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Categoría: Derecho Procesal Penal.

Voces:[Recurso de Casación. Aplicación de la doctrina “Santillán”


de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Derecho a la
Jurisdicción. Tutela judicial efectiva. Nulidad de la sentencia.]
Tribunal:[Tribunal Superior de Justicia]
Secretaria:[Secretaría Penal]
Sala:[ ]
Fecha:[10-09-09]
Protocolo Nro:[46]
Tipo de Resolución:[Acuerdo]
Carátula:[ “FUENTES, Julio D. – BARRAGÁN, María A. –
SAGREDO, Abel C. – FUENTES, Patricia – ZANELLATO,
Rosana A. – FERREIRA, Vanesa – SÁNCHEZ, Miguel A. –
QUINTEROS, Selma I. s/ Coacción agravada en concurso
real con Daño agravado en concurso real con Lesiones
Leves en concurso real con Lesiones Graves” ]
Expediente Nro:[95/2007]
1er voto:[Dr. Oscar E. Massei]
disidencia:[ ]
por su voto:[ ]
integrante 2:[ Dr. Antonio G. Labate]
integrante 3:[Dr. Ricardo T. Kohon]
integrante 4:[Dra. Lelia Graciela M. de Corvalán]
integrante 5:[Dr. Eduardo F. Cia]
Sumario:[Se declara la nulidad de la Sentencia dictada por la
Cámara en lo Criminal Primera de esta Ciudad, por entenderse
aplicable al caso la doctrina de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación expuesta en el precedente “Santillán”, por el cual el
tribunal se encuentra obligado a pronunciarse si medió acusación
del querellante particular, sin perjuicio de la abstención del
Ministerio Público Fiscal. Se consagran de aplicación el Derecho a
la Jurisdicción y a la Tutela judicial efectiva. Todo ello, bajo la
óptica de un error de ley por el motivo formal de casación (art.
415, inc. 2°, del CPPyC)].
ACUERDO N° 46/2009: En la ciudad de Neuquén, capital de la
Provincia del mismo nombre, a los diez (10) días del mes de
septiembre del año dos mil nueve, se reúne en Acuerdo el Tribunal
Superior de Justicia con la Presidencia de su titular, Dr. OSCAR E.
MASSEI, integrado por los señores Vocales, Dres. RICARDO
TOMÁS KOHON, EDUARDO FELIPE CIA, ANTONIO
GUILLERMO LABATE y LELIA GRACIELA M. de CORVALÁN,
con la intervención del señor Secretario, Titular de la Secretaría
Penal, Dr. ANDRÉS C. TRIEMSTRA, para dictar sentencia en los
autos caratulados “FUENTES, Julio D. – BARRAGÁN, María A. –
SAGREDO, Abel C. – FUENTES, Patricia – ZANELLATO,
Rosana A. – FERREIRA, Vanesa – SÁNCHEZ, Miguel A. –
QUINTEROS, Selma I. s/ Coacción Agrav. en C. Real con
Daño Agrav. en Conc. Real con Lesiones Leves en
Conc.Real con Lesiones Graves” (Expte.n°95-año 2007) del
Registro de la mencionada Secretaría; se procedió a practicar la
pertinente desinsaculación, resultando que en la votación debía
observarse por los señores Jueces el orden siguiente: Dr. Oscar E.
Massei; Dr. Antonio G. Labate; Dr. Ricardo T. Kohon; Dra. Lelia
Graciela M. de Corvalán y Dr. Eduardo F. Cia.
ANTECEDENTES: Que por Sentencia N° 5, del 9 de marzo
de 2007 (fs. 2289/2308), la Cámara en lo Criminal Primera de esta
Ciudad, resolvió absolver a JULIO DURVAL FUENTES, HILDA
JOSEFINA LOCATTI, MARIA ALEJANDRA BARRAGÁN,
PATRICIA ELIZABETH QUILAPAN, PATRICIA FUENTES,
ROSANA ANDREA ZANELLATO, VANESA FERREIRA, SELMA
INÉS QUINTEROS, HORACIO HÉCTOR FERNÁNDEZ, MIGUEL
ANGEL SÁNCHEZ y JUAN ALBERTO CASTILLO de los delitos de
COACCIÓN AGRAVADA en CONCURSO REAL con DAÑO
AGRAVADO y COACCIÓN AGRAVADA en CONCURSO REAL
con LESIONES GRAVES –3 hechos- LESIONES LEVES –2
hechos- y DAÑO DOBLEMENTE AGRAVADO, todo en
CONCURSO REAL entre sí, en carácter de coautor (arts. 149
ter., inc. 2 b), 90, 92, 55, 184, inc. 1° y 5° y 45 del Código Penal),
por haber mediado abstención fiscal (...), y HACER LUGAR a la
realización de la audiencia de SUSPENSIÓN DEL PROCESO A
PRUEBA, a favor de RICARDO MIGUEL PERALTA, ABEL CESAR
SAGREDO y RICARDO GINES PEREZ (fs. 2289/2308).
Contra dicha sentencia interponen recurso de
casación el Dr. Marcelo Alejandro Inaudi, en representación del
señor Querellante Particular, Dr. Gerardo Hettinger (fs. 2317/2333)
y el señor Fiscal de Estado, Dr. Raúl Miguel Gaitán, en
representación del Estado Provincial (fs. 2334/2355), los que
fueran declarados admisibles por Resolución Interlocutoria N°
118/2008 (fs. 2373/2378) de este Tribunal Superior de Justicia.
Por aplicación de la ley 2153, de reformas del
Código Procesal (Ley 1677) y lo dispuesto en el artículo 424, 2°
párrafo, ante el requerimiento formulado, las partes no hicieron
uso de la facultad allí acordada, por lo que a fs. 2387 se produjo el
llamado de autos para sentencia.
Cumplido el proceso deliberativo que prevé el
artículo 427 del Código de rito, el Tribunal se plantea las
siguientes
CUESTIONES: 1°) Es procedente el recurso de casación
interpuesto?; 2°) En su caso ¿qué solución corresponde adoptar?
y 3°) Costas.
VOTACIÓN: A la primera cuestión el Dr. OSCAR E.
MASSEI dijo: I.- En contra de la sentencia N° 5, del 9 de marzo de
2007 (fs. 2289/2308), dictada por la Cámara en lo Criminal
Primera de esta Ciudad, el Dr. Marcelo Alejandro Inaudi, en
representación del señor Querellante Particular, Dr. Gerardo
Hettinger (fs. 2317/2333) y el señor Fiscal de Estado, Dr. Raúl
Miguel Gaitán, en representación del Estado Provincial (fs.
2334/2355), dedujeron recurso de casación.
En primer lugar y previo a la expresión de agravios,
plantean la inconstitucionalidad del art. 417, inc. 1°, del
C.P.P.y C., por cuanto entienden que retacea la capacidad
recursiva del querellante al someterla a la actividad acusadora del
Fiscal, cuestión ésta que quedó debidamente zanjada en la
Resolución Interlocutoria N° 118 (fs. 2373/2378), al momento de
pronunciarse este Tribunal por la admisibilidad de las vías
recursivas intentadas, en razón de que no queda condicionada a
la actividad del Ministerio Público Fiscal la facultad del querellante
particular de ejercer sus potestades recursivas. Así surge de la
armónica y sana interpretación de los preceptos legales citados
por los recurrentes, sin necesidad de tachar de inconstitucional las
normas aplicables.
Ingresando ahora sí al tratamiento de los agravios
expresados por los casacionistas, se advierte cierta similitud entre
los expresados por el Dr. Inaudi y el Dr. Gaitán. Así, el primero de
los nombrados, bajo el carril casatorio previsto en el inciso 2° del
art. 415 del C.P.P. y C., postula dos cuestiones: por un lado, critica
la postura asumida por el a-quo en cuanto otorga el
carácter de “adhesivo” al querellante particular –de igual
manera lo hace con el Fiscal de Estado-, con las
consecuencias que en el caso ello trajo aparejado. Previo citar
parte del voto del Dr. Rodríguez Gómez, en el que se expide del
modo mencionado, sostiene que la figura del querellante fue
introducida en el ordenamiento procesal bajo la forma de
“conjunto” y no meramente adhesivo. Es que de otro modo –
agrega- no se explicaría el art. 313, 3° párrafo, que dispone que
si el fiscal pidiese el sobreseimiento y la querella requiere la
elevación, es posible que el instructor, ordene la remisión a juicio.
Por otro lado, estima que debe aplicarse el fallo “Santillán”
de la Corte Nacional, anotado por José I. Cafferata Nores (L.L.-
1998-E). Entiende que el caso es análogo, amén de la salvedad
que en autos, además –remarca-, se soslayaron nuevamente
dichas acusaciones al disponer la suspensión del juicio a prueba a
favor de los imputados Sagredo, Pérez y Peralta, valiéndose de la
acusación formulada por el Fiscal.
