Está en la página 1de 10

PROGRAMA No. 0136

MARCOS

Capítulo 7:1 - 37

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por el evangelio según San Marcos. Nos corresponde hoy comenzar nuestro estudio en el capítulo 7 de este evangelio de San Marcos. En este capítulo Jesús reprocha a los fariseos. Echa fuera al demonio de la hija de la mujer sirofenicia; y sana al sordo mudo. Este capítulo es más breve que el anterior que tenía 56 versículos. El capítulo 7 tiene 37 versículos, y se nota una vez más que es un capítulo que desarrolla el tema principal de Marcos, que es mostrar que el Señor Jesús es el siervo de Dios que hace la voluntad de Dios. Jesús es un hombre de acción, y hace las cosas que llamarían la atención al ciudadano romano de aquel tempo y a cualquier persona cuyo anhelo es cumplir con el trabajo. Esta es la cosa maravillosa en cuanto a Jesucristo como Salvador; Él puede salvar; es capaz de hacerlo, y es el único que puede salvar.

El período entre el Antiguo y el Nuevo Testamento es un período en que ocurrieron muchos cambios de gran importancia. Fue uno de los períodos más llenos de acontecimientos en la historia de la nación de Israel. Durante los años de su cautividad, y en este período entre los dos Testamentos cuando ya habían regresado a su tierra, hubo un desarrollo de nuevos grupos y partidos que no son mencionados en el Antiguo Testamento. Había los fariseos, los saduceos, los escribas, y los herodianos.

Los escribas tuvieron un buen principio que

realmente comenzó en los días de Esdras. Eran los intérpretes profesionales de la Ley. Sin embargo, a la hora de la venida del Señor, habían llegado a ser personas quisquillosas, hombres que se preocupaban más con la letra que con el espíritu de la Ley.

En primer lugar, tenemos a los escribas.

En segundo lugar, tenemos a los fariseos.

Los fariseos también tuvieron un buen principio.

Se presentaron para defender el modo de vivir judío contra todas las influencias del exterior. Eran legalistas escrupulosos, creían en el Antiguo Testamento, y eran nacionalistas en cuanto a los asuntos políticos. Querían efectuar la venida del reino de los cielos, o el reino de Dios, sobre la tierra.

En tercer lugar, tenemos a los saduceos. Los saduceos eran integrados por los ricos y por los que estaban inclinados a las distinciones sociales. En realidad, no tenían mucha profundidad espiritual. El hecho es que no tenían ninguna. Querían desprenderse de la tradición. Rechazaban lo sobrenatural en su aceptación del Antiguo Testamento. En cierto sentido, eran emparentados con los epicúreos griegos.

Los herodianos eran un partido en los días de

Jesús, y ellos se presentaron como oportunistas políticos. Eran estrictamente los que trataban de mantener en el trono a los Herodes. Y vamos entonces, a considerar el primer aspecto en este capítulo 7 del evangelio según San Marcos. Leamos el primer versículo:

Y en cuarto lugar, tenemos a los herodianos.

1 Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén. (Mar. 7:1)

Note usted que nuestro Señor ha causado tan buena impresión entre los Fariseos y los Escribas que estos hombres vienen de Jerusalén, y llegan al lugar donde está Jesús predicando en Galilea. La buena impresión que causó Jesús también les llevará a través del río Jordán a la región de Decápolis; es decir, una región de diez ciudades. Veremos eso dentro de un momento. Leamos ahora, los versículos 2 hasta el 4 de Marcos, capítulo 7:

2 los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. 3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4 Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay

que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos. (Mar. 7:2-4)

Vamos a detenernos aquí un momento para considerar esto porque es muy interesante. Hay una crisis que se presenta en cuanto a la Persona de Cristo. Cuando estudiábamos el capítulo 6, en el versículo 30 leímos que los apóstoles se habían juntado con Jesús y que le habían contado todas las cosas que habían hecho. Jesús los había enviado y ellos volvieron y le contaron todo. Ahora los escribas y los fariseos llegan y se juntan a Él, y es seguro que aquí habrá una confrontación entre el Señor Jesús y Sus seguidores y los fariseos y los seguidores de ellos.

Hay dos grupos alrededor de Jesús. Un grupo está integrado por Sus amigos, Sus seguidores que le aman. El segundo grupo incluye a Sus enemigos, los que buscan Su destrucción. Y siempre ha sido así. Hay dos grupos. Hay aquellos que confían en Él, y hay aquellos que le rechazan. ¿En cuál de los dos grupos se encuentra usted, amigo oyente? Esta es la pregunta de mayor importancia. La pregunta no es si usted es miembro de alguna iglesia, ni si ha guardado algunas ceremonias. ¿Cuál es su relación con Jesucristo? Esa es la pregunta más importante. Esa es la pregunta clave.

Ahora, estos hombres evidentemente constituían una delegación especial enviada desde Jerusalén. Han sido enviados a Galilea para espiar a Jesús. Eran los antagonistas intelectuales que habían sido enviados para atrapar a Jesús. Y créanos, amigo oyente, que la manera en la cual nuestro Señor se defendió, es para mí, otra evidencia de Su deidad. En el evangelio según San Juan, capítulo 7, versículo 46, se nos dice: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” Este fue el testimonio de Sus enemigos. Claro que no les era difícil hallar algún supuesto defecto en Jesús porque el Señor Jesús pasó completamente por alto sus tradiciones. Veamos en qué consistían estas tradiciones.

No criticaron simplemente a los discípulos aquí por causa de alguna pequeña violación de la

etiqueta. Lo que les molestó de veras fue el hecho de que el Señor Jesús no hizo hincapié en que se guardaran las tradiciones, lo que según su interpretación del Antiguo Testamento, era lo de mayor importancia. El incidente que se menciona aquí estaba relacionado más bien con un

Página 3 de 10 Programa No. 0136

TTB 4148

lavamiento ritual y no tenía nada que ver con medidas sanitarias. Marcos explica a beneficio de los lectores romanos que esta costumbre del lavamiento ceremonial era peculiar a la nación de Israel; y así lo era.

Dios les había dado muchísimas instrucciones en cuanto al lavamiento, las que encontramos en el Antiguo Testamento y en el libro de Levítico. Es verdad que esto era de muchísima importancia porque Dios estaba enseñándoles una gran lección mediante estos lavamientos. Pero los fariseos habían fundado una gran tradición que se creía ser una interpretación de la Ley mosaica y algunos hasta sostenían que Moisés les había dado las tradiciones cuando les dio la Ley. Estas tradiciones llegaron a constituirse en su interpretación de la Ley, y con el tiempo, hubo una vasta divergencia entre las tradiciones y el propósito original de la Ley.

En el pasaje aquí, algo de esta tradición se da en detalle. Ellos debían lavar ceremoniosamente los vasos, los jarros, los utensilios de metal y los lechos. Todo esto era una cosa pesada y onerosa, y era un acto enteramente externo. La palabra en griego que se traduce aquí como “lavamiento” es la misma que en otros pasajes se traduce como “bautismo”. Es decir, que ellos bautizaban las tazas, los jarros, los utensilios de metal y los lechos. Ahora, esta es una religión extrema, amigo oyente, y es fácil ver como uno podría involucrarse tanto en cumplir algún ritual de la religión, que podría olvidarse el propósito mismo de todos estos ritos. Es necesario que una persona esté bien con Dios antes de poder haber una relación establecida entre Dios y aquella persona. Y hallamos lo mismo hoy en día. Tantas personas se ponen a discutir los puntos de sus religiones cuando en realidad es la Persona de Jesucristo quien debe ser el centro mismo de nuestra preocupación. Sigamos ahora con el versículo 5 de este capítulo 7 de Marcos:

5 Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? (Mar. 7:5)

Por supuesto, esta acusación que fue lanzada contra los discípulos realmente fue una acusación contra Él personalmente, porque éstos eran Sus seguidores. Ahora note usted cómo

nuestro Señor los trata y veamos que no lo hace de una manera de las mas tiernas. Leamos el versículo 6 del capítulo 7 de Marcos:

6 Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. (Mar. 7:6)

Amigo oyente, esta no es la forma más benigna de hablar a alguien. Un hipócrita es alguien que simplemente representa un papel. Esta palabra era usada entre los actores de teatro que desempeñaban un papel. En este caso, los hipócritas eran los que cumplían un ritual religioso sin sentir realidad alguna. Los labios y el corazón podrían haber pertenecido a dos personas distintas. No sentían más que lo que puede sentir un muñequito de madera sentado sobre las rodillas de un ventrílocuo.

