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(jutiérreí

E L

VICIO

,

PCKTAULE R

El pez grande,—

A tomar una

¿A dónde vas, hijo? caña

LA

FARSA

.

PnBUCACIOH 8EMAHAL DE 0BRA8 TEATRALES

Léala usted todos lo s sábados

50

CÉNTIMO

Adminbtracióm RIVADE»

NEYRA,(S.A.).—Pweoele

San Vicente, 20.—Madrid.

Precien é» nncripci&m Madrid, provincia» y posesione* eipafiolaii semestre, 1$ paetati afio, 30,—America, Filipina» y Portugal! se- mestre. 16 pesetasi afio, 32.—Extranjero! se- mestre, 25 pesets.ii abo, 40.

Aviso a los espontáneos

Dinero sobre cuentos,

anécdotas

y

otros

objetos.

GUTIÉRREZ abre un concurso de anécdotas o caentoe cortos que deben remitirse a esta Redacción esoritoe en uno postal corriente de quinos oéntimoi. Por cada uno que

se publique abonaremos de otnoo a velntloinco pesetas, a jaldo de la Dirección, y después de Insertados cincuenta, un Jurado competente

designará

cuál

de ellos

es el más

Ingenioso, GUTIÉRREZ abonara a su autor

CIENTO CINCUENTA PESETAS

cu concepto de premio.

GARABATOS

KA1TESCOS

A LOS ESPONTÁNEOS

Nos es imposible contestar las innu- merables cartas que recibimos de nues- tros amables colaboradores. No hare- mos excepción ni con las que vienen con sello para el franqueo. Cuando vean publicado algún trabajo suyo, pueden pasar por nuestra Redacción, a cobrar su importe, cualquier lunes, de seis a ocho.

Los dias de pago en nuestra Redac- ción (Paseo de San Vicente, 20), son los lunes, de seis a ocho.

Álbum de caricaturas

K - H IT O

Precio: 6,50 pesetas. Pedidos a Prensa Gráfica, Her-

mosilla,

57.—MADRID

¡GUTIÉRREZ !

EL HOMBRE DEL DÍA Reproducción exacta del Jefe del Nego- ciado d e Incobrables.—Magnífico muñe-

co,

verdadero prodigio de la juguetería

española, modelado por el ilustre escul-

tor CAMPO.—Con su traje, sus gafas, su

corbata

...

una joya de 38 centímetros de altura.

Los

• Precio: DOCE PESETAS de provincias, por giro, remitiendo

una

peseta más para gastos de envío

¡GUTIERRISTAS! Tened a Gutiérrez en la mesilla de noche.—De venta en esta Redacción, Paseo de San Vicente, 20, Ma- drid y en la Editorial Madrid, Arenal, 9.

A IOS COLECCIONISTAS

Los números atrasados de

GUTIÉRREZ

se venden, al precio corriente, en el kiosco de la calle de Al- calá, frente al Teatro Alcázar.

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periódic o

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s niño s

30 céntimos-Todos los domingos-30 céntimos

Cortar, después de llenado, el cupón adjunto y enviarlo a MACACO, Paseo de San Vicente, 20, Madrid, quien, inmediatamente, os remitirá GRATIS un número de muestra.

Don

núm.

Infantil MACACO.

~, calle de . Solicita que se le remita GRATIS

—,

residente en

un número de muestra de la revista

(FIRMA.)

Gutierre

MADRID,

12 OCTUBRE 1928

AÑO

II I

NÜM. 123

EGO

SUM

CARLOS FLIX

Fue elegido campeón de "gallos" en Barcelona; mas los que temen a Flix son "los moscas".

QUTIERRE2

F

s

í

A

I N

G

ET

A

ES

R

co

O

(EL

BARBERO

DE

M

E RCI

A L

ES

P

E

R

E

GUADALAJARA)

Z

La competencia eomerdal es ttrru

ble. Y la vanidad humana, tan terri-

ble, por lo menos, como la competen-

pintar la muestra que antecede a fi-

tas líneas, orgulloso de elevar asimis-

mo a la categoría de histórico al pue-

cia comercial, fin

la una y la otiu,

blo de los bizcochos borrachos. Lo

no se denominarla con ese título «&•

que no ha conseguido todavía es salir

surdo la peluquería y barbería que

en coplas; pero todo se andará. Por de

hoy son objeto de nuestra observación.

pronto, hace diez y ocho meses que ve-

Fígaro Pérez,

natural de Quadala-

la y afeita gratis al maestro Guerrero

jaro y oficial de

barbero, heredó unas

que. aunque toledano, por afinidad cas-

pesetillas para establecerse y, pensan-

do

en el título gve había de poner a

tellana, ya casi le ha prometido escri

bir una obrita con el título maravi-

su local, enteróse de que en tiempoi

pasados había existido otro "Fígaro",

de su misvw oficio, que había hecho

inmortal su nombre, con la ayuda de

un tal Rossini, que le había sacado en

liosamente eufónico de

"El barbero de

Quadalajara". Y como Guerrero se lo

proponga, ¡boca abajo ílossini y Beau-

marcháis, apabullados por el cho'.iss

de la ron-quina o por la java del ro>

coplas. Y dispuesto a anular la fama

de aquel rapabarbas, que tanto lustre

diera a la ciudad de la Qiralda, mandó

sur en!

El establecimiento de Fígaro Perca

está bien instalado: no hay que negar-

lo. Muchos sillones, muchos espejos,

muchos- botes, muchos frascos, muchos

oficiales y una caja registradora, que

es la última palabra en las barbería»

de postín. ¡Ahí

...

Y una hucha de ba-

rro para las propinas.

Cuando levantamos el telón es sába-

do. (Miren ustedes la fecha en la por-

tada de este número). Es sábado y el

recinto se halla totalmente ocupado

por un público distinguido y numero-

so. Los que aguardan vez, leen diver-

sos periódicos: bien GUTIÉRREZ, bien

"La Farsa", bien "Estampa", bien

"Macaco" ¡Bien! ¡Bien! (¡No vamos

a ser tan primos que desaprovechemos

la ocasión de dar un bombo a nuestra

editorial!)

* En el sillón número 1 y servido por

el propio Fígaro se sienta don Arístl-

des, un varón probo y honesto, que

posee en su cabeza unos cuantos pelos

ralus, insignificantes y dificilísimos

de cortar. En el "número 2, el sacristán

de la iglesia cercana es "servido" po*

un oficial llamado Joselito, que discw

te de toros, a voz en cuello, con otro

de los parroquianos y un compañero:

el que "sirve" al pacífico señor que ocu-

pa el sillón número 4. y, por último

(sí, porque para dar a ustedes una rá-

pida visión de la peluquería, no es co-

sa de que pasemos revista a todos los

sillones), en el número Z hállase aco-

modado un espantable barbudo, de

ideas bolcheviques, al que¡oh, los

contrastes! "sirve" un melifluo y

acariciante oficial, que quiso ser cura

en sus mocedades y que continuamen-

te vive en un éxtasis místico y devoto.

—Bien, señora. Siga este régimen y adelgazará: Un poco de legumbres,

tres bizcochos

y

un

vaso de

agua

mineral cada día.

