LO TÍPICO EN TIERRA DE COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA

LO TÍPICO EN TIERRA DE COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA

AUTOR DARÍO USMA PORRAS

SEGUNDA EDICIÓN

Anserma, Caldas, Diciembre de 2013.

TÍTULOS © “LO TÍPICO EN TIERRA DE COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA” - HISTORIA.
ISBN
AUTOR: EDITADO POR: DISEÑO CARÁTULA: FOTOGRAFÍAS: PRIMERA EDICIÓN: SEGUNDA EDICIÓN: TEXTOS ORIGINALES: TEXTOS CONSULTA:

----------------Darío Usma Porras. Gráficas Digital Anserma Caldas. Oscar Peláez Restrepo. Oscar Peláez Restrepo. Febrero de 2012. Diciembre de 2013 Darío Usma Porras. Varios autores.

Se autoriza la publicación de ésta obra por cualquier medio, siempre y cuando se le de los debidos créditos al autor

Publicación del libro a cargo de Wilton Holguín

DARÍO USMA PORRAS AUTOR

Darío Usma Porras

Abogado, miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia, docente y periodista nacido en Anserma, departamento de Caldas, Colombia. Obras publicadas: “El color del recuerdo”. Colección de cuentos editados como premio al primer lugar, año 2000, en concurso de la Gobernación de Caldas. “Monografía Anserma Caldas”. Publicada en el año 2007. “UMBRA. Vestigios en guacas y petroglifos”. Ensayo publicado en la revista Impronta de la Academia Caldense de Historia. “La guaquería en tierra de los Ansermas” (inédito) Publicado parcialmente en varias revistas y periódicos. “Historia de la minería en el occidente de Caldas” (inédito) Publicado parcialmente en varias revistas y periódicos. “Lo típico en tierra de colonización antioqueña”. Primera edición. Ha publicado ensayos de historia en: la revista “Supía histórico”, la revista “Papel de Oficio” de la Casa de la Cultura de Anserma Caldas y el periódico “El Ansermeño”. Como servidor público desempeñó los cargos de: Maestro, director departamental de Acción Comunal, Concejal, Personero, Secretario de Gobierno (Anserma Caldas), jefe de Relaciones Laborales y jefe de Valorización y Peajes del Departamento de Caldas.

AGRADECIMIENTOS

Agradecimientos: a los que hicieron posible esta edición, entre ellos al académico Jorge Eliécer Zapata Bonilla y actual (2011) presidente de la Academia Caldense de Historia, quien desde hace varias décadas me ha estimulado con su asesoría en las investigaciones sobre lo típico en tierra de colonización antioqueña. También debo reconocer el meritorio apoyo del profesor Gabriel Oscar Peláez Restrepo, por su noble y voluntaria participación en el logro de esta obra, proporcionando su valiosa experiencia, aportando sus elementos de edición, y en especial por su denodado y responsable trabajo editorial. Al profesor Jorge Eduardo Carvajal debo agradecer su oportuna corrección del texto original. Al periódico EL ANSERMEÑO, por sus publicaciones parciales.

DEDICATORIA

A mis abuelos Ricardo y Rubén, antioqueños de pura cepa, quienes me enseñaron a respetar sus arraigadas costumbres y tradiciones.

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PRESENTACIÓN LO TÍPICO EN TIERRA DE COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA A finales de la década de los 70 del siglo pasado conocí a Rubén Darío Usma Porras, siendo docente del Liceo Mixto Aranjuez... Allí compartimos la cátedra con una juventud que entonces no era tan díscola en el proceso de la enseñanza. Y empezábamos a tener inquietudes literarias e intelectuales comunes, y ello nos llevó a fundar un periódico estudiantil, Voces, en una modesta edición fotocopiada, donde logramos que algunos de nuestros alumnos escribieran y fijaran sus posiciones ante el acontecer institucional. Como éramos en cierta forma, conciudadanos, él de Anserma y yo de Risaralda, solíamos comentar el acontecer literario que se daba en nuestros pueblos... Anserma con el movimiento de la Reja en el Aire y los escritores que nacieron en el mismo y le fueron fieles: Gustavo Loaiza, Aníbal Gamboa, Edgardo Escobar, Guillermo Navarro, Carlos Arturo Ospina, José Clareth Bonilla, Nancy Escobar y el mismo Rubén Darío, entre otros; y Risaralda con el Círculo Cultural Bernardo Arias Trujillo donde surgieron algunas voces que luego se decantarían literariamente, tales los casos de Germán Ocampo Correa, Hernando Arias Martínez, Roberto Vélez Correa y quien esto escribe. Y empecé a seguir el periplo intelectual e investigativo de Rubén Darío. Su colaboración en la redacción de los periódicos regionales: Éxodo y Papel de Oficio, y en la actualidad de El Ansermeño. Sus estudios de Derecho que le llevaron a renunciar al magisterio y hacer una carrera pública como Abogado Asesor de la Contraloría General del Departamento de Caldas; Jefe de la División de Valorización y Peajes de la Secretaría de Infraestructura de Transporte en la Gobernación de Caldas y Director Regional de Acción Comunal. A la par con su trabajo, inició la publicación de ensayos en la revista Supía Histórico; de cuentos en el Diario del Otún de Pereira, Diario de la Tarde y la gaceta cultural Papel de Oficio. Algunos de sus cuentos hicieron parte de su libro El color del Recuerdo, el que fue publicado por el Fondo Editorial de Caldas, por haber ocupado el primer puesto del Concurso Literario de Caldas en el año 2000. Años después, en el 2006 publicó Anserma Caldas. Monografía, producto de su interés por rescatar todo lo relacionado con su comarca, no solo en la parte histórica, sino en lo tradicional y es precisamente sobre este tópico que trata su nueva obra Lo típico en tierra de colonización antioqueña que presento en estas páginas.

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El libro escrito en un lenguaje coloquial, sencillo, accesible a cualquier lector, inicia con una buena síntesis de lo que fue el proceso colonizador en Caldas, haciendo énfasis en el Occidente del departamento y en la guaquería, uno de los temas de investigación que le han sido más apreciados, y sobre el cual escribió un valioso ensayo, “Los umbra (ansermas) vestigios en guacas y petroglifos”, publicado por la Academia Caldense de Historia (de la cual es Miembro Correspondiente) en su revista Impronta Nº 9 (2011). A continuación hace una remembranza sobre lo que fueron los años del Ayer, con sus costumbres, la cotidianidad en una época en que todavía no había llegado la sociedad de consumo con sus afanes estresantes, y donde todavía se tenían unos nobles oficios cotidianos que hoy han desaparecido, como el carbonero, el empedrador, el voceador, el emboñigador y blanqueador, entre otros numerosos que fueron fuente de trabajo y de ingresos para sostener las numerosas familias de entonces. Y como de lo cotidiano y típico se trata, no podía faltar el recorrido breve por la sabrosa culinaria que aún no estaba contaminada con los productos industrializados y partía de los alimentos naturales, las más de las veces cultivados en la huerta casera o traídos de la finca aledaña al pueblo, alimentos que ayudaron a nutrir y levantar una población sana, trabajadora y forjadora de la nueva nación. A la vez que se vivía una vida sencilla, descomplicada, ajena a los acaeceres internacionales, también se arrastraba con una serie de agüeros, supersticiones, mitos y leyendas que gestaron más de un trauma existencial o generaron miedos a lo ancestral sin explicación racional. Todo ello lo desmenuza Usma Porras en forma sencilla y comprensible, llevando al lector a una mejor comprensión sobre los temas anotados. Y como el libro es totalizador en el enfoque de la vida cotidiana, tiene su aparte sobre la comunicación oral con sus refranes, dichos, frases coloquiales con doble sentido y demás, que tan rica se presenta en los pueblos, donde la vida en la calle, en la plaza, en el mercado y en el “corte” agrario, es movida, ágil, espontánea y ajena a eufemismos que suelen disfrazar la realidad con términos altisonantes y poco claros para su comprensión. Lo anterior está enriquecido con una serie de palabras que fueron de la cotidianidad, con sus respectivos significados y que hoy pueden haber desaparecido... un valioso léxico para los investigadores de lo sociológico, de lo cultural y de lo intelectual. Para finalizar incluye dos apartes valiosos: los remedios de la abuela, esos mismos que aún siguen utilizando los campesinos y gentes humildes, carentes de dinero para sufragar los altos costos que impone la farmacopea moderna, y que suelen solucionar las enfermedades elementales. Y los juegos y diversiones del pasado, cuando aún no habían llegado los ju-

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guetes electrónicos de la gran industria, ni las barbies de la sociedad consumista, y era necesario poner a funcionar el ingenio par recrear las largas y tediosas horas de una vida privada de la televisión, del internet y de las “maquinitas”... Fueron otras épocas, el trompo, la chucha, la guerra libertadora, el tingo, tingo, tango, y demás juegos solucionaron el problema. Por lo dicho, Lo típico en tierra de colonización antioqueña es un libro que se deja leer por lo agradable, lo sencillo y lo rico de su contenido. Un libro en el cual Rubén Darío Usma Porras logra plasmar la suma de numerosos años de investigación, charlando con los campesinos, con las gentes del pueblo, con los niños y con los abuelos, cofres de experiencia y de emociones vividas. Un libro que reúne la cotidianidad del pasado en sus páginas y que la confronta con la agitada, conflictiva y estresante realidad de la vida de este siglo XXI, cuando vislumbramos el futuro con ideas exageradas y ajenas a lo cotidiano, a lo sencillo y a lo vital. Por último, un libro que sin querer queriendo, va a jugar un papel valioso en el proceso educativo que va a vivir la región caldense con su inclusión en el Paisaje Cultural Cafetero, aprobado por la Unesco.

Fabio Vélez Correa Miembro de Número de la Academia Caldense de Historia. Director de la revista IMPRONTA

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PROCESO DE LA COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA

Lo típico hace parte fundamental y relevante de la historia de una sociedad aportando factores que, consolidan la identidad regional en un espacio geográfico, como el reseñado en el desarrollo del tema de “Lo típico en tierra de colonización antioqueña”. En su cronología la sociedad de colonización antioqueña se manifiesta en sus vivencias, quehaceres y cotidianas actividades de sus integrantes. En cada hecho, acto, acontecimiento, anécdota, creencia, artesanía o costumbre, en su transmisión de generación a generación, se representa una apreciable connotación antropológica y son fuente o soporte de las peculiares manifestaciones folclóricas y costumbristas. La realización del propuesto tema: “LO TÍPICO EN TIERRA DE COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA”, exigió tener que recurrir a varias fuentes de consulta, entre las cuales sobresalió la testimonial. Dicho fundamento de tradición oral entregó memorias de ciudadanos entrevistados u observados en su comportamiento social, es decir, que la presente obra en gran parte es un compendio de lo que nos contaron, escuchamos y observamos, respetando su originalidad textual y cotejando las recaudadas diferentes zagas o versiones en sus coincidencias de mensaje y popular interpretación. El espacio geográfico y topográfico dentro del cual se desarrolla el inventario e indagación del tema de algunos elementos característicos en tierras de colonización “ maicera”, “paisa”, “montañera”(en documentos de la colonia, aparece Antioquia denominada como la montaña) o antioqueña; tiene como localización una vasta región de Colombia donde se cumplió el proceso de migración de pobladores del Estado Soberano de Antioquia, en el siglo XIX (19) y principios del siglo XX (20), proceso social, económico y demográfico que involucró partes de territorios del Estado Soberano del Tolima y el Estado Soberano del Cauca en su extremo norte; mas algunos sectores del Chocó, como sucedió con la colonización de la Cordillera Occidental, frente al mar Pacífico, de San José del Palmar y Carmen del Atrato.
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El término “Tierra” merece la subsiguiente explicación: es el hábitat o territorio donde el complejo cultural antioqueño expandió su influencia de raza, factores sociales y económicos. La expansión migratoria de colonización antioqueña se proyecta de un enclave, en un principio centrado en las administraciones coloniales de Santa Fe de Antioquia, Ansermaviejo y el valle de Aburrá (Medellín), desde donde se van originado nuevos núcleos como Abejorral , Sonsón, Rionegro, La Ceja del Tambo, El Retiro, San Vicente, Guatapé y Marinilla, que enfocarían su proceso migratorio (1808) hacia el sur en nuevos epicentros de colonización como lo fueron Armanuevo ( Aguadas), San José de Pácora, Sabanalarga o Encimadas (Salamina), El Sargento (Aranzazu) con su sector “El Morrón” ; Criaderos, Pueblo Rico y Pueblo nuevo ( Neira) y Manizales en la fracción conocida como Guacayca o “Rastrojos”, a la cual en 1849 pretendieron llamarla Palestina, nombre que tomo luego un municipio limítrofe. Manizales se constituyó en foco para irradiar la colonización y poblamiento de San Francisco ahora Chinchiná, llamado también el sector “Tacurrumbi”, por el nombre del cacique que habitó el lugar; el poblamiento de Santa Rosa de Cabal por el pionero Fermín López y luego se proyectó la colonización por empresas, como la dirigida a San Jorge de Pereira refundada en el antiguo asentamiento de Cartago la vieja, que fuera fundada por Jorge Robledo en 1540. Para algunos historiadores el proceso de colonización en esta región fue propiciado por la mitad de antioqueños y la otra mitad por valle caucanos. Continúa la colonización desde Sopinga o Negricia (La Virginia) para potreros e intensiva ganadería del valle de Risaralda (Sopinga, Appa, Apía, Chátapa, Santa María, Umbra o Amiceca en sus toponímicas denominaciones históricas), con peones en su gran mayoría negros cimarrones de vecinas riberas del río Cauca. Otras empresas con inversiones en tierras de la región, colonizaron al territorio del ahora departamento del Quindío y del norte del Valle en latifundios localizados en Caicedonia, Sevilla, Toro, Buga y Roldanillo, donde se manifiesta un conflicto de los colonos antioqueños mejoradores
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y aparceros, con la empresa “La sociedad Anónima de Burila”, tituladora de grandes áreas de tierras, predios denominados por entonces como “Globos” o “Haciendas”. En el espacio geográfico, ahora departamento del Quindío, con capital Armenia (“filo de hambre” o “Cuyabro” como la denominaban por recelo los de Filandia), fuera de la atracción de colonos por la calidad del caucho que producían los árboles del lugar, también contó con la presencia de muchos excursionistas guaqueros o buscadores de tumbas indígenas y algunos de ellos con la riqueza de los tesoros hallados se convirtieron en colonizadores y fundadores de pueblos en la región, tales como los de Filandia (1878), Calarcá (1886), Montenegro (1890), Quimbaya (1912) y La Tebaida (1916). Otro proceso de colonización a tierras, donde también se estableció un hábitat para la cultura antioqueña, se realizó a través de la Cordillera Central, hasta las selvas del Tolima, sin ser atraídos por los áridos territorios del valle del Magdalena medio. Este proceso es calificado como lento por lo inhóspito de la región, colonización que avanzó desde Sonsón (1808); después desde Salamina y luego desde Manizales (1850). La colonización en estos sectores se desplaza a la par con el trazado y apertura de nuevos caminos para cruzar la agreste Cordillera Central, evadiendo los páramos y nevados, en especial el del Ruiz, sector denominado “Cumanday” con su significado toponímico de montaña del dios “Kun”, cun como dios en lenguaje quechua, y “manday” de las tormentas. Los caminos y trochas propiciaron el flujo de colonos con su bagaje cultural antioqueño: el camino Salamina a Honda, que pasaba por sectores tales como Victoria, el páramo de Herveo, Palogrande y que atravesaba el Guarinó, contribuyó que a lado y lado de su eje se expandiera la colonización antioqueña en poblamiento en los valles fríos y altos de San Félix y Marulanda, en las agrestes montañas a Manzanares, en Núñez (Marquetalia), en “La explanada” a Pensilvania, a San AgusLo típico en tierra de colonización antioqueña

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tín (Samaná), en la cuchilla de Buenavista procedieron a la refundación de La Victoria, luego reubicada en Planes o Guadualito. El camino (1850) Manizales a Mariquita, que pasaba por un lado del Nevado del Ruíz evadiendo sus inclemencias, llamado en la época “El de Aguacatal o La Elvira”, sobre su eje y recorrido propició la migración de colonos antioqueños, retenidos en Manizales y que ya no encontraban tierras para ser explotadas en el lugar. Fue así como la presencia de la típica cultura antioqueña empezó en la región a manifestarse en fundaciones y colonizaciones en tierras de El Fresno, La Soledad, Santo Domingo (Casabianca) y Herveo (territorio del Tolima). Por otro camino más tortuoso de Manizales a Lérida, en su recorrido se colonizan a Murillo y el Líbano, siendo otras tierras que se incorporan a lo característico de la colonización antioqueña y observándose que, aún en el 2010 en la mayoría del territorio de la selva de Florencia (oriente del departamento de Caldas), los habitantes del sector por su aislamiento, largas distancia a los poblados y cabeceras municipales: Florencia, Arboleda, San Diego, San Daniel, Samaná, Berlín, Norcasia; aún conservan y practican muchas incontaminadas costumbres y tradiciones de los ancestros antioqueños, en especial en la arriería, la cotidiana vida doméstica familiar, la primigenia explotación agrícola y las creencias. La guaquería o sea la búsqueda de tumbas indígenas, la explotación de los árboles de caucho y quina (quinina), la fertilidad de los suelos para cultivar maíz y cacao (en época de colonización, parece que, donde no se producía maíz no había antioqueño), la necesidad de productos agrícoas demandados por los trabajadores de la minería del sector y la preferencia antioqueña por las saludables vertientes, estimuló la expansión de los pioneros antioqueños por las estribaciones de la Cordillera 0ccidental en los ahora departamentos de Caldas, Risaralda y norte del Valle, jurisdicciones que por entonces (1810) pertenecían en gran parte a la Gobernación o al Estado Soberano del Cauca con capital Popayán y que a diferencia de las inhóspitas y despobladas tierras de la Cordillera Central, estas se encontraban con asentamiento de población en núcleos
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sociales establecidos desde la conquista, como el fundado Real de minas de Quiebralomo; los mineros, esclavos y mestizos dedicados a la explotación de las minas de Marmato y San Lesmes de Supía; las organizadas parcialidades y resguardos indígenas de Lomaprieta, la Montaña, San Lorenzo, Bonafont, Quinchía, Guática, Tabuyo y Tachiguí y el antiguo caserío de Ansermaviejo y unas pocas familias pobladoras de Guntras (Mistrató). La existencia de vestigios de primaria sociedad permitió un rápido y fluido proceso migratorio, en un principio por extensas familias y en colonización colectiva provenientes de Abejorral , Marinilla y Rionegro, y luego por oleadas de migrantes del suroeste antioqueño en proceso que dura hasta principios del siglo XX ( cuando la nueva carretera Arquía- La Virgina facilita otro proceso de migración más fluido) .Colonización con mayor procedencia de Támesis, San Juan de los Andes, Fredonia, Jericó, Concordia y Jardín; los mismos que afincaron la cultura antioqueña que transculturó y permeabilizó muchas de las costumbres de la raza negra de esclavos de las minas de San Juan de Marmato, en especial las del llano de Marmato, conformada por raza negra descendientes de esclavos, posiblemente africanos Pavé; San Lesmes de Supía y Quiebralomo. Aún (2011) se conservan unas pocas (mínimas) de esas tradiciones de raza negra de origen africano y posible ascendencia africana Bantú, en pobladores del caserío de Guamal (Supía, departamento de Caldas). Siguiendo la ruta colonizadora, antioqueños penetraron territorios de los resguardos indígenas de San Lesmes de Supía, Cañamomo, San Lorenzo y la Montaña, conformados por descendientes indígenas de Turzagas, algunos migrantes de los armas “Sonsones”, pobladores de San Lorenzo y de Pirgas (Pirsas) y para dirimir un promovido conflicto entre los blancos y mestizos del colonial Real de minas de Quiebralomo con los indígenas de La Montaña, fundaron (1819) a Riosucio de Engurumí (ingrumá, en su traducción nativa de piedra dura),como centro de reconciliación e integración social entre los del resguardo indígena de la Montaña orientados en lo religioso por el sacerdote José Bonifacio BoLo típico en tierra de colonización antioqueña

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nafont y los de Quiebralomo (Blancos y mestizos) liderados por el sacerdote, José Ramón Bueno. La fundación de Riosucio en un principio se propuso que fuera en Tumbabarreto y luego se escogió al pie del cerro del Ingrumá. Al verificarse los epicentros de la colonización antioqueña, para recaudar sus típicos elementos, se precisó que la provincia, ahora municipio de Risosucio Caldas, en el siglo XIX (19) y principios del siglo XX (20) en su toponimia tuvo varios nombres, algunos por muy poco tiempo en su cronología: Mesina al momento de la fundación (1819) nombre asignado por el sacerdote Bonafont, Ingrumá, Bolívar (1856), “La Polonia” (1865). El Concejo municipal en 1910 solicita al Congreso de la República se le llame Sevilla. La Asamblea Departamental de Caldas en 1916 le establece el nombre de Hispania, que en su vigencia legal y administrativa no dura sino un año. Aún así, con esa variedad de nombres ha sido preponderante en la región el uso y designación legal en lo administrativo como Riosucio, como fuera reseñado el lugar en 1722 por el sacerdote Pedro León de la Peña, al observar las lodosas y caudalosas aguas del Imurrá. Es de anotar y por ser pertinente al tema de lo típico antioqueño que, en Riosucio Caldas se encuentra una de las manifestaciones culturales más folclórica, típica y de auténtica expresión cultural de la región, cual es la celebración de Los Carnavales con su entronizado diablo; tradición que en sus raíces se remonta a la época colonial de la fundación del Real de minas de Quiebralomo en celebraciones que se efectuaban del 17 de diciembre al 7 de enero y que permitían presentar todo el boato de la sociedad de encomenderos y mineros, con caretas y vestimentas traídas desde Quito; actividad carnavalesca que empieza a ser replicada por los rivales vecinos indígenas y mestizos de la parcialidad de La Montaña en el ritual consagratorio de la chicha. Al fundarse Riosucio (Caldas) empiezan a mezclarse dichas tradiciones y, así es como después de 1846, se consolida la tradición con cuadrillas, “matachines”, entierro del calabazo y algunos disfraces de diablos que repartían vejigazos. Alrededor de 1915 surge el Diablo del Carnaval, el cual lo define el estaLo típico en tierra de colonización antioqueña

LA DIABLA Y EL DIABLO DE RIOSUCIO CALDAS

Elementos típicos de la región

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dista Riosuceño Otto Morales Benítez: “Nuestro “ Diablo” no es un “diablo” ideado para que la humanidad sufra, padezca, se contorsione de vergüenza (…) Al contrario este “Diablo del Carnaval” es gozoso y está lleno de picardía humana. “. El Diablo de los Carnavales de Riosucio ,Caldas, es un típico personaje en tierra de colonización antioqueña. Continúa la colonización paisa sobre la Cordillera Occidental y se expande en los alrededores del Carambá (interesante cerro de leyendas indígenas, llamado también Buenavista o Batero), repueblan a Guacuma, Quinchía la vieja y Quinchía o pueblo de los quinches (cercos de lata de guadua), excursionando en la búsqueda de oro y salados en el pequeño valle de Chamburucua y su afluente el Opiramá y con su presencia facilitaron la colonización y consecuente extinción del resguardo indígena de Quinchía, encontrando en el sector muchos salados como los de Isambrá, Mápura y la Bendecida, que fueron explotados como “sal de capacho” hasta mediados del siglo XX. La ola de pioneros pueblan el resguardo indígena de Guática, titulando sus tierras y fundando en el sector los caseríos de Nazareth o Guática , viejo en Pira (Guática), a Potreros en Ospirma (corregimiento de Santa Ana), a Pueblo Nuevo ( corregimiento de San Clemente, Risaralda) en el alto de “Mismís” destinada a ser la capital conservadora de la región , al Rosario (desaparecido) en las tierras frías de Oraída y Llano Grande del resguardo de la Montaña; pueblan a Villa Lobos , caserío desaparecido y llamado así por la abundancia de lobos en la fracción de la “Maldecida”, ahora conocida como parajes (veredas) de “La Bendecida” y “Talabán”, y verifican la repoblación de Ansermaviejo y el resguardo indígena de tabuyá. En Ansermaviejo bifurcan la expansión migratoria y es así como unos grupos familiares avanzaron por la cordillera de Belalcázar o de “Todos los Santos”, y sobre el camino Real o preferencial fundaron a Santa Ana, en la Quiebra de Varillas, a San Joaquín, que a partir de la Ordenanza 21 de 1930, es llamada Risaralda, establecieron un caserío con la “Fonda Posada” de San José (municipio) cerca a la Quiebra de Santa Bárbara y en el “Alto del Oso” poblaron a Belalcázar.
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Otros grupos de colonizadores avanzaron sobre la Cordillera Occidental en la ladera oriental del Tatamá y por el antiguo camino de la conquista y la colonia que conducía a Cartago, refundaron y colonizaron en el sector de Nacederos a Guntras, también llamado Arrayanal y ahora con el nombre de Mistrato en la descomposición etimológica de origen embera-Katío como “Río de las Loras”; luego repoblaron al desaparecido resguardo indígena de Tachiguí o sea la aldea de Santa Rosa de Tachiguí desaparecida desde 1870 y en cercano lugar fundaron al caserío de Mocatán , en el sector llamado Arenales o Higueronal y Mocatán nombre hasta 1930, el que es cambiado por Belén de Umbría. Guaqueros ilusionados con los tesoros de las tumbas indígenas de los Apías y El Santuario, poblaron y se constituyeron en colonizadores de San Antonio de Papayal (Apía “Appa”), Tatamá (Santuario, departamento de Risaralda, a partir de 1930) con nombre de origen quechua como padre y madre de los cerros, aunque algunos historiadores precisan su nombre de origen embera, como ”Culebra de sal” y buscando una expedita entrada al Chocó pueblan a Jamarraya (Pueblo Rico, departamento de Risaralda) en región del Río San Juan. Estos procesos de colonización se cumplieron a finales del siglo XIX (19). La subsiguiente generación de hijos de colonos nacidos en territorio de la recién colonizada Cordillera Occidental, avanza a principios del siglo XX (20) en una colonización individual, con patrones, aparceros, cosechadores y peones asalariados (jornaleros) y manifestándose con una precaria presencia de la economía del autoabastecimiento que había caracterizado las primeras colonizaciones antioqueñas en la vecindad. La antes referida expansión territorial tuvo como principal causa el implemento minifundista del nuevo cultivo del café y es así como van estableciendo sus cultivos de cafetos en La Celia y El Rey ( Balboa) con atípica fundación ya que se origina en una obligada migración de desplazamiento, por causa política de algunas familias del municipio de Neira Caldas, y continúa el proceso de expansión y colonización en tierras del norte del departamento del Valle, en los actuales municipios de El Águila, El Cairo, El Dobio, Restrepo, Argelia y Versalles.
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Los enviados burócratas de Popayán, por corresponder los territorios de la Cordillera Occidental (1800-1905), en lo administrativo a la Gobernación de Popayán o Estado Soberano del Cauca, poco aportan a la tradición regional, porque por su mínima contribución demográfica, asimilan con rapidez o se mimetizan con las costumbres del entorno y hábitat, en especial las que caracterizaban al colono antioqueño en su cultura. La raza negra proveniente de esclavos, en el sector estudiado, como receptora tuvo y tiene poca presencia e influencia en cuanto al aporte de sus costumbres o tradiciones; aislada en los primigenios palenques y cimarrones de Sopinga (La Virginia), “Cerritos”, Santa Cecilia (Pueblo Rico, departamento de Risaralda), el poblado del Guamal (Supía, departamento de Caldas) y el Llano de Marmato (Marmaja, piedra dura y abundante en las minas de oro del lugar). Todos ellos con una marcada aculturación religiosa Católica impartida por los doctrineros y exigida por los amos esclavistas, como doña Ana Josefa de Castro. En el sector no se identificó sobresaliente tradición indígena, ya que a finales del siglo XIX (1890), habían desaparecido los resguardos indígenas de Tabuyo, Tachiguí, Quinchía y Guática, como también se había extinguido su lengua vernácula, la que debía ser portadora de sus tradiciones, y la “aculturación” y mestizaje identifica a las subsiguientes generaciones en la tipología de la cultura del colono antioqueño, en especial teniendo como causa el matrimonio o la conformación de familias entre mestizos antioqueños y descendientes indígenas de los pueblos, parcelaciones o resguardos indígenas de la provincia; causa que también permeabilizó a los resguardos indígenas de Riosucio: La Montaña, Lomaprieta, Quiebralomo, San Lorenzo y Bonafont. Los extranjeros, en especial los descendientes de administradores de las minas de oro de Marmato, Supía y Riosucio, no impusieron, ni mucho menos legaron las tradiciones extranjeras de sus tierras de origen, ya que asimilaron con prontitud las vivencias del nuevo hábitat y convivieron con las costumbres y lo cotidiano de la provincia.
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A partir de 1950 se inicia un proceso de rescate o reincorporación de ancestrales tradiciones, folclor y costumbres, en los resguardos indígenas de Riosucio Caldas, proceso que aún se cumple con el inconveniente, de que no se han dado los elementos necesarios para la recuperación de la lengua vernácula o dialecto de los primitivos pobladores de la región y por vecindad se han venido tomando algunos términos del lenguaje o dialecto de los embera catíos o asimilando su folclor, mitos y tradiciones. La sociedad antioqueña en la colonia no fue cerrada, ni mucho menos segregacionista y precisa en su proceso histórico que, el mestizaje sobresale en su demografía, esto a mediados del siglo XVII (18), cuando sobresale el mestizaje pardo o sea de todas las razas y muy tempranero comparado con la de otras regiones o complejos culturales de Colombia, lo que permite que las características raciales se mezclen o refundan, no solamente en sus elementos étnicos, sino también culturales. Es así como es homogénea la expresión típica, en tierras de colonización antioqueña. De allí que en lo folclórico, las costumbres, las tradiciones, el leguaje y lo cotidiano, aparezcan elementos que reflejan o identifican una u otras razas y que son exclusivo acervo de características de la identidad del colono paisa o antioqueño. Se escogió el método de observación del comportamiento cultural, social y económico en tierras de colonización antioqueña, las localizadas en el espacio reseñado, en un período comprendido desde 1786 a 1940, partiendo desde las reformas sociales y agrarias, propiciadas por el Oidor Juan Antonio Mon y Velarde Cienfuegos y Valladares, que reactivaron la sociedad antioqueña, en especial en la generación de empleo e ingresos familiares, estimulando con protección legal el desarrollo de la producción agrícola y el de la colonización, que se inicia dentro del mismo territorio de Antioquia con las colonias agrícolas de Don Matías, Anorí, Yarumal y Carolina, que enseñan su importancia como una efectiva solución a problemas de desempleo y fundamento para salir de la crisis en la explotación agrícola; brindando una efectiva alternativa en subsiguiente período de crisis económica ante el crecimiento demográfico, las hambrunas propiciadas por la plaga de la langosta, el acaparaLo típico en tierra de colonización antioqueña

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miento de la tierras por los latifundistas, la tecnificación de la minería, que implicó la utilización de menos mano de obra, en especial de los “mazamorreros” o sea los que extraían con sus bateas oro de aluvión y que impulsó a muchos núcleos familiares a migrar a tierras del sur sobrepasando los límites de Antioquia e introduciéndose en las jurisdicciones administrativas de las gobernaciones de Popayán o del Estado soberano del Cauca o del Tolima. Durante antes reseñado período se precisó de mínimos cambios sociales, especialmente en las costumbres y tradiciones antioqueñas, ya que después de esa etapa y a mediados del siglo XX (1940), surgen circunstancias que propician rápidas transformaciones sociales; apreciable extinción de tradiciones por de- suso y consideración anacrónica de las mismas, teniendo como causas: la marcada tendencia de la provincia rural a adquirir identidad citadina, el aumento en la recíproca fluidez de las fronteras culturales. Además la influencia de nuevos medios de comunicación, entre ellos la radio y la televisión, estimularon la cultura de una “Tradición Universal”. Además, con el advenimiento del alienante medio publicitario se impone la “Tradición de moda” y “Lo típico global”, por supuesto, alimentado e integrado por lo típico local y las micro historias regionales. En cuanto a lo típico se observa que en el proceso histórico social y económico, en los períodos de la Colonia, la Independencia, la Nueva Granada, la provincia de Antioquia aún en el siglo XIX (19) tiene en la comunicación social poca fluidez en sus fronteras con otras provincias o regiones, ya que se encuentra enclavada en una agreste topografía y equidistante distancias de influyentes núcleos sociales como los de Cartagena, Santa Fe y Popayán, como mínimo a un mes de tortuosos caminos. La localización geográfica y en especial hidrográfica y orográfica, trae consigo el aislamiento de la primigenia sociedad antioqueña y es causa de que en su hábitat prospere lo típico antioqueño en su tradiciones y costumbres que como intacto legado proyectan los colonizadores en su expansión territorial con elementos propios y emblemáticos, que los
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distinguirán de otras culturas o sociedades que, aunque limítrofes, no contaban hasta entonces con elementos de adecuada comunicación que estimularan la fluidez del recíproco intercambio cultural. Es de anotar que la migración antioqueña comienza a crecer y agilizarse hacia el sur, región de la Cordillera Occidental o de la Cordillera Central y a mediados del siglo XIX(1850), por el mejoramiento de los caminos y en especial, por la construcción de puentes sobre el río Cauca, que en gran parte discurre torrentoso por el “Cañón del Cauca”, y sobre el cual se utilizaban los pasos de Velásquez más abajo de la desembocadura del río Pozo, Bufú un poco más abajo de la desembocadura del río Arquía y el más usado en la Colonia, la Independencia y la Nueva Granada; Caná frente a Marmato e Irra o antiguo paso de los conquistadores, afluente que luego fue trasegado por los nuevos puentes de “Puente Iglesias” frente a Jericó y en el sector de Palenque Chiquito, La Pintada , Canas y el “El Pintado” (1884) localizado sobre el antiguo paso del “Cirgüelo” entre San Isidro de Picara y el paso de Irra. Por esas épocas el antioqueño tenía una identidad espacial y geográfica, con determinadas fronteras o límites, que le permitían practicar y arraigar “La típica cultura antioqueña”. Se observa que, lo típico antioqueño es patrimonio de la original sociedad antioqueña como característica conformada en herencia aportada por otras culturas: el legado cultural de los primitivos pobladores de la región, de los conquistadores españoles que traían el bagaje cultural de sus provincias de origen, situación que se ha prestado para que algunos tratadistas plateen la tesis del posible origen judío de los antioqueños, argumento antropológico que todavía no se ha probado; el importante aporte cultural del “yanaconismo” o sea las numerosas huestes de yanaconas y “tyguyes” (esposas o concubinas), indígenas sin curaca o cacique descendientes de quillacingas o ingas, que desde el sur acompañaron a los españoles en la conquista del actual territorio antioqueño y que a la vez sirvieron como pobladores de los territorios conquistados, factores raciales y sociales que participaron en la formación de lo emblemático, característico o representativos de la colectividad antioqueña.
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MONUMENTO A LA ARRIERÍA

Muicipio de Apía, Risaralda

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Como ejemplos de lo típico se tienen: el maíz en su cultivo y consumo, no son originarios, ni exclusivos del pueblo antioqueño, pero su elaboración en algunos subproductos son típicos, como la mazamorra simple de maíz pilado con ceniza (la mazamorra endulzada como peto es consumida en otras regiones de Colombia), también son típicas algunas clases de arepa como la de “mote”, “estaca”, ”maíz pelado”, “maíz cascado”, “indio” y “cuzcuz” y el claro; agregándose que la arepa plancha es típica antioqueña cuando es asada en cayana o sea amplio plato de barro horneado (elaborado casi siempre por “memes” o indígenas), en el que también se asan las carnes. El sancocho no es de origen antioqueño, el sal cocho o sea el cocinado de cosas en sal, se puede precisar en su uso desde distantes épocas en las diferentes civilizaciones, lo típico o emblemático son los productos con que se cocina, guisa y sazona ese alimento: yuca, plátano, arracacha, tomate pajarito o culantrón de sabana, azafrán de raíz o achote, y abundantes cominos, cebolla de rama y con la textura o sabor a humo del fogón de leña. Los frijoles “Cháncharos” son alimento de muchas otras culturas latinoamericanas, lo típico aparece de los productos que contiene al cocinarse los fríjoles antioqueños en olla de barro (los originales), bien sea con garra de cerdo, oreja, trompa de res, casco, cidra, auyama, repollo o coles. El antioqueño se alimenta con fríjoles con sal, pero en otras regiones de Colombia acostumbran cocinarlos con dulce. Obvio es, que hay elementos, objetos, hábitos y costumbres que pueden ser mejor muestra de los emblemas de la antioqueñidad, por ejemplo: el carriel o guarniel, la comunicación oral hiper-expresiva con sus símbolos, “El culebrero”, los trovadores y copleros. Es también emblemática la comunicación verbal recurrente al refranesco o sea volver las frases refranes con sus mejores emblemas en los costumbristas, repentistas y cuentistas. En comidas es típica la natilla o “natillada” y los buñuelos como costumbre navideña. Son típicos los elementos elaborados con guadua abundante en la región, como también la totuma o cuyabra. A finales del siglo XIX empiezan a aparecer productos típicos derivados del cultivo del café.
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En lo musical se adoptó como típico el tiple, la guitarra, el pasillo y el bambuco. El hacha, el azadón y el machete, se constituyen como elementos simbólicos y emblemáticos de los colonizadores antioqueños por su uso y reconocida ayuda en las labores agrícolas, es así como en Armenia (departamento del Quindío) hay un monumento alusivo al hacha como símbolo de la colonización. También se reconoce como típico la arriería: con sus arrieros, lenguaje, bestias de carga y sus dotaciones (enjalma, montura, angarilla, nudos y rejos). Es así, como es típico el relato del arriero apodado “El verraco de guacas”, es típica en Aguadas ( departamento de Caldas) la leyenda del ayudado arriero “El Putas de Aguadas”, donde también es típico el sombrero de tejido de iraca; en Apia departamento de Risaralda, en su parque principal hay un monumento alusivo al arriero y la mula; en Manizales en el sector de Chipre hay un monumento alegórico a los colonizadores donde sobresalen las bestias de carga y los bueyes, y en muchas festividades regionales se celebran típicos eventos de arriería. Los silleteros o sea los que cargaban personas a sus espaldas han merecido el típico reconocimiento resaltado en Medellín con el tradicional desfile de silleteros. Los mitos y leyendas como el de la madremonte, la patasola y la llorona han merecido un típico reconocimiento como emblemas e iconos de la colonización antioqueña; es así como en los sitios turísticos del departamento del Quindío (Colombia) sobresalen la exhibición de imágenes de dichas deidades tutelares. En el parque principal de la cabecera municipal de San José Caldas hay un monumento alusivo al duende. Son también típicas las construcciones o viviendas que utilizaban los colonos: el rancho de vara en tierra, el cambuche, el improvisado escampadero con techo de hojas de “bihao”, la casa con techo de paja o teja con sus zarzos adaptados como alacenas, el uso de las macanas en las chambranas; las paredes con enchinados de guadua o barro embutido y un poco más avanzado en el proceso de colonización, las casas de tapias, las casas con sus secaderos de café en la zona cafetera. Lo anterior en la típica arLo típico en tierra de colonización antioqueña

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quitectura paisa de tierra, guadua y madera. La ruana se constituye en lo típico antioqueño, por su versátil uso como vestimenta, espanta fieras, cobija y protección en las peleas con peinilla. Aunque el elemento en su artesanal elaboración, cotidiano uso como vestimenta y entronización social, es más emblemático o típico de la cultura cundiboyacense y quillacinga (inga peruano), lo anterior sin descartarse las típicas ruanas de lana de oveja de Marulanda Caldas. En el lenguaje o dicción de las palabras o fonemas se precisan particularidades típicas como en la fonética cambiando la H por la J. Por eso es común el decir: Güevo, Güelentina, güeso, güeco, guaca (…), también se suprimen consonantes como la d y conforman palabras sin ella, por ejemplo: soldao, dao, fiao, confiao (…) y suelen cambiar el fonema e por la i, chilingueado por “Chilinguiado”, alcahueteado por “alcahuetiado”. En conclusión: lo típico existió y aún hay relevantes remanentes de esos emblemas y símbolos en tierras de expansión de la colonización antioqueña. El propósito no fue otro que iniciar el proceso de recuperar un patrimonio inmaterial cultural y antropológico en cotidianos elementos que conforman la identidad social, en tierras de colonización antioqueña (Colombia), consignando en este documento evidencias, y convirtiendo la “tradición oral” en lenguaje escrito, en gran parte coloquial, ya que la modernidad y vigente globalización predestinan muchas tradiciones, costumbres e identidades culturales a su extinción por olvido o a la fusión cultural dentro de un espacio global que desvanece fronteras, desintegra complejos culturales y con premura está mimetizando lo emblemático o típico de una sociedad, como la surgida y promovida por colonizadores antioqueños, montañeros o “maiceros”.

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FASCINANTE MUNDO DE ANTAÑO

En la finca Cielo Roto, Sevilla, Valle- Año de 1939

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EL FASCINANTE MUNDO DE ANTAÑO. EN COLOQUIAL LENGUAJE. Un machete bien afilado, el hacha, un rancho de paja y guadua, un pulgoso y langaruto perro, mazamorra, una vieja ruana y pantalón de dril, arepas, fríjoles, suculento sancocho, agua de panela, abnegada esposa y matriarca, e hijos por docenas. El colono era todo un personaje con el presente encomendado al escapulario, al ángel de la guarda enjalmado y al futuro escondido en uno de los tantos bolsillos secretos de su carriel de piel de nutria. Y saber que fueron ellos, los que nos dejaron encartados en esta sociedad minifundista y cafetera. Las provincias tienen su historia anónima, aquella que se olvida tras las arrugas o los ajados calendarios de la nostalgia, por eso Don Juancho nos comentaba con sus noventa y cinco años de edad: “ El pueblo era por ahí media docena de casas de paja y vara en tierra, una capilla con tejado de astillas y una posada muy famosa donde descansaban los arrieros (...) y un día comenzaron a llegar los silleteros con señoras muy gordas a sus espaldas; los caballos viejos, gomosos y rucios con muchachos chilingueados por todos los lados, que como saludo sacaban la lengua o exhibían las niguas de sus jarretes, se rascaban los piojos de la cabeza, mientras que a su lado marchaban los muchachones de pantalón corto, piernipeludos y agobiados por el peso de los costales, chécheres, las varas donde colgaban chillonas y cursientas gallinas (…) Desfilaban los tiernos y chuchumecos abuelitos, las piadosas beatas con el rosario en la mano, el muchacho tuntuniento, el duende familiar, la adelantada vaca, las jaulas de guadua con algún bulloso gato o tal vez alguna vieja y huesuda bruja, y un poco más atrás caminaban las muchachas con batas largas, trenzas negras y caras untadas de almidón, eso sí, las últimas muy bien custodiadas por bigotudos y serios señores con sus sombreros de ala ancha de cogollo de cañabrava y por último algunos perezosos e indisciplinados marranos, que siempre iban con sus horquetas y tramojos chillando y de coleros” Los colonos estaban llegando a estas tierras en un obligado éxodo, porque en la Antioquia grande la langosta había terminado con las coseLo típico en tierra de colonización antioqueña

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chas; la riqueza de la explotación minera se acumulaba en unas pocas manos, las mismas que estaban acaparando la tierra buenita para meterle pasto y ganado. Ante la agobiante hambruna y la creciente miseria, las numerosas familias preferían huir de la tierra de sus antepasados a sucumbir de hambre. En el sur por lo menos sobraban las tierras inexplotadas para establecer la empresa familiar, de la cual el padre, la madre y todos los hijos son socios y jornaleros sin salarios, y donde hasta al perro le tocaba trabajar cazando animales de monte, necesarios para complementar la alimentación en la economía del auto abastecimiento. Doña Rosa de 88 años de edad nos comentaba: “El compadre Julio, se apareció un día con su familia, cositas y sus remiendos de pobre. Daba lástima verlo, y le dije: -Compadre, oiga pues, tiene que irse mañana mismo para la finca grande del paisa, porque allá dan trabajo y si se comporta bien, hasta tierrita le dan al año para vuste- Hay que ver la plata que tiene ahora el compadre Julio”. Era la época de los primeros colonos, apellidos y familias en tierras de colonización antioqueña. Era la primera muestra de cultura paisa minifundista, maicera y cebollera. El colono antioqueño tenía sus cositas de respeto, de dignidad, de tradición, de superstición y de arraigadas costumbres. Rescatemos del pasado algunas de esas cosas: El fogón “pollo” de leña y piedras, la sartén de tres patas, el “güesito” gustador, que era un hueso “calambombo” o “paleto”, para darle sabor a las comidas y que de tanto meterlo y sacarlo a los sancochos, se volvía blanco y brillante como una porcelana. La carne ahumada colgada encima del fogón y a la cual a veces se le untaba sal de nitro para evitar los gusanos de la mosca y que a los tres días y de estar tan seca, parecía un pedazo de palo de guamo; la olla de barro para la mazamorra y la cuyabra para colarla, la olleta de cobre para batir el chocolate – pastillas caseras y con canela -, el coco de guadua para guardar la sal, la totuma donde se metían envueltas en hojas de plátano las arepas de maíz sancochado, la pequeña totuma para las postreras o la grande de pucha para recoger la leche; la piedra hueca donde se molía el maíz y el señorial pilón para pilarlo, los platos y cucharas de palo, el canasto para guardar víveres; el duro pero elegante puesto o silla de orillos, la real cama de esterilla, palos clavados en tierra, colchón de capachos, almohada de paja de basto, colcha de retazos o una improvisaLo típico en tierra de colonización antioqueña

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da cobija de estopa. En la higiene: un cómodo beque de palo (bacinilla), una bola de jabón de la tierra, los remedios de la abuela y la peligrosa barbera (…). En la fe: una camándula de pepas de churimo o achiras, el ramo bendito para terminar con terremotos y tormentas, la “Cruz de mayo” frente al rancho elaborada en guadua y renovada cada año, el cirio bendito para curar las pestes y espantar los malos espíritus; detrás de la puerta una oración para que no entrara ningún mal a la casa; colgadas en las empañetadas o enchinadas paredes varias litografías sin vidrio, el rosario al empezar la noche y en un rincón el inseparable frasco de agua bendita, para beberla en caso de cólico o espantar al demonio cuando se aparecía a tentar a las muchachas casaderas o a jugar al dado con el vicioso abuelo. En los servicios públicos: la luz de la vela de parafina, cebo o de frutas de higuerilla ensartadas en un chuzo de madera, el agua que venía por canoas de guadua o que había que subirla al hombro en cocos de guadua desde la mata de guineo (...). El grito para anunciar la presencia del visitante o llamar al vecino de la otra ladera. Los reiterados cuentos de las divertidas hazañas, irreverencias y metidas de pata de Cosiaca, Marañas, Calzones y Pedro Rimales, cuyos relatos hacían sonrojar a las mujeres de la casa, echarse bendiciones a la abuelita y propiciaban la risa de los maliciosos muchachos y serios señores. Con esas cositas y otras más, los colonos nos cambiaron la imagen del paisaje y colono que se estimara tenía un buey sonso, un raque o gomoso caballo, una oxidada escopeta de fistol, un duende de propiedad familiar, un espanto que se le aparecía a toda la familia en las vueltas de las peñas, una ánima del purgatorio que quebraba los huevos de las gallinas y pedía desde el rastrojo se le pagaran mil y tantas misas que había quedado debiendo o se le sacara el oxidado azadón que se le quedó olvidado bajo una piedra. También el señor de la casa era dueño de una bruja que, en noche de luna y cuando cantaba el pájaro maligno, se le sentaba en el pecho al más cascarrabias de la casa, le hacía cosquillas, le mordía las orejas, le sacaba chupados en la garganta, le escondía el poncho o se
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montaba en las mulas; esos maleficios, decía la abuela, no eran más que el reuma, el asma o delirios de guayabos de tapetusa del pobre viejo o tal vez implacables venganzas de sus furtivos y olvidados amores, cuando era un picaflor y seductor arriero. Los elementos secretos: la piedra blanca, que según el abuelo era la “contra” robada a una brava serpiente, mientras se entretenía bebiendo agua. Ni discutirle. La ajada oración de la Magnífica para acabar con cualquier engendro demoniaco. El congolo de la buena suerte. “Los polvos de la madre celestina”. “La uña de la gran bestia”. “El pedazo de la piedra de ara” y por si acaso había que hacer alguna pequeña picardía: la terrorífica oración del tabaco, la tierra del cementerio, la oración de la mano negra, el pequeño negro muñequito del monicongo, o el misterioso envoltorio de la guariconga. ! Qué miedo! Por esos tiempos nuestra civilización y cultura daba los primeros gritos de ladera a ladera. Los tiples y las guitarras bosquejaban los sentimientos de la raza. Las huellas de las herraduras señalaban el camino del futuro. El colono antioqueño entre la metamorfosis del tiempo se estiraba hacia ahora y gracias a ese proceso, sin temor nos encontramos con él en un recodo de las anteriores palabras y le gritamos: ¡Quiubo compadre! ¿ Pa'dónde va Vicente? Pa'donde va la gente.

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TÍPICOS ELEMENTOS

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LA IMAGEN DEL COLONO SEMBLANZA Aquellos que conocieron al “abuelo colono” lo vieron doblegarse en el surco escarbando las raíces del futuro, cuando aún la alambrada no le maltrataba la espalda. Lo oyeron decir: "mi tierra y mis árboles, nuestro paisaje y viento" cuando cada uno era dueño de la semilla, de su germinar y los frutos y no había muros que le limitaran la mirada y tampoco había quien acaparara la gota de sudor, y por eso recuerdan a un viejo dorado por el sol, con las manos duras y encallecidas y una carcajada fuerte pero sincera. Era el mismo que como saludo recibía a sus hijos y nietos, elevándolo hacia el cielo, pretendiendo que volaran, aunque no pasaran de sus brazos. Aquello sucedía por la época en que nadie borraba las huellas de sus pasos, porque eran el primer vestigio de camino y no las huellas delatoras, y no los pasos perseguidos y no la guía censurada. Aquellos observaron a ese compañero leal, lo vieron servir con humanidad al compadre enfermo, compartir la "pucha " de maíz, el puñado de sal y la cucharada de caldo. Esto, cuando la caridad y la amistad no tenían fechas en el calendario, ni habían momentos especiales para amar y ser amado; ni muchos días para odiar, ni pocos instantes para sonreír, ni fiestas exclusivas para abrazar o recordar. Era un buen viejo con caridad, amistad, ilusión y compañerismo a cada instante. Ellos lo conocieron alegre porque parió la vaca "mariposa" o sonriente y cariñoso con el nacimiento del nuevo nieto y optimista con la vida, aunque la vida le deparara cotidianos problemas. ¿Qué algunas veces lo vieron gemir? Tal vez, cuando murió su esposa (la reina de la casa y matriarca ) y se quedó sin quien le calentara los pies o cuando los ranchos se quedaron solos, porque los vecinos se fueron hasta con el perro para la ciudad y entonces los caminos se enmalezaron de nuevo, los paisanos dejaron de hablar duro y empezaron a susurrar y a vestir las cosas de negro y de silencio.
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Ellos tuvieron que comprender al “abuelo colono”, que nunca usó zapatos en sus pies (Rubén pudo llamarse), que no sabía leer, que se “enverracaba” al no entender el por qué de los avisos, que como prevención le habían leído: "Sin ser autorizado no siga", encima de donde estaba la puerta de tranca, si por allí pasaba con toda libertad el desecho para ir a donde misiá María. "Peligro cercas eléctricas", junto a la piedra grande, donde Juancho armaba los espantapájaros para asustar a las loras, que venían a comerse el maíz tempranero. "Cuidado, perros bravos y siempre sueltos”, donde antes se gritaba ¡Ave María Santísima! y contestaban "Siga compadre", sin impedir el paso. “No hay trabajo”, donde no quedaba ni tiempo para fumarse un tabaco. (...). Ellos observaron a ese “abuelo colono", que pudo llamarse Ricardo, Rubén (…), escondido tras las arrugas, con sus manos temblorosas dibujando imaginarios mapas o tejiendo invisibles telarañas para cazar sueños. Lo oyeron exclamar: “¡ya vienen! Tráigame machete y hacha, porque ahora mismo nos vamos a hacer el camino".

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FOTOGRAFÍAS - Nobles oficios cotidianos

49 NOBLES OFICIOS COTIDIANOS “Antioqueño no se vara”. En la incipiente economía citadina y rural de la colonización antioqueña, cualquier oficio, labor y actividad artesanal, es importante; es noble, imprescindible y necesaria, ____¿?____porque al decir: “Antioqueño es más rebuscador, que gallina tuerta en un basurero” o “Antioqueño cae parado”. El trabajo y los oficios se identifican en especializaciones, casi siempre con fundamento en lo empírico, folclórico, y la tradición familiar. Entonces tiene plena validez la tesis: en subsiguiente etapa al auto abastecimiento, la mano laboral activa y abundante de colonizadores, procura fijar y proveer trabajo para todos, en espacios bien definidos, sin discriminación social, con independencia patronal y una proporcional distribución del ingreso familiar. Lo anterior, quizás estimulado o influenciado por dichos y refranes vigentes: “la necesidad tiene cara de perro”, “de grano en grano llena la gallina su buche”, “ al que madruga Dios le ayuda”, “ganarás el pan con el sudor de la frente”, y el más convincente: “la pereza es la madre de todos los vicios”. El inventario de típicos oficios cotidianos, presenta algunos en extinción y otros que por ser tan modestos parece que no se hace referencia; aún así el proceso histórico a todos ellos los califica como fundamentales para la subsistencia familiar y el desarrollo comunitario provinciano localizado en región de colonización “maicera” o antioqueña. La información se obtuvo en un rescate testimonial de quienes por generación vivieron esas experiencias o aquellos que conservan la memoria de una historia oral, narrada por sus antepasados. Tal vez porque muchos de ellos no han perdido su apego a tradiciones y ancestros, y algunos “hablan más que loro mojado”. Gracias a esos típicos comportamientos se logró las sinceras, amenas y descomplicadas entrevistas, las cuales permitieron realizar este tema.

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Sin más comentarios, y como decía el abuelo: “Porque cuando mula no moría, gallinazo que comía” o su exclamación en el fracaso: “Perdí chicha, calabaza y miel, tres puchos y un carriel”, se espera que la siguiente relación sea un aporte antropológico de lo cotidiano. Encomiendo cada palabra a una sentida realidad provinciana.

AQUELLOS TÍPICOS OFICIOS Y TRABAJOS

ARREGLA HUESOS, SOBADOR O COMPONEDOR. Persona encargada de tratar complicaciones en articulaciones y músculos, entablillar quebraduras, acomodar huesos quebrados, tratar lumbagos, y ceñir o amarrar hernias con previa bebida y untura de árnica. Es un empírico fisioterapista. Alterna su oficio con sacar aires mal acomodados y mitigar la artritis friccionando con yerbas como la urticante “pringamosa” y aplicando emplastos o picaduras de avispas en las partes afectadas. ARRIERO. El encargado de arrear las bestias de carga. En su oficio tiene que desempeñar varias labores como las de cargador de pesados bultos, rescatador de animales cuando se volteaban con la carga o se hundían en lodazales, guía de las recuas por los tortuosos caminos y curandero de las mismas. Se inicia a los 12 años desempeñando labores más fáciles y recibe el nombre de “sangrero”. Cuando adquiere un capital se le denomina capataz, dedicándose a contratar el servicio de sus animales. En la provincia muchos arrieros con su oficio amasaron grandes fortunas. CARBONERO. El obligado combustible de cocinas y hornos de panadería, es la leña y en especial su derivado el carbón vegetal. El oficio lo desempeña un renegrido ciudadano, el cual obtiene el producto de las carboneras y lo vende por bultos y cargas. El revendedor lo cotiza por paladas. Alterna la actividad con el de leñatero o sea vendedor de leña por cargas, por leños, trozas o brazadas.
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CAPADOR DE CERDOS Y TERNEROS. Su labor consiste en operar los animales para poderlos cebar, engordar o evitar la procreación. Oficio muy solicitado y que se practica con una filosa navaja capadora. EMPEDRADOR. Las principales calles del pueblo, por carencia de otros elementos de construcción, eran empedradas. El oficio consistía en instalar las piedras previa nivelación del suelo. El producto se obtenía de canteras “ pedrero”, donde se quemaban las grandes piedras, que calientes eran golpeadas, se les mete cuñas y se les arroja agua fría para sacar las lajas. Oficio conexo era el de desyerbador de empedrados, por contrata con propietarios. EL VOCEADOR. Típico personaje que mediante una corneta de latón, en la plaza principal, calles y rondas con fuerte voz anuncia bandos consistoriales, decretos, espectáculos o propaganda comercial. Reemplaza con su medio de comunicación a las entonces inexistentes radio, prensa o televisión. SOMBRERO. La prenda del sombrero era de uso común y por esa causa se hizo necesario el especialista artesano para arreglarlos, moldearlos o entintarlos. Las sombrererías como establecimientos comerciales prosperaron y tuvieron su auge hasta la década del cincuenta (19501960). Una acepción al término es el de sombrerera o sea aquella persona que artesanalmente fabrica sombreros, casi siempre con elementos naturales: cogollo de cañabrava, paja, iraca, cáñamo, cabuya o guasca de plátano. EMBOÑIGADOR Y BLANQUEADOR. Las paredes de enchinado, bahareque, embutido o tapia, requieren ser cubiertas o empañetadas; labor ejecutada por el “emboñigador” o “empañetador” , quien revuelve cagajón, boñiga, tierra arcillosa y pasto picado – Para amarrar la mezcla elemento que luego es aplicado y pulido en las paredes. Al secarse el pañete se procede a blanquearlo con cal viva, sal y limón para que afirme o suba. CAGAJONERO. Aprendiz de “empañetador” encargado de buscar en
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potreros el cagajón y la boñiga. CANASTERO O CARGADOR DE MERCADOS. El encargado de movilizar el mercado desde la plaza hasta las viviendas. Era de orgullo social pasear el contenido de mercado en un gran canasto por las principales calles, demostrando así el patriarca su poder económico y responsabilidad familiar. Se fijan días para la actividad comercial, “mercado”, casi siempre miércoles, sábado o domingo; aún dicha costumbre está vigente en varias provincias, como también la del día de “ferias”. Portar los víveres en costal no era bien visto o significaba una gran humildad. CANASTERO. Actividad artesanal cuyo producto son los canastos elaborados en bejuco natural. ENJALMERO. El que hace abollonados – enjalmas - con paja de basto cubierta con tela de costal, para proteger los lomos de las bestias de carga (caballos, mulas, machos y bueyes) Casi siempre el oficio es realizado por un anciano arriero. COLCHONERO. Fabricante de cubierta para camas – colchón -, rellenos con paja de basto. Al principio se improvisaban en estopas rellenas con capacho de maíz y hojarasca. GARITERO. Labor consistente en cargar comidas y viandas hasta el corte o sitio de trabajo en una finca. Inicial trabajo del muchacho campesino, antes de involucrarse en actividades agrícolas más difíciles. GARITERO. Encargado de manejar el recaudo de juegos de dado, parqués, dominó y billar. Recolector de la garita o pago porcentual en juegos de azar o habilidad. La labor casi siempre es desempeñada por un “viejo perro”, es decir, experimentado tahúr o jugador. En juego de dado “corrido” se le llama tallador. BULTIADOR O COTERO. Encargado de movilizar pesadas cargas. Se distinguen por su gran fuerza para transportar en sus espaldas y con
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“cincha frentera” hasta ocho arrobas. No solamente prestaban sus servicios en el caserío, sino que traían de otros pueblos muebles y cargas delicadas. SILLETERO. Cargador especializado en movilizar en sus espaldas y sobre un taburete a viajeros y emigrantes. Por ese medio de transporte llegaron muchas matronas al recién fundado pueblo. JOYERO. El que elabora alhajas con metales preciosos. ALBAÑIL. En la construcción y mantenimiento de viviendas su habilidad se precisa en saber manipular los materiales para paredes de barro embutido o enchinados, instalación de maderas de zarzos, colocación de canaletas, canal, limatones y cuchillas, y disposición de tejas. Conoce de cimentación sobre piedras y alzaprimados. En adicional oficio fabrica hornos para moliendas de panela o panaderías. Es gran conocedor de maderas en su calidad, especies y usos. Con especialidad maneja la guadua en todas sus partes: cepa, basa, sobrebasa, varillas y esterilla. SACAMUELAS. Personaje que carga su consultorio dentro del carriel consistente en dos gatillos (oxidadas tenazas) y que ejerce en cualquier sitio extrayendo indiscriminadamente piezas dentales a humanos e irracionales, utilizando como calmante un trago de tapetusa – aguardiente casero - y enjuague con agua de canela o de tomate. ¡Qué dolor! ENCERRADOR. No es actividad artesanal. Su labor consiste en movilizar la vaca lechera hasta el potrero localizado a un lado del pueblo. Oficio de muchachos por unos cuantos centavos, riales o cuartillos. BOTICARIO. Las boticas como expendio de medicamentos cuentan con el empleado conocedor de combinaciones de drogas blancas, auscultador de las enfermedades de los clientes y recetador. De estos establecimientos comerciales nacieron las actuales farmacias, reemplazando al tradicional boticario por el farmaceuta.
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BAREQUERO. Persona que en una batea de madera se dedica a lavar arena de aluvión buscando chispas de oro. YERBATERO. Curandero con una variedad de recetas de plantas medicinales. YERBATERA. Mujer que al decir de la gente tiene poderes y secretos para “enyerbar” a las personas o proporcionarle maleficios con bebedizos. Sus servicios no son gratuitos y algunas llegan a ser damas pudientes y respetadas, otras son calificadas de brujas. MEDIQUILLO. Curandero o “sanador” que no sólo se atreve a recetar sino que practica pequeñas cirugías, gracias a los conocimientos adquiridos en la “universidad de la vida”. Reemplaza en la comunidad al chamán indígena. . CACHARRERO. Vendedor ambulante de chucherías, telas, espejos, jabones, machetes, almanaques Brístol, novenas y vermífugos, y que recorre las veredas y recibe como pago en trueque: gallinas, huevos, café, cacao y hasta terneros y cerdos. Cuando entra en confianza ejecuta encargos o sea traer cosas: máquinas de coser de manivela, masas para el trapiche, herramientas, vitrolas, ortofónicas, barberas, cobijas y ruanas. CURA GUSANOS. Misterioso personaje que conoce, según dicen, “oraciones secretas” para sacarle los gusanos a las reses y al cual se recurre con sigilo para “desengusanar” los animales a distancia o a domicilio. HOMEÓPATA. Especializado en tratamientos de enfermedades y dolencias del alma con droga blanca, recomendaciones de mejoramiento espiritual y plantas tratadas o concentradas. Perfil de alquimista o psicólogo pueblerino. Comúnmente denominado “brujo”. Su experiencia surge de cursos con reconocidos homeópatas y en escuelas con énfasis en dicha formación. TEGUA. Personaje que ejerce combinando actividades de mediquillo,
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yerbatero y homeópata. Se distingue por tener consultorio establecido y pacientes. El que finge ejercer la medicina sin título académico. Algunos teguas son desertores de estudios universitarios o enfermeros habilitados. RIZADORA EN FRÍO Y CALIENTE. En la década del cuarenta (1940-1950), la moda femenina impuso los rizos en los cabellos logrados con rulos y cabello envuelto en papel aluminio de cajetillas; elemento constituido en un apreciado rebusque de los muchachos. El papel es untado con pastillas que producen calor, constituyendo “rizado en frío”. La introducción de rulos con resistencia eléctrica, origina el “rizado en caliente”. Las rizadoras fueron comunes en la provincia motivo de este documento. Utilizaban como fijador para el cabello, en vez de laca, los “cunchos” sobrantes de cerveza. LAVANDERA Y APLANCHADORA. Encargada de lavar la ropa de las familias acomodadas. La labor era cumplida en quebradas y fuentes de la vecindad. La aplanchada o sea desarrugar la ropa, se hizo en un principio con elementoscomo la plancha calentadora metálica y puesta al rojo vivo que se tomaba con gruesos trapos y se aplicaba previa instalación de trapos mojados sobre la prenda. Luego se utilizó la plancha de carbón, vapor y eléctrica. Muchas familias pudieron educar y hasta profesionalizar a sus hijos con el ingreso de la referida labor. La “almidonada”, actividad conexa al aplanchado consistente en aplicarle a las prendas – vestimenta - engrudo de almidón para entiesarlas y darles elegancia, de conformidad con la exigencia de la época. PARTERA O COMADRONA. Encargada de atender los partos. El servicio era prestado en casa de la señora embarazada y con domésticos tratamientos. Los siguientes ocho días cuidaba en el post-parto y asesoraba sobre las condiciones de comportamiento en los cuarenta días de dieta. MATRAQUERO. Oficio temporal – Viernes y Sábado santos -, desempeñado por un típico personaje encargado de tocar la “matraca”; instrumento consistente en una caja de madera con eslabones. Famosas son las matracas de Pácora (Caldas).
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FORCHERO. Vendedor de aperitivo “forcha”. Fermentado de hierbas aromáticas y miel, en barril de madera bien amarrado y con una llave por la que se extrae el espumoso producto. Además, alterna su oficio con la venta de sirope, es decir miel de panela con canela y disuelta en agua POLVORERO. El fabricante de juegos pirotécnicos infaltables en las festividades religiosas y cívicas. Actividad de alto riesgo y causa de varios siniestros en la historia comarcana. El precario ingreso de este oficio origina la frase: “Volador hecho, volador quemado”. ESCOGEDOR DE CAFÉ. Después de 1920 se incrementó el cultivo del café y en los pueblos instalaron trilladoras para procesar el grano, actividad esta que exige, aunque lo haya desplazado la automatización, su selección manual, incorporando una apreciable mano de obra femenina. PAJARERO. La especialidad de este personaje era capturar “aves cantoras” (turpiales, loros, sinsontes y mirlos) para venderlas en la plaza de mercado. Complementa su oficio con la fabricación de jaulas, gallineros con lata de guadua, trinchos para atajar cerdos y trampas para coger chuchas y lobos. DOBLADORA O TABAQUERA. Labor que consiste en fabricar artesanalmente tabacos y calillas (cigarro delgado). El procedimiento se da en alisar hojas untándole agua de panela, hacer la picadura y doblar el tabaco (hacerlo) Actividad muchas veces clandestina. HERRERO. Encargado de poner herraduras, pulir y motilar las bestias de carga (macho, mula y caballo). Los animales amarrados en las bocacalles esperaban su turno. Conexo a su oficio estaba el de valonar las bestias, es decir, motilarlas. PESEBRERO. El que cuidaba los animales de carga y monta. Las pesebreras, equivalente a los garajes de ahora, abundaban en los caseríos ya que no existían las carreteras veredales y en cada finca proliferaban
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los animales de carga y monta (buey, caballo, mula o macho), los mismos que en días de mercado llenaban las calles del pueblo. Los animales sueltos o descarriados eran llevados al “coso” municipal consistente en un pequeño potrero y castigados sus dueños con multa; algunos propietarios pretendían justificar la falta con la frase: “es que a vaca ladrona, no se le olvida el portillo”. MANDADERO. Las familias prestantes, “pudientes” o “dediparadas”; tenían su paje o persona que hacía las “vueltas” de la casa. También existían personas que efectuaban mandados a las fincas. CORREO. Personaje que a pie llevaba o traía encomiendas de pueblos vecinos. Se caracterizaba por su honradez y valentía. También se le denomina cartero. Transportaban hasta varias libras de oro de las minas al pueblo y nunca se tuvo noticia que por su culpa se perdiera un gramo del valioso metal. TINTERILLO O RAULA. Persona que ejerce el derecho sin título académico. Redacción de memoriales, contestación de demandas y asesor de paisanos en asuntos jurídicos. Algunos ejercían como agriagrimensores y jueces pobladores. ESCRIBIENTE. Persona especializada en escribir o leer cartas de amor, declaraciones románticas, recados de despecho, comunicación familiar o comercial. Los instruidos de la época, cuando muy pocos sabían leer o escribir. Los ciudadanos recurrían a su servicio convencidos de su ilustración y eficiencia, y muchos por medio de ese intérprete de sus más íntimas emociones, sentimientos e ilusiones, lograron lo propuesto: casarse, morir de remordimiento y despecho, realizar una ilusión y hasta suicidarse con justificación escrita. CALÍGRAFO. Quien elabora en letras de estilo, con plumilla o encabador y pluma, tinta china o negro de humus; casi siempre con tipo gótica en memoriales, pergaminos, menciones honoríficas, diplomas, heráldica y árboles genealógicos. El esporádico ingreso de su trabajo lo obligaba a atender otros menesteres: director de banda del pueblo, inteLo típico en tierra de colonización antioqueña

