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(BORRADOR-DRAFT)

DESCOLONIZANDO A PUERTO RICO EN EL SIGLO XXI:

LA OPCIÓN ESPAÑOLA

Por

Francisco J. González Sosa

BA-Historia, UPR-Recinto de Mayagüez

MA-Historia, Minnesota State University-Mankato

JD-Hamline University School of Law, St. Paul, Minnesota

I. Introducción

Puerto Rico ha sido llamada la colonia más antigua del mundo.1 Después de 500

años de gobierno colonial, primero español y luego estadounidense, la isla entra al nuevo

milenio todavía buscando como definir su identidad política y nacional, en un entorno

caracterizado por la falta de consenso interno, y sin la metrópolis sentir necesidad o

interés en lograr una resolución final al problema del estatus. La confluencia de una serie

de eventos y transformaciones en el ámbito internacional, al igual que en Puerto Rico,

abren la posibilidad para una fórmula alternativa para lograr la descolonización de Puerto

Rico: la opción española, o la reincorporación de la isla al Reino de España como

Comunidad Autónoma.

Regida por España desde el siglo XVI, Puerto Rico pasa a manos de los Estados

Unidos en 1898 de acuerdo con los términos del Tratado de París, documento que pone

1
Vease José Trías Monge, Puerto Rico: The Trials of the Oldest Colony in the World (1997).

1
fin a la Guerra Hispano-Americana.2 La administración estadounidense que se estableció

en la isla trajo consigo una nueva interpretación de las relaciones entre la metrópolis y

sus colonias, y de cómo encajar la entidad puertorriqueña dentro de la sociedad

estadounidense de la época, basada principalmente en la tradición del derecho anglo-

sajón y los precedentes desarrollados durante las décadas de expansión territorial por el

continente norteamericano.3 Ante esta nueva realidad, el liderato político puertorriqueño

se divide en frentes ideológicos definidos primordialmente por las fórmulas de

autogobierno propuestas como alternativa al régimen colonial impuesto por Washington:

la autonomía (obtener mayor control local al mismo tiempo que se mantienen lazos

permanentes con la metrópolis estadounidense); la anexión (incorporación de la isla

como estado federado); y la independencia (soberanía propia, ya sea desligada

jurídicamente de los EE UU ó en forma híbrida como protectorado).4 Estas diversas

alternativas reflejan el idealismo nacionalista del siglo XIX, templado en la realidad

pragmática enmarcada por los intereses de la metrópolis estadounidense.5

Este artículo primero explorará las deficiencias de las alternativas

tradicionalmente propuestas para la descolonización de Puerto Rico.6 En segundo lugar,

se presentará el nuevo entorno jurídico y geopolítico que moldearán los procesos a usar

por nacionalidades sin estado propio para lograr soberanía y autogobierno en el siglo

XXI, haciendo énfasis en la disminución de poder del Estado nacional frente a

organizaciones supranacionales, y a la descentralización administrativa. En tercer lugar,

2
Treaty of Paris, December 10, 1898, US-Spain, 30 Stat. 1754 (1898), T.S. No. 343.
3
Efren Rivera Ramos, The Legal Construction of American Colonialism: The Insular Cases (1901-1922),
65 Rev. Jur. U.P.R. 225 (1996)
4
Arturo Morales Carrión [ ]
5
Morales Carrión, supra note 4, [ ]
6
Puerto Rico continúa siendo en la actualidad una colonia de los Estados Unidos, ya que el Congreso
retiene poderes plenarios sobre la isla; carece de soberanía propia; y los puertorriqueños carecen de
participación efectiva en los procesos legislativos federales. Véase Rivera Ramos, supra nota 3, en 225.

2
se planteará que la reincorporación de Puerto Rico al Reino de España en calidad de

Comunidad Autónoma, tal y como esta provisto por la Constitución Española del 1978,

se presenta como una opción viable para lograr la descolonización de la isla. Se discutirá

además la posición política, social, económica y geoestratégica de Puerto Rico como

parte de España, al igual que las posibles ventajas que este nuevo status de Puerto Rico

proveería a tanto a España, y a la Unión Europea, como a los Estados Unidos.