—Y diga usted, doctor: ¿Debo tomarlos antes o después da cada comida?

Las conversaciones, lo mismo que

el precio de ciei'tos artículos de <pri'

mera necesidad-, se elevan sin cesar.

El ruido de las tijeras sugiere un tru-

co musical de revista, que brindamos

a Paco Alonso, tijeras afinadas, so-

nando a compás, y ya está el número

de "Las peluqueras": ¡anímate, Paco!

JOSFXITO.—(Al compañero que "sir-

ve" al señor (pacífico). Yo lo que te

digo a ti es que como nil homónimo

no ha habido ninguno. Aquello era ar-

te, gracia y sabiduría.

EL OTRO.—¿Quieres callarte ya? ...

¡Belmente, Belmente y mis que

san Juan Belmonte!

...

Le vi

yo hawr

una faena con un Miura en Sevilla ...

(Comienza a contar la extraordinaria

faena con pelos y señales, entutia»-

GUTIÉRREZ

Triándose con el recuerdo, y sin dejar

de "meterle la tijera" al pobre señor

a guien le ha caído en desgracia.)

FÍGAKO.— (Que

está contando o don

Arístides crímenes, suicidios y catás-

trofes desde hace diez minutos). ¡Fue

una cosa espantosa! Hubo diez y siete

muertos, de ellos seis carbonizados,

y los otros chamuscados, por lo menos.

Pero para suceso horripilante, el cri-

men que hubo en mi pueblo hace diez

años.

D.

ARÍSTIDES.—{Cansado

ya

de

la

"amena" charla del barbero.) Bueno,

¿pero puede saberse por qué siempre

que vengo aquí a cortarme el pelo, se

.dedica usted a referirme tragedias de

ese calibre?

FÍGARO.—Sí, señor. Porque así se le

ponen a usted los pelos de püata, y se

los puedo cortar con más facilidad.

(La mirada de don Arístides es todo

un poema; si tuviera cierta cultura

literaria (podría hacer un chiste, sólo

con recordar que un gran trágico grie-

<¡o se llamó

Esquilo. Háganle ustedes

a su gusto,

y verán qué bien queda-

vios todos.)

JOSELITO.—(Interrumpiendo

 

a

su

compañero, el belmontista, en la des-

cripción de la faena extraordinaria).

\T6 eso, ná\

...

iNaíta,

na!

...

EL OTRO.—Como quieras; yo lo que

te digo es que dio cuatro vueltas al

ruedo, y que la gente estaba loca,

porque aquella faena fue el desiderá-

tum, el non plus ultra.

EL

FOBRE

SEÑOR.— ¡Ay!

...

(Grifo

agudo y penetrante, que denota que

acaba de ser "villanamente" herido).

EL

OFICIAL.—¿Qué ha

sido

eso, ca-

ballero?

EL

POBRE SEÑOR.— ¡Casi

nada! Que

«1 que hizo esa faena tan grande fue

Juan Belmonte; pero el que ha corta-

do la oreja ha sido usted. (En efecto,

el pobre señor sangra del pabellón au-

ricular derecho, lo mismo que un

chanchito, que dicen en la Argentina,

j Figúrense

ustedes

ante

este espec-

táculo la carita que ponen los des-

graciados que aguardan turno!

...

¡Has-

ta a don Arístides se le ponen defini-

tivamente los pelos de punta!)

 

JOSELITO. (Al

sacristán).

Vaya,

amigo, servidor de -usté.

 

EL

MÍSTICO.—(Al

"bolchevique", lo

mismo que el anterior, terminándole

"servirle"). A sus órdenes, hermano.

(El sacristán y el ácrata se levan-

tan, pagan y se dirigen hacia las per-

chas, donde respectivamente colgaron

sus sombreros. En este preciso instan-

te, llénase la peluquería de carcajadas

más o menos estridentes. Y la cosa

no es para sonreírse, sino para esa:

para carcajearse. ¿Qué ha ocurrido? ...

La gata.—Ya

podéis estar orgullosos, hijos míos, de vuestro difunto pa-

dre, que ahora es nada menos que Petit Bisont du Canadá.

Pues muy sencillo: que Joselito, entu-

siasmado con su conversación, taurina,

ha dejado coleta al sacristán que, con

su sotana puesta, está para que le

hagan una doble plana en "La Lidia".

Y el devoto, ensimismado en sus me-

ditaciones, ha recortado una soberbia

coronilla al "bolchevique", que grita

como un energúmeno. Total: una gran

batuda, y Fígaro Pérez, que ve esfu-

marse en la lejanía la fama de su

tocayo, el sevillano, derrotada por la

naciente de "El barbero de Quadaki-

jara".

TELÓN

J. Silva ARAMBURU.

Totó, que se dirigía

 

a la

jornadadiceperdimos a

escuela, se

encontró

a

un

nuestro

capitán,

al

que

compañero suyo, Juan,

arrancó la cabeza una bala

guien, con

los

pies

metí-

de cañón. Y aun tengo en

(Los en

el

agida, estaba

la memoria sus últimas pa-

echando barquitos de papel

labras: "Entiérrenme

uste-

en un arroyuelo.

 

des aquí mismo, donde he muerto."

 

* * *

 

Entre amigos:

 

.—He sabido con sorpresa

que

te

has casado.

¿No vienes a clasetle preguntó el concienzudo Totó.

•—¡Ay, no!

...

replicó

Juan con aire convencido y chapoteando siempre—: hoy no puedo ir, ¡estoy costi-

—Sí. Era una deuda de amor.

GUTIÉRREZ

podo!

..

* * *

¿Y

ahora ®agas tú ta-

 

Vn

capellán

refiere

la

¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal

historia

de

sus campañas:

les deudas t Nada más que esa, por-

ruido ...!

En

aquella

tremenda

que me hacía falta

dinero.

 

Un señor

va

a

dar el pé-

El señor Rodríguez,- ve-

same o un amigo suyo muy

terinario.

viejo y

achacoso que se ha

Dispense ustedreplica

quedado viudo. Al tratar de

éste—, soy doctor en Medi-

consolarle, le dice:

 

cina; pero mi amigo me llama veterinario porque le he curado varias veces. * * * En una pajarería:

PRECAUCIÓN

La madre.—Si te caíste al rio, ¿cómo traes las ropas secas? £1 niño.—Es que me las había quitado en previsión de un accidente.

No se apure usted, hom- bre, no se apure usted, que la separación no será muy larga.

* * »

Noticia de un crimen, leída en un periódico:

"Indudablemente, el móvil del crimen ha sido el robo. Mas, por fortuna, la vícti- ma, como si f)resin%ese su desgracia, había depositado el día atites en el Banco to- do cuanto poseía.

Por este motivo no perdió más que la vida."

En

una

*

*

tertulia:

Vn bromista presenta un amigo al dueño de la casa y le dice:

¿Cuánto vale este cana- rio T Dos duros, señor. iNo me lo podía dejar más barato t No puedo, señora. Es precio de fábrica.

Juanita, i dónde está tu hermano? Está encerrado hace dos horas en el comedor.

i Por qué no jugáis?

