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Relajación Luher

LUIS HERNANDO MUTIS IBARRA


E-mail: mutis56@googlemail.com
mutis56@hotmail.com
Página Web: www.D10Z.com

República de Colombia
Departamento de Nariño
Municipio de pasto
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Relajación Luher

RELAJACIÓN

CONTENIDO

1. Una necesidad just if icada


2. Condiciones previas de la relajación
3. Profundización
4. El r elax integral
5. El estado de relajación.
6. Relax relámpago
7. El secreto de la f lexibilidad
8. Conclusiones para la práct ica
9. Relajación en la acción
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1. UNA NECESIDAD JUSTIFICADA


La constante tensión –corpor al, emocional y mental - no permite
hacer frente a las exigencias de la vida moderna im placable que, tras un
decorado confortable y amable, ocult a un mecanismo inhumano y una
lucha im placable por la vida. La far macéut ica moderna, con sus
tranquilizant es, sus píldoras de felicidad, proporciona un descanso
engañoso; pero, a l a larga, el remedio es peor que el mal, porque no
ext irpa las causas de esta ansiedad, de la angust ia y el nerviosism o,
sino que se contenta con inhibir sus manifestaciones.
Existen, sin embar go, dos remedios, a la vez prevent ivos y
curat ivos: la respirac ión controlada y la relajación, siendo esta últ ima el
ant ídoto más dir ecto del nerviosismo y de la tensión. Además, sin
relajación no hay verdader a salud, no hay paz, ni alegría . Un ser en
tensión, aunque disponga de todo para ser feliz, se prohíbe el acce so a
la dicha. En f in, la r elajación —y no es la menor de sus virt udes — es la
fuente del pensam iento creador y el bienestar f ísico y corporal .
La relajación -incluso en la acción - no debe ser patr imonio de los
niños y de los anim ales (el gato es un modelo del género): debemos
volver a aprender a relajarnos conscientemente algunos m inutos cada
día par a poder per manecer relajados en cualquier circunstancia. Sin
embargo, antes de estudiar las técnicas que conducen a este delicioso
estado de ultra-reposo, super ior al m ismo sueño, hay que comprender
sus mecanismos pr ofundos par a capt ar su razón de ser y aplicar los
inteligentemente. El arte de la relajación se adquiere y, para las
personas que exper imentan por pr imera vez este estado eufór ico, es
una revelación. El cuerpo, al com ienzo inerte y pesado, queda
abandonado, f lojo y relajado, en tanto que el espír itu parece vagar,
desprendido de las cont ingencias mater iales .

La relajación corporal

Existen, dos t ipos de músculos; los pr imeros, los músculos


voluntar ios, adher idos al esqueleto, que nos perm i ten obrar y movernos
a voluntad. Su part icular idad es la de poder contraerse y encogerse con
la velocidad del relámpago bajo una orden, o la inf luencia de una
excitación nerviosa. Los segundos son los músculos lisos, que rodean
los vasos del cuerpo, const ituyen buena parte de las vísceras huecas y
forman la musculat ura del tubo digest ivo y de los esf ínt eres. Estos
músculos poder osos, de movim ientos lentos, escapan a la acción dir ecta
de la voluntad, aunque algunos lleguen a controlar los.
Desde el punto de vist a de la relajación son los pr imeros los que
están en juego y hay que guardarse de disociar el músculo del nervio
que lo manda. Compararemos el músculo a un electroim án y el nervio a
un hilo conductor unido a la ce ntral eléctr ica, el cerebro, y
exam inar emos los diversos estados en los que pueden encontrarse.

a) El tono : En el estado de vigilia los músculos no act ivos se


encuentran en el estado de tono, semejantes a soldados en traje de
campaña, consignados al cuart el y pr estos a correr al asalt o. Por los
hilos conductores circula una corr iente de débil int ensidad; el
electroimán está poco imantado.
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b) La contracción : Según las necesidades, bajo una orden de la


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central cerebr al, una corr iente más int ensa viaja a lo l ar go del hilo
conductor y acciona el electroimán, que realiza su trabajo normal: el
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músculo se encoge, el brazo se dobla, los puños se cierran. Cuanto


mayor es el esfuer zo, más importante es el número de minúsculos
motores de electroimán que se ponen en ac ción.
c) La Descontracción : Durante el sueño el hombre se apart a del
mundo exter ior, todas las necesidades están sat isfechas, el m inister io
de asuntos exter iores y el de defensa anotan calm a en todos los frentes,
los soldados se quit an el traje de campaña y se van con licencia. La
corriente baja en la r ed, el elect roimán está casi totalmente
desimant ado, fuer a de acción, los músculos están blandos y flojos. Sin
embargo, como medida de segur idad, no está toda la tropa con licencia,
quedan algunas compañías v igilando.
d) La ultra-Descontracción : Los tres estados descr itos son
normales, habituales, y se presentan tanto en el ser humano como en
los anim ales. Es posible, sin embargo, por una acción consciente y
voluntar ia, desconectar aún más completamente que du rante el sueño
los hilos que conducen a los diversos electroimanes y reducir la tensión
de la corr iente casi a cero, con lo que el consumo de inf lujo nervioso
queda reducido a un m ínimo. Este ultra -reposo es la relajación
profunda, la que en pocos m inutos bor ra la fat iga mejor que muchas
horas de mal sueño.
e) La contractura : Otro estado, anorm al pero frecuente, se sit úa
en las ant ípodas del precedente: es el estado de contractura. La central
envía demasiada corriente por los hilos conduct ores y pone en acc ión
demasiados electroimanes sin necesidad alguna, de donde se sigue un
gasto inút il de energía ner viosa y muscular. Grupos musculares
permanecen así inútilm ente contractur ados permanentemente. En el
animal este estado no se pr esent a normalmente.

¿Cuántos viven per petuament e


con las mandíbulas apretadas, los
músculos del cuello tensos, las cejas
fruncidas, los músculos de la espalda
endurecidos? Es una pér dida
cont inua de corr iente, un gasto
constant e de energía, una
hemorragia de flujo nervioso.
Descargan sus bat erías sin ninguna
necesidad, por que el desgaste de
energía nerviosa depende más del
número de motores musculares
puestos en acción que de la potencia
de cada uno de ellos. Como se
necesit a casi tanto flujo nervioso
para contraer un pequeño múscul o,
del rostro por ejemplo, que para uno grande, por ej emplo, de las
piernas, el consumo de f lujo será no sólo pr oporcional al número de
motores puestos en acción, sino a la intensidad de la corriente que
circula por cada uno de los hilos conduct ores.
El leñador, por ejemplo, ut iliza relat ivam ente poco inf lujo ner vioso
para desarrollar un importante trabajo muscular, en t ant o que el
profesor o el or ador gastan mucha ener gía nerviosa a causa del gran
número de músculos puestos en acción. ¡Una mecanógraf a con sume
más inf lujo nervioso que un leñador! Esto explica, por lo dem ás, el valor
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del silencio por la econom ía de influjo nervioso que realiza.


