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c a c i ó n

Primera edición:

©1994 elidio la Torre lagares

©2009 elidio la Torre lagares Prohibida la reProducción, en cualquier forma y Por cualquier medio, de esTa edición.

978-1-935163-23-7

imPreso en colombia PrinTed in colombia

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email: eTerranova@PrTc.neT www.TerranovaediTores.com “Leer está de moda; regaLe un Libro

Dedicado a los ángulos de mi pirámíde

A Ana Ivelísse,

gradas por existir.

A RoshellyJoan, casi mi hija.

A Rosa Maria,

pesa la cruz, madre.

La realidad obtusa

Dr. Roberto Echevarría Marín Crítico Literario

L a atmósfera cultural puertorriqueña está enrarecida.La mayoría de las columnas periodísticas que se publican en la prensa comercial son banales -sofocante plétora de agotados

estribillos políticos. La televisión, por su parte, refuerza actitudes deshumanizantes, mercadea la violencia y reduce la sexualidad humana a una modalidad frivola. Las universidades privadas venden diplomas mientras obvian la educación integral de sus egresados, desalientan la libertad intelectual de la comunidad académica y limitan la participación estudiantil a la organización de #estás a través de lo que pomposamente llaman consejo de estudiantes. La mayoría de los políticos hacen alarde diariamente de su incompetencia y su mediocridad intelectual. Como respuesta ála vacüidad cultural que permea nuestra vida nacional, varios poetas jóvenes han escrito poemarios importantes. Destaca entre estos el poeta y educador puertorriqueño Elidio La Torre Lagares, autor de Embudo, su primer trabajo poético. El profesor La Torre, humanista, iconoclasta por vocación y derecho, educador de primer orden y poeta talentoso, imprime en Embudo la inconfundible e indeleble impronta de su voz literaria. En el poemario reverberan ecos del Prufrock de TS. Eliot, del Marriage of Heaven and Hefl de Blake, del Hamiet de Shakespeare, de los niños desvariados de William Golding (The Lord of the Flies) y de los puertorriqueños de José Luis González que se topan en el NewYork bajo penumbras con la magnificencia de la creación. Resuenan tambien tañidos del existencialismo de Julia de Burgos y del humor sin corta pisas de Nemesio Canales. Pero son solo

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referencias culturales, estelas reconocibles de su equipaje intelectual,

influencias fiterarias atemperádo por el estilo, los intereses y la visión poética del autor. El espíritu de convivencia comunitario que solía caracterizar

a la Navidad ha sido suplantado por el consabido consumismo desenfrenado y por un marcado individualismo. A tono con estos tiempos, la gente se congrega, y, socializa en los centros comerciales, depositarios de nuestros anhelos de superar cuantitativamente las cosas que compró el vecino. En “Apocalipsis”, evocando uno de los parlamentos de Polonius (Hamlet), el poeta satiriza la irrupción del centro comercial como arteria por donde fluyen y confluyen las

aspiraciones de muchos puertorriqueños:“ plástico/ y ese plástico se hizo plegaria

terrible admonición en “Espejo”:“Tu risa has reventado en templos de oro/ que brillan ante tus ojos y viven en tu carne.” La crueldad del capitalismo la evidencian diariamente los cientos de seres humanos desamparados que recorren nuestras calles.Deambulan buscando el cobijo del crepúsculo y el consuelo de un fiel perro sarnoso: los desheredados de la colonia. Personas de carne y hueso que no saben donde dormirán ni dónde comeran, los mismos que ofenden el olfato de los que han tenido la suerte de poder asearse. La Torre tiene un lugar para ellos en este extraordinario poemario. En “Rey”, el poeta nos enfrenta con la ineludible contingencia del albergue improvisado. Su pobreza, material denuncia la pobreza espiritual del capitalismo: “Los soportes del puente/ columnas dóricas/ enmarcaban la impresión del momento./ Bajo el mismo, un ángulo obtuso/ reciclable palacio/ de cartón this-side-up, “ Y conminados por el tapón de cualquier hora, muchos podían “ observar al, hombre/ de mirada desorbitada,/ pielago de oquedad,/ Rey de Nadería/ Himno a la nada”. Los espectadores del expreso no viven mucho mejor. Las presiones de la vida cotidiana minan el espíritu del ciudadano común.

La elusividad de la felicidad arroja sombras sobre la inteligibilidad de

la existencia humana. Como consecuencia, toda suerte de afecciones

del alma (no es posible enyesar ni prescribir analgésicos) manifiestan

la infelicidad existencial que matiza las bondades de la economía de

mercado. La Torre poetiza magistralmente este deterioro anímico en “Lluvia de Neón”’:“Recapacitando/ entre los dientes de la noche/

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el dinero se fundió en

y De esta realidad procede la

que me intoxica de ciudad,/ desvaino ojos dé vidrio partido/ y son prismas de desencanto.” La creciente incidencia de suicidios (partiturarmente entre los jóvenes), la notoria adicción a fármacos y la desidia con que enfrentamos cada amanecer delata la desoladora enfermedad que

roe el espíritu humano, esa”’ dimensión intangible “

donde hay

un eco que bosteza como una vorágine/ en espiral

(Espejo). Es

natural entonces, como señala el autor en “Apocalipsis” que el “ corazón de aquellos hombres/ se hizo vulnerable/ y débil y frío/ y de ”

La existencia es para muchos un

pesado fardo, una incoveniencia cuya manifestación física tiene peso

y ocupa espacio, sensación de vicisitud insuperable que condena el

alma a padecer los rigores de la incertidumbre. Ese es precisamente el

desolador sentimiento que expresa la voz poética de “Hasta el último ”

