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UNIVERSIDAD NACIONAL DEL

NORDESTE
Carreras de Relaciones Laborales,
Comunicación Social y Turismo

Carrera: Tecnicatura en Periodismo

Trabajo Práctico Nº4: La radio y la


comunicación

Fecha: 20 de octubre de 2008

Grupo Nº: 2

Profesor responsable: Belén Ayala

Integrantes: Silvero, Miguel Ángel.


López, Zenón Alberto.

Calificación obtenida:

1
Consignas:

1. Explica brevemente los descubrimientos tecnológicos


que derivaron en la radiofonía.

2. Describe los aspectos sociales, políticos y culturales


que permitieron que la radio se convierta en un medio
masivo de comunicación a mediados de la década del
20.

3. ¿Qué características y ventajas tenían las primeras


radiotransmisiones?

4. ¿Cuáles fueron las características de la primera etapa


de la organización de la radio? (Aficionados y
experimentadores)

5. ¿Qué características tenían las primeras emisoras de


los años 30: Belgrano, El Mundo y Radio Splendit?

6. ¿Cuáles fueron los efectos del impacto de la radiofonía


en los oyentes? ¿De qué manera la radio modificó los
hábitos de vida de su público?

7. Describe brevemente las voces y posturas opositoras a


la difusión de la radio.
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8. Realiza una breve síntesis de la relación que existió
entre la radio y la política desde su aparición hasta
nuestros días.

1. Algunos de los descubrimientos tecnológicos que derivaron en la radiofonía fueron:


En 1867, James Clerk Maxwell calculó la existencia de un medio penetrable, el éter a
través del cual se desplazaban ondas eléctricas la luz y el calor.
Henry Heríz exhibió, concretamente las ondas eléctricas y demostró que podían pasar
por, una habitación.
Edward Brandly inventó el cohesor para captar los impulsos invisibles.
Guillermo Marconi vinculó estas tres ideas y dio lugar a un nuevo sistema de señales.
De este modo, en 1896 nació la telegrafía sin hilos. El siguiente paso fue la invención
de los métodos de sintonía-clave para el progreso de la radio. Marconi concebía que
estos métodos tenían más posibilidades de utilización en el mar captando mensajes
desde los barcos. En 1909 se le concedió a Marconi el premio Nobel de Física. La
utilización de la comunicación interoceánica mediante los cables telegráficos se fueron
imponiendo como forma de comunicación a la distancia. El naufragio del Titanio, en
1912, destacó a la radio en la primera plana de todos los periódicos. Cuando el buque
que rescató a los náufragos, el Carpathia, regresó a Nueva York. Marconi esperaba
en el muelle y fue saludado al grito de agradecimiento de los sobrevivientes.
Harold de Forest Arnold, nacido en Estados Unidos, fue, a comienzos del siglo XX, el
diseñador de las válvulas electrónicas.
Edwin Howard Armstrong, publicó en 1914 un trabajo donde se explicaba el empleo de
las válvulas electrónicas. En 1916 aclaraba el principio de. la recepción heterodina,
altas frecuencias fácilmente modulables; y preparó el camino para su invento más
importante: el receptor superheterodino, con un oscilador electrónico y que por medio
de la acción heterodina reducía la frecuencia de la señal de entrada, pasaba por una
etapa de amplificación y se obtenía una señal más clara.