Amigo oyente, hay muchos hoy en día que simplemente cumplen un ritual en la iglesia. Pero el corazón tiene que involucrarse si es algo genuino. El Apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, capítulo 10, versículos 9 y 10 nos dice: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. También tenemos hoy aquellos que se involucran en los credos y en las iglesias, en las confesiones y en la adoración pública, en el vestir y aún en la separación, todo lo que puede llegar a ser un simple asunto de tradición y no una relación directa y personal con el Señor Jesucristo. Leamos ahora el versículo 7 del capítulo 7 de Marcos:

7 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. (Mar. 7:7)

La adoración, amigo oyente, es vana cuando las reglas de los hombres substituyen a la Palabra de Dios. Llegamos ahora al corazón mismo del asunto. Leamos los versículos 8 y 9 de Marcos capítulo 7:

8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. 9 Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. (Mar. 7:8-9)

Aquí está el problema. Estaban substituyendo la Palabra de Dios por las tradiciones de los hombres. Una tradición puede ser realmente buena, y puede ser establecida por un motivo bueno. Sin embargo, llega a ser mala cuando llega a ser un substituto de la Palabra de Dios. Y eso es lo que había acontecido aquí con estas personas. Creemos que esta es la razón por la cual tantas denominaciones de hoy en día se han desviado de la Palabra de Dios. Primero, substituyeron la Palabra de Dios por un credo. Luego empezaron a substituir el credo por la palabra y el pensar de los hombres, y sus propios ritos de su denominación. Y así dentro de poco, la Palabra de Dios y su influencia desapareció por completo. Esto ha sucedido ya muchas veces. Pasemos ahora a los versículos 10 y 11 de Marcos 7:

10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. 11 Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte. (Mar. 7:10-11)

Aquí les da un ejemplo de lo que ellos están haciendo. Moisés había dicho en la Ley que debían honrar a su padre y a su madre. Pero su tradición les permitía evadir la obligación de sus padres. Si un hombre no quería ayudar a su padre y a su madre cuando envejecían y sufrían necesidades, pues dedicaba sus posesiones al sacerdote en el templo en una ceremonia conocida como el “Corbán”, que quiere decir “ofrenda”. Al morir el hombre, sus bienes llegaban a ser posesiones del templo, y él se descargaba de su obligación para con sus padres. Prosigamos ahora con los, versículos 12 y 13 que dicen:

12 y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, 13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas. (Mar. 7:12-13)

Jesús está diciendo que esta tradición era perniciosa y que contradecía directamente el

propósito de la Ley de Dios, o sea el de honrar a su padre y a su madre. Hay un gran peligro hoy

en día, y es el que las personas den dinero a cualquier grupo u organización que lo pida. Hay

literalmente miles de organizaciones cristianas que envían a sus hombres para buscar por todas

partes a los que ofrendan para su organización. Y hay mucho peligro en esto, porque hay ciertas

obligaciones personales que hay que cumplir. Y deseamos ser francos. Tenemos aquí este

programa de radio que tiene como propósito ir a través de toda la Biblia enseñando la Palabra de

Dios. Pero, no habrá nadie que llegue a su casa de parte de este programa para entrevistarse con

usted y pedirle dinero. Si los hermanos ofrendan para este programa, será porque tienen el deseo

de dar, pero no porque alguien vaya a su casa a pedirles dinero. Los hombres y las mujeres tienen

sus deberes personales, y claro es que deben ser miembros de una buena iglesia, y deben sostener

aquella iglesia con una porción de lo que Dios les da.

Al seguir nuestro estudio de este pasaje, vemos que Cristo habla en detalle. Distingue entre lo

que es externo y lo que es interno, y señala lo que es genuino. Muestra aquí que la religión no es

algo que se puede frotar en el cuerpo como si fuera una pomada. No es algo que usted, o come,

o se abstiene de comer. Notará usted, entonces, que entró en la casa y Sus discípulos acudieron a

Él, y le preguntaron en cuanto a la parábola. Leamos los versículos 18 hasta el 23 de Marcos

capítulo 7:

18 El les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo

lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, 19 porque no entra en su

corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los

alimentos. 20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre.

21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los

adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el

engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas

maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. (Mar. 7:18-23)

Le garantizamos, amigo

oyente, que si usted compra el diario de hoy y lo lee, no importa donde viva, notará que éstas son

Estas son las cosas que realmente salen del corazón del hombre.

las cosas que han salido del corazón del hombre durante las últimas 24 horas. Aquí está el manojo feo de lo que se encuentra en cada corazón humano:

Los malos pensamientos – inmoralidad, odio, y enojo.