El ser

humano busca afanosamente conjurar su desasosiego y descifrar el

misterio de la existencia. El poeta describe con depurada precisión poética esa búsqueda necesaria, fuente de esperanza y salvación en “Decayendo”: “En mi insómnica ronda/ rondo sombras rumbo/

al filo de este submundo/ hecatombe del hombre/ subterfugio del

delirio; yo busco estrellas/ en una ciudad que vive sin ellas”. Se vive mecánicamente porque es menester realizar algún esfuerzo físico

o intelectual para.sufragar el precio de la subsistencia. Hasta hacer el amores un trámíte que simplemente mitiga urgencias biológicas dada las inconveniencias que presentan los compromisos afectivos. La pasión que mueve montañas es hoy un fósil literario, porque solamente en novelas existen aquellos que se amparan en la pasión para construir un mejor mundo. Esta actitud escéptica es refutada

por las Rigoberta Menchú y los Chico Mendes del mundo. Pero en nuestra Isla hemos enhebrado nuestra realidad con los hilos de la desidia.Y armado con ese hecho, el poeta esgrime la fatal pregunta en “Los agujeros en nuestra aura”:“Desollé los huesos del anhelo/ y encontré el mutismo/ ¿Quién me presta/ esta pasión/ sin raíces?”. Personajes que parecen estrellas de cine proclaman a Jesús como la solución a todos los males de la humanidad. Pero sus estilos de vida y sus concepciones ideológicas revelan que el dinero es su única divinidad. De estos, mercaderes de primer orden que venden

a Jesús con la desfachatez de quien vende una docena de huevos

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latido”: “Toda una vida deshilada/ perdiendose en la nada

pronto las horas fueron insípidas

del país, es que de lo que habla el autor. “Y así”, dice el escritor en ‘Jesucristo vuelve, “1o despojaron de sus mantos/ y lo vistieron de calumnias.” La Torre especula la suerte que correría Jesús en los albores del siglo XXI:“Entonces,/ procedieron a martillar/ los clavos del escepticismo/ en sus revividas manos/ y lo colocaron/ en una cruz invertida/ en un semáforo/,entre la 42 y segunda avenida”. Los traspiés que dificultan el paso del ser humano no

indican inhabilidad para desplazarse hacia adelante. Son sólo escollos que la experiencia enseñará a superar. Este poemarío resalta las potencialidades de la raza humana, aptitudes que eventualmente permítirán al ser humano erigirse en paradigma de dignidad y justicia, ser movido por una pasión firmemente anclada en elevados preceptos de conducta moral, los mismos que Jesús enseñó y que aún eluden nuestra comprensión. Todavía es difícil amar al prójimo y mucho más aún amarnos a nosotros mismos. El optimismo que permea este

poemario se presenta, por ejemplo, en “¿Perdido?:“

hombre toca tiene la herética aureola/ de grandeza fuera de foco”. La Torre reitera su visión positiva con certera dexteridad poética en “Los agujeros de nuestra aura”: “Creo/ que la esperanza llegará demoliendo/ las hojas muertas sobre esta tierra seca/ incrustando el ansia en el tiempo/ destilándose desde la matriz de una nube”. Embudo: poemas de fin de siglo es una importante contribución de Elidio La Torre Lagares al quehacer literario nacional, creación necesaria que ayuda a detoxificar nuestra atmósfera cultural.

todo lo que el

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Al lector

Estos poemas habrán cruzado en algún momento por sus vidas.

Sus existencias y la mía se bisecan en algún punto del pasado, del presente o del futuro.

Los invito a ser sustancia, olvidándose de toda prisión corporal, de toda convicción social, de toda hipocresía existencial, y a enfrentarse al declive de estos tiempos. Después de todo, cargamos algo de culpabilidad, ¿no?

No nos engañemos. Nada va a cambiar a menos que nosotros mismos transmutemos. No puede haber ideales positivistas en una sociedad enferma.Y ésta no trabaja sin voluntad.

Admitamos nuestro fracaso humano.Y empecemos de nuevo

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apocalipsis

Y los hombres dijeron:

«Seamos dioses»,

y su ambición les llevó a límites jamás pensados.

Y su codicia desembocó

en torrentes de sangre:

y

llevó la guerra a sus contornos:

y

así, a sus hogares:

y

ya no había familias;

y

ya no cargaba el air epalbras

sólo la estática de la tele;

y

la fe en la vida se hizo material,

y

ese material, dinero,

y

el dinero se fundió en plástico

y

ese plástico se hizo plegaria

y sus letanías se escucharon en los centros comerciales, capilla de neo-devoción.

Entonces, la existencia comenzó a decolorarse

y

el alma se quedó despintada,

y

el corazón de aquellos hombres

se

hizo vulnerable y débil y frío,

y

de pronto las horas fueron insípidas,

y

los días cobraron una espantosa uniformidad,

y

los hijos de los hombres ya no fueron sus hijos,

sino hijos de la adicción; hijos del placer, del escapismo y del homocentrismo;

hijos de la comodidad; del no pensar; hijos de la Era Personal

y de todo lo que provea felicidad instantánea;

y aquellos hijos de los hombres heredaron el trono usurpado

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y

el presente no fue mejor que el pasado,

y

ya no hubo más progresión

y

ya nada se creaba:

tantas mentes y tanta nada;

y tuvieron que expiar las culpas

de la mortal estupidez humana; heredando así el caos, hicieron monolitos de basura plasmados sobre el cemento,

respirando atmósfera contaminada, cenando comida recalentada con radiación,

y

sin agua para saciar la sed;

y

sin árboles que cobijen con su sombra;

y

sin capa de ozono que filtre el fuego,

se quemaron en vida aferrándose al falso cetro, muriendo de grandeza

porque en el epicentro de su caja torácica sólo queda vacío sólo queda hastío,

y todo perdió sentido

todo careció de esencia

y vivieron más bien por acción biológica

y automática, inhalando y exhalando como péndulo;

y

el Tiempo se hizo juez

y

condena y prisión

y

de pronto, las llamas

consumieron la faz de la Tierra.

todo fue nada;

Y

y

la nada fue nada.

Sin embrago, entre las grietas de la tierra seca árida y quemada, apareció un ser de suaves pétalos blancos

y alegre brillante centro amarillo.

espejo

Mirate. Desnúdate.

Coloca tu orgullo sobre la mesa. Rebana el furor de tu coraje. Fragméntalo. lnténtalo. Imagínate que llegas hasta aguas diáfanas; y sosegadas. Hoy no existe nada, excepto tú y tu reflejo. Enfréntate. Mírate. Déjate caer por tus córneas como suaves cascadas. Sé tú mismo. Deja a un lado, aunque sea por un instante,

tu coraje social -tu disfraz de alguien.

Deslígate de toda aflicción material:

después de todo, y al final, todo lo que queda eres tú.

Bate el miedo que te provoca la soledad. lrónico: nunca has estado solo, sólo contigo mismo.

A eso le temes.

Dices que te conoces y, sin embargo,

te huyes.