II. Las alternativas descolonizadoras tradicionales

El estatus actual de Puerto Rico, el Estado Libre Asociado (ELA) o

“Commonwealth”, surge en 1952 de una convergencia de intereses: por un lado, de la

nueva generación de líderes puertorriqueños que deseaban reformas pragmáticas que

otorgasen mayores poderes de autogobierno local con el propósito de mejorar la situación

socio-económica del país; y por otro, el deseo del Congreso y de la administración del

Presidente Truman de proteger la permanencia de las instalaciones militares y de las

propiedades de inversionistas norteamericanos en la isla.7 Por consiguiente, los poderes

otorgados por Washington al gobierno local resultan ser más bien reflejos de las

prioridades existentes en la década del 1940 al 1950 y no representan el máximo grado de

autonomía posible bajo la Constitución estadounidense8. Mas aún, en los mas de cuarenta

años desde su creación, el E.L.A. ha sufrido cambios en las premisas que validaron su

origen: entre estos, vale destacar la transformación de la economía de Puerto Rico,

reduciéndose la importancia del sector agrícola en respuesta del crecimiento de la

manufactura y de los servicios profesionales; y el fin de la Guerra Fría entre los EE UU y

7
El Estado Libre Asociado, creado en virtud del Public Law 600 [ ]
8
Vease Carl J. Friederich, Puerto Rico: Middle Road to Freedom, 59-77 (1959)

3
la Unión Soviética, que ha disminuido la importancia estratégica de las bases militares

estadounidenses en la isla. Como efecto de los cambios en sus prioridades e intereses, el

Congreso ya ha comenzado a desmantelar partes del andamiaje legislativo de apoyo para

el E.L.A., como las exenciones de impuestos federales a ingresos devengados por

compañías establecidas en Puerto Rico.9 Además, en la Cámara de Representantes se esta

gestando legislación para imponerle el pago de contribuciones federales a los productos

de consumo local en la isla.10 En resumen, las acciones unilaterales del Congreso y la

realidad actual puertorriqueña indican la fatiga e insuficiencia del E.L.A., en su estado

actual, como fórmula de autogobierno y de vehículo regularizador de las relaciones entre

Puerto Rico y los Estados Unidos.

Por otra parte, la estadidad como alternativa descolonizadora se enfrenta a la

oposición de importantes sectores conservadores, preocupados estos por la incorporación

de un estado económicamente débil y con una población étnica y culturalmente distinta a

la de la mayoría de los estadounidenses continentales.11 Esta actitud anti-estadista en el

Congreso federal se vio marcadamente reflejada por la derrota en el Senado (tras ser

aprobado por un solo voto en la Cámara de Representantes) de la iniciativa plebiscitaria

conocida como el Proyecto Young, precisamente porque varios senadores conservadores

del Partido Republicano consideraban que esta medida favorecía la opción de la estadidad

9
Estas exenciones forman parte de la Sección 936 del Código de Rentas Internas (IRS Code) federal, y su
ultima provisión que afecta a Puerto Rico (§ 30A) expirará en el año 2006. Vease Lidia Estela Ruaño,
“Manufacturers Association Lobbies for 30A”, Caribbean Business, abril 1 1999, p. 10.
10
Agencia EFE, “Fustiga Misla el tax de Young” El Nuevo Día, marzo 14 1999, p.33.
11
El rechazo al reconocimiento de la identidad cultural y lingüística de grupos étnicos dentro de los
Estados Unidos se refleja explícitamente en las palabras de Newt Gingrich, arquitecto de la llamada
“revolución republicana” del 1994, y Speaker de la Cámara de Representantes hasta enero del 1999.
Gingrich declara que el bilingüismo es una barrera para la asimilación de grupos étnicos e inmigrantes, y
que la presencia de grupos no asimilados presenta una amenaza para la estabilidad de los Estados Unidos:
“Bilingualism keeps people actively tied to their old language and habits…If people are being encouraged
to resist assimilation, the very fabric of American society will eventually break down”. Newt Gingrich, To
Renew America, p. 162 (1995).

4
en el propuesto plebiscito.12 Sin un sólido respaldo de amplios sectores en el Congreso

(que tiene la última palabra sobre un cambio en el estatus independientemente de cuál

opción resulte ganadora en un plebiscito), sumado al creciente poder del elemento

conservador dentro Partido Republicano y en la sociedad norteamericana en general, la

estadidad para Puerto Rico no es viable ahora ni en un futuro cercano.

