DISCURSO DE MARIO VARGAS LLOSA Ceremonia de Distinción con la Medalla de Honor Sanmarquina

Sr. Rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Señores decanos. Señoras y señores catedráticos. Queridos amigos.

De más está decirles lo agradecido y emocionado que estoy por este reconocimiento que me hace mi alma máter y por las palabras tan cariñosas que ustedes han escuchado de Carlos Eduardo Zavaleta, que es amigo y colega desde mis años sanmarquinos.

Me conmueve mucho estar aquí por estos patios; este mismo lugar me resucita una época que recuerdo -naturalmente, como todas las personas que llegan a la edad que yo tengo- con mucha nostalgia y cariño.

Los años sanmarquinos fueron para mí fundamentales desde el punto de vista intelectual, desde el punto de vista mi vocación literaria y de mi formación cívica; nunca me he arrepentido de haber entrado a la Universidad de San Marcos, de haber pasado aquí seis años.

Fueron años muy difíciles para el Perú, pues padecíamos una vez más en nuestra historia una dictadura, la del Ochenio, la del general Odría, una dictadura que fue, como suelen ser todas, violenta, represiva y también, por supuesto, muy corrupta. Mi generación la padeció más que nadie porque esos ocho años fueron, para quienes habían nacido en el mismo año que yo, los años en que pasamos de la niñez a la adolescencia y luego a la edad adulta; unos años en los que en nuestro país la política se había convertido en una mala palabra, estaba prohibido hacer política, ese era un privilegio de quienes tenían el poder.

Había la famosa ley de seguridad que había eliminado prácticamente a todos los partidos políticos salvo al partido de gobierno, que había establecido una censura muy rígida que purgaba los diarios y las radios -todavía no llegaba la televisión a nuestro país- de todas las informaciones y las críticas que el gobierno no quería admitir.

San Marcos había sido a lo largo de su historia una institución inconforme. muchos estudiantes y profesores estaban presos o en el exilio y la universidad estaba sembrada de confidentes del siniestro director de gobierno de la época. donde se había soñado con un porvenir distinto para nuestro país. José Luis Bariandarán. en un país en donde se cometían abusos y no había forma de denunciarlos ni de protestar. había habido una huelga. cínica. Había muchos peruanos en la cárcel y muchos peruanos en el exilio. De esta universidad. mentirosa que hacía las veces de política en el Perú del Ochenio. . Raúl Porras Barrenechea. era una de las raras instituciones en las que un espíritu de resistencia democrática y de vocación libertaria se hacía sentir enfrentándose a todos los riesgos y sanciones que ello conllevaba. y San Marcos había pagado muy caramente esa inconformidad gallarda.Vivíamos en un mundo de desinformación donde los rumores. de alguna manera. La Universidad de San Marcos a la que yo entré todavía tenía una de esas figuras señeras que han marcado nuestra vida cultural y han dejado una huella indeleble: aquí enseñaban en esos años Jorge Basadre. figuras que tanto en los dominios científicos como en las humanidades han representado la flor y nata de nuestro país. una de las manifestaciones quizá mas enérgicas y vibrantes de rechazo a la dictadura de Odria. por mínimas e insignificantes que fueran. en secreto y en la clandestinidad. Aquí se podía soñar y discutir con un país distinto y emprender unas acciones que. San Marcos.una actividad cívica y una acción política. rebelde. acababa de ser objeto de una terrible represión en el año 52. Sin embargo. Aquí los jóvenes podían vivir -aunque fuera en minoría. precisamente cuando yo entré. donde había corrupción pero la corrupción no podía ser sancionada ni denunciada. el doctor Luis A. no hay que olvidarlo. las conjeturas y las invenciones reemplazaban a ese vacío que era la información. el doctor Honorio Delgado y Alberto Hurtado. Aquí. uno de los escasos focos de resistencia a la dictadura era precisamente esa universidad a la que yo entré en el año 1953. Valcárcel. don Alejandro Esparza Sañartu. probablemente. representaban una contrapartida a lo que era la vida espesa. han salido las grandes figuras intelectuales del Perú. En los dominios de la ciencia.

con la sabiduría. la inteligencia de los seres humanos. El más importante de todos ellos para mí. sus alumnos quedan hechizados a tal extremo que yo que creía tener entonces una vocación literaria muy firmemente decidida. es el doctor Raúl Porras Barrenechea. Mi formación intelectual comenzó verdaderamente aquí. Tenía esa integridad y probidad intelectual que yo he visto pocas veces aun entre los intelectuales de más alta valía. se dirige a sus alumnos. para mí. el compromiso con la verdad.como si fuera su primera clase. haciendo un intervalo en sus actividades profesionales. auspiciado por el librero y editor Juan Mejía Baca. El doctor Porras preparaba sus clases como si fuera a darlas al auditorio más riguroso y exigente del mundo. a tener una cátedra o a dar seminarios y cursos en San Marcos.escuchando a Porras llegué a vacilar y a preguntarme si no era realmente la historia y no la literatura la que podía expresar más la creatividad. el cuidado. donde tuve profesores extraordinarios a los que recuerdo siempre con enorme gratitud. Es algo que luego viví de cerca cuando tuve el privilegio de trabajar en casa del doctor Porras Barrenechea en un proyecto de historia. el rigor. Y como ocurre siempre cuando un gran profesor. con la brillantez con la que lo hacía Raúl Porras Barrenechea. por supuesto. que además es un gran investigador y un gran expositor. que solo a medias llegó a materializarse. como si el más mínimo error en sus exposiciones pudiera ser detectado por sus oyentes.Realmente lo mejor que el Perú podía ofrecer en cualquiera de las profesiones liberales habían pasado o estaban aún en San Marcos. la honestidad con que un profesor se prepara para enfrentar un auditorio de altísimo nivel. pero nunca escuché a ninguno que hablara con la elegancia. en el Patio de Letras y en el Patio de Derecho. Siempre digo que he tenido la suerte de escuchar por el mundo a muchos intelectuales de primera línea y haber aprendido mucho oyéndolos conferenciar o dar cursos. A todos los que tuvieron el privilegio de pasar por sus aulas es difícil que pudieran olvidar esas clases que el doctor Porras preparaba -quince o veinte años después de haber entrado a San Marcos. fue absolutamente fundamental no solo por todo lo que aprendí de la historia del Perú. con la devoción. sino también de lo que es el compromiso intelectual. Enseñar en San Marcos daba prestigio y por eso los profesionales más destacados de nuestro país venían. con una . Trabajar con él.

por supuesto. ahí pasaban todos los escritores. que era en esos años como el cuartel general de la literatura peruana. un país donde todavía casi todo estaba por hacer y donde en el campo particular que él eligió. aquí aprendí cómo ciertas palabras. narradores.vocación de integridad y un enorme amor al Perú. había dicho que pasaría sobre ellas como sobre ascuas porque eran unos libros demasiados enrevesados. sus consejos y sus cursos. sus tesis universitarias fueron sobre Faulkner. en su clase sobre la literatura española del Siglo de Oro. leí una novela que marcó mi vida. cualquier historia. cualquier anécdota. muchachos y muchachas con sueños de escribir y publicar alguna vez. . realmente. una novela que todavía sigue de alguna manera enseñándome cosas sobre el arte de escribir historias. pues si no me equivoco. Él fue uno de los introductores. aquí aprendí leyendo de sus novelas cómo la forma podía convertir cualquier historia. en la biblioteca de San Marcos -funcionaba en este local. primitivos. Estoy seguro que lo que yo digo de él se podría decir de muchos otros maestros que en esos años enriquecían las aulas de San Marcos.enriqueció mi vida extraordinariamente. poetas. como él mismo dice. como para detenerse mucho tiempo en ellos. Aquí. profundo. en una tragedia griega o en una deslumbrante exploración de la condición humana y la complejidad extraordinaria de la psicología de hombres y mujeres. enriquecedor. Ahí se discutía con gran pasión y con un fondo inalterable de amistad. siempre recuerdo el Patio de Letras de San Marcos. Yo me refiero siempre a él porque creo que todo lo que recibí su ejemplo y también. cierta organización del tiempo podían convertir en algo extraordinariamente novedoso. y tal vez quizá por boca de Carlos Eduardo Zavaleta. yo escuché por primera vez hablar de William Faulkner. uno de los escritores que más me ha marcado y que Zavaleta conocía ya desde antes y. Aparte de eso. letraheridos. de ese escritor extraordinario que ha marcado la narrativa de su tiempo probablemente como ningún otro. aparentemente la más convencional y anodina. Ahí. Recuerdo que Luis Jaime Cisneros. ciertas frases. había comenzado a estudiar. aquí lo descubrí. habiendo en el Siglo de Oro extraordinarios poetas y extraordinarios narradores que sabemos. Porras Barrenechea enriqueció extraordinariamente. que precisamente no lo recuerdo tan limpio y ordenado sino más bien con telarañas que le caían a uno en la cabeza o salían de los libros que pedían-. había hablado con cierto desdén de las novelas de caballerías. y esa era como una formación paralela a la que uno recibía en las aulas universitarias.