¿Distingues esa cara al otro lado? Eres tú. Imperfecto. Descomponiéndote día a día. Comenzaste a agonizar desde que naciste. Tu came se putrefacta y se degenera. Tan sólo mírate. Ya no eres un niño. Creces. Envejeces. Recorre tu vida y escúrrela en el embudo de tu mente; drena todos esos recuerdos y pensamientos y sueños y succiónalos a tu vado. ¿Qué ha sido tu vida? Tu risa has reventado en templos de oro

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que brillan ante tus ojos y viven en tu carne,

pero su frialdad es siempre fría. Te has colmado el intelecto de cifras y cálculos,

te has vestido en hilo y seda;

Has bebido entre copas la aspereza de la envidia

y tu debilidad te impulsa a flagelar al prójimo. ¿Acaso eso te infla de grandeza? Posiblemente, en este momento, alguien se apreste a mutilarte. Cuantas veces habrás fingido,

ya sea una sonrisa o amistad o simpatía o deseo o sexo.

Depositado en la flaqueza de tu piel,

te entregas inerte a otro cuerpo en muerte.

Copulas como bestia salvaje. ¿Acaso no has conocido la pasión? Dudas su significado y desconoces su fuego. Sí. Te has columplado muchas veces en el borde de alguna cama como quien perfila un precipicio mientras consumes un intenso cigarrillo acompañado de la cadencia lluviosa de una ducha.

Todo se reduce al mismo principlo genérico que rige tu vida Igual que tu ropa, tu corte de cabello,

tu

casa , tu trabajo, tus zapatos, tu auto,

tu

corbata, tu comida, tus tragos, tus diversiones,

tu

respiro, tu aliento

y hasta tus pensamientos:

siempre algo que alguien pensó, quiso y dijo;

nunca tú.

Y lo único que ahora sientes

está muy, muy en tu adentro, en ese lugar especial frágil y vital, pero negado, donde hay un eco que bosteza como una vorágine en espiral

que resuelve en tu alma y sale por tu boca y te deja una desabrida desolación que hace tu corazón redoblar lentamente, lentamente

y tus párpados cayendo suavemente, suavemente

final de una escena que culmina y que nadie ve.

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jesucristo vuelve

Ayer leí en el diario

sobre el retorno de Jesucristo,

el Hijo del Creador.

Pero Dios está muerto, dijo Nietzche.

Lo matamos hace mucho tiempo.

Este tiene que ser un impostor.

así lo despojaron de sus mantos

Y

y

lo vistieron de calumnias.

—Es un comunista-castrista. —Es un indocumentado extraviado. —Es un hippie exillado. —Es un zar del bajo mundo. —Es un artista frustrado. —Es un agente de la C.I.A. —Es un vagabundo —Es el hermano de Charles Manson. —Es un presidiario fugitivo. —Es un bardo de cunetas. —Es un chiflado. —No es Jesucristo.Aquel murió crucificado.

Entonces,

procedieron a martillar

los clavos del escepticismo en sus revividas manos

y lo colocaron

en una cruz invertida en un semáforo entre la 42 y Primera Avenida.

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perdido

Te he buscado.

O

tal vez no.

O

tal vez no me he esmerado lo suficiente. Hendiste tu eternidad

para verter tu luz sobre mis dilatadas pupilas. Hurgaste mi corazón

para bañarte en mi propia sangre. Me regalaste la vida. Hoy te busco

Y sé que estás en algún lado. Me deconstruyo. Me niego. Me contradigo. Me anulo.

Pero más aún,

te deseo.

Sentirte fue tocar el aire con mi alma hasta hacernos uno —fue hacerme rayo de sol o gota de lluvia —o grano de arena —fue doblar la verticalidad de mi existencia hasta tocarme a mí mismo —fui verde en tus prados —pétalo en tus hojas — y me hice mundo en tu universo.

He rasgado mi piel para ver si por casualidad te encuentro. ¿Me abandonaste? ¿Qué te hiciste?

En ocasiones

he sentido la sigilosa pincelada de tu mano

meterse en mi pecho y te he sentido tomar mi corazón con tus dedos.

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Estúpido he sido, por siempre creer que puedo orbitarme a mí mismo. En realidad, sin ti no hay espacio.

Creo que he ido a los lugares menos indicados:

todo lo que toca el hombre tiene la herética aureola de grandeza fuera de foco. Y luego de tornarme desde la pena al placer, de la piedra al oro, de la noche al día, hoy me embriago con un seco sentimiento, que me entumece el cuello y me parte las lágrimas.

Tengo miedo. ¿Qué hago? Sólo muéstrame el camino.

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el maestro

Acopio de mentes, todas perfectamente adoctrinadas, reflejo de sus ropas:

girasoles uniformes mecidos en el viento Yo (emisario del conocimiento), observo desde mi escritorio sus rostros tullidos en el estrecho y lóbrego camino de sabiduría, libertad del espíritu hecho arcilla, incertidumbre de un mañana de peces aéreos, anfibología de esencias en alas de hormigón. Sus bocas arrojan sueños técnicos de calculada precisión pitagórica, de empirismo craso y férreo que los ojos abrazan con sus tentáculos para revivir el lirio dormido que, aunque transparente, es lo más vivo que sus cuerpos necesitan.

Cautivos del sol y la luna, cavan fosas en las nubes; sus horas son Nintendo (yo no entiendo):

la Ilusión del maniquí les guiñe promesas:

verse bien para sentirse bien, todo externo y nada adentro. Decapitados los nervios del alma, se hacen discípulos de la concupiscencia. Van aprendiendo bien en fin, criados en un cosmos de perfección cronométrica (y lloran los relojes de arena)

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mientras olvidan que necesitan de una mano que les dé cuerda a

su mecanismo.

Entonces, uno de ellos me pregunta:

“¿Y qué uso tiene la poesía?”

Y yo

Aquí la directora me llama y codifica bloques de palabras que revelan que, a partir de mañana, prescindirán de mis servicios.Anástrofe en la sintaxis de la vida: 30 nuevas IBMs custodiarán la tarea más humanamente sublime del mundo.

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decayendo

Exangüe lamento socava el cemento:

vagabundos deambulando

inanemente,

el hambre latente en sus ojos;

y el cielo por techo;

narcómanos depurando

parabrisas en los semáforos

a cambio de algunas monedas.

En las calles santurcinas

la imprecación de fin de siglo se propaga:

vil bacteria asesina.

Hay olor a muerte; entre los intersticios del pavimento, supura el azufre;

los malhechores delinquen en carrozas de fuego luciendo sonrisas de metales que un trabajador sólo forja en el yunque de sus sueños;

y hay bocas que alimentar

bocas que, al bostezar, abren cráteres en Calle Loíza, vicio de ramera fermentando vacíos en la 18;

desquicie de travestíes que deshilan larvas de realidades.

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Intermitente colorido de neón:

un arco iris nocturno artificial.