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grante de grupo de canto, voz en los coros de la iglesia o vendedor de rifas y cantarillas. CAMPANERO. Especialista en tocar – tañer - las campanas de la iglesia. Conocedor del toque de campanas según el mensaje religioso o social, que se quiere comunicar. En su trabajo no solamente atiende los actos litúrgicos, si no que también prestaba un apreciado servicio cívico: redobles anunciando calamidades públicas. Toque seguido comunicando alarma o incendio. Alegre tañer de campanas con mensajes de alegría en festividades o eventos especiales. La campana fue un cotidiano medio de comunicación, siendo “La Voz de Dios y la voz del pueblo” y los pobladores entendían sus mensajes cifrados en tono y timbre de la mayor o la menor, según el acontecimiento promulgado. Las campanas no solamente sonaban desde el alto campanario, si no que manifestaban sentimientos de dolor, tristeza, alegría, miedo y hasta terror. Parecían humanos porque hasta eran bautizadas: La Santa María y La Carmela, Santa Inesita y Santa Bárbara. ENTERRADOR O SEPULTURERO. Persona encargada de dar cristiana sepultura – enterrar - y exhumar cadáveres o restos. Dependía de la “Junta Parroquial” y su bajo salario lo reajusta blanqueando bóvedas y monumentos funerarios, fabricando cruces y adornando tumbas. Hay que explicar que hasta mediados del siglo XX (1950), las cruces y otros elementos de los cementerios de provincias de colonización paisa solían pintarse del tétrico color negro. La mayoría de sepultureros provincianos obtenían una renta adicional, al exhumar los restos – a los cinco años - actividad que aprovechaban para extraer casquetes de oro, que pesaban hasta 10 gramos (dos castellanos) de las sonrientes calaveras. Los patriarcas, matriarcas y quienes quisieran ostentar de buen gusto, tenían la costumbre de revestir sus piezas dentales con láminas de oro (casquetes) lujo que llevaban hasta la tumba y era un sacrilegio quitárselo al fallecido. Muchos apodos surgieron de esa costumbre: “bocadioro”, “minadioro” y “sonrisa de oro”. REVISTERO. El que vende, alquila o cambia revistas y libros de pistoleros. Local con bancas para la lectura de revistas. Alterna su oficio
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con el de vender periódicos y novenas de Santos. ENMARCADOR. Trabajo consistente en organizar marcos para cuadros y alterna el oficio con la venta de vidrios, láminas y repisas. ZORRERO. Oficio consistente en cargar cosas en una carretilla manual o tirada por un caballo. EBANISTA. Especialista en fabricar muebles terminados con idoneidad en la materia. Apropiadas técnicas en el tratamiento de madera con adecuadas herramientas: escoplo, prensas, garlopa, escuadra, pegamento de “cola” y milimétrico ajuste o ensamble. Su artesanal obra se puede inventariar así: cómoda, alacena, baúl, cama, nochero, comedor, marco tallado de espejo y cuadros, taburetes y balcones, puertas y ventanas ornamentadas. Conexo a la actividad de ebanista están: calador, tornero, tallador, emporador, cepillador, lijador y taponador. CARPINTERO. Hábil trabajador con martillo, escoplo y serrucho. Fabricante de muebles típicos, populares o rudimentarios. Instalador de puertas y ventanas. Ajustador de entablados de casas. Fabricante de estructuras de madera y guadua para viviendas. Ensamblador de maderas con empates de: “pate gallina”, “rayo”, “traslapo”, “sesgo diagonal”, “redondo”, “patillado”, “caja”, “horqueta” y “cuña aguja”. Reparador de habitaciones. Heredero del santo y humilde oficio de San José. TORNERO. En dos especialidades: la de torneador de maderas y la persona que en el torno realiza trabajos con elementos metálicos. TIPÓGRAFO. Propietario de una pequeña imprenta con cajas de letras fundidas en plomo. En su habilidad ejecuta varios oficios conexos: linotipista, tarjetero, redactor, corrector de pruebas, periodista y editor. Casi siempre oficiaba como el “periodista del pueblo”, declamador, poeta y orador oficial.
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POLICÍA ESCOLAR. Personaje de ruana y carriel (bolso de cuero con tapas y bolsillos, que se lleva colgado a media cintura; llamado también guarniel), cuyo oficio consistía en vigilar y cuidar que los muchachos asistieran y cumplieran con los deberes escolares. Cuando algún alumno se escapaba de clase lo buscaba con esmero y con seriedad lo traía a la casa donde recibía severo castigo o “juetiada” (castigo con correa de cuero o un rejo) de los padres que no perdonaban la falta. Entonces la educación con su presencia se volvió más que obligatoria. COSTURERA. Persona que cosía ropa femenina: batas, batones y blusas. En un principio efectuaba la labor a mano, puntada por puntada, con el dicho: “no da puntada sin dedal”. Luego utiliza la máquina de coser (Singer) de manivela, pedal, semi-industrial e industrial con motor. MODISTA. Costurera con especialización en corte y confección con molde, sobre medidas e imitación de moda de “figurín” – revista -. De este oficio surgen otras labores: “ojalatera”, “enrriatadora”, “forradora de hebillas y botones”, “plizadora”, “tejedora” y “ribeteadora”. SASTRE. Elaborador de vestidos elegantes generalmente de color negro y paño “pisado” y en tres piezas: pantalón bota de campana, chaleco y saco cruzado. Relacionado con este oficio estaba el de “pantalonero” que sólo sabía hacer pantalones de dril o cargazón. PANADERO. Quien elabora panes, mecato, bizcochos, pastelería y parva (tostada, rosca y dulces). “Buñuelero” quien sólo se dedica a los buñuelos. FRAGÜERO. Artesano que utiliza la fragua o sea el doméstico calentador de metales. Forja. Instrumento de bolsa de piel dispuesta para soplar aire a la fragua y de su uso se deriva el nombre de “forjador”. Productos elaborados: herramientas, herraduras, masas para trapiches y hasta escopetas de fístol, espadas y lanzas. Relacionado con el oficio, se encuentra el de armero. FUNDIDOR. Los establecimientos denominados “fundiciones” fueron
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fundamentales para el desarrollo de la sociedad colonizadora. La labor consistía en fundir el hierro y vaciarlo en moldes con arena. Así muchas herramientas fueron fabricadas como machetes, herraduras, hachas, azadones y regatones. En su temple y pulimento final intervenía el forjador. TALABARTERO. Artesano del cuero. Fabricante de aperos, sillas para bestias de cabalgadura, guarnieles, zamarros, vainas para peinillas, cubiertas repujadas de baúles, correas y rejos. Conexo a su labor estaba la de curtidor tratando las pieles para poder ser trabajadas. ZAPATERO. Fabricante de zapatos de cuero curtido y suela pisada. Realiza todo el proceso: tomar las medidas, cortar el material, trabajar sobre los moldes de madera, guarnecer, entintar y coser. Como trabajan sábado y domingo, descansan el lunes; por eso en la provincia se llama a ese día: “Los lunes del zapatero”. REMENDÓN. El que repara zapatos viejos. RELOJERO. El que repara relojes. Los más comunes: el de bolsillo “Ferrocarril de Antioquia” y los de péndulo o campana. TAPABEQUES O TAPAOLLAS. Personaje que con un cautil, soldadura de estaño, remaches de cobre o aluminio, remienda y tapa los agujeros que por el uso van adquiriendo los domésticos utensilios: olla, sartén, chocolatera, paila “chicharronera” y bacinilla. Apreciados elementos que por su costo no se podían despreciar. Las pailas de cobre son remendadas por los gitanos, quienes dominan el arte de repararlas. DENTISTA. Encargado de tratamientos dentales. La mayoría con título informal de escuelas con énfasis en dicha actividad. Los odontólogos titulados eran (aún lo son) escasos en la provincia. Son típicos los consultorios con fresadora movida a pedal y los avisos colgados frente al local: “se hacen cajas de dientes instantáneas”, “se instalan puentes removibles o fijos” y “se sacan muelas con o sin dolor”.
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FOTÓGRAFO O RETRATADOR. A principios del siglo XX (1915) llegan los primeros fotógrafos a la provincia y empiezan con su labor a perpetuar la imagen de pobladores y vida cotidiana. Dos tendencias surgen de la actividad reseñada: La del fotógrafo que instala su equipo y laboratorio en un determinado local y la del típico personaje “ fotógrafo de agüita” o “fotógrafo de cajón” que ubica su equipo en el parque principal del pueblo y procede a sacar fotografías instantáneas o de “ponchera”; casi siempre acompaña su labor con la del “lorito adivinador”; verde animalito amaestrado para extraer tarjetas de la suerte de un gabinete. FONTANERO. La actividad presenta la siguiente evolución: en el incipiente acueducto de canal abierto o nivel que recorre el caserío, es el encargado de limpiar la acequia, cuidar la bocatoma, vigilar la normal distribución en los “chorros” – fuente comunitaria -, controlar “las pajas”, es decir el servicio de agua que compraban las familias pudientes y cuyo consumo se cobraba por llave en uso. En el acueducto moderno de tubería: limpiar los tanques, instalar agua a viviendas y echar o suspender el agua a las casas o al pueblo. También efectuaba trabajos de constructor de alcantarillas de tejón, inodoros de hueco, letrina, instalación de arietes o sea bombas para subir agua. Sierra, pala, tarraja y tubos lo distinguían. JABONERO. El que elaboraba jabones para uso doméstico – lavar ropa porque el producto para el aseo personal era proporcionado por el fabricante de “jabón de la tierra”. Las jabonerías constituyen las primeras fami-empresas y están activas hasta la década del treinta (19301940), cuando la apertura de carreteras permite que lleguen de otros mercados jabones de mejor calidad y más baratos. VELERO. Elaborador de velas de sebo y parafina, producto con una gran demanda por la carencia de fluido eléctrico. Sustituyó la cotidiana iluminación con teas o higuerilla ensartada en palos. Las velerías constituyen fami-empresas en la naciente sociedad provinciana. PELUQUERO. Persona que efectúa el corte de cabello. Ahora reemLo típico en tierra de colonización antioqueña

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plazados por el estilista, y la tradicional peluquería por el “salón de belleza”. BARBERO. Oficio afín con el de peluquero, que con afilada navaja – barbera - rasura la barba y el bozo de los ciudadanos, previa enjabonada y posterior empavonada con olorosa loción o saturación de heridas con piedra-lumbre. Su delicado y peligroso oficio (para el cliente) origina la frase: “más peligroso, que un barbero con hipo”. PAJERO. Especializado en hacer los techos de paja de los ranchos. SACRISTÁN: Empleado de la parroquia que realiza menesteres de adecuación de elementos litúrgicos como preparar el vino, las hostias de consagrar, la vestimenta para la celebración de misa, tocar las campanillas, organizar los incensarios, prender y apagar velones, velas y veladoras, abrir y cerrar las alcancías y vestir los santos. La barrida y aseo del templo lo hacían devotas damas de órdenes tales como: las “Coordimarianas”, “Las hijas de María” y “La Acción Católica”. Algunas señoritas solteronas le colaboraban en sus oficios y de allí surge el dicho: “Se quedó para vestir santos”. TELEGRAFISTA. A finales del siglo XIX (1890) se empezó a instalar el avance técnico del telégrafo en los principales pueblos de provincia para lo cual se prepararon personas en el lenguaje Morse de puntos y rayas. Servicio cobrado por palabra a precio de oro. TELEFONISTA. Paralelo con el telégrafo se implementó el servicio de telefonía intermunicipal y local. La oficina era atendida en un principio por el telegrafista. Cuando se establece un limitado servicio urbano con teléfono de manivela y grandes pilas, la telefonista concentra su función en intercomunicar llamadas por el sistema del clavero y el audífono: “Páseme por favor el 91”. Las llamadas de larga distancia requerían de un mensajero telefónico, que salía a toda carrera como un loco por el pueblo, en búsqueda del que tenía la comunicación pendiente. ALAMBIQUERO. Fabricante de licor clandestino. Destilación en imLo típico en tierra de colonización antioqueña

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provisados alambiques. CHIRRINCHERO. Vendedor de licor de contrabando o “tapetusa”. También se designa con ese nombre a los celadores de renta. CARNICERO. El que vende carne de res o de cerdo. El “ desgüezador” es el ayudante que extrae los huesos de la carne o los pica. MATARIFE. El encargado de sacrificar los animales en el matadero con sus especialidades: el de reses y el de cerdos, estos últimos animales rendidos con puñalada marranera y quemados con helecho. DOMADOR O ARRIENDADOR DE BESTIAS: Los animales destinados a cabalgadura o carga, en su estado de cerreros necesitan ser domesticados (domados para el trabajo). En el refinamiento del paso interviene el montador o chalán. SERENATERO. Oficio temporal de músico integrante de dúo o trío, que ameniza fiestas y realiza serenatas por encargo. El mensaje musical de los serenateros es la mejor expresión de sentimientos románticos. TENDERO. El propietario, administrador y vendedor (todos los oficios) en un negocio de abarrotes. Las tiendas como establecimientos comerciales tuvieron su importancia social y económica porque no solamente vendían productos, ya que adquirían por trueque o depósito los productos agrícolas: la panela del trapiche, el maíz, el fríjol y el cacao. Los tenderos fiaban o compraban cosechas por anticipado, a bajo precio por supuesto, constituyéndose en financistas de colonos o aparceros. CANTINERO. Administrador de negocio donde se expende bebidas embriagantes – cerveza o aguardiente -. Gran conocedor de los resabios de los borrachitos y “goteras”. En un principio le daba manivela a la vitrola (música molida), luego se especializó en discómano, colocando la música que le gusta a la clientela.
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MAESTRA RURAL. Las primeras escuelas funcionaban en la casa principal de la hacienda y la maestra permanecía hasta varios meses viviendo en el lugar y recibiendo como pago en especie: maíz, fríjol, panela, gallinas y hasta terneros, más unos cuantos centavos. Este personaje se constituía, además, en consejera comunitaria, organizadora de la romería y líder en obras como la apertura de un camino, construcción de puentes o la primera escuela. Servía de medio de comunicación entre la aislada colectividad campesina y las primeras autoridades del pueblo. Casi siempre terminaban casadas con el hijo del patrón. TODERO. Persona que dice saber o entender varios oficios. El recurrente paisano que sirve para todo. REBUSCADOR. Labor para obtener un ingreso adicional o propiciar el ahorro familiar. Entre las actividades más comunes del rebusque se precisan: “rellenera”, “choricera”, “sancochera” (la que vende comida en la plaza de mercado), “tamalera”, “lavadora de pisos”, “pescador”, “guaquero” “cazador”, “escobero” (el que fabrica escobas de iraca), “bizcochera”,“tejedora”,“músico”, “pintor de brocha gorda”, “lechero”, “huevero”, “aguatero”, el que carga el agua, y “remalladora” o tejedora de medias de nylon.

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OTROS OFICIOS NO MENOS IMPORTANTES El que trabaja la cabuya o fique en la enramada o máquina carrizo, consistente en dos palos pasados con un trinchete, donde se exprimen y deshilachan las pencas para elaborar los siguientes productos artesanales: costal, enjalma, “ritranca”, lazo común, la cincha, jáquimas, alpargatas, jíquera y líchigos. El que tiene un tejar y cuando requieren los productos de tejas y ladrillos trabaja con la familia en su elaboración. Los tejares fueron imprescindibles para el desarrollo urbanístico del pueblo y las casas campesinas, pues las nuevas viviendas exigían miles de tejas. El que trabaja la madera con hachuela para elaborar: pilón, beque de palo, bateas, cucharas de palo y hasta las primeras estatuas de madera para la iglesia. La inicial vajilla del colono era de madera. El que hace “perreros” y zurriagos en palo de verraquillo. El que trabaja con la guasca seca de plátano, elaborando petates (alfombras de venas de hoja de plátano) y porta-huevos. La que cose colcha de retazos o teje manteles. En el teatro laboran: “boletero” (el que vende las boletas), portero, vigilante, operador y auxiliar. La sirvienta de la casa que con los años acaba por volverse parte de la familia. El “afilador” que saca filo al hacha, machetes y otras herramientas. El “chichero” fabricante de bebida embriagante hecha con agua, miel y cáscara de piña, enterrada hasta dos meses en olla de barro. El “guarapero” que elabora bebida embriagante con guarapo o sea líquido de la “caña gorobeta” sometida a una rápida fermentación.
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TÍPICOS ELEMENTOS DE LA ARRIERÍA

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El “trapichero” que tiene un rudimentario trapiche o “doma-yernos” para extraer guarapo, que hervido convierte en miel y en un proceso más avanzado elabora: panela, blanqueado o estirados (caramelos). En la molienda o trapiche trabajan: “atizador”, “bagacero”, “pesador”, “maquinista”, “remallador”, “cortador y cargador de caña” (dispone la caña dulce al pié del trapiche), “pailero o descachazador”, “mielero” y pesador o “empacador” o sea el que moldea y envuelve la panela en hojas secas de plátano y la empaca en los costales. En la finca. El “pión” (jornalero raso). El “cosechero” o “aparcero” que cultiva cediendo un porcentaje de lo producido al propietario. El “ordeñador”. El “garitero”, el jefe o capataz de corte, el “contrata” que mediante contratos por tajos o lotes desyerba, desmatona, “alambra” (hacer cercos de alambre de púas), socalar (entresacar rastrojo en un monte y podar árboles) o abre las chambas como linderos del predio. Por la carencia de alambre de púa los predios eran delimitados con profundas zanjas (Chambas), cercas de pencas o latas de guadua. El “patiero” que revuelve y cuida el café que se está secando. El “vaquero” encargado de las reses. El patrón dueño de la finca. El arriero encargado de movilizar los productos agrícolas y alimentar las bestias. La guisandera o “alimentadora” encargada de cocinar y repartir los alimentos. El administrador o agregado. En la familia.La que cuaja quesos y bate mantequilla para venderla en el mercado, aprovechando las vacas lecheras. La señora que pila la yuca para luego extraerle por precipitación el almidón casero, que luego vende por arrobas en las panaderías del pueblo. La actividad familiar de cuidar gallinas y cerdos “alcancía de pobre” para negociarlos. El aserrador que tala árboles para sacar piezas de madera: tablas, cuartones, tablones, orillos y largueros. Los muchachos recolectores de higuerilla para venderla por puchas. Estas semillas servían para extraer un valioso aceite o ensartadas en una varilla reemplazaban las velas. Las señoras que hacen con la semilla de cacao, bolas de chocolate agregándole un poco de harina, o tuestan café en cayana con panela requemada; productos que canjea en la tienda o sirven de pago para la costurera o los diezmos de la parroquia.
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TÍPICAS Y SABROSAS COMIDAS

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TÍPICA Y SABROSA COMIDA. “No hay mejor comida, que una buena hambre” La alimentación del colono antioqueño atendía a estos principios: comida sin aliño es rechazada, para lo cual usaban en apreciables cantidades el condimento: cominos, la cebolla de rama, el tomate y el cilantro. Lo agridulce no funciona. Abundancia en harinas en especial las provenientes del consumo del plátano, maíz, arracacha y yuca. Comida con abundancia de grasas, preponderante en manteca de cerdo y la carne con gordos. La responsabilidad culinaria recae en la experiencia de la guisandera. La buena comida define la vida del colono y por eso se usan dichos como: “Amor con hambre, no dura” y en cuanto a los elementos comestibles, bien lo define el refrán: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Etiqueta. La bendición o gracias en la mesa al iniciar y terminar el consumo de un alimento, es arraigada costumbre religiosa. Primero se le sirve a los mayores y luego a los menores. Primero se come lo salado y luego lo dulce, bien dulce, porque sino aplicaban el refrán: Más simple, que beso de boba. En el menú se aplica el dicho: Cuando la cena es candela, el desayuno es agua. La mucha miel, empalaga. Dicen: Que en la mesa y en el juego, se conoce al caballero. No se debe oler frente a los presentes el alimento que se va a consumir. Siempre se debe dejar un pequeño sobrado para el perro, las gallinas o los cerdos. No se deben chupar los dedos o lamer los platos, de esta norma de etiqueta se excluyen los niños y los perros. Ante la carencia de cubiertos o sea cucharas, cuchillos y tenedores se permite coger o desmenuzar la mayoría de los alimentos comestibles con las manos: La gallina y el marrano, se come con la mano o sorber (bogar) chupando los líquidos. Siempre se debe poner en práctica el dicho: “Barriga llena, corazón contento”, aunque desde el desayuno se sepa, que va a ser el almuerzo, porque donde comen dos, comen tres, más no todos a la vez y “de la mano a la boca, no se pierde el sancocho”.
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COTIDIANA CULINARIA. El preparito o “chinazo”: comida rápida para atender al visitante, mientras se le sirve la vianda principal. “Chinazo” se origina del uso del elemento “China”, pequeño ventilador triangular elaborado con venas de hojas de cañabrava o iraca. El repelado de olla. Delicioso raspado de recipiente donde se ha cocinado un alimento. El encurtido. Picadillo de cilantro, cebolla y tomate con sal y limón. El ahogado u hogao. Tomate, cebolla de rama picada, frita en manteca y que se consume untándola a la arepa o agregándola al plato de fríjoles o los huevos revueltos. El caldito sustancioso o “levanta muertos”. Caldo preparado con carne de pollo tierno más bien simple, sin aliños y recomendado a convalecientes, purgados o señoras en dieta. El recalentado. Sobrantes trasnochados de alimentos, generalmente fríjoles, que se recalientan al día siguiente en el sartén, agregándole tomate, cebolla de rama y manteca de cerdo. Las migas. Arepas de día anterior, que son desmenuzadas y fritas con manteca de cerdo y huevos. El aguasal. Cocinado de huevos en sal, bien sea revueltos, enteros, duros o blandos, según el gusto. Antes de servirse se le agrega cilantro picado. El fiambre. Cocinado de yucas y papas sudadas en buenos aliños y condimentos, con carne de cerdo, res o pollo y envuelto en hojas de plátano o “bihao”, doradas. Típico elemento consumido en paseos y viajes. El casado. Dos elementos para ser consumidos a la vez y de diferente sabor (dulce y salado), por ejemplo: gelatina blanca y buñuelo, arepa y
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aguacate, bocadillo y leche, mecato con Kumis o sirope, arepa y queso, mazamorra y panela o chicharrón. Carne tasajeada y curada. Un medio para conservar las carnes de monte, res o cerdo, consiste en cortarlas en tiras (lonjas) salarla, algunas veces con sal de nitro y colgarla encima del fogón de leña para ahumarla, proceso denominado “curar”. En el mismo lugar se cuelgan los chorizos y el “güesito gustador”. Calados. Plátanos, bananos, yucas cocinados en panela – Sabroso el hecho en paila mielera -. En igual forma se elaboran con papayuela “tapaculos” (los muchachos al consumirlas crudas podían sufrir estreñimiento), limones, tomate de árbol, auyama con leche, brevas o frutas silvestres. El calado en su refinamiento recibe el nombre de “dulce”. Caspiroleta. Compuesto de leche, panela y huevo batido constantemente sobre fuego, al dejarse de agitar se puede cuajar. Algunos le agregan miel de abeja y vino. Recibe varios nombres: “El jarabe del amor” o “Ven pacá”. Ponche. Clara de huevo batida hasta quedar en punto de nieve, en forma inmediata se le agrega la yema y miel. Se le puede adicionar piña picada, vino, anís, vainilla o raspado de cáscara de limón. La postrera. Leche caliente, espumosa y recién ordeñada que al atardecer se sirve en totuma y se acompaña de panela o banano pecoso. La calostra. Leche de vaca recién parida. Con la misma se prepara el amarillento requesón. La panocha. Arepa de maíz tierno (choclo) con sal y a veces se le agrega mantequilla de vaca y queso. Se elabora echando el contenido en un sartén y cubriéndolo con el rescoldo. El sirope. Bebida de miel de panela hervida con canela, limoncillo hervido y clavos para ser ingerido al mezclarse con agua fresca. En toldos de mercado pueblerino sustituye el refresco gaseosa.
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La limonada. Raspado de panela con agua y limón. La colada. Hervido espeso o cuajado de harinas y agua con sal o dulce. Entre las diferentes coladas se encuentran: la elaborada con maíz molido choclo, la de harina de plátano, guineo, la dulce con leche y almidón. La natilla. Es típico comestible antioqueño, que fue entronizada como especial vianda para la celebración navideña o sea la Natividad del 24 de diciembre y la de “Reyes” en el 6 de enero. La arraigada costumbre de la “natillada”, se ha vuelto una tradición regional, que en su momento de celebración concita a la unión familiar y revive plácidos recuerdos de jolgorio, felicidad y amistad. La natilla más que un apetitoso comestible, se ha entronizado como connotado símbolo afectivo de la raza antioqueña. Tradicional elaboración: se toman varias puchas ( medida próxima a una libra) de maíz y se procede a pilarlas para quitarle los afrechos, dispendiosa labor, que casi siempre realizaba el más musculoso de la casa. Ya pilado el maíz su contenido es molido, remolido y por varias veces es pasado por un colador o cedazo y se procede a echarlo en una paila o amplio recipiente metálico, agregándole panela y canela, sometiéndose al fuego, mientras y en forma constante se va revolviendo con el mecedor hasta que, después de un buen tiempo se va cuajando, llegando al punto. Existía la costumbre en diciembre de intercambiar platos de natilla con los vecinos, como en una competencia de quien elaboraba la mejor. Lo cierto es que cada familia tiene su fórmula secreta para hacerla y por eso cada natilla tiene su marcada diferencia. El comestible hasta se ha prestado como piropo: “Esa se mueve más, que natilla de pobre”. Miel de “caña gorobeta”. Es común el manual y doméstico trapiche de madera: “quiebraculos”, “matagente” o “amansa yernos” (se probaba al futuro yerno poniéndolo a exprimir en el manual aparato varias cargas de caña); hecho con rudimentarias masas de madera para extraer el guarapo de la caña dulce, la que es hervida hasta convertirla en miel. Así se guarda en coco de guadua para su consumo. En un proceso más avanzado, el faLo típico en tierra de colonización antioqueña

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miliar trapiche se transforma en molienda con mayal tirado por bestias o rueda movida por agua, horno, cajón “cachacero”, pailas y bagaceras, propiciando la producción de panela por atados, producto aclarado con elementos naturales: cadillo, corteza de yarumo y cebo. El sobrante o sea las impurezas de la saca de panela se denomina cachaza o miel de purga, que con previo fermentado sirve para alimentar los animales de carga. Muchos asumen el riesgo y construyen alambique o “muñecos” para destilar el tapetusa o clandestino aguardiente. Al exprimirse la caña, el contenido es fermentado para elaborar “El guarapo”. Aguapanela o agua de panela. Otro nombre que se puede asignar a los descendientes de colonos antioqueños es el de “aguapaneleros”, originado en el habitual consumo de agua hervida con panela o sea el producto de la caña de azúcar en su proceso de cocinado en las pailas. Tamal. En la provincia –Eje cafetero- el comestible se elabora con abundantes aliños (mucho comino), cebolla picada de rama, yuca y papas sudadas; carnes de res, cerdo o pollo, elementos cubiertos con masa de maíz. El contenido tiene como envoltura hojas de plátano doradas o “bihao” y luego son hervidos en forma directa o cocinados al vapor. Hay un dicho usado como piropo: “Tiene más carne, que un tamal para el cura”. Empanada. Comestible elaborado con carne molida o desmechada, papas y aliños encerrados en masa de maíz, para luego ser fritas. La arracacha (tubérculo) le confiere un típico sabor a la empanada regional. Muchos de los templos de este sector fueron financiados en su construcción con las empanadas parroquiales vendidas en los atrios. Rellena. “Menudo” o sea el intestino del cerdo bien lavado con limón y a veces hasta con jabón, el cual es embutido con arroz cocinado, aliños, sangre del mismo animal, sal y ramas (poleo), para proceder a cocinarlo. Recibe también el nombre de morcilla y “tubería negra”. La apreciación de su color propicia el dicho: “Aunque el cerdo sea blanco, siempre la morcilla es negra”.
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El blanqueado o estirado. Caramelo blanco envuelto en hoja de plátano seca y elaborado a partir de panela derretida o miel gruesa a punto, bien caliente y estirada a mano por varias veces en horqueta de guayabo. Los huevos. Fritos, “mergidos”, revueltos o cocinados. - Por esa época, siempre en manteca de cerdo - . Los huevos cocinados duros o blanditos sirven de “calma hambre” en largas caminatas. El huevo ha tenido su importancia, pues es el mejor regalo en el cumpleaños del muchacho, en su especialidad huevo entero con sal y arepa. Es costumbre echar a empollar “el huevo de las ánimas”, que en la malicia del paisano es el que se agüera o no sale - Tan de malas las ánimas benditas del purgatorio Gelatina negra. Las patas de res (los carniceros las encimaban) son quemadas para quitarle los pelos y se raspan, procediéndose a cocinarlas enteras para ablandarlas. Se seleccionan: el aceite de pata para ser guardado y utilizado como remedio; los huesos para los perros o para quemarlos y elaborar abono orgánico; los cascos en su contenido para ser cocinados con los fríjoles; los “ñervos” son molidos y vueltos a cocinar y se le agrega panela y revuelven para que cuaje, moliéndose y colándose el contenido, el cual se vuelve a hervir. El producto final, la negra “jalea de pata” a la cual se le endilga poder afrodisiaco. En un proceso más avanzado y previo estirado se elabora la “jalea blanca”, que es untada con almidón para su conservación. Kumis. Compuesto de leche fermentada y sacudida con azúcar, soda y algunas gotas de licor. Claro. Agua hervida de maíz. Calma sed o “bogadera”. El maíz. Generación maicera por tradición ha sido la del antioqueño. Símbolos del producto agrícola maíz, que identifican esta cultura son: la arepa (pan de maíz) y mazamorra simple. El colono improvisó herramientas para su procesamiento: el pilón de piedra con su masa; el pilón de madera de diferentes tamaños con forma de copa; los coladores para atrapar el afrecho, elaborados en cuyabras agujereadas o cernidores tejiLo típico en tierra de colonización antioqueña

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dos con crines de caballo; la olla de barro “mazamorrera”. El almacenamiento y conservación del producto obliga la organización de rudimentarias alacenas, sustituidas muchas veces por el hollinado zarzo, donde se cuelgan las trojas, es decir las mazorcas de maíz con capacho y que así duran hasta seis meses. Otro proceso para conservar es de previo tostado en cayana, generando los productos: “harina de maíz” o “harina de meme”, cuando se envuelve en hojas secas de “bihao”. A la harina tostada y con panela los muchachos la denominan “gamuza”. Otros productos derivados del maíz: mazamorra cocinada en su misma agua (claro) y agregándole ceniza para que no se corte. Las tortas de choclo fritas en manteca de cerdo. La panocha. Las arepas en sus diferentes formas y colores: amarillas, blancas, grandes, chiquitas, planchas, redondas, de “mote”, “estacas” e “indios”. Arepas de maíz pelado o sea las que se elaboran con el maíz completo (sin trillar) cocinado desde el anterior día y que se echa en ceniza limpia para que el grano suelte el afrecho (cubierta), luego se lava y se vuelve a cocinar y después es molido, algunas veces con chicharrones de cerdo, se amasan y asan en brazas de carbón. Con el afrecho sobrante se pueden elaborar también arepas de cuzcuz, previo cocinado. Arepa panocha: se elabora con maíz choclo molido y colado, al cual se le agrega sal, a veces mantequilla de vaca o queso y se ponen a cocinar en sartén rodeado de brasas o rescoldo. Cuando se llevan al horno se les agrega un poco de levadura, quedando como pan de maíz. Arepas de maíz sancochado: se elaboran con maíz amarillo sin trillar, que es cocinado hasta ponerlo blando, luego se muele con trozos de panela, se le agrega una pizca de sal, se amasan y ponen a asar, algunas veces al consumirse se les unta “hogao” o sea picado de cebolla y tomate fritos. La acción de pilar origina el dicho aplicado a la fidelidad de esposos: “El abuelo siempre supo pilar en el mismo pilón”. Chocolate de bolas. Bebida que se elabora con bolas de chocolate o sea
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semillas de cacao de Castilla tostadas en cayana (plato ancho de barro cocido), molidas y a las que se les agrega harina y canela para hacer pequeñas bolas y es batido en olleta de cobre con molinillo de raíz. Hay un dicho: “Más peligroso, que chocolate trasnochado en olleta de cobre”. La forcha. Hervido del día anterior de harina de trigo, levadura de cerveza, clavos, canela, limoncillo molido y pasado por cedazo; se le agrega claras batidas y azúcar y se guarda el contenido en un barril o recipiente hermético. Los forcheros son típicos personajes en los pueblos de la región, vendiendo el espumoso producto. Azafrán de raíz o frutilla. Colorante natural para los alimentos, reemplazado a veces por el achote. El azafrán de raíz es utilizado para curar “la buena moza”. La cidra. Producto agrícola de fácil cultivo que sustituye la papa en la alimentación del colono. La hay de dos clases: la de color verde oscuro, que se utiliza para alimentar los animales domésticos y la de color casi blanco, que se usa para los alimentos de la familia, cocinada con los fríjoles o con panela en calados o dulces. La arracacha. Tubérculo que complementa los elementos del sancocho. El bolo, la auyama y la victoria. Productos agrícolas que al ser cocinados sirven para elaborar sopas, calados y dulces. Recurrente productos alimenticios de los colonos antioqueños. Culantrón de sábana. Condimento originado en planta silvestre con sabor más fuerte que el cilantro. Dicen, que sirve para estimular el sueño. Hay un dicho aplicable a su uso, para referirse a una persona nalgona: “Es bueno culantro pero no tanto”. Sancocho o salcocho. Atendiendo la etimología de la palabra sal y cocho en su significado cocinado, es el hervido en sal de plátano, yuca, arracacha, culantrón de sabana, tomate pajarito u otras cosas comestibles.
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EL FIAMBRE PAISA

