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Cuarto aniversario de la invasión a Irak.

Palabras de
Tomás Hirsch.
Aquí les dejo las palabras de Tomás Hirsch del día 17. Muy buenas.

Amigos,

El 20 de Marzo del 2007 habrán pasado cuatro años desde la invasión a


Irak. Ese aniversario nefasto nos encuentra presenciando escandalizados el
aumento, ya sin control, del poderío armamentista y el gasto militar en el
mundo. Las naciones poderosas de la Tierra han sido soberbias, mezquinas
e incapaces de conducir los destinos de la humanidad hacia la Paz y la
Justicia.

Por eso hoy, en distintos puntos del planeta, la gente sencilla se reúne para presionar,
exigir y obligar a quienes gobiernan esas naciones, a cambiar el rumbo destructivo que
han impuesto a los acontecimientos.

Se ha desatado la carrera armamentista más grande de la historia humana y el peligro


nuclear amenaza a nuestra especie como nunca antes en su historia. 30.000 cabezas
nucleares distribuidas en el planeta, un gasto militar de más de 900 mil millones de
dólares, todas cifras en rápido crecimiento. Esa capacidad nuclear ya diseminada está al
alcance de cualquier grupo extremista y, aún así, no existe la más mínima intención de
ponerle freno. Vamos muy mal. Son muchos los países de la región que justifican su
violencia paranoica llamándola “renovación de armamento”, “desecho de material
obsoleto”, “Feria Internacional del Aire y del Espacio”, para disfrazar la información y
manipular a la opinión pública, ocultando de ese modo sus particulares prepotencias y
complejos de inferioridad.

Como nunca antes, necesitamos del diálogo entre los diferentes pueblos y las diferentes
culturas. Como nunca antes, necesitamos superar la pobreza social. Necesitamos del
entendimiento y de la paz con nuestros vecinos. Estamos en serio peligro y nuestros
gobiernos de Latinoamérica y el mundo pueden recuperar su dignidad si realizan gestos
que vayan orientados a la eliminación definitiva de las armas nucleares, y a la
disminución del armamento convencional. Todo lo demás son palabras sin sentido,
promesas mentirosas de un futuro progreso social que jamás llegará.

Por eso tenemos que hacernos escuchar por los líderes religiosos, políticos, científicos y
empresariales, hasta que se logre:

• El retiro de las tropas desde aquellos países que han sido invadidos por Estados
Unidos y por cualquier otro invasor, se trate de China, Rusia o Israel.
• El retiro de las bases militares estadounidenses emplazadas en Latinoamérica.
• El desarme nuclear total, como única salida posible.
• La reducción progresiva y proporcional de presupuestos bélicos en toda la
región latinoamericana.

Pero también tenemos que hacer algo con nosotros mismos, porque no basta con la
denuncia: esta violencia que se ha desatado en todos lados y seguirá desatándose, está
dentro de nosotros y tenemos que transformar la rabia en reconciliación, el temor en fe
y la indiferencia en acciones que colaboren con el crecimiento de la vida.

Quiero decir, además, que ha ocurrido algo de primera importancia para la humanidad,
y los medios de comunicación no se han hecho eco de ese acontecimiento ni lo han
puesto como ejemplo a seguir por todos. El 8 de Marzo, Evo Morales, presidente de la
hermana república de Bolivia, ha declarado al mundo, durante su visita a Japón, su
intención de incluir en la Constitución boliviana la renuncia a la guerra como forma de
resolver cualquier conflicto con los países vecinos. Esta propuesta, en la que, por
imperativo constitucional, los gobiernos no puedan declarar la guerra, es un gesto que
ennoblece a Evo Morales y al pueblo de Bolivia. Es un ejemplo que debemos seguir
todos los países de Latinoamérica y así convertir a nuestra región en una reserva moral
y de paz para el mundo.

Desde esta tribuna, convoco al espíritu humanista de Latinoamérica a apoyar la


propuesta de Evo Morales concurriendo a las embajadas y consulados de Bolivia a
expresar nuestra total adhesión a tan noble iniciativa. Además, exhortamos a nuestros
gobiernos a imitar sin demora este gesto, que proviene de uno de los países más
humildes de la Tierra pero que hoy nos entrega una lección de grandeza histórica.

Tomás Hirsch