Una danza de balas seduce fantasmagóricamente, con su aroma de pólvora, a la soledad de la noche;

otro cuerpo más sin identificar faltan otros y el sol aún no llueve;

:guerrilla urbana

:vivimos atrincherados en el miedo.

En mi insómnica ronda rondo sombras sin rumbo al filo de este submundo, hecatombe del hombre, subterfugio del delirio; yo busco estrellas en una ciudad que vive sin ellas.

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rey

Los soportes del puente, columnas dóricas,

enmarcaban

la impresión del momento.

Bajo el mismo, un ángulo obtuso, reciclable palacio de cartón this-side-up. Allí, un hombre buscaba ávidamente en un plato sanitario

una ubre violeta de mamas marchitas. Su mustia faz abollada por la vida, en grietas de brea; su saco de sueños roto en el fondo; las mordidas del tiempo dejaron similar depredación en su piel de cebolla. Entre sus secos brazos, yacía el cetro de palo de escoba, mientras un crucifijo plástico con un Cristo degollado vigilaba su trono de tiempos

y concreto armado.

Las súbditas moscas le hacían reverencia fiel

y una fémina cabeza de maniquí

le susurraba frenesí de rosas, mientras el dragón de tráfico, patético y trágico, no podía

ignorar aquel cuadro,

y templaba su vuelo para observar

al hombre de mirada desorbitada, piélago de oquedad,

Rey de Nadería, himno a la nada.

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rosa en tinieblas

No me sosiega sublevar la memoria por ti, circularmente presente en mi soledad oblicua y cicatrizada, cuando abril, entre alas al amanecer, deambula desde anoche tajando el tácito dolor peregrino

y entre tonos rosados sobre la bóveda celeste, advierto cuanto he llorado.

Tú, quién sabe, estarás eslabonando Ave Marías al Salmo 23 y tu cara marchitándose en el estragón tiempo— abstrayéndote de la voluble realidad que tuerce tu respiración con sus alargadas manos de espinas, abandonada por el nesciente dios

que te soñó y te dejó caer a esta tierra, para luego abandonarte— ahora, eres rosa en tinieblas— tus pétalos se marchitan en la oscuridad— tu mano no llega a mi piel— tu voz se deshoja en la lluvia—

y tragas palabras y gritos y lágrimas

que quisieras librar de tu ósea prisión, pero en vez te conformas con callar mientras pierdes tu sombra entre el hongo púrpuras de un pasado ido y perdido.

Hoy todo me asalta

como un rayo que se imbuye en mí,

y me encuentro tan distante

del beso que nunca me diste, mientras te echas candorosa

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sobre un reloj de arena mojada,

observando el fluir del azar que tejió entre tus hojas la trampa limítrofe,

el designio que te ata y funge

como orden en tu sometido destino,

porque yo mismo he vivido el estropicio mortal del colapso de mi propia inocencia contraído en redes de desilusión,

y hoy me embebo en las más amargas e insasiantes

aguas de fuego— fuga exangüe hacia esta execración de tierra mentida— para levar este ancla de sangre que se clava en mis venas— mas todo es un intento vano por desposeerme de mi propia sombra.

Y es que nos parecemos tanto.

Mi ser es tan susceptible como el tuyo—

y eso ha sido tan infausto para nuestras almas de vidrio— sólo hay una primera vez en esta vida para cada cosa, laxo principio uniforme a todo en la vida—

y nosotros nunca hemos podido superar eso,

y, por tanto, todas las segundas veces que nos han llegado,

no han podido calar en nuestras odres—

y vivimos una sed de hierro y sal que nunca nadie calma—

y eso es malo, porque nunca logramos reponernos

del gran error de dar todo y quedarnos con nada;

pero al menos yo he trabajado mi problema;

tú no; tú te echas candorosa

sobre un reloj de arena mojada.

Cómo sufrimos, milagrosa flor de páramo cómo sufrimos

La oscuridad nos ciega— la oscuridad nos abraza en el olvido,

y borra toda gana, toda esperanza.

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Yo me fosilizo en soledad, pero a ti te queda tu Dios— ¿Por qué te ha dejado sufrir?—

y aunque se debilita el diamante en tu pecho,

ahora, tal vez, es que tengo una mejor perspectiva de todo lo que soy y por qué lo soy,

pues tus reprimendas me molestaban de niño,

y hoy se restriegan arrogantemente sabias en mi cara— claro, si aún guardo tu lugar dentro de mí,

a pesar de que sigue vacío y raso de afecto.

Yo entiendo lo que sufres—

y me quema como azufre en los labios,

estos labios sin cielo ni tierra ni redentor:

eterno mendigo de amor.

No te queda más que reposar tus porosas mejillas sobre mis resecadas palmas— aunque continuaras con tu cruz,

y la seguirás cargando

hacia el lugar donde te diriges— he estado allí antes, ¿recuerdas?— No te queda más que tomar tu café;

y disfrutar tu pan a las tres en punto;

se queda el veneno de escorpión en tus lágrimas

se queda el abismo que se abre en medio de tu cama, quedamos tus hijos, quienes, rehusando futilmente

a ser como tú,

terminamos pareciéndonos más a ti.

Me quedaré esperando a que seas rosa de vida, rosa de sueños—

a que revivas el sol de mis manos—

a que liberes tu carga con un beso sobre mi frente— pero el viaje es largo,

y

para cuando la luz te reclame a sus dominios,

el

Tiempo, tú y yo seremos, por fin,

uno hechos viento.

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crecido

Subí a desempolvar el pasado de cama escarchada en el sagrario de mi mente ático. Allí encontré viejas lágrimas de limo aún húmedas por tu pérdida, envueltas en un pedazo de tu sombra gemela. Debe ser por eso que te recuerdo a medias.

Encontré un par de miradas de amatista líquida que yo muy bien me guardo para mis momentos de oscuridad. Una de ellas, no sé cual, fue tu primer esqueleto de puñalada. Ambas se parecen tanto.

Y tu voz— tu voz era de algodón

en triadas perfectas y etéreas

y aún se desnuda dentro del caracol

que recogimos el día que sangramos la playa. En él depositaste el juramento de amante en rapto apasionado, pero no lo supiste cumplir.

Del resto de ti quedaron allí algunas cosas, como un par de caricias de boa envueltas en servilleta de motel, suspiros de mentol nicotinados,

la

quemadura de tus labios de hoja,

y

una foto tuya sin rostro.

Y

te hubiese desechado completa,

pero a veces uno necesita de estas cosas para sentirse que ha crecido.

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epifanía

La ciudad duerme,

la noche se pone su traje de pecas

y las botellas celebran su orgía.