Dice que este Tribunal Superior de Justicia, dictó el Acuerdo
en autos “Sabio- Herrero”, en donde el voto del Dr. Arturo
González Taboada adhirió al criterio de la cimera Corte Nacional,
in re “Santillán”, en punto al carácter conjunto del querellante
particular (a partir de la aplicación del art. 313, 3° párrafo del
ritual). Cita doctrina que avala su postura, a partir de los
principios de igualdad de posibilidades, la obligación del órgano
jurisdiccional de pronunciarse sobre su petición y administrar
justicia, la inviolabilidad de la defensa en juicio de la persona y de
los derechos.
Entiende que desatender la acusación formulada por el
querellante particular –ante la abstención fiscal- vulnera el art. 18
de la Constitución nacional y los arts. 7 y 10 de la DUDH y 8 de la
CADH.
La otra cuestión postulada por el Dr. Inaudi, es la
referida a la violación de la norma del art. 356, inc. 2°, del
C.P.P.y C., solicitando en consecuencia, la declaración de la
nulidad absoluta de la sentencia por afectar la garantía de
defensa en juicio.
Explica que la Cámara sentenciante no observó las
pautas de dicha normativa para la incorporación por lectura de las
declaraciones testimoniales recibidas en la sede de Instrucción,
respecto de los testimonios de José Nolverto Sifuentes, Héctor
Muñiz, Alicia Fuentes Díaz, Roberto J. Frasseto, Carlos Biedma y
Jorge Marín Fernando Diorio.
Manifiesta que la audiencia se llevó a cabo casi
cinco años después de ocurridos los hechos; por lo tanto, los
testigos incurrían en contradicciones y remanidos ‘no me
acuerdo’, situación que llevó a la parte querellante a requerir la
lectura de las partes pertinentes de las declaraciones prestadas
en instrucción, como expresamente lo dispone el inc. 2° del art.
356 del rito, requerimiento que fuera rechazado por los
sentenciantes, apartándose de las normas que regulan
expresamente la situación, formulando la pertinente reserva de
recurrir en casación. Expresa que “el debido proceso brilló por su
ausencia” (cfr. fs. 2329).
Estima que de manera arbitraria e ilegítima la
Cámara cercenó el derecho de la parte recurrente a ayudar a la
memoria de los testigos leyéndoseles las partes pertinentes de su
declaración prestada en sede de instrucción cinco años antes –
remarca-, soslayando la letra del art. 356, inc. 2°, del C.P.P.y C.
Explica que de esta manera, la Cámara violentó el debido proceso
e invalidó el pronunciamiento recurrido por arbitrariedad
manifiesta. Es que las declaraciones testimoniales reseñadas –
sostiene- constituían prueba dirimente, y su valoración no se
realizó correctamente por cuanto fue inválidamente prohibida la
ayuda memoria permitida por la normativa procesal. Cita doctrina
y jurisprudencia en apoyo de su postura.
Hace reserva de caso federal por violación a la
garantía de debido proceso legal, defensa en juicio, y
‘razonabilidad’, reconocidos por el art. 18 de la Constitución
Nacional (fs. 2332).
Por su parte, el Sr. Fiscal de Estado, Dr. Raúl Gaitán, como lo
adelantamos, introduce similares cuestiones. Así, denunciando la
inobservancia de la ley procesal (art. 415, inc. 2°, C.P.P. y C.), por
un lado, proclama la nulidad de la sentencia por haberse
vulnerado el art. 356, inc. 2°, de la ley de rito, expresando
argumentos similares a los expuestos por el Dr. Inaudi y, por otro,
reclama la aplicación de la sanción procesal mencionada
por padecer la sentencia de “fundamentación
contradictoria” (art. 369, inc. 3°, C.P.P.y C.). Para la
formulación de este agravio, hace mención a los votos de los
Dres. Rodríguez Gómez y Fernández, respecto del alcance
“adhesivo” que otorgan al querellante particular, a partir de una
interpretación restrictiva de las normas procesales y de la no
aplicación del art. 3° de la Ley 1.575 (en sus respectivos votos).
Sintetiza la cuestión indicando que mientras uno de
los magistrados (Dr. Rodríguez Gómez) define la cuestión
recurriendo a lo que “literalmente expresa la disposición
normativa”, el otro (Dr. Fernández), a los fines de dar solución a la
misma cuestión planteada, se permite “ir más allá de la letra de la
ley”.
