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REVISTA

CLÍNICA

ESPAÑOLA

1.° junio

1941

los tres primeros por juzgarlas de mayor interés y haber sido en ellas posible un mejor control clínico

y de evolución. De otros, conocimos aunque no tan precisamente

y de algunos ignoramos todo detalle. Puede descartarse la influencia del frío y hume- dad, puesto que nos consta las buenas condiciones higiénicas en que estaban situados; sí, en cambio, fue común a todos la alimentación a base de "mue- las" en abundancia y reducida cantidad de arroz, por un período de tiempo aproximado a dos meses anteriores al comienzo del cuadro. Los trastornos motores del tipo de paraplejia es- pasmódica se dieron en todos y en los más se su- maron disturbios de sensibilidad con predominio de los de índole subjetiva. La adecuada modificación de la ración alimenti- cia en las referidas prisiones, hizo desaparecer total- mente la epidemia. En los tres casos que se relatan una alimentación rica en vitaminas sumada a Betabión, Ascorban y Extracto hepático, fueron sumamente útiles, reinte- grando a la normalidad uno de ellos (con sólo tras- tornos motores) y mejorando sensiblemente a los otros dos.

SOBRE DOS CASOS DE

LATIRISMO

J.

BEGUIRISTAIN

San Sebastián

Tiene interés la descripción de estos casos en esta época en que la enfermedad se ha manifestado con frecuencia inusitada en nuestro país. Existe, ciertamente, de modo endémico el Lati- rismo en España en aquellas regiones del Centro, del Levante, etc., en donde se consumen habitual- mente ciertas variedades de las semillas del género Lathyrus, en especial la Sativus y la cícera o almor- tas, muelas, guijos, tibos, que con todos estos nom- bres se las conoce; pero es de advertir que para que estalle el Latirismo es necesario que esta alimenta- ción sea preponderante en el régimen, un 50 °/o por lo menos según PROCEST y otros, y en personas depauperadas, de preferencia. Incluso los animales de diferentes especies, ganado caballar, bovino y la- nar, ostentan signos de Latirismo nervioso como en el hombre, pero en aquéllos se agregan síntomas del aparato respiratorio (hucéfago, asfixia), que les conducen a la muerte, desconocidos en el hombre (comunicación del doctor FERNÁNDEZ SANZ de la Academia de Medicina de Madrid con intervención de los profesores veterinarios GARCÍA IZCARA y

DÍAZ VILLAR) .

Nuestra descripción no va a diferir en lo esen- cial de las observaciones acumuladas desde hace al- gunos siglos, pues ya Hipócrates menciona un cua- dro semejante, siendo RAMAZZINI en Italia el 1700,

y sobre todo, CANTANI el 1874 quien lo describe

muy bien asignándole el nombre de Latirismo, con

el que desde entonces se le conoce. En 1880, SCHU-

CHARDT hace un estudio recopilatorio de los traba-

jos aparecidos hasta entonces. Los autores franceses por las epidemias que aparecen en ciertos departa- mentos de la metrópoli y en Siria, y los americanos que han observado explosiones de la enfermedad en los estados del Sur, han hecho posteriormente in- formaciones sobre el Latirismo. Pasamos, ahora, a exponer las historias clínicas.

M. Z., de 24 años, soltero, sin antecedentes personales ni hereditarios de interés. Desde diciembre del 38 hasta junio del 39, se alimentaba exclusivamente de almortas cocidas en agua bicarbonatada sin aceite ni otra grasa dos veces por día y 400 gramos de pan completo. Los primeros síntomas aparecen a los tres meses, consisten- tes en irritabilidad motora; al liar un pitillo se le escapaba de las manos como si fuera despedido por un resorte; después de una ducha fria tenía calambres y sacudidas en las extremi- dades superiores e inferiores y en la cabeza que le duraban hasta cinco minutos, quedándole a continuación las piernas rígidas con imposibilidad para andar hasta que entrando en