El viento es un gato callejero que busca su cena por los botes de basura.

La pólvora se hace bruma

entre el bramido de las sirenas.

y yo me he maravillado de encontrar un par de labios pintados en el suelo, los cuales he besado y saboreado en su único sabor a grava, arena y tierra de siglos buscando su rosa de los vientos.

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lluvia de neón

Gimen las sirenas con sus cantos de penas, injertando espinas de condena desayuno, almuerzo y cena.

Recapacitando

entre los dientes de la noche que me intoxica de ciudad,

desvaino ojos de vidrio partido

y son prismas de desencanto.

La lluvia de neón bañará de iluminación cada aventura de mis noches de locura.

Vibra el pavimento

con cada viscoso movimiento; se estremece el cemento que me hace lento

y lentamente

concretiza mi mente

y ni siquiera palpo mi soledad

patente,

demente,

latente,

concientemente inconciente de la realidad.

tiento la brea

Tiento la brea donde apaga la llama— mazorca de mitos que viven sin dioses— alpiste de estrellas, he perdido mis alas con el beso glorioso de una boca sin nombre— que sueño arriba, donde empieza la gana, busco los bueyes para esta carreta de huesos.

Abro la boca

y dejo entrar el cielo

mientras la noche se encaracola como el rabo de un perro— espiral de negra sangre que desciende cual una corona de luciérnagas muertas.

En las venas lleven los ríos mientras me trago el sol.

Prendo la tea con el fuego alma adentro— tajo las nubes— bebo la leche de sus pezones duros—

a la vez que el tiempo se esculpe

a mi talla,

y el espacio

parecería un lugar en mi mente.

Tiento la brea

y se apaga la llama—

que busco los bueyes para esta carreta de huesos.

sol de piedra

La

calle se perdía en la bruma.

La

calle era un ramal de capilares.

En el cielo, colgaba un sol de piedra.

Heridas mortales caían de mi boca como el génesis en los labios de un dios depositado en un bostezo.

Mis agotados pensamientos añoraban el aroma de un piano y la melodía del incienso.

Cerré mis ojos.

Vi

montañas

de

cristal.

Mis días me parecieron Mas descompaginados que nunca.

La

calle se perdía en la bruma.

La

calle era un ramal de capilares.

En el cielo, colgaba un sol de piedra.

necrofilia

Él dijo que quería ser primero que los gusanos, pues no pudo ser primero entre los humanos.

Desvirgó la lápida, desfloró el féretro, y la encontró tan pálida que parecía haber muerto.

Su carne inerte lo recibió fríamente, sin la expresión orgásmica que se ve comúnmente.

Sació su enfermo apetito sin creer que amar fornicara el delito.

Sintió despertar su hombría dormida; tanto, que jamás pensó que alguien muerto le devolviese la vida.

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nada

Pendulando

en las horas

te

insertas,

te

sincronizas

y

te riges bajo una medida

temporal,

que dicta tu existencia

calculada y premeditada

y aún no tienes nada.

Te hacen besar el suelo

e hincarte de rodillas,

adorarlos y reverenciarlos

como figuras deificadas

a

cambio de tu sudor

Y

con tu dignidad derrotada

aún no ganas nada

Inevitablemente,

te vendes a tu esclavitud como vida predestinada, educada en la

ignorancia para criarte como carnada

y siempre serás NADA.

35

en la celda

Las ratas hambrientas roen con furia la desgarrada carne arrojada en un rincón de celda, donde la única luz se derrama en las mañanas por los mohosos barrotes incrustados en la babosa pared, oasis de ventana.

Con sus costillas rotas

y la sangre a flor de boca,

quisiera sacudir las sabandijas que se afierran a su piel, pero sus extremidades no responden,

y en su cabeza aún se esconden los costosos ideales que paga con su vida. Adormeciéndose entre el trinar de sus huesos, se perpetúa en su memoria el día que dejó de existir por querer cambiar la historia.

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minutos de piedra

Minutos de piedra columpiándose entre anillos de humo ondeando en mi mirada entre su centro buscando luz en mi adentro.

He visto todo:

y no he visto nada visto de negro

por los sueños fallidos:

por lo que son

y no han sido.

Cara de hiedra: solidificación del alma en hielo

y sin embargo,

aún fluye caliente

entre

mis venas. Decenas de veces he intentado atrapar

las estrellas que caen del ciclo,

y siempre caen en el mar

son lágrimas en el mar

Minutos de piedra, horas de plomo, buscando luz en mi adentro buscando luz en mi adentro.

37

arte

Se encierra en ti un Arte que ningún pincel traza, que ningún cincel esculpe, que al espacio rebasa,

que hace música de dioses, que escribe versos de mortales, y se expande en el tiempo con textura de pétalo.

Se funden alma y cuerpo en el cénit de mis anhelos, donde ninguna Musa ha caminado donde la fantasía no alza vuelo;

como obra inconcebible que ningún mármol reclama, que ningún acorde armoniza, que ninguna palabra proclama;

Y

donde Venus

se

encuentra con Marte,

es donde voy a encontrarte rebasando distancias para hacer mío

el arte de amarte.

hasta el último latido

Toda una vida deshilada perdiéndose en la nada tanto sueño perdido tanto vago poema

y

deslinda tu mirada

el

ya

cansancio de los años surcando tu piel:

no eres aquel

que dibujaba personalidad.

Tu camisa ya no cierra:

se

pronuncia tu panza,

y

se encorva tu erguidez

y

tu tiempo a la vez

sólo cuentas sólo deudas trae la correspondencia algo perdió la partitura:

cadencia en decadencia.

Sólo tu casa

permanece incólume, pues es de cemento. Sin embargo,

tu hogar se desplomó

en algún momento del pasado.

Y

ahora, sólo esperas jubilarte

y

vivir de tu pensión,

presto a resignarte hasta el último latido de tu corazón.

39

vivo

Cruzan mis ojos por sobre tu aliento para degollar tus mentiras

Te he visto tantas noches venir a visitarme

y devorar mis entrañas

mientras yo te observo bajo un cielo de plumas negras.

Hay orgullo que hiere y duele;

el tuyo, muele.

Presa fácil he sido para tu necesidad de carroña.

Con cara de alabastro, corazón de universo y ojos de astro, eregido en un tótem, monolítico, fálico y vertical, práctico y leal a tu apetito para luego verte despegar la madrugada de mi ensueño

Regenero mi pena

y con ella el deseo enfermizo

de someterme a tu voluntad depredadora.