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2. En 1913, el Congreso Nacional sanciono la ley 9127 con el fin de reglamentar el
monopolio estatal sobre todos los tipos de comunicaciones: telegráficas, telefónicas y
de radiocomunicaciones. La ley definió la radio dentro de los parámetros de la
"seguridad del Estado". En ese momento, la radio se encontraba muy lejos de ser un
medio masivo de entretenimiento y de información. Se la percibía más cercana a
medios como el telégrafo (desde 1869) y el teléfono (desde 1881). Ambos no sólo
fueron las bases de la modernidad económica y social en la Argentina, también fueron
las condiciones necesarias para la aparici6n de la radio como telecomunicación en
1910.
Durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno argentino al igual Estados Unidos,
Inglaterra y Francia, colocó bajo control del Estado estos servicios de radio que habían
comenzado en manos de radioaficionados privados. Las razones fueron que se la
consideraba un medio de telecomunicación y un instrumento de seguridad estatal.
Hacia 1915, bajo la Ley 9127, el Ejercito Argentino adquirió cuatro estaciones
inalámbricas. Fueron compradas a la Compañía Marconi de Telegrafía sin Hilos del
Rio de la Plata. Solo al finalizar la guerra, una visión mas liberal de las cosas motivo a
que las autoridades concedieran a la compañía alemana Siemens & Halske el control
de establecer y de explotar las ondas radioeléctricas para comunicaciones con el
exterior.
Pese a estos logros tecnológicos y jurídicos que favorecían la ampliación del sistema
de radiodifusión, fallaban algunos de orden social, político y cultural para que la radio
se convirtiera en un medio de comunicación de masas. Dichas condiciones llegaron
paulatinamente desde la primera década del siglo. De este modo, durante los anos
previos a la aparición de la radio como medio de comunicación de masas se consolidó
y formó un público.
Un conjunto de personas desconectadas entre si, sin vínculos personales mutuos y
con el hábito de prestar atención a cierto contenido que se les presenta de manera
mas o menos impersonal.
Desde 1903 descendió el consumo de las acrobacias (asisten 24.131 personas) y
comenzó a ser mas notorio el gusto por el drama criollo (260.0334 personas) en salas
de teatro. Esto significó la masificación del género y, de alguna manera, el comienzo
de la masificación de un público que luego escuchará la radio. Un segundo elemento
central fue la publicidad comercial. Comenzó en Buenos Aires en los primeros años del
siglo XX, aunque hasta los años veinte no llego su momento de auge.
En tercer lugar, en la formación del público influyeron ciertas experiencias sociales y
políticas características del espacio público de la sociedad de masas; por ejemplo, las
experiencias electorales y sus efectos desde 1916.
Otro factor que contribuyo fue la lectura mas o menos habitual de la prensa escrita,
tanto diaria como periódica. Había aumentado el número de personas alfabetizadas
como efecto de las mejoras en la educación formal y de los inmigrantes que
ingresaban al país.
En los años veinte se formó un público de personas habituadas a consumir
conocimiento, a atender y a razonar de acuerdo con un modelo más o menos
impersonal de comunicación que requería un medio como la radio. Además, esta
tendencia se refuerza con el hecho de que existieron grupos grandes de trabajadores
dedicados a profesiones realizadas en zonas urbanas, como son los obreros de la
industria y artes manuales.
Solo en la ciudad de Buenos Aires vivían 1.575.814 personas. Esto representaba una
base demográfica solida y muy prometedora para la aparición lenta pero segura de
una audiencia y de un público de masas. Un público que, además, comenzaba a ser,
poco a poco, un grupo consumidor atractivo para los empresarios.
Finalmente, dentro de las condiciones necesarias para la aparición de la radio como
medio de masas, fue importante que el gobierno de Hipólito Yrigoyen dejará una
amplia libertad de acción a la prensa. Era común y además, algo valorado, la
expresión de ideas de manera libre y por diferentes medios.

