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La parábola del deudor de los diez mil


talentos

Recientemente tuve una discusión con alguien. No era la primera vez


que sucedía, y me dije: “Por favor, no puede ser que cada vez que veo a esta
persona se comporte igual. Simplemente no puede ser.” Más bien yo estaba
molesto y en mi estudio matutino le dije a Dios: “esto pasa repetidamente.
Ya no lo soporto”. Luego, sorprendentemente la siguiente respuesta se me
vino a la cabeza: “tu cometes los mismos pecados repetidamente y yo
siempre te perdono”. Por supuesto, “me callé la boca” inmediatamente. No
tardó mucho en venírseme a la mente los mismos pecados repetidos una y
otra vez a través de los años y las veces que acudí a Dios, no con lágrimas, ni
con mucha pesadez sino con un simple “lo siento” como si nada hubiera
pasado, requiriendo su perdón porque …. ¡Tenía que! Ya sabes, fuimos
hechos a la imagen de Dios (Génesis 1:26). Si tú te sientes herido cuando tu
hermano peca contra ti, Dios también se siente así cuando pecas contra él
(y/o tu hermano). No importa si el comportamiento afecta a alguien o no.
Independientemente si el pecado es en contra de algún ser humano o no,
siempre hiere a Dios. Y Él perdona, ¡Continuamente! ¡Sin parar!
El mismo día, pero más tarde, pensando en eso que había pasado
Dios me trajo a la mente la parábola del deudor de los diez mil talentos.
Antes de ir a la parábola, vamos a ver su contexto. En Mateo 18:15-22
leemos:

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Mateo 18:15-22
“[El Señor hablando] Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y
repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu
hermano. Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que
en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a
ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y
publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será
atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en
el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de
acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será
hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o
tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré
a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te
digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.”

El verso que sigue la respuesta del Señor a Pedro es la parábola del


deudor de los diez mil talentos. Pero como vemos, el contexto es el perdón.
Jesús explicó lo que se debe de hacer cuando un hermano peca contra
nosotros. Luego Pedro viene con la pregunta del número de veces que se
tiene que perdonar al hermano. Debió haber pensado en eso así como –
probablemente la manera en que muchos de nosotros pensamos -: “Oh
Señor… si este hermano peca contra mí lo puedo perdonar la primera vez,
incluso la segunda y la tercera… tengo que darle más oportunidades. Pero

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después de varias, ¡es suficiente! O sea, ya le di muchas oportunidades pero


continuamente repite el mismo error. Ya no puedo con eso. Ya le di muchas
oportunidades de cambiar”. Para Pedro, 7 veces son suficientes. Si el
mismo error se repetía más de siete veces, probablemente no le daría a su
hermano otra oportunidad. Ya era mucho. ¡Imagínate a Dios siguiendo el
mismo principio con nosotros! Imagínate que tuviera un límite establecido
donde diría: “OK compañero… ya estuvo bueno contigo. Ya no te soporto a
ti ni a tu carácter. Ya te di suficientes oportunidades y ésta ya era la última.
¡Ya no hay más!” ¡Pero afortunadamente esto no es lo que Dios hace! Dios
es un Dios perdonador. Solo hay un pecado que no puede ser perdonado,
pero no hay otro pecado ni límite de veces en las que un pecado se pueda
perdonar. En 1 de Juan 1:8-10, 2:1-2 la Palabra dice:

1 de Juan 1:8-10, 2:1-2


“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros
mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros
pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y
limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le
hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros…. Hijitos
míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere
pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él
es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los
nuestros, sino también por los de todo el mundo.”

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La Palabra dice que no podemos pecar. Pero que si pecamos y


confesamos nuestros pecados a Dios, ¡es fiel y justo para perdonarnos! ¡En
Él hay perdón ilimitado! No es ¡“hasta 7 veces y luego ya no”! No es ¡“ya no
te soporto y ya no puedo contigo”! No es ¡“ya estuvo bueno de tus pecados
y de ti”! En Dios hay perdón sin fin. ¡Yo creo que esta es una de las noticias
más maravillosas en la fe cristiana! Es por eso que el Señor volviéndose a
Pedro le dijo: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.”,
queriendo decir: “Pedro, no hay límite”. Así como el Padre te perdona, tu
también debes de perdonar a tu hermano.” Así como hay perdón ilimitado
de nuestros pecados de parte de nuestro Padre, del mismo modo debe de
haber perdón ilimitado de los pecados que tu hermano comete contra ti.
Cuando pienses “que ya tuviste suficiente y que ya no lo puedes perdonar”
piensa por favor las miles de veces que Dios te ha perdonado. Creo que vas
a cambiar de parecer.