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El antioqueño parece que en reconocimiento al valor nutritivo del alimento (el “salcocho” no es originario de Antioquia) le dio noble categoría de Santo “San”, para un significado etimológico de: “San Cocinado”. Puede tomar varios nombres “apellidos”, según las carnes que lo acompañen: sancocho de espinazo, cola, ojo, pezuña, carne de monte, costilla de cerdo, punta, gallina negra, pescado o manchero (aplicado a la mancha de plátano). Cada receta adquiere su peculiar sabor a “Sancocho de leña”, actuando como exótico condimento el humo, según la especie de madera usada: guamo, nogal, cedro, yarumo, guayabo, roble (...), asimilando una identificable textura, por ejemplo: “sancocho de gallina cocinado con leña de cedro”. Las abuelas antioqueñas como buenas guisanderas entendían la importancia del humo y la clase de leña, como también diferenciaban el guisado en olla de barro o metálica, descartando cualquier uso de vasija de cobre. Otros secretos son no quitarle la mancha al plátano porque sirve de “ablandador” y “sazonador”, no meter las manos varias personas en su elaboración porque se puede cortar, y debe cocinarse muy bien para que no quede “choroto”, “aguachento” o un “manchero”. Una recomendación: nada de machos en la cocina porque dicen las señoras: “Los hombres en la cocina huelen a rila de gallina” Como el sancocho es preparado con mucha grasa proveniente del gordo y sebo de las carnes. ¡Irritante! ¿Cierto?, se recomienda exprimirle un limón al plato servido para prevenir la bilis o los malestares de rebotes. Nada más sabroso que un suculento sancocho hecho en leña, acompañado de un mantecoso aguacate, encurtido con limón o un dulzón banano. Con razón ha recibido otros cariñosos nombres: “recuperador”, “mareador”, “resucitador”, “la verraquera”, “levanta muertos” o simplemente “mi sancochito”.
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El ají pajarito. Sirve para preparar el “encurtido” al picarse con tomate , cebolla y agregársele agua, sal, limón o vinagre. La culinaria del colono antioqueño poco utiliza lo picante y mucho menos lo agridulce. El ají es dado al perro “maicero” y los piscos para que se pongan bravos. Algunos maliciosos vendedores de equinos (raques o viejos caballos), les untan en la raíz de sus colas ají para volverlos briosos. Al niño que come tierra le untan ají en las manos para que deje el vicio. En las parrandas – Fiestas con “tiringuis, tinguis” de guitarra y tiple - algunos perniciosos regaban ají en el suelo para que lo pisaran los bailarines. ¡Qué llorada! La cebolla de rama. Cultivada en la huerta y utilizada en su tallo y hojas como condimento – Dar sabor a las comidas - en diferentes formas: picada menuda para los encurtidos, “mergidos” y chorizos, y hojas enteras para el sancocho. Alimento adicional para los piscos. La generación de colonos antioqueños es por excelencia “cebollera” al consumir dicho vegetal en apreciable cantidad. El tomate pajarito. Fruto pequeño, redondo y ácido. Planta silvestre que no falta en la huerta o sea aquella pequeña área en las goteras de la casa, rodeada de ganchos de guadua, donde además se cultivan plantas medicinales. Almidón casero. Producto extraído de la yuca, la cual es pilada o rayada, pasando el contenido por un cedazo y dejándolo precipitar en una “cuyabra” o totuma grande u otro recipiente. Luego se le saca el agua conservando el sedimento que es secado al sol. El almidón sirve para fabricar panderos y pan de yucas (comestibles) o elaborar “coladas”. Su tradicional uso es para almidonar cuellos, puños de camisas o enaguas. La almidonada confiere elegancia al vestir. Fríjoles o “frisoles”. El producto agrícola leguminosa en su estado verde es preparado y consumido en el almuerzo como “fríjoles verdes”. Seco y puesto a remojar desde el día anterior, es el preferido y excluyente menú de la comida (5 P.M). En la preparación culinaria recibe varios nombres, según los elementos
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que lo conforman : fríjoles con garra, cidra, coles, trompa, oreja, casco, chicharrón “siete escalas”, pezuña o “ñervos”. Los sobrantes de los frijoles del día anterior trasnochados, hacen parte del alimento “recalentao” al combinarse con cebolla, tomate, huevo y manteca de cerdo. Este comestible en sus sonoros e impredecibles efectos estomacales origina el dicho: "Más peligroso que fríjoles recalentados con ocho días de trasnochos” Lo cierto es que el “frisol” (aún por aquí se discute, cual es su correcta pronunciación), no puede faltar en la diaria dieta alimentaria. La cotidiana culinaria no lo puede descartar y es así como rimaba un paisano refiriéndose a dicho producto: “Sin frisoles es muy triste el día / Parece que no hubo comida / La cosa esta muy jodida / Haigan frisoles y habrá alegría”. “Pa la muela”. El paisa es goloso y le agrada estar masticando cosas buenas todo el día: panela, caña dulce y agria, y cuanta fruta se le atraviese, productos que complementan su ordinaria alimentación y como dicen, son “entretenedor de lombrices” y estímulos para la “verraquera”. La chicha. Miel de panela fermentada con cáscaras de piña enterrada por treinta días en vasija de barro. El café tostado. Almendras de café doradas en cayana y molidas agregándole panela quemada, para hacer “tinto”, “pintado”(perico en otras regiones) o “café en leche”. Alimentos adicionales . Col, banano, aguacate, vitoria, ahuyama, arracacha, yuca, plátano, miel de abeja, mecato o sea conjunto de comestibles dulces elaborados con abundante harina y con nombres según su sabor o formas, rollos, solteritas, pasteles, tricolores, panderos(…); parva o sea conjunto de comestibles con tendencia a sabor salado, elaborados con harina, levadura, algunos con ingredientes
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de yema de huevo, mantequilla, soda y queso, entre ellos: tostadas, buñuelos, panes, pandequesos, pandeyucas ;dulces (…). También complementan la alimentación, sin descartarse comidas especiales como el “chorizo” por algunos llamado “no me olvides” por su penetrante olor a comino. Los esponjados en batidos de frutas con clara de huevo. Los refrescos de frutas naturales. “El sudado”, “las sopas”, “la fritanga” y “el asado”. Sana generación que todo lo podían consumir.

EL PLÁTANO (MUSACEAE MUSA S.P) Este producto agrícola hace parte fundamental de la dieta alimenticia del colono paisa, “maicero” o “platanero” y sus descendientes, en el inseparable conjunto: yuca, arracacha y maíz. La planta completa en su penca, hojas, racimo y variedades: artón, guineo, dominico, banano, y purapo (bocadillo), tiene múltiples usos en la cotidianidad doméstica de culinaria y elementos de supervivencia familiar. Nada parece despreciarse del versátil vegetal. Las raíces y pencas al pudrirse y agregarle cagajón o ceniza, proveen natural abono orgánico. Las verdes hojas al marchitarse al leve calor del fogón de leña, son típica envoltura del tamal o empaque del fiambre. Las hojas secas aportan el empaque para el atado de panela o protección de huevos para llevarlos al mercado. En zurullos de hojas secas retorcidas, se condicionan para el nido de la gallina ponedora.
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BANDEJA PAISA - Cotidiana culinaria

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Las hojas secas y picadas sirven de material para improvisar relleno de almohadas y colchones. Las hojas secas o verdes prodigan techos para ranchos, “cambuches” escampadero y germinadores. Las hojas en épocas de lluvias sustituyen el paraguas. Las calcetas sirven para coca o recipiente donde se le da de comer al perro maicero. Las hojas se hicieron necesarias como natural sustituto del papel higiénico (desconocido en la época de colonización). Las guascas, tiras secas sacadas de la corteza (seudotallo por calcetas o guascas) de la mata de plátano, proporcionan el material para el “petate” o la “estera”, elementos considerados modesto colchón, cama portátil del vagabundo, fieles compañeras del prisionero en la “guandoca”cárcel - exclusivo domicilio de chinches y pulgas y noble alfombra antioqueña. De la guasca también se elaboran desechables amarras, frágiles canastas, muñecas y talegos para transportar pollos y pequeños animales. La mancha de mata de plátano, junto con la de pepa de aguacate biche, aportan ocre e indeleble tinta para marcar tiernos y románticos corazones, cariñosas letras y palomitas besándose, en los pañuelos de lo enamorados. La mancha (savia de guineo) tomada en ayunas, dicen que cura la tosferina y controla el asma. La penca picada sirve de cuido para el ganado, en especial la vaca lechera. De guascas y hojas secas se elaboran las “sudaderas” o “abollonados”, que se colocan bajo las “angarillas” o enjalmas, para evitar las peladuras en los lomos de equinos de carga.
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En el racimo con plátanos maduros “picados” (picoteados por los pájaros), se arman trampas con crines de caballo para enredar al arisco turpial y capturar su canto. Dicho pájaro no resiste ser enjaulado y muere de rabia. Las flores tuvieron gran utilidad cuando los muchachos de la época, competían con el colibrí chupando la apetecible miel. Como combustible las hojas secas de plátano atizaron los hornos y cuentan que en terrible invasión de langostas de principios del siglo XX (1915), los colonos pretendieron espantar las nubes de grandes grillos con humeantes y ondeantes banderas de hojas de plátano. Como alimento aporta un necesario elemento para el sancocho o “salcocho”. Hasta superstición tiene, pues se cree que donde se siembre una mata de plátano nace abundante agua. El plátano “torcido”, partido a lo tornillo o por la mitad, identifica al “sancocho antioqueño” (cocinado de cosas con sal), para lo cual se usa: biche, verde y verdoso, maduro puede poner agrio el cocinado. Los plátanos verdes al pelarse y secarse en rodajas al sol, proporcionan harina para “colada” o “caspiroleta”, reconfortante o “levanta muertos”. Los maduros son agradable manjar en conservas y calados, los últimos cocinados en panela y algunas veces se le agrega leche cuajada. También se cocinan como calados en la paila “mielera” de la molienda, junto con las yucas. Las “tajadas” o rajas de plátano maduro fritas en manteca de cerdo (el aceite comestible era producto desconocido para el colono), lo mismo se hace con trozos del verde, que luego se pisan en piedra para el “plátano pisado” o “patacón”.
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Los maduros asados al ser colocados sobre brasas o escondidos en el rescoldo (ceniza caliente con algunos tizones) y al sacarse calientes se rajan horizontalmente para emparedar y meterle mantequilla de vaca, queso y algunas veces mermelada de guayaba. Los bananos maduros “pecosos” acompañan la pucha (más o menos medio litro) de leche y los escolares hacen de ellos el mejor obsequio para la maestra. Origina el dicho: “Dura más un banano en la puerta de una escuela”. El plátano merece un típico folclórico monumento.

LA YUCA (TUBERCULACEAE)

Primario alimento del colono y del guatín (conejo) negro. El fácil cultivo permite engordar con el producto a los cerdos base económica del ahorro: “El cerdo, alcancía del pobre”. La yuca en su variedad “chirosa”, “sietemesina” y “marranera”, la última llega a pesar hasta una arroba y sólo sirve para alimentar los puercos; aporta un suplemento alimentario. El subproducto, el almidón, se elabora pilando la yuca, pasándola por cedazo de cerda de caballo o cuyabra agujereada y dejando en reposo el líquido para que se precipite – decantar - luego se extrae con cuidado el agua conservando el sedimento almidón. El producto sirve para elaborar alimentos: “pandeyuca”, “panderos” y “coladas”. Su mejor uso se precisa en la “almidonada”, que consiste en convertir el almidón en engrudo, dentro del cual se introducen piezas de vestir. Era de buen gusto la ropa almidonada.
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EL HORARIO Y MENÚ La tradición aún conserva muchas de las costumbres en cuanto a las horas para ingerir los alimentos y el conjunto de productos menú para cada caso. Los tragos. Al levantarse el paisano con el “canto del gallo” y apenas amaneciendo (cinco de la mañana). Consistente en una tasada de “pucha” de café “cargado” como para tinturar costales o aguapanela caliente. En tierra caliente, limonada o fresco de tamarindo. El desayuno “tranqueado”. Aproximadamente a la siete de la mañana, como alimento consumido en el “corte”, “tajo” o sector de trabajo y consistente en: una requemada arepa plancha, plato de recalentado, “cuarta” de carne, chocolate elaborado con “chocolate de bola”, un pedazo de queso y algún chicharrón “siete escalas”. A veces huevos (güevos porque el antioqueño acostumbraba cambiar la h por la g) “mergidos” y migas. Las medias o media mañana. Por ahí a las nueve de la mañana, una taza de aguapanela, arepa redonda con mantequilla de vaca o huevos en “hogao” (frito de cebolla de rama, tomate, manteca y sal). Almuerzo. Cuando sonaba el “cacho” o llegaba el garitero. Existía la costumbre de llamar a los “piones” o anunciar las horas, tocando un cacho desde la casa principal. En este momento se consumía un plato fuerte “recargador”, plato de doble fondo de sancocho con plátano, yuca, arracacha y un hueso carnudo que sobresalía como una isla en medio del mantequero, una pucha de mazamorra acompañada de panela; además, se consume aguacate y bananos para “requintar”(acabar de llenar el estómago). Bogadera. Claro o sea agua hervida de maíz o limonada con panela raspada para la sed, que se conserva en coco de guadua, cuyabra u olla de barro a la sombra o enterrada. Algo. Tres de la tarde a más tardar, con los siguientes elementos:
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totumada de postrera (caliente, espumosa y recién ordeñada leche), mazamorra, huevos cocinados o fritos o arepa de chócolo (Choclo) cuando había cosecha. Comida:.En la casa o rancho y con el “sol de los venados” (cinco de la tarde), otro plato fuerte del día: fríjoles con garra, coles, “ñervos” (...) carne curada y frita, “aguapanela” o mazamorra. Merienda. Antes de acostarse, por ahí a las siete de la noche y después a rezar el rosario y a dormir llenos. Casi siempre “aguapanela” con queso y arepa caliente. La cena. Sólo se servía en horas nocturnas y para eventos especiales: atención al obispo, cura, celebración de navidad, agasajo de romería o fiesta familiar, acompañada con comestibles: dulces, rellenos de carne, rollos de carne, “sudados”, “batidos” y pasteles. El fiambre. Preparación de comestibles que son envueltos en hojas de plátano o “bihao” (bihado) con destino a paseos o viajes.

CAMBIA LA COTIDIANA COMIDA En la década del 50 al 60 del siglo XX se observan grandes cambios en las costumbres alimenticias en tierras de colonización antioqueña, como consecuencia de la sustitución de productos y transformación de hábitos alimentarios. El arroz se incorpora al diario menú. Antes era un producto escaso y sólo utilizado en especiales atenciones: agasajo al obispo, para atender personajes importantes o recomendado alimento de convalecientes. El necesario consumo y uso de la manteca de cerdo, es reemplazado por los aceites comestibles naturales o sintéticos; cambiando el tradicional sabor de los alimentos.
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La papa como producto agrícola se incorpora a la dieta alimenticia y comienza la cultura culinaria de sopas, cremas, caldos, estofados, sudados, “picadas” y “comidas rápidas”. Los jugos de frutas naturales (luego llegan los productos sintéticos) en su consumo son facilitados por los nuevos elementos eléctricos, tales como la nevera, enfriador, licuadora y batidora, sustituyendo tradicionales alimentos como la mazamorra, claro, chicha, limonada de panela raspada y a la hasta entonces infaltable “aguapanela”. La panela como producto de la caña en su doméstica elaboración es sustituida por la industrial azúcar, que cambia la textura de muchos tradicionales alimentos. La mantequilla de vaca es reemplazada por las “margarinas” y contrarrestada en su consumo por la publicidad del colesterol. Las verduras se imponen en su consumo al implementarse la producción regional de vegetales, tales como la remolacha, zanahoria, “tomate chonto” o de riñón (sustituye al tomate “pajarito”), lechuga, acelga, cebolla de huevo, espinaca y repollo, presentándose nuevos alimentos como la ensalada y sopa de verduras. La presencia en el mercado de anilinas y colores sintéticos, hacen desaparecer la costumbre de consumir productos naturales como el azafrán de raíz, frutilla o color de achote. El condimento comino necesario en la sazón de la cotidiana comida antioqueña, es sustituido por otros productos, restándole ese peculiar sabor a los alimentos (ahora se consume en muy poca cantidad). El pan en su producción industrial y oferta, comenzó a rebajar el consumo de la tradicional arepa. Es así como muchos alimentos han pasado a conformar el listado de “comidas típicas”, tratando de conservar su importancia, aunque muchas
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veces los desvirtúan, desmejoran o vuelven apócrifo lo típico, por ejemplo: típicos tamales envueltos en papel de aluminio, empanadas con relleno de carnes frías, típicos chorizos antioqueños con carne de búfalo, agua de panela elaborada con azúcar morena, frijoles con zanahoria, típicas arepas paisas rellenas de camarones, sancocho paisa acompañado de chimichurri argentino o guacamole mejicano, en vez del tradicional encurtido, el banano o las tajadas de aguacate (…). UNA CULTURA DE AGÜEROS, SUPERSTICIONES, MITOS Y LEYENDAS En lenguaje coloquial. Serenatas, supersticiones, abuelos que se murieron de transparencia; arrieros que se detuvieron en el recodo del camino, taparon su rostro con la "mulera" y se fueron volviendo olvido. Hombres de pelo en pecho, que sucumbieron "enyerbados" por la mujer que nunca amaron. El fiel relato de la muchacha que se la tragó la tierra, por desobedecer a la mamá. El diablo que muy tranquilo abandonó su infierno una tarde de verano, y para divertirse agarró entre sus garras al muchacho "malcriado", lo zarandeó como a un costal viejo y luego lo depositó con delicadeza en un zarzal, quedando el fulano tuntuniento y atembado para eterna memoria. A don Fulano que le dieron la "dulce toma" para robarle los centavitos y le dio secadera y acabó por parecerse a un esqueleto con guarniel - carriel de piel de nutria -. El reiterado comentario sobre el extraño momento cuando las gallinas se acostaron dos veces en un mismo día, porque hubo una noche de dos horas y en ese instante la luna apareció roja como una yema de huevo - referencia a un eclipse de principios de siglo -. Ese mismo día estaba previsto para el juicio final, según lo había profetizado "Pacho Trucos", pero no sucedió nada, porque al Ángel encargado de tocar la trompeta del fin del mundo, dizque le ganaron el instrumento al dado en una posada de Titiribí. ¡Ave María Santísima! Tan exagerados para contar las cosas.
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Por esos tiempos la langosta viajó en nubes que ocultaban el sol y al descender engulleron hasta las piedras, se comieron todo lo verde que encontraron y sólo se salvaron las plantas de los pies de los antioqueños, que pasando días en vigilia, pisotearon, barrieron, enterraron los "pollos" - larvas de la fatal plaga - o espantaron las mortales nubes con improvisadas y ondeantes banderas de hoja de plátano. La langosta que fue fruto de la maldición del "monje capuchino" y por eso era como un retratico vivo de un religioso de esos encapuchados. Por esas mismas épocas los moribundos deshacían los pasos, porque buenos paisanos eran y tenían que despedirse de todos los sitios y personas que conocieron en la vida, y además aprovechar el último momentico para darse una rápida e invisible "turistiada". Fue así como nuestra civilización y cultura empezó a conformarse en ese fabulario fantástico, real, elemental y sencillo, quizás empollado bajo el calor de una ruana o gestado en los pliegues de un calzoncillo “cazapulgas", prenda que llegaba hasta los tobillos. Así eran nuestros primeros compadres asustando la recua de mulas con el vaivén del zurriago de palo de "verraquillo", creyendo en Dios y su corte celestial, rindiendo soterrado culto a las deidades tutelares : La Llorona, La Madremonte, La Patasola, La Mano Peluda. (…), respetando al Diablo y de vez en cuando tratando de imitarlo en secreto en alguna de sus malicias. Por eso nuestra cultura nació sin contaminación y se dio silvestre como la batatilla (bejuco). ¡Qué verraquera! Así eran las ingenuas creencias: si se comía limón se cortaba la sangre y se volvía legítima agua, cuando las mujeres se bañaban en un charco y dejaban algunos cabellos, después de algunos meses de ellos nacían las serpientes sin ojos, a las cosas del rancho y especialmente a las muchachas bonitas o "pispas", las perseguía el duende para esconderlas. Buena disculpa para aquellas que se fugaban con un arriero. La penca de sábila traía buena suerte y por eso no faltaba colgada detrás de una puerta. A los niños los traía por recomendado la Virgen María y los bajaba por un rotico que había allá arriba en el cielo. El agua hervida de
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escapulario verde ajuiciaba a los hombres y les quitaba el vicio del trago. Las brujas montaban los caballos en noche de luna y le hacían trenzas en sus crines. Las casas se podían "salar" regándole tierra de cementerio y escondiendo huesos humanos en sus paredes o esterillados. ¡Qué miedo! ¿Verdad? Ese método debería utilizarse para aburrir a los malos arrendatarios. A las visitas que se estaban volviendo cansonas le “paraban la escoba" junto a la puerta y sin darse cuenta salían como perrito regañado. Si rumbeaba el fogón era porque se anunciaba visita. Una mariposa negra rondando por las piezas de la casa presagiaba muerte en un familiar. Las apariciones más comunes eran: un perro negro que echaba candela por los ojos, una gallina con sus pollitos de legítimo oro que caminaba kilómetros siguiendo los pasos del asustado paisano y que desaparecía antes de llegar a la vuelta del entierro, un caballo sobre el cual cabalgaba horas y horas el desprevenido ciudadano, sin darse cuenta que no era más que un barranco y hechizo de una bruja maleva, los bultos que se aparecían gimiendo por ser almas en pena, y tantos otros espantos, que se necesitaría un libro completo para comentar sus peripecias. Entre espantos, agüeros, creencias y supersticiones, crecieron fértiles y como palos de yuca abonados con tierra del gallinero, los descendientes de paisas, “areperos” y “aguapaneleros”. ESPANTOS Y MITOS “El espanto sabe a quien le sale” En tierras de colonización antioqueña y con fundamento en testimonios orales, como un rescate de la historia de sus principales promotores, se ha seleccionado o hecho una recolección de valores culturales de la región y esas manifestaciones se precisan así: miedo y terror a lo desconocido, respeto y culto a los muertos, supersticiones, agüeros, empíricas especulaciones, fantásticas apreciaciones, superfluas interpretaciones a hechos supra-normales; es decir, la manera de definir lo misterioso o de sublimar la imaginación hasta un realismo fantástico.
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Lo recopilado se puede mencionar así: "llamas", "deshaciendo los pasos","luces","bultos",“aparecidos", "espantos", "asustos", "entierros", "encantos","maleficios",“ayudados”,"maldecidos o malditos", "ánimas en pena", "brujas y brujerías", "enyerbados", "rezados”, “amarrados o ligados", "pactos", "castigo del burlado" y "los ojiados". En forma sucinta, definiremos cada una de las anteriores manifestaciones culturales en la versión vernácula de pobladores de la región. LLAMAS. Dicen que donde hay tesoros o escondidos, en noches especiales como las de Viernes y Jueves santos, y las de noviembre en el mes de Los Difuntos o las Ánimas, salen de esos sitios llamas de diferente altura y color, las cuales son la mejor guía para encontrar las pretendidas riquezas. LAS GUACAS ALUMBRAN. La creencia de los paisas -en especial los guaqueros- es que donde hay un escondido, tesoro o guaca, en ciertos tiempos como Semana Santa, Cuaresma o Ánimas, se ven arder las guacas y tesoros con llamas de diferente altura y color. Explicación -versión oral- del color de las llamas. Rojo y amarillo: significa que tiene buen oro o riego. Azul: sólo contiene huesos y cobre. Verde: contiene esmeraldas. Arco iris: es de chamán, jeque o indio rico. ¿Cómo arden las guacas? Aducen que se muestran por elación o sea resplandores y aseguran que titilan hasta tres veces, descendiendo la llama al suelo sobre la boca o tapa de entrada a la tumba indígena, dejando un brasero, en forma de barco de cuyo centro se desprende un chispero llamado chimenea y a veces la última llamarada se va siguiendo la ruta de la guaca caminera -largo túnel de entrada- hasta desaparecer encima de la bóveda.
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PRENDER LA GUACA DE DÍA. Dicen que las guacas no solamente arden de noche, sino que también lo hacen a pleno sol, en bolas de humo muy blanco que ascienden y descienden sobre la tapa de entrada a la sepultura. DESHACIENDO LOS PASOS. Comentan que los moribundos vuelven a recorrer los principales lugares donde vivieron y por eso los ven pasar como exhalación o sombras, anunciando el fatal acontecimiento. LUCES. Dicen que son móviles señales luminosas en forma de pequeños luceros, que se desplazan a pocos metros del suelo (dos metros aproximadamente), y que en su recorrido marcan el lugar donde hay un tesoro "entierro" o "guardado", propiamente encima de donde desaparecen; tienen la particularidad, según versión oral, de transmitir un intenso frío y paralizar a la persona que las ve. BULTOS. Cuerpos amorfos (versión paisa del fantasma) que se mueven como un gusano, emitiendo lastimeros quejidos y que en la mayoría de los casos se ponen como obstáculo al caminante trasnochador, al irresponsable borracho y al desprevenido viajero; muchas veces pasman y hasta hacen desmayar al incrédulo parroquiano. APARECIDOS. Dicen que es el retorno de ultratumba de los muertos. En la provincia es común decir: "a fulanito de tal, se le apareció el difuntico"; también aseveran que los aparecidos casi siempre quieren comunicar algo, pero tienen la característica de permanecer mudos en la mayoría de los casos o emitir murmullos que deben interpretarse. Algunos personajes se han especializado y enriquecido a costa de incautos, descifrando esos mensajes. ESPANTOS. Seres y monstruos irreales, con una definida personalidad, permanencia, imagen y aptitudes. El colonizador antioqueño los trajo en su memoria oral, los domesticó en el nuevo territorio y acabaron por ambientarse y hacer parte del paisaje y son especiales personajes rurales

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de una real creencia. Nuestros espantos son "paisas" de pura cepa (aunque su origen sea anónimo), adaptados al nuevo hábitat : La Llorona, La Pata Sola, El Arriero sin Cabeza, La Mula de tres Patas, La Madreselva, La Barbacoa, El Pájaro Maligno, El Patetarro, El Mohán, La Mano Peluda (… ), conforman la folclórica mitología y algunos hacen parte de las tutelares deidades. La Madremonte o Madreselva. En la zaga antioqueña definida como una deidad de la montaña, recelosa protectora de su natural entorno para lo cual se mimetiza con la naturaleza que la rodea, en una pluralidad de imágenes: bejucos como cabellos, tronco de árbol como cuerpo, musgo como vestido, secas o verdes ramas como brazos, hojas como cara, largos colmillos de piedra (…). A ella se le endilga ser promotora de tempestades y borrascas; de raptar a los niños campesinos y esconderlos en inhóspitos lugares; de perseguir y matar con las uñas a los cazadores; de orinarse en los nacimientos de las aguas y, a éstas volverlas putrefactas, convirtiéndolas además, en criaderos de alimañas con la proliferación de terribles plagas propagadores de pestes de diferentes clases; de atacar a los hombres infieles y votadores de honras, y de atacar tanto a los aserradores como a los taladores del bosque. Dicen de ella que, cuida los terneros recién nacidos, que defiende a los polluelos en sus nidos, recoge el perfume de las flores y defiende la virginidad de las doncellas. La creencia de su existencia se encuentra arraigada en tierra de colonización antioqueña y hasta crearon algunos elementos para defenderse de su horripilante presencia: ante su encuentro hay que asustarla con gritos y blasfemias, amenazarla con el voleo del zurriago o garrote, mostrarle medallas benditas, fumar tabaco, cargar en los bolsillos semillas de cabalonga o esconderse en medio del ganado, al cual le tiene un gran temor, pero aún así infunde terror, más cuando está enojada, porque en medio de su enojo brama como un toro; ruido que espanta hasta los pájaros de la montaña y retumba muy adentro de los oídos del que la escucha, como si la cabeza le fuera a explotar. La Patasola. En la zaga antioqueña deidad de la cual dicen que es masculina y femenina (hermafrodita), aunque la mayoría de los testimonios la describen como una mujer infiel a la que el marido le cortó la pierna, o una borracha a la que unos aserradores le amputaron la pierna (…).
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MADREMONTE Parque del Café -Montenegro, Quindío.

LA LLORONA PARQUE DEL CAFÉ - Montenegro Quindío.