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3. La consolidación de la radiofonía como mundo colectivo más que corno experiencia de
las nuevas tecnologías de la época puede ser comprendida en toda su amplitud a
través de dos hechos no tan conocidos. Ambos eventos fueron deportivos. La
retransmisión en directo del combate entre Luis Ángel Firpo de la Argentina y Jack
Dempsey de los Estados Unidos, qué se realizó en Nueva York el 14 de septiembre
de 1923.
Radio Cultura fue emisora que dio la información acerca de la pelea aunque no se emitió
en directo «Lo que los oyentes pudieron escuchara través de la radió fue la
retransmisión, inmediata de las noticias recibidas por vía radiotelegráfica»
Este hecho fue novedoso, ya que, generalmente, los cables telegráficos se transmitían
varias horas después de haber sido recibidos. Ese día, en cambio, se leyeron al público
en la medida en que fueron llegando. Para esa oportunidad, la venta de radios (tanto
a galenas como a Válvulas) aumentó notablemente.
El segundo acontecimiento sucede más de un año después. En octubre de 1924,
Radio Nacional cubrió por primera vez un partido de fútbol: la Asociación Argentina
de Football contra la Asociación Uruguaya de Football. El diario La Nación
informaba que él desarrollo del partido será transmitido radiotelefónicamente por la
estación L.O.R que ha instalado en él palco de los periodistas un entusiasmo
especial, desde el que se dominará el campo de juego. Dos micrófonos servirán
para comunicar al público todas las incidencias de la lucha. Desde uno de ellos se
comunicarán las variantes del juego y desde el otro se escucharán las diversas
manifestaciones populares.
Para poder seguir las alternativas del encuentro, el diario publicó un plano de la cancha
dividida en zonas numeradas, él speaker indicaría en qué cuadro se iban produciendo
las jugadas, y así se podía comprender el sentido del juego.
La "Introducción" de los parlantes cambió la forma de relacionarse con la radio. Se pasó de
escuchar de manera individual a través de auriculares a una forma social la radio
podía colocarse en el comedor de la casa y los miembros de" la familia o del entorno
social directo podían reunirse alrededor del aparato.
Así la escucha se volvió compartida. Las radiolas y radiotrons que la RCA fabricaba a
mediados de la década del 20 podían conseguirse en "modelos portátiles que le daban
al oyente una «sensible ventaja, la comodidad de su transporte a cualquier sitio de la
casa, hall, comedor, etc.», eran equipos ideales para ser trasladados de un lugar a
otro, como consignaban las publicidades de la época.
Mientras que los aparatos de radio tradicionales ofrecían otras cualidades calidad de
tono, sonoridad, selectividad y simplicidad de: manejo, la publicidad de las Radiolas
Modelo 100 Q la RCA aseguraba que con ese aparato se obtenía una reproducción
fidelísima de cada nota de toda la escala musical, sin la menor distorsión y con absoluta
nitidez. Por su parte, la firma Westinghouse publicitaba una verdadera maravilla en
cuanto a distancia, claridad y volumen: la Radiola III A, con los nuevos Radiotrons VX
120, que por su precio reducido está al alcance de todos.
Casi todos los modelos hogareños de esta etapa de expansión de la radiofonía
presentaban .el parlante por separado, sólo los portátiles, y recién a finales de la década
de 1920, lo incorporaban junto al aparato receptor en una especie de caja-valija. A
medida que el uso de la radio fue extendiéndose en estos primeros años, la producción
aumentó y los diseños de los aparatos se hicieron más sofisticados. Para los años treinta,
comenzaron a difundirse los equipos de radio que venían dentro de un mueble de
aspecto lujoso que contenía el aparato receptor, los parlantes y el fonógrafo: los famosos
combinados. Estos permitían sintonizar el programa elegido o recrearse con las melodías
de sus discos favoritos.