Por último, los proponentes de la independencia no han logrado crear un

movimiento político de masas que apoye esta alternativa. Las diferencias ideológicas y de

estrategias, sumado a choques de personalidad, han fragmentado el sector

independentista.13 Sin embargo, el rechazo de la independencia por la mayoría del

electorado puertorriqueño en todos los plebiscitos efectuados hasta la fecha parece ser

más bien reflejo del temor al descalabro económico e inestabilidad política que surgirían

en la isla una vez retirada la presencia estadounidense. Es decir, el puertorriqueño

contempla su entorno caribeño y por analogía concluye que Puerto Rico no puede existir

como una republica independiente al mismo tiempo que se mantiene la presente

estabilidad política y (comparado con el resto de America Latina y el Caribe)

relativamente alto desarrollo económico de la isla.14

Una conclusión lógica partiendo de la problemática presentada por cada una de

las alternativas presentadas es que el estatus final de Puerto Rico tiene que llenar los

siguientes requisitos: primero, para que cuente con el apoyo de la mayoría de los

puertorriqueños, debe de asegurarse tanto el respeto y preservación de la identidad

cultural nacional, al igual que garantizar un nivel de desarrollo económico comparable al

12
Enrique Fernández Toledo, “La ruta del estatus 1898-1998”, p. 31 Dialogo-Universidad de Puerto Rico,
marzo 1999.
13
Véase Dra. Awilda Palau, ¿Es posible un consenso sobre el status en el Puerto Rico actual?, Seminario
Puerto Rico en la Era de la Descolonización (1987).
14
Trias Monge, supra note 1, 182-183.

5
obtenido bajo el régimen actual; segundo, que el nuevo estatus sea uno basado en

principios democráticos que faculten al pueblo puertorriqueño para que participe

directamente en la elaboración y aprobación de toda mediad legislativa que le afecte; y

tercero, que se salvaguarden aquellas prerrogativas e intereses que el gobierno

estadounidense considere esenciales (como, por ejemplo, acceso a bases militares y

facilidades para combatir el narcotráfico), para lograr así el consentimiento y cooperación

de EE UU en este proceso descolonizador.

Los parámetros arriba establecidos pueden acomodarse a varias formulas

políticas, pero no por sí sólos definen el universo de posibles alternativas

descolonizadoras que logren la soberanía para Puerto Rico: el clima internacional

permeará las discusiones en torno al estatus e influenciará el curso de los acontecimientos

tanto en la isla como en la metrópolis estadounidense

III. Autonomía y soberanía en el siglo XXI

El atributo de la “soberanía” ha sido definido como la autoridad o habilidad de un

estado para determinar qué tipo de relaciones tendrá con las potencias extranjeras15. Esto

es, se define la soberanía en relación con el grado de autonomía que posee un territorio en

particular tanto para regir sus asuntos internos como para establecer relaciones con el

resto de los países del mundo.16 Más aún, un estado puede ser soberano aunque no sea

plenamente independiente de otro estado.17

Históricamente, la idea de “soberanía política como la máxima expresión de la

identidad nacional de un pueblo” ha sido recogido en la carta orgánica de la Naciones


15
Hurst Hanum, Autonomy, Sovereignty, and Self-Determination: The Accomodation of Conflicting
Rights, p. 15 (1990).
16
Ibid. p. 19
17
Ibid, p. 17-18.

6
Unidas, siendo adaptado principalmente al proceso de disolución de los imperios

coloniales europeos en África, Asia y las Américas a partir de 1945.18 Sin embargo, la

cohesión de muchos de los estados multiétnicos post-coloniales ha resultado ser débil ya

que la unidad lograda para reclamar la independencia no pudo satisfacer las necesidades e

intereses particulares de los grupos étnicos constituyentes, dando paso a reclamos de

autonomía y hasta secesión.19 El fin de la Guerra Fría se vio marcado también por la

explosión de sentimientos nacionalistas y reclamos de autogobierno en Europa Oriental y

Asia Central, que resultaron el la desintegración de la Unión Soviética, Checoslovaquia y

Yugoslavia.20 Trágicamente, este nacionalismo de finales del siglo XX ha desembocado

en casos de “limpieza étnica” y hasta genocidio contra las etnias que reclamen la

autodeterminación, siendo Yugoslavia y Ruanda los casos más extremos pero no los

únicos (por ejemplo: Timor Oriental, Tíbet, Sri Lanka y los Territorios Ocupados por

