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La Lanza de Aquiles—Año 1, No. 1

Año 1, Número 1 Noviembre 2013
Año 1, Número 1
Noviembre 2013

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La Lanza de

AQUILES

A los jóvenes de todos los rincones de Venezuela

El comienzo de una nueva etapa en la historia de nuestra Nación está signado, con frecuencia, por pactos y acuerdos entre las clases políticas que disienten del ré- gimen en agonía. Nuestra historia reciente así lo comprue- ba; pues el 23 de enero de 1958 cayó un régimen y nació otro, precisamente, de un pacto. Mientras el General Marcos Pérez Jiménez se marchaba al exilio, los partidos políticos que habían estado en la clandestinidad, alzaron sus copas ante el surgimiento del puntofijismo. Con el paso del tiempo y de la euforia que generó la caída de la dictadura, el acuerdo entre los tres partidos más visibles asomó una derrota desde sus inicios: el único fin para ellos era la estabilidad política del país, nunca construir una Nación.

Hoy las consecuencias estallan por lo visibles que son. Los intereses ideológicos y electorales, de los otrora pactantes, instauraron una democracia dispuesta a ayudar a los desvalidos, explotar el petróleo, promulgar una Con- stitución y organizar elecciones; todo a expensas de los verdaderos intereses nacionales. Sin embargo, ¿Cuáles eran esos intereses nacionales? Pues, a mucho pesar de los

objetivos socialdemócratas o socialcristianos, la Nación se

expresaba a través de los intereses particulares de cada sector de la sociedad; los únicos, a nuestro parecer, que podían levantar a la Nación.

Los patrones políticos del puntofijismo, vigentes hoy en día, estuvieron cerca de la extinción en una oportuni-

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dad. El Viernes Negro del 18 de febrero de 1983 puso en tera-

pia intensiva a todo el modelo socioproductivo del momento, y advirtió sobre el necesario fin de la política populista, clien- telista, rentista y electorera que desarrollaron los gobiernos adecopeyanos. Los analistas más críticos se enfrascaron en an- alizar por qué el sistema económico colapsó de tal forma. Una vez más, analizaban las consecuencias y no las causas.

El espíritu del Pacto de Punto Fijo prometió y con- venció a los vene- zolanos de que to- dos seríamos ca- paces de tener to- do. Decían que el petróleo era nues- tro, especialmente para ello. Ya no habían héroes a quienes admirar, ideas que seguir, símbolos que defender… sino solo un puñado de “famosos” que ofrecían su personalidad como en un club so- cial. La vida sana y vigorosa se apartó por completo, se deses- timó el honor y el mérito, y se institucionalizó el igualitarismo como dogma.

mérito, y se institucionalizó el igualitarismo como dogma. ¿Qué se entiende por igualitarismo ? Bobbio define

¿Qué se entiende por igualitarismo? Bobbio define al igual- itarismo como el afán que tienen los miembros de una socie- dad en ser iguales en todo. Ciertamente, algunos se jactan de decir que esto acabaría con las diferencias y que tendríamos

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una sociedad más consciente de su realidad. Pues la verdad es que el igualitarismo, además de ser un imposi- ble bastante irresponsable y destructivo, tiende a ser una ilusión, alimentado por el resentimiento y la bajeza espir- itual de quien así la desea. Esto se justifica, por sí solo, en el hecho de que no hay ninguna sociedad que lo haya buscado con ansias y haya salido con vida de tal empre- sa.

En la actualidad, vivimos las consecuencias de una

sociedad que ha convertido al igualitarismo exacerbado en

una

institución

convertido al igualitarismo exacerbado en una institución fundamental . Su motor interno es el resentimiento,

fundamental. Su

motor interno es

el

resentimiento,

y

su expresión

externa es la obsesión por lo material: aquello que se puede tener, por oposición a lo que se puede ser. El “estatus social” depende exclusivamente de lo que se puede llegar

a poseer, en contraposición a lo que se puede llegar a

ser. Todo el pandemonio materialista niega la posibilidad de surgir individualmente, a través de aquello que define

a la persona como lo que es, de su virtud, su entereza y

sus méritos; la frena de encontrar internamente su digni-

dad y fecunda la tierra para la puesta en marcha de un

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sistema parasitario.

