Carolina del Olmo

cubiertas donde esta mi tribu copia.pdf 1 07/08/13 13:40

Directora de Cultura del Circulo de Bellas Artes de Madrid
OTROS TÍTULOS PUBLICADOS Lo verdadero es el miedo Pepa Antón Las mujeres más solas del mundo Jorge Fernández Una vida Simone Veil ¿Por qué duele el amor? (Coedición Katz-Clave Intelectual) Eva Illouz La explosión del periodismo De los medios de masas a la masa de medios (3ª edición) Ignacio Ramonet El despertar de la historia Alain Badiou ¿Por qué se rebelan? Revoluciones y contrarrevoluciones en el mundo árabe Sami Naïr Cómo funciona el mundo (3ª edición) (Coedición Katz-Clave Intelectual) Noam Chomsky

Carolina del Olmo

¿Dónde está mi tribu?
Maternidad y crianza en una sociedad individualista

Carolina del Olmo

¿Dónde está mi tribu?
C M Y CM MY CY CMY K

Fotos: Getty

Estás embarazada o quizá tienes ya un bebé entre tus brazos. A lo mejor solo te estás planteando el tema de la maternidad. Sea como sea, estás hecha un lío, tienes mil preguntas y nadie a quien recurrir. Escoges un libro, luego otro, luego otro más… Tu perplejidad va en aumento: ¿cómo puede ser que coexistan enfoques tan diferentes? ¿Por qué los expertos se contradicen de tal modo? ¿Por qué te hacen sentir tan impotente y por qué, a pesar de todo, sigues necesitando desesperadamente la guía que te ofrecen? Te dicen que para un criar a un niño hace falta toda la tribu, pero… ¿dónde está nuestra tribu? ¿Cuándo y cómo nos hemos quedado tan solos? Tener un hijo es una de las experiencias más comunes de la humanidad, pero estamos peor preparados que nunca para ese trance. Vivimos obstinadamente de espaldas a nuestra propia naturaleza desvalida, tan dependiente de los cuidados de los demás. Y cuando, de pronto, la evidencia de esta vulnerabilidad se hace carne en el cuerpo de nuestros hijos, todo se tambalea. ¿Es nuestro interior emocional el que tiene que hacer todo el trabajo para reacomodar esta experiencia insólita? ¿Es quizá más conocimiento experto lo que nos falta? ¿Podemos poner a nuestros hijos en el centro de nuestras vidas sin exigir que todo cambie? ¿Podemos siquiera entender lo que nos está pasando sin mirar más allá de nuestros cuerpos, más allá de las paredes de nuestros apartamentos? ¿Dónde está mi tribu? se plantea este y otros interrogantes buscando siempre un marco más amplio que el de la familia, o el de la pareja madre-hijo, en el que situar estas cuestiones. Porque cuidar de nuestros hijos podría ser una experiencia mucho más gozosa y, si no lo es, no es por nuestra culpa (pero tampoco por la suya).

¿Dónde está mi tribu?

mujeres

Carolina del Olmo (Madrid, 1974) es Directora de Cultura del Círculo de Bellas Artes de Madrid, así como de Minerva, la revista del Círculo. Licenciada en filosofía por la Universidad Complutense, ha sido traductora y ha publicado diversos ensayos sobre cuestiones relacionadas con los estudios urbanos y la crítica cultural. Desde que nació su primer hijo, en 2009, sus investigaciones se centran en la maternidad, en particular en el análisis de los discursos expertos en torno a la crianza, así como en los efectos de la disolución del tejido social sobre las prácticas maternales. Fue miembro fundadora del colectivo de acción cultural Ladinamo y del grupo de investigación Observatorio Metropolitano de Madrid.

BIC: VFXC

mujeres

www.claveintelectual.com

mujeres

Maternidad y crianza en una sociedad individualista

Cuando Carolina se quedó embarazada, se in-

formó sobre estilos de crianza y se sorprendió al encontrar posturas tan antagónicas. Entonces descubrió que en esta sociedad individualista, las mujeres nos enfrentamos a la maternidad en caída libre, sin una red, una tribu que nos ayude en el proceso de convertirnos en madres.
Te indignaste ante la diversidad de enfoques, tan categóricos, dogmáticos y opuestos que existen en torno a la crianza.

Entonces, ¿en el término medio está la virtud?

Sí, básicamente existen dos tipos de expertos, los que defienden un modelo centrado en los adultos (adultocéntricos) y los que lo centran en el niño (niñocéntricos). Estos últimos defienden la inocencia y bondad intrínseca del pequeño, que sabe mejor que nadie lo que necesita. Nuestra tarea como padres es la de amarlo, acompañarlo y responder de forma empática a sus necesidades. En cambio, los adultocéntricos ven al niño casi como un tirano manipulador al que tenemos que vigilar y reconducir.
Cuentas que tu primer hijo no dormía del todo bien y ahí empezó tu travesía en el desierto.

No exactamente. Lo que yo echaba de menos cuando dormía tan mal era que me dijeran que vale, mi hijo no tenía ningún problema de sueño, pero yo tampoco tenía un problema de aguante. Creo que esto me hubiera hecho llevar mejor las noches en vela y quizá me hubiese evitado sentirme mala madre.
El «problema» de sueño, recalco las comillas, ¿se solucionó cuando te fuiste a pasar una temporada con tu familia?

Donde está mi tribu? (Ed. Clave intelectual, 15 E) no da a las madres consejos de crianza, pero al leerlo, muchas se sentirán reflejadas y, lo que es mejor, comprendidas. De ahí a encontrar su tribu solo hay un paso.

Lo curioso es que mi hijo seguía durmiendo igual, pero yo me sentí más arropada, menos agobiada. Un comentario jocoso de un familiar desdramatizando el tema era suficiente para que yo no lo viviera como el fin del mundo. Conseguí darle menos importancia.
Pero hoy en día las mujeres que forman grupos de ayuda (las tribus de madres), también pueden convertirse en grupos de presión («tienes que darle leche materna sí o sí», «no hagas colecho...» y se llega a competir por quién tiene el hijo más guapo o el que más come.

Cuando investigué me encontré sobre todo con dos respuestas totalmente opuestas. La que decía que mi hijo tenía un problema y me animaba a actuar con pautas como desatender su llanto. Y la contraria, que aseguraba que mi hijo no tenía ningún problema y me aconsejaba paciencia y resignación, además de ofrecerme algunas pautas, como dormir con él, para llevarlo mejor.
Ninguna de las dos te convencía

Soy más partidaria de no dejar llorar a los niños, pero si aceptaba que mi hijo no tenía ningún problema, y yo lo vivía como tal, entonces es que era débil o quejica, como si fuera mi culpa.

Eso es porque no son verdaderas tribus, no hay cariño en ellas, no hay vida en común. No he estudiado antropología, pero creo que en las tribus no hay competitividad porque, sencillamente, el niño es de todos, lo crían entre todos y todos se ayudan. Por ejemplo, si alguien regaña a tu hijo te sienta mal. Pero no si quien le riñe es tu hermana, porque también es suyo, es parte de su tribu.
Martina Domeño l

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful