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Será cierto que Dios responde todas la oraciones?

Por Daniel Dañeiluk

“Y todo lo que pidiereis en oración creyendo recibiréis” Mateo 21:22

Desde los albores de su existencia, el hombre ha tratado de restablecer el vínculo


con el Creador. Con ese objetivo han surgido cientos y miles de religiones,
cultos, sectas, etc. con un resultado de fracaso sistemático. Los hombres, en su
intento de comunicarse con lo Supremo, ensayaron tantas variables, como personas
pasaron a lo largo de la historia.

Han llegado a extremos como el de auto flagelarse o a entregar a sus hijos en


sacrificio, a arrancarles el corazón o a tirarlos al fondo de un volcán.
A la vista de hoy en día nos resulta escalofriante pensar en las inmolaciones
humanas que practicaban los aztecas. Y eso no ocurrió hace tanto tiempo.
Mientras que en Europa se pintaba la Capilla Sixtina, los sacerdotes americanos
“ministraban” sus sangrientos rituales.
Sin llegar a esos extremos, puede observarse que todos los pueblos de la historia
siempre han tenido su religión particular.
De manera que, por un lado, tenemos a los hombres que parecen estar preconcebidos
con una necesidad irreductible de creer. Y por otro lado, sabemos, por la Palabra,
que Dios es Amor, y que tiene un interés permanente en la humanidad.

¿Qué sucede entonces? ¿Por qué tamaño desencuentro?

La ruptura del vínculo comunicativo Dios-hombre

Cuando Dios creó el Universo, y todo lo que hay en él, lo hizo de manera perfecta.
Su obra resultó en lo que denominamos naturaleza.
Allí, como la ultima nota de una sinfonía, ubicó al hombre, creándolo a su propia
imagen.
Esta condición de “creado a su imagen” implicaba entre otras cosas, la posesión
por parte del hombre de un lenguaje, una vía de comunicación que lo vinculaba
directamente, sin intermediaciones, a Dios. Jehová hablaba con Adán y Eva, y estos
hacían lo propio con Jehová.
Incluido en la naturaleza el hombre, el amor llenaba y cohesionaba los elementos
creados en armonía perfecta.Este estado ideal se vio alterado definitivamente por
el pecado. Todo lo malo, lo sufrible, incluso la muerte, tienen su origen a partir
de la infección del mundo, ocurrida en aquel fatídico incidente de Adán, Eva y la
Serpiente.

Desde allí, el hombre tuvo que luchar por su destino. Desde allí, tendría que, en
cada acto de su vida, optar entre el bien y el mal. El contexto en el que se
habrían de tomar estas decisiones sería territorio de dominio maligno debido a que
ya no estarían en el jardín del Edén al abrigo del mismísimo Dios.

Para el hombre comenzó una lucha desigual en la que el pecado corre con ventaja.
La batalla supera al plano mental. Existe una guerra en la que huestes celestes de
maldad pugnan contra el Creador (Efesios 6:12). Y ahí está el hombre, en el medio,
pequeño, decidiendo a cada paso su propio destino, el de su familia, el de su
comunidad, el de su país y el de la humanidad entera.
Dios, a pesar del hombre, no lo abandonó. Marcó la conciencia de cada persona
nacida en la tierra, en cualquier tiempo y lugar.
El conocimiento del bien y el mal, consecuencia de la desobediencia de Adán y Eva,
se transmitió a través de la memoria genética para todas las generaciones. No hay
ser humano, viva donde viva, ni de la época que sea, que no lleve en sus genes por
un lado, al PECADO y por otro la CONCIENCIA DEL BIEN Y EL MAL.

En cuanto a la naturaleza, Dios instituyó leyes físicas y biológicas que mantienen


el orden a pesar de Satanás, y a pesar del propio hombre, el guardián designado
por el Padre (Génesis 1:28) quien, en su avaricia, renegó de su privilegio y
concientemente de su accionar, lo destruye todo cuanto puede.Sin quitarle mérito
al engañador, fue el propio hombre quién decidió pecar. Su responsabilidad parte
de la aptitud para decidir sobre el bien o el mal, sobre lo que le convenga o no.
Esta aptitud otorgada por Dios a su criatura, el hombre, ya dotado de una
inteligencia superior y de raciocinio es lo que todos conocemos libre albedrío.

La caída del hombre, y con ello la llegada del pecado significó la inmediata
pérdida de la comunión con el Creador.La palabra comunión, (Del lat. communĭo,
-ōnis). entre otras acepciones, significa1. Participación en lo común.2. Trato
familiar, comunicación de unas personas con otras.
Es decir, que a partir del pecado, el hombre perdió la posibilidad de comunicarse
con Dios. El pecado vino a romper la vía de comunicación y a interferir el vínculo
del Padre con su criatura.El hombre ha perdido la comunión con Dios desde el
pecado original. Esto implica la imposibilidad de poder comunicarse con Él.
Antes del advenimiento del período de la Gracia, Dios establecía contacto con
algunos hombres, pero revistiendo la categoría de excepcionalidad y casi siempre
como parte de un plan muy específico. En todo el Antiguo Testamento vemos ejemplos
de estos casos. Aún el pueblo de Dios, Israel, no tenía acceso directo al Padre.
Se debieron instituir normas, rituales, sacrificios, sacerdocios, etc.

Como dije, la raza humana, creada a imagen y semejanza de Dios, fue infectada por
el pecado. Este mal la degeneró de manera que todo intento de vínculo a partir del
hombre caído, resulta inviable por la devenida incompatibilidad con la naturaleza
divina.Si tuviéramos que explicarlo en términos entendibles para el común de
nuestros días, podríamos decir que es como si se tratara de sistemas
diferentes.Que el hombre intente hablar con Dios es como pretender leer un archivo
informático sin tener el programa adecuado. Como querer escuchar los sonidos en
formato Mp3 con un programa Excel o Word.

En realidad el hombre ha perdido por completo la posibilidad de comunicarse con el


Creador. La única forma de reestablecer el vínculo es a través del Espíritu
Santo.Aún el creyente tiene dificultades para comunicarse con Dios y, en la
mayoría de los casos, sus oraciones no son contestadas. Al menos, en la realidad,
muy pocas veces es demostrable una relación directa entre determinado suceso,
identificado como respuesta, y el pedido original.

Dios responde las oraciones


“Y todo lo que pidiereis en oración creyendo recibiréis” ,“Y la oración de fe
salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le
serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros,
para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” . “Otra vez os
digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de
cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.”
Toda la Biblia está llena de referencias a respuestas de Dios a las oraciones.
Permanentemente se nos anima a orar y a esperar por una respuesta. Ningún pastor
se atrevería a plantearlo de otra manera.
¿A quien se le ocurriría decir que Dios no responde las oraciones?
A primera vista, objetar este principio impresiona tan herético como el declarar
que Dios no existe. Este principio, es ciertamente inobjetable. Lo que resulta
objetable, o por lo menos analizable, es si este principio, “Dios responde las
oraciones”, es
a) particularizado (para ciertas personas) o generalizado (para cualquier
persona), y
b) si es condicionado (con requisitos previos) o incondicionado (sin ellos).

“Dios siempre responde, ya sea por si o por no” (Pastor Daniel Borysiuk, Bs. As.
Arg.)

Me gusta mucho esta frase, contiene sabiduría y sustento bíblico.


Sin embargo puede llegar a ser mal interpretada, si se pretende aplicarla de modo
extensivo. Que esto ocurra, es decir que sea mal interpretada, no debería
constituir ninguna novedad.

Mas allá de esta expresión, no bíblica en un sentido literal, toda la Palabra de


Dios contiene verdades inobjetables. La Palabra de Dios es la Verdad inobjetable.
El problema siempre es el mismo: la interpretación que los hombres hacemos de
ella.

De aquí en adelante vamos a enfocar el tema de la respuesta a las oraciones desde


un punto de vista opuesto al hecho tradicionalmente.Partiremos de un supuesto
contradictorio: DIOS NO RESPONDE TODAS LAS ORACIONES. LA RESPUESTA DE DIOS A LAS
ORACIONES ES UN HECHO EXCEPCIONAL.

Analizando desde una perspectiva diferente

Parecería que analizar el tema oración-respuesta desde una perspectiva opuesta a


la tradicional fuera a constituir una herejía. Si uno de los pilares de nuestra fe
se constituye en la relación oración-respuesta ¿Cómo osaremos observarla?

Ya vamos a ir comprobando que no todo es lo que parece. Lo que asumimos como


verdad de perogrullo, puede llegar a ser una gran falacia, y lo que nos parece
impensable muchas veces esconde una perla de bendición.

¡¿Donde está Dios?!

A cada paso de nuestra vida, nos encontramos con situaciones, en las que Dios
parece estar ciego y sordo. Vemos, desde nuestra más o menos cómoda posición de
espectadores, el dolor de los niños pobres del mundo, el hambre, la miseria y la
muerte gratuita.
Nos horrorizamos ante las imágenes de la guerra, nos conmocionamos frente a los
actos de terrorismo. Los sensibles, pero también los hipócritas, nos pintan la
cara con el dolor absurdo de los desposeídos.
No podemos entender la inmensurable desigualdad entre los hombres (¿O sí?)
Nos preguntamos, y nos preguntan ¿Dónde está Dios?

Claro –pensamos- ellos, los sufrientes, miserables e impíos, no conocen a Cristo,


no son hijos de nuestro Dios.

A la distancia, podríamos ensayar algún argumento y, de alguna manera “zafar” con


alguna respuesta. Podríamos argüir partiendo de premisas muy claras o no tanto,
con fundamentos
bíblicos sólidos o no tanto. Quizá nuestra respuesta satisfaga plenamente a quien
nos haga un planteo de este tipo. O quizá quedemos como unos legos frente a él.
Pero de todas maneras estaremos hablando de una cuestión que en principio nos
parece algo o muy distante. El observar de lejos, y sin compromiso, no nos llega a
afectar de una manera significativa.
Obviamente, hay personas muy sensibles que sienten dolor ante la iniquidad pero,
de todas maneras ese dolor, aunque genuino, es circunstancial y no tiene entidad
suficiente como para socavar el ser interno de la persona.

