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EL COGNITIVISMO Y SUS VICISITUDES

Mabel Inés Falcón


Profesora de Psicología
Facultad de Ciencias Humanas
U.N.S.L.- Argentina
e-mail: akauth@unsl.edu.ar

Introducción:

En este trabajo se tratará de efectuar una síntesis sobre las principales ideas que
caracterizaron el desarrollo de la ciencia cognitiva, entendiendo por tal el paradigma científico que
intentó… el análisis de la mente humana en términos de procesamiento de la información (SIMON,
1987, p.26). En esta concepción, la investigación cognitiva se orientó hacia el estudio de la
inteligencia, sus características y naturaleza, prescindiendo de la sustancia soporte o “hardware”
que la contiene. Hemos aprendido que la inteligencia no es una cuestión de sustancia –sea
protoplasma o cristal y alambre- sino de formas que la sustancia toma y de procesos por los que
pasa… La inteligencia es mente implementada con cualquier tipo de materia diseñable. (SIMON,
1987, p.26).

La hipótesis cognitiva sostiene que su objeto es el estudio de sistemas cognitivos


constituidos por símbolos físicos, en consecuencia, las computadoras brindan un modelo mecánico
del pensamiento, en otras plalabras, que el pensamiento consiste en la computación física de
símbolos.

El nacimiento de la ciencia cognitiva, expresado en estos términos, provocó diversas


reacciones en el mundo científico e incluso en el individuo corriente que sintió –y siente- que su
capacidad de pensar, de resolver problemas e –incluso- ocupar un espacio laboral, se ve
amenazado por los nuevos desarrollos científicos y tecnológicos puestos en marcha. La
confrontación cerebro vs. Máquina, amenaza con una nueva herida narcisista para el sujeto
humano, hasta ahora monarca indiscutido entre los seres inteligentes que, como el aprendiz de
brujo, comienza a producir un monstruo que se teme –más de las veces injustificadamente-
termine acabando y consumiendo a su creador.

Desde una perspectiva socio-política y económica, coincidiendo con Francisco VARELA


(1998), es importante señalar el peso que el control hegemónico de las investigaciones y
desarrollos realizados en los Estados Unidos –sobre todo en el MIT- han tenido y tienen sobre el
resto de la comunidad científica. Esta carga se manifiesta en posturas categóricas que parecen
ignorar los desarrollos y enfoques previos que se han realizado sobre el tema de los procesos
cognitivos, en especial en Europa.

Otro aspecto significativo se centra en la limitación impuesta a las ciencias cognitivas por
esta línea de investigación al restringir su accionar y abordar el tema de la inteligencia y de la
cognición exclusivamente desde lo computacional.

La hipótesis cognitivista

A comienzos de los años cincuenta, el desarrollo alcanzado por las computadoras, dio origen
a la perspectiva cognitivista, es decir a la postura de un grupo de científicos que, como ya se ha
señalado, sostenían que las computadoras eran sistemas para manipular símbolos físicos. Desde
esta perspectiva, la cognición podía ser definida como sinónimo de la computación. Esto significa
que un cómputo es una operación realizada mediante símbolos, es decir, mediante elementos que
representan algo para alguien/algo que los interpreta.

La computadora se convirtió el modelo para abordar a la mente humana, esto debido a que
para los cognitivistas, aún cuando la computadora y el cerebro estuvieran constituidos por
estructuras y mecanismos totalmente diferentes, en cierto nivel de abstracción, compartían una
descripción funcional común. En otros términos, tanto la computadora como el cerebro
humano podían considerarse como dispositivos que generaban comportamientos
inteligentes, en la medida que podían manipular símbolos mediante reglas formales.
Esta conclusión fue expresada por Newell y SIMON (1987) mediante la siguiente hipótesis: Un
sistema de símbolos físicos cuenta con los medios necesarios y suficientes para realizar acciones
inteligentes generales. Con “necesarios” queremos decir que cualquier sistema que exhiba
inteligencia general, demostrará con análisis, ser un sistema de símbolos físicos. Con “suficientes”
queremos decir que cualquier sistema de símbolos físicos de tamaño suficiente puede
organizarse, a fin de exhibir una inteligencia general. (DREYFUS, 1994, p.345)

En el discurso del texto antedicho, la idea clave es la de representación, o la de


“intencionalidad”, el término filosófico que designa algo que es acerca de algo1.

El argumento cognitivista afirma que la conducta inteligente supone la capacidad para


representar el mundo de ciertas maneras. Por lo tanto, la conducta cognitiva se puede explicar
aceptando que un agente o dispositivo actúa representando rasgos relevantes de las situaciones
en que se encuentra. En la medida que logre que la representación de esa situación sea exacta, la
conducta tendrá éxito.

El programa de investigación cognitivista se puede sintetizar en las respuestas a las


siguientes preguntas:
Pregunta 1: ¿Qué es la cognición?;
Respuesta: Es procesamiento de información: manipulación de símbolos basada en reglas.
2: ¿Cómo funciona?
Respuesta: A través de cualquier dispositivo que pueda representar y manipular elementos
físicos discretos: los símbolos. El sistema interactúa sólo con la forma de los símbolos (sus
atributos físicos), no con su significado
3: ¿Cómo saber que un sistema cognitivo funciona adecuadamente?
Respuesta: Cuando los símbolos representan apropiadamente un aspecto del mundo real, y
el procesamiento de la información conduce a una feliz solución del problema planteado al
sistema (VARELA, 1998, p.43-44).

Esta noción de la representación no deja de plantear discusiones. Lo controvertido surge


cuando el cognitivismo afirma que el único modo de dar cuenta de la inteligencia se asienta en el
hecho de que la cognición actúa sobre la base de representaciones que adquieren realidad física,
cuando toman la forma de un código simbólico en el cerebro o en una máquina. No obstante, es
importante destacar que el nivel simbólico tiene una dimensión física pero no es reductible al
nivel físico. (VARELA, 1998, p.41). Esto es evidente si se tiene en cuenta que un mismo símbolo
puede adoptar infinitas formas físicas. En la inteligencia humana, una expresión simbólica
poseedora de una realidad física, se puede corresponder con un patrón global y altamente
distribuido de actividad cerebral.

El producto más cuestionado del cognitivismo está representado por la Inteligencia Artificial
(IA) que puede ser considerada La proyección literal de la hipótesis cognitivista (VARELA, 1998, p.
46).

Ya en 1958, Simon y Newell sostenían: Ya tenemos los dos elementos de una teoría para la
resolución heurística (en oposición a la algorítmica) de problemas y podemos utilizar esta teoría
para comprender procesos heurísticos humanos como para simular esos procesos en
computadoras digitales. La intuición, el razonamiento y el aprendizaje ya no son posesiones
exclusivas de los seres humanos: ya es posible programar cualquier computadora grande de alta
velocidad para que también exhiba estas propiedades (DREYFUS, 1994, p.348).

1 El tema de la intencionalidad tiene un antecedente importante en Franz Brentano (1838-1917). Este


filósofo alemán, que ha tenido influencia en la fenomenología actual, desarrolló teorías que conceden una
relevancia notable a la intencionalidad. Para Brentano, los fenómenos psíquicos materiales eran
experiencias y eran siempre representativos, es decir, que siempre se relacionaban con algo, siempre
estaban en relación con un objeto. Según sus palabras, tienen una “objetividad inmanente” y el objeto tiene
en todos ellos una “existencia intencional”. Esto debía entenderse no sólo para el deseo o la inteligencia,
sino también para la sensibilidad: un color, por ejemplo, no es un hecho psíquico sino un hecho material, un
objeto físico, lo psíquico es percibir, es decir un acto mental que apunta a un objeto en este caso, de color.
Estas afirmaciones es posible ubicarlas en el marco de lo que se puede designar como IA
fuerte, es decir, aquella posición teórica que considera a la computadora no sólo una herramienta
que permite, entre otras cosas, acercarse al complejo funcionamiento de la mente, sino que la
computadora adecuadamente programada es una mente, vale decir, una máquina pensante que
posee ciertos estados cognoscitivos.

Las vicisitudes:

Uno de los científicos que ha rebatido con más énfasis la postura cognitivista, sobre todo en
lo que se ha dado en llamar la inteligencia artificial “fuerte”, ha sido John SEARLE (1994). Para
rebatir aquella postura científica, Searle se pregunta qué pasaría si su mente funcionara de
acuerdo a las teorías que sustenta la posición de la IA fuerte y esto lo hace a través del siguiente
razonamiento:

Supongamos que estoy encerrado en una habitación y se me proporciona un fajo


grande de textos escritos en chino. Supongamos además (como es de hecho el caso)
que no sé chino ni escrito ni hablado, y que ni siquiera tengo la certeza de poder
reconocer la escritura china como tal, distinguiéndola, por ejemplo, de la escritura
japonesa o de una serie de garabatos sin significado alguno. Para mí, la escritura
china sólo es una serie de garabatos sin sentido. Ahora bien, supongamos que
después de recibir este fajo de textos en chino, se me proporciona otro que contiene
una serie de reglas para relacionar el segundo fajo con el primero. Las reglas están in
inglés y las entiendo tan bien como cualquier otro hablante de esta lengua. Me
permiten establecer una correlación entre un conjunto de símbolos formales y otro
conjunto de símbolos formales. Con “formal” sólo quiero decir aquí que puedo
identificar los símbolos completamente por sus formas. Supongamos también ahora
que recibo un tercer fajo de símbolos chinos junto con algunas instrucciones, en
inglés, que me permiten correlacionar elementos de este tercer fajo con los dos
primeros, y que estas reglas me instruyen acerca de cómo responder con ciertos
símbolos chinos de cierta forma a ciertos tipos de forma que me fueron
proporcionadas en el tercer fajo. Sin yo saberlo, las personas que me dieron todos
estos símbolos llaman “manuscrito” al primer fajo, “relato” al segundo y “preguntas”
al tercero. Además, llaman “respuestas a las preguntas” a los símbolos que doy en
respuesta al tercer fajo, y al conjunto de reglas en inglés que me proporcionaron lo
llaman “el programa”. Ahora bien, sólo para complicar la historia un poco,
imaginemos que estas personas también me proporcionan relatos en inglés, que yo
comprendo, y que luego me hacen preguntas en inglés sobre esos relatos y yo les
respondo también en inglés. Supongamos también que después de un rato logro
seguir tan bien las instrucciones para descrifrar los símbolos chinos y los
programadores logran escribir tan bien los programas desde un punto de vista
externo –esto es, fuera de la habitación donde estoy encerrado- que mis respuestas a
las preguntas no pueden distinguirse en absoluto de las que proporcionaría un
hablante del chino. Nadie que sólo observara mis respuestas podría afirmar que no
hablo ni una palabra de chino. Supongamos también que mis respuestas a las
preguntas en inglés son (qué duda cabe) indistinguibles de las de otros hablantes del
inglés por la sencilla razón de que yo soy un hablante de esta lengua. Desde el punto
de vista externo –el de alguien que lea mis respuestas- las contestaciones a las
preguntas en chino y a las preguntas en inglés son igualmente buenas. Empero, en el
caso del chino, a diferencia del inglés, formulo mis respuestas mediante el manejo de
símbolos formales no interpretados. En lo que respecta al chino, me comporto
simplemente como una computadora; realizo operaciones de cómputo con base en
elementos especificados formalmente. En cuanto al chino, no soy más que un ejemplo
concreto del programa de una computadora. (SEARLE, 1994, p.84-85)

Las conclusiones de este sencillo ejemplo se pueden resumir del siguiente modo:

El no hablante de chino, no entiende una palabra de esa lengua, aún cuando sus
respuestas sean absolutamente correctas y no difieran de las de un sujeto que sí dominara
este idioma; el hecho de que las respuestas dadas en inglés sean tan perfectas como las del
chino, puede implicar que las respuestas en inglés constituyan una manipulación simbólica
similar, aunque más formal, que la de las respuestas chinas, no obstante, el programa no
aporta nada para la comprensión del chino. En consecuencia, … mientras el programa se
defina en términos de operaciones de cómputo sobre puros elementos definidos
formalmente, lo que el ejemplo sugiere es que éstos por sí solos no guardan ninguna
relación interesante con la comprensión… (SEARLE, 1994, p.86).

Por último, Searle intenta ofrecer una explicación sobre las causas por las que se atribuyen
capacidad de comprensión, además de otros atributos cognitivos, a diferentes artefactos: La razón
por la que hacemos estas atribuciones es bastante interesante y tiene que ver con el hecho de
que en los artefactos extendemos nuestra propia intencionalidad. Nuestras herramientas son
extensiones de nuestros propósitos y, por consiguiente, nos parece natural atribuirle
intencionalidad metafóricamente (SEARLE, 1994, p.87). No obstante, señala: Sin embargo, a mi
juicio estos ejemplos no tienen ninguna importancia filosófica (SEARLE, 1994, p.87).

La posición de Searle no ofrece dudas y se asienta fundamentalmente en la falta de


capacidad semántica de la máquina. …en esto consiste mi rechazo a la ecuación: mente-cerebro
= programa-hardware. Instanciar el programa correcto nunca es suficiente para tener una mente
[…]. Y la razón es obvia. Las mentes tienen contenidos mentales. Tienen contenidos semánticos.
Así como tienden un nivel sintáctico de descripción. (SEARLE, 1995, p.420)

En la concepción cognitivista, los símbolos tienen una realidad física que condiciona la
computación, ya que existe la certeza de que una computadora digital opera sólo sobre la forma
física de los símbolos que computa, pero no tiene acceso a su valor semántico, por lo tanto, sus
operaciones están limitadas semánticamente, por lo que los programadores la han codificado
como diferencia semántica relevante para su programa y la han expresado en la sintaxis del
lenguaje simbólico de ellos mismos.

En otras palabras, ante el irreductible nivel simbólico que la hipótesis cognitiva utiliza para
explicar la cognición, los críticos acertadamente señalan que los símbolos son ítems semánticos,
característica que escapa a la capacidad de la IA. Ante esto, los cognitivistas postulan un tercer
nivel semántico o representacional. Esto último constituye una de las principales innovaciones de
las ciencias cognitivas: las relaciones entre sintaxis y semántica. Al respecto, los cognitivistas
sostienen que, en un programa de computación, la sintáxis del código simbólico refleja su
semántica. Esta postura presenta varios flancos débiles: en el caso del lenguaje humano, es un
absurdo decir que todas las distinciones semánticas relevantes para una explicación de la
conducta estén reflejados sintácticamente.

Esta discusión nos remite al problema del lenguaje natural. Es obvio que para darse cuenta
de cuál es la información implícita entre las alternativas que el lenguaje expresa, la máquina debe
simular la comprensión del lenguaje humano. De allí la importancia que las investigaciones sobre
el lenguaje natural alcanzaron en su momento –continuándolo- y las controversias que a su
respecto se suscitaron.

Noam Chomsky, que participó activamente en este debate, sostiene que existe una
modalidad innata para el lenguaje natural que incluye aspectos semánticos; y que el mismo está
determinado por la evolución. Esto presupone la existencia de un gran número de habilidades
conceptuales innatas por las cuales los sujetos tienden a formar ciertos conceptos y no otros.

Por su parte, Jerry Fodor va más lejos al sostener que… existe un lenguaje del pensamiento
innato, con primitivas (palabras elementales) adecuadas para la expresión de todos los conceptos
que los humanos son capaces de aprender a expresar en un lenguaje natural (PUTMAN, 1993,
p.316).

Si se tiene en cuenta la concepción más tradicional, uqe sostiene que la lengua madre no se
aprende, sino que es el resultado del desarrollo y la maduración de una capacidad innata en un
ambiente dado, se ven notablemente reducidas las esperanzas sobre la probabilidad de que la
computadora pueda llegar al dominio del lenguaje natural.