¿Será un impulso erótico-masoquista que no permite que te aparte de mi vista?

No te pertenezco. No quiero hacerlo.

Y sin embargo,

me subyugas a tu mordida rapaz, letal y prohibida que encadena mi existencia

al eterno infierno de tu seducción.

Ciclo vicioso

40

ansío deseoso

cada noche que escucho

el batir de tus alas al borde de mi ventana.

Entras sin llave esa es tu llave.

Y rindo culto a la esclavitud silenciosa

en la cual eres diosa poderosa.

Vuelve a devorarme.

Vuelve a matarme.

O, tal vez, después de todo, ¿me harás sentir vivo?

vulnerable

Lentamente me hago vulnerable

al peso de tu beso.

Sutilmente

te viertes

sobre

mis labios

como miel

deleitándome

embriagándome

destilándose

en la delicadeza del roce

de tu piel nirvana

del cual

no quiero

regreso.

42

a Ana Ivelisse

tiempo

Tiempo granizada de arena, pasa

como polen, siempre eterno en el viento;

y yo

entre telas de araña,

aún sigo esperándote,

dibujándote, píncelándote

en el canvas de mis sueños

intransigentes

ante el paso del

tiempo gris nube atribulada, perdido

fragancia sin flor, y yo

exilio en el olvido,

aún sigo contemplándote,

imaginándote,

y tu cuerpo,

en fuga de nova,

como besar el infinito un suspiro imposible,

irreversible,

en el paso del tiempo

hoy sencillamente

Hoy, sencillamente, hiciste algo simple:

tomaste el sol con tus ojos y lo arropaste de mar.

Te

sentiste distinto: vivo, digital.

Te

tornaste manto de sentidos

te

viste a ti mismo tridimensional.

En la mañana

el reloj despertador

gruñó su sentencia existencial con su habitual draconiana aspereza, con dicacidad.

Una extraña opresión me ahoga el pecho.

Mi amargo café instantáneo supo más amargo

que nunca aún con Nutra Sweet.

Palpaste una caracola y te descansaste entre sus pliegues; escuchaste la mar no con tus oídos sino con tu corazón; y dejaste tus divagaciones mojarse en la espumosa ola.

Llamé a la oficina.

No puedo Ir hoy a trabajar.

Me siento enfermo. ¿De qué?

No sé.

Por mis poros supura un dolor hueco muy raro. Debe ser el cambio de clima.

Sí,

seguro.

O

un virus.

Tal vez un cáncer.

Quizás sea esa serpiente alada que se aloja en mi adentro haciendo de mis días su alimento.

44

Hombre y arena confundiéndose tendido en la playa con el viento por toalla deseando ser absorbido orgánicamente por algo más grandioso, superior y poderoso, que tan sólo tan sólo por un instante diera sentido a tu vida.

El cosmopolita y decadente

trajín urbano me inunda las neuronas;

el fax y el celular comunican con una cualidad fría,

como los repetitivos Happy Hours, como los días en el terminal de computadora, como mi televisor amigo,

o como mi solitaria cena.

Hoy sencillamente deseé algo más

45

poison

Ella olvidó

que me comprometí a bordarle de rojo los labios. Tomé sus suaves senos en mis manos

y formé figuras que circundaron hasta su vientre,

mi

hidrópica boca se ensalzó

de

almíbar de su pasión.

Giré sus caderas para llover sobre su espalda húmeda entre mis besos.

Dejé mis manos jugar entre su cabello para luego adentrarme

en lo más profundo de sus anhelos.

Colgué las horas en el destello de la luna para juntos bañarnos de plata.

Le di manjares en la mañana

mientras ella, aún aturdida por la placentera resaca, comía de mis manos.

Me pareció en vano

Al levantarse,

recogió su pelo, se vistió en silencio, recogió sus maquillajes,

y su pinta labios y demás cosméticos,

re-pintó su belleza y se marchó, dejándome plantado entre su cepillo de dientes

y el frasco vacío de su fragancia favorita:

Poison.

46

camino de sol

Hay un largo camino de sol desde el comienzo hasta el final de mis ojos:

mis pies se arrastran entre sombras.

Tal vez me encuentren por el rastro de mis lágrimas.

Incoando mi espíritu aunque mi carne siempre sea esclava,

Incoercible

sueño sensible de un volcán que suprime su lava.

He visto la muerte sonreírme llevándose almas amigas:

hoy la pensé dormida

y decidi abandonar la patria:

es el infierno revivido en llamas.

Tronidos llegan a mis oídos

gemidos que se elevan al firmamento,

y sin mirar atrás,

sin tornar el rostro sigo la marcha

hacia

ese

camino

de

sol.

prozac blues

El silencio se derrite

en los infernales adoquines:

San Juan hierve a 90 grados Farenheit,

a 90 grados prueba.

Sali a buscar no-sé-qué como un cuerpo a su sombra. Me detuve a hablarle

a las mudas murallas

sumisas hace 300 años. Hoy desangran de tristeza. En un instante, deseé detener las olas

y su infinito pendular cual somnifera nana:

yo cuelgo de sus pestañas.

El sol en mi cénit y llegó Malena,

melena suelta al viento

y sobriedad en su cintura.

Desfilamos por la navaja de fuego sin hablar, secos. En el camino encontramos unos amigos; fingir es un arte dorado. Sonreímos.Todo anda bien. ¿Acaso no lo leíste en El Nuevo Día? ¿O me perdí que lees el Star? Nos despedimos. Continuamos la marcha hasta la cápsula japonesa y una vez adentro,

nos aislamos en la artificial atmósfera.

Recorrimos la avenida hasta Ilegar a Hato Rey. moderno.

Entre la oleada encorbatada,

vi tantas sonrisas torcidas,

48

vi

tanto simbolo de grandeza material:

vi el Alpha de nuestra generación.

Conté los semáforos como cuentas en un rosario, como paradas en via-crucis hasta que en el horizonte

como la promesa de un amanecer

se

levanta Plaza Las Américas.

Y

me pregunté

si

había vida más allá de esto

Malena adora el dinero plástico

que la hace des-comunal, sobre-humana,

y le Ilena sus vacíos.

Ella no me lo ha dicho. Pero me lo ha comunicado con sus ojos. Ella vive atormentada, pues no puede detener las olas. Su cara se va ajando. Cubre los surcos del tiempo, pomadas y polvos que la convierten en artificio de la vanidad Yo sólo soy su compañía Sin perturbar su soledad Debe ser que somos dos soledades distintas.

