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DEMOCRACIA, CIUDADANÍA Y PARTICIPACIÓN

Cristián Vives Pérez-Cotapos


Sociólogo

Intentamos hacer una reflexión de la sociedad actual desde la perspectiva de


los marginados y excluidos. Quisiéramos soñar con una sociedad en donde
esos sectores desplazados se integren al desarrollo del país, pero desde su
propia lógica y no desde la lógica del Poder.

Diferentes sectores sociales se desvelan poniendo situaciones y fechas que


darían por concluida la “transición chilena hacia la democracia”. Se analiza
lo que entienden diversos actores sociales por este término, desde el mundo
militar, pasando por la institucionalidad administrativa del Estado y
desembocando en los sectores más distantes del Poder.

Difícil establecer límites al respecto y, a mi juicio, poco productivo. La


democracia es algo que se construye diariamente, con responsabilidades
compartidas, y nunca se llega a establecer el escalafón ideal. La revista “The
Economist” ha dado a conocer recientemente un estudio en que Chile aparece
en un lugar muy poco privilegiado frente a otros países del orbe respecto a la
construcción de su proceso democrático.

Recuperamos la democracia entendida como generación del Poder por la vía del
voto popular, y eso es importante pero insuficiente. Falta implementar el que
todos nos sintamos parte de esta Democracia, es decir, se requiere generar
una convicción valórica de que la democracia se construye entre todas las
fuerzas vivas de una nación, y para ello es fundamental generar estructuras de
Participación Ciudadana.

Desde esta perspectiva, más que hablar de “transición hacia la democracia”


prefiero referirme al proceso de creación de “ciudadanía”, es decir, como los
diversos actores, grupos y organizaciones sociales nos insertamos de manera
protagónica en el proceso de construcción democrática del país.

Elegimos a las Autoridades del país, y bien por ello. El Gobierno implementa
las políticas sociales que supuestamente se comprometió con el país a
desarrollar durante su período. Pero todos sabemos que los Programas

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políticos presentan, en general, propuestas genéricas lejanas a la realidad de la
gente, falta la encarnación específica en la vida del pueblo, en donde se asuman
las particularidades propias de los diversos sectores sociales, áreas
geográficas, diferenciación por género, por grupos etáreos, culturales y
localidades.

En la perspectiva del desarrollo se nos “ofrecen” políticas sociales, pero desde


el aparato del Estado, que no son fruto necesariamente de una “Demanda
Social” sustantiva proveniente de la base social. Y aquí se nos presenta la
paradoja del desarrollo desde el “Centro” o desde la “Base”.

La Participación se expresa orgánicamente en la construcción desde la base


social del proceso de “Demanda Social”, y en ello debemos involucrarnos todos
los sectores, tanto los representantes del Poder como aquellos actores
provenientes de los diversos sujetos periféricos emergentes.

Es indudable que a los sectores gubernamentales les es más operativo eludir la


“Demanda Social”, y, por el contrario, su gestión se facilita cuando se actúa
exclusivamente desde una supuesta base científica que se expresa
“objetivamente” como “Oferta Social”.

Construimos “ciudadanía” cuando incorporamos la “Demanda Social” en la


gestión de las Políticas Públicas, con todas las complejidades que ello pueda
acarrear. El Estado no puede sustraerse a la búsqueda e implementación de
una metodología orgánica que coadyuve a construir un proceso democrático
desde la Demanda Social.

Pero, esta demanda social, tiene sus particularidades propias y necesarias para
que sea orgánica:

1. Ella debe recoger lo particular por sobre lo general, es decir, debe


estructurarse a partir de las “localidades”, donde se vive y experimenta la
cultura de base, desde donde se recogen los requerimientos del “sujeto
periférico”.

2. La demanda social no sólo debe auscultarse desde aquellos sectores


insertos en la institucionalidad del modelo de desarrollo que nos rige, sino
principalmente desde los sectores sociales marginales, marginados y
excluidos del sistema. Entre estos sectores pueden destacarse los grupos

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indígenas, los jóvenes periféricos, los ancianos, los indigentes, ciertos
grupos artísticos, minorías sexuales y otros.

3. No es funcional una demanda social que se expresa de manera individual,


ella debe brotar desde los grupos organizados, de naturaleza muy diversa.
Sólo así puede legitimarse y cobrar expresión orgánica esa demanda social.
Las demandas individuales sólo son “voladores de luces”, sin posibilidad
alguna de plasmar el sistema.

4. No es suficiente que dicha “demanda social” se genere en los grupos


organizados de base. Estas agrupaciones deben gobernarse a sí mismas
por instancias de poder democráticas, representativas de todos sus
miembros, o bien, volvemos a lo habitual: recogemos demandas de
“grupúsculos de poder en la base”, engañándonos a nosotros mismos.

La “Participación” que aquí propugnamos no es aquella que es fruto del


“conductismo político pacífico y clientelar” de aquellos sectores acostumbrados
a tomar las decisiones desde la cúpula social, con una supuesta visión de “para
todos”, sino de una auténtica Participación generada en una “Comunidad Social”,
porque, es necesario entenderlo, no todas las comunidades son sociales.

Las comunidades sociales están construidas por personas; cuando se niega esa
individualidad, se niega el ser, y, por tanto, no hay participación, aunque exista
un conglomerado humano “hablante y discutiente”, pero no analítico.