—/ Si estamos jugando, abuelital Yo soy la señorita del teléfono y él espera que le ponga en comunicación ...

— ¿Pero ha

visto usted qué calor hace?

En

casa

no ae "pué"

estar.

—Como que no hay

más remedio que salir

a

la

calle "pá" poder

respirar.

8

  • I NT ERVIÜ S

GUTIÉRREZ

DISERTANDO CON UN DISERTADOR

 

El

buen

cltarla-

Sin <¡uda, sentí en

tán,

 

en el arca se

aquel momen ...

 

vende.he

vianda-

 

-¿ Recuerda

al-

mos

callar. Doña

guna anécdota de

su vida?

palabra o el don

de la palabra."Yo

—Señores: La s

no soy orado r."

anécdotas de la vi-

(Bueno,

él.).—El

da de un hombre,

biberón

de la

ora-

ha dicho Rousseau,

toria.Las

ostras.

 

son ...

Le

 

mandamos ca-

—¿Pero recuerda

asted

alguna?

llar. Le

manda-

mos

callar

o t r a vamos.

vez.Nos

— ¡Oh, sí, sí!

De

niño abría yo las

--*•

*

"

"

ostras con mi char-

üa. No parece este

 

-

Hemos tenido el

 

alto placer

de

terviuvar a D. Ho-

in-

el momento opor-

tuna de distraer

racio García

D e-

 

rnóstenes, sublime

orador que ha sa-

bido captarse las

simpatías de más

motivo de haber

vuestra aten c i ó n,

señoras y señores,

con la dige ...

—Otra

con

anécdota.

la diges-

de tres públicos sin García Demóstenes, en aquel famoso discurso suyo, con

tio n

d e ]a s

ostras ;

recurrir casi nunca encontrado polvo en una silla de la sala.

a carteles con crí-

pero no quisiera

pa ...

menes pintados,

ni ni pamipllnas de

adolescencia, y ya me llamaba Ho-

•—i ¡Otra

anécdota!!

 

esas, y ein llegar a ser más disputa-

do que lo corriente.

—¿Don Horacio García Demós-

tenes?

—Yo soy. Apenas desperté a la

racio García Demóstenes. He sabido

encumbrarme, porque la vida no me

ha negado su ...

—Bueno; i es usted Don Horacio?

—Sí.

—Una vez estaba yo en los toros

y oí decir: "¡Por Ja izquierdi no;

ignorante!" Entonces me levanté y,

mirando al presidente, dije: "¡Pido

la palabra!" El presidente se encogió

El genio de la oratoria Garcia

nóstenes arengando a las masas

De-

an-

tee

dé la guerra

contra

la s liebres.

—Pues eso. ¿Le gusta a usted ha-

blar?

•—He creído siempre que el don

de la palabra ha de servir para ex-

presar los sentimientos que ...

—Bueno, pero ¿le gusta a usted

hablar?

— ¡Psché! Un rato.

—Pues eso. ¿Cuántas veces na di-

cho usted: "Yo no

soy orador"?

—La fórmula que se emplea al co-

menzar una disertación tan necesa-

ria como ...

—¡Basta! ¿Cuántas veces ha dicho

usted: "Yo no soy orador"?

—3.425.282.

•—¿Y es usted orador?

—Sí.

•—Pues eso. ¿Y qué placer experi-

menta al decir esa frase?

—El

placer que tendría si me

flo-

reciera un clavel en la boca. Porqu©

til acariciar la frase

amada

es

el ...

—¿Cómo nació

en usted

la voca-

ción?

—Yo dije una vez:

"Ama, yo

no

soy orador, pero dame el biberón."

He aquí a García Demóstenes en

uno de sus más bellos discursos, con

motivo de si había o no sido nano.

<iUTIE«R~2

9

NIMIEDADE S

En caso de que cualquier amigo os

chacha por

la

que

no sientas

entu-

quiera prestar dinero, no rehuséis la

siasmo. Te casarás

 

con

ella.

oferta;

tal

vez

se

muera aquella mi:>

 

ma tarde.

 
 

* * *

Si uno de vuestros conocidos os en-

Los hombres de pooa estatura que

cuentra en la

calle

y

se

hace

el

dis-

se

dedican

a

tenores,

en ocasiones

traído, no lo toméis

a mal.

Es

que oe

suelen pasar por bajos.

ha confundido con su sastre.

Hermosa perorata de García De-

móstenes, en Turquía, para pregun-

tar

por la calle de Preciados, de allí.

i ^

-•

^

^

^

»

.••»• •

•••»••»•

a» ^

n

de hombros, y yo conseguí que hasta

el toro se quedara mirándome.

¡Qué

actuación tan brillante!

...

La

voz del

hombre, cuando

el corazón

la dicta,

alcanza en el ...

 

—Bueno, me voy.

Que

le

aguante

su mamá. Además, acciona usted tan

de mitin, que ...

 

—Una

vez,

en

un

accionar

de

es-

tos

de levantar la

diestra, cogí una

golondrina, y otra

vez, i.la

estrella.

El impulso sanguíneo de nuestra

raza sabe fustigar

les

 

nervios

(¡e

mane ...

(Suena un portazo.)_—D.

Toda mujer coqueta prefiere la ex-

Si vas a Italia,

no íe cases con una

clamación

"¡Oh!"

a

la

de

"¡Ah!"

romana, porque puede que después te

Porque hace te boca más pequeña.

 

pese.

 

* * *

 
 

Los camareros, con gran

naturali-

Si alguna

vez sois direaor

de

un

dad, llevan

la

rodilla sobre el hom-

Banco,

y

quiebra

vuestra

empresa,

bro,

cosa

que

no

pódennos hacer

los

no

se

os ocurra

jamás

comprar un

demás mortales.

 

braguero, pues no conseguiréis nada.

 

Las únicas reuniones

en

que no

se

Si

tu

jefe

te reprende y amenaza

critica al prójimo

son

en

las

del jue-

con mucha frecuencia, no te preocu-

go

de

billar.

 

ije

*

#

pes

y vive

tranquilo, que no

de lo

que dice.

es capaz

El individuo que menos se aparta

 

« * *

 

de la realidad

es

el

mozo d!e cuerda.

Vive sin alejarse

del mundo.

 

No te pongas en relaciones con mu-

 

Fernando

MARTIN.

EL

VINO

MORO

Al "colmao" de Isidoro—iba muy

frecuentemente—un andaluz ocurren-

te—y más parlanchín que un loro,—

que en cuanto se emborrachaba—con

dos copas que bebía,-—armando una

gritería,—con el dueño la tomaba.—

"¡Ezto no ez vino!—decía.—Loz qu'en

tu caza paranioz,—en vez de vino, to-

mamoz—yo no zé qué porquería.—

Cuando yo a Marruecoz fui,—bebí vino

de loz moro,—y allí ez máz puro qu'el

oro;—no ez como el que daz tu

aquí."—Y así seguía chillando—por

espacio de dos horas;-—que si moros,

que si moras,—siempre el vino des-

preciando.—Hasta que un día, por fin,

—cansado de aquel "latazo",—cogióle

el dueño de un brazo—diciendo con re-

tintín:—"Si no m'explicas er lío,—te

dejo lo seso hueco.—¿Por qué er vino

de Marrueco—ez mucho mejó qu'er

mío?"—"Pero, home, ¿faz amozcao?—

¡No fenfurruñez, Sidoro!"—"Pos di,

iqué tié er vino moro?" —"Pos

...

no eztá bautizao!"

