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[Traducción de: Lyons, D. Christianity and infallibility: both or neither. Longmans, Green & co., New York, 1892, Ps. 282-284] El dogma de la infalibilidad. ¿Qué significa realmente? "La doctrina de la infalibilidad papal ", escribió el finado y distinguido científico R. A. Proctor, “como comúnmente se la entiende, es por supuesto absurda como salta a la vista. Pero los errores comunes acerca de esta doctrina son en sí mismos [también] absurdos”. Para probar que este cándido escritor acatólico no exagera, y -lo que fortalece mi argumento- para enfatizar el verdadero significado de la doctrina católica de la infalibilidad, señalaré algunos de estos “errores”. Los escritores, como se verá, no son hombres de prestigio e influencia en el mundo de las letras. La “infalibilidad”, dice el Dr. Draper, “significa la omnisciencia”. “Es”, dice el profesor Schulte (3), “omnipotencia.” El papa, al reclamar la infalibilidad, dice el profesor Geffken (4), se arroga una “naturaleza divina”; la infalibilidad, dice el profesor Schulte (6) “ha investido al papa con la divinidad”. Un “escritor cuidadoso", dice el Dr. Pusey (6), “que acaba de regresar de Roma, tuvo la impresión de que algunos de los más extremistas y ultramontanos, aunque no lo dicen con estas palabras, conciben una cuasi-unión hipostática del Espíritu Santo con cada uno de los papas”. Al afirmar la infalibilidad, escribe con gravedad un columnista de la revista de Macmillan (7), el papa pretende ser "la Palabra de Dios visible y encarnada”. “El dogma de la infalibilidad”, dice el Sr. Kingsley (8), significa "que el papa de Roma tenía el poder de crear lo bueno y lo malo; que no sólo la verdad y la falsedad, sino la moralidad y la inmoralidad, dependían en su constitución misma de su sello en un trozo de pergamino”. La infalibilidad permite al papa, dice el Dr. Draper (9), “llevar a cabo todas los asuntos de manera milagrosa, si es necesario”. “La infalibilidad”, dice una serie de escritores (10), significa la inspiración, y un papa infalible e inspirado, con la potestad de hacer nuevas revelaciones, de crear (11) nuevas doctrinas e imponerlas a designio, a la fe de los católicos. En razón de la infalibilidad, “todas las decisiones del papa sobre la fe y la moral ", dice Dr. Littledale (12), “al estar divinamente inspiradas… se convierten en mucho más que la Sagrada Escritura. No significa menos que esto”. “La infalibilidad, dice la multitud, significa que el papa no puede hacer nada malo, no puede cometer ningún pecado: que es impecable”. La infalibilidad, según el Dr. Littledale, permite al papa “en cualquier momento, modificar o alterar la fe tradicional, así como el parlamento de la reina Victoria puede derogar cualquier ley de un rey anterior"; y por ello “la fe de los católicos romanos depende ahora de la debilidad o el capricho de un sólo hombre". En virtud de su infalibilidad "el papa podría en un día", dice el Prof. Shulte (14), "abolir todos los dogmas establecidos de la Iglesia.” Janus (15) presenta el poder de la infalibilidad como totalmente ilimitado, ya que se extiende a todos los ámbitos de la vida y de la ciencia, mientras que, para el señor Gladstone (16), su "alcance" es absoluto, "tan amplio como sea el deseo del papa o el de aquellos que logren provocarlo". El Dr. Draper (17) sostiene simplemente que "la infalibilidad abarca todas las cosas”. ¿Con estos puntos de vista sobre la infalibilidad papal, bastante comunes entre los no católicos, es de extrañar que todos los días escuchemos denuncias del dogma como cosa "absurda", "irracional", "repugnante al sentido común", "blasfema", "antagónica de la libertad y el bienestar del Estado"," incompatible con los deberes del ciudadano", etc.? Pero, como en tantos otros casos (18) de la doctrina católica, no es la doctrina misma la culpable, sino los puntos de vista de aquellos que la reprueban. Se equivocan quienes tienen una noción distorsionada, totalmente falsa, como surge de expresiones forzadas, como las ya citadas; quienes, aunque no sean creyente en el dogma de la infalibilidad, sin embargo, si se esforzaran en informarse sobre su significado, en la mayoría de los casos verían simplemente que su noción de infalibilidad es "ridícula". Una exposición clara, completa y precisa del dogma católico pondrá esto en evidencia. ¿Qué significa realmente, entonces, la infalibilidad papal? La palabra infalibilidad significa libertad o exención de la posibilidad de errar. Esto no significa simplemente la ausencia de error actual, lo que sería simple inerrancia, sino que significa algo más, la libertad de la posibilidad de errar, la inmunidad del mismo riesgo de errar. La infalibilidad no es la impecabilidad, y tampoco se confunde con esta; la primera excluye la posibilidad de error en la interpretación de la ley; la segunda, es la imposibilidad de pecar en la observancia de la ley. Los dos dones, por tanto, son totalmente diferentes, y no sólo en su sentido sino también en su propósito, porque el uno se concede principalmente para el bien de la Iglesia, mientras que el propósito principal del otro es el bien personal quien lo recibe; o, para usar el lenguaje de las escuelas, la infalibilidad es una gratia gratis data; mientras que la impecabilidad es una gratia gratum faciens. Además, entre los dos dones no hay una conexión necesaria ni una relación de dependencia, y por tanto, el papa puede ser infalible, aunque no impecable. El dogma católico de la infalibilidad significa que el papa, en virtud de una especial ayuda sobrenatural del Espíritu Santo de la Verdad que se le ha prometido, en y a través de San Pedro, está exento de toda posibilidad de errar cuando, en el desempeño de su oficio apostólico de maestro supremo de la Iglesia universal, define o declara, en materias de fe o de moral, lo que debe ser creído o tenido, o lo que ha de ser rechazado y condenado por los fieles de todo el mundo. Esta definición encarna sustancialmente toda la doctrina católica sobre el tema de la infalibilidad. Con el fin de desarrollar dentro de ciertos límites esta enseñanza, me propongo responder a las siguientes preguntas: en primer lugar, ¿cuál es el origen y la causa de la infalibilidad? En segundo lugar, ¿cuál es la finalidad o el propósito de la infalibilidad? Y en tercer lugar (a) ¿en qué calidad es el papa infalible?, (b) ¿en qué materias?, y (c) ¿bajo qué condiciones?