Los adulterios y las fornicaciones – o sea, relaciones sexuales que son ilícitas.

El homicidio – el enojo es homicidio.

Los hurtos – el haraganear en el trabajo es hurtar, es decir, robar.

La avaricia – el codiciar y el anhelar de cosas y puestos materiales.

Las maldades – todos los hechos que se encaminan a herir a otros.

El engaño – o sea, el fingimiento.

La lascivia – es decir, la sensualidad.

La maledicencia – o sea, la calumnia contra Dios o el hombre.

La soberbia – y Dios odia esto más que todas las cosas.

La insensatez – hechos que se hacen sin consideración de Dios o del hombre.

Todas estas cosas salen del corazón del hombre y es por eso que el Señor Jesús dice en el evangelio de Juan, capítulo 3, versículo 7: “Os es necesario nacer de nuevo”. Y pasamos ahora a considerar el siguiente aspecto en este capítulo 7 del evangelio según San Marcos. Jesús echa fuera al demonio de la hija de la mujer sirofenicia. Leamos los versículos 24 al 30 de Marcos 7:

24 Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. 25 Porque una mujer, cuya hija

tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. 26 La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27 Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. 28 Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. 29 Entonces le dijo:

Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. 30 Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama. (Mar. 7:24-30)

Ya hemos estudiado este incidente, amigo oyente. Usted recordará que nuestro Señor salió de Su propia tierra y se encontró con esta mujer la cual era griega y ciudadana de Tiro. Vino a Jesús por fe. Y la palabra “hija” aquí es la forma diminutiva que significa que era una muchachita. Al principio, la manera de tratarla de nuestro Señor puede parecer brutal, pero usted recordará que cuando estudiamos este incidente en el Evangelio según San Mateo, indicamos la interpretación según las dispensaciones, la cual es realmente la revelación de una gran verdad. Y creemos que hay otra cosa grande que es revelada, y es la exactitud de los cuatro Evangelios. Esta mujer es un ejemplo sobresaliente de fe en una persona que vive fuera de la tierra del Señor Jesucristo. Y nuestro Señor contesta su petición. Uno se pregunta si Jesús no vino a aquella región con el fin específico de contestar la fe de esta mujer. Y pasamos ahora, al último aspecto en consideración en este capítulo 7. Jesús sana al sordo mudo. Leamos el versículo 31 de este capítulo 7 de Marcos:

31 Volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis. (Mar. 7:31)

Jesús sale de Tiro y Sidón, y pasa por la región de Decápolis en su camino al Mar de Galilea. Decápolis es traducida “diez ciudades”. Están en la región cerca del Mar de Galilea y la lista de las ciudades incluye las siguientes: Escitópolis, Hipos, Pella, Damasco, Gerasa, Gadara, Rafana, Dión, Canata, y Filadelfia. Jesús tuvo un ministerio grande en esta región. Las multitudes entraron en aquellas ciudades. Leamos ahora los versículos 32 al 37 de Marcos capítulo 7:

32 Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. 33 Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; 34 y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. 35 Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien. 36 Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar. (Mar. 7:32-37)

Permítanos decir, amigo oyente, que todas las cosas que Jesús hizo fueron hechas como auxilios a la fe. Todo el pensamiento aquí revela el hecho de que la condición de este hombre

causó que Jesús empleara este método. Primero sus oídos fueron abiertos para que pudiera oír.

Y luego, fue desatada su lengua. Después de esto, al parecer, fue inútil tratar de callar a las

multitudes. Fue este milagro el que efectuó ese gran ímpetu en amplificar el ministerio de Jesús, que ya había superado todas las metas.

En este tiempo, las tensiones sobre Jesús llegaron a ser humanamente insoportables. A pesar

de las urgencias puestas sobre Jesús, los cuidados y aflicciones de las multitudes, las tensiones de

los tiempos, los largos días ocupados, y la fatiga del cuerpo, la multitud todavía pudo decir en cuanto a Él: “Bien lo ha hecho todo”. Nosotros simplemente podemos añadir nuestra palabra de acuerdo y decimos un vigoroso: ¡Amén! Amigo oyente, hoy en día Jesús todavía hace bien todas las cosas. Y aquí concluye nuestro estudio del capítulo 7 de este evangelio según San Marcos.