Israel en Palestina).21

Por otra parte, y aunque parezca ser una contradicción con lo antes expuesto, la

disolución de estados multiétnicos ha coincidido con la integración de estados soberanos

en bloques políticos y económicos multinacionales, como la Unión Europea, y el Tratado

de Libre Comercio (el TLC, o NAFTA, por sus siglas en inglés) entre los EE UU, Canadá

y México. En Europa, la necesidad de lograr mayor eficiencia económica (reduciendo

barreras arancelarias, viabilizando la cooperación en la investigación técnica y el

desarrollo de nuevos productos, etc.) fue en un inicio el motor principal para la


18
Ved P. Nanda, “Revisiting Self-Determination as an International Law Concept: A Major Challenge in the
Post-Cold War Era”, 3 ILSA J. Int’l & Comp. L. 443, 443-445 (1997).
19
Gerry J. Simpson, “The Diffusion of Sovereignty: Self-determination in the Postcolonial Age”. 32 Stan.
J. Int’l L. 255, 261-62 (1996).
20
Nanda, supra note 15, at 451-52.
21
Simpson, supra note 16, at 277-78.

7
integración multinacional. 22 Sin embargo, el impacto de este nuevo ordenamiento

económico en el gobierno, cultura y sociedad de los países miembros de la Comunidad

Económica Europea hizo obvia la necesidad de integrar también estos aspectos del

ámbito interno nacional dentro de un marco político, resultando así en la creación de la

Unión Europea en 199223. De igual manera, los países de Centroamérica y el Caribe

actualmente están en el proceso de crear una zona de libre comercio para servir de enlace

entre los bloques comerciales como el Tratado de Libre Comercio (TLC) y NAFTA

norteamericanos, y el MERCOSUR, integrado por Argentina, Brasil Uruguay y

Paraguay24.

Volviendo a la situación de Puerto Rico, estos cambios en el ordenamiento

internacional pueden afectar el debate sobre el estatus en varios niveles: primero, el

fenómeno de la disolución de los estados multiétnicos por una parte fortalece los

argumentos de los grupos conservadores en el Congreso estadounidense que se oponen a

la incorporación de un Puerto Rico con identidad cultural propia, como estado federado;

y en segundo lugar, la disminución en importancia del Estado-nación y la creación de

bloques económicos multinacionales regionales resaltarán la importancia para Puerto

Rico de poder establecer relaciones comerciales de manera propia, al mismo tiempo que

se minimiza la relevancia de la independencia política o soberanía plena como

herramienta indispensable para el libre desenvolvimiento de un país en la esfera

internacional; es decir, la clave para el futuro desarrollo de Puerto Rico residirá en la

autonomía económica (sumado también a la autonomía cultural) aunque no posea

soberanía en otras áreas.

22
Joseph H.H. Weiler, “The Transformation of Europe”, 100 Yale L.J. 2403 (1991).
23
Richard G. Whitman, From Civilian Power to Superpower?, p.163. (1998).
24
Jorge Calmet Wagner, “Calienta motores la cumbre”, El Nuevo Día, p.117, 15 de abril de 1999.

8
V. Puerto Rico: Comunidad Autónoma del Reino de España

1. Trasfondo Histórico

En los debates sobre cambios al estatus político de Puerto Rico durante los siglos

XIX y XX, la afirmación de la identidad cultural nacional, formada principalmente por

elementos culturales legados por España y compartidos con el resto de la América

española, siempre ha figurado como aspecto importante a considerar bajo todas las

fórmulas propuestas.25

Ya durante el siglo XIX, líderes autonomistas puertorriqueños como Luis Muñoz

Rivera y Segundo Ruiz Belvis, favorecían el lograr reformas administrativas y políticas

en vez de la independencia total de España y resaltaban los intereses compartidos entre

isla y metrópolis.26 Igualmente, intelectuales como Eugenio María de Hostos planteaban

la creación de una federación entre España y sus colonias antillanas, al mismo tiempo que

se gestaba una confederación interamericana que viabilizara el desarrollo económico del

continente.27

En 1897 el movimiento autonomista en Puerto Rico pudo lograr que España

finalmente le concediera a la isla una Constitución propia, la Carta Autonómica, en la que

se le otorgaban amplios poderes de autogobierno a los cuerpos legislativos locales.28 Sin