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1. La infalibilidad tiene su origen en las promesas expresas (19) de Cristo a su Iglesia y a su Cabeza visible, el papa; estas constituyen la fuente de donde la doctrina se deriva. Y la única causa eficiente de la infalibilidad es la presencia y la asistencia del Espíritu Santo de la Verdad, prometido para siempre, para guiarlos a la verdad (20). Hay tres cosas que, por tanto, son claras: primera, que la infalibilidad papal no se originó en el Concilio Vaticano (18 de julio de 1870). El papa era infalible desde el día de Pentecostés, y el Concilio Vaticano no hizo más que autenticar este hecho por medio de una definición formal (21); segunda, que la infalibilidad no es un don natural, sino sobrenatural, que pertenece a la orden de la gracia y no de la naturaleza; y tercera, que no consiste en el estudio o en la sabiduría del hombre, sino en el poder de Dios. El papa es infalible, no porque sea prudente o sabio, no porque sea ayudado por el estudio, la prudencia y la sabiduría de toda la Iglesia, sino simple y únicamente porque está asistido sobrenaturalmente por el Espíritu Santo de la Verdad, según la promesa divina. El estudio o la ignorancia, la sabiduría o la imprudencia, las virtudes o los vicios del papa, de ninguna manera afectan a su infalibilidad. La infalibilidad es del todo independiente de una y otra. Una vez más, aunque infalible, el papa no es inspirado, ni mucho menos. "Ningún papa", escribe el cardenal Hergenrother (24), "jamás se ha atribuido a sí mismo la inspiración, sino sólo la asistencia divina." "Los católicos nunca han enseñado”, dice Perrone (25), “que el don de la infalibilidad sea otorgado por Dios a la Iglesia, a la manera de inspiración." "La inspiración del papa o de la Iglesia", dice el cardenal Newman (26), “en el sentido de la inspiración de los Apóstoles, es contraria a las enseñanzas recibidas”. En la teología católica (27) el don de la inspiración implica cuatro cosas: (1) una iluminación divina de la mente del maestro, por la cual directa e inmediatamente se le comunica la verdad a enseñar, o, si la conoce previamente, se le sugiere; (2) un impulso divino de su voluntad que, de manera directa y eficaz, (sin destruir, no obstante, su libertad) lo determina a escribir o hablar; (3) una dirección divina para asegurar que el agente inspirado enseñe fielmente todo y sólo lo que Dios quiere que enseñe, por escrito o verbalmente; y (4) una asistencia divina, hasta el final, para que las verdades concebidas sobrenaturalmente se expresen correctamente y sin error. La infalibilidad, por otra parte, implica simplemente una asistencia o tutela divina, que garantiza al papa el ser inmune de la posibilidad de errar cuando enseña oficialmente a la Iglesia universal. La infalibilidad, por ende, coincide con la inspiración en el cuarto punto; en los otros tres, se diferencia de ella. De ahí que, aunque no puede haber inspiración sin la infalibilidad, puede haber infalibilidad sin inspiración. "El maestro infalible como tal", escribe el padre Knox (28), "no recibe revelaciones interiores o sugerencias de parte de Dios. El Espíritu Santo no le dicta lo que quiere decir. Sólo sus expresiones externas están protegidas, para que en su oficio no pueda enseñar a los fieles nada en desacuerdo con la verdad." "La asistencia [de la infalibilidad]", escribe el cardenal Hergenrother (29), "no es una comunicación directa del Espíritu Santo, es decir, una inspiración; pero por ella el papa está preservado de error en la declaración y la definición de las verdades de la Revelación.". “Algunos han pensado", dice el cardenal Manning (30), “que por el privilegio de la infalibilidad se intentó una cualidad inherente a la persona, por lo que, como un hombre inspirado, podría declararse la verdad en cualquier momento y sobre cualquier materia. La infalibilidad no es una cualidad inherente en la persona, sino una asistencia unida a un oficio; y su ejercicio... no es el descubrimiento de nuevas verdades, sino la tutela de las tradicionales. Se trata simplemente de una asistencia del Espíritu de la Verdad, quien se reveló al cristianismo, mediante la cual el jefe de la Iglesia está habilitado para custodiar el depósito auténtico de la Revelación y anunciarlo a todas las generaciones”. Y el cardenal Newman (31), describiendo en qué consiste realmente la asistencia* de la infalibilidad, nos dice que es “simplemente una asistencia externa, manteniéndolos [al papa y a la Iglesia] preservados de error (como un ángel bueno, que no impide caminar al hombre, pero que en un viaje nocturno le evita los escollos de su camino); una tutela que los preserva, por lo que se refiere a sus decisiones finales, de los efectos de las enfermedades que les son inherentes, de cualquier posibilidad de extravagancia o confusión de pensamiento, de la colisión con decisiones anteriores o con la Escritura, lo que razonablemente podría temerse en épocas de entusiasmo". [* La palabra usada por la Iglesia y sus teólogos, expresa con mayor precisión la doctrina. Es assistentia de ad-sistere, sentarse al lado de, detenerse junto a. La palabra inglesa "asistencia" implica una cooperación positiva o ayuda; lo que no hace, ni la palabra latina, ni la doctrina que pretende expresar. La doctrina exige nada más que la garantía divina de inerrancia que está implícita en la misma presencia (“sentarse al lado”) del Espíritu de la verdad.] De todo lo cual reunimos los siguientes importantes puntos de diferencia: en el caso de la inspiración, el Espíritu Santo informa la mente, excita y mueve a la voluntad, y dirige y vigila la lengua y la pluma del maestro; en el de la infalibilidad, no actúa en absoluto, excepto por su gracia ordinaria (32), en la voluntad y la inteligencia. Se limita a guardar la lengua y la pluma del maestro, a fin de resguardarlas contra la posibilidad de error, al testificar, proponer, definir y defender oficialmente la Revelación cristiana. En el caso de la inspiración, la acción del Espíritu Santo es principalmente positiva; en el de la infalibilidad, es totalmente negativa; en el caso de la inspiración, el Espíritu Santo revela o sugiere directamente la verdad; en el caso de la infalibilidad, evita directamente error; en el caso de la inspiración se está ante una cualidad inherente; en el caso de la infalibilidad se trata de una relación externa; y, por último, en el caso de la inspiración, la obra es, en el sentido más estricto, obra del Espíritu Santo; Dios es, literalmente, su Autor; mientras que en el caso de la infalibilidad la obra es estrictamente obra del hombre después del examen y la investigación, con Dios como garante. Estos puntos de diferencia son suficientes, sin duda, para demostrar que, en la creencia de los católicos al menos, la infalibilidad no es inspiración. No "siendo divinamente inspiradas", se deduce inmediatamente que las "decisiones del papa sobre la fe y la moral" no "devienen,

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cuando son escritas, más que la Sagrada Escritura". "Ningún hombre (católico) viviente", escribe el Obispo Fessler (33), "pronunciaría un absurdo tan abiertamente antiteológico como para comparar una expresión del papa con el Evangelio." Me he detenido con cierta extensión en este punto, porque los escritores y oradores no católicos, de modo común y persistente, afirman que la infalibilidad significa o implica una inspiración. Una vez más, la infalibilidad no implica el don de hacer milagros, ni tampoco significa que el papa está protegido del error por "un milagro" (34). Él está protegido del error por una asistencia divina, que es sobrenatural, en efecto, pero no milagrosa: es el resultado de una providencia ordinaria, no extraordinaria. Ahora, al ver lo que realmente significa la infalibilidad, ¡qué perversión absoluta de la verdad es llamarla "divinidad", “omnipotencia”, "omnisciencia", o decir que el papa, por razón de la misma, se arroga "una naturaleza divina", o dice ser la "Palabra de Dios visible y encarnada", o que, en la creencia de los católicos, implica o exige " una cuasi-unión hipostática del Espíritu Santo con cada uno de los papas”. Todas estas nociones son simplemente una blasfemia. 