Esta es la razón por la cual Chomsky, aunque comparte el modelo computacional de la


mente, es pesimista a propósito de los proyectos del procesamiento computacional del lenguaje
natural.

Otra dificultad está referida al tema del pensamiento lógico-inductivo, que en cierta forma
comparte la concepción pesimista sobre el lenguaje natural. Lo cierto es que hasta ahora no se ha
podido determinar cuál es la forma ni la magnitud del razonamiento que se ha dado en llamar
lógica inductiva, entendiendo por tal …cualquier métodode inferencia válido que no sea deductivo
(PUTMAN, 1993, p.310). Pero el problema de la inducción no es el único problema que surge
cuando se intenta simular la inteligencia humana. La capacidad cognitiva exige ciertas habilidades
que no solamente tienen que ver con los estímulos físicos. Lo que hace similares a los cuchillos,
por ejemplo, no es que se parezcan (pues no se parecen), sino que todos están fabricados para
cortar o perforar… De este modo, cualquier sistema que puede reconocer los cuchillos como cosas
relevantemente similares debe ser capaz de atribuir propósito a los agentes. Los humanos no
tienen dificultades para hacerlo (PUTMAN, 1993, p.312). Es decir, que el sujeto humano posee una
habilidad innata que lo ayuda a saber cuál, entre las infinitas posibilidades inductivas, se puede
considerar acertada.

Para lograr que un programa computacional simulara con éxito esta capacidad inductiva, la
teoría pesimista sostiene que se requeriría un vasto número de subrutinas, tan extenso, que
serían necesarias generaciones de programadores e investigadores para llevar a cabo una
pequeña parte de ese sistema.

La concepción optimista, por su parte, sostiene que hay una heurística del aprendizaje, sin
que ello implique un número inmanejable de conocimientos de base; y que esta heurística serviría
para que la máquina domine el lenguaje natural, así como la posibilidad de hacer inferencias
inductivas.

Informática y educación

Hace muchos años, cuando todavía no se vislumbraban los increíbles logros informáticos que
hoy son una realidad cotidiana, una profesora de pedagogía contó en clase la siguiente fábula:
“Cansado de no obtener demasiada atención por parte de sus alumnos y con el propósito de
aliviar su tarea docente, un profesor comenzó a grabar sus clases y a enviar la grabadora para
que el conserje lo pusiera en el aula y los alumnos pudieran oír su exposición. Al cabo de una
semana, se dio una vuelta para ver cómo funcionaba su invento y comprobó que en los pupitres
de los alumnos sólo había grabadoras que reproducían su misma grabación”.

En lo que se ha comentado sobre las limitaciones que ofrece la Inteligencia Artificial,


parecería que, hasta el momento, la informática no puede reemplazar al hombre en la tarea
docente. Si se piensa esto desde la constitución de la subjetividad y desde lo que sostienen
muchas teorías psicológicas, el sujeto sólo puede constituirse como tal en relación a un semejante
y la educación formal cumple una parte importante en la construcción y constitución de esa
subjetividad.

Por estas razones, el siguiente párrafo de SCHLEMENSON (1997) puede constituir el broche
adecuado para estas reflexiones: Si todos fueran iguales, si en la escuela no existieran “los otros”,
parecidos pero distintos, la educación podría quedar en manos de las computadoras que, por
suerte, son sólo instrumentos de información que no logran generar el atractivo y el dinamismo
que produce el semejante, el compañero cuando se encuentra con un igual en el interior del
espacio escolar compartido (SCHLEMENSON, 1997, p.75)
BIBLIOGRAFÍA:

FALCON, Mabel I. (1999). El cognitivismo y sus vicisitudes. Revista Ideaçao. Feira de Santana,
Brasil (número 4) p.111-124
Recuperada el 27 de diciembre de 2008 en: http://74.125.47.132/search?
q=cache:Al_WSzvnsVQJ:www.uefs.br/nef/akauth4.pdf+cognitivismo+y+sus+vicisitudes+mabel&hl
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