EL MOHÁN

PARQUE DEL CAFÉ - MONTENEGRO, QUINDÍO

EL DUENDE

PARQUE DEL CAFÉ - MONTENEGRO, QUINDÍO

EL HOJARASQUÍN

PARQUE DEL CAFÉ - MONTENEGRO, QUINDÍO

LA PATASOLA

PARQUE DEL CAFÉ - MONTENEGRO, QUINDÍO

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La Patasola suele presentarse en varias formas o tener metamorfosis, pero siempre con una gruesa y sola pierna que termina en una pezuña de bovino al revés, lo que le permite dejar las huellas al contrario para donde va y embolatar en esa forma, al que pretenda buscarla. Su cuerpo se humaniza o mimetiza en un tronco de árbol, pero también puede presentarse como mujer con un solo seno, convertirse en fiera (puma o tigrillo) o serpiente, cuando la atacan, o también tomar la forma de una gran y colorida mariposa para introducirse a los ranchos y apoderarse de los niños. También suele presentarse como voluptuosa y seductora mujer, que lleva sus víctimas a la espesura de la montaña donde los desorienta con sus burlonas carcajadas, según la creencia muy arraigada dentro de los campesinos, ella devora a los hombres conquistados hasta dejar los huesos brillantes. Es deidad protectora de los bosques, amiga de los bichos del monte, perseguidora de los cazadores y taladores de la montaña, no le gusta que por su territorio pasen bueyes o recuas de bestias en arriería, ni mucho menos las quemas para hacer “abiertos”. El colono antioqueño en su creencia de existencia real de la Pata sola, para repeler su ataque, seducción o perfidia, dice utilizar elementos que le fastidian al ominoso y mítico personaje como son el hacha, la tusa, la candela y la peinilla (machete), como a la vez recomiendan protegerse en medio de animales domésticos, en especial con bravos perros en las tardes con el “sol de los venados”, cuando suele aparecer el terrorífico espanto. La Llorona. La mítica creencia, en tierras de colonización antioqueña acoge la versión o zaga de la mujer que, procreando de un furtivo amor un niño no deseado, en su odio a la criatura procedió a arrojarlo a un tormentoso río donde se ahogó, al poco tiempo la damisela arrepentida retornó al lugar y procedió la infructuosa búsqueda de su hijo, hasta convertirse en espanto de decrépita mujer de pelo enredado, ojos rojos de llorar y que en noches de luna llena, oyen lamentarse por ríos y quebradas de la región; lamentos y alaridos buscando a su hijo para arriba y para abajo: ¡Aquí lo eché… aquí lo eché. ¿En dónde lo encontraré? El Mohán. Prototipo del espanto machista y voyerista, del hombre gigante con largas cabelleras y frondosas barbas, que cubren su masculinidad y con ojos rojos como ardientes brasas, que casi siempre
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vive en el agua o a las orillas de quebradas y ríos, donde espía a las mujeres para seducirlas o raptarlas, y desde donde efectúa la excursión a las casas del vecindario, muchas veces mimetizado en animales de monte ( tatabra, cusumbo, tigrillo) para hacer aburrir a los habitantes, que de alguna forma lo persigan, le impidan sus maldades o sus ambicionadas románticas conquistas. El Pájaro Maligno. De su forma o cuerpo muy poco se conoce, porque los testimonios coinciden en decir, que es un ser tan horripilante, que los perros cuando lo ven salen chillando con la cola entre las patas y meando a gotitas. En la creencia de lo que sí se sabe, es que en noches de luna llena, lo oyen cantando en la espesura de la montaña, con un tenebroso canto como de niño lamentándose, que cuando se oye estar muy lejos, es porque está muy cerquita, y cuando se oye muy cercano, es porque se encuentra muy distante y en esos momentos el canto no se puede remedar por ninguna persona que lo escuche, porque como una exhalación aparece y desaparece con el imitador para eterna memoria. Amén. La Mano Peluda. Dicen que tiene forma de grueso, calloso y peludo brazo junto con las largas manos negras, musgosas y sucias uñas; que le gusta vivir en sitios oscuros, desde donde ataca y trata de atrapar a los que pasan por su lado y que en especial se ensaña con los hombres infieles, los esposos irresponsables y tomatrago; persigue a los muchachos malcriados, las muchachas “patialegres” oalborotadas, a los capadores o torturadores de animales; a las personas perezosas les araña sus cuerpos y desgarra los vestidos. No ataca a las mujeres vírgenes, a los bobos o despechados, a las mujeres embarazadas o a las personas ciegas. Le fastidia el humo del tabaco, las teas encendidas, cualquier fuente de luz y por eso huye ante el parpadeo de los cocuyos o se esconde en noches de luna llena y le tiene terror a las fogatas. ASUSTOS. Alucinaciones sobre objetos o imaginarias creaciones cuyo fin es aterrorizar. Pueden manifestarse como simples sonidos "ruidos raros", vagas imágenes, espectros, deformaciones de objetos tales como piedras, barrancos o montañas, y dicen que con el reflejo de la luna se transforman en la silueta de un indio, viejita o monje. De algunos asustos
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se dice que tienen forma de animal: "una gallina con sus pollitos de oro, que la han visto escarbando”, “un perro negro que echa candela por los ojos". Otros tienen apariencia humana: “un indio que lo ven caminando hacia el aguacate en la finca de don... ", “un "soldado que veían parado a un lado del camino". Comentan que donde asustan no necesariamente hay tesoros, pueden haber otras cosas, por ejemplo: restos sin sepultura cristiana (la peste de la viruela que deshacía a los pacientes, obligaba a enterrarlos bajo su misma cama), también puede tratarse de oxidadas herramientas o viejas llaves. ENTIERROS. Riqueza escondida por un cauteloso ciudadano, que murió sin comunicar donde la dejaba. Era costumbre de patriarcas y hasta de curas, ahorrar y atesorar y luego escoger con mucho sigilo lugares para guardar tales bienes: tapias, subterráneos, guardados, metidos en los enchinados, dentro de los cocos de guadua de la casa a manera de alcancías, en la raíz de un árbol, en el fondo de un inodoro de hueco y pocas veces, en cajones secretos del escaparate. El entierro, guardado o escondido viene acompañado con La Ánima en Pena, que hasta que no le saquen las cositas no descansará y que recurre a diferentes medios para orientar o señalar el sitio: sueños, apariciones, ruidos y hasta resplandores. En el sector se relacionan con morrocotas, moneda esterlina de buen oro, que en abundancia circuló hasta la guerra con el Perú, cuando la mandaron a recoger y por eso las escondían. A los tesoros indígenas se les relaciona con las guacas: encantadas, envenenadas o ahogadoras, amagues o embolatadas. ENCANTOS. Dícese de los tesoros que, sabiéndose donde están, es imposible sacarlos o rescatarlos, porque se encuentran protegidos por un misterioso y raro fenómeno, que los hace desaparecer cuando ya casi se conquistan.
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Aducen que el encanto corresponde a una fórmula mágica y hay que buscar la contra o manera de desencantarlos. Los guaqueros de la región argumentan que, por lo general la guaca tumba indígena - del chamán (el primitivo brujo, consejero o curandero y cuya sepultura es de la más abundante en oro), se encuentra encantada y muy pocos saben los secretos para quitarle su magia o misterio. En la provincia existe la leyenda de "las encantadas campanas de oro", que se encuentran en Charco Negro, un sitio sobre el río Risaralda cerca a Anserma Caldas y que aún se escuchan por temporadas, y nadie las ha podido recuperar. Lo mismo ocurre con el encantado tesoro de “Pipintá” en Pácora departamento de Caldas. MALEFICIOS. Comentan al respecto que son males sembrados, pedidos o deseados a una persona o cosa, en general sobre las viviendas o negocios. Hay la creencia de que la maldad se puede propiciar de varias formas: dándole a beber menjurjes al odiado, rezándolo: con la "oración al tabaco” o a la “mano poderosa”; también, quemando uñas o prendas del deseado y señalado. La persona que sufre un maleficio- según versión provinciana - se enferma sin saberse la causa o adopta extraños comportamientos, locuras, ataques o somnolencias, y en la mayoría de los casos, los comentados, se vuelven extraños en el trato social. SALAR. Existe la costumbre supersticiosa de salar las casas o negocios, regándoles sal o escondiendo huesos de cementerio. A una persona que tiene mala suerte, le dicen que está salada. CASTIGO DEL BURLADO. Existe la creencia - superstición - de que una persona , en la mayoría de los casos mujer embarazada, que se mofe o burle de los defectos físicos de alguien o lo odie con ciega pasión, la criaLo típico en tierra de colonización antioqueña

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tura nacerá con estos defectos (lunarejo, tuerto, cojo, narigón u orejón) o en el mejor de los sucesos, acabará por parecerse al burlado u odiado, en su carácter y personalidad. La muchacha que se burle de los defectos del novio de la amiga, lo más seguro en su creencia, es que terminará por tener un novio o esposo con peores resabios. LOS MALDECIDOS O MALDITOS. Persona, familia, generación, extirpe, objetos, casas, pueblos y sectores sobre los cuales recaen los efectos de una maldición o sea, un deseado destino fatal. Las maldiciones fueron de uso común en las tierras de colonización antioqueña hasta finales de la década del 50 del siglo XX cuando desde los púlpitos en misa mayor (domingo), se anunciaba y señalaban como anatema ante el asombro de los feligreses y el desconcierto de los proscritos. También los padres de familia, por suerte muy pocos, solían amedrentar a sus malos hijos maldiciéndoles. Las taras, hechos insólitos, momentos aciagos, terremotos y hasta la mala suerte, se les endilga a los "maldecidos" o a los malditos. Las casas recibían el castigo de la maldición y se tenían las tragedias domésticas, como consecuencia de habitar esos lugares. El estigma de la maldición aislaba en un ostracismo del trato social a familias completas; que parecían portadoras de un mal contagioso y el sólo anuncio, se constituía en un abominable castigo moral y físico, motivo de vergüenza y repudio social y el encuentro con esos personajes de controvertido destino, obligan a eludirlos, por ser, según los testimonios, "aves de mal agüero". En la provincia, aún se conserva respeto y reserva con lo "maldecido" o maldito. LOS ENYERBADOS. Dicen que a muchas personas les han dado tomas de yerbas secretas y maléficas, para embobarlos y quitarles hasta el último centavo. A otros, los han logrado casar con la mujer que nunca
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amaron. A maridos perniciosos los han transformado en tuntunientos y mansas ovejas. El yerbatero - en los indígenas el Chamán - en su oficio, antecedió al curandero, mediquillo, boticario, homeópata y al actual galeno, y su presencia en la colonización antioqueña se hizo notable, ante la ausencia de medicamentos y la necesidad de buscar lenitivos a los males y dolencias de los pioneros y su familia. Para designar a las personas que han sido enyerbadas o rezadas, se utilizan como sinónimos los términos de uso popular: agüevado, atortolado, abobado, achantado, achicopalado, aturdido, entelerido y atembado. Aún existe la creencia en un bajo índice de población, que las yerbas curan los males físicos y del espíritu y hasta sirven para doblegar voluntades. LOS ENDEMONIADOS. El temor a lo satánico y el reservado o soterrado culto al demonio hace parte de la vida provinciana. El Diablo como representante del mal, se origina en la cultura religiosa de habitantes del sector, por eso está presente en muchas manifestaciones de miedo, respeto y hasta utilización de sus preconizadas maldades. El mejor ejemplo del endemoniado es la versión oral del muchacho malcriado, que fue alzado por el diablo en medio de un remolino de azufre y luego lo rescataron mudo y bobo. Otro testimonio es el de la muchacha desobediente que salió huyendo de la casa y se abrió la tierra y se la tragó, para el servicio del patas o de los demonios. PACTOS Y AYUDADOS. Hay relatos que hablan de hombres que han logrado pactar con el demonio (versión paisa del Doctor Fausto con Mefistófeles) poderes físicos especiales.
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Se comenta sin asegurarse, que hay individuos que se introducen en sus músculos pedazos de piedra de ara y adquieren poderes sobrenaturales, por ejemplo: arrieros que levantaban veinte arrobas de carga. De otros se dice que han pactado con el diablo y se vuelven invisibles o no les entra la bala y hasta para defenderse se convierten en racimo de bananos o marrano chiquito y por eso reciben también el nombre de “ayudados”. LOS REZADOS. Los comentarios provincianos es que a una persona la pueden "rezar" para que haga o no haga algo, por ejemplo: para que abandone o cambie un amor por otro, para que lo domine un mal o le persiga la tragedia. Es de común creencia el rezo de la fotografía, del tabaco y de la lectura de las cartas. A veces se cambia la imagen profana por una del santoral: San Antonio patas arribas quitándole el niño o tapándole los ojos (las muchachas buscando novio o esposo). San Benito escondido tras una puerta, para hacer aburrir a los habitantes de una residencia, y oraciones como "La mano poderosa" y rezos acompañados de agua bendecida. LOS OJIADOS. Es el conocido "mal de ojo". Comentan que su portadora es una mujer que con el solo acto de mirar a un niño que tenga hasta los tres años de edad, le introduce a la criatura un terrible mal, el cual se dictamina por los siguientes síntomas: el niño pierde apetito, llora sin consuelo, algunos tuercen los ojitos haciendo bizcos, tienen daño de estómago (disentería), se vuelven “culichupaditos” y acaban como un palillo. Dicen que para evitar ese mal, lo mejor es el coral curado por indio. Las "ojeadoras" son temidas en la región, se sabe que existen, pero no se les identifica. Existen en la región las curanderas o sanadoras “del mal de ojo”.
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EL AMARRADO O LIGADO. A la persona que ha sido "rezada", se le dice que también está amarrada, cuando la intención ha sido que se apegue a un amor, se trague perdidamente (encoño en el lenguaje popular). Ligado en agua para que no muera o fuego para causarle la muerte. El término amarrado también se utiliza en la región para definir a la persona tacaña. EMBRUJADOS. Se designa así a la persona posesa por un embrujo o la víctima de una bruja maleva. Relatos hablan sobre casos de embrujados: "todas las noches, se le sienta en el pecho y no lo deja respirar"; "se entretenía riéndose y revolcando la casa"; “enredaba las crines de las bestias"; “se le aparecía como un marrano o a veces como tierna paloma"; “lo embobó y hasta lo hizo dejar la esposa". Las brujas llegaron a la región con los colonos antioqueños y procedieron a molestar, causar males y hasta a conquistar a “el hombre de sus pesadillas”. Capítulo especial merecen las brujas y la brujería en la cultura antioqueña. LOS DUENDES. Estos enanitos maliciosos (versión paisa de los gnomos) especializados en embolatar cosas, esconder niños, desordenar las casas y ranchos, hacerle picardías a los mayores y desaparecerse como por arte de magia; también emigraron de la Antioquia Grande y colonizaron con sus chiquilladas y peripecias a la región. Ahora poco se sabe de ellos, tal vez se aburrieron al desaparecer las montañas y se fueron para otra parte y sólo de su recuerdo nos queda una frase, para definir a la persona embaucadora: "ese es capaz de enredar o embolatar un duende". En el municipio de San José departamento de Caldas, en el parque principal existe un monumento alegórico al duende, que según los testimonios de pobladores de la región, proliferaban al lado de los primeros colonos.
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ANIMA EN PENA. El colono antioqueño manifiesta su temor clerical y el respeto a la enseñanza doctrinaria y aprecian el culto a sus muertos, ubicándolos en segunda vida como condenados (almas sin salvación), ánimas del purgatorio o sea almas con posibilidad de redención y los salvados, esto es, los ubicados en el reino de los cielos. Se dice que las almas de los fieles difuntos, cuando están sufriendo en el purgatorio suelen manifestarse en apariciones, rogando a quien las vea o escuche, que las salven o saquen del martirio y pidiendo "mandas de misas", oraciones, favores al prójimo o buen ejemplo. Algunas veces piden se les saque el entierro que dejaron y por el cual se encuentran penando. FETICHES, CREENCIAS Y AGÜEROS Algunos agüeros o creencias, en la localización geográfica de colonización antioqueña, han pasado a ser parte del folklore o sea, ese conjunto de tradiciones populares y costumbres relativas a la cultura de la región, y varios han evolucionado adaptándose a la modernidad. El presagio o pronóstico incorpora a la vivencia cotidiana: símbolos de buena y mala suerte, mensajes de felicidad o fatalidad, elementos portadores de males o beneficios explicando la reverencia, credibilidad y reflejando el tabú en todo su significado: carácter de un objeto, de un ser o de una acción, al que hay que evitar debido a su prominente y apreciado contenido de sagrado, misterioso y hasta maléfico. Los emblemas del agüero o superstición constituyen un totemismo o sea vestigio de ese conjunto de creencias y prácticas culturales, que relacionan al provinciano (a todo hombre) con su entorno y fenómenos naturales o psicológicos. El fetiche como objeto material sustituye al tótem o sea ese elemento que propicia culto exteriorizado o soterrado, sobre los valores materiales y emocionales de ciertos seres y cosas, a las que se le atribuyen propiedades mágicas o benéficas para su poseedor.
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En el estudiado espacio geográfico de colonización antioqueña, es apreciable el inventario de fetiches; algunos de ellos encubiertos en su profana interpretación con la ceremonia religiosa de “benditos”, como las medallas, el ramo y cirio bendito, íconos, imágenes de santos y reliquias. Otros fetiches tienen una implícita consideración de malos, como los “rezados”, “los riegos”, “sahumerios” y “baños”. Algunos se relacionan con lo agorero, es decir, los destinados para adivinar y predecir males y desdichas, como la lectura del tabaco y las cartas de la baraja. “Los curados” o fetiches originados previo ritual (sin cristiana ceremonia), entre ellos el “coral de indio” para evitar el “ojiado” a los niños, las monedas “rezadas”, el congolo, el monicongo (pequeño muñeco), los chochos, achiras y semillas de diferentes tamaños y colores; los dientes de animales, las piedras y minerales; “la uña de la gran bestia” y “los polvos de la madre celestina”. Existe la creencia que los aborígenes son los que más saben de secretos para curar. Pertenecen también a los fetiches las “Contras”, destinadas especialmente a evitar enfermedades, calamidades familiares o repeler las picaduras de alimañas. “La oración secreta” que aunque no es un objeto, sí es la alquimia de palabras raras (casi siempre términos originados del latín), a las cuales se les confiere inverosímiles, insólitos y extraños resultados, por ejemplo: volver invisible a una persona o convertirla en perro o en racimo de bananos, ante inminente peligro (eso dicen); lograr la comunicación con desaparecidos (espiritismo); localizar entierros y escondidos; “encantar” cosas y hasta convencer amores imposibles y doblegar voluntades. En la región del estudio, “la oración secreta” está asociada con el ritual en ciertos días, horas y sitios ( martes , doce de la noche y en un cementerio) y en su connotación es como un remanente de vudú negroide
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con toda la parafernalia de muñecos de trapos atravesados con alfileres en sus partes más nobles y amarrados, fotografías alumbradas (lo “alumbraron” dicen en la región), prendas íntimas, cabellos u objetos que hallan tenido algún contacto con la persona sobre la cual se proyectará la perversa intención, contorsiones de los participantes, éxtasis y “sahumerios” Fetiches y olores. Algunos fetiches son impregnados de peculiares olores: los parecidos al azufre u amoniaco para estimular la maldad (creencia), espantar los malos espíritus, presencia del demonio y ambiente adorado por las brujas. El olor a incienso significa lo bueno, placentero y salvación. El olor a ajo, para espantar brujas y animales ponzoñosos. El olor a cacho quemado, cuerno de res, para hacer aburrir a las visitas cansonas. El olor a hueso quemado del cementerio para “salar” negocios. Donde más se refleja el uso de los aromas como superstición es en los sahumerios o baños con yerbas aromáticas. Fetiches y colores. En el fetiche los colores también tienen su explicación: el amarillo es utilizado como buena suerte. El rojo estimula lo sexual y erótico, es así como algunas casas de lenocinio del sector suelen anunciarse con luces rojas en las puertas. Al azul y verde se le indilga calmar dolores, apaciguar ánimos y simbolizan en su aplicación fcelicidad. El negro tiene significado de diabólico y fatalidad. Lo blanco es pureza y salvación. Lo cromático también tiene su tradicional aplicación en una forma de empírica heliocromoterapia (curación por medio de los colores del sol), cuando en mercados de pueblo se venden aguas de diferentes colores, para curar males o para predecir acontecimientos. Fetiches y formas. La forma del fetiche tiene su tradicional explicación: lo redondo, circular, en estrella, triángulo y pirámide; pueden significar buena suerte, elementos contra el mal, energía positiva, felicidad y buen augurio. Los objetos con varias puntas, cuernos, torcidas flechas (casi siempre negros o morados) simbolizan en la tradición comentada: maldad, perversión, mala suerte, brujería, demonio y fatalidad. Lo amorfo y de rara procedencia se le da significado de protección, “contra”
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y misterio. Lo resquebrajado predestina el objeto resultados negativos y malos negocios; por ejemplo: las muchachas de la casa se quedarán para vestir santos ante sus presencia y los hombres se volverán beatos y machorros. Es de anotar que, es propósito de este tema divulgar las detectadas tradiciones de la región, sin entrar a discutir el valor científico de lo consignado, ni proponer hipótesis, criterios personales o sugerir apreciaciones moralistas, que puedan desvirtuar o confirmar lo comunicado. Las inquietudes que puedan surgir sobre el tema tratado, se dejan a la libre interpretación de cada lector, respetando la voluntad de creyentes, practicantes o incrédulos, de las tratadas tradiciones, en especial la de fetiches, agüeros y supersticiones. ALGUNAS SUPERSTICIONES Y CREENCIAS. Parar la escoba. A las visitas aburridoras les paran una escoba en un rincón para que se aburran y se vayan. Rumbar el fogón. Los fogones de leña cuando rumban anuncian visita. Para evitar que llegue la visita no deseada se procede a rociar con rapidez La mariposa negra. Una mariposa de color oscuro y revoleteando por la casa, es anuncio de muerte de un allegado. El grillo verde. Su encuentro es símbolo de buena suerte. La araña de siete patas. Encontrarse un bicho de esos con dicha característica, es buena suerte. Pasar por debajo de una escalera. Cuando está apoyada en un muro o pared trae mala suerte; algunos lo toman como buena suerte. El perro que orine a un descuidado ciudadano. Al sujeto orinado le entra la sal o sea mala suerte, que no lo deja prosperar en los negocios, ni mucho menos en el amor. Quemar cacho. El cacho (cuerno) de vacuno cuando se le quema, espanta a los malos vecinos. Encontrar una herradura oxidada. Si la herradura está con la apertura mirando hacia el que la vea, puede significar buena suerte y por eso se conservan en las casas.
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Mujer embarazada. Hay la creencia de que a una mujer embarazada no la pican las serpientes, pues a su paso las culebras se quedan dormidas. Cuando una mujer se baña en un charco, de los cabellos que se le desprendan nacerán las serpientes sin ojos. Tres pies que canta, desgracia que viene. Un espejo o vidrio quebrado conservado en la casa, trae mala suerte y las muchachas casaderas podrán quedarse solteronas. La primeriza o sea la mujer en su primer embarazo, puede podar un árbol que nunca haya florecido y éste, muy pronto se llenará de flores y frutos. Los niños que juegan saltando encima de la candela, por la noche se orinarán en la cama, y si cogen ese vicio, hay que hacerlos orinar sobre una piedra o un adobe caliente. Un aguacero fuerte, pronto escampa. Golondrinas en bandadas, verano viene y por eso hay un dicho: “Una sola golondrina, no hace verano”. Si se siente rascar una mano, es porque alguien lo está deseando o viene dinero; lo mismo sucede si lo que está rascando o picando es una nalga. Cuando al enfermo se le hinchan las piernas y en especial los pies en sus tobillos, es porque pronto morirá, de allí el dicho: “Cuando la pata se hincha, la sepultura relincha”. Arreboles por la noche, al otro día son soles. Arreboles por la mañana, agua por la noche. Arreboles al oriente, agua amaneciente. Año de muchos truenos, pocas lluvias. El primero que le corte las uñas a un recién nacido debe darle un regalo, porque de no hacerlo, el muchachito podrá volverse “uñón” (hurtador de cositas). Detrás de las puertas de las casas, negocios y fondas (tiendas rurales), cuelgan una mata de penca zábila (aloe sp ) y dicen que mientras se mantenga verde y lozana el negocio prosperará, el bienestar estará en la familia y si por el contrario, se marchita o pudre, habrá malos negocios o sucederán cosas malas para los de la casa o el negocio. Dicen que la mata de yerbabuena (menta sp) sólo florece el Jueves Santo
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y Viernes Santo a las tres en punto de la tarde, pero tan pronto aparece la flor es arrebatada por el diablo. Si se logra cogerla de primero, el demonio se sentirá humillado y servirá la flor de reliquia (talismán) contra sus tentaciones. “En martes, ni te cases ni te embarques”. Temor a efectuar ciertos actos en el señalado día. Las cabañuelas, es decir, como se vayan presentando en clima y meteorología los 12 primeros días de enero, así será cada mes del año, por ejemplo: si llueve el 6 de enero, junio será de invierno o lluvioso. Frotar la cara con usados calzones de mujer, puede curar el acné, barros y espinillas. Hay ciertas cosas que no se pueden hacer el Jueves Santo ni el Viernes Santo entre ellas está la recomendación de no bañarse, pues la persona puede convertirse en sirena (hombre pez), no debe hacerse el amor pues pueden quedarse pegados para eterna memoria. En las casas donde viven muchachas solteritas y en cuyos jardines caseros crecen matas de cintas (clorophytum comosum) y hortensias (hydrangea hortensis), estas señoritas, lo más seguro es que no se casarán y se quedarán para vestir y desvestir santos o cuidar sobrinos. Al asesinado le atan los dedos de los pies con un cordón negro para que el homicida se enrede y no pueda ir muy lejos. Uno no puede contar las estrellas, porque cada uno de nosotros tenemos asignada una estrella y si coincide con ella, en forma inmediata moriremos. Cuando en la noche los perros aúllan como lobos, es porque están viendo malos espíritus, brujas y hasta el demonio. Un año bisiesto trae consigo muchas desgracias. Cuando muere un niño con derecho a irse para el limbo, en la puerta
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confirma la creencia de que el destinatario en verdad la consume. La misma costumbre se da colocando una vasija con agua bajo la cama del difunto para evitar la sed del purgatorio. Las chicharras o cigarras (quesadas gigas) con su canto anuncian verano y chillan hasta reventar. Devoción de la piedra. Los calvarios (lugar donde ha muerto alguna persona) a orillas de los caminos “veredales” se distinguen montones de piedras que han sido cargadas y arrojadas en el lugar por los caminantes como promesa para dar descanso al alma del difunto. En época de luna llena muchas personas enloquecen por ese fenómeno natural, y mirar con detención al astro en ese momento, puede causar trastornos mentales. Regar azúcar en un establecimiento comercial o vivienda, puede propiciar buena suerte, mejorar las ventas o atraer la doméstica felicidad. El paso de un cometa puede ser causa de tragedias o de prematuros nacimientos. Un pequeño palo verde colocado detrás de la oreja puede servir para evitar las inflamaciones. Dos palitos bajo las orejas pueden quitar el dolor de las picaduras de insectos. Recomiendan para aplacar las picaduras orines de la misma persona picada. Ver pasar unos corotos (trasteo de cosas familiares) motiva la petición de un deseo. Si a una persona se le ponen las orejas calientes, lo más seguro es que en ese momento están hablando de ella. Es creencia de enamorados que si se les cae un objeto al suelo, lo está pensando románticamente una persona cuyo nombre empieza por la
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primera letra del elemento caído, así que, si se le desprendió de las manos un pocillo, lo están pensando por P, por ejemplo: Pedro, Ponciano, Petronio, Patricia... Cargar dientes de ajo “macho” sirve para espantar las serpientes y por su fastidioso olor hasta espantar a los mejores amigos. En una casa donde hay varias mujeres con edad de casarse y contrae nupcias la menor de la familia, a las demás les deparará un incierto futuro en sus relaciones matrimoniales. Al niño que es lento para aprender a hablar, tartamudo, le meten a la boca un pichón (pájaro recién nacido de “pinche”) para que le chille adentro, y dicen que a los pocos días suelta la lengua y pronuncia claro las palabras. Para un mejor efecto le enciman cucharadas de caldo del mismo sacrificado pájaro. Las plantas ornamentales se pueden secar, si las toca un hombre que en la noche anterior le halla sido infiel a la mujer. Si se come limón se puede cortar la sangre. En casa donde dos hermanos se casen el mismo día, uno cargará la felicidad y otro las desgracias. Consumir guanábana (fruta) puede producir fríos y fiebres. Donde crecen muchos helechos (en especial el utilizado para quemar cerdos) o paja de basto, las tierras son malas para cultivar. Al contrario se dice de las tierras donde abundan las platanillas (heliconia sp), distinguidas como fértiles. Períodos de la luna. Las plantas ornamentales de flores deben ser sembradas en la oscuridad (período entre la menguante y creciente) es decir, cuando la luna no está a la vista, para que su floración sea abundante, la poda, siembra y trasplante de plantas como el café y los cíLo típico en tierra de colonización antioqueña

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tricos, sólo debe hacerse en menguante, cuando la luna disminuye de tamaño. Existe la creencia de que si esa labor se cumple en creciente (período en el cual la luna está creciendo), las plantas crecerán demasiado y producirán pocos frutos, siendo sólo recomendable para siembra de árboles maderables y hortalizas como el repollo, la col, el cilantro y plantas ornamentales de hojas. En la región aún siguen conservando como tradición para cultivar las anteriores observaciones, aunque las nuevas especies mejoradas (injertos e híbridos) poco exigen de esa tradición y sí requieren de insumos en insecticidas y fertilizantes para su adecuada producción. La guadua (bambusa guadua) se debe cortar o “desjarretar” (lo mismo que los árboles maderables), en las primeras horas de la mañana y en menguante, pues en esa época su contenido de agua es menor, la madera dura más tiempo, la guadua coge mejor macana y se previene el ataque de bichos y en especial la prematura broma. En la noche no se puede arremedar el canto del “pájaro maligno”, porque en forma inmediata se aparece el terrorífico animal y hará desaparecer al imitador. Donde caen muchos rayos, es porque hay oro o escondidas riquezas. Lo mismo se dice de donde nace un arcoíris. Los árboles de aguacate (persea gratissima) atraen los rayos. La mejor manera de acabar con las verrugas, es contarlas y echar su correspondiente suma en granos de maíz empacados en un talego, salir a caminar y luego arrojar el contenido hacia atrás, sin mirar donde cae, porque si se mira lo más posible es que se duplica su número. Quien desprevenidamente recoja el talego y lo destape, se le pegarán las verrugas. Si en el atardecer los rayos del sol al filtrarse por entre las nubes forman arreboles, es porque se aproxima un buen verano. Igual interpretación se da, si hay una noche despejada, estrellada y pasan por el firmamento meLo típico en tierra de colonización antioqueña

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teoritos a los cuales se les pueden pedir deseos. Las conchas de mar guardadas en la casa traen mala suerte. Elementos e imágenes de búhos proporcionan buena suerte. Los calvos (cabecipelados), que en ayunas se unten en la cabeza rila de gallina, les puede reaparecer el cabello. El sábado Santos se arrancan verbenas blancas (verbena littoralis) y si le encuentran carbones entre sus raíces, son guardados como reliquias. Malas manos y buenas manos. Existe la creencia de que hay personas que todo lo que tocan lo dañan, pudren o secan; su presencia en lo jardines de la casa es devastador porque pocos días después las plantas empiezan a marchitarse; si manejan leche ésta se cuaja; si acarician animales pequeños, éstos se atrasan en su crecimiento; si siembran una semilla o planta, no les nace o crece; si revuelven la natilla no les cuaja; si elaboran alimentos comestibles en forma inmediata ,empiezan a fermentar o a vinagrar; si tocan carne fresca, muy pronto se vuelve rancia. Son pésimos para el guiso o culinaria porque las comidas les quedan “chorotas” o se les corta, no les sube el batido de los huevos y hasta en el amor se nota su fracaso y acaban con la belleza de su pareja en pocos meses. Lo contrario sucede con las denominadas Buenas manos, todo lo que siembran les crece y reproduce, lo que hacen en comidas les queda sabroso, tienen fama de “tumbalocas” o de buenos conquistadores en el amor(...). Aseguran que hay personas con esos atributos, aunque no lo noten o se den cuenta sus poseedores. LA COTIDIANA COMUNICACIÓN EN REFRANES Y DICHOS “A BUEN ENTENDEDOR, POCAS PALABRAS” La reiterada frase sentenciosa o dicho agudo es inculcado desde la infancia en la formación familiar, religiosa y cultural del colono antioqueño y sus descendientes. Si algo distingue al paisa o “maicero” es su eufórica comunicación oral recurrente a un variado refranero y refraLo típico en tierra de colonización antioqueña

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nesco (frases convertidas en refranes). Por más que el dicho parezca ingenuo, tiene dentro de sí un gran contenido social y cultural y el antioqueño lo supo recrear con el entorno y en especial con los animales domésticos que lo acompañaban. Por eso en el complejo cultural antioqueño abundan los dichos, donde la comparación se hace con animales, tales como el perro, el marrano, el caballo , el macho, la mula, el gato y las gallinas, como ejemplo: Las gallinas de arriba, siempre cagan a las de abajo. Reflexionar y comprender el contenido es lo importante y poco interesa su adecuada pronunciación: ¡pa`que vea!, que “no hay peor sordo, que el que no quiere oír”, porque por más que el dicho o refrán parezca ingenuo y trivial tiene su importancia en la comunicación de la colectividad. La exagerada utilización de refranes, dichos, eufemismos, epifonemas o aforismos, hacen más ameno el diálogo y permiten compendiar la idea y facilitan la transmisión del mensaje: !Oíste vos! Como hijo de tigre nace pintao, aquí nos tienen manoteando más que un ahogao, sin d, en este caso por ser sílaba prohibida para buen paisa en hablao o conversao. Refrán, refranero, refranista, las paremias y la paremiografía. Es cierto que el uso del refrán o dicho es universal, pero el antioqueño lo supo domesticar, ambientar e identificar con lo cotidiano. Merece pues explicarse el significado de refrán como dicho agudo o sentencia de uso corriente; refranero como frases o conceptos que se expresan a modo de refrán y refranista a las personas que a menudo citan refranes; las paremias como refranes, proverbios y sentencias y la paremiografía como la colección de refranes. Fuentes del refranero popular. Alimentan o son fuente del refranero popular: los proverbios o citas bíblicas en la formación doctrinaria y tenor reverencial a sentencias de credo católico, la mayoría de ellas en fiel aplicación de las Bienaventuranzas como por ejemplo: “Bienaventurados los pobres de espíritu
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porque de ellos es el reino de los cielos” (entendido como mensaje de resignación), “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre al reino de los cielos”, esta última convertida en el refranesco popular antioqueño, así: “Los ricos no pierden, sino el alma y las hijas de los pobres” . Son también semillero o fuente del refranero las frases celebres, los dichos o frases de cajón, las referencias literarias o pensamientos de prohombres y filósofos. La frase con doble sentido. El refranista paisa sobre todo recurre a usar la frase picaresca de doble sentido o doble filo para decir las cosas censuradas por la moral o expresar lo sarcástico, burlón o irónico, en forma soterrada para no herir susceptibilidades; es decir, comunicar con todo respeto la sentida realidad y verdad, aunque “la procesión vaya por dentro”, en un ejemplo: “Árbol que nace torcido, nadie lo endereza” o el más agudo, “A la vaca ladrona, no se le olvida el portillo”. ¿Cierto? Al remate de cada sentencia el paisa agrega la expresión : ¿cierto? para despejar cualquier duda en lo dicho y demostrar la verraquera o seguridad. Los juicios a veces se vuelven sofismas de distracción o “mamagallismo”; se prestan para analizar, como el siguiente ejemplo: “Dizque el que le pega a una mujer es un cobarde y el que se deja pegar de ella, también lo es… ¿Cierto?” Se observa que, el “dizque” precede al dicho, es que buen “maicero” no se puede separar de ese término: “dizque le mande, dizque a mi mamá, dizque una libra, dizque de panela, dizque mañana, dizque le manda, dizque con la plata, dizque le debe”. El típico refranesco antioqueño. Las frases que se utilizan o improvisan a manera de refrán, en el lenguaje del antioqueño son muy típicas y recurridas.
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Muestrario del popular refranesco paisa: A mí no me convence, ni finca chiquita, ni muchacha joven, ni caballo viejo. Al policía, al loco y al perro, no se le debe mirar a los ojos. Es más grande, que un solar en Cartago (hay que conocer los solares de Cartago, para entender el refrán). No es sino levantar la enjalma para ver las peladuras. Ese está tan viejo, que no se sostiene las nalgas con las dos manos. Es tan tacaño, que no caga en falda por no ver rodar el bollo. Es tan amarrado, que ladra de noche para ahorrar el perro. Tiene más pecas que un banano maduro. Es más viejo que el uso de andar parado. Es tan rico, que lo motila la señora. No hay burra que no patee, ni… que no lo dé. Ese no es más que buche y pluma. Sube más una cometa de plomo. Está bien el enfermo que come y caga. Ese no convence un perro con una libra de hígado. Cuando uno va para viejo hasta el culo se le chupa. Cagado un dedo, cagada toda la mano. A la mujer bigotuda, de lejos se le saluda. Hombre con bozo, beso sabroso. Un bobo careado mata hasta la mama. Más largo que una semana sin carne. Mujer lunareja, “patialegre” la pendeja. La plata es para contarla y la mujer para acariciarla. Cuando uno va de culos no hay barranco que lo ataje. El que no tiene más, con su mujer se acuesta. Caballo, montura y mujer, no se prestan. Quien no arriesga un huevo, no saca un pollo. Las esposas como las vacas, se escogen por la madre. Cada cual tiene su manera de matar las pulgas. Vaca chiquita siempre es ternera. Tiene más ojos que un caldo de pescado. Amor con hambre no dura. Cuando el pobre saca a “soliar” las cobijas, llueve. Estar como gato en “machacadero” de carne.
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Estar “miando” fuera del tiesto. Los burros viejos se buscan para rascarse. Montañero no pega en pueblo. Mula parada no gana flete. Quiere yarumo pero sin hormigas. Si uno supiera donde va a caer, pasaría gateando. No aguanta una misa con triqui-traques. Hizo hasta para vender. Al pobre y al feo, todo se le va en deseo. Tiene más hijos que un maguey. Debajo de la morronguera se le ve la montonera. El matrimonio es como la salve, que comienza en vida y dulzura, y termina gimiendo y llorando. Es abundante el refranesco antioqueño y el listado puede seguir: Más enredado, que un costalado de anzuelos. Perdí chicha, calabaza y miel, tres puchos y un carriel. Más cansón que una vitoria bajo el brazo. Decirle a alguno cuanto son cinco y cinco. Descubrir el agua tibia. A claro pedido. La carne de cura, es dura. A un cagajón, poca atención. Está más encartado, que una gallina criando patos. Al que no le guste así, que le piquen caña. Deber plata es mejor que deber favores. El pájaro no caga en su nido. De malas en el juego, de buenas en el amor. El que con “culicagaos” (niños) se acuesta, cagado amanece. Cada hijo trae su arepa debajo del brazo. Al que no conoce de ganado, lo embiste la boñiga. A todo bobo se le aparece la Virgen. A la mano de Dios y a la pata del diablo. Los hombres en la cocina huelen a rila de gallina. A la prima me le arrimo.
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Es más seductor, que el gallo de las Pérez, que aprendió a nadar para conquistar un pato. Comiendo y tentando. El que es verraco, con una tiene. Le toco bailar con la más fea. Se arropan con la misma cobija. El que quiere pescado, tiene que mojarse el cacao. Antioqueño no orina solo. El refrán se mezcla con el aforismo y epifonema, originando dichos: “Como decía mi abuelo” Epifonema. A manera de ilustración se explica que el EPIFONEMA es la exclamación sentenciosa que resume un relato, es como la moraleja de algo que se ha contado, verbigracia: “vos vas a quedar, como gallinazo en jaula de oro”. Tal vez después de haber narrado su historia un campesino, que con sus ahorritos compra la mejor casa del pueblo para vivir en ella. Se le puede agregar a este cuento: “Aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión”. O unos menos serios: “Más creído, que marrano estrenando lazo”. O “Va a quedar, como marrano con dientes de oro o comiendo ponqué”. Aforismo. El aforismo atendiendo su significado es la sentencia breve y doctrinal: “Cría cuervos y te sacarán los ojos” o “Dime con quien andas y te diré quien eres”. En el uso cotidiano no se diferencian el aforismo y el epifonema, más bien se suman o integran: “Vos entendés, dizque el que mucho habla, mucho yerra y no me convence ni macho viejo, ni moza joven, ni finca chiquita porque perro viejo ladra echao. ¿Cierto?”. No es tarea difícil recopilar el refranero y refranesco de uso común en la provincia. Se dan silvestres como la batatilla (bejuco) y en diferentes verLo típico en tierra de colonización antioqueña