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Represéntese lo que sucede cuando habla mos. Una idea surge en la


mente consciente, la que proviene de las profundid ades del
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inconsciente. Hay que traducir la primero en palabras, que el


inconsciente propor ciona inmediatament e, en el orden prescrito por la
gramát ica y la sintaxis. Par a art icular, piense en el número incalculable
de órdenes muy pr ecisas que deben llegar h asta los músculos para
tensar y af lojar las cuerdas vocales y hacer var iar constant emente el
flujo de aire. Piense en las innumer ables contracciones de los músculos
de la lengua, de las mandíbulas, de los labios, del rostro, y aún de las
manos, que part ici pan en la expresión por los gestos. Par a cada frase,
millares de pequeños motores son puestos en acción, y cada uno
reclama su parte de corr iente. ¿Es extr año, entonces, que un discurso
de dos horas pueda «vaciar» a un hombr e? Muy raros son los oradores
que llegan al térm ino de un discurso de esta duración sin estar
agotados…, a menos de conocer y pract icar las técnicas de recuperación
nerviosa. En este caso, la tr ibuna les pertenece sin esfuerzo aún
durante horas.
La práctica del silencio , recomendada por todo maestro espir itual ,
se encuentra así just if icada. Pero hay que detener t ambién el
verbalismo mental, las voces polifónicas constantes que continuamente
están en char las int ernas y monólogos por lo general caót icos; porque
"hablarse a sí m ism o» es casi tan fat igante, desde el punto de vist a del
«gasto de corr iente nerviosa», como hablar en alt a voz. Cuando se
piensa con palabr as, además de las cuerdas vocales, todo el aparato
fonét ico esboza los movim ientos que deber ía efectuar par a articular en
alta voz. No importa, pues, sólo el silencio exter ior, puramente
«mecánico», sino t ambién el silencio int erior.
La relajación en estado puro, sucede cuando no hay mente de por
medio, el cuerpo está int egralmente desconect ando de todos los hilos
conductores, redu ciendo casi a cero el envío de corr ient e hacia los
electroimanes musculares repartidos por todo el or ganismo. Es el
ejercicio ideal, es decir, no una potencia dura y dict ator ial que se hace
obedecer por el lát igo, sino un querer suave y paciente . Durante l a
relajación está excluido ut ilizar la voluntad «dur a" al modo occidental,
es imposible «forzar » la relajación, y el dom inio de la ment e sobre el
cuerpo se ejerce del modo más ef icaz, es d ecir, sin aprem io ni
violencia. Simplemente hay que provocar las con diciones para que la
relajación simplemente suceda.
No puede haber verdader a belleza sin relajación, un r ostro
distendido no es nunca feo, un encanto mist er ioso dim ana de él.
Por lo general, en Occidente sólo se conoce la ―postur a del
cadáver‖; pero existen y se ut ilizan muchas posturas par a la relajación,
especialment e sobre el costado, muy preciosa para dor mir, por que
algunos incluso recom iendan no
dormir de espalda, posición que
provoca a menudo el roncar, ya que
la boca se abre por sí m isma. Es
prefer ib le dorm ir sobre el cost ado
izquierdo.
¿Por qué? La explicación
occidental es la siguient e: el
estómago, que form a un bolsillo, está
bien apoyado cuando se está
acostado sobre est e lado, en cam bio
se halla en el aire si se reposa sobre
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el costado der echo. Sobre el f lanco izquierdo, la fosa nasal derecha


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queda libre y se respira durante toda la noche por ella.


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Aprendamos est as dos posiciones a f in de descubr ir la que nos dé


el máxim o de confort.

2. CONDICIONES PREVIAS DE LA RELAJACIÓN


Antes de sembrar hay que arar: antes de abordar la práct ica,
comencemos por det erminar las condiciones previas a la experiencia de
la relajación tot al.
El que ha dom inado el arte de la r elajación total permanece
distendido en todas las circunstancias; sea que condu zca un coche por
el intenso tráfico de una ciudad en horas pico, sea que escuche un
concierto o que est é en discusión de negocios, siempre permanece
dueño de sí, relajado, ni en tensión , ni cr ispado. La relajación ha
llegado a ser habit ual e independiente de los acontecim ientos. Per o
para alcanzar este r esultado, poniendo el máximo de probabilidades a
su favor, hay que ejercitarse en la relajación integral reuniendo las
condiciones más f avorables.

La pr imera consiste en
elim inar, en la mayor medida
posible, las excitaciones
sensor iales. Refúgiese en
una pieza en la que no sea
interrumpido. Obtenga que lo
dejen en paz en los pocos
minutos que dura el ejercicio.
Corra las cort inas para crear
una sem i-oscur idad. Si la
habitación ha sido bien
aireada pr eviamen te, no hay inconveniente en cerrar la ventana a f in de
apagar al máximo los ruidos de la calle. La temperatura ha de ser
agradable, por lo que es pr efer ible envolverse en una manta liviana y
tibia, porque dur ant e la relajación baja la temperatura del cuerp o y la
sensación de fr ío per judicar ía el éxit o del ejercicio. Nada debe
molestar lo. Si pract ica vest ido, por lo menos af lójese el cinturón y el
cuello y quítese el calzado.
Ahora hay que cr ear el ambient e propicio a la relajación. Todos
tenemos nuestros pr oblemas y preocupaciones; apártelas durante toda
la ejecución del ejercicio –para ello ubíquese aquí y ahora, en un
presente consciente total -. Dígase: « La ansiedad crea tensiones que
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obstaculizan la solución de mis problemas. Relajarme es primordial para


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resolverlos: este ejercicio es pues, por el momento, la única cosa


importante ‖. Piense: "Estoy en calma y dist endido. Instálese frente a su
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espejo y sonr ía. Después de haber hecho abstracción de sus


preocupaciones, bostece y est írese. Frótese los ojos, hag a como que
tiene sueño y está cansado.
Al est irarse, ext ienda y separe los dedos. Si no sabe cómo
proceder, im ite al gato que se est ira según un rit ual inmutable. Estír ese
primer o acostado de espaldas, luego dése vuelta sobr e su costado
izquierdo, en segu ida recom ience la oper ación a la der echa. Después de
haber bostezado y haberse est irado con cuidado, se sent irá con deseos
de «no-hacer-nada», porque relajarse es ejercit arse a no hacer nada –
mental y f ísicament e -, lo que parece una verdad de Perogr ullo (v er dad
evidente), per o que de hecho es un pr incipio básico a menudo ignorado.
No se diga: «Voy a hacer un ejercicio», dispóngase por el contrar io a
dejarse estar, a «soltar amarras», a abandonarse: es capital.
De pie, separe los pies e incline el tronco hac ia delante casi en
ángulo recto a las piernas. Deje que los brazos cuelguen f láccidament e.
Con un movim iento de hombros
de izquierda a der echa, balancee los
brazos como el badajo de una
campana. Vigile los brazos y las manos
estén realm ente «colgantes»; e vite que
part icipen act ivamente en el
movim iento. Cuando el balanceo haya
adquir ido cierta amplitud, detenga el
movim iento de los hombros y deje que
los brazos oscilen librement e de
izquierda a derecha bajo el impulso
adquir ido. La amplitud del balanceo
dism inuir á rápidamente; deje que cada
brazo se inmovilice poco a poco como
el péndulo de un reloj que deja de
caminar. Dir ija su atención a lo que sucede en los br azos y las manos.
Si las manos no están sueltas y dist endidas, vuelva a comenzar el
ejercicio después de haber las sacudido mediante un impulso de la
muñeca, de forma que los dedos se muevan libremente con el
movim iento de la m ano. Repita el ejercicio hasta que únicamente la
acción de la gravedad guíe los movim ientos de los brazos y de las
manos dur ante la acción pendular, sin ninguna intervención muscular de
su parte; así les enseñará a dar les una actitud pasiva. Par a controlar la
relajación de los brazos, siént ese en el suelo o en una silla. Deje que el
brazo y la mano der echa pendan inertes, igual que en el balanceo. Con
la mano izquierda coja el dedo cordial o el índice de la mano derecha y
levante el brazo. Si fuera posible, pida a otra persona que controle la
relajación de su brazo levantándolo m ediante una tracción sobre el
índice y haciéndolo o scilar después de derecha a izquierda. El ayudant e
y Ud. m ismo deben tener la impresión que ese brazo est á muerto y
pesado, suspendido al índice como un jamón a su gancho. De improviso,
el ayudante soltará su dedo; si el brazo está bien relajado, caerá com o
una masa f láccida. Para darse cuent a en qué estado debe estar el
brazo, levante el de un niño dorm ido.
Aprenda a crear a su arbitr io esta sensación de pesadez; es el
primer grado de la relajación. Para esto, tiéndase en postura semejante
al cadáver , los brazos a lo lar go del cuerpo, las palmas hacía arr iba.
Sienta que la t ierra atrae cada célula de su cuerpo, cada molécula, cada
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átomo. Piense en el poder de la atracción terr estre y abandónele su