2. El propósito [o el fin] de la infalibilidad es garantizar para siempre la custodia y la predicación -en su unidad, pureza e integridad- la de "la fe que ha sido transmitida a los santos de una vez para siempre" (35); para que la Iglesia en todos los tiempos pueda cumplir con eficacia la gran misión confiada por su Divino Fundador de enseñar [a todas las naciones] “a guardar todo lo que yo os he mandado” (36), para “guiarla” hasta “la verdad completa” (37), para que podamos llegar “todos a la unidad de la fe” (38) , y “que no seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina” (39), “que siempre están aprendiendo y no son capaces de llegar al pleno conocimiento de la verdad” (40). En una palabra, el propósito de la infalibilidad es hacer de la Iglesia "columna y fundamento de la verdad” (41), y de ese modo asegurar que todos los hombres puedan, con la máxima confianza, confiarle la dirección de los grandes intereses de sus almas. La infalibilidad, por ende, no coloca al papa por encima de la ley divina, o sobre los diez mandamientos, sino que no le permite "hacer de lo malo algo bueno"; no le da, ni tampoco capacita por su virtud, en titular de un "poder de crear lo correcto y lo incorrecto”; ni, una vez más, crea “la verdad y la falsedad”, “la moralidad y la inmoralidad”, lo cual de ninguna manera depende de su voluntad o actuación. Esta no le permite hacer nuevas revelaciones, crear nuevas doctrinas, para ser creídas por los católicos. En la enseñanza católica no hay poder en la tierra autorizado para añadir, para quitar, o para alterar en una iota ni en una tilde el Depósito o Revelación cumplida en los Apóstoles (42); ni una doctrina que no esté contenida en el sagrado Depósito, de hecho o de forma virtual, podrá convertirse en un dogma de fe católica (43). "El Espíritu Santo", dice el Concilio Vaticano (44), “fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles…”. "El oficio de la Iglesia, por lo tanto," observa el cardenal Manning (45) "es declarar lo que estaba contenido en la revelación original, y la infalibilidad es el resultado de una ayuda divina, por la cual lo que fue revelado por Dios en el principio, es divinamente preservado hasta el fin”. La infalibilidad no permite que el papa -ni lo pretende-, en virtud de ella, tenga la facultad de "abolir todos los dogmas establecidos de la Iglesia”, ni que pueda "en cualquier momento, modificar o alterar la fe tradicional, así como el parlamento de la reina Victoria puede derogar cualquier ley de un rey anterior". Una doctrina, una vez propuesta o definida por la autoridad infalible del papa o de la Iglesia, permanece siempre absolutamente inalterable. "El papa", escribe el cardenal Newman (46) "no puede, por virtud de su infalibilidad, alterar lo que siempre ha creído". “Nunca”, escribió en una ocasión Bossuet (47) a Libnitz, “se encontrará un ejemplo de una definición que, una vez hecha, fuera dejada sin efecto por un acto posterior." "La definición, una vez hecha", dice el cardenal Hergenrother (48), "permanece invariable e inmutable para todos los tiempos." Sólo la ignorancia o la malicia podrían llevar a una tal declaración como la que, a partir del Concilio Vaticano, afirma que “la fe de los católicos romanos depende ahora de la debilidad o el capricho de un sólo hombre". La infalibilidad no faculta al papa a deponer soberanos o eximir a los pueblos de sus obligaciones para con el Estado. "Hay", dijo Pío IX (49) "muchos errores con respecto a la infalibilidad; pero el más malicioso de todos es el que incluye en este dogma el derecho de deponer a los soberanos, declarando al pueblo no sujeto al deber de fidelidad." "Los decretos del Vaticano", dice el cardenal Manning (60) "no han cambiado iota ni tilde de ninguna de las obligaciones o condiciones de la lealtad ciudadana." De nuevo, la infalibilidad no significa que el papa es incapaz de cometer pecado o de hacer el mal. En lo que se refiere a la infalibilidad, es tan capaz de cometer un pecado o de hacer el mal como cualquier otro hombre; y si él hiciera una de las dos cosas, las condiciones de la gracia y el perdón serían las mismas, tanto para él como para el más humilde de sus hijos. Una vez más, la infalibilidad no es una prerrogativa personal, sino funcional; acompaña no a la persona, sino al oficio del papa. Pero, debido a que el oficio del primado al que está unida está en manos del papa solo, y no en asociación o bajo la subordinación de otros, a veces se denomina personal (51). Por otra parte, puede llamarse personal en la medida en que el papa no puede comunicar o delegar su infalibilidad a otro (52). 3. (a) Es claro que dos aspectos se distinguen en el papa, como en cualquier persona con autoridad, a saber: su condición privada o personal; y su función oficial o pública (63). Sobre el papa como persona privada como creyente, doctor privado, o autor; como teólogo, canonista, filósofo, historiador, jurista, científico, o académico- no tenemos nada que decir en este lugar. Como tal, no pretende ser, y no es, infalible. En lo que

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se refiere al dogma de la infalibilidad, los puntos de vista personales del papa en filosofía, teología, o incluso en materia de fe, pueden ser totalmente falsos e insostenibles, más aún, de manera positiva heréticos (54). La infalibilidad no tiene que ver con lo que él piensa o cree; sino con lo que enseña para la fe de toda la Iglesia. Luego, en cuanto a su función oficial o pública: el papa puede considerarse como un simple sacerdote, o como el Obispo (local) de Roma, o como el Arzobispo Metropolitano de la Provincia Romana, o como el Primado de Italia, o como el patriarca de Occidente, o, por último, como Cabeza Suprema de la Iglesia, Vicario de Cristo en la tierra; porque le pertenecen todos estos títulos, así como los diversos oficios que representan (65). Pero, de nuevo, lo que tratamos aquí no tiene que ver con el papa como sacerdote, obispo, arzobispo o metropolitano, primado o patriarca; pues en ninguno de estos oficios se pretende la infalibilidad. La cuestión aquí –únicamente- se refiere al papa como Suprema Cabeza Visible de la Iglesia universal. Una vez más, el papa, como Suprema Cabeza Visible de la Iglesia, combina en su persona cuatro oficios distintos, a saber: primero, el de maestro y Custodio de la Revelación cristiana; segundo, el de Legislador en asuntos eclesiásticos; tercero, el de Juez eclesiástico; cuarto, el de Gobernante y Soberano de un reino espiritual en la tierra. En estos cuatro oficios, el papa es supremo y tiene la plenitud de la autoridad sobre toda la Iglesia y en todas las ramas de la misma, en todo el mundo. Pero, y destáquese bien esto, él es infalible sólo en el desempeño de su oficio de maestro y Custodio de la Revelación. No es infalible como supremo Legislador, o como supremo Juez, o como supremo Gobernante; es infalible sólo como supremo maestro, porque al oficio de la enseñanza se le ha prometido la infalibilidad; a este oficio la ha limitado expresamente el Concilio (56). En consecuencia, las objeciones basadas en actos del papa en el ejercicio de su oficio de Legislador, Juez, o Gobernante, no tienen fuerza contra el dogma de la infalibilidad. El único acto de un papa que puede ser justo título de objeción a su infalibilidad es un acto de su función de enseñar; y, como veremos más adelante, no cualquier acto, sino uno con la presencia de ciertas condiciones bien definidas. (b) De acuerdo con el Concilio Vaticano (57), la autoridad suprema del papa, como Cabeza visible de la Iglesia, se ejerce sobre cuatro clases de materias, a saber: primera, las cuestiones de fe, o lo que el Evangelio nos manda a creer; segunda, las cuestiones de moral, o los principios del bien y del mal prescritos por la misma Ley Divina para nuestra observancia; tercera, las cuestiones de disciplina, o lo que se refiere al culto público, a la liturgia, los ritos sagrados, la administración de los sacramentos, la salmodia, las elecciones, ordenación sagrada, designación y forma de vida de los clérigos, los procesos eclesiásticos, prohibiciones, censuras y otras sanciones, los privilegios eclesiásticos, votos, ayunos, fiestas, división de las diócesis, la administración de los bienes de la Iglesia y cosas así (58); y, cuarta, los cuestiones de gobierno, es decir, lo