A esta altura, no quiero dejar de mencionar a aquellas personas que son conmovidas
de manera especial frente a las calamidades e injusticias de la humanidad, pero
son casos excepcionales, y están dados por aquellos convocados por Dios para
cumplir un mandato vinculado al lugar o al hecho que los moviliza. Los llamados
Misioneros.

La desesperación

Volviendo al tema. La cuestión adquiere trascendencia para el particular, cuando


éste ve o experimenta la vivencia de la fatalidad de manera cercana.

Frente a lo inevitable, la persona común echa mano a sus mecanismos de defensa


psicológicos, recursos intelectuales, vínculos familiares y sociales, ayuda de
profesionales, asistencia de los servicios públicos, etc. En su desesperación
acude a todo cuanto se le ocurre o se le ofrezca. No hay límite en tal sentido. La
idea más absurda puede ser depositaria de la esperanza de quien se ha quedado sin
alternativas.

En medio de este pandemonium de opciones y acciones, difícilmente encontremos a


alguien que deje de invocar a Dios, aunque sea a modo de reproche. Aún el ateo
confeso y militante, no puede desterrar de su mente la idea de la existencia de
alguna instancia superior, si no es para pedir ayuda, por lo menos para echarle
las culpas.

Frente al dolor, la pérdida de la libertad, la muerte, o cualquier gran necesidad,


la condición de “incrédulo” agrava per sé el padecimiento, aunque dejemos bien en
claro que el ser “creyente”, tampoco resuelve del todo las cosas.

Ya, dentro del círculo de la comunidad cristiana, a lo largo de la vida nos


cruzamos con casos de enfermedades incurables, padecimientos de los más diversos,
muerte, inclusive de niños o de personas muy jóvenes. De padres que dejan
huérfanos o esposos que dejan viudas. Tenemos la sensación de estar frente a una
gran injusticia. En muchos casos se ha orado, clamado y llorado hasta que no
quedaron lágrimas y sin embargo el caso se resolvió de la manera menos deseada.

¿Será que no se oró con fe?,


¿Será que había pecados ocultos?,
¿Será un castigo de Dios, vaya a saber porqué?

¡Las culpas y los “culpadores”! Nunca faltan de estos.


Son al dolor como buitres al moribundo, como la sal a la herida.

Dios responde las oraciones: ¿Todas y a todos?

Antes dije que tenemos, básicamente, dos tipos de gente que puede invocar a Dios:
1) Los no creyentes- Que nunca oyeron de Cristo- Que alguna vez oyeron pero no
aceptaron
2) Los creyentes. Es decir, aquellos que conocen a Cristo y que suponemos deberían
estar llenos del Espíritu Santo.

En uno de los párrafos anteriores mencioné que hay que analizar si este principio,
“Dios responde las oraciones”, es:
a) particularizado o generalizado y;
b) si es condicionado o incondicionado.

a) A la primera de las cuestiones podría intentar una respuesta políticamente


correcta, y decir que Dios responde todas las oraciones a todos. O por lo menos
podría decir que Dios “escucha” todas las oraciones. Sin embargo estoy plenamente
convencido que esto no es así. Es mas, de acuerdo al razonamiento que intentaré
elucidar más adelante, en general, Dios el Padre, ni siquiera “puede” escuchar los
pedidos de cualquier persona.Es que, salvo “excepcionalidad excepcionalísima” , el
hombre común no tiene forma de vincularse con Dios.

La única(*) oportunidad posible que tiene un inconverso para contactarse con Dios
se da en el acto mismo de la conversión. Incluso para llegar a este punto, no
alcanza solo con su voluntad. La misma voluntad del hombre no sería movilizada
sino por la presencia de un mediador, que lo redarguya de pecado.

Ahora bien, de darse la conversión de la persona, ya no estamos hablando de un


incrédulo, sino que estamos hablando de un salvo. El incrédulo se recategoriza
como hijo de Dios en el preciso instante de su conversión. El vínculo con Dios no
se establece sino hasta que se constituya este paso. Así es que la conversión pasa
de ser “la única(*) oportunidad para establecer un vínculo con Dios”, a ser la
“primera oportunidad” para hacerlo.

Por supuesto, estamos hablando de fe y no de ciencia por lo que toda


generalización es en cierto modo arbitraria, por lo que debo admitir la
posibilidad de la excepción.

Con esto ya dejé planteado una posición. El principio “Dios responde las
oraciones” no es generalizado sino particularizado a los creyentes.

Esto que parece tan obvio no lo es tal.

La religión Católica Romana, entre otras, predica la comunión pero no el nuevo


nacimiento. Ya vimos que no es posible lo primero sin lo segundo. Todas las
grandes religiones del mundo practican y promueven formas para llegar a Dios,
incluso, en muchas de ellas, sobre todo las orientales, el objetivo es ¡llegar a
ser Dios!.

Toda creencia, ya sea proveniente de una religión, una secta, o de una


denominación que predique comunión sin Nuevo Nacimiento es errónea. Si surgiera
como una enseñanza desde una facción pretendidamente cristiana debería
considerársela por lo menos como profundamente equivocada, toda vez que se
contrapone con una doctrina elemental legada por Jesucristo (Yeshúa ha Meshiaj) y
predicada por el Protestantismo en particular.

