Revista Kcreatinn – Creación y más

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Creación y más
Año VII, Vol. 2, N° 11 | Cajamarca, I semestre de 2013 - Colaboraciones:

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Clava tu matriz en la pared, de manera que pueda recordarte. Tenemos que irnos. Mañana, mañana…
Henry Miller; Trópico de Capricornio

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UN SUICIDA OSTENTOSO ENTRA DESPAVORIDO EN EL TRANVÍA OVÁRICO DE LA VIDA AGONIZANTE
Jack Farfán Cedrón

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enry Valentine Miller. Novelista estadounidense nacido en Nueva York, el 26 de diciembre de 1891; muere en Los Ángeles, California, el 7 de junio de 1980. Tras ser expulsado de la universidad, ingresa como agente de correos de la Western Union, nombrada por su alter ego, como The Compañía Telegráfica Cosmodemónica, en Trópico de Capricornio. Despacha tropas, legiones de emisarios de telegramas por todo el infierno neoyorquino. El tranvía ovárico lo traga mientras llega a su centro de trabajo. Tiene el talante del prolífico Dostoievski, pero le falta una silla en que sentarse, un buen desayuno, el recorrido por las cloacas invernales de Brodway. Verduras podridas desperdiciadas en los mercados. Bajo los puentes. Siente que podría estar todo el día escribiendo. 1.000, 10.000, 12.000 palabras. Para honrar el oficio de escritor se necesita mucho más que talento: trabajo. “Los seres humanos son unas criaturas extrañas. De lejos parecen inofensivas” —piensa Henry—, mientras viaja en el tranvía ovárico,

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junto a una joven rusa frente suyo. La incita a ver qué está leyendo. Puede ser Las tentaciones de San Antonio de Flaubert. Ahora Henry la mira insistentemente por sobre el libro, la perturba, la acosa. El tranvía atestado lo aduerme. Piensa en un desayuno compuesto de jamón y huevos. Recuerda la casa familiar, a su madre con la perorata de formar un hogar, hijos, una jubilación. Ahora se acicala para recorrer las calles, caminar junto a su amigo Mc Gregor. Henry, gracias a la pérdida elefantiásica de la extremidad de la decencia su cuerpo exhausto se sigue desdoblando entre unos cuantos polvos librados entre la llegada, tarde en la noche, a casa, y la perorata de Beatrice, su esposa, que le reclama dinero para alimentar a la pequeña Bárbara y el maldito despertador enfilándolo a la Historia calamitatum o El Tren desbocado de sus desventuras. Henry Valentine Miller, Jefe de una tribu de rebeldes, de ex convictos, de insolados por los desiertos del Sahara, de inmolados rigiendo sacros pensamientos, montaña abajo, en el Tíbet; de ahogados en el Ganges durante su peregrinación por la Meca. Él puede ser ese dios, Gotlieb, el elegido entre todos los signados por la lepra y el vicio que escucha unas setenta y seis historias diarias, aparte de tener que dar solución a cada una de ellas, regalándoles una chaqueta, algún mendrugo, o al menos un sello de correos. Muchos de los repartidores de telegramas se pierden con todo y bolso de cartero. Otros regresan sin saber quiénes son. Otros pocos ya no regresan. A menudo se encuentran los

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telegramas regados por las alcantarillas. Sin dirección Sin rumbo. O a alguien viniendo a reclamar, que en vez de un giro de dinero ha recibido una pata de conejo o media nuez cascada. El conmutador del despacho está caliente. Mc Gregor lleva a Henry a la playa en los primeros días de verano. Van por una copa de whisky barato. Solos en la playa. Los amigos de toda la vida asistiendo al tenaz debilitamiento del ocaso. Antes de partir a París, se cuenta que Henry Miller vivía bajo los puentes; lo que, de hecho le sirvió de material autobiográfico para sus novelas, de un tono que frisa el nihilismo y la sensualidad, el flujo de consciencia; desbordando lo cuasi pornográfico, materia de censuras en una Norteamérica todavía cercada por la moralidad que sigue vigente. El paro se acentúa. Sólo la sensualidad, entre adormilado y despierto, puede dar paso al vicio extremo salvado por una imaginación desbordante. 30.000 palabras al día se precisan para ser escritor; 50.000 para ser galeote; y unas 80.000 para llegar a la epilepsia. Y eso no será suficiente, “dios Dostoievski”. En realidad nada es suficiente. Uno puede vivir perfectamente hambreado, sepultado entre las maquinaciones que explayan al cerebro hasta el grado de bestia creadora. Mientras tanto la esposa, la familia, el terruño, se pueden ir por donde eligieron traernos durante una matriz blanca; o de lo contrario se pueden ir al infierno, que siempre le pertenece a alguien.

¡Oh, Luzbel de vuelos, traedme la palabra para imaginar los ritos o las consecuencias de lo que uno transita! Entre el meollo ovárico de la ciudad como un cáncer supurante, yacen los condenados. De ellos es el reino de la maravilla riendo hasta ensombrecer la irascible calma de los proscritos a ensimismarse con una pútrida lluvia de inánimes vísceras a las que únicamente bambolea el viento viciado que enfrenta las cosas plomas para los vagabundos. Un carácter cínico y provocador arrobaba en el escándalo a la sociedad de entonces, marcada por la cultura del redil, criticado ferozmente en sus novelas, de factura rebelde, a saber de la crítica vigente. El flujo de este material cáustico encandiló a la llamada “Beat Generation”, cuyos polémicos integrantes lo coronaron como precursor de esa sinceridad bestial, muchas veces rayana en la obscenidad y el desacato. De fluir hombruno, la escritura del autor de La sabiduría del corazón, conjunto de sinceros ensayos, padece la ausencia de lo estructurado convencionalmente. No hay linealidad en lo narrado; más bien el universo caótico del monólogo interior se dispara desde un universo en estado efervescente de masculinidad, que lo unen a la matriz del universo introspectivo, por medio del cordón umbilical en que yace el último domingo de la existencia, sobre una hoja gigantesca de higuera, sobre la cual descansará el sueño de los amantes exhaustos. Erotismo desbordado por un descontento con tendencia a la exposición erótica y el proceder

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nihilista modelado con un cierto sentido lírico de la prosa. Esencia libertaria y vitalista. Plasmación autobiográfica en base a fluir de los deliberados pensamientos. De juventud errabunda, Miller conjugaba su proceso creativo con múltiples oficios, a pausas, con lo académico, en el City College de Nueva York. Corre 1928 cuando contrae matrimonio con June Mansfield, alter ego de Anaïs Nin, quien a partir de sus diarios de título homónimo, inmortalizan en Henry y June, sus amoríos; más tarde llevada al cine en 1990, por Philip Kaufman. Ello ocurre tras la separación con su primera esposa, Beatrice Sylvas, a la que, no obstante amarla demasiado, y con la que tuvo una hija, decide abandonarla, como toda premonición que nos deja en el vacío, ese gran salto oscuro que acarrea la náusea. Miller se embarca para Francia en 1930, periodo de la Gran Depresión. Le toca soportar la Segunda Guerra Mundial. Tiempos cruciales, que a muchos artistas de la época les tocó vivir; inmutables en su férrea decisión literaria, que incluso vieron la consagración, como Miller, de lleno dedicado a la literatura, “sin tener”, incluso “una silla en qué sentarse”, como lo relata en un pasaje del Trópico de Cáncer. El traumático suceso de sobrevivencia en París durante los primeros años de su bohemia carrera, rondaron la miseria, la intemperie y los días míseros, en medio de una

atmósfera prolífica como carácter contradictorio de resistencia reflejado en sus novelas, probablemente sedimento de estos padecimientos. Mendigando comida que la caridad esporádica se dignaba alcanzarle, el suceso de soñar “en un puente distinto cada noche” con la gran matriz roja que compone la gran novela de su destino, el plexo de su desesperanzado oficio, Miller suscitaba la conmoción de una nueva forma de narrar: fresca, desacatando lo impuesto y reclamando un nuevo tinte a la frescura y sensualidad, cuyo tratamiento sexual escandalizó la América de ese entonces. Richard Osborn, abogado americano, le descarga apuros tras ofrecerle un habitación en su departamento. Cada mañana el benefactor, deslizaba 10 francos para ser gastados a generosa discreción, por un generoso Miller, que, algunas veces se lo daría a algún clochard más necesitado que él. Sus primeros y perdidos pasos surrealistas acaecen sobre la época en que entabla romance con Anaïs Nin. Conoce también a Brassaï y a Alfred Perlès. 1931. El primer oficio de Miller como corrector de estilo del Chicago Tribune, otorgado por la gracia de su amigo Perlès, le otorga una oportunidad editorial, que aprovecha convenientemente para publicar varios artículos, firmados con el nombre de “Perlés”, por la coyuntura editorial, que adjudicaba el oficio de publicar sus escritos, exclusivamente a los miembros editores del diario en mención. A tres años aparece Trópico de cáncer, en torno

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a la Villa Seurat, Montparnasse, financiado por Anaïs Nin, en 1934; novela que le granjeó, un juicio por lo obsceno de su tratamiento, que, a la vigencia de las leyes de ese entonces, dictaba penas contra el material pornográfico, según ellos, evidenciado a lo largo de los pasajes de la novela. Censurada, hasta 1960, pudo al fin ingresar clandestinamente con la portada de Jane Eyre (1847), novela romántica de Charlotte Brontë, considerada un clásico de la literatura inglesa. La novela de Henry V. Miller, aparece entonces con el consenso del lema: Jane Eyre: una autobiografía, camuflada a efectos editoriales, con el seudónimo de Currer Bell. De éxito casi instantáneo para la crítica y los lectores; tanto así, que uno de sus más acérrimos defensores, fue el escritor William Makepeace Thackeray, escritor oriundo de Calcuta que cultivaba el periodismo y las caricaturas. Atribuida por muchos a Brontë, ésta seguiría en el anonimato hasta pasados años de su publicación. Agradecida, “Charlotte le dedicó la segunda edición de su novela”, supuestamente una autobiografía, por saberse que la autora mantenía amores furtivos con un profesor de nacionalidad belga, Constantin Heger. El desfachatado Miller persiste su batalla personal contra los tabúes sexuales de la literatura estadounidense. Sigue la censura por la obscenidad evidenciada en sus novelas, como: Primavera negra (1936), el mismo Trópico de Capricornio (1939), que logran abrirse paso en EE.UU, vendiéndose clandestinamente, lo que inflamó su fama de escritor underground.,

posteriormente maestro de los beat, también malditos. De retorno a California, Estados Unidos, en 1940, se ubica en el Big Sur, en su continnum de producir una literatura vigorosa, variopinta de imágenes, acusadora crítica de una sociedad adormilada. El coloso de Marussi (1941), da cuenta de su viaje por Grecia, país al que recorre invitado por el escritor cosmopolita Lawrence Durrell, de quien se considera una obra maestra aquella tetralogía llamada El cuarteto de Alejandría. Entraña el Coloso, aparte de guía, un armatoste pleno de lirismo, una loa de sensualidad mediterránea; también consta de una crítica brillante al American way of life, bagatela por la paz en todos los tiempos mellada por razones que todos ignoramos. Le sigue La pesadilla del aire acondicionado (1945-47), su famosa y encandilada trilogía La crucifixión rosa, compuesta por Sexus (1949), Plexus (1953), y Nexus (1960). Escribió también Las naranjas del Bosco, en 1957; y el estudio literario, El mundo de D.H. Lawrence, en 1980. Considerado un escritor postmoderno, Henry Miller es tachado de inmoral, pornográfico y réprobo, pues dichos pasajes generaron gran polémica, siendo prohibidos en Inglaterra y Estados Unidos; y al estampido de esta última letra, escasamente leídos por un puñado de desadaptados lectores en una Latinoamérica tragada por la cultura chicha o las tradiciones de salón cultural. No fue sino hasta 1964 en que la Corte Suprema de los Estados Unidos anula los cargos “por

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obscenidad” contra Miller, más tarde representando el nacimiento del hippismo, enfilado en la “revolución sexual” surgida en los años 60. Un impromptu de piano mientras tomaba clases con la profesora de larga trenza púbica, lo remite hasta un río en la noche calurosa de lo que sería su primera experiencia sexual, retratada en uno de los Trópicos, bajo el agua. De afición al piano y la pintura, escribiendo incluso libros sobre ello. A la muerte de Henry Miller, sus acuarelas fueron trasladadas al Henry Miller Museum of Art, en Omachi Nagano (Japón) y al Henry Miller Art Museum, en la Coast Gallery de Big Sur. Su fallecimiento a causa de complicaciones circulatorias acaece en Pacific Palisades, en el estado de California. Cremados los restos de Henry Miller, y sus cenizas esparcidas sobre Big Sur, crearon el mito matricial de una gran catarata sangrienta y creativa oficiada en nombre de la novelística de un hombre genuino. Entre la mayoría de sus obras registradas en Wikipedia, se leen: Cartas a Anaïs Nin (esta obra comprende un período de 15 años, de 1931 a 1946), fecha de publicación (en español, por Bruguera Amigo) 1981 Trópico de Cáncer, 1934 Primavera negra, 1936 Max y los fagocitos blancos, 1938 Trópico de Capricornio, 1939 El ojo cosmológico, 1939 El mundo del sexo, 1940 El coloso de Marussi, 1941 La sabiduría del corazón (ensayos), 1941

Un domingo después de la guerra, 1944 Pesadilla de aire acondicionado, 1945 La sonrisa al pie de la escala, 1948 La crucificción rosada: Sexus, 1949 Plexus, 1953 Nexus, 1960 El tiempo de los asesinos, 1952 Días tranquilos en Clichy, 1956 Big Sur y las naranjas de Hieronymus Bosch, 1960 Opus pistorum (póstumo), 1983 Querida Brenda (Cartas a Brenda Venus) 1986 Noches de amor y alegría [según Editorial Rueda (Arg) 1952] Los libros en mi vida [según Editorial Siglo Veinte (Buenos Aires), tiene fecha de impresión de 1963] Reflexiones sobre la Muerte de Mishima (publicado en the Weekly Post de Tokio, en 1971, después de la muerte de Yukio Mishima) Nueva York ida y vuelta (según Editorial La Pléyade, tiene fecha de impresión de 1978) Al cumplir ochenta (publicado por la UNAM) Pornografía y obscenidad (recopilatorio de Henry Miller y D.H. Lawrence, por Edit. Argonauta)

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UN SUICIDA LÚCIDO
n individuo bárbaramente literario, un suicida lúcido: Henry Miller. Es uno de los pocos escritores con una imaginación desbordante, casi animal y primigenia. Releerlo es comenzar a vivir en un caos enfermizo, en una matriz que fluye constantemente, infinitamente. Parece ser que las ideas nunca se le terminan. Todo lo dice. Al final queda la vaga sensación de no haber leído nada. Todo en orden, respetando un orden impuesto en la mente. Su orden es el caos, el mundo enfermo desde el cual parte para volar por los espacios siderales de los intersticios de los planetas, de las galaxias. Él es totalmente sincero y reflexivo. Puede filosofar con un vagabundo, con un loco, con un descuartizador. Siempre encuentra sub-mundos, vericuetos por donde transita hasta hacer de la palabra un irredento punto alrededor del cual giran los planetas. Él está totalmente lúcido en este caos en donde prima el materialismo, las guerras, las hecatombes, los suicidios en masa, la locura. Él sale airoso de la batalla de los días, del gran corazón del dragón que esputa humo enfermo; de las desgracias de los demonios hirviendo en su mente. Si dice “árbol”, él mismo es el árbol desde donde despliega su follaje. No da explicación de nada. Él es el objeto que se salva, dando paso a una nueva vida. Tan sólo se deja existir, se deja leer de un tirón hasta que como aguas calmadas reposen sus pensamientos. En un solo rapto es capaz de escribir mil,

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cinco mil, diez mil palabras; cientos de cuartillas, decenas de libros sobre una sola vida que es a la vez todas las vidas, que es a la vez todo el Universo. Para el común de la gente, en la obra de Henry Miller quizá sobren páginas. Sucede que no están preparados para esa bomba de dinamita que es su literatura en constante caos, en constante movimiento molecular, en constante erupción. Desde esta silla veo en Henry un alma surreal, irreal, paranormal. Veo cómo los montes se unen y forman un mar arremolinado hirviendo en un génesis plomo. Legiones de cielos abarcan todo el paisaje corrosivo, contaminado. Es la última morada de los hombres, es el último rincón para expirar. Todo está por terminar. 1924. Bretón lanza al mundo su proclama surreliasta. La libertad del pensamiento está echada, desplegadas sus velas, hundido el barco hasta las cachas, rodeado de anguilas eléctricas, de peces que ascienden con sus propias luces en sus iluminadas cabezas, como los mineros oceánicos y apocalípticos, desde las profundidades del mar. Quizá desde once mil metros de profundidad emergen caballos púrpuras, unicornios plateados, para avizorar el hundimiento del mundo, en un mar galáctico, en un universo más grande que todo lo que puedas imaginar. Henry está en algún vacío, aguardando que todo retorne a su orden, al propio orden que parte de un Big-Bang fabuloso, desde la primera explosión, desde el inicio de todo. Como parte de un plan perverso, Henry se sienta a la máquina y empieza a volar; empieza a recorrer la historia, toda la filosofía, la mente

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humana. Ve en ella, como un viejo psicoanalista, los mundos que la enferman; las grietas, las heridas, el amor relegado a un simple rencor insalvable, cruel. Henry Valentine Miller, has sido creado para crear, has sido el enviado especial de Dios, el profeta iluminado que dice las verdades, las crudas verdades como verduras podridas en un Broadway podrido como una verga podrida expeliendo pus; como una ciudad podrida donde bailotean faunos refocilándose con prostitutas, con las últimas vírgenes del Edén pidiendo a gritos ser tomadas, poseídas, descuartizadas y tragadas. Una alcantarilla recorre la Calle de la revolución de las almas. Gente amotinada, ebria, alegre. Una fiesta que continúa por varios días hasta que todo quede arruinado, hasta que todo luzca como una enfermedad incurable, como un chancro avanzado lacerando una pinga enferma. Tomamos la ruta que no equivocamos, prendemos teas para hacer más llevadera nuestra existencia que consiste en la final huida a la muerte infinita. Vemos los monstruos, vemos las cabezas flotando en un hervidero de almas, en un purgatorio de cuerpos podridos por el desánimo. Es el final de todo. Cierras el Trópico. Henry V. Miller, sí; tú, Henry V. Miller, el inconforme, el despiadado, el lúcido suicida. Cierras el libro que has escrito durante toda una vida. No hay planes. No existe ya luz eléctrica, ni planes, ni cárceles. No existe nada. Sólo el final de algo volviendo a empezar. Afuera un mundo renace, un pájaro cae al infinito. Una gota anuncia un nuevo principio,

un nuevo y eterno inicio. Otra vez el caos atravesando gastados escalones. Una legión de purpúreos caballos de humo esfumándose en el firmamento, de cara a la vida pendiendo como una neurona en los primeros acantilados que empiezan ya a incubar la vida efervescente, inánime y gloriosa.
En: “El Águila de Zaratustra”; 10/05/2007. http://elaguiladezaratustra.blogspot.com/2007/10/unsuicida-lcido.html

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APENAS
Héctor de León (Argentina) __________________________________ cualquier “apenas” fue muy importante apenas el mismo pie sobre la misma huella apenas los pasos detenidos como un árbol apenas esa búsqueda inefable de lo encontrado y mudo apenas los botones apenas por el suelo el sostén púrpura apenas un huracán de sábanas y apenas el apagón total entre relámpagos esa persecución de marejadas no fue ningún apenas: fueron muchos fractal Imagen fractal: Un fractal es un objeto semi geométrico cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas. me tendiste una red entrecruzando líneas rectas y curvas libres o continuas la geometría de tu cuerpo donde acumulaste besos y los ataste a los carros de la noche la carne hirviendo chispas el galope a través de las yemas trompo veloz golpeado en cada pulso de mi boca en cada impulso de mi cuerpo te despeñabas una y otra y otra y otra vez

con tus lenguas en fuego a sepultar volcanes rueda de guerra que aplasta y hunde golpea cae atrapa desde tu centro mismo más cerca de lo cerca nos sumerge en la armonía final gloriosa del caracol sagrado de tu sexo

JADEO vuelvo a llover mis costumbres de lluvia (la que te nombra desde los techos resbala por tus resplandores y humedece el silencio) vuelvo a llover hoy con sed de tormenta voy desnudando lentamente las aguas y penetro en tus ríos y toda lluvia vos y toda lluvia yo el ramalazo de un rayo hace un hueco en las venas del deseo crepita corre salta deja chispas incendia y retumba en los brazos que aprietan nuestras bocas la luna es un jadeo que suena como a lluvia en el caldero oscuro de tu cuerpo

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fractal
Imagen fractal: Un fractal es un objeto semi geométrico cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas.

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vuelvo a llover hoy con sed de tormenta voy desnudando lentamente las aguas y penetro en tus ríos y toda lluvia vos y toda lluvia yo el ramalazo de un rayo hace un hueco en las venas del deseo crepita corre salta deja chispas incendia y retumba en los brazos que aprietan nuestras bocas la luna es un jadeo que suena como a lluvia en el caldero oscuro de tu cuerpo

e tendiste una red entrecruzando líneas rectas y curvas libres o continuas la geometría de tu cuerpo donde acumulaste besos y los ataste a los carros de la noche la carne hirviendo chispas el galope a través de las yemas trompo veloz golpeado en cada pulso de mi boca en cada impulso de mi cuerpo te despeñabas una y otra y otra y otra vez con tus lenguas en fuego a sepultar volcanes rueda de guerra que aplasta y hunde golpea cae atrapa desde tu centro mismo más cerca de lo cerca nos sumerge en la armonía final gloriosa del caracol sagrado de tu sexo

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CONTRAPUNTO
Carlos Alberto Cerda Gaitán (Nicaragua) _________________________________ arece que las cosas son como son, sin más ni menos. Exactas, precisas. Estáticamente variables. Son lo mismo en un mesón del Sur y son lo mismo en un establecimiento de una cadena internacional ubicada en el Norte. Son lo mismo. En el mesón hay prostitutas, y en el café impecable, hay rubias esperando a sus anónimos vaqueros con ansias de ganar unos dólares. El viento es el mismo en todas partes, pero los mundos interiores, son únicos, mutables, inesperados, impredecibles. Las naturalezas temerosas, crean barreras invisibles, gruñen para intimidar, pero la burla es el antídoto contra ellos. Y mejor, la burla silenciosa. La no dicha, la pensada. Ellos lo saben, y gruñen más, hasta ser terriblemente aislados por todos. Edifican, los gruñidores, mundos vacíos, mundos temporales y ficticios. Un mundo vacío, sin nada ni nadie, ausente de lo vital, es tan fecundo como un mundo lleno, solo que lo son desde dimensiones e ingredientes diferentes. La nieve, tan nostálgica y los cielos azules tan profundos, hace dibujar los cuadros de caminatas solitarias. Caminatas dentro de trenes, cada vagón con su propio universo. Mundo vacío y mundo lleno, íntegros ambos. Norte, mundo de los mundos, señalas las encrucijadas y libertades más profundas

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del Sur. Cuerpos al aire, olas, arena, naturaleza agresiva, también puede ser un mundo vacío. ¿Cómo?, ¿cómo hacerlo?, dejando que ocurran las cosas, dando el paso después de la línea. Recorrer la geografía de la mente, observar los horizontes de los sueños, cercanos, renunciados, pasados y presentes, todo es una especie de mosaico de imágenes, rostros y lugares. Encontrar lo perdido, y levantar del suelo, los pedazos de ilusiones saboteadas. Se toman con las manos, y se unen con lágrimas y suspiros. Legiones de sueños, gritando a voces, reclamando acciones, silencios y pausas. Estas líneas y todas las líneas son el antídoto contra el horror de la barbarie tolerada. Tocar y acariciar la frente, secar el sudor de la lucha, con el rostro, intentar acercarse a una existencia, los dedos tocan la imagen que se recrea en una presencia indeleble, marcada con el lápiz de la perpetuidad. Seguir de cerca los jardines, las flores anaranjadas, salvajes, el matinal comienzo rodeado de suelo verde, ir y lesionarse con una muralla, intentar golpearla, aunque sea demasiado fuerte, superior a la propia existencia. Las voces recorren todos lados, la manipulación se convierte en la etiqueta más elevada, decadencia humana, mentiras formales, abrazos con fingimientos, palabras absurdas acompañadas de sonrisas, vinos, banquetes: chocante. Delirio de conducta y pensamiento, invenciones y opulencias inútiles y vacuas. Aromas intolerables, lo sublime recorre las paredes, las esquinas abandonadas, lo bello, escondido y silenciado, está ahí,

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palpitando, sobreviviendo, luchando por sobrevivir, a orillas de un río, en el frescor de un amanecer, tentación de ganar, cuando se observa el cielo, desde cualquier espacio, ver hacia arriba, da liberación. Reconstruir los caminos recorridos, devolver tiempos, espacios, rostros, conversaciones infinitas y sin límites, sonrisas genuinas. Contrapunto: Ilusión, lealtad a las entrañas, cielo azul, sonrisa profunda, manos generosas.

LA ESENCIA DE LAS PERSONAS…
Silvia Farfán Cedrón __________________________________ a esencia de las personas se trasluce en una sonrisa, que va directamente a tu mirada. Es como una red, pero iluminada. * as aves, “aquellas de la neblina”, son protegidas de la muerte eminente en las aguas oscuras, a través ruido del “creado” que interpretan sabiamente y vuelan hacia los rayos luminosos, esos del cielo de muchos colores, irrepetibles en cada amanecer.

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18-9-12, 16:57

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l mensaje de amor al mundo parte de una mirada. Una mirada, superficial al inicio. Pero una mirada que es capaz de recorrer el alma, al final. Al final, que es el inicio en realidad. El inicio que flota en los ojos que son ventanas de los más recónditos pensamientos. El mensaje de amor al mundo, partía de una mirada, Es una mirada cuyo poder se mezcla con cada palabra que transforma

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paso a paso, Aunque esa transformación fuera imperceptible para una mirada sin alma. La mirada, las palabras con espíritu, con el Espíritu Santo Son la única oportunidad de que nuestros mensajes lleguen al alma del mundo a través de esas ventanas maravillosas, transparentes y puras que son nuestros ojos.

gastado que renuevo y revivo... dicen que los brujos salen a juntar yuyos esta noche que usarán todo el año para sus pócimas y recetas... que el fuego reviva los deseos... anímense a hacer cosas que nunca hacen o a pedir lo que nunca piden... o llamar a quien nunca llaman...
Fuente: http://www.facebook.com/sandra.comino

19-9-12 17:32

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n camino de piedras con luz divina en sus rendijas. Un camino de piedras en el silencio. Un camino que te lleva a una habitación de hotel, donde tejes anhelos donde borras recuerdos mientras poco a poco esperas que las lesiones del alma desaparezcan.

HAY ALGUNAS CREENCIAS…
Lafcadio Hearn (Grecia) __________________________________ ay algunas creencias japonesas, peculiares y antiguas, en torno a la eficacia mágica de cierta operación mental, sugerida, aunque no descrita, por el verbo nazoraeru. La palabra en sí no encuentra traducción adecuada en otra, pues se emplea para referirse a distintos tipos de magia mimética, así como a la ejecución de numerosas acciones de fe religiosa. Los significados comunes de nazoraeru, según los diccionarios, son “imitar”, “comparar”, “enlazar”; pero su sentido esotérico es sustituir en la imaginación un objeto o una acción por otro, de forma que se obtenga un resultado mágico o milagroso. Por ejemplo: quizá no pueda permitirme construir un templo budista, pero sí puedo depositar un guijarro ante la imagen de Buda con el mismo

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HOY ES NOCHE MÁGICA…
Sandra Comino __________________________________ oy es noche mágica... hay que tirar lo que no sirve o lo que hizo mal a la fogata y hacer conjuros bajo la luna llena... víspera de San Juan... noche de magia... de cuentos... con frío... friísimo aire que congela pero augura tiempos buenos por venir... pidan deseos... yo tengo uno

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sentimiento de piedad que exigiría la construcción del templo si fuera lo bastante rico para hacerlo. El mérito de ofrecer así ese guijarro se considera igual, o casi, al mérito de alzar el templo. [...] Si hiciera un hombrecillo de paja...y lo clavase con clavos de, al menos, diez centímetros en un árbol del templo a la Hora del Buey, y la persona representada en la imaginación por ese hombrecillo de paja muriese luego con atroz agonía... eso podría ilustrar un significado de nazoraeru.
Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things, 1903

LA CIUDAD ES MÁS ENCANTADORA…
Henry Miller __________________________________ a ciudad es más encantadora cuando empieza el dulce alboroto de la muerte. Su propia vida vivida en desafío a la naturaleza, su electricidad, sus frigoríficos, sus paredes a prueba de ruidos. En una caja dentro de otra, cría paredes secas, el destello de uñas laqueadas y las plumas que flamean a través del cielo acanalado. Aquí, en las profundidades del ataúd, crecen las eternas flores enviadas por telégrafo. En las bóvedas, por debajo del lecho del río, están los lingotes de oro. Es un desierto rutilante de mica, con el teléfono sonando con fuerza. En el atardecer, cuando la muerte sacude la espina dorsal, la

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multitud se mueve compacta, codo con codo, cada miembro del gran rebaño arreado por la soledad; pecho contra pecho hacia el muro del propio ser, frustrados, aislados, sardina sobre sardina, todos en busca del abrelatas universal. Al atardecer, cuando la multitud está salpicada de electricidad, toda la ciudad se pone de pie sobre sus patas traseras y tira las puertas abajo violentamente. En la espantada, el hombre abstracto se disgrega, gris consigo mismo, girando en el reguero de su profunda soledad. Un nombre profundamente marcado al rojo vivo. Una identidad. Todos fingen no saber, no recordar, pero el nombre está profundamente marcado, tan profundamente adentro, como la más lejana estrella está afuera. Llenando todo el tiempo y el espacio, creando una soledad infinita, este nombre se expande y se convierte en lo que siempre fue y en lo que siempre será: Dios. En medio del rebaño, moviéndose con silenciosas patas en la estampida, más salvaje que el más grande pánico, está Dios. Dios, que arde como una estrella en el firmamento de la conciencia humana: el Dios de los búfalos, el Dios de los renos, el Dios de los hombres. Dios. Nunca hay más Dios que entre la atea multitud. Nunca hay más Dios que en la estampida del atardecer, cuando la espina dorsal da sacudidas mortales y telegrafía la canción de amor a través de todas las neuronas, y desde todas las tiendas de Broadway, la radio contesta con megáfonos y transmisores, con amplificadores y conexiones. Nunca hay más soledad que entre la

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apiñada multitud; el hombre solitario de la ciudad está rodeado por sus invenciones, el buscador perdido se ahoga en la común identidad. Con la desesperada y solitaria falta de amor se construye la última fortaleza, la entretejida ciudadela de Dios, que ha sido formada después del laberinto. De este último refugio no hay salida, salvo para el cielo. Desde aquí, volamos a casa, registrando los extraños canales del éter. Acabada su vida subterránea, el gusano echa alas. Privado de la vista, del oído, del olor, del sabor, se zambulle directamente en lo desconocido. ¡Afuera! ¡Afuera! ¡A cualquier parte fuera del mundo! A Sa-turno, Neptuno, Vega – ¡no importa dónde o hacia dónde, pero afuera, fuera de la tierra! Allí, en el cie-lo azul, con petardos estallándole en el culo, el gusano ángel se vuelve chiflado. Come y bebe cabeza abajo; duerme cabeza abajo; jode cabeza abajo. A la máxima vitesse, su cuerpo es más liviano que el aire; al máximo tempo, no existe más que la espontánea combustión del sueño. Sigue volando hacia Dios, soli-tario en el azul, con ronroneantes dínamos. ¡El último vuelo! El último sueño del nacimiento antes de que pinchen la bolsa. ¿Dónde está ahora aquel que se abrió paso hacia la luz desde las interminables pesadillas? ¿Quién está sobre la superficie de la tierra con los pulmones en colapso, con un cuchillo entre los dientes y los ojos estallando? Vulcanizado por el dolor y la agonía, permanece aterrorizado en medio del rápido y corrupto flujo del mundo

superior. ¡Qué glorioso es contemplar el mundo con los ojos ensangrentados! ¡Qué brillante y sangriento es el imperio del hombre! ¡EL HOMBRE! Míralo, allí está moviéndose en el cajoncito con ruedas, con las piernas amputadas y los ojos estallados. ¿No les oyes tocar? Toca la Canción de Amor, mientras rueda en su cajón. En el café, está sentado otro hombre, un hombre enfermo de amor, sólo con sus sueños y con un revólver bajo el corazón. Todos los clientes se han ido, salvo un esqueleto que lleva sombrero. El hombre está solo con su soledad. El revólver está silencioso. A su lado hay un perro y un hueso, pero al perro no le importa el hueso. El perro también está solo. El sol entra a raudales por la ventana; resplandece con espantoso brillo sobre el cráneo verde del abandonado. El sol se pudre con un espantoso brillo. ¡Qué hermoso es el otoño de la vida con el sol pudriéndose y los ángeles volando hacia el cielo con petardos bien metidos en los culos! Suave y medi-tativamente marchamos por las calles. Los gimnasios están abiertos y uno puede ver a los hombres nuevos, hechos de tubos de chimenea y cilindros, guiándose por una carta de navegar y un diagrama. Los hombres nuevos que nunca se gastan, porque las partes pueden ser recambiadas. Hombres nuevos sin ojos, sin nariz, sin oídos ni boca, hombres con cojinetes de bolas en las articulaciones y patines en los pies. Hombres inmunes a las revueltas y a las revoluciones. ¡Qué alegres y atestadas están las calles! En la puerta de un sótano está Jack el

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destripador blandiendo un hacha; el cura sube al cadalso y una erección le estalla la bragueta: los notarios pasan con sus abultados portafolios; las bocinas suenan a toda marcha. Los hombres deliran en su nueva libertad encontrada. Una perpetua sesión espiritista con megáfonos y cintas de télex, hombres sin brazos dictando a cilindros de cera; fábricas trabajando día y noche, produciendo más embutidos, más roscas de pan, más botones, más bayonetas, más carbón de coke, más láudano, más hachas afiladas, más pistolas automáticas. No puedo pensar en otro día más hermoso que éste, con el siglo XX en plena flor, con el sol pu-driéndose y un hombre en un cajoncito con ruedas, tocando la Canción de Amor en su flautín. Este día resplandece en mi corazón con un brillo tan espantoso, que aunque yo fuera el hombre más triste del mundo, no me gustaría dejar la tierra. ¡Qué magnífica eyaculación este último vuelo hacia el cielo desde la sagrada ciudadela! Mirando hacia abajo, la tierra vuelve a aparecer dulce y encantadora. La tierra desnuda de hombres. Esta tierra sin hombres es inenarrablemente dulce y encantadora. La madre de todo lo viviente vuelve a girar de nuevo con gracia y dignidad, liberada de los cazadores de Dios, liberada de su putesca progenie. La tierra no reconoce ningún Dios, ninguna caridad, ningún amor. La tierra es el útero que crea y destruye. Y el hombre no es de la tierra, sino de Dios. Dejémosle entonces que vaya hacia Dios, desnudo, destrozado,

corrompido, dividido, más solo que el más profundo abismo. Todavía hoy, algo de Progreso e Invención me acompañan mientras marcho hacia la cumbre de la montaña. Mañana caerán todas las ciudades del mundo. Mañana, todos los seres civilizados de la tierra morirán por culpa del veneno y el acero. Pero hoy todavía puedes bañarme con las maravillosas líricas amorosas de Dios. Todavía oyes música de cámara, sueño, alucinación. ¡Los últimos cinco minutos! Un sueño, una fuga sin coda. Cada nota se pudre como la carne muerta colgada de los ganchos. Una gangrena en la que se ahoga la melodía, por su propio hedor supurante. Cuando el organismo siente la muerte cercana, se estremece con arrobamiento. Una aceleración que culmina en una agonía triunfal –la agonía del último estertor, donde la comida y el sexo se unen–. ¡El remolino! ¡Y que se lleve consigo todo lo que arrastra! El ignorante y bárbaro salvaje que empezó en la circunferencia persiguiendo su cola, se acerca cada vez más hacia el centro en grandes espirales laberínticas, llegando ahora al mismo centro, donde gira en el pivote de sí mismo con una incandescencia que lanza un enceguecedor torrente de luz, a través de todas las alcantarillas del alma: el profanador y ladrón de almas, gira allí loco e insaciable, en una lujuriosa furia centrífuga, hasta que sale chisporroteando por el agujero que tiene en el centro; desciende como una bolsa de gas –bóveda, sótano, costillas, piel, sangre, tejidos, mente, y corazón todo consumido, devorado, borrado en la aniquilación final.

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Esta es la ciudad y ésta es la música. De las negras cajitas surge un interminable río de romance donde lloran los cocodrilos. Todos caminan hacia la cumbre de la montaña. Todos van al paso. Desde la estación eléctrica de arriba, Dios inunda la calle de música. Es Dios quien pone la música todas las tardes, justo cuando salimos del trabajo. A algunos nos da una corteza de pan, a otros un Rolls Royce. Todos vamos hacia las Salidas y el pan duro está encerrado en los cubos de basura. ¿Qué es lo que mantiene nuestros pies al unísono, mientras vamos hacia la brillante cumbre de la montaña? Es la Canción de Amor que oyeron en el pesebre los tres reyes magos de Oriente. Un hombre sin piernas y con los ojos volados la tocaba en su flautín, mientras iba por la calle de la ciudad sagrada en su cajón con ruedas. Es esta Canción de Amor la que ahora se derrama desde millones de cajitas negras en el momento cronológico preciso, para que hasta nuestros hermanos morenos de las Filipinas puedan oírla. Es esta hermosa Canción de Amor la que nos da fuerza para construir los más altos edificios, para botar al agua los más grandes buques de guerra, para construir puentes sobre los ríos más anchos. Esta es la Canción que nos da coraje para matar a millones de hombres a la vez, con apretar sólo un botón. Es esta Canción la que nos proporciona energía para saquear la tierra y dejar todo diezmado. Caminando hacia la cumbre de la montaña, estudio los rígidos contornos de vuestros edificios, que

mañana se desplomarán y se desmenuzarán como humo. Estudio vuestros programas de paz, que terminarán mañana en una lluvia de balas. Estudio vuestros brillantes escaparates abarrotados de inventos que mañana serán inútiles; estudio vuestras caras gastadas por el trabajo. Vuestras plantas de los pies rotas. Vuestros estómagos caídos. Os estudio individualmente, y en el enjambre. ¡Y cómo apestáis todos! Apestáis como Dios y todo su misericordioso amor y sabiduría. ¡Dios, el devorador de hombres! ¡Dios, el tiburón que nada con sus parásitos! No olvidemos que es Dios quien pone la radio todas las noches. Es Dios quien inunda nuestros ojos con la brillante y desbordante luz. Pronto estaremos con El, apretados en su seno, recogidos en dicha y eternidad, al mismo nivel que la Palabra, iguales ante la Ley. Esto llegará por medio del amor, un amor tan grande que, a su lado, la dínamo más poderosa es sólo como un zumbador mosquito. Y ahora os dejo a vosotros y a vuestra sagrada ciudadela. Voy a sentarme en la cumbre de la montaña, a esperar otros diez mil años, mientras lucháis por alcanzar la luz. Pero deseo, sólo por esta noche, que apaguéis un poco las luces, que bajéis los altavoces. Esta noche quisiera meditar un poco en paz y silencio. Quisiera olvidar por un rato que estáis revoloteando en vuestro baratísimo panal de miel. Mañana quizás procuréis la destrucción de vuestro mundo. Mañana quizás cantaréis en el Paraíso sobre las humeantes ruinas de vuestras ciudades

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del mundo. Pero esta noche yo quisiera pensar en un hombre, un solo individuo, un hombre sin nombre ni país, un hombre a quien respeto porque no tiene absolutamente nada en común con vosotros: YO MISMO. Esta noche meditaré sobre lo que yo soy.
Louveciennes-Clichy-Villa Seurat 1934-35 En: Primavera negra. Traducción: Carlos Bauer y Julián Marcos.

PALABRAS DE PERICO LOS PALOTES Y NIETZSCHE
a vida es efímera y se nos arranca de las manos como un niño travieso dentro de un parque de diversión. La vida se recluta en el conocimiento, en el trabajo y en el dolor + amor ignorando que sólo tenemos segundos, minutos y años de vida. Es una lástima saber que todas las lógicas sobre la existencia son una parafernalia y un circo, y que pertenecemos inexorablemente al reino animal y a las plantas del planeta, dispuestos a desaparecer en un momento oportuno cuando el aire, el sol, el agua y el aire no requieran más de nuestra presencia. Desde que existimos la naturaleza nos rechaza, porque somos un enemigo implacable…

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ELEGÍA A EDGAR ALLAN POE
Jaime Serey (Chile) ________________________________ e masticaba un nuevo horizonte que estaba lleno de números, fechas, nombres, santos y feriados que yo debía cumplir al pie de la letra sin olvidarme de los trabajos de semanas o de los días lunes odiados con una ira que llegaban hasta el rencor. Pronta mi botella de vino, esperaba la medianoche con su copa en mi celebración final y el acontecimiento que me haría alegre solo por segundos, por algunas horas sabiendo que volvería a la cruel realidad del mañana, donde me volvería a mirar en un espejo incierto…

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LA LITERATURA REGENERA…
Josué Santiago ________________________________ a literatura regenera los tejidos afectivos cuando estos sufren desgarramiento o pierden la fuerza para seguir ejerciendo las funciones para las que han sido creados. Es terapéutica la literatura y premonitoria. Aconseja y guía. Arroja

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luz donde hay sombra y sombra donde la abundancia de luz desproporcionada nubla la vista o ciega el ojo. Todo eso, y más, acontece, cuando la literatura es buena y el lector, también bueno, logra someterse, porque en eso le va la vida, al proceso de sanación que la literatura facilita.

DONDE YO TERMINO, TÚ COMIENZAS O MONÓLOGO PARA ESTUDIANTE PRINCIPIANTE DE TEATRO (U OTRO ENSAYO SOBRE HENRY MILLER) Javier Farfán Cedrón ________________________________

escribir.

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ay música de niebla en esta historia que quiero

Veo el último habitante del planeta que busca un autor que lo coloque entre los renglones de una página amarillenta, que lo vista de saco sin corbata y botas con punta de acero, que enrolle sus propios cigarrillos, y que tenga un par de últimas monedas en el bolsillo antes de caminar hacia el crepúsculo de una tarde que nunca acaba de esperar que agonice el sol. Hay música de niebla de sintetizador, programada para una película de misterio barata, son notas lánguidas, directas, inequívocas, como quien coloca una moneda en la mano de un mendigo. Música de niebla detrás de los árboles que coloca los acentos a

mis notas finales sobre la vida de mi personaje de este planeta en donde no encuentra humano alguno y tiene que esconderse de los dragones que vagan por la Tierra, y que ha preservado en una cajita de plástico el aroma de su hembra que se fue con música de sintetizador una tarde de cielo azul. La música de niebla le ayuda a colocar a mi personaje los acentos al final de las frases, como por ejemplo cuando dice, “la tarde se acuesta sobre la mar callada”, o cuando piensa “el olor de los eucaliptos me despierta a mí, el último habitante del planeta, que me he quedado dormido sobre el vómito de la vereda de una esquina”. Ahora escribo sobre el aire estas notas que reconstruyen los últimos momentos del último habitante del planeta y de una catedral invisible que existe en los ojos de sus sueños; dice el habitante, “mi catedral que respira penurias en el fondo del olvido eterno, que vive en la memoria de las noches tristes de retreta de una plaza llena de botellas vacías de cerveza, vómito, condones y mojones; mientras en la penumbra de una esquina una vieja del tamaño de una niña de cinco años, envuelta en una manta parchada, se ha quedado dormida haciendo guardia a un par de anticuchos fríos sobre una parrilla del tamaño de un cuaderno escolar”. Mi último habitante se pregunta cuándo se abrirán de nuevo las olas de los mares, termina de enrollar su último cigarrillo, se recuesta sobre un poste de luz que no alumbra; siente con los dedos dentro de los bolsillos del pantalón los bordes de las

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monedas, las saca y las tira sobre el pavimento, enciende su cigarrillo con el último fósforo que le queda y piensa, “viajaré por Marte, Júpiter, Saturno, sus estrellas, y calles aledañas hasta encontrarte porque donde yo termino tú empiezas”, mientras yo, quien escribe su historia, me apuro a apagar la música y retirar la niebla de los contornos de la catedral que empiezan a brillar en los ojos de mis sueños.

EN UN TIEMPO PENSÉ…
Henry Miller ________________________________ n un tiempo pensé que ser humano era el objetivo más alto que podía tener un hombre, pero ahora veo que estaba destinado a destruirme. Hoy me siento orgulloso al decir que soy "inhumano" que no pertenezco a los hombres ni a los gobiernos, que no tengo nada que ver con credos ni principios. No tengo nada que ver con la maquinaria crujiente de la humanidad: ¡Pertenezco a la tierra!. Digo esto con la cabeza reclinada en la almohada y siento los cuernos que me brotan en las sienes. Veo a mi alrededor a todos esos antepasados míos bailando en torno a la cama, consolándome, incitándome, flagelándome con sus lenguas viperinas, sonriéndome y mirándome de reojo con sus siniestras calaveras. ¡SOY INHUMANO! Lo digo con una sonrisa demente,

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alucinada y voy a seguir diciéndolo aunque lluevan cocodrilos. Tras mis palabras se encuentran todas esas calaveras siniestras que sonríen y miran de reojo, unas muertas y sonriendo hace mucho tiempo, otras sonriendo como si tuvieran trismo, otras sonriendo con la mueca de una sonrisa, el sabor anticipado y las consecuencias de lo que ocurre siempre. Más clara que nada veo mi propia calavera sonriente, veo el esqueleto bailando al viento, serpientes saliendo de la lengua podrida y las ampulosas páginas de éxtasis sucias de excrementos. E incorporo mi lodo, mi excremento, mi locura, mi éxtasis al gran circuito que circula a través de los subterráneos de la carne. Todo ese vómito espontáneo indeseable, de borracho, seguir manando sin cesar, a través de las mentes de los que han de venir, a la vasija inagotable que contiene la historia de la raza. Codo a codo con la raza humana corre otra raza de seres, los inhumanos, la raza de los artistas que estimulados por impulsos desconocidos, toman la masa inerte de la humanidad y mediante la fiebre y el fermento de que la imbuyen, convierten esa pasta húmeda en pan y el pan en vino y el vino en canción. Con el abono muerto y la escoria inerte producen una canción que se contagia. Veo esa otra raza de individuos saqueando el universo, dejando todo patas para arriba, con las manos vacías, siempre tratando de agarrar y asir el más allá el dios inalcanzable: matando a todo lo que está a su alcance para calmar al monstruo que les roe las entrañas. Lo veo cuando se arrancan los pelos en su esfuerzo por comprender,

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por aprehender lo que es eternamente inalcanzable, lo que veo cuando braman como bestias enloquecidas y se precipitan dando cornadas, veo que está bien y que no queda otro camino. Un hombre que pertenezca a esa raza ha de subir al lugar más alto y arrancarse las entrañas, mientras pronuncia palabras incoherentes. ¡Está bien y es justo, porque debe hacerlo! y todo lo que se quede corto con respecto a ese espectáculo espantoso, todo lo que sea menos escalofriante, menos aterrador, menos demencial, menos embriagador, menos contagioso, no es arte. El resto es falso. El resto es humano. El resto corresponde a la vida y a la ausencia de la vida.
Trópico de Capricornio

NOVEDADES DE LA LITERATURA GUATEMALTECA ACTUAL
PRESENTACIÓN Apuesta por las nuevas escrituras de guatemala Edgar Montiel1
Así como el mar es barroco y el río clásico, los volcanes son telúricos y los lagos románticos. La revolución es heroica y utópica, y los tatuajes en la cara góticos. Estos son los signos a descifrar.

iajar por la literatura guatemalteca de hoy es navegar por un río serpenteante que deja atrás un viejo modelo que muere en las hélices de vapor que conducen a un puerto desconocido. Territorio poblado de interrogantes sobre una nueva generación de escritores, pasajeros que se desplazan cargados de expectativas, ávidos de decir lo Nuevo de otra manera.

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1 Ensayista, Director de la Oficina de UNESCO en Guatemala, autor de los libros El humanismo americano (FCE, 2000), Gobernar es saber (FCE, 2005), El poder de la cultura (FCE, 2010). Fue prologuista del libro El futuro empezó ayer. Apuesta por las nuevas escrituras de Guatemala, publicado por UNESCO y Editorial Catafixia, Guatemala, 2012, de donde se sacó los autores de la presente selección.

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No por casualidad en la inmediata posguerra se da una ruptura en la evolución literaria que se venía produciendo. A lo largo de varias décadas van surgiendo generaciones y con ellas se activa la crítica a una serie de proyectos políticos de cambio –que anteriormente no podían cuestionarse–. De esta metamorfosis emerge la reinvención de una nueva producción cultural, con estéticas consonantes al tiempo nuevo. En una reciente entrevista sobre “literatura de posguerra”, Sergio Ramírez apunta que hay un cambio de escenario, pues ahora se va del campo a la ciudad: las ciudades centroamericanas se han convertido en un caos; las guerras insurgentes centroamericanas crearon una producción literaria y luego la posguerra trajo las maras y el narcotráfico. “Los centroamericanos siempre estamos en el conflicto, en la anormalidad, nutriendo así una literatura de historias no felices”. Si creyéramos a Ramírez, seríamos estoicos lectores de una literatura despreocupada de la felicidad, que no busca salir del dolor, se regodea con los conflictos y el sufrimiento, de espaldas al amor y la naturaleza. ¿Cómo interpretar ese juego laberíntico entre ausencia y presencia de amor y de dolor, de esperanza y desesperanza? Cierto, hay más desencanto que canto. No vamos a culpar al mensajero –a estas nuevas escrituras– sino a la extremosa realidad. Leemos a mujeres y hombres en su mayoría de la urbe, jóvenes maduros que plasman sin miedo sus

tribulaciones en sus poemas, cuentos crónicas y ensayos, un corpus que deja ver otro tipo de sensibilidad. Escritos tironeados por el deseo de entender por igual la Historia y lo cotidiano, de comprender los sucesos vividos, tratando de compaginar Imaginarios con Textualidades. En este libro sólo hay cuatro autores provenientes de la mayoría maya. Sintomático. Predomina así el mundo de la burguesía pequeña y ladina. La literatura de la posguerra ya no se preocupa por el estudio testimonial, no es una literatura consagrada a la denuncia de la injusticia social, se esfuerza más bien por crear una ficción contemporánea, una escritura que explora la intimidad propia y ajena, marcada por la subjetividad de la cultura urbana. Son textos que auscultan los deseos más oscuros del individuo, sus pasiones sus desilusiones ante toda utopía. Se trata ahora de intercambios rudos con el mundo violento y caótico, donde no hay lugar al heroísmo. Ya se sabe que la realidad no es Ni hermosa ni maldita. En esta literatura se produce un recio arreglo de cuentas con la realidad social y cultural del país, evidenciado en la ruptura con las formas literarias del pasado inmediato. Es la caligrafía de un nuevo imaginario urbano que adhiere una estética de la aflicción, una escritura de la impaciencia, la evasión y el caos, buscando hacer legibles los tatuajes en la cara violenta de la sociedad. Estas nuevas escrituras plantean un deseo por negociar una identidad cultural perdida o nunca

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lograda, patente al contar sus experiencias vividas en tanto generación que ha transitado un periodo accidentado entre la adolescencia y la adultez. Los escenarios narrativos son casi siempre la ciudad y los personajes son criaturas de la urbe: seres humanos comunes y corrientes, diurnos o nocturnos, que forman tribus que se identifican por sus hábitos vestimentarios y por una relación fetiche con determinadas plazas y calles (“mi patria es el Puente Belice”). Algunos se transforman en personajes vampíricos, travestidos, trashumantes, seres llenos de engaño, entre diversas formas góticas. Estos se encuentran en “El travesti embarazado” (Javier Payeras: Días amarillos, 2009), “Bar” (Maurice Echeverría: Sala de espera, 2001), “I. Escena. No todas las mamadas son ricas” (Estuardo Prado: Los amos de la Noche, 2001) y “Suicidio zen” (Eduardo Juárez: Mariposas del vértigo, 2005). Destaca un personaje central en esta nueva narrativa: la incertidumbre. Los protagonistas viven en una sociedad que no les promete nada, se mueven en escenarios moribundos, sin fuerzas de vida o a punto de perderla.
El dolor engendró la palabra que lo nombra, la palabra engendró a la civilización y esta a las ciudades que engendraron la basura, la contaminación y la muerte. Javier Payeras, Raktas (2002)

encontrarse en medio de una sociedad en decadencia:
La hermosa TRASTORNADA recogiendo MARIPOSAS PUTREFACTAS en un bosque NOCTURNO Y ENJAULADO […] Manuel Tzoc, Esco-p(o)etas Para uNa MuErtE en ver(Sos) B-A…L…A (2006)

En esta “negociación” hay tanto una búsqueda por encajar en la sociedad como dilemas que se intentan resolver a través del lenguaje. Se manifiesta un sinfín de reflexiones sobre lo impuesta en el día a día por una sociedad vertical. Una literatura que ha perdido el afán del goce:
Las piedras fuimos marcadas con hierro candente quemados nuestros ojos vimos con la mirada volteada Rosa Chávez, Piedra Abaj (2009) Y que ese dolor que nos raspa la garganta es el que nos hace uno con el mundo que me obligo a /redescubrir a diario a medida que te lo explico Vania Vargas, Quizá este día tampoco sea hoy (2010) la angustia es un pequeño compañero que duerme en la espalda y despierta dando gritos en medio de la noche una acumulación de vida que se arruga se arruga con la consciencia ser un destino desconsolador

Los personajes no encuentran su lugar y lo único que logran es

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Pablo Bromo, Alicia (2010) Carmen Lucía Alvarado, Poetas astronautas (2010)

La poesía y la narrativa femenina de esta generación trasmite un sentimiento de desazón, la escritura va del disgusto al malestar físico de una eventual experiencia sentimental.
[…] mi hijo no nato murió. […] echó por boca, nariz y oídos toda mi miseria. […] Desde entonces, espero día tras día tenerlo frente a mí para contarle con detalle lo que sentí ese preciso instante. Con mis palabras haré que lo invada el dolor y cuando eso suceda tomaré mi agilado cuchillo y lo destrozaré… Lorena Flores-Moscoso. “Uma: la novia” (2005)

Tanto la narrativa masculina como la femenina exploran situaciones de engaño y experiencias adversas:
Lo que D ignora es que su esposa ha entrado con su amante al bar y se ha sentado al fondo, en un sitio oscuro pero no oculto, vago pero secreto. Maurice Echeverría, “Bar” (2001)

La narrativa masculina entra al amor por la vía del desamor:
[…] que finja, que se sienta muy sola. Luego ambos se dan la espalda un par de horas; más tarde, se recuestan alternativamente uno sobre el otro, y suspiran […] derrotar la angustia de sí mismo en la vulva de su esposa. Leonel Juracán, “Deshaciendo el amor” (2008)

Se opta por hacer de la adversidad y el dolor una obra de bellas artes.
Mi madre tiene una cicatriz vertical que le parte el vientre a la mitad Se la hice yo hace varios años el día que nací de espaldas a la salida. Vania Vargas, Quizás este día tampoco sea hoy (2010).

En contraste, la poesía masculina es desafiante, da la impresión de que el hombre juega su papel: retador, protector, irónico, el súper héroe…
Me está doliendo el fémur de tirar tanta patada contra el universo. Me está doliendo el mundo con su furor de última noticia. Me están doliendo los párpados. Me estoy doliendo por dentro.

Es sabido que las sociedades satisfechas y conformes no siempre producen una gran literatura. A veces es al revés, es en una sociedad de escasez, de lucha por los derechos al buen vivir, donde se escribe poesía de carácter experimental, rebelde, afligido, sobre lo que se siente y lo que se quiere decir con palabras propias. En esta tendencia se inscriben las nuevas escrituras de Guatemala. Tomando distancia de los modelos canónicos, no es raro encontrar tanto en la narrativa como en la poesía eficaces recursos coloquiales propios del habla de los guatemaltecos: “a la gran puta, puta, ah puchis”, unidades

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fraseológicas comunes y menos comunes como: “patojito de mierda” (Alan Mills) o “hijo de puta”, mostrando la cotidianidad del lenguaje de esta sociedad. Estas expresiones de disfemismo sirven para realizar el retrato íntimo de una colectividad humana que desconfía de ella misma, que hace el insulto una práctica defensiva de “guardar distancia” entre los propios ciudadanos. Es usual en estas nuevas escrituras recurrir a locuciones nominales con construcciones apocopadas, como: “hijuelagranputa” e “hijueputa”. Construcciones que no sólo muestran la versatilidad de estas locuciones como recurso estilístico sino que sugieren al lector la idea del uso frecuente. Revelan una realidad conflictiva en la que el insulto, como expresión de desprecio, es un recurso para poder convivir en una urbe que puede devorar a sus habitantes. Esta generación tiene una escritura fluida, sin recatos para mostrar imágenes escatológicas urbanas: el desagüe apestaba, los basureros, las larvas de zancudos, mierda, etc., que comunican sentimientos desgarrados, un caótico paisaje de cemento y calles que marca a escritores nacidos en esta época (Ver al respecto Ana Acevedo-Halvick, “La cortesía verbal entre los jóvenes guatemaltecos”, Oralia: Madrid, 2006). La literatura de la posguerra guatemalteca saca así de la sombra a jóvenes-sin-destino sometidos a las normas sociales que rigen sus espacios públicos, obligados a cumplir los patrones oficiales hegemónicos de la identidad. Generación intercultural que

se encuentra bajo amenaza de exclusión precisamente por mantener aún sus propias identidades. Con palabras feroces y tiernas narran los espacios privados, la soledad, el anonimato en medio de la multitud, el deseo latente de romper con las normas establecidas por las estructuras de la marginación. Con todo esto se construye la ficción chapina contemporánea y logran hacer de la adversidad y la aflicción una señalada categoría estética.

I NARRATIVA
Muñeca (fragmento) De Sobrevivir para contarlo (Editorial Praxis, 1999) Francisco Alejandro Méndez (1964) l escenario es un tanto patético. Quizá parecido a los encuentros de fútbol que se juegan los fines de semana en el barrio. La mayor cantidad de público ingresa por las gradas de concreto. Otros, los que no han cancelado su boleto, están subidos en los árboles o en los tejados de las casas vecinas. En las dos entradas, un rótulo amenaza que no es permitido el ingreso de niños. Sin embargo, se percibe la presencia de algunos de ellos corriendo entre los corredores de preferencia. Los que han pagado un precio más elevado para observar de cerca el espectáculo saben, sin preocupación,

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que su asiento está reservado. Algunos beben cerveza, fuman cigarrillos y conversan de los anteriores combates en una caseta que exhibe un hermoso trofeo de primer lugar. Cada uno hace alarde de que será el ganador en las apuestas. Hasta arriba, amarrada con dos lazos anaranjado y azul a un poste de luz eléctrica, y una centenaria jacarandá, cuelga una manta en la que se lee: “Hoy pelea estelar: Muñeca versus Mandíbula”. La primera de ellas soy yo. Tengo seis meses de entreno forzado a diario. Bueno, sin o me han identificado aún, soy una American Pitt Bull Terrier. Mis ojos son amarillo tirando a fuego, mi nariz es roja y tengo seiscientas libras de presión en la mandíbula. A la fecha no he perdido una pelea, y es por eso que estoy metida en este pequeño cuartucho, de no más de dos metros cuadrados, a la espera que el reloj marque las dos de la tarde para lazar la primera tarascada a mi rival. Muy pocas veces me ha inquietado conocer quién será mi adversaria. A menos que mis entreno varíen de intensos a suaves, o que las carreras bajen de cuarenta y cinco a veinte kilómetros diarios. No me inquieta la idea de preocuparme contra quién tendré que luchar…

Bar (fragmento) De Sala de espera (Magna Terra Editores, 2001) Maurice Echeverría (1976) La esposa de D se ha […] levantado y ha ido a traer algo al carro. Afuera, en la calle, se siente ligeramente infiel y una suave sensación de tristeza la inunda de pronto: ¿y si D la estuviera engañando?, ¿y si la ingenua fuese ella? No soporta demasiado la idea pero al fin de cuentas toma lo que tenía que tomar de su auto (un objeto delator, una sustancia comprometedora) y regresa al bar, a su amante. D a todo esto y ya está hablando con la chica: la está emborrachando. El tema de conversación es anodino pero la conversación del tema es sensual, y esto es suficiente. Siguen charlando por una hora y el bar se reduce paulatinamente al espacio que ocupan: al recinto de gestos, palabras, sensaciones que han inventado. De pronto D se acerca a la chica y le murmura algo al oído. Se levantan los dos y se dirigen al baño de mujeres. Entran, se encierran, se tocan. Ella lo toma del pelo. Él la levanta y la coloca sobre el lavamanos. Todo funciona a la perfección: de un modo rápido, violento, higiénico. Lo que D ignora es que su esposa ha entrado con su amante al bar y se ha sentado al fondo, en un sitio oscuro pero no oculto, vago pero no secreto.

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Por fortuna, la chica con la cual D ha entrado al baño se ha ido presurosamente. De seguro ha sentido un ligero pánico, se ha sentido culpable, irreversible: es una chica joven y sus padres la esperan. A D no le importa mucho lo de la chica. Se dirige a la barra y se sienta (imposible ver a su mujer desde allí, pues su mujer está detrás de él). Pide un whisky y cancela su cuenta. Una caja negra distrae su atención. Está sobre una mesa, no es muy grande, no es muy negra: sólo lo suficiente. D imagina que el bar está dentro de una caja negra y que nadie puede salir de un bar que está dentro de una caja negra. De pronto se rompe un vaso. D se pregunta si es conveniente darse la vuelta y observar el accidente (que le ocurrió, por supuesto, a su esposa, aunque eso él no lo sabe) pero al fin de cuentas piensa que darse la vuelta y observar el accidente es equivalente a formular y repetir una actitud colectiva que viene a corroborar lo previsible que es el ser humano, cuya peor tara es estar sujeto a una morosa cadena de causas y efectos, a una forma de determinismo que acude a ciertos mecanismos de resignación, de indolencia mutua, de mimesis injustificada, mecanismos consumidores del mensaje individual, de la penetración subjetiva, de la voz particular ajena en todo sentido al cuerpo social y gregario. En suma: D no quiere darse la vuelta. D termina su whisky, se levanta y se va. Su esposa, que recoge los vidrios rotos del vaso roto, lo mira.

El hombre de cartón (Letra Negra, 2011) Gustavo Adolfo Montenegro (1971) La fricción cero apesta o creía que el hierro oxidado sólo hedía al estar mojado. A toda velocidad, por el paraíso de las montañas verdes, descendiendo de las mismas nubes gloriosas, nunca imagine que sentiría el hedor de la desesperación y del miedo. De hecho, huele a acero candente que sigue dando vueltas magistralmente elípticas sin detenerse. Intento colocar la primera velocidad, pero es inútil. El auto parlotea, cuesta abajo. Es gracioso y completamente inútil el sonido de la transmisión mecánica que no entra para frenar con motor tras constatar, con sorpresa, que los frenos han fallado. Dios mío, sálvanos. Las piedras que tanto obstáculo representaron mientras íbamos cuesta arriba, ahora parecen carcajearse y convertirse en hule suave y resbaloso. Son el factor de fricción cero que me recuerda las clases de física fundamental, cuando el profesor explicaba el concepto de la viscosidad, también la gravedad y el de la aceleración constante. Lo que nunca pensé es que esas tres cosas juntas apestaran a pastillas de freno quemadas, ramas quebradas, agua fresca mezclada con sangre de mi familia en el fondo del barranco.

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Pronóstico del tiempo a bandada de mil pericas enfiló hacia el sur, en un vano intento por eludir la tremenda nube de tormenta que era más ancha que la cordillera del Mico. ¡Es increíble!, dijo la perica número 633 a la 997, pero creo que podremos pasar justo a un lado antes que empiecen a caer los goterones gigantes. Si nos alcanza la tormenta seremos derribadas una por una, o de dos en dos o de cien en cien, todo depende de la Ley de Murphy. ¿Y de qué trata esa ley?, preguntó, de metiche, la 443, quien se había pasado toda la mañana acicalando las plumas verdes, verdes, verdes, que ese día le parecían un poco amarillentas, lentas, lentas, lentas. La 633 le contestó que podría explicarle en un rato, que tan solo pasara el peligro y que aletearan más porque los nubarrones estaban cada vez más cerca. Un rato después, la Ley de Murphy se cumplió. V o del anuncio de la Madre a la Nena (fragmento) De Las flores (F&G Editores, 2001) Denise Phé-Funchal (1977) primera hora Madre ordenó que se le sirviera el desayuno a la Nena en su habitación: huevos pochette bañados en salsa de queso, jugo de naranja, panecillos calientes, mantequilla, confitura de fresa, una selección de quesos y fruta fresca en trozos espolvoreados de canela. Salió de la cocina dejando tras

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de sí el bullicio de las cocineras y la voz del ama de llaves enviando a una mucama por los panecillos, mermelada, brie y chaumes. Madre se dirigió a la habitación de la hija con el pretexto de mostrarle los magazines de modas que habían llegado de París la semana anterior. Notó en la pared, junto a las gradas, que la fotografía nupcial de sus padres estaba inclinada. Se detuvo en el décimo escalón, contempló a su padre sentado, viejo como siempre, flaco, sonriente. Empujó suavemente la esquina derecha del marco, su madre adolescente, rígida, de pie, vestida de blanco y mirada taciturna. Madre no pudo evitar imaginar a la Nena sofocada, perdiéndose entre las prominentes carnes del señor obeso que en el momento de la consumación cambiaría de rosa a rubí. Entró sin tocar y la encontró como siempre, dibujando frente a la ventana. La mirada fija en el papel y la mano crispada eran la única manifestación de pasión en la Nena, que no notó la presencia de Madre sino hasta que sintió su respiración tras ella. Posó el carboncillo en total silencia, dijo como siempre buenos días con la mirada fija en la unión de las baldosas, limpió sus dedos con el paño gris que sobresalía de la bolsa de su mandil, y esperó a que Madre hablara…

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II Poesía
De Poemas sensibles (Editorial Praxis, 2005) Alan Mills (1979) 2 El indio no es el que mira usted en el catálogo de turismo, cargando bultos o llevándole la comida a la mesa. Tampoco el que ve desde la ventanilla y pide monedas haciendo malabares, ni el que habla una lengua muy otra y resiste fríos nocturnos. No, el indio está adentro, y a veces se le sale, acéptelo, aunque lo entierre en apellidos, aunque lo socave bien y niegue su manchita de infancia, ahí está, acéptelo. Y si aparece esa agua rancia, voraz, el aguardiente que inflama, ya verá que se le sale, el indio empuja con su fuerza de siglos, emerge ardoso y se le sale, con lo guardado, con lo que dura doliendo. No, no es otro, el indio soy yo, a ver, repita conmigo.

De Alicia (fragmento) Catafixia Editorial, 2010 Pablo Bromo (1980) Hoy ya nada me importa mucho, Alicia. La literatura me ha refugiado en su vientre y es delicioso contar con un exilio mutante. Con una cuna, tipo bunker, para lanzar rabietas al aire mientras la madrugada se ilumina y veo de nuevo la luz del mundo: como un bebé hermoso que renace, babeando y gimiendo fonemas tercos. Hoy ya nada me importa, mi Querida Alicia. Estos ojos están colmados de chubascos y la lluvia al parecer es sinónimo de esperanza. La poesía me ha cobijado y sin pedir nada a cambio, me ha recordado que los barrancos del alma son catapultas obscenas. Tiernos Trampolines para atravesar la profundidad del Cielo. El clamor del Infierno. El vacío de la Vida Misma.

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De Quizás ese día tampoco sea hoy Vania Vargas (1978) Hay cosas que no se comparten La muerte por ejemplo Se suponía que él debía irse al infierno solo De Poetas astronautas (fragmento) Catafixia Editorial, 2011 Carmen Lucía Alvarado (1985) todos los poetas quisieron ser astronautas primero, pero el mundo fue demasiado real y el universo demasiado gaseoso para poder penetrarlo con su miseria todos los poetas quisieron tener telescopios que develaran que la fantasía es algo que se mueve ciegamente en la nada todos los poetas señalaron a las estrellas y nombraron constelaciones en lugares que no existen todos quisieron viajar a la velocidad de la luz esconderse en la nebulosa de Orión ser tragados por agujeros negros declarar que dios no es un viejo que vive en el cielo porque el cielo es la versión ridícula de la vastedad del universo de la inmensidad y de la eternidad todos los poetas quisieron contar en cuenta regresiva y despegar al vasto

desconocimiento el desconocimiento los despegó a ellos y ahora escriben pequeñas cartas a su amada fantasía a sus viajes astrales los agujeros sí los tragaron, pero los cuerpos evidencian lo contrario los cuerpos se quedaron habitando esta tierra esta vida, estas ciudades, estas veredas de la realidad los agujeros los succionaron y les dejaron a cambio mentes que anhelan un regreso a la nada De Cafeína MC (segunda parte, la fiesta y sus habitantes) (fragmento) Catafixia Editorial, 2010 Wingston González (1986) como decir que esta cosa horrenda es una patria que en el cuarto de los padres nunca ha pasado nada y que arriba que arriba una bandera negra que lleva inscrito jjehhovvá nnissssi oh refugio mío, oh bandera mía que ondula jehová nissi el mal de amores, linduras, viene a fuerza de escuchar sonetos de carne y sol luego de sol y jaulas de nadie sabe nada, de carne y patios y después de patios cósmicos y atrios estelares, y música

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sí, qué música, que no, para bailar al ritmo de Santana por toda Europa y olvidad que aquí no pasa nada más que hablar de lenguas amapolas sembradas, sobremesas enfermas incorregibles, acantiladas ficciones por cuya colección de discos paso el dedo y reviso mis amores sus palabras

III Ensayo
La impostergable invención del presente (fragmento) Luis Méndez Salinas (1986) y Carmen Lucía Alvarado (1985) iempre será peligroso asociar el arte y la literatura a un territorio específico, a una “nacionalidad”, puesto que cuando se trata de abordar la sensibilidad y, en consecuencia, la creación, lugar y tiempo parecen ser categorías secundarias. Entonces, ¿a qué nos referimos con el concepto de “literatura guatemalteca”? ¿Existe una sensibilidad que responde a “lo guatemalteco” o más bien hablamos de la literatura escrita por guatemaltecos y en relación a los límites geográficos del país? Escapatoria y fuga, exilio y diáspora, se plantean en este contexto como condicionantes históricas definitivas que parecen negar la posibilidad de una

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literatura guatemalteca, y nos hacen pensar en los procesos identitarios relacionados con la creación artística, sobre todo en un momento como el actual, en que para escribir en Guatemala es posible estar dentro de sus fronteras geográficas y simbólicas, puesto que es posible hablar con libertad. Aquí es donde encontramos una razón sumamente poderosa para justificar esta reunión de obras y de autores: el movimiento generacional que empieza a aparecer hacia mediados de los años noventa y que en la actualidad perfila dos o más bloques de escritores (con distintas búsquedas, intenciones y discursos) entre los cuales es difícil precisar líneas divisorias, se produce en un momento de características particulares que permiten el ejercicio de la escritura en libertad dentro del territorio guatemalteco. Espacios físicos de convergencia alrededor de la literatura permiten la articulación de una escena que se enriquece enormemente gracias a la posibilidad del contacto con lo que sucede en cualquier parte del mundo, vía nuevas tecnologías que relativizan cada vez más la distancia y ayudan a abolir el aislamiento. Si bien Guatemala sobrevive en una situación de crisis latente, y ninguna de sus enfermedades históricas y sociales ha podido ser sanada, el vigoroso surgimiento de las escrituras contemporáneas en este país devela que la creación, la sensibilidad y la capacidad de asombro permanecen siempre intactas, a pesar de las condiciones dramáticas de un país tan

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golpeado como el nuestro. La literatura en este contexto es la evidencia de una conciencia colectiva que encuentra en la construcción de ficciones, en la imaginación y en el mero hecho de sentir, las suficientes razones para afirmar que el dolor se convierte (entre otras cosas) en fuerza, que el dolor no se anula pero se transforma en arte. Supongamos entonces la existencia de elementos “genéticos” que determinan “lo guatemalteco” en su literatura. Habrá que referirse, en primera instancia, a los grandes traumas que nos han formado. La historia puede verse como un mar y la violencia como las olas de ese mar que van delineando un personaje o una presencia que aparece constantemente en nuestra literatura y que se constituye como el esbozo más cercano a una “tradición” que va hilvanándose a partir de los golpes históricos de nuestra nación y nuestra sensibilidad. Este personaje sombrío que se forma un rostro uniendo los puntos (las obras, los autores) que le dan carácter propio a la literatura guatemalteca es la única linealidad posible, la única secuencia lógica del paso del tiempo en nuestra literatura. Apuntes para ensamblar (fragmento) Javier Payeras (1974) frankensteins

s el tiempo quien arma la antología. La gran antología, esa arquitectura concisa, hecha con los fragmentos de lo separado y con los trozos de lo vuelto a unir. Ese ejercicio de diferentes

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afinidades reunidas en divergencias. Esas ineludibles fotos de grupo que tienen la triste y obligatoria responsabilidad de hacernos parte de un momento y de un lugar que no escogimos […] Las antologías soñadas. Aquellas tan citadas por bibliógrafos eruditos en docenas de idiomas. Esos mapamundi literarios que nos sirvieron de llave para acceder a la escritura de los grandes y a las que ya no podemos volver a incluirnos. Esa operación poundiana de acertar en un Eliot o en un Lee Masters; o la selección de un Aldo Pellegrini para ser el switch surrealista con los poetas latinoamericanos; o aquella nomenclatura de la novísima poesía española hecha por Castellet que hizo una buena dotación de nombres malditos y reverenciados; o la monumental ingeniería literaria que Borges diseñó para la universalidad… lo que ha sobrevivido a la erosión de la autocomplacencia, la publicidad, la imposición académica y la marginación. Huesos enterrados, huesos brillantes. Darle vida a Frankenstein. Órganos húmedos reunidos y ensamblados para hacer un solo cuerpo. El cuerpo de un tomo enorme, con páginas que se van borrando y agregando. Las hojas que van sustituyéndose unas a otras, reiniciando los finales y finalizando los comienzos. Ese repetitivo ejercicio del hacer. Lo nuevo que siempre es un viejo reemplazo de fechas. La maqueta de algo que nunca se termina: incluir y excluir, necesario e innecesario,

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trascendente o irrelevante. Luego demencia: el antologador lo lee todo, lo ve todo… Escribir para mecer volcanes. La vocación del escritor en tiempos de posguerra (fragmento) Diego Azurdia (1985)

Hablar de literatura guatemalteca sólo tiene sentido al presuponer que hay una relación entre las obras y el contexto en donde surgen. De otra manera el término sólo apunta a una categoría de archivo, un modo de acceso bibliotecario, eclipsado en importancia literaria por la suma particularidad de las obras. En efecto, entre los que se atreven a escribir siendo guatemaltecos habrá muy pocos, tal vez, nadie, que se libren de su patria. Es verdad que en esta patria todavía se vislumbra un horizonte que literariamente sólo podría ser transcrito en silencio, tomando como símbolo el volcán y no la bandera. En Guatemala, sin embargo, por mucho tiempo escribir significó hablar […] Es así que a diferencia de pueblos vencedores, en esta Guatemala llamada de posguerra, la historia la llevamos como cruz. Pero por ello mismo tenemos la ventaja de no depender de sus promesas y tenemos el sagrado derecho de pensar en términos utópicos. Como Benjamin, podemos hablar de un momento mesiánico que despedace la historia desde adentro, por lo que estamos llamados a mantenernos atentos a los signos que nos llegan del pasado indicando un momento de
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urgencia en el presente. Por otro lado, y también a diferencia de los pueblos vencedores, las contradicciones que hemos heredado se nos presentan descubiertas con toda la contundencia de lo absurdo. En la tensión de una aparente apertura democrática que permite escribir sin responsabilidades políticas pero todavía cargando con el peso de la patria, el escritor puede dar luz en la dirección del esfuerzo por una autonomía artística total. Como lo sabía Adorno, la historia se desvanece en el punto de fuga en donde contexto y literatura se funden.

IV Periodismo de autor
Campana Abaj’: El marcador tiempo (fragmento) Oswaldo J. Hernández (1983) “Magacín”, Siglo 21 Domingo 27 de marzo de 2011 del

A 3 mil metros sobre el nivel del mar, Oswaldo J. Hernández es testigo del equinoccio que marca los tiempos de siembra y cosecha en el occidente de Guatemala.

la mitad de una montaña varias decenas de linternas parecen luciérnagas revoloteando en la oscuridad helada de las 3:30 de la mañana. Son casi 50 las personas que avanzan/escalan entre la penumbra, el lodo, el frío y la lluvia tratando de demarcar un sendero en línea recta hacia la cima de Campana Abaj’, una de las montañas más altas de

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Totonicapán, cuya cumbre se ubica a casi 3 mil metros de altura sobre el nivel del mar. Los caminantes saben que a esa hora de la madrugada el reloj ya ha movido las agujas y con ello se ha dado por iniciado el primer día de la primavera. Hoy es lunes 21 de marzo, y faltan apenas unas cuantas horas para que al amanecer, cuando se produzca el equinoccio invernal, el sol trace una línea recta con la luna, y ambos astros – uno exactamente en el este y otro exactamente en el oeste– sean visibles en el cielo, desde la cima de la montaña. El sol, según los pronósticos de las noticias, tiene anunciada su salida a las 6:09 de la mañana de este lunes. La misión de todos es llegar antes de que eso suceda. Por ello, lo único que importa de momento es la prisa, pasar los charcos sin reparar demasiado en el agua que entra en los zapatos, o el dolor de pisar las rocas filosas, o el miedo a resbalar en el lodazal. “Allá arriba se igualará el día con la noche”. La situación la pone as í de clara Carlos Escalante, uno de los Ajq’ijab’ (guías espirituales mayas) que, trazando una cuña luminosa con su linterna, camina con todo el grupo en medio de la oscuridad. Tras sus párpados apagados y sus arrugas que pueden conferirle el grado de “abuelo”, don Carlitos –como le llaman a todos en el Altiplano– agrega también que no sólo ese dato es importante; hay algo extra en el lugar al cual se dirige la comitiva mientras dan un nuevo paso en busca de la cumbre, donde a lo mejor no está nublado, donde quizá

rebasen las nubes y la lluvia finalmente deje de caer. Entonces él explica que “en lo más alto de Campana Abaj’ existe un marcador de tiempo que hasta hace poco no era conocido”. Así, cada amanecer de los días 21 de marzo y 22 de septiembre –fechas del inicio de los equinoccios de primavera y otoño, respectivamente–, como cuenta don Carlitos, se produce un fenómeno único. “El sol traza su recorrido a través de unas rocas y marca así el inicio de la siembra –en marzo– y el tiempo propicio para la cosecha –en septiembre–. La montaña marca los 2 equinoccios que suceden cada año y hace evidente la relación que existe entre el ser humano, el tiempo y el espacio”. Todo eso acontece cada año a 3 mil metros de altura, sobre las nubes, sobre el occidente de Guatemala. El crimen de la calle 48 (fragmento) Paola Hurtado (1979) el Periódico Domingo 11 de enero de 2004
Sucedió en La Antigua Guatemala hace cuatro semanas. El crimen de dos hermanos tan extraños como su propio asesinato, conmocionó a los antigüeños y se ha convertido en uno de los casos más macabros y enmarañados conocidos en las últimas décadas en esa ciudad. Dos hombres solitarios que vivían como menesterosos en medio de una fortuna millonaria son los personajes de una historia real, que pareciera protagonizada por fugados de un relato de terror del siglo XIX.

a mañana se le fue en un parpadeo a Zoila Urízar. Los proveedores de su tienda y los

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clientes del comedor la mantuvieron tan ocupada que no le dieron tiempo de notar que Manuel no había ido a traer el desayuno ni el almuerzo para él y su hermano, como todos los días. No fue sino hasta el final de la tarde que Zoila, una septuagenaria de cabellos canados mejor conocida en La Antigua Guatemala como La Canche, preguntó a sus empleadas si habían visto a Meme. Ellas, después de hacer memoria, le respondieron asombradas que no. Desde que Murió Manuel Gaytán Furlán, en 1998, Manuel Francisco de Jesús y Pedro Enrique, sus hijos, se alimentaban en el negocio de La Canche, una tienda de entrada angosta que da la cara a la iglesia de La Merced. Manuel, el hermano mayor, era quien recogía en un cesto de mercado, con su andar parsimonioso y esforzado a causa de un impedimento en el pie izquierdo, cada tiempo de comida. Para el desayuno llevaba café y pan dulce, y para el almuerzo, el menú del día. Debía recorrer apenas dos casas para llegar a la suya, en donde lo esperaba su hermano, quien nunca salía a la calle. Pedro tenía 45 años y llevaba enclaustrado más de 25. La última vez que lo vieron caminando en las avenidas antigüeñas fue cuando era niño e iba al colegio La Merced o acompañaba a su madre a la iglesia. De pronto, no se le volvió a ver. Algunos vecinos lo creían muerto. Pensaban que el tímido Manuel, que todas las mañanas barría el frente de su casa, una vivienda de fachada colonial pintada de amarillo, vivía solo. Eran poco los

antigüeños como Rodolfo Morales, compañero de primaria de Pedro, que constataron que este vivía. En dos ocasiones lo descubrió parado detrás del vidrio de la ventana viendo hacia la calle. Tenía los ojos y los labios pintados, el cabello crecido y las cejas depiladas. La Canche telefoneó a Amabilia Castillo, una prima de Manuel y de Pedro, para avisarle con preocupación que Meme no había ido a traer comida ese día. Era viernes 12 de diciembre. Tocaron y tocaron a la puerta de los hermanos y nadie les abrió, lo cual no tenía nada de extraño. Manuel y Pedro tenían por costumbre no atender a los llamados, especialmente si era de noche. Decidieron esperar a que amaneciera. Quisieron creer que, por una inusitada razón, los hermanos habían salido de su casa. Era media mañana del sábado 13 cuando a la oficina del fiscal auxiliar Gustavo González llegó un grupo de personas a solicitar un allanamiento para la casa número 48 de la 6a. avenida Norte. Explicaron que hacía un día no se veía a sus propietarios y temían que les hubiera ocurrido algo. El fiscal, un hombre de anteojos de aro azulado y zapatos relucientes, pensó que era una medida exagerada. ¿Qué tal si los hermanos se habían ido a la playa y después reclamaban por registrar su casa? Pero después de escuchar el estilo de vida de los Gaytán Paz, de la rutina de Manuel –quien sólo salía para recoger la comida, ir al banco o al mercado–, notó que las sospechas de los familiares no eran infundadas, así que

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pidió una orden de allanamiento al juez de paz… Guatemala: El suplicio de El General (fragmento) Luis Ángel Sas (1984) Cancha Roja 28 de diciembre de 2011 fraín Ríos Mont, “El General” que daba miedo en los años 80, el Augusto Pinochet de Guatemala, parecía inofensivo esa mañana de diciembre. Estaba sentado en la antesala de la Fiscalía de Derechos Humanos. Había ido a preguntar si lo iban a capturar. Sí, eso era lo que quería saber. Tenía las manos encontradas una con otra mientras movía su pierna izquierda. La mitad de cabello que le queda ya blanquecino y las grandes cejas grises, las arrugas que le parten el rostro y su risa nerviosa lo hacían ver hasta gracioso, como el abuelo que siempre se quiso tener: esos a los que las nietas le pellizcan las mejillas caídas. Ríos esperaba en la Fiscalía, una vieja casa de madera y concreto ubicada en el corazón de la capital de Guatemala. En los últimos cuatro meses capturaron a su ex Ministro de la Defensa, a su ex Jefe de Estado Mayor y a su ex Jefe de Inteligencia. Todos por lo que pasó en los años que era Presidente. No tiene dudas de que van por él. –Hay una lista de acusados de genocidio y allí está mi nombre –lo dice como asumiendo que viene. –No quiero

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una captura de espectáculo, de película. Que me citen a un juzgado y yo llego. Ríos Montt Había sido nombrado Presidente tras un golpe de Estado en 1982. “Vamos a matar pero no a asesinar”, dijo al asumir. Maestro en la retórica, sus cadenas en televisión nacional iban cargadas de moralidad y cristianismo, aunque su régimen fue uno de los más sangrientos: más de 600 masacres en todo el país y miles de personas desaparecidas. En 1983 su Ministro de la Defensa, Óscar Mejía, también militar, dio un golpe de Estado que lo retiró del poder por su excesiva violencia contra la población. Entonces dijo sentirse orgulloso porque “en un año y seis meses ganamos la guerra que no se había podido en 16 años”. Ríos entendía que la única forma de ganar era asesinando a guerrilleros e intelectuales que coqueteaban con la izquierda sin siquiera empezar un romance…

LOBO NEGRO…
Via Ine Judith Rivera ________________________________

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é tu yo más verdadero y busca tu pasión más auténtica. Encuentra aquello que te gusta. Localiza aquello que te retiene. Eres responsable ante el universo de ser aquello para lo que naciste.
Fuente: https://www.facebook.com/AU.Despertar/posts /663099413718506

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HE AQUÍ LAS DOS PAREDES DE UNA MISMA CÁRCEL…
Paul Mendoza Malaver ________________________________ e aquí las dos paredes de una misma cárcel con dos imágenes mirándose de frente, en un primer cuadro está retratado un rostro cubierto, ¿de quién?, de un alma sin ser, sin identidad, impotente de expresar alegría o dolor; sin sentidos y sentimientos oscurecidos por un velo de superstición... frente a este rostro un cuerpo decapitado pero hermoso, deseable, una Venus de Willendorf, una mujer magnifica pero hipertrofiada, con nalgamenta y tetamenta exagerada, propia de una esclava destinada para fines reproductivos, ahora idolillo del deseo... en esta habitación con barrotes innumerables, hay una tercera pared donde alguien a fuerza de rasguñar el concreto a abierto un hoyo y ahora podemos asomarnos por ese agujero abierto y vernos, aunque parcialmente el iris, las pestañas, los labios, y aquella intimidad que cada uno conceda sea contemplada... ¿Qué es libertad? me ha dicho... soy libre yo acaso, también por igual un condenado, vecino tuyo... pero lo que has hecho por mí, horadar este muro frío y duro sólo porque intimas con mi soledad sin verme, es algo distinto... pronto te preguntaré quién pinto esas imágenes y las colgó allí... presiento que las manchas de pintura en

mis manos me delatan algo... ¿pero cuando fue que habité tu celda?... ¿acaso perdí la memoria del secreto camino que en verdad me llevaría a verte por completo..?

Volver al futuro He besado mi pasado Sin viajar involuntario Fue de noche El temblor en sus manos Excitó mi subconsciente Precisaba mucho de sus besos Lamí su arrogancia con goma de mascar Ya era tarde y tenía que viajar al futuro Lamenté lo irrisorio de su amor fraccionado Todo fue locura Muy tarde abrigué la pena En máscaras de mentira Me siento una mierda Tan sólo por amar el pasado No debí viajar hasta ayer Tengo que regresar hasta hoy…
26 de Octubre de 2003

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AHORA VALE LA PENA…
Gio Angulo ________________________________ hora vale la pena vivir aunque haga frío aunque la tarde vuele. O no vuele. Es lo mismo.

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Fuente: http://www.facebook.com/gio.angulo

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