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4. La noche del 27 de agosto de 1920, en la azotea del teatro El Coliseo, Enrique Susini,
Miguel Mujica, César Guerrico y Luis Romero habían logrado instalar un pequeño
transistor y un micrófono en el teatro, conectados a una antena dispuesta en el techo
del edificio. Estos cuatro jóvenes radioaficionados se aventuraban a una nueva
experiencia pública. Una década antes de ese invierno, Guillermo Marconi, el inventor
de las comunicaciones inalámbricas, había llegado a Buenos Aires para comprobarlas
en una transmisión hacia Canadá. En 1920 estos médicos argentinos fanáticos de las
«ondas de Marconi» realizaron su primera experiencia masiva. La transmisión de la
ópera Parsifal, que esa noche se ejecutaría con un auditorio completo de
espectadores pudo ser sintonizada por unos cincuenta aparatos receptores que había
en Buenos Aires en ese momento. Los llamados «locos de la azotea» sabían que
realizaban un experimento complejo recreando en el país la experiencia de «escuchar
sin ver», la experiencia de estos jóvenes emprendedores fue importante.
El periodo bohemio se caracterizó por la presencia de aficionados que
experimentaban, con una imagen ideal de como podría desarrollarse el medio. Se
podría decir que la organización de la radio en la Argentina, en los anos veinte,
respondió a dos perspectivas visibles, identificadas por las intenciones y conductas de
sus administradores. La primera etapa tuvo como protagonistas a los aficionados y a
los experimentadores y la segunda, a los empresarios.
Sin embargo, estas categorías no son tan simples como parecen, porque los
organizadores aficionados no sólo eran románticos y bohemios, también eran
personas que podían organizar un negocio y llevarlo adelante. Así lo demuestra el
grupo de Susini. Miguel Mujica llegó a gerente general de una empresa de
comunicaciones telefónicas en España en los anos treinta, y durante el gobierno de
Arturo Frondizi, fue el secretario de Comunicaciones. Romero Carranza fue medico
radiólogo y fundó la primera empresa dedicada a producir celuloide virgen para ser
usada en el cine profesional. Tal vez el personaje más complejo del grupo era el
mismo Susini: además de ser medico, investigador y empresario, fue director de cine y
de teatro, y estuvo junto con Yankilevich y Carranza en la fundación de la televisión
argentina. En resumen, los aficionados no fueron bohemios despreocupados de las
cuestiones económicas y administrativas. Pero tampoco organizaron la radio como
una empresa eficiente o un medio de difusión masiva. Estaban más interesados en el
medio como una tecnología de experimentación, que en desarrollar un negocio
rentable.
La transmisión del combate Firpo-Dempsey en 1923 provocó un notable aumento en la
compra de aparatos radiofónicos. Se beneficiaron de este hecho sin precedentes
muchos de los pioneros en la venía de partes de aparatos, válvulas, cables y otros
elementos necesarios para la puesta en marcha y reparación de los aparatos. Uno de
ellos fue Jaime Yankelevich, uno de los pocos proveedores de piezas y de equipos
completos. Con el impacto de este evento, mejoró sensiblemente su situación
económica. En aquella oportunidad, habla instalado un parlante de importantes
dimensiones en la puerta de su negocio para transmitir el combate. Ese día, su
hermano Marcos utilizó la misma estrategia: ubicó un potente aparato de radio con un
parlante en la puerta de su local, en Cabildo al 2500. La gente se amontonó para
escuchar la pelea; incluso los tranvías pararon para enterarse del resultado.

5. Jaime Yankelevich adquirió en 1924 la licencia para administrar Radio Nacional. En


1925, fue llevado a juicio por incumplimiento de pagos, lo que le permitió vincularse
con el entonces Juez de Paz que atendía la causa, Juan Cossio. La relación entre el
juez y el acusado tomó un giro inesperado: el propio, juez se hizo cargo de los
documentos vencidos de Yankelevich y, posteriormente, pasaba ser el administrador
de Radio Nacional. Para 1931, don Jaime había adquirido emisores en todo el país:
cuatro en Capital Federal; una, LT3, en Rosario; una LV2, en Córdoba; LU2, en Bahía
Blanca; y LT4 en Mendoza. La antigua Radio Nacional pasó a ser Belgrano cuando

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en 1933 el gobierno del general Agustín P. Justo dictó una resolución que prohibía
utilizar la palabra nacional para la denominación de las emisoras. Yankelevich
organizó un concurso a partir del cual los propios oyentes propondrían un nuevo
nombre, el más votado sería el elegido. A fines dé ese año se estrenó la «nueva»
Radio Belgrano. Además de ser propietario de la Primera Cadena Argentina de
Broadcasting. Yankelevich era el dueño de la revista Antena, que había surgido en la
década del treinta para competir principalmente con Radiolandia, de Julio Korn.
Ambos, junto con Juan Cossio, constituían parte de un grupo dedicado a la radio y al
cine.

Por el imponente edificio de Radio Belgrano circulaban los más afamados artistas de
cine y teatro, que esperaban en las salas y pasillos para realizar sus actuaciones
radiales y escuchar noticias y rumores acerca de futuras actuaciones. Cuando en
mayo de 1933 se reinauguró el edificio durante todo el mes hubo festejos para
celebrarlo. Carlos Gardel, Agustín Magaldi, Libertad Lamarque, Ignacio Corsini,
entre muchos otros, brindaron sus recitales en vivo. Yankelevich fue uno de los más
importantes emprendedores de la radiomanía, pero no fue el único.