Por otra parte, toda religión que proponga un nuevo nacimiento o iniciación, no
conforme a la Palabra debería considerarse, no solamente falsa, sino que
probablemente, tras bambalinas, satánica.

b) Hemos visto que la premisa “Dios responde a las oraciones” es un concepto


valedero, en principio, solo para los creyentes.Y otra vez digo y aclaro: Me
refiero como creyentes a aquellos que han experimentado el Nuevo nacimiento en
Cristo, que fueron perdonados y limpios por la sangre de Jesucristo vertida en la
Cruz, que experimentan la seguridad de la Salvación de sus almas.

Así planteado, la frase debería ser completada de esta manera: “Dios responde las
oraciones a los creyentes”
Pero, en la realidad ¿Es tan así? ¿Habrá excepciones?
En la Biblia encontramos relatos en los que Dios se vincula con un impío con el
objeto de cumplir con un requisito ineludible para poder llevar a cabo un plan,
pero que en definitiva no tiene que ver con el impío, sino que éste es solo el
eslabón de una estrategia por medio de la cual, Dios pretende tratar con su Pueblo
o con un hijo suyo. Así y todo, la génesis del vínculo ocasional, parte de la
voluntad de Dios y no del eventual interlocutor.
Cito solo a modo de ejemplo a Necao, Rey de Egipto que luchó contra Josías.

Entonces ¿Responde Dios a todas las oraciones? Otra vez debo decir que no, aunque
sea doloroso admitirlo. La respuesta a la oración para el creyente está altamente
condicionada.

¿Cuál es la condición fundamental para que una oración sea contestada?

Antes de continuar con nuestro análisis, quiero dejar en claro que éste es solo un
comentario. No pretendo entrar en minucias, tecnicismos teológicos ni lujos
exegéticos.

Quisiera (y a esta altura creo que vale reiterarlo), que los creyentes tengamos en
cuenta el valor superlativo que significa depender absolutamente de la Gracia de
Dios, que podamos comprender la magnitud de su Soberanía, que tengamos noción de
nuestra pequeñez.

Pretendo que estas palabras contribuyan, tal un grano de arena en el desierto, a


lograr una visión mas clara de las maravillas de vivir en la Gracia, en oposición
al legalismo censurador y anquilosante.

No me siento con autoridad ni derecho a que lo que escribo sea tomado como
dogmático, ni siquiera como referencia.

No tengo la pretensión de conocer los detalles de un palacio a través del ojo de


una cerradura. Porque así de pequeña, como el ojo de una cerradura, es nuestra
mente a las maravillas de Dios. Quizá haya otros, cientos, miles y millones de
creyentes que ven el palacio desde otras cientos, miles y millones de ojos de
cerraduras. ¡Lo glorioso va ser aquel día de Gloria cuando entremos al Palacio!
Cesarán las opiniones, puntos de vista, controversias y denominaciones. ¡Cómo
espero ese día!

¿Dios responde siempre? ¿Dios responde a todas las oraciones?

Creo que queda claro que no. Pero ¿Por qué?


Volvamos a la pregunta ¿Cuál es la condición fundamental para que una oración sea
contestada?

El creyente que lleva bastante tiempo en la Iglesia no tendrá dificultades para


responder.
Y la respuesta será: - “La condición fundamental para que una oración sea
respondida es que esté pedida de acuerdo a la Voluntad de Dios”-.

Entonces la siguiente pregunta es: -¿Cómo saber cuando nuestra oración está siendo
hecha de acuerdo a la voluntad de Dios?-
En principio no lo sabemos. Si lo supiéramos, todas las oraciones serían
contestadas, y estaríamos viviendo el Cielo en la tierra. Pero no es así. El
sentido común y la realidad nos lo ponen en evidencia.

Algo de Exégesis

El apóstol Pablo, en su carta a los Romanos Capítulo 8 explica:

26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de
pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros
con gemidos indecibles.
27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu,
porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto
es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Pablo nos dice que el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad.
En este caso, la frase “nuestra debilidad” está referida a la restricción o
imposibilidad para conectarnos en forma directa con Dios. Es una característica de
la humanidad caída.
En otras palabras, no manejamos el lenguaje de Dios.
El Espíritu Santo, entonces, hace de traductor, de compatibilizador.
El texto dice que el Espíritu Santo mismo intercede por nosotros con gemidos
indecibles.
Algunos ven aquí una alusión al hablar en lenguas.
No estoy de acuerdo. Creo que la intercesión que aquí se hace referencia, es a la
hecha por el Espíritu Santo en presencia del Padre.
Por supuesto que se establecerá en un lenguaje o código indescifrable para los
humanos. Ni siquiera podría asegurar que se trate de una comunicación mediada a
través de algún tipo de lenguaje oral. Realizar tal pretensión sería circunscribir
los misterios del Señor a nuestro pequeño entendimiento. Sería pensar en un Dios
limitado por la anatomía. Por otra parte, si se aludiese al hablar en lenguas,
quedarían excluidos los lingüectomizados y quizá también los sordomudos.
La frase aludida por Pablo “pedir como conviene” tiende a ser interpretada como
“pedir como nos conviene”. Es una lectura sincera, natural, pero egoísta.
Efectivamente, creo, que “pedir como conviene” puede significar en algún caso
“pedir como nos conviene”.
Pero Dios se mueve de acuerdo a un plan supraindividual del que nosotros somos
partícipes, eslabones de una cadena, parte de un sistema, de un cuerpo gigante y
maravilloso que es la Iglesia. Pedir como conviene es pedir de acuerdo a la
voluntad de Dios. Es decir como conviene a los planes de Dios. La bendición está
en ser partícipes de ese plan.