La mía vive en un albúm de fotos las cuales miro, observo, y toco como si sostuviera el pasado en mis manos. Allí, Gustavo, Juan y Carlos aún batallan en una selva en Vietnam. De los que sobrevivimos, muchos no hemos regresado. Pero no importa

49

Mi nepente Ilega por correo

cual aguas del Leteo-

mi bálsamo en Gilead.

Y no me siento culpable.

San Juan consume píldoras como si fuesen M & M’s.

Mientras surco la nave

de esta gran estructura consurnista, entre tantas caras distintas, pero iguales

desconocidas,

y tan familiares,

me queda una sensación insipida, pero conocida de una indómita aridez

que tiene cualidades de infierno que conflagra en mi cabeza incinerando mi mente donde bailan mil demonios por todo mi cuerpo

y por toda mi existencia.

Malena aprovecha y me recuerda que es hora de mi Prozac.

50

embudo

para Allen Ginsberg

Recolecté en mis oídos las voces de mi siglo debilitadas por la frustración sufriendo frenesí en pura osamenta, colgándose de las alcantarillas en las viciosas calles nocturnas —viviendo el infierno por una vereda de fuego que conduce

a las ancestrales astrales luciérnagas celestes

disfrazando la miseria con humo de cigarrillo, gimoteando seco sobre la patética ciudad en cuclillas escuchando salsa

—desnudando sus sesos al infinito en La Perla, jugando dominó con la muerte, enajenados de la luz y delirando a Lares y a Hostos sin saberlo y sin conocerlos —punzando sus ilusiones con grafito en papel amarillo colegiado y costeado con maná federal God bless America, —acuartelados en cuartos de hospedaje en Santa Rita pagado con un part time en Mc Donald’s —respirando el vacío de sus alacenas y devolviendo la viliosidad que les provoca el Palo Viejo bohemio y esotérico —fumando marihuana y jugando Uno hasta la una, para luego reventar la madrugada en la calle —pintando orgasmos en moteles clandestinos en la Manila, purgando vientres que licúan aventura —soñando artificialmente pesadillas vivas que moldean carnosos y suaves labios a lo largo de un cuerpo tibio —erupcionando en sombras de Julia, señoritas purificándose en ríos de lava —irritación ocular de noche insómnica argentada de bruma y

vino semáforos y soledades, de búsqueda y ocultación, entre Condado

e Isla Verde —con el alma abordo de la AMA, dimanando del sórdido río de piedras que suda peste —desahogando reprimendas en el vigilante Padrinito de merengue y Budweiser de siete onzas, en tertulias de radicalismo universitario de camisa negra, Claridad y la Calle San Sebastián, —vagando sin rumbo y sin sentimientos que empeñar dando cualquier cosa por sentir un poco de vida viva

51

disfrazando el vinagre fingido en Bocaccio, enredado en el nudo de una corbata, escondido en la wallet tras la contradictoria foto familiar —hablando incoherentemente de la pródiga hazaña disipada en el olvido de un profuso estallido de granada en Vietnam —reververando en prótesis, amputaciones, extirpaciones, depresiones y demencias en un pasillo de hospital militar —creyendo haber besado la realización ósculo que bordea los límites de la locura, buscando bajo la corteza terrestre la llave del comienzo antes que se siembre otro centro comercial —sintiendo culpabilidad por haberse amamantado directamente del pezón del placer en Vieques —ahogando en Suzuki con gasolina Gulf verdugo inclemente de Cataño a rojizo nocturno, —despilfarrando tres cincuenta por una cerveza en el Black Angus, por templar la ilusión de arrebatar uno de esos cuerpos que tiemblan desnudos, las pupilas dilatadas y tenues —huyendo de la muerte, que huele a placer, y flora en los genitales, anestesiando los sentidos y alojándose positivamente en los glóbulos sanguíneos —comprando profilácticos en 7-Eleven a las once y siete para poder saciar las ganas de sexo con alguien igualmente desesperado —deambulando solitariamente y vacíamente, buscando armonía sonora, o hambre por alguien, creyendo en utopías hermosas al oído, alucinógenas a la vista, sueños mayaguezanos de las Antillas —acribillados como independentistas en Cerro Maravilla en 25 de julio, día de la invasión americana —pregonando incesantes y ambivalentes cantos de incandescencia separatista, permutando en autonomista y con ínfulas anexionistas, y al final es todo un abstracto surrealista sólo el hambre prevalece —anidando los buitres de la mirífica Milla de Oro, donde los neófitos neo yuppies empeñan la conciencia para pagar el lease de un Lexus —postulándose como mecenas democráticos para destripar la dignidad de un pueblo que mama de una gran teta americana —encarcelándose y enjaulándose en cajas de cemento e hierro en urbanizaciones de acceso controlado, huyendo de las habichuelas de plomo que se vomitan en todas las calles encarnadas

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por la marginada juventud urbana de discriminados residenciales que son burbujas de imperios subcutáneos —bailando reggae, rap y consumiendo todo lo que se drene por el enorme embudo de la cultura de masas para garantizar la docilidad, —recreando un sentido de heterogénea uniformidad en esta pseudo caribeña existencia 936 industrial y en contra tiempo con todas las demás existencias dibujadas por Kronos —que te deja mudo e inteligentemente estúpido y desgajado en inercia, que tu conciencia tritura en tus ojos de hongo infinito y decapitado, la locura y los divino sincronizados en un mismo espacio desconocido tejiendo horas hasta después de la muerte, —esperando reencarnar en alas de una voz y batir su dármico pesar sobre la cúpula sopera de futuros cantares que can a lamentarse en inocencia y a preguntarse en ignorancia por la callosidad hemorrágica del intenso e incomprendido silencio, sin poder revertir las arenas del reloj.

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los agujeros en nuestra aura

I

Creo que la esperanza llegará demoliendo las hojas muertas sobre esta tierra seca, incrustando el ansia en el tiempo destilaándose desde la matriz de una nube. Deberá llenar mis ojos con su renegada faz por todos los caminos del deseo, restituyendo la vida. Mientras tanto, navego el río de fuego pintando mi sonrisa en el cemento.

II

En esta urbe quimérica

se vive bajo el gran algodón marrón, mientras los transeúntes queman sus suelas en la calle:

menuda tarea tiene la Muerte.

Un vagabundo pregonaba:

«Planté la esperanza y aún no me da frutos

Los cancerberos vienen de noche y la desentierran.

Lo mismo sucedió cuando coseché arcoiris».

Mis semejantes lo ignoraban y continuaban pateando su propia mirada.

III

Mi boca se hizo telarañas y atraparon sus palabras.