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siones. Sobre los mismos se pueden hacer reflexiones filosóficas y hasta sonreír por su genialidad. Nos metimos en camisa de “once varas” con un tema que tiene “mucha tela para cortar”, pero empezamos a entender el valor lingüístico, histórico y antropológico de lo propuesto porque: “el que anda entre la miel, algo se le pega”. LA PAREMIOGRAFÍA O SEA LA COLECCIÓN DE REFRANES COTIDIANO REFRANERO ANIMALES EL PERRO · A otro perro con ese hueso. · A perro acostado, no se le pisa el rabo o la cola. · A perro ajeno, no se le toca la cola. · Acabó hasta con el tendido de la perra. · Al perro flaco, todo se le vuelve pulgas. · Al perro, no lo capan sino una vez. · Cuando uno está de malas, hasta los perros lo mean. · El perro, se parece a su dueño. · El que alimenta perro ajeno, con el remordimiento se queda. · El que se queda atrás, lo muerden los perros. · Entre más conozco al hombre, más quiero a mi perro. · Es más andariego, que perro con tres güevas. · Es más andariego, que perro huevero en cosecha de aguacate. · Es más rebuscadora que la perra de San Roque. · Eso le pasó por perro. · La necesidad tiene cara de perro. · Le fue peor que perro en misa o procesión. · Muerto el perro, acabada la chanda. · No convence a un perro, con una libra de carne. · No creo en cojera de perro, ni en lágrimas de mujer. · No sea perro.
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· Para el mal de la perra, pelos de la misma perra. · Perro que ladra no muerde. · Perro que no conoces, no se le toca el rabo. · Perro viejo ladra echado. · Perro, no come perro. · Quien se mete a perro, es para ladrar. · Salió como perro regañado, con la cola entre las patas. · Se presenta con cara de perro regañado. · Tener carne de perro. · Un lambón y un perro tocón, no entran a ninguna parte. EL CERDO · A cada puerco le llega su navidad. · Al marrano con lo que es alimentado. · Andar como marrano sin tramojo u horqueta. · Aunque el marrano sea blanco, siempre la morcilla es negra. · Cada marrano con su horqueta. · Chilla más que un cerdito en un costal. · El burro le dice al marrano –Orejón· El cerdo es la alcancía del pobre. · Es más ladrón que marrano mono. · Eso era cuando mataban los cerdos en taburete. · Eso le paso por marrano. · Está más pinchado que marrano estrenando lazo. · Más cansón que un marrano en la cocina. · No sea marrano. · Quedó como un marrano, con dientes de oro. · Se ve como marrano comiendo ponqué. OTROS ANIMALES · A mula regalada no se le mira el diente. · Cada loro en su estaca. · Habla más que loro mojado.
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· Loro viejo no aprende a hablar. · Hijo de tigre nace pintado, de chucha rabipelado. · El tigre no es como lo pintan. · El mico baila por la plata. · El mico aprende dándole palo. · El mico sabe a qué palo se sube. · Más triste que un mico recién cogido. · Cada burro viejo con su aparejo. · Cada gallinazo tiene su cirirí. · Cada gallo canta en su gallinero. · Por la boca muere el pez. · De noche los gatos son pardos. · Qué culpa tiene la estaca, si el sapo salta y se estaca. · Del burro no hay que esperar sino patadas. · Un burro diciéndole a otro burro. · A vaca ladrona no se le olvida el portillo. · Gallina vieja da buen caldo. · Quien con lobos anda a aullar aprende. · Cuando mula no moría, gallinazo qué comía. · Las gallinas de arriba siempre cagan a las de abajo. · Quemar pólvora en gallinazo. · Gato maullador poco cazador. · Más claro no canta un gallo. · Los pájaros tirándole a las escopetas. · Más vale pájaro en mano que cien volando. · De grano en grano llena la gallina su buche. · Caballo grande ande o no ande. · Eso es pelea de toche con guayaba madura. · Cuando diga mula negra, no le busque pelo blanco. · Mula que otro amansa, resabio le queda. · No le busque cinco patas al gato. · El buey sólo bien se lame. · De mañana en mañana pierde el ovejo su lana. · Ni cabalgues en potro ni desees la mujer de otro. · El burro (la mula) adelante patea y atrás corcovea. · Una cosa piensa el burro y otra el que lo está enjalmando o
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arriando. · Cría cuervos y te sacarán los ojos. · ¿A dónde va el buey que no are, ni la burra que no cargue?. · Es más flaco que ratón de sacristía. · Se comió o vendió la gallina de los huevos de oro. · Chillan más que un cajonao de pollitos. · Se rebusca más que gallina tuerta en un basurero. · Más vale pájaro en mano que cien volando. · El pez grande se come al más chiquito. · Donde menos se espera salta la liebre. · Está más pelado que sobaco de rana. · Ratón chiquito, rabo largo. · No hay algo peor que una caranga (bicho) resucitada. · Trabaja más un cucarrón de espaldas. · Es más peligroso, un gusano de col (inofensivo). · En boca cerrada, no entra mosca. · Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. REFERENCIA DE REFRANERO COTIDIANO VARIOS TEMAS · Cría fama y échate a dormir. · Matrimonio y mortaja del cielo bajan. · En tierra del ciego, el tuerto es rey. · La plata es para contarla, la mujer para acariciarla. · Vestir altar, para que otro diga misa. · A falta de pan, buenas son tortas. · Ganar indulgencias con padrenuestros ajenos. · El rico, no pierde sino el alma y las hijas de los pobres. · A los pendejos, ni Dios los quiere. · Es mejor prevenir que curar. · Hablando del rey de roma y él que asoma. · Hombre prevenido vale por dos. · Indio comido, indio ido.
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La cara del santo hace el milagro. · Llevar leña para el monte. · Del árbol caído todos hacen leña. · Del mismo cuero salen las correas. · Dime cuánto tienes, te diré qué vales. · El que juega por necesidad pierde por devoción ( u obligación) · Hijo que se parece al padre, honra a la madre. · A los mansos e ingenuos, los capan parados. · Cómo será de pobre, que no se ha casado. · Compañía ni con la cobija. · Del dicho al hecho hay mucho trecho. · Murió pobre y soltero. · Es mejor un mal casamiento, que una soledad serena. · Arrieros somos y en el camino nos encontramos. · Cuando la cena es candela, el desayuno es agua. · Donde fueres, haz lo que vieres. · Es más fácil conseguir que guardar y lo primero es obra bien difícil. · El aguacate para el sancocho y la pepa para la cama. · El que no quiere caldo, se le dan dos tazas. · El que a cuchillo mata, a cuchillo muere. · El borracho y el niño dicen la verdad. · La procesión viene por dentro. · Señor cuídeme de los amigos, que de los enemigos me cuido yo. · A mal tiempo, buena cara. · A Dios rogando y con el mazo dando. · A buen entendedor, pocas palabras. · Donde está la plata, está el amor. · Lo que por agua viene, por agua se va. · Ojos que no ven, corazón que no siente. · El que mucho abarca, poco aprieta. · El que se pone de Cristo, muere crucificado. · La plata, llama la plata. · La ocasión hace al ladrón.
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Tanto rueda el cántaro, hasta que por fin se quiebra. · Así paga el diablo a quien bien le sirve. · El día de la quema, se verá el humo. · Es mejor andar solo, que mal acompañado. · No se puede repicar y andar en la procesión · Barriga llena, corazón contento. · El que mucho abarca poco aprieta. · Si Dios no quiere, los santos no pueden. · Siempre pilo en el mismo pilón. (fidelidad). · No va más lejos el que madruga, si no al que Dios le ayuda. · Más entrador, que un antioqueño. · Nadie es profeta en su pueblo. · Más peligroso, que un bizco con una escopeta de dos cañones. · La fruta podrida, daña a las demás. · La mejor comida, es una buena hambre. · Más golpeado, que rodilla de zapatero. · Come más, que boba en dieta. · Tiene más carne, que un tamal para el cura. · Tiene más patas, que una fábrica de jaleas. · Anda más, que una mala noticia. · Come más, que bobo de pueblo. · Tras de ladrón, bufón. · Tiene más condiciones que un juego de tute (naipe). · Tiene ojos más matadores, que un zapato estrecho. · Ni tanto que queme al santo, ni tampoco que no lo alumbre · Bueno es cilantro, pero no tanto. · Sube como palma, baja como coco. · Entre más canoso, más ganoso · Zapatero a tus zapatos. · La mirada es más elocuente, que las palabras. · La suerte de la fea, la bonita la desea. · De buenas intenciones, está empedrado el infierno. · Lo fino viene en empaque pequeño. · Pasó como volador sin palo.
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· Un clavo saca otro clavo. · No por mucho madrugar, amanece más temprano. · Lloviendo y haciendo sol, son las gracias del señor. · El que no escucha consejo, no llega a viejo. · La pereza es la madre de todos los vicios. · El que juega con fuego, con él se quema. · Todo lo del pobre, es robado. · No da puntada sin dedal. · El que guarda comida, guarda pesares. · Árbol que nace torcido, nunca se endereza · Donde hay mucho limosnero, todos pierden la limosna. · El que entre la miel anda, algo se le pega. · En casa del ciego, el tuerto es rey. · Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. · Por la maleta se conoce el pasajero, por los zapatos al caballero. · El que no tiene más, con su mujer se acuesta. · Es mejor malo conocido, que bueno por conocer. · Arepa que no se voltea, no se asa. · Cuando no hay solomo, de todo como. · Hay de todo como en botica. · El que no llora, no mama. · Se mueve más, que natilla de pobre. · Así paga el diablo, a quien bien le sirve. · Cuando el río suena, piedras lleva (se ahogó un músico). · No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. · Agua que no has de beber, déjala correr. · Cada hijo, trae su pan debajo del brazo. · Hay que ver para creer. · Dime con quien andas y te diré quien eres. · A trapiche viejo, caña niñita. · Entre más viejo, más pendejo. · Más sabe el diablo por viejo, que por diablo. · Cuando la pata se hincha, la sepultura relincha. · El que escupe para arriba, en la cara le cae. · Mano lava mano.
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· Entró por lana, salió trasquilado. · El ladrón juzga por su condición. · A un bagazo, poco caso. · Más vale llegar a tiempo, que ser invitado. · Habla más, que un perdido cuando lo encuentran. · Maluco, también es bueno. · El que feo ama, bonito le parece. · El que anda mal, mal acaba. · Nadie da, de lo que no tiene. · Nadie diga –De esta agua no beberé· El que guarda manjares, guarda pesares. · El que tiene boca, se equivoca. · El que tiene más saliva come más hojaldra. · En la puerta del horno, también se quema el pan. · Dineros y pesares, no vienen solos. · Goza más, que un bobo chupando un bombón. · Es mejor prestar la mujer, que la guitarra. · En este pueblo el último que se acuesta apaga la luz. · El que es caballero repite. · Come más, que una llaga en los tobillos. · El espanto sabe a quien le sale. · Donde se saca y no se echa, pronto pasa la cosecha. · Lo que de noche se hace, de día aparece. · Lo que se ha de empeñar, que se venda. · El que nada debe, nada teme. · En la variedad está el placer. · En casa de herrero, cuchillo de palo. · No hay peor sordo que el que no quiere oír. · Todos en la cama o todos en el suelo. · No hay cama pa' tanta gente. · Cría fama, échate a dormir. · De tal palo tal astilla. · Ni raja, ni presta el hacha. · La cuña del mismo palo, es la que mas aprieta. · Amor de lejos, amor de pendejos. · Dios le da pan a quien no tiene dientes.
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Deja la carne por irse a ruñir hueso. · En casa del ahorcado, no se menciona la soga. · Ensillar antes de traer las bestias. · La plata llama la plata. · Más rápido cae un mentiroso, que un cojo. · Hay que aspirar a Papa, para llegar a sacristán · De los bobos viven los vivos. · El que menos corre vuela. · Pueblo pequeño, infierno grande. · Es mejor no alborotar el avispero. · La ropa sucia se lava en casa. · Lo barato sale caro. · Más simple que beso de boba. · Cuando una puerta de cierra, miles se abren. · El que se viste con lo ajeno, en la calle lo desvisten. · A mal tiempo buena cara. · Lo prometido es deuda. · Lo que nada nos cuesta, volvámoslo fiesta. · Casamiento y mortaja, del cielo bajan. · El que ha sido trapo antes que mantel, no hay que confiarse de él. · El que se vuelve miel, se lo lamen. · No hay novia fea, ni muerto malo. · A Dios rogando, con el mazo dando. · A falta de pan, buenas son tortas. · El que pega primero, pega dos veces. · Matrimonio y mortaja, del cielo bajan. · Donde fueres, haz lo que vieres. · La ocasión, la pintan calva. · No todo lo que brilla es oro. · Ese es oro del que cagó el macho moro. · El tiempo es oro. · El que se va para Sevilla, pierde su silla. · Cada cual tiene su manera de matar las pulgas. · Quien siembra vientos, recoge tempestades. · El que aguanta lo más, aguanta lo menos.
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· Yerba mala, nunca muere. · Primero muerto que descolorido. · Tanto va el cántaro a la fuente, que por fin se rompe. · Nosotros es mucha gente. · El que tiene rabo de paja no se arrima a la candela. · Nadie se muere en la víspera. · El antioqueño cae parado. COTIDIANOS SONIDOS “SE ENTIENDEN HASTA POR SEÑAS” Los animales domésticos y hasta las fieras, cuentan con un variado lenguaje de sonidos, que aún permanecen en las costumbres regionales. Es como otro idioma por medio del cual el colono paisa o “arepero” y sus descendientes, logran comunicarse con la fauna del entorno. Es un conjunto de sonidos o ruidos con original pronunciación o vocalización, intraducible para otros idiomas. En su cotidiano uso tienen su practicable significado. Lo interesante es que comunican mensajes y lo insólito es que los receptores son animales irracionales (vaca, perro, gato). Nadie los enseña porque se van aprendiendo por oído, acabando por volverse necesarios. Ni buscarlo en los diccionarios porque no aparecen, ni mucho menos tienen etimología, tal vez porque sus raíces son la naturaleza en sus elementales sonidos. Existen y hacen parte fundamental de la cotidiana comunicación. Típico lenguaje de comunicación con los animales. En una aproximación fonética presentamos la siguiente reseña: CUTU-CUTU-CUTU(seguido). ¡Vengan gallinas! PÍO-PÍO-PÍO¡Vengan pollitos! ¡Tan lindos los pollitos! TEE-TEE-TEE (gritado y con eco en la e). ¿ Dónde estás vaca descarriaLo típico en tierra de colonización antioqueña

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da? Que venga la vaca. MEE-MEE-MEE (suave y con eco en la e). ¿Dónde estás ternerito lindo? CHOI-CHOII-CHOIII (silbado). ¡Ven perrito! CHISS-CHISS-CHISS:(autoritario y susurrante) ¡Fuera animal cansón! Chisteo. UCHI-UCHII-UCHII ¡Fuera cerdo perecoso!, y el animalito muy obediente se va todo regañado. CHOU-CHOU-CHOU (aspirado o chupado con la lengua en el paladar). ¡Vengan cerditos hermosos!, y vienen a la carrera los “cabeciagachados”. PISS-PISS-PISS. Necesito los piscos o pavos. CUA-CUA-CUA. ¡Vengan los patos! ¡Tan lindos los patos! CHUVITO-CHUVITO-CHUVITO (con los labios dispuestos como para besar). ¿Dónde estás gatico? Que venga el gato. ÑIAU-ÑIAU-ÑIAU. ¡Tan bello el gatico! ÑARRAUU-ÑARRAUU. ¡Deja tu conquista gata apasionada! “Ñarriar”, insistir en la conquista romántica. ¡SO! ,!SO!,! SO!, (fuerte y con verraquera). !Quieta mula h.p!, “detente animal feroz, inclina la cabeza al suelo, que antes que vos naciera, nació el redentor del cielo”. CHOO-CHOO-CHOO, (suave y chupado). ¡Cálmese animal! KI- KI- RI- KI. ¡Soy más verraco que usted, señor gallo! Hora de despertar. GUAU-GUAU-GUAU, (retumbante). ¡Ladre perro que el animal está “enmontado2! ¡Soy más perro que usted!
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TOC-TOC-TOC. ¡Mejore el paso caballo trabado! CURRUCUTU-CURRUCUTU-CURRUCUTU. No me asusta ningún animal misterioso o demoniaco. ¡Tiemblen niños que viene el chucho! BUO-BUOO-BUOOO.¿Dónde estás animal embrujado? URRA-URRA-URRA. ¡Arranca mula resabiada! MUU-MUU-MUU. Conversemos amigo toro. Bufa la bestia demoniaca. Con la metodología de parar la oreja - escuchar con atención - se puede aumentar la anterior reseña. ONOMATOPEYA La típica onomatopeya o sea la imitación del sonido de una cosa en el vocablo que se forma para significarla, está presente y abunda en la comunicación oral del paisa, logrando en su conversación intercalar entre las normales palabras, sonidos onomatopéyicos haciendo más real y patética la descripción.

Muestra de onomatopeya cotidiana: PUM: .Un tiro. PUM-PUM-PUM. Varios tiros PUM Y TRAS. Se le fue el tiro por la culata TASS-TASS. Se volvió pedazos la callana u olla de barro. PUSSCHI. (Chupado y entornando los ojos). Beso tierno.
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CHITOO. Silencio. TRIS-TRIS. Romper la rama. TUM-TUM. Tocar la puerta. Dar golpes en algo. BLA-BLA-BLA. Hablar mucho. “Hablar más que loro mojado”. “Ese no habla sino paja y puro bla-bla-bla” GAQUIS. ¡Qué fastidio! CLO-CLO-CLO. Canta la rana CHISS-CHISS.Silencio. TILÍN-TILÍN. Suena la campanilla. SISISSS. Viento suave. TRAQUE (repetido). Ruido al caer algo. BUUU (con eco en la u). Ruido de tormenta. PLAS-PLAS. Aplastarse. PLUS-PLUS. Chapotear. GROGO-GROGO. Hacer gárgaras. ZAS-ZAS-ZAS. Le llegó de sorpresa. Lo hizo con rapidez. CARRATAMPLUM. Sin inconveniente. De una vez. Con el dicho: “dos cucharadas de caldo y mano a la presa”. TAQUE-TAQUE. Golpear en forma contundente. UJUHIH- UJUHIH (gutural y con la boca cerrada). Duda. Vacilación.
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TINGUIS-TIRINGUIS-TINGUIS (repetido). Suena el tiple. PUH-PUH-PUH. Esfuerzo. Respirar fuerte para alzar la carga. JA-JA-JA. Burla. Reproche. ¿Qué va a ser reina?, ja, ja, ja. JI-JI-JI. Se ríe la bruja esa. FO-FO-FO. Mal olor. Cosa de mal gusto. FU-FU-FU. Acezar. Respirar fuerte. TARAN-TAN-TAN. Suena el tambor. EL LENGUAJE DE LOS GESTOS Y LOS ADEMANES Se entienden hasta por las muecas y las señas.

En tierra de colonización antioqueña que motiva el estudio de sus tradiciones; y en cuanto a la comunicación oral, se observa que no solamente se utilizan sonidos, palabras y fonemas del idioma español, sino que también se incorporan y son de uso común una variedad de gestos y ademanes, lo que hace necesario escuchar y mirar con detención al interlocutor para poder entender a fondo lo comunicado. Al observarse se precisa que el prototipo del descendiente de colono antioqueño es un expresivo artista distinguido por su sobre actuar: manotear, hacer gestos, reflejar en todo su cuerpo los sentimientos que desea comunicar; tiembla en escenas de terror, se tapa los ojos para no ver el peligro o el ataque de la fiera, finge llorar (con lágrimas de cocodrilo), susurra palabras significando misterio, reserva o respeto; se emociona abriendo los ojos y ríe, a veces llegando hasta la estridente carcajada.
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El paisa en su comunicación recurre a raros sonidos, manifiesta enigmáticas señas, se arrodilla, se da golpes en el pecho y echa bendiciones. Jura besándose las manos, mirando hacía arriba y escupiendo el suelo. Hasta se atreve a abrazar o estrujar a su contertulio tocador el malicioso - mejor dicho, por su hablado lo conoceréis: “!Fuiste vos!”, “Oíste, entonces tris-tris-tris, hizo la rama y ¡plas!,!plas!, cayó de nalgas el muchacho en el sucio pantanero, gaquis”. El anterior típico comportamiento se encuentra en extinción. La modernidad y la universalización en la comunicación están aportando otras expresiones al hablar o imitando nuevos sonidos: motor y ruidos electrónicos. Es válida la frase “Por los gestos los conoceréis”, ya que los auténticos paisas o los descendientes de colonos antioqueños, conservan y practican un particular lenguaje gestero, donde cada movimiento de las facciones o del cuerpo, indican algo, manifiestan estados de ánimo o conllevan un mensaje. TÍPICAS FORMAS DE DIALOGAR En la vida cotidiana de la provincia se distinguen varias típicas formas de dialogar o conversar, entre las más relevantes: Comadriar. Originado de conversatorios entre comadres y beatas con toda su picaresca. Chismosiar. Diálogo para actualizarse en los últimos chismes, rumores y comentarios del “correo de las brujas”; tema propio de costureros. Comer prójimo. Conversación abocando las cualidades de un personaje; dicen que cuando arden las orejas, es porque están hablando mal de uno. Rajar. Cuando la conversación se concentra en criticar las virtudes, valores o cualidades de una persona.
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Charlar. Complicada conversación sobre temas cotidianos. Echar carreta. Dialogo con el fin de convencer a alguien. Medio utilizado por los negociantes para tramar a sus potenciales clientes. Loriar. Diálogo entre cómico y sarcástico. Cuentiar. Conversación cuyo principal fin es lograr algo, por ejemplo una conquista romántica; de su uso surgen frases como estas: “le echa el cuento”, “se comió el cuento” y “cayó en el cuento”. Cantaleta. Monólogo para regañar, amonestar o aconsejar a alguien. En todas las anteriores manifestaciones verbales es preponderante el lenguaje macro gesticular. “Echar paja”. Hablar sobre cosas o hechos triviales. ALGUNAS CARACTERÍSTICAS AL HABLAR Son típicas para el colono antioqueño y su primera descendencia, la siguientes expresiones: en la oscuridad disminuye la locuacidad del emisor, pasando al murmullo y llegando con rapidez al mutismo. Tal vez en un prefijado comportamiento de que “si no me ven, no me entienden” y por lo tanto hay que callar o como dicen: “tragarse la lengua”. Existe la prevención de que si el receptor no mira con atención al que habla, tampoco lo está escuchando, ni mucho menos entendiendo y el acto es definido como de mala educación, descortesía y desinterés, por eso el tradicional trato en la conversación exige mirar fijamente al que está conversando. La exageración en movimientos al hablar es definida como “payasada”. La ausencia de gestos y ademanes al hablar se interpreta como un diálogo “frío” o aburridor y define la personalidad del dialogante como: tímido, atembado y apendejado. El tono de la voz se adapta a los movimientos corporales así:
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Tono de la voz. El tono de la voz se acomoda a los movimientos corporales, pues así lo notamos, cuando el tono de voz es bajo, pausado, al mismo tiempo que los movimientos son lentos para dar la sensación de pena, dolor. Esta manera de actuar también se manifiesta para comunicar un secreto dando lugar a la creación del dicho: “Las paredes tienen oídos”. Cuando el tono de la voz es alto los movimientos corporales son bruscos, queriendo demostrar con ello verraquera, rabia, desafío (¡aquí estoy!, ¡qué pasa!), lo que da lugar a respuestas como: “¡No me hable duro que no soy sordo!”. Es típico en la región que personas de extracción campesina hablen con voz fuerte, sin que signifique que estén enojadas. El hablar paisa en forma acelerada o en cascada, no significa estar asustado, ser perseguido o tener miedo; es su natural modo de ser que cuando no encuentra algo qué decir, grita.

Muestra de algunos gestos y ademanes. Guiñar con coquetería un ojo. Utilizado con malicia para conquista romántica; ¡Uy, me mató el ojo! cariñoso mensaje. Coqueteo. Cerrar ambos párpados apretándolos fuertemente. Ver algo que no se quería ver. Cautivante belleza. ¡Qué traga! Parpadear. Como que sí o como que no. Vacilación. Quedar estupefacto. Quedar viendo un chispero. Abrir los ojos al máximo. Susto. Te estoy viendo y no te tengo miedo. “Por favor no me abra los ojos”. Amenaza. Incitación. Tapar los ojos y la cara con las palmas de las manos. Estupor. ¡Qué pena! Terror. Fatalidad. Poner ojos de ternero huérfano. Arrepentimiento. Tristeza. Humildad.
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Mirar fijamente a un determinado punto del horizonte. Vive muy lejos. Avizorar algo. Esperar el retorno. Mirar con sigilo a todos los lados . Tener cuidado. Buscar al escondido. Estar en alerta. Chupar con fuerza el labio inferior. Saborear. Apetecible. Algo muy delicioso. Soplar con suavidad. Viento leve. Prender el fogón de leña. Escupir hacia el suelo. Gesto para significar fastidio o algo repulsivo. Típico juramento. Toser con suavidad. Anunciar la presencia. Estar de acuerdo o dudar. Abombar los cachetes y abrir los ojos. Referirse a persona inflada o engreída. Mueca para asustar niños. Aflorar los labios cerrando los ojos. Ternura. Un beso romántico. Mostrar los dientes apretándolos. gesto con significado de rabia o femenino desafío. Temblar de pies a cabeza. Sentir miedo. Estar aterido por el frío. Aterrado. Incapacidad. Acezar. Correr de prisa. Estar fatigado. Sentirse perseguido. Darse golpes de pecho. Arrepentimiento. Machismo. Egoísmo. “Yo no fui”. Tratar de esconder la cabeza entre los hombros. Estupefacto. Dudar de algo. Desconcierto. Mover con suavidad la cadera. Gesto de comportamiento femenino. Mujer atractiva.
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Mover la cadera en coordinación con los pies, sin moverse del sitio. Bailar. Voltear la cara al lado contrario del que pasa o mira. Odio. Indiferencia. No deseo verte.

EL LENGUAJE DE LO COTIDIANO La medida de las cosas. La provinciana tradición aún aporta el uso de algunas medidas, aunque después de 1950 se empezaron a implementar nuevos sistemas como el decimal en el metro, los gramos en la libra y litro o galón para los líquidos. El proceso de adaptación fue lento por la arraigada costumbre, que en un principio no aceptó la imposición de medidas universales, que en nada se parecían a las tradicionales y es así como algunos ciudadanos aún viven apegados al lenguaje de sus antepasados. Algunos términos en medidas, que han sido de típico uso: Atado. Dos unidades. El ternero y la vaca. Envoltorio de cosas para ser cargadas. Atado de panela. Abarcadura. Lo que se alcanza a ceñir con los brazos. Troncos de árboles hasta de cuatro abarcaduras. A ojo. La cantidad que la persona considere apreciar con su mirada. Oferta aleatoria por varios productos. Al bulto. Ofrecer por la cantidad que se le pone presente y que no se le ha especificado en cantidad. A ciegas. En el negocio, cuando ambas partes no conocen el producto que van a recibir en el cambio. Cambiemos fincas a ciegas. Brazada. La cantidad que se alcanza a abrazar. Traiga diez brazadas de caña o bagazo.
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Cabeza y cola. Sistema utilizado en el negocio de ganado, donde el comprador se somete a adquirir un conjunto de reses, sin escoger gordas o flacas, pequeñas o grandes y terneras o terneros. Bulto. Contenido en un costal. Lo que pueda alzarse una persona. Por bultos se vende el carbón y productos agrícolas como la yuca y el plátano. Cabuya pisada. Medida utilizada para la tierra, consistente en una cabuya con medida de ochenta varas (vara equivale a 0.80 centímetros), que en forma lineal era tirada al suelo y la van pisando en el área que quieren medir o delimitar. Carga. Dos bultos. Dos costales de aproximadamente cien kilos. El café internacional aún se comercia por cargas (125 Kilos). Cuarta. Lo que mide una mano abierta de un hombre mayor, desde el dedo pulgar hasta el meñique. Cuadra. Medida de ochenta metros por ochenta o sea 6400 metros cuadrados. Canasto. Recipiente elaborado con bejuco de dos cuartas de fondo, una y media de ancho y destinado entre otros usos para medir productos agrícolas como maíz, fríjol y café. En muchas fincas cafeteras pagan la recolección del producto por canastos. Cucharada. El contenido que quepa en una cuchara (grande o pequeña). Por cucharadas se recomienda tomar algunas medicinas. Castellano. Medida que se utiliza para pesar metales preciosos, equivalente a 4.52 gramos. Echada. Los huevos que alcanza a cubrir una gallina clueca para empollarlos. Siempre le enciman el huevo de las ánimas. Joto. Pequeño bulto de poco peso para colocar como sobornal a la carga de la bestia.
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Grito. Medida de distancia. Hasta donde se escuche el grito de un paisano. “Las casas están a un grito de distancia”. Era costumbre de paisanos el gritar para anunciar su presencia, llamar a los trabajadores en el corte o manifestar su alegría. Los arrieros gritaban pidiendo camino para su recua. Gotas. Por gotas aún se recomienda tomar algunas medicinas. Montón. Medida para vender productos agrícolas (naranja, yuca). Se valoran según su tamaño y contenido. Medida de cereales. Pucha, cuartilla y almud. Medida en cajones de madera, que se prestaban para ser imprecisos o “trampeados” (unos para vender y otros para comprar). Medida desplazada por el gramo, libra y arroba. Por pucha también se vendía o calculaba la leche. “Le vendo una vaca de diez puchas”. Pucha, aproximadamente 400 gramos de líquido. Manojo. Ramillete con medida circular y acomodada al agujero resultante de unir el dedo pulgar con el anular para el “manojo pequeño”, ya que el “manojo grande” es lo que se acomode en el agujero de unir los dos dedos pulgares de las manos, con los dedos índices. Por manojo se acostumbra vender el cilantro, las coles, cebolla de rama y otras hortalizas. Mano. Parte del racimo de plátano equivalente a una “gaja”. Cinco unidades de un producto. Ollada. Medida para cocinar alimentos o darle de comer a los cerdos. “Haga tres olladas de sancocho”. Plato. Medida para las comidas. “Se comió tres platados de doble fondo”. Pisada. Medida equivalente a un paso normal. Palmadas. En las faltas leves castigo para los muchachos (por ahí media docena en las nalgas). Para las faltas graves existe la “juetiada” o la “pela”.
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Puñado. Medida de volumen consistente en lo que se pueda acomodar en un puño semi-cerrado. Se dice: “sembré diez puñados de fríjol”. Pizca. Lo que se alcance a coger con la yema de los dedos. Soliviado. Peso que se puede alzar hasta la cintura. Paja. Servicio de agua tomado de la acequia principal para una casa del pueblo. Después se usó como medida “la llave” o sea el número de llaves de agua que tuviera cada vivienda. Tabaco. Cálculo de distancia. Lo que se gastara fumando uno o varios tabacos, por ejemplo: “ esa gurrerita (finca pequeña) queda del pueblo más o menos a tres tabacos”. Totumada. Medida para líquidos o cereales en un recipiente de totumo cortado como taza. “Se tomó dos totumadas de leche”. Vara. Medida castellana de 0.83 centímetros.