En el versículo 27 se reafirma el concepto: “porque conforme a la voluntad de Dios


(el Espíritu Santo) intercede por los santos”.

De la lectura del versículo 28 se puede inferir la posibilidad de que una oración


hecha según nuestro propio entendimiento o incluso quizá mediada por el Espíritu
Santo, no reciba la respuesta que uno espera, o tal cual uno la espera.

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es,
a los que conforme a su propósito son llamados”.

Este texto nos advierte sobre un posible “fracaso”. Es decir, un fracaso, por
cuanto no se recibe lo que nuestra humanidad espera.
Pero este fracaso es en realidad aparente, y surge de la incomprensión de la
voluntad de Dios por causa nuestra debilidad.
Pero Pablo va más allá. Este “fracaso” es solo “aparente” para los que “conforme a
su propósito fueron llamados”. Para aquellos que no caminan bajo el propósito de
Dios, este fracaso puede ser REAL.

En conclusión, la conditio sine qua non para que una oración sea escuchada, es que
sea mediada por el Espíritu Santo. Para que esto ocurra, por supuesto que hay que
tenerlo morando en nuestro interior y además estar en perfecta sintonía con la
Voluntad del Padre.

Seguidos estos pasos, una vez escuchada, la oración va a ser respondida si o si,
pero no siempre como uno lo espera. Incluso es posible padecer un “fracaso”, que
solo resultará aparente para quien camina conforme al propósito de Dios, ya que
finalmente “todas las cosas les ayudan a bien”.
De esta manera encaja la frase acuñada por mi amigo y Pastor, Daniel Borysiuk:
“Dios siempre responde las oraciones, ya sea por si o por no”

La Autoridad de la Iglesia

Hay un versículo bíblico muy conocido que corresponde a las palabras de Jesús:“(É)
Si dos de ustedes se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será
concedida por mi Padre que está en los Cielos (É)”

A primera vista, podría interpretarse que la única condición para que una oración
sea respondida es que se pongan acuerdo dos o más hermanos.
Quizá podríamos deducir que ese acuerdo debería darse en perfecta comunión.
Incluso podríamos condicionar la respuesta a la sintonía con la Voluntad de Dios.

Pero, es de notar que la frase ni siquiera condiciona la respuesta al pedido. Dice


“cualquier cosa que pidiereis”.
Sin embargo si ubicamos a la frase mencionada en el contexto en el que Jesús la
dijo, vemos que su significado cambia radicalmente.
El capítulo temático contextual completo dice lo siguiente:
“Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace
caso, has ganado a tu hermano. Pero sino, lleva contigo a uno o dos más, para que
todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos . Si se
niega a hacerles caso a ellos, díselo a la Iglesia; y si incluso a la Iglesia no
le hace caso, trátalo como a un incrédulo o renegado . Les aseguro que todo lo que
ustedes aten en la tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desaten en la
tierra quedará desatado en el Cielo. Además les digo que si dos de ustedes se
ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre
que está en el Cielo. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy
yo en medio de ellos”.

Aquí, Jesucristo está convalidando la autoridad judicial de la Iglesia para


decidir sobre un caso de un miembro en particular que insiste en persistir en el
pecado, desoyendo primero
a) La exhortación de un particular;
b) La advertencia de un grupo de testigos y;
c) la resolución de la Iglesia

Jesucristo plantea, sin lugar a dudas, todo un régimen procesal que contempla la
excomunión o expulsión de la Congregación.
Este hecho de ser expulsado de la Iglesia ¿Podría implicar la posibilidad de la
pérdida de la Salvación? (si es que el trasgresor que habíase presentado como
miembro de la Iglesia, hubiera sido realmente salvo).
El Señor confiere a la Iglesia autoridad de Tribunal no solo con una trascendencia
social o terrenal, sino espiritual.
Para expresar este concepto Jesús dice: “Todo lo que ustedes aten en la tierra
quedará atado en el Cielo, y todo lo que Ustedes desataren en la tierra, quedará
desatado en el Cielo”.

Este último párrafo nos permite pensar que la Iglesia (la verdadera, la integrada
por personas llenas del Espíritu santo) tiene autoridad para restaurar, de acuerdo
al mismo criterio y forma procesal que tiene para excomulgar.

Este concepto de Autoridad espiritual está ampliado y ratificado en el párrafo


siguiente: "Además les digo que si dos de ustedes se ponen de acuerdo sobre
cualquier cosa que pidan les será concedida por mi Padre que está en el Cielo”.