que se refiere a la forma y el curso del gobierno de la Iglesia y para la administración de las leyes que la regulan (59). Ahora, para la fe y la doctrina católica, el papa no es infalible en cuestiones de disciplina (60) o de gobierno; sino que es infalible sólo en materia de fe y moral; esto es, exclusivamente, en las doctrinas para creer y en los deberes para cumplir bajo la dispensación cristiana. Por lo tanto, todas las objeciones contra la infalibilidad, fundados en bulas, breves, constituciones, cartas de los papas, o decretos de los concilios sobre muchos puntos de disciplina y gobierno que acabamos de mencionar, se han desechar de una vez. No afectan a la doctrina; son simplemente irrelevantes (61). Aquí observo: (1) que el oficio de maestro infalible de fe y moral, clara y necesariamente, implica el derecho de definir, con autoridad infalible, no sólo todos los asuntos que son directamente de fe y moral; sino también todos los demás asuntos que, aunque no pertenecen directamente a la fe o la moral, sin embargo guardan tal conexión, o los afectan de tal manera, que los primeros no pueden ser plena e infaliblemente expuestos sin un discernimiento infalible sobre los segundos; (2) que el oficio de Custodio infalible de la fe y la moral implica también, clara y necesariamente, el derecho a proscribir y condenar todas las proposiciones y principios que son en alguna medida contrarios a las verdades y a los principios de la fe y de la moral, o que de cualquier manera sean perjudiciales para su unidad, pureza e integridad (62); pero (3), y tómese nota de esto, en los asuntos que sin ser directamente de fe y moral, sin embargo, caen bajo la jurisdicción de la infalibilidad, el papa o la Iglesia es infalible sólo porque y, por ende, sólo en la medida que (63) un discernimiento infalible de ellas es necesario para la completa exposición y defensa de la fe y la moral; y, (4) que la infalibilidad del Magisterio de la Iglesia (o papa) (64) "se extiende no sólo a las verdades en sí mismas, sino a las expresiones, las formulaciones, las palabras con que se expresa la verdad revelada " (65) o se condena el error. Porque, "si el Concilio y el papa no eran infalibles hasta ahora en su juicio sobre las palabras, ni el papa ni el Concilio podrían establecer una definición dogmática en modo alguno, ya que un uso correcto de las palabras está involucrado en el ejercicio correcto del pensamiento" (66). Qué materias, de manera específica y en detalle, pertenecen al dominio de la infalibilidad, es algo que corresponde determinar finalmente al papa (o a la Iglesia con el papa); porque sólo él tiene el derecho divino de definir con autoridad e infaliblemente la materia de su competencia, su alcance, contenido y límites (67). No hay nada peligroso, sorprendente o novedoso en esta afirmación, sino que es (haciendo abstracción de la infalibilidad) el sostener que hay un tribunal de última instancia, lo que existe tanto en el Estado como en la Iglesia. (c) De acuerdo con lo que se ha dicho hasta ahora, la infalibilidad del papa está circunscrita a su magisterio, y tiene que ver exclusivamente con cuestiones de fe y moral. La pregunta que surge ahora es: “¿todo pronunciamiento del papa, como maestro supremo de la Iglesia, en materia de fe y moral, es un enunciado dogmático o infalible? La respuesta es decididamente no (68). Los teólogos distinguen los pronunciamientos del papa sobre la fe y la moral en dos clases. La primera clase, comprende lo que se llama técnicamente pronunciamientos ex cathedra (a veces también llamados dogmáticos); los pronunciamientos de la segunda

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clase se llaman simplemente doctrinales. Esta es una distinción muy importante, y debe tenerse en cuenta para evitar la confusión y el error. Ahora bien, sólo las declaraciones ex cathedra son infalibles. Ninguna otra expresión del papa -no importa cuán importante y autoritativa pudiera parecer, aunque fuera promulgada expresamente en virtud de su suprema autoridad apostólica, y dirigida formalmente a toda la Iglesia (72)-, es o pretende ser infalible. El papa habla infaliblemente cuando, y sólo cuando, habla ex cathedra, y el Concilio Vaticano (74) nos dice en términos precisos y autoritativos, que habla ex cathedra "cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia". Esto es, en otras palabras, el papa habla ex cathedra cuando habla bajo las siguientes cuatro condiciones (76); primera, como maestro supremo de la Iglesia universal, en virtud de la autoridad conferida por Cristo a San Pedro, el primer papa; segunda, cuando define una doctrina; tercera, en relación con la fe o la moral; cuarta, con la intención de obligar a toda la Iglesia a aceptar y asentir interiormente a su decisión. Una quinta condición, es que debe ser perfectamente libre en su acción, lo que es, por supuesto, esencial, pero ello está implicado necesariamente en la cuarta (78). Cuando estas cuatro condiciones están presentes, sin duda, el papa habla ex cathedra o de modo infalible, y cuando una de ellas está ausente, entonces, no importa en qué forma y con qué solemnidad pudiera hablar, su expresión no pretende ser y no es infalible. Tal es el dogma de la infalibilidad papal como lo define el Concilio Vaticano y se incorpora en el Credo católico. Para resaltar de manera más definitiva, la fuerza de las anteriores condiciones, son necesarias algunas observaciones sobre cada una. Primera: El papa habla infaliblemente, o ex cathedra (las dos frases significan exactamente la misma cosa), "cuando habla como supremo maestro de la Iglesia universal." Aquí hemos determinado con precisión el oficio en cuyo ejercicio el papa es infalible. "Por esta condición", escribe el cardenal Manning, “se excluyen todos los actos del Pontífice, como persona privada, o como doctor privado, o como Obispo local, o como soberano de un Estado. En todos estos actos el Pontífice puede estar sujeto a error; en un oficio, y sólo uno, está exento de error; es decir, como maestro de toda la Iglesia". Segunda: cuando define una doctrina "Esta condición señala los únicos actos concretos del papa que tienen la garantía de infalibilidad; es decir, los actos en que define una doctrina. Se incluye aquí a todos los actos dogmáticos o sentencias emitidas por el papa, sean definiciones de verdades, o declaraciones de hechos, o condenas de errores (78). Se excluyen todos los demás actos.” Una vez más, esta condición, como es manifiesto, exige un acto positivo por parte del papa, porque con omisiones, ya sean culpables o no, la infalibilidad no está implicada de ninguna manera. "Es evidente", dice el Padre Knox (79), "que la simple omisión de definir un dogma, o condenar a un error, incluso si la omisión se debiera a una negligencia culpable que hace daño a la Iglesia, no es de ninguna manera incompatible con la prerrogativa de la infalibilidad. El papa es infalible sólo cuando enseña; y enseñar es una cosa, y omitir enseñar es a otra". Al considerar el efecto de esta condición debe prestarse especial atención al significado exacto de los términos empleados. La palabra "definir" (definire), tal como se utiliza en la definición del Concilio Vaticano, significa resolver de manera definitiva, es una determinación final. Por lo tanto, en orden a ejercer su infalibilidad, el papa debe tener la intención de pronunciar una decisión irrevocable, irreformable, absolutamente final (80); si la decisión no es definitiva y absolutamente inalterable, no existe, sin dudas, ejercicio de la infalibilidad. La palabra "doctrina" también es digna de destacarse, sobre todo en referencia al ámbito de la moral. En la moral hay que distinguir cuidadosamente entre la doctrina y la conducta, entre los principios y la práctica, entre la verdad en abstracto y su aplicación a los casos particulares. Ahora bien, el papa es infalible en la definición de la doctrina, el principio general, la verdad de la ley en abstracto; pero no es infalible en su aplicación a los diversos casos particulares que puedan surgir. En otras palabras, el papa es infalible en sus juicios sobre los principios morales, pero no en sus juicios sobre las acciones morales. La "infalibilidad", escribe el cardenal Hergenrother (81) "sólo se refiere a los preceptos