¡que

GRACIELLA.

Por último,

publicamos una instantánea

la cocinera que hasta

en

la

sopa.

del insigne orador, porque dke

10

GUTIÉRREZ

TERQUEDA D

 

Un individuo

 

de pueblo

marchó a

la capital

a

un asunto. Le recomen-

su mujer,

al

subir

al

tren,

que

desconfiara y no entregara el billete

de cinco duros

a cualquiera.

Partió

el tren,

y

a

poco el revisar

le recla-

ma el billete.

 

—¡No

"pué

sé"!—.

Y

se

apretaba

las

manos

contra

eü bolsillo

donde

lo guardaba.

 

AI llegar

a

la

próxima

estación,

en vista

que el revisor

no lo conven-

ció,

lo hizo

echar

abajo

del treif.

 

Bl

buen

hombre

volvió a

su

casa

andando, fatigado y con un cansancio

enorme.

 

—¿Qué

te

pasó?—le preguntó

su

mujer.

 

—"Na"—contestó el hambre—, que

si

soy tonto me lo quitan.

 

Y enseñó triunfante el billete.

Para resolYer ese asunto, nos veremos el jueves de la semana próxima.

—Imposible. Ese día estaré camino de América.

Bueno. Entonces nos veremos el viernes.

CINEGÉTICA

Don Jacobo Ojocertero era un afa-

mado cazador de la hermosa villa de

Rehollado sur mer; el buen hombr«

se lamentaba diariamente en su ter-

tulia del casino de verse condenado a

cazar liebres, él, que habla cazado

desde la vivaracha lagartija al melé

nudo león.

Sus amigos no ignoraban

que loa

hermosos conejos cazados por don Ja-

cobo eran oriundos de una granja d<

la

comarca,

y

deseosos

de

gastarle

una broma un día le vaciaron las car-

tucheras;

mas, cuál

no sería

su

sor-

presa al rer por la noche a nuestro

hombre con loe morrales

llenos d«

conejos.

Uno de los

amigos le dijo:

—Pero ¿cómfo se lo arregló usted

para cazar tanto, si solamente tenia

un cartucho?

Don Jacobo, sin inmutarse, contestó:

—Es que siempre usé el mismo tiro.

TINGUSA TACOS-

—¿Qué nacen estos muchachos?

—Un ejercicio alpino.

—¿Alpino? i Al aiaun», querrá nated decir!

Una

anécdota

graciosa

En

un puebJecito andaluz, todo él

encalado y por enúe blanco como una

paloma, vivía un gitano dicharachero

y burlón, a quien llaintaban Bopaoscu

ra. Cuentan que la esposa del fondis-

ta no era indiferente a Sopaoscura.

Y

un

día

el

fondista

pasaba

a

ca-

ballo por el Real

de la Feria,

cuando

Sopaoscura, que iba en compañía d«

unos amigos, fue y

...

esto

...

¿Come

fue, homibre?

...

Nada, que no mií

acuerdo bien en este momento.

A. FERNANDEZ.

GUTIÉRREZ

I!

 

INTERVIÚ

CON

EL

AS

—Sí, •eñor. Para

lo

máe difícil

de

la

ariacióm «•

¿««pegar.

—¿T

n*

ka

prabado usted con

agua

caliente?

12

NOTICIA S

FRESCA S

GUTIE

(SERVICIO

ESPECIAL

DE

"GUTIÉRREZ" )

 

BSO DE

LA VUELTA AL MUNDO

su

cobertizo,

ante

la

extrañeza

del

   

numeroso público

que presenciaba

la

Oarcagente,

16,

cinco

tarde

(hora

valenciana).—Esta madrugada, a eso

del aitjmecer, ya se encontraba todo

dispueoto a

bordo del manejable Viz-

salida.

El doctor Pichiríohez, que lo gober-

naba, mandó bajar

sajeros,

y

les

dijo

a los atónitos

que,

como lo

pa-

con-

conde do Popelín, para intentar la

venido

era salir

de Caicagente y

lie

YUelta

ai

eente, sin

mundo,

eecalas.

Carcagente - Carca-

gar

a Carcagente,

que bueno, que

ya

estaban.

¡Que para

qué iban

a

hacer

El número de pasajeros era de 70,

la tontería esa de dar la vuelta al

que can oión, hacen un total

los 24 hombres

de la tripula-

de 215 personas.

mundo, para llegar

aj

mismo

sitio!

Así, se ahorraban las inconveniencias

El precio del pasaje era

de 1.000 pese-

del viaje.

tas,

miás

un

suplemento

de

1,20,

por

si en vez de subir un polizón, subía

Los

pasajeros,

ron las

gracias

agradecidos,

y

recuerdos

le

para

die-

la

«na pódi2>a.

familia,

pues

como

tenían

prisa

por

Cuando la aeronave se elevó varios

llegar

al punto

 

les pa-

metros en el espacio, volvió a des- cender, siendo amarrada y melida en

reció mal

la

de destino, no idea.

 
 

En

cambio

el

público

comenzó

a

 

protestar

 

escandalosamente,

y

como

nada

consiguieran,

sacaron

unas

bo-

nitas

navajas

y

la emprendieron

a

navajazos

 

con

la

aeronave.

 
 

Olaro

que

a

ésta

le traen

sin

cui-

 

dado las heridas, porque

precisamen-

te

lo

que

le sobra

es

tafetán.

 

—¿Te

vas

a casar

con una

mujer

•.lie tiene

cien mil

pesetas

de

renta

y

quieres convencerme de que es un

matrimonie

de

amor?

 

—Si. De amor. Yo adoro

el

dinero.

¡VAYA UN GACHO!

Madrid, 14, dos tarde (hora madri- leña)-. — Desde hace cuestión de tres •m¡eses y un día, se venía observando en esta capital una serie de robos ex- traordinarios, verificados, indudable- mente, por una mano maestra.

Se suponía, no sin fundamento,

que

se trataba

de

un nuevo

procedimien-

to de trabajar

la mecha para

los me-

cheros.

—Vaya,

hombre.

Una

revista

abriéndose por el lado contrario.

Efectivamente, tras minuciosas pes- quisas, ha podido averiguarse lo si- guiente:

Un chileno llamado

Es

decir,

... hay necesidad de llnvaarle de ningún modo, porque siempre se presenta sin que lo llamen, era poseedor de una máquina fotográfica verdaderamente extraordinaria.

no

Con

sólo enfocar

un

objeto,

ésite,

sea

el

que fuere, se introducía

en

el

cajón

de

la

misma, sin

que nadie

lo

advirtiera

y

pudiera

evitarlo.

