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LAS MUJERES EN LA PLÁSTICA SONORENSE.

Desde las dos primeras décadas del siglo XX en las que sobresalieron como
pintoras Adelina y María Emilia Fontes Irique, las hermanas Fontes, en la
primera academia de arte que hubo en Hermosillo Sonora; las pintoras
sonorenses dotadas con una sensibilidad capaz de registrar todas las escalas
de la emoción y la expresión artística, han empezado a abrir sendas para
hacer caminos en la noble profesión de las artes plásticas.

Seguramente que para algunas es difícil romper roles tradicionales y


cambiar la ilusión del cetro y la corona de belleza por la paleta y el pincel.
La condición social que obliga absurdamente a su género a la cocina y al
pañal les roba el tiempo y a veces la esperanza de recorrer los diversos
caminos de la creación artística, sin embargo, a veces la tenacidad rompe
los muros de la indiferencia familiar y social y logra además malabarismos
con el tiempo y las distancias para dedicarles su atención al color y al
lienzo.

Poco a poco, como el rocío que se convierte en gota y humedece la aridez


cultural en un estado que tradicionalmente a transformado la promoción
cultural en prebenda burocrática , las pintoras sonorenses muestran sus
obras y allí hay de todo, desde la modesta artista que instala el caballete en
la cocina, el cuarto de lavado o en la sala, hasta la encumbrada burguesa
con estudio de pintura extraído de revistas gringas, viajes trasatlánticos y
buenas relaciones con las cronistas de sociales en los medios de difusión.

En Sonora es mucho el talento femenino que se ha quedado como semilla


no sembrada en espera del surco y el agua que les abriera camino
alternativo a las arras y la sartén. Las academias de arte, públicas y
privadas, han visto pasar por sus aulas valiosas promesas artísticas que no
han podido traspasar la condición de estudiantes o diletantes y después de
un tiempo han optado por el ejercicio de carreras liberales que les asegure
un sueldo quincenal, la seguridad del matrimonio, la ilusión del embarazo y
hasta la oportunidad de ocupar puestos en la maraña burocrática.

En los recuerdos aprisionados en las aulas universitarias y en las escuelas


nacionales de arte quedan las imágenes de talentosas jóvenes que tenían
todo para ser destacadas artistas y ahora son nombres y promesas que se
desvanecen con el tiempo.
Pero a pesar de las difíciles condiciones en las que ha sobrevivido el arte
sonorense, en estos días del joven siglo XXI , son muchas las mujeres que
con ímpetus y perseverancia realizan sus obras plásticas en el estado de
Sonora, y aunque aún no hay tendencias y estilos definidos como para
hacer “escuelas” o signos de identidad regional, en sus expresiones hay
desde el simbolismo, al abstraccionismo y el realismo hasta el intimismo
romántico, hay paisajistas, copistas de estampas religiosas, retratistas,
impresionistas anacrónicas y vanguardistas.
Sus esfuerzos son doblemente valiosos, porque doble es su dificultad para
el ejercicio de su profesión y de cierta manera preparan el terreno para otras
generaciones femeninas que encontrarán suelo más fértil y condiciones más
adecuadas comparadas con las que ahora trabajan las artistas plásticas
sonorenses, Carmen Alicia, Lupina, Elsa, Adriana, , Eréndira, Olga Luz,
María Amelia, Blanca, Tere, Dora, Marcela, Georgina, Luz Elena, Carola,
Eva Laura, Marisela, Ethel, Janeth, Martha, Verónica, Mayela, Alina,
Helga, Yolanda, Judith, Rosa Elena, Rosalina, Julieta, Maribel, Luz María,
Sandra, Nora, Venecia, Ana Luisa, Leda, Blanca, Mónica, Rocío, Marcia,
Abril, Melissa, Eloísa. Poetisas del color , de la luz y de las formas que
escriben con pincel la crónica de su paso por el tiempo.

Enrique Rodríguez Z.
Lic. en Arte, Especialista en Políticas Culturales
Autor del libro “Cien Años de la Plástica Sonorense”