Desde un lugar diferente al medio en sí, Julio Korn -dueño de la revista La Canción
Moderna, luego Radiolandia se había posicionado como uno de los principales hace
dores del medio: La trayectoria de Julio Korn es reveladora del ascenso que vivieron los
primeros emprendedores vinculados al mundo radio, que pasaron en pocos años a ser
empresarios de los multimedios.

La Canción Moderna y Radiolandia aparecieron como consecuencia del auge de la


radiofonía. Estas revistas tuvieron como principal objetivo difundir la programación
radial, la vida de los principales artistas deja radio y el cine, y los estrenos y novedades
de estos medios.
La dupla que constituyeron Yankelevich y Julio Korn se retroalimentaba en la relación
de los dos medios que administraban, la radio y las revistas. Durante esos años, para
Competir con el «palacio» de Yankelevich, surgió Radio Fénix. Su director artístico era
Enrique del Ponte y la gerencia estaba a cargo del doctor José Díaz Colodrero. Los
dueños de la emisora adquirieron un viejo caserón en la calle Santa Fe y lo remodelaron
para acondicionar los estudios y sus despachos; el nuevo edificio, que tenía una
imponente escalera de madera tallada y «todo lo que corresponde a una radio de
primera», era conocido como el palacete. Ni la inauguración de la moderna Radio El
Mundo, con sus adelantos tecnológicos y sus espaciosos estudios, hicieron temblar el
imperio de Yankelevich.
En 1935 se fundó Radio El Mundo, la principal competidora y critica de la programación
de Radio Belgrano. Harry Wesley Smith fue su propietario. Radio El Mundo era un
proyecto ambicioso, no se trataba sólo de administrar una frecuencia de radio, sino de
construir un edificio acondicionado para funcionar como estudio de radio. Esta iniciativa
superaba el esponsoreo de un programa como en el caso de Crítica o de La Nación. A
fines de noviembre de 1935 se inauguró la emisora con la presencia del presidente
Justo y su esposa.
El edificio imitaba el de la BBC de Londres. El Mundo fue el ideal de la radio culta, con
una orquesta propia, una programación de importantes números de música clásica y
jazz (aunque se incluía el tango, a través del famoso programa Glostora Tango Club), un
elenco estable e innumerables figuras cómicas y dramáticas.
En 1938, Emilio Karsturovic, director de la revista Sintonía, comenzó a participar en la
programación de la emisora a través de la información del Gran Premio Argentino de
Automovilismo. La programación incluía las transmisiones en directo de los principales
partidos de fútbol, y de los encuentros de box. En esos años, El Mundo desplazó de la
competencia a Spléndid y Radio Prieto, y marcó un estilo propio.

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Hacia 1938 a las transmisiones de la emisora se había unido una serie de estaciones
del interior del país, que conformaron lo que se llamó la Red Azul y Blanca. Consistía en
un conjunto de 15 repetidoras del interior ubicadas en diferentes provincias.
Belgrano, El Mundo y Spléndid, competían entre si por sumar oyentes a su audiencia.
En 1940, la competencia entre estas puso de manifiesto la necesidad, siempre
anunciada pero nunca satisfecha, de una ley de radiodifusión. La Dirección de
Radiocomunicaciones sancionó a Radio Belgrano con una suspensión de dos horas al
entender que había faltado a la veracidad de los hechos simulando transmitir una
carrera automovilística desde el circuito mismo cuando, en realidad, no había sido así.
Radio Spléndid tenía la exclusividad para transmitir desde la pista, mientras que Radio
Belgrano lo haría desde una posición estratégica: pero ésta había alternado los partes
informativos con efectos de sonido de autos que aparentaban una competición, con lo
cual la Dirección de Radiocomunicaciones cenadero que, creando una falsa transmisión,
habían confundido a la audiencia.