morales, a los principios generales que el papa prescribe a todos los cristianos como una regla de conducta; no a la aplicación de estos principios a los casos individuales, y por lo tanto de ninguna manera excluye la posibilidad de que el papa cometa errores en su gobierno por excesiva severidad o de otra manera. Su infalibilidad, que posee sólo como maestro, lo preserva de hecho de la falsificación de las doctrinas de la Iglesia en cuanto a la fe y la moral pero no hay seguridad de que siempre aplicará sin error estas doctrinas y que nunca cometerá personalmente una ofensa contra ellas. Y de nuevo, “Inocencio III (a quien por cierto los no católicos consideran como el más imperativo y autoritario de todos los papas) establece claramente que los juicios sobre las personas, en casos individuales, no deben suponerse infalibles". Lo que se acaba de decir también sugiere la razón por la cual, como observa el cardenal Newman (83), infalibilidad y conciencia nunca pueden entrar en conflicto directo. El objeto de ambas es diferente. La infalibilidad preside el dominio del pensamiento; la conciencia regula el dominio de la acción. El oficio de la infalibilidad es definir la doctrina, el principio general, la verdad abstracta, para dirigir correctamente el pensamiento; el oficio de la conciencia consiste en aplicar la doctrina, principio o verdad, definida, en el caso concreto individual, para dirigir correctamente la acción. Pertenece a la infalibilidad señalar y definir la regla de conducta; aplicar la citada regla a cada acto particular de la conducta pertenece a la conciencia. Es decir, en otras palabras, la infalibilidad tiene que ver con la verdad y la falsedad de la doctrina y los principios; la conciencia, con la licitud e ilicitud de las acciones; la infalibilidad responde a la pregunta, "¿es tal o cual

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doctrina, o principio, verdadera o falsa, en abstracto?"; la conciencia: ¿"es tal conducta correcta o incorrecta, justificable o no, en el presente caso y sus circunstancias"? Tercera: en materia de “fe y costumbres". Esta condición determina el objeto material de la infalibilidad. "Limita", dice el cardenal Manning, "la gama, o, para decirlo exactamente, el objeto de la infalibilidad, a la doctrina de fe y moral. Excluye, por tanto, todo otro asunto." De lo que se deduce claramente que "el alcance de la infalibilidad" no es "tan amplio como pudiera desear el papa, o se pidiera al Pontífice;" ni "abarca todas las cosas"; ni se extiende a todos los ámbitos de la vida y de la ciencia. Cuarto: "con la intención de obligar a toda la Iglesia a aceptar y asentir interiormente a su decisión." Esta condición, según la interpretación de los teólogos, implica dos cosas: (a) el papa debe tener la intención de obligar a la aceptación intelectual de toda la Iglesia; y (b) la intención debe expresarse claramente. El papa puede ejercer su prerrogativa de la infalibilidad sólo cuando se dirige a toda la Iglesia, con intención de obligar a todos los miembros de la misma, en todo el mundo, a un asentimiento interior absoluto. La obligación de un juicio infalible, por lo tanto, debe hacerse extensiva a la Iglesia universal, a la Iglesia en todas partes, o en ninguna; en todos los países, o en ninguno en absoluto. "En consecuencia ", escribe el cardenal Newman (85), los "mandatos que emanan de él [el papa] para determinados países, o grupos políticos, o religiosos, no tienen ninguna pretensión de ser expresiones de su infalibilidad." La intención del papa al pronunciar un juicio infalible debe quedar clara más allá de toda duda razonable. Los teólogos son enfáticos en la necesidad de esta condición. "La intención de obligar a todos los fieles", dice el cardenal Hergenrother (87), "debe hacerse constar expresamente"; "debe ser manifiesta y cognoscible por signos o indicios claros"; dicen los cardenales Franzelin (87) y Mazzella (88). Lo que el papa, por tanto, pudiera pensar o tener la intención de decir, pero no exprese de manera real, y clara, no debe ser considerado como incluido en su declaración infalible (89). Aunque hay ciertas formas o frases que nunca se utilizan, excepto en los juicios ex cathedra, con todo (90) el papa no está vinculado a ninguna fórmula establecida para el ejercicio de su infalibilidad (91). El papa puede, por otra parte, cuando habla ex cathedra, dirigirse directamente a los Obispos de una nación determinada, o incluso a sólo un obispo. Las condiciones, pues, esenciales para un juicio infalible son: 1, por parte del papa, que debe hablar como supremo maestro de la Iglesia; 2, por parte de la materia, que debe pertenecer al dominio de la fe o de la moral; 3, por parte de la forma, que la sentencia debe pronunciarse con la intención clara y manifiesta de ordenar un asentimiento intelectual absoluto; y 4, por parte del sujeto, que debe ser vinculante para la totalidad de Iglesia. Más allá de estas cuatro condiciones no se requiere ninguna otra. El papa, sin duda, está obligado, antes de pronunciar un juicio ex cathedra (93) sobre cualquier cuestión, a recurrir a los medios humanos para descubrir la verdad. Debe examinar cuidadosamente el tema a la luz de la Escritura y la Tradición, consultar con los cardenales, y orar por la luz y la dirección superior, porque, como ya hemos visto, el papa en su declaraciones infalibles no está más que asistido, pero no inspirado, por el Espíritu Santo. Pero esta condición es necesaria sólo para la licitud (94), no para la validez del ejercicio de la prerrogativa de la infalibilidad. Una observación más, y habremos determinado el único acto, específico y definitivo, en el cual el papa solo es infalible. En el caso de una expresión ex cathedra verdadera, puede, evidentemente, haber disputa sobre la investigación que precede a la definición, sobre el prefacio o la introducción a la misma, o sobre de lo que se dice de manera incidental o sólo de forma indirecta, sobre las explicaciones, las citas y las referencias que se hacen, las razones o argumentos aducidos en prueba de la verdad a ser definida, o en la refutación del error a ser condenado. En todo esto, sin embargo, no hay ejercicio de la infalibilidad, y sólo la definición misma de una verdad, o la condena de un error, es ex cathedra; y, por lo tanto, objeto de la infalibilidad. Esta es la enseñanza común de los teólogos católicos. "En los decretos dogmáticos (es decir, infalibles) de los papas, así como en los de los Concilios", escribe el cardenal Hergenrother (95), "es necesario distinguir entre la definición de un dogma, y las razones, explicaciones, etc., añadidas a la misma. La infalibilidad sólo puede pertenecer a la definición misma." "Lo que la Providencia ha asegurado", dice el cardenal Newman (96), "es sólo esto: que no podría haber ningún error en el último paso, en la definición o dogma resultante. Por consiguiente, todo lo que el Concilio, y todo lo que el papa, define infaliblemente, es una respuesta directa a una pregunta específica que se considera; la prerrogativa no se extiende más allá del poder -desde su Cátedra- de dar a esa pregunta una respuesta verdadera". Exactamente la misma distinción se hace y se reconoce en las sentencias autoritativas de nuestros tribunales civiles. Lo que se reconoce como jurídico y vinculante no son los comentarios preliminares del juez, sus explicaciones, citas, o incluso los argumentos, por grande que sea su peso y el respeto que merezcan, sino sólo la decisión del caso. He hecho hincapié en esta limitación porque su ignorancia u olvido ha dado lugar a muchas objeciones irrelevantes. De lo que se ha dicho hasta ahora, está claro que: 1, que las expresiones del papa no siempre (97) son locuciones infalibles; 2, que, a fortiori, los decretos y las decisiones de las Congregaciones Romanas, como tales, no son infalibles; y 3, que para ser infalibles, no es suficiente que el papa las confirme con su autoridad apostólica, y ordene que se publiquen (98); el papa debe, por el contrario, hacerlas suyas por un acto investido de las condiciones ex cathedra anteriormente indicadas; y, 4, dado que sólo un acto ex cathedra es infalible, por tanto sólo un acto ex cathedra, como es evidente, podría ser motivo para objetar [contra] la infalibilidad (100).