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brazo. Déjelo que se apoye pesadamente sobre la alfombr a. Tr ate de


levantar lo no contrayendo sino los m úsculos del hombro; percibir á
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entonces cuan pesado es. Muchos días transcurr irán, sin duda, antes de
exper imentar esta impresión de pesadez. No importa, ya lo logrará; lo
esencial es enfocar la atención en el braz o y abandonar lo a la
gravitación. Ud. puede también relajar primero la mano, dedo por dedo,
en seguida la palm a, la muñeca, el antebrazo, el brazo hast a el hombro.
Recorra así todo el brazo desde la punta de los dedos hast a el hombro.
Aunque no logre af lo jar lo a fondo, sepa que realiza, a pesar de todo, un
trabajo
importante: la
localización de
las zonas de
tensión y de
contractura, de
las que hay que
tomar conciencia
primer o para poder las elim inar después. No perderá, pues, su tiempo,
aún si el ejercicio tiene éxito sólo parcialmente; lo esencial es
persever ar. Los resultados llegarán y, en la mayor ía de los casos,
después de algunos días de paciencia, se manifest arán sensibles
progresos. Cada ensayo lo gr at if ica con una agradable sensación de
reposo y de solt ura. El ejercicio de la relajación del br azo puede
pract icarse en todas partes. Si le sucede tener que esper ar en algún
sit io, aproveche est a esper a para ejercitarse en la relajación. Así est os
tiempos vacíos, en lugar de enervar lo, contr ibuir án a rela jar lo.

3. PROFUNDIZACIÓN
Si sobrecar gamos nuestras células, si las fat igamos
excesivamente, las conducimos a su destrucción; como son
irremplazables, creamos lesiones irremediables y abreviamos nuestros
días. La relajación nos abre el acceso al mundo int er ior, porque es
imposible concentrarse si el cuerpo está hecho un nudo por las
contracturas. Nuestra meta es, pues, relajar completamente todos los
músculos.
Acostados de espaldas sobre el suelo, en la posición de
acostados o tumbados boca arr iba . Observemos pr imero nuestra
respiración, de la que somos test igos pasivos. Dir ijamos la atención
hacia el acto respir ator io, sin inf luenciarla. Es más dif ícil de lo que
parece a pr imera vista, porque el hecho mismo de tomar conciencia de
los movim ientos respirat or ios nos incita a modif icar los sin querer
(involuntar iamente).
Respir emos con solt ura. Observe mos dónde y cómo respira mos y
con qué r itmo. ¿Respira mos con lo alt o de los pulm ones, donde se
encuentra el aliento?, ¿en medio del abdomen, entre el ombligo y e l
esternón, en el lugar en que deber ía sit uarse el centro de gravedad
respirator io? Al estar tendido s, inmóviles, las necesidades de oxígeno
del organismo son mínim as, por consiguiente los movim ientos
respirator ios serán de muy débil amplitud.
No importa, dejémonos estar.
Lo esencial es per cibir dónde y cómo respira mos, después, dejar
que se instale un r itmo, lento y regular, calmado y tranquilo. Si la
respiración está opr im ida, o si su r itmo es irregular, para r egular izar la
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pensemos: «M i respiración se vue lve calmada, regular. El abdomen se


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levanta y desciende calmada, regularmente.»


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Cont inuemos hasta que perciba mos esta calma inter ior, esta
respiración tranquila. Desde este mom ento se siente ya más ―relax".
Ahora vamos a inf luir en nuestra respir ación, vo lver la más lenta, pero
no más profunda. Deje mos que la espiración se haga espont áneamente,
sin empujar la más allá de lo que desea ir por sí m isma; cont entémonos
con frenar la, con prolongar la hasta que se ext ienda aproxim adamente al
doble t iempo de la inspi ración. ¿Por qué el doble? Por que es natural.
Observemos la respiración de un gato dormido; podr emos constatar que
la espiración siempre tranquila, toma dos veces más t iempo que la
inspiración. Un bebé nos lo enseñar á también. Después de semejante
espiración retardada, detenga mos un instante el aliento: basta con
marcar un t iempo de detención de algunos segundos con los pulmones
vacíos. Durant e est e tiempo dir ija la atención hacia el plexo solar.
Objetará que es im posible concentrarse sobre el plexo solar, puesto que
no se lo percibe. Cont entémonos con f ijar la atención sobre la zona
donde debe colocarse el centro de gr avedad del acto respir atorio, en la
boca del estómago, un poco más arr iba del ombligo, e im agíne los que
el vaivén del aliento lo calienta. S i es pr eciso, imagine mos que est amos
tendidos al sol, que calienta esa parte del cuerpo. Cont in uemos hasta
percibir esa sensación part icular que se siente durant e un baño de sol
en un día tórr ido .

Pasemos a una nueva etapa.


Concentremos ahora la atención, sin esfuerzo, en el brazo y la
mano derecha. Relaje mos los dedos uno a uno sin olvidar el pulgar,
privemos a la palm a de toda su fuerza. Si el dorso de la mano está
contra el suelo, los dedos estar án ligeram ente r eplegados.
Debem os ser capaces, después de haber realizado con éxito los
ejercicios descr itos más arriba, de relajar rápida y complet amente la
mano y el brazo, de volver los inertes. H emos apr endido a percibir en
ellos una sensación de pesadez; el gr ado siguiente será producir en
ellos una sensació n de calor. ¡N o es autosugest ión! Desde el momento
en que p odemos relajar los músculos en una parte del cuerpo, el calibr e
de los vasos sanguíneos se modif ica allí, se dilatan y se pr oduce una
vasodilatación que engendra calor, en tanto que si estuviéra mos
crispados y tensos, la contractura espasmódica de los vasos sanguíneos
reducir ía su calibre y frenar ía la circulación, pr ovocando una sensación
de fr ío.
En un músculo relajado, la irr igación sanguínea se acent úa, por
consiguiente se am plif ica la respiraci ón celular y aument a el calor
corporal. Cuando los espasmos vasculares nos hielan la mano, no es
autosugest ión sino una r ealidad objet iva.

