazo de madera

una y otra vez acariciado

en las arenas de Tecolutla

recuerdo un telescopio

con el que vi la mancha roja de Júpiter

y los anillos de Saturno

recuerdo cientos de libros

Todos son recuerdos de juguetes

del niño que fui

del niño que sueña en mí todavía

a pesar de la miseria del tiempo

Autobús Turístico. Huerta, David. Domingo.


Estado de Campeche. Poema de una semana y un día más de juguetes.
LUDOTYPO
se terminó de imprimir en el mes de
septiembre de 2006 en

En su composición tipográfica se utilizaron


tipos de las familias Scala y Myriad Pro.
Hecho en México, impreso en papel bond
satinado de 135 g.

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