25
Arnold H. Leibowitz, Defining Status: A Comprehensive Analysis of US Territorial Relations, p. 130-140
(1989)
26
José Trías Monge, Historia Constitucional de Puerto Rico, tomo I., p. 74-89 (1980).
27
Eugenio María de Hostos, educador, escritor y patriota, posteriormente luchó infatigablemente por la
independencia de Puerto Rico y la creación de una Confederación Antillana entre PR, Cuba y la Rep.
Dominicana para unir fuerzas contra la influencia estadounidense, ideal también compartido por el prócer
cubano José Martí. Véase Julio César López, ed., Hostos: sentido y proyección de su obra en América, p.
433-442 (1995).
28
Trias Monge, supra note 1, p. 13-15.

9
embargo al concluir la Guerra Hispanoamericana, con el traspaso de Puerto Rico a los

Estados Unidos, se puso fin al gobierno autonómico local. Aunque la Constitución

Autonómica de 1897 estuvo en vigor por escasamente un año, su efecto en el debate de

estatus ha permanecido y representa otra vertiente de la continua influencia española en

el acontecer político puertorriqueño.29

Estos precedentes históricos son solo algunos de los múltiples hechos y

expresiones que resaltan la identidad hispanoamericana de Puerto Rico, influyendo en la

búsqueda de poderes de autogobierno, los que sientan las bases para considerar como

viable la restauración de los vínculos políticos entre Puerto Rico y España. Mas aún, la

relevancia de estos procesos históricos se ve acentuada por nuevas modalidades en la

relaciones entre los pueblos del mundo.

2. Visión para el siglo XXI

¿Por qué entendemos como válido el considerar la reincorporación a España

como una alternativa práctica para descolonizar a Puerto Rico? Debido a que las

condiciones económicas y políticas del momento presentan la oportunidad de poder

lograr un arreglo que beneficie a todas las partes envueltas, resolviendo de una manera

lógica el problema colonial de Puerto Rico.

Es importante analizar el proceso a seguir y los cambios envueltos de ser

adoptada esta fórmula descolonizadora, comenzando con la organización política de

Puerto Rico dentro de los esquemas constitucionales español y europeos, seguidos por el

29
El Partido Nacionalista de Puerto Rico, bajo la dirección de Pedro Albizu Campos (1891-1965), sostenía
que la Carta Autonómica le había conferido en efecto la independencia a PR, por lo que el Tratado de París
de 1898 era nulo. Véase Aline Frambes-Buxeda, ed. Huracán del Caribe: vida y obra del insigne
puertorriqueño Don Pedro Albizu Campos, Libro HOMINES, tomo 10, p. 163-171 (1993). Los propulsores
del ELA también han usado la Carta Autonómica como modelo al reclamar mayores poderes de
autogobierno. Véase Trías Monge, supra note 1, p.14-15.

10
panorama económico y el geopolítico que se establecerían bajo el nuevo régimen; y

concluyendo con una evaluación de las posibilidades reales de que el estatus aquí

propuesto pueda ser adoptado en un futuro.

3. Organización del Reino de España.

La Constitución española de 1978, promulgada tras la muerte del dictador

Francisco Franco y la restauración de la democracia, sienta las bases para la organización

política del país como una monarquía parlamentaria.30 La Constitución además reconoce

la diversidad étnica y cultural de los pueblos que habitan el territorio español, y reconoce

el derecho al autogobierno de estas nacionalidades por medio del establecimiento de

Comunidades Autónomas (CC AA).31 La Constitución divide todas las competencias, o

áreas de responsabilidad, entre las de exclusiva jurisdicción de las CC AA o del Estado

central (“competencias exclusivas”); y las de jurisdicción conjunta de las CC AA y el

Estado (“competencias concurrentes” y “competencias compartidas”).32 Sin embargo, el

Estado central puede delegar o transferir competencias a las CC AA mediante disposición

de las Cortes y a petición de cada Comunidad Autónoma.33

El desarrollo de la relación entre el Estado y las CC AA es un proceso continuo y

dinámico, encabezado por los reclamos de las Comunidades de Cataluña y el País Vasco

(Euskadi).34 Las nacionalidades catalanas y vascas, con su idioma, costumbres e historias

distintas de la tradición castellana dominante en España, han trazado la ruta a seguir por

30
Constitución del Reino de España, Articulo 1.
31
Articulo 143, § 1
32
Articulos 148 y 149. Por ejemplo, entre las competencias exclusivas de las Comunidad de Cataluña son:
1) Organización de sus instituciones de autogobierno; 2) Derecho civil catalán; 3) Cultura e
historia; 4) Ordenamiento municipal y local; 5) Recursos naturales; 6) Transportación y obras públicas; 7)
Recreación y deportes; 8) Promoción de la industria, comercio y empleo. Véase la página del Internet de la
Generalitat de Cataluña <http://www.gencat.es/autonom/ecoco.htm>
33
Articulo 150, §§ 1, 2.
34
Para una visión actualizada del desarrollo de las CC AA y sus relaciones con el Estado central y la Unión
Europea, véase Informe Pi i Sunyer sobre Comunidades Autónomas 1994, tomo I y II (1995).

11
Puerto Rico en lo que se refiere a establecer una identidad jurídica propia dentro de los

parámetros establecidos por la Constitución del 1978.

Por otra parte, la participación efectiva de las nacionalidades en el gobierno

central el Estado español se obtiene mediante la representación en las Cortes (la

legislatura nacional, compuesta por el Senado y la Cámara de Diputados). En el Senado,

las representaciones (diputaciones) de las provincias y las Comunidades Autónomas se

adjudican de forma que se logre una representación mínima por cada circunscripción

electoral (un mínimo de cuatro senadores por provincia, y un senador adicional por cada

Comunidad Autónoma).35 En la actualidad, componen al Senado 256 miembros, 208

electos por sufragio popular directo, y 48 miembros nombrados por las legislaturas

regionales.36 La representación en el Congreso de Diputados se establece mediante

representación proporcional, constituyéndose el actual Congreso de Diputados por 350

miembros37. Bajo este sistema, Puerto Rico obtendría cinco Senadores y alrededor de 26

Diputados38.

4. Las Comunidades Autónomas y la Unión Europea

La Unión Europea (UE), organización multinacional de la que España es

miembro, añade una dimensión adicional al panorama de los recursos, poderes y espacio

de actuación de las CC AA en el ámbito internacional. El Tratado de Maastrich, que

sienta las bases de la integración política de Europa, reconoce el papel de las “regiones”,
3 35
Articulo 69.
36
The World Fact Book, (CIA). p. 434, (1998).
37
Ibid.
38
La Constitución establece representación por provincia (uno) y Comunidad Autónoma (uno, más uno
adicional por cada millón de habitantes). Siendo Puerto Rico una provincia al igual que una Comunidad
Autónoma, y contando con una población de 3.9 millones (estimado de 1998), la isla tendría ocho
Senadores, sumándoseles uno adicional al llegar la población a los 4 millones de habitantes. En el
Congreso de Diputados, contando PR con dos Diputados mas uno adicional por cada 144,500 habitantes, el
total sería de 26 a 27 miembros en la delegación puertorriqueña. Véase Art. 68, y la ley electoral, Ley
Orgánica 5/1985.

12
subdivisiones administrativas de los Estados nacionales (como las CC AA en España, los

Länder en Alemania, o el País de Gales y Escocia en la Gran Bretaña), en el esquema

organizativo de la UE.40 El espacio que la UE abre a entidades que representan los

intereses de grupos étnicos responde a una serie de factores, entre estos el reconocimiento

del respeto a la identidad grupal como parte de los derechos humanos básicos; y el apoyo

a la descentralización y la autonomía, remedios que mantienen la unidad del Estado,

como soluciones a los conflictos internos entre nacionalidades41.

La UE ha constituido un Comité de Regiones, independiente de los otros órganos

gubernativos (el Parlamento Europeo, la Comisión, y el Concilio de Ministros), como

cuerpo facultado para emitir opiniones sobre asuntos de interés para las regiones.42 Cabe

recalcar que uno de los principios fundamentales de la organización de la UE es el de la

subsidiariedad, que limita el poder de la UE para administrar programas de la

organización dentro de los Estados miembros43. El resultado es que la UE provee a las

regiones de Estados descentralizados la responsabilidad y los recursos económicos para

implementar las directrices y regulaciones de la organización44. Las acciones del Comité

de Regiones indican que las regiones se convertirán en un elemento principal, junto con

los Estados nacionales, en el desarrollo de los poderes, estructuras y objetivos de la

Unión Europea.