4. EL RELAX INTEGRAL
La práct ica de los ejercicios anter ior mente descr it os pone a
nuestro alcance la relajación to tal y profunda: para conseguir la, basta
con recorrer el cuer po de abajo hacia arriba, paso a paso, relajando
progresivamente todos los músculos.
¿Por qué de abajo hacia arr iba? Porque la exper iencia enseña que
los músculos volum inosos se relajan más fácilm ente. Es lógico, pues,
comenzar por abajo, siendo los músculos de las piernas los más
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gruesos y los del rostro los más pequeños del cuerpo.


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Durante la relajación total hay que guardar una inmovilidad


absoluta, porque esbozar el menor movim iento, por ejempl o, para
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controlar la relajación del brazo, vuelve a contraer los músculos y


retarda la relajación integral. Es inút il querer ve r if icar nuestra
relajación, porque durante los pr imeros minutos no se presenta ninguna
sensación part icular.
Recorramos ahora el cuerpo, relajando primer o los pies (dedos,
tobillos, talón), para pasar enseguida a las pantorr illas. Pr oceda mos por
fracciones, progr esando de art iculación en art iculación, por tanto del
tobillo a la rodilla; en seguida de la rodilla a la cadera, sin trat ar de
relajar la pierna de una vez. Al llegar a la cadera, relaje mos el
abdomen, demos la vuelta por la cint ura, relaje mos los m úsculos del
término de la espalda, después los de la región del estómago; suba mos
después hacia lo alt o del t órax, contorneé moslo, por últ imo r elaje mos lo
alto de la espalda. Después relajar emos el cuello (gargant a, región de
la t iroides), en seguida el rostro, donde debe mos relajar con cuidado,
uno a uno, una mult itud de pequeños músculos, de los que algunos
están permanent emente contract urados. Para el r ostro comence mos por
la mandíbula infer ior .
Tal vez descubra mos en esta ocasión que mantene mos siempre
los dientes apretados. Deje m os que la m andíbula infer ior caiga, pero sin
que se abra la boca. No olvide mos relajar la lengua, qu e debe quedar
fláccida en la boca. Después distendam os los músculos que rodean la
boca ( labios) y las ventanillas de la nar iz. Deje que las mejillas queden
fláccidas, lo que volver emos inexpresivo el rostro. Adquir i mos así la
impasibilidad or ient al y nuestro rostro impenetrable no traicionar á las
emociones cuando así lo desee mos. Volvamos a nuestra relajación.
Hemos llegado a los ojos, que hay que relajar meticulosam ente.
Dejemos reposar los párpados suavemente, sin esfuer zo, sobre los
globos oculares, sin opr im ir los ni perm itir les que vibren o parpadeen.
Después de los ojos relajemos la frente. ¡Cuántas personas fruncen las
cejas inconscientem ente! Es en la frent e, así com o en la nuca y los
hombros, donde se localizan las cr ispaciones debidas a la ansiedad. De
ahí la expr esión «un entrecejo fruncido». Después relaje mos el cuero
cabelludo. Nuestra exploración sistemát ica del cuerpo va a part ir ahora
de la punta de los dedos. Relaje mos cada dedo, uno tras otro, sin
olvidar los pulgares, afloje mos la palma y la muñeca, subamos a lo largo
del antebrazo hasta el codo, después hasta los hombros, r elajando al
pasar los músculos del brazo. Después de los hombros y omóplatos,
recorramos la nuca y, pasando por las orejas, v olvamos a las mejillas, a
las aletas de la nar iz, a los ojos, a la frente y al cuero cabelludo. Es
bueno relajar por segunda vez el rostro, tan dif ícil de r elajar.
Después de haber r ecorr ido t odo el cuerpo de abajo hacia arriba,
repitamos la misma operación y podr emos constatar que, m ientras tanto,
algunos músculos han vuelt o a recontractarse. La segunda vuelta se
efectúa más rápidamente que la pr im era. Si dispone de tiempo —
¡tomémonoslo!— recorramos por tercer a vez el m ismo circuito de
descontracción.

5. EL ESTADO DE RELAJACIÓN.
Hasta el momento n o se ha manif estado ninguna sensación
part icular; hemos permanecido r igurosamente inmóvil es, por lo que
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nada indica si h emos realizado con éxit o el ejercicio o no. La pr im era


sensación que nos informará que todo va bien ser á la del pr opio P eso.
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Se trata de percibir la atracción terrestr e generalizada en todo el


cuerpo, recurr iendo, si es preciso, a la imagen mental de que el suelo
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es un gigantesco imán que atrae nuestro cuerpo, lo que es, por lo


demás, verdadero. Cada f ibra del cuer po, cada célula, cada got a de
sangre, cada molécula de nuestro ser vive esta atracción. Sinta mos
cómo la gravedad se ejerce sobre los pies, pantorr illas y piernas.
Sintamos que se vuelven cada vez más pesados. Tampoco aquí se trata
de una autosugest ión, sino más bien de la percepc ión de una acción no
percibida en estado normal y que se manif iesta cuando los músculos se
dist ienden. ¡ Cómo pesa nuestro tronco sobre la alf ombra atraído
irresist iblemente por el suelo! ¡ Cuán pesada está la cabeza! En cuant o
al rostro, donde mejor se perc ibe la gravedad es en la mandíbula
infer ior y en las mejillas. Después de la cabeza volvamos a las manos,
sintamos cóm o se tornan inertes y pesadas. Después es el turno de los
antebrazos y de todo el br azo, en tanto que se desploman los hombros.
Si es posible, repita mos rápidamente por segunda y por ter cera vez la
exper iencia de la gr avedad en todo el cuerpo.
En este est adio es posible exper imentar el est ado de relajación,
imposible de descr ibir, en que el cuerpo está olvidado y parece
inmater ial.
¿Cuál es el mecanismo f isiológico que está en la base de esta
sensación? Helo aquí; durante la pr imera parte del ejercicio en que
hemos descontractado los músculos, los nervios motores dejan de
enviar ór denes, están desconect ados. Inmediatamente las células
nervios as motrices aprovechan para descansar, im itadas muy pronto por
las células de los nervios sensit ivos ( que transm iten al cerebro los
mensajes de los sentidos), lo que provoca esta sensación extraña y
deliciosa de per der poco a poco la conciencia y el contac to del cuerpo.
Al cabo de cierto t iempo, se tiene la impresión de f lotar fuer a del propio
cuerpo, lo que puede desconcertar a las personas no pr evenidas y
denota una relajación integr al que, con el entrenam iento, se produce
cada vez más rápidamente y gana en profundidad. Si no logra mos este
estado inmediatamente, no nos extrañe mos, no perdamos el ánimo, es
muy normal. ¡Cont inuemos! ¡Cont inuemos siempre! A veces se precisan
semanas para llegar a él, pero en ningún caso el ejercicio es inút il.
Por la relajaci ón, las células nerviosas se sumergen en un
verdadero baño de restr iego; liberadas por algún t iempo de la
preocupación de ordenar los movim ient os del cuerpo o de tr ansm it ir los
mensajes de los sentidos, extraen más r eposo de los pocos minutos de
relax que de largas horas de sueño agitado.
Este estado de «ultra -reposo» perm ite r ecuper arse en un t iempo
récord. Esta facult ad de desconect arse pronto y a fondo const ituye el
secreto de esos hombres reputados por su resistencia f ísica y mental.
Napoleón se concedí a a menudo, en el transcurso de la jornada,
algunos m inutos de relax completo par a volver enseguida al trabajo,
fresco y bien dispuesto.
Este estado de sedante integral const ituye un punto de part ida, no
una meta f inal, por que la relajación psíquica es su coronamiento. El
relax f ísico prepara el relax psíquico, el que provoca a su vez una
intensif icación de la relajación f ísica. El estado de relajación corporal
integral es la pista de vuelo hacia el descubr im iento del maravilloso
mundo int er ior. Cuando ha t erm inado el estado de relajación, es
necesar io —casi a disgusto — volver a tomar contacto con el mundo de
todos los días y conducir a los músculos y nervios a su estado de vigilia
11

normal. Para esto, apretar progr esivamente los puños, est irarse,
frotarse los ojos y bostezar como al salir de un sueño profundo y
Página

reparador.
Relajación Luher

Esta observación no se aplica al relax que se pract ica antes de


dormirse y que term ina por el adormecim iento.
Aquí un paréntesis. Sucede que algunas personas que sufren de
insomnio quieren se r virse de las t écnicas de la r elajación para quedarse
dormidas sin drogas, y no lo consiguen. Es perfectamente normal. Hay
que estar muy bien entrenado en la relajación diurna antes de ut ilizar la
para dormirse más pronto. La explicación es sim ple: en el pr incipiante,
la relajación requiere una atención act iva que mant iene lúcido el
cerebro, lo que de día no t iene inconvenientes y no perturba la
relajación, pero, en cambio, puede im pedir el quedarse dormido. La
paradoja es sólo aparente.

6. RELAX RELÁMPAGO
No siempre se dispone del t iempo necesar io para un relax
completo, que requiere de quince a veinte minutos. Hay que ejercitarse
también en el relax relámpago, acostándose de espaldas, dejando que
todos los músculos del cuer po se transformen lo más r ápida mente
posible en una pasta inconsistente y llegando a ser semejante a un
títere a quien se le hubiesen cortado los hilos. Este relax relámpago
sólo requiere de algunos segundos: el tiem po de hacer una o dos
respiraciones completas. El grado de perfección se adquiere poco a
poco.
En el curso del día aproveche mos cada ocasión que se presente
para intercalar algunos relax relámpagos, aun sentado; esto no
const ituye una pérdida de t iempo, porque ret irar emos inmensos
dividendos en equilibrio nervioso.

7. EL SECRETO DE LA FLEXIBILIDAD
Es «el secreto de la juventud», porque una de las diferencias
fundament ales entre un cuerpo joven y un organismo senil r eside en la
flexibilidad del pr im ero y en la r igidez del otro; en otras palabr as,
flexibilidad = juventud .
El secreto de la f lexibilidad estr iba en la elongación de los
músculos contractados por efecto de las tracciones lentas y progresivas.
Este est iram ient o de los músculos previamente relajados constituye una
caracter íst ica esencial de algunos deportist as o de personas que hacen
yoga, que explica también por qué relajan mejor y más pr onto que la
gimnasia, la que procura el desarrollo de la musculatur a somát ica
mediante la contracción repet ida de los músculos voluntarios. Un
deporte es reputado tanto más completo cuanto mayor es el número de
músculos que fort if ica. Aunque la tendencia actual en Occidente sea la
de introducir fases de relax rápido en el cur so de los m ovim ientos.
Recor demos algunas nociones de la f isiología del músculo Voluntar io
(estriado).

El músculo puede encontrarse norm almente en tres estados


diferentes: La contracción : Es la fase «út il» del funcionam iento
muscular, durant e la cual el músculo, al contraerse, act úa sobre el
esqueleto y proporciona el trabajo m ecánico que perm ite efectuar el
12

movim iento. Es la base casi exclusiva de la gimnasia y de los deportes.


El tono : Es el estado normal de cualquier músculo "en vigilia», no
Página

act ivo, pero listo para contraerse en cuanto le llegue una orden bajo la
forma de inf lujo ner vioso. La relajación : En est e caso, el m úsculo está
Relajación Luher

"distendido». Es el estado de los músculos durante el sueño y en los


ejercicios de relajam iento. Estos tres est ados son normales, habituales .

A estos tres estados hay que agregar otro —excepcional en la vida


corriente—: el del músc ulo estirado . Es una situación part icular y
enteramente diferent e de las otras tres, en el sent ido de que el músculo
es incapaz de est irar se por sí m ismo: el estiram iento se produce por una
acción exter ior. Como es sistemát icamente ut ilizado en todos los
ejercicios de f lexibilidad , es indispensable conocer bien esta propiedad
part icular de los músculos, a f in de ejecutar correctam ente los ejercicios
para este f in y comprender mejor su acción.
La elast icidad del músculo es muy dif erente de la del caucho, qu e
se deja est irar hasta que se rompe. El m úsculo, por el contrario, es muy
extensible en su - lím ite normal de elast icidad". Cuando se alcanza éste,
el músculo puede estirarse aún, pero lentamente . Entonces se estir a, y
lo hará tanto mejor cuanto más relaja do esté . Una tracción brusca sobre
músculos no r elajados puede incluso traumatizar los . Una tracción lenta,
progresiva, cont inua sobre un músculo descontractado no ofrece
peligr o; por el contr ario, entraña una serie de efect os favorables, de los
que el pr im ero es expr im ir la sangr e, especialment e la venosa. La
circulación venosa depende, no del impulso cardíaco, sino de las
contracciones y descontracciones alternativas de los músculos que, al
compr im ir las venas, impulsan la sangr e hacia el corazón. Pero sól o el
est iram iento vacía el músculo a fondo. En cuanto cesa, el músculo
retoma su volumen normal y «aspira» sangre fresca que lo enjuaga, lo
desengrasa y lo alim enta.
Cada est iram iento hace retroceder el límite de elast icidad normal
de los músculos, y por c onsiguiente explica por qué el cuerpo se relaja
siempre más y más.

La práctica
Puesto que en cada ejercicio –post ura, posición o act ividad de
flexibilidad-, ciertos músculos o grupos de músculos sufren una
tracción, hay que localizar la atención en el los y descontractarlos con
cuidado antes y durante la tracción, la que debe ser lenta y progresiva .
La Pinza, por ejemplo, ejerce una tracción sobre los músculos de la
espalda y pr onto se llega al lím ite.
Sin embar go, si espera mos algunos
instantes relaján donos en esta
posición, constatar emos que
podemos ganar algunos cent ímetros
mediante una tracción pr ogresiva de
los brazos. Por esto los movim ientos
repet idos y a tirones deben
desecharse, ya que impiden la
relajación muscular, condición
indispensable y pr evia a todo
est iram iento.
Esta relajación del músculo,
fuera del sueño, es un acto
13

voluntar io, por tant o consciente, y por esto se requiere una atención
concentrada, cuanto más viva mos la exper iencia de la f lexibilidad y la
Página

relajación, más atentos y concentr ados est aremos, mejor nos


Relajación Luher

relajaremos y podremos est irar mejor los músculos. Nos r elajar emos
pronto y sin dolor.
Esta atención concentrada const it uye un excelente ejercicio de
control mental, para favorecer la, muchos pract ican con los ojos cerrados
para lograr mayor concentración . Adem ás, hay que descontractarse lo
más rápida y com pletament e que se pueda antes y durante las
act ividades de f lexibilidad y relajación .
Antes de efectuar un ejercicio, una posición o postura ,
ver if iquemos la descontracción, de spués ejecutémos la con el menor
número de músculos y lim it e mos la contracción al estr icto mínimo.
Cont inuemos respir ando normalmente (salvo indicación contrar ia)
mientras ejecut a mos el ejercicio. Sobr e todo, r elajemos completa y
especialment e los músculos sobre los que obr a direct amente el
ejercicio.
osif iquemos la tracción, que deberá ser lenta y cont inua, y
volvamos después la posición nor mal. Respiremos profunda y
completamente, relajándose de nuevo . Durante est e t iempo de reposo ,
la sangr e afluye en gran abundancia a los músculos que han sufrido el
est iram iento. Este relax const ituye una fase esencial y no hay que
precipit arse de un o a otro ejer cicio o postura: Lo mejor –en todo- ser ía
exclu ir todo apresur amiento . No comencemos un nuevo ejercicio sino
cuando la respiración y los lat idos del corazón han vuelto a la
normalidad. Esta relajación puede ser abreviada entre dos actividades o
posturas de un m ism o t ipo, que ejerzan una f lexión en el m ismo sent ido;
por ejemplo, entre la Cobra, el Saltamontes y el Arco hay que r eposar
menos t iempo que entre el Arco y la Pinza.

Estas nociones fundamentales abren posibilidades ilim itadas de


perfeccionam iento. Recor demos que una buena «puesta en marcha»
antes de una sesión –posturas en yoga, ejercicios de f lexibil idad, o
posiciones de movilidad - facilit a mucho el trabajo, por que los músculos
en calor se est iran m ás fácilmente .
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Página
Relajación Luher

9. RELAJACIÓN EN LA ACCIÓN1
Para entender la relajación, hay que ent ender la naturaleza de la
act ividad y las corr ientes que se ocu lt an en ella. Entender todo el
fenómeno implica responderse ¿por qué somos tan activos? ¿Por qué
estamos tan ocupados con la act ividad? ¿Por qué el ha cer nos t iene tan
obsesionados? ¿Acaso, el hacer es otra f orma de adicción?
Existen dos palabras y dos co ncept os que a menudo confundimos
y los tomamos como sinónimos: La Actividad y la Acción ; sin embargo,
la act ividad no es acción y la acción no es actividad. Sus naturalezas
son diametralm ente opuestas . Según Osho, las difer encias son
signif icat ivas y muy interesantes par a tener en cuent a, veamos en el
siguiente cuadro las dicotom ías conceptuales:

ACTIVIDAD ACCIÓN
Es cuando la sit uación no t iene Es cuando la situación lo
importancia, no es una respuesta, exige y se actúa para
estamos tan inquietos en nuestro responder. Tiene importancia.
inter ior que la situación es sólo una Llega a través del m omento
excusa, un pretexto para ser act ivo. presente. Part iendo de una
Es sólo una reacción mecánica y sit uación tot al se actúa . Es
automát ica. consciente.
Surge de una m ente intranquila, Nace de una mente
es la más fea. silenciosa. Es la cosa más bella
Está cargada de pasado. No es del mundo.
una respuesta al momento presente. Es momento a momento, es
Explota en el presente. espont ánea y total.
Es muy destruct iva para uno y Es creat iva.
para los demás. Por ejemplo, cuando se tiene
Por ejemplo, s e come aunque no hambre, se come. Al levantarse
se tenga hambre. Y cuando se come de la mesa, uno no está ni con
por hambre y pasa, aún se sigue hambre ni lleno; ya el hambre
comiendo; es un t ipo de violencia, ha desaparecido. Se come
se destruye el alimento, se ataca el despacio, con plena conciencia.
alimento par a liber ar la inquietud Se tiene sueño y se va a
interna; se come por una necesidad dormir.
interna y no por ham bre. Una mente vacía es el taller
A través de la act ividad se saca la de Dios. Una mente vacía es la
locura, la demencia. cosa más bella del mundo, la
La mente siempre encontrará más pura porque ¿cómo puede
motivos para la act ividad. ser una mente vacía el taller
Si hay act ividad no se puede del diablo? El diablo no puede
relajar; es una necesidad obsesiva, entrar en una mente vacía,
se quiere hacer algo, lo que sea; ¡imposible! El diablo sólo puede
muchas veces se dice ―hacer algo es entrar en una ment e que est á
mejor que no hacer nada‖, además obsesionada con la actividad;
se agrega que ―una mente vacía es entonces el diablo se puede
el taller del diablo‖. El Diablo nunca hacer cargo de no sotros. Una
dice ¡Relájate! Dice: ¿Por qué estás mente vacía nos da el espacio
perdiendo el t iem po? ¡Haz algo, para que lo divino entre en
muévete! ¡La vida pasa, haz algo! La nosotros. El vacío mata al
15
Página

1
Tomado y adaptado de: OSHO. ¨Creatividad¨, liberando las fuerzas internas. Versión castellana de Luis
Martín-Santos Laffón. Editorial Debate. Madrid-España. Primera edición, febrero de 2001. Páginas 15 a
39.
Relajación Luher

act ividad puede ser utilizada por el diablo.


diablo, una mente vacía no. La acción es buena. Al
Hay que vigilar la obsesión de ser implicarse más en la acción la
act ivo. La act ividad carece de energía se pone en acción; se
importancia, no es necesar ia. está más alerta. Si somos
La actividad se vuelve obsesión conscientes, la act ividad cesa;
porque no se puede quedar en la ener gía es preser vada, y esa
silencio; es imposible, ser ía como misma energía se convierte en
estar muertos, tiene que estar acción.
act ivos, hacer algo, lo que sea, pero La acción es inmediata, no es
hacer; sino, estará perdido. algo preparado, no es
El noventa por ciento de la prefabr icada. No nos da
energía es malgastada en act ividad; ninguna oportunidad de hacer
por eso, cuando llega el momento de preparat ivos ni de ensayar. La
la acción no se t iene energía. acción es siempre nueva y
Uno se olvida de sí m ismo; así no fresca.
hay preocupaciones, ni angust ia, ni La acción ocurre , no t iene
ansiedad; por eso es mejor objet ivo. Es un desbordar de la
mantenerse ocupado. La act ividad energía, es una respuesta sin
es enferma. preparación, sin ensayo.
La actividad está orientada a un
objet ivo.

―La act ividad es inút il. Las act ividades se hacen por determ inadas
razones febr iles internas que ni siquiera están claras para nosotros, son
muy vagas. Pode mos cambiar de act ividad per o a menos que las
act ividades sean transformadas en acciones, no servirá de nada. La
enfermedad no cambia cambiando los síntomas.
―Si nos involucramos cada vez más en la acción y cada vez menos
en la act ividad, nuestra vida camb iará y se convert irá en una profunda
relajación. Entonces ―hacemos‖ pero seguimos r elajados.
La gente no para de hablar, no le dan una oportunidad a nadie
más. Hablar es igual que fumar. Se h abla cont inuamente, despierto y
dormido, se habla para vaciarse, no para comunicarse; cuando
dormimos la char la cont inúa. Es como fumar, porque el fenómeno es el
mismo: la boca necesita movim iento. Y la boca es la act ividad básica
porque esa es la pr imera act ividad que empezó en la vida. Cuando se
habla con otro, no se oye al otro, se oye uno m ismo; por eso es un
―diálogo de sor dos‖.
―Por ejemplo, un lunát ico es una per sona que encierra en sí
mismo t odo su mundo, El habla y él escucha, es el actor y el
espectador: él lo es todo. Todo el mundo se reduce a sí mismo. Se ha
dividido en muchas partes y se ha vuelt o fragmentado. Por eso la gente
le tiene m iedo al silencio: saben que podr ían explotar. Y si se t iene
miedo al silencio eso signif ica que dentr o se t iene una ment e obsesiva,
febr il, enferma, que cont inuamente está pid iendo estar en actividad. La
act ividad es la forma de escaparnos de sí m ismos. En la acción somos ;
en la act ividad nos hemos escapado de sí m ismos; es una droga.
―Renunciemos cada vez más a la act ividad; per o renunciar a la
act ividad también se puede conve rt ir en obsesión; se puede estar
haciendo algo para evitar la: oración, m editación, yoga, relajación, etc.
Pero eso también es act ividad. No puedes r enunciar de esa forma,
16

regresará por la puerta de atrás. La act ividad t iene sent ido sólo cuando
te lleva a a lgún lugar; pero no hay ningún lugar a donde ir, aquí está
Página

todo.
Relajación Luher

La existencia entera culm ina en est e momento, converge en este


momento. Actuemos sin mot ivación, como un rebosar de la propia
energía. Hay que compart ir, pero no comerciar ni r egatear. Demos
porque t enemos, no demos para recibir en compensación, porque
entonces viviremos en sufr im iento.
Hay que ser conscientes; sint amos la diferencia entre acción y
act ividad. Y cuando la act ividad nos atr ape, se posesione, hagámonos
más conscientes, observémo sla, incluso si lo tenemos que hacer,
hagámoslo con plena conciencia. Por ejemplo: fumemos pero muy
despacio, todo lo conscientes que se pueda par a poder ver qué estamos
haciendo. Un día de repente el cigarr illo se nos caerá de entre los
dedos porque la co nciencia nos revelar á lo absurdo, lo est úpido y lo
ridículo que eso es. El cigarr illo no se t ira por que t irar lo es una
act ividad; y si se t ira, se vuelve a recoger de otro modo, de otra forma.
Dejemos que las cosas se caigan, no las tiremos. Dejemos que la
act ividad desaparezca, no la obliguemos a desaparecer, porque el
mismo esfuerzo para obligar la a desapar ecer es de nuevo una act ividad
de otra forma. Sólo observemos, permanezcamos en alerta, seamos
conscientes y presenciaremos un fenómeno m ilagroso: cuan do algo por
sí m ismo, espont áneamente, no deja r astro dentro de nosotros. Si lo
obligamos, entonces queda un rastro, queda una cicatr iz. Por ejemplo,
una cicatr iz que indica que no se ha dejado es cuando se presume de
ello, se habla del tr iunfo; los labios vuelven a estar en act ividad, la boca
está en act ividad, esa violencia está ahí.
Siempre que t engamos la oportunidad para act uar con tot alidad,
no la desperdiciemos, no vacilemos, actuemos. Actuemos más y
dejemos que las act ividades se caigan. Con el cuer po, no hagamos sino
relajarnos; cerremos f irmemente los labios y permanezcamos en
silencio; vaciemos la mente y no pensem os en nada.

Tensión y relajación

Los hipnot izador es han descu bierto una ley fundamental, a la que
llaman Ley del Efecto In verso . Si se trata de hacer algo sin comprender
los fundamentos, el result ado será justo lo contrar io. Es una ley muy
fundament al de la vida. Mucha gent e se esfuer za por evitar muchas
cosas, y cae en esas mismas cosas. I ntentemos evi tar algo con m ucho
esfuerzo, y acabar emos cayendo en la m isma tram pa. No podemos
evitar lo; esa no es la maner a de evitar lo.
Relajémonos. No nos esforcemos tant o, porque solo podemos
hacernos conscient es mediante la r elajación, no con el esfuerzo.
Mantengámonos tranquilos, callados, en calma.

¿ Qué es la tensión ? Es nuestra ident if icación con toda clase de


pensam ientos y m iedos: la muerte, la ruina, el dinero, la salud, toda clase
de miedos. Esas son nuestras tensiones, y también afectan nuestro
cuerpo. El cuerpo también se pone tens o, porque el cuer po y la mente no
son dos ent idades separadas. El cuer po-mente es un único sistema, así
que cuando la mente se pone tensa, el cuerpo también se pone tenso.
Podemos empezar por la conciencia. Entonces la conciencia nos aleja de
la mente y de las ident if icaciones con la mente. Como es natural, el
cuerpo empieza a r elajarse. Ya no est amos atados, y a la luz de la
17

conciencia no pueden exist ir t ensiones.


También podemos empezar por el ot ro extremo. Sim plemente,
Página

relajémonos, af lojemos todas las t ensiones, y a medida que nos


relajamos notaremos con sorpresa que en nosotros emerge una cierta
Relajación Luher