calor se le quedaban otra vez flexibles. Al día siguiente de la ducha, con ocasión de una fuerte emoción, se repite el mis- mo cuadro, quedando después debilidad en las piernas; nece- sidad de apoyarse en un bastón para estar de pie y mantener

el equilibrio si se ponía a andar, a causa de la rigidez de las

piernas. Los contactos le producían el mismo efecto. Nunca

acusó dolores; solamente parestesias en las piernas. Poco más tarde, disuria; tenía ganas de orinar y no podía; poco más tarde al hacer cualquier esfuerzo de vientre, por

ejemplo, se orinaba sin poderlo remediar y sin poder contener

la orina (signo de incontinencia urinaria de Proust). Ereccio-

nes normales. Sentidos de la vista y oído, normales. No ha tenido he- morragias.

Notó, además, que iba engordando de pronto o quizá se

le

hinchaba todo el cuerpo. En junio del 39, es decir, a los 6 meses de estar sometido

al

régimen indicado se le cambió por berza cocida con aceite,

más tarde arroz. Se le prescribió y tomó aceite de hígado de bacalao y levadura de cerveza. Con esto, rápidamente fueron desapareciendo una tras otra las convulsiones, los calambres, parestesias y la incontinencia de orina, persistiendo únicamente la rigidez y la paresia de las extremidades inferiores. El ré- gimen se amplió luego a patatas, pastas de sopa. Desapareció asimismo la hinchazón o gordura, que le chocaba tanto. La marcha era espástica, digitígrada, apoyándose en un bastón. Así siguió hasta su ingreso en el Hospital de San Antonio Abad el 11 de febrero de 1940.

Bien constituido, hábito pícnico, estatura alta, de buen as- pecto exterior, bien coloreado de piel y mucosas. Buen des- arrollo muscular. Peso 74,600.

En decúbito supino: rigidez y contractura de los músculos extensores de las extremidades inferiores. Contracciones muscu- lares de los mismos tónicas, extensas, producidas a la menor excitación de la piel por el roce de las manos, la acción del frío, que se prolongan durante varios minutos; la cabeza os- cila también en el paroxismo de las contracciones Temblores fibrilares bruscos, rápidos, en los extensores de las piernas. Tonus muscular pasivo poco aumentado. Clonus de los pies

y rotulianos que se extienden a toda la extremidad en forma

de rápidos movimientos convulsivos tónicos. Exaltación de todos los reflejos músculotendinosos. Signos reflejos pirami- dales presentes. Babinski, Mendel, Rossolimo, Oppenheim, más acentuados en el lado derecho.

Marcha espástica, digitígrada, con apoyo de un bastón de

esta forma: Apoya toda la planta del pie en el suelo, flexión dorsal del pie lenta, apóyase sobre metatarso y dedos, dobla

la rodilla lentamente, despega el pie rozando con el dedo gor-

do en el suelo; echa hacia fuera pies, piernas y empuja la ca- dera hacia adelante, extiende la rodilla. En todos estos tiem-

pos se apoya rígidamente sobre la extremidad opuesta; asien-

ta el pie para hacer lo propio en la extremidad opuesta. Así,

pues, marcha espástica con contoneo de caderas.

Fuerza muscular conservada. Equinismo ligero del pie de-

recho con hipertensión

a todos los modos, dis-

criminación táctil, etc., normales. No hay signos cerebelosos. Punción lumbar. — Echado, Claude 24. No hay signos de

del dedo gordo.

Sensibilidad superficial y profunda

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NÚMERO

TOMO

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NOTAS

CLÍNICAS

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bloqueo. Líquido incoloro transparente. Albúmina, 0,21 . Globulinas. Nonne, Weichbrodt, Pandy negativas. Células 2,4 en la cámara de Fuchs—Rosenthal. Wassermann y comple- mentarias negativas. Orinas, normales. Presión arterial, normal. Sangre. — Glóbulos rojos, 5.060.000. Blancos, 6.700. Fórmula leucocitaria. Polin, neutro, 66. Linfocitos, 29. Mon., 4. Tránsito, 1. Valor globular, 1. Resto de aparatos, normal. Alimentación abundante equilibrada. Hígado crudo.