Participar es hacer y recibir parte de algo, es compartir, tener aspiraciones


similares a otras personas. Supone una acción conjunta con otros. Supone
reconocer que se es parte de una comunidad con otros. Supone creer en el
otro social, confiar en los otros y no esperarlo todo de uno mismo. Supone
admitir el hecho elemental de que nadie nace ni vive solo.

Participar es respetar la pluralidad de ideas en la sociedad, y asumir la


diversidad de concepciones culturales existentes en toda construcción social.
Nacemos y vivimos en el seno de múltiples agrupaciones: familia, vecindario,
escuela, compañeros de trabajo, grupos deportivos, iglesia, etc. El gran
desafío es descubrir cómo se contribuye a generar comunidad, y cómo la
comunidad integra a la persona, es decir, cómo se participa.

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La Participación se da en el momento en que las cosas que realiza la persona
hacen sentido a la comunidad social a la cual pertenece, contribuyendo de este
modo a crearla; cobrando a su vez sentido para la persona. Se construye
comunidad social en el respeto hacia los otros, en el respeto de los otros hacia
la persona, y desde una práctica de honestidad fundamental.

El eje de la Participación social dice relación a la búsqueda de consenso entre


los diversos intereses y visiones de las personas y grupos permitiendo la unidad
(consenso) en el respeto por la pluralidad (búsqueda). Este proceso no es
fácil. Normalmente surge el conflicto basado en la pugna de intereses
contrapuestos y, más que asumirse, a menudo se opta por esconder el conflicto,
suprimiendo de este modo el involucramiento de los actores sociales en el
proceso.

La Participación es un elemento ético fundamental de toda construcción


democrática. Reflexionar sobre Participación es pensar primariamente sobre
la Persona Humana, sobre una clara concepción de “hombre” y de “mujer”, y de
“sociedad” en donde éstos se desenvuelven, de tal modo que les permita a cada
cual ejercer y desarrollar su Libertad, su Razón y su Emocionalidad, de tal
modo que seamos protagonistas de nuestra propia historia, con capacidad para
autodeterminarnos y autorealizarnos.

Ser Persona lo entendemos en la perspectiva de trabajar para que mujeres y


hombres sean sujetos de su propio desarrollo, y no meros objetos de éste, es
decir, que participen en las decisiones que atañen a sus propias vidas, y desde
ese cimiento, vayan siendo cada día más ciudadanos participantes en las
decisiones que involucran a la sociedad en su conjunto, y así poder construir
una plataforma sólida y legítima de “Demanda Social”, que sea incorporada en
las Políticas Sociales del país.

La Participación requiere, por lo tanto, que la sociedad posea un proyecto que,


bajo la forma de una utopía o de un sueño, sirva de marco de referencia
orientador tanto a la acción de cada individuo en particular, como a las metas
que se pretenden alcanzar con la Participación en el plano global de la sociedad,
y en los proyectos sociales de base.

En toda construcción social surgen intereses en pugna. En un esquema


participativo, el conflicto debe asumirse como una fuerza dinámica en la

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construcción de la Justicia Social. Esta tarea ética pretende privilegiar dos
dimensiones centrales:

a. El respeto por el otro, que comienza con la inclusión en la participación


política global y de base a los excluidos (dimensión de filiación o de inicio de la
perspectiva de ciudadanía), y

b. La creación y consolidación de la conciencia solidaria que jerarquiza los


intereses, subordinando los particulares a las necesidades del otro social
(dimensión de fraternidad).

Cuando el discurso de la política gira en torno al eje de la Participación Social,


el punto de partida es la totalidad de la sociedad y la perspectiva valórica es la
solidaridad como meta (proyecto de sociedad). Por el contrario, cuando dicho
discurso se construye sobre el Eje del Poder, resulta inevitable la introducción
de la Exclusión Social, porque la totalidad tiende a identificarse con personas
particulares o grupos seleccionados.

La persona o grupo que consigue el poder, gubernamental u organizacional,


pretende representar a la totalidad o hablar en nombre de ella, creándose una
brecha cada vez más grande entre representantes ( detentores del poder ) y
representados (conjunto de la sociedad ).

El ejercicio de la Participación no es una tarea fácil. Existen una serie de


tensiones en la sociedad que es necesario tener en consideración para
construir “ciudadanía”.

1. Tensión entre nuevos modelos de ciudadanía y de relación entre las


personas y grupos sociales, con fuerte valoración de los derechos humanos y
ciudadanos; versus reproducción de conductas verticalistas y autoritarias.

2. Tensión entre la valoración de la diversidad y el pluralismo, el


reconocimiento y la aceptación del otro; versus tendencia a la uniformidad,
al estilo gregario que simplifica la acción social mecanizándola.

3. Tensión entre la tendencia hacia la autonomía con respecto al Estado y los


Conglomerados Políticos; versus búsqueda de dependencia y orientación a
la homogeneización y establecimiento de diversas formas de control.

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4. Tensión entre tendencias a la autogestión; versus proclividad a establecer
formas de producción netamente capitalistas.

5. Tensión entre valorización y búsqueda de valores de reciprocidad y cultura


de la solidaridad; versus tendencia al individualismo y competitividad
extrema.

6. Tensión entre la búsqueda de nuevas formas de descentralizar y


desconcentrar el aparato del Estado; versus tendencia a la centralización.

7. Tensión entre la implementación de nuevas formas de modernización que


buscan incorporar y comprometer a la mayor cantidad de gente y grupos
sociales al proceso de construcción de la democracia; versus formas que
privilegian el “eficientismo” por sobre el compromiso.

Santiago, Noviembre 2006