Creo que éramos muy pocos pero esos pocos vivíamos una excitación. desde luego bastante utópica. de Joanot Martorell. anécdotas políticas. unas ilusiones. de ruinosos. creo. que repartíamos en los patios de San Marcos y a veces a partir del año 1956. yo vine aquí a esta biblioteca a pedir un libro de caballería y la suerte. totalizadora de las novelas en las que el número. ya fuera de San Marcos. fue también una enseñanza descubrir leyendo Tirant lo Blanch esa vocación totalizante. anécdotas literarias. podría contar muchísimas otras anécdotas de mis años sanmarquinos. que imprimíamos volantes en unos mimeógrafos que se nos caían a veces de viejos.Por espíritu de contradicción. donde ocurre eso. en una edición maravillosa hecha por Martín de Riquer. una formación de la personalidad que a mí me ha marcado para el resto de la vida. soñé con escribir alguna vez una novela que diera esa impresión de totalidad tan extraordinaria como la novela que escribió ese valenciano aventurero que fue Joanot Martorell. La lectura de esa novela valenciana de fines del siglo XVI fue una experiencia que me marcó profundamente. Ese sueño de un mundo distinto. la cantidad. Recuerdo nuestras actividades clandestinas y conspiratorias aquí en San Marcos en el grupo Cahuide. Así como esta anécdota. posibilidades. una novela de una enorme complejidad. Es el único género literario. la sensación de vivir una extraordinaria aventura por una parte. y la otra la sensación. hizo que la primera novela de caballería que cayera en mis manos fuera Tirant lo blanch. El deslumbramiento que me produjo leer esa novela no fue de puro placer. . juegan un papel absolutamente central y son determinantes de su cualidad. variantes. de estar trabajando por la transformación no solo de nuestro país sino pura y simplemente de la humanidad. que había sido prácticamente desintegrado por la represión del año 52. Fue un aprendizaje también cívico. Desde que leí aquí en este local Tirante el blanco. a través de la bibliotecaria que me atendió. para reconstruirlo a partir de una visión propia de lo que debía ser la realidad y también la irrealidad del mundo y el trasmundo. donde uno tenía la sensación de que el autor había querido reconstruir el mundo entero en todas sus infinitas dimensiones. de un mundo de justicia. que era el nombre con el que trataba de reconstruirse el Partido Comunista Peruano. de un mundo de verdadera igualdad y libertad aquí lo vivimos en esos grupos minúsculos.

mayor tolerancia. con toda la capacidad intelectual que yo pueda tener. Pues uno de los valores peruanos es esta universidad. por un mundo mejor del que tenemos. además de todo lo que me dio en mis años de estudiante. algo que nunca hubiera imaginado. la más antigua de América. Sin ninguna duda. de trabajo intelectual. conmoverme más y hacerme sentir más reconocido a la universidad que estudié. de investigación. esta medalla. es una institución antigua. es una de las buenas cosas que le han pasado a nuestro país. no es una palabra de José de la Riva Agüero. siempre un foco extraordinario de ciencia. en esos años. Podría seguir contando muchas anécdotas de esos años pero creo que con las que he evocado ya basta para que ustedes entienden hasta qué punto estoy agradecido y emocionado a la Universidad de San Marcos por darme. es una palabra de Arguedas. un mundo sin violencia. por un mundo de mayor igualdad. la antigüedad es un valor. creo que en esos años viví con una intensidad y con una riqueza que me han alimentado desde entonces. con esa Cátedra que se ha creado viene acompañada una obligación de la que estoy muy consciente y a la cual voy a tratar de responder con todo el rigor. sin represión. de creación y también una institución que ha luchado incesantemente por la libertad. simplemente que soy muy consciente de que con esta medalla. 30 de marzo de 2011 .Por todo eso. no. Qué más puedo decirles. pues nada. un mundo que esté de alguna manera a la altura de las mejores cosas que ha dado a lo largo de la historia nuestro país. por haber creado una Cátedra que lleva mi nombre. como decía Arguedas. que ocurriría alguna vez. Nada puede alegrarme. estos reconocimientos. es para mí unos de los recuerdos más hermosos de estos meses de cuentos de hadas que vengo viviendo desde que los académicos suecos decidieron darme el Premio Nobel. es una tradición que siento muy cerca y desde luego que no ahorraré esfuerzo para no defraudar a quienes me han abrumado verdaderamente esta noche con tanta generosidad. como dije al empezar esta pequeña locución y así quiero terminarla. de mayores oportunidades. No hay que olvidarla. pues. Muchas gracias a todos. como ciudadano. San Marcos me ha acompañado siempre como escritor. es una palabra de Arguedas: la antigüedad es un valor. con esa declaración. porque San Marcos.

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