Desde el 23 de febrero hasta el 16 de agosto se aplica ra- dioterapia profunda en 3 series de sesiones, con un total de

2.000 r. en región dorsolumbar. 7-3-40. Después de la pri-

mera tanda de radioterapia no siente ya los calambres; le pa- rece anda con más facilidad. Objetivamente la marcha es igual.

8-6-40. — Clonus pie izquierdo se extingue rápidamente. Clonus de rótula izquierda no se provoca. El enfermo acu- sa alternativas de mejoría y empeoramiento. Otros signos piramidales igual que antes. IQ-1-41. — El enfermo sale de alta. Anda mejor, pero la marcha sigue siendo espástica. Signos físicos como antes. Vemos de tiempo en tiempo al enfermo que sigue más o menos igual. Anda sin bastón; la marcha es espástica. $-$-41. — Marcha espástica con contoneo de caderas. Hi- pertonía pasiva poco aumentada. Reflejos vía piramidal. Babinski, Rossolimo, Mendel + + > Oppenheim, Gordon, negativos. Reflejo medio púbico exal- tado con difusión extensa. Clonus de pies y rótulas con ex- tensión del temblor a toda la extremidad. Reflejo de auto- matismo de triple retracción ausente. 23-3-41. — Durante estos últimos días inyección de 5.000 unidades de Bi alternando con las de extracto hepático Zeltia con ácido nicotínico (número 6) . Reflejos exaltados, pero no tanto como antes. Clonus ape- nas se provoca, se extingue. Babinski, Mendel + + , Oppen- heim, Gordon,—. Reflejos cremaster, anal, bulbo cavernoso, bien. Reflejos abdominales, normales. Pies (más en derecho) ligero equinismo. Hipertensión de las primeras falanges más acentuada en dedo gordo derecho con resalte del tendón extensor. Paresia de los peroneos. Marcha espástica, pero menos ; no roza el dedo gordo el suelo.

V. F., 26 años, soltero. Antecedentes sin interés. Sujeto al mismo régimen del anterior, de almortas cocidas sin aceite y pan negro durante seis meses. A los cinco meses y medio lo primero que notó fue que en la cama por la mañana al despertarse y estirar las piernas sal- taba todo el cuerpo. Se le formaban unas bolas en las panto- rrillas y la sensibilidad de éstas había desaparecido. Agarrota- miento de las piernas al andar, marcha sobre la punta de los pies. Al intentar escribir le temblaba el pulso y no podía ha- cerlo. En cuanto cambió de régimen, comiendo verdura, arroz, carne, aceite de hígado de bacalao y levadura de cerveza, des- aparecieron los calambres de las manos, las parestesias, que- dando solamente rigidez de las extremidades inferiores. Status preseas. — Bien conformado, buen aspecto. Hipertonía. Reflejos rotulianos exaltados, en el derecho queda la pierna suspendida en extensión en el aire durante un momento, es bien apreciable esta diferencia comparado con el izquierdo en que la pierna izquierda baja rápidamente; pro- vocan clonus de toda la extremidad, más en lado derecho. Asimismo exaltados los aquíleos, el de los adductores. Clo- nus de pies y rodillas inagotables Babinski, Rossolimo + en ambos lados. Oppenheim, indiferente. Gordon, Schäffer, ne- gativos. Reflejos de automatismo, positivos. Reflejo idiomuscu- lar de respuesta rápida. Dolor a la presión sobre trayecto de ciático en pantorrilla derecha. Sensibilidades superficial, profunda normales. Sin signos cerebelosos. Marcha espástica con ligero conto- neo de caderas. No roza el pie en el suelo. Resumiendo, una hipoalimentación, con déficit cualitativo, casi ausencia de proteínas y grasas, reducida casi exclusiva- mente a hidrocarbonados en la que prepondera manifiestamente la ingestión de almortas cocidas (Lathyrus cícera), provoca a los 3 meses además de hambre por hipoproteinemia sobre todo un cuadro nervioso especial, sut generis, de irritación motora extendida a todo el cuerpo, más acusado en las ex- tremidades inferiores, parestesias en piernas, incontinencia de