Aún así, el sudorífico rocío jugaba en su piel

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como gotas de aceite llovido

Y entonces supe de sus formas

sólidamente insustanciales.

Después, no sentí nada. Nunca sentí nada.

Y no supe nada.

Desollé los huesos del anhelo y encontré, el mutismo.

¿Quién me presta esta pasión sin ralces? 1

IV

El

nido sobre el cual ella reposaba

se

empapaba con la radiante luz de la tele.

Bajo su peso y el de las Monet y su Cartier

los sueños embriónicos en cascarón sintético

recibían su calor frío.

Diseminábase en la atmósfera el olor a talco, fragancias exóticas y ungüentos musculares despabilando los sentidos.

Y había estatuas por doquier,

largas y verticales,

de suaves puntas redondas

cuya sombra agrandada hacia ver la sala como una caverna de estalagmitas.

Su cabello, largo y abultado,

cala sobre su hombro izquierdo, mientras ella cazaba números

en el control remoto.

«Mi noche me suena cadenas y eslabona tu boca». Hay un candado en tus labios. ¿Tienes la llave que lo abre?

Vi un cerdo con alas de mariposa

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que convirtió mi lengua en larva. El silencio tomó la palabra. —¿Escuchas ese susurro?

Es mi aliento.

—Oh.

¿Lloverá mañana? ¿Qué habrá tras mis ojos mañana?

V

Naomi depositó dos claras de huevos en un vaso de agua

y se bañó en potpurrí.

La depresión la atacó

y llamó a Cassandra.

1-900-DESTINO.

Luego verificó en sus cartas la clave y las dos puertas de su Reina de Tréboles. Tienes un Rey de Espadas; tienes una Reina de Espadas; tienes una jota de Tréboles, es la Corte Real. Muy malo. La Muerte es traicionera. Te persigue cual sombra.

VI

Antonio contrajo el virus Infernal

y sólo pude decirle: «Yo Invito».

Mi viejo no puede saberlo.Tengo que aparentar.

Soy su trofeo a la virilidad.

No voy a anticipar la noche.

Ángela, amiga, sé ensueño de una noche.

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sabes de disfraces. Yo sé fingir.

Me

pregunto si podré engañar a la Muerte

cuando ésta ya hace estadía en mis ojos.

«Yo invito.A los dos».

¿Y qué dice tu verdugo amante?

«Yo Invito.A los tres». Nunca seré el mismo.

La energía se transforma.

Mi descomposición se acelera.

Y mi madre no verá nietos.

No

te preocupes.

De

todas maneras, jamás los hubiese visto.

«Yo Invito.A los cuatro, incluyendo al bartender».

Me

pregunto si habrá manera de engañar a la Muerte.

No

puedes.

Los actos del hombre son lineales e irreversibles.

«Yo Invito.A los cinco».

VII

Un gran prado de cabezas se tendía frente al púlpito.

Se mecían como olas todas,

con uniformidad de guajanas en cañaveral.

El

hombre de la Biblia comprimía

su

cara en una pasa y desencadenaba

voces ininteligibles a los dóciles receptores, quienes procedían a cortar el filo que separa

la realidad de la locura

y muchos lloraban y temblaban

sin saber por qué.

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Confrontar los miedos produce pavor.

«Rindan sus debilidades, renuncien al metal oneroso.

¿O piensan que será crematística el cremarse en el fuego eterno?» (Los ujieres agitaron el aire con sus canastas de colecta.) «Pesen su salvación en oro, y entréguenmelo,

y serán depurados del pecado».

El dinero encierra una plegarla universal:

Dinero todopoderoso, que quitas el pecado del mundo ten piedad de nosotros.

¡Aleluya!

Yo no veo la conexión.

Yo pienso

«¡No pienses! ¡Cree!»

¡Aleluya!

VIII

La gana de tener poder llegó al Palacio de la Verdad, arrepticia y sigilosa como una víbora en remanso

le

dio golpe de estado a la razón,

e

incitó a una revolución.

Y

de su boca salieron

los más dulces sueños

de justicia y prosperidad,

y las desamparadas desesperadas almas

escucharon sus hipnóticos matices. Eran tan sólidos, que hubiesen llenado los agujeros en nuestra aura.

Un toldo de tinieblas te cubre,

y

al develarse,

te

revela algo desposeído de ti mismo:

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en tu puño escondes los cimientos del miedo.

Me veo por los ocasos y un hormiguero de gente anda por mi corazón. 3

X

Esperemos por la lluvia, lenta y fresca lluvia, acelerando su precipitación, natural bendición que baña esta necrópolis que vive su muerte colectivamente, aunque todos temen al silencio y a admitir su soledad, esperando la lluvia, esperando la lluvia, lluvia

1 y 3 - Federico Garcia Lorca,“Confusión” .

2 - Allen Ginsberg,“Supermarket In California”.

59

oye, viejo

Oye, viejo

quisiera renegar de mi pasado,

tu oronda soberbia

y ostensible egoísmo, pero no puedo.

La

infame canallada

de

tu demencia sexual

quitó tu mano de mi hombro, pan de mi boca.

Te

caíste del pedestal.

Y

no concibo perdonarte

el

latrocinio de mis ilusiones,

para, luego de haberte burlado

de mi dignidad,

pedir la alfombra de mi laxo perdón.

Pero no,

las

cosas no son así,

así

como tú quieres que sean.

He mordido el viento de navajas,

mi

sangre coagulada en cubos,

mi

soledad putrefacta en soles negros

mi

frustración perforándome el cuello;

me he querido arrancar el alma

y zurcir sus agujeros,

pero el dolor me contrae el corazón,

y todo por tu culpa,

viejo demonio,

y mira todo lo que me he superado,

que aunque no te lo diga,

al menos ya puedo escribirlo.

contenido

Prólogo: La reaLidad obtusa,

Dr. Roberto Echevarría Marín 7 al lector 11 apocalipsis 13 espejo 15 jesucristo vuelve 17 perdido 18 el maestro 20 decayendo 22 rey 24 rosa en tinieblas 25 * crecido 28 * epifanía 29 * lluvia de neón 30 tiento la brea 31 * sol de piedra 33 * necrofilia 34 nada 35 en la celda 36 minutos de piedra 37 arte 38 hasta el último latido 39 vivo 40 vulnerable 42 tiempo 43 hoy sencillamente 44 poison 46 prozac blues 47 embudo 51 los agujeros en nuestra aura 54 oye,Viejo 60

* Poemas que, pertencientes al manuscrito original pero no pulicados en la primera edición de Embudo

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