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Origen de la Filosofía

“Ser o no ser, esa es la cuestion”. Shakespeare

La filosofía occidental surge en Grecia, fomentada por un contexto


político severo difícil de sobrellevar.

Una elite de eruditos se reunía en distintos ámbitos huyendo de la


realidad oscura que estaban viviendo para dialogar y así lograr
comprender los sucesos que acontecían.

A partir del siglo VI antes de Cristo hasta el siglo II, comienza en


Grecia el movimiento filosófico que influyó y aún hoy sigue influyendo
en nuestra cultura.

Los filósofos anteriores a Sócrates (siglo IV a. de C.), que se


denominan presocráticos, integran el llamado período cosmológico,
que se suele agrupar en escuelas, como la jónica, milesia, pitagórica,
eleática, pluralista y atomista.

Los más importantes fueron Tales (siglo VI a. de C.), Anaximandro,


(siglo VI a. de C.) Anaxímenes, (siglo VI a. de C.), Heráclito, (siglo V
a. de C.), Parménides, (siglo V a. de C.), Pitágoras, (siglo V. a. de C.),
Empédocles, (siglo IV. A. de C.), Anaxágoras, (siglo IV. A. de C.) y
Demócrito (siglo IV a. de C.).

La filosofía antigua parte del conocimiento general para conocer lo


particular y para los griegos, el hombre forma parte de la naturaleza,
de ahí el nombre del período, denominado cosmológico.

Para aprender filosofía no hay nada mejor que convertirse en


filósofo y el saber filosófico es una forma de conocimiento que se
puede adquirir utilizando distintos métodos.

Existe otra forma de conocimiento que tenemos todos, sin haber


aprendido ni reflexionado, que es el saber considerado una opinión
sin fundamento. La diferencia entre la opinión sin fundamento y el
verdadero conocimiento es el método.

Para abordar la filosofía se hace necesario adoptar una disposición


infantil, de curiosidad, admiración y capacidad de asombro.

Además, se necesita ser riguroso y racional eliminando la sabiduría


de las tradiciones populares.
Los griegos fueron los primeros en utilizar la razón o pensamiento
racional para poder conocer, y utilizaban la intuición intelectual e
intuición racional metódicamente.

Antes de ellos se intentaba llegar al conocimiento con elementos


irracionales o por medio de la fe.

Los griegos, para llegar al conocimiento buscaban lo que tiene


existencia en si mismo, o sea el fundamento de todas las cosas, el
principio como comienzo de la realidad, ya que en la naturaleza todo
cambia y lo que es ahora, con el paso del tiempo es diferente.

El más antiguo filósofo griego que se conoce es Thales, de la


ciudad de Mileto, que representa la ruptura con la mitología y el paso
del mito al logos o conocimiento.

Su intuición fundamental fue la idea de que toda la realidad tiene


su origen en un principio único (arjé), el agua.

Otro filósofo de la misma época, Anaximandro, también de la


escuela de Mileto, creía que el principio de todas las cosas era
material, pero no una cosa determinada sino una especie de cosa
indefinida, una protocosa que tenía en potencia la posibilidad de que
se derivasen de ella todas las demás (apeiron). Representó un gran
avance porque por primera vez se supuso que este principio era algo
indiferenciado e inmortal.

La intuición de este filósofo se aproxima notablemente al concepto


actual de partícula como fundamento de la materia.

Anaxímenes, discípulo de Anaximandro, pensaba que el principio


indeterminado e infinito de todas las cosas era el aire, del cual, por
un proceso de rarefacción y condensación, surgen las otras tres
materias básicas: fuego, tierra y agua, y, de éstas todas las demás. El
mundo está rodeado por el aire, que actúa como hálito vivificador e
informador de la materia.

La intuición de Anaxímenes es precursora de la cosmovisión actual


que reconoce un poder organizador y de información sobre la
materia, que también se encuentra dentro de nosotros.

A Heráclito (siglo V a. de C.) se lo llama el oscuro por la dificultad


que encierran los escritos que se conservan de su obra.

Según este filósofo los cambios constantes son los rasgos básicos
de la naturaleza. “Todo fluye”, decía, “Todo está en movimiento y
nada dura eternamente”, “No puedo bañarme dos veces en el mismo
río, porque cuando lo hago, ni yo ni el río somos los mismos”.
Señalaba: “El mundo está caracterizado por constantes
contradicciones… tiene que haber una especie de razón universal que
dirige todo lo que sucede en la naturaleza…tanto el bien como el mal
tienen un lugar necesario en el todo”, “Como todo cambia, lo único
que existe es el devenir”.

Adjudicó un principio material a todas las cosas, atribuyendo


realidad a lo concreto, múltiple y cambiante, es decir, a un universo
formado por contrarios en constante oposición, a los que el logos,
principio normativo del universo y del hombre, conduce a una síntesis
armónica.

Parménides (siglo V a. de C.) fue una figura que influyó


notablemente en el pensamiento occidental. Su teoría sobre el ser se
presenta como la contrapartida de la filosofía del devenir de Heráclito.

Para Parménides, la única vía real del conocimiento es la razón, la


del ser, cuyos atributos son la inmutabilidad, la eternidad, la
indivisibilidad, la homogeneidad y la inmovilidad. Concibe al ser como
una esfera compacta y rígida e identifica el ser con el pensar,
afirmando que si el ser es, no puede no ser, de modo que descubre el
principio de identidad: el ser es y el no ser no es, afirmación lógica en
contraposición a Heráclito, que afirmaba que el ser era el devenir o
sea el ser y el no ser.

El mundo sensible para Parménides es una apariencia, una ilusión


de nuestros sentidos, una ilusión de nuestra facultad de percibir.

Hay un mundo sensible que es ininteligible y que no podemos


comprender por la razón porque sólo es comprensible el mundo
inteligible, el mundo del pensamiento.

Decía Parménides: “no necesitaré salir de mi mismo para conocer


la auténtica realidad del ser… las cosas fuera de mi, el ser fuera de
mi, es exactamente idéntico a mi pensamiento del ser…con sólo mi
pensamiento lógico descubriré las propiedades esenciales del ser…ser
y pensar es lo mismo”.

Esta es la base de la filosofía occidental.

Coincido con el pensamiento de Parménides en cuanto a la


identidad entre el Ser y el pensar, porque creo que somos lo que
pensamos y que hacemos el mundo a nuestro alrededor con nuestros
pensamientos. Según sea mi modo de pensar así será el mundo que
construiré a mi alrededor.

En cuanto a Heráclito, rescato de su pensamiento el reconocimiento


de la necesidad de los opuestos y de la armonía a través de la razón
universal. La vida es movimiento y cambio, cada momento es único y
hay que vivirlo intensamente porque no se va a volver a repetir
exactamente igual, seremos nosotros diferentes y distintas serán
también las circunstancias.

Aunque no se cuenta con datos concretos sobre la vida de


Pitágoras, (siglo V a. de C.), se considera que fue el fundador de una
secta místico religiosa orientada hacia el estudio de las matemáticas,
interés agudizado gracias a su contacto con sacerdotes egipcios.

La doctrina de Pitágoras y de sus discípulos que se desarrolló


fundamentalmente en la escuela fundada por ellos, fue de enorme
influencia en Grecia.

El estudio de los números y sus relaciones llevaba a comprender la


armonía existente en el cosmos, ya que para ellos la esencia de los
seres estaba en los números.

Basándose en esta armonía explicaron con una gran coherencia los


movimientos de los astros y la vida individual humana.

Empédocles fue otro filósofo singular del siglo IV a. de C. Para él, el


origen de la materia era la combinación de cuatro elementos
irreductibles, agua, tierra, aire y fuego y la muerte no era más que la
separación de las partículas de estos elementos que integran los
cuerpos para agruparse después formando otros nuevos. El amor y el
odio eran las fuerzas que causaban esta integración y desintegración.
Su gran aporte fue la idea de elemento, la de conservación de la
materia y la de evolución.

Anaxágoras, del siglo IV a. de C., proponía que la materia prima de


donde provenían todas las cosas era una amalgama formada por un
número infinito de partículas muy pequeñas. El predominio en un
cuerpo de un tipo determinado de estas partículas era lo que
determinaba su naturaleza. Esta amalgama indiferenciada (caos) era
ordenada por el nous (inteligencia), que no era solo principio de
orden, sino también principio de movimiento.

Vemos en este filósofo presocrático la intuición de un principio de


orden y de movimiento de partículas, adelantándose muchos siglos a
los descubrimientos de la ciencia.

Demócrito(siglo IV a. de C.) fue uno de los filósofos más


importantes de la antigüedad.
Su teoría sostenía la existencia de dos realidades básicas: lo lleno y lo
vacío, la materia y el espacio. El vacío era necesario para la existencia
del movimiento y este vacío no significaba negación de la materia o la
nada.
Proponía la doctrina de los átomos según la cual lo lleno estaba
formado por pequeñas partículas(átomos), que denominaba unidades
de materia siempre en movimiento y que al chocar entre producían
aglomeraciones, y con ellas, los cuerpos.

Los filósofos presocráticos ya vislumbraban con la intuición y la


razón lo que la ciencia dos mil años después está confirmando.

Estos filósofos tienen una visión totalizadora de la realidad donde el


hombre forma parte de la naturaleza. Sus doctrinas parten de lo
general para llegar al conocimiento de lo particular, a diferencia del
conocimiento científico que estudia lo particular para llegar al
conocimiento de lo general.