orina, sin hiperpatías de ningún género. Persiste el cuadro,

se acentúa

men mixto de verduras, arroz, carnes, aceite de oliva, más el aceite de hígado de bacalao y la levadura de cerveza, rápida- mente en el espacio de pocos días desaparecen además de los edemas, los síntomas nerviosos, excepto los motores de las ex- tremidades inferiores en forma de la llamada paraplejia espás- tica o tabes espasmódica.

hasta los 6 meses en que al cambiar a otro régi-

No podemos discutir aquí a falta de experimen- tación adecuada si el cuadro morboso ha sido produ- cido por un agente tóxico presente en las almortas en tal o cual forma, que por otra parte no ha sido demostrado, pues la lathyrina de ASTIER, especie de alcaloide volátil ni otros extractos o resinas que se dicen causantes no han sufrido la prueba rigu- rosa de su supuesta acción específica; pero desde luego no deja de llamar la atención la semejanza con los cuadros carenciales de ciertas avitaminosis conocidas al menos en parte. Empezando con que evidentemente todas, son consecuencia de regímenes carenciales establezcamos parangón con algunas de ellas. Avitaminosis A. — A pesar de las aseveraciones de MELLANBY que pretende incluir en este grupo todos los trastornos carenciales, incluso de Latitis- mo, no hay en éste nada específico de aquélla ni semejanza apenas tanto en la experimentación ani- mal como en la especie humana. Por otra parte, varios autores han impugnado y demostrado lo erróneo de las ideas de MELLANBY. Avitaminosis B. — En ningún momento han ofrecido nuestros casos el tipo sintomatológico del beriberi experimental, sea en la forma de polioen-

cefalitis de WERNICKE , sea en

La administración de vitamina B x combinada al ex- tracto hepático parece haber provocado alguna me- joría en el caso primero, pero aún es prematuro afirmar una influencia decisiva en la regresión de las lesiones y aun en la propia sintomatología expues- ta a vaivenes por influencias extrañas.

Avitaminosis complejo B. — Las experiencias de ZlMERMANN en perros sometidos a carencia B 2 les produce a los noventa días contractura en ex- tensión de las patas posteriores, aumento de irri- tabilidad motora en forma de convulsiones que ofrecen cierta semejanza con los síntomas irritati- vos del latirismo. Es indudable que nuestros enfer- mos estaban sometidos a déficit carencial B.,; pero por otra parte la terapéutica por la dieta, la leva- dura y el hígado, si bien han mejorado ciertos sín- tomas no han producido la curación en lo esencial del padecimiento. Bien es verdad que en muchos casos las lesiones son irreversibles, pero tampoco en lo funcional o externo se nota mejoría absoluta. Es posible, sin embargo, que en los casos leves pueda sobrevenir una curación integral, pero en este tra- bajo nos tenemos que referir a nuestros casos. Tam- poco creemos que el ácido nicotínico pueda pro- ducir una regre:ión evidente; conformes en este su- puesto con las afirmaciones rotundas de GRANDE y PERAITA, de cuyo estudio áz conjunto publicado en la Revista Clínica Española, entresacamos estos datos. El ácido nicotínico solamente reporta resul- tados que son asombro:os en las alteraciones psí- quicas en los pelagrosos, como también en las di-

la de polineuritis.

