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REFLEXIONANDO SOBRE LA CRISIS DE VALORES EN LOS COLEGIOS

"La naturaleza hace que lo peor se incline ante lo mejor"


Séneca.

Numerosos libros de historia mencionan como el Imperio Romano, otrora invencible, se desmoronó, entre otros
muchos factores, por la perdida de los valores que alguna vez tuvieron como Imperio. Relacionando este
hecho histórico con la situación que actualmente se ve con los niños y jóvenes tanto en la escuela como fuera
de ella, nos podríamos preguntar si finalmente nos ocurrirá lo mismo que a los romanos ¿será este problema, el
fin de nuestra sociedad racional?

La calidad de la educación no debe ser reconocida en la cantidad de conocimientos que un niño o joven
adquiera sino en la capacidad que tengan para comprender el universo total y dinámico de la vida. Casos como
los de estudiantes que se destacan en sus labores académicas pero irrespetan a sus compañeros y maestros
deja ver la imperiosa necesidad de fortalecer en el seno familiar y en la escuela ciertos valores que se han ido
perdiendo como el respeto, la tolerancia, la disciplina, la pulcritud, la cortesía, la cordialidad, la puntualidad, la
amistad verdadera, entre otros, destacando uno muy olvidado como la asertividad que nos permite comunicar
nuestros deseos, necesidades y opiniones sin que generen rechazo o molestia en el oyente. Es preciso, en esta
paulatina crisis de valores, que se encuentra el génesis de indisciplina y violencia que se vive en los colegios
actualmente.

Sin querer generalizar, el clima convivencial se ha ido degradando debido a muchos factores: maestros que
son maltratados por estudiantes y no son reconocidos como personas fundamentales en la educación que
merecen respeto y apoyo, adolescentes que no eligen resolver sus conflictos por medio del diálogo sino de la
agresión física, intolerancia al que se viste, piensa, siente y actúa diferente o se fija en el mismo chico o chica,
entre otras, son muchas de las manifestaciones que esta crisis de valores revela en nuestros colegios día tras
día.

Si bien, podría hallar su fuente de origen y energía en el hogar, la escuela misma, los amigos o la sociedad en
general, sería estéril limitarnos a buscar culpables sin generar un cambio que realmente transforme esta
problemática. En la película “El Club del Emperador” una de las frases celebres que proclama la cinta es "El fin
depende siempre del principio", al igual la Biblia reza en Proverbios 22.6 “Instruye al niño en su camino, y aun
cuando fuere viejo no se apartará de el”. Estas dos anteriores afirmaciones sirven para comprobar como si en
el hogar no se inculcan los valores (al principio mencionados) a los jóvenes desde que son niños nada se podrá
hacer en el colegio para formar jóvenes excelentes no sólo en lo académico sino en lo ético y moral. Si el niño o
niña observa como sus padres no les dan el ejemplo correcto con su manera de vivir y relacionarse con otros y
con ellos mismos su conducta pueden estar apoyando antivalores como el irrespeto, la deshonestidad, el
egoísmo, la irresponsabilidad, la indiferencia, el desprecio, la arrogancia, la envidia, la pereza, la suciedad, etc.
No sobra recodar que los niños aprenden lo que ven, es decir, su comportamiento en parte se estructura a partir
de lo que observan y aprenden de sus padres, de tutores que no los abandonen en el proceso sino cumplan
con cabalidad la responsabilidad que la vida les otorgó en el momento en que decidieron ser padres.

Por otra parte, es necesaria una reflexión personal por parte de los mismos estudiantes, entender que no puedo
reclamar mis derechos cuando no cumplo mis deberes, cuando ni siquiera reconozco los derechos de los
demás como el ser respetados y valorados como quisiera que me trataran. Tampoco caer en el juego absurdo
de construir mi identidad personal y sentir que puedo ser reconocido burlándome de compañeros y maestros,
agrediendo a mis pares por sentir atracción por el mismo chico o chica o simplemente por tener diferencias o
querer incitar a la pelea al que no me agrada. Sería un buen ejercicio reflexionar sobre qué imagen estoy
reflejando como persona. ¿Es mi conducta un reflejo fiel de lo que he recibido de mis padres y maestros?
¿Cómo deseo que los que me rodean me vean en el presente y futuro? La aplicación de valores en el diario vivir
debe corresponder en el estudiante a un estilo de comportamiento NATURAL, como lo es cruzar un semáforo
con la luz verde, saludar, dar las gracias, pedir perdón sin empujar a alguien, entender el derecho fundamental
a ser tratado con respeto en este mundo así como respetar al otro, en fin, acoger las normas básicas que nos
permiten a los seres humanos diferenciarnos de los animales y ser tratados con el reconocimiento debido a tal
principio.

Ahora bien, es importante también revisar el propósito de la educación, ¿es sólo el de enseñar los contenidos
que el Ministerio de Educación exige o el de formar jóvenes integrales con capacidad para CONVIVIR
(comprendiendo la dimensión de la palabra), liderar y transformar nuestro entorno en una sociedad diferente, un
mundo nuevo? En nuestros colegios, es importante generar espacios continuos de reflexión no sólo con los
estudiantes sino con cada uno de los integrantes de la comunidad educativa, a decir padres y docentes; y a
partir de ello, tender a generar un cambio palpable en el respeto mutuo, en la resolución de conflictos y en una
nueva lectura de los acontecimientos ajustada a lo real. De lo contrario, en un futuro muy cercano será la falta
de valores las que nos cobre la factura con intereses mayores que los que tuvo que pagar la sociedad romana.

Daniel Orlando Rodríguez González


Licenciado en Español e Inglés