6. Cuando a principios de los años 20 se iniciaron las primeras transmisiones de radio, la


experiencia de ser oyente estaba asociada a una práctica técnica. Desde muy
temprano, en el desarrollo de la radiofonía se advirtió que al oyente de radio había que
educarlo. Debía recibir una educación referida al aspecto técnico, ser instruido en el
manejo de los equipos, y luego en la construcción de los aparatos receptores, los
problemas y procedimientos para resolverlos. Radio, tecnología y ciencia constituyeron
una relación, que rodeaba al oyente o radioaficionado. La radio no sólo permitía recibir
noticias, sino que era utilizada en diferentes procedimientos tecnológicos que
representaban avances científicos. Las principales revistas, Caras y Caretas, El Hogar
v Sintonía, introdujeron una sección dedicada a la «radiotelefonía».

A través de la divulgación de la radio, el medio instalaba un nuevo lenguaje, palabras


como broadcasting, fading, éter, filamento, derivación, voltio, válvulas, resistencia,
condensador, frecuencia, etc., formaron parte del lenguaje de la época. La radio se
consideró un instrumento de educación y cultura, por lo tanto, el Estado, así como los
empresarios del medio, comenzaron a poner atención en los contenidos de las
emisiones y la calidad de los programas. En este sentido, la tarea que llevaron a cabo
dichos empresarios era doble: tuvieron que crear un mercado (de allí el lugar central
de la importación de aparatos, la propaganda y difusión) y crear, además,
consumidores. En este último aspecto, se encontraba la cuestión de la educación
cultural del oyente. Debían formar el «buen gusto», y persuadir al consumo de
programas de diferentes estilos. Desde los medios escritos, se hacía notar que la
radiofonía debía llevar una obra cultural y se criticaban los programas que no contri-
buían en ese sentido.

La expansión del consumo de aparatos de radio abrió una puerta a las casas, permitió
la proyección de modelos culturales en los hogares a lo largo de todo el país, fomentó
el consumo de nuevos bienes y nuevos criterios en la percepción de los propios
mundos cotidianos y locales. La radio se conformó como un espacio abierto y hetero-
géneo que incluía diversas expresiones culturales. A fines de los años treinta la
audiencia de radio era un público masivo y heterogéneo que tenía diferente nivel
cultural y económico.

Hacia fines de 1920 se comenzaron a emitir los primeros radioteatros. Francisco


Mastandrea fue el primer actor-director que llevó a cabo un radioteatro. Caras y
Caretas reflejó la llegada del radioteatro al mundo de las radioemisoras: la mayor
parte de nuestras radiodifusoras cuentan en sus programas con compañías de
representaciones teatrales, entre las que merecen destacarse la de Rodolfo Migueres
de Radio Prieto, y la de Casares Pearson, Walk, de Radio Nacional. Algunos de los

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radioteatros alcanzaron una gran notoriedad porque supieron combinar hábilmente
dosis de argumentos populares, claros, típicos, lenguaje sencillo, drama, y calidad en
su producción.

La radio imitaba el teatro, las emisoras acondicionaron y reformaron sus estudios para
dar lugar a la presencia del público. Se buscó imitar un ambiente de teatro y, luego, con
la inclusión de público en el estudio -aunque fueran unos pocos- crearon el efecto de
reconocimiento a la actuación en vivo, había un tercer personaje ausente, que era el
que daba sentido a la radiofonía: el oyente. Los radioescuchas debían ser tomados en
cuenta no sólo por el artista, sino también por el público, porque «eran el único capital
verdadero dentro de la radiotelefonía: la inmensa masa de oyentes.
Desde 1920 hasta la década del '50, varios hechos habían cambiado el rumbo de la
radiofonía en el país: se pasó de una banda de emisión de entre cuatro a ocho horas,
a dieciséis horas diarias en cada emisora; la programación que antes era casi
estrictamente musical incorporó informativos, radioteatros y programas dedicados a
públicos específicos, entre ellos, los que tenían como centro de su audiencia a mu-
jeres y niños