 

Valiéndose

de

tan

ingenioso proce-

dimiento, entraba en los comercios, y

a

pretexto

de

fotografiar

cualquier

cosa, para

la

colección

de

un

tío

suyo, las que aludimos.

cometía

estas

sustracciones

a

Apresado por las autoridades,

éstas

se han

incautado

de numerosos

obje-

toa robados, que se encuentran

a

dis-

 

posición

de

quienes

justifiquen

 

se r

sus

dueños.

 

Entre

otras

cosas,

hay

16 sortijas

de

oro

y

piedras,

14 relojes

de

oro,

96

pulseras, de distintos valores;

214

pieles valiosísimas,

32 abrigos

de

se-

 

ñora,

dos

señoras

de

abrigo,

cuatro

pianos

de cola,

98 armarios

de luna,

 

15

automóviles, un tren, el puente de

Segovia y

el nuevo

edificio

de

la

Te-

lefónica.

 

¡No queremlos ni pensar

lo que

hu-

biese sucedido

si

se

le

ocurre

sacar

fotografías

 

en

avión!

 
 

ACLARACIÓN

 

,

Aquí,

13,

cinco

mañana

(hora

da

nuestro

reloj). — Don Epifanio

Cabe-

REZ

13

MARTIRIO DEL ÚLTIM O SOMBRERO DE PAJA 1929

El último sombrero de paja de

la

temporada apareció planeando boni-

tamente por la calle de Alcalá en di-

rección al Retiro el jueves pasado.

Mucho antes de llegar a la Cibeles

ya estaba convencido de que se había

quedado solo y no encontraría ningún

hermano. Esto le llenó de congoja, por

ese instintivo temor a la soledad que

sienten hasta los sombreros, y también

de vergüenza porque los compañeros

de

fieltro, nuevos o simplemente re-

parados con limpieza, forro y suda-

dor, se decían entre sí:

en el estanque jarcia—se acordó po r

unanimidad enviarlo al "moaaocle" su-

perviviente que, según noticias, se ha-

llaba en Montecarlo. La badana le toc6

al número 33, quien prometió forrar

con ella su "Ford", y las iniciales pa-

rece ser que se aiplicarori inmediata-

mente a una peta«a.

Serían próximamente las seis y me-

dia de la tarde cuando quedó solo y

mutilado el casco del sombrero sobr*

una fronda. La cruel multitud, con es»

afobia que sienten todas las multitu-

des contra los sombreros de paja—

—¡Ahí va ese!

harto ya demostrada—, se formó ea

Pocos pasos mlás allá del Palacio de

línea de ataque para cargar sobre eT

Comunicaciones el sombrero de paja

caf.co y terminar definitivamente con

oyó el grito de guerra:

 

él ...

—Pero, ¿es

que no se enteró usted

Ya se presentía ese "crac" gtgantes-

del cambio de hora?

...

Pues tenía obli-

gación de morirse aquella noche, por-

que el retraso de una hora

a la

en-

trada del invierno no tiene

más sig-

 

nificación que dar la puntilla a los

sombreros de paja.

El sombrero se ladeó para mirar

per uno

de sus ojillos negros que a

pretexto de ventilador tenía en am-

bos lados—talmente como miran las

aves—, y con espanto advirtió que le

seguía una multitud que hacia pre-

sentir la tragedia.

Ya con aspecto de victima empren-

dió la marcha acelerada, y al llegar a

la puerta del Retiro se entró por ella

con la esperanza de hallar un refugio

seguro. Pero la multitud siguió tras él

*ta. Con las letras del revés y

peinándose con dificultad a través de

la verja,

que siempre fue el verdade-

ro peine de las multitudes.

Cerca del estanque grande fue arre-

batado por los verdugos, que le con-

zota nos ruega hagamos constar a

nuestros lectores que él no tiene nada

que ver con ese concertino de pífano

que

ha dado muerte a su suegra, su

míujer y sus dos cuñadas.

Dioe que se hubiese conformado con

matar a la primera, y que es soltero

de nacimiento.

Queda comlplacido el seño r Ca-

bezota.

NOTICIA

QUE SE CONFIRMA

virtieron en balón de "rugbi". Gracias

. al cansancio que proporciona el lindo

juét'o, delicado como cosa propia de

señoritas, salió indemne de la prueba.

Entonces acordaron hacerle navegar.

Momentos más tarde el sombrero se

hacía a la mar—dígase estanque—, y

al grito de: ¡ahora!, le tirotearon con

furia y con castañas de Indias. El que

más y el que

menos se haMa lefdo con

Interés todos los reportajes de las ma-

n'obras navales.

En vista del feliz arribo del sombre-

Río de Jardinero, 24, tres mañana

(hora pro nobis).—La noticia esa que

dábamos a nuestros lectores el otro

día, sobre aquello que decíamos, no

se confirma.

Don RODRIGO.

ro a una orilla, se procedió al descuar-

tizam'ento y rifa de sus partes. La cin-

ta le correspondió, providencialmente,

a un señor, que se la puso acto, segui-

do en la manga para cumplir un luto

olvidado. El cordón contra Tientos

Ella.—No sabes lo brillante que re-

sultó la boda de Pepita: ella vestida

de blanco; su corte de amor vestida

de

rosa ...

El.—i Y el novio?

Ella.—¡Oh! A él no hubo manera

de encontrarlo.

14

GUTIÉRREZ

co que lanzan loe sombreros de paja

machacados, y que recuerda en gran-

de

la muerte de las cucarachas, cuan-

do la víctima fue arrebatada por un

racimo de globos de gas y comenzó

su ascensión, mientras los victimarios

arrepentidos caían de rodillas lloran-

do su pecado.

Dos horas más tarde los globitoe

multicolor y el último •sombrero' de

ipaja 1929 llegaban al Limbo, y desde

entonces están más divertidos angeli-

tos bobos y cuellos de pajarita.

Samuel ROS-

¡DISGUSTOS,

NO!

En cierta zona de reclutamiento.

Tomando lia filiación a unos reclutas.

—¿Su nombre?

—Bartolo.

—Será Bartolomé.

—No, señor, que me llamo

Bartolo-

—Bruto, que es Bartolomé

te digo.

•—Bartolo, quiera usted o no quie-

ra,

¡si lo sabrá mejor

que yo!

La serenidad en el encangado de

tomar esta filiación desaparece, y

llena de improperios a su interlocu-

tor, despidiéndole de allí de mala

manera.

 

Y ipasa el siguiente recluta.

 

—¿Nombre?

 

Titubea

el muchacho, y por fin

...

:

—Como llamarme, me llaman Lu-

cas

...;

pero, si usted quiere, ponga

Lucasmé

...,

no vamos

a

reñir por

tan poco.

 
 

VICNAPE.

CUESTIÓN DE NUMERO

—Mira, Ambrosio. Ese es aquel sinvergüenza que una vez que tuve

que comprarte un cuello me preguntó "que cuántos cuellos necesi-

taba". ¡Como si yo tuviera más de un marido!