Entiende que de tal modo, se violenta el debido
proceso legal, por motivación contradictoria de la sentencia,
configurándose así una sentencia arbitraria por fundamentación
ilógica.
Hace reserva de caso federal.
II.- Que luego de realizado un análisis de la sentencia, las
impugnaciones interpuestas y las demás constancias del legajo,
soy de opinión, y así lo propongo al Acuerdo, que la casación
deducida debe ser declarada procedente en relación al primero
de los agravios aquí expuestos, por las siguientes razones:
La Cámara en lo Criminal Primera de esta Ciudad, apoyó los
argumentos con los que fundó la sentencia aquí cuestionada en el
precedente “Sabio” (Acuerdo N° 8, del 21 de abril de 2004) de
este Tribunal –con antigua integración-, en el que por mayoría se
apartó de los lineamientos establecidos por la Corte Suprema de
Justicia de la Nación en el antecedente “Santillán, Francisco
Agustín s/recurso de casación” (S. 1009. XXXII, fallo 321:2021, del
13/08/1998) –por entender que dicha doctrina carecía de carácter
determinante en virtud de que fue establecida por una integración
distinta de la imperante al momento del dictado de la resolución-,
y sostuvo que una sentencia condenatoria, sin que medie
acusación fiscal, es nula, por más que hubiera existido una
conclusión incriminatoria por parte del querellante particular, toda
vez que las facultades que la ley procesal local le ha conferido a
este último, no llegan al extremo de que se permita reemplazar la
acusación fiscal por la que pueda formular el particular ofendido
constituido en querellante. Es decir, el tribunal de juicio no se
encuentra habilitado para emitir sentencia condenatoria si el
Ministerio Público Fiscal, en la discusión final postula la
absolución, aunque la parte querellante formule, a su turno,
requerimiento de condena. Es que, como bien lo señala el a-quo,
se consideró al querellante particular con carácter “adhesivo”.
Posteriormente, el máximo órgano judicial nacional
entendió en los autos “Sabio”, y revocó lo dispuesto por este
Tribunal, haciendo suyos, por razones de brevedad, los
argumentos del Procurador General de la Nación, quien en su
dictamen sostuvo que “la exigencia de acusación, como forma
sustancial en todo proceso penal, salvaguarda la defensa en juicio
del justiciable, sin que tal requisito contenga distingo alguno
respecto del carácter público o privado de quien lo formule; y que
el particular querellante, a quien la ley de procedimiento penal
local le reconoce el derecho a formular acusación, está amparado
por la garantía del debido proceso legal consagrada por el artículo
18 de la Constitución Nacional, que asegura a todos los litigantes
por igual el derecho a obtener una sentencia fundada previo juicio
llevado en legal forma” (S. 58 XLI, Recurso De Hecho, “Sabio,
Edgardo Alberto, Herrero, Carlos Washington s/ falsedad material
de documento, etc. –causa 2948-, del 11 de julio de 2007). Y
respecto al apartamiento de la doctrina “Santillán” agregó que “el
Tribunal se apartó de los principios que informan la doctrina
invocada, con base en una aseveración meramente conjetural
que, por lo demás, desconoce la conveniencia de asegurar la
permanencia y estabilidad de las decisiones de la Corte, más allá
de los cambios circunstanciales de su integración, en tanto no se
alleguen fundamentos o medien razones que hagan ineludible su
modificación” (del dictamen del Procurador General de la Nación,
en autos “Sabio...”).
Así las cosas, corresponde resaltar que con la
incorporación de los pactos internacionales sobre derechos
humanos a la Constitución Nacional, mediante la reforma
introducida en el año 1994, a su misma jerarquía (art. 75, inc. 22,
C.N.), puede afirmarse que de manera expresa las garantías
constitucionales se proyectan bilateralmente en el área de la
administración de la justicia penal; es decir, que resguardan tanto
los derechos de los imputados por la comisión de delito, como de
quienes resultaron víctimas de los mismos. Ello no implica
aseverar que con anterioridad a tal reforma las garantías no
operaran a favor de estos últimos; todo lo contrario, surgía –y
surge, en la actualidad- implícitamente del art. 18 de la
Constitución Nacional, cuando tutela el “derecho a la jurisdicción”.