EL HABLAR DE LOS ABUELOS

Ya se escuchan muy poco aquellas castizas palabras de ese arcaico lenguaje antioqueño y parece estar cercano el día, en que el mutismo silencio en su uso- señalará su extinción en la comunicación regional. Esos sonoros términos con un especial significado van desapareciendo en el cotidiano hablar. Esas palabras, quizá por orgullo ya no se usan por ser de modesto origen montañero. Tal vez en este momento sólo nos quede la opción de ir al rescate de algunos de esos vocablos, que bien podemos exhibir en el siguiente ameno y simpático glosario con sus típicas pronunciaciones, propias acepciones y significados.
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A Agallinao. Achantado, acobardado. Atortolado. Acomplejado, anonadado. “Más triste que mico recién cogido” Arepa. Golpe de suerte. “Se ganó el premio de arepa”. Apendejado, sexo femenino. Aguüevado. Abobado, ingenuo, cándido, sonso. Arrancado. Estar mal. “Ese es un arrancado y no tiene ni donde caer muerto” B Burro. Ignorante, Bruto. Hasta hace pocos años en las escuelas de primaria, a un lado del tablero se ubicaba “la banca de los burros”, donde como escarnio sentaban a los estudiantes duros para aprender. Boyada. Enredo, complicación, embarrada. “¡Qué boyada!”. Bejuco. Enojo, enojado. “¡Estoy bejuco!”. Sexo masculino. Berriondo. Enojado,verraco. “¡Estoy berriondo! o ese es un berriondo para trabajar”. Berrinche. Mortificante lloriqueo de muchacho. Penetrante olor a orines. Bitute. Comida. Brincha. carne de res. C Carear. Incitar. “Un bobo careado mata hasta la mamá”. Cachumbos. Crespos que caen sobre la frente. Cagaseco. Tacaño. Cana. Cárcel. Cantarilla. Rifa cuyos números se anotan en un cuaderno. Cháncharos. Fríjoles. Chinche. Niño inquieto. Chiripa. Casualidad. Coco. Cabeza. “Pegarle en la cocorota” Coscorria. Persona sin autoestima. “¡Ve, esta coscorria!” Cocorota: Cabeza. Culillo: Temor, miedo.
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Culebra. Persona ágil, deuda, tener problemas. “Tener culebras”. Caracha. De poco valor, destartalado, “desgualetado”. “Carro que es una caracha”. Cascarrabias. Persona resabiada y malhumorada. “Ese un pedorro y cascarrabias”. Cosa. Insulto. “¡Ve, esta cosa!”. Órgano genital masculino o femenino. Cosa. Término para suplir otras palabras. “Vea don coso, vaya donde “cosiampirulo”, le mira las cosas y le trae las cositas a doña cosa". Algo no conocido o de poco valor es una cosa. Chiros. Ropa vieja. “¡Se va para la porra con chiros y todo!”. Chota. Abundancia. “En ese pueblo están chotas las mujeres”. Chichí. Mear el niño. “Hacer popó y chichi”. Chivo. Seductor, “gallinazo”, “un mil amores”. Chandoso. Perro, insulto. “Muerto el perro, acabada la chanda”. Chuchumeco. Viejo achacoso. Chilinguiao. Colgado, arrimado. “¡Ve, este chilinguiao!” En la pronunciación paisa es común comerse o hacer desaparecer la d de algunas palabras, por ejemplo: enamorao, fiao y porfiao . También cambian la e por i, por ejemplo Chilingueado por chilinguiado. E Emperrar. Arrancar. “Emperrarse a llorar.” Entelerido. Flaco, escuálido. F Filo. Hambre. “Tener mucho filo” G Gallina. Cobardía, cobarde. “Mucha gallina” Gumarra. Gallina. Gurbia. Hambre. Güete: Alegre. “Bailando en una pata”. Gurrera. Finca pequeña. Guarilaque. Aguardiente o tapetusa (licor casero). Güevo. Burla. “Le hizo güevo”. En diminutivo güevito, en aumentativo
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güe… y para significar algo aburridor “Güevonada”. La H en el tradicional lenjuaje paisa, en algunas palabras es cambiada por la G y por eso dicen: güeso, güeler y güelentina. Gorra. Sombrero. También se le dice teja o perrita. Gorra. Vivir de gorra o arrimado. Gorobeto. Deformado. “¡Ve, este gorobeto!” Garras. Zapatos. “Me compré unas garras”. Garra. Cuero frito de cerdo. Grillo. Pequeña porción de carne. “Almuerzo con un grillo”. Persona flaca. Golpe. Comida. “Me di los tres golpes”. Acto sexual. “Ese no aguanta un golpe”. Gomoso. Aficionado, Chambón. Entre los conductores: caballo viejo. Guindao. Colgado arrimado Guindar. Mirar por las rendijas. Voyerismo. “Le dio guinda”. J Jalado. Borracho Jullero. Orgulloso, vanidoso. “Ese es un jullero”. Jodido. Estar mal. Persona peligrosa o maliciosa. Joder. Molestar, hacer el amor. Jodieron. Castigar o vencer. ”Se casó y se jodió” Joto. Bulto pequeño. L Lata. Comida. Lempo. Grande y precioso. “Mucho lempo de mujer”. Lechero. Persona fácil de explotar por amigos y amigas. Lata. Comida. “No lleva lata a la casa”. Langaruto. Perro, insulto “¡Este langaruto!”. M Mamey. Fácil o gratis. “Ese se la gana mamey”. Marranada Cosa mal hecha. Machucante. La amante. Mica. Bacinilla o beque.
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Manteca. Despectivo para designar al servicio doméstico. Mango. Corazón. “Me duele el mango”. Mión. Muchacho. Mico. Cansón. Feo. “Ese muchacho es un mico” Mico. Tortícolis. “Se le encaramó un mico”. Mocho. Azadón. Mosa. Amante. Mula. Terca. “Esa es mucha mula”. Ñ Ñapa. Encima. Ñaña. El preferido. Ñurido. Enclenque, de poco desarrollo. Ñarriar. Conquista romántica. P Pachocho. Lerdo, de lento caminar. Panocha. Arepa, sexo femenino. Pálida. Hambre, muerte. “Le llegó la pálida” Palito. Habilidad. “Tiene el palito para hacer las cosas”. Patas. Demonio, putas, diablo, cachón. Perra. Mujer infiel. Petacón y petacona. Muchachos cansones. Pelota. Ingenuo, cándido. “Ese es mucha pelota”. Pelota. Testículos. “A ese le faltan pelotas” Piojo. Debilidad de la pareja después de la luna de miel. “Les dio piojo”. Piojo. El más pequeño de la familia. “El piojito de la casa o lavapiedras”. Pispa. Bonita, querida, espigada. Polla. Adolescente. “Tiene tres hijas pollas”. Pollo. Adolescente varón. Pela. Castigo, fueteada, muenda, paternal castigo. Paja. Mentira, Masturbación. Pitao. Rápida salida. “Salió pitao, ventiao o volao”. Pica. Rencor, odio. ”Le tiene pica”. Pico. Beso superficial. “Dar pico, picos y piquitos”.
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Pipos. Indirectas. “Echar pipos”. Plasta. Persona perezosa. “Ese es una plasta” Parviado. Comida con buena parva. “Desayuno parviao” Parva. Conjunto de productos de panadería elaborados con harina y queso. Pinga. Cosa pequeña, cansar y hostigar. Órgano genital femenino. Palomo. Enamorado. “Esos son dos palomos”. Patialegre. Mujer alborotada. Pipí. Orinar, órgano genital masculino. “Hacer pipí”. Pilao. Fácil. “Eso está pilao”. Pinche. Orgullo, Órgano genital masculino. Es muy pinchado. Pelao. Muchacho, no tener plata. “Estar pelao”. Pájaro. Ladrón, “chusmero”, órgano genital masculino. R Rabón. Estar ardido. Rilosa. Gallina; también designada con el nombre de “piquisucia”. Raque. Caballo viejo. S Salado. Con mala suerte. Sebo. Molestar, cansar. Sorombático. Persona apocada. Sonso. Lerdo, Lento. T Táparo. Persona terca, caballo. Tagarnia. Persona cansona, tacaño. Tercio. Bulto pequeño que se lleva al hombro. Tuntuniento. Abobado, apendejado, lerdo. Turulato. Bobo, apendejado. Turega. Carga transportadas por dos o más bestias de carga entrelazadas. Tapao, bruto. Lento para aprender “¡Este tapado!”. Tapao. Estafa, Engaño. “Le metieron un tapao y ahora es papá del hijo del otro” Tusa. Frustración romántica.
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Tragao. Enamorado perdidamente. Tatacoa. Mujer muy brava. Teteros. Senos. Tiesto. Sin valor. “¡Ese es mucho tiesto!”. Tirria. Odio, envidia. Tirar. Hacer el amor. V Verraco. Valiente, lanzado, atrevido. Varao. Sin qué hacer, desempleado. Viringo. Desnudo. Z Zangarreta. Cascorvo, torcido. Zurrrón. Muchacho terco, persona descarriada. Zumbambico(a). Muchacho o muchacha cansona. Zapo. Indiscreto.

INTERPRETACIÓN DE ALGUNAS TÍPICAS Y POPULARES FRASES Y PALABRAS ANTIOQUEÑAS. La frase popular se establece en la tradición oral y vulgar. Es el pueblo el que las entroniza o las usa en forma reiterada hasta volverlas costumbres en un determinado conglomerado. La frase popular puede ser adoptada de otras culturas y adecuadas al hábitat donde se usen, de donde muchas palabras y frases que se dicen ser típicas antioqueñas pueden aparecer en otros complejos culturales pero con otros significados o usos, como ejemplo: el término perico significa café con leche en Antioquia, mientras que en Cundinamarca significa huevos revueltos o en el Putumayo pequeño loro. En la usual comunicación provinciana y de descendencia antioqueña, hay que procurar entender lo que se quiere manifestar o el mensaje comuLo típico en tierra de colonización antioqueña

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nicado, porque el significado de lo textual puede ser figurativo, metafórico o simbólico y en su interpretación significar algo muy diferente; por ejemplo: cuando alguien dice: “Se me cayó la cara”. No quiere decir que tuvo una terrible desfiguración facial, si no que, de la pena o rubor, no desea mostrar la cara. “Tengo el corazón partido”. Se debe interpretar que está muy acongojado o triste; “Se tragó la lengua”. Debe entenderse que del susto se quedó mudo y ensimismado, y no hay motivo para confundirse porque a la gente “paisa” se “les va el alma” sin morirse, “les vuelve el alma al cuerpo”, “se les cae el alma a los pies”, “no tienen alma”, o sea, no tiene compasión o piedad.“Pierden la cabeza”, “se les meten a la cabeza”, “no les pueden dar la mano porque se quedan con ella” y “sí les tapan la boca, hablan hasta por los codos”. Es típico que el paisa o maicero “tiene las partes sexuales nobles”, y por algún motivo emocional se da el caso de “caerse a pedazos”, “bailar a pierna suelta”, “correr como volador sin palo”, “ponerle alas a los pies” y hasta de la rabia “morderse el codo”. Es así como en el típico y cotidiano lenguaje “maicero” y con relación a partes anatómicas presentan muchas frases y palabras que no encajan dentro de su semántica o etimología y que bien merecen una cautelosa interpretación o traducción porque de no hacerse de esa manera podrían volverse casos y hechos ambiguos, fantásticos, jocosos o insólitos. Sin ser palabras “boquisucias”, ni mucho menos vulgares o groseras: pájaro, pinche, paloma, pirinolo, chichí, cosa, pingo, polla, pipí, plátano, tenedor, chorizo, zurriago, cosiampicosiampirulo, palo, cola, canario “sacar el canario a orinar” y bejuco pueden significar sexo masculino y los huevos (güevos), bolas o pelotas son las gónadas (testículos). Arepa, cosa, pinga, chimba (también puede ser algo agradable o apetecible.), chocha, cuchara, empanada y panocha pueden significar sexo femenino. “Dormir” o “comer” para el antioqueño pueden significar hacer el amor: “se la durmió”. ******************************************************** ***********
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En lo relacionado con el corazón se presentan para ser interpretadas: “Me duele el mango”. Expresión para manifestar que sufre del corazón, o le duele el corazón, aunque el corazón no duela. “No caberle el corazón en el pecho”. Estar demasiado alegre. “Te espero con el corazón en la mano”. Literalmente: ¡Qué terror! Pero significa el deseo vehemente de un momento de espera. “Tengo el corazón ardiendo”. Forma exagerada para dar a entender los verdaderos deseos. “Te llevo en el corazón”, “te tengo en el corazón”, “te quiero de todo corazón”. Manifestación de cariño. “Tiene un corazón muy grande”. Persona caritativa y bondadosa. “Se me congeló el corazón”, “tener blando el corazón”. No negarse a nada. “Tener callos en el corazón”. Persona insensible. “Me atravesó el corazón”, partió mi corazón. Fuertes expresiones que llevarían a invocar la protección de los santos, pero sólo se quiere decir lo conmovido que está el sujeto en un momento dado. ******************************************************** ********* En lo relacionado con la cabeza, testa o cocorota dicen: “No levanta cabeza”, o sea que, cada día el sujeto sigue peor. Lo anterior da lugar a que el paisa complemente con el dicho: “Cuando uno va de culos, no hay barranco que lo ataje”. “Subírsele a la cabeza”. Arrogancia, vanidad. También equivale a “subírsele los humos”. “Mal de la cabeza”. Desequilibrio mental, que también equivale a:“Tener corrida la teja”, “Caído del zarzo” (El visitante que dormía en el zarzo o parte alta del rancho, muchas veces solía caerse encima de los que dormían debajo), “destornillado” o simplemente loco, “perder la cabeza” o hacer las cosas sin pensar las consecuencias o ser “descabezado”, “írsele la cabeza”: perder la concentración o “estar pensando en los huevos del gallo”, “se le metió en la cabeza” terco, testarudo o “se le metió el demonio”, se enamoraron los muchachos, “no sienta cabeza” no se ajuicia y “no quedó títere con cabeza”.
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Los ojos. “Matar o picar los ojos”. Guiñar el ojo con romántica intención de conquista, dicen algunas enamoradas muchachas por estos lados: “¡Qué alegría ¡ ese muchacho me mató el ojo”. “Echar el ojo”. Investigar o cuidar. “Salírsele los ojos”. Llamado de atención. Quedarse atortolado y babeando al mirar una curvilínea mujer. Terrible regaño de la suegra o la celosa mujer. “Cuidado se le salen los ojos mijito”, “abrir los ojos”, “a mí no me abra los ojos”. Amenaza o también puede significar enseñar a alguien a ser malicioso, por ejemplo: ella le abrió los ojos para que no le fuera mal con el marido; Le abrió los ojos a la muchacha y eso fue como abrirle los ojos a una ternera. “Dormir con los ojos abiertos”. Permanecer en alerta. “Tenerlo entre ojos”. No perderlo de vista, puede ser también “entre cejas” y “Lo que ojos no ven, corazón que no siente”, “el amor entra por los ojos “y “después de ojo sacado, no vale Santa Lucía. La boca. “Meter el dedo a la boca”: desafío para demostrar que no se es ingenuo. “De boca en boca”: ser protagonista en un chisme. “Por la boca muere el pez” y por eso en “boca cerrada, no entra mosco”. Alusivas a varias partes anatómicas: Tener estómago: inescrupuloso o querer lo que se esta haciendo, por ejemplo, algunos no tienen estómago para estudiar medicina. “Meterle el diente”: intentar hacer algo. “A culo alzado”: tener que hacer las cosas a la carrera. “Hablar por las narices”: hablar entre dientes o con la boca cerrada. “Meter la nariz”: ser metido o indiscreto. “Ser todo oídos”:
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estar atento. “Ir con la hora pegada al culo”: ir de afán y cogido de la tarde. “Mostrar los dientes”: amenazar. “Pelar los dientes”: coquetería o burla. “Jalón o tirón de orejas”: regaño. “Parar las orejas”: escuchar con cuidado. “Dar la espalda”: indiferencia, quitar el respaldo o abandonar lo estimado. “Voltear la cara”: desaire o desprecio. “Dar o poner la cara”: franqueza , valentía y verraquera. “A pierna suelta”: descansar relajadamente. “Traído de los cabellos”: rebuscado o improvisado. “No tener pelos en la lengua”: sinceridad o decir las cosas a “calzón quitado” o al que “le caiga el guante, que se lo chante”. “Tomadura de pelo”: lo que se ha venido haciendo con lo antes escrito, porque “antioqueño cae parado”. Acerca de lo terrorífico: “Fue hijo calavera”, “se paró en las pestañas”, “se quemo las pestañas”; “ tiene lengua viperina”, “se puso amarillo”, “le puso alas a los pies”, tuvo que “mover el esqueleto” (bailar); “se le paro el pelo”; “se lo hecho al buche”; “tuvo un amor de estómago”; “se le puso el ombligo como un tetero”, “le puso el pecho”, “tiene más tetas, que una guanábana”, “era poca carne para tanto caldo”; “no sea teteador”, “por un pelo” no lo pillaron; “le pusieron cachos”, “paro la oreja”, “se trago la lengua”, “ metió la pata”, “se mordió los codos”, “le rompieron el alma”, “se le metió en el alma”, “lo pidió y se lo dieron”, “le botaron la honra ” y “el que es verraco con una tiene”. Por eso los colonos antioqueños tienen ese típico hablar y algunos descendientes de su estirpe también lo hacen en la misma forma, ya que “La sangre llama” y aún les queda mucho de paisas y están cortados con el mismo molde.

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LA MODA DEL REMIENDO Y EL DRIL La aguja y el dedal, el remiendo por el revés y sobrecosido por el derecho con hilo de cartón o en puntada de “basta”: las señoras y muchachas con inquebrantable paciencia y laboriosidad, acabando los ojos y en extenuantes jornadas de días, meses y hasta años, zurcieron las rasgaduras, cosieron la vestimenta familiar, elaboraron vistosas “colchas de retazos” y pegaron los parches en remiendos de camisas, pantalones y cuanto objeto se dejara remendar. La ropa en el colono citadino era patrimonio que se heredaba del mayor al menor de la familia sin reclamo; también se reciclaba los chiros que cumplían versátiles usos y no pocas veces sirvieron para las obras de caridad “vestir al desnudo”. Su necesaria función doméstica obligaba a cuidar la vestimenta como valioso tesoro, ya que de ella dependía el recato y pudor al cubrir indecentes partes del cuerpo a los “ojos del pecado” o apartar los deseos tentadores del demonio. En otro uso servían para proteger el cuerpo del tiempo y la naturaleza. Así, el vestido se ve convertido en imprescindible elemento de moral y supervivencia, excluyente de toda moda o lujo. La monocromía uniformaba: blanco, negro, caqui, gris y en casos muy especiales el café carmelita, el amarillo chillón y el verde aguacate. El guardar luto imponía el sagrado uso del negro de pies a cabeza; Esto cuando las matronas o mozuelas acongojadas por la muerte de un pariente, durante un interrumpido año con ese color demostraba su profunda pena. El negro también obligaba su uso en Semana Santa, procesiones, liturgias y actos sociales (oscura sociedad). El blanco en su significado de pureza no podía faltar en el ajuar del bautismo, Primera Comunión o el traje de la novia virgen. ¡Ay de la que no se casar a de blanco! El color café “carmelita” se asociaba con perdón, arrepentimiento e indulgencia. El café lo requería el penitente en su conversión. Lo usaba en público la comprometida en una “manda” por un favor recibido. A un niño enfermo se le vestía con un traje carmelita encimándole un gran escapulario al pecho, esperando su curación. Hasta hace pocos años el hábito carmelita en la mortaja era el último vestido del difunto y su uso concedía indulgencias a manera de rebajas especiales de miles de años, en la posible pena del Purgatorio.
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El amarillo para muchos significaba perversión o uso exclusivo de las mujeres de la “vida alegre”, de “cuatro en conducta” o las memas (etnia indígena) que venían a vender cayanas y ollas de barro a la plaza de mercado; quizás de esa

interpretación nació el dicho: La que viste de amarillo a su belleza se atiene. El rojo y el azul se asociaba con reclutadores que venían a llevarse los muchachos para las cien y tantas guerras; o también el rojo y el azul servían para vestir santos o adornar los monumentos religiosos. Al fin de cuentas lo cromático poco importaba, pues la ropa por el duro trabajo asimilaba ese ocre de la mancha de plátano, el verdusco de la savia o el gris de la ceniza, hasta parecerse a un camuflado. La mano del sastre, modista o costurera era cara y escasa; casi para privilegiados de la fortuna. La ropa no se fabricaba en serie industrial y dichos artesanos del corte y la confección, poseían un arte que acaparaba una amarrada demanda de clientes que con paciencia esperaban el turno de dos, tres y hasta seis meses para estrenar su encargo, que en la mayoría de los casos habían pagado con huevos, quesos y pollos. Ellos, los costureros pertenecían a lo más alto de la sociedad pueblerina: sastre, modista o costurera, boticario, comadrona, peluquero o barbero, tinterillo, maestro, domador o amansador de bestias, componedor de huesos o quebraduras, yerbatero, mediquillo, capador de cerdos y terneros, matarife y carnicero, tendero, herrero, pedrero, policía escolar, hachero, aserrador, todero, sacristán, cura, carbonero, alguacil, “alcaide”(....) hacían parte de la lista de honorables. Pero nadie tan “Dandy”, caballero y elegante como el sastre del pueblo o tan solicitada como la recatada, y “dediparada “ costurera. Un solo modelo para todos los clientes y no se permitían reclamos por encogedura (comunes) o imperfectos en la costura. Las numéricas o alfabéticas tallas no existían, para eso estaba el metro de la modista midiendo busto, cadera, medio grueso, largo hasta los tobillos (un dedo más arriba era inmoral y obra del demonio), cadera ancha o angosta, talle alto o bajo (paturra) y observando con detención el perfil: “juagado”, “culichupado”, “nalgona”, “con cintura de pilón”, “cintura de avispa” o
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“espigada”. Era un modelo único, que solo cambiaba cuando por casualidad viajaba la costurera a otro pueblo y copiaba en su cabeza los nuevos cortes. Cualidad de memoria fotográfica que la distinguía cuando cortaba el modelo el modelo en papel periódico. Los “figurines”, revistas de modas aparecen después de 1940 y permiten a las damas escoger modas y a los hombres deleitarse con imágenes de despampanantes rubias. No había otra alternativa que uniformarse con la misma tela, casi siempre dril gris o caqui para los hombres; popelinas y algunos paños y y lanilla para las mujeres. Los comerciantes no podían darse el lujo de traer para la venta una variedad de tonos o texturas, cuando más un rollo de tela para toda la clientela. Luego comenzó a invadir el mercado un listado de tejidos: “velo romano”, “chalí”, “popelina”, “seda”, “gamuza”, “paños pisados“, “lanillas”, “dacrones “ “paños”, “satines”, “linos”, “tules”, “nylon”, “muselina” y “terlenka” y consigo la moda empezó a cambiar en forma acelerada, adaptándose los nuevos productos al corte y la confección. Evolución de la tradicional moda. Primero fue el atrevido “escote” que dejaba entrever ¡Qué escándalo!. El “estilo sastre” confirió elegancia y perfiló la figura femenina, la “manga sisa” descubrió los brazos, los pantalones “vaqueros” – hoy de uso común - identifican a la mujer con una prenda hasta entonces de uso exclusivo de machos – El fin del mundo -. Empezó a subir la falda por cuartas acomodándose al “paso” y “medio paso”, que obligaba a las damas a caminar cortico y como japonesas. ¡Qué encarte!, “maxifalda” hasta la “minifalda” (1960-1970), bikini, monoquini y nadaquini, ¡Virgen Santísima! ¡Qué pecado!, “pantaloncito caliente” y “ombliguera”. La moda de “maternidad” o “cigüeña”; nunca antes ni después se ha visto tanta cosecha de presuntas embarazadas. El “talego”
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esconde curvas. La “bota campana” barre pisos (típica en las botas de los pantalones de los colonos), vestidos de dos piezas” con su correspondiente blusa y falda. Tierno vestido de prenses, tablas o plisados, botones y más botones, huérfanos de ojales y que hacían parecer el traje como verdadero condecorado uniforme de general, “botatubo” para colocarse con mantequilla. Moda “princesa”. Moda “entrega inmediata” con cremalleras por todas partes. ( No sé por qué coincide su uso con el de la píldora anticonceptiva). Camisetas teñidas. Overol de mecánico. La moda femenina evoluciona igual que la masculina, que abandona el blanco y el negro (1950-1970). Con rapidez se avanza en policromía psicodélica, colores fluorescentes, estampados de flores, mensajes y lo más importante , se llega a la moda “unisex”, no sin antes pasar por la moda “cocacolo”, “yeyé”, “go-gó”, “hippy”, “plataforma”, “saco bocadillo”, “mancornas”, “pisacorbata” y “cargaderas”. Se impusieron las tallas, la policromía, el combinado y la globalización de la moda. El sastre ahora vestido de sudadera vende camisetas “chinas” y la modista no deja de aceitar su máquina de coser para evitar que se oxide. La abuela como no da “puntada sin dedal” suele decir: “ahora sólo nos queda recordar: ¿Cierto mijito? ¿Qué tiempos aquellos?” GLOSARIO Típica vestimenta. Algunos elementos de la cotidiana vestimenta: Ajuar. Dotación en especial vestido para el matrimonio. Lo entrega el novio a la pretendida como compromiso de boda. También, los ajuares son usados en ceremonias religiosas como: “El Bautismo”, “La Primera Comunión”, en largo vestido blanco de tul para la niña y camisa blanca y pantalón negro para el niño. Alpargatas. Calzado hecho de lona, a veces de cuero y cabuya, que se
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asegura con cordones largos utilizado por los arrieros. Cuando se elaboran en su totalidad con cabuya se denominan cotizas. Briches o zamarros. Amplios pantalones de cuero para montar a caballo. Cachaco. Exclusiva vestimenta consistente en pantalón de “paño pisado”, camisa blanca, saco, zapatos de cuero “siete suelas” y corbata. Ropa con significado de buena presentación. Las botas con “carramplones” eran utilizadas para trabajar, aunque un alto porcentaje de la población caminaba a pie limpio o usaban alpargatas tejidas con cabuya. Cogepuercos, atajapuercos. Pantalones con las botas alzadas o dobladas hasta la rodilla. Culero. Pedazo de lino blanco, que se coloca entre las nalgas y piernas del recién nacido. Equivale al pañal desechable. Calzoncillo “cazapulgas”. Prenda íntima masculina a manera de sudadera bien amarrada en la cintura y tobillos. Carriel. Bolso de cuero, que se cuelga con correa en los hombros, que por dentro está dividido en bolsillos para diferentes usos o guardados. El mismo guarniel. Chiros. Ropa en mal estado a la que no le que cabe un remiendo más. Correa o riata. Elementos para ceñir o amarrar el pantalón, que origina un dicho sentencioso: “ay del que no sepa amarrarse los pantalones”. La riata como correa más ancha, se usaba para ligar la cintura y el ombligo y evitar las quebraduras y hernias en los esfuerzos que traía consigo el duro trabajo. Dominguera. La ropa que por ser la mejor es guardada y sólo es usada en especiales eventos: caminar en el pueblo o asistir a los actos religioLo típico en tierra de colonización antioqueña

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sos. Dril. Usada tela para el vestido masculino. Designaba la vestimenta: “se puso el dril” o “le robaron el dril”. Enaguas. Falda de lino, popelina o seda, usada por debajo de la bata, en una o varias capas y la de tela burda era entiesada (almidonada) para hacer más repolluda la vestimenta. Estrén. Ropa nueva destinada a especiales celebraciones. Los jueves y viernes santos obligaba a estrenar. Mulera. Elemento de vestimenta a manera de ruana de común uso de arrieros, elaborada en tela burda y destinada al duro trabajo. Manto. Cubre-cabeza de uso femenino elaborado en suaves tejidos. Las damas no podían entrar a la Iglesia sin ese elemento, que también podía ser reemplazado por la mantilla o “la cachirula”. Los señores debían quitarse el sombrero al entrar al templo. Ombliguero. Pedazo de trapo a manera de pañuelo grande, con el que se ciñe la cintura del recién nacido cubriendo su ombligo para que sane; no si antes untarle infundia de gallina alrededor del corte umbilical. La primera costra es guardada como elemento de buena suerte. Pañuelo de cabeza, pañueleta. Trapo blanco con que las abuelas cubrían su cabeza como un semi-turbante. Pañuelo rabo de gallo. Franja de tela en colores fuertes (azul y rojo) que es usada por los hombres alrededor del cuello y con un prominente nudo. Fuera de su uso elegante, también sirve como secador para el sudor o bandera partidista. Muchas veces era utilizado para igualar distancias en señal de valentía, pues los contendores agarrados de sus puntas debían sostener la lucha sin soltar el pañuelo, en caso de hacerlo era tildado de cobarde y falto de cojones.
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Poncho. Elemento de vestimenta muy usado en tierra caliente a manera de ruana de lino o algodón. Ruana. Elemento de vestimenta tejido en lana a manera de capa con una rajadura en el centro. Es versátil su uso: cubrir el cuerpo de las inclemencias del clima, usarse como improvisada cobija o almohada. Es de común uso en la tierra fría. Típico elemento inmortalizado en el bambuco: “La Ruana”. Sombrero. Infaltable prenda para cubrir la cabeza y la cara librarse de las inclemencias del sol. Los hay de alas cortas y alas anchas (los más usados por los colonos) elaborados con fibras vegetales: hojas de cañabrava, iraca, palma y guasca del tronco de la mata de plátano. Los citadinos usan sombreros de marca llamados Borsalino fabricados con paño o tela, prenda utilizada como complemento necesrio en el buen vestir. Taparrabo. Delantal de cuero, lino o estopa, usado por los hombres para tapar la parte delantera del pantalón y así evitar las rasgaduras, llamado también “tapapinche”, nombre deducido del uso real que le daban los arrieros cuando servía de tapa para satisfacer las necesidades de orinar en campo abierto.

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LOS PROVECHOSOS REMEDIOS DE LA ABUELA “Es mejor prevenir, que curar” Sin la elemental asistencia médica y en salud, los colonos antioqueños lograron criar a su prolija prole. Los remedios los hallaron en las plantas medicinales del entorno, aprendieron las domésticas curaciones y acumularon una variedad de tratamientos, que les permitieron sobrevivir a las cotidianas inclemencias del inhóspito medio ambiente que los rodeaba: zancudos, bichos, plagas, pestes fiebre amarilla, paludismo, aguas infectadas (…). Las abuelas y madres fueron las protagonistas al suministrar los elementales medios para conservar la salud de su familia y ellas heredaban los empíricos y necesarios conocimientos de “sanadoras” o “curanderas” y otras los adquirían de su vivida y sentida experiencia, quizás en el transcurso de gestar hasta 20 saludables hijos, fuera de varios partos mal logrados. Es que criar o levantar más de una docena de “culicagados”, exigía de entender a fondo muchos de los secretos de la doméstica medicina, del casero recetario de yerbas y otros modestos tratamientos, porque por entonces la mayoría de dolencias y males se debían tratar con precarios recursos en la intimidad familiar y en esos menesteres era imprescindible la presencia de la abuela, madre o tías habilitadas en diagnosticar a ojo enfermedades que mortificaban a los muchachos o los mayores, auscultar dolores por el tono del lloriqueo, los lamentos al tocarse un punto anatómico, el color de la orina y la clase del excremento. Ellas también hacían las veces de alquimistas en la hollinada cocina improvisando menjunjes como lenitivos, a cualquier hora del día o de la noche.