Las últimas décadas del siglo XX crearon la falsa idea de que se podía surgir felizmente a base de dinero fácil y

rápido. Por ejemplo, cuando se presentó a la “sociedad del conocimiento” como un proyecto educativo para los jóvenes,

el ánimo de lucro metió en cintura a la voluntad de estar, y

luego las universidades optaron por la “democratización” de

las aptitudes. Las técnicas se refinaron con el pasar del tiempo, dando marcha a centenares de programas para los

el Estado

sostenía. Se sembró la idea de que el que “sabía” más, podía al- canzar más. Se vendió la cómoda promesa del

yuppies que

canzar más. Se vendió la cómoda promesa del yuppies que venezolano acumulador , pues se estudiaba

venezolano

acumulador,

pues se estudiaba para

tener.

Nos preguntamos: ¿Vivimos hoy una verdadera sociedad del conocimiento? Si se invirtió gran parte de nuestro ex- cedente en formar a los mejores para el Poder, ¿dónde

están las aptitudes que cuestionan y contrastan con los in- tereses de los poderosos de hoy? ¿Nos enseñaron a razonar

y sentir el conocimiento, o a repetir incansablemente una técnica para lucrarnos?

Durante los últimos 54 años, el igualitarismo se ha ali- mentado de las migajas. Las instituciones dejaron de existir

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como sostén del Estado, precisamente porque se enalteció a los personajes coyunturales y viles de la politiquería na- cional. No hay un Aquiles en este cuento. ¿Era Aquiles considerado igual a los demás? Por supuesto que no; la virtud heroica es de pocos y eso es algo que no es bien visto en Venezuela. Ante la desinstitucionalización del Esta- do, el personalismo estéril se multiplicó, e incluso, actual- mente, los políticos gozan de una imagen omnipotente. Convirtieron a la política en farándula. Y estos políticos - auténticos mercaderes de cargos-, sabiendo que lo mate- rial tiene un valor desproporcional en nuestra cultura, dis- tribuyen la “riqueza” en una cadena de favores con la úni- ca intención de perpetuarse en el poder. De hecho, el cli- entelismo funciona bajo la premisa de que apoyar a un polí- tico y perpetuarlo en el poder tiene una recompensa. Si no ex- iste tal retribución, entonces la partici- pación en lo público pierde sentido para la masa.

partici- pación en lo público pierde sentido para la masa. El Estado ha sido testigo -

El Estado ha sido testigo -y artífice- de la cadena cli- entelar que se ha formado en torno a la abundancia de nuestro país. Ahora bien, si la riqueza es sólo de quien la produce, ¿cómo es que el Estado venezolano es tan rico como prometieron? ¿Con qué dinero se prometió a la gen-

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te villas y castillos? Pues con una “riqueza” del subsue- lo; de la cual se desprende la máxima “el petróleo es

de todos los venezolanos (por igual)”. El regalo que les

da el subsuelo a los políticos venezolanos es lo que sostiene, aún en la actualidad, al Estado de Bienestar.

A pesar de que la socialdemocracia venezolana uti-

lizó el subsuelo para distribuir una riqueza ficticia, es la moral decadente de los políticos, y sus ansias de per- petuarse en el poder, lo que asegura, una y otra vez, el fracaso del welfare state en nuestro país. Los partidos de siempre reciclan una y otra vez la propuesta socio- económica de la socialdemocracia (con algunos logros en otros países), a través de una aborrecible forma de clientelismo populista; haciendo del hombre un despojo total. pues hay que decir con toda responsabilidad que Venezuela se empobrece en la medida en que la gente recibe una “riqueza” que no es tal.