COMO SE INVENTARON LAS CAMPANAS

En una céntrica calle de Barcelona

se encontraban dos amigos hablando

de sus negocios, cuando acertó a pa-

sar ante ellos un hombre que repar-

tía programas de cierto esipectaculo

y que la gente arrebatábale de las ma-

nos por tratarse de una cosa estupen-

da, pues además de ser importante

su contenido y de estar lujosamente

editados, contenían chascarrillos y

otros entretenimientos a fin de que el

público los guardara. Ante la aglo-

meración de gente el repartidor no le

dio más que a

uno de los dos catala-

nes, y éste, al ver que su compañero

 

no tenía, exclamó:

 

que Itn donguí,

diguili

que Un donguí,

diguili que Un donguí.

 

Y de ahí,

según la Historia, se

im-

ventaron las campanas.

RAM-HONET

¿Pera cómo te has arreglado para llegar el último siendo «1 mejor de

todos?

—Pues mira, chico, cuestión de ortografía. Que cuand* llegué a la "meta",

crei que kabía llegad* a la m«ta.

ANUNCI O

Una agencia matrimonial publicó el

siguiente anuncio:

"Un caballero, viudo, bien conser-

vado, con doce hijos de su primer en-

lace y arrogante figura, desea casare»

con soltera de buena famMia en idén-

ticas condiciones."

EN EL JUZGADO

—¿Su nombre?

—Claudia Pére« y Péree.

—i Estado?

•—¡ Delicadísimo, tofior Ju«a, dellca-

dí»t»o!

c . PORTBS*

GUTIÉRREZ

15

Poto.

S.

Falencia.

REVELACIONES DEL VERANO

'GUTIÉRREZ",

COMO UN POLLO, IMITA A LAS "GIRLS" DE OPERETA

Perdónenos nuestro querido amigo

y maestro

GUTIÉRREZ

la

publicación

de esta

foto.

Sabemos de sobra que

no le va a gustar;

pero no es ningún

pecado. Otra

cosa sería

que

se

nos

ocurriera contar a los lectores lo que

le pasó cuando

la señora

de

GUTIÉ-

RREZ vio la

foto

en

la cartera, que la

cogió

de

las

solapas

azules, y

con

esos

celos

valencianos

de

doña Vi-

eenteta le ¡preguntó:

—¿Y en qué antro has aprendido

tú estas monadas de opereta? ...

—Mujer; era que mis amigos ...

•—Se van a acabar esas amistades ...

—Mujer; es que cuan ...

—Desde mañana no sales después

de cenar, ea.

 

—Mujer; es ...

 

—Ni mujer ni hombre, ni gallo ni

gallina—cada vez le dejaba hablar

menos;

¿se

ha

fijado el

lectorcitoY

Son las cosas ...

El caso es que GUTIERRE salvó la

foto

y

la

trajo

a

la oñcina

de este

Negociado para que no peligrara otra

vez. Aquí tiene

un

cajón

con todas

las

cartas, mechones de pelo,

factu-

ras,

ramos

de flores, hotelltos

de

la

Ciudad Lineal y todas esas cosas que

regala a las damas sin qu« c« entere

Mídame

Gutierres.

Pero

 

el

gancho

de

las

gafas

de

Mihura

sirve

de

ganzúa, y estamos

enterados de todo. A K-Hito, cotn» es

tan

severo, no

le gusta

que lo haga-

mos;

pero hace la vista gorda, y disi-

mula como si no oyera nada

de nues-

tros comentarios.

 

Por

eso

digo

que

si

contáramos

todo lo dicho hasta aquí, pecaríamos

de indiscreción;

pero

 

por

publicar

la fotogafía,

no creo

que pase

nada.

La

foto

consiste en

 

lo siguiente:

primero

se

ve una

bola

de

La. Lon-

ja

de Di! Escorial, después a

Pichito

G.

P.,

a

GUTIÉRREZ,

a

F.

Azcúnaga

y a nuestro compañero Fernando

Perdiguero (Mertda), que es ese gor-

dote,

de

35

a

38 años,

con

la

mano

izquierda

un

poco

caída

y

azorado,

porque

le

dice la

conciencia al buen

hombre

que

ya

no

tiene edad

para

esas pamplinas.

 

Son cosas de juventud de veinte

abriles, pero GUTIÉRREZ y Fernando

Perdiguero (Menda) ya no están para

eso ...

Este dice que lo ha hecho para qus

se vea que los que hacemos GUTIERRES

no andamos con la suela rota, Pero

en su postura incierta me parece ad-

vertir que s« colocó

...

y cuando estaba

colocado sintió que el mundo se le ve-

nía encima, porque la fotografía po-

día llegar a publicarse.

Exageraciones suyas, amigo Fernan-

do Perdiguero (Menda). Y le advierto

una cosa: que ese azoramiento de us-

ted, en esa mole de gordura cuarento-

na que va usted teniendo, le purifica

en la foto,

como a GUTIÉRREZ-, de ha-

cer esas cosas de estudiante de veint»

años, muy de entre cías© y clase.

 

Se trata,

como puede verse

en

la

foto, de la organización de una com-

pañía de señoritos de> conjunto,

 

que

se prepara para debutar en un tea-

tro de la Corta durante el próxim»

invierno. Y nuestro ilustre Jefe, ac-

cediendo a los requerimientos que s»

le hicieron, no tuvo inconveniente en

enseñarle algunos bailables y canta-

bles; por ejemplo, este:

"Somos los señoritos &e conjunto,

que entramos en la oficina « ios nue-

[ve en punt*.

 

Y

a

tas

ios

 

nos vamos toos."

 
 

(El estribillo »• repite

tres vecse;

o

eea,

trea

golp«i d« ••os.)

16

GUTIÉRREZ

CONSABIDO

DICCIONARIO

Señor don Inocentillo.—Recibo su

carta preguntándome por dos pala-

bras, que es graciosa

y ademas muy

acertada. Lástima es que hoy no se

pueda dar a la publicidad. Espere-

diré, aunque después de la P, en que

se cuenta que, como le gustaban esas

estamos, vienen

la L, la J, la 4, la

cosas raras, le tenían por loco, y su

H y en seguida

la E. (¡Ay,

perdón! •

mamá le decía: "Ni Edisson todos los

Ahora recuerdo que la 4 no es letra;

que es número, me parece.)

que están, ni están todos los que Edis-

son." La ese doble se le ha censurado

mos, esperemos ...

 

Edificante.—Aparejador de obras. Si

mucho, pero él dice que es un obse-

Ahora que

...

yo no la tiro al cesto.

las obras son obras de misericordia,

quio. ¡Qué tío salao! No es torpe, no.

Suyo afectísimo y correligiona-

es más edificante todavía.

Bueno, voy a lo mío, señor Herrero.

rio.— D.

Edil.—Cuarto mes del año. Hay un

*

* *

 

*

V

*

refrán que dice: "En edil, las aguas

Paredón-—Pared que me plagia en

El .señor Don.—F. Herrero, de Má-

mil"; lo que no quiere decir que na-

lo de ponerse Don.

laga, me pregunta por tres palabras:

die eche aguas en los ediles.

Pareja.—Dícese de dos o

tres seño-

Edificante, edil y Edisson, que están

seguidas en su Consabida Geometría

Edisson.—Caballero extranjero que

se entretiene en inventar gramófonos

res que llevan escopetas y tricornios

por la carretera, o de la competencia

(¡Chistoso!).

 

y esas cosas de la electricidad, después

que hubo o hay entre Marcial y Már-

Herrerito amigo: Por poco me en-

de cenar. (Mesié: ya podía usted in-

quez, Calvo y Vico, Serafín y Joaquín,

rías la E completa; por lo menos

ventar algo para que no se caiga el

Ramón y Cajal, Muñoz y Seca, Cer-

remites sus tres patas laterales.

 

pelo, que sea bueno, y dejarse de ton-

vantes y Linares Rivas, etc., etc. Tam-

No

quiero

impacientarte

y

te lo

tunas.) En la biografía de este chico

bién se llaman parejas a esas parejas

—¡Infame, cómo has cambiado! Cuando éramos novios, estabas deseando

verme para echarme los brazos al cuello.

—Pues n« he cambiado tanto. Ahora te echo las manas.

que se ven por ahí los domingos.

Parejita.—Cuello planchado, con las

puntas dobladas. Sí, señor; a eso s»

llama cuello de parejita.

Parentela.—Fábricas de tejidos; ya

lo dice la palabra.

Parcntessco.— Gemelos de teatro que

los pobres cogen por el lado que

agranda, y los ricos—lo sé por expe-

riencia propia—cogen por el lado que

empequeñece.

Paréntesis.—Nada: unas cejitas, si-

no que una se pinta así, y la otra así.

París.—Ciudad muy buena, del Pi-

rineo francés, conocida por ser muy

juiciosa, pues

no se habla

más

qu»

del juicio de París.

 

Parisién.—Comadrona; pero diohS

muy finaironte, en visita de duque-

sas y eso.

Parlamento.—Dícese de los sitios

donde hay telarañas. En el teatro se

llama parlamento al párrafo largo,

cuando debiera decirse a exclamar

solo: "¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios

mío!", porque eso sí que son un par

de lamentos.

Parné.—Defecto físico del Conde de

Romanones,, que no es lo de la pier-

necita.

Parpadear.—Acto de ver montar

una damita de falda corta en u»

tranvía 7 .

Parque.—Animal con eJ rabito ri-

zado y buenas nalgas,

del que

nos

hinchamos de tocino. (Bueno, aqui

debe haber habido una confusión. ¿A

qué viene eso? No lo sé; palabra d»

horror.)

Parra.—Sitio alto donde se ponen

algunas uvas, para que la raposa se

venga con fábulas de que si tal y que

si cual.

D.

QUTIERREZ

17

Ella.—Dime:

¿Por

qué me replicas cuando estamos

en visita?

El.—Porque cuando estamos solos no me atrevo.

•—Oiga, chófer: ¿Cuánto corre este cacharro? —300 kilómetros a la hora. —¡Qué barbaridad! ¡Cuánto da de sí! —Tenga usted en cuenta que es de punto.

18

GUTIÉRREZ

-—Aquí, en el campo,

el aire

es

más puro que en las ciudades.

—¡Claro! ¡Como que en las ciudades lo falsifican todo!

EL

SABIO,

EL INDIANO Y LA REIVINDICACIÓN

Cuento

...

¿cómo diría yo, idiota? Sí, idiota; pero con lo suyo.

AL QUE LEYERF, SI LO HUBIERE

darás también descontento. Burla bur-

lando, esta historia lleva un mechado

terrible de angustia y de dolor.

D* modo que, sinceramente, mi con-

sejo es que te marches al café eri com-

pañía de un paquete canario.

Voy a empezar.

I

Siempre, al contemplar la arbitraria

disposición de las casas en uno, dos,

tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho pi-

sos, el sabio había exclamado can ira:

— ¡Qué infamia! Mientras buena,

parte de la Humanidad no sólo preci-

sa subir media docena de escalones

para ganar su casa, la otra parte de

la Humanidad tiene que consumir los

pulmones estérilmente en la ascen-

sión de quinientos, seiscientos, sete-

cientos, ochocientos, ídem, Id. ¡Es irri-

tante!, ¿verdad, Willy?

— ¡Profundamente irritante! Pero

nosotros lo remediaremos algún dia,

¿no?

—Por supuesto, Willy.

Y comoi un sabio es siempre un sa-

bio, el vago anhelo reivindicador ter-

minó por llegar hasta las sesiones del

Ayuntamiento y cuajar en un formi-

dable expediente.

II

—Primero—advirtió el sabio—hamos

de expropiar todas las casas de la

ciudad para derribarlas cómodamente.

•Más tarde, cuando hayamos derribado

todas las casas de la ciudad, las edi-

ficaremos al revés, es decir (para que

me entendáis), colocando la planta

baja en el tejado y el tejado en la

planta baja. ¿No es esto, Willy?

•—Justamtente esto, maestro.

III

Hubo, naturalmente, la presión ca-

pitalista. ¿Cuándo no? Los rapaces co-

merciantes, hijos de la lamentación y

del crepúsculo, quisieron hacer creer

que si, como se anunciaba, en la nue-

va concepción de ciudad las tiendas

estaban instaladas en las azoteas no

se vendería nada.

Pero, ¡bah! La sapiencia atajó en

esta ocasión a la sofística insidia.

—Variar la marcha del plan por es-

t«R u otras reclamaciones parecidas o

distintas, seria tan insensato como ha-

cer caso de la abusada protesta de

los ascensores, que de ahora en ade-

Curioso o espeso lector

que te

dis-

mece a las caricias del charlestón, saá-

lante funcionarán—quieran o no quie-

pones a sacrificar la cantidad que sea

drás dolorosamente estafado, porque

ran—al revés, es decir (para que me

costumbre de humor acuoso y humor

esperarías que este cuento tuviera

entendáis), subiendo hacia abajo y ba-

Títreo en la lectura

de este cuento:

gracia, y mal está que yo. lo diga, pero

jando hacia arriba. ;.No es así, Willy?

si tal hicieres cometerás la primada

mas considerable de tu vida.

Si eres frivolo y tu alma se estre-

no tiene ni un gramo.

Si tu cerebro te sirve para algo más

que dar hospedaje al sombrero que-

—Exactamente asi. maestro.

Y con

esto

la

obra comenzó entre

l r s

atiJauaos, claro, de la Internado-

GUTIÉRREZ

19

nal y laa felices sonrisas de loe redi- midos. ¡Al fin había llegado su hora! ¡La hora de loa doce escalones!

IV

Nadie lo pidió, pero el sabio, cuan- do la primera medianería se hubo es- pachurrado contra el suelo, todavía quiso aclarar un punto que había que- dado más bien obscurito. —Kn las modernas edificaciones no es obligatorio vivir boca abajo, como

algunos se figuran. Todos sabemos, sí, que lo que en ellas es techo es real- mente suelo, y lo que es suelo es te-

cho, ya que lo único que cer es dar una vuelta a

vamos a ha- la casa. Sin

embargo, los inquilinos podran andar por el techo sin que nadie los moleste. La aclaración fue muy bien recibida, y el derribo de la ciudad se acometió con tal ardor, que cuando, semanas después, el indiano enriquecido llegó

con su ancha cadena y su jipi dema-

siado

blanco,

moso solar.

la ciudad era un

her-

El indiano enriquecido venía de tie- rras de tradición capitalista. Así que

a nadie

hubo de extrañarle que se

mostrara asombradísimo ante la mag- na mudanza. (Asombradísimo y des- pechado, hay que decir la verdad aun- que perjudique. El indiano, cuando saltó al muelle, llevaba entre los dien-

tes la romanza de "Da Bruja" dispues- to a largarla. Y como no pudo decir

"todo

está

igual

...

",

"allí la iglesia

donde aprendí a rezar", "allí la es-

cuela", "allí la casa

de Correos

...

",

et-

cétera, de aquí su rabia. Esta es la

pura.)

Y el muy cafre de tío, qué hizo. Pues ponerse a gritar como un energúmeno:

—¿Quién ha sido el cretino autor de esta bárbara demolición? Si se bus- caba que los vecinos del entresuelo subieran al quinto y que las bohardi- llas se convirtieran en confortables

entresuelos ¿para qué derribar todas las casas de la ciudad? Con haber

obligado a loe inquilinos a biaran de cuarto, listos.

Pero el sabio—que

le explicó:

estaba

que cam-

en todo—

—'Porque el aceite, indiano enrique- cido, siempre estará encima del agua aunque demos la vuelta al vaso.

Y añadió, acariciando paternalmen- te la barbilla del indiano:

—Hace mucho que no repasa usted las densidades, ¿verdad? —Sí, mucho — replicó el indiano, avergonzado. —Bien se conoce, ¿eh, Willy? — ¡Bien, bien!

VI

El sabio llevaba en sus venas san-

gre española y sangre

francesa.

Y se llamaba o Tartarín o Gedeón. —Tú no lo recuerdas, ¿verdad,

"Willy V

Ho lo recuerdo, maestro. —-Yo tampoco lo recuerdo. decir una cosa por otra!

;A qaé

L. PIELTAIN.

CARAPE 5£ MB HAN

ROTO)

\HOMHRB.,

UNA. CUBADA

MAL

REMEDIO,

POR GUTIÉRREZ (HIJO).

20

GUTIÉRREZ

O

 

—No está

mal este

melón, pero es muy pequeño.

 

—¡A ver

si quiere

usted que por

tres

reales le venda

el

TEATRO

TEATRO

DE

LA

TEATRO

 

TEATRO

FONTALBA

ZARZUEL A

 

DEL

CENTR O

D E

L

A

R A

Compañ a

LA

 

¡TARARÍ!

LOLA

:-::-::-:

 

EL

DIFUNTO

 

MEMBRIVES

PRISIONERA

ERA MAYOR

6,3)

y 10,33

PEPA

(Vamos, chico,

trae

I a

teatro,

capa

y al

diligente,

(Yo

ma

apussto

cuatro

tantos a

(Esta comedia,

 

porque,

claio, «1

querido, está me-

DONCEL

no hay gente

 

que cita

muerto,

(Aunque luego no

LA

PRISIONERA

seAor, llegará

a

tiendo ruido.)

te quepa, grite-

se escapa.

 

Todos losSantos.)

 

mos IVIVA la PEPA1

Alai6,30 y 10,33

A las 6,30 y 10,33

 

7 y 11 noche.

 

"Conde de Zeppelín" ...

 

TEATRO

INFANTA ISABEL

PÉGAME,

LU CIANO

(Hay

que

"vert"

que

bueno

está

Pepe Isbert.)

A las 6,30 y 10.30

TEATRO

 

REINAVICTORIA

Compañía

 

DÍAZ

ARTIGAS

(Para ver

a

Daz

Artigas hay

lle-

nos hasta las vigas.)

A las 6,15 y 10,30

TEATRO ROMEA

 

LAS

 

LLORONA.S

(I Qué guapas,chi-

co,

y

perdona, si

es que

la

cojo

 

llorona.)

A las 6,45

y 10,30

El

profesor.—¿Ha

cogido usted

La doncella.—¿Cuál,

señor?

de

mi librería

El

profesor.—Investigaciones

cias químicas.

electrodinámicas

algún libro

en

relación

para

leer?

con

las

Cien-

(De

The Passing Show,

Londres.)

Los días de pago en nuestra Redac- ción (Paseo de San Vicente, 20), son los lunes, de 6 a 8.

INDICACIÓN

EQUIVOCADA

...

Ahora,

señores,

vamos

a

tener

el gusto de transmitirles

música de baile.

un poco

do

(De Luitige

Blaeter, Berlín.)

"La

Farsa "

public a

esta

semana

L

A

LOB A

DRAMA RURAL EN TliES ACTOS

de

CEFERINO

R.

AVECILLA

Y

MANUEL

MERINO

.

El

obispo

(al

empezar

un

sermón

 

en

la

capilla

de

la

cárcel).—"Queri-

dos

hijos

míos.

No

puedo

expresa-

El ladrón

1.°—¿Se ha fijado

usted

en

que aquí

hay

un timbre de alarma

ros

la

alegría

que

siento

para avisar la entrada

de los ladrones?

 

tan

numerosa

concurrencia

al ver a reunida

Su

compañero.—¡Ah!

...

Bueno

...

Pues

métele

en

«1 saco,

qua

algo no»

aquí

por ..."

darán por éL

(D.

Tki

P&ítint Shan,

LondruO

 

(De

The Pmjinp

Show,

QUTIEIHtKZ

Aviso a los espontáneos

Dinero sobre cuentos,

anécdotas

y otros

objetos.

GUTIÉRREZ abre un con-

curso de anécdotas o cuen-

to» cortos que deben remitir-

se a esta Redacción escritos

en una postal corriente de

quince céntimos. Por cada uno

que se publique abonaremos

de cinco a veinticinco pesetas,

a juicio de la Dirección, y des-

pués de insertados cincuenta,

un jurado competente desig-

nará cuál de ellos es el más

ingenioso.

GUTIÉRREZ abonará a su

autor

CIENTO CINCUENTA PE8ETAS

en concepto de premio.

t)i-.i.n by Lupia» M

H'rt».

La institutriz.—Estás distraído, Boby. Dos veces he tenido que explicarte

la misma cosa, sin que la entiendas, mientras a tu hermana le ha bastado

con una sola explicación.

Boby.—Es que las mujeres se entienden siempre muy bien unas a otras.

(De

The Pasting Show, Londres.)

La mujer.—¡Por Dios, Jorge, procura salir pronto de este atasco, que al niño se le ha antojado la mascota

del coche de delante!

Blvadsnoyra (8. A

__

^ ___

_

(De

The Pas ' in e

Show, Londres.)

iiiiiiiiiiiiiiiiiiiüüiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiininiii

 

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es la revista nacional que interesa a toda España.

 

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es la revista para el hombre; es la revista para la mujer; es la revista para el niño.

 

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ofrece siempre:

 

la imagen del momento, el comentario oportuno, la información interesante, los escritores preferidos.

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48

PAGINAS, 30 CÉNTIMOS

1

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