La parábola del deudor de los diez mil talentos

Fue en este contexto de perdón ilimitado de unos para con los otros
que el Señor habló la parábola del deudor de los diez mil talentos. Esta
parábola viene inmediatamente después de la conversación con Pedro y
viene en los versos 23-35 de Mateo 18:

Mateo 18:23-35

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“Por lo cual [esta frase liga la parábola directamente a lo que el Señor


acababa de decir sobre el perdón] el reino de los cielos es semejante
a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a
hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A
éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e
hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces
aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia
conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a
misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel
siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y
asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes.
Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten
paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Más él no quiso, sino fue y
le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus
consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y
refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole
su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné,
porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu
consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor,
enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le
debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no
perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”

La frase “por lo cual” que abre la parábola, liga con lo que el Señor

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dijo en los versos 15:22 sobre el perdón. Dios me trajo a la mente esta
parábola dándome a su vez la siguiente explicación: El rey es Dios, el dueño
de los diez mil talentos soy yo, el deudor de los 100 denarios es mi hermano
que ha pecado contra mí, los talentos son una medida del pecado. Mis
pecados hacia Dios son millones. Muchos, día tras día, y el mismo pecado
una y otra vez. Yo acudo a Dios por perdón y Él me perdona. La sangre de
Cristo me limpia de todos mis pecados. Dios ha borrado todas mis deudas
antiguas y borra cada nueva para que yo día a día viva ¡“libre de deudas”!.
Pero ahora este hombre, mi hermano, viene y peca contra mí. Y en lugar de
pensar “Yo también le debo a Dios. Él me perdona a mí a mi deuda día a
día. Lo mismo haré yo con mi hermano”, digo, “No. No puedo aceptar todo
lo que me debes. Ya tuve suficiente. Yo no voy a perdonar eso”. Pongan a
este hermano en la cárcel. Échenlo. Ya no quiero saber nada de él (o mejor
dicho “voy a mantener mi distancia con él”)”. Cuando nos comportamos así,
nos hemos olvidado ¡de lo que Dios nos ha perdonado! Y no solo eso sino al
“juzgar” a nuestro hermano también llamamos al juicio de Dios a nuestras
vidas. Mira lo que dice el Señor:

Mateo 18:32-35
“Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella
deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener
misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?
Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que
pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con

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vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus


ofensas.”

Cuando en lugar de perdonar a tu hermano actúas como juez,


pasándole juicio y castigo, entonces ¡invitas al juicio y el castigo de Dios a tu
vida y a tus pecados! Jesús es muy claro: “Así también mi Padre celestial
hará con vosotros” Lo que Jesús está diciendo es “ten cuidado”. Si actúas
como juez por los pecados de tu hermano en tu contra, Dios empezará a
actuar como JUEZ y juzgará tus pecados también. En vez de esperar perdón
por las “deudas”, ¡espera castigo! En lugar de una vida “libre de deudas”
puede que “te arrojen a la prisión”. Puede que no te guste, pero ¡así es
como es!

Perdón: Otras referencias

Aquí les presento otras referencias, especialmente para aquellos de


nosotros que hemos dado por hecho el perdón de Dios y nos cuesta trabajo
el perdonar a otros:

Mateo 6:12-15
“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros
perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas
líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por

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todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus


ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro
Padre os perdonará vuestras ofensas.”

Marcos 11:25-26
“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para
que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a
vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis,
tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras
ofensas.”

Lucas 6:36-38
“Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es
misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no
seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os
dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en
vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os
volverán a medir.

¿Y si Dios te dejara de perdonar? ¡Terrible, eh! ¿Y qué si Dios


empezara a juzgarnos por nuestros pecados? ¡Horrible! Bueno, eso es lo
que va a pasar si no perdonamos a los otros sino que almacenamos en
nuestros corazones heridas y pecados que nos hayan hecho, negándoles el

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perdón. Si no perdonamos no seremos perdonados. Si juzgamos, ¡Dios


empezará a juzgarnos también! ¿Y quién quiere eso? ¡Yo no!

Efesios 4:32
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos
unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”

También Colosenses 3:13


“soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno
tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así
también hacedlo vosotros.”

Si estás buscando una medida de perdón, bueno, aquí la tienes: “así


como Cristo nos perdonó”. “de la manera que nos perdonó Cristo, así
también debemos hacerlo nosotros”.

Conclusión

El perdón no es una opción. Es un DEBER. El pecado es una realidad y


así como otros pecan contra nosotros, del mismo modo nosotros pecamos
contra otros y contra Dios. Cuando te parezca difícil perdonar, cuando te
topes con los mismos comportamientos y los pecados que se repiten,
piensa en el perdón de Dios. Piensa en cuántas veces, Él te ha perdonado y
te seguirá perdonando. Todos somos deudores de diez mil talentos y lo que

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se nos debe a nosotros solo son unos cuantos centavos. ¡Suéltalos!

Tassos Kioulachoglou

Español: Aleida López de Steinmetz


Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

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