conciencia. Son inseparables: Pero es más fácil empezar por la


conciencia; empezar por la relajación es un poco dif ícil, por que incluso el
esfuerzo por relaja rse crea una cier ta tensión.
―En Or iente nunca se com ienza la meditación a part ir de la
relajación; se com ienza a part ir de la con ciencia. Entonces la relajación
llega por sí sola, no hay que traer la. Si t enemos que tr aer la, habrá
tensión. Debe venir p or sí sola; solo entonces será relajación pura.
―Si se quiere empezar por la r elajación, hay que elim inar primero
todas las t ensiones de la mente y el cuerpo, y entonces la relajación es
muy fácil. No sabemos la cant idad de cosas que estamos r eprim iendo, y
esa es la causa de la tensión.
―Para liberar las tensiones, se puede per mit ir que se diga o se haga
–saltar, golpear objetos, bailar, gr itar, r abiar, rodar - en voz alt a lo que
pase por la cabeza. Es pasar por un per íodo de liberación –catarsis-.
―¿Cuánto t iempo podemos aguant ar con la mente vacía? Poco a
poco, poco a poco, se provocara una pr ofunda nada, y en esa nada una
llama de conciencia. Está siempre pr esente, rodeada por el par loteo
mental. Ese par loteo hay que echar lo fuera; es el veneno.
―Lo m ismo ocurre con el cuer po: t iene tensiones. Em pieza a hacer
cualquier movim ient o que el cuerpo quiera hacer. Sin manipular los. Si el
cuerpo quiere bailar, si quiere andar, si quiere correr, si quiere rodar por
el suelo, tú no debes hacerlo, solo t ie nes que permit ir lo. Dile al cuer po:
«Eres libre, haz lo que te venga en gana» y nos llevaremos una sorpr esa.
«¡Dios m ío! La de cosas que el cuerpo quer ía hacer y yo reprim ía, y esa
era la t ensión.»
―Hay dos t ipos de tensión, las tensiones corporales y las t ensi ones
mentales. Las dos tienen que liberarse antes de empezar la relajación
que nos llevar á a la conciencia.
―Estamos ut ilizando la conciencia sin ser consciente de ello, pero
solo con cosas exter iores. Es la m isma conciencia que t ienes que ut ilizar
para el tráf ico interior. Cuando cerramos los ojos, hay un tráf ico de
pensam ientos, emociones, sueños, imaginaciones. Toda clase de cosas
que pasan a toda velocidad. Hagamos con el mundo inter ior exactamente
lo m ismo que hem os estado haciendo en el mundo exteri or y no
convert iremos en testigos. Y cuando lo hayamos pr obado, el gozo de ser
testigo es tan grande, tan sobrenatural que profundizaremos más y más
en él.

Relajación. Es como un florecer, no se puede forzar. Una per sona


relajada no es obsesiva, y la ene rgía com ienza a acumularse en el
inter ior. Conservem os la energía, se conserva automát icamente, y
entonces cuando llega el momento de la acción todo el ser fluye con
ella. Por eso la acción es total. La act ividad es siempre a medias. La
relajación signif ic a no tener ningún deseo de ser act ivo; la relajación no
quiere decir estar tendido como un muerto; podemos estar acostados
pero sólo es f ingir. La relajación llega a nosotros cuando no hay un
deseo de estar en actividad ; la energía está en casa, no va haci a ningún
lado. Actuaremos si surge una determ inada situación, eso es todo, pero
no estamos buscado una excusa para actuar. Estamos a gusto consigo
mismos. La relajación es estar en casa.
―Necesit ar relajarse ya es estar en contra de la relajación.
Siempre que hay un ―necesitas‖ detrás se esconde una obsesión. No
18

hay ningún libro que pueda ayudarnos a relajarnos; a menos que leamos
nuestro propio ser interno, y entonces la relajación deja de ser una
Página

necesidad. La relajación es una ausencia; una ausencia de a ctividad, no


de acción . La relajación es un estado. No podemos forzar la. Nosotros
Relajación Luher

simplemente renunciamos a la negat ividad, a los obst áculos, y llega,


burbujea espontáneamente.
―La relajación es una situación en la que la ener gía no va a ningún
sit io: no va al futuro, no va al pasado, está simplement e aquí, con
nosotros. Est amos arropados por la silenciosa reserva de nuestra propia
energía, por su calor. Este momento lo es todo. No existe ningún otro
momento, el t iempo se det iene: entonces hay r elajación, s implemente se
disfruta. Relajación signif ica que este m omento es más que suficiente,
más de lo que se puede pedir y esper ar.
―La relajación no es ni del cuer po, ni de la mente, la relajación es
de la totalidad. Por eso se pide dejar de desear; por que si ha y deseo no
se puede relajar. Enterremos lo muerto, porque si estamos demasiado
interesados en el pasado no podr emos relajarnos. La relajación tampoco
es una postura, es una transformación total de nuestra energía. El
objet ivo es aquí y ahora; el objet ivo n o está en otro lugar.
―Aunque se cierre completamente la boca, estando sentado como
una estatua, pero eso no detendrá la actividad inter ior, ya que se
seguir á pensando, y si se sigue pensando, se sent irán sut iles
vibraciones en los labios. Son tan sut iles que por lo general no se
perciben ni se sienten, pero si se está pensando los labios tiemblan un
poco, es un temblor sut il. Y, cuando hay relajación verdadera, ese
temblor desaparece; en el inter ior no hay ninguna act ividad, cerremos la
boca con f irmeza y permanezcamos en silencio; y ent onces, no
pensemos.
―Los pensam ientos van y vienen. Permitámoslo, eso no es un
problema. No nos involucremos; permanezcamos dist antes, separados.
Observemos sim plemente cómo vienen y van, no es asunto nuestro.
Cerremos la b oca y permanezcamos en silencio. Poco a poco, los
pensam ientos cesarán aut omát icament e; para estar allí necesitan
nuestra cooperación. Si cooper amos, estarán allí; si se lucha, también
estarán allí –eso es otra forma de cooperar -.
―Simplement e obser vemos y t ener la boca cerrada ayuda m ucho.
Por eso se sugiere que pr imer o se bost ece; abr ir la boca lo que más se
pueda, tensar la todo lo posible –hacer lo unas tres veces -, eso ayudar á a
mantener la boca cerrada por más t iempo. Luego, durant e tres minutos
decir en voz alta cualquier cosa que se nos ocurra, así sean tonter ías,
pero digámoslo en voz alta y disfrutém oslo. Luego se cier ra la boca.
Seamos observadores. Podemos hacer lo mismo con las manos, brazos,
cara, pier nas; tensar int ensamente y luego soltarse. P ronto el silencio
descenderá sobre nosotros. Nosotros solo cr eamos la posibilidad, la
recept ividad y el silencio ocurrir á. No tr atemos o forcemos de est ar en
silencio –si lo presionamos, por dentro estaremos hirviendo. Por eso no
tratemos de estar en silen cio, sólo pr ovoquemos la sit uación, plantemos
la sem illa, creemos el terreno y luego esperemos.
―Vaciemos la ment e y no pensemos nada. Observemos con
precaución; la obser vación debe ser pasiva, no act iva. Seam os pasivos,
como cuando nos sentamos a la or ill a de un río –o cuando miramos las
nubes, que pasan f lotando -, el cual pasa a nuestro lado y nosotros
simplemente observamos. No hay ansiedad, no hay urgencia, no hay
emergencia. Nadie nos está obligando. Aunque no lo consigamos, no
nos perdemos nada. Sólo m iremos, obser var sin t ener que hacer nada.
―Esa pasividad es esencial, por que la obsesión por la act ividad
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puede convert irse en impaciencia, puede transformarse en una espera


act iva, con lo cual quiere decir que la actividad ha vuelto a entrar por la
Página

puerta de atrás. Recordemos que desear es un obstáculo. Descansemos


a gusto con nuestr o cuerpo, sin dar ni tomar, pongamos la mente a
Relajación Luher

descansar, démosle unas vacaciones. No hay nada que dar, no hay


nada que t omar. Todo es absolutament e correcto como est á. No hace
falta ni dar ni tomar. Somos absolutament e perfectos como somos.
Lo que hay que practicar es estar cada vez más a gusto. Estar cada
vez más aquí y ahora. Estar cada vez más en la acción, y menos en la
act ividad. Estar cada vez más hueco, vacío, pasiv o. Ser cada vez más un
observador; indifer ente, sin esperar nada. Ser felices consigo m ismos
como somos. Estar celebrando.
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