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gestivas. Como un ejemplo nada más de este aserto que añadir a los muchos recopilados por los auto- res citados, tenemos en nuestro servicio el de una pe- lagrosa en estado de indiferencia absoluta, de quie- tismo rebelde a la terapéutica con extractos de hí- gado, que de un día para otro se transformó como por magia gracias al ácido nicotínico; salió de su cama, donde hasta entonces se puede decir yacía, ante el asombro de todas sus compañeras de Sala, fue interesándose por todas y cuidó con solicitud maternal a una criatura enferma. Avitaminosis E. — Desde luego hay semejanza clínica con el latirismo; así, por ejemplo, el perío- do de precarencia, la esclerosis de los cordones late- rales en los animales de experimentación que pro- duce Evans en lactantes de madres carentes de vi- tamina E en las que tras una fase de parálisis flá- cida sobreviene otra de contractura pasados vein- tiún días de la primera; las mejorías en casos de mal de Charcot. Sería, por lo tanto, muy lógico tratar estos casos con el aceite de germen de trigo o la. vitamina sin- tética; es más que probable que en vista de la rá- pida sucesión de casos del latirismo en España haya sido ensayado este tratamiento. No podemos aventurarnos en el mecanismo pa- togénico de la carencia en el latirismo, ya que en las

mismas

lagunas en la interpretación de los hechos, aparte de que la policarencia en los casos humanos esfu- ma el cuadro característico o específico de cada una en particular. No es, sin embargo, descaminado su- poner que el latirismo entre de lleno un día en el cuadro cada vez más extenso de las avitaminosis. Es curioso que nuestros casos no hayan o-tenta- do en ningún momento de su evolución dolores de tipo radicular u otros que se señalan por casi todo s los autores ; po r l o demás, la~ similitu d ez perfecta hasta el punto que pocas enfermedades pre- sentan un cuadro tan fijo y preciso.

avitaminosis B lf B 2 y E, existen tantas

MIELITIS AGUDA ASCENDENTE (SÍNDRO-

ME DE LANDRY)

FIEBRE TIFOIDEA

E. FRANQUELO RAMOS y F. ÁLAMOS DE LOS RÍOS

de Dios, de Málaga.

Servicios de Medicina interna. Director: DR. CAFFARENA

El 4 de septiembre de 1940, ingresa en la Sala número 11, a nuestro cargo, la enferma cuya his- toria clínica exponemos, reducida a sus términos esenciales y controlada, con los datos que nos pro- porcionan sus familiares.

D. S. V., edad quince años, natural y vecina de Torrox.

EN EL CURSO DE UNA

Hospital Civil Provincial de San Juan

Padres y siete hermanos sin antecedentes de interés. Anteceden- tes patológicos personales: absceso en ingle, cuando tenía año

y medio. Menarquia no presentada. Género de vida. — Desde los catorce años, está ocupada

como sirvienta en una casa. La alimentación ha sido variada

y suficiente. La enfermedad tiene un comienzo agudo en la primera quin-

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cena del mes de agosto, con fiebres y grandes sudores, precedi- da de unos días de inapetencia, decaimiento y mal estado ge- neral. A los. dos días, deposiciones frecuentes, abundantes y con dolores difusos por todo el vientre. Ocho días después se le normaliza la función intestinal, pero la fiebre lleva una tendencia ascendente. Sobre el 15 de agosto, y durante la no- che, intensos dolores en espalda, regiones lumbar y sacra. A la mañana siguiente, nota que no puede hacer ninguna clase de movimentos con las piernas, por tenerlas completamente paralizadas. Durante este día se le presentan intensos dolores por todo el plano anterior del tórax, sin tos, ni molestias res- piratorias. Continúa durante diez días con la parálisis de am- bas piernas, los dolores en el tórax, no en la espalda y fiebre alta. Durante estos días va notando que progresivamente va perdiendo la facultad de mover los brazos, siendo este trastor- no más acusado en el brazo izquierdo. El 25 de agosto lo tie- ne completamente paralizado, conservando alguna función en el derecho. Entonces dispone el médico de cabecera su traslado a este Centro hospitalario. A su ingreso en el servicio, la enferma, no obstante su pos- tración y decaimiento, conserva su psiquismo normal y re-