7. Desde los años de 1930 muy pocos fueron los que desestimaron el impacto que la
radiofonía tendría sobre los otros medios. Entre aquellos que descreyeron del impacto
que tendría la radio, se encontraba Libertad Lamarque, quien, luego de participar en
una audición de radio en Rosario, le comentó a otra cancionista: «me parece que con
esos aparatitos, no vamos a ninguna parte. El disco es otra cosa... pero el
micrófono... mañana pasa la moda y 'chaucito'». Lejos estaba de suponer que sería
ese el medio que la consagraría como cantante y consolidaría su carrera como actriz
de cine.
Para muchos, la radio suponía el fin de los otros medios. El diario Crítica, por ejemplo,
creyó ver en la radiofonía una amenaza al periodismo, por esa razón se preocupo en
señalar que «en un diario, los que lo hacen, son responsables, además que la misma
tarea impone una serie de conocimientos y serla inútil y superfluo exigir al dueño de
una broadcasting (...) los graves hechos que podrían ocurrir si la radiotelefonía se
posiciona en un tren de juicios y oráculos, la impunidad que gozarían los que quisieran
corregir a su prójimo o perjudicarlo, todo ello hace que con9ideren que los
broadcasting no deben incurrir en excesivos órganos periodísticos. Mas valla, pues,
dejar el periodismo a los periódicos y el entretenimiento a la radiofonía.
También se temió que el éxito del radioteatro fuera el final del teatro. Largas fueron las
discusiones que se dieron en torno a la actuación en vivo de los artistas, tanto desde
el ámbito del teatro como desde la radiofonía, porque se suponía que había que actuar
para el oyente y no para el público en vivo.
Las expectativas catastróficas de los efectos del nuevo medio estuvieron bien
representadas por algunos miembros de la Iglesia católica en la Argentina. Según el
buen entendimiento de estos sectores, las nuevas tecnologías generaban conductas
antisociales y desataban una violencia contenida. Hubo, hacia fines de los anos
treinta, una aparente demonización del nuevo medio. Los radioteatros eran la causa
de las conductas pasionales, las trasmisiones deportivas el punto de inflexión de las
riñas vecinales, los programas populares deformadores del gusto, etc.
Una publicación católica se preguntaba: «Por que se permite que se infiltren así, a
domicilio y sin tasa, sugestiones malsanas, que caen como germinadoras, semillas en
el alma simple, por lo común, de la buena gente del pueblo». La violencia o las
conductas malsanas, no serán los únicos peligros que la radiofonía producía, la radio
-sostenía el diario El Pueblo- instalaba en los hogares mensajes y voces que
desvirtuaban los gustos culturales; «Se presentó una voz de antipática afectación, con
una cadencia gelatinosa, acompañada de un dejo arrabalero que gustara sin duda a
muchas niñas cursis y neuróticas y a no pocos jóvenes enfermizos e incompletos que

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desgraciadamente pasean su abulia por nuestra Babel. Aquella voz gelatinosa hablo
sobre los astros y estrellas de Hollywood, el entretenimiento y los chismes, que los
radioescuchas verían «en las películas que nos venderá yankilandia».
Cada una de estas críticas traía consigo un pedido de regeneración moral del medio
radial. El medio radiofónico debía, en última instancia, ser dignificado a través de una
moralidad definida por la Iglesia y las derechas católicas. Considerada fuente de
pornografía, transformadora de los modelos culturales, la radio generó reacciones
adversas provenientes de los sectores más conservadores de la política.
Paralelamente, mientras estas críticas se hacían más fuertes, la radiofonía se extendía
a diversos ámbitos del país y aumentaba el número de aparatos por hogares.