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_________ (1) "Knowledge," vol. ix., p. 273. (2) "History of the Conflict between Religion and Science," p. 225. (3) Cf. Fessler, "True and False Infallibility," p. 133. (4) "Church and State," vol. ii., p. 334, quoted by cardenal Manning in "The Story of the Vatican Council," p. 200. (5) Cf. cardenal Hergenrother, "Catholic Church and Christian State, vol. i.,p. 79. (6) "Eirenicon," pp. 326-327. (7) December, 1874. (8) Citado en la "Apologia” del card. Newman, p. 34. (9) "History of the Conflict between Religion and Science," p. 284. (10) Cf. "The Pope and the Council," by Janus, p. 40; "The Infallibility of the Church," by George Salmon, D. D., Provost of Trinity College, Dublin, preface, p. 42; Mr Gladstone, "Vaticanism," p. 47; Dr Littledale, "Plain Reasons for Not Joining the Church of Rome," p. 178: Dr. Draper, "History of Conflict," etc., p. 359; Hallam, "Literature of Europe," vol. ii., p. 401. (11) Janus, p. 39. (12) "Plain Reasons," etc., p. 184; Dr. Salmon, loc. cit. Janus, loc. cit. (13) "Plain Reasons, "etc., p. 15. (14) Cf. cardenal Hergenrother, "Catholic Church and Christian State," vol. i.,p. 201. (15) P. 40. (16) "Vatican Decrees, "p. 17. (17) "History of Conflict," etc., p. 361. (18) El Sr. W.H. Mallock concluye un capítulo de "Is Life Worth Living?” en el cual da varios ejemplos de los puntos de vista equivocados de la Iglesia Católica y de sus doctrinas expuestas por los no católicos, con el siguiente pasaje digno de destacarse: “En resumen, entonces, si queremos obtener una imagen fiel de las características generales del catolicismo, se debe empezar por hacer tabla rasa de todos los puntos de vista que, como extraños, nos han enseñado al respecto… Déjese que los investigadores honestos hagan hasta más perfecto punto de su potencialidad, y sus puntos de vista se someterán a un cambio inesperado.” Chapter xi. pp. 301,302 (Caxton Edition). Cf. También el trabajo de Gother "A Papist Misrepresented and Represented" (price 20c). (19) Math. xvi. 18; xxviii. 18-20 Luke x. 16; xxii. 31-32. John xiv. 16; xvi. 13; xxi. 15 17. (20) John, ibid. (21) Cf. Hittinger, "The Supremacy of the Apostolic See," chapters xix. -xxi. (22) I. Cor. chap. ii. 4, 5, 13. (23) cf. la Instrucción Pastoral de los obispos suizos, en la cual después de afirmar que, de aquí en adelante como era antes del Concilio Vaticano, el Papa tendrá la obligación de utilizar todos los medios a su alcance para obtener una comprensión plena de la materia sobre la que va a hablar infaliblemente, continúa diciendo: "sin embargo, no es este conocimiento puramente humano, sin embargo, por completo que sea, sino la asistencia del Espíritu Santo, es decir, una gracia especial de su singular estado la que da el papa la asistencia indubitable de la infalibilidad; y que garantiza a todos los fieles con una certeza absoluta que las definiciones de fe del Magisterio supremo del Papa están exentos de error ". Cf. Fessler, "True and False Infallibility,", pp 62-63. (24) "Anti-Janus," p. 73. (25) "De Locis Theologicis," part i., n. 366. (26) "Letter to the Duke of Norfolk," postscript, p. 172. (27) Cf. cardenal Franzelin, "De Traditione," p. 342, et seq. ; cardenal Mazzella, "De Virtutibus Infusis," n. 946. (28) "When Does the Church Speak Infallibly?" p. 8. (29) "Catholic Church and Christian State," vol. i., p. 83. (30) "Story of the Vatican Council," p. 183. (31) Letter to the Duke of Norfolk," p. 132. Cf. also, "Via Media," vol. i.,p. 310, note; cardenal Manning, "The Temporal Mission of the Holy Ghost," chap. iii. (32) Cf. cardenal Newman, "Letter," etc., pp. 131 132. (33) "True and False Infallibility," p. 81. Cf. also ibid., p. 80.

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(34) Dr. Littledale, "Plain Reasons," etc., p. 17. (35) Jude, chap. i. 3. (36) Math, xxviii 20. (37) John xvi. 13. (38) Ephes. iv. 13. (39) Ibid., 14; Hebrs. xiii. 8, 9. (40) I. Tim. iii. 7. (41) I. Tim. iii. 15. (42) Cf. cardenal Franzelin, "De Traditione," p. 272; cardenal Newman, "Letter, etc., "p. 131; cardenal Manning, "The Grounds of Faith," lecture iii., p. 45. (43) Cf. cardenal Franzelin, op. cit., p. 274. Perrone, "De Fide," nn. 113, 117; cardenal Newman, "Letter," etc., pp. 133, 134; cardenal Manning, "Petri Privilegium,"partii., p. 62: "The Faith of Catholics," vol. i. p. 1. (44) Concilio Vaticano, "Const. Dogmat. De Ecclesia Christi," cap. iv. (45) "Story of the Vatican Council," p. 184. Cf. also cardenal Franzelin, opcit., p. 273; cardenal Mazzella, "De Virtutibus Infusis," n. 513; "The Faith of Catholics," vol. i., introducton, viii.-ix., xxxv. -xxxvi. (46) "Letter, "etc., p. 172. (47) Cf. cardenal Hergenrother, "Catholic Church and Christian State," vol. i., p. 159. (48) Ibid. , p. 200. (49) Address to the "Roman Academia," July 20, 1871.so (50) Letter to The Times, Nov. 7, 1874. (51) Cf. cardenal Manning, "Petri Priviligium,"part iii., pp 103-105, 113-115. (52) Cf. cardenal Franzelin, "De Traditione," p 128; cardenal Mazzella, " Virtutibus Infusis," n. 450; Hurter, "Theologia Generalis," vol. i., n. 680. (53) Se ha dicho que se trata de una nueva distinción, creada especialmente para vencer las dificultades y tranquilizar las conciencias. El cardenal Hergenrother, en respuesta, muestra que se trata de una antigua y reconocida distinción entre los teólogos. "Anti-Janus," p. 55, and "Catholic Church and Christian State," vol. i., p. 85. Cf. también cardenal Franzelin, "De Traditione," p. 144; Cardenal Mazzella, "DeEcclesia," n. 1048; obispo Fessler, "True and False Infallibility," pp. 76, 113, 115. (54) "El Derecho Canónico" (cap. "Si Papa", dist. 40), dice el Dr. Hettinger, "parece admitir la posibilidad de que el Papa, como persona privada, caiga en la herejía." "La supremacía de la Sede Apostólica," p. 73. Gregorio XI en realidad insertó en su testamento una cláusula de retracción cualquier cosa que pudiera haber dicho, en el habla, la conversación, o por escrito, en contra de la fe católica. Ct. Cardenal Hergenrother, "Catholic Church and Christian State", vol. . i, pp 80-81. "De acuerdo con la opinión más probable," dice el Dr. Smith, "el Papa puede caer en la herejía y equivocarse en la fe como una persona privada." Al mismo tiempo, este escritor añade: "Sin embargo, se admite universalmente que ningún Papa nunca llegó a caer en la herejía, incluso como doctor privado." "Elements of Ecclesiastical Law", vol. i., p. 210. Cf. También el cardenal Mazzella, "De Ecclesia", nn. 1045-1047; Hurter, "Theologia Generalis", vol. i., p. 424, el cardenal Newman, "Letter", etc, posdata, pp 158, 172; Fessler, "True and False Infallibility," p. 75. (55) Benedicto XIV., "De Synodo," lib. li., cap. i., pp. 29, 30. (56) Cf. Constit. "De Ecclesia," cap. iv. Es digno de notar que el título original de este capítulo decía: "Sobre la autoridad infalible del Romano Pontífice", y que se transformó en el actual, "Sobre el