Este derecho a la “jurisdicción” o “tutela judicial”
(arts. 1.1, 8.1 y 24 de la CADH), procura asegurar que “ninguna
persona pueda ser privada de defender su derecho vulnerado por
el delito y reclamar su reparación, incluso penal” (Cafferata Nores,
José I. y Tarditti, Aída, “Código Procesal Penal de la Provincia de
Córdoba -Comentado”, Ed. Mediterránea, Tomo I, pág. 5). Este
derecho ha sido correctamente interpretado por la Corte Suprema
de Justicia de la Nación en el precedente “Santillán” (fallo
321:2021), al sostener que “la acusación, como forma sustancial
en todo proceso penal, salvaguarda la defensa en juicio del
justiciable, sin que tal requisito tenga otro alcance que el antes
expuesto o contenga distingo alguno respecto del carácter
público o privado de quien la formula”.
Esta doctrina resulta aplicable al presente caso,
toda vez que el mismo resulta ser similar al planteado en el
antecedente jurisprudencial al que se hace referencia, en el que el
“a-quo consideró que, como consecuencia de las facultades
conferidas por el actual ordenamiento procesal al representante
del ministerio público para el ejercicio de la acción penal pública,
la actuación del querellante particular no era autónoma respecto
de aquel órgano y que, por ello, postulada la absolución por el
primero, el pedido de condena de la querella no era suficiente
para habilitar al tribunal a emitir un pronunciamiento de condena”
(C.S.J.N., “Santillán, Francisco Agustín s/recurso de casación”, S.
1009. XXXII).
Por ello, entiendo que el eje central de resolución de
la cuestión aquí planteada, no pasa por determinar el alcance de
la figura del querellante particular en la ley adjetiva local –amén
que considero que el carácter del mismo es el de “conjunto”, con
la consabida mayor amplitud de facultades procesales que posee-,
sino el alcance del derecho a la “jurisdicción” o a la “tutela judicial
efectiva”. En este sentido, no puede sostenerse válidamente que
el querellante particular, sea adhesivo o conjunto -según la
regulación procesal formulada por el legislador local-, se
encuentre limitado o condicionado por la acusación o abstención
de acusar que postule el Ministerio Fiscal, pues ello contraría
palmariamente el ejercicio de su derecho consagrado por el actual
sistema constitucional, a reclamar la reparación -incluso penal- de
los derechos que le han sido vulnerados por el delito. Es decir, no
puede supeditarse la existencia y plena vigencia de su derecho –
de raigambre constitucional- a la postura que asuma en el
proceso la vindicta pública, pues el derecho del querellante a
formular acusación, resulta una derivación lógica de la garantía
del debido proceso (art. 18, C.N.). Así lo ha establecido el máximo
tribunal nacional en la doctrina “Santillán” cuando afirma que “si
bien incumbe a la discreción del legislador regular el marco y las
condiciones del ejercicio de la acción penal y la participación
asignada al querellante particular en su promoción y desarrollo,
desde que se trata de lo atinente a la más acertada organización
del juicio criminal (Fallos 253:31), todo aquel a quien la ley
reconoce personería para actuar en juicio en defensa de sus
derechos está amparado por la garantía del debido proceso legal
consagrada por el art. 18 de la Constitución Nacional, que
asegura a todos los litigantes por igual el derecho a obtener una
sentencia fundada previo juicio llevado en legal forma (Fallos:
268:266, considerando 2°)”.
En mérito de los argumentos expuestos, considero
haber demostrado la razón por la cual, la casación deducida –tal
como lo anticipara– debe ser declarada procedente. Tal solución
torna abstracta la necesidad de expedirme respecto a los demás
planteos formulados por los recurrentes. Así voto.
El Dr. ANTONIO GUILLERMO LABATE, dijo: Que
adhiero a los fundamentos precedentemente expuestos, por el
señor Vocal que votara en primer término, por lo que emito mi
voto en igual sentido. Así voto.
El Dr. RICARDO TOMÁS KOHON, dijo: Que
comparto la solución sustentada por el Vocal preopinante en
primer término, atento los fundamentos dados a la presente
cuestión. Mi voto.
La Dra. LELIA GRACIELA M. de CORVALÁN, dijo:
Por compartir las conclusiones dadas por el señor Vocal que
sufragara en primer término, adhiero a la solución que propicia.
Así voto.
El Dr. EDUARDO FELIPE CIA, dijo: Adhiero al voto del
señor Vocal preopinante en primer término, por compartir la
respuesta que da a esta primera cuestión. Así voto.