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Preparación de domésticos remedios para tratar enfermedades. Para tratar enfermedades o dolencias, preparaban: Las compresas. Para ello utilizaban una mecha limpia o algodón impregnada de substancias aromáticas, aceites o macerados vegetales, que luego aplican apretando sobre la parte anatómica enferma. El jarabe. Se preparaba cocinando hierbas medicinales y conservándolas en miel, aceite de castor o de higuerilla. Lociones. Preparado con agua y alcohol para aplicar en la piel afectada. La infusión. Conocida en el presente con el nombre de aromática. Se elabora sometiendo las plantas medicinales en agua en ebullición. El ungüento. Para obtener el ungüento se someten las plantas al vapor, se maceran, se les agrega luego vaselina, manteca de cerdo, manteca de culebra o reemplazarla por la manteca de oso, enjundia de gallina, aceite de almendras. Terminado el proceso se guarda en recipientes como se hace con las pomadas para aplicar después al paciente que la requiera. Cocinada. Se somete la planta aromática a una cocción para aprovecharla en inhalaciones que llevan a un alivio al paciente congestionado. Quemada . Sometimiento de las plantas aromáticas al fuego para aprovechar el humo en los sahumerios. La quemada era utilizada regularmente para desinfectar las viviendas. Las curiosas y prodigiosas recetas. A las personas con asma o asfixia les daban a beber sangre caliente de gurre inmediatamente después de ser sacrificado, caldo de cabeza de chucha, sustancia viscosa de jugo de lombrices o triturado de unos pequeños cucarrones.
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Para que brotara el sarampión utilizaban la boñiga de vaca, la cual era hervida con leche, encerrada dentro de un trapo cuyo contenido después de exprimido era bebido por el enfermo de sarampión. El agua de panela trasnochada sirve para curar a los niños legañosos y si en los ojos empeora el mal, se debe usar agua de rosa amarilla (flor) hervidas con medallas de Santa Lucía, que no sean de cobre. Para estancar la sangre se puede usar: café molido, ceniza o sal sobre la herida, cuando la herida es muy profunda se usan los superficiales emplastos de telaraña, hojas de salvia o algodoncillos untados de vinagre. Para bajar la fiebre de un bebé se le debía acostar encima de una sábana debajo de la cual se ponían hojas verdes de arbustos mata-ratón o salvia, las mismas que como zumo en gotas y revueltas en agua podían ser suministradas al niño o a un adulto mayor. Las bebidas calientes de valeriana, toronjil, cidrón, manzanilla, menta, y hojas de lechuga solían ser un buen remedio para el insomnio y la ansiedad. Tomar bebida de romero o tomillo puede evitar las pesadillas. Los emplastos de hojas de col pueden aplacar el dolor de la gota. El agua de tomate puede aplacar los dolores de muela. La mancha de guineo tomada en ayunas puede curar la tosferina y en los mayores la blenorragia. El emplasto de tabaco mascado sirve para matar y sacar a flor de piel a los gusanos o secar los “nacidos”, que también se pueden tratar colocando huevos acabados de poner (calientes) sobre los infectados. También el huevo acabado de poner por la gallina desinflama los orzuelos.
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Al muchacho que se orina en la cama se le debe sentar a “miar” en una bacinilla en cuyo fondo se ha colocado una piedra o ladrillo caliente, procedimiento que se hacía con mucho cuidado para evitar quemaduras en las posaderas. La amarga agua de cuasia o yerbabuena, es utilizada para curar la bilis. El cogollo de cañabrava biche hervido en agua y bebido caliente, sirve para curar el acné de los adolescentes, pero con el cuidado que quien los ingiera en las 24 horas siguientes no debe consumir grasas. La leche de liberal (árbol de hojas rojas) untada sirve para extirpar las verrugas. El agua hervida con limón y almidón sirve para “amarrar” o detener los cursos (diarrea). Los primeros orines de la mañana aplicados en forma inmediata, sirven para lavar las zonas afectadas de hongos. La acidez del cuerpo causa del reumatismo (creencia paisa) se puede controlar tomando dos cucharadas de vinagre de cidra y una cucharada de miel todos los días. La anemia puede superarse tomando jugo de guineo con guayaba o haciendo bebidas de ortiga, perejil, y raíz de dientes de león. El comer hojas de malvavisco, de perejil con dientes de león o cola de caballo con pelos de chócolo pueden remediar las arenillas renales. Los resfriados y la gripa se controlan con gárgaras de aguasal tibia, unas gotas de limón, pronto alivio, sauco y tomillo. Si la tos es muy fuerte tomar jarabes de cebolla y miel de abeja. En caso de congestión nasal usar infusiones de limoncillo y cidrón. Para el dolor de los oídos las abuelas recomendaron gotas de aceite de ajo
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o gotas de leche materna. El árnica tomada en gotas (más de la dosis es veneno), calma los dolores internos de quebraduras y golpes. Para el acné de los adolescentes, aplicar en la cara el cristal de la penca de sábila con limón. Para las irritaciones de la piel cubrir las zonas afectadas con el cristal del penca de sábila. Para el reumatismo aplicar cristales de sábila. Para lavados vaginales usar cristales de sábila. Para la tos y bronquitis tomar jarabe con el cristal de la penca de sábila y miel. Para la gastritis, acidez estomacal por ulceración en la pared interna del estómago en la desaparición de la mucosa que reviste los tejidos, tomar cristal de penca de sábila licuada o papaya para cicatrizar. Para el estreñimiento penca de sábila licuada con cáscara en poca agua. Plantas medicinales. Algunos usos y propiedades de plantas medicinales, a las cuales recurría el colono antioqueño. La cola de caballo: en todo su contenido vegetal y cocinada, como diurético, cura de ulceras estomacales y para heridas enconadas o inflamadas. El ajo es usado como antibiótico, expectorante y reductor del nivel de colesterol de la sangre. En bebedizo para el rebote de lombrices de los niños. En la presión alta añadido a la dieta. En el dolor de oídos se usa gotas de aceite de ajo.
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Manzanilla en la infusión de las flores es sedante, antinflamatoria y antiespasmódica. La rosa amarilla en la infusión de las flores sirve para curar los males de los ojos. Apio se usa como antirreumático, sedante y carminativo. Diente de león y pelos de chócolo: diurético, hepático, como tónico digestivo laxante. Toronjil infusión de sus hojas y compresas se destina como sedante, antidepresivo, relajante, digestivo, antiviral y carminativo. Romero en sus hojas e infusión, emplasto o aceite es usado como astringente, digestivo, antiséptico, diurético y estimulante circulatorio. Albahaca en infusión , tintura, jarabe e inhalaciones es usada como antidepresiva, antiséptica, tónica, febrífuga y expectorante. Si los remedios de la abuela no funcionan, entones iban de consulta al “yerbatero”, “Homeopata”, “Ojeadora”, “Saca muelas”, “Sanadora”, “mediquillo” y “Sobador.

AQUELLOS JUEGOS Y DIVERSIONES.

No todo es trabajo, porque también hay tiempo para la recreación. Los tradicionales juegos son variados y se acomodan a la edades: infantiles y de mayores. Las diversiones se trasmiten de generación a generación y hacen parte de la vida cotidiana. La realidad es que muchos de esos juegos están desapareciendo en su actividad o han sido relegados a ocasionales diversiones, practicadas por pequeños grupos de la región.
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Cada juego merece su comentario, tienen su historia y hacen parte fundamental de la cotidianidad siendo fuente de inolvidables recuerdos. Muestrario de tradicionales juegos. Gorro: en un grupo de muchachos, sin saber qué hacer, alguno grita: “gorro para el que llegue de último al lugar tal (el sitio señalado)”. Todos los presentes salen en desbandada y al colero o último en llegar cumpliendo lo ordenado, se le somete a una pena o penitencia. Caliente y frío: una asignada persona (ambos sexos) procede a esconder un objeto (un regalo) y los demás participantes salen a buscarlo, mientras el “guardador” a medida que se aproximan o alejan del lugar del guardado, va diciendo: “frío, frío, frío” (lejos) o “caliente, caliente” (cerca), hasta que encuentran o “topan” lo buscado. Chucha: en un grupo (ambos sexos) una señalada persona, al oír una orden inicia la persecución de los demás participantes, tratando de tocar alguno de ellos, cuando lo logra grita: “la lleva!” y quien ha recibido la tocada le corresponde reiniciar la persecución. Se juega hasta que quedan extenuados los jugadores. A veces se establecen puntos de “salvación”, donde pueden protegerse los participantes por un tiempo limitado. Ponerle la cola al burro: juego muy común en “romerías” o fiestas escolares, donde el participante paga una suma como colaboración, la cual le da derecho a que le venden los ojos, le den vueltas, le entreguen una cola con una puntilla y así, ciego y medio embolatado debe ponérsela a un descolado burro pintado en la pared o en un papel. El ganador puede reclamar como premio: un dulce de papaya, un tamal, chorizo o platado de frías empanadas. Carrera de encostalados: juego en especiales eventos, donde los participantes meten su cuerpo hasta la cintura dentro de un viejo costal, y luego son soltados en una desenfrenada competencia. Lo simpático de este juego son los enredos y aparatosas caídas de los concursantes.
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Rodar en costal: el talego elaborado en cabuya (fique) es utilizado para jugar, cuando en una ladera varios muchachos se introducen cada uno en su costal y a una orden se echan a rodar “apelotiar” para ver quien avanza más. Sortija: juego practicado generalmente por mujeres, que ubicadas en círculo colocan sus manos en cuenco (como para recibir algo), mientras que otra con las manos también cerradas aprieta un objeto y va pasando frente a cada una de ellas, diciendo: “guarde esta sortijita en el baúl de su mamita” Al detenerse señala a alguien y pregunta: “¿Quién la tiene? “. La señalada e interrogada debe acertar la persona que recibió la sortija, si se equivoca se hace merecedora a una “pena”, bien sea castigo o hacer algo, por ejemplo: “que bese al gato”. La pesca: se constituye en una diversión, cuando para alguna obra de la parroquia desde un balcón con un lazo bajan una canastilla, la persona le echa su colaboración y la suben, para retornar luego con una sorpresa. La diversión se encuentra en que una mujer bien puede “pescar” una máquina de afeitar, mientras que un hombre es premiado con un perfume para dama. El que donó cinco centavos puede recibir un viejo pantalón y el que entregó un peso (mucha dinero) ser premiado con un caramelo, y la risa de los muchachos. El cucarrón: juego de muchachos que capturan un cucarrón “mierdero” y le amarran un hilo y echan a volar al animalito perguiéndolo y reteniéndolo en su vuelo, como improvisado avión. También le pegan boletas y lo sueltan para verlo desaparecer con el mensaje. La tabla o rodadero: un pedazo de tabla untada por un lado con jabón o sebo es utilizada como trineo, para rodar por la empinada y empedrada calle o manga. Para deslizarse sobre el pasto es utilizado el “capacho” de guadua. La misa: Más que un juego es imitación de un acto litúrgico. La muchachada improvisa un altar y el más piadoso procede a celebrar la misa, seguido por los infantiles feligreses.
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La vara de premios: Consiste en una parada y endeble guadua untada de manteca o aceite, en cuyo extremo superior se le cuelga un regalo. En un primer intento el muchacho lucha por alcanzar el premio. El escondido: los participantes envían a uno o varios a esconderse. Pasado un corto tiempo, que va siendo cantado en números, salen a buscarlo. Juego practicado con especialidad en los “caserones” con múltiples vericuetos y escondijos como: enchinados, zarzos, viejos baúles, escaparates, pieza de rebrujo, laberínticos subterráneos, pesebreras repletas de costales y enjalmas y debajo de las inmensas camas. Algunas veces se conviene que el primero en ser encontrado será el siguiente en contar, pero si alguno con astucia logra llegar al sitio donde se hace el conteo sin ser visto, el que estaba contando tiene que volver a empezar. Patasola: se traza una o varias líneas en el suelo y un asignado jugador (ambos sexos) saltando sobre una sola pierna trata de avanzar sin pisar las rayas; de hacerlo se gana una “pena” o es eliminado. La cuerda: juego ejecutado por mujeres; donde mientras dos toman de las puntas una cuerda o rejo y la hacen girar golpeando el suelo, otra tercera en el medio va saltando contando hasta que se enreda; la que salte mayor número es la ganadora. También puede ser jugado por una sola persona, que toma el lazo (cuerda) de sus puntas y lo hace girar por encima de su cabeza y por debajo de los pies, como diversión. La comitiva: juego ejecutado por hombres y mujeres, donde los participantes aportan productos comestibles (plátano, yuca, azafrán, manteca, sal y carne) y proceden a cocinarlo en una improvisada cocina, para luego consumirlo. Infantil diversión. Al papá y la mamá: Los muchachos participantes (ambos sexos) designan a uno para que haga las veces de papá (padre) y a otra la de mamá (madre); los otros pueden ser los hijos, sirvienta o el bobo de la casa. Cada uno con gran responsabilidad infantil desempeñan el papel (rolé) escogido, imitando los quehaceres domésticos.
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Se vende burro: diversión en ingenua maldad juvenil, cuando al descuidado muchacho otro le cuelga un aviso (le pega una cola) con el letrero: “se vende este burro viejo”. Los demás participan con sus burlonas carcajadas, mientras que el inocente no sabe lo que sucede. Pica, pica: más que una diversión es una juvenil maldad, cuando al descuidado muchacho otro pernicioso le echa en sus espaldas pelusas de alguna urticante planta: semilla de rosa y pelusa de caña... para gozárselo al ver como con desespero se rasca. “Ti, ti, ri, mate”: improvisada diversión cuando aparece un extraño olor sulfurado (pedo) en el ambiente. Una persona empieza a cantar por sílabas un “estribillo”; mientras va señalando a cada uno de los presentes, el último señalado es el “culpable”: “Tin- marín- de voz - quién fue - ti - ti - ri - mate - ti - ti - ri - fue” y fue (qué pena!). Algunas veces se cambia por: “Juanita - Villegas fue a la cocina, batió el chocolate y le supo a carate” y el inmediato grito: “yo no fui”. “Tingo, tingo, tango”: Juego realizado entre varias personas (ambos sexos). Se ejecuta por los participantes en circulo y una persona seleccionada va pasando frente a cada uno de ellos, tratando de entregar alguna cosa, mientras canta: “tingo, tingo, tingo... tango!”.Al pronunciar la última palabra el “ganador” debe recibir el objeto, haciéndose merecedor a una “pena”. Algunos maliciosos jugadores no reciben el elemento dejándolo caer al suelo o haciéndose los desmayados, perdiendo el juego su gracia. El pollo: Tradición campesina de diversión familiar al inventar algún motivo para un baile y la “rifa del pollo”. La señora de la casa prepara (guisa) una gallina, pinta granos de maíz, con un color mantenido en secreto hasta el último momento; los cuales en una definida cantidad son vendidos a los asistentes, quienes proceden a jugarlos al dado, quien gane la mayoría de los granos se hace merecedor al cocinado y aliñado animal. El rancho o casa: varios muchachos como juego construyen un rancho
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con ramas, paja, hojas de plátano y al terminarlo se apretujan dentro del “cambuche” a conversar o comer corozos machacados o asados. A las muñecas: juego exclusivo de niñas, que imitan ser felices madres cargando muñecas de trapo, cabuya o guasca de plátano. Al gato y al ratón: los participantes tomados de la mano forman un círculo y en el centro colocan un jugador reseñado como “ratón” y afuera dejan otro jugador como “el gato”. La diversión comienza cuando uno de los asistentes hace las veces de gato y dice: “a que te cojo ratón” y el que se encuentra en el centro responde: “ a que no gato ladrón” y los del círculo empiezan a girar cerrando cualquier entrada al “miau-miau”, si éste se logra entrar y captura al “ratón”, los participantes en coro dicen: “ese gato si sirvió, ese...” y si de pronto se escapa el ratón hacia afuera, el coro es: “ese gato no sirvió, ese.....”. Gallina ciega: como primero se delimita una pequeña área dentro de la cual deberán permanecer los participantes, le tapan los ojos a un jugador y le dan vueltas en trompo para confundirlo y le preguntan: “gallina ciega, que estás buscando” y contesta: “una aguja en un pajar” y empieza a tratar de agarrar a alguno, mientras lo esquivan o se burlan del desorientado. Algunas veces le entregan a la “gallina ciega” una correa, “escobadura” o rejo, para que a tientas castigue a sus burladores. La chicharra: diversión de muchachos, que en verano capturan “chicharras” (grandes y cachudos cucarrones), insectos destinados a lucha de gladiadores. Las más bravas son las “monas”. También son usadas para pegarlas a las espaldas de las personas, en especial a mujeres, y luego escuchar los gritos de terror. Las bolas: Pequeño y redondo elemento de cristal destinado a pasatiempo juvenil. Según los colores y figuras que al momento de su fundición se forman en su interior, reciben varios nombres: “de agua”, “cidras”, “colas”, “marcevidencias”, “gallardas” y “sangre toro”. Con dicho elemento se practican varias clases de juego, entre los más coLo típico en tierra de colonización antioqueña

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nocidos: La pared, golpeando un muro y tratando de dirigir el tirador hacia otra bola ubicada en algún lugar del suelo, para hacer “pipo” (tocarla) o quedar a la “cuarta” (medida de una mano estirada). Al pipo y la cuarta, arroyuelo, varias bolas dentro de un círculo, el jugador trata de sacarlas desde una convenida distancia. Pares o nones, un jugador se mete la mano al bolsillo y saca apretado un puñado de bolas y pregunta: “pares o nones”, el otro responde y se cuentan de dos en dos, para ver quien acertó y recibir o entregar el mismo número. El hoyito, varios huecos formados en el suelo y a los que desde una predeterminada distancia se tiran las bolas para introducirlas en los agujeros. La raya, se tiran las bolas a ver quien queda más cerca de una raya que se ha trazado en el suelo. Caballo de palo, palo que es adoptado como caballo y sobre el cual cabalgan los niños. Zancos: dos cocos con tirantes, dos guaduas o palos con aditamento para colocar los pies; elemento sobre el que caminan los muchachos aumentando en esa forma su estatura. Carángano: Una larga guadua que es cargada por los muchachos, mientras en su medio es golpeada para hacer bulla. El trompo: Elemento elaborado en madera con un herrón de puntilla o de tornillo. Verlo bailar es una de sus diversiones, para lo cual se puede hacer, según las características del trompo, de diferentes maneras: “seditas”, “carrascas”, “correletas”,“zangarrias o zangarretas”, “brincones” y “dormilones”.
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El juego más común con el trompo es la “calle” en sus diferentes formas: “calle aburrida” sin meta fija y sin apuesta. “Calle redonda”, dentro de un círculo se coloca un trompo “puchador”, que al tocarse con el “tirador”, sin morir bailando dentro del círculo (si quedaba dentro se transformaba en “puchador”), se hacía merecedor a un premio de “miretes”; es decir, “monquiar” al trompo del contendor, golpeándolo con un trompo al que se le ha afilado el herrón, a veces hasta desastillarlo. Otro juego es “pañar” el trompo dejándolo bailar en la palma de la mano. Para arrojar el trompo se utiliza el “guaral” o pita, más o menos de un metro. Clases de trompos: la “sapa” redondo y corto. La “cilga” o “minga”, pequeño y pulido. El “chete”, elaborado a machete y de forma burda. “El puchador”, feo y destinado a recibir los “miretes” en el “calvario” cuando el juego tiene esa condición. “El hacha”, no sirve para hacerlo bailar y se destina como castigador para lo cual le adatan filoso clavo de herrar bestias. Pertrecho: tallos aprisionados en la boca e impulsados por un caucho hacia cualquier lugar. Cauchera: cuerdas de caucho negro con un lanzador de cuero y fijadas a una horqueta (de guayabo o naranjo). Sustituye la honda y sirve para cacería de pequeños animales. “Caucherear” juego consistente en arrojar elementos hacia cualquier objeto o animal de monte. Los corozos: juego con el producto de la palma de corozo (coco butyracea), en sus diferentes formas: arroyuelo, “casas” (tres corozos en triángulo), que después de sortearse el orden de tirada de los jugadores, se van tumbando por el que acierte. “Pares y nones”, “pipo y cuarta”, “la pared”, “el cuadro”, “el castillo”, “la raya”, “ochas y bambas”, “el hoyito”, y “tumbis”. El corozo por su característica redonda y de fácil adquisición, reemplaza a las bolas de cristal. El elemento corozo, también sirve para ser consumido bien sea crudo o asado.
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El carro de madera: elemento destinado al juego por las pendientes calles y caminos; elaborado en madera, con timón de palanca y freno de “talón, nalga o barranco”. Luego fue reemplazado por el de “balineras” o ruedas de caucho. La carreta aguamacera: guadua a la cual en uno de sus extremos se le instala un eje con dos ruedas de madera. Los muchachos la hacen rodar cargando en su centro colgado de una herradura el costal u olla con “aguamasa”. También la utilizan para apostar carreras por los escabrosos caminos. Los interesantes juegos navideños para ganar un regalo. Estatua: cuando se oiga la palabra “estatua” obliga a quedarse quieto, como petrificado en la posición en que se encuentre. “Beso robado”: consiste en tratar de besar al descuido a la persona con la que se ha casado la apuesta; juego muy ambicionado entre enamorados, repudiable entre hombres y ni pensarlo entre monja y civil. “Pajita en boca” o “Palito en boca”: al oír la frase se debe mostrar cualquier paja o palo en la boca. “Hablar y no contestar”: completo silencio ante cualquier pregunta del jugador. “Dar y no recibir”: negarse a recibir cualquier cosa ofrecida por el contrario. “Te doy y me das”: no es propiamente un juego y consiste en que si se recibe un regalo hay que devolver otro de igual o mejores condiciones. “Escondido”: es común en las viviendas campesinas, que una persona se encargue de esconder una imagen del “niño Dios” en proximidad de la habitación y quien la encuentre se hace merecedor a un regalo.
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LA TIPÍCA CELEBRACIÓN DE LA NAVIDAD. Por once meses con ansiedad se esperaba, tal vez aún muchos lo esperan, que llegara ese primero de diciembre, como anuncio o preámbulo de la navidad. Entonces se despertaba o se reactivaba todo un cotidiano proceso doméstico, que involucraba a cada uno de los miembros de la familia. Los señores iniciaban la recolección del mejor maíz “diente de león o caballo”, los muchachos se iban a traer por jornadas, al gordo marrano desde de la tierra caliente. Los niños buscaban tablas y adornos vegetales para armar “el pesebre” Las señoras abrían las alcancías en los cocos de guadua para ir al pueblo a comprar los regalos del “Niño Dios”. La abuela que era un tierno temblor envuelto en remiendos, desempolvaba el pesebre de trapos. Aquel mocetón arreglaba la cuerda de la ortofónica o la victrola (donde la había) para la música “molida” o de manubrio. Aquellos templaban sus tiples, liras y guitarras, mientras el tuntuniento tío labraba con curia el “mecedor” en palo de cedro negro. Los piones desyerbaban los alrededores de la casa. El compadre se preparaba elaborando velas de sebo y mecheros. Don Perano reparaba la lámpara “caperuza”; todo ello porque diciembre había llegado con sus tradiciones y costumbres, el ambiente empezaba a cambiar hasta en sus olores a musgo, natillas, buñuelos, chamuscada de cerdo y fritanga en rechinantes sartenes, y desde los “alumbrados” en el 7 y 8 de diciembre hasta el 24, día del nacimiento del “Niño Jesús”, toda la familia, parentela y vecinos se integraban en alternadas actividades religiosas y festivas: orando, rezando la novena al “Niño Dios”, comiendo, bailando y parrandeando, haciendo buen uso del dicho: “el que peca y reza, empata”. Los buñuelos: comestible frito (fritado o freído) de queso, harina y azúcar. En cada familia tenían (tienen) su fórmula secreta para hacerlos. Lo cierto es que los hay de varias clases: los explosivos, que se esparcen como esquirlas en medio del chispero de manteca caliente, ensuciando toda la cocina. Los que en vez de crecer se achicharran como un carbón. Los que crecen como espuma, pero en su centro se conservan “crudos”. Los siameses que siempre se pegan a los otros. Los que al sacarse calienLo típico en tierra de colonización antioqueña

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tes son grandes como balones, pero al perder la calentura se arrugan como pasas. Los que se desmoronan como muñecos de mantequilla al sol. Los que se vuelven duros como piedras. Los (…) que en cualquier forma o sabor por el sólo hecho de hacerlos con las propias manos, se vuelven sabrosos y verdaderas obras de arte. Decía la tía: “el arte de hacer buñuelos tiene sus misterios, mucha ciencia y malicia”. La natilla: cuajada de maíz pilado, molido, filtrado y cocinado con panela, canela y clavos. Las “natilladas” son de arraigada costumbre regional. Su tradicional proceso de elaboración: los más musculosos o “verracos” hombres de la familia, desde antes de cantar el gallo procedían a pilar las puchas de maíz (quitarle el afrecho). ¡Duro trabajo!, luego molían lo pilado, la mayoría de veces en piedra y las señoras colaban el contenido en coladores de crin de caballo o cuyabras agujeradas; colocan el espeso contenido al fuego en olla o paila de cobre y comienzan a revolver, a mecer con el “mecedor” hasta que después de varias horas logra cuajar o llegar al punto. Existía las costumbre de intercambiar platos de natilla y buñuelos entre los vecinos, por eso en aquellos diciembres, en las casas se podían contar por decenas dichas muestras de todos las texturas y sabores, viandas que nunca se alcanzaban a consumir: “ahí le mandan y es de parte muy aseada”.

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NACE UNA GENERACIÓN - Familia numerosa.

Hacienda cafetera “El Brillante” Armenia, Quindío. Año 1947

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NACE UNA GENERACIÓN ”Todo hijo nace con la arepa debajo del brazo!”. Y se multiplicaba la familia antioqueña. Proliferaban los hijos futuro soporte del trabajo agrícola. Surgía una nueva generación en tierras colonizadas. Era la época en que a los niños los traía la Virgen María, bajándolos con mucho cuidado por un rotico que había allá en el cielo; ingenua creencia o explicación, para inocentes muchachos, quienes asustados veían con con rapidez crecer la familia con competidores mocosos, llorones y “miones” hermanitos. Es que por esos tiempos, no era raro encontrar familias con más de 16 hijos fuera de los arrimados y aún así la valiente progenitora madre con orgullo tenía el valor de decir: “ sí mijita, veinte y con el rancho ardiendo” , y el “patillón” padre se resignaba murmurando el dicho: “cada hijo nace con la arepa bajo el brazo y aún hay muchos cartuchos para quemar” y en lo anecdótico se comentaba que la fulana de tal, al preguntarle sobre cuantos hijos tenía vivos, solía responder: “de los catorce, uno sólo medio apendejado y pobre”.

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La caída a la cama o el estar esperando. El estar en cinta y en avanzado estado de embarazo obligaba al sufrido marido a “pajarear”, es decir estar disponible y atento las veinticuatro horas del día, dormir con un ojo abierto, ante el inminente y próximo parto de la esposa; acontecimiento que sus primeros dolores o rompimiento de fuente, casi siempre sucedían en los momentos más inoportunos, por ejemplo: a los dos de la mañana y en pleno tormentoso aguacero, aún así el comprometido cónyuge salía envuelto en un encerado o un costal a traer la partera porque hasta los años 70 del siglo pasado, los niños nacían en las casas en partos atendidos por las parturientas, y mientras llegaba la partera, tanto las tías beatas como la abuela procedían a calentar bastante cantidad de agua en ollas, a esconder a los muchachos en la última pieza o el cuarto de los trebejos y enjalmas o los mandaban donde los familiares o vecinos, bajo la protesta de los mayores: “otra vez con el mismo cuento”, los mismos que al retornar desde la distancia y por los infantiles lloriqueos reconocían la presencia de un nuevo, casposo, dormilón y bello hermanito. Si era mujer el esposo decía: “que sea lo que Dios quiera”, si era hombre, exclamaba: “¡qué dicha ¡Un nuevo verraco para la familia”. El ofrecimiento: al siguiente día del nacimiento se tenía como costumbre de enviar mensaje con los mayores de la casa a la vecindad, con el anuncio: “mi mamá le manda a ofrecer u hermoso (a) niño o niña” y a los días siguientes empezaba el desfile de vecinos visitantes con obsequios, casi siempre portando bolas de chocolate casero y galletas de soda. Nadie de los conocidos parecía perderse el espectáculo de conocer la criatura envuelta en cobertores o trapos como un tabaco –Infantil momia- con grueso ombliguero e enjundia fundida untada en el ombligo para que sanara o votara la caracha (se guardaba como símbolo de buena suerte), la poca piel visible abrillantada con aceite de almendras, teniendo especiales cuidados con la mollera del recién nacido y con las ropitas del bebe, que no se podían dejar serenar, porque al recién nacido le podía dar curso verde.
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El bautismo: a más tardar dentro los ocho días siguientes al nacimiento, para evitar de que si falleciese el niño, no se fuera para el limbo con pecado original, quedando por toda la eternidad en un oscuro lugar, donde según decía la abuela en su creencia religiosa, la Virgen María los visitaba cada ocho días, llevándoles como regalo un rayo de luz. Los padrinos del primogénito serían los abuelos maternos, mientras los abuelos paternos esperarían el nacimiento del segundo hijo, luego estarían en turno los muchos tíos en los futuros nacimientos, que no serían pocos. En la ceremonia de bautismo se le pone o impone el nombre a la criatura. Por ese entonces el sacerdote que celebraba el sacramento del bautismo, muchas veces buscaba en el santoral (libro con el nombre de los Santos) el nombre y de allí salían simpáticas menciones, que cargaría como una lapida el agraciado hasta la muerte: Graciano, Nacianceno, Inocencio, Serapio, Ambrosio, Gelasio, Crisóstomo, Basilio, Isidoro, Constantino, Pía, Catalina, Francisca, Tiburcia, Teresa, María y Jesús por montones (…). El compadrazgo: las comadres y los compadres para el colono antioqueño, tenían una gran importancia, pues sobre ellos recaía responsabilidades morales y hasta económicas con sus ahijados, que se debían a ellos también en respeto y por eso existía la costumbre, de cuando un ahijado se encontraba con su padrino o madrina, se le arrodillaba de frente y le decía : “padrino la bendición”. Los padrinos se convertían en compadres de los progenitores del apadrinado y desde ese momento se integraban a la familia, que lo había escogido y se habilitaban como consejeros y no pocas veces participaban en reciproco apoyo en momentos de dificultades económicas o calamidades domésticas. Como las familias de colonos antioqueños proliferaban en hijos, también proliferaban en compadres, que unificaban la primigenia sociedad en tierras de expansión colonizadora.
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La dieta: ceremoniosa reclusión por cuarenta días, que debía efectuar la madre después de la gestación o parto, que consistía en el encierro en un pieza cerrada y con todos los orificios tapados, para que no entrara la luz o un mal viento que causara a la materna “ entuertos”, “fiebre puerperal” y el temido “descenso” –Hemorragia-. El encierro venía acompañado de varios acontecimientos: las gallinas de la casa iban desapareciendo como por arte de magia, en suculentos alimentos para la nueva madre, mientras que los niños a escondidas de la abuela o las tías lograban para comer los sobrados. ¡Sabrosos los caldos de dieta con arepa migada! También hacían los fritos con las menudencias. Las galletas de soda, el chocolate con canela (…) no podían tampoco faltar. Las vecinas más allegadas a la materna se peleaban el derecho a bañar al niño sumergiéndolo y alzándolo con delicadeza en una ponchera, cuyabra abierta o batea de madera llena con agua templada, con oloroso jabón y lo perfumaban con talco. Entre los acontecimientos de la dieta se realizaba un permanente ritual al fuego, que consistía en echar a la bacinilla o beque de palo, alcohol impotable, que al encenderlo producía misteriosos duendes en atractivas llamas azules y luego de extinguido el fuego y reposar un rato, la tierna mamá se sentaba en él, dizque a meditar un momento. Lo cierto es que la vivienda por cuarenta días se contaminaba de un aromático olor a chocolate y caldo de gallina. A los exactos 20 días se le permitía el “desmolimiento” o sea que la madre caminara algunas vueltas alrededor de la cama, para estirar los músculos. A los treinta y nueve días se efectuaba el purgante y los sahumerios de hojas de naranjo, cidrón, alta misa, romero, ruda y otras yerbas aromáticas. A los precisos cuarenta días, después de haber alimentado con leche materna al nuevo hijo, se levantaba la saludable madre con el doble del peso y el rumor de las comadres: “esa ya está otra vez embarazada”.
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Bibliografía
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ÍNDICE
PRESENTACIÓN. PROCESO DE LA COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA. EL FASCINANTE MUNDO DE ANTAÑO. LA IMAGEN DEL COLONO. SEMBLANZA. NOBLES OFICIOS COTIDIANOS.. “Antioqueño no se vara” Aquellos típicos oficios y trabajos. Otros oficios no menos importantes. TÍPICA Y SABROSA COMIDA “No hay mejor comida, que una buena hambre” Etiqueta. COTIDIANA CULINARIA. EL PLÁTANO. LA YUCA. EL HORARIO Y EL MENÚ. CAMBIA LA COTIDIANA COMIDA. UNA CULTURA DE MITOS Y LEYENDAS. En coloquial lenguaje. ESPANTOS Y MITOS Llamas. Las guacas alumbran. Deshaciendo los pasos. Luces. Bultos. Aparecidos. Espantos. La Madre monte. La Patasola. La Llorona. El Mohán. El Pájaro Maligno. La Mano Peluda. Asustos. 13 17 39 45 49 49 50 66 73 73 73 74 86 91 92 93 95 95 97 98 98 99 99 99 99 99 100 100 113 113 114 114 114

202 Entierros. Encantos. Maleficios. Salar. Castigo del burlado. Los maldecidos o malditos Los enyerbados. Los endemoniados. Pactos y ayudados. Los rezados. Los “ojiados El amarrado o ligado. Embrujados. Los duendes. Ánima en pena. FETICHES, CREENCIAS Y AGÜEROS Los curados. Las contras. La oración secreta. Fetiches y colores. Fetiches y formas. Fetiches y olores. ALGUNAS SUPERSTICIONES Y CREENCIAS. COMUNICACIÓN POR REFRANES Y DICHOS “A buen entendedor pocas palabras bastan” Refrán, refranero, refranista, las paremias y la paremiografía. Fuentes del refranero popular. La frase con doble sentido. El típico refranesco antioqueño. Epifonema. Aforismo. COTIDIANO REFRANERO El perro. El cerdo. Otros animales. REFERENCIA DE REFRANERO COTIDIANO - Varios temas. 115 115 116 116 116 117 117 118 118 119 119 120 120 120 121 121 122 122 122 123 123 123 124 130 130 131 131 132 132 135 135 136 136 137 137 139

203 COTIDIANOS SONIDOS “Se entienden hasta por señas”. Típico lenguaje con los animales. ONOMATOPEYA. EL LENGUAJE DE LOS GESTOS Y LOS ADEMANES Típicas formas de dialogar. Algunas características al hablar. Muestra de algunos gestos y ademanes. LA MEDIDA DE LAS COSAS. GLOSARIO. EL HABLAR DE LOS ABUELOS. GLOSARIO. INTERPRETACIÓN ALGUNAS TÍPICAS PALABRAS... LA MODA DEL REMIENDO Y EL DRIL.Coloquial relato. Evolución de la tradicional moda. Típica vestimenta. Glosario. LOS PROVECHOSOS REMEDIOS DE LA ABUELA “Es mejor prevenir, que curar” Preparación de domésticos remedios y tratamientos. Las curiosas y prodigiosas recetas. .Algunas plantas medicinales. AQUELLOS JUEGOS Y DIVERSIONES. LA TÍPICA CELEBRACIÓN DE LA NAVIDAD. Los buñuelos. La natilla. NACE UNA GENERACIÓN. “Todo hijo nace con la arepa debajo del brazo” La caída a la cama o el estar esperando. El ofrecimiento. El bautismo. El compadrazgo. La dieta. 145 145 145 147 149 150 151 152 152 157 163 168 170 171 175 175 176 176 179 180 189 189 190 193 193 194 194 195 195 193