No hay ninguna razón para pensar que Jesús había cambiado de tema. Él seguía
planteando el tratamiento del problema de un hermano que persiste en pecar y la
actitud que debe tomar la Iglesia frente a él.
Es más. El versículo siguiente deja en claro el apoyo del Señor a las decisiones
del la Iglesia. Jesús dice que donde dos o tres se reúnen, allí está él en medio
de ellos. De esta manera, Jesucristo mismo, a través de su Espíritu se posiciona
como testigo y garantía del proceso. El cumplimiento de todo el proceso de acuerdo
a lo enseñado por Jesús es homologado y adquiere el carácter de sentencia por la
presencia misma del Señor.

En definitiva, creo que el versículo de Mateo 18:19 ha sido frecuentemente


malinterpretado por haber sido descontextualizado.

Ahora, ¿Es posible que una persona llena del Espíritu Santo, que vive en perfecta
comunión con Dios, que camina conforme al propósito de Dios, haga una oración y
ésta no le fuera contestada?
Por supuesto que sí.
Es lo que trató de explicar Pablo en la porción bíblica que recién analizamos.

Jesucristo en el huerto de Getsemaní oró al Padre diciendo: “Padre mío, si no


puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”
Jesús, en su humanidad, (Recordemos que se despojó de la gloria y se hizo hombre,
conforme al modelo de un hombre pleno del Espíritu Santo) aún conociendo la
voluntad del Padre como nadie lo hizo sobre la tierra, le sugiere a Dios la
posibilidad de exceptuarse de la obligación de pasar por el martirio.

¿Respondió el Padre a Jesús positivamente, de manera que hizo pasar la copa? -


¡NO!.
¿Por qué?
Porque si bien el deseo de Jesús era genuino y partía de lo profundo de su
corazón, no era esta la voluntad del Padre. Estas palabras de Jesús partieron de
su parte humana sufriente, de su dolor, pero no de la Voluntad del Espíritu Santo.

Pero Jesucristo, tal como lo había enseñado en la Oración del “Padre Nuestro”,
sobrepone la Voluntad del Padre a su propio impulso y dice “hágase tu voluntad”.

Y otra vez vemos aquí como se hay una correlación con lo expuesto por Pablo a los
Romanos. El “fracaso aparente” de Jesucristo finalmente fue para bien. Él fue
resucitado, glorificado, y por su obra la llevó a cabo la Redención.

La Oración de acuerdo al propósito de Dios


Me quedó grabado en el corazón un mensaje dado a una Congregación local por el
Pastor Pedro Gromyk, allá por los años 2003 o 2004.
Él predicó sobre el tema de la Oración y la Voluntad de Dios. Disertó sobre la
historia de Ana.

Ana amaba al Señor, y era la favorita de su esposo Elcana. Pero no podía tener
hijos. A causa de esto sufría la burla de Penina, y seguramente el estigma de toda
la familia y de la sociedad que constituía su entorno. Ana sufría amargamente. No
cesaba de rogar a Dios por su padecimiento.
Después de un largo tiempo de clamar al Señor por una respuesta, Dios le concedió
dar a luz un hijo al que llamó Samuel.
La clave del éxito de la Oración de Ana, es que ella tenía en su corazón la
disposición de someterse al plan de Dios.
Ana había prometido consagrar a fruto de su vientre, Samuel, al entero servicio en
el Templo. Realizó algo más que una simple afirmación. Realizó voto solemne ante
el Señor.Y cuando nació Samuel, Ana cumplió su promesa. Samuel fue entregado al
Servicio.

Vemos aquí que Ana oró no solo de acuerdo a la prerrogativa “pedir como me
conviene”, sino “pedir de acuerdo a como le conviene a los planes de Dios”. Ana y
Samuel eran parte de la cadena de eventos establecidos por Dios como parte de un
plan específico, su plan.

La "frutilla del postre" está servida en el segundo capítulo del Libro de 1ª de


Samuel: Ana tuvo tres hijos y dos hijas.

El Pastor Gromyk centró la idea de su mensaje en que las oraciones con garantía de
respuesta son las que tienen su origen en la sintonía con la Voluntad del Padre
para cumplir con su Plan.

Orar como fundamento del proceso de santificación

Ahora bien. Si Dios no responde todas las oraciones ¿Acaso dejaremos de orar?
De ninguna manera.

“Orad sin cesar”, “Y todo lo que pidiereis en oración creyendo lo recibiréis”;


“Velad y orad para que no entréis en tentación”; “Y todos perseveraban unánimes en
oración y ruego”; “La oración de Justo puede mucho”; “Y nosotros persistiremos en
la oración y en el ministerio de la Palabra”; “y dijo: Cornelio, tu oración ha
sido oída”, “ Así que Pero estaba custodiado en la cárcel, pero la Iglesia hacía
oración sin cesar por él”; “ gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación;
constantes en la oración”; “No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún
tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y
volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra
incontinencia”“; Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración
poder interpretarla”;“cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración”;
“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en
todo conocimiento”“;Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras
peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”,“
Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias”“; porque por la
palabra de Dios y por la oración es santificado”.” ¿Está alguno afligido? Haga
oración”; “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en
oración...”

OradÉ OradÉOradÉ Una y cien veces se nos anima a orar.

Es que orar no es solo pedir. Orar es parte fundamental del proceso de


Santificación. Santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
Orar es el testimonio de nuestra voluntad por buscar la Voluntad del Padre.
Orar es mover el dial hasta encontrar la frecuencia perfecta en donde sea audible
la voz de Dios.
Orar es comunión con Dios. Es la vivencia diaria y permanente de buscar a Dios y
esperar en El. Orar nos vincula con nuestros hermanos.
Orar nos solidariza con nuestros hermanos.
Orar nos libra de la tentación.
Orar enriquece nuestro interior, nuestra familia, nuestra Iglesia, nuestra
Sociedad y nuestro país.
La Biblia refiere que las oraciones de los Santos serán guardadas en la presencia
de Dios y serán abiertas en la hora señalada. Aunque a primera vista, no veamos
respuesta a nuestras oraciones, ellas nunca caen en saco roto. Las oraciones son
como depósitos que hacemos a nuestra cuenta, en el Banco de Cielo. Depósito que
heredarán nuestros hijos, nuestra Iglesia, nuestro país.
La Biblia da a entender que, llegado el momento, las oraciones de los Justos,
serán tomadas como prueba en el Juicio contra los impíos.

Mas allá de la deseada y necesaria búsqueda de la voluntad de Dios, más allá de


pretender que el Espíritu Santo interceda por nosotros con gemidos indecibles, el
orar es primero.

Nadie conoce completamente la Voluntad de Dios.


Por Gracia, habrá quien conozca solo una porcioncita de ella, y para determinado
tiempo o circunstancia de aplicación. Esta voluntad es revelada solo por el
Espíritu Santo.

Aún así el orar es una práctica ineludible en la vida de un cristiano.

Los líderes sectarios, gurúes, iuminados, etc., se arrogan la prerrogativa de


conocer la voluntad de Dios. Ningún hombre conoce la completa Voluntad de Dios.
¡Cuidado cuando aparecen aquellos que se las saben todas!

Orar como conviene

En determinado momento de este capítulo mencioné que la respuesta a las oraciones


a los creyentes es altamente condicionada. Algo ya vimos cuando tratamos la idea
central de este comentario, la oración de acuerdo a la voluntad de Dios. Sin
embargo la Biblia habla de otros requisitos o circunstancias especiales, algunas
de las cuales solo las he de nombrar ya que no hacen a la idea central del
capítulo.

Dice la Biblia: “Pedid y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros
deleites” .Después de leer todo lo anterior, esto está tan claro que no deja lugar
a explicaciones.

Otro punto paradigmático en el tratamiento del tema de la oración, en especial con


relación a la sanidad física, está dado en el libro de Santiago .

En el caso de un enfermo en la casa el apóstol recomienda:


“¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren
por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará
al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán
perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para
que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”

Aquí está enunciado todo un procedimiento que incluye no solo la sanidad física,
sino la sanidad del alma, de la comunión con los hermanos y con el Señor mismo.
Cuando dice “la oración de fe salvará al enfermo”, no se afirma que “sanará” al
enfermo.
Creo que probablemente se refiere a la Salvación propiamente dicha, al nacer de
nuevo, a quizá la última oportunidad de aceptar a Cristo antes de la muerte. De
otra manera no diría mas adelante “si hubiere cometido pecados le serán
perdonados”.

“Confesad vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis
sanados”
¿Se refiere Santiago a la sanidad física o se refiere a la restauración de la
comunión entre los hermanos? ¿Por qué dice Orad unos por los otros, si el enfermo
era solo uno?

Por la razón que dije antes, la oración es solidaria, restauradora, santificadora,


testimoniadora.

El enfermo ve en la oración de los unos por los otros el concepto de comunidad y


puede sentirse bienvenido y parte de ella.

Al final del texto, el autor dice “La oración eficaz del justo puede mucho”.
Luego de haber hecho mención a la confesión de las ofensas entre hermanos, de
haberlos animado a orar los unos por los otros, después de haber logrado, que
probablemente un alma acepte al Señor, después de haber fortalecido los lazos
fraternales entre los hermanos.

Después de todo eso Santiago dice “La Oración eficaz del justo puede mucho”.
Notemos que habla de la oración eficaz (eficacia. -Del lat. efficacĭa. Capacidad
de lograr el efecto que se desea o se espera ) del justo, quien suponemos un
cristiano lleno del Espíritu.
Aún así culmina la frase diciendo “puede mucho”. No dice “puede todo” o “Será
hecho”.
El autor deja abierta la posibilidad de que la oración no sea respondida en todas
las expectativas de las personas. Sí, asegura la Salvación, pero no asegura la
sanidad física.

Dios no tiene un vínculo interrupto con la humanidad perdida . Él la ama, pero el


pecado ha formado una barrera que impide el vínculo con Él. Dios ni siquiera está
en posición de escuchar la voz de los impíos. El quisiera que todos fueran salvos,
desearía poder comunicarse con sus criaturas. Pero el hombre tiene libre albedrío.
Y libre albedrío mediante, opta por desoír su voz.

Con el Nuevo Nacimiento la persona tiene, por primera vez la oportunidad de


reestablecer el vínculo con el Creador. A partir de allí nace una relación de
comunicación altamente condicionada, entre el creyente y el Padre, a través de la
mediación del Espíritu Santo. La oración es un mandamiento obligatorio para todo
creyente.

La respuesta a las oraciones no siempre se expresa de acuerdo a las expectativas


del peticionario. La coincidencia pedido-respuesta es excepcional y nace de la
perfecta sintonía con la voluntad del Padre, en un contexto individual y
supraindividual.

Por supuesto que creo, por la Fe en su Palabra, que Dios tiene poder para sanar
las enfermedades, para operar todo tipo de milagros, incluso resucitar de la
muerte. Pero estos acontecimientos, a la luz de la Biblia, tan frecuentes en los
albores del Cristianismo, hoy día constituyen un hecho excepcional.

Creo que el cenit de la respuesta a una oración, al menos en lo que hace a su


inmediatez y notoriedad, es la ocurrencia de un milagro.
Los milagros son circunstancias excepcionalísimas que traducen la alteración del
curso racional de la naturaleza o los tiempos. Cosa solo posible por Voluntad y
Obra de Dios.
Por propia definición, el milagro es una condición que responde al atributo de
Dios.
Los milagros implican una alteración visible, mensurable, e indiscutible de las
propias leyes de la Naturaleza o del curso natural de las cosas.

Ahora ¿Podemos reclamar un milagro?


Por supuesto que sí.
Sin embargo su efectivización es exclusiva potestad del Padre y solo por Gracia
(inmerecida, por definición). No podemos asegurar la ocurrencia venidera de un
milagro. "Prometerlos" indiscriminadamente constituye una práctica deletérea y
demagoga.

¿Acaso si tenemos un familiar al borde de la muerte no pediríamos por un milagro?


El pedirlo es nuestro derecho; el otorgarlo es un derecho de Dios.
Dicho de otra manera: Mi derecho es pedirlo; el derecho de Dios es otorgarlo
Que Dios puede, no hay dudas. Que en su amor y misericordia infinita se vea
conmovido por el clamor de sus hijos, es posible.
Pero no será por métodos humanos, esfuerzos místicos, o imposiciones, que Dios se
va a ver obligado a responder las oraciones.

Él responde las oraciones de los justos, si así lo desea, conforme a su Gracia .


Recordemos las palabras de Dios a Pablo: “Bástate mi Gracia” ¡¿Le parece poco?!
¡Se lo dijo al gran Apóstol!

Creo que siempre hay lugar a excepcionalidades, pero cualquier intento por
generalizar una excepcionalidad, con el objeto de incorporarla a la doctrina, y
hacerla costumbre o paradigma dogmático, contiene el riesgo de llevar a
consecuencias funestas, que pueden ir desde la “fuga de hermanos”, hasta la
división de una Iglesia, o la creación de una nueva denominación o secta.

Conclusión
Seamos coherentes, tengamos un cristiano sentido común. No andemos declarando
¡Victoria! ¡Sanidad!, como desaforados por todos lados.

¿Victoria sobre qué? ¿Acaso el lego o el novato puede comprender profundamente, lo


que significa Victoria en Cristo? Bienaventurado quien pueda hacerlo.

¿Y el desesperado? Él tomará los conceptos de acuerdo a su gran necesidad, lo no


siempre coincidirá con un gran entendimiento.

Después, cuando vienen los “fracasos”, cuando las oraciones no son contestadas, o
al menos en apariencia ¿Quién se hace cargo? ¿Quién se atreve a explicar la
verdad? ¿A quien le queda suficiente resto como para escucharla?! Solo queda el
dolor.

¿Y que hay de la esperanza? La esperanza surge del conocimiento de la Verdad, de


la madurez de saber a lo que atenerse. De poner a Dios por sobre las
circunstancias. De la comunión con el Espíritu que nos consuela. La verdadera
esperanza tiene que ver con la Fe, no con la ilusión.

Cuando todo terminó, cuando el enfermo murió, cuando lo impensable ocurrió. Y


cuando al cabo del tiempo, otra vez la vida nos confronte con su cara más cruel.
¿Acaso no valdrá la pena orar? ¿Habrá que intentar con lo mismo? ¿Habrá que buscar
alguna fórmula otrora fuera exitoso? ¿Habrá que reintentar sobre lo ya probado?
¿Habrá que experimentar con la novedad?

Creo que los cristianos debemos impregnarnos de Santidad. Así comprenderemos que
la Gracia es inmerecida inapreciable y gratuita. Que su esencia va mucho más allá
de la prédica de un Evangelio de ofertas temporales. Que su maravilla trasciende
la finitud de nuestra existencia hasta la eternidad. Que Dios es Amor, mas allá de
los límites de la comprensión humana.

Como lo planteé al principio, ante el “fracaso” enseguida aparecen las culpas y


los “culpadores”. -¿Por qué Dios no respondió la oración que hicimos por el
fulano?- ¡Vaya saber uno que pecado escondía!- ¡Vaya a saber la historia oculta
que tenía!-.

La culpaÉ siempre la culpaÉ echando sal sobre las heridas, tratando de emparchar
los huecos de conocimiento con más ignorancia.

Así y todo, orar es primero.

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Publicado por ‫דניא‬


en 11:28

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