40
Naomi Roth-Arriaza, “The Committee on the Regions and the Role of Regional Governments in the
European Union”, 20 Hastings Int’l. & Comp. L. Rev. 413, 415-18.
41
Ibid. at 418-21.
42
Ibid., at 445-46.
43
Richard G. Whirtman, From Civilian Power to Superpower: The International Identity of the European
Union, p. 163-64 (1998).
44
Roth-Arriaza, supra note 40 at 435-36. La UE ha designado alrededor una tercera parte de su presupuesto
para programas de desarrollo económicos en los Estados miembros más pobres. La mayor parte de estos
fondos asignados a España son administrados por las CC AA. Ibid.

13
Las CC AA españolas de Cataluña y el País Vasco han desempeñado un papel

sumamente importante en la trayectoria del Comité de Regiones europeo, reflejando la

flexibilidad que tienen las CC AA para actuar en el campo internacional, incluyendo el

poder tener representación diplomática propia ante la sede de la ejecutiva de la Unión

Europea en Bruselas45. Siendo Puerto Rico una Comunidad Autónoma, la isla contaría

con representación no solamente en el Comité de Regiones de la UE, sino también podría

establecer su propia oficina para entablar contactos directos con los órganos directivos de

la organización, y las delegaciones oficiales de otras regiones y Estados nacionales

miembros. La presencia y participación de Puerto Rico en la UE significaría para la isla

el tener voz y voto independientes ante la principal entidad económica del mundo en la

actualidad.46 El proceso de unificación política en Europa, que apenas esta comenzando,

puede también resultar en que la UE, una vez se incorporen a la Unión los países de la

Europa Oriental y culminando con la eventual integración de Rusia, desplace a los

Estados Unidos como la principal potencia militar y política mundial en el siglo XXI.

VI. Puerto Rico: Punto de Encuentro entre las Américas y Europa

La realidad de la globalización del comercio y la producción de bienes de

consumo ha propiciado la creación de bloques comerciales entre naciones, y el desarrollo

de nuevos mercados para la exportación de dichos productos.47 Puerto Rico, a pesar de su


45
El Tribunal Constitucional de España estableció en 1994 la legitimidad de las representaciones oficiales
de las CC AA en Bruselas, independientes de la representación del Reino de España ante la UE. Véase
Informe Pi i Sunyer sobre Comunidades Autónomas 1994, tomo II, p.1014-1037 (1995).
46
La UE se compone actualmente de 15 países miembros: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España,
Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Holanda, Italia, Irlanda, Luxemburgo, Portugal y Suecia; con una
población total de 370.5 millones de habitantes, y con un Producto Doméstico Bruto (PDB) de 7,269
billones de dólares. A medida de comparación, los EE UU tienen una población de 255.4 millones de
habitantes, y su PDB es de 5, 905 billones de dólares (todas las figuras son estimados del 1994). Whitman,
supra note 43 at 114.
47
Dr. José I. Alameda Lozada, “Contracciones de un nuevo milenio”, La Estrella de Puerto Rico, p. 33. 1 al
7 de abril de 1999.

14
privilegiada posición geográfica y de cierta autonomía fiscal bajo el ELA, no ha logrado

desarrollar a plenitud su capacidad productiva ni estimular un nivel consistentemente alto

de inversión de capital.48 Parte de la problemática, como ya se mencionó, reside en los

poderes que tiene el Congreso estadounidense para unilateralmente imponer

contribuciones o eliminar incentivos a las corporaciones establecidas en la isla49 La falta

de facultades para establecer lazos comerciales bilaterales tampoco ha permitido una

mayor integración de la isla dentro de su entorno geográfico, resultando en una casi total

dependencia en el mercado estadounidense como destinatario de las exportaciones

puertorriqueñas.50 Debido a esto Puerto Rico no puede aprovecharse de la integración

económica en el área propiciado por la creación de la Asociación de Estados del Caribe

(AEC) y la continua apertura de Cuba al sistema capitalista.51

La Unión Europea, encabezada por España, también se encuentra concertando

alianzas comerciales en la America Latina, especialmente con México, con el propósito

de penetrar en ese mercado dominado actualmente por empresas estadounidenses52. La

expansión de la banca española en Argentina, Chile y Brasil es también señal del interés

europeo por establecerse en la América Latina.53

El futuro de la región aparece claramente conectado a la integración regional y al

tipo de relaciones que estos bloques regionales establezcan con las principales potencias