magisterio infalible del Romano Pontífice", "con la expresa intención de marcar que la autoridad infalible se limita a la enseñanza". Arzobispo Ullathorne, "Mr. Gladstone's Expostulation Unravelled," p. 54; cf. también del obispo Fessler, Secretario del Concilio Vaticano, en "True and False Infallibility," p. 38; Cardenal Manning, "Story of the Vatican Council," p. 173. (57) Concilio Vaticano, "Const. Dogmat. De Ecclesia Christi,"cap iii. (58) Cf. Perrone,"De Locis Theologicis," part i., n. 411. (59) Cf. Cardenal Newman, "Letter," etc., p. 52. (60) Puede suceder, en algunos casos raros, que la disciplina esté tan estrechamente ligada a cuestiones de fe y moral, o sea tan necesaria para la conservación de su integridad y pureza, como inseparable de ellas. En tales casos, el Papa es infalible en materia de disciplina, pero entonces, en esos casos, la disciplina cae bajo la guía de la fe y la moral, y pertenece estrictamente al oficio de enseñarla y vigilarla. Véase lo que sigue en el párrafo siguiente de texto. Cf. also Cardenal Hergenrother, " Catholic Church and Christian State," vol i., p 228; Cardenal Manning, "Petri Priviligium," part iii., p. 89 Denzinger, "Enchiridion," nn. 1441, 1547. Knox, "When Does the Church Speak Infallibly?" pp. 65-66. (61) La gran mayoría de las objeciones planteadas por el profesor Schulte, y por no pocos de aquellos impulsados por Janus, pertenecen a esta clase. Cf. Fessler, "True and False Infallibility," p. 65 et seq. ; Hergenrother, "Anti-Janus," pp. 203, 256, 257, and "Catholic Church and Christian State," vol. i., p. 35, et

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seq. A la misma clase pertenecen las objeciones basadas en los decretos disciplinarios del "Index" en el caso de Galileo (cf Ryder, "Catholic Controversy," pp. 33-36; Newman, "Letter," etc . p 70: Proctor, "Knowledge," vol. ix., p. 273), y de la versión de Lasserre de los Evangelios. Un escritor en el Contemporary Review (junio. 1888) considera que este caso (último) sería fatal para la afirmación de la infalibilidad del Papa. El lector encontrará el caso tratado por completo, en referencia al artículo en cuestión, en un excelente folleto titulado "The Pope and the Bible," por Rev. Richard F Clarke, S. J. (62) Cf. Franzelin, "De Traditione,"pp. 121-127, 176, 209, not; Mazzella, "De Ecclesia," nn. 805-826; Hurter, "Theologia Generalis," vol. i.. pp. 275-283; Hettinger, "The Supremacy of the Apostolic See, "pp. 120-123; Manning, "Petri Priviligium," part iii., pp. 60-78,88-89, 173; Knox, "When Does the Church Speak Infallibly?" pp. 49-81. El ejemplo del cardenal Newman sobre este punto y el anterior es a la vez la fuerte y feliz. La infalibilidad, escribe su Eminencia " tiene la prerrogativa de una jurisdicción indirecta sobre materias que se encuentran más allá de sus propios límites, y tiene más razonablemente dicha jurisdicción; no podía actuar en su propio ámbito si no tuviera un derecho a actuar fuera del mismo; no podría defender adecuadamente la verdad religiosa sino reclamando para esta verdad lo que puede llamarse su pomoeria; o, por poner otro ejemplo, sin actuar como obra una nación cuando reclama como propia no sólo la tierra en que vivimos, sino lo que se llaman las aguas británicas.""Apologia, "p, 281 (2d ed. 257). Cf. also pp. 274-275 (2d ed. 249-250). (63) Cf. Franzelin, "De Traditione," pp. 125-126, 710-726; Hergenrother, "Catholic Church and Christian State," vol. i., p 81; Manning, "Petri Privilegium," part iii., pp. 77-78 ; Concilio Vaticano "Const. Dogmat. De Fide Catholica," cap. iv. (64) El Concilio Vaticano define que el Papa "posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres." Concilio Vaticano, "Const. Dogmat. De Ecclesia Christi," cap. iv. La infalibilidad del Papa, por lo tanto, coincide exactamente en extensión con la infalibilidad de la Iglesia. (65) Hettinger, "The Supremacy of the Apostolic See," p. 120. (66) Newman, "Letter," etc., p. 134. (67) Cf. pp. 209-213. (68) Cf. Perrone, "De Locis Theologicis," part i.,n. 726; Hettinger, "The Supremacy of the Apostolic See," p. 75. (69) Cf. Franzelin, "De Trad.," pp. 129, 144146. (70) La necesidad de esta observación se ejemplifica en particular en el caso del profesor Schulte. Cf. Franzelin. ibid. , pp. 145-147. (71) Cf. Franzelin, op. ctf., p. 117, note; Newman, "Letter," etc., p. 121. (72) Hergenrother, "Catholic Church and Christian State," vol. i., p. 44; Fessler, "True and False Infallibility," pp. 65, 74, (note), 122. "Ex cathedra es equivalente a ex cathedra Petri (desde la Cátedra de Pedro), y distingue a los actos del Sucesor de Pedro, que realiza como Supremo Maestro de toda la Iglesia." "El valor de esta frase," continúa la eminente autoridad a quien cito, "es grande, en la medida en que excluye toda cavilación y equívoco en cuanto a los actos del Pontífice en cualquier otro carácter que el de Supremo Doctor de todos los cristianos, y en cualquier otra materia que los asuntos de fe y moral." - Cardenal Manning, "Petri Privilegium," part iii., p. 59; cf. También Cardenal Newman, "Letter," etc., p. 129; Hettinger, op. cit., p. 74. (73) Concilio Vaticano, "Const. Dogmat. De Ecclesia Christi," cap. iv. "No bien la Iglesia en el Concilio introduce el término ex cathedra", escribe el arzobispo Ullathorne, "ella da su definición auténtica.” "Mr. Gladstone's Expostulation Unravelled," p. 47. Y, sin embargo, por extraño que parezca, el señor Gladstone dice a sus lectores "no existe una definición establecida o aceptada de la expresión ´ex cathedra´”. - "Vatican Decrees," p. 18; cf. también Dr. Littledale, "Plain Reasons," etc., p. 17. (75) Cf. Newman, "Letter," etc. p 129, Manning "The Vatican Decrees," p. 34, Hergenrother. "Catholic Church and Christian State," vol. i., pp. 85, 86, Mazzella, "De Ecclesia," nn. 1048-1051. (76) Cf. Hergenrother, "Catholic Church and Christian State," vol. i.,pp. 83, 8G (nota); Hettinger, "The Supremacy of the Apostolic See," pp. 76, 161. (77) "Petri Privilegium," part iii., p. 59; cf. también Bellarmino, "De Summo Pontifice," cap. iv., 2; Instrucción Pastoral de los obispos suizos a sus fieles (junio de 1871), en Fessler "True and False Infallibility," p. 145. (78) "La infalibilidad, sea de la Iglesia o del Papa", escribe el cardenal Newman, "actúa exclusiva o principalmente en dos canales: en las declaraciones directas de la verdad y en la condena de los errores. El primero, toma la forma de definiciones doctrinales; el segundo, estigmatiza como proposiciones heréticas, próximas a la herejía, erróneas, y similares”. "Letter," etc., p. 136. (79) "When Does the Church Speak Infallibly?" p. 92; cf. también Fessler, "True and False Infallibility," p. 43 (nota); Perrone, "De Locis Theologicis," part i., n. 726, (nota); Mazzella, "De Ecclesia." n. 1049. (80) Cf. Franzelin, "De Traditione," p. 129; Hurter, "Theologia Generalis," vol. i., n. 563; Newman, "Letter," etc., p. 133; Fessler, op. cit., p. 42.

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(81) "Catholic Church and Christian State," vol. i., pp. 42-43. (82) Ibid. p. 85. Cf. also pp. 21-22; "Anti-Janus," p. 75; Newman, "Via Media," vol. i., p. 48 (note); Hettinger, op. cit., p. 123; Fessler op cit., pp. 43, (note), 54; Perrone, "De Locis Theologicis," part i., n. 726 (note). Hay aquí, por supuesto, no una cuestión acerca de lo que los teólogos llaman "hechos dogmáticos, i.e., hechos que están tan íntimamente conectados o relacionados con la verdad revelada o el derecho (dogma) que necesariamente pertenecen al campo del Maestro infalible y guardián de la fe y la moral. Por ejemplo: ¿Contiene un libro, carta, o proposición, una doctrina falsa o peligrosa? ¿Son los canonizados realmente santos? ¿Lo contiene la regla de una comunidad religiosa? ¿O las constituciones una tal comunidad? ¿Es posible armonizar un sistema educativo con los principios del Evangelio? ¿Es una versión de la Biblia sustancialmente exacta? ¿Fue Pío IX un Papa verdadero? ¿El Concilio Vaticano posee todos los elementos esenciales de un concilio ecuménico? Es claro que el Maestro infalible y custodio de la Revelación, para poder exponer plenamente doctrinas y preceptos, y salvaguardarlos eficazmente en su pureza e integridad, debe tener el derecho a tomar conocimiento de estos hechos, y la autoridad, si es necesario, de pronunciar un juicio infalible sobre ellos. Véase más abajo, p. 14. En el texto es cuestión únicamente de hechos personales y particulares, conductas y casos de conciencia. (83) "Letter," etc., pp. 69, 70, 143. (84) "Petri Privilegium," part iii., p. 59; see also p. 86. (85) "Letter," etc., p. 135; cf. also Mazzella, "De Ecclesia," n. 385; Manning, "Petri Privilegium," part iii., p. 87; Hergenrother, "Anti-Janus," p. 57. (86) "Catholic Church and Christian State," vol. i., p. 86; see also p. 41. (87) Cf. "De Traditione," p. 119. (88) "De Ecclesia," n. 1050. (89) Cf. Fessler, "True and False Infallibility," pp. 57, 58, 69. (90) Cf. Franzelin, op. cit.,p 119; Mazzella "De Ecclesia," n. 1050. (91) Cf. Franzelin, ibid.; Mazzella, ibid.; Hettinger, op. cit., p. 75. (92) Cf. Mazzella, op. cit, n.1052. (93) Cf. Hergenrother, "Catholic Church and Christian State," vol. i., p. 84, y "Anti-Janus," p. 56; Instrucción Pastoral de los obispos suizos, abarriba, nota al pie 23,p.25. (94) Cf. Mazzella, op. cit, n. 792; "Smith's Elements of Ecclesiastical Law," vol. i., 214." (95) "Catholic Church and Christian State," vol. i., p. 81; ver también p. 37 (note), and vol. ii., p. 160. (96) "Letter," etc., p. 132; ver también ibid. , pp. 130, 131, 133; Hettinger, "The Supremacy of the Apostolic See," pp. 76, 162;" Mazzella, "De Ecclesia," nn. 385, 386, 794, 1049; Fessler, "True and False Infallibility," pp. 46, 55. (97) De hecho, las definiciones ex cathedra constituyen un muy pequeño porcentaje de las enseñanzas pontificias. Cf. Newman, "Letter," etc., p. 140; Feesler, op. cit, p. 53. (98) Cf. Franzelin, "De Traditione," p. 141; Hurter, "TheologiaGeneralis," vol. i., n. 680. (99) Cf. Franzelin, ibid., pp. 128-130; Hurter, ibid. (100) De los muchos documentos papales citados por el Prof. Schulte, sólo dos son ex cathedra; e incluso estos no lo son con la extensión alegada. Esta precisión también se aplica a Janus. Of the many Papal documents quoted by Prof. Schulte against the dogma only two are ex cathedra; and even these are not ex cathedra to the extent claimed. This remark equally applies to Janus. Cf. Fessler, "True and False Infallibility, "pp. 54-59, 101-102, 132; Hergenrother, "Anti-Janus," pp. 256-267, y "Catholic Church and Christian State," vol. i., p. 35 et seq. Los casos de los papas Liberio y Honorio; y de Galileo, serán tratados en el capítulo V. (101) Instrucción Pastoral de los obispos suizos (junio 1871) citada en la obra de Fessler "True and False Infallibility," p. 63. Esta Pastoral mereció un breve de aprobación de parte de Pío IX. (102) Ha habido católicos que malentendieron la doctrina, y por ese motivo, se opusieron a la definición de la misma. Tal fue el caso del conocido p. Gratry, cuyas palabras son a menudo citadas por los que atacan el dogma de la infalibilidad papal. Pero, con el tiempo, él descubrió su error, y públicamente lo reconoció. En una carta al Correspondant (25 de febrero de 1872), escribió: "Yo combatí la Infalibilidad inspirada, el Concilio rechaza la infalibilidad inspirada. Yo combatí la infalibilidad personal; el decreto define una infalibilidad del oficio. Los escritores de una escuela, que consideré exagerada, no deseaban una limitación a la infalibilidad ex cathedra por demasiado estrecha; pero el decreto reconoce una nfalibilidad ex cathedra. Yo casi temía una infalibilidad científica, política y de gobierno; y el decreto no define sino una infalibilidad doctrinal en materia de fe y moral." Citado por el arzobispo Ullathorne en "Mr. Gladstone's Expostulation Unravelled," pp. 56-57.