8. Las primeras incursiones de la política en la radio, la transmisión de la asunción del


mando del presidente Alvear, o los resultados de las elecciones en 1928, mostraron que
la radio era concebida como un instrumento que servía a la información y a la
educación. En este sentido, el objetivo era nivelar el capital cultural de los oyentes
ubicados en lugares muy diferentes y distantes en el país, y darles información. De eso
se trataron las incursiones de la política en el contenido radial: la información sobre
hechos de resonancia nacional, como la asunción de un presidente o su discurso de
inauguración de las sesiones ordinarias en el Congreso. En 1930, el gobierno de facto
del general José Félix Uriburu decidió introducir un boletín informativo diario, para llegar
a todos los habitantes del país, con el objetivo de incluirlos pasivamente en una política
de la que estaban ausentes.
En los anos 40 las apariciones de los políticos en la radiofonía fueron habituales. Manuel
Fresco, político conservador, gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1936-
1940, fue uno de los que realizó una obra radiofónica por demás persuasiva. La radio se
convirtió en una tribuna desde la cual el gobernador pudo responder cuestionamientos,
defenderse de sus enemigos y ofender a algunos.
En esos mismos anos, políticos como el presidente Ortiz no vieron en la radio un
instrumento para «hacer» política y solo difundieron sus mensajes en ocasiones que
merecían tal intervención. En adelante, los políticos encontrarían en la radio un nuevo
medio para alcanzar sus fines. La intervención militar producida en 1943 hizo un uso
intensivo de la radiotelefonía.
En los anos en que Juan Domingo Perón ejercía el cargo de secretario de Trabajo y
Previsión utilizó la radio para difundir por cadena nacional cada uno de sus mensajes.
Aunque este es un rasgo significativo, no es el mas llamativo de los anos previos a la
consolidación de su poder político. Como parte de los eventos relacionados con el
aniversario de la revolución, el 17 de junio de 1944 se emitió por primera vez el programa
de radio encabezado por Eva Duarte, Hacia un futuro mejor.
El tema central consistía en la difusión de la obra del gobierno de facto asumido luego de
revolución del 4 de junio. El programa era en los términos descriptor por Eva Duarte una
obra de exaltación nacional y de finalidad altamente patriótica, representaba una mujer
del pueblo que llamaba a todos los argentinos a responder a la revolución.
Esta incursión de la política en la radio tomaba una forma nueva en el uso político que
había sido exitosa y muy transitada en los uses cotidianos para esos anos: el radioteatro.
Durante la campana electoral de 1946, la radio fue un escenario de difusión de ideas
políticas y de persuasión de los oyentes para orientar su voto a favor de uno u otro can-
didato. Los políticos advertían que la radio no solo era importante como medio de
comunicación, sino que los que trabajaban en ella eran agentes fundamentales para la
propaganda política
Las 45 emisoras de todo el país, además de LRA Radio del Estado, fueron instrumentos
de difusión de la propaganda política, pero esta difusión no fue ni equitativa ni libre. El
Ministerio del Interior emitió una serie de reglamentaciones para otorgar espacios

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radiales a los diferentes partidos políticos. Los discursos y las informaciones que cada
partido político difundiría solo podían hacerse efectivos si contaban con una autorización
previa, lo cual significaba una forma no demasiado velada de censura.
El peronismo hizo un uso extenso de la radiofonía. En 1947 el Estado recupero todas las
licencias que estaban en manos privadas y, hasta mediados de los años cincuenta, se
interesó por extender la creación de nuevas emisoras en el interior del país. En los
meses siguientes, las licencias volverían a manos de intereses privados, solo que esta
vez estaban asociados a empresarios afines al gobierno. Para ese entonces, era posible
vislumbrar lo que caracterizaría la «peronización del Estado»: una construcción
ideológica que se dio a través de la propaganda y el control de los medios de
comunicación. Todas las celebraciones que se instituyeron como parte de la liturgia
peronista se transmitieron por la radio.
A fines de la década del cincuenta, la radio dejó de ser una novedad, estaba
completamente instalada en la vida social y política de nuestro país. La televisión era la
nueva tecnología que se expandía a paso raudo, cuya primera transmisión fue la imagen
de Eva Perón con motivo del día de la lealtad peronista, el 17 de octubre de 1951. Sin
embargo, la radio continuó siendo el vehículo de información política esencial y el más
extendido dentro de la sociedad argentina. A partir de 1957 con la nueva reglamentación
de la Radiodifusión, la radio en Argentina entró en un período complejo. La censura fue
una constante en la época y el cuidado de los contenidos en las programaciones una
regla que debía ser observada pacientemente.

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