48
Según Miguel A. Ferrer, presidente de Paine-Webber PR, la economía local necesita ajustarse a los
efectos de la globalización, atrayendo inversionistas en sectores de alta tecnología mediante la capacitación
de la mano de obra local y de incentivos económicos por parte del gobierno. Véase José E. Rivera Santana,
“Somos de las pocas naciones que tenemos más capital del que estamos utilizando: entrevista con Miguel
Ferrer”, Palique, pp. 10-12, 12 de marzo de 1999.
49
Véase Ruaño, supra note 9; Agencia EFE, supra note 10.
50
Puerto Rico envía a EE UU el 88 % de sus exportaciones, y recibe de ese mismo país el 62% de sus
importaciones. The World Factbook, supra note 36 at 383.
51
Calmet Wagner, supra note 24.
52
Pilar Franco, “América-Unión Europea: Empresarios ponen rieles a la integración”, Palique, p, 27, 12 de
marzo de 1999.
53
“Crecimiento del Santander-Central”, El Nuevo Día, p. 117, 15 de abril del 1999.

15
económicas, es decir, Estados Unidos y la Unión Europea. Puerto Rico, siendo parte de la

UE y conservando lazos comerciales con los Estados Unidos, poseería todos los atributos

necesarios para servir de puente de enlace comercial entre el bloque norteamericano del

TLC-NAFTA; los bloques regionales del Caribe (AEC) y América del Sur

(MERCOSUR); y la Unión Europea. Hay que añadir que, como Comunidad Autónoma

española, Puerto Rico estaría capacitado para actuar con independencia en muchas áreas

económicas, facultad que siempre pudiese ampliarse mediante la delegación por las

Cortes de competencia y poderes adicionales.

En resumen, Puerto Rico puede convertirse en el eje comercial del Atlántico, al

igual que lo son Hong Kong y Singapur en el Pacífico, si utiliza plenamente sus geografía

caribeña, sus lazos culturales con la América Latina, sus relaciones comerciales con los

Estados Unidos, y si establece lazos políticos con la UE que al mismo tiempo le faciliten

su actuación independiente en el ámbito económico regional.

VIII. Conclusión

Através de este artículo hemos tratado de presentar una alternativa innovadora

que rompa el impasse en que se encuentra sometido el proceso descolonizador de Puerto

Rico, debido a las profundas divisiones ideológicas dentro de la sociedad puertorriqueña,

y a la ambivalente actitud hacia la isla que mantienen tanto el Congreso como la nación

estadounidenses. Entendemos que es crucial lograr satisfacer al mayor grado posible

aspiraciones, intereses y necesidades de todas las partes envueltas en este proceso, y que

el desenlace sea uno que ofrezca la posibilidad de un futuro mejor para la sociedad

puertorriqueña.

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Ninguna de las opciones tradicionales pueden garantizar simultáneamente la

preservación de la cultura e identidad nacional; aumentar el desarrollo económico de la

isla; y mantener lazos políticos con una superpotencia mundial que asegure la estabilidad

política interna, ofrezca asistencia económica, y provea un horizonte más amplio para el

desenvolvimiento del pueblo puertorriqueño. Sin embargo, la reincorporación de Puerto

Rico a España cumple con todas las condiciones arriba establecidas: la Constitución

española garantiza explícitamente el respeto a la cultura de las diversas nacionalidades

dentro del país, estableciendo además las Comunidades Autónomas como expresión

política y administrativa de esta identidad nacional separada (la Unión Europea por su

parte extiende un reconocimiento similar através del Comité de Regiones); como

Comunidad Autónoma y entidad semi-independiente miembro de la UE, Puerto Rico

poseerá la flexibilidad política y los recursos económicos para convertirse en el centro

comercial y financiero del hemisferio; finalmente, los puertorriqueños se convertirían en

ciudadanos de la Unión Europea, formada sobre firmes bases democráticas y con el

potencial para desplazar a los Estados Unidos como la principal potencia económica del

planeta.

El liderato político puertorriqueño tiene la oportunidad de entablar un diálogo con

España, con la UE, con el Congreso estadounidense y con el pueblo de Puerto Rico en

que se discutan honestamente todas las avenidas para resolver el problema del estatus.

Solamente la falta de imaginación y el rendir obediencia a intereses particulares impedirá

el que Puerto Rico logre su descolonización y desarrolle plenamente todo su potencial.

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