cuerda bien los detalles

Se queja de escalofríos y sudores fiecuentes. Exploración. — Pares craneales normales. No existe nistag- mus Brazo izquierdo, con parálisis flácida total. Brazo dere- cho con ligera paresia, puede coger objetos, sin apretarlos con gran fuerza. Parálisis flácidas de ambas extremidades inferio- res. Sensibilidad protopática y epicrítica normales. Reflejos tendinosos y cutáneos abolidos. En las extremidades no se apre- cia grado de atrofia muscular, no obstante la parálisis. No existen trastornos de esfínteres. Dolor a la presión en los tra- yectos nerviosos, pero no a la movilización. Respiratorio* normal. Circulatorio: pulso regular, 70 pulsaciones al minu- to. Soplo sistólico en foco mitral, sin dilatación de las cavi- dades cardíacas, por palpación y percusión. Digestivo: lengua, con bordes rojos y obscura en el centro, idéntica a la llamada lengua tífica. Ligero estreñimento. Bazo con zona de percu- sión aumentada y palpable 2 cm. por bajo del reborde costal. Roseolas en vientre.

Análisis. — Orina: normal. Hematíes: 3.500.000 por m. c. Leucocitos: 5.800. Fórmula leucocitaria: Polinucleares neutrófilos segmentados. 62, en cayado 2. Linfocitos, 35. Monocitos, 1. Aglutina- ciones: a los grupos paratíficos A y B, y Melitensis negativo; al bacilo de Eberth, positivo hasta la dilución 1/300. Lí- quido cefalorraquídeo: células, 5 por mm. c. : albúmina, 0,18 por 1.000; glucosa, 0,70 por 1.000. Reacciones de Nonne- Apelt y Pandy: positiva débil. Reacción de Wassermann: ne- gativa. Curso. — Durante los días 6 y 7 de septiembre, se acen- túan los trastornos paralíticos en el brazo derecho; y el día 8 nos la encontramos con parálisis flácida total, lo mismo que el

izquierdo y ambas piernas. La tendencia ascendente de la pa- rálisis persiste, y durante los días siguientes acusa torpeza en la emisión de la palabra y alguna dificultad en la deglución. Con fecha 10, repetimos los análisis de sangre y líquido cé- faloraquídeo, con resultado sensiblemente igual a los anterio- res, salvo que el título de la aglutinación al Eberth se ha hecho más alto: es positivo al 1/400. La fiebre es mante-

nida,

inicia una regresión de los síntomas paralíticos, con desaparición de los trastornos para la deglución y habla, y recuperación de algún movimiento en el brazo derecho. En esta situación estacionaria se mantiene hasta el día 15. Desde esta fecha se observa tendencia a descender lentamente la temperatura, y a re- cuperar progresivamente la función motora en el brazo izquier- do y después en las piernas. El 30 está con movilidad casi nor- mal en ambos brazos y las piernas puede levantarlas espontánea- mente hasta un ángulo de 45*. El día 15, aglutinaciones: a Eberth positivo al 1/500. El día 30, hematíes, 3.100.000; hemoglobina, 90 %; leucocitos, 5.200; fórmula: polinuclea-

res neutrófilos, 31 %; eosinófilos, 3 %; linfocitos. 64 % ; monocitos, 2 %. Líquido cefalorraquídeo, normal. Después de un período de febrícula, la enferma queda lim- pia de ésta en una semana. En la terminación de la primera quincena de octubre, la enferma empieza a hacer ejercicios para andar, lo que logra con alguna dificultad. No ha habido trastorno de la sensibilidad, ni atrofias musculares en todo el curso de la enfermedad. Al final de este mes, se marcha para continuar una temporada de convalecencia en el campo, pu-

de su enfermedad. Temperatura de 40 o .

con pequeñas oscilaciones,

desde 39.5 a 40 o . El 12 se