A la segunda cuestión, el Dr. OSCAR E. MASSEI
dijo: Atento al modo en que resolviera la cuestión precedente,
propongo al Acuerdo: se declare la nulidad de la sentencia que
fuera materia de recurso por violación a la garantía del debido
proceso, derecho a la jurisdicción y a la tutela judicial efectiva
(artículo 415, inciso 2°, CPPyC, en función de los artículos 18 y 75,
inciso 22, de la Constitución Nacional; 1.1, 8.1 y 24 de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos y 14.1 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos). Asimismo, se deberá
declarar la invalidez del debate que la precediera; debiendo
reenviarse el legajo a la Cámara de origen para que, con una
nueva integración, previo debate, dicte pronunciamiento
(arts.155, 2° pár., y 429, del CPPyC).Mi voto.
El Dr. ANTONIO GUILLERMO LABATE dijo: Atento
la solución dada a la primera cuestión, me expido en idéntico
sentido a la conclusión a que arriba el señor Vocal preopinante en
primer término, a esta segunda cuestión.
El Dr. RICARDO TOMÁS KOHON, dijo: Por
compartir la solución dada a esta segunda cuestión, por el Dr.
Oscar E. Massei, voto en igual sentido.
La Dra. LELIA GRACIELA M. de CORVALÁN, dijo:
Atento los fundamentos propiciados a la primera cuestión
planteada, comparto la solución dada por el señor Vocal de primer
voto a esta segunda cuestión.
El Dr. EDUARDO FELIPE CIA, dijo: Comparto la
conclusión sustentada por el Vocal preopinante, atento los
fundamentos dados a la primera cuestión. Mi voto.
A la tercera cuestión, el Dr. OSCAR E. MASSEI: Sin
costas en la instancia (artículos 491 y 492, a contrario sensu,
C.P.P.y C.). Tal es mi voto.
El Dr. ANTONIO GUILLERMO LABATE, dijo:
Debe eximirse de costas al recurrente de conformidad con los
arts. 491 y 492, a contrario sensu, del C.P.P. y C. Mi voto.
El Dr. RICARDO TOMÁS KOHON, dijo: Comparto lo
manifestado por el señor Vocal de primer voto a esta tercera
cuestión. Mi voto.
La Dra. LELIA GRACIELA M. de CORVALÁN, dijo:
Corresponde eximir de costas como lo expresa el señor Vocal de
primer voto.
El Dr. EDUARDO FELIPE CIA, dijo: Adhiero a lo
propuesto por el Dr. Oscar E. Massei. Así voto.
De lo que surge del presente Acuerdo, SE
RESUELVE: I.- HACER LUGAR al recurso de casación
deducido por el Dr. Marcelo Alejandro Inaudi, en representación
del señor Querellante Particular, Dr. Gerardo Hettinger, y por el
señor Fiscal de Estado, Dr. Raúl Miguel Gaitán, en representación
del Estado Provincial. II.- DECLARAR LA NULIDAD de la
Sentencia N° 5, de fecha 9 de marzo de 2007 obrante a fs.
2289/2308, dictada por la Cámara en lo Criminal Primera de esta
Ciudad, por violación a la garantía del debido proceso, derecho a
la jurisdicción y a la tutela judicial efectiva (artículo 415, inciso 2°,
C.P.P.y C., en función de los artículos 18 y 75, inciso 22, de la
Constitución Nacional; 1.1, 8.1 y 24 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos y 14.1 del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos). III.- DECLARAR LA NULIDAD del
debate que la precediera. IV.- REENVIAR el legajo a la Cámara
de origen para que, con una nueva integración, previo debate,
dicte pronunciamiento (arts. 155, 2° párrafo y 429 del C.P.P.y C.).
V.- Sin costas (arts. 491 y 492, a contrario sensu, del C.P.P. y
C.).- VI.- Regístrese, notifíquese y oportunamente remítanse las
presentes actuaciones a la Cámara en lo Criminal Primera.
Con lo que finalizó el acto, firmando los señores
Magistrados, previa lectura y ratificación, por ante el Actuario, que
certifica.
vcp

Dr. OSCAR E. MASSEI


Presidente

Dr. RICARDO TOMÁS KOHON Dr. EDUARDO FELIPE


CIA
Vocal Vocal

Dr. ANTONIO GUILLERMO LABATE Dra. LELIA GRACIELA M. de


CORVALÁN
Vocal Vocal

Dr. ANDRÉS C. TRIEMSTRA


Secretario