Nos debemos, pues, a la tarea que nos conjuga:

denunciar ante la Nación y el futuro un proceso inigual- able de perpetua autodestrucción. Esta decadencia, en todas sus manifestaciones, aborrece al hombre; por eso ha preferido crear su propio “hombre nuevo”: un ser igualitarista y saqueador, con intenciones y justifica- ciones comunes, propias de criaturas pantanosas. Aquí comienza la causa de cualquier ser virtuoso; la de hacer de la transformación sociocultural de Venezuela una guerra a muerte por la Libertad y la Nación.

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EPÍLOGO

POSTHUMANO

Edgardo Ricciuti

Las prisiones más inexpugnables germinan en nuestro ser de los más viles temores. No hace falta em- prender rutas de falsa moralidad para desnudar esta realidad. El servilismo se acrecienta y manifiesta exclusi- vamente por la ignominia del alma que lo alberga. Arrin- conada ésta por temores de escasa adultez, prolifera aquél en los esclavos de espíritu, alimentándose de la inmediatez, de la ruin decadencia, de lo que vomita el vulgo en sus más infames manifestaciones. ¿Cómo dis- cernir sobre la libertad en esta condición de minusvalía? ¿Cómo reseñar un anhelo libertario si garrotes inviola- bles les cercan la mente?

libertario si garrotes inviola- bles les cercan la mente? el consuelo de aquellos que confían en

el

consuelo de aquellos

que confían en faméli- cas muchedumbres. Pronto se enfrentan a

Triste

y

breve

es

la triste realidad de verse perseguidos por aglomeracio-

nes de moscas purulentas.

El sendero que conduce a la independencia del espíritu somete a duras pruebas que pocos superan. Po- cos soportan la dulce soledad. La linfa que brota del

canto de cautivantes sirenas, que inducen a vivir pasiva

y sumisamente, es inagotable. Resistirse exitosamente

ante los plagiarios del ser, es algo reservado solo para

aquellos de robustos corazones; para aquellos cuya vida

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y entereza nunca se nutre de seguridades ajenas; hombres cuya dignidad levita constantemente en las alturas más incontaminadas; seres que logran sonreír y regocijarse del desprecio del vulgo.

Hasta que el hombre no logre fusionarse con su propio ego, solo vivirá en una interpretación de su existencia, transitando como despojo a la deriva. La búsqueda de una verdad toda propia, toda individual - aquella que desde el interior te guíe como ser-, cons- tituye la base y el fundamento de la libertad.

Para afrontar el reto de redención como hombre, de manera integral, y abandonar así estadios de falsa libertad, el ser debe iniciar con calcinar todo vestigio justificativo externo. Estas son las muletas de las que viven las almas quebradas por la pesadez de su inme- recida existencia. La búsqueda de la verdad en lo ex- terno, ha representado el epicentro gravitacional de la más perniciosa de las bajezas espirituales del hombre. Una simple mirada hacia cualquier ser de adultez falli- da, evidencia su temor y su inseguridad ante la res- ponsabilidad que comporta una verdadera existencia.

Los escenarios donde se tergiversa el existir con un transitar pasivo y llano por la vida, conceden a los poderes políticos la base real para el adoctrinamiento de minusválidos de espíritu. Éstos, a su vez, se cobija- rán en aquél para justificarse y gravitar como satélites de la peor bajeza humana.

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Nuevamente se cerrará el círculo que retroalimen-

ta

a hipnotizadores fraudulentos, apoltronados idealistas

y

masas huérfanas. Jamás, mientras existan aquellos

que solo quieren soñar, faltarán los arquitectos de la felicidad.

De nuevo lo acomodaticio será lo usual, la menti- ra, su necesidad instrumental y la vileza una garantía para su perpetuación.

Hombres cargados de nueva voluntad de existir

por sí mismos, seducidos por vientos de rebelde tem- pestad -aquella que se eleva de la frescura de un ho- nesto renacer-, se librarán de los despojos heredados de una cultura ovejuna. Lejos de las justificaciones de

la concordia del rebaño, el hombre blindará su destino

en torno al éxtasis producto de su yoidad. Disfrutada esta embriaguez, nunca más soportará mendigar favo- res; huirá de empalagosas hipocresías; será finalmente inmune ante la esclavitud que impone la necesidad de ser aceptado por vasallos de la oscuridad.