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el yesQuero

Ensayos de análisis y crítica política


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Nro. 180

La tortura como remedio del terror


Por
Rafael Rincón Patiño*

La inquisición española llamaba “tortura del agua” al método de


obtener información por asfixia. El Gobierno norteamericano
denomina “interrogatorio duro” a esta práctica violatoria de los
derechos humanos.

La tortura del agua es una técnica medieval de interrogatorio, que


consiste en atar la víctima a una tabla mientras se derraman galones
de agua sobre el rostro cubierto con una toalla para crear la
sensación de ahogamiento. Es una forma de tortura como el
“submarino” o inmersión temporal en un estanque de agua.

El Gobierno de George W. Bush defiende la tortura del agua como un


método válido para la lucha contra el terrorismo, considera que los
“combatientes enemigos” pueden ser sometidos a este tipo de
vejámenes sin que se viole la ley ni la Convención de Naciones
Unidas Contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles,
Inhumanos o Degradantes (1984).

Este crimen de guerra, este acto de barbarie hace parte de la política


oficial de Estados Unidos contra el terrorismo. Ahogar es lícito
cuando se trata de combatientes enemigos. Es una forma legal
autorizada a la CIA y prohibida al Ejército (Enmienda Graham sobre
la tortura, 2005).

El recién elegido Procurador General de Estados Unidos, el juez


Michael Mukasey, candidato del presidente Bush, se abstuvo, en
audiencia pública ante el Senado, de calificar el ahogo simulado,
waterboarding, como tortura, confirmando así la política oficial
iniciada por su antecesor, el nefasto Alberto Gonzáles —el de los
memorandos a favor de la práctica de la tortura, el que eliminó el
hábeas corpus, el de las millones de llamadas grabadas y el que
niega las convenciones de Ginebra—.

Por su parte, el senador demócrata Edward Kennedy declaró que


“esta técnica bárbara pone a Estados Unidos junto a la Inquisición
española, el ejército japonés de la Segunda Guerra Mundial, los
dueños de esclavos del siglo XIX y el Khmer Rouge de Camboya”.

De otro lado, el presidente Bush, que ha conquistado al electorado


exhibiéndose como un duro contra el terrorismo y sacrificando las
libertades civiles, defendió a su candidato Mukasey a la
Procuraduría General diciendo: “No voy a hablar sobre técnicas. Hay
un enemigo allá fuera. Mi perspectiva es esta: el pueblo
estadounidense necesita entender que el programa es importante y
que las técnicas empleadas están dentro de la ley, y los integrantes
de la Cámara y el Senado saben de lo que hablo, han sido
plenamente informados”.

Por otro lado, el candidato republicano a la presidencia, Rudy


Giuliani, ex alcalde de Nueva York, y quien posa de “duro” frente al
terrorismo, defiende la tortura del agua para casos excepcionales,
dice que sin ella la Gran Manzana estaría llena de criminales.

Por el contrario, los candidatos demócratas se oponen a la tortura en


todas sus formas. Barak Obama la considera ineficaz porque los
torturados mentirán con tal de parar el dolor; se opone, también,
porque la tortura que practica Estados Unidos legitimará a sus
adversarios para ejercerla contra sus soldados.

En Iraq, Afganistán, Guantánamo y las cárceles secretas


norteamericanas en Europa se tortura por parte de contratistas de la
guerra, es la tortura por outsourcing, que exime a los funcionarios de
responsabilidad disciplinaria y penal.
El Gobierno de Bush expide una certificación anual en derechos
humanos al Gobierno colombiano, cuestionado por su propia justicia
y por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por sus
relaciones con las organizaciones paramilitares, que asesinan,
descuartizan y masacran a sus adversarios políticos y militares.

Estados Unidos, que se precia de Estado de derecho liberal, tiene un


Gobierno que acolita la tortura, por lo menos, en una de sus formas:
la tortura del agua; es un Estado que carece de fibra moral para
certificar en derechos humanos al Estado colombiano.

La secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, viene


a Medellín, Colombia, a mostrar a los congresistas demócratas los
beneficios del Plan Colombia, los alcances de su tarea “civilizadora”,
el producto de los acuerdos con el paramilitarismo de la seguridad
democrática.

El Gobierno de Estados Unidos, con la tortura del agua y con las


“capturas secretas” (especie de secuestros de Estado), invoca un
remedio peor que la enfermedad. La tortura como remedio del terror
no es otra cosa que más terror.

Referencia:
http://www.youtube.com/watch?v=-GcXl1y_mQw

* Director de háBeas Corpus, Oficina de Derechos y